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El punto de toda esta narrativa es
que Dios ha hecho una provisión maravillosa y completa para Su creación. El
mundo de la naturaleza está lleno de las más asombrosas evidencias del
cuidado de Dios.
¿Cómo es que algunos pájaros pueden
volar con un instinto certero por medio mundo y encontrar un diminuto punto
determinado de tierra en medio del océano, a pesar de que esta es la primera
vez que han hecho el vuelo? ¿Cómo es que las abejas pueden mantener la
temperatura en su colmena con una variación de unos pocos grados, tanto si es
un cálido día de verano como si es una fría mañana de invierno en el
exterior? ¿Cómo es que ciertas variedades de arañas han aprendido cómo
capturar burbujas de aire y construir nidos bajo el agua, empujando esas
burbujas hacia abajo desde la superficie y creando de ese modo diminutas
campanas de inmersión en las que cuidan de sus crías? ¿Quién les ha enseñado
a hacer algo tan extraño como eso?
Pero fíjese usted en las personas.
Fíjese en lo aparentemente mal preparados que estamos sin tener básicamente
ningún instinto. Es preciso que nos enseñen todo de nuevo con paciencia en
cada generación. Si los niños quedasen abandonados en lugares salvajes, como
ha sucedido a veces de manera accidental, sus vidas se parecerían más a las
de las bestias que las bestias mismas y no podrían ni siquiera hablarse los
unos a los otros. ¿No resulta humillante darnos cuenta de que podríamos
resolver los problemas de la tierra eliminando a una sola especie: al Homo
sapiens? Si mañana sucediese algo de manera que los humanos fuésemos
eliminados de la faz de la tierra, no pasaría demasiado tiempo antes de que
el cielo se despejase y pudiésemos ver las estrellas por la noche, las aguas
y los ríos correrían de nuevo limpios, los bosques volverían a crecer en las
laderas de las colinas desnudas y la tierra sería restaurada para ser un
reino ordenado, equilibrado y precioso.
¿Cuál es el problema? El problema
es la humanidad. ¿A qué es debido esto? El Señor Jesús dio justo en el clavo
al decir: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios” (Mateo 4:4). Cuando Dios proveyó el pan como el alimento básico
del hombre, un pan hecho de los granos de la tierra, las plantas que daban
semilla y sus frutos, Su intención era, como hemos visto a lo largo de este
relato, que este pan físico fuese una imagen del pan necesitado con
desesperación por las personas también al nivel espiritual.
Ese “pan” del espíritu significa
entender la voluntad de Dios. “Yo soy el pan de vida”, dijo Jesús. “El que a
mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan
6:35). No volverá a caminar en tinieblas, no sentirá que no sabe qué hacer en
cuanto al próximo paso que debe dar para resolver los problemas con los que
se enfrenta, y no estará como si fuese un huérfano desnudo y sin hogar
vagando a ciegas por un universo misterioso cuyas fuerzas no entiende, sino
que sabrá a dónde va y lo que está haciendo además de cómo hacerlo. El Hijo
de Dios ha venido y Él nos da entendimiento.
Señor, tengo hambre del pan del
Espíritu. Te ruego que ese pan sea mi provisión hoy al intentar entender y
hacer Tu voluntad.
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Aplicación a la vida
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¿No nos hace sentirnos humildes el
darnos cuenta de que podríamos resolver los problemas de la tierra eliminando
una de las especies: el Homo sapiens? ¿De qué manera nos instruye
la provisión de Dios por medio de Su Hijo?
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Versículo para hoy:
jueves, 9 de abril de 2020
9 de abril - La provisión de Dios - Ray Stedman
miércoles, 8 de abril de 2020
8 de abril - La gloria y la miseria del hombre - Ray Stedman
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:27).

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Lo que el mundo ha olvidado y está
buscando e intentando hallar en vano, lo que todos los cursos de psicología
esperan encontrar, lo que todo programa de mejora personal está intentando
realizar, es este secreto perdido de cómo se suponía que debía de funcionar
el hombre. Se ha perdido de la semejanza a Dios. Es por eso que los humanos
pueden crear, pero todo lo que crean tiene una tendencia al mal. Es por eso
que pueden comunicarse, pero no solo comunican la verdad y la belleza, sino
además la lujuria, el odio, la inmundicia y la muerte. Ese es el motivo por
el que, a pesar de que todavía conocen los valores morales, los niegan y los
racionalizan para exaltar el mal.
Es aquí donde entra el Evangelio.
Pablo nos enseña el plan que tiene Dios para contrarrestar la caída de la
humanidad. En Colosenses 3:9-10 dice a los cristianos: “No mintáis los unos a
los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos y revestido
del nuevo. Este, conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta
el conocimiento pleno”.
Tenemos la semejanza de Dios que
está siendo restaurada en los humanos. La imagen de Dios no se ha perdido
nunca, porque los humanos retienen todavía la capacidad para ser semejantes a
Dios, pero no tienen ya la habilidad hasta que Jesucristo no sea restaurado
en el corazón humano. Cuando Él entra en él, comienza un proceso que, poco a
poco, por medio de pruebas y sufrimientos, dolor y decepciones, gloria,
bendición y la emocionante experiencia de la gracia, nos está cambiando a fin
de poder reproducir en nosotros la semejanza de Dios. No solo tenemos la
capacidad para ser semejantes a Dios, sino que de hecho nos estamos
convirtiendo en seres semejantes a Él. ¿No es esto glorioso?
Recuerde usted ese versículo en 2
Corintios en el que Pablo dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando con el
rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del
Espíritu del Señor” (3:18). Ese es el proceso que restaura la semejanza a
Dios en los humanos.
Existe una maravillosa imagen en el
Antiguo Testamento, en el libro de Malaquías, en donde dice que Dios está
sentado como un refinador y purificador de la plata (3:2b-3). Pone la plata
en el recipiente refinador y coloca una hoguera muy caliente debajo de él. Al ir
derritiéndose la plata, la escoria comienza a flotar hacia la superficie. El
platero se sienta y la va eliminando, tirando la escoria al ir soltándose. De
vez en cuando se inclina y mira en el interior del cuenco. ¿Qué es lo que
está buscando? El reflejo de su propia imagen. Cuando puede ver su imagen
reflejada sobre la plata, sabe que es pura.
¿No nos explica esto algo a
nosotros acerca de la vida? Esto es lo que está haciendo Dios con nosotros.
¿Por qué tenemos que pasar por estas decepciones que nos hacen sentirnos
derrotados, teniendo que experimentar estas aflicciones tan tremendas, estas
pruebas tan duras, estas presiones, estas tribulaciones, estas tentaciones,
estos tiempos de fracaso así como los de gozo, bendición, gloria y éxtasis en
el Señor? ¿Qué es lo que nos está haciendo a nosotros? Está refinando la
plata hasta que pueda ver de nuevo Su semejanza.
Padre, te doy gracias por refinarme
para que se pueda ver Tu semejanza en mí. Yo me someto no solo a Ti, sino a
la manera en que lo estás haciendo, a pesar de que a veces resulte doloroso.
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Aplicación a la vida
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Sin el Evangelio, buscamos en vano
el secreto perdido de cómo se supone que debe de actuar el hombre. ¿Qué
imagen tenemos sobre la manera en que estamos siendo conformados a Su imagen?
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martes, 7 de abril de 2020
7 de abril - Nacido para reinar - Ray Stedman
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Al hombre le fue dado el dominio
sobre todo el universo creado. Fue creado para que gobernase y dominase el
mundo en el que había sido colocado. A pesar de que el hombre ha caído, no se
ha olvidado nunca de este mandamiento, lo cual explica su interminable
persistencia en intentar dominar las fuerzas de la tierra, subir a las más
elevadas montañas y explorar los más profundos mares, utilizando a la
creación animal para sus propios propósitos. Pero además, la realidad de la
caída se ve en el hecho asombroso de que el hombre, que fue colocado en este
mundo para gobernarlo, se encuentra ahora a punto de destruirlo todo.
A pesar del hecho de que el hombre
ha perdido su habilidad para tener el señorío, el deseo de hacerlo sigue
siendo una especie de recuerdo racial en nuestro interior. Y ese deseo mismo
es una imagen a nivel físico de lo que el hombre redimido ha sido llamado a
ser a nivel espiritual. Llegamos aquí al gran propósito de este pasaje. Está
aquí para ilustrar para nosotros el hecho de que cuando somos redimidos somos
llamados a reinar en la vida y a dominar en la vida.
Permítame el lector explicarle esto
directamente, como fue escrito por mano del apóstol Pablo. En Romanos 5:17
dice: “Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán
en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia
y del don de la justicia”.
Reinar en la vida, no en el cielo,
sino en la vida ahora, en este tiempo presente. Eso significa controlar los
acontecimientos, gobernando los efectos de la vida a nuestro alrededor,
cumpliendo con el programa del Padre y moviéndonos en la dirección que Dios
determine. El hombre redimido no debe ser nunca una víctima impotente de las
circunstancias. No se suponía que el mundo cause estragos en la iglesia, sino
que sea la iglesia la que haga estragos en el mundo.
Si lee usted los sucesos acerca de
la última semana de nuestro Señor en Jerusalén, verá usted exactamente lo que
quiero decir. Ahí está, yendo hacia la meta que el Padre ha ordenado,
teniendo que morir en la cruz. Pone su rostro como el pedernal para subir a
Jerusalén y está constantemente poniendo la vista en ese momento que sabe que
es el programa que tiene el Padre para Él. Pero fíjese usted en que va
adelante, teniendo control absoluto de las circunstancias. Manda a los
discípulos a realizar la obra que lleva a Su arresto. Despide a Judas para
que se pierda en la noche. Cuando vienen los soldados a prenderle, les
reprende, y caen en tierra atemorizados. Él podría fácilmente haberse dado la
vuelta y salido huyendo, pero esperó tranquilamente a que le arrestasen. La
única persona tranquila en todo este relato inquietante es la persona del
Señor Jesús, que camina con majestad solitaria durante estos acontecimientos
tumultuosos. Estaba reinando en vida, y eso es a lo que ha sido llamado a hacer
el cristiano. Las circunstancias de nuestras vidas son enviadas por el Padre;
son el programa que Dios ha escogido para nosotros, pero nuestra actitud en
ellas es la que domina en cada suceso, no el dejarnos llevar por la sorpresa.
Padre, con cuánta frecuencia vivo
como una persona derrotada e inutilizada por los desafíos de la vida.
Enséñame a reinar en vida por medio de Jesucristo.
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Aplicación a la vida
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El haber sido hechos a la imagen de
Dios nos hace ser seres espirituales. ¿Estamos dejando al Señor reinar en y
por medio de nuestras vidas? ¿Nos hemos apropiado de Su justicia por la fe a
fin de poder hacerlo?
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lunes, 6 de abril de 2020
6 de abril - Las alturas y las profundidades - Ray Stedman
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Al observar la gente el océano a su
alrededor y el cielo en las alturas, ve lo que es esencialmente una atmósfera
alienígena.
El océano, de sí mismo, es hostil a
la vida humana. Podemos nadar en el océano, pero no por mucho tiempo. Si de
pronto nos tiraran en medio del océano sin ningún tipo de apoyo, no
duraríamos mucho tiempo. Es absolutamente ajeno a nosotros. El aire en lo alto,
aunque provee lo que respiramos para sostener la vida, es un ámbito extraño en lo que respecta al transporte.
La mitología griega nos cuenta la
historia de Ícaro, un hombre joven que soñaba con volar como los dioses.
Ambos él y su padre eran prisioneros, y para escapar de su prisión, su padre
hizo alas de plumas y cera. Aunque le previno de que no volara demasiado
cerca del sol, Ícaro no escuchó, y al volar en lo alto del cielo las alas se
derritieron, y se cayó al mar y murió. La gente ha estado soñando de volar
durante siglos, pero nunca ha podido hacerlo, aparte de la tecnología. Así
que hay dos ámbitos en el mundo natural en los cuales los humanos no pueden
operar eficazmente.
Los océanos son una imagen de una
humanidad estéril y que no ha sido redimida, el mundo sin Cristo, el mundo de
la sociedad organizada con sus sistemas de valores, sus estructuras de poder
y sus métodos de operación. Como cristianos, usted y yo bien sabemos que si
los creyentes individuales intentan vivir en ese tipo de mundo con sus
propios recursos, están perdidos. No pasará mucho tiempo antes de que su vida
espiritual sea sofocada y se encuentren incapaces de vivir espiritualmente.
Si tratan de hacerlo por sí mismos, están perdidos y se ahogarán.
Por el otro lado, la atmósfera es
una imagen de la vida espiritual, el sitio donde vivimos en el ámbito de la
realidad divina, una vida que es agradable a Dios. Aquí de nuevo, si los
creyentes individuales intentan operar en este ámbito por sus propios
recursos, no se morirán, pero no conseguirán nada. Intentar vivir la vida
cristiana en las energías de la carne, en un esfuerzo dedicado y sincero para
hacer lo que es agradable a Dios, aparte de la dependencia sobre la vida del
Espíritu de Dios dentro de nosotros, siempre termina en frustración y
confusión. Esto es lo que descubren los cristianos al seguir adelante: que no
son hechos para este ámbito; no pueden operar en sí mismos. Se encuentran
como una persona que intenta volar por el cielo usando sus propios brazos:
frustrados, confusos, impotentes e incapaces de operar.
Pero he aquí una imagen del quinto
día: por una impartición de la vida divina, de la cual la humanidad aprende a
depender, un creyente puede vivir en el ambiente hostil del mundo como un pez
vive en el mar: elegantemente, poderosamente, abundantemente. La gente puede
aprender a operar en este ámbito y vivir en una atmósfera hostil eficazmente.
Así mismo, en esa atmósfera enrarecida de la vida espiritual donde una caída
sería fatal, un creyente, dependiendo sobre la vida de Dios en sí, puede
volar como un pájaro.
Enséñame, Señor, esperar en Ti para
que pueda levantar alas como las águilas (Isaías 40:31).
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Aplicación a la vida
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¿Cómo presentan los cielos y los
océanos una imagen de donde no podemos sobrevivir o ser eficaces? ¿Cómo es
posible vivir en el ambiente hostil del mundo con gracia y poder adecuados?
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domingo, 5 de abril de 2020
5 de abril - Señales y estaciones - Ray Stedman
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La más importante pregunta no es
nunca “¿Cómo?” sino “¿Por qué?”. La contestación a la pregunta: “¿Por qué
hizo Dios el sol, la luna y las estrellas?” la encontramos de una manera
triple aquí en este pasaje.
Estas grandes luces existen, en
primer lugar, para dar luz sobre la tierra, tanto durante el día como durante
la noche. Todos sabemos que el sol hace el día. La rotación de la tierra es
lo que determina el tiempo que dura el día, y la velocidad de la tierra en su
rotación determina su duración de 24 horas. A pesar de lo cual, esa velocidad
está regulada por la luna, que actúa como un freno sobre la tierra. Limita la
velocidad de la rotación de la tierra al tiempo exacto que hace posible el
día de 24 horas, que es la longitud de tiempo que mejor se adapta a las
necesidades humanas. ¿No es eso asombroso? Otros planetas tienen una longitud
de días totalmente diferente. En algunos de los planetas un día llevaría
meses e incluso años de nuestro tiempo. Otros tienen días mucho más cortos,
pero Dios ha diseñado un día de 24 horas de duración para nuestro planeta
porque encaja perfectamente con las necesidades de la humanidad.
En segundo lugar, las grandes luces
existen para medir el proceso del tiempo “de los días y de los años”, dicen
las Escrituras. Son el medio mediante el cual medimos el tiempo. La órbita de
la tierra alrededor del sol determina la longitud del año que, de nuevo, es
justamente lo que necesita la humanidad. La órbita de la tierra alrededor del
sol la determinan dos factores: la tracción de la gravedad del sol y la
velocidad de la tierra. Nadie sabe lo que determina la velocidad de la
tierra, qué extraña fuerza nos lanza a través del espacio a unas 1.100 millas
por minuto. Pero aquí se nos dice que Dios ha ordenado el sol y la luna para
proveer las medidas de tiempo que marcan los segmentos de la vida que
nosotros llamamos días y años.
En tercer lugar, estas luces han
sido diseñadas para marcar los sucesos significativos; son “señales para las
estaciones” (v. 14). Toda la relación de la historia humana confirma esta
verdad. Esto es exactamente lo que hacen el sol, la luna y las estrellas. Los
eclipses son como postes en la historia humana, marcando ciertas fechas.
Podemos estudiar los acontecimientos en la antigua historia porque ha quedado
constancia de los eclipses. En muchas ocasiones en la Biblia el sol y la luna
han servido como grandes señales. Nosotros estamos familiarizados con la
historia de la estrella de Belén, que anunció el nacimiento de la persona más
importante que jamás ha nacido en la historia de nuestro globo terrestre.
Tenemos además la extraña oscuridad del sol en el momento de la crucifixión,
una oscuridad sin explicación que duró alrededor de unas tres horas. Ha
habido otras ocasiones como ésta. Y a lo largo de la Biblia nos encontramos
con un estribillo, comenzando por los primeros libros y a lo largo del Nuevo
Testamento, que dice que habrá de venir un día en el que tendrá lugar el más
grande acontecimiento que el mundo jamás ha conocido, el regreso del Señor
Jesucristo a la tierra, que será anunciado por el oscurecimiento del sol y
por la conversión de la luna en sangre. Estos cuerpos celestiales han sido provistos
como señales y para estaciones.
Tú eres el Señor de toda la
creación. Veo que Tú has creado las señales y las estaciones del año para
servir a Tu gran propósito redentor en Jesucristo.
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Aplicación a la vida
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La especulación puede estar
preguntando de manera incesante acerca del cómo y el por qué. El por qué de
las diferentes estaciones del año es algo acerca de lo cual no sabremos nunca
como ciudadanos terrenales, pero ¿dónde podemos encontrar las respuestas acerca
del motivo?
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4 de abril - Para dar fruto - Ray Stedman
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El hecho de que Dios llame a la
tierra de los océanos da la impresión de marcar el período de la noche en
este tercer día. Durante este período tenemos la aparición de los continentes,
la acción de los agentes atmosféricos sobre las rocas y el terreno que se
forma gradualmente a fin de prepararse para la vida de las plantas que habría
de aparecer a continuación.
Pero recuerde el lector que todo
esto es a nivel físico, siendo tan sólo una manifestación paralela de una
realidad espiritual y moral, y cada uno de los aspectos de la naturaleza
debieran de hablarnos volúmenes acerca de quién es Dios, lo que hace y, al
mismo tiempo, ser una imagen de algo invisible que tiene que ver con nuestra
vida interior.
Aprendemos que esta vida humana en
la tierra, entre el período del nacimiento y de la muerte, está dividida.
Esta es la imagen que se nos ofrece mediante la aparición de la tierra del
océano. Las aguas son una imagen de la vida humana. Elevándose de ese océano
de vida humana está la tierra, que tiene la capacidad de producir fruto. Por
lo tanto, existe aquello que es capaz de producir fruto y aquello otro que es
incapaz de hacerlo.
Existe una antigua humanidad que,
por naturaleza, es incapaz de cumplir lo que Dios desea; una nueva humanidad,
llamada de entre la antigua, es capaz de producir el fruto que Dios imagina.
La antigua humanidad es una raza caída, cegada, oscurecida, confusa, inquieta
y, al igual que el océano se encuentra todavía dividido, la humanidad caída
está separada en divisiones: en naciones y lenguas. El profeta Isaías dice:
“Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto y
sus aguas arrojan cieno y lodo” (Isaías 57:20).
Usted preguntará: “¿Quiere usted
decir que todas las personas que no son cristianas son malvadas?” Es preciso
que recordemos que existe una forma respetable de maldad además de la forma
notoria. Usted puede ser malvado a sabiendas y usted puede ser ignorantemente
malvado. Las personas que están expuestas al propósito de Dios, a Su amor y
el programa que Él tiene para la liberación de la humanidad de su esclavitud,
y se resisten a la obra de Dios, rechazando al Salvador al que ha enviado
Dios, negándose a ceder a Su llamamiento de gracia, son claramente personas
malvadas que se oponen a la voluntad de Dios. Están levantando el puño en un
acto de desafío en contra de su Creador, y ese es el motivo por el que
también se sienten inquietas. La inquietud de nuestra era es directamente
debida al hecho de que es malvada, algo que ha sido representado por el
océano con sus impetuosas y grandes olas que no se calman nunca.
Pero de ese océano surge una nueva
humanidad, la tierra, con una raza que da fruto formada por aquellas personas
que están en Jesucristo, que eran una en Él originalmente, como lo fueron en
un tiempo los continentes, pero ahora están divididas y fragmentadas por las
fuerzas que han aparecido desde entonces para separarnos los unos de los
otros. Pero a pesar de esto sigue estando siempre presente una unidad
fundamental que descubrimos cuando nos reunimos en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo.
Señor, te doy gracias porque estás
trayendo una nueva humanidad de entre la antigua y porque de entre esta nueva
humanidad puedo dar fruto para Ti.
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Aplicación a la vida
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El mundo natural nos habla de
manera metafórica acerca de la vida interior de nuestra humanidad. ¿Podemos
ver una distinción en nuestras vidas entre la antigua raza caída y la nueva
vida en Cristo?
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viernes, 3 de abril de 2020
3 de abril - El reino invisible - Ray Stedman
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No debemos leer nunca estos
pasajes de Génesis sin preguntarnos lo que pretenden enseñarnos a nivel moral
o espiritual. ¿Qué realidad interior se refleja en la habilidad de la
atmósfera por suspender el agua por encima de la tierra? La clave se
encuentra en lo que Dios llamó el firmamento: los cielos. Estaban las aguas
en los cielos y las aguas en la tierra. El agua se usa con mucha frecuencia
en las Escrituras como un símbolo de vida. En el libro de Apocalipsis, se le
dijo a Juan que la gran ramera que vio sentada sobre las aguas era una imagen
de la falsa iglesia y que las aguas eran personas, naciones y multitudes
reunidas (17:15). Por lo tanto, las aguas mencionadas aquí en Génesis son una
imagen de la vida humana.
Lo que Dios está intentando decir
por medio de esta preciosa descripción simbólica es que hay una vida terrenal
y una vida celestial y, además, que estamos rodeados por un reino espiritual
invisible de la misma manera que existe una atmósfera invisible. Ese reino
espiritual es tan real como cualquier cosa que podamos ver, probar o sentir.
Y de ella, de la misma manera que la atmósfera que nos rodea, proceden las
bendiciones que hacen que la vida humana sea feliz e incluso posible, con
bendiciones como puedan ser el gozo, el amor, la paz, la esperanza, la
confianza y el poder. Sin ese reino espiritual invisible, la vida humana
sería una mera vida animal y carecería de todas las otras cualidades que
hacen que valga la pena vivirla.
Es más, de la misma manera que cae
la lluvia sobre justos y pecadores por igual, también estas bendiciones las
disfrutan por igual los buenos y los malos por toda la tierra. Pablo nos
recuerda que estos bienes proceden de Dios para beneficio tanto de los justos
como de los injustos, a fin de llevar a las personas al arrepentimiento
(Romanos 2:4) para que se detengan y piensen: “¿De dónde procede esto? ¿Por
qué se nos concede la habilidad de amar y de compartir el compañerismo con
otros?” El apóstol nos dice que todas estas bendiciones proceden del corazón
amoroso de un Padre que las derrama incluso sobre aquellos que se resisten a
Su voluntad. Él ama y bendice a la humanidad a lo largo de esta vida para que
nosotros cambiemos nuestra manera de pensar acerca de nosotros mismos y de
Dios, para que recordemos de dónde proceden estas bendiciones y para que
abramos nuestros corazones a la influencia del reino de la gracia de Dios.
Estas bendiciones se convierten en menos para los que no creen al continuar
la vida por causa de la resistencia de estas personas a la gracia de Dios,
pero para el creyente son cada vez más abundantes, poniéndose de manifiesto
en la vida que reconoce el ambiente espiritual que nos rodea.
Además, de la misma manera que las
aguas sobre la tierra son invisiblemente llevadas hacia arriba y desaparecen
en el océano que se encuentra en las alturas, el espíritu humano, al llegar
al final de su recorrido, desaparece de una manera invisible de la tierra,
para bien o para mal, dependiendo de la actitud mostrada en la vida hacia la
gracia redentora de Jesucristo. Todo esto ha quedado simbolizado de una
manera preciosa en la creación del firmamento y en el funcionamiento de la
atmósfera en su manifestación física. Todo ello ha sido diseñado para
enseñarnos que hay una vida venidera aparte de la que tenemos actualmente.
Señor, me doy cuenta de que solo
veo en parte con mis ojos humanos. Abre los ojos de mi corazón para que pueda
ver las realidades espirituales que gobiernan nuestra existencia.
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Aplicación a la vida
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El relato de la creación del
Génesis tiene como propósito abrirnos los ojos a algo mucho más importante
que lo visible. ¿Cuál es la doble realidad que gobierna nuestra existencia
presente y futura?
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jueves, 2 de abril de 2020
2 de abril - De las tinieblas - Ray Stedman
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El actual día de veinticuatro horas
de duración, que se produce de manera repetitiva, es un microcosmos simbólico
de edades pasadas. Si es ese el caso, no encontramos en el Génesis 1 días de
veinticuatro horas de duración, sino más bien un periodo indefinido de tiempo
mucho más descriptivo del que se conoce como edad o época de tiempo. Pero
cada uno de ellos debe caracterizarse por la tarde y la mañana. Fíjese usted
en este orden, ya que la tarde es lo primero que se menciona. Nosotros los
occidentales, con nuestra tendencia a hacer concesiones, hemos dividido el
día de manera que parece como un emparedado, comenzando con un periodo de
oscuridad, seguido de un periodo de luz entre medias y finalmente otro
periodo de oscuridad. Empezamos nuestro día a la media noche. Pero en el
mundo oriental, el día empieza al ponerse el sol, de tal manera que cada día
empieza con el atardecer y termina con un periodo de luz. Esto coincide con
esta revelación sobre la manera que obra Dios. Poco importa que se trate de
un día de la humanidad sobre la tierra, una era de tiempo o que se trate de
un periodo de veinticuatro horas, cada uno de ellos empieza con un período de
oscuridad y después un período de luz. Como dice el apóstol Pablo en 1
Corintios 15: “Pero lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo
espiritual” (v. 46). Ese es el orden invariable.
¿Qué significado tiene esto para
nosotros como cristianos? ¿No podemos nosotros seguirle la pista a este
cumplimiento en nuestra propia experiencia? ¿No empezamos todos nuestra vida
en la oscuridad, en el poder de la muerte y la oscuridad? Por medio de la
gloriosa redención de la cruz de Jesucristo hemos pasado a un periodo de luz
que es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es
perfecto” (Proverbios 4:18); hemos llegado a un período de crecimiento y de
una luz que cada vez se extiende más. Usted puede ver este orden en la obra
del Señor Jesucristo mismo. Hubo la oscuridad de la crucifixión, que pasó al
poco tiempo para convertirse en la gloriosa mañana de la resurrección cuando
Él apareció en la gloria de un nuevo día y una nueva vida. Las Escrituras
dejan además perfectamente claro que si no hemos pasado nunca por la
oscuridad con Él, no podemos esperar que haya una mañana. Pero no debemos de
vivir constantemente en la oscuridad. El testimonio de las Escrituras es que
aquellos que se aferran a la oscuridad o tinieblas, que se niegan a dejarse
llevar a la luz al final se convierten en lo que describe Judas: “estrellas
errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las
tinieblas” (v. 13b).
Padre de las luces, te doy gracias
que de las tinieblas produces luz y que has traído esta luz a formar parte de
mi propia experiencia por medio de la fe en Jesucristo.
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Aplicación a la vida
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Hay tantos que todavía están ciegos
y en total oscuridad, a pesar de que sienten y piensan sinceramente que ven
con claridad. ¿Hemos personalmente tomado la mano de Jesús para que Él nos guíe a Su gloriosa vida?
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miércoles, 1 de abril de 2020
1 de abril - En el principio - Ray Stedman
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Cada uno de nosotros empezamos la
vida siendo bebés, no siendo conscientes de lo que estaba sucediendo a
nuestro alrededor o de cómo era el mundo. Pero al ir haciéndonos mayores,
comenzamos a fijarnos en el mundo, en el cielo, el mar, los vientos, los
pájaros, las flores, los animales, los árboles y toda la vida a nuestro
alrededor. Al ser conscientes del mundo, nos hicimos inevitablemente algunas
preguntas acerca de él. Esas preguntas han sido contestadas para nosotros de
manera breve aquí en las primeras palabras de Génesis.
¿Cuáles son las preguntas? Primero
nos preguntamos a nosotros mismos: “¿Qué es todo esto?” Llevados por una
curiosidad insaciable, los humanos han intentado contestar a la pregunta
desde que aparecieron en la tierra. Intentan explorar el universo y el mundo
en el que viven.
En segundo lugar preguntamos:
“¿Cómo empezó?” Esta pregunta es el énfasis de la ciencia. Después
preguntamos: “¿Cuándo comenzó todo? ¿Cuánto tiempo lleva el mundo de esta
manera?” Finalmente, nos encontramos ante la gran pregunta filosófica:
“¿Quién se halla tras él? ¿Quién se encuentra oculto tras estos extraños y
asombrosos procesos?” Estas preguntas reciben contestación en este versículo
y por lo tanto sirve como una tremenda introducción a los grandes temas de la
Biblia.
Piense usted en la primera
pregunta, en la que resulta más evidente para nosotros: la maravilla del
universo mismo. “En el principio”, leemos, “creó Dios los cielos y la tierra”
(Génesis 1:1). Alguien ha dicho que esta frase es el principio de la verdadera
ciencia, porque una parte fundamental de la labor de la ciencia es observar y
clasificar todo lo que se puede observar en la composición del mundo de la
naturaleza. Este es un primer esfuerzo por clasificar. ¿Qué ve usted a su
alrededor? Usted ve dos grandes clases de cosas: los cielos y la tierra.
Una de las maravillas de la Biblia
es que usa un lenguaje que se comunica con personas de lo más primitivas, que
tienen un conocimiento limitado, pero al mismo tiempo sigue teniendo
significado y un sentido inagotable para los más eruditos e instruidos. Se
dirige por igual a toda clase de personas en la humanidad, de modo que esa es
la belleza del lenguaje de la Biblia.
La Biblia evita lo terriblemente
ridículo de algunos de los primeros mitos acerca de la creación que se
encuentran en otras religiones. Fue la Biblia la que primeramente dijo que el
número de las estrellas es algo por encima de cualquier cómputo, declarando
que Dios “extendió los cielos” (Isaías 51:13) a lo largo de la expansión sin
límites, que no puede ser jamás medida y que está llena de estrellas que son
tan numerosas como la arena de las orillas del mar (Génesis 22:17). La
ciencia moderna ha establecido ahora que esto es verdad.
Es también la Biblia la que dice
que la tierra se encuentra suspendida sobre nada (Job 26:7). Describe de esta
manera poética la fuerza misteriosa de la gravedad que nadie ha podido jamás
entender. Fue la Biblia la que dijo que “lo que se ve fue hecho de lo que no
se veía” (Hebreos 11:3), precediendo de esta manera por muchos siglos los
descubrimientos de la ciencia que finalmente reconoció que toda la materia
está compuesta por energía invisible y que la materia y la energía son
intercambiables.
Señor, te alabo como el Creador y
el que sustenta todas las cosas. Desde el comienzo mismo de los tiempos Tú no
has cambiado, y yo me siento agradecido conociéndote como Él que ha hecho
todas las cosas.
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Aplicación a la vida
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El propósito de la Biblia no es
decirnos cómo van los cielos, sino más bien cómo ir al cielo. ¿Qué es lo que
resulta tan hermoso respecto al lenguaje de la Biblia que hace que lo abarque
todo?
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