Versículo para hoy:

viernes, 6 de febrero de 2015

FEBRERO 6

"Orando en todo tiempo". Efesios 6:18.

¡QUÉ multitud de oraciones hemos elevado desde el primer momento en que aprendimos a orar! Nuestra primera oración fue hecha en favor de nosotros mismos; pedimos a Dios que tuviera misericordia de nosotros y borrara nuestros pecados. El nos oyó. Cuando borró nuestros pecados, enseguida hicimos más oraciones en favor de nosotros. Hemos tenido que orar por la gracia que santifica, por la gracia que impulsa a hacer lo bueno y por la que impide hacer lo malo. Hemos sido guiados a pedir una nueva certidumbre de fe, a implorar la consoladora aplicación de la promesa, a rogar que se nos librase de la hora de la tentación, a pedir ayuda para el cumplimiento del deber y socorro para el día de la pruba. Hemos sido impulsados a ir a Dios para bien de nuestras almas, pidiendo, como mendigos consuetudinarios, todo lo que necesitábamos. Da testimonio, hijo de Dios, de que nunca pudiste conseguir en otra parte algo para tu alma. Todo el pan que tu alma ha comido, vino del cielo, y todo el agua que ha bebido, fluyó de la roca viva, que es Cristo Jesús el Señor. Tu alma nunca se ha enriquecido por sí misma; ha sido más bien una pensionista diaria de la bondad de Dios. De modo que tus oraciones han ascendido al cielo en una hilera de bondades casi infinitas. Tus necesidades fueron innumerables, y en consecuencia las provisiones han sido infinitamente grandes. Tus oraciones han sido muy variadas y las mercedes recibidas, incontables. En vista de esto, ¿no tienes motivo para decir "Amo al Señor porque él oyó la voz de mi ruego"? Pues así como nuestras oraciones fueron muchas, así también han sido muchas las respuestas de Dios. El te oyó en el día de la angustia; te fortaleció y te ayudó, aun cuando tú lo afrentaste por temblar y dudar en el propiciatorio. Recuerda esto y haz que tu corazón se llene de gratitud a Dios, que oyó con misericordia tus pobres y débiles oraciones. "Bendice, alma mía, a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 5 de febrero de 2015

¿ME AMAS? - J. C. Ryle

«¿Me amas?» (Juan 21:16)



     Esta pregunta fue dirigida por el Señor Jesús al apóstol Pedro. Una pregunta más importante que ésta no puede hacerse. Han pasado casi veinte siglos desde que se pronunciaron estas palabras, pero aun hoy en día la pregunta es altamente provechosa y escudriñadora. La disposición para amar a alguien constituye uno de los sentimientos más comunes que Dios ha implantado en la naturaleza humana. Desgraciadamente, la gente con demasiada frecuencia vuelca sus afectos sobre objetos que no son dignos, ni valen la pena. En este día quiero reclamar un lugar en nuestros afectos para la única Persona que es digna de los mejores sentimientos de nuestro corazón: el Señor Jesús, la Persona Divina que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. Entre todos nuestros afectos no nos olvidemos de AMAR A CRISTO.
     Este no es un tema para meros fanáticos o entusiastas, sino que merece la atención de todo cristiano que cree en la Biblia. Nuestro camino de salvación está estrechamente ligado al mismo. La vida o la muerte, el cielo o el infierno, dependen de la respuesta que demos a la pregunta sencilla y simple de: "¿Amas a Cristo?"

Fragmento tomado del libro EL SECRETO DE LA VIDA CRISTIANA de Juan Carlos Ryle

Batallando contra el pecado

FEBRERO 5

El Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo. 1 Juan 4:14.
  

ES agradable pensar que Jesús no vino al mundo sin el consentimiento, sin el permiso, sin la autoridad y sin la asistencia de su Padre. Fue enviado por el Padre para que fuese el Salvador de los hombres. Estamos propensos a olvidar que si bien hay distinciones en cuanto a las personas de la Trinidad, no las hay en cuanto al honor de las mismas. Por otra parte, atribuimos muy frecuentemente el honor de nuestra salvación -o por lo menos la profundidad de su bondad- más a Cristo Jesús que al Padre. Este es un grave error. ¿No fue el Padre el que envió a Jesús? Si Jesús habló maravillosamente, ¿no fue el Padre quien derramó gracia en sus labios para que fuese ministro capaz del nuevo pacto? El que conoce al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como debe conocerlos, los ama a todos por igual; los ve a los tres en Belén, en Gethsemaní y en el Calvario, igualmente interesados en la obra de la salvación. ¡Oh, cristiano!, ¿has puesto tu confianza en el Hombre Cristo Jesús? ¿Has puesto tu fe sólo en él? ¿Estás unido a él? Entonces cree que estás también unido al Dios del cielo. Por el hecho de que para el Hombre Cristo Jesús eres un hermano y tienes con él íntima comunión, tú estás unido al Dios eterno, y el "Anciano de días" es tu Padre y tu amigo. ¿Consideraste alguna vez la profundidad del amor que había en el corazón de Jehová, cuando Dios Padre preparó a su Hijo para la gran empresa de misericordia? Si no lo has hecho, medita hoy en esa verdad. ¡El Padre lo envió! Reflexiona en esta declaración. Piensa cómo Jesús obró lo que el Padre deseaba. Mira el amor del gran YO SOY en las heridas del agonizante Salvador. Que cada pensamiento relacionado con Jesús sea conectado con el Eterno, el Dios bendito para siempre, pues "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 4 de febrero de 2015

EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA - Pr. Otto Sánchez

La Realidad de las Aflicciones - Pr. Salvador Gómez Dickson

LA PROPICIACIÓN: EL RESULTADO DE LA CRUZ I - Oskar Arocha

Profundicemos en nuestra teología: 

La propiciación en la cruz



Un gran contraste - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 4

"El amor de Jehová". Oseas 3:1.

CREYENTE, echa una mirada retrospectiva a través de tu experiencia y recuerda el camino del desierto por el cual el Señor te guió. Considera cómo te ha alimentado y vestido todos los días, cómo soportó tu mala conducta, cómo sufrió tus murmuraciones y tus ansias por las ollas de Egipto, cómo abrió la roca para satisfacer tu sed y cómo te alimentó con el maná que descendió del cielo. Piensa cómo su gracia te bastó en tus tribulaciones, cómo su sangre te limpió de todo pecado y cómo su vara y su cayado te infundieron aliento. Cuando hayas considerado el amor que Dios te tuvo en el pasado, procura entonces que la fe te haga ver el amor que te tendrá en el futuro, pues, recuerda, el pacto y la sangre de Cristo tienen en sí algo más que el pasado. El que te amó y perdonó, nunca cesará de amar y perdonar. El es el alfa y será también la omega: el primero y el último. Por lo tanto, ten presente, que cuando pases por el valle de la sombra de la muerte, no tienes que temer mal alguno, porque él está contigo; cuando estés en las frías aguas del Jordán no tienes necesidad de temer, pues la muerte no te puede separar de su amor, y cuando entres en los misterios de la eternidad no tienes que temblar "pues estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Alma, ¿no reaviva esto tu amor? ¿No te induce a amar a Jesús? Un vuelo a través del ilimitado espacio del éter del amor, ¿no inflama tu corazón y te impulsa a deleitarte en el Señor tu Dios? A medida que meditamos en "el amor de Jehová" nuestros corazones arden en nosotros y ansiamos amarlo más.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

martes, 3 de febrero de 2015

EL ASEDIO DEL PECADO - Enrique Oriolo


"Dios en el banquillo" Exodo 17:1-7 Ps. Sugel Michelén



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Una presentación persuasiva - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 3

"Así que, hermanos, deudores somos". Romanos 8:12.

COMO criaturas de Dios todos somos deudores. Debemos pues, obedecerlo con todo nuestro cuerpo, con toda nuestra alma y con toda nuestra fuerza. Por haber quebrantado sus mandamientos, somos deudores a su justicia y le debemos una suma tan crecida que nos es imposible pagarla. Pero del cristiano se puede decir que no debe nada a la justicia de Dios, porque Cristo pagó la deuda de los suyos. Por esta razón el creyente debe amar más. Soy deudor a la gracia de Dios, pero no a su justicia, pues él nunca me acusará de una deuda que ya ha sido pagada. Cristo dijo: "Consumado es", y con esto quiso decir que todo cuanto su pueblo debía, fue cancelado para siempre del libro del recuerdo. Cristo ha satisfecho enteramente la justicia divina; la cuenta quedó saldada, la cédula fue clavada en la cruz, el recibo fue entregado y nosotros no somos más deudores a la justicia de Dios. Pero por el mismo hecho de que no somos deudores de nuestro Dios en ese sentido, hemos llegado a constituirnos en diez veces más deudores de él de lo que lo hubiéramos sido de otra manera. Cristiano, detente y considera por un momento cuán deudor eres a la soberanía divina, cuánto debes a su desinteresado amor, pues él dió a su propio Hijo para que muriese por ti. Considera cuánto debes a su gracia perdonadora que, aun después de diez mil afrentas, te ama tan infinitamente como siempre. Considera lo que debes a su poder, cómo te levantó de la muerte del pecado, cómo te ha guardado de caer, cómo ha preservado tu vida espiritual y cómo -aunque diez mil enemigos cercaron tu camino- te hizo capaz de andar por él sin titubeos. Considera lo que debes a su inmutabilidad. Aunque tú has cambiado diez mil veces, él no ha cambiado ni una vez. Estás muy endeudado con los atributos de Dios. Tú mismo te debes a Dios y le debes todo lo que tienes; ríndete como un sacrificio vivo, pues éste es tu racional culto.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 2 de febrero de 2015

Los Fundamentos Esenciales de la Democracia - Stephen McDowell y Mark Beliles

Los Fundamentos Esenciales de la Democracia

«Quien no sabe gobernar un reino, no puede administrar una Provincia; ni puede manejar una Provincia quien no puede ordenar una Ciudad; ni puede ordenar una Ciudad el que no sabe como regular una Villa; ni puede dirigir una Villa quien no puede guiar una Familia; ni puede aquel hombre gobernar bien una Familia si no sabe como gobernarse a sí mismo; ni puede nadie gobernarse a sí mismo a menos que su razón sea Señor; la voluntad y el apetito, sus vasallos; ni puede la Razón gobernar a menos que ella misma sea gobernada por Dios y sea (totalmente) obediente a Él». (Hugo Grotius, erudito holandés del siglo XVII).

FUENTE: CONTRA-MUNDUM

La vida de Jacob I - Pr. Salvador Gómez Dickson

La vida de Jacob II - Pr. Salvador Gómez Dickson

La vida de Jacob III - Pr. Salvador Gómez Dickson


La vida de Jacob IV - Pr. Salvador Gómez Dickson

La vida de Jacob V - Pr. Salvador Gómez Dickson


La vida de Jacob VI - Pr. Salvador Gómez Dickson

LA RELIGIÓN VS. EL EVANGELIO - Steven Morales


LAS CAUSAS DEL AUTOENGAÑO - PR. SUGEL MICHELÉN

Los derechos humanos, amenazados por ‘buenos’ y ‘malos’ - Protestante Digital

¿QUÉ LE PASA AL HOMBRE? - Dr. Martyn Lloyd-Jones


[...] «El hombre lucha contra el Único que puede darle lo que necesita y desea. Dios ha dicho: "No hay paz para el impío" (Isaías 57:21). Por consiguiente, el hombre, al enfrentarse a Dios, resistirle y desobedecerle, está robándose a sí mismo el galardón que codicia. Y haga lo que haga, hasta que se restaure su relación con Dios en obediencia, nunca conocerá la salud y la felicidad. Puede que aumenten sus riquezas y sus posesiones, que perfeccione sus habilidades por medio del estudio o que gane todo el mundo de la riqueza y del saber; pero de nada le servirá mientras su relación con Dios no sea correcta. Siempre carecerá de algo, hasta en su momento de mayor felicidad; nunca conocerá la verdadera satisfacción. Siempre estará quejándose de sus circunstancias y cambiándolas, pero sólo conseguirá un alivio transitorio. Echará la culpa a otras personas y formará nuevas asociaciones y alianzas; pero pronto volverá a sentirse infeliz otra vez. Desaprobará esto y lo otro y se valdrá de un recurso o de otro, hasta que, como Hamlet, al descubrir que todo es insuficiente, exclame con amargura:
El tiempo está fuera de quicio: oh maldito destino,
¡Que para arreglarlo yo haya nacido!
     Tiene la sensación de que él es perfecto y todos sus problemas provienen de otro sitio. Y seguirá caminando en su miseria y su desgracia, y continuará con sus experimentos anodinos hasta que, como el libertino y pecador Agustín de antaño, empiece a darse cuenta de que el problema está dentro de sí mismo y en su mala relación con Dios y diga: "Nos creaste para ti y nuestros corazones no descansarán si no es en ti". Pero, cuando empiece a darse cuenta, comenzará a sentir que su situación es completamente desesperada. Verá que no solo hay necesidad en su corazón, sino también orgullo. Sentirá que ha perdido todo el derecho a recibir el Amor de Dios. Pero, maravilla de maravillas, oye el Evangelio que le dice que, a pesar de toda su rebelión, Dios ha estado esperándole pacientemente. De hecho, averigua que Dios ha estado buscándole y ha enviado a su Hijo Jesucristo a este mundo para buscarle y liberarle. Se le dice que Cristo ya ha muerto por su culpa. Se le asegura el perdón y recibe una nueva vida y una nueva naturaleza. Ahora ve todas las cosas de una forma nueva. Los problemas se resuelven y las dificultades se desvanecen. Empieza a experimentar una paz que es una paz verdadera porque no depende de los demás ni de las circunstancias externas. Más bien es una paz que persiste aunque cambien las condiciones, una profunda tranquilidad interior que solo puede ser descrita como "la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento" (Filipenses 4:7). Ha encontrado que "justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios" (Romanos 5:1). Y viéndose a sí mismo y a los demás con esta nueva luz derramada sobre el hombre y su mundo por la Biblia y su enseñanza, está también en armonía con los demás. No puede haber paz entre los hombres hasta que esta se halle en el interior de cada uno, y ese ideal puede obtenerse solo cuando nos sometemos a Aquel que dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27).»

Apartes tomados del libro LA VERDAD INMUTABLE de Dr. Martyn Lloyd-Jones

Dios interviene en el momento preciso - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 2

"Sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Hebreos 9:22.

ESTA es la voz de la verdad inalterable. En ninguna de las ceremonias judías -aún típicamente consideradas- se hacía remisión de pecados sin derramamiento de sangre. En ningún caso y por ningún medio puede el pecado ser perdonado sin expiación. Es claro, entonces, que no haya esperanza para mí fuera de Cristo, pues no hay otro derramamiento de sangre que sea considerado como expiación por el pecado. ¿Estoy yo creyendo en él? ¿Es realmente aplicada a mi alma la sangre de su expiación? En lo que respecta a la necesidad que tienen de Cristo, todos los hombres están en el mismo nivel. Por más morales, generosos, amantes y patriotas que seamos, esta regla no será alterada con el fin de hacer para nosotros una excepción. El pecado no cede a nada que sea menos potente que la sangre de aquel a quien Dios envió como propiciación. ¡Qué bendición que haya un medio de perdón! ¿Por qué hemos de buscar otro? Las personas que profesan una religión meramente formal, no se explican cómo podemos regocijarnos de que todos nuestros pecados han sido perdonados por Cristo. Sus obras, sus rezos y sus ceremonias les dan un consuelo muy pobre; bien pueden ellos estar tranquilos, pues están menospreciando la grande salvación y se empeñan en conseguir sin sangre la remisión. Alma mía, siéntate y contempla la justicia de Dios, que se ve obligada a castigar el pecado. Mira todo ese castigo infligido a tu Señor, y arrodíllate humildemente y besa los queridos pies de aquel que hizo expiación por ti. No vale nada, cuando la conciencia está despierta, recurrir, para hallar consuelo, a sentimientos y evidencias; es éste un hábito que aprendimos en el Egipto de nuestra legal esclavitud. Lo único que puede restaurar a una conciencia convicta de pecado, es la visión de Cristo mientras sufre en la Cruz. "La sangre es la vida de ella", dice la ley levítica. Estemos seguros de que la sangre es la vida de la fe, del gozo y de cada una de las otras santas gracias.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 1 de febrero de 2015

EDF: En Defensa de la Fe | Apologética Cristiana: ¿Qué Opina Dios de la homosexualidad?

EDF: En Defensa de la Fe | Apologética Cristiana: ¿Qué Opina Dios de la homosexualidad?: por Juan Valles |  A todos nos interesa saber si Dios aprueba o no la homosexualidad. Total, si Dios es un Dios de Amor al menos puede...


FEBRERO 1

"Cantarán de los caminos de Jehová". Salmo 138:5.

EL tiempo cuando los cristianos empiezan a "cantar de los caminos de Jehová" es cuando por primera vez sueltan su carga al pie de la cruz. Ni aun los cantos de los ángeles parecen tan dulces como el primer canto que brota de lo profundo del alma del hijo de Dios que ha sido perdonado. Tú recuerdas, sin duda, cómo Juan Bunyan describe esto. El dice que cuando el pobre peregrino dejó su carga al pie de la cruz, dió tres gandes saltos, y siguió su camino cantando:
¡Bendita cruz! ¡Bendita sepultura!
¡Y más bendito quien murió por mí!

Creyente, ¿recuerdas el día cuando cayeron tus cadenas? ¿Recuerdas el día cuando Jesús te halló y te dijo: "Con amor eterno te amé; yo deshice como a nube tus rebeliones y como a niebla tus pecados; ellos no serán nunca mencionados contra ti". ¡Oh, cuán dulce es el momento cuando Jesús quita el castigo del pecado! Cuando el Señor perdonó mis pecados, me sentí tan gozoso que apenas pude contener el deseo de saltar. Pensaba, mientras me dirigía a casa desde el lugar donde el Señor me había puesto en libertad, que era mi deber decir aun a las piedras de las calles la historia de mi liberación. Tan llena de gozo estaba mi alma, que deseaba manifestar a cada copo de nieve, que en ese momento caía del cielo, el admirable amor de Jesús, quien había borrado los pecados de uno de los principales rebeldes. Pero no sólo al principio de la vida cristiana tienen los creyentes motivos para cantar. En el curso de sus vidas hallarán nuevos motivos para cantar de los caminos del Señor, y la experiencia que tengan de él, les hará decir: "Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza será siempre en mi boca". No te olvides, hermano, de magnificar hoy al Señor.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 31 de enero de 2015

¿A TI QUÉ? ¡TÚ SÍGUEME! - John Piper

Liberado de la comparación mediante palabras abruptas

Después de resucitar de entre los muertos Jesús le preguntó tres veces a Pedro si él lo amaba. En las tres ocasiones Pedro le contestó que sí. Jesús entonces le dijo a Pedro cómo sería su muerte - aparentemente crucificado. Pedro tuvo curiosidad de cómo le iría a Juan. Asi que le preguntó a Jesús, “¿Y qué con éste hombre?” Jesús no le hizo caso a la pregunta y dijo: “¿A ti qué? ¡Tú sígueme!” Aquí está el intercambio en su totalidad:
“En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras. Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo: Sígueme. Pedro, volviéndose, vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el que en la cena se había recostado sobre el pecho de Jesús y había dicho: Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Entonces Pedro, al verlo, dijo a Jesús: Señor, ¿y éste, qué? Jesús le dijo: Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme!” (Juan 21:18-22)

Las palabras abruptas de Jesús - “¡No es asunto tuyo, sígueme!” - son música a mis oídos. Continuar leyendo...

Fuente: By John Piper. © Desiring God. Website: desiringGod.org

ENERO 31

"Jehová, justicia nuestra". Jeremías 23:6.

SIEMPRE experimentará el cristiano grande calma, quietud, alivio y paz al pensar en la perfecta justicia de Cristo. ¡Cuán a menudo los santos de Dios se hallan abatidos y tristes! Sin embargo, no debiera ser así. Creo que no se hallarían abatidos si tuviesen presente la perfección que poseen en Cristo. Hay algunos que siempre están hablando de la corrupción, de la depravación del corazón y de la innata maldad del alma. Esto es muy cierto, pero ¿por qué no ir un paso más adelante y recordar que somos perfectos en Cristo Jesús? No hay por qué admirarse de que los que se detienen a considerar su propia corrupción, muestren tal aspecto de abatimiento, pero si recordamos que "Cristo es hecho por nosotros justicia", estaremos de buen ánimo. Aunque la pena me aflija, aunque Satán me asalte, aunque haya muchas cosas que tenga que gustar antes de llegar al cielo, en el pacto de la gracia todo esto fue cumplido en mi favor; no hay nada que falte a mi Señor. Cristo lo hizo todo. En la cruz dijo: "Consumado es", y si está consumado, entonces yo estoy completo en él y puedo regocijarme con gozo inefable y glorificado, "no teniendo mi justicia que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios, por la fe". No hallaréis de este lado del cielo gente más santa que aquella que recibe en sus corazones la doctrina de la justicia de Cristo. Cuando el creyente dice: "Yo vivo sólo en Cristo, confío para mi salvación únicamente en él, y creo que, aunque indigno, soy, sin embargo, salvo en Jesús", entonces viene este pensamiento como un motivo de gratitud: "¿No viviré para Cristo? ¿No lo amaré y serviré, viendo que soy salvo por sus méritos?" "El amor de Cristo nos constriñe". "Los que viven, no vivan ya para sí, sino para el que murió por ellos". Si somos salvos por justicia imputada valoraremos grandemente la justicia impartida.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.