Versículo para hoy:

sábado, 28 de febrero de 2015

La Carta a los Romanos - Pr. Samuel Masters


  1. El Evangelio del Señor.
  2. El justo por la fe vivirá.
  3. La condena al paganismo.
  4. La condena al religioso.
  5. El dilema de la ley.
  6. El corazón del Evangelio.
  7. Abraham y la justificación por la fe.
  8. El ejemplo de Abraham.
  9. La promesa a Abraham.
  10. Los efectos de la justificación por fe.
  11. El Evangelio reiterado.
  12. Adán y Cristo.
  13. ¿Continuamos en el pecado?
  14. Bienvenidos a la resistencia.
  15. ¿A quién serviremos?
  16. Libres de la ley.
  17. Hacia la libertad completa.
  18. Libres de condenación.
  19. La guerra presente.
  20. Matar o morir.
  21. Las artes marciales espirituales.
  22. Las artes marciales espirituales 2.
  23. El Espíritu y nuestra identidad.
  24. Adopción y nuestro futuro.
  25. Todas las cosas ayudan a bien.
  26. El amor eterno.
  27. Nada nos puede separar del amor de Dios.
  28. La defensa de Dios y su soberano plan de salvación - Introducción.
  29. En defensa de Dios y su soberano plan de salvación.
  30. La responsabilidad humana en la salvación.

FEBRERO 28

“De él es mi esperanza”. Salmo 62:5.

USAR este lenguaje es privilegio del creyente. Si él está esperando algo del mundo, está esperando en vano. Pero si espera en Dios para que él supla sus necesidades, entonces tanto en las bendiciones materiales como en las espirituales, su esperanza no será en vano. Puede constantemente sacar fondos del banco de la fe y hacer que sus necesidades queden satisfechas por las riquezas de la bondad de Dios. Esto sé: que prefiero tener a Dios como mi banquero que a todos los multimillonarios. Mi Señor nunca falla en el cumplimiento de sus promesas; y cuando las llevamos ante su trono, nunca las devuelve sin cumplir. Por lo tanto, solamente ante su puerta aguardaré, pues siempre la abre con la mano de la generosa gracia. Lo probaré otra vez en esta ocasión. Pero nosotros tenemos también esperanzas para más allá de esta vida. Pronto moriremos, y entonces podremos decir: “De él es nuestra esperanza”. ¿No esperamos que cuando estemos en el lecho del dolor él enviará a sus ángeles para llevarnos a su seno? Nosotros creemos que cuando nos falle el pulso y nuestro corazón palpite dificultosamente algún mensajero angélico estará a nuestro lado y con ojos amorosos nos mirará diciendo: “Espíritu hermano, vamos”. Y al acercarnos a la puerta celestial, esperamos oír esta invitación de bienvenida: “Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Esperamos arpas de oro y coronas de gloria: esperamos estar pronto entre la multitud de seres resplandecientes que están delante del trono. Miramos hacia delante y ansiamos que llegue el tiempo cuando seremos semejantes a nuestro glorioso Señor, porque lo “veremos como él es”. Si éstas, alma mía, son tus esperanzas, vive para Dios, vive con el deseo y la resolución de glorificar a aquél de quien vienen todas las provisiones, y por cuya gracia demostrada en tu elección, redención y llamamiento, tienes esperanza de la gloria venidera.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 27 de febrero de 2015

La verdad en contra del feminismo por el Pastor Sugel Michelen



Subido a YouTube por Javier Gil

Un avivamiento en mi hogar - Nancy Leigh DeMoss


FEBRERO 27

“Porque tú has puesto a Jehová que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación”. Salmo 91:9.


MIENTRAS estuvieron en el desierto, los israelitas estaban continuamente expuestos a cambio. Cuando la columna de nubes se detenía, plantaban las carpas; pero al día siguiente, antes que saliese el sol de la mañana, sonaba la trompeta, el arca se ponía en movimiento, y la ardiente columna de nube marcaba el camino, ya a través de los estrechos desfiladeros de las montañas, ya a lo largo del árido y desolado desierto. En cuanto descansaban un poco, oían la voz de “¡Afuera, éste no es vuestro reposo; debéis ir más adelante peregrinando hacia Canaán!” Nunca permanecían mucho tiempo en un lugar. Ni pozos ni palmeras podían detenerlos. Pero, a pesar de esto tenían en Dios un hogar permanente. El techo de ese hogar era la columna de nube y su lumbre la columna de fuego. Tenían que marchar de lugar en lugar, cambiando continuamente, sin tener nunca tiempo para establecerse en un lugar y decir: “Ahora estamos seguros; permaneceremos aquí”. “Sin embargo –dice Moisés- tú, Señor, nos has sido refugio de generación en generación”. Con relación a Dios, el cristiano no conoce ningún cambio. Puede ser rico hoy y pobre mañana; puede estar un día bien y otro día mal; puede gozar hoy de prosperidad y estar mañana en apretura, pero con relación a Dios, no experimenta cambio alguno. Si me amó ayer me ama también hoy. Mi inconmovible mansión de descanso es mi bendito Señor. Que se desvanezcan mis buenas perspectivas, que se esfumen mis esperanzas, que cese mi gozo, que los tizones destruyan todo; yo no he perdido nada de lo que tengo en Dios. El es “mi fuerte habitación en la que puedo descansar continuamente”. Yo soy un peregrino en este mundo, pero en el cielo que es mi hogar, está mi Dios. En la tierra soy un peregrino, pero en Dios habito como en tranquila habitación.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 26 de febrero de 2015

EL NACIMIENTO VIRGINAL DE CRISTO - Wayne Grudem

  • BASE BÍBLICA: La Biblia claramente afirma que Jesús fue concebido en el vientre de su madre, María, mediante la obra milagrosa del Espíritu Santo y sin padre humano.

«El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1:18). Poco después de esto un ángel del Señor le dijo a José, que estaba comprometido en matrimonio con María: «José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo» (Mt 1:20). Luego leemos que José «hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús» (Mt 1:24-25).

No desperdicies tu feminidad - Nancy Leigh DeMoss, Pr. John Piper

FEBRERO 26

“La salvación pertenece a Jehová”. Jonás 2:9.

LA salvación es obra de Dios. Él sólo es quien vivifica al alma que está “muerta en sus delitos y pecados” y quien, además, la sostiene en la vida espiritual. Él es el Alfa y la Omega. “La salvación pertenece a Jehová”. Si soy una persona afecta a la oración, es Dios quien me da esa inclinación. Si estoy revestido de dones, es porque el Señor me los dio. Si mantengo una vida consecuente es porque él me sostiene con su mano. Nada hago yo para mi propia preservación fuera de lo que Dios obra primero en mí. Cualquier cosa que yo tenga, todo pertenece al Señor. Lo único que es propiamente mío es el pecado. Pero si hago algo recto, ese algo es de Dios entera y completamente. Si he rechazado a algún enemigo espiritual, es porque Dios fortaleció mi brazo. ¿Vivo ante los hombres una vida consagrada? Esto no es por mí, sino por Cristo que vive en mí. ¿Estoy santificado? Yo no me limpio a mi mismo; es el Espíritu de Dios el que me santifica. ¿Estoy apartado del mundo? Esto se efectuó por las santificadoras pruebas que Dios me envió para mi bien.
Si estoy creciendo en conocimiento es porque el gran Maestro me enseña. Todas mis joyas están trabajadas con arte celestial. Hallo en Dios todo lo que necesito. Pero en mí mismo no hallo otra cosa sino miseria y pecado. “Él solo es mi roca y mi salvación”. ¿Me alimento de la Palabra? Esa Palabra no podría alimentarme si el Señor no le hubiese comunicado esa virtud, y si él no me ayudase a alimentarme de ella. ¿Vivo del maná que viene del cielo? ¿Qué es ese maná sino Jesucristo mismo, cuyo cuerpo y cuya sangre como y bebo? ¿Estoy continuamente recibiendo nuevas fuerzas? ¿De dónde consigo el poder? Mi fortaleza viene del cielo. Sin Jesús nada puedo hacer. Como un pámpano no puede llevar fruto si no estuviere en la vid, tampoco yo puedo hacerlo si no permanezco en él. Que lo que Jonás aprendió en las profundidades, lo aprenda yo esta mañana en mi cámara secreta: “La salvación pertenece a Jehová”.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Las personas mas influyentes del mundo - Nancy Leigh Demoss, Pr. John Piper

FEBRERO 25

“La ira que vendrá”. Mateo 3:7.

ES agradable pasar por un campo después de una tormenta, es grato aspirar la frescura de las hierbas después de cesar la lluvia y es placentero mirar las gotas de agua cuando relucen como diamante purísimo a la luz del sol. Es esa la posición de un cristiano. Peregrina por una tierra en la que la tormenta se descargó sobre la cabeza de su Salvador, y si aun caen algunas gotas de aflicción, esas gotas proceden de las nubes de la misericordia, y Jesús lo conforta con la seguridad de que ellas no son para su destrucción. Pero, cuán terrible es presenciar el espantoso avance de un huracán –como ocurre algunas veces en los trópicos- y aguardar en terrible temor hasta que el viento se precipita con furia desarraigando árboles, derribando las rocas de sus pedestales y tirando abajo toda habitación. Y sin embargo, pecador, esta es tu posición presente. Todavía no cayó ninguna gota caliente, pero una verdadera lluvia de fuego se acerca. Ningún viento furioso sopla aun en derredor nuestro, pero hay una tempestad divina que está reuniendo toda su espantosa artillería. Las aguas inundantes están hasta ahora retenidas por la misericordia, pero pronto serán sueltas. Los rayos de Dios aun están en sus depósitos, pero, ¡ay!, la tempestad se avecina y ¡cuán espantoso será aquel momento cuando Dios, vestido de venganza, marchará con furor! ¿Dónde, dónde, dónde, oh pecador, esconderás tu cabeza o adónde huirás? ¡Oh que la mano de la misericordia te guíe ahora a Cristo! En el Evangelio, Cristo se te presenta gratuitamente. Su costado herido es la roca de protección. Tú sabes que necesitas de él. Cree en él, apóyate en él, y entonces la furia pasará para siempre a otro lado.

LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

martes, 24 de febrero de 2015

3 RAZONES POR LAS QUE JESÚS ORABA - Pr. Gerson Morey

No en vano Jesús le preguntó a sus discípulos con ánimo inquisidor: “  vosotros, ¿quién decís que soy yo? (S. Mateo 16:15). LEER ARTÍCULO COMPLETO...

Elige el plan de Dios - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 24

“Y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán”.

AQUÍ hay una misericordia soberana: “Yo haré descender la lluvia en su tiempo”. ¿No es esta una misericordia soberana y divina? Pues, ¿quién puede decir “haré descender la lluvia” sino sólo Dios? Hay una sola voz que puede hablar a las nubes y ordenarles que den lluvia. ¿Quién envía sobre la tierra la lluvia? ¿Quién la esparce sobre la hierba? ¿No soy yo, dice el Señor? De modo que la gracia es don de Dios, y, por lo tanto, no tiene que ser creada por el hombre. Además es ésta una gracia que necesitamos. ¿Qué haría la tierra sin la lluvia? Puedes arar, sembrar tu simiente, pero ¿qué puedes hacer sin la lluvia? De la misma manera nos es absolutamente necesaria la bendición divina. Hasta que Dios no te conceda la lluvia abundante y te envíe la salvación trabajas en vano. Además esa gracia es abundante. “Haré descender la lluvia”. No dice: “Les enviaré gotas”, sino “lluvias”. Así pasa con la gracia. Si Dios da una bendición, la da por lo regular en tal medida que no hay suficiente sitio para recibirla. ¡Gracia abundante! Nosotros necesitamos gracia abundante para conservarnos humildes, para ser afectos a la oración y para ser santos: tenemos necesidad de gracia abundante para ser celosos, para preservarnos del mal en el curso de esta vida y, por fin, para ser llevados al cielo. No podemos estar sin ser empapados con las lluvias de la gracia. Esta gracia es también una gracia oportuna. “Haré descender la lluvia en su tiempo. ¿Qué tiempo es el de esta mañana para ti? ¿Es el de la seca? Entonces este es el tiempo para las lluvias. “Como tus días será tu fortaleza”. Hay, por fin, aquí una bendición variada: “Lluvias de bendición serán”. La palabra está en plural. Dios enviará toda clase de bendiciones. Todas las bendiciones de Dios van juntas como los eslabones de una cadena de oro. Si él da la gracia que convierte, dará también la gracia que consuela. El enviará “lluvias de bendiciones”. Mira hoy arriba, oh planta mustia, y abre tus hojas y tus flores para recibir una lluvia celestial.

LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 23 de febrero de 2015

Esperanza para el futuro - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 23

“No te dejaré”. Hebreos 13:5.

NINGUNA promesa es de particular interpretación. Cualquier cosa que Dios haya dicho a algunos de sus santos la dice a todos. Cuando abre una fuente para uno, lo hace para que beban otros. Cuando abre la puerta de algún granero para dar alimento, aunque la causa de ese acto sea un solo hambriento, todos los creyentes sin distinción pueden venir y alimentarse. Aunque originalmente Dios haya dado la palabra de promesa a Abraham o a Moisés, ahora te la da también a ti, como componente de la simiente del pacto. No hay bendición que sea demasiado elevada para ti, ni merced que sea demasiado grande. Levanta ahora tus ojos, mira al Norte y al Sud, al Este y al Oeste, porque todo es tuyo. Sube a la cumbre del Pisga y mira el último límite de la promesa divina, porque la tierra es toda tuya. No hay un arroyo de aguas vivas del cual no puedas beber. Si la tierra fluye leche y miel, come la miel y bebe la leche, porque ambas cosas son tuyas. Sé osado para creer, pues él ha dicho: “No te desampararé ni te dejaré”. En esta promesa Dios da a su pueblo todas las cosas. “Yo no te dejaré”. Ningún atributo de Dios dejará de ser empleado para nuestro bien. ¿Dios es poderoso? Entonces manifestará su poder en bien de los que en él confían. ¿Es amor? Entonces con amor desinteresado tendrá misericordia de nosotros. Cualquier atributo que forme parte del carácter de la deidad, será empleado en tu favor. En resumen: No hay nada que puedas desear, no hay nada que puedas solicitar; nada que haya en este mundo o en el venidero; nada que haya en el momento presente ni en la mañana de la resurrección, y, por fin, nada que haya en el cielo, que no esté contenido en este texto. “No te desampararé ni te dejaré”.

LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 22 de febrero de 2015

FEBRERO 22

"Y su arco quedó en fortaleza y los brazos de sus manos se corroboraron por las manos del Fuerte de Jacob". Génesis 49:24.

LA fortaleza que Dios da a sus Josés es una fortaleza real. No es una fortaleza jactanciosa, una ficción, una cosa de la que los hombres hablan pero que termina en humo. Es más bien una fortaleza verdadera y divina. ¿Por qué José resistió a la tentación? Porque Dios lo ayudó. No hay nada que podamos hacer sin el poder de Dios. Toda fortaleza verdadera viene del "Fuerte de Jacob". Aquí se representa a Dios como si pusiera sus manos sobre las manos de José y colocara sus brazos sobre los brazos del mismo José. Como un padre enseña a sus hijos, así el Señor enseña a los que le temen. El pone sus brazos sobre ellos. ¡Maravillosa condescendencia! El Dios todopoderoso, eterno y omnipotente se inclina desde un trono y pone su mano sobre la mano del hijo, extendiendo su brazo sobre el brazo de José, para que pueda ser fuerte. Esta fortaleza era además una fortaleza del pacto, pues se atribuye al "Fuerte de Jacob". Ahora bien, en cualquier lugar de la Biblia donde leas acerca del Dios de Jacob, tienes que recordar el pacto que Dios hizo con él. Todo el poder, toda la gracia, todas las bendiciones, todas las mercedes, todos los consuelos, todas las cosas que tenemos, proceden para nosotros del gran manantial y por medio del pacto. Si no hubiera pacto tendríamos que perecer indefectiblemente, pues todas la bendiciones proceden de él como la luz y el calor vienen del sol. Ningún ángel asciende o desciende por otra parte que no sea la escala que vió Jacob, en cuya cabeza está colocado un pacto de Dios. Cristiano, puede ser que los arqueros te hayan atormentado seriamente y te hayan tirado y herido, pero tu arco aun queda en fortaleza. Atribuye, pues a Dios sin dudar, toda la gloria.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 21 de febrero de 2015

John Piper - Cuando no deseo a Dios, Parte 5 [Subtitulado español]

John Piper - Cuando no deseo a Dios, Parte 4 [Subtitulado español]

John Piper - Cuando no deseo a Dios, Parte 3 [Subtitulado español]

John Piper - Cuando no deseo a Dios, Parte 2 [Subtitulado español]

John Piper - Cuando no deseo a Dios, Parte 1 [Subtitulado español]

FEBRERO 21

"Él dijo". Hebreos 13:5.

SI por fe podemos posesionarnos de estas solas palabras, tendremos en nuestras manos un arma que todo lo conquista. ¿Cuál es la duda que no morirá ante esta espada de dos filos? ¿Cuál es el temor que no caerá herido con herida mortal ante esta flecha del arco del pacto de Dios? Las penas de la vida y las ansias de la muerte, las corrupciones internas y las trampas externas, las pruebas de arriba y las tentaciones de abajo, ¿no aparecen como leves aflicciones cuando nos escondemos bajo el baluarte de "Él dijo"? Sí, ya sea para deleite en nuestra tranquilidad, o para fortaleza en nuestra aflicción, "Él dijo" tiene que ser nuestro diario recurso. Esto nos enseña cuánto vale escudriñar las Escrituras. Puede haber en la Palabra una promesa que se adapte exactamente a tu caso, pero tú no la conoces y por lo tanto careces del consuelo que te puede comunicar. Eres como los prisioneros que están encerrados en un calabozo. Puede haber en el manojo de llaves que está a su alcance, una llave que podría abrir la puerta y, al abrirla, quedarías en libertad. Pero si no la buscas, permanecerás para siempre en la prisión, aunque la libertad esté en tus mismas manos. Puede haber en la gran farmacopea de la Escritura una poderosa medicina que cure tu mal, pero si no examinas y no escudriñas las Escrituras para descubrir lo que "Él dijo", seguirás enfermo. Además de leer la Biblia, tendrías también que enriquecer tu memoria poniendo en ella las promesas de Dios. Puedes recordar muchos dichos de grandes hombres, aprendes de memoria los versos de renombrados poetas, ¿no debes, por lo tanto, tener un conocimiento profundo de las palabras de Dios, de suerte que las puedas citar en seguida cuando desees resolver una dificultad o matar una duda? Ya que "Él dijo" es la fuente de toda sabiduría y de todo consuelo, haz que permanezca en ti ricamente como "una fuente de agua que salta para vida eterna". En esa forma crecerás sano, fuerte y feliz en la vida espiritual.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 20 de febrero de 2015

ERRORES MEDIEVALES - Sinclair Ferguson

Aunque provocado por las indulgencias ofrecidas por Johannes Tetzel, la primera proposición que Lutero ofreció para su debate público en sus Noventa y Cinco Tesis puso el hacha en la raíz del árbol de la teología medieval: “Cuando nuestro Señor y Maestro, Jesucristo, dijo ‘Arrepentíos,’ él quiso decir que la totalidad de la vida de los creyentes debiese ser de arrepentimiento.” Por el Nuevo Testamento Griego de Erasmo, Lutero llegó a darse cuenta que la traducción de la Vulgata de Mateo 4:17 de la frase penitentiam agite (“haced penitencia”) malinterpretaba totalmente el significado de Jesús. El evangelio requería no un acto de penitencia sino un cambio radical de mentalidad y una transformación igualmente profunda de la vida. Más tarde le escribiría a Staupitz sobre este maravilloso descubrimiento: “¡Me aventuro a decir que están equivocados aquellos que hacen más énfasis en el acto en Latín que el cambio de corazón en Griego!”
¿No es verdad que hemos perdido de vista esta nota que fue tan prominente en la teología de la Reforma? Haríamos bien hoy si contáramos con un Lutero redivivo. Por un número de razones importantes los evangélicos necesitan reconsiderar la centralidad del arrepentimiento en nuestro pensamiento con respecto al evangelio, la iglesia y la vida Cristiana. Continuar leyendo...

Fuente: Contra Mundum

GRACIA ABUNDANTE SOBRE ABUNDANTE PECADO - Charles H. Spurgeon

"Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia." - Romanos 5: 20.

Cuando tú has oído los Diez Mandamientos, cuando conoces la ley del reino, cuando la voluntad de tu Hacedor es puesta claramente ante ti, entonces, transgredir es transgredir con un orgullo que no admitirá ninguna excusa.

Nuevamente, la entrada de la ley hace que la ofensa abunde en este sentido, que la voluntad rebelde del hombre se alza en oposición a esa ley. Porque Dios lo ordena, el hombre lo rechaza; y porque Él prohíbe, el hombre desea. Hay algunos hombres que podrían no haber pecado en una dirección particular si el mandamiento no lo hubiera ordenado. La luz de la ley, en vez de ser una advertencia para ellos para evitar el mal, parece señalarles el camino en el que pueden ofender mayormente.
¡Oh, cuán profunda es la depravación de la naturaleza humana! La propia ley la provoca a rebelarse. Los hombres anhelan entrar, porque se advierte a quienes traspasan lo límites que se mantengan lejos. Sus mentes son tan antagonistas de Dios, que se deleitan en eso que está prohibido, no tanto porque encuentren algún placer particular en la cosa misma, sino porque demuestra su independencia y su libertad de los límites impuestos por Dios.
Esta viciosa obstinación está en todos nosotros por naturaleza; pues los designios de la carne son enemistad contra Dios; y por tanto la ley, aunque en sí misma santa y justa y buena, nos provoca al mal. Nosotros somos como cal, y la ley es como agua fría, que es en sí misma de una naturaleza refrescante; sin embargo, tan pronto como el agua de la ley alcanza la cal de nuestra naturaleza, se genera un calor de pecado: así, "la ley se introdujo para que el pecado abundase."
Entonces, ¿por qué envió Dios la ley? Continuar leyendo...

Fuente: Charles H. Spurgeon http://www.spurgeon.com.mx/ - Allan Román

El Dios de vida - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 20

"Dios, que consuela a los humildes". 2 Corintios 7:6.

¿Y quién consuela como él? Ve a algún melancólico y angustiado hijo de Dios; comunícale dulces promesas y pon en sus oídos selectas palabras de consuelo; él será ante ellas como una serpiente sorda que no responde a la voz del encantador, aunque éste trate de encantarla más sutilmente que nunca. El está bebiendo ajenjo y hiel. Trata de consolarlo como quieras, lo único que conseguirás será una o dos notas de lastimera resignación. No lograrás sacar de él ningún salmo de alabanza, ninguna aleluya y ningún soneto de gozo. Pero deja que se le acerque Dios y le levante el rostro, y entonces los ojos del afligido brillarán de esperanza. ¿No lo oyes cantar?: "Si tú estás aquí esto es un paraíso; si te vas, es un infierno". Tú no pudiste algrarlo, pero el Señor lo ha hecho. "El es el Dios de toda consolación". No hay bálsamo en Galaad, pero sí lo hay en Dios. No hay médico entre las criaturas, pero el Creador es Jehová-rapha'. ¡Es maravilloso ver cómo una palabra de Dios hace cantar al cristiano! Una palabra de Dios es igual a un pedazo de oro; el cristiano es el batidor de ese oro, y puede machacar esa palabra de promesa por semanas enteras. Siendo así, pobre cristiano, no necesitas echarte a la desesperación. Ve al Consolador y pídele que te dé consolación. Tú eres un pobre pozo seco. Has oído decir que cuando una bomba se seca, debes, ante todo, echarle agua, y entonces ella a su vez te dará agua. Y así, cristiano, cuando estés seco, ve a Dios, pídele que derrame en tu corazón abundante gozo, y entonces tu gozo será cumplido. No vayas a los amigos terrenales, porque, después de todo, hallarás en ellos a los consoladores de Job; pero ve primero y ante todo a tu "Dios, que consuela a los humildes", y pronto dirás: "En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegran mi alma".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿Quién ha estado orando? - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 19

"Así ha dicho el Señor Jehová: Aun seré solicitado de la casa de Israel". Ezequiel 36:37.

LA oración es la precursora de la compasión. Vuelve a la Sagrada Historia y hallarás que apenas vino alguna vez alguna gran bendición a este mundo que no haya sido anunciada por la súplica. Tú mismo en tu propia experiencia has hallado esta verdad. Dios te ha dado muchos favores que no has solicitado, pero sin embargo la oración ferviente ha sido siempre para ti el preludio de una gran bendición. Cuando al principio hallaste paz por la sangre de la cruz, hacía tiempo que estabas orando e intercediendo fervorosamente ante Dios para que removiese tus dudas y para que te librase de tus penas. Tu confianza fue el resultado de la oración. Cuando has experimentado goces sublimes y desbordantes, te has visto obligado a considerarlos como resultado de tus oraciones. Cuando has sido librado de terribles pruebas y has contado, en tus calamidades, con alguna ayuda poderosa, has podido decir: "Busqué al Señor y él me oyó, y libróme de todos mis temores". La oración siempre es el preludio de alguna bendición. La oración va delante de la bendición como si fuese una sombra que ella proyecta. Cuando el sol de la misericordia de Dios se eleva sobre nuestras necesidades proyecta sobre el campo la sombra de la oración. O, para usar otra ilustración: cuando Dios levanta una montaña de bendiciones, él mismo alumbra detrás de esas bendiciones y proyecta sobre nuestros espíritus la sombra de la oración, de manera que podemos estar seguros (si es que oramos mucho) que nuestras súplicas constituyen las sombras de la bendición que pedimos. De esta manera la oración se conecta con la bendición pedida, para mostrarnos el valor de la misma. Si obtuviésemos las bendiciones sin pedirlas, las consideraríamos cosas comunes, pero las oraciones hacen que nuestras bendiciones sean más preciosas que el diamante. Las cosas que pedimos son preciosas, pero no nos damos cuenta de eso hasta que las hayamos buscado ardientemente.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Buscando en todos lados - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 18

"Hazme entender por qué pleiteas conmigo". Job 10:2.

QUIZÁS, oh alma probada, el Señor está haciendo esto para desarrollar tus dones. Algunos de tus dones nunca se descubrirían si no fuese por las pruebas. ¿No sabes que tu fe nunca aparece tan grande en la estación estival como en la invernal? El amor es frecuentemente igual a una luciérnaga: si no está en medio de tinieblas presenta muy poca luz. La esperanza es semejante a una estrella: no se ve ante el sol de la prosperidad, pero se revela en la noche de la adversidad. Las aflicciones constituyen a menudo el obscuro joyero en el que Dios coloca las alhajas espirituales de sus hijos, con el fin de que brillen mejor. Hace apenas unos momentos que, estando sobre tus rodillas, decías: "Señor, temo no tener fe; permíteme saber que realmente la tengo". ¿No estabas con esto pidiendo pruebas? Porque ¿cómo puedes saber que tienes fe, si esa fe no es ejercitada? Ten esto por cierto: Dios a menudo nos envía pruebas para manifestar nuestros dones y para que nos cercioremos de la excelencia de los mismos. Además, las pruebas nos traen un real crecimiento en la gracia. Dios frecuentemente quita nuestras comodidades y nuestros privilegios con el fin de hacernos mejores cristianos. El no ejercita a sus soldados en las carpas de la tranquilidad y de la lujuria, sino los saca de allí y los ejercita con marchas forzadas y duros trabajos. Les hace vadear arroyos, nadar por ríos, trepar montañas y andar muchas y largas millas con pesadas mochilas de aflicción puestas sobre sus espaldas. Bien, cristiano, ¿no explica esto las aflicciones por las que estás pasando? ¿No está Dios sacando a luz tus dones y haciéndolos crecer? ¿No es precisamente con ese fin que el Señor está contendiendo contigo? "La pruebas hacen que las promesas nos sean agradables; las pruebas dan nueva vida a la oración; las pruebas me llevan a los pies de Cristo, me humilan y me guardan allí".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.