Versículo para hoy:

lunes, 3 de agosto de 2015

Viviendo la vida por fe - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 3 – LECTURAS MATUTINAS

“Y el Cordero es su lumbrera”. Apocalipsis 21:23.

CONTEMPLA con tranquilidad al Cordero, como la lumbrera del cielo. La luz es en la Biblia el emblema del gozo. El gozo de los santos en el cielo está comprendido en estas palabras: Jesús nos eligió, nos amó, nos compró, nos limpió, nos vistió, nos guardó y nos glorificó: estamos aquí únicamente por la mediación de Jesús. Cada uno de estos pensamientos será para ellos semejante a un racimo de uvas de Escol. La luz es además el fundamento de la belleza. No hay belleza cuando no hay luz. Sin luz el zafiro no brilla ni luce la perla. Así también, toda la belleza de los santos que están en el cielo procede de Jesús. Ellos reflejan, como los planetas, la luz del Sol de Justicia; existen como rayos que proceden del astro central. Si él se retira, ellos mueren. Si su gloria se oculta, la de ellos expira. La luz es también el emblema del conocimiento. En el cielo nuestro conocimiento será perfecto, pero el Señor Jesús será su fuente. La enigmática providencia, que nunca antes hemos entendido, la entenderemos claramente, y todo lo que ahora nos confunde, nos será comprensible con la luz del Cordero. ¡Oh!, qué revelaciones y qué glorificación del amor de Dios habrá allí. La luz también significa manifestación. La luz manifiesta. En el mundo, “aun no se ha manifestado lo que hemos de ser”. El pueblo de Dios es un pueblo oculto, pero cuando Cristo lo reciba en el cielo, lo tocará con la vara de su amor y lo cambiará en la imagen de su gloria. Los componentes de este pueblo fueron pobres y desdichados, pero ¡qué transformación! Estuvieron manchados de pecado, pero con un toque de su dedo quedarán tan brillantes como el sol y tan claros como el cristal. ¡Oh!, qué manifestación. Todo esto procede del sublime Cordero. Jesús será el centro y el alma de cuanto refulgente esplendor haya allí. ¡Oh!, qué será estar presente y verlo en su propia luz, como el Rey de reyes y Señor de señores.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 2 de agosto de 2015

AGOSTO 2 – LECTURAS MATUTINAS

“Que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad”. Efesios 1:11

NUESTRA creencia en la sabiduría de Dios presupone y requiere que el Señor tenga un plan y un propósito determinados en la obra de la salvación. ¿Qué habría sido la creación sin un designio? ¿Hay algún pez en el mar o alguna ave en el aire que fueron formados al azar? De ninguna manera; en cada hueso, en cada coyuntura y en cada músculo; en cada tendón, en cada glándula y en cada vaso sanguíneo, se puede ver la presencia de un Dios que obra según el designio de su infinita sabiduría. ¿Está Dios presente en la creación, rigiendo todas las cosas, y no estará en la gracia? ¿Estará librada la nueva creación al veleidoso genio del libre albedrío, cuando el consejo divino rige la antigua creación? ¡Mira a la providencia! ¿Quién no sabe que “ni un pájaro cae a tierra sin vuestro Padre”? “Aun vuestros cabellos están todos contados”. Dios pesa en balanzas las montañas de nuestro dolor y los cerros de nuestra tribulación. ¿Estará Dios en la providencia y no en la gracia? ¿Existirá la cáscara por disposición de la sabiduría, y en cambio el meollo será abandonado al ciego azar? ¡No! Dios conoce el fin desde el principio; ve en su debido lugar, no sólo la piedra angular, de hermosos colores, que él colocó, con la sangre de su amado Hijo; sino, ve también las piedras escogidas, sacadas de la cantera, y pulidas por su gracia. Dios ve todo el edificio desde los cimientos hasta el techo. El conoce claramente cada piedra que ha de ser colocada en el lugar que le ha sido preparado, y sabe también cuán vasto ha de ser el edificio y cuándo la piedra de remate ha de aparecer con aclamaciones de “¡Gracia, gracia a ella!” Al fin, se verá claramente que en cada vaso de misericordia, Jehová obró con los suyos como le plugo; y que en cada parte de la obra de la gracia cumplió su propósito y glorificó su propio nombre.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 1 de agosto de 2015

Una mujer verdadera se une a la batalla - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 1 – LECTURAS MATUTINAS

"Ruégote que me dejes ir al campo, y recogeré espigas”. Rut 2:2.

ABATIDO y turbado cristiano, ven y espiga hoy en el amplio campo de la promesa. Aquí abundan las preciosas promesas, que satisfacen precisamente tus necesidades. Considera esta: “La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará”. ¿No se adapta esto a tu caso? Una caña desvalida, insignificante y débil; una caña cascada, de la cual no sale música, y que es más débil que la misma debilidad. Aunque tú seas una caña cascada, él no te quebrará, sino que te restaurará y fortalecerá. Tú eres semejante al pábilo que humea; ni luz ni calor proceden de ti; sin embargo no te apagará. Soplará con su suave aliento de misericordia hasta transformarte en una llama. ¿Quieres recoger otra espiga? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar”. ¡Qué suaves palabras! Tu corazón es tierno, y el Maestro lo conoce; es por eso que te habla tan suavemente. ¿No quieres obedecerlo y venir a él ahora mismo? Toma esta otra espiga de grano: “No temas, gusano de Jacob, yo te socorreré, dice Jehová y tu Redentor, el Santo de Israel”. ¿Cómo puedes temer, teniendo una seguridad tan admirable como esta? Tú puedes recoger diez mil espigas de oro como estas: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados”. “Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. “El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiere, tome del agua de la vida de balde”. El campo de nuestro Maestro es muy rico; he aquí los manojos. ¡Mira, están delante de ti, tímido creyente! Júntalos, aprópiatelos, pues Jesús te ordena tomarlos. “No temas, cree solamente”. Toma estas dulces promesas, desgránalas con la meditación, y aliméntate de ellas con gozo.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 31 de julio de 2015

Esperando - Nancy Leigh DeMoss

JULIO 31 - LECTURAS MATUTINAS

"Yo en ellos". Juan 17:23.

SI tal es la unión que existe entre nuestras almas y la persona de nuestro Señor, ¡cuán profundo y amplio es el canal de nuestra comunión! Este no es un conducto estrecho por el que sólo una reducida corriente de agua puede seguir su curso; es, más bien, un canal de asombrosa anchura y profundidad, a lo largo de cuya gloriosa extensión, un importante volumen de aguas vivas hacen rodar sus torrentes. He aquí, él ha puesto delante de nosotros una puerta abierta; no tardemos en entrar. Esta ciudad de comunión tiene muchas puertas de perlas. Cada una de las distintas puertas es de una perla, y cada puerta está completamente abierta para que podamos entrar, seguros de ser bienvenidos. Si sólo hubiese una pequeña abertura por la que pudiésemos hablar con Jesús, sería un alto privilegio el hacer pasar una palabra de comunión a través de la puerta estrecha. ¡Cuán bendecidos somos, al contar con tan amplia entrada! Si el Señor estuviese lejos de nosotros, separado por muchos y tempestuosos mares, ansiaríamos enviarle un mensajero que le llevara nuestro amor y nos trajese nuevas de la casa de su Padre. Pero, mira su bondad: El ha edificado su casa cerca de la puerta de la nuestra; más aún: El se hospedó con nosotros y reside en pobres y humildes corazones, para tener con nosotros perpetuas relaciones. ¡Oh!, cuán necios somos si no vivimos en constante comunión con él. Cuando el camino es largo, peligroso y dificultoso, no tenemos que admirarnos si los amigos rara vez se encuentran, pero cuando viven juntos, ¿cómo olvidará Jonatán a su David? Una esposa, cuando su marido está de viaje, queda muchos días sin sostener con él conversación, pero si está en una de las piezas de su casa, no podría resignarse a estar separada de él. Creyente, ¿por qué no te sientas en su banquete de amor? Busca a tu Señor, pues está cerca. Abrázalo, que es tu hermano; tenlo fuertemente, pues es tu esposo.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 30 de julio de 2015

Respuestas reales de un Dios real - Nancy Leigh DeMoss

JULIO 30 – LECTURAS MATUTINAS

“Y pensando en esto, lloraba”. Marcos 14:72.

ALGUNOS piensan que Pedro, mientras vivió, lloraba al recordar que había negado a su Señor. No es improbable que sea así, pues su pecado era muy grande, y, después, la gracia tuvo en él su obra perfecta. Esta misma experiencia es común a toda la familia de los redimidos, según el grado en que el Espíritu de Dios haya cambiado el corazón de piedra. Nosotros, como Pedro, recordamos nuestra jactanciosa promesa: “Aunque todos sean escandalizados, mas no yo”. Nosotros también comimos nuestras palabras con las hierbas amargas del arrepentimiento. Cuando pensamos en lo que prometimos ser y en lo que en realidad fuimos, bien podemos verter torrentes de lágrimas. Pedro pensaba en que había negado a su Señor. Pensaba en el lugar en que lo hizo, en el insignificante motivo que lo condujo a tan grave pecado, en los juramentos y blasfemias que usó para confirmar su falsedad, y en la terrible dureza de corazón que lo arrastró a obrar así repetidas veces. Cuando recordamos nuestros pecados, “sobremanera pecantes”, ¿podemos permanecer impasibles e indiferentes? ¿No haremos de nuestra casa un “Bochim”, y clamaremos al Señor, pidiéndole que nos renueve las seguridades de su amor perdonador? Que nunca miremos al pecado con ojos indiferentes para que no tengamos, dentro de poco, la lengua quemada con las llamas del infierno. Pedro pensaba también en la amorosa mirada de su Maestro. El Señor acompañó la señal del canto del gallo con una mirada de tristeza, de compasión y de amor. Aquella mirada Pedro no la olvidó jamás. Fue más eficaz que diez mil sermones sin el poder del Espíritu. El penitente apóstol lloraría, sin duda, al recordar el amplio perdón que le dio el Salvador, quien lo restauró a su posición anterior. Pensar que hemos ofendido a tan bondadoso y clemente Señor, es más que suficiente para que lloremos constantemente. Señor, hiere nuestro duro corazón y haznos llorar.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 29 de julio de 2015

Canta conmigo - Nancy Leigh DeMoss

JULIO 29 – LECTURAS MATUTINAS

“Sin embargo, yo siempre estoy contigo”. Salmo 73:23.

“SIN embargo”. Como si, no obstante toda la insensatez e ignorancia que ha confesado recientemente a Dios, David quisiese afirmar que estaba seguro de su salvación y aceptación, y que gozaba de la bendición de estar constantemente en su presencia. Plenamente consciente de su propio estado de perdición y de la falsedad y vileza de su naturaleza, canta, no obstante, estas palabras, en una gloriosa explosión de fe: “Yo siempre estoy contigo”. Creyente, tú estás obligado a entrar en la confesión y reconocimiento de Asaph; procura decir en el mismo espíritu: “Sin embargo, desde que pertenezco a Cristo, estoy siempre con Dios”. Es decir, “siempre en su mente”, pues él siempre está pensando en mí para bien. Siempre delante de sus ojos, porque los ojos del Señor nunca duermen, sino vigilan siempre mi bienestar. Siempre en sus manos, de manera que nadie puede arrebatarme. Siempre en su corazón, como un memorial, a semejanza del sumo sacerdote que llevaba siempre los nombres de las doce tribus sobre su corazón. ¡Oh Dios!, tú siempre piensas en mí. Las entrañas de tu amor siempre suspiran por mí. Tú siempre eres próvido para conmigo; me has puesto en brazo como un sello. Tu amor es fuerte como la muerte; las muchas aguas no lo pueden apagar ni lo ahogarán los ríos. ¡Maravillosa gracia!, tú me miras en Cristo, y aunque por mí mismo soy aborrecible, me contemplas cubierto con las vestiduras de Cristo, y lavado en su sangre; y así permanezco acepto en tu presencia. Yo continuamente gozo de tu gracia, “siempre estoy contigo”. Aquí hay solaz para el alma afligida y probada; que está acosada con tormenta interior, pero atendida con la calma que viene de afuera. “Sin embargo”. Di esto en tu corazón y recibe la paz que te trae. “Sin embargo, yo siempre estoy contigo”.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 28 de julio de 2015

Saltando sobre lugares altos - Nancy Leigh DeMoss

JULIO 28 – LECTURAS MATUTINAS

“Yo era insensato y no entendía; era como una bestia acerca de ti”.

TEN presente que esta es la confesión del hombre que, como está escrito, fue según el corazón de Dios, y que al revelarnos su vida interior, escribe: “Yo era insensato y no entendía”. La palabra insensato en este pasaje significa más de lo que parece. David en un versículo anterior escribe: “Tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos”, lo que muestra que la insensatez de la que habla era en sí pecado. El, pues, se considera insensato. En qué medida lo era, él no lo podría decir. Esa insensatez era pecaminosa, una insensatez que no podría excusarse de fragilidad, sino tenía que ser condenada por su perversidad y por su terca ignorancia, pues ha envidiado la presente prosperidad del impío y ha olvidado el espantoso fin que le espera. ¿Somos nosotros mejores que David para llamarnos sabios? ¿Pretendemos haber alcanzado perfección o haber sido tan purificados como para afirmar que la disciplina ya quitó de nosotros toda terquedad? Esto sería presunción. Si David era insensato, ¿cuán insensatos seríamos nosotros en nuestra propia consideración, si sólo pudiésemos vernos a nosotros mismos? Reflexiona, creyente; recuerda cómo has dudado de Dios, siendo él tan fiel contigo; cómo gritaste: “No así, Padre mío”, cuando él se retorcía en aflicción para darte la mayor bendición. Recuerda cuántas veces miraste con pesimismo su providencia, interpretaste mal sus dispensaciones, y gemiste diciendo: “Todas estas cosas son contra mí”, cuando todas las cosas cooperaban juntas para tu bien. Piensa en cuán frecuentemente has escogido el pecado por placer, cuando, en verdad, ese placer fue para ti una raíz de amargura. Si conocemos nuestro propio corazón, tenemos que confesarnos culpables ante la acusación de pecaminosa insensatez; y conscientes de esto, tenemos que hacer nuestra la resolución de David: “Tú me guiarás según tu consejo”.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 27 de julio de 2015

Bendito sea el nombre del Señor - Nancy Leigh DeMoss

JULIO 27 – LECTURAS MATUTINAS

“Preciosas y grandísimas promesas”. 2 Pedro 1:4.

SI deseas conocer por experiencia la preciosidad de las promesas y gozarlas en tu propio corazón, medita mucho en ellas. Hay promesas que son como uvas en el lagar: si las pisas saldrá el jugo. La meditación de la santa palabra será a menudo el preludio de su cumplimiento. Mientras estás meditando en ella, vendrá gradualmente la bendición que buscas. Muchos cristianos que han ansiado lo prometido, hallaron que la gracia que la promesa les aseguraba, estaba descendiendo a sus almas mientras ellos estaban aun considerando la divina palabra; y se alegraron de que siempre hayan sido guiados a poner la promesa cerca del corazón. Pero, aparte de meditar en las promesas, procura recibirlas como palabras de Dios. Habla a tu alma así: “Si estuviese tratando con promesa de hombre, consideraría cuidadosamente la capacidad y el carácter del hombre que ha pactado conmigo. Así tengo que obrar con las promesas de Dios. Mis ojos no deben fijarse tanto en la magnitud de la merced, pues esto me puede hacer vacilar; sino más bien en la grandeza del que prometió, porque esto me alentará. Alma mía, el que habla contigo es Dios, el Dios que no puede mentir. Esta palabra suya que ahora estás considerando es tan real como su propia existencia. El es un Dios inmutable; no ha modificado lo que salió de su boca, ni ha anulado una sola palabra de consolación. Tampoco carece de poder; pues él es el Dios que hizo los cielos y la tierra. Menos aun le falta sabiduría para determinar el tiempo cuando ha de enviar sus bendiciones, pues él sabe cuándo es mejor otorgarlas y cuándo es mejor retenerlas. Por lo tanto, teniendo presente que ésta es la palabra de un Dios tan verdadero, tan inmutable, tan poderoso y tan sabio, debo creer la promesa. Si meditamos de esta manera en las promesas, y consideramos al que las prometió, experimentaremos la bondad de las mismas y obtendremos su cumplimiento.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 26 de julio de 2015

Cuando los hombres no lideran - Un vistazo a la vida de Débora - Nancy Leigh DeMoss

Carta a los Colosenses - Pr. Sugel Michelén



  1. Cristo + Nada = Todo
  2. Un asunto de identidad
  3. Motivo de Acción de Gracias
  4. Una oración incesante I
  5. Una oración incesante II
  6. La Preeminencia de Cristo
  7. Ahora, Antes y Después
  8. La perspectiva ministerial de Pablo
  9. Avanzando hacia la madurez
  10. Viviendo una Vida Cristocéntrica
  11. Completa Salvación en Cristo
  12. Cuidado con el legalismo!
  13. ¡Cuidado con el misticismo!
  14. ¡Cuidado con el ascetismo!
  15. Cristianismo radical
  16. El cristianismo radical y el pecado
  17. Luchando eficazmente contra el enemigo
  18. El código de vestimenta del cristiano
  19. Una vida centrada en Cristo
  20. Un matrimonio centrado en Cristo y el evangelio
  21. Responsabilidad de los hijos para con los padres
  22. Una paternidad centrada en el evangelio
  23. La Santificación de lo Ordinario
  24. La oración del cristiano
  25. El testimonio del cristiano
  26. Hombres ordinarios y una tarea extraordinaria

JULIO 26 – LECTURAS MATUTINAS

“Poniendo toda diligencia, mostrad en vuestra fe virtud…” 2 Pedro 1:5.


SI deseas gozar de la eminente gracia de la plena seguridad de la fe, bajo la influencia y asistencia bendita del Espíritu, haz lo que te dice la Biblia: “Pon diligencia”. Cuida de que tu fe sea genuina, que no consista en una mera creencia doctrinal, sino en una fe sincera que depende de Cristo, y sólo de Cristo. Pon diligencia para cuidar de tu coraje. Pide a Dios que te dé el aspecto de un león, para que puedas, con conocimiento de lo recto, ir adelante osadamente. Estudia bien las Escrituras y adquiere conocimiento, pues el conocimiento de la doctrina contribuirá mucho a confirmar tu fe. Procura entender la Palabra de Dios; haz que more perennemente en tu corazón. Cuando hayas hecho esto, “muestra en la ciencia, templanza”. Cuida de tu cuerpo: sé templado exteriormente. Cuida de tu alma: sé templado interiormente. Que tus labios, tu vida, tu corazón, tus pensamientos sean templados. Añade a esto, por el Santo Espíritu de Dios, paciencia. Pídele que te dé la paciencia que soporta la aflicción, la cual, cuando sea probada, saldrá como oro. Vístete de paciencia, para que no murmures ni decaigas en tus aflicciones. Cuando hayas obtenido esa gracia, procura tener temor de Dios. El temor de Dios es algo más que religión. Haz de la gloria de Dios el objeto de tu vida; vive en su presencia; mora cerca de él; procura conseguir comunión con él, y así tendrás temor de Dios. En el temor de Dios muestra amor fraternal. Ten amor a todos los santos. Muestra también la caridad que abre sus brazos a todos los hombres y que ama sus almas. Cuando estés adornado con estas joyas, y en la proporción en que practiques estas virtudes celestiales, llegarás a conocer con más clara evidencia “tu vocación y elección”. “Pon diligencia” si quieres obtener seguridad, pues la tibieza y la duda van de la mano muy naturalmente.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 25 de julio de 2015

El Nuevo Nacimiento - R. C. Sproul

JULIO 25 – LECTURAS MATUTINAS

"Dejóle él su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera”. Génesis 39:12.

CUANDO se lucha con ciertos pecados, no queda otro recurso de victoria que la huída.
Los antiguos naturalistas escribieron mucho acerca de los basiliscos, cuyos ojos fascinaban a sus víctimas y las hacían presas fáciles. Así también la sola mirada del vicio nos coloca en inminente peligro. Los que deseen librarse de los actos del mal, tienen que huir de sus ocasiones. Tenemos que concertar con nuestros ojos el pacto de no mirar siquiera la causa de la tentación, pues estos pecados sólo necesitan una chispa para empezar, y al instante todo se transforma en un incendio. ¿Quién desea entrar atrevidamente en la casa del leproso y dormir en medio de su horrible corrupción? Esto lo hace únicamente el que desea ser leproso. Si el marinero sabe cómo evitar un temporal, debe hacerlo, y no correr el riesgo de hacerle frente. Los pilotos prudentes no desean ver cuán cerca pueden navegar de la arena movediza, ni cuántas veces el buque puede tocar una roca sin hacer agua. Su mira es mantenerse en medio de un seguro canal tanto como les sea posible. Este día puedo estar expuesto a grandes peligros; debo ser astuto como serpiente para guardarme de ellos y evitarlos. Las alas de la paloma me pueden ser hoy más útiles que las mandíbulas de un león. Es cierto que apareceré como un perdedor al rechazar las malas compañías, pero prefiero dejar mi capa antes que perder mi reputación. No es necesario que sea rico, pero es imperioso que sea puro. Ningún vínculo de amistad, ningún lazo de belleza, ningún resplandor del talento, ningún dardo del ridículo deben hacerme desistir de la sabia resolución de huir del pecado. Tengo que resistir al diablo y él huirá de mí, pero de las concupiscencias de la carne tengo que huir yo, o de lo contrario me vencerán. ¡Oh Dios de santidad!, preserva a tus Josés para que la Señora Engaño no los fascine con sus viles sugestiones.

Charles Haddon Spurgeon.