Versículo para hoy:

viernes, 12 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA - John Flavel 1677 en Inglaterra

 INTRODUCCIÓN 


“Clamaré al Dios altísimo, al Dios que me favorece.” Sal.57:2 (La idea del hebreo es: al Dios que obra todas las cosas para mí.) 

Hay dos maneras en que Dios se manifiesta a nosotros, por su Palabra y por sus obras. La gran gloria de las obras de Dios en la creación y en la providencia consiste en que confirman lo que Él ha dicho en su Palabra escrita. 

Hay un gran deleite para el pueblo de Dios en observar la providencia divina. La providencia no solo les lleva al cielo, sino también, trae el cielo a sus corazones ahora. El más sabio Dios dirige todo providencialmente para su propia alabanza y la felicidad de su pueblo, aunque todo el mundo esté ocupado moviendo sus velas y remando en una dirección contraria a los propósitos de Dios. Es un enorme placer fijarse en cómo el mundo lleva a cabo los propósitos de Dios oponiéndose a ellos; cómo hace su voluntad resistiéndola; cómo multiplica su Iglesia esparciéndola. 

Hay goces en la vida cristiana que son demasiado grandes para ser descritos. Entre éstos se encuentra el deleite de estudiar la providencia divina en nuestra propia experiencia personal. Pruébalo por ti mismo, gústalo y verás. No necesitarás más persuasión. “Clamaré al Dios altísimo, al Dios que obra todas las cosas para mí.” (Sal.57:2) 

Cuando David oró la oración citada en este salmo, estaba en peligro de ser muerto por el rey Saúl. (1 Sam.24:1-2) Dios respondió la petición de David rescatándolo del peligro. Dios siempre contesta las oraciones de sus hijos. Esta obra de Dios en todos los aspectos de nuestras vidas, tanto en los asuntos pequeños como grandes, la llamamos “La Providencia”. La experiencia de David de que Dios le ayudó en el pasado, le dio esperanza y fortaleza para clamar a Dios en su necesidad. Entonces, los creyentes hoy en día, deberían pensar acerca de cómo Dios ha obrado a su favor en el pasado, de este modo su fe y su esperanza serán fortalecidas. Pero el pueblo de Dios no puede entender todo lo que le sucede en su camino hacia el cielo. Aunque Pedro no entendió todo lo que le estaba sucediendo cuando Cristo lavó sus pies, le fue dicho que lo entendería después. (Jn.13:7) Cuando lleguemos al cielo, veremos no solo que es un bello lugar, sino que además, veremos la belleza del camino por el cual fuimos traídos. Es como cuando observamos las diferentes partes de un reloj. Primero vemos las partes por separado y después vemos el reloj completo, con todas sus partes trabajando conjuntamente. Cuán hermoso será cuando veamos de una sola mirada, el plan entero de la providencia y la razón correcta de cada acto divino. Aunque nuestra vista actual es muy pobre en comparación con la visión que tendremos desde el cielo, no obstante todavía hay mucha dulzura en ella, la cual puedo llamar “un poco de cielo”.

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