Versículo para hoy:

viernes, 3 de abril de 2020

Conozcan las naciones que no son sino hombres -



3 de abril - El reino invisible - Ray Stedman



No debemos leer nunca estos pasajes de Génesis sin preguntarnos lo que pretenden enseñarnos a nivel moral o espiritual. ¿Qué realidad interior se refleja en la habilidad de la atmósfera por suspender el agua por encima de la tierra? La clave se encuentra en lo que Dios llamó el firmamento: los cielos. Estaban las aguas en los cielos y las aguas en la tierra. El agua se usa con mucha frecuencia en las Escrituras como un símbolo de vida. En el libro de Apocalipsis, se le dijo a Juan que la gran ramera que vio sentada sobre las aguas era una imagen de la falsa iglesia y que las aguas eran personas, naciones y multitudes reunidas (17:15). Por lo tanto, las aguas mencionadas aquí en Génesis son una imagen de la vida humana.
Lo que Dios está intentando decir por medio de esta preciosa descripción simbólica es que hay una vida terrenal y una vida celestial y, además, que estamos rodeados por un reino espiritual invisible de la misma manera que existe una atmósfera invisible. Ese reino espiritual es tan real como cualquier cosa que podamos ver, probar o sentir. Y de ella, de la misma manera que la atmósfera que nos rodea, proceden las bendiciones que hacen que la vida humana sea feliz e incluso posible, con bendiciones como puedan ser el gozo, el amor, la paz, la esperanza, la confianza y el poder. Sin ese reino espiritual invisible, la vida humana sería una mera vida animal y carecería de todas las otras cualidades que hacen que valga la pena vivirla.
Es más, de la misma manera que cae la lluvia sobre justos y pecadores por igual, también estas bendiciones las disfrutan por igual los buenos y los malos por toda la tierra. Pablo nos recuerda que estos bienes proceden de Dios para beneficio tanto de los justos como de los injustos, a fin de llevar a las personas al arrepentimiento (Romanos 2:4) para que se detengan y piensen: “¿De dónde procede esto? ¿Por qué se nos concede la habilidad de amar y de compartir el compañerismo con otros?” El apóstol nos dice que todas estas bendiciones proceden del corazón amoroso de un Padre que las derrama incluso sobre aquellos que se resisten a Su voluntad. Él ama y bendice a la humanidad a lo largo de esta vida para que nosotros cambiemos nuestra manera de pensar acerca de nosotros mismos y de Dios, para que recordemos de dónde proceden estas bendiciones y para que abramos nuestros corazones a la influencia del reino de la gracia de Dios. Estas bendiciones se convierten en menos para los que no creen al continuar la vida por causa de la resistencia de estas personas a la gracia de Dios, pero para el creyente son cada vez más abundantes, poniéndose de manifiesto en la vida que reconoce el ambiente espiritual que nos rodea.
Además, de la misma manera que las aguas sobre la tierra son invisiblemente llevadas hacia arriba y desaparecen en el océano que se encuentra en las alturas, el espíritu humano, al llegar al final de su recorrido, desaparece de una manera invisible de la tierra, para bien o para mal, dependiendo de la actitud mostrada en la vida hacia la gracia redentora de Jesucristo. Todo esto ha quedado simbolizado de una manera preciosa en la creación del firmamento y en el funcionamiento de la atmósfera en su manifestación física. Todo ello ha sido diseñado para enseñarnos que hay una vida venidera aparte de la que tenemos actualmente.
Señor, me doy cuenta de que solo veo en parte con mis ojos humanos. Abre los ojos de mi corazón para que pueda ver las realidades espirituales que gobiernan nuestra existencia.



Aplicación a la vida

El relato de la creación del Génesis tiene como propósito abrirnos los ojos a algo mucho más importante que lo visible. ¿Cuál es la doble realidad que gobierna nuestra existencia presente y futura?



jueves, 2 de abril de 2020

Calle Fulton - Nancy DeMoss Wolgemuth



2 de abril - De las tinieblas - Ray Stedman



El actual día de veinticuatro horas de duración, que se produce de manera repetitiva, es un microcosmos simbólico de edades pasadas. Si es ese el caso, no encontramos en el Génesis 1 días de veinticuatro horas de duración, sino más bien un periodo indefinido de tiempo mucho más descriptivo del que se conoce como edad o época de tiempo. Pero cada uno de ellos debe caracterizarse por la tarde y la mañana. Fíjese usted en este orden, ya que la tarde es lo primero que se menciona. Nosotros los occidentales, con nuestra tendencia a hacer concesiones, hemos dividido el día de manera que parece como un emparedado, comenzando con un periodo de oscuridad, seguido de un periodo de luz entre medias y finalmente otro periodo de oscuridad. Empezamos nuestro día a la media noche. Pero en el mundo oriental, el día empieza al ponerse el sol, de tal manera que cada día empieza con el atardecer y termina con un periodo de luz. Esto coincide con esta revelación sobre la manera que obra Dios. Poco importa que se trate de un día de la humanidad sobre la tierra, una era de tiempo o que se trate de un periodo de veinticuatro horas, cada uno de ellos empieza con un período de oscuridad y después un período de luz. Como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 15: “Pero lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (v. 46). Ese es el orden invariable.
¿Qué significado tiene esto para nosotros como cristianos? ¿No podemos nosotros seguirle la pista a este cumplimiento en nuestra propia experiencia? ¿No empezamos todos nuestra vida en la oscuridad, en el poder de la muerte y la oscuridad? Por medio de la gloriosa redención de la cruz de Jesucristo hemos pasado a un periodo de luz que es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18); hemos llegado a un período de crecimiento y de una luz que cada vez se extiende más. Usted puede ver este orden en la obra del Señor Jesucristo mismo. Hubo la oscuridad de la crucifixión, que pasó al poco tiempo para convertirse en la gloriosa mañana de la resurrección cuando Él apareció en la gloria de un nuevo día y una nueva vida. Las Escrituras dejan además perfectamente claro que si no hemos pasado nunca por la oscuridad con Él, no podemos esperar que haya una mañana. Pero no debemos de vivir constantemente en la oscuridad. El testimonio de las Escrituras es que aquellos que se aferran a la oscuridad o tinieblas, que se niegan a dejarse llevar a la luz al final se convierten en lo que describe Judas: “estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (v. 13b).
Padre de las luces, te doy gracias que de las tinieblas produces luz y que has traído esta luz a formar parte de mi propia experiencia por medio de la fe en Jesucristo.



Aplicación a la vida

Hay tantos que todavía están ciegos y en total oscuridad, a pesar de que sienten y piensan sinceramente que ven con claridad. ¿Hemos personalmente tomado la mano de Jesús para que Él nos guíe a Su gloriosa vida?



miércoles, 1 de abril de 2020

El resultado de la honestidad - Nancy DeMoss Wolgemuth



1 de abril - En el principio - Ray Stedman



Cada uno de nosotros empezamos la vida siendo bebés, no siendo conscientes de lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor o de cómo era el mundo. Pero al ir haciéndonos mayores, comenzamos a fijarnos en el mundo, en el cielo, el mar, los vientos, los pájaros, las flores, los animales, los árboles y toda la vida a nuestro alrededor. Al ser conscientes del mundo, nos hicimos inevitablemente algunas preguntas acerca de él. Esas preguntas han sido contestadas para nosotros de manera breve aquí en las primeras palabras de Génesis.
¿Cuáles son las preguntas? Primero nos preguntamos a nosotros mismos: “¿Qué es todo esto?” Llevados por una curiosidad insaciable, los humanos han intentado contestar a la pregunta desde que aparecieron en la tierra. Intentan explorar el universo y el mundo en el que viven.
En segundo lugar preguntamos: “¿Cómo empezó?” Esta pregunta es el énfasis de la ciencia. Después preguntamos: “¿Cuándo comenzó todo? ¿Cuánto tiempo lleva el mundo de esta manera?” Finalmente, nos encontramos ante la gran pregunta filosófica: “¿Quién se halla tras él? ¿Quién se encuentra oculto tras estos extraños y asombrosos procesos?” Estas preguntas reciben contestación en este versículo y por lo tanto sirve como una tremenda introducción a los grandes temas de la Biblia.
Piense usted en la primera pregunta, en la que resulta más evidente para nosotros: la maravilla del universo mismo. “En el principio”, leemos, “creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Alguien ha dicho que esta frase es el principio de la verdadera ciencia, porque una parte fundamental de la labor de la ciencia es observar y clasificar todo lo que se puede observar en la composición del mundo de la naturaleza. Este es un primer esfuerzo por clasificar. ¿Qué ve usted a su alrededor? Usted ve dos grandes clases de cosas: los cielos y la tierra.
Una de las maravillas de la Biblia es que usa un lenguaje que se comunica con personas de lo más primitivas, que tienen un conocimiento limitado, pero al mismo tiempo sigue teniendo significado y un sentido inagotable para los más eruditos e instruidos. Se dirige por igual a toda clase de personas en la humanidad, de modo que esa es la belleza del lenguaje de la Biblia.
La Biblia evita lo terriblemente ridículo de algunos de los primeros mitos acerca de la creación que se encuentran en otras religiones. Fue la Biblia la que primeramente dijo que el número de las estrellas es algo por encima de cualquier cómputo, declarando que Dios “extendió los cielos” (Isaías 51:13) a lo largo de la expansión sin límites, que no puede ser jamás medida y que está llena de estrellas que son tan numerosas como la arena de las orillas del mar (Génesis 22:17). La ciencia moderna ha establecido ahora que esto es verdad.
Es también la Biblia la que dice que la tierra se encuentra suspendida sobre nada (Job 26:7). Describe de esta manera poética la fuerza misteriosa de la gravedad que nadie ha podido jamás entender. Fue la Biblia la que dijo que “lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3), precediendo de esta manera por muchos siglos los descubrimientos de la ciencia que finalmente reconoció que toda la materia está compuesta por energía invisible y que la materia y la energía son intercambiables.
Señor, te alabo como el Creador y el que sustenta todas las cosas. Desde el comienzo mismo de los tiempos Tú no has cambiado, y yo me siento agradecido conociéndote como Él que ha hecho todas las cosas.



Aplicación a la vida

El propósito de la Biblia no es decirnos cómo van los cielos, sino más bien cómo ir al cielo. ¿Qué es lo que resulta tan hermoso respecto al lenguaje de la Biblia que hace que lo abarque todo?



martes, 31 de marzo de 2020

No se aceptan actrices - Nancy DeMoss Wolgemuth



31 de marzo - La oración significante - Ray Stedman




Existe una poderosa relación entre ponerse toda la armadura de Dios y orar. Estas dos cosas deben de ir juntas; de hecho, la una se produce como resultado de la otra. No basta con ponerse la armadura de Dios; es preciso que además ore usted. Pero tampoco basta con orar, sino que es necesario que se ponga usted la armadura de Dios. Es imposible separar estos dos conceptos. El ponerse la armadura es esencialmente algo que se hace en relación con la esfera de sus pensamientos. Es ajustar su actitud y su corazón a la realidad, a las cosas tal y como son. Es pensar y examinar a fondo las implicaciones del hecho que pone de manifiesto la revelación. Esto es siempre algo que es necesario hacer al intentar enfrentarnos con la vida.
El apóstol no invierte esto, diciendo: “Primero ore usted y a continuación póngase la armadura de Dios”. Eso es lo que intentamos hacer, y es por eso que nuestra vida de oración es tan débil, tan impotente. Existe una gran ayuda práctica aquí si seguimos con todo cuidado el orden diseñado en las Escrituras. Creo que la mayoría de los cristianos confesarían que no se sienten satisfechos con su vida de oración. Sienten que es inadecuada y tal vez no tan frecuente como debiera ser. A veces nos debatimos, intentando mejorar la calidad así como la cantidad de nuestra vida de oración. Algunas veces adoptamos horarios que intentamos mantener o largas listas de nombres, proyectos y lugares que intentamos recordar en oración. En otras palabras, empezamos con el hacer, pero cuando hacemos esto estamos empezando por el lugar equivocado. Donde debemos de empezar no es haciendo, sino pensando.
La oración sigue al ponerse la armadura de Dios. Es el resultado natural y normal. No estoy sugiriendo que no haya lugar para la disciplina cristiana; claro que lo hay. No estoy sugiriendo que no vayamos a necesitar hacer uso de nuestra voluntad, ponerla en acción y seguirla en su totalidad. Por supuesto que existe esta necesidad, pero el lugar en el que debiera estar la disciplina no es en orar primero, sino en “ponernos la armadura de Dios”. Primero, piense usted atentamente en las implicaciones de nuestra fe, y a continuación la oración fluirá de una manera natural con mucha más facilidad. Cuando aparece en este orden, es una oración meditada, una oración que tiene un propósito y significado.
Este es el problema con una gran parte de la manera de orar que tenemos hoy. Es menos profunda, un tanto superficial. A veces nuestras oraciones apenas si son algo más sencillo que las oraciones infantiles: “Ahora me acuesto a dormir. Te pido Señor que guardes mi alma”. ¿Qué es lo que se necesita? La oración debe de ser el resultado de las cosas en las que pensamos muy en serio y de las implicaciones de la fe. Esto añade profundidad, sentido y significado a la misma. Así que la oración debe ser directa y con un propósito.
Si examina usted todo el contenido de las enseñanzas de la Biblia sobre este gran tema de la oración, descubrirá que bajo toda la presentación bíblica se encuentra la idea de que la oración es tener una conversación con Dios. Lo que el apóstol está diciendo es: “Después de que se haya puesto usted la armadura de Dios, después de que haya usted pensado a fondo acerca de las implicaciones de su fe de las diferentes maneras que hemos sugerido con anterioridad, entonces háblele a Dios. Dígaselo todo, háblele de sus reacciones, dígale cómo se siente, describa la relación con la vida que le rodea y pídale a Él lo que necesite”.
Perdóname por la manera en que he visto la oración como si fuese algo insignificante y opcional. Ayúdame a tomarla en serio y a darme cuenta que has hecho de ella mi punto de contacto contigo. Enséñame a orar.



Aplicación a la vida

¿Tenemos que estar esforzándonos para orar, o sentimos que oramos de manera poco frecuente o inadecuada, o nos damos cuenta de que nuestras oraciones son realmente superficiales? ¿Cómo podemos hablar con Dios de una manera real y significante?



lunes, 30 de marzo de 2020

Sin secretos - Nancy DeMoss Wolgemuth



30 de marzo - La espada del espíritu - Ray Stedman



En este versículo, “la palabra de Dios” no se refiere a la Biblia completa. Hay dos palabras que se usan en las Escrituras para “la palabra de Dios”. Una es la palabra familiar logos, que se usa en el primer versículo del evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo (Logos), el Verbo (Logos) estaba con Dios y el Verbo (Logos) era Dios (Juan 1:1). Después tenemos otra palabra,rhema, que es diferente en su significado. Logos se refiere a todo lo que Dios ha declarado, la declaración total de lo que ha dicho Dios. Rhema se refiere a un dicho concreto de Dios, a un pasaje o un versículo que tiene una aplicación especial a una situación inmediata; para usar un término moderno, es la palabra de Dios aplicada a la experiencia, a nuestra existencia.
Rhema es la palabra que se usa aquí. La “espada del Espíritu” es el dicho de Dios aplicado a una situación concreta. Esta es la gran arma puesta en las manos del creyente. Tal vez todos nosotros hemos tenido cierta experiencia en lo que se refiere a esto. Todos hemos leído pasajes de las Escrituras en los que de repente las palabras dan la impresión de cobrar vida, como si tuviesen carne y huesos, como si saltasen de la página a nosotros o como si les saliesen ojos que nos siguiesen por todas partes que fuésemos. Tal vez hayamos experimentado esto en algún momento de tentación o de duda, al vernos asaltados por lo que Pablo llama “los dardos de fuego del maligno” (v. 16). Pero ha sido contestado de inmediato por un pasaje de las Escrituras que nos vino a la mente, algo en lo que no habíamos pensado ni mucho menos, pero que suplió la respuesta que necesitábamos. Es por ello que a esto se le llama “la espada del Espíritu”, debido a que no sólo es algo originado por Él como el autor de la Palabra, sino que es el Espíritu el que hace que nuestra mente se acuerde de ello y hace que sea poderoso en nuestras vidas. Es Su respuesta al ataque del demonio, que viene a desanimarnos, a derrotarnos, a atraernos, a engañarnos o a seducirnos de alguna otra manera.
Pensando acerca de cosas que han sucedido en mi vida en el pasado, soy consciente de muchas veces en las que esta espada del Espíritu me ha salvado de error y del engaño de una manera u otra. Siendo yo un cristiano joven, me sentí muchas veces detenido a punto de desobedecer, cuando alguna tentación me pareció muy lógica, tan ampliamente practicada que me sentí atraído por ella. Con frecuencia me detuve, gracias a una palabra que había memorizado siendo un cristiano joven y que me ha sido recordada en muchas ocasiones desde entonces. Se encuentra en el libro de Proverbios: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).
Cuanto más nos expongamos a las Escrituras, tanto más el Espíritu puede usar esta poderosa espada en nuestras vidas. Si usted nunca lee o estudia la Biblia, está usted enormemente expuesto a la derrota y a la desesperación. No tiene usted defensa alguna; no tiene nada que utilizar en contra de estas fuerzas que están obrando. Por lo tanto, lea usted su Biblia con regularidad. El cristiano que es negligente en lo que se refiere a la lectura de las Escrituras está siendo desobediente a la voluntad del Señor. ¿Y cuál es la responsabilidad del cristiano cuando el Espíritu coloca una de estas palabras en su mente en alguna ocasión apropiada? El apóstol dice: “¡Tómala! ¡Préstele atención! ¡Obedézcala! No la rechace usted; tómesela en serio. El Espíritu de Dios la ha traído a su mente con algún propósito y, por lo tanto, préstele usted atención y obedézcala”.
Padre, qué significado tan práctico tiene conocer Tu Palabra. Ayúdame a tomarla en serio y a usar esta gran armadura que me ha sido dada en Cristo.



Aplicación a la vida

¿Cuál es el significado práctico y urgente de conocer la Palabra de Dios? ¿Cuál es la metáfora que usa el Apóstol Pablo para enfatizar su poder al vernos envueltos en una lucha espiritual?



29 de marzo - La armadura de justicia - Ray Stedman



Cristo es la base de nuestra justicia ante Dios, su aceptación ante Él. Si tiene usted puesta “esa armadura”, puede estar seguro de que su corazón y sus emociones están protegidas de modo adecuado en contra del ataque. Este es posiblemente el aspecto más frecuente de ataque en contra de la fe cristiana. Con frecuencia los cristianos sienten que no están seguros y que no son dignos a los ojos de Dios. Sienten que son un fracaso en lo que se refiere a la vida cristiana y que con toda seguridad Dios les va a rechazar y que ya no está interesado en ellos. Son muy conscientes de sus fracasos y de sus defectos, de modo que el crecimiento ha sido muy lento. Han perdido el primer gozo de la fe, de manera que sienten que Dios está enojado con ellos o que se encuentra en algún lugar alejado. Tienen un constante sentimiento de culpa. Su conciencia les está constantemente atacando, haciendo que se sientan desgraciados y sienten que Dios les está culpando. Esto es sencillamente un ataque satánico.
¿Cómo reacciona usted ante un ataque como este? Debe usted recordar que se ha puesto usted la armadura de justicia. En otras palabras, usted no depende de sus propios méritos ni dependió jamás de ellos. Usted no tuvo nunca nada en sí mismo, nada de valor que ofrecerle a Dios. Usted renunció a todo eso cuando vino a Cristo y dejó usted de intentar ser suficientemente bueno como para complacer a Dios. Usted vino gracias a Sus méritos, basándose en la justicia que le ha sido atribuida a Él, lo que Él le da a usted. Así fue como comenzó usted su vida cristiana, y ahora no hay cambio alguno. Usted se encuentra ante Dios sobre esta base.
Pablo mismo usó esta armadura de justicia cuando se encontró bajo presión de modo que se sintió desanimado y derrotado. Aquí tenemos a un hombre que era pequeño de estatura y su aspecto personal no impresionaba a nadie. Sus antecedentes eran los de una persona anticristiana, cosa de lo que no pudo nunca olvidarse completamente. Había sido el más hostil y brutal perseguidor de la iglesia que jamás había existido. Debió de encontrarse continuamente con familias a cuyos seres amados había matado. Muchas personas le recordaban con frecuencia que él no era uno de los doce apóstoles originales, que su llamamiento resultaba sospechoso, que tal vez no era un apóstol ni mucho menos.
¡Qué motivo por el que desanimarse! Qué fácil le habría resultado decirse a sí mismo: “¿De qué sirve? Estoy trabajando hasta el agotamiento, haciendo tiendas de campaña e intentando predicar el evangelio a estas personas, y veo las bendiciones que Dios les ha concedido, pero a ellos no les importa. No hacen más que recriminarme, así que ¿por qué seguir intentándolo?” Pero no es eso lo que hace Pablo. En lugar de ello dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano” (1 Corintios 15:10a). Vemos aquí que está haciendo uso de la armadura de justicia. “No me importa”, dice, “lo que he sido; no defiendo lo que soy. Sencillamente les digo que, por la gracia de Dios soy lo que soy. Lo que soy es aquello en lo que Cristo me ha convertido, y no me apoyo en mi propia justicia, sino en la Suya. Soy aceptado por gracia y mi situación personal no hace ninguna diferencia.” De modo que no había lugar para el desánimo en su corazón.
Padre, permite que estas palabras se apliquen a mí justo en el lugar en el que me encuentro, en medio del conflicto en que me veo envuelto. Eleva mi corazón haciendo que tenga conciencia de que Cristo es mi justicia.



Aplicación a la vida

¿Estamos todavía intentando ser buenos a fin de complacer a Dios? ¿Nos hemos encontrado con nuestros defectos y la culpa que sentimos como resultado de ellos? ¿Cómo podemos evitar constantemente que suceda esto?



sábado, 28 de marzo de 2020

28 de marzo - La lucha - Ray Stedman



Nuestra experiencia confirma la sugerencia de este pasaje según el cual la vida es básicamente una lucha. La vida no se ajusta nunca al idealismo color de rosa de nuestros sueños o al romanticismo de nuestras canciones. La explicación de esta lucha es mucho más profunda de lo que normalmente pensamos que es. El punto de vista común respecto a nuestra lucha es que participamos en un conflicto en contra de la carne y la sangre, en contra de otros hombres y mujeres. Pero Pablo nos dice que la lucha no es contra carne ni sangre, sino que es algo mucho más profundo que eso. El problema básico es que esto es una batalla entre el reino de Dios y el reino de Satanás y que las personas mismas somos el campo de batalla. La batalla no es solo visible en las guerras, en las revoluciones y en las olas de crímenes que llenan nuestros periódicos, sino que resulta además visible en las tensiones internas y en los temores en las vidas individuales, en los problemas neuróticos y en las enfermedades mentales que nos afligen en la actualidad, en las peleas en el seno de la familia y en las luchas en la iglesia. Se encuentra incluso visible en la naturaleza, donde toda la vida compite en una lucha despiadada y mortal por sobrevivir.
Toda la raza humana ha caído bajo el control de las fuerzas satánicas, acerca de las cuales Pablo habla, diciendo: “contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo” (6:12), que es una frase de lo más significativa. La imagen de la Biblia de principio a fin es que todos los seres humanos sin Cristo, sin excepción, por muy listos o educados o por mucha cultura que tengan, son víctimas impotentes ante el control satánico. Bajo el control de las fuerzas satánicas los seres humanos se sienten incómodos y desgraciados, pero al mismo tiempo incapaces de escapar haciendo uso de ninguna forma de sabiduría o poder propio.
Pero las buenas nuevas son que algunos han quedado libres por medio de la venida de ese “más fuerte” que es Jesús mismo, que vino como nos dice Juan: “para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). La liberación la obtenemos por medio de Él. Gracias al asombroso misterio de la cruz y de la resurrección, Jesús ha derrotado el poder y la esclavitud de Satanás sobre las vidas humanas. Aquellos que reciben individualmente y que reconocen esto son libres para llevar una vida en la libertad de los hijos de Dios.
No son libres para vivir para sí mismos, sino que son libres para luchar. Han sido puestos en libertad para participar en la batalla, que es el llamamiento que reciben todos los cristianos, ya que no hemos sido hechos libres para que podamos pasarlo bien. Hemos sido liberados a fin de poder participar en la batalla, para vencer en nuestras vidas y para convertirnos en el canal por medio del cual otras personas son puestas en libertad. ¿Cómo puede usted hacer esto? La respuesta de Pablo se resume en una sola frase: “Vestíos de toda la armadura de Dios”. Tenemos a nuestro alcance toda una provisión para que podamos ganar en esta batalla. Esta es la cosa tan asombrosa que debemos aprender. Dios ha hecho una provisión total para que nosotros luchemos en contra de estas fuerzas que tienen al mundo entero bajo su control.
Padre, arranca los velos engañosos que he permitido que me hagan impotente en esta gran batalla. Ayúdame a entender que yo no tendría ninguna posibilidad de luchar si no fuese por la obra de liberación del Señor Jesús, que ha venido para atar el poder de las tinieblas.



Aplicación a la vida

¿Por qué no se ajusta la vida a nuestro idealismo y romanticismo color de rosa? ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la lucha humana? ¿Cómo podemos enfrentarnos con la vida con confianza y con libertad?



viernes, 27 de marzo de 2020

La oración humilde - Nancy DeMoss Wolgemuth



27 de marzo - Llevar a Cristo al trabajo - Ray Stedman



En varias ocasiones se expresa esta idea, la de no hacer nunca las cosas por amor a los hombres, vosotros los cristianos, sino sólo para Dios. Usted puede trabajar bajo la dirección de una persona, pero no olvide que está haciendo las cosas para el Señor, que su labor diaria es el trabajo que Él le ha dado para que lo haga y, por lo tanto, debe hacerlo para Él. ¡Qué gloria tan maravillosa tiene que ver con cada cosa que hacemos! Si enfoca usted su trabajo de esta manera, no tendrá nunca un solo día aburrido. No se sentirá terriblemente aburrido con la rutina y la monotonía de lo que tiene que hacer si reconoce que lo está haciendo teniendo en cuenta que el Señor le está viendo a usted y que un día quedará a la vista y claramente entre todos si lo hizo usted como para el Señor o como para los hombres. ¿Cuáles son las señales de fracaso en hacer esto?
La primera señal es lo que podríamos expresar como el servicio a la vista, que quiere decir hacer el trabajo sólo cuando nos está viendo el jefe y, cuando éste no se encuentra presente para observarnos, dejamos de trabajar. Hace algunos años leí un relato sobre un capataz y algunos trabajadores que trabajaban a sus órdenes. Descubrió que sus trabajadores estaban afligidos con esta enfermedad de hacer el trabajo como servicio ante los que les observaban, es decir que sólo trabajaban cuando alguien les estaba viendo. Pero este capataz en particular era el orgulloso poseedor de un ojo de cristal y descubrió que podía sacarse el ojo de su cuenca, colocándolo sobre un tocón donde pudiese “observar” a los hombres, a fin de que continuasen haciendo su trabajo, tanto si él estaba presente como si no. Pero un día regresó y se los encontró a todos sin hacer nada. Había colocado el ojo en un tocón, pero uno de los hombres había encontrado una manera de escabullirse, colocándose detrás del ojo, tapándolo con su sombrero para que ya no pudiese “verlos”. Esta es una actitud que se encuentra ampliamente difundida en la actualidad en nuestra sociedad, la idea de trabajar sólo cuando el jefe está observando. Si es usted cristiano, esto está prohibido si quiere ser fiel a nuestro Señor. Recuerde que el ojo que le está observando no es un ojo humano.
La segunda señal de fracaso en este sentido es la que tiene que ver con complacer a los hombres. Fíjese usted en la manera en que el apóstol describe claramente las actitudes con las que se encontró con tanta frecuencia en esta relación del labor con el capital. ¿Qué es lo que se hace por complacer a los hombres? Es alabar al jefe de una manera falsa, adularlo o seguir  una política de oficina. Esto pone de manifiesto un corazón doble y la falta de un ojo único. Es decir, revela que intentamos llevarnos bien haciendo que otras personas se sientan felices, pero haciendo caso omiso a lo que Dios piensa, que son señales de fracaso.
Los cristianos hemos sido llamados a alejarnos de estas cosas. No debemos participar en esta clase de actividades si queremos ser fieles al Señor, ya que no logramos nada si lo hacemos. A pesar de que puede dar la impresión de que vamos a conseguir algo, al final no es así. Los cristianos somos salvos de todo esto si recordamos que lo que hacemos es la voluntad de Dios. Pablo dice que debemos obedecer a nuestros jefes terrenales con singularidad de corazón: “de corazón haciendo la voluntad de Dios”. ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¡Su trabajo! El trabajo que está usted haciendo, con sus compañeros de trabajo, bajo las actuales circunstancias y condiciones en las que tiene que realizar su trabajo, que es lo que Dios ha escogido para usted; esa es la voluntad de Dios.
Padre, yo vivo ante Ti. No hay ningún aspecto de mi vida que no se encuentre bajo Tu vista y Tu juicio. Concédeme que pueda corregir lo que esté mal en mi propio trabajo a la luz de esta palabra.



Aplicación a la vida

Nuestra ética en el lugar de trabajo es digna de alabanza cuando nos apropiamos del poder de Su presencia. ¿Tenemos nosotros tendencia a realizar enormes esfuerzos en la vida y en el trabajo para complacer a otros, pero hacemos caso omiso de Él?



jueves, 26 de marzo de 2020

El quebrantamiento trae bendición - Nancy DeMoss Wolgemuth



26 de marzo - Los padres y los hijos - Ray Stedman



Como es natural cuando hablamos acerca de los padres, esto incluye tanto a la madre como al padre. Es cierto, sin embargo, que el énfasis recae más sobre el padre, porque él es responsable de aquello en lo que se convertirán sus hijos. Esto es algo muy serio, ¿verdad, padres? La madre podrá hacer cumplir una política, pero forma parte de la labor del padre asegurarse de que sus hijos sean educados como es debido. No hay nada que más deshonre al espíritu del cristianismo que la actitud que adoptan muchos padres: “Yo soy el responsable de ganarme el sueldo, y la labor de ella es criar a los hijos”. ¡No es así en la Palabra de Dios! En la Biblia, la responsabilidad definitiva de aquello en lo que se convierte el hogar es del padre, por lo que esta palabra está dirigida a los padres.
Es así como el padre se somete a sus hijos, evitando a propósito aquellas cosas que hacen que los hijos se rebelen. “No provoquéis a ira a vuestros hijos”. La palabra que se usa aquí significa “la ira que da como resultado la rebelión”. “Padres, no provoquéis a vuestros hijos de manera que pierdan totalmente el control y se pongan decididamente en contra de la autoridad”.
Hay dos cosas que provocan la rebelión en los hijos: la indulgencia y la dureza. Estas dos cosas son el aspecto negativo de las dos cosas que representan lo que debe de hacer el padre: “Criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Las dos cosas contrarias a estas son la indulgencia y la dureza.
La falta de disciplina hará que el niño se sienta inseguro, desgraciado y que se vuelva egoísta. Esto es lo que llamamos “un niño consentido”, es decir, aquellos hijos que se crían intentando salirse siempre con la suya en todo y que se convierten en tiranos, sin importarles para nada los sentimientos de los demás. Esto es el resultado de la indulgencia por parte de los padres que permiten que sus hijos tomen decisiones que ningún niño está capacitado para tomar. Es preciso que los padres aprendan que son ellos los que tienen que tomar las decisiones por sus hijos durante bastantes años en la vida, enseñándoles gradualmente a tomar decisiones cuando están capacitados para hacerlo. Durante los primeros años de la infancia los padres tienen que tomar prácticamente todas las decisiones. Una de las cosas más terriblemente trágicas acerca de la vida actual es el grado en el que muchos padres permiten que sus hijos tomen decisiones que son incapaces de tomar.
El otro extremo que hace que un hijo se rebele es la dureza, la imposición de una disciplina rigurosa y exigente que no va nunca acompañada del amor o de la comprensión. La disciplina rígida, estilo militar, es la que dice: “Haz esto o lo otro o lo de más allá”, algo que hará que el hijo inevitablemente se rebele al llegar a la adolescencia.
En oposición a esto el apóstol habla acerca de dos cosas: la disciplina y la amonestación (la exhortación) en el Señor. La palabra para disciplina significa “poner en mente” al Señor, que es instruir y hacer que el hijo siempre tenga en cuenta al Señor. Al ir creciendo el niño, la disciplina física debe de ser reemplazada por la exhortación, por la comprensión, ayudándolo a comprender cuáles son los motivos tras las restricciones, mostrando siempre interés y amor. Esto no significa el relajar totalmente los límites, sino que se refiere a una manera diferente de hacer que se cumplan.
Padre, te doy gracias porque Tú puedes cambiar las equivocaciones que he cometido como padre en oportunidades para el progreso en las vidas de mis hijos, así como en mi propia vida.



Aplicación a la vida

¿Somos nosotros, como padres, capaces de ver y de reconocer los dos comportamientos corrientes que causan la rebeldía en nuestros hijos? ¿Qué instrucción y enseñanza nos da nuestro Padre?