Versículo para hoy:

sábado, 20 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 20

“Así dejaron reparado a Jerusalén hasta el muro ancho”. Nehemías 3:8.

LAS ciudades bien fortificadas tenían anchos muros; también los tenía Jerusalén en sus tiempos de gloria. La Nueva Jerusalén debe, en la misma forma, ser rodeada y preservada por un ancho muro de disidencia con el mundo y de separación de sus costumbres y de su espíritu. La tendencia de estos días es romper la santa barrera y hacer que la distinción entre la Iglesia y el mundo sea meramente nominal. Los creyentes ya no son más estrictos y puritanos; una literatura de dudosa moralidad es leída todos los días. Por lo regular, se toleran pasatiempos frívolos y un relajamiento general amenaza despojar al pueblo del Señor de aquellas peculiaridades que lo distinguen de los pecadores. Será un mal día aquel para el mundo cuando la propuesta amalgamación sea consumada. Entonces será anunciado otro diluvio de ira. Amado lector, que el propósito de tu corazón sea mantener el “muro ancho”, tanto en el corazón como en las palabras, en el vestir como en las acciones, recordando que la amistad de este mundo es enemistad contra Dios. El ancho muro proporcionaba un lugar de reunión para los habitantes de Jerusalén, desde el cual podían disfrutar de la perspectiva que ofrecían los países circunvecinos. Esto nos recuerda los muy amplios mandamientos del Señor, en los cuales andamos libremente en comunión con Jesús, mirando los paisajes de la tierra, pero también contemplando las glorias del cielo. Separados del mundo y “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos”, no estamos, sin embargo, en una prisión ni restringidos dentro de estrechos límites; no, andamos, más bien, en libertad porque guardamos sus preceptos. Ven, lector, anda esta noche con Dios en sus estatutos. Como en los muros de la ciudad se encontraban los amigos, así encuéntrate tú con Dios en el camino de santa oración y meditación. Tú tienes el derecho de recorrer los baluartes de la salvación, pues tú eres un liberto de la ciudad real, un ciudadano de la metrópoli del universo.


Charles Haddon Spurgeon.

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