Versículo para hoy:
lunes, 20 de enero de 2020
20 de enero - No será así entre vosotros - Ray Stedman
Jesús ve la cruz que le está esperando. Santiago y Juan ven tronos esperándoles. ¿Y qué ven los otros diez? ¡Ven a Santiago y a Juan! Se sienten furiosos y muy molestos con ellos. ¿Por qué? Porque ellos fueron los primeros en llegar a Jesús y evidentemente querían las mismas cosas que querían Santiago y Juan, y estaban furiosos solo porque Santiago y Juan se les habían adelantado en llegar. Esta es con frecuencia la explicación de nuestra ira, ¿verdad? Con frecuencia nos enfadamos porque alguien ha pensado en ello antes de que lo hiciésemos nosotros.
Pero fíjese usted como Jesús deja de lado todo este politiqueo y los esfuerzos de ellos pidiendo privilegios especiales. Es así como funciona el mundo, pero no ha de ser parte del reino de Dios. En el reino, en la iglesia por así decirlo, no debe de haber discusiones y esfuerzos por ocupar puestos de honor. Pablo destaca esto de una manera maravillosa en el desarrollo del cuerpo de Cristo en 1 Corintios 12, donde dice que porque tenemos dones que nos han sido dados a nosotros por el Señor Jesús y un ministerio abierto por el Padre celestial, no tenemos necesidad de estar compitiendo con nadie.
Esto es lo que el Señor quiere explicar a Sus discípulos, de manera que les reúne y les dice pacientemente: “Sentaos, muchachos; hay algo que quiero deciros. Habéis mirado a los gentiles. ¿Os habéis fijado en que cuando ellos ejercen la autoridad es siempre sobre alguna otra persona? Miden su poder por el número de personas que tienen bajo ellos, que es la señal de su autoridad”. Eso es algo que sigue siendo verdad hoy. Así es como hacen las cosas las personas, como juzgan el éxito que tienen, y aunque esto produce toda clase de rivalidades, de competición, toda clase de trucos, politiqueo, de disimulos, de maniobras y manipulaciones, intentando socavar a los demás, con todo y con eso no podemos culpar a las personas por hacerlo, porque eso es todo lo que saben.
La clave se encuentra en estas palabras: “No será así entre vosotros”. La iglesia no debe ser establecida como una jerarquía de poder. No hay un orden de mando establecido en la iglesia de Jesucristo. Jesús ya le había dicho a estos discípulos: “Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8). Cada uno de los apóstoles anda con cuidado para recordarnos el peligro de mandar sobre otra persona, los problemas que surgen cuando los que ocupan puestos de autoridad creen que tienen derecho a decirles a otros lo que deben de hacer o cómo deben de comportarse o qué deben pensar o cómo actuar, creyendo que tienen el derecho a tomar decisiones que otros deben de seguir. Eso no es cierto en la iglesia. Pablo se anda con cuidado diciendo a los corintios: “No que nos enseñoreemos de vuestra fe” (2 Corintios 1:24a). Esto es: “Podéis hacer lo que queráis. Vosotros estáis ante Dios y sois responsables ante Él, no ante mí”. Pero al mismo tiempo es fiel en decirles lo que ellos necesitan hacer y les advierte de los resultados con los que se pueden encontrar si no quieren hacerlo. Pero nadie debe de verse jamás condenado a hacer algo por medio de otra persona en la iglesia. El Señor es el único que manda.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿De qué manera los principios del liderazgo que enseñó Jesús capacitaron a Sus discípulos para vivir en contra de la cultura? ¿Cómo se enfrenta un auténtico seguidor con las luchas de poder políticas y personales? |
domingo, 19 de enero de 2020
19 de enero - El peligro de los excesivamente privilegiados - Ray Stedman
Esta es una afirmación asombrosa que hace Jesús. En ella destaca el terrible peligro de la afluencia. Esto, dice Él, hace cosas horribles al alma. La mayoría de nosotros, si no abiertamente al menos en secreto, tenemos envidia a los ricos y desearíamos tener dinero. Y sin embargo, si realmente entendiésemos lo que está diciendo Jesús, no nos sentiríamos de esta manera, sino que tendríamos compasión por ellos. Creemos que tienen un privilegio excesivo, pero son personas despojadas. Han sido robadas por las cosas que tienen. De modo que Jesús enfatiza el terrible peligro de la riqueza. “Es imposible”, dice, “para un rico entrar en el reino de Dios”.
No restemos importancia a lo que Él dice aquí. Algunos comentaristas intentan explicar que el “ojo de la aguja” se refería a una pequeña puerta, de unos cuatro pies de altura, situada en la muralla de Jerusalén y que retorciéndose y meneándose el camello podía evidentemente entrar por ella. Yo no encuentro demasiada evidencia que apoye este punto de vista y creo más bien que Jesús se estaba refiriendo a una aguja en el sentido literal. Intente usted imaginarse a un enorme camello, con su joroba, intentando pasar apretadamente por el ojo de una aguja. Jesús les está diciendo: “Es imposible”.
¿Por qué es imposible? Está claro a juzgar por el contenido que las riquezas tienden a destruir las cualidades que debe tener usted para poder entrar en el reino de Dios. Destruye la sencillez en la vida, semejante a la de los niños. La afluencia crea una preocupación por los valores secundarios. Las personas ricas no se preocupan pensando de dónde vendrá su próxima comida, se preocupan por el gusto que tendrá. No les preocupa si están adorando a Dios correctamente, sino de poder estar en un edificio precioso. Las riquezas transfieren su preocupación de lo necesario a las cosas secundarias.
Es más, la afluencia destruye la capacidad para aprender, porque crea un sentido falso de poder y de autoridad. Los que tienen poder gracias a su dinero empiezan a sentir que ellos deberían de ser los maestros. ¡No necesitan aprender, porque ya lo saben todo! Esto hace que sean arrogantes, que se muestren indiferentes e insensibles a las necesidades de otros, haciendo que estén aislados y que tengan una falta de interés.
Finalmente, la afluencia gradualmente esclaviza a aquellos que están relacionados con ella. Crea una creciente dependencia de la comodidad, de “la buena vida”, hasta que las personas llegan a un punto en el que no pueden renunciar a estas cosas; sus posesiones se han apoderado de ellas. Como una droga que crea hábito, se vuelven adictas a las cosas, adictas a la comodidad y a la holgura. Por lo tanto, destruye el espíritu que se interesa, que está listo y dispuesto a seguir la verdad siempre que se revela.
Es por eso que Jesús dijo que es imposible para las personas, pero no para Dios. Esta es la nota de la gracia. Dios puede romper la esclavitud a las riquezas. ¿No es interesante que si una persona rica viene a Cristo, tiene que venir exactamente de la misma manera que el mendigo más pobre que no tiene donde vivir? Las personas ricas tienen que admitir su completa y total necesidad y venir como pecadores culpables, desgraciados y miserables, para recibir el don de la vida de manos de Jesús desde la cruz. No hay ninguna otra manera de venir.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Nos mantenemos nosotros alerta a los posibles efectos corrosivos de que nuestras posesiones se apoderen de nosotros? ¿Es nuestra actitud una actitud que demuestra que estamos dispuestos a renunciar a ellas y volver de nuevo a Sus manos? |
sábado, 18 de enero de 2020
18 de enero - El propósito del matrimonio - Ray Stedman
Hay muchísimas implicaciones en esta afirmación. Para empezar, reconocemos que elimina nociones como puedan ser “los matrimonios homosexuales”. No existe nada por el estilo. Estas tergiversaciones patéticas no son más que un comentario penetrante de las ideas torcidas y distorsionadas que prevalecen en la sociedad hoy. Para contraer matrimonio es preciso que esté formado por un hombre y una mujer, y así ha sido siempre desde el principio.
Pero lo que nuestro Señor deja claro es que esta relación es la relación más elevada posible en la vida y tiene prioridad sobre todas las demás. La relación incluso más cercana que la de la sangre es el matrimonio, en la mente y en el corazón de Dios. Es más cercana que la de los hijos que puedan tener. Es preciso que las personas se conviertan en maridos y esposas antes de que se conviertan en padres y madres. Esto indica una prioridad en las relaciones. El hombre está más cerca de su esposa, y ella lo está del marido de lo que jamás lo estarán de sus hijos. Aunque puede que nosotros no nos sintamos de esta manera, esta es la verdad.
¿Cuál es, pues, el propósito del matrimonio? Es convertirse en uno; para esto son los matrimonios. Dos personas que son dispares, personas distintas y diferentes, con diferentes personalidades, diferentes dones, fusionan y unen sus vidas de modo que por medio de este proceso se convierten en una sola carne, que es lo que significa el matrimonio. No es algo que sucede de manera instantánea cuando usted se casa. La ceremonia de enlace matrimonial no les convierte a ustedes en uno. El primer acto sexual después del matrimonio no les convierte en uno. Comienza el proceso, pero no lo acaba. Es preciso todo el tiempo de matrimonio para lograr esto, de manera que el matrimonio es el proceso de dos personas convirtiéndose en una.
Por lo tanto, el hombre y la mujer no deben de vivir juntos como compañeros de cuarto. El matrimonio no significa que cada uno sigue su camino por separado, teniendo sus diferentes carreras y sencillamente compartiendo una casa y una cama. Ni tienen por qué separarse por cada problema o dificultad que pueda surgir entre ellos; deben de solucionarlos. No están separados; deben decidir permanecer juntos, pasar el resto de sus vidas juntos, de forma que puedan unir sus vidas. Por lo tanto, dejan de ser rivales para convertirse en compañeros. De modo que un matrimonio que tiene éxito no es uno exento de problemas; es aquel en el que se resuelven los problemas, donde el marido y la mujer no se separan, sino que permanecen unidos, enfrentándose con sus problemas, descubriendo la dureza de corazón que existe y aprendiendo de qué manera puede Dios ablandarla. En otras palabras, es un proceso, no una sola producción. Es un peregrinaje, no una representación de seis semanas de duración. La intención es que sea una representación pública, no una situación privada. Es un contrato de por vida, no una franquicia que se puede negociar de nuevo, como muchos creen hoy.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Ha corrompido la percepción cultural del matrimonio nuestra concepción del plan de Dios para esta relación de fundamento? ¿De qué modo la manera errónea de participar en el matrimonio va en contra de la intención de Dios? |
viernes, 17 de enero de 2020
17 de enero - ¿Quién es el más grande? - Ray Stedman
Es evidente que nuestro Señor sabía de lo que habían estado hablando estos discípulos. Así que cuando llegan a la casa en Capernaum les pregunta: “¿Qué discutíais por el camino?”, una pregunta sencilla y normal, pero se encuentra con un silencio desconcertante porque ellos habían estado discutiendo quién era el mayor entre ellos. Por algún motivo eso no sonaba justo en la presencia de Jesús. Sería maravilloso si nosotros siempre fuésemos conscientes de que lo que decimos y pensamos es algo que hacemos en Su presencia. Haría que nos sintiésemos de manera diferente acerca de muchas cosas.
No sabemos cómo surgió este argumento. Sospecho que fue causado por los acontecimientos relacionados con la transfiguración. Santiago, Pedro y Juan habían sido escogidos para estar en la montaña con el Señor y observar esta maravillosa visión. Jesús les había encargado estrictamente que no dijesen nada a nadie acerca de lo que habían visto, y creo que cumplieron este encargo. Pero es bastante posible guardar un secreto de tal manera que todo el mundo esté ansioso por descubrir más. Cuando regresaron, es posible que los otros preguntasen: “¿Qué pasó allí arriba?” Y ellos dijesen: “La verdad es que no nos está permitido hablar de ello. Uno de estos días tal vez podamos decíroslo, pero vosotros los discípulos ordinarios estáis excluidos de esto por ahora”. Y luego, como es natural, surgió el argumento respecto a cuál de ellos era el más grande.
Para contestar a esto, Jesús hizo una afirmación maravillosamente reveladora. Les dijo la verdad acerca de la ambición. No les reprendió por desear ser el más importante. Él nunca les reprendió por su deseo. De alguna manera Dios ha creado en el corazón de cada ser humano el deseo de tener éxito en cualquier cosa que hagamos. Él no les reprendió, porque esto forma parte de nuestra humanidad, es decir, el deseo de tener éxito. Lo que sí hizo fue hablarles sobre el verdadero camino de la grandeza: “No es intentando ser el primero”, les dijo, “es estando dispuestos a ser el último. No es haciendo que otros os sirvan, sino siendo cada uno de vosotros siervo de todos”.
Hay dos clases diferentes de ambición. Hay la ambición de conseguir la aprobación y el aplauso de otras personas y la ambición de recibir la aprobación y el aplauso de Dios. Están aquellos que quieren conseguir la fama, la atención, la influencia y el poder. La medida de la ambición de ser grande ante otros es siempre: “¿Cuántos me sirven? ¿Cuánto poder puedo yo tener sobre otros? ¿Hasta dónde llega mi influencia?” ¿Quién de nosotros no ha sufrido muchas veces por causa de este deseo de ser conocido, de ser admirado y de ser considerado importante?
Pero Jesús destaca el hecho de que la verdadera grandeza no se encuentra nunca ahí. La medida de la auténtica grandeza es: “¿A cuántos puedo servir? ¿A cuántos puedo ayudar?” Esta es la marca de grandeza a los ojos de Dios. ¡El cristianismo es una fe radical! Es exactamente lo contrario a los instintos naturales del corazón. Nuestras inclinaciones naturales harán que nos encontremos cada vez con más aflicciones. Aunque consigamos alguna forma de grandeza a los ojos de otras personas, se convertirá en telas de araña y cenizas en nuestras manos.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Qué enseña Jesús como un criterio radicalmente diferente de la grandeza y el poder? ¿Reflejan nuestras vidas un cada vez mayor entendimiento y aplicación de Sus enseñanzas y de Su ejemplo? |
jueves, 16 de enero de 2020
16 de enero - La gloria que sigue - Ray Stedman
¡Este es un acontecimiento asombroso! En este relato encontramos cuatro sucesos dramáticos que nos llaman inmediatamente la atención. Primero, está el cambio glorioso en la persona de nuestro Señor mismo. De repente, mientras estaban con Jesús en aquella montaña, Su rostro se transformó. Su ropa se volvió blanca y todo Su ser radiaba gloria. Esto es algo que solo podemos entender cuando vemos que lo que Él hizo fue deslizarse en la eternidad, en un sentido, para tener la gloria que había tenido con anterioridad. Por lo tanto, es evidente que nuestro Señor no tenía que morir. Ese es uno de los significados de la transfiguración, que deja claro que no tenía razón alguna para tener que pasar por la muerte. Podía cruzar los límites del tiempo a la eternidad sin tener que pasar por la muerte.
La segunda cosa que nos impresiona es el relato de los visitantes celestiales, Moisés y Elías. Parece ser que los discípulos no tuvieron dificultad para reconocer de inmediato quiénes eran aquellos hombres. Jesús no dijo: “Pedro, Santiago y Juan, me gustaría que conocieseis a Moisés y a Elías”. No, ellos supieron de inmediato quiénes eran. En la gloria no habrá necesidad de presentaciones.
El tercer elemento de enorme interés en este relato es la proposición que hace Pedro. Después de escuchar a estos hombres discutir juntos estos extraños sucesos, Pedro, con su manera acostumbrada, interrumpe diciendo: “Maestro, es bueno que estemos aquí. ¡Esto es formidable! Construyamos tres cabañas y vivamos aquí. Podemos establecernos aquí y hacer que esta sea nuestra central en nuestro mundo. Haremos una para ti, una para Moisés y otra para Elías”. Es evidente que él estaba pensando en que podían transformar la montaña en la central de un movimiento de reforma mundial que iba a comenzar. Llevarían a cabo la obra justo desde esa montaña como el centro de toda la actividad. Eso nos muestra lo insensato que fue y lo poco que había entendido de lo que Jesús había intentado decirle. ¡Alguien ha dicho que solamente existen dos clases de oradores: aquellos que tienen algo que decir y los que quieren decir algo! Pedro era sencillamente un hombre que tenía que decir algo, de modo que hace esta proposición de que conviertan aquel lugar en su central para una gran campaña para apoderarse del mundo.
Pero apenas si había dicho aquellas palabras cuando fue interrumpido y tuvo lugar el cuarto suceso dramático. De repente se vieron rodeados por una nube. Yo estoy convencido de que fue una nube idéntica a la que se menciona en el Antiguo Testamento, que cubrió el tabernáculo durante el día, la gloria de Dios, llamada la shekinah. Ellos oyeron una voz que les hablaba desde la nube, diciendo: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. No hay duda alguna de que esta es una corrección de la afirmación impetuosa de Pedro. El Padre mismo está diciendo: “Pedro, no pongas a Jesús a la misma altura que Moisés y que Elías. Escúchale a Él, que es acerca del cual hablaron Moisés y Elías. Él es quien cumplió las predicciones de los profetas y los sacrificios de la ley. Escúchale a Él, que es mi Hijo amado”.
|
| Aplicación a la vida |
| Los discípulos de Jesús fueron testigos de una revelación que les abrió los ojos a la majestad y a la deidad de Jesús. ¿Cuáles son las asombrosas implicaciones para nosotros al leer acerca de Su transfiguración? |
miércoles, 15 de enero de 2020
15 de enero - ¿Salvando o perdiendo? - Ray Stedman
¿Quién no está interesado en salvar su vida, en hacer que valga la pena, en llevar una vida rica, que valga la pena vivirla? En lo más profundo de nuestro ser, cada uno de nosotros tiene ansias de vivir y desea hallar la vida en toda su amplitud, tal y como fue diseñada para que la viviésemos de este modo. Es a esto a lo que se está refiriendo Jesús. “Si es esto lo que queréis”, dice, “os diré cómo lo podéis conseguir”. Hay dos actitudes hacia la vida que son posibles, y usted puede tener la una o la otra.
Una actitud es salvar la vida ahora, acumularla, aferrarse a ella, abrazarla, intentar apoderarse de ella por sí mismo, cuidarse a sí mismo, confiar en sí mismo, asegurarse de que en cada situación su principal y primera preocupación sea: “¿Qué es lo que tiene que ofrecerme la vida?” Esa es una manera de vivir, y millones de personas están viviendo de este modo hoy.
La otra actitud es perderla: desecharla, despreciar la ventaja que puede tener para usted una situación y seguir adelante dependiendo de Dios, sin preocuparse por lo que pueda sucederle a usted. Abraham obedeció a Dios; fue a una tierra que no sabía donde estaba, haciendo el viaje sin un mapa, aparentemente sin preocuparse de lo que le pudiese suceder. Sus vecinos le reprocharon y le reprendieron por no preocuparse por sí mismo. Esto ha de ser una forma de vida, dice Jesús. Confíe en Dios, obedézcale y deje usted la responsabilidad sobre lo que vaya a pasar a Dios.
Solo hay dos resultados que pueden tener lugar. Si salva usted su vida, si puede aferrarse a ella, atesórela usted; obtenga todo lo que pueda para sí mismo. Luego Jesús dice, la perderá usted. Esta no es una mera trivialidad, porque Él está afirmando una ley fundamental de la vida. Descubrirá usted que tiene todo lo que deseaba, pero no querrá usted nada de lo que tenga. Descubrirá que toda la vida a la que usted se estaba aferrando se le ha escapado entre los dedos, al acabar usted con un puñado de telarañas y de cenizas, sintiéndose insatisfecho, vacío, sin nada, burlado por lo que tenía usted la esperanza de conseguir.
“Pero pierda usted su vida por Mi causa y por el evangelio”, dice Jesús, “pierda usted su vida entregándose a la causa de Cristo, renunciando a su derecho a sí mismo, tomando su cruz y siguiéndome a Mí, y la salvará usted”. No la habrá usted derrochado, la salvará usted y hallará contentamiento y satisfacción, así como la paz interior y un sentido de su valor respecto a su manera de vivir. Descubrirá usted, no solo en el cielo algún día, sino ahora mismo, que a pesar de que es posible que no tenga usted todas las cosas que tienen otras personas, su vida será rica, provechosa y satisfactoria.
Este es el plan de Dios en la obra del discipulado. Jesús no vino a llamarnos a encontrarnos con la esterilidad, la debilidad, las tinieblas y una muerte final. Él nos ha llamado a la vida, a la riqueza, al disfrute, a la realización en la vida. Pero Él nos ha dicho que el camino para conseguirlo es la muerte. El discipulado acaba en vida, no en muerte. Acaba con la realización y la satisfacción, pero la única manera que podemos encontrarla es por medio de la cruz.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Está la relación con Jesús cambiando radicalmente nuestras actitudes hacia nosotros mismos y nuestra manera de vivir? ¿Cuál es el plan de Dios para cambiar nuestra muerte por Su vida vibrante y eterna? |
martes, 14 de enero de 2020
14 de enero - La necesidad de la cruz - Ray Stedman
El cristianismo sin la cruz, no es cristianismo ni mucho menos, sino un sustituto gastado y baboso. La palabra de la cruz es la que lo hace cristiano. ¿Qué significa? Tres elementos, que se destacarán al continuar nuestro estudio en Marcos.
Primero, significa el final de lo natural, el final de lo que llamamos “auto suficiencia”. ¡Esta es la filosofía de nuestro tiempo y la manera de despreciar el mundo este mensaje con la intención de eliminarlo! ¡No es solo que el mundo no lo entiende, sino que lo desprecia literalmente! Todo aquel que lo predica está considerado como si estuviese predicando tonterías. Como cristianos hemos sido llamados a creer en nuestro Señor o, a escuchar a las voces que susurran en nuestros oídos, lo uno o lo otro. ¿Cuál de estas es verdad? La palabra de la cruz significa el fin de nuestra confianza en nosotros mismos, y eso es algo que no nos gusta porque significa destruir nuestra vida natural. Nada de lo que tenemos por el hecho de haber nacido vale jamás la pena o es aceptable a los ojos de Dios. La cruz destruye a las personas. No las mejora, no hace que sean mejor en ninguna manera; las destruye.
Es más, el segundo elemento incluye el dolor y el sufrimiento. Siempre es así, porque no nos gusta ser eliminados. ¿Quién de nosotros, si se le permitiese escoger el programa mediante el cual servir a Dios, incluiría alguna vez la derrota, el desastre, la desesperación, la decepción, la desilusión y la muerte? Pero estos son los elementos que Dios encuentra totalmente esenciales para llevar a cabo Su plan para nosotros. ¿Dificultad y peligro? Sí, los incluimos. Desafían a la carne y hacen que parezca ser algo, cuando los vence. ¿Pero la derrota? ¡Nunca! ¿El deshonor? ¡Nunca! ¿El desastre? ¿La decepción? ¡No! ¿La muerte? ¡Inconcebible! Pero son las cosas que Dios escoge.
El tercer elemento del camino de la cruz es que lleva a la resurrección. ¿No es extraño que parece que los discípulos no escucharon a Jesús cada vez que habló acerca de la cruz? Dijo que después de tres días resucitaría de nuevo. Parece que ellos se sintieron paralizados por la cruz sin poder pasar jamás de ella. La rechazaron, se negaron a escuchar acerca de ella y nunca entendieron lo que significaría el glorioso acontecimiento de la resurrección, hasta el momento en que sucedió. Pero el camino de la cruz siempre lleva a una resurrección, a un nuevo principio, en términos diferentes. Lleva a la libertad, a ser libres de la catástrofe natural y del desastre, a que nuestro espíritu esté en paz y descansado, a pesar de lo que está sucediendo a su cuerpo o a su persona. Esto es lo que realmente quieren las personas. ¡Cómo anhelamos y soñamos con ser libres, adecuados, capaces de enfrentarnos con la vida, pudiendo manejar la vida, sin sentirnos angustiados en nuestros corazones!
|
| Aplicación a la vida |
| Teniendo en cuenta que la Cruz y la Resurrección del Señor Jesús son los pilares, que son el fundamento del cristianismo, ¿no comprendemos nosotros y valoramos su profundo efecto sobre nuestras vidas diarias? |
lunes, 13 de enero de 2020
13 de enero - ¿No entendéis todavía? - Ray Stedman
En esta serie de preguntas, nuestro Señor les está sugiriendo a ellos, y a nosotros, qué hacer cuando nos sentimos aplanados. Un joven vino a verme y me dijo: “Soy graduado de una facultad bíblica. He sido cristiano desde hace una serie de años, pero tengo que decirle que me siento aplanado y tan vacío. He perdido todo interés en lo que está haciendo Dios y sencillamente no tengo ningún deseo de seguir participando en un estudio de la Biblia. ¿Qué debo hacer?” Yo acababa de estudiar este pasaje, de modo que hice lo que nuestro Señor sugiere en este pasaje sin decirle a este joven lo que estaba haciendo.
Lo primero que el Señor sugiere es usar la mente. “¿No entendéis ni comprendéis?” Deténgase y piense dónde está usted, lo que le está pasando y por qué le ha pasado.
Analícelo usted; lea lo que dice la Biblia al respecto; para eso es la mente. Estudie la revelación de Dios para su vida; use su mente.
En segundo lugar Él pregunta: “¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?” Es decir, analice el estado de su corazón. ¿Se siente embotado, o responde usted? ¿Se ha olvidado usted de la verdad? Porque si el corazón no responde a lo que la mente ha entendido, es porque no lo ha creído en realidad. Puede que mentalmente haya usted reconocido que es verdad, pero no ha actuado conforme a ello. Usted no cree realmente que Dios va a hacer lo que ha dicho que va a hacer. Esto es algo que siempre revela un corazón insensible, que no reacciona. La verdad siempre nos conmueve cuando la creemos. Siempre nos impresiona y nos emociona. Y si no estamos emocionados, es porque la mente lo ha entendido pero el corazón no.
Jesús continúa, diciendo: “¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?” Jesús dijo estas palabras una y otra vez a las personas a las que enseñó y cada vez quiso decir lo mismo. No mire usted los acontecimientos que está viendo y piense que eso es todo lo que hay. Esto es un paralelo de algo mucho más profundo y más importante respecto a su espíritu. Al ser estos hombres alimentados con los panes y los peces, Él les estaba diciendo a ellos: “No penséis en esto sencillamente como una manera de conseguir una comida buena, rápida y gratuita. Recordad que os estoy diciendo que tenéis una necesidad mucho más profunda, una necesidad más apremiante, que necesita también ser alimentada diariamente”.
Y finalmente: “¿No recordáis?” ¿No le ha enseñado Dios cosas en el pasado por medio de sus circunstancias? ¿No le ha guiado Él en los acontecimientos que le han hecho a usted entender algo acerca de su vida? ¿Acaso no se acuerda usted las veces que dijo cosas semejantes a estas en el pasado? Recuérdelas ahora y reconozca que está usted en las manos de un Padre amoroso que le ha colocado justo donde está para enseñarle una verdad muy necesaria.
|
| Aplicación a la vida |
| Es posible que vivamos tiempo de letargo espiritual, pero no tenemos necesidad de conformarnos con ese estado mental y de corazón. Hay cuatro maneras de ayuda para combatirlo y ser espiritualmente restaurados. |
domingo, 12 de enero de 2020
12 de enero - Cuando lo correcto es equivocado - Ray Stedman
Estas son palabras discernientes. Con la aguda percepción de nuestro Señor, Él va directo al grano. Cuando los fariseos le preguntan: “¿Por qué tus discípulos no observan las tradiciones?”, les hace notar, para empezar, el efecto que tiene el observar la tradición en nuestras vidas, convirtiéndonos en hipócritas. ¡Yo a veces me quedo asombrado al leer los evangelios por la brusquedad de la manera de hablar de Jesús! De hecho, el relato de Marcos nos dice que los discípulos le dijeron a Él después: “¿Te has dado cuenta de que has ofendido a los fariseos?”
Pero fíjese usted en lo que está haciendo aquí. Está apuntando al resultado de la “alabanza” tradicional. Y utiliza la palabra del profeta Isaías para mostrarnos como es. Según Isaías, está lo que consiste en las palabras apropiadas, pero actitudes equivocadas. Todo lo externo está bien, pero desde el punto de vista interior la mente y el corazón están mal. Eso, dice Jesús, es hipocresía, dar la impresión de que la persona está haciendo algo religioso y relacionado con Dios, pero en el interior tiene una actitud diferente.
Hace unos pocos años, muchos de nosotros nos sentimos extrañados y ofendidos cuando los jóvenes nos decían de una manera u otra: “No queremos ir a la iglesia porque las iglesias están llenas de hipócritas”. Algunos de nosotros no podíamos entender lo que querían decir. Sabíamos que era posible que hubiese algunas iglesias estuviesen llenas de hipócritas, ¡pero no la nuestra! Teníamos una sincera dificultad con esto. No podíamos ver como podía haber hipocresía en una iglesia evangélica como la nuestra, que se centra totalmente en la Biblia. Pero lo que ellos estaban diciendo era esto: “Ustedes usan grandes palabras, que son maravillosas, pero en realidad no hablan en serio. Hablan ustedes sobre el amor, pero ustedes no aman. Hablan sobre el perdón, pero no perdonan. Hablan sobre la aceptación, pero no aceptan ustedes”. Y tenían razón.
Eso es lo que puede hacernos la tradición. Externaliza la religión; hace que sea algo externo, en lugar de interno. Siempre y cuando estemos cumpliendo con la forma exterior prescrita, creemos que somos aceptables ante Dios. Ese es el gran peligro de la tradición. Esta forma particular que menciona Isaías aquí, es decir, usar las palabras correctas, pero con actitudes equivocadas, está muy difundida entre los cristianos. En ocasiones todos padecemos de ella y deberíamos de reconocerlo y admitirlo. Y ha dado resultado en lo que es probablemente el peligro más mortal para el mensaje evangelístico de la iglesia, los cristianos pagados de su propia rectitud, que pensamos que porque hacemos las cosas de la manera “correcta” y decimos las palabras “apropiadas” y creemos las doctrinas que “está bien”, estamos complaciendo a Dios de esta manera.
|
| Aplicación a la vida |
| La hipocresía es una acusación rutinaria hecha en contra de cristianos que viven su fe. ¿Nos estamos nosotros tomando en serio esta crítica? ¿Cuál es el principal obstáculo que nos impide la autenticidad? |
sábado, 11 de enero de 2020
11 de enero - ¿Quién es este? - Ray Stedman
Nosotros no podemos entender este último milagro a menos que lo consideremos una especie de período de examen al que se tuvieron que someter estos discípulos después de que Él hubiese alimentado a los cinco mil. Nuestro Señor les había enviado y les había dado poder. Ellos habían visto su ministerio confirmado y declarado auténtico por la mano de Dios obrando por medio de ellos. Habían regresado emocionados y “encendidos” por todo lo que habían visto y habían hecho. Habían aprendido que Jesús era el que había venido para que se cumpliese la expectación del Mesías que había de ser dado a Israel, que había sido prometido a lo largo de todos los siglos proféticos. Pero daba la impresión de que se lo habían perdido todo.
Así que les somete a un examen, una prueba, para ver cómo van. Les envía en la tempestad, pero esta vez es diferente. Él no está con ellos en la barca. Los envía solos, deliberadamente, y Él asciende a las colinas para orar. ¿Cuántas de las tormentas de nuestra vida contienen estos dos elementos: las turbaciones que nos suceden y que nos parecen abrumadoras y la aparente ausencia del Señor? Sin embargo, hay Uno en la colina orando por nosotros.
Después de que la tormenta ha estado soplando durante varias horas y los discípulos se sienten profundamente angustiados, Jesús viene a ellos, caminando sobre las aguas. Cuando le ven, se sienten aterrorizados porque creen que es un fantasma. Él tiene que tranquilizarles, diciendo: “Eso, esa cosa que visteis y que hace que estéis aterrorizados, soy yo; no temáis”. ¿Cuántas veces tiene Él que decirnos esto a nosotros? Lo que nos asusta, lo que hace que nos sintamos aterrorizados, “Soy yo; no temáis”. ¡Jesús subió a la barca, y ellos se quedaron totalmente estupefactos! Esto indica la nota que sacaron en este examen, que fue un cero. Fue un fracaso total, pero les hizo sentirse asombrados. Por segunda vez ahora, los ojos de ellos fueron abiertos para empezar a preguntar: “¿Quién es este entonces?” Y empiezan a escuchar, lo cual abre la puerta a algunas de las más grandes enseñanzas del Señor a Sus discípulos acerca del motivo por el que Él había venido.
Y esta es la pregunta que hace nuestro Señor: “¿Quién es este?” ¿Quién envía las tormentas en nuestras vidas? ¿Quién nos prueba? ¿Quién hace provisión para nuestras necesidades y luego nos prueba sobre ello? ¿Quién nos hace una promesa y luego nos envía a ver si hemos creído lo que enseñamos o lo que decimos? Es el Señor mismo. Eso es lo que está haciendo con nosotros, como hizo con Sus discípulos. Nos está entrenando; nos está enseñando, preparándonos, edificando nuestras vidas, de la misma manera que lo hizo con sus vidas, para que podamos ser hombres y mujeres de fe, confiados y tranquilos, pudiendo enfrentarnos con la vida.
|
| Aplicación a la vida |
| Cuando nuestras vidas son exteriormente loables, pero nuestra fe y nuestra percepción espiritual son débiles, ¿qué cosas puede usar Dios para fortalecernos, para enseñarnos y para hacer que nos adaptemos para que aprendamos? |
viernes, 10 de enero de 2020
10 de enero - Viendo más allá - Ray Stedman
Podemos resumir el significado de todo este relato con solo unas cuantas palabras: las visiones limitadas significan vidas limitadas. Es decir, si su punto de vista de la vida es tan estrecho y tan hosco, tan mustio y mermado como para que no incluya nada más que lo que puede ver, sentir, oler, oír y razonar usted, su vida va a estar horriblemente desposeída y dominada por la pobreza. Esto era lo que estaba sucediendo en Nazaret. Jesús había estado en Nazaret el año anterior. Habían intentado matarle en esa ocasión porque Él no estaba dispuesto a hacer lo que ellos querían. Ahora regresa de nuevo y enseña en la sinagoga, y ellos se quedan asombrados, haciendo las preguntas apropiadas: “¿De dónde ha recibido este hombre todo esto? ¿Qué sabiduría le ha sido dada? ¡Qué poderosas obras realizan sus manos!”
Pero las respuestas a sus propias preguntas son terriblemente limitadas. “¿Quién es este? ¿No es este el carpintero? Oye, él hizo la mesa en nuestra casa. ¡Recuerdo cuando acostumbrábamos a darle de comer té y bocadillos para la comida cuando vino a ayudarnos a construir la casa en la que vivo! ¡No era más que un carpintero! ¡Y sus hermanos y hermanas viven aquí; conocemos a toda la familia! ¡No es posible que sea un hombre tan poderoso!” E hicieron lo imposible: se refugiaron en ese recurso final de todas las mentes débiles y pequeñas, ridiculizándole. Se sintieron ofendidos por causa de Él y empezaron a restar importancia a todo lo que había hecho.
Por lo tanto, Jesús hizo que se diesen cuenta de que esto es característico de la naturaleza humana caída. No reconocieron Su valía; no le concedieron honor alguno en Su propio pueblo, y como resultado de ello, no realizó ninguna gran obra allí. Respondió a los pocos que tuvieron fe, pero no había nada de lo que pudiese jactarse el pueblo. De modo que no es sorprendente que a lo largo de estos siglos, aunque Nazaret no ha sido nunca olvidado como el pueblo en el que Jesús creció, ¡hasta este día en Palestina está considerado con cierta vergüenza! Perdieron su gran oportunidad.
¿Qué nos está diciendo todo esto, todo el relato de la mujer que fue sanada, el que levantase de los muertos a la hija de Jairo y la recepción que le dio el pueblo de Nazaret? Nos está diciendo a nosotros hoy: “Elevad vuestros ojos y mirad más allá de lo visible a las realidades de Dios. Vivid en toda las dimensiones de la vida, tal y como Dios pretendió que fuese la vida”. La vida no puede nunca explicarse totalmente en términos de lo natural. Seremos pobres y viviremos con desesperación si todo en lo que podemos depender es de nuestros recursos humanos, nuestro poder natural. Pero Dios es rico en gracia, en poder, en fortaleza interior y en simpatía, y Él clama a nosotros, diciendo: “No seáis más incrédulos, sino creed y tened fe que yo estoy obrando y enriqueceré vuestra vida más allá de vuestros más increíbles sueños”.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Estamos nosotros respondiendo con una fe que transforma nuestra vida al encontrarnos con el Jesús viviente en las páginas de las Escrituras? ¿Se está ampliando nuestra visión de la vida por Su presencia que mora en nosotros? |
jueves, 9 de enero de 2020
9 de enero - Sin fe - Ray Stedman
Este es el motivo por el que las personas se sienten asustadas: porque no tienen fe. La fe es la respuesta al temor. La fe es siempre la respuesta a nuestros temores, sean los que fueren. Jesús dio exactamente con la solución: “¿Cómo no tenéis fe?”
Evidentemente no la tenían. Se habían olvidado de todas las cosas que Él les había dicho en el Sermón del Monte acerca del cuidado que tenía Dios de ellos: “¿No sois vosotros de mucho más valor que las flores y los pájaros? Dios se cuida de ellos, ¿no se cuidará mucho más de vosotros, hombres de poca fe” (véase Mateo 6:26-30). Aquí Jesús estaba en una barca con ellos, y lo que les sucediese a ellos sería lo mismo que le sucediese a Él, a pesar de lo cual se habían olvidado de esto.
¿Cómo cree usted que hubiesen actuado estos hombres si hubiesen tenido fe? Imagínese que hubiesen tenido una fe fuerte, una fe en Él y en el cuidado y el amor de Dios. ¿Qué es lo que hubieran hecho ellos? Una cosa es segura: no le hubiesen despertado, le hubieran dejado descansar. Él estaba cansado y necesitaba el descanso con desesperación. Ellos lo hubieran hecho porque su fe les hubiese recordado dos grandes hechos: primero, la barca no se iba a hundir; no se podía hundir porque el Maestro del océano, de la tierra y del cielo estaba en ella. En segundo lugar, la tormenta no iba a durar para siempre.
Un buen amigo mío, un atractivo y joven evangelista de otro país, me contó acerca de todos los problemas que él y su esposa estaban teniendo. Se sentía abatido porque ella estaba luchando con graves problemas físicos, con mala salud causada por asma y por bronquitis, que la tenían constantemente abatida. Se habían tirado ya años enteros de lucha con este problema médico y daba la impresión de que todo lo que intentaban hacer fracasaba. Estaban intentando regresar a su propio país, y ella estaba de nuevo enferma, de modo que él se sentía desanimado.
Yo recuerdo haber vuelto a este incidente en Marcos y de haber recitado esta historia y haberle dicho: “Recuerda que la barca no se va a hundir y que la tormenta no durará indefinidamente. Eso es tener fe, recordar estos hechos”. Él me dio las gracias; oramos juntos y se marchó. Durante un par de meses no le vi y de repente nos tropezamos. Le pregunté: “¿Cómo van las cosas? ¿Cómo está tu esposa?” Me contestó: “Oh, no está mucho mejor; todavía tiene terribles luchas. No puede respirar y no puede cuidar de los niños o de la casa, y lo estamos pasando mal. ¡Pero hay dos cosas que recuerdo: que la barca no se va a hundir y que la tormenta no va a durar para siempre!” De manera que volví a orar con él.
Después de un tiempo recibí una nota de él. Él y su familia habían regresado a su país y habían encontrado la respuesta. Un médico había descubierto una pequeña deficiencia en la dieta de su esposa que era preciso remediar. Cuando lo hicieron, desaparecieron el asma y la bronquitis, y ella pudo disfrutar de una salud gloriosa y radiante, así que se regocijaron juntos. Al pie de la hoja había escrito: “La barca no se hundirá y la tempestad no durará para siempre”.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Cómo responderíamos nosotros a nuestros temores si actuásemos conforme a la base de la fe en la soberanía de Dios? Las circunstancias de hoy nos permiten ver nuestras vidas desde Su punto de vista. |
miércoles, 8 de enero de 2020
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












































