Versículo para hoy:
jueves, 4 de junio de 2020
4 de junio - El elevado costo de descender - Ray Stedman
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Tan pronto como Abram se encuentra
de regreso en la tierra, aparecen de nuevo la tienda y el altar. En Egipto no
estaban ni la tienda ni el altar. Es decir, no existía el personaje del
peregrino, ningún lugar de adoración ni ninguna comunión en Egipto. Pero
incluso de regreso en la tierra, es preciso que Abram vuelva al lugar donde
erigió un altar al nombre del Señor. En otras palabras, ¡el tiempo que había
pasado en Egipto había sido un tiempo perdido! No hubo crecimiento en la
gracia en aquella tierra. Fue preciso que regresase a donde había estado
cuando descendió a Egipto. Tenía ganancias materiales que mostrar por el
tiempo que había pasado en Egipto, pero nada que no fuera vacío y debilidad
espiritual. ¿Ha descubierto usted la verdad tan
grande que es esta? ¡Cuando abandonó usted el camino de la fe, cuando se negó
a caminar en comunión con Dios, cuando dependió de los recursos del mundo
para satisfacer el anhelo vacío del corazón, estos resultaron ser años
perdidos! Puede que fuesen años enteros, literalmente hablando. Yo conozco a
personas que han vivido prácticamente toda su vida cristiana en Egipto y todo
cuanto tienen para demostrarlo es una existencia infructuosa, perdida, vacía
y aburrida. Cuando Abram regresó por fin, ¿qué
fue lo que se encontró? No hay mención alguna de hambre al regresar, pero yo
creo que el hambre todavía continuaría. Recuerde usted que Abram fue echado
de Egipto, aunque no estaba aún dispuesto a marcharse por su propia voluntad,
lo cual indicaría que el hambre continuaba aún en Canaán. Pero además, las
peleas que se produjeron con los pastores de Lot por los campos de pasto
sugieren que había todavía una gran escasez de alimento. Pero a pesar de que
continuaba el hambre, a Abram ya no le preocupa. ¿Por qué no? ¡Porque cuando
llegó a la tierra, lo primero que hizo fue invocar el nombre del Señor! Esto
es lo que debió y podría haber hecho cuando empezó el hambre. El nombre del Señor representa
todos los recursos de Dios. Cuando nosotros cobramos un cheque, estamos
llamando, por así decirlo, el nombre de la persona que ha firmado el cheque.
Cuando Abram llama el nombre del Señor, está descubriendo que Dios puede
suplir las necesidades a pesar del hambre, de las pruebas y de las
circunstancias. Como proclama Pablo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os
falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Permíteme que yo, al igual que
Abram, aprenda que en Egipto no hay otra cosa que no sea aflicción,
sufrimiento y peligro para mí y mis seres amados, pero en Ti está todo lo que
necesito para suplir mi más hondo clamor. |
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Aplicación a la vida |
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Cuando llegan las pruebas y las
aflicciones, puede ser difícil aferrarse a Dios. ¿Hemos descubierto que
depender de Él es mucho mejor que tener que pagar el elevado costo de otra
clase de alivio? |
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miércoles, 3 de junio de 2020
3 de junio - Escapada a Egipto - Ray Stedman

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Aquí no dice nada acerca de pedirle
permiso a Dios para descender a Egipto. Abram siguió el consejo no de Dios
sino tan solo de sus propios temores. Para usar una expresión contemporánea:
“apretó el botón del pánico”, y se fue a Egipto, dominado por el temor. Si la tierra es un símbolo para
nosotros de la vida de comunión con el Cristo viviente, el hambre en la
tierra representa cualquier circunstancia que amenaza nuestra dependencia en
Él. Es cualquier circunstancia que hace difícil mantener la fe. ¿Ha sentido
usted alguna vez esta clase de hambre? ¿Ha estado viviendo alguna vez con la
plenitud del gozo de la comunión con Cristo y la fortaleza de Dios como su
porción, cuando de repente alguna circunstancia por encima de su control hace
difícil mantener esa comunión? Puede que sea un nuevo jefe que resulta ser un
ogro, puede que sean los vecinos que tiran su basura por detrás de la cerca
trasera o una suegra que es toda una tigresa que viene a vivir con usted. Es
siempre alguna circunstancia difícil de la vida que dificulta el mantener una
relación de comunión con Cristo. Es posible que sea una labor difícil y
exigente que le deja a usted poco tiempo para cultivar el espíritu. Puede que sea la amarga decepción
lo que le deje a usted fuera de combate y sintiendo dolor en su corazón de
manera que apenas si puede encontrar las fuerzas para orar y tener comunión.
Puede que sea un ambiente deprimente que hace que le cueste a usted superarlo.
Puede que sean motivos malentendidos, cuando usted ha pretendido hacer el
bien y alguien lo ha interpretado mal, y se ha sentido usted profundamente
herido. Resumiendo, es cualquier tentación que da la impresión de ser más de
lo que puede usted soportar, lo que le amenaza con acabar con sus fuerzas,
con su comunión con Cristo. Cuando esto sucede, la tentación es
huir en lugar de enfrentarse con el problema. No nos gustan las pruebas como
estas, por lo que intentamos alejarnos desde el punto de vista físico, si
podemos. Nos mudamos a otro vecindario o nos vamos a casa de nuestra madre.
Pero si no podemos huir físicamente hablando, intentamos hacerlo mentalmente.
Huimos de lo que es una desagradable realidad huyendo en dirección a la
fantasía. Esto es algo que se hace mucho actualmente, y algunos huyen a
Egipto, donde la vida da la impresión de ser mucho más agradable de lo que lo
es en realidad. Siempre que intentamos satisfacer al espíritu haciendo uso de
los mismos recursos que los mundanos tienen a su alcance, descendemos a
Egipto. Padre, cuántas veces debo
confesarte a Ti que he descendido a Egipto. Ayúdame a ver que solo en Ti, el
Dios viviente, hay abundancia de lo que necesitamos, y Tú esperas revelar
esas cosas a cualquier corazón que esté dispuesto a dejar de vagar y de
buscar, acudiendo a Ti y descansando en Ti. |
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Aplicación a la vida |
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Al caminar por la vida nos encontramos siempre con situaciones duras o difíciles. ¿Intentamos retraernos físicamente o escapar mentalmente, o confiamos en que nuestro Señor nos ayudará a pasar por ellas? |
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martes, 2 de junio de 2020
2 de junio - La situación de la tierra - Ray Stedman

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Esto es algo más que una crónica de
lo que le sucedió a Abram poco después de que llegase a esa tierra, es
además una imagen muy exacta de las condiciones de una vida llena del
Espíritu. Lo primero que se nos dice es que Abram pasó por la tierra al lugar
llamado Siquem, a la encina de More. Estos nombres son sumamente reveladores.
Siquem significa “hombro”, y en hebreo el hombro es un símbolo de fortaleza.
Pensamos en la ladera de una montaña de la misma manera. El nombre More
quiere decir “instrucción”, y cuando combinamos estas dos palabras, tenemos
la primera imagen de cómo es la tierra. Solo al ser enseñados en la Palabra de
Dios por el Espíritu de Dios encontramos las fuerzas necesarias para vivir. La segunda imagen que tenemos aquí
es que la vida en la tierra va a ser una vida de constantes conflictos. Estos
cananeos eran las tribus paganas que afligieron a Israel a lo largo de toda
su historia y, por lo tanto, nos ofrecen una imagen exacta de estas
manifestaciones del mal con el que vivimos y contra el cual luchamos
continuamente. Estas se mencionan en el Nuevo Testamento en muchos lugares:
la codicia, la envidia, los celos, la impaciencia, la intemperancia, la
irritabilidad y la susceptibilidad. Estos son nuestros enemigos, estas
manifestaciones de nuestro ser que hacen de nuestra existencia un conflicto
constante. En tercer lugar, es además una vida
de continua limpieza, porque leemos a continuación: “Y edificó allí un altar
a Jehová”. Nosotros pensamos en un altar como un símbolo de alabanza, que lo
es efectivamente, pero esa no es la esencia de su significado. Un altar es
primeramente un lugar de limpieza, que provee la base para la adoración. El
motivo de un altar diario es la necesidad urgente de limpieza en la vida de
peregrinación. Todos los peregrinos tienen necesidad de la limpieza por la
sangre, la cruz de Cristo, a la cual pueden acudir juzgándose a sí mismos a
lo largo de toda su vida. Por lo tanto, es preciso que la vida en la plenitud
del Espíritu sea continuamente limpiada por la cruz de Cristo. El cuarto punto es que esta es una
vida de elección sin fin. Abram erigió su tienda entre Bet-el y Hai. Bet-el
significa “la casa de Dios” y Hai significa “ruina”. Aquí es donde debemos
vivir la vida cristiana, teniendo los ojos continuamente fijos en una de dos:
las cosas de Dios o la ruina de la carne. Podemos decidir ir a Bet-el o ir a
Hai, ir a Cristo o a nosotros mismos; no podemos hacer las dos cosas. La tienda representa la última
característica. Vivió en una tienda porque fue peregrino en la tierra. A lo
largo de todo el Nuevo Testamento, el peregrino cristiano es exhortado a
caminar en el Espíritu. ¡Caminar, caminar, caminar! Usted no ha llegado al
final de su camino cuando ha aprendido la lección de Dios. Mañana habrá otro
paso que deberá dar usted, y otro al día siguiente y otro pasado mañana.
¡Cómo se resiente la carne por esto! Nos sentimos siempre encantados cuando
el Espíritu de Dios nos lleva al lugar donde obtenemos alguna victoria,
cuando vencemos alguna costumbre, cuando damos algún paso necesario, y
entonces deseamos establecernos en ese lugar. Decimos al Señor: “Sigue Tú
adelante durante un tiempo y déjame a mí aquí. Quiero disfrutar esto un
rato”. Pero Él no permite que nos detengamos. La vida en la tierra es un
progreso continuo, un viaje que no termina nunca. Padre, usa estas lecciones de la
vida de Abram para guiarme en mi camino, para que yo pueda levantarme para ir
a la tierra de la plenitud de las bendiciones en Cristo. |
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Aplicación a la vida |
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Vemos que Dios impide cualquier
posibilidad de que nos aburramos al leer el relato bíblico de la vida de
Abraham. ¿Nos complacemos nosotros con el statu-quo o estamos atrevidamente
yendo de aventuras con Dios? |
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lunes, 1 de junio de 2020
1 de junio - El mandamiento - Ray Stedman

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La primera vez que se nos presenta
Abraham es en los últimos versículos de Génesis 12. Su nombre fue
originalmente Abram, y no fue hasta que pasaron bastantes años que fue
cambiado por Abraham. El motivo de este cambio fue enormemente significativo,
cosa que examinaremos en el momento apropiado, pero por ahora lo que vamos a
hacer es familiarizarnos con el joven Abram. El Espíritu de Dios pasa por
encima del principio de su vida en Ur de los Caldeos tan solo con una breve
nota y comienza el relato sagrado con su encuentro con Dios. ¡Aquí es
realmente donde comienza la vida! En esta reunión Abram se encontró
cara a cara con un mandamiento. Se le mandó a Abram hacer tres cosas:
marcharse de su país, de su pueblo y de la casa de su padre. Este es
exactamente el mismo mandamiento que recibe cada persona que escucha el
llamamiento del evangelio hoy. Hemos sido llamados a dejar nuestro país, el
lugar donde habíamos estado viviendo, nuestra residencia desde que nacimos.
Como es natural, esto no se refiere a nuestra residencia física, sino más
bien la antigua vida con todas sus ambiciones, sus lealtades, su adoración al
dinero, la fama y el poder, así como su imaginada independencia, que es
realmente esclavitud, todo lo que hemos sido por naturaleza desde que nacemos.
Esta es claramente una imagen del mundo, de la sociedad organizada con sus
filosofías satánicas y sus sistemas de valores. A Abram se le dijo también que
dejase a sus familiares. En el sentido espiritual, estas son las fuerzas
morales que dan forma a nuestra vida. De la misma manera que los familiares
por sangre nos afectan enormemente a nivel físico, las fuerzas morales
actuales cambian nuestras vidas constantemente y se reflejan en todo lo que
pensamos y hacemos. Las opiniones de otras personas, las tradiciones humanas,
las presiones ejercidas por la familia y los amigos, las actitudes de
nuestros jefes y de otras personas a nuestro alrededor, estos son los
parientes que debemos estar dispuestos a abandonar cuando escuchamos el
llamamiento de Dios. Debemos renunciar a este afecto relacionado con lo
que otros piensan y preocuparnos sobre todo acerca de lo que piensa Dios. La tercera cosa que Abram debía
abandonar era la casa de su padre, es decir, los lazos que le unían al “viejo
hombre”. En este sentido, Adán es el padre de todos. Lo que los teólogos
llaman nuestra “naturaleza adámica” es la casa del padre en la que vivimos.
Hemos sido llamados a dejar ésta, a no continuar dependientes de nuestros
recursos normales, sino a caminar en dependencia de otro para que haga por
medio de nosotros lo que nosotros no podemos hacer. Tal vez usted haya escuchado al
Dios viviente de la gloria decirle: “No puedes continuar dependiendo de lo
que has venido dependiendo hasta ahora: las opiniones, las actitudes, la
filosofía en la que has sido educado. Todas esas cosas están equivocadas
porque se basan en las mentiras de Satanás. Debes aprender a aceptar la verdad
reflejada en la Palabra de Dios, a pesar de que sea totalmente contraria a la
filosofía de este mundo. Debes, sobre todo, dejar la casa de tu padre, que es la dependencia de ti mismo”. Esta es una decisión sencilla, pero
vital: No puede usted permanecer en Ur e ir a la tierra al mismo tiempo. Señor, concédeme la gracia de
seguirte a Ti, sea lo que sea que tenga que dejar atrás. |
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Aplicación a la vida |
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La historia de Abraham es
claramente un ejemplo para nuestro caminar por la fe. ¿Cuáles son los tres
aspectos de su encuentro con Dios que son un paralelo del llamamiento que
Dios hace a nuestras vidas? |
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domingo, 31 de mayo de 2020
31 de mayo - Guárdate a ti mismo - Ray Stedman

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Juan concluye con esta advertencia
final: “Hijitos, guardaos de los ídolos”. No se deje usted arrastrar por
alguna otra cosa; no conceda toda su atención a sus intereses, a su tiempo, a su
energía o a su dinero de manera que esas cosas se conviertan en el motivo de
su existencia, lo que haga que usted se emocione, lo que le entusiasme. Ese
es su Dios. ¿A quién tiene usted en su vida? ¿Es Jesucristo o es alguna otra
cosa? En nuestros viajes, mi familia y yo
tuvimos el privilegio de visitar algunas regiones del mundo antiguo, donde
fuimos a ver muchos templos dedicados a los ídolos. Aunque estos templos se
hallaban en ruinas, en cada lugar un dios concreto como Apolos, Venus, Baco o
Zeus había sido entronizado y adorado en ese lugar. De repente descubrí,
después de regresar a casa, que a pesar de que estos templos han sido
abandonados, la adoración al dios no ha cesado. Hemos cambiado los nombres,
pero los dioses y los ídolos siguen siendo los mismos. Tenemos la adoración a Narciso, el
dios que se enamoró de sí mismo. ¿No es este tal vez el dios supremo de la
humanidad, la adoración a uno mismo, la exaltación de los humanos? La idea que escuchamos continuamente es que los humanos son tan fabulosos, tan listos,
tan brillantes y tan inteligentes que pueden hacer muchas cosas. Sin embargo,
negamos la evidencia continua de nuestros sentidos que demuestra que el mundo
se está desmoronando a nuestro alrededor. ¿No es sorprendente como adoramos
a la humanidad? Las manifestaciones en este sentido tienen su expresión en la
adoración de la raza o del país. Tenemos la adoración de Baco, el dios del
placer, del vino, de las mujeres y el cántico; la adoración de Venus, la
diosa del amor, entronizada en Hollywood y todo lo que representa Hollywood;
Apolo, el dios de la belleza física; Minerva, la diosa de la ciencia. Hemos
entronizado por todas partes la ciencia. Juan escribe y dice que estas cosas
nos destruirán, nos robarán lo que Dios tiene para nosotros. “Hijitos
míos, no os dejéis arrastrar por la adoración en la que el mundo a vuestro alrededor
participa. No permitáis que estas cosas se vuelvan importantes en vuestra
vida, porque Dios os ha liberado para que podáis vivir tal y como Dios quiso
que su pueblo viviese”. No es de sorprender que su palabra diga: “Hijitos,
guardaos de los ídolos”. ¿Qué hace que se sienta usted entusiasmado? ¿A qué
causa dedica su dinero? ¿Para qué está usted ahorrando ahora? ¿Qué es lo que
considera de suprema importancia? Es con esta pregunta que Juan concluye
este libro. Padre, ayúdame a identificar a los
muchos dioses de este tiempo, que dan la impresión de ser atractivos pero que
en realidad no tienen nada que ofrecer sino la muerte. Te doy gracias por la
verdad que se halla en Cristo y porque en Él tengo todo lo que jamás pudiese
necesitar o desear. |
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Aplicación a la vida |
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Muchos creen que los ídolos son
cosas religiosas del pasado, pero hoy en día, ¿qué hace que nos mostremos
entusiasmados? ¿Qué es lo que consideramos de suprema importancia? |
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sábado, 30 de mayo de 2020
30 de mayo - Orando con atrevimiento - Ray Stedman

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Cuando yo era niño en Montana,
realmente lo único que teníamos para leer durante los largos meses de
invierno era un catálogo de Sears y Roebuck. Tenía sus límites en lo que se
refiere al material de lectura, pero ¡qué tremenda cantidad de cosas incluía!
Nos llevó semanas enteras ver una sola sección de él. Podíamos mandar a pedir
cualquier cosa que tuviésemos el dinero para pagarla, pero hubiera sido
totalmente inútil hacer un pedido de algo que no estuviese en el catálogo, y
lo mismo sucede con la oración. Dentro de la voluntad de Dios hay cosas
realmente impresionantes, un gran número de dones, que Él ha provisto para
los suyos. La voluntad de Dios incluye todo lo que necesitamos. Todo cuanto
podemos desear se encuentra disponible para nosotros, para nuestros seres
amados y para nuestros amigos, siempre y cuando sea conforme a la voluntad de
Dios. No hay nada que necesitemos pedir en oración que no sea conforme a Su
voluntad, pues fuera de ella solo hay cosas que nos dañan, nos hieren y
nos destruyen. Tal vez no sepamos exactamente si
una petición es la voluntad de Dios para nosotros, y los ejemplos en las
Escrituras dejan claro que no está mal pedir incluso estas cosas. Pero
debemos añadir siempre, de la misma manera que lo hizo Jesús en el huerto de
Getsemaní: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42), porque
la oración ha sido diseñada para obtener las cosas que son conforme a la
voluntad de Dios. Por lo tanto, Juan dice que cuando sabemos que lo que
pedimos es conforme a la voluntad de Dios, porque hemos encontrado una
promesa de Dios en las Escrituras o porque hemos buscado la mente de Dios y
hemos sentido una profunda y resuelta convicción en nuestro corazón del
Espíritu Santo, sabemos que Él nos escucha. Dios oye siempre las oraciones
que son conforme a los límites de Su voluntad. Jesús pudo decir: “Padre, gracias
te doy por haberme oído” (Juan 11:41), porque todo lo que Él hizo estuvo
dentro de los límites de la voluntad de Dios. Eso hace que tengamos la
seguridad de la oración, la certeza de saber que Él nos oye, como dice Juan,
y entonces “sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”. ¡Piense
usted en esto! Si sabemos que es conforme a Su voluntad, sabemos que Él nos
ha escuchado, y si sabemos que nos ha oído, sabemos que lo tenemos y Dios ya
ha concedido la petición. En otras palabras, Dios nunca dice que no, excepto
a lo que no es conforme a Su voluntad. ¿Se atreve usted a creer esto? Dios no tiene favoritos. Tiene a
personas íntimas, pero todo aquel que se adapta al programa que Él ha
diseñado y desea tener intimidad con Él puede conseguirlo. Cualquiera que lo
desea puede, pero el secreto de la oración es creer que Dios ha concedido
todo lo que le hemos pedido, si es conforme a Su voluntad. El secreto es
aceptar que lo tenemos, como dice Juan: “Sabemos que hemos obtenido la
petición que le hemos hecho”. No está intentando bromear o pretender que Dios
le ha dado algo. Lo que él está diciendo es que cuando oramos y la petición
la hacemos conforme a la voluntad de Dios, la respuesta es absolutamente
segura, y es solo cuestión del tiempo de Dios en lo que se refiere a cuándo
tendremos la respuesta. Podemos recibir de Él y darle las gracias por lo que
ya nos ha dado, esperando recibirlo en el tiempo de Dios. Padre, te doy gracias por Tu
Palabra. Concédeme que pueda ser obediente a ella, no solo orando por otras
personas sino también por mí mismo. |
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Aplicación a la vida |
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La oración ha sido diseñada
solamente para que podamos obtener lo que forma parte de la voluntad de Dios.
Una vez que hemos orado, ¿nos quedamos con la preocupación que nos haya
incitado a orar, o tenemos confianza? ¿Por qué? |
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viernes, 29 de mayo de 2020
29 de mayo - ¿Miente Dios? - Ray Stedman
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Una de las experiencias más
corrientes en la vida es actuar basándonos en la palabra o el testimonio de
otra persona. Hacemos las cosas más asombrosas como respuesta a la sencilla
declaración de una persona a la que nunca habíamos visto con anterioridad. Yo
tuve el privilegio de guiar a un grupo de peregrinos en Tierra Santa. Eramos
personas inocentes en el extranjero. La mayoría de nosotros no habíamos
estado allí nunca con anterioridad y no sabíamos con qué nos íbamos a
enfrentar. Pero nos habían asegurado, por medio de una carta de una persona
en Nueva York, que alguien se encontraría con nosotros en cada lugar que
aterrizásemos y nos ayudaría con todas las complicaciones con las que nos
pudiésemos encontrar en un país extraño. Basándonos en la aseveración de esta
carta, unos veinticinco de nosotros pusimos nuestra confianza a la
misericordia de una persona a la que no conocíamos y descubrimos que todo
había resultado ser cierto. Lo que se había dicho en la carta había resultado
ser verdad, y sobre esa base nos entregamos a una aventura considerablemente
arriesgada. ¿No es Dios más digno de nuestra
confianza que las personas? Si usted está dispuesto a aceptar la palabra de
un extraño y actuar sobre ella, ¿no puede usted creer en la Palabra de Dios,
especialmente cuando el testimonio haya quedado escrito por los testigos de
estos sucesos? Pero además, cuando ponemos en práctica la fe sobre la base de
ese testimonio objetivo, se nos ofrece una confirmación del Espíritu en
nuestro interior que hace que sea totalmente creíble. ¿No puede usted tener
fe sobre esta base? Juan dice: “Si os negáis a hacer esto, estáis tratando a
Dios como si Él fuese mentiroso”. El Dr. H. A. Ironside acostumbraba
a contar acerca de un hombre que tenía dudas sobre si era realmente cristiano.
Se puso de rodillas y dijo: “Ahora Padre, quiero resolver esta cuestión.
Muéstrame si tengo o no vida eterna”. Y abriendo su Biblia, sus ojos se
encontraron con este versículo de 1 Juan 5. Dijo en su oración: “Padre no
quiero convertirte en mentiroso, y aquí dice que si no creo en el testimonio
que Tú das acerca del Hijo, te estoy haciendo mentiroso, pero eso no es lo
que deseo hacer. ¿Cuál es el testimonio?” Y leyó la próxima parte: “Y este es
el testimonio”, y se detuvo justo ahí. Se sintió tan rendido que puso su dedo
pulgar sobre el resto del versículo y dijo: “Señor, aquí dice que si no creo
en el testimonio que Tú has dado acerca de Tu Hijo, Te estoy convirtiendo en
mentiroso, y no quiero que eso suceda. Yo creo en lo que dice este
testimonio, que tengo justo debajo de mi dedo pulgar aquí, y voy a levantar
el dedo y lo voy a leer y, Señor, ayúdame a creerlo, porque no quiero hacerte
quedar como mentiroso”. Con gran temblor, levantó el dedo pulgar y leyó:
“Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo” (5:11). De repente
lo entendió con toda claridad: “El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no
tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (5:12). Tenga lo que tenga, por muy
religiosa que sea la persona, si no ha recibido al Hijo, no tiene la vida.
Entonces sintió paz y se convirtió en predicador de esta gran verdad. Padre, te doy gracias por este
poderoso recordatorio de que mi salvación está asegurada porque Tú no puedes
mentir. Concédeme la fe de aceptar Tu promesa tal y como aparece aquí. |
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Aplicación a la vida |
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¿Nos resulta fácil creer en un
amigo en el que confiamos o incluso en un extraño o en los medios de
comunicación diarios, pero dudamos de lo que dice Dios en Su Palabra?
¿Estamos haciendo que Dios parezca mentiroso? |
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jueves, 28 de mayo de 2020
28 de mayo - Venceremos - Ray Stedman
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Piense usted en lo que implica esta
frase “al mundo”. Piense en las presiones morales con las que nos enfrentamos
actualmente en el mundo, la perspectiva y las normas de la sociedad impía que
nos rodea, que está constantemente entrometiéndose en nuestra conciencia
mediante tremendas presiones con el propósito de que adoptemos esas
actitudes y normas para la vida. Piense usted en la tentación de engañar y
mentir con el fin de seguir adelante a toda costa, siendo deshonestos, no
solo en lo que se refiere en rellenar nuestros documentos para el pago de los
impuestos, sino en todos los aspectos de los negocios. Otra presión corriente
con la que nos enfrentamos en el mundo es la de ser sexualmente inmorales,
algo que resulta especialmente evidente entre los jóvenes y las personas
solteras. Se nos anima a que alimentemos el fuego y satisfagamos nuestros
deseos, a pesar de que pueda estar mal y resultar mortal. Las presiones que
nos rodean son tremendas estos días, a veces aparentemente irresistibles.
Está la presión de aceptar ideas equivocadas, reaccionando en contra de otras
personas de la misma manera que lo hace el mundo, vengándonos por ello,
reaccionando de la misma manera que ellos, mostrándonos resentidos y celosos,
siendo ambiciosos y crueles. ¿No siente usted todo esto? La codicia de la
carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida, todo esto es del
mundo. ¿Cómo puede usted vencer al mundo?
¿Cómo puede seguir adelante, momento tras momento, día tras día, año tras
año, viviendo una vida que es totalmente contraria a ello, basada en normas,
objetivos y evaluaciones que son totalmente diferentes, y soportar no solo
durante diez años sino durante décadas enteras en contra de esa clase de
presión moral? ¿Cómo se mantiene usted firme en medio de esto y no solo
permanece firme, sino intentando ayudar y ganar a otros a su manera de
pensar? Juan dice que es “por fe”; eso es todo. No por una fe que tuvo usted
hace veinte años, al principio de ser cristiano, sino por fe en la vida de
Jesús presente en usted ahora. Por medio de la fe en Él que obra en usted, en
medio de las presiones, contrarrestándolas con la presión de Su propia vida. Una vez oí acerca de un capitán de
barco que estaba describiendo cómo era haber pasado por una tempestad.
Describió el barco en medio de las olas, elevándose por todas partes, con el
viento soplando con fuerza y la lluvia implacable cayendo. El barco daba la
impresión de ser la víctima impotente de la tempestad, bajo la fuerza de los
poderosos elementos embravecidos por todas partes. Su destrucción parecía
asegurada, pero él dijo: Yo estaba en el puente del barco agarrado a la
barandilla. Podía sentir la vibración de los motores en lo profundo, en el
interior del casco del barco. La tempestad, el viento y las olas parecían estar
diciéndole al barco: No puedes venir, no puedes venir. Pero yo oí la
respuesta vibrante de los motores diciendo: Sí que lo haremos, sí que lo
haremos, y lo hicieron. Así es como vencemos al mundo. Si nos damos por vencidos, si
reflejamos las mismas actitudes y acciones del mundo, hemos sucumbido al
mundo y a las artimañas del demonio. Pero si nuestra dependencia gira en
torno a la vida del Hijo de Dios, Su vida está en nosotros, y además: “Esta
es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. Padre, siento el llamamiento a la
batalla en contra de las fuerzas sutiles y engañosas de una era mundana.
Concédeme que pueda tener una fe renovada en Tu poder y que salga a
enfrentarme con el mundo en una empresa de fe que hace que cada día sea una
emocionante aventura. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cómo nos enfrentamos con las
presiones de la vida? ¿Estamos intentando vencer
nuestras dificultades, o estamos resistiendo con una fe creciente,
descansando en Cristo que obra en nosotros? |
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miércoles, 27 de mayo de 2020
27 de mayo - Confianza en el juicio - Ray Stedman

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Dudo que haya una sola persona que
no se de cuenta, en lo más hondo de su corazón, de que al final de la vida
tenemos que rendir cuentas. Tendremos que estar ante la presencia del Señor
nuestro Hacedor. No hace diferencia alguna si somos cristianos como si no lo
somos, porque sea cual fuere la relación que tenemos con Él, todos nosotros
nos encontraremos cara a cara con el Señor mismo. Él se encuentra al final de
cada uno de los caminos que sigamos hoy, y tendremos que llegar por fin al
día en que nos veremos obligados a dar cuenta de nuestra vida. No podemos evitar preguntarnos a
nosotros mismos cómo nos irá en ese día. ¿Podré yo pasar esa prueba
inconsciente a la que se refiere Jesús en Mateo 25, cuando juzgará a las
naciones y dividirá a las ovejas a Su mano derecha y las cabras a Su
izquierda? Le dirá a las personas a Su derecha: “Venid, benditos de mi Padre,
heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo
25:34). ¿Por qué? “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me
disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me
vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme” (Mateo
25:35-36). ¿Recuerda usted la reacción de ellos? “Señor, cuándo sucedió esto?
Nosotros ni siquiera fuimos conscientes de ello. No recordamos haberte visto
ni nos acordamos de haber hecho estas cosas”. Entonces les dirá a los a Su
izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno”. ¿Por qué? “Porque
cuando me vieron débil y enfermo y encarcelado, no hicieron nada. Nada más
siguieron su camino; no me mostraron interés ni compasión; no hicieron nada”.
Entonces también ellos le responderán sorprendidos, diciendo: “¿Por qué,
Señor? ¿Cuándo pasó así? No nos acordamos. Si te hubiésemos visto, hubiésemos
hecho algo, pero no nos acordamos ni haberte visto” (ver Mateo 25:41-44). La
revelación penetrante de este pasaje es que esto está sucediendo actualmente
a todo nuestro alrededor. Cristo está en todas estas situaciones de necesidad
y, cuando nosotros nos encontramos con alguien que tiene una necesidad, es
Jesús quien nos está pidiendo ayuda. Nuestra reacción ante esa persona es
nuestra reacción ante Él. Por lo tanto, ¿no se pregunta cada
corazón ahora: “Cuando me encuentre ante Él de este modo, pasaré la prueba?
¿Estoy yo reconociendo estas situaciones ahora?” Juan dice que es el amor
“perfeccionado” el que nos permite tener la confianza en el día del juicio.
El amor que ha sido perfeccionado es el amor hecho visible en nuestra manera
de actuar. Por lo tanto, fíjese usted en lo que está diciendo Juan: “Si desea
usted tener confianza en el día del juicio, permita que el amor se exprese a
sí mismo, permitiendo que sea perfeccionado, porque es cuando el amor es
perfeccionado en nosotros cuando tenemos la confianza necesaria para el día
del juicio”. Ahora puede usted ver la confianza
que hace que sintamos en el día del juicio. Si Él va a mirar mi vida y ver la
actividad de Sí mismo en mí, entonces no se negará a Sí mismo en el día del
juicio. Sé que lo que estoy haciendo, si proviene de esta fuente, será totalmente
aceptable para Él. Padre, no permitas que me tome
estas palabras a la ligera. El problema no son los otros, sino más bien el
que yo no esté dispuesto a mostrar amor hacia aquellos que no hacen las cosas
que a mí me gustan y no actúan de la manera que yo pienso que deberían hacerlo. Perdóname y enséñame a amar. |
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Aplicación a la vida |
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¿Qué sucede cuando nos morimos?
¿Dónde encontramos el conocimiento necesario para contestar con confianza a
esta pregunta? ¿Estamos nosotros a disposición de Aquel que ama por medio de
nosotros? |
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