Versículo para hoy:

viernes, 18 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 18

“Tú eres eternalmente”. Salmo 93:2.

CRISTO es eterno. De él podemos cantar con David; “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”. Regocíjate, creyente, en Jesucristo, el mismo ayer, hoy y por los siglos. Jesús siempre fue. El niño nacido en Belén se unió al Verbo, que era en el principio, y por quien todas las cosas fueron hechas. El título por el cual Cristo se reveló a Juan en Patmos era el siguiente: “El que es y el que era y el que ha de venir”. Si él no fuera Dios desde la eternidad, no podríamos amarlo tan devotamente, no podríamos comprobar si él tuvo alguna parte en el amor eterno, que es la fuente de todas las bendiciones del pacto. Pero, puesto que él fue desde toda la eternidad con el Padre, descubrimos que la fuente del divino amor tenemos que atribuirla tanto a él, que es el Hijo, como al Padre y al Espíritu Santo. Como nuestro Señor siempre fue, así también es para siempre. Jesús no está muerto. “El vive para siempre para interceder por nosotros”. Acude a él en todo tiempo de necesidad, pues él está aguardando para bendecirte aún más. Además, Jesús, nuestro Señor, siempre será. Si el Señor reserva tu vida hasta los setenta años, hallarás que su purificadora fuente todavía está abierta y que su preciosa sangre no ha perdido su virtud; encontrarás también que el Sacerdote que llenó la fuente de salud con su sangre, vive para limpiarte de toda iniquidad. Cuando sólo te quede para pelear tu última batalla, hallarás que la mano de tu glorioso Capitán no se debilitó y que el viviente Salvador animará al santo que agoniza. Cuando entres en el cielo encontrarás allí a Jesús mostrando el rocío de su juventud; y a lo largo de la eternidad, el Señor Jesús seguirá siendo la fuente perenne del gozo, de la vida y de la gloria de su pueblo. De esta fuente sagrada puedes sacar aguas vivas. Jesús siempre fue, siempre es y siempre será. El es eterno en todos sus atributos, en todas sus funciones, en todo su poder; y está deseoso de bendecir, confortar, guardar y coronar a su pueblo elegido.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El resultado de la honestidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 17

“El que cortare leña, en ella peligrará”. Eclesiastés 10:9.


LOS tiranos podían conseguir lo que querían de los pobres y necesitados con la misma facilidad con que se corta leña en el bosque; pero tuvieron que pensarlo bien, pues es ese un asunto peligroso y muchas veces una astilla de un árbol ha muerto al leñador. Jesús se siente perseguido en cada santo que es injuriado, pero es poderoso para defender a sus amados. Debe temblarse ante el buen éxito de la vejación del pobre y del necesitado. Si los perseguidores no corren peligro aquí, lo correrán en mayor escala en el más allá. Cortar leña es un trabajo común de todos los días; sin embargo, tiene sus peligros. Así también, lector, hay peligro en cuanto a tu vocación y vida diaria y sería bueno que te dieras cuenta de ese peligro. No nos referimos a los peligros de tierra y mar o de enfermedad y muerte repentina, sino a los peligros de orden espiritual. Quizás tu ocupación sea tan humilde como el cortar leña; pero, sin embargo, el diablo puede tentarte en ella. Quizás seas un sirviente, un peón de campo o un mecánico y, posiblemente, no corras el riesgo de ser tentado por los vicios más groseros; sin embargo, puedes ser dañado por algún pecado secreto. Los que están en casa y no se mezclan con el mundo malvado pueden, no obstante, ser comprometidos por su mismo aislamiento. En ninguna parte está seguro el que piensa estarlo. El orgullo puede entrar en el corazón de un hombre pobre; la avaricia puede predominar en el pecho de un aldeano; la impureza puede introducirse en el hogar más tranquilo y la ira, la envidia y la malicia pueden insinuarse en las residencias más rústicas. Podemos pecar aun hablando pocas palabras a un sirviente. Una simple compra en un comercio puede ser el primer eslabón de una cadena de tentaciones. El solo mirar a través de una ventana puede ser el principio de un mal. ¡Oh, Señor, cuán expuestos estamos! ¿Cómo nos protegeremos? El cuidarnos a nosotros mismos es obra demasiado difícil para nosotros; sólo tú puedes preservarnos en un mundo lleno de males. Extiende tus alas sobre nosotros y nosotros, como polluelos, nos pondremos bajo de ellas y nos sentiremos seguros.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

3 maneras de odiar a tu familia - Jeanne Harrison

No se aceptan actrices - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 16

“Tus ojos verán al Rey en su hermosura”. Isaías 33:17.

CUANTO más sepas acerca de Cristo, menos estarás satisfecho con opiniones superficiales en cuanto a él; y cuanto más profundamente estudies los convenios del eterno acto, los compromisos de Cristo como eterno Fiador y la plenitud de su gracia, que brilla en todas sus funciones, más realmente verás al Rey en su hermosura. Ocúpate mucho en estas cosas. Ansía más y más ver a Jesús. La meditación y la contemplación son a menudo semejantes a las ventanas de ágata y a las puertas de carbunclo a través de las cuales contemplamos al Redentor. La meditación pone el telescopio en el ojo y nos habilita para ver a Jesús de un modo mejor que si lo hubiéramos visto en los días de su carne. ¡Dios quiera que pensemos más en el cielo y que tengamos una relación más estrecha con la persona, la obra y la hermosura de nuestro encarnado Señor! Si meditásemos más, la hermosura del Rey resplandecería sobre nosotros con mayor resplandor. Amado, es muy probable que cuando estemos por morir, tengamos la más clara visión de nuestro glorioso Rey. Muchos santos, estando en agonía, miraron desde las borrascosas aguas y vieron a Jesús andando sobre las olas de la mar y diciendo: “Yo soy; no temáis”. ¡Ah! Sí, cuando nuestra vivienda empiece a moverse y caiga el revoque, entonces veremos a Cristo a través de las grietas, y la luz del cielo entrará ondeando entre los tirantes. Pero si queremos ver cara a cara al “Rey en su hermosura”, tenemos que ir al cielo, o el Rey tiene que venir a nosotros en su segunda venida. ¡Oh si viniese ahora sobre las alas del viento! El es nuestro Esposo y nosotros, en su ausencia estamos como viudas; él es nuestro Hermano querido y hermoso; sin él estamos solos. Espesos velos y oscuras nubes penden entre nuestras almas y sus verdaderas vidas. ¿Cuándo apuntará el día y huirán las sombras? ¡Oh día largamente esperado, empieza ahora!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 15 de noviembre de 2016

Sin Secretos - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 15

“Confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros”. Salmo 68:28.

APARTE de ser signo de sabiduría es también nuestro deber el suplicar a Dios continuamente que confirme lo que ha obrado en nosotros. Es por haber descuidado esto que muchos cristianos llegan a sentirse culpables de las pruebas y aflicciones de espíritu que se originan en la infidelidad. Es cierto que Satanás procura anegar el hermoso jardín del corazón y transformarlo en un lugar de desolación, pero es también cierto que muchos cristianos dejan abiertas las compuertas y dejan entrar el espantoso diluvio por el descuido y la falta de oración a su poderoso Ayudador. Nos olvidamos a menudo que el Autor de nuestra fe debe ser también el Preservador de la misma. La lámpara que ardía en el templo nunca debía apagarse; cada día tenía que ser llenada con óleo nuevo. Así también nuestra fe, sólo puede vivir cuando es alimentada por el óleo de la gracia, el que únicamente podemos obtener de Dios. Si no adquirimos el necesario aceite para nuestras lámparas demostraremos ser vírgenes insensatas. El que hizo el mundo también lo sustenta; de lo contrario, caería con un tremendo estrépito. El que nos hizo cristianos tiene que sustentarnos con su Espíritu; de lo contrario, nuestra ruina será rápida y final. Acerquémonos, pues, noche tras noche a nuestro Señor, para obtener la gracia y la fortaleza que necesitamos. El sólido argumento de nuestra petición es que lo que le pedimos que confirme es su obra de gracia, es decir, como lo dice el texto “lo que has obrado en nosotros”. ¿Crees que el Señor dejará de proteger o sustentar esa obra de gracia? Si tu fe se prende únicamente del poder del Señor, todas las fuerzas de las tinieblas, guiadas por el diablo, señor del infierno, no podrán arrojar siquiera una nube o una sombra sobre tu gozo y paz. ¿Por qué sufres derrotas cuando puedes ser conquistador? ¡Oh!, toma tu vacilante fe y tus lánguidas gracias y llévalas a Aquel que puede hacerlas revivir y dile con fervor: “Confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros”.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Cómo Dios me salvó del Evangelio de la Prosperidad - Elly Achok Olare & Patti Richter

Una mente renovada por la Palabra - Pr. Miguel Núñez, Pr. Fausto González de Chávez, Pr. José Mendoza

La oración humilde - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Cuándo fue la última vez que oraste por avivamiento?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Noviembre 14, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 14

“Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor”. Génesis 29:26.

NOSOTROS no excusamos a Labán por su engaño, pero no tenemos escrúpulo en sacar una lección de la costumbre que él mencionó como excusa de lo que hizo. Hay algunas cosas que tienen que ser admitidas por orden y, si queremos lograr la segunda, tenemos que asegurarnos la primera. La segunda puede ser a nuestros ojos la más hermosa, pero las leyes de nuestra patria celestial tienen que cumplirse y la mayor debe casarse primero. Por ejemplo: muchos hombres desean la bella y muy favorecida Raquel del gozo y de la paz, que se logra creyendo, pero tienen primero que desposarse con la Lea de ojos tiernos del arrepentimiento. Todos están enamorados de la felicidad. Muchos quisieran servir alegremente dos veces siete años para poseerla, pero de acuerdo con las leyes del reino del Señor, la Lea de la real santidad tiene que ser amada por nuestra alma antes que la Raquel de la verdadera felicidad pueda ser alcanzada. El cielo no viene primero, sino después y sólo por perseverar hasta el fin podemos llegar allá. Tenemos que llevar la cruz antes que ceñir la corona. Tenemos que seguir al Señor en su humillación, de lo contrario, nunca descansaremos con él en la gloria. Alma mía, ¿qué dices tú? ¿Eres tan presuntuosa como para quebrantar las disposiciones celestiales? ¿Aguardas recompensa sin trabajar o gloria sin sacrificarte? Desecha esa vana esperanza y acepta con gozo las cosas desagradables por el dulce amor de Jesús, quien te recompensará por todo. En ese espíritu, trabajando y sufriendo, verás que lo amargo se convierte en dulce y lo difícil en fácil. Como Jacob, tus años de servicio te parecerán sólo pocos días por el amor a Jesús. Y cuando la ansiada hora de las bodas llegue, todas tus fatigas desaparecerán; y entonces, una hora con Jesús, te recompensará los años de pena y de labor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Pureza, unión y el uso de nuestros dones espirituales

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LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 13

“Es necesario orar siempre”. Lucas 18:1.

SI los hombres deben orar siempre y no desmayar, mucho más deben hacerlo los hombres cristianos. Jesús envió a su Iglesia al mundo con el mismo mensaje que él trajo del cielo, y esa misión incluye la intercesión. ¿Qué os parece si dijera que la Iglesia es el sacerdote del mundo? La creación es muda, pero la Iglesia debe hallar una boca para ella. Orar con aceptación es el alto privilegio de la Iglesia. Las puertas de la gracia están siempre abiertas a sus peticiones, las que nunca vuelven con las manos vacías. El velo se rompió por ella (por la Iglesia); la sangre fue esparcida por ella y Dios constantemente la invita a ella para que le pida lo que desee. ¿Rehusará la Iglesia el privilegio que los ángeles pudieran envidiarle? ¿No es ella la esposa de Cristo? ¿No tiene derecho a entrar en la presencia de su Rey a cada instante? ¿Dejará esos privilegios sin usar? La Iglesia siempre tiene necesidad de orar. Siempre hay alguno en su medio que está declinando o cayendo en pecados manifiestos. Hay corderos por los cuales hay que orar para que sean llevados en el seno de Cristo. Hay que orar por los fuertes para que no se hagan presuntuosos, y también por los débiles para que no se desanimen. Si celebráramos todos los días del año una reunión de oración que durara las veinticuatro horas del día, en ningún momento quedaríamos sin algún asunto por el cual orar. ¿No estamos siempre rodeados de enfermos y pobres, de afligidos y de vacilantes? ¿No estamos rodeados de los que ansían la conversión de sus familiares, la restauración de los que han vuelto al mundo y la salvación de los depravados? También debemos orar por las reuniones que se celebran constantemente, por los pastores que están siempre predicando y por los millones de pecadores que están muertos en sus delitos y pecados. ¿Cómo se excusará la Iglesia de haber olvidado la comisión que le confió su amante Señor, en un país sobre el cual están descendiendo las tinieblas del romanismo y en un mundo lleno de ídolos, de crueldad y de diabluras? Que la Iglesia sea constante en la súplica; que cada creyente eche en la tesorería su blanca oración.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 12 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 12

“Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando”. Lucas 6:12.

SI hubo alguna vez alguien que hubiese podido vivir sin orar, ese fue nuestro inmaculado y perfecto Señor; sin embargo, ninguno oró tanto como él. Tanto amaba a su Padre que le placía mucho estar en comunión con él; y tanto amaba a los suyos que quería estar mucho tiempo intercediendo a favor de ellos. Esta gran inclinación a orar de parte de Jesús debe ser para nosotros una lección. El nos dio un ejemplo para que nosotros sigamos sus pisadas. El tiempo que eligió para orar era apropiado, pues eligió la hora del silencio cuando las multitudes ya no lo molestaban; el tiempo de la inacción, cuando todos, excepto él, habían dejado de trabajar, y el tiempo cuando el sueño había hecho olvidar a los hombres sus dolores y suspender sus solicitudes de socorro. Mientras otros hallaban descanso en el sueño, él tomaba aliento en la oración. También el lugar fue bien elegido. Jesús estaba solo, donde ninguno podía meterse, donde ninguno podía mirar. De esa forma se hallaba libre de la ostentación farisaica y de las ordinarias interrupciones. Aquellos oscuros y silenciosos collados formaban un oratorio apropiado para el Hijo de Dios. El cielo y la tierra oían en la quietud de la medianoche, los gemidos y los suspiros del misterioso Ser, en quien ambos mundos se unían. Es notable la duración de sus oraciones. Las largas vigilias no eran demasiado largas para él; el viento frío no entibió sus devociones; las espantosas tinieblas no oscurecieron su fe ni la soledad reprimió su importunidad. Nosotros no podemos velar con él una hora, pero él vela a favor nuestro toda la noche. También es notable la ocasión en que elevó esta oración. Fue cuando sus enemigos “se llenaron de rabia”. La oración fue, en este caso, su refugio y solaz. Fue antes de enviar a los doce apóstoles. La oración, pues, fue la puerta de su empresa, el heraldo de su nueva obra. ¿No deseamos aprender de Jesús a recurrir a las oraciones especiales cuando estamos pasando por alguna prueba particular o cuando estamos proyectando nuevos esfuerzos a favor de la gloria del Maestro? Señor Jesús, enséñanos a orar.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Obediencia, oración y proclamar la Palabra

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El quebrantamiento trae bendiciones - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Qué tipo de bendiciones son las que trae el quebrantamiento?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Noviembre 11, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 11

“El nos elegirá nuestras heredades”. Salmo 47:4.

CREYENTE, si tu heredad es modesta, confórmate con ella, pues lo que te tocó en suerte es lo más conveniente para ti. La sabiduría infalible, que ordenó tu suerte, eligió para ti la mejor y la más segura posición. Una nave de gran tonelaje tiene que ser introducida en el río; ahora bien, en una parte de ese río hay un banco de arena. Alguno podría preguntar: “¿Por qué el capitán navega por la parte profunda del canal y se desvía tanto de la línea recta?” Su respuesta sería esta: “porque si no siguiera el canal, no podría llevar mi nave al puerto”. De igual modo, quizás, tú correrías peligro de encallar y de naufragar si tu divino Capitán no te condujera por las profundidades de la aflicción donde las olas del dolor se suceden una a otra en rápida sucesión. Algunas plantas mueren si les pega mucho el sol. Quizás tú estés plantado donde da poco sol; tú eres puesto allí por el amante Labrador, porque sólo en esa situación fructificarás en perfección. Recuerda esto: Si hubiera sido mejor para ti cualquiera otra condición que aquella en que te hallas, el amor divino te hubiera puesto en ella. Tú eres colocado por Dios en las circunstancias más apropiadas; en cambio, si tú eligieras tu parte, pronto clamarías: “Señor, elige tú mi heredad, porque, por mi terquedad, estoy traspasado de muchos dolores”. Conténtate con lo que tienes, pues el Señor ordenó todas las cosas para tu bien. Toma tu cruz cada día, pues ella es la carga que más conviene a tus hombros y que demostrará ser la más efectiva para hacerte perfecto en toda buena palabra y obra para la gloria de Dios. ¡Abajo, entremetido yo y arrogante impaciencia! No es de ti el elegir, sino del Señor de amor. “Las pruebas tienen que venir y vendrán, pero con humilde fe he de ver escrita en todas ellas la palabra amor. Esto me hará feliz”.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Confianza, alabanza y dar fruto

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Personas quebrantadas - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 10

“Bástale al discípulo ser como su maestro”. Mateo 10:25.

NINGUNO discutirá esta declaración, porque sería impropio que un siervo se elevara sobre su Maestro. Cuando nuestro Señor estaba en el mundo, ¿cómo era tratado? ¿Fueron reconocidas sus demandas; fueron seguidas sus instrucciones; fueron estimadas sus prendas morales por aquellos a quienes vino a bendecir? ¡No! Más bien, “fue despreciado y desechado entre los hombres”. Su lugar estaba “fuera del real”; su misión fue llevar la cruz. ¿Le proporcionó el mundo solaz y descanso? “Las zorras tienen cuevas; las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza”. Esta inhóspita tierra no le dio asilo, sino lo echó y lo crucificó. Si eres un seguidor de Jesús y mantienes una conducta consecuente y cristiana, esta será la suerte que le ha de tocar a aquella parte de tu vida espiritual que en su desarrollo exterior está bajo la observación de los hombres. Ellos te tratarán como trataron al Salvador; te despreciarán. No sueñes en que los mundanos te admirarán o que cuanto más santo y parecido a Cristo seas, la gente te tratará con más consideración. Si no estimaron la joya pulida, ¿cómo estimarán la piedra bruta? “Si al Padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Si fuéramos más semejantes a Cristo, seríamos más odiados por sus enemigos. Sería un gran deshonor para un hijo de Dios ser el favorito del mundo. Es un mal presagio el oír que el mundo malvado bate las manos y le dice al cristiano: “¡Muy bien!” En ese caso bien puede el creyente examinar su carácter y preguntarse si no ha estado haciendo algo malo cuando los injustos le están dando su aprobación. Seamos leales a nuestro Maestro y no tengamos amistad con un mundo ciego y ruin que lo desprecia y rechaza. Lejos de nosotros buscar una corona de honor donde nuestro Señor halló una de espina.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Confesando nuestros pecados

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¿Quién te levanta? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 9

“El habitará en las alturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento; se le dará su pan, y sus aguas serán ciertas”. Isaías 33:16.

¿DUDAS, oh cristiano, dudas que Dios cumplirá su promesa? ¿Podrán las fortalezas de rocas ser movidas por la tormenta? ¿Se vaciarán los almacenes del cielo? ¿Crees que tu Padre celestial te olvidará, aunque sepa que necesitas alimento y vestidos? ¿Desconfiarás y dudarás de él, a pesar de que sabes que ni un pajarillo cae a tierra sin vuestro Padre y que los cabellos de vuestras cabezas están todos contados? Quizás tu aflicción continúe acosándote hasta que te resuelvas a confiar en Dios, y, después, cesará. Muchísimos han sido probados y penosamente vejados hasta que, por fin, fueron llevados en completa desesperación a poner su fe en Dios y, en el momento de poner su fe en él, fueron librados. Han podido así comprobar si Dios guarda o no guarda su promesa. ¡Oh!, te ruego que no dudes más de él. No agrades a Satán y no te turbes alimentando por más tiempo esos ofensivos pensamientos en cuanto a Dios. No pienses que es cosa de poca importancia el dudar de Jehová. Recuerda que dudar de él es un pecado; y no un pecado insignificante sino criminal en alto grado. Los ángeles nunca dudaron de él y tampoco los demonios. Sólo nosotros, de entre todos los seres que Dios formó, lo afrentamos con incredulidad y mancillamos su gloria con desconfianza. ¡Qué vergüenza para nosotros! Nuestro Dios no merece que se desconfíe de él tan ruinmente. En nuestra vida pasada hemos comprobado que él es fiel y leal a su palabra y, además, son tantas las pruebas de amor y de bondad que hemos recibido y que diariamente estamos recibiendo que es ruin e inexcusable que permitamos que la duda resida en nuestros corazones. Que de aquí en adelante estemos en permanente guerra contra las dudas a las promesas de nuestro Dios, dudas que son las enemigas de nuestra paz y de su gloria. Y con una fe inconmovible creamos que lo que prometió lo hará. “Señor, creo; ayuda mi incredulidad”.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 8 de noviembre de 2016

Confesando a Jesús como Señor y glorificando a Dios

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Un examen de orgullo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 8

“El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?” Marcos 14:14.

EN los días de la pascua, Jerusalén era una gran posada. En esta ocasión cada padre de familia había invitado a sus amigos, pero ninguno invitó al Salvador y, él, por otra parte, no tenía casa propia. Fue por su poder sobrenatural que halló para sí un aposento alto en el cual observar la fiesta. Lo mismo acontece hoy día. Con excepción de aquellos cuyos corazones él renovó con su poder sobrenatural, Jesús no es recibido por los hijos de los hombres. Para el príncipe de las tinieblas todas las puertas se abren de par en par, pero Jesús tiene que limpiar para sí un camino o una choza en las calles. Fue por medio del misterioso poder ejercido por nuestro Señor que el dueño de esa casa no presentó objeción, sino, en el acto, alegre y gozosamente, abrió su casa. No sabemos quién era ni qué era este hombre, pero notamos que en seguida aceptó el honor que el Redentor se propuso conferirle. De la misma manera se llega a conocer aún hoy quiénes son los elegidos y quiénes no lo son. Porque cuando se predica el Evangelio, algunos lo combaten y no lo quieren aceptar; en cambio otros, lo reciben de buena voluntad, seguro indicio de que en esas almas se está realizando una obra secreta y que Dios las ha elegido para vida eterna. ¿Deseas, querido lector, recibir a Cristo? Entonces no hay dificultad en el camino. Cristo será tu huésped. Su mismo poder está obrando en ti, moviendo tu voluntad. ¡Qué honor hospedar al Hijo de Dios! El cielo de los cielos no lo puede contener, pero, sin embargo, él se digna hallar casa en nuestros corazones. Nosotros no somos dignos de que él venga bajo nuestro techado, pero ¡qué indecible privilegio cuando se digna entrar!, pues entonces él realiza una fiesta y hace que participemos con él de bocados delicados. Nos sentamos así en un banquete donde las viandas son inmortales y confieren inmortalidad a los que se alimentan de ellas. ¡Bendito entre los hijos de Adán quien hospeda al Señor de los ángeles!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Claves para el crecimiento espiritual: Introducción

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Orando por avivamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 7

“Me seréis testigos”. Hechos 1:8.

PARA aprender a cumplir tus deberes como testigo de Cristo, ten a Cristo mismo como tu ejemplo. El está siempre testificando, ya junto al pozo de Samaria o en el templo de Jerusalén; ya junto al lago de Genesaret o en la cumbre del monte. El testifica día y noche. Las poderosas oraciones de Jesús son tan expresivas para Dios como sus servicios diarios. El testifica bajo toda circunstancia. Los escribas y los fariseos no pueden cerrarle la boca. Aun delante de Pilato testificó la buena profesión. Jesús testifica tan clara y distintamente que no comete ningún error. Cristiano, haz de tu vida un claro testimonio. Sé como un claro y transparente arroyo en cuyo fondo puedas ver cada una de las piedras, y no como un turbio riachuelo del cual lo único que puedes ver es la superficie, y así el amor de tu corazón para Dios y los hombres será manifiesto a todos. No es necesario que digas: “Yo soy sincero”. Sé sincero. No te jactes de ser íntegro. Sé íntegro. Así tu testimonio será tan evidente que los hombres no podrán dejar de verlo. Nunca, por temor al débil hombre, restrinjas tu testimonio. Tus labios han sido encendidos con un carbón sacado del altar. Que hablen, pues, como deben hablar labios tocados por el cielo. “Por la mañana siembra tu simiente y a la tarde no dejes reposar tu mano”. No mires las nubes o el viento; testifica de tu Salvador a tiempo y fuera de tiempo. Y si aconteciere que por causa de Cristo y del Evangelio tuvieses que soportar algún sufrimiento, no retrocedas, sino regocíjate por el honor que se te concede de ser tenido por digno de sufrir con tu Señor, y gózate también en esto: en que tus sufrimientos, tus pérdidas y persecuciones te harán una plataforma desde la cual, con más vigor y con mayor poder, testificarás por Cristo Jesús. Medita en tu gran Ejemplo y sé lleno de su Espíritu. Recuerda que necesitas mucha instrucción, mucha perseverancia, mucha gracia y mucha humildad para que tu testimonio redunde para la gloria de tu Señor.

Charles Haddon Spurgeon.