Versículo para hoy:

miércoles, 8 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

 SEGUNDA CUESTIÓN

 ¿Cómo puede el creyente recibir ayuda para esperar en Dios, mientras que la providencia retrasa la respuesta a sus oraciones?

Hay dos maneras para considerar tales retrasos:

  1. Desde un punto de vista divino: los tiempos y las sazones están en la mano del Señor nuestro Dios. (Hech.1:7) 
  2. Desde nuestro punto de vista humano: esperamos una respuesta a nuestras oraciones más pronto. 

Nada puede ser más cierto ni exacto que el tiempo que Dios ha escogido para contestar una oración. Si comparamos Éxodo 12:41 con Hechos 7:17, veremos la razón por la cual la liberación del Israel de la esclavitud egipcia no pudo ser retrasada ni un día más. Fue porque el tiempo de la promesa había llegado. Frecuentemente nos desanimamos por los retrasos de la providencia y comenzamos a dudar de la fidelidad de Dios. Pero sus pensamientos no son los nuestros. (Isa.55:8) “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza.” (2 Ped.3:9) El Señor no calcula sus tiempos de obrar conforme a nuestra aritmética. Dios determina el tiempo, y aunque su respuesta pudiera ser retrasada mucho más de lo que pensábamos, no será ni un momento más tarde de su designio. Durante estos retrasos, el pueblo de Dios puede desanimarse mucho. Por medio de Isaías Dios había prometido que tendría misericordia de su pueblo en cautividad, pero ellos esperaron año tras año y no sucedió nada. “Pero Sión dijo: me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí.” (Isa.49:14) A David le sucedió lo mismo. Dios le había hecho tales promesas que fueron llamadas “las misericordias firmes a David”, y no obstante David pensaba que Dios ya se había olvidado de él. En el Salmo 13 dijo: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Vers.1)

 Hay tres razones principales por las cuales llegamos a desanimarnos de esta manera:

 1. Nos rendimos ante la incredulidad. No dependemos con plena confianza y seguridad de la incuestionable palabra de un Dios inmutable y fiel. Esta razón de desánimo es señalada en el Salmo 27:13, “Hubiera yo desmayado si no creyese.” En otras palabras , un corazón desanimado es una evidencia de incredulidad.

2. Miramos las cosas tales como aparecen a nuestros sentidos. Fue dicho de Abraham que “contra esperanza”, es a saber, contra cualquier probabilidad natural “creyó en esperanza... dando gloria a Dios.” (Rom.4:18 y 20) Nuestros espíritus se mantienen animados cuando no miramos las cosas que vemos con nuestros ojos naturales y cuando medimos todas las cosas por otra regla; es a saber, por el poder y la fidelidad de Dios. (2 Cor.4:16 y 18)

3. Satanás usa tales ocasiones para sugerir pensamientos duros contra Dios. Cuando nuestros espíritus están decaídos, estamos más propensos para escuchar a Satanás. El siempre trata de debilitar nuestras manos e impedirnos que esperemos en Dios.

 En vista de lo que hemos estado diciendo, es necesario que seamos vigilantes y que dejemos todo en las manos de Dios esperando pacientemente por su salvación. Para ayudarnos a hacer esto, propongo los siguientes pensamientos:

 1. Usted no tiene ninguna razón justificable para tener pensamientos duros contra Dios, porque es posible que Él no haya prometido las cosas que usted espera de Él. Usted pudiera haberse prometido a sí mismo ciertas cosas, por ejemplo: la prosperidad, la continuación de las bendiciones que actualmente disfruta. ¿Pero en dónde prometió Dios eso? La promesa de que Dios "no quitará el bien", es limitada a aquellos que “andan en integridad”. (Sal. 84:11) Escudriñe su propio corazón para ver si no se ha apartado de Dios en su vida de manera que Él estaría en lo justo al quitarle todas aquellas cosas que usted disfruta. En cualquier caso, todas las promesas de Dios son limitadas por la sabiduría y la voluntad divinas. 

¿Quién le dijo que esperara descanso, facilidad y deleite en este mundo? Dios nos ha dicho frecuentemente que deberíamos encontrar aflicción en este mundo (Jn.16:33), y que “es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hech.14:22) Todo lo que Dios ha prometido es que Él estará con nosotros en las tribulaciones, que suplirá nuestras necesidades reales, y que hará que todas las cosas nos ayuden a bien (Sal. 91:15; Isa. 41:17; Rom.8:28).

2. Si después de haber orado a Dios por bendiciones espirituales, usted ha esperado mucho tiempo y no ha recibido nada, le preguntaría ¿Qué tipo de bendiciones desea usted? Las bendiciones espirituales son de dos clases: 

      1. Aquellas que son necesarias para que la vida espiritual continúe. 
      2. Aquellas que incrementan nuestro gozo y consuelo. 

Las bendiciones del primer tipo son absolutamente necesarias y por lo tanto son seguras e infalibles promesas. “Haré con ellos pacto eterno, y no tornaré atrás de hacerles bien, pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” (Jer. 32:40) Las bendiciones del segundo tipo son concedidas cuando Dios considera que serán para nuestro bien, y muchos de su pueblo han vivido por largo tiempo sin ellas.

3. Debería preguntarse a sí mismo ¿Cuál es su propósito en desear estas bendiciones? Pudiera ser que usted no recibe lo que pide, porque no lo pide con un motivo correcto. (Stg.4:3) A veces pedimos ser librados de problemas simplemente porque disminuyen nuestro placer en el mundo. De hecho, los problemas nos son enviados a fin de que vivamos una vida de mayor obediencia.

4. ¿Está usted realmente dispuesto a que la voluntad de Dios sea hecha? Lo que le agrada a usted es el disfrutar de sus deseos, pero Dios se agrada cuando usted solo desea hacer Su voluntad. Las bendiciones no le pueden ser concedidas, sino hasta que usted desee hacer la voluntad de Dios con todo su corazón. David tuvo que esperar un largo período de tiempo para recibir lo que le fue prometido, y mientras tanto su alma fue hecha como la de un “niño destetado”. (Sal.131:2) Si David y muchos otros han tenido que esperar mucho tiempo para las bendiciones de Dios, ¿Porqué no habría de esperar usted?

5. ¿Perderá usted cosa alguna por esperar pacientemente en Dios? Ciertamente que no. Es mucho mejor experimentar la gracia de Dios obrando en su vida que disfrutar las comodidades. El Señor le está dando una lección en la fe y la paciencia y logrando que usted esté más interesado en Su voluntad. Así, cuando las bendiciones deseadas nos llegan, serán de mucho más gozo por causa del ejercicio de la fe y de la oración.

6. Si las bendiciones que usted espera de Dios no son dignas de esperar por ellas, resulta tonto estar preocupado por no recibirlas. Todo lo que Dios espera de usted es que espere sus misericordias como un favor inmerecido. Piense en las muchas promesas hechas a aquellos que esperan en el Señor. “Bienaventurados todos los que le esperan.” (Isa.30:18); y “los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas.” (Isa.40:31)

7. Recuerde cuán largo tiempo Dios esperó antes que usted se volviera a Él y obedeciera su palabra. ¿No es justo que Dios le haga esperar por sus bendiciones? Nuestra incredulidad ha hecho que Él clame: “¿Hasta cuándo no me han de creer?” (Núm. 14:11) y “¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jer.4:14)

 8. El hecho de que usted se ha cansado de esperar es en sí un mal muy grande. Probablemente usted habría recibido sus misericordias más pronto, si su espíritu hubiese estado más quieto y dispuesto a someterse a Su voluntad.


martes, 7 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

PRIMERA CUESTIÓN

¿Cómo puede un creyente descubrir la voluntad de Dios en circunstancias confusas y difíciles?

Primero debemos considerar lo que entendemos por “la voluntad de Dios”. La voluntad de Dios consiste de dos aspectos: primero, hay la voluntad secreta de Dios y segundo, la voluntad revelada de Dios. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros.” (Deut.29:29) Nosotros solamente podemos preocuparnos por la voluntad revelada de Dios, la cual nos es revelada a cada uno de nosotros en Su palabra y en Sus obras.

1. Hay una enorme variedad en las cosas reveladas. Los asuntos más importantes relativos a la fe cristiana nos son enseñados claramente en Su palabra, pero aquellos aspectos menos importantes algunas veces son más difíciles de entender.

2. Hay una gran diferencia en las personas a las cuales Dios revela su voluntad. Algunos parecen hombres fuertes, otros parecen niños. (1 Cor.3:1) Algunos son muy capaces para entender lo que deberían hacer y otros no pueden entender tan fácilmente.

3. Las formas en que Dios revela su voluntad a los hombres también son muy distintas. En los tiempos del Antiguo Testamento Dios mostraba a los hombres lo que deberían hacer en una forma personal y especial, como por ejemplo cuando escogió a Saúl para ser rey. (1 Sam.9:15-17) Otro caso es el de David cuando preguntó al Señor si debería ir a pelear contra los filisteos. (1 Sam.23:2 y 4) Pero ahora, tenemos toda la Biblia como nuestra guía y no debemos esperar que Dios nos conceda revelaciones especiales. Debemos escudriñar las Escrituras y en los casos en donde no hay ninguna regla particular para guiarnos, deberíamos aplicar los principios generales de la Escritura a nuestro problema particular. 

Pudiera ser que todavía existan dudas acerca de “qué hacer”. En tal caso no debemos considerar solo la providencia por sí misma para descubrir la voluntad de Dios. La forma más segura es considerar la providencia en relación con los mandamientos y las promesas de la Biblia. Cuando usted ha orado buscando la guía divina y resulta que la providencia concuerda con su propia conciencia y con la mejor luz que usted puede ver en la Biblia, entonces usted lo puede tomar como un impulso para que usted siga adelante en el camino indicado. Pero si la providencia parece favorecer cualquier cosa que está en contra de las normas de la Escritura, entonces usted no debe ir por ese camino. Si usamos solamente la providencia como una regla para conducirnos, entonces un hombre malvado que peca con éxito podría decir que fue guiado por Dios.

Las siguientes reglas le ayudarán a descubrir la voluntad de Dios:

1. Tener un temor verdadero de Dios en su corazón y ser realmente temeroso de ofenderle. “El secreto de Jehová es para los que le temen, y a ellos hará conocer su Pacto.” (Sal.25:14)

2. Estudiar más la Palabra de Dios y menos los asuntos del mundo. La palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. (Sal.119:105) Esta nos mostrará qué hacer y qué peligros evitar.

3. Poner en práctica lo que ya sabe. “El que quisiera hacer su voluntad, conocerá de la doctrina...” (Jn.7:17) “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos.” (Sal.111:10).

4. Orar para tener luz y entendimiento; ruegue al Señor para que le guíe y no le deje caer en pecado. (Vea Esdras 8:21)

5. Seguir la providencia entre tanto que concuerde con la Biblia y no más allá de esto. En el día de aflicción es tiempo de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. Por otra parte, cuando la providencia nos trae bendiciones es tiempo de regocijarnos en Dios. “En el día del bien goza del bien.” (Ecle.7:14) Deberíamos ser sabios para aprender lo que Dios nos está enseñando en las diferentes clases de providencias que nos sobrevienen.

lunes, 6 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 6: 

LAS CONSECUENCIAS DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES 

1. Es su responsabilidad creer que Dios está en todo lo que le acontece. Si le da consuelos, sería un grave pecado no ver su mano en ellos. Si le envía problemas, usted debería saber que no nacen de la tierra sino de la mano de Dios.

2. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted ¡Cuán grande es su cuidado de su pueblo! Su tierno cuidado es tan grande que nunca aparta sus ojos de usted. (Job 36:7) Si alguien lo quisiera dañar, Él mismo le protegerá de noche y de día. (Isa.27:3) Usted es demasiado querido para Él para ser confiado a cualquier otra mano excepto la de Él mismo. “Todos sus santos están en tu mano.” (Deut.33:3)

3. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted ¿Esto no le obliga a vivir para Él? Nuestro deseo debería ser como alguien ha dicho: “Oh que yo pudiera ser un instrumento tan útil para Dios como mis manos me son a mí.” El propósito por el cual Dios ha hecho todo a favor de usted es para que usted sea una bendición para otras personas. “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Sal.116:12) Dios siempre le está haciendo bien; entonces usted debería ser muy activo para Él. ¡Él actúa en cada momento a su favor!

4. Puesto que Dios hace todas estas cosas a favor de su pueblo, no desconfíe de Él cuando surjan nuevas dificultades. A menudo usted ha fallado en confiar en Él en el pasado; no vuelva a caer en la desconfianza. Aprenda esta gran verdad: Si usted confía en Dios y espera pacientemente en Él para ser salvo de sus problemas, Él no puede fallarle y no lo hará.

5. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted, ore a Él acerca de todo. Ciertamente usted nunca tendrá lo que desea y busca a menos que Dios se lo conceda. Aunque Él tenga el propósito de concederle sus deseos, Él espera que usted se los pida. Entonces, cuando usted ha orado conforme a Su voluntad, cualquier cosa que le haya pedido en realidad ya le pertenece.

6. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted, entonces su principal preocupación debería ser la de agradarle a Él en todas las cosas. Ninguna tribulación le podrá hacer daño al creyente cuyo único deseo es el de agradar a Dios. El favor de Dios resultará en que las tribulaciones no le causen ningún efecto dañino. Puesto que Dios se regocija sobre nosotros para hacernos bien, estamos a salvo aún en medio de los problemas y los peligros más grandes. Dejémonos guiar por la sabiduría divina de la Biblia. No tema nada salvo el pecado. Haga que su principal preocupación sea la de agradar a Dios y confiar en Él en todo lo que usted haga. Estas son reglas para su seguridad y su bendición en todas las incertidumbres de esta vida.

viernes, 3 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 5-

Una cuidadosa consideración de los caminos de Dios en su providencia hacia nosotros nos ayudará a incrementar la santidad en nuestras vidas

“Justo es Jehová en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.” (Sal.145:17) A veces Dios usa personas malas para hacer lo que Él ha planeado, pero sus propósitos son siempre puros. Su santidad no es afectada por la pecaminosidad del hombre, más de lo que el sol es afectado por la basura sobre la cual sus rayos brillan. Sus providencias nos detienen de pecar y así nos ayudan a ser más santos. Demasiada prosperidad pudiera enorgullecernos; entonces algunas cosas de las que pudiéramos desear no nos son concedidas. Quizás tengamos un cuerpo débil o enfermo y por este medio Dios nos detiene del mal que habríamos hecho si fuéramos sanos y fuertes. Si pecamos, nuestro Padre se enoja. Entonces usa eventos providenciales para traernos nuevamente hacia Él. 

El poder de la sangre de Cristo nos limpia del pecado, pero la providencia nos lleva al punto en que admitimos, cuán equivocados hemos estado y cuán correcto es Dios en disciplinarnos. David clamó: “Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. Porque tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano.” (Sal.38:1-2) Entonces llegamos a ver más claramente la maldad del pecado y somos advertidos contra pecar en el futuro. “He llevado ya castigo, no ofenderé ya más.” (Job 34:31) ¡Cuán felices son aquellas providencias que hacen a la persona temer el pecado! No importa si tales eventos nos traen consuelo o dolor, incrementan nuestra santidad y nos acercan nuevamente a la presencia de Dios.

Finalmente, una consideración de la providencia de Dios será de gran ayuda para nosotros cuando lleguemos a la muerte

Cuando Jacob estaba muriendo, habló de los tratos de Dios para con él en las varias providencias de su vida. (Gen.48:3,7,15,16) Josué también hizo lo mismo. (Jos.24) La hora de la muerte será endulzada si pensamos en las diferentes maneras en que Dios nos ha mostrado su cuidado y amor a lo largo de nuestras vidas.

1. La hora de la muerte es frecuentemente el tiempo cuando muchas personas son atacadas por Satanás con terribles tentaciones. El diablo trata de hacerles pensar que Dios no les ama ni se preocupa por ellos. Pero el creyente que recuerda los tiempos a lo largo de su vida cuando Dios ha contestado sus oraciones y le ha concedido lo que necesitaba, no creerá a las mentiras de Satanás. El creyente dirá: “Dios ha tenido un tierno y paternal cuidado para mí desde mi niñez. No me ha fallado hasta hoy, y no puedo creer que me fallará ahora.” “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (Jn.13:1) “Porque este Dios, es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aún más allá de la muerte.” (Sal.48:14)

2. En la muerte los creyentes se encomiendan a las manos de Dios y entran en un instante a aquel nuevo estado, el cual será muy diferente. Cristo nos ha dejado un ejemplo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Luc.23:46), y Esteban al momento de su muerte dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hech.7:59) Hay dos actos muy diferentes de fe; el primer acto y el último. El primero es un gran riesgo cuando la persona se echa a sí misma a la merced de Cristo; el último es también un gran riesgo cuando la persona se echa a sí misma en el mar de la eternidad en base a la promesa de Cristo. Pero el primer riesgo es mucho más difícil que el último. Al fin de su vida el creyente ha llegado a conocer a Cristo como un amigo fiel cuyas muchas visitas han sido dulces. Entonces, con mucha más certidumbre puede arrojarse en los brazos de Dios con quien ha platicado y caminado tanto en este mundo.

3. A la hora de la muerte, el pueblo de Dios recibe de la mano de Dios las últimas misericordias que tendrá de la mano de la providencia en este mundo. Tendremos que rendir cuentas por la manera que hemos usado todas las bendiciones que Dios nos ha dado. ¿Cómo podremos hacer esto si no tratamos de guardar un registro de ellas ahora?

4. A la hora de la muerte deberíamos tratar de dejar a los que se quedan atrás un buen reporte de la forma en que Dios ha tratado con nosotros en esta vida. Como Josué dijo en su último discurso al pueblo: “He aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.” (Jos.23:14)

5. En la muerte comenzamos una vida de alabanza y agradecimiento, y entramos al
 mismo trabajo feliz y eterno de los ángeles. No tengo duda de que las providencias en las cuales estuvimos involucrados en este mundo serán una parte del himno que entonaremos en el cielo. Entonces afinemos nuestras lenguas y corazones mientras estamos aquí, meditando diariamente en lo que Dios ha sido para nosotros y lo que ha hecho por nosotros.

jueves, 2 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA
-Parte 4-

Una consideración cuidadosa de la providencia, tiene un poder maravilloso para llenar el corazón de agradecimiento

¿No es cierto que el Señor te guiaba por su providencia cuando eras solamente un niño, y acaso no te guardaba de los pecados y las miserias en los que muchos fueron dejados correr? Entonces, de aquí en adelante ¿no le llamarás: “Padre mío, guiador de mi juventud”? (Jer.3:4) Entonces, piense en los cambios en nuestras vidas que han sido ordenados para nosotros. Cuán mejores son de la manera en que nosotros los hubiéramos arreglado para nosotros mismos. Los pensamientos de Dios no han sido los nuestros, ni sus caminos los nuestros. (Isa.55:8) Nuestras propias ideas han sido sustituidas por mejores cosas con las cuales la providencia nos ha sorprendido. Cuando era necesario, un amigo fue motivado a ayudarle o un lugar fue abierto para recibirle. Entonces cuando la providencia le ha quitado estas cosas o su necesidad de ellas terminó, algún otro camino le fue abierto. 

¡Piense en la ternura incomparable de Dios para con su pueblo! Compare los tratos de la providencia para con usted y para con otros, quizás algunos de su propia familia que no sean cristianos, y maravíllese con la asombrosa gracia que hizo la diferencia. “¿No era Esaú hermano de Jacob?” (Mal.1:2) Piense en la manera como la providencia ha tratado con usted y compare esto con la manera en que usted se ha comportado hacia el Señor. Usted ha hecho muchas cosas malas en el pasado y no obstante, no puede acordarse de haber recibido ninguna otra cosa sino bien de la mano del Señor. Por último, compare sus peligros y sus temores con la forma en que la providencia le ha librado de todas sus angustias. Nubes negras han estado sobre su vida, su libertad o algún ser querido ha estado en peligro. Usted acudió al Señor en su aflicción y Él proveyó una salida y le libró de todos sus temores. (Sal.34:4)

No viva su vida tan aprisa que no tenga tiempo de sentarse y pensar acerca de estas cosas. Considere en su corazón estos maravillosos descubrimientos de Dios en su providencia.

Una cuidadosa observación de la providencia traerá paz a sus mentes

El salmista dice: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” (Sal.4:8) El salmista está determinado a que sus temores pecaminosos no le quitarán su paz interior. Encomendará todas sus preocupaciones a las manos paternas de un Dios fiel quien ha hecho hasta ese momento todas las cosas para él. No quiere perder el consuelo, ni de una sola noche de descanso. Dos cosas pueden destruir la paz en nuestra vidas: Primero, pensar demasiado acerca de las desilusiones pasadas. Segundo, el miedo de sufrirlas en el futuro. 

Mientras pensamos acerca de la providencia, hay varias cosas que en forma natural ayudan a traer paz a la mente del creyente aún cuando las circunstancias que le rodeen sean inciertas. Por ejemplo:

1. El poder supremo de la providencia sobre todas las cosas. Esto se ve en la vida de Jacob. Él dijo a José: “No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia.” (Gén.48:11) Nada está fuera del poder de Dios en la providencia.

2. La profunda sabiduría de la providencia. Cuán frecuentemente hemos buscado que el bien viniera de algo que parecía bonito, y hemos dado la espalda a algo que parecía ser amenazador. ¡No obstante, al fin la providencia nos ha mostrado que el peligro estaba en lo que parecía hermoso y el bien estaba en lo que temíamos!

3. La obra de la providencia a nuestro favor en el pasado. “Hasta aquí nos ayudó Jehová.” (1 Sam.7:12) El es el mismo Dios ahora como lo fue en el pasado, y su fidelidad nunca falla.

4. Cuando un creyente se vuelve descuidado en su vida espiritual, generalmente es el método de Dios preparar algo para disciplinarlo hasta que su corazón sea humillado y hecho más santo. Entonces el Señor cambia la voz de su providencia y dice: “Vuélvete, Oh rebelde Israel... No haré caer mi ira sobre tú, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, y no guardaré para siempre el enojo.” (Jer.12:12-13)

5. Comparar la manera en que Dios trata con nosotros y la forma como lo hace con otras criaturas suyas, nos trae nuevas esperanzas. Él cuida de las aves del cielo por quienes ningún hombre provee y también por la hierba del campo. ¿Podemos pensar en realidad que se olvidará de su pueblo quienes le son de mucho más valor?(Mat.6:26 y 30) Pensar en el cuidado que la providencia tiene por los enemigos de Dios alimentándoles, vistiéndolos y dándoles protección aún y cuando están peleando en su contra, debería traer paz a nuestras mentes. Seguramente no fallará en proveer para el pueblo en quien ha puesto su amor, a quienes ha dado a su Hijo, y para quienes ha preparado el cielo mismo.

martes, 30 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 3-

Recordar las providencias pasadas será una fuente continua de alabanza y agradecimiento, el cual es el trabajo de los ángeles en el cielo, y la parte más placentera de nuestras vidas en la tierra.

Se dice del antiguo pueblo de Dios: “Bien pronto olvidaron sus obras.” (Sal.106:3) Aunque la providencia les alimentó en una manera sorprendente en el desierto, ellos no le dieron a Dios la alabanza que Él merecía. (Num.11:6) David se esforzaba con toda su fuerza para agradecer y bendecir a Dios por todas sus misericordias para con él. “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” (Sal. 103:1-2) No es tanto las bendiciones que la providencia nos da como la bondad y la benignidad de Dios en dárnoslas, lo que ocupa a la persona agradecida en su alabanza. Como David dice: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.” (Sal.63:3) Dar vida y preservarla son actos preciosos de la providencia; pero la gracia que le motiva a Dios a hacer todo esto es mucho mejor que las dádivas mismas. Recibimos misericordias cada día y ellas son una gran razón para estar agradecidos. “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios.” (Sal.68:19) La ternura de la misericordia divina es manifestada en su providencia. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” (Sal.103:13) Sus profundas emociones al consolar a su pueblo son como las de la madre para con su bebé. (Isa.49:15) Entonces, postrarnos ante sus pies maravillados por la manera tierna en que Él se humilla al colocarse a un nivel tan bajo en sus tratos con nosotros, es una cosa de grande gozo para nosotros.

El cuidado en observar la providencia divina hará que Cristo sea cada vez más precioso a nuestras almas

Es por medio de Cristo que todas las misericordias divinas fluyen hacia nosotros y que toda la alabanza de nosotros regresa a Dios. Todas las cosas son nuestras porque nosotros le pertenecemos a Él. (1 Cor. 3:21-23)

1. Todas las bendiciones que poseemos, tanto en esta vida como las misericordias espirituales y eternas, nos han sido compradas por la sangre de Cristo. Por su muerte Cristo nos restaura todas las cosas que el pecado nos había robado. “Con Cristo” Dios nos da libremente todas las cosas: la salvación misma, y todas las cosas necesarias para llevarnos a ella. (Rom.8:32) Cualquier bien que recibimos de la mano de la providencia tenemos que decir que nos viene por medio de la muerte de Cristo.

2. Porque estamos unidos con Cristo todo lo que recibimos de la providencia nos es hecho una bendición. Cuando estamos en Cristo, tenemos más de lo que perdimos en la caída de Adán.

3. Los ángeles son empleados en el reino de la providencia, pero es Cristo quien les ordena. Quienquiera que sea el medio para hacerle cualquier bien, es el Señor Jesucristo quien da el mandato para que esto sea hecho. El cuidado de Cristo por los creyentes en Damasco detuvo a Saulo de destruirlos. (Hech. 9)

4. Como Cristo nos abrió la puerta de la misericordia muriendo por nuestros pecados, así Él mantiene la puerta abierta intercediendo siempre en la presencia de Dios por nosotros. (Apo.5:6, Heb.9:24) Si esto no fuera cierto, cada pecado que cometemos pondría fin a las misericordias que tenemos. Pero, “Si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados.” (1Jn.2:1-2)

5. Las respuestas a todas sus oraciones les son obtenidas por Jesucristo. Su nombre hace que sea imposible que el Padre les niegue cualquier cosa que le pidan conforme a su voluntad. (Jn.15:16) ¡Considere cuánta es su deuda con su querido Señor Jesucristo por este grande y glorioso privilegio!

6. El Pacto de la Gracia asegura todas las bendiciones que usted disfruta, tanto su
pan de cada día (Sal.111:5), como todas las demás misericordias espirituales. Este pacto es el nuevo testamento comprado por su sangre. (1 Cor.11:25) Entonces, usted debe agradecer al Señor Jesucristo por cada cosa buena que recibe de ese pacto.

lunes, 29 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 2-

Estudiar lo que Dios hace en la providencia corregirá la incredulidad natural de nuestros corazones

Hay una incredulidad natural en los mejores corazones, la cual es incrementada cuando pensamos equivocadamente acerca de las obras de la providencia. Somos tentados a decir igual que el salmista: “He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.” (Sal.73:12) Pero si somos cuidadosos en observar la manera en que Dios castiga a los hombres malvados, algunos de ellos en este mundo y todos ellos en el mundo venidero, nuestra fe será confirmada plenamente. Aquellas providencias las cuales muestran la sabiduría, el poder, el amor y la fidelidad de Dios en preservar y librar a su pueblo de todos sus peligros, temores y dificultades, son muy claras. El Señor se manifiesta a su pueblo por medio de estas cosas. (Sal.94:1) Piense en sus propias experiencias y pregúntese ¿Quién suplió todas sus necesidades en los tiempos difíciles? ¿Acaso no fue el Señor? “Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto.” (Sal.111:5) ¿Cómo es que usted ha sobrevivido a través de tantos peligros, enfermedades y accidentes? No hay duda alguna de que Dios estaba presente en todas estas cosas y solo por su cuidado usted ha sido preservado. La mano de Dios también se ve claramente en las respuestas a sus oraciones. “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.” (Sal.34:4 y 6) ¿No ha descubierto la mano de Dios guiando y dirigiendo sus caminos a fin de que bendiciones que usted nunca se imaginó le han sido otorgadas? Su pueblo le es muy querido a Dios, y Él hace todas las cosas a favor de ellos. (Sal.57:2)

Llevar un registro de lo que la providencia ha hecho será un apoyo real en los tiempos difíciles en el futuro.

Es mucho más fácil para la fe viajar por un camino muy conocido que trazar un camino nuevo donde no puede ver ni un paso adelante. El acto de la fe cuando por primera vez confiamos en Cristo fue el más difícil. Todos los actos subsecuentes de la fe son hechos más fáciles por nuestras primeras experiencias. Cuando llegamos a un tiempo de problemas nuevos, es de gran ayuda poder decir: “Esta no es la primera vez que he estado en estas profundidades, y he salido con bien antes.” Cuando los discípulos no tuvieron pan, Cristo les tuvo que recordar de los milagros que el hizo anteriormente. (Mat.16:8-11) Les llamó hombres de “poca fe” porque deberían haber confiado en Dios después de haber sido testigos de su poder en el pasado. Hay dos maneras en que mostramos nuestra incredulidad:

1-     Dudamos del poder de Dios.

2-     Dudamos de su voluntad para ayudarnos.

El pueblo de Israel pensó que algunas cosas le serían imposibles a Dios. ¿Podrá poner mesa en el desierto? ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo? (Sal.78:19-20) Porque nosotros no vemos la forma en que el alivio vendrá, pensamos que no podemos esperar nada. Pero todos estos razonamientos de la incredulidad son vencidos si solo pensamos en nuestras anteriores experiencias. Dios nos ha ayudado, entonces puede ayudarnos ahora. Tiene el mismo poder y la misma capacidad que siempre ha tenido. 

La incredulidad también cuestiona si Dios será misericordioso ahora aunque lo ha sido en el pasado. David y Pablo razonaron relacionando lo que Dios había hecho antes a lo que haría ahora. (1 Sam. 17:36; 2 Cor.1:10) ¿Cuál cuestionamiento puede haber ahora, después de tantas y continuas pruebas en el pasado de la bondad de Dios?

La incredulidad pudiera decir: ¿Cómo puede una criatura tan mala y pecaminosa como yo, esperar que Dios haga tal o cual cosa para mí? Usted puede contestar: La misericordia de Dios me apareció primero, cuando era peor de lo que soy ahora; por lo tanto, aún esperaré que su bondad continúe conmigo, aunque no la merezca. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” (Rom.5:10)

domingo, 28 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 1-

Ahora debo poner frente a ustedes el gran placer de andar con Dios y de fijarse diariamente en sus providencias.

Por este medio usted puede disfrutar un íntimo compañerismo con Dios día tras día.

El Salmo 104 es una meditación sobre las obras de la providencia. El salmista dice: “Dulce será mi meditación en Él.” (vers.34) 

La comunión se compone de dos cosas:

        • Primero: Dios dándose a conocer a nuestra alma. 
        • Segundo: Nuestra alma respondiendo a Dios. 

El efecto de esta comunión se manifiesta en cuatro maneras:

1. Tal como con Jacob y los demás santos de los tiempos antiguos, llegamos a sentir que no merecemos la más mínima de las misericordias y la verdad que Dios nos ha mostrado. Somos llevados a decir: “Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo.” (Gen.32:10)

2. Nuestro amor para con Dios se incrementa cuando recordamos sus misericordias. Cada hombre ama las misericordias de Dios, pero un santo, ama al Dios de las misericordias.

3. La comunión con Dios que es producida al meditar en sus providencias, hace que el alma mantenga una continua vigilancia para no pecar en contra de Dios.

4. La comunión, hace que sea fácil obedecer y servir al Señor. David y Josafat encontraron que esto es cierto. (Sal.116:12; 2 Crón.17:5-6)

Entonces, usted puede ver la maravillosa comunión que el alma puede tener con Dios estudiando sus providencias. ¡Oh que usted anduviera en esta manera con Él! Cuando tales efectos como estos son producidos en su corazón, el Señor dirá: “¡Los favores con los cuales a usted le he beneficiado, han sido bien otorgados!” Dios se regocijará de hacerle bien para siempre.

Una gran parte del placer en la vida cristiana proviene de considerar lo que Dios hace en la providencia

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.” (Sal.111:2) (La Biblia Revisión 1977 traduce la última frase como: “Dignas de meditarse por cuantos en ellas se complacen.”)

1. Vea cómo los diferentes aspectos del carácter de Dios trabajan juntos en la providencia. A veces puede parecer que se oponen entre sí, pero por fin siempre se encuentran. “La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron.” (Sal.85:10) Estas palabras se refieren al regreso de Israel de la cautividad babilónica. La verdad y la justicia de Dios en la promesa hecha setenta años antes parecían muy lejos de la experiencia de misericordia y paz, la cual Israel encontró cuando salió de la cautividad. La promesa hecha tantos años antes y su cumplimiento setenta años después son descritas como dos amigas que ahora sonríen y se besan al encontrarse después de una larga ausencia. Cada vez que las promesas de Dios y los eventos que fueron prometidos se encuentran entre sí, son abrazados gozosamente por el pueblo creyente.

2. Frecuentemente al mirar las obras de la providencia, usted puede ver sus propias oraciones y esperanzas creciendo nuevamente como si se levantaran de los muertos. Dios retarda la respuesta a nuestras oraciones y nosotros decimos: “Perecieron mis fuerzas y mi esperanza en Jehová.” (Lam.3:18) Pero ¡Cuán llenos de consuelo somos, cuando esas oraciones son contestadas, cuando habíamos perdido toda esperanza de recibir respuesta alguna a ellas! Las vidas de Job, Jacob y David muestran cómo es que a veces habían perdido toda esperanza de vida, pero después de la extraña e inesperada obra de la providencia, vivieron para ver recuperados su esperanza y su consuelo, como “si se hubieran levantado de los muertos”.

3. Cuán grandes bendiciones nos ha traído la providencia de aquellas cosas, las cuales pensamos que nos conducirían a la ruina o la miseria. José no se imaginaba que su venta como esclavo en Egipto resultaría en su beneficio; y sin embargo vivió para ver un propósito bueno en ello. (Gen.45:5) Cuántas veces hemos sido obligados a decir igual como David: “Bueno es haber sido afligido.” (Sal.119:71) Al principio, nuestra reacción ante los problemas es de suspiros y lágrimas; más tarde los vemos con gozo y bendecimos a Dios por ellos.

4. Cuán inmenso es el consuelo para una persona que ve nada más que mal en sí mismo, comprobar al mismo tiempo en cuánta estima le tiene Dios. Mientras que la providencia le cuida, esa persona ve que la bondad y la misericordia divinas le siguen todos los días de su vida. (Sal.23:6) Otros hombres buscan el bien y éste se aleja de ellos. Pero la bondad y la misericordia siguen al pueblo de Dios y ellos no pueden impedirlo, aunque a veces pecan y se desvían del camino recto. Ciertamente, el pueblo de Dios son su tesoro y “no apartará de los justos sus ojos”. (Job 36:7)

5. En la muerte comenzamos una vida de alabanza y agradecimiento, y entramos al mismo trabajo feliz y eterno de los ángeles. No tengo duda de que las providencias en las cuales estuvimos involucrados en este mundo serán una parte del himno que entonaremos en el cielo. Entonces afinemos nuestras lenguas y corazones mientras estamos aquí, meditando diariamente en lo que Dios ha sido para nosotros y lo que ha hecho por nosotros. 

viernes, 26 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 4: CÓMO DEBEMOS PENSAR ACERCA DE LAS PROVIDENCIAS ESPECIALES DE DIOS – Parte 2

4 - Despierte su corazón a fin de poder contemplar y comprender los diferentes caminos de las diversas providencias de Dios. (Ecle.7:14)

Hay dos tipos de consuelo, el natural y el espiritual. 

Hay un tiempo cuando los creyentes deberían gozarse de ambos (Est.9:22), y hay otro cuando el consuelo natural no puede disfrutarse. (Sal.137:2) 

Pero no hay ningún tiempo cuando el consuelo espiritual y el gozo divino deberían dejar de experimentarse. (1 Tes.5:16 y Fil.4:4) 

Aún en las peores angustias que sobrevienen al creyente, deberíamos hacernos las siguientes preguntas:

1. ¿Por qué deberían tales angustias hacernos olvidar nuestro consuelo en Dios, cuando son solo pasajeras y nuestra felicidad en Dios es eterna?

2. ¿Por qué deberíamos estar tristes mientras que nuestro Dios está con nosotros en nuestros problemas? La promesa “Con él estaré Yo en la angustia” (Sal. 91:15) debería apoyarnos en todas nuestras cargas.

3. ¿Por qué deberíamos estar tristes los que somos creyentes, mientras podemos estar seguros de que ningún acto de la providencia, no importa cuán malo parezca ser, es señal de que Dios nos aborrezca? El corazón de Dios está lleno de amor para con sus hijos, aún y cuando la faz de la providencia esté frunciéndonos el ceño.

4. ¿Por qué deberíamos estar deprimidos cuando estamos seguros de que aún por medio de estas providencias tristes Dios nos quiere hacer bien? (Rom. 8:28)

5. ¿Por qué no deberíamos pensar en nuestro gozo en Dios si el tiempo está cerca cuando nuestras tristezas se desvanecerán y ya no sufriremos más? “Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Apo. 7:17)

Entonces, si usted quiere conservar su gozo y su consuelo en toda circunstancia, tenga cuidado de no amar demasiado las cosas de este mundo. Piense en la segunda venida del Señor, y las cosas terrenales le parecerán insignificantes. Ponga su corazón en las cosas que son eternas, y no corra el riesgo de perder el gozo de la comunión con Dios por causa de algún gozo de carácter terrenal. Aunque tengamos más o menos de las cosas de este mundo, debemos de aprender a estar contentos. (Fil. 4:11-12) 

Pido a aquellos que no son creyentes, que consideren seriamente estos asuntos. Las Escrituras dicen que el infierno es el destino eterno de los impíos. El hecho de que usted continúe aún con vida le muestra la grandeza de la paciencia y la longanimidad divinas. Usted no tiene derecho a ninguna misericordia y no obstante, la misericordia prolonga su vida. La predicación del Evangelio por el cual pudiera escapar del castigo del infierno ¿no significa nada para usted? ¿Qué dirían aquellos que en la actualidad están perdidos eternamente, si pudieran regresar a la posición en que usted está ahora? 

Volviendo nuevamente al pueblo del Señor, le pido que considere las misericordias espirituales y las bendiciones que usted recibe del Señor Jesucristo. Una sola de estas misericordias es suficiente para endulzar todos sus problemas en este mundo. “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo.” (Ef.1:3) Considere lo que su pecado merece realmente de Dios y lo que fue necesario para limpiarlo de él. Su pecado merece la ruina eterna y sin embargo, usted disfruta muchísimas misericordias. Las aflicciones que le sobrevienen en la providencia divina son necesarias para sujetar el pecado que aún permanece en usted. Aún así ¿no encuentra usted que todavía posee un corazón orgulloso? Considere qué tan cerca del cielo está usted. Tenga un poco de paciencia y pronto todo será tan bueno como su corazón desea; “Porque ahora nos está más cerca nuestra salvación que cuando creímos.” (Rom.13:11)

5 - Si la providencia retrasa cualquier bendición por la cual usted ha orado y esperado, no se canse de rogar a Dios

Siempre queremos las cosas de inmediato. Pero las providencias tristes todavía no han tenido el efecto deseado sobre nuestro corazón. Entre más que esperemos, más dulce será cuando llegue la respuesta. “Se dirá en aquel día; he aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado y nos salvará: Este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.” (Isa.25:9) El niño necio corta y come la manzana verde. Pero cuando el fruto está maduro, cae por sí mismo y es más placentero comerlo. 

Frecuentemente, las bendiciones están más cerca cuando las esperanzas del pueblo de Dios están casi perdidas. La liberación del pueblo de Dios de manos de Egipto y Babilonia, sucedieron así. (Ex.2:23 y Ez.37:11) En nuestro propio caso particular, quizás las bendiciones hayan sido atrasadas porque no estábamos aptos para recibirlas. De todos modos, nunca las merecemos. Las bendiciones siempre son el fruto de la pura gracia divina. Por lo tanto, siempre tenemos buenas razones para esperarlas con paciencia y con un corazón agradecido.

6 - No cuestione o juzgue los caminos de la providencia

Hay cosas difíciles de entender tanto en la Palabra como en la providencia de Dios. No debemos usar la sabiduría y el razonamiento terrenales al considerar la obra de Dios. 

El salmista intentó interpretar atrevidamente los caminos de la providencia y entonces dijo: “Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí.” (Sal.73:16) 
Job fue culpable de lo mismo. (Job 42:3) Entiendo que no hay nada en la Palabra o en las obras de Dios que se oponga al sano razonamiento, pero hay algunas cosas las cuales están por encima del razonamiento humano. 
Por ejemplo, el razonamiento humano no puede ver cómo es que puede venir un bien del mal, y somos tentados a desconfiar de la providencia. Por lo tanto tenga cuidado de no depender tanto de sus propios razonamientos y entendimiento. 
Nada parece más natural que juzgar las cosas por las normas humanas, pero no hay nada más peligroso.

miércoles, 24 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 4: CÓMO DEBEMOS PENSAR ACERCA DE LAS PROVIDENCIAS ESPECIALES DE DIOS – Parte 1

1- Piense profunda y largamente tanto como pueda, acerca de las providencias de Dios.

El salmista dijo: “Me acordaré de las obras de Jehová; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en tus obras, y hablaré de tus hechos.” (Sal.77:11-12) Mientras recuerde desde el principio hasta ahora lo que Dios ha sido para usted y lo que ha hecho por usted, su corazón se ablandará antes de que pueda llegar al final de su pensamiento. De no ser así su corazón está endurecido. No hay otra historia tan placentera en todo el mundo como la historia de su vida.

Siga viendo la manera en que Dios le ha guiado hasta que lo entienda mejor. El siervo de Elías siguió mirando al cielo hasta que vio la pequeña nube que pronto cubrió todo el panorama. Así, a primera vista puede que usted no vea gran cosa en algunas providencias, pero después de mirar “siete veces”, verá que su gloria se incrementa cada vez más. Hay que considerar muchas cosas antes de juzgar el valor de un solo acto de la providencia divina. Reflexione -por ejemplo- en el tiempo en que ocurre el evento, la naturaleza personal de un acontecimiento particular, la manera en que un acto de misericordia conduce a otro y además, los medios improbables usados por la providencia. Sobre todas las cosas, debemos pensar acerca del propósito de la providencia, en todo lo que acontece en nuestras vidas. “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados.” (Romanos 8:28)

Finalmente, la providencia está estrechamente relacionada con la oración. Cuando Dios nos guía a pedirle algo en oración y nos contesta, es como si la providencia estuviera guiada por nuestras oraciones.

2- Piense en cómo la Palabra de Dios es cumplida por la providencia

Josué pudo decir al pueblo de Israel: “No se ha perdido una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros...” (Josué 23:14) Esta es la verdad respecto a todo el pueblo de Dios. Si estamos inquietos acerca de lo que nos está pasado, deberíamos ver lo que la Palabra de Dios dice sobre estas cosas, y muy pronto nuestras mentes encontrarían descanso. El salmista encontró esta misma verdad cuando fue al santuario de Dios y escribió: “Comprendí la postrimería de ellos.” (Salmo 73:17)

Es para nuestro propio beneficio apegarnos a las reglas y normas de la Escritura. Cuando lo hacemos, los eventos de la providencia nos muestran en donde nos desviamos. Igual como cuando David pecó tan horriblemente y la providencia divina le mostró su error. (2 Sam.12:11,12) La Palabra de Dios nos dice que es mejor confiar en Dios que confiar en el hombre. Efectivamente, la Escritura maldice a cualquiera que pone su confianza en el hombre y no en Dios. (Salmo 118:8; Jeremías 17:5) ¡Cuán grandes son las promesas divinas de que la providencia cuidará a los piadosos! Nos dicen que no hay ningún hombre que haya dejado su casa o sus posesiones por causa del Evangelio, que perdiera cosa alguna. (Marcos 10:29,30) El apóstol Pablo es un ejemplo de uno que dejó todo para seguir a Cristo. Pablo habla de sí mismo como: “no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”. (2 Cor. 6:10) Desde aquel entonces hasta el día de hoy, muchos millares han encontrado que al obedecer y confiar en las promesas de Dios han sido suplidos con más de lo que tenían antes.

La Palabra de Dios declara que en cualquier condición en que se encuentren los creyentes, Dios nunca les desamparará ni los dejará. (Hebreos 13:5) Estará con ellos aún en la angustia. (Salmo 91:15) Pregúntese a sí mismo: ¿Dios me ha dejado bajo la presión de mis cargas? Puede que se haya sentido como David cuando dijo: “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl...” (1 Samuel 27:1) Pero igual como él, usted ha sido librado de sus problemas y las promesas de Dios se han cumplido al pie de la letra. Leemos que la Palabra de Dios es el único apoyo y alivio en el día oscuro de la aflicción (Salmo 119:50,92) y que para este propósito fue escrita la Palabra. (Rom.15:4) ¿No ha sido confirmada esta verdad por miles de experiencias? Si la providencia le ha mostrado tales promesas y le ha asegurado que el Señor le ama, entonces ¡el peso de sus cargas es menos que antes! También la providencia confirma la Palabra que dice que la única manera de incrementar nuestras posesiones es por medio de dar alegremente a otros como al Señor. (Proverbios 11:24,25; 19:17)  La mejor manera para gozar de la paz y la tranquilidad mental consiste de obedecer la Palabra escrita y encomendarnos en todo lo que le concierne al Señor. (Salmo 37:5-7; Proverbios 16:3) No estoy diciendo que los creyentes nunca estarán afligidos. Tampoco afirmo que Dios siempre castiga cada pecado de inmediato. (Si lo hiciera así, ¿Quién podría mantenerse? Salmo 130:3) Pero lo que afirmo es esto: Cuando Dios disciplina a sus hijos lo hace en su misericordia. Por medio de tales providencias, tanto las amenazas como las promesas de la Palabra de Dios son cumplidas.

3- Asegúrese de ver a Dios como Aquel que causa y dirige todos los eventos de la providencia

Dios es “el Padre de misericordia y el Dios de toda consolación.” (2 Cor.1:3) Y “vuestro padre celestial sabe que de todas esas cosas habéis menester.” (Mat.6:32) Usted solo tiene que decirle lo que necesita para estar libre de la ansiedad. (Fil.4:6) Observe la sabiduría de la libre gracia de Dios, la cual es el medio a través del cual las misericordias divinas le llegan. Todas ellas le llegan por medio de la sangre de Cristo y del pacto de la gracia. (1 Cor.3:22-23)

Nunca olvide que Dios es soberano. Dios es un ser mucho más grande que usted, el Todopoderoso quien hace según le place. (Sal. 115:3) Hace unos cuantos años usted ni siquiera existía. Cuando a Él le plació traerle a usted al mundo, usted no tuvo nada que ver en cuanto al lugar o la condición en la cual habría de nacer. 

Debemos ver también a Dios en las providencias tristes. Vea la gracia y la bondad de Dios en todos los acontecimientos tristes. Aún en los momentos más oscuros podemos ver dos clases de la bondades de Dios: 

  • Primero: misericordia en no acabar con el mundo.
  • Segundo: misericordia en preservar a su pueblo para el mundo venidero. Entonces vea la sabiduría de Dios en todas sus aflicciones. La duración y la cantidad del sufrimiento son tales que no lo dejan a usted desamparado. Vea estas cosas y hágase la pregunta que Dios hizo a Jonás: “¿Te enojas tanto por la calabacera?” (Jon. 4:9) La fidelidad del Señor significa que no fallará en disciplinar cuando fuera necesario, ni desamparará a su pueblo mientras que la aplica. (1 Ped. 1:6 y 2 Cor.4:9) 
¿No puede ver usted más en Dios, que en cualquier persona o cosa que hubiera perdido? Él es la Roca de la eternidad, “El mismo ayer, hoy y por los siglos.” (Heb.13:8) Podría ser que dos o tres días hayan efectuado un cambio triste en sus circunstancias; pero Dios es todavía el mismo de siempre, el tiempo no hace ningún cambio en Él. “Se seca la hierba, se marchita la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isa. 40:8)