Versículo para hoy:
domingo, 15 de septiembre de 2019
15 de setiembre – DE PURA GRACIA
En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» «¿Quién eres, Señor?» preguntó. «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Hechos 9:3-5.
La conversión de Pablo pudiera servir como una descripción de la conversión de cualquiera de nosotros. ¿Cómo tuvo lugar su salvación? Bien, está claro que no había nada en Pablo que lo hiciera merecedor de la salvación. Podrías haberlo analizado hasta lo sumo y no habías encontrado algo en él que te diera una esperanza de que tal vez pudiera creer en Jesús. Su procedencia, su preparación, lo que le rodeaba y los logros de su vida, todo lo inclinaba a ser un devoto del judaísmo y lo alejaba del cristianismo. El primero de los ancianos de la iglesia que habló con él sobre las cosas divinas casi no podía creer en su conversión. «Señor», le dijo, «he oído hablar mucho de ese hombre y de todo el mal que ha causado a tus santos en Jerusalén» (Hechos 9:13). Le costaba trabajo creer que aquel lobo hambriento se hubiera convertido en una oveja. No había nada en Saulo que favoreciera la fe en Jesús; el terreno de su corazón era pedregoso, el pico no podía atravesarlo, y la buena semilla no podía encontrar raíz. Sin embargo, el Señor convirtió a Saulo y puede hacer lo mismo con otros pecadores pero tiene que ser una obra de pura gracia y del poder divino ya que en la naturaleza caída del hombre no hay ni siquiera un lugar santo del tamaño de la punta de un alfiler sobre el cual pudiera descender la gracia. La gracia transformadora no encuentra su hábitat natural en nuestros corazones, tiene que crear su propio suelo. Y, bendito sea Dios, es capaz de hacerlo, porque para Dios todas las cosas son posibles.
FUENTE: Charles H. Spurgeon -Tomado del libro “A los Pies del Maestro”, Compilado por Audie G. Lewis.sábado, 14 de septiembre de 2019
14 de setiembre – AMOR Y SERVICIO
Pero la gracia del Señor se derramó sobre mí con abundancia,
junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús. 1 Timoteo 1:14.
La gracia de Dios, que
es capaz de salvar al mayor de los pecadores, puede de seguro salvar a aquellos
que han pecado en menor grado. Si el puente de la gracia puede soportar el peso
de un elefante, de seguro puede soportar el del ratón. Si la misericordia de
Dios fue suficiente para redimir al peor de los pecadores, puede tener
paciencia contigo. Si una puerta es bastante grande como para que pase por ella
un gigante, cualquier mortal de tamaño normal tendrá espacio suficiente. Ningún
hombre puede decir que es un pecador demasiado malvado como para ser salvo,
porque hace mil ochocientos años que el mayor de los pecadores fue salvado. Así
que, ¿por qué no puedes serlo tú? Después que Pablo recibió la salvación, se
convirtió en el más destacado de los santos. El Señor no le designó un lugar de
segunda clase en la iglesia. Había sido el principal de los pecadores, pero el
Señor no dijo: «Te he salvado, pero siempre recordaré tu maldad como una
desventaja para ti». No fue así: lo consideró fiel, colocándolo en el
ministerio y en el apostolado, de modo que no fue menor que cualquiera de los
apóstoles. No hay ninguna razón por la que, a pesar de que tu pecado haya sido
enorme, tú no puedas ser igual de útil para el Señor. Por el contrario, hay una
razón por la que debes ser todavía más útil, porque aquel a quien mucho se le
perdona, mucho ama, y el amor abundante lleva al servicio abundante.
A través de la Biblia en un año: Salmos 119
viernes, 13 de septiembre de 2019
13 de setiembre – UNA CALMA COMO LA DEL CIELO
Al oír esto, rechinando los dientes montaron en cólera contra
él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la
gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. Hechos 7:54-55.
Los últimos momentos de
Esteban estuvieron llenos de calma, paz, confianza y gozo. Nunca se retractó
ante aquella furiosa audiencia. Les dijo la verdad completa, con tanto denuedo
como si hubiera estado pronunciando un discurso agradable a sus oídos. Cuando
ellos se encolerizaron, no les tuvo miedo; sus labios no temblaron, no se
retractó ni suavizó una sola de sus expresiones, sino que las punzó hasta el
corazón con mayor fidelidad. Con la valentía de un hombre de Dios, puso su
rostro como un pedernal. Consciente de que estaba predicando su último sermón,
empuñó la espada de dos filos que es la Palabra de Dios, clavándola en sus
mismas almas. No le importaba cuánto fruncían el ceño, o cómo crujían sus
dientes. Estaba tan calmado como el cielo que se abría encima de él y a pesar
de que lo habían echado de la ciudad, continuó haciendo su trabajo. Cuando lo
sacaron fuera de las puertas y le quitaron su ropa para ejecutarlo, no
pronunció una sola expresión de temor ni un grito de miedo; permaneció firme y
encomendó su alma a Dios con toda calma, y cuando las primeras piedras asesinas
lo derribaron a tierra cayó sobre sus rodillas, no para pedir misericordia ni
para lanzar un gemido, sino para pedirle al Señor que tuviera misericordia de
los que lo asesinaban. Luego cerró sus ojos como un niño cansado de jugar en un
día de verano que se queda dormido en el regazo de su madre: y «durmió».
Cristiano, cree entonces que si permaneces en Jesús, eso mismo sucederá
contigo.
A través de la Biblia en un año: Salmos 115-118
jueves, 12 de septiembre de 2019
12 de setiembre – INMERSOS EN SU SERVICIO
Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. «Señor Jesús» decía,
«recibe mi espíritu». Luego cayó de rodillas y gritó: «¡Señor, no les tomes en
cuenta este pecado!» Cuando hubo dicho esto, murió. Hechos 7:59-60.
Observemos la muerte de
Esteban y notemos su carácter general. Nos sorprende que sucediera en el mejor
momento de su servicio. Lo habían designado oficial de la iglesia en Jerusalén
para velar que las ofrendas se distribuyeran de forma correcta entre los
pobres, en especial, las viudas griegas. Desempeñó su labor para la
satisfacción de toda la iglesia y llevó a cabo un servicio excelente, de modo
que los apóstoles pudieron dedicarse de lleno a su verdadero trabajo, es decir,
la predicación y la oración, y no es algo insignificante asumir la carga de
otro si eso libera a aquel para que pueda dedicarse a un servicio más eminente
que el que nosotros mismos pudiéramos desempeñar. Pero Esteban no se conformó
con ser un diácono, sino que comenzó a ministrar en las cosas santas como un
defensor de la Palabra, lo que hizo con gran poder, ya que estaba lleno de fe y
del poder del Espíritu Santo. Esteban sobresale en la lista de los héroes de la
historia de la iglesia como un líder, tanto que los enemigos del evangelio
reconocieron la utilidad de su prominencia y lo hicieron objeto de su más fiera
oposición, pues por lo general se encolerizan más contra aquellos que hacen el
mayor bien. Esteban permaneció en la vanguardia del ejército del Señor; sin
embargo, lo mataron. «Un misterio», dicen algunos. «Un gran privilegio», digo
yo. ¿Quién desea que Dios lo lleve en algún otro tiempo? ¿Acaso no es mejor
morir con el yugo puesto, cuando todavía eres útil? ¿Quién desea vivir hasta
ser una carga, en vez de una ayuda?
A través de la Biblia en un año: Salmos 111-114
miércoles, 11 de septiembre de 2019
11 de setiembre - ¿POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ TODAVÍA?
Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: «¿No
eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!» Pero el otro criminal lo
reprendió. Lucas 23:39-40.
¿Por qué nuestro Señor
no nos llevó a todos de una vez para el paraíso? Porque tenemos algo que hacer
en la tierra. ¿Lo estás
haciendo? Hay algunas personas buenas que
todavía están en la tierra pero, ¿por qué? ¿Cuál es su utilidad? No puedo
entenderlo. Si de verdad forman el pueblo de Dios, ¿qué están haciendo aquí
todavía? Se levantan en las mañanas, desayunan y en el transcurso del día
almuerzan, comen y se acuestan a dormir. A la mañana siguiente se levantan a
una hora determinada y hacen lo mismo que el día anterior. ¿Es esto vivir para
Jesús? ¿Es esto vida? No parece suficiente. ¿Es esta la vida de Dios en un
hombre? ¡Ay, hermano cristiano, justifica el hecho de que tu Señor todavía te
tenga aquí esperando! ¿De qué otra forma lo puedes justificar, que no sea
sirviéndolo con todas tus fuerzas? ¡Que el Señor te ayude a hacerlo así! ¿Por
qué? Porque le debes tanto al Señor como aquel ladrón moribundo. ¡Qué gran
deuda tienen ustedes, jóvenes cristianos, con el Señor! Y si ese pobre ladrón
transformó su vida en unos minutos para servir de testimonio a la posteridad,
¿acaso no debemos nosotros, que hemos tenido el privilegio de vivir muchos años
luego de nuestra conversión, dedicarnos a servir con excelencia al Señor?
¡Vamos, es hora de levantarse, si es que hemos estado durmiendo! Empecemos a
vivir con plenitud, como si hasta ahora hubiéramos estado medio muertos.
¡Dejemos que el Espíritu de Dios pueda hacer algo en nosotros de modo que
podamos ser obreros útiles en la viña para el gozo del paraíso!
A través de la Biblia en un año: Salmos 107-110
martes, 10 de septiembre de 2019
10 de setiembre – EL LADRÓN QUE CREYÓ
Luego dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino».
Lucas 23:42.
Nota que este hombre
creyó en Jesucristo cuando literalmente lo vio sufriendo la muerte de un
malhechor bajo las circunstancias más vergonzosas posibles. Tú nunca te has
dado cuenta lo que significa ser crucificado. Eso va más allá de nuestra
experiencia. Este hombre lo vio con sus propios ojos y llamar «Señor» a quien
estaba colgando de un madero, fue un gran triunfo de fe. Decirle que lo
recordara cuando viniera en su reino, a pesar de verlo desangrándose y a punto
de morir, fue un significativo acto de confianza, un noble acto de fe.
Recuerda también que en
ese momento, cuando el ladrón confió en Jesús, todos sus discípulos lo habían
abandonado y habían huido. Puede ser que Juan estuviera observando a una cierta
distancia y que algunas santas mujeres estuvieran un poco más lejos, pero
ninguno estuvo presente para ver morir a Jesús. Judas lo vendió, Pedro lo negó
y el resto lo abandonó. Fue entonces que el ladrón moribundo llamándolo «Señor»
le dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». A eso yo llamo una
fe gloriosa. Algunos de ustedes no creen, a pesar de estar rodeados de amigos
cristianos, a pesar de que pueden ver el testimonio de aquellos que están a su
lado. Sin embargo, aquel hombre que estaba solo, ¡le implora a Jesús y lo llama
su Señor! Después que Jesús muriera el centurión creyó, pero antes, este ladrón
fue el único que confesó la fe y se aferró al Salvador cuando no había nadie más
que dijera «Amén» a lo que había dicho.
A través de la Biblia en un año: Salmos 103-106
lunes, 9 de septiembre de 2019
9 de setiembre – COMPLETA CONSAGRACIÓN
Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a
tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero».
¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son
como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Santiago 4:13-14.
¿Cuál es el valor de la
vida de un hombre que se involucra en los negocios, gana dinero, se hace rico y
muere? Esta clase de vida termina con un párrafo que publica el periódico de
Londres declarando el valor del difunto: «Este miserable no tenía ningún valor,
sus posesiones tenían valor pero él no tenía ninguno. Si hubiera valido algo,
habría empleado su dinero para hacer bien a la humanidad, pero como mayordomo
infiel acumuló los bienes de su Maestro en montones que se pudren». La mayoría
de los hombres buscan su propio bien. Pero una vida entregada a Jesús, a pesar
de que tiene que llevar su cruz, es noble, heroica y sublime. La verdadera vida
es la que se consagra por completo a Cristo y a su cruz y se asemeja a la vida
de los ángeles. De hecho, es incluso más elevada pues es la vida de Dios dentro
del alma del hombre. Tú que aspiras a vivir con nobleza, proponte vivir una
vida que valga la pena vivirla, recordarla y convertirla en el comienzo de la
eternidad ante el trono de Dios.
Algunos de ustedes
pueden estar comenzando a sentir el peso de la cruz sobre sus hombros cuando
piensan en las necesidades de aquellos que los rodean. Ellos mueren, perecen
por falta de conocimiento, tanto los ricos como los pobres, al obviar a Jesús,
quedan muchos de ellos atrapados en una justicia de apariencias nada más. Están
pereciendo. Y tú, ¿no tienes compasión? ¿Está tu corazón tan duro como el
acero? Estoy seguro que no puedes negar que los tiempos actuales demandan de ti
una vida consagrada y esforzada.
A través de la Biblia en un año: Salmos 99-102
domingo, 8 de septiembre de 2019
8 de setiembre – UNA CARGA BENDITA
Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de
nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba soportó la cruz, menospreciando
la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono
de Dios. Hebreos 12:2.
Por supuesto que el
camino más fácil es convertirse en monje y vivir una tranquila vida en un
claustro y servir a Dios sin hacer nada; o hacerse monja, vivir en un convento
y pretender ganar las luchas de la vida huyendo de ellas. ¿No es esto absurdo?
Ustedes, las mujeres y los hombres cristianos, deben permanecer firmes y vivir
para Jesús en el lugar donde la providencia de Dios los haya puesto. Si tu
llamado no es un llamado a pecar, y tus alrededores no representan una
tentación demasiado grande para ti, mantente firme y nunca pienses en rendirte.
Si tu carga es pesada, considérala como la cruz de Cristo para ti e inclina tu
espalda para cargarla. Puede ser que al principio te duela el hombro, pero con
el tiempo te harás más fuerte, porque como tus días serán tus fuerzas: «Bueno
es que el hombre aprenda a llevar el yugo desde su juventud» (Lamentaciones 3:27),
pero es bueno para el hombre llevar su cruz tanto en la edad madura como en su
juventud, de hecho, nunca debemos rechazar tan bendita carga. Como las alas
para el ave y las velas para el barco, así es la cruz para el espíritu del
hombre cuando acepta llevarla como la preciosa carga de su vida. Ahora bien,
Simón, ¿dónde estás tú? ¡Hombre, carga la cruz en el nombre de Dios!
A través de la Biblia en un año: Salmos 95-98
sábado, 7 de septiembre de 2019
7 de setiembre - ¿LLEVARÁS SU CRUZ?
Cuando se lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene,
que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de
Jesús. Lucas 23:26.
En lo que concierne a
la reconciliación del hombre con Dios, el Señor pisó el lagar a solas, sin
nadie a su lado; pero en lo referente a la conversión del mundo y su rescate
del poder del error y la maldad, Cristo no está solo. Nosotros somos obreros
junto con Jesús. Estamos en las manos de Dios para compartir los dolores y el
trabajo por medio de los cuales él libera a los hombres de las ataduras del
pecado y Satanás, y los trae a la libertad de la verdad y la justicia. Por lo
tanto, es importante el hecho de que para llevar la cruz, aunque no para morir
en ella, fuera necesaria la presencia de uno que estuviera cerca de Jesús.
Llevar la cruz detrás de Jesús es la ocupación de la persona fiel. Simón de
Cirene representa a toda la iglesia de Dios y a cada creyente en particular.
Con frecuencia, Jesús había dicho: «El que no toma mi cruz y me sigue, no puede
ser mi discípulo», y ahora por fin se materializa ese sermón en una persona. El
discípulo debe ser como su Maestro: aquel que está dispuesto a seguir al
Crucificado, debe estar dispuesto a llevar él mismo la cruz. Esto lo vemos de
forma práctica en Simón de Cirene, quien llevó la cruz de Jesús sobre sus
hombros.
¿Debe Simón llevar la cruz solo,
Y todos los demás quedarse libres?
No; hay una cruz para cada uno,
Y también hay una cruz para mí.
A través de la Biblia en un año: Salmos 91-94
viernes, 6 de septiembre de 2019
6 de setiembre – LO QUE DIOS REVELA
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar,
para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el
siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16-17.
He escuchado decir que
hay algunas verdades en la Palabra de Dios de las cuales es mejor no predicar.
Admiten que son verdades, pero dicen que no son edificantes. No estoy de
acuerdo con nada de eso; es como volver atrás, al método que usaron los
romanos. Todo lo que la sabiduría de Dios consideró bueno revelar, los siervos
de Dios deben considerar sabio proclamar. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar
entre esta y aquella verdad y para decir que sobre esto debemos predicar y
sobre aquello no? Este sistema nos convertiría, después de todo, en jueces de
lo que debe ser el evangelio de Cristo. No debe suceder eso con nosotros; sería
asumir una responsabilidad que somos incapaces de llevar.
Mi hermano, lo que el
Señor te haya enseñado por medio de su Espíritu, díselo a otros. Según tengas
oportunidad, revélales lo que Dios te ha revelado a ti; recuerda lo que el
mismo Jesús encargó a sus discípulos: «Lo que les digo en la oscuridad, díganlo
ustedes a plena luz; lo que se les susurra al oído, proclámenlo desde las azoteas»
(Mateo 10:27). Debes predicar todas las verdades en su debida proporción; hay
un tiempo para una y un tiempo para la otra, y no debes omitir ninguna. Al
final de nuestro ministerio, debemos ser capaces de decir: «No me he callado
nada de lo que Dios me ha enseñado, sino que lo he enseñado a otros, así que mi
ministerio ha sido veraz».
A través de la Biblia en un año: Salmos 89-90
5 de setiembre – UN TERRENO PELIGROSO
El amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. 1 Timoteo 6:10.
Yo creo solemnemente que de todos los hipócritas, los peores son aquellos cuyo dios es el dinero. Tal vez pienses que un borracho es peor, pero gracias a Dios hemos visto muchos de ellos que, luego de volver a su vicio en la condición de cristianos caídos, han abandonado su vicio por segunda vez y han regresado. Sin embargo, me temo que han sido muy pocas las veces que hemos visto a hombres avaros alcanzar la salvación, tan pocas veces que pudiéramos escribirlo en la uña de un dedo. Este es un pecado que el mundo no condena, el ministro más fiel escasamente pudiera golpearlo en la frente. Dios es testigo de la dureza con que he tratado a hombres cuya riqueza está en este mundo y que, sin embargo, pretenden ser seguidores de Cristo, pero ellos siempre dicen: «Eso no es conmigo». Lo que yo llamo avaricia ellos lo llaman prudencia, discreción, economía, etc.; y harán acciones que me harían escupir, mientras que ellos piensan que sus manos están limpias luego de llevarlas a cabo, y que pertenecen al pueblo de Dios, y escuchan lo que escucha el pueblo de Dios, y piensan que luego de haber vendido a Cristo por una ganancia irrisoria, todavía irán al cielo. ¡Ay, almas, almas, almas, manténganse alertas, más que todo, de la avaricia! La raíz de toda clase de males no es el dinero, ni la falta de él, sino el amor al dinero. No es el hecho de ganarlo, ni siquiera de ahorrarlo. Es el hecho de amarlo, de convertirlo en tu dios, de considerarlo como lo mejor, y no considerar la causa de Cristo, ni la verdad de Cristo, ni la santidad de Cristo, sino que sacrificas todo lo que posees por obtener ganancias.
A través de la Biblia en un año: Salmos 85-88
miércoles, 4 de septiembre de 2019
4 de setiembre – EL CORAZÓN HUMANO
Este se acercó a Jesús para besarlo, pero Jesús le preguntó:
«Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre». Lucas 22:47-48.
Una razón por la cual
programar la traición fue que Dios ordenó que el pecado del hombre alcanzara su
punto culminante con la muerte de Jesús. Dios, el gran dueño del viñedo, mandó
a muchos siervos y los labradores maltrataron a unos y apedrearon a otros. Por
último dijo: «Enviaré a mi Hijo; seguro que a él lo respetarán». Cuando ellos
mataron al heredero para obtener su herencia, la rebelión de los labradores
había alcanzado la máxima expresión. El asesinato de nuestro bendito Señor fue
la mayor culpa de la humanidad porque dio rienda suelta al odio hacia Dios que
se esconde en el corazón del hombre. Cuando el hombre se convirtió en un
asesino del ser divino, el pecado alcanzó su mayor grado. Y ese grado se puso
de manifiesto en el horrible hecho que cometió el hombre que traicionó a Jesús.
Si no hubiera sido por Judas, no hubiéramos sabido cuán oscura y baja puede
llegar a ser la naturaleza humana. Rechazo a los hombres que tratan de
disculpar la traición de este hijo de perdición, este malvado apóstata. Mis
hermanos, debemos detestar a este maestro de la infamia; él está en el lugar
que le pertenece y el anatema de David, parte del cual citó Pedro, cayó sobre
él: «Que resulte culpable al ser juzgado, y que sus propias oraciones lo
condenen. Que se acorten sus días, y que otro se haga cargo de su oficio»
(Salmo 109:7-8). Con toda seguridad, al igual que al diablo una vez se le
permitió atormentar los cuerpos de los hombres, también tomó posesión de Judas
como casi nunca lo ha hecho con otros hombres, para que nosotros podamos ver
cuán inicuo y cuán desesperadamente malvado es el corazón humano.
A través de la Biblia en un año: Salmos 81-84
martes, 3 de septiembre de 2019
3 de setiembre – HONRAR A DIOS
Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía
Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Allí se dio una cena en honor de Jesús.
Juan 12:1-2.
Con frecuencia solía ir
a los campos para predicar, allí me quedaba en una granja cuyo dueño, un amable
señor ya mayor, me servía en su mesa por lo menos cien libras de carne para
comer conmigo. Año tras año continuaba haciendo lo mismo, por lo que un día le
dije: «Usted debe tener una idea muy particular de mi apetito, es imposible que
yo pueda comerme todas esas masas de carne que sirve en su mesa». «Oh», dijo,
«nosotros sabemos qué hacer con las que sobran luego que usted se marcha, ya
que hay muchas personas pobres y muchos campesinos en los alrededores, y ellos
se las comen». «Pero», pregunté, «¿Por qué tiene tanta comida cuando yo vengo?»
«Dios lo bendiga, señor», respondió, «yo le daría un pedazo del tamaño de mi
casa si pudiera conseguirlo, puede estar seguro que lo haría, solo para
mostrarle cuán bienvenido es en mi casa». Entendí lo que quería decir y aprecié
su gentileza y los exhorto para que, en un sentido mucho más elevado, hagamos
nosotros todo lo que podamos para mostrarle al Señor Jesús cuán bienvenido es
en nuestra casa y en nuestro corazón.
¡Cuán bienvenido debe
ser nuestro bendito Salvador que viene para borrar nuestros pecados, cambiar
nuestra naturaleza y honrarnos con su compañía real, para preservarnos firmes
hasta el final, de modo que pueda llevarnos, a nosotros y a nuestros hijos, a
vivir con él para siempre! ¡Oh, debemos atender muy bien a un Invitado como él!
A través de la Biblia en un año: Salmos 77-80
lunes, 2 de septiembre de 2019
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