Versículo para hoy:

viernes, 24 de junio de 2016

Ninguna herejía nueva - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 24

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron… sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos”. Daniel 3:16, 18.

EL relato del coraje juvenil y de la liberación maravillosa de estos tres jóvenes o, más bien, de estos campeones, se adapta muy bien para provocar en la mente de los creyentes firmeza y estabilidad para defender la verdad contra la tiranía y en las mismas garras de la muerte. Que los jóvenes cristianos, especialmente, aprendan del ejemplo de estos muchachos a no sacrificar nunca sus conciencias, tanto en los asuntos de la fe y la religión como en los de la probidad en los negocios. Antes de perder tu honradez, pierde más bien tus negocios y, cuando todo se haya perdido sigue aferrándote a una limpia conciencia como la más preciosa joya que pueda adornar el pecho de un mortal. No te guíes por el fuego de la sagacidad, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Sigue lo recto, en todos los azares. Cuando no veas ninguna ventaja presente, anda por fe y no por vista. Hazle a Dios el honor de confiar en él, cuando esto importe pérdida a causa de tus principios. ¡Mira si él será o no tu deudor! Mira si aún en esta vida él no cumplirá su palabra de que “grande ganancia es la piedad con contentamiento”, y de que los que buscan primeramente el reino de Dios y su justicia tendrán por añadidura todas estas cosas. Si aconteciese que, en la providencia de Dios, llegaras a ser un perdedor a causa de tu conciencia, hallarás que, si el Señor no te retribuye con la plata de la prosperidad terrenal, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual. Recuerda que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Mostrar un espíritu sencillo, tener un corazón libre de ofensa, contar con el favor y la aprobación de Dios vale más que las riquezas que las minas de Ofir podrían producir o el comercio de Tiro podría ganar. “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio”. Una onza de tranquilidad de corazón vale más que una tonelada de oro.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 23 de junio de 2016

95 TESIS PARA LA IGLESIA EVANGÉLICA DE HOY - PR. MIGUEL NÚÑEZ






















El único y verdadero Hijo de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 23

“Esperando la adopción”. Romanos 8:23.

AUN en este mundo los santos son hijos, pero los hombres no pueden probar que son tales sino por ciertas características morales. La adopción no ha sido dada a conocer; los hijos no han sido aún abiertamente declarados. Entre los romanos, uno podía ser adoptado como hijo y podía mantener eso en secreto por mucho tiempo. Pero había una segunda adopción, en público. Cuando el niño era llevado ante las autoridades constituidas, sus vestidos anteriores le eran quitados, y el padre que lo recibía para que fuese su hijo le daba una ropa apropiada a su nueva condición de vida. “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”. Todavía no estamos vestidos con la ropa apropiada para la familia real del cielo. Estamos vistiendo, en esta carne y sangre, precisamente lo que hemos vestido como hijos de Adán, pero sabemos que “cuando él apareciere”, el cual es “el primogénito entre muchos hermanos”, “seremos como él, porque lo veremos tal cual es”. ¿No puedes imaginar a un niño tomado de la clase más baja de la sociedad y adoptado por un senador romano, decir: “Ansío el día cuando seré públicamente adoptado; entonces dejaré estos vestidos plebeyos y seré vestido como conviene a mi rango senatorial”? Se siente feliz con lo que ha recibido; es por eso que gime por alcanzar la plenitud de lo que le es prometido. Así acontece con nosotros hoy. Estamos esperando hasta ser vestidos con nuestros propios vestidos y hasta ser manifestados como hijos de Dios. Somos jóvenes nobles, y aún no hemos ceñido nuestras coronas. Somos novias jóvenes, y aún no ha llegado el día del casamiento, y, por el amor que nuestro Esposo nos profesa, somos llevadas a ansiar y anhelar la mañana de nuestra boda. Nuestra misma felicidad nos hace gemir por más felicidad. Nuestro gozo, como un manantial que desborda, ansía brotar como un surtidor de Islandia, saltando hasta el cielo. Ese gozo suspira y gime dentro de nuestro espíritu por falta de espacio y lugar por medio de los cuales manifestarse a los hombres.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 22 de junio de 2016

La recompensa de la fidelidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 22

“Para que queden las cosas que son firmes”. Hebreos 12:27. 

NOSOTROS poseemos muchas cosas al presente que pueden ser movidas; y sienta mal que un cristiano acumule abundancia de ellas, pues no hay nada estable bajo el cielo. La palabra “cambio” está escrita sobre todas las cosas. Sin embargo, tenemos ciertas cosas “que no pueden ser movidas”, y yo te invito esta noche a pensar en ellas, para que, si desaparecen todas las cosas que pueden ser movidas, puedas sacar aliento verdadero de las cosas que no pueden ser movidas, las cuales permanecerán. Cualesquiera hayan sido tus pérdidas, o puedan ser, gozas de una salvación presente. Estás al pie de su cruz, confiando sólo en los méritos de la preciosa sangre de Jesús y ninguna alza o baja en los mercados puede interferir en la salvación que tienes en él. Ningún quebranto de banco, ningún fracaso o bancarrota la puede tocar. Entonces, eres un hijo de Dios esta noche. Dios es tu Padre. Ningún cambio de circunstancia puede privarte de esto. Aunque por pérdidas caigas en la pobreza y quedes completamente desnudo, puedes decir: “El aún es mi Padre; en la casa de mi Padre hay muchas moradas, por lo tanto no seré turbado”. Tienes otra permanente bendición, a saber, el amor de Jesucristo. El que es a la vez Dios y hombre, te ama con toda la fuerza de su naturaleza afectiva; nada puede dañarla. La higuera puede no florecer y los rebaños pueden desaparecer de los campos, pero esto no afecta al hombre que puede cantar: “Mi amado es mío y yo soy suyo”. No podemos perder nuestra mejor porción y nuestra más valiosa herencia. Sea cualquiera la aflicción que viniere, seamos varoniles. Demostremos que no somos nenes para abatirnos por cualquier cosa que nos pueda acontecer en esta vida transitoria. Nuestra patria es el reino de Emmanuel, nuestra esperanza está en el cielo y, por lo tanto, es tranquila como el océano en el verano. Veremos la destrucción de toda cosa terrena, pero, a pesar de todo, nos regocijaremos en el Dios de nuestra salvación. 


Charles Haddon Spurgeon.

martes, 21 de junio de 2016

El amor de un Dios celoso - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 21

“El fundamento de Dios está firme”. 2 Timoteo 2:19.

EL fundamento sobre el cual descansa nuestra fe es este: que “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo a sí, no imputándole sus pecados”. El gran hecho en el cual la fe genuina confía es “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” y que “también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos para llevarnos a Dios”. “El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. “El castigo de nuestra paz sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados”. En una palabra: el gran pilar de la esperanza cristiana es la substitución. El sacrificio vicario de Cristo por el pecado; Cristo hecho pecado por nosotros para que pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él; Cristo ofreciendo un sacrificio verdadero, expiatorio y vicario en lugar de todos aquellos que le fueron dados por el Padre, a quienes Dios reconoce por nombre y quienes son reconocidos porque confían de corazón en Jesús. Este es el hecho cardinal del Evangelio. Si este fundamento fuere removido, ¿qué haríamos? Pero permanece firme como el trono de Dios. Nosotros lo conocemos, descansamos en él y nos regocijamos en él. Nuestro gozo es conservarlo, meditar en él y proclamarlo, mientras deseamos ser impulsados y movidos por gratitud hacia él en cada acto de nuestra vida y conversación. En estos días se está atacando directamente la doctrina de la expiación. Los hombres no pueden tolerar la substitución; crujen los dientes ante el pensamiento del Cordero de Dios que carga con el pecado del hombre. Pero nosotros ni la diluimos, ni la cambiamos, ni la desmenuzamos en alguna forma o estilo. Cristo seguirá siendo un positivo substituto, cargando con el pecado humano y sufriendo en lugar de los hombres. Nosotros no podemos, no nos atrevemos a dejar esta verdad, porque ella es nuestra vida y, a pesar de toda controversia, sentimos que “no obstante, el fundamento de Dios está firme”.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 20 de junio de 2016

¿POR QUÉ PUSO DIOS EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL MAL EN EL JARDÍN DE EDEN? - Steven Morales

«El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y el Señor Dios ordenó al hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás», Génesis 2:15–17.

Convicción y comportamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 20

“Y luego, dejadas sus redes, le siguieron”. Marcos 1:18.

CUANDO oyeron el llamado de Jesús, Simón y Andrés obedecieron enseguida, sin demorar. Si con puntualidad y ardiente celo pusiésemos siempre en práctica lo que oímos, haciéndolo inmediatamente o en la primera ocasión propicia, nuestra asistencia a los cultos y la lectura de libros buenos no dejarían de enriquecernos espiritualmente. No perderá su pan el que procure comerlo enseguida, ni puede ser privado del beneficio de la doctrina el que haya sido influido por ella. Muchos lectores y oyentes se sienten persuadidos hasta el punto de que se proponen enmendarse, pero ¡ay!, ese propósito es como una flor que ha sido arrancada y, por lo tanto, ningún fruto lleva. Los tales postergan, fluctúan y se olvidan hasta parecerse a los estanques en la noche de las heladas que se deshielan, por un momento, ante el sol del día, para volverse a helar a la noche. Aquel fatal mañana está enrojecido con la sangre del asesinato de hermosas resoluciones. Es la matanza de los inocentes. Estamos muy preocupados en cuanto a que nuestro libro “LECTURAS VESPERTINAS” no sea fructífero, y, por eso, rogamos que los lectores no sean sólo lectores, sino también hacedores de la palabra. La lectura más provechosa de este libro es la práctica de la verdad. Si mientras lee estas páginas, el lector se siente impulsado a cumplir con algún deber, apúrese a cumplirlo antes de que ese santo impulso desaparezca de su alma; deje sus redes y todo lo que tiene antes que sea hallado rebelde al llamamiento del Maestro. ¡No des lugar al diablo con la demora! Apúrate mientras la oportunidad y el fervor están felizmente unidos. No seas cazado en tus propias redes, sino rompe las mallas de la mundanalidad y ve adonde la gloria te llama. Feliz el escritor que se encuentra con lectores resueltos a llevar a cabo sus enseñanzas; su cosecha será de ciento por uno y su Maestro tendrá toda gloria. ¡Quiera Dios que tal sea nuestra recompensa en relación con estas breves meditaciones y sugestiones! ¡Oh Señor, concede esto a tu siervo!

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 19 de junio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 19

“Mi amado es mío y yo soy suya; él apacienta entre lirios. Hasta que apunte el día y las sombras huyan tórnate, oh amado mío; sé semejante al gamo o al cabrito de los ciervos sobre los montes de Beter”. Cantares 2:16-17.

SIN duda, si hay en la Biblia un versículo precioso es este: “Mi amado es mío y yo soy suya”. Es tan suave, tan lleno de seguridad, tan rebosante de felicidad y de contento que bien pudo haber sido escrito por la misma mano que escribió el Salmo 23. Este versículo es igual a Aquel que una hora antes de ir al Getsemaní dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, yo os la doy”. “En el mundo tendréis aflicción; mas confiad, yo he vencido al mundo”. Hagamos sonar de nuevo la campana de plata, porque sus notas son exquisitamente suaves: “Mi amado es mío y yo soy suya; él apacienta entre lirios”. Sin embargo, hay una sombra. Aunque el paisaje es sumamente hermoso, tanto que la tierra no puede mostrar otro mejor, no está sin embargo enteramente iluminado por el sol. Hay una nube en el firmamento que proyecta sombra sobre el paisaje, aunque no lo oscurece, pues todo es claro y se mantiene vivo y brillante: “Mi amado es mío y yo soy suya”. Esto es suficientemente claro, pero no tiene toda la luz del sol. Escucha: “Hasta que apunte el día y las sombras huyan”. Hay también unas palabras en cuanto a “los montes de Beter”, o “los montes de la división”, y una división semejante es amarga para nuestro amor. Veo un cordero pascual, pero también veo con él hierbas amargas. Veo el lirio, pero noto que todavía está entre espinas. Amado, quizás sea este tu presente estado de ánimo. No dudas de tu salvación; sabes que él es tuyo, pero no te estás gozando en él. Conoces la vital simpatía que te une a él, de tal suerte que no tienes ni una sombra de duda en cuanto a que tú eres suya y él tuyo, pero todavía su izquierda no está debajo de tu cabeza ni su derecha te abraza. Una sombra de tristeza se proyecta sobre tu corazón, quizás por aflicción; sin duda, por la momentánea ausencia de tu Señor. Y así, mientras exclamas “soy suya”, te sientes obligada a ponerte de rodillas y decir: “Hasta que apunte el día y las sombras huyan, tórnate, oh amado mío”.
“¿Dónde está él?”, pregunta el alma. Y la respuesta llega: “Apacienta entre los lirios”. Al mundo no le importa donde está Cristo, pero al cristiano sí. Jesús se ha ido entre los blancos lirios que florecen en las dehesas del cielo, los lirios de oro que rodean el trono. ¡Oh, cuándo estaremos con él y participaremos de su gloria! Nuestro impaciente espíritu ansía la hora cuando nuestro enlace sea consumado y nuestra felicidad sea completa. El está entre los lirios aquí en la tierra, vírgenes almas “que siguen al Cordero donde quiera que fuere” y nunca se apartan de él.
Si queremos hallar a Cristo tenemos que tener comunión con los suyos y asistir a los cultos con sus santos. Aunque él no apaciente sobre los lirios, apacienta entre ellos, y allí quizá, podamos encontrarnos con él. ¡Oh si pudiésemos cenar con él esta noche! Señor mío, por todo el amor que me profesas, dígnate visitarme en esta hora con tu cariño y pon el alba del cielo en mi alma. ¡Cuán rápidamente puede él venir a mí! Ningún pie de corzo puede andar tan rápido. En un momento puede alegrarme con su agradable presencia. Ven, Señor Jesús, y permanece conmigo para siempre.
Dulce comunión la que gozo ya
En los brazos de mi Salvador;
¡Qué gran bendición en su paz me da!
¡Cuánto siento en mí su tierno amor!

¡Cuán dulce es vivir, cuán dulce es gozar!
En los brazos de mi Salvador,
Quiero ir con él y a su lado estar,
Siendo objeto de su tierno amor.

No habré de temer ni desconfiar
En los brazos de mi Salvador;
En él puedo yo bien seguro estar
De los lazos del vil tentador.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 18 de junio de 2016

LA REGENERACIÓN DECISORIA Y LA EVANGELIZACIÓN – Jaime Adams


La enseñanza de la regeneración decisoria repercute grandemente en la práctica de la evangelización en la comunidad cristiana. Muchos cristianos sinceros, que quizá se convirtieron durante campañas en que se utilizó la regeneración decisoria, así como multitudes adoctrinadas y convencidas por la regeneración decisoria, han trabajado en miles de organizaciones por todo el planeta con el fin de propagar esta falsa enseñanza. Han escrito innumerables libros y han dirigido innumerables seminarios de evangelización para ofrecer a los discípulos ávidos “la instrucción necesaria para llevar a las personas a Cristo”. Estos libros y estos cursos enseñan que la evangelización “exitosa” debería culminar con la seguridad de salvación absoluta de la persona. Los autores y los maestros insisten en que sus aprendices les garanticen la salvación a las personas si están dispuestas a repetir una oración y pueden responder afirmativamente a ciertas preguntas. Mientras se cumplan estos requisitos, el obrero personal debería prometerles que su salvación eterna está asegurada.

       ¿Eres consciente de la existencia de tales prácticas? En el siglo pasado un predicador muy “exitoso” fue uno de los muchos que se encargaban de confeccionar tales cursos evangelísticos. Emplazaba al “ganador de almas” a preguntar al inconverso Mengano una serie de preguntas. Si Mengano respondía afirmativamente a todas ellas, se le pedía que pronunciara una oración específica y luego se le declaraba “salvo”. Esta clase de preparación para la evangelización tuvo mucha resonancia y sigue vigente, con el resultado de que un gran número de personas por todo el mundo creen que se han “regenerado” por decisión propia. En líneas generales, ese método de evangelización se ha venido practicando ya durante alrededor de un siglo en muchas campañas evangelísticas por todo el mundo. Estas campañas son como fábricas gigantescas que llegan a producir hasta 10.000 decisiones (“conversiones”) en una semana.

       Iain Murray, el historiador eclesiástico, ha escrito un libro de gran ayuda para adentrarse en el fenómeno de la “decisionalización”. En Spurgeon: un príncipe olvidado (sobre la vida de Spurgeon) Murray cita un librito muy extendido en la enseñanza de la evangelización que “establece ‘tres sencillos pasos’ para convertirse en cristiano: primero el reconocimiento personal del pecado y segundo, una creencia personal en la obra sustitutiva de Cristo. Estos dos se califican de preliminares, pero ‘el tercero es tan definitivo que darlo me convertirá en cristiano […]. Debo acudir a Cristo y reclamar la parte que me corresponde en su obra por todos’. Este paso decisivo me corresponde a mí; Cristo ‘espera pacientemente a que yo abra la puerta. Y entonces entrará […]’. Una vez que haya hecho esto puedo considerarme cristiano de inmediato. Este es el consejo que se ofrece: ‘Cuéntale a alguien lo que has hecho’”.

       Se pueden hallar muchas variantes de esta misma idea en la “evangelización”, pero todas tienen en común un aspecto mecánico, tal como puede ser repetir una oración o firmar una tarjeta. Tras llevar a cabo estos actos se tiene la salvación garantizada. Sin duda, es claro que a efectos prácticos tales métodos reducen la regeneración a un logro humano.

       ¿Enseñó Jesús el Evangelio de esta forma? ¡En absoluto! Insistió constantemente en el origen divino del nuevo nacimiento. (Y tampoco recurrió jamás a ningún sistema estereotipado o a ninguna presentación prefabricada como indican muchos de estos cursos de preparación). Nuestro Señor habló con cada persona de forma completamente individual y con unas necesidades únicas. Sus conversaciones con Nicodemo (Juan 3) y la mujer samaritana (Juan 4), por ejemplo, son completamente distintas. Sin embargo, estas dos necesitadas personas escucharon el Evangelio clara y poderosamente, y fueron convencidos de pecado y de su necesidad de Dios. No se trató de una “decisionalización”. De hecho, no hallamos un solo caso en que se presente el Evangelio de forma “enlatada” en todas las Escrituras.

Fragmento tomado del libro LA REGENERACIÓN DECISORIA de Jaime Adams

Guarda el pacto - Nancy Leigh DeMoss

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 18

“Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía”. Cantares 5:1.

EL corazón del creyente es el jardín de Cristo. El lo compró con su preciosa sangre; entró en él y lo reclama como suyo. Un jardín implica separación. No es un vulgar descampado; no es un desierto; es algo que ha sido cercado. Quisiéramos ver más anchas y más fuertes las murallas de separación entre la Iglesia y el mundo. Me entristece oír decir a los cristianos: “Bien, no hay nada malo en eso, no hay nada malo en aquello”, acercándose así al mundo todo lo posible. Es muy escasa la gracia en aquella alma que aún puede preguntar hasta dónde puede vivir en conformidad con el mundo. Un jardín es un lugar de belleza; sobrepuja a las desoladas tierras incultas. El verdadero cristiano debe procurar ser en su vida mejor que el más destacado moralista, pues el jardín de Cristo tiene que producir las mejores flores de todo el mundo. Aún las mejores flores son pobres en comparación con lo que Cristo merece; no le demos, pues, plantas marchitas y enanas. En el jardín de Jesús, tienen que florecer las rosas y los lirios más raros, más preciosos y más delicados. El jardín es un lugar de crecimiento. Los santos no tienen que quedar estancados, siempre meros capullos y pimpollos. Tenemos que crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Donde Jesús es el labrador y el Espíritu Santo el rocío, el crecimiento tiene que ser rápido. Un jardín es un lugar de retiro. Así también el Señor Jesucristo quiere conservar nuestras almas como un lugar en el cual él pueda manifestarse como no lo hace con el mundo. ¡Oh, si los cristianos estuviesen más retirados de manera que sus corazones estuvieran enteramente reservados para Cristo! Frecuentemente, como Marta, nos inquietamos y turbamos con muchos servicios, de modo que no tenemos para Cristo el lugar que tuvo María, y no nos sentamos a sus pies como debiéramos. Que el Señor nos conceda hoy las refrescantes lluvias de su gracia para regar su jardín.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 17 de junio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 17

“Entonces cantó Israel esta canción: Sube, oh pozo; a él cantad”. Números 21:17.

EL pozo de Beer en el desierto fue famoso por ser el tema de una promesa: “Este es el pozo del cual Jehová dijo a Moisés: Junta el pueblo y les daré aguas”. El pueblo necesitaba agua, y esta le fue prometida por el Dios de la gracia. Necesitamos provisiones de gracia celestial y, en el pacto, Dios se ha comprometido darnos todo lo que pedimos. El pozo, en segundo lugar, fue causa de un canto. Antes que el agua brotara, la alentadora fe estimuló a la gente a cantar; y, al ver burbujear la cristalina fuente, la música se hizo aun más alegre. De la misma manera, los que creemos en la promesa de Dios, debiéramos regocijarnos ante la perspectiva de que nuestras almas gocen de avivamientos divinos, y, al experimentarlos, nuestro santo gozo desbordará. ¿Estamos sedientos? No murmuremos, sino cantemos. La sed espiritual es difícil de soportar, pero no es necesario que la soportemos, pues la promesa nos señala un pozo. Animémonos y busquémoslo. Además, el pozo fue el centro de una oración. “¡Sube, oh pozo!” Debemos demandar lo que Dios se comprometió a darnos, de lo contrario manifestaremos que ni tenemos deseos ni fe. Roguemos esta noche que tanto el pasaje leído como nuestras devociones no sean una vacua formalidad, sino un canal de gracia para nuestras almas. ¡Oh que el Espíritu Santo obre en nosotros con todo su poder llenándonos con toda la plenitud de Dios! Por fin, el pozo fue el objeto de un esfuerzo. “Caváronlo los príncipes del pueblo con sus bordones”. El Señor quiere que seamos activos para obtener gracia. Nuestros bordones no se adaptan para cavar en la arena, pero debemos usarlos con toda nuestra fuerza. La oración no debe ser descuidada; las reuniones no deben ser abandonadas; el Bautismo y la Cena del Señor no deben ser menospreciados. El Señor nos dará su gracia muy abundantemente, pero no por el camino de la ociosidad. Movámonos, pues, para buscar al Señor, en quien están todos los frescos manantiales.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 16 de junio de 2016

Dios conoce dónde vives - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 16

“Jehová es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?” Salmo 27:1.

“JEHOVÁ es mi luz y mi salvación”. Aquí hay interés personal: “mi luz”, “mi salvación”. El alma se siente segura de ello y, por consiguiente lo proclama resueltamente. Cuando nacemos de nuevo se derrama sobre el alma luz divina, como precursora de la salvación. Donde no hay suficiente luz que revele nuestras tinieblas y nos haga ansiar al Señor Jesús, no hay evidencia de salvación. Después de la conversión, nuestro Dios es nuestro gozo, consuelo, guía, maestro y, en todo sentido, nuestra luz. El es luz dentro y en derredor de nosotros; luz reflejada por nosotros y luz que tiene que ser revelada a nosotros. Observa que no se dice meramente que Dios es luz; ni que él dé salvación, sino que él es salvación. El que por fe se prende de Dios, tiene en su poder todas las bendiciones del pacto. Una vez sentado esto, el argumento que se desprende está expresado en forma de pregunta: “¿De quién temeré?” Una pregunta que tiene en sí su respuesta. Los poderes de las tinieblas no deben ser temidos, pues el Señor, nuestra luz, los destruye; la condenación del infierno no tiene que ser temida por nosotros, pues el Señor es nuestra salvación. Es este un desafío diferente del que hizo el jactancioso Goliat, pues no descansa en el arrogante vigor de un brazo de carne, sino en el poder real del omnipotente “YO SOY”. “Jehová es la fortaleza de mi vida”. Aquí hay un tercer brillante epíteto para mostrar que la esperanza del escritor estaba asegurada con una triple cuerda que no debe romperse. Bien podemos acumular palabras de alabanza donde el Señor prodiga hechos de gracia. Nuestra vida deriva de Dios todo su poder; y si él se propone hacernos fuertes, todas las maquinaciones del adversario no pueden debilitarnos. “¿De quién temeré?” La clara pregunta mira tanto al futuro como al presente. “Si Dios es por nosotros” ¿quién puede ser contra nosotros tanto ahora como en el porvenir?

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 15 de junio de 2016

2 temporada Entendiendo Los Tiempos Cap #32 "Post-modernismo: la muerte de la verdad

Enseña a tus hijos a tener un impacto - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 15

“El que abre y ninguno cierra”. Apocalipsis 3:7.

JESÚS es el guarda de las puertas del paraíso; él colocó delante de toda alma creyente una puerta abierta que ningún hombre ni ningún demonio puede cerrarle. ¡Qué gozo será hallar que la fe en él es la llave de oro para las puertas eternas! Alma mía, ¿estás llevando por todas partes esta llave en tu pecho o estás confiando en alguna llave falsa que, al fin, fracasará? Oye esta parábola del predicador y recuérdala: El gran Rey hizo un banquete y proclamó por todo el mundo que ninguno entraría en él, salvo los que trajeran la flor más hermosa del mundo. Los espíritus de los hombres se adelantan por millares a la puerta y cada uno trae una flor que estima ser la reina del jardín, pero son echados en tropel fuera de la presencia real y no pueden entrar en la sala del banquete. Algunos traen en sus manos la mortal hierba mora de la superstición, o la pomposa adormidera de Roma, o la cicuta de la justicia propia, pero como estas flores no agradan al Rey, los que las llevan son cerrados fuera de las puertas de perla. Alma mía, ¿has arrancado la rosa de Sarón? ¿Llevas en tu pecho constantemente el lirio de los valles? Si es así, cuando llegues a las puertas del cielo, conocerás su valor, pues sólo tienes que mostrar la más selecta de las flores y el Portero abrirá. Ni por un momento te negará admisión, pues el Portero siempre abre a aquella Rosa. Tu camino al trono de Dios lo hallarás con la Rosa de Sarón en tus manos, pues el cielo no posee nada que sobrepuje su radiante belleza, y de todas las flores que florecen en el Paraíso, no hay ninguna que pueda rivalizar con el lirio de los valles. Alma mía, ten, por la fe, en tus manos la roja Rosa del Calvario; llévala por amor, presérvala por la comunión, haz de ella tu todo en todo por una diaria vigilancia y serás grandemente bendecido, feliz más allá de toda imaginación. Jesús, sé mío para siempre: mi Dios, mi cielo, mi todo.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 14 de junio de 2016

Conoce bien a tus hijos - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 14

“¡Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro… porque contra ti pecamos!”    Daniel 9:8.

UN sentido profundo de lo que es pecado, un concepto claro de su gravedad y del castigo que merece nos haría estar humillados delante del trono. Hemos pecado como cristianos. ¡Qué lástima! Nos hemos mostrado ingratos, aunque fuimos favorecidos; no hemos producido los frutos esperados, aunque fuimos más privilegiados que muchos. ¿Quién, aunque haya estado ocupado en la batalla cristiana, no se sonrojará al pensar en el pasado? Lo que hicimos en los días que precedieron a nuestra regeneración puede ser perdonado y olvidado, pero lo que hicimos desde entonces, aunque no lo hayamos hecho como antes, sin embargo lo hemos hecho contra la luz y contra el amor; luz que ha penetrado realmente en nuestras mentes y amor en el cual nos hemos regocijado. ¡Oh, cuán horrible es el pecado de un alma perdonada! El pecado de un pecador no perdonado no es nada comparado con el pecado de uno de los elegidos de Dios, que ha tenido comunión con Cristo y ha reclinado su cabeza en el seno de Jesús. ¡Mira a David! Muchos hablarán de su pecado, pero yo te ruego que te fijes en su arrepentimiento y oigas sus huesos quebrantados, mientras cada uno de ellos expresa su dolorosa confesión. Observa sus lágrimas mientras caen al suelo, y sus profundos suspiros con los que acompaña la melodiosa música de su arpa. Hemos errado; busquemos, pues, el espíritu de arrepentimiento. Mira también a Pedro. Hablamos mucho de que Pedro negó a su Maestro. Recuerda que está escrito que él “lloró amargamente”. ¿No tenemos que lamentar con lágrimas algunas ocasiones cuando hemos negado a nuestro Maestro? ¡Ay!, si no fuera por la soberana merced que nos transformó, arrebatándonos como tizones del fuego, los pecados cometidos antes y después de nuestra conversión nos consignarían al lugar del fuego inextinguible. Alma mía, inclínate bajo un sentido de tu natural perversidad y adora a Dios. Admira la gracia que te salvó, la merced que te guardó y el amor que te perdonó.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 13 de junio de 2016

El retiro está sobrevalorado - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 13

“Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí”. Proverbios 30:8.
“Dios mío, no te alejes de mí”. Salmo 38:21.

AQUÍ tenemos dos grandes lecciones: 1) qué cosas hay que implorar, y 2) qué cosas hay que suplicar. El estado más feliz del cristiano es el de una profunda santidad. Así como sentimos más calor cuanto más cerca estemos del sol, así también gozamos de mayor felicidad cuanto más cerca estemos de Cristo. Ningún cristiano se siente satisfecho cuando sus ojos están fijos en la vanidad; no halla placer en otra cosa sino en que su alma se sienta vivificada en los senderos del Señor. El mundo puede conseguir felicidad en otra parte, pero él no puede. Yo no condeno a los impíos porque se hunden en los placeres. ¿Por qué debo hacerlo? Dejemos que tengan su satisfacción, pues eso es todo lo que ellos tienen para gozar. Una esposa convertida, que había perdido toda esperanza en cuanto a su marido, se mostraba siempre muy afectuosa con él, pues decía: “Temo que este sea el único mundo en el cual él será feliz y, por lo tanto, me he resuelto hacerlo tan feliz como puedo”. Los cristianos tienen que buscar su placer en una esfera más alta que la de las frivolidades insípidas o los pecaminosos goces del mundo. Las ocupaciones vanas son peligrosas para las almas renovadas. Hemos oído de un filósofo que, mientras estaba mirando arriba a las estrellas, cayó en un pozo; pero, ¡cuán profundamente caen los que miran abajo! Su caída es fatal. Ningún cristiano está seguro cuando su alma es indolente y su Dios está lejos de él. Satanás no ataca, por lo regular, al cristiano que vive cerca de Dios. Cuando el cristiano se aparta de su Dios, padece de hambre espiritual y se esfuerza por alimentarse de vanidades, pues el diablo descubre su oportunidad. Ese cristiano puede estar algunas veces en la misma posición en que están los hijos de Dios que son activos en el servicio de su Maestro, pero eso, generalmente dura poco. El que resbala mientras desciende al Valle de la Humillación, toda vez que da un paso en falso, da lugar a que Apollyon lo ataque. Necesitamos gracia para andar humildemente con nuestro Dios.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 12 de junio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 12

“Que nos salvó y llamó con vocación santa”. 2 Timoteo 1:9.

EL apóstol usa el tiempo perfecto y dice: “Quien nos ha salvado”. Los creyentes en Cristo Jesús son salvos. No son considerados como personas que se hallan en una posición de esperanza y que, al fin, pueden ser salvados, sino personas ya salvadas. La salvación no es una bendición que tiene que saborearse en el lecho de muerte y cantarse en el cielo, sino algo que tiene que obtenerse, recibirse, ofrecerse y saborearse ahora. El cristiano es perfectamente salvado en el propósito de Dios. Dios lo ha destinado para salvación, y ese propósito es cumplido. El cristiano es salvado también en cuanto al precio que se ha pagado a favor de él: “Consumado es”, fue el clamor del Salvador antes de morir. El creyente es también perfectamente salvado en el que es la Cabeza del pacto divino, pues como cayó en Adán así vive en Cristo. Esta completa salvación está acompañada de una santa vocación. Aquellos a quienes el Salvador salvó en la cruz, son, a su debido tiempo, llamados por el poder del Espíritu Santo para santidad. Dejan sus pecados y se esfuerzan por ser semejantes a Cristo; escogen la santidad no por compulsión alguna, sino por el impulso de la nueva naturaleza que los lleva a regocijarse en la santidad tan naturalmente como antes se deleitaban en el pecado. Dios no los eligió ni los llamó porque fuesen santos, sino los llamó para que pudiesen ser santos, y la santidad es la perfección producida por su obra en ellos. Las excelencias que vemos en un creyente son obra de Dios como lo es también la expiación. Así es revelada muy admirablemente la plenitud de la gracia de Dios. La salvación tiene que ser por gracia, porque Dios es el autor de ella. ¿Y qué móvil fuera de la gracia podría moverlo a salvar al culpable? La salvación tiene que ser por gracia, porque el Señor obra de tal manera que nuestra justicia es completamente excluida. Tal es el privilegio del creyente: una salvación presente. Tal es la evidencia de que fue llamado a gozarla: una vida santa.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 11 de junio de 2016

Teniendo comunión con Dios en los días “locos” - David Mathis

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 11

“Allí quebró las saetas del arco, el escudo y la espada y tren de guerra”.         Salmo 76:3.

EL glorioso clamor de nuestro Redentor “consumado es”, fue el tañido que anunció la muerte de todos los adversarios de su pueblo, la destrucción de “las saetas del arco, el escudo y la espada y tren de guerra”. He aquí al héroe del Gólgota usando su cruz como yunque y sus ayes como martillo, haciendo añicos, manojo tras manojo de nuestros pecados, esas “envenenadas saetas del arco”, y menospreciando toda denuncia y confutando toda acusación. ¡Qué golpes gloriosos da el poderoso Rompedor con un martillo mucho más pesado que la fabulosa arma de Thor! ¡Cómo los diabólicos dardos vuelan en pedazos y los infernales escudos son quebrados como vasos de alfarero! He aquí, él saca de la vaina de infernal hechura la temible espada de poder satánico y la rompe sobre sus rodillas como alguien rompe leña seca y la echa en el fuego. He aquí, ningún pecado del creyente puede ahora ser una saeta que lo hiera mortalmente; ninguna condenación puede ahora ser una espada que lo mate, porque el castigo de nuestro pecado fue sufrido por Cristo, y una expiación perfecta de todas nuestras iniquidades fue hecha por nuestro bendito Substituto y Fiador. Ahora, ¿quién acusa? Ahora, ¿quién condena? Cristo murió; más aún, también resucitó. Jesús vació las aljabas del infierno, apagó todo dardo de fuego, decapitó toda saeta de ira. El suelo está sembrado de astillas y de restos de las armas de la lucha del infierno, los que nos son visibles sólo para recordarnos nuestro peligro anterior y nuestra gran liberación. El pecado no tiene más dominio sobre nosotros. Jesús ha terminado con él y lo quitó para siempre. ¡Oh tú, enemigo, las destrucciones han llegado a un fin definitivo! Hablad de todas las admirables obras del Señor, vosotros que mencionáis su nombre; no calléis ni de día ni cuando el sol se pone. Bendice, alma mía, al Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 10 de junio de 2016

Invierte en el futuro de tu familia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 10

“Ellas dan testimonio de mí”. Juan 5:39.

JESUCRISTO es el Alfa y la Omega de la Biblia. Es el tema constante de sus sagradas páginas. Desde la primera hasta la última página, la Biblia testifica de él. En la creación, enseguida lo notamos como parte de la sagrada Trinidad; tenemos un vislumbre de él en la promesa de la simiente de la mujer. Lo vemos representado en el arca de Noé. Mientras andamos con Abraham, vemos, como él, el día del Mesías. Moramos en las tiendas de Isaac y de Jacob, mientras ellos se alimentan de las gratas promesas. Oímos al venerable Israel hablando de Shiloh, y en los numerosos tipos de la ley, hallamos al Redentor claramente anunciado. Profetas y reyes; sacerdotes y predicadores, todos tienen la mirada en un punto; todos como los querubines sobre el arca, desean mirar dentro y leer el misterio de la gran propiciación de Dios. Sin embargo, es en el Nuevo Testamento donde hallamos claramente a nuestro Señor como único tema que todo lo llena. Este tema no es un raro lingote o polvo de oro escasamente esparcido, sino un sólido piso de oro sobre el cual tú estás colocado, pues la entera sustancia del Nuevo Testamento es Jesús crucificado, y aun sus últimas palabras están enjoyadas con el nombre del Redentor. Quisiéramos siempre leer las Sagradas Escrituras a esta luz. Quisiéramos considerar la palabra como un espejo en el cual Cristo mira desde el cielo, y en el que, mirando nosotros después, vemos su rostro reflejado oscuramente, es cierto, pero, sin embargo, en tal forma que será una bendita preparación para contemplarlo cuando lo veamos cara a cara. La Biblia contiene las cartas de Jesucristo para nosotros, perfumadas con su amor. Esas páginas son vestiduras de nuestro Rey y exhalan fragancia de mirra y áloes y casia. La Biblia es la carroza real en la que Jesús maneja, y la cual está embaldosada de amor por las hijas de Jerusalén. Las Escrituras son los pañales del santo niño Jesús; despliégalo y halla a tu Salvador. La quintaesencia de la Palabra de Dios es Cristo.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 9 de junio de 2016

Aquí y ahora - Winn Collier

El Llamado al Ministerio | 9Marks



 


Edifica tu matrimonio en tierra sólida - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 9

“Escudriñad las Escrituras”. Juan 5:39.

LA palabra griega traducida aquí por escudriñar significa una escrupulosa, minuciosa, diligente y cuidadosa investigación, como la que realizan los hombres cuando buscan oro, o los cazadores cuando marchan ansiosos tras la caza. No debemos descansar satisfechos por haber leído uno o dos capítulos de la Biblia, sino tenemos que buscar empeñosamente con la candela del Espíritu, el significado oculto de la palabra. Las Sagradas Escrituras requieren examen; mucho de ella sólo puede ser aprendido por cuidadoso estudio. Hay leche para los niños, pero hay también carne para hombres vigorosos. Los rabíes dicen sabiamente que una montaña de enseñanza hay en cada palabra; sí, en cada nombre de las Escrituras. Tertuliano exclama: “Adorno la plenitud de las Escrituras”. Ninguno que meramente hojee el libro de Dios puede sacar provecho de él; tenemos que cavar y excavar hasta que consigamos el tesoro escondido. La puerta de la palabra sólo se abre con la llave de la diligencia. Las Escrituras reclaman investigación. Ellas son las Escrituras de Dios que llevan el sello y la autorización divina. ¿Quién se atreverá a tratarlas con ligereza? El que las desprecia, desprecia a Dios, que las escribió. No permita Dios que alguno de nosotros deje que su Biblia se convierta en un testigo contra él en el gran día del juicio. La palabra de Dios recompensará al que la investigue. Dios no nos ordena zarandear un montón de tamo que contiene aquí y allí un grano de trigo, sino la Biblia, que es trigo aventado. Sólo tenemos que abrir la puerta del granero y hallarlo. La Biblia se agranda ante el que la estudia, pues está llena de sorpresas. La Biblia, a semejanza de un amplio templo pavimentado con oro y techado con rubíes, esmeraldas y toda suerte de gemas, brilla bajo la instrucción del Espíritu Santo con esplendor de revelación. No hay mercancía igual a la verdad de las Escrituras. Por fin, las Escrituras revelan a Jesús. “Ellas dan testimonio de mí”. Ningún estímulo más poderoso que este puede presentarse a los lectores de la Biblia: el que halla a Jesús halla vida, cielo y todas las cosas. Feliz el que, escudriñando su Biblia, halla a su Salvador.

Charles Haddon Spurgeon.