Versículo para hoy:

martes, 1 de septiembre de 2015

La hospitalidad no requiere hogares perfectos - Nancy Leigh DeMoss

SETIEMBRE 1 – LECTURAS MATUTINAS

“Me guiarás según tu consejo, y después me recibirás en gloria”. Salmo 73:24.

EL salmista siente necesidad de guía divina. Hace poco estuvo descubriendo la necesidad de su propio corazón, y con el fin de no ser constantemente desviado por él, resolvió dejarse guiar, de aquí en adelante, por el consejo de Dios. Cuando el sentido de nuestra necedad nos conduce a confiar en la sabiduría del Señor, damos un gran paso adelante para ser sabios. El hombre ciego se apoya en el brazo de su amigo y llega con seguridad al hogar; de la misma manera nosotros tendríamos que entregarnos sin reservas, a la guía divina, no dudando nada, estando ciertos de que aunque no podamos ver, es siempre seguro confiar en el Dios que todo lo ve. “Me recibirás” es una bendita expresión de confianza. David estaba seguro de que el Señor no dejaría de cumplir su obra. Creyente, hay aquí una palabra para ti; descansa en ella. Ten por cierto que tu Dios será tu consejero y amigo. El te guiará; te dirigirá en todos tus caminos. En su Palabra tienes, en parte, cumplida esta seguridad, pues las Santas Escrituras contienen los consejos de Dios para ti. ¡Felices de nosotros los que tenemos la Palabra de Dios para que siempre nos guíe! ¿Qué puede hacer el marinero sin la brújula? ¿Y qué puede hacer el cristiano sin la Biblia? Es esta la carta infalible, el mapa en que están registrados todos los bancos de arena. Todos los canales, desde la arena movediza de la destrucción hasta el puerto de la salvación están delineados y marcados por uno que conoce todo el camino. ¡Bendito seas, oh Dios, porque podemos confiar en ti para que nos guíes ahora, y nos guíes hasta el fin! Después de haber sido guiado en esta vida, el salmista anticipa la divina recepción que tendrá al fin, y dice: “después me recibirás en gloria”. ¡Qué bendición para ti, creyente! ¡Dios mismo te recibirá en la gloria; te recibirá a ti! Aunque errante y extraviado, te llevará, al fin, a su gloria seguro. Esta es tu porción.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 31 de agosto de 2015

Abriendo tu corazón y tu casa - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 31 – LECTURAS MATUTINAS

“En mi brazo pondrán su esperanza”. Isaías 51:5.

En tiempos de dura prueba el cristiano no tiene en la tierra nada en lo cual pueda confiar, y por lo tanto se ve precisado de arrojarse en los brazos de su Dios. Cuando su barco se hunde, y no puede valerse de ningún salvamento humano, debe sencilla y enteramente confiarse a la providencia y al cuidado de Dios. ¡Feliz tormenta la que arroja al hombre sobre una roca como esta! ¡Bendito huracán, que llevas el alma a Dios y sólo a Dios! Algunas veces no nos allegamos a nuestro Dios porque tenemos una multitud de amigos, pero cuando un hombre es tan pobre y se ve tan desamparado y desvalido que no puede recurrir a ninguna parte, entonces vuela a los brazos de Dios y es felizmente recibido en ellos. Y cuando esté sometido a pruebas tan apremiantes y singulares que no las pueda contar a ninguno sino sólo a Dios, debe estar agradecido por ello, pues aprenderá más de su Señor en esa ocasión que en cualquier otro tiempo. ¡Oh creyente sacudido por la tempestad! Es una prueba afortunada la que te lleva al Padre. Ahora que sólo tienes a Dios en quien confiar, procura poner en él tu entera confianza. No afrentes a tu Señor y Maestro con dudas y temores indignos, sino sé fuerte en la fe, dando gloria a Dios. Haz ver al mundo que tu Dios vale para ti más que diez mil mundos; haz que vean los hombres ricos cuán rico eres tú, cuando en tu pobreza tienes como tu ayudador al Señor Dios; haz que vean los fuertes cuán fuerte eres tú en tu debilidad cuando te sostienen los brazos eternos. Ahora es el tiempo para las hazañas de fe y para las valientes proezas. Sé fuerte y muy valiente, y el Señor tu Dios, que hizo los cielos y la tierra, se glorificará en tu debilidad y magnificará su poder en medio de tu aflicción. La magnificencia de la bóveda celeste quedaría perjudicada, si el firmamento estuviese sostenido por una columna, y tu fe perdería su gloria si descansase sobre algo visible al ojo carnal. ¡Que el Espíritu Santo te haga descansar en Jesús!

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 30 de agosto de 2015

AGOSTO 30 – LECTURAS MATUTINAS

“Espera a Jehová”. Salmo 27:14.

PARECE fácil esperar, pero, sin embargo, es esta una de las actitudes que el soldado cristiano aprende después de muchos años de enseñanza. Marchar y marchar con paso redoblado es para los soldados de Dios mucho más fácil que quedar firmes. Hay horas de perplejidad en las que los espíritus más dispuestos y más ansiosos de servir al Señor, no saben qué camino tomar. ¿Qué hacer entonces? ¿Afligirse con desesperación? ¿Huir cobardemente, dar, en temor, media vuelta a la derecha o marchar adelante presuntuosamente? No, sino esperar, simplemente. Esperar en oración. Invoca a Dios y preséntale a él tu caso, cuéntale tu dificultad, y pídele que cumpla su promesa de ayuda. En los dilemas entre dos deberes, es agradable ser humilde como un niño y esperar, con sencillez de alma, en el Señor. Sin duda, nos irá bien cuando sintamos y conozcamos nuestra insensatez, y deseemos sinceramente ser guiados por la voluntad de Dios. Pero, espera con fe. Manifiesta tu firme confianza en él, pues esperar desleal y pérfidamente es sólo insultar al Señor. Cree que aunque te tenga esperando hasta medianoche, él vendrá a su debido tiempo. La visión vendrá y no tardará. Espera con paciencia, no rebelándote si estás bajo la aflicción, sino bendiciendo a Dios por ella. Nunca murmures contra la segunda causa, como los hijos de Israel murmuraron contra Moisés; nunca desees volver al mundo otra vez, sino acepta tu situación tal como se presenta y, con entero corazón, sin voluntad propia, pon esa situación en las manos de tu Dios y di: “Ahora, Señor, no sea hecha mi voluntad sino la tuya. Yo no sé lo que hacer; estoy en dificultades extremas, sin embargo esperaré hasta que dividas las aguas o rechaces a mis enemigos. Yo esperaré, si tú me conservas muchos días, pues mi corazón te escogió sólo a ti oh Dios, y mi espíritu te aguardará en la plena convicción de que tú serás mi gozo y mi salvación, mi refugio y mi fortaleza”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 29 de agosto de 2015

AGOSTO 29 – LECTURAS MATUTINAS

"Ten piedad de mí, oh Dios”. Salmo 51:1.


CUANDO Carey estaba padeciendo de una grave enfermedad, se le preguntó lo siguiente: “Si esta enfermedad resultase fatal, ¿qué versículo elegiría Ud. como texto para el sermón de su entierro?” Carey replicó: ¡Oh!, una criatura pecadora como yo es indigna de que se diga algo de ella; pero si el sermón de entierro debe predicarse, deseo que esté basado en estas palabras: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”. Con el mismo espíritu de humildad, dispuso, en su última voluntad, que esta inscripción, y nada más, se grabase en su lápida sepulcral:
William Carey, nació el 17 de agosto de 1761.
Murió………………………………..
“Un miserable, pobre y desvalido gusano. En tus afectuosos brazos me entrego”.

Sólo sobre la base de la libre gracia pueden los santos más experimentados y más estimados acercarse a su Dios. Los buques vacíos flotan en la superficie del agua, pero los muy cargados están hundidos en el agua. Los que meramente profesan ser cristianos se vanaglorian, pero los verdaderos hijos de Dios le piden que tenga piedad de su inutilidad. Necesitamos que Dios tenga piedad de nuestras buenas obras, de nuestras oraciones, de nuestras predicaciones, de nuestras limosnas y de nuestras cosas más sagradas. La sangre no sólo fue rociada en los postes y dinteles de las habitaciones de Israel, sino en el santuario, en el propiciatorio y en el altar, porque, como el pecado se introduce aun en nuestras cosas más sagradas, nos es necesario tener la sangre de Jesús para purificarlas de la contaminación. Si la misericordia nos es necesaria en el cumplimiento de nuestros deberes, ¿qué diremos de nuestros pecados? ¡Cuán grato es recordar que la inagotable misericordia está dispuesta a mostrarse benigna hacia nosotros, recreando nuestros huesos abatidos!

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 28 de agosto de 2015

Cosas buenas que no lo son - Christopher Shaw - Desarrollo Cristiano

La práctica de una vida de devoción diaria - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 28 - LECTURAS MATUTINAS

"Aceite para la luminaria". Éxodo 25:6.

ALMA mía, ¡cuánto necesitas esto!, pues tu lámpara no seguirá alumbrando por mucho tiempo sin aceite. Si la luz desaparece (y desaparecerá si no hay aceite) la mecha echará humo, y este dará mal olor. Tú no tienes una vasija de petróleo que suba por tu naturaleza humana; por lo tanto, tienes que ir a los que lo venden y comprar para ti, o, a semejanza de las vírgenes fatuas, tendrás que decir: "Mi lámpara se apaga". Aun las lámparas consagradas no podían dar luz sin aceite. Aunque resplandecían en el tabernáculo, tenían que ser alimentadas; aunque ningún fuerte viento soplaba sobre ellas, tenían que ser despabiladas; y tú necesitas esto en gran manera. Aun bajo las circunstancias más felices tú no puedes dar luz por una hora más, si no recibes una nueva provisión de aceite. No cualquier aceite se podía usar en el culto del Señor. No se aceptaba ni el petróleo que se extrae de las entrañas de la tierra, ni el aceite de pescado, ni el de nueces. Un solo aceite era el escogido: el mejor aceite de oliva. Ni la pretendida gracia de la bondad natural, ni la imaginaria gracia de las manos sacerdotales, ni la fantástica gracia de las ceremonias exteriores, le servirán al verdadero santo de Dios. El sabe que Dios no quedará satisfecho ni aun con ríos de semejante aceite. El va al molino de aceite de Getsemaní y toma sus provisiones de mano del que allí fue quebrantado. El aceite de la gracia evangélica es puro y está libre de los sedimentos y borras, de ahí que la luz que produce sea clara y brillante. Nuestras iglesias son los candelabros de oro de nuestro Señor, y si han de ser luces en un mundo de tinieblas, tienen que tener este santo aceite. Oremos por nosotros, por nuestros pastores y por nuestras iglesias, con el fin de que nunca nos falte aceite para la luminaria. Verdad, santidad, gozo, conocimiento y amor, tales son los destellos de la luz sagrada, pero no podemos emitirlos si en lo privado no recibimos el óleo del Espíritu Santo.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 27 de agosto de 2015

La mujer que deseo llegar a ser - Jeanne Harrison

La prioridad de una vida devocional - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 27 – LECTURAS MATUTINAS

“Hasta cuándo no me ha de creer”. Números 14:11.

LUCHA con toda diligencia por impedir que entre ese monstruo llamado incredulidad, pues afrenta de tal forma a Cristo que él nos privará de su presencia, si lo insultamos consintiendo la incredulidad. Es cierto que la incredulidad es una mala hierba cuya semilla nunca podremos extirpar completamente, pero tenemos que asestar golpes a su raíz con celo y perseverancia. Entre las cosas odiosas, es ésta la más aborrecida. Su nociva naturaleza es tan venenosa, que tanto el que practica la incredulidad como aquel en perjuicio de quien se practica, resultan lesionados por ella. En tu lugar, oh creyente, el caso es más grave, pues las mercedes que Dios te dio en el pasado, acrecientan tu culpa, si dudas de él en el presente. Cuando desconfías del Señor Jesús, él bien puede clamar: “He aquí, estoy oprimido debajo de vosotros como lo está un carro cargado de gavillas”. Esto es como coronar su cabeza con las espinas más agudas. Es muy cruel que una bien amada esposa desconfíe de un afectuoso y fiel esposo. El pecado es inútil, necio e injustificable. Jesús nunca ha dado el más leve motivo para que se sospeche de él. Es penoso ver que dudan de nosotros aquellos para quienes nuestro comportamiento es afectuoso y sincero. Jesús es el Hijo del Altísimo y tiene ilimitada riqueza. Es vergonzoso dudar de la omnipotencia y desconfiar de la omnisuficiencia. “Los millares de animales en los collados”, alcanzarán para satisfacer nuestra hambre y los graneros del cielo no se vaciarán por más que comamos. Si Cristo sólo fuese una cisterna, pronto agotaríamos su contenido, pero, ¿quién puede agotar una fuente? ¡Afuera con esa falsa y traidora incredulidad, pues su único cometido es cortar los lazos de comunión y hacernos lamentar la ausencia del Salvador! Bunyan dice que la incredulidad tiene tantas vidas como el gato. Si es así, quitémosle una ahora, y sigamos hasta dejarlo muerto. ¡Abajo, traidor; mi corazón te aborrece!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Encontrándonos al pie de la cruz - Nancy Leigh DeMoss, Joy McClain

AGOSTO 26 – LECTURAS MATUTINAS

“Para siempre ha ordenado su pacto”. Salmo 111:9.

EL pueblo de Dios se goza en el pacto. Siempre que el Espíritu Santo guía a los creyentes a su festín y hace flamear su bandera de amor, este pacto es una fuente inagotable de consolación. Ellos se complacen en contemplar la antigüedad de aquel pacto, recordando que antes que el lucero del alba conociese su lugar o los planetas recorriesen sus órbitas, los intereses de los santos estaban seguros en Cristo Jesús. Les es muy grato recordar la seguridad del pacto, mientras meditan en “las misericordias firmes a David”; se gozan en celebrarlo como “firmado, sellado, ratificado, y en todas las cosas bien ordenado”. Este pacto hace henchir de gozo sus corazones, al pensar en su inmutabilidad, como un pacto que ni el tiempo ni la eternidad, ni la vida ni la muerte, jamás podrán violar, un pacto tan antiguo como la eternidad y tan eterno como la Roca de los siglos. Se regocijan también por la plenitud de este pacto, pues ven en él todas las cosas que le han sido dadas. Dios es la porción de ellos, Cristo es el compañero y el Espíritu es el consolador; la tierra es la residencia de ellos y el cielo es el hogar. Ellos ven en el pacto una herencia reservada y asegurada a toda alma que tiene un interés en su antiguo y eterno contrato de donación. Sus ojos brillaron de alegría cuando vieron en él como un tesoro hallado en la Biblia. ¡Cómo se alegraron sus almas cuando vieron que, por su voluntad y testamento, el Señor les legaba a ellos aquel tesoro! Los creyentes se complacen especialmente en contemplar la gracia en este pacto. Ellos ven que la ley fue invalidada por ser un pacto de obras y dependiente de los méritos, pero este otro pacto permanece porque su base, su condición, su baluarte y su fundamento es la gracia. El pacto es un cúmulo de riquezas, un depósito de alimento, una fuente de vida, un alfolí de salvación, un título de paz y un puerto de gozo.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 25 de agosto de 2015

Luchando por un matrimonio - Nancy Leigh DeMoss, Joy McClain

AGOSTO 25 – LECTURAS MATUTINAS

“Su fruto fue dulce a mi paladar”. Cantares 2:3.

EN las Escrituras se habla de la fe bajo el símbolo de los sentidos. Es vista: “Mirad a mí y sed salvos”. Es oído: “Oíd y vivirá vuestra alma”. Es olfato: “Mirra, áloes y casia exhalan todos tus vestidos”. “Ungüento derramado es tu nombre”. Es tacto: Por esta fe una mujer, “llegándose por las espaldas, tocó el borde del vestido de Cristo”, y por esta fe nosotros palpamos las cosas buenas de la vida. La fe es asimismo el paladar del espíritu: “Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca”. Cristo dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”. Este “paladar” es la fe en una de sus más elevadas operaciones. Una de las primeras acciones de la fe es el oír. Oímos la voz de Dios no sólo con el oído exterior sino con el interior. Lo oímos como Palabra de Dios y la creemos como tal; esto es el “oír” de la fe. Entonces nuestra mente mira la verdad tal como nos es presentada; la entendemos, y comprendemos su significado. Esto es el “mirar” de la fe. Después descubrimos su preciosidad; empezamos a admirarla y hallamos cuán fragante es. Esto es el “olfato” de la fe. Enseguida, nos apropiamos de las mercedes que nos son preparadas en Cristo. Esto es el “tacto” de la fe. De aquí siguen los goces, la paz, el placer, la comunión. Esto es el “paladar” o gusto de la fe. Cualquiera de estos actos de fe salva. El oír la voz de Cristo como la verdadera voz de Dios, dirigida al alma, nos traerá salvación. Pero lo que da verdadero solaz es la disposición de fe, por la que Cristo es recibido en nosotros y es considerado como el alimento de nuestras almas, por medio de una íntima y espiritual comprensión de su dulzura y preciosidad. Es entonces cuando nos sentamos “bajo la sombra del deseado”, y hallamos su fruto dulce a nuestro paladar.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 24 de agosto de 2015

La Carta a los Romanos, 2ª parte - Pr. Samuel Masters

¿Quién es el centro de tu mundo? - Nancy Leigh DeMoss, Joy McClain

AGOSTO 24 – LECTURAS MATUTINAS

“Subirá rompedor delante de ellos”. Miqueas 2:13.

EN vista de que Jesús ha ido delante de nosotros, las cosas no permanecen como si él nunca hubiese pasado por aquel camino. El conquistó a todos los enemigos que obstruían el camino. Toma ánimo, medroso soldado, Cristo no sólo ha recorrido el camino, sino ha matado a tus enemigos. ¿Temes al pecado? Él lo clavó en la cruz. ¿Temes a la muerte? Jesús la ha destruido. ¿Temes al infierno? Cristo ha quitado las posibilidades de que tú llegues allí; nunca verás el golfo de perdición. Todos los enemigos del cristiano están vencidos. Hay leones, pero sus dientes están rotos; hay serpientes, pero sus colmillos han sido quitados; hay ríos, pero o tienen puentes o son vadeables; hay fuego, pero tenemos un incomparable vestido que nos hace invulnerables. La espada que fue forjada contra nosotros ya está embotada; los instrumentos de guerra que el enemigo está preparando, ya perdieron su eficacia. En la persona de Cristo, Dios ha quitado todo lo que nos puede dañar. Así que, el ejército puede marchar seguro, y tú puedes, con gozo, seguir tu camino, pues todos los enemigos fueron vencidos de antemano. Lo único que tienes que hacer es tomar el despojo. Los enemigos están derrotados y vencidos; todo lo que tú tienes que hacer es dividir el despojo. Tú, es verdad, tendrás frecuentemente que entrar en combate, pero pelearás con un enemigo derrotado. Su cabeza está rota; él quizá intente dañarte, pero sus fuerzas no serán suficientes para conseguirlo. Tu victoria será fácil y tu riqueza será incalculable.
Nuestro Caudillo salió victorioso,
En el Calvario su triunfo se ve;
Todos sigamos al Jefe glorioso;
Nuestra mirada en su cruz fija esté.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 23 de agosto de 2015

AGOSTO 23 – LECTURAS MATUTINAS

"Nunca más se oirá en ella voz de lloro”. Isaías 65:19.

LOS glorificados no lloran más, pues todas las causas exteriores del dolor han desaparecido. En el cielo no hay ni amistades rotas ni esperanzas frustradas. La pobreza, el hambre, los peligros, la persecución y la calumnia son cosas que allí se desconocen. Ninguna pena aflige, ningún pensamiento de muerte o de desgracia entristece. No lloran más, pues están perfectamente santificados. Ningún “corazón malo de incredulidad” los incita a separarse del Dios vivo. Están sin falta delante de su trono y son en todo conforme a su imagen. Bien pueden cesar de lamentarse los que cesaron de pecar. No lloran más, porque todo temor de cambio ha pasado. Saben que están eternamente seguros. El pecado está encerrado afuera y ellos lo están dentro. Habitan en una ciudad que nunca será tomada por asalto. Se asolean con un sol que nunca se pone; beben de un río que nunca se agotará, sacan frutos de un árbol que nunca se secará. Innumerables períodos de tiempo pueden correr, pero la eternidad no se acabará; y mientras dure la eternidad, la inmortalidad y la bienaventuranza de los redimidos coexistirá con ella. Los glorificados están para siempre con el Señor. No lloran más porque todo deseo quedó cumplido. No pueden desear algo que no posean. El ojo y el oído, el corazón y la mano, el juicio, la imaginación, la esperanza, el deseo, la voluntad, en fin: todas las facultades, están completamente satisfechas. Aunque el concepto que actualmente tenemos de las cosas que Dios preparó para los que le aman es imperfecto, sin embargo, por la revelación del Espíritu, sabemos lo suficiente como para conocer que los santos del cielo son felices en el más alto grado. El gozo de Cristo, que es una infinita plenitud de deleite, está en ellos. Se bañan en el insondable mar de la beatitud. Ese mismo descanso nos aguarda a nosotros. No está distante. Dentro de poco el sauce llorón se transformará en paloma de victoria, y el rocío de la aflicción, en perlas de gloria.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 22 de agosto de 2015

La paradoja de tener más o tener menos - Mark Buchanan

AGOSTO 22 - LECTURAS MATUTINAS

"Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma". Cantares 5:8.

TAL es el lenguaje del creyente que ansía tener comunión con Jesús: está enfermo por su Señor. Las almas buenas nunca están perfectamente tranquilas si no se hallan muy cerca de Cristo, pues cuando están alejadas de él pierden su paz. Cuanto más cerca de él están, más cerca están de la perfecta calma del cielo; cuanto más cerca están de él, más llenos están sus corazones, no sólo de paz, sino de vida, de vigor y de gozo, pues todo esto depende de una constante comunión con Jesús. Lo que el sol es para el día, lo que la luna es para la noche, lo que el rocío es para la flor, es Jesús para nosotros. Lo que el pan es al hambriento, el vestido al desnudo, la sombra del gran peñasco al viajero en tierra de cansancio, es Jesús a nosotros. Por lo tanto, si no somos conscientemente, uno con él, no hay por qué maravillarnos si nuestro espíritu clama en las palabras del Cantar: "Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma". Esta ardiente ansia de comunión con Jesús, tiene una bendita correspondencia: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia". Y muy bienaventurados son los que sienten sed por el Justo. Si no tuviese la bienaventuranza de estar lleno, la buscaría con ansia y vehemencia hasta estar lleno de Cristo. Si no pudiese alimentarme de Jesús, el tener hambre y sed de él sería como puerta cercana al cielo. Hay en esa hambre una bendición, pues está entre las bienaventuranzas de nuestro Señor. Pero la bendición implica una promesa. Estos hambrientos "serán hartos" con lo que desean. Si Cristo hace que lo ansiemos, satisfará sin duda esas ansias, y cuando él venga a nosotros, como efectivamente vendrá, ¡oh cuán dulce será!

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 21 de agosto de 2015

Vengan a ver un Hombre - Nancy Leigh DeMoss

Quítate la máscara - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 21 - LECTURAS MATUTINAS

"El que riega será él mismo regado". Proverbios 11:25 (V. M.)

SE nos enseña aquí la gran lección de que para obtener es necesario dar, para acumular debemos esparcir, para ser felices tenemos que hacer felices a otros, y para llegar a ser espiritualmente vigorosos tenemos que buscar el bien espiritual de los demás. Regando a otros nos regamos a nosotros mismos. ¿En qué manera? Nuestros esfuerzos sacan a luz nuestros talentos para que sean de utilidad. Nosotros tenemos capacidades y facultades latentes, que se manifiestan con la actividad. Nuestra fuerza para el trabajo está oculta aun de nosotros mismos, hasta que nos aventuremos a batallar las batallas del Señor o a trepar las montañas de las dificultades. No conocemos cuán tierna es la compasión que tenemos hasta que intentamos enjugar las lágrimas de la viuda, y suavizar la aflicción del huérfano. Frecuentemente, al intentar enseñar a otros, nos damos cuenta de que acrecentamos nuestra propia instrucción. ¡Oh, qué gratas lecciones hemos aprendido junto a la cama del enfermo! Fuimos a enseñar las Escrituras, pero volvimos avergonzados de que supiésemos tan poco de ellas. En nuestro trato con los santos humildes nos instruimos más perfectamente en la senda del Señor y llegamos a comprender más profundamente la divina verdad. Así que el regar a otros nos hace humildes. Descubrimos cuánta gracia hay en el lugar donde no la hemos buscado, y cuánto nos aventaja en conocimientos el santo humilde. Nuestro propio consuelo se acrecienta cuando trabajamos en favor de otros. Nos esforzamos en alentarlos y la consolación alegra nuestro corazón. Es como dos hombres que están en la nieve: uno frota las piernas del otro para evitar que se muera, pero, al obrar así, hace que su propia sangre esté en circulación y salva su propia vida. La pobre viuda de Sarepta suplió, con su escasa provisión, las necesidades del profeta, y desde aquel día no supo más lo que era necesidad. "Dad, y se os dará".

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 20 de agosto de 2015

AGOSTO 20 - LECTURAS MATUTINAS

“El dulce salmista de Israel”. 2 Samuel 23:1.

ENTRE todos los santos cuyas vidas se recuerdan en las Sagradas Escrituras, David posee una experiencia muy notable, variada e instructiva. En su historia nos encontramos con pruebas y tentaciones que no se ven, por lo general, en otros santos de la antigüedad, y de ahí que él sea el tipo más sugestivo de nuestro Señor. David conoció las pruebas de los hombres de todos los rangos y de todas las condiciones. Los reyes tienen sus aflicciones, y David, como rey, tuvo las suyas; los campesinos tienen sus preocupaciones, y David, como pastor de ovejas, también las tuvo. El errante sufre muchas fatigas, y David también las tuvo en la cueva de En-gadi. El capitán tiene sus dificultades, y David, por su parte, halló muy molestos a los hijos de Sarvia. El salmista también fue probado por sus amigos. Su consejero Ahitofel lo abandonó: “El que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar”. Sus peores enemigos eran los de su propia familia: sus hijos fueron su más grande aflicción. Las tentaciones de pobreza y de riqueza; de honor y de reproche; de salud y de enfermedad, todas las probó David. Tuvo tentaciones de afuera para turbar su paz, y de adentro para frustrar su gozo. David no bien salía de una prueba caía en otra; no bien surgía de una temporada de desaliento y alarma, caía otra vez en las profundidades, y todas las olas y las ondas rodaban sobre él. Probablemente será este el motivo porque los salmos de David son generalmente el deleite del cristiano experimentado. Cualquiera sea nuestra condición de mente: ya estemos en éxtasis o en abatimiento, David delinea exactamente nuestras emociones. El era un hábil conocedor del corazón humano, pues había sido educado en la mejor de las escuelas; en la escuela de la experiencia sincera y personal. A medida que nosotros somos instruidos en la misma escuela, a medida que nos desarrollamos en gracia y en años, más apreciamos los salmos de David, y hallamos que son como “verdes pastos”.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El sufrimiento no es en vano | Un mensaje clásico de Elizabeth Elliot - Nancy Leigh DeMoss

AGOSTO 19 – LECTURAS MATUTINAS

“Y estará y apacentará con fortaleza de Jehová”. Miqueas 5:4.

EL reino de Cristo en su Iglesia es el reino de un pastor-rey. Cristo es preeminente, pero su preeminencia es la de un pastor sabio y tierno para con su necesitado y amado rebaño. El ordena y es obedecido, pero esa obediencia es la obediencia espontánea que el rebaño bien cuidado rinde con gozo a su amado Pastor, cuya voz conoce muy bien. El gobierna por la fuerza del amor y por la energía de la bondad. Su reino es práctico en su carácter. Dice el texto que El “estará y apacentará”. La Gran Cabeza de la Iglesia está activamente ocupada en proveer a su pueblo; no se sienta ociosa sobre su trono, ni tiene un cetro que no se use para gobernar. No, él está y apacienta. La expresión “apacienta”, en el original, es análoga de otra en griego que significa “pastorear”, es decir: hacer todo lo que hace un pastor: guiar, vigilar, preservar, restaurar, cuidar y alimentar. Su reino es continuo en su duración. Se dice que él “estará y apacentará”; no: “él apacentará de vez en cuando, y después dejará de hacerlo”. Tampoco dice: “Un día concederá un gran avivamiento y al siguiente día dejará a su Iglesia en la esterilidad”. Sus ojos nunca dormitan y sus manos nunca descansan; su corazón nunca cesa de latir de amor y sus hombros nunca se cansan de llevar las cargas de su pueblo. Su reino es, en su acción, eficazmente poderoso. Dice: “Apacentará con fortaleza de Jehová”. Doquiera esté Cristo, allí está Dios; y lo que Cristo hace es obra del Altísimo. ¡Oh!, cuán placentero es considerar que el que está hoy representando los intereses de su pueblo es verdadero Dios de verdadero Dios, ante quien se doblará toda rodilla. Somos felices los que pertenecemos a tal pastor, cuya humanidad se identifica con nosotros y cuya divinidad nos protege. Adorémoslo e inclinémonos delante de él como el pueblo de su dehesa.

Charles Haddon Spurgeon.