Versículo para hoy:

jueves, 15 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 15

“El pueblo a él cercano”. Salmo 148:14.


LA dispensación del antiguo pacto era la dispensación de la distancia. Cuando Dios apareció a su siervo Moisés, le dijo: “No te llegues acá; quita tus zapatos de tus pies”. Y cuando en el monte Sinaí se manifestó a su elegido y separado pueblo, uno de los primeros mandamientos que dio fue este: “Señalarás término al pueblo en derredor del monte”. Tanto en el culto del tabernáculo como en el del templo, la idea de la distancia era siempre prominente. El vulgo no entraba ni aun en el atrio exterior. En el atrio interior sólo los sacerdotes podían atreverse a entrar, mientras que en el lugar más secreto, o en el Lugar Santísimo, entraba sólo el Sumo sacerdote una vez por año. Era como si el Señor quisiera enseñar a los hombres, en esas primitivas edades, que el pecado le era tan enteramente repugnante que tenía que tratarlos como si fueran leprosos, echándolos del campamento. Y aunque se acercó a ellos, les hizo, sin embargo, sentir la extensión de la separación entre él, como Dios Santo, y ellos, como impuros pecadores. Cuando se empezó a predicar el Evangelio fuimos colocados en una base muy distinta. La palabra “alejaos” fue reemplazada por “acercaos”. La distancia dio lugar a la proximidad y los que en otro tiempo estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. La Deidad encarnada no tiene en derredor suyo ninguna muralla de fuego. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar” fue la jubilosa proclama de Dios en los días de su carne. Ahora él no enseña al leproso colocándolo a cierta distancia, sino sufre en sí mismo el castigo de la corrupción del leproso. ¡Qué posición de seguridad y de privilegio significa ser hechos cercanos a Dios por medio de Jesús! ¿Conoces esto por experiencia? Si lo conoces, ¿estás viviendo en el poder de esa posición? Maravilloso es vivir aquí cerca de Dios; sin embargo, esta dispensación ha de ser seguida por otra de una comunión aun más íntima en el día cuando se diga: “El tabernáculo de Dios con los hombres y morará con ellos”. ¡Oh, Señor, apresura ese día!

Charles Haddon Spurgeon.

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