Versículo para hoy:

domingo, 17 de diciembre de 2017

Diciembre 17. La redención: crea la necesidad y la satisface.

"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura", (1 Corintios 2:14).
El Evangelio de Dios nos crea una conciencia de nuestra necesidad de Él ¿Las Buenas Nuevas están encubiertas para los que ya son siervos? No. Pablo dijo: "Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; esto es, entre los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les cegó el entendimiento", (2 Corintios 4:3-4). La mayoría de las personas se consideran completamente rectas y no tienen ningún sentido de su necesidad del Evangelio. Es Dios quien crea esa necesidad de la cual ningún ser humano es consciente hasta que Él se manifiesta. Jesús dijo: Pedid, y se os dará", (Mateo 7:7). Dios da a partir del momento en que la persona pide que desee retener algo, sino que así fue como Él decidió redimirnos. Mediante nuestras peticiones, Dios pone en movimiento el proceso por el que Él crea lo que no existía hasta que lo pedimos. La realidad interior de la redención es que ella crea todo el tiempo.
Crea la vida de Dios en nosotros, así como las cosas que hacen parte de esa vida. Nada puede satisfacer la necesidad, sino aquello que la creó. El significado de la redención es que crea y satisface.
Jesús dijo: “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”, (Juan 12:32). La gente se puede interesar cuando predicamos nuestras propias experiencias, pero tal presentación no despierta ningún sentido de necesidad. No obstante, cuando Jesucristo es levantado, el Espíritu de Dios da convicción sobre la necesidad de Él. El poder creativo de la redención divina obra en las almas de los hombres solamente por medio de la predicación del Evangelio. El testimonio personal jamás salva a los demás, pero sí la verdad de la redención. “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”, (Juan 6:63).

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Diciembre 16. Luchando en la presencia de Dios

"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios... Orad en todo tiempo", 
Efesios 6:13, 18.
Debes aprender a luchar contra lo que impide tu comunicación con Dios y a luchar en oración por otras personas. Sin embargo, luchar con Dios en oración es antibíblico. Si lo llegas a hacer, serás un inválido por el resto de tu vida. Si te aferras a Dios y luchas con Él como lo hizo Jacob, simplemente porque está obrando de una forma que no apruebas, lo obligas a descoyuntarte (ver Génesis 32:24-25). No te conviertas en un cojo en los caminos de Dios; más bien lucha delante de Él con las cosas de este mundo, porque "... somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó"... (Romanos 8:37). Luchar ante Dios tiene valor en su reino. Si me pides que ore por ti y no estoy en comunión con Cristo, dicha oración no será de ningún provecho. Pero si estoy en comunión con Él, mi oración obtiene la victoria todo el tiempo. La oración es efectiva solamente cuando estoy completo en Jesucristo: "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios".
Haz siempre la diferencia entre la voluntad perfecta de Dios y su voluntad permisiva. Es decir, su propósito providencial con respecto a nosotros. Su voluntad perfecta es inmutable, pero es con su voluntad permisiva con la que luchamos delante de Él. Nuestra reacción ante lo que sucede por su voluntad permisiva nos capacita para ver su voluntad perfecta."... A los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien"... (Romanos 8:28), es decir, a los que se mantienen fieles a la voluntad perfecta de Dios, al llamamiento en Cristo Jesús. Su voluntad permisiva es el medio por el cual se manifiestan sus verdaderos hijos e hijas. Debemos tener carácter para no decir automáticamente: "Sí, es la voluntad de Dios". No tenemos que luchar con Dios, sino luchar con las cosas en la presencia de Él. Ten cuidado de renunciar por pereza, en lugar de tener una gloriosa batalla, pues así comprenderás que has sido capacitado con su fortaleza.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Una mujer llena gracia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 15.Aprobado ante Dios

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad", (2 Timoteo 2:15)
Si no te puedes expresar bien sobre cada una de tus creencias, trabaja y estudia hasta que lo logres. Si no lo haces, otros pueden perder las bendiciones que trae el conocimiento de la verdad. Esfuérzate por decirte a ti mismo de manera clara y comprensible alguna verdad de Dios, pues Él la usará cuando compartas con otros. Pero debes estar dispuesto a pasar por el lagar de Dios donde se exprimen las uvas.
Debes trabajar, experimentar y practicar tu expresión oral para predicar la verdad de Dios con claridad.
Después llegará el momento cuando esa misma expresión será el vino del Señor que fortalezca a otra persona. Pero si por pereza dices: "No voy a estudiar ni a trabajar para tratar de expresar esta verdad con mis propias palabras; simplemente copiaré lo de otro", lo que comuniques no te será útil a ti, ni a nadie.
Cuando te repites a ti mismo lo que crees que es la absoluta verdad de Dios, le das a Él la oportunidad de transmitirla a los demás por medio de ti.
Ten por costumbre exigirle a tu mente que profundice en lo que has creído con facilidad. El tema no será realmente tuyo hasta que lo hagas tuyo por medio del esfuerzo y el estudio. El autor u orador de quien más aprendes no es aquel que te enseña algo desconocido, sino el que te ayuda a entender la verdad con la que has estado luchando en silencio, el que la expresa clara y audazmente.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 14 de diciembre de 2017

La señal y la espada - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 14. La gran vida

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón", (Juan 14:27).
Siempre que enfrentamos dificultades, somos tentados a culpar a Dios. Pero nosotros somos quienes estamos equivocados, no Él. Culparlo a Él demuestra que estamos desobedeciendo, y que hay algo en nuestra vida que no queremos dejar. Pero tan pronto lo abandonamos, todo se vuelve tan claro como la luz del día. Mientras estemos tratando de servir a dos señores a la vez, a nosotros mismos y a Dios, las dificultades se combinarán con la duda y la confusión. Nuestra actitud debe ser de completa confianza en el Señor. Una vez que llegamos a ese punto, no hay nada más fácil que vivir la vida de un santo. La dificultad viene cuando tratamos de usurpar la autoridad del Espíritu Santo para satisfacer nuestros propios intereses.
Cuando obedeces a Dios, la paz es su sello de aprobación. Él envía una paz profunda e indescriptible; no la natural, es decir, como el mundo la da, sino la paz de Jesús. Siempre que falte la paz, espérala hasta que llegue, o averigua por qué te falta. Si estás actuando por impulso, o por un sentido de lo heroico para que los demás te vean, la paz de Jesús no se manifestará en ti. Esto, a su vez, implica que no hay sencillez ni confianza en Dios, porque dicha actitud nace del Espíritu Santo, no de tus decisiones. Dios contrarresta nuestras decisiones obstinadas con un llamamiento a la sencillez y a la comunión con Él.
Mis preguntas surgen cuando comienzo a desobedecer. Pero cuando obedezco al Señor, los problemas nunca se interponen entre Él y yo, y se presentan como un medio para que mi mente continúe examinando asombrada la verdad revelada de Dios. Cualquier problema que se interponga en nuestra relación tiene su origen en la desobediencia. Cualquier problema -y habrá muchos- que surja mientras lo estoy obedeciendo a Él, aumentará mi gozo profundo porque sé que a mi Padre le interesa y lo conoce.
Entonces, yo estaré atento y podré ver cómo lo solucionará.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Piedra Angular - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 13. Cómo interceder

"También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar", (Lucas 18:1).
Tú no puedes interceder si no crees en la realidad de la redención, porque convertirías la intercesión en una compasión inútil hacia los seres humanos, lo cual aumentaría su dócil conformismo con respecto a estar fuera del contacto con Dios. La verdadera intercesión presenta delante del Señor a la persona o las circunstancias que te afectan, hasta que te transformas por la actitud de Dios hacia esa persona o circunstancia. La intercesión significa cumplir "...lo que falta de las aflicciones de Cristo", Colosenses 1:24, y precisamente por esta razón hay tan pocos intercesores. La gente describe la intercesión así: "Es ponerse en el lugar de la otra persona". ¡Eso no es verdad! La intercesión nos pone en el lugar de Dios. Es tener su mente y su perspectiva hacia los demás.
Como intercesor, ten cuidado de no pedirle a Dios mucha información sobre la situación por la cual estás orando, porque te aplastaría. Si sabes demasiado, es decir, más de lo dispuesto por Dios, no puedes orar. Las circunstancias de la gente son tan abrumadoras que no podrías ver la verdad fundamental.
Nuestro trabajo consiste en establecer una relación tan cercana con Dios que adoptemos su manera de pensar acerca de todo. Sin embargo, eludimos esa responsabilidad sustituyendo la intercesión con la actividad. Nos ocupamos en aquello que se puede cuantificar y no intercedemos. La intercesión es lo único en lo que no podemos caer en una trampa y que no implica un riesgo de error para nosotros, porque mantiene nuestra relación con el Señor completamente abierta.
Lo que debemos evitar durante la intercesión es orar por un "remiendo" rápido para las almas, un simple tratamiento para sus heridas. Debemos orar para que esa persona entre en contacto con la vida misma de Dios. ¡Pensemos en la cantidad de personas que Él ha puesto en nuestro camino y a quienes hemos abandonado! Cuando oramos fundamentados en la redención, Dios crea algo que solamente puede hacer por medio de la oración intercesora.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 12 de diciembre de 2017

Ahora que lo he tomado en mis brazos - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 12. La personalidad

"...Que sean uno, así como nosotros somos uno", (Juan 17:22).
La personalidad es esa parte peculiar, singular e incalculable de nuestra vida, que nos diferencia de todos los demás. Es demasiado grande para poderla comprender. Una isla en el mar puede ser solamente la cima de una gran montaña, y nuestra personalidad es algo parecido. Como no conocemos las grandes profundidades de nuestro ser, no podemos hacer una valoración de nosotros mismos. Empezamos creyendo que podemos, pero pronto entendemos que sólo un ser nos comprende completamente, nuestro Creador.
Así como la individualidad caracteriza la parte externa del hombre natural, la personalidad es el sello característico del hombre espiritual. Nunca podemos describir a nuestro Señor a partir de la individualidad o la independencia, sino sólo a partir de su personalidad: El Padre y yo uno somos (Juan 10:30). La personalidad se debe unir. Es decir, que sólo alcanzas tu verdadera identidad estando unido a otra persona. Cuando el amor, o el Espíritu de Dios, entra en una persona, ésta queda transformada, y ya no insiste más en mantener su individualidad. El Señor nunca habló de la individualidad de una persona, o de su posición aislada, sino de su personalidad. "....Que sean uno, así como nosotros somos uno". Cuando le cedes a Dios tus derechos sobre ti mismo, enseguida tu verdadera naturaleza personal comienza a obedecer a Dios. Jesucristo emancipa toda tu personalidad, e incluso tu individualidad se transforma. La transformación es causada por el amor, es decir, por la devoción personal a Jesús. El amor es el desbordante resultado de una persona en verdadera comunión con otra.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 11 de diciembre de 2017

A LA MEDIDA - Jerry Bridges

Me alegro que el apóstol Pablo escribió que aprendió a estar contento (Filipenses 4:11). Esta gracia del carácter Cristiano por cierto, no ha llegado naturalmente a mí. Un día estaba al frente del espejo del dormitorio y conté siete distintas cosas “erróneas” con mi cuerpo – cosas sobre las que a menudo murmuraba y me preocupaban. Algunas no eran más que estéticas, afectando sólo mi apariencia, como la calvicie que había tenido desde que cumplí veinticinco.
Una serie de cosas que eran (y siguen siendo) “erróneas” eran funcionales, sobre las cuales había sido mucho más difícil de contentarse. Aún puedo recordar tratando de jugar béisbol como un muchacho de la escuela primaria. No podía ni batear ni atrapar bien porque no podía darme cuenta dónde estaba la pelota, o calcular cuan veloz venía la pelota hacia mí. No lo supe hasta años más tarde que mi incapacidad para jugar béisbol fue debido a que tenía visión monocular – la incapacidad de enfocar más de un ojo a la vez. Una percepción profunda que es normal para muchas personas está basada en visión binocular – la habilidad para enfocarse en ambos ojos juntos para calcular la distancia adecuada.

Mi otro desperfecto funcional, es una pérdida total de audición en un oído. Esto es a menudo embarazoso cuando la gente me habla y no los escucho, pareciendo que los ignorara, o cuando estoy en un entorno social intentando conversar con alguien en el lado de mi oído sordo. Nuestro sentido de dirección de sonido viene por la diferencia de milisegundos que el sonido alcanza a nuestros oídos en ambos lados de nuestra cabeza. Sólo con un oído funcionando, no tengo dirección de sonido. Por ejemplo, cuando mi esposa me llama desde algún lugar en la casa, a menudo tengo que preguntar, “¿Dónde estás?”

Me doy cuenta que mis desperfectos físicos son, en lo peor, sólo inconveniencias comparadas con discapacidades serias, tal como ceguera total, sordera o parálisis. Sin embargo, en años anteriores, a menudo causaban en mí un descontento. En realidad, ese día que me paré frente al espejo y conté esas siete cosas erróneas, estaba más que descontento. Estaba luchando con el síndrome “¿Por qué yo?”.

¿Cómo he aprendido a estar contento bajo estas circunstancias? De la misma manera que alguien con más o menos desperfectos podría: enfocándose en la maravillosa verdad que Dios me hizo tal como soy. Salmos 139:13 (LBLA) dice: “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre.” La Biblia enseña que Dios nos hizo a cada uno de nosotros tal como somos. Esto no ignora las realidades de herencia genética y procesos biológicos. Significa que Dios maneja tan bien esos factores que la Biblia puede decir con precisión que Dios nos diseño a todos únicamente en los vientres de nuestras madres.

Tuve que aprender que físicamente soy la forma que soy porque el Dios soberano quien me amó y envió su Hijo para morir por mí me hizo tal como soy – completo con todos mis problemas funcionales y de apariencia. "Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho." (Salmo 139:14). Mis características físicas – verrugas y todo – son el resultado de una cuidadosa, íntima, detallada, creativa obra de Dios.

Esto me lleva a otra verdad que me ayudó a aprender a contentarme. Dios no sólo me hizo en el vientre de mi madre, Él también planeó mis días. Salmos 139:16 dice: “en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” Dios nos creó de una forma única a cada uno de nosotros para cumplir el plan que Él tiene para nosotros. Este plan abarca no sólo Su creación original para nosotros, pero también el entorno social y familiar en el cual nacemos.

Nací en una familia de bajos ingresos y estatus social. Mis padres abandonaron la escuela alrededor del octavo grado para trabajar en sus respectivas granjas familiares. Casi no tuvieron educación o ventajas culturales que ofrecerme. Solía tener envidia de otros que tenían esas ventajas. Fue a través del abrazar la verdad que Dios en Su infinita sabiduría y amor había ordenado el camino de la vida para mí, que aprendí a estar contento.

El plan de Dios no sólo incluye la situación social y económica en que hemos nacido, sino también todos los “altibajos” de la vida – todas las oportunidades aparentes u ocurrencias aleatorias y todos los giros de eventos inesperados, ambos “buenos” y “malos”, que ocurren en la vida. Todas estas situaciones y circunstancias, aunque puedan parecer como casualidades para nosotros, son parte del plan de Dios para nuestras vidas.

Cuando mi primera esposa estaba muriendo de cáncer, periódicamente entraba en “momentos de depresión”. Un día, en el medio de uno de estos, decidí hacer una lista de todas las cosas significantemente “malas” que me habían sucedido en la vida (así como la muerte de mi madre cuando sólo tenía catorce). Para ser justo, en el lado derecho de la página, hice una lista de todas las cosas significantemente “buenas”. No te sorprendería saber que la lista de cosas “malas” era casi alrededor del doble que la lista de las “buenas”. En el mundo caído en el que vivimos, sospecho que es algo típico. Luego, con Romanos 8:28 en la mente, escribí al final de aquella página, “Y Dios ha hecho todas estas cosas (tanto lo bueno como lo malo) para trabajar juntos por mi bien.” Algunas de aquellas supuestas cosas “malas” me habían molestado por años. Pero aquel día Dios me dio un sentido de contentamiento sobre ellas.

Luego hay el área del llamado. Aunque estudié ingeniería en la universidad, después de graduarme empecé a pensar que Dios quería que sea un misionero extranjero. Sin embargo, nunca llegué a ser misionero. En lugar de aquello llegué a ser un administrador en una organización de misiones. Al principio, pensé en la administración como un intermedio temporal en el camino hacia el campo misionero. Luego un día tuve que enfrentar la verdad que Dios me había dado el don para la administración, y aquello era para lo que me había llamado a hacer. ¿Cómo aprendí a contentarme con aquello en esa ocasión? Acepté la verdad que Dios pone a cada uno de nosotros en el cuerpo de Cristo como a Él le place. (Véase 1 Corintios 12:18).

Sin duda puedo detectar una misma línea corriendo a través de todas mis experiencias de aprendizaje para estar contento: una creencia fuerte en el gobierno sabio y soberano de Dios en todas las circunstancias de mi vida. Hay otra verdad bíblica, aunque es tan importante para mí: el darme cuenta que todo lo que soy y todo lo que tengo es por la gracia de Dios. No he recibido lo que merezco, específicamente, la condenación e ira de Dios, sino, he recibido lo que no merezco: el perdón de mis pecados, el regalo de la vida eterna y todas las bendiciones de esta vida. Creo que estas dos verdades fundamentales – la soberanía y gracia de Dios – me han ayudado para aprender a estar contento.

Incluso el conocimiento de estas verdades maravillosas, con todo, no pueden por sí mismas hacernos contentos. La famosa declaración de Pablo en Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, fue escrita en el contexto de su aprendizaje de contentamiento. Tuve que aprender, como Pablo lo hizo, a pesar de cuan difíciles y frustrantes sean mis circunstancias, la capacidad divina de Cristo a través del Espíritu Santo está disponible para ayudarme a estar contento. Ese contentamiento, por cierto, es un término relativo cuando es usado en mí. No siempre estoy contento, ni pienso que estoy perfectamente contento. Pero vengo de un largo camino aprendiendo a estar contento. Por esto agradezco a Dios.

Fuente: © Ligonier Ministries Traducción: Gospel Translations por Gerhard Arnsdorff Y Marcelo Del Castillo.

Un Salmo de navidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 11. La individualidad

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: -Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo", (Mateo 16:24).
La individualidad es la envoltura de la vida personal. La individualidad se abre paso a los codazos, separando y aislando. Ésta es la característica primordial de un niño, y con razón. Cuando la confundimos con la vida personal, quedamos aislados. La individualidad como un caparazón, es la protección natural creada por Dios para la vida personal. Pero, para que esa vida personal pueda surgir y llegar a la comunión con Él, nuestra individualidad debe desaparecer. La individualidad falsifica la personalidad, así como la lujuria falsifica el amor. Dios diseñó la naturaleza humana para Él mismo, pero la individualidad la corrompe y la desvía hacia sus propios propósitos.
La individualidad se caracteriza por la independencia y la obstinación. Es su continua afirmación lo que, más que cualquier otra cosa, estorba nuestro desarrollo espiritual. Si dices: "No puedo creer", es porque tu individualidad está bloqueando la vía. Ella nunca puede creer. Pero, nuestra personalidad no puede dejar de creer. Obsérvate cuidadosamente cuando el Espíritu de Dios esté obrando en ti. Él te empuja hasta el límite de tu individualidad donde es necesario escoger entre decir: "No lo voy a hacer", o someterte para romper el caparazón de la individualidad y dejar que emerja la vida personal. El Espíritu Santo la va reduciendo poco a poco a un solo punto (ver Mateo 5:23-24). Es tu individualidad la que no quiere reconciliarse con tu hermano. Dios quiere llevarte a tener comunión con Él, pero si no estás dispuesto a ceder el derecho sobre ti mismo, Él no lo hará. Niéguese a si mismo: Cuando niegas tu derecho a la independencia, la vida real tiene la oportunidad de crecer.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Diciembre 10. La ofrenda de lo natural

"Pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre", (Gálatas 4:22)
En este capítulo de Gálatas Pablo no estaba hablando del pecado, sino de la relación entre lo natural y lo espiritual. Lo natural solo se puede volver espiritual mediante el sacrificio, de otra forma la persona vivirá de manera dividida. ¿Por qué ordenó Dios que lo natural se sacrifique? Él no lo ordenó. No es su voluntad perfecta, sino su voluntad permisiva. Su voluntad perfecta es que lo natural se vuelva espiritual por la obediencia. Es el pecado el que ha hecho necesario que lo natural se sacrifique.
Abraham tuvo que ofrecer primero a Ismael que a Isaac (ver Génesis 21:8-14). Algunos de nosotros estamos tratando de ofrecerle a Dios sacrificios espirituales, antes de haber sacrificado lo natural. La única forma de ofrecerle a Él un sacrificio espiritual es presentando nuestros cuerpos como un sacrificio vivo. La santificación es más que ser liberados del pecado. Implica rendirme deliberadamente al Dios de mi salvación, cueste lo que costare.
Si no sacrificamos lo natural por lo espiritual, la vida natural se opondrá y desafiará a la vida del Hijo de Dios en nosotros produciendo confusión permanente. Este es siempre el resultado de una naturaleza espiritual indisciplinada. Nos descarriamos porque rehusamos con obstinación disciplinarnos, física, moral, o mentalmente. Y luego nos disculpamos, diciendo: "Bueno, no me enseñaron disciplina cuando era niño". ¡Entonces disciplínate ahora! Si no lo haces, arruinarás toda tu relación personal con el Señor. Mientras sigamos mimando y premiando a nuestra vida natural, Dios se involucrará activamente en ella.
Pero cuando estemos dispuestos y resueltos a sacarla al desierto y a mantenerla sometida, su presencia es en nuestra vida natural y Él hará surgir pozos y oasis en cumplimiento de todas sus promesas para lo natural (ver Génesis 21:15-19).

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Diciembre 9. La ofensa de lo natural

"Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos", (Gálatas 5:24).
La vida natural no es pecaminosa. Pero debemos abandonar el pecado y no tener absolutamente nada que ver con él. El pecado pertenece al diablo y al infierno. Yo, como un hijo de Dios, pertenezco al cielo y al Señor. El punto no es renunciar al pecado, sino al derecho sobre mí mismo, a mi independencia natural y a mi voluntad. Es aquí donde la batalla se debe librar. Lo que nos impide ser lo mejor de Dios es lo recto, bueno y noble, desde el punto de vista natural. Cuando comprendemos que la excelencia moral natural es contraria a la sumisión a Dios, ponemos a nuestra alma en el centro de su más recia batalla. Muy pocos de nosotros controvertimos lo que es sucio, malo y erróneo, pero sí lo que es bueno. Lo bueno es enemigo de lo mejor, y cuanto más alto asciendes en la escala de la excelencia moral, tanto más intensa es la oposición a Jesucristo. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne. No solamente te costará algo de tu vida natural, sino todo. Jesús dijo: "...Si alguien quiere venir en pos de mi; niéguese a sí mismo", (Mateo 16:24), es decir, antes de hacerlo debes negarte al derecho sobre ti mismo y comprender quién es Jesucristo. No rehúses asistir al funeral de tu propia independencia.
La vida natural no es espiritual, y solamente se vuelve espiritual por medio del sacrificio. Si no sacrificamos a propósito lo natural, lo sobrenatural nunca será natural. No lo conseguimos con facilidad, pero cada uno de nosotros tiene en sus manos todos los medios para alcanzarlo. No es cuestión de orar, sino de poner en práctica.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Movido por el Espíritu - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 8. El poder imparcial de Dios

"Y así, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados ", (Hebreos 10:14).
Si creemos que Dios nos perdona porque sentimos dolor por nuestros pecados, pisoteamos la sangre del Hijo de Dios. La muerte de Jesucristo es la única razón para que Dios perdone los pecados, y para la insondable profundidad que hay en el hecho de que no los recuerda. El arrepentimiento es solamente el resultado de nuestra comprensión personal de la expiación que Él llevó a cabo por nosotros.
"... Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención", 1 Corintios 1:30. Cuando entendemos que Él se hizo todo esto por nosotros, entonces comenzamos a disfrutar del gozo ilimitado de Dios. Dondequiera que no esté presente su gozo, está operando la sentencia de muerte.
Sin importar quiénes o qué seamos, Dios nos restaura a la posición correcta con Él únicamente por la muerte de Jesucristo. Él no lo hace porque su Hijo aboga por nosotros, sino porque murió. Es algo que no se gana, sino que se acepta. Ninguna súplica o ruego que deliberadamente ignore la cruz de Cristo tiene valor, pues está golpeando en una puerta diferente a la que Jesús ya abrió. Protestamos diciendo: "Pero no quiero acercarme de esa manera, es demasiado humillante ser recibido como pecador". La respuesta de Dios, a través de Pedro, es: "...No hay otro nombre... en que podamos ser salvos", Hechos 4:12. La aparente crueldad de Dios es precisamente la expresión real de su corazón. Existe una entrada ilimitada en su camino. "En Él tenemos redención por su sangre..." Efesios 1:7. Identificarnos con la muerte de Jesucristo significa que debemos morir a todo lo que nunca hizo parte de Él.
Dios es justo al salvar a gente mala, únicamente por el hecho de que la vuelve buena. El Señor no pretende que estamos bien, cuando estamos del todo mal. La expiación de Cristo en la cruz es la propiciación que Dios usa para hacer de los impíos personas santas.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Anhelo satisfecho - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 7.Arrepentimiento

"La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación", 
(2 Corintios 7:10)
Mi convicción de pecado se expresa mejor en las palabras: "Mis pecados, mis pecados, oh Salvador mío, cuán tristemente caen sobre ti".
La convicción de pecado es una de las experiencias más raras en una persona, y es el umbral del entendimiento de Dios. Jesucristo dijo que cuando el Espíritu Santo viniera, convencería a la gente de pecado (ver Juan 16:8). Cuando el Espíritu despierta la conciencia de una persona y la lleva a la presencia de Dios, a ella no le preocupa la relación con los demás, sino la relación con Él: "Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos"... (Salmo 51:4). Las maravillas de la convicción de pecado, el perdón y la santidad están tan estrechamente relacionadas, que sólo es santa la persona que verdaderamente ha sido perdonada. Tú pruebas que fuiste perdonado debido a que por la gracia de Dios te opones completamente a lo que eres. El arrepentimiento siempre lleva a la persona a este punto: "He pecado". La evidencia más segura de que Dios está obrando en su vida es cuando dice estas palabras en serio. Algo menos que esto es remordimiento por haber cometido torpezas, un acto reflejo causado por el disgusto con uno mismo.
La entrada al reino de Dios se logra a través de los agudos dolores del arrepentimiento que golpean la respetable bondad del hombre. Luego el Espíritu Santo, quien es el que produce esta agonía, empieza la formación del Hijo de Dios en la vida de la persona (ver Gálatas 4:19). Esta nueva vida se manifiesta por un arrepentimiento consciente, seguido de una santidad inconsciente, y nunca al contrario. La base del cristianismo es el arrepentimiento. En sentido estricto, una persona no puede arrepentirse cuando quiera.
El arrepentimiento es un don de Dios. Los antiguos puritanos acostumbraban orar por el "don de las lágrimas". Si alguna vez dejas de comprender el valor del arrepentimiento, tolerarás la permanencia en el pecado. Examínate y ve si has olvidado cómo vivir verdaderamente arrepentido.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Esperando ser consolados - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 6. El arco en las nubes

"Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal de mi pacto con la tierra", (Génesis 9:13)
Es la voluntad de Dios que los seres humanos establezcan una relación correcta con Él, y sus pactos tienen ese propósito. ¿Por qué no me salva Dios? Él me ha salvado, pero aún no he entablado una relación con Él. ¿Por qué no hace Dios esto y aquello? Lo ha hecho. El asunto es: ¿Entraré en la relación de ese pacto? Todas sus grandes bendiciones han sido consumadas y están completas, pero me pertenecen a partir del momento en que establezco una relación con Él fundamentada en su pacto.
Esperar que Dios obre es incredulidad, carnalidad. Significa que no tengo fe en Él y espero que haga algo en mí para que yo pueda confiar en eso. Pero Él no lo hará, porque esa no es la base de su relación con el hombre. En su pacto con Dios, el hombre debe ir más allá de la parte física y de los sentimientos, así como Él va más allá de sí mismo para alcanzar al hombre con su pacto. Es cuestión de fe en Dios, algo muy raro.
Tenemos fe solamente en nuestros sentimientos. No le creo a Dios hasta que pone algo tangible en mi mano; y entonces, al saber que ya lo tengo, digo: "Ahora creo”. Aquí no hay ninguna fe. Dios dice: "¡Mirad a mí y sed salvos!..." (Isaías 45:22).
Cuando realmente hago un compromiso con Dios sobre la base de su pacto y me rindo por completo, no hay ninguna conciencia de méritos personales. No existe en ello absolutamente ningún ingrediente humano, sino la abrumadora conciencia de ser llevado a la unión con Dios. Así, mi vida se transforma e irradia paz y gozo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 5 de diciembre de 2017

Un legado de dedicación - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 5. El templo del Espíritu Santo

"...Solamente en el trono seré yo mayor que tú", (Génesis 41:40)
Debo rendirle cuentas a Dios por la manera como gobierno mi cuerpo bajo su autoridad. Pablo dijo: No desecho la gracia de Dios", es decir, no la anulo y la dejo sin ningún efecto (Gálatas 2:21). La gracia de Él es absoluta e ilimitada; y la obra de salvación por medio de Jesús está completa y fue consumada para siempre. No estoy siendo salvo; soy salvo. La salvación es tan eterna como el trono de Dios, pero debo poner en práctica lo que Dios me ha impartido. "Ocuparme en mi salvación" significa que soy responsable de utilizar lo que Él me ha dado. Significa también que debo manifestar la vida del Señor en mi propio cuerpo, no de manera misteriosa o secreta, sino abierta y vigorosamente "...Golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre..." (1 Corintios 9:27). Todo cristiano puede tener a su cuerpo bajo absoluto control para Dios. Él nos ha dado la responsabilidad de gobernar sobre todo el templo del Espíritu Santo, incluidos nuestros pensamientos y deseos. Somos responsables por esto, y nunca debemos darle cabida a las pasiones desordenadas. Pero la mayoría de nosotros somos mucho más severos juzgando a los demás que juzgándonos a nosotros mismos. Disculpamos ciertos comportamientos en nuestra vida, mientras que condenamos otros simplemente porque no sentimos la inclinación natural de practicarlos.
Os ruego, dijo Pablo, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo (Romanos 12:1). Lo que debo decidir es si estaré de acuerdo con mi Señor y Maestro en que mi cuerpo sea su templo. Si es así, entonces todas las leyes, normas y requisitos de la ley para el cuerpo se resumen en la siguiente verdad revelada: Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Una dedicación muy especial - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 4. La ley de la oposición

"...al vencedor...", (Apocalipsis 2:7)
Sin la guerra la vida es imposible, tanto en el reino natural como en el sobrenatural. Es un hecho, que existe una lucha continua en las áreas física, mental, moral y espiritual de nuestras vidas.
La salud surge del equilibrio entre las partes físicas de mi cuerpo y todas las circunstancias y fuerzas que me rodean. Mantengo buena salud cuando poseo la suficiente fortaleza interior para enfrentar las situaciones externas. Todo lo que está fuera de mi vida física tiene el propósito de aniquilarme. Los mismos elementos que me sostienen cuando estoy vivo, obran para descomponer y desintegrar mi cuerpo cuando muero. Si tengo suficiente fortaleza interior para luchar, produzco el equilibrio que exige la buena salud. En la vida mental esto también es cierto. Si quiero sostener una vida mental fuerte y activa, debo combatir. Esta lucha produce el equilibrio mental denominado pensamiento.
En el área moral sucede lo mismo. Todo lo que moralmente no me fortalece es un enemigo de la virtud en mí. Del nivel de la excelencia moral en mi vida depende que yo pueda vencer y producir la virtud.
Debemos luchar para ser rectos. La moralidad no se produce por accidente; las virtudes morales se adquieren.
En el ámbito espiritual ocurre lo mismo. Jesús dijo: "...En el mundo tendréis aflicción"... (Juan 16:33).
Esto significa que todo lo que no es espiritual, me arruina. Jesús continuó diciendo: "...Pero confiad, yo he vencido al mundo. Debo aprender a desechar lo que se me opone, y de esta manera producir el equilibrio de la santidad. Entonces, enfrentar la oposición se convierte en un gozo.
La santidad es el equilibrio entre mi naturaleza y la ley de Dios, como se expresó en Jesucristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Diciembre 3. No por el poder ni por la fuerza

"... Y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder...",
(1 Corintios 2:4).
Si al predicar las Buenas Nuevas reemplazas la confianza en el poder del Evangelio con tu conocimiento del camino de la salvación, impides que la gente reciba la verdad. Debes encargarte de que mientras proclames tu conocimiento acerca del camino de la salvación, tú mismo estés fundamentado y arraigado en la fe en Dios. Nunca confíes en la claridad de tu exposición, pero al presentarla, asegúrate de que estás confiando en el Espíritu Santo. Pon tu confianza en la seguridad del poder redentor de Dios, y Él creará su propia vida en la gente.
Cuando estás arraigado en la verdad, nada te puede sacudir. Si tu fe se basa en las experiencias, cualquier suceso puede trastornarla. Pero nada podrá jamás trastornar a Dios o a la verdad de la redención.
Fundamenta tu fe en este hecho, y estarás tan eternamente seguro como Dios mismo. Cuando tienes una relación personal con Jesucristo, nunca más podrás ser desplazado de tu lugar. Ese es el significado de la santificación. Dios desaprueba los esfuerzos humanos cuando empezamos a aceptar el concepto de que la santificación es solamente una experiencia y olvidamos que la misma santificación debe ser santificada (ver Juan 17:19) Debo rendir deliberadamente mi vida santificada a Dios, para que Él la utilice como sus manos y sus pies.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Diciembre 2. Perfección cristiana

"No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto"...(Filipenses 3:12)
Es una trampa imaginar que Dios quiere volvernos ejemplares perfectos de lo que Él puede lograr. Su propósito es hacernos uno con Él. El énfasis de los movimientos de santidad suele estar en la idea de que Dios está produciendo modelos de santidad para colocarlos en su museo. Si te dejas llevar por esta idea de santidad personal, el propósito decisivo de tu vida no será para Dios, sino para lo que llamas la evidencia de Dios en tu vida. ¿Cómo podemos decir: "Nunca podrá ser la voluntad de Dios que yo esté enfermo"?
Si su voluntad fue quebrantar y herir a su propio Hijo, ¿por qué no haría lo mismo contigo? Lo que cuenta para Él no es tu relativa coherencia con tus ideas de lo que debería ser un santo, sino tu vital y genuina relación con Jesucristo, y tu ilimitada devoción a Él, ya sea que estés sano o enfermo.
La perfección cristiana no es, y nunca podrá ser, la perfección humana, sino la perfección de la relación con Dios que se manifiesta en medio de los acontecimientos aparentemente triviales de la vida humana.
Cuando obedeces el llamamiento de Jesucristo, lo primero que te impresiona es la "inutilidad" de lo que tienes que hacer, y lo segundo es que otras personas parecen estar viviendo vidas perfectamente coherentes. Estos estilos de vida pueden dejar en ti la idea de que Dios es innecesario, que por tu propio esfuerzo y devoción puedes alcanzar el nivel que Él quiere para tu vida. En un mundo caído, esto nunca puede lograrse. Soy llamado a vivir una relación perfecta con Dios, y así mi vida debe producir un gran deseo de Dios en la vida de otras personas; pero de ninguna manera admiración por mí. Los pensamientos sobre mí estorban mi utilidad para Dios. Su propósito no es perfeccionarme para que sea un trofeo de exposición, sino llevarme al punto donde me pueda usar. Deja que Él haga lo que quiera.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Purificación - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 1. La Ley y el evangelio

"Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos", (Santiago 2:10).
La ley moral no considera nuestras debilidades como seres humanos. De hecho, no tiene en cuenta nuestra herencia pecaminosa ni nuestras flaquezas, pero sí exige que seamos completamente rectos. La ley moral nunca cambia, ni por lo más noble del hombre ni por lo más débil. Es permanente y eternamente la misma. La ley moral que Dios ha ordenado no se vuelve débil para el débil, disculpando sus faltas; permanece intacta por todo el tiempo y la eternidad. Si no la percibimos así, es porque estamos más muertos que vivos. Sin embargo, en el momento en que lo entendemos nuestra vida se vuelve una tragedia. «Y yo sin la Ley vivía en un tiempo; pero al venir el mandamiento, el pecado revivió y yo morí» (Romanos 7:9). Cuando comprendemos esta verdad, el Espíritu de Dios nos convence de pecado. Mientras la persona no llegue a este punto y vea que no hay esperanza, la cruz de Jesucristo es una farsa para ella. La convicción de pecado siempre produce una conciencia terrible de la obligatoriedad de la ley y hace que el hombre pierda las esperanzas o quede vendido al pecado (ver Romanos 7:14). Yo, como pecador culpable, jamás puedo justificarme ante Dios; es imposible. La única forma de lograrlo es por la muerte de Jesucristo. Tengo que deshacerme de la idea de que gracias a mi obediencia puedo estar bien con Dios. ¡Quién de nosotros podría alguna vez obedecerlo hasta la absoluta perfección!
Nosotros sólo nos damos cuenta del poder de la ley moral cuando vemos que tiene una condición y una promesa. Pero Dios nunca nos obliga. Algunas veces quisiéramos que nos obligara a ser obedientes y otras que nos dejara tranquilos. Siempre que la voluntad de Dios prevalece, Él quita todas las presiones, y cuando deliberadamente elegimos obedecerlo, no escatima la estrella más remota y da hasta el último grano de arena para que nos ayuden con toda la omnipotencia de Él.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

La humildad de Cristo - Nancy DeMoss de Wolgemuth