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sábado, 6 de junio de 2026

El Contentamiento Cristiano… Una Joya Rara - Jeremiah Burroughs (1601 – 1646)

4. Aprendiendo en la Escuela del Contentamiento

En este capítulo iremos a la escuela, pero no para estudiar las matemáticas, la ciencia y la geografía. Cristo es el maestro y nos enseñará cómo podemos estar contentos y felices. Hay diez lecciones. Los creyentes que estudien este curso encontrarán que pueden ser felices no importando lo que les pasa en este mundo. Recuerden no solo que Cristo es el maestro, sino también que su vida es el ejemplo perfecto del contentamiento en todas las circunstancias.

         Lección 1 - ¡Niéguese a sí mismo!

            Ser un creyente tiene un costo. Los creyentes que pretenden que el cristianismo no sea así, mienten. Cristo habló en una forma directa y franca de este asunto cuando dijo: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará” (Luc. 9:23-24). Es Cristo mismo quien enseña a los creyentes cómo deben negarse a sí mismos. Les enseña que no son dignos de la atención de Dios, y que solo merecen la ira y el desprecio divino por sus pecados. Que no pueden hacer nada sin su ayuda. Cuando las cosas que disfrutaban les son quitadas, deben darse cuenta que no merecían nada de Dios, puesto que casi no le han servido. Cristo les enseña que son tan pecaminosos que son muy propensos a echar a perder las cosas buenas que Él les otorga. Aunque Él les puede bendecir y capacitar para usar correctamente sus bendiciones, si Él les deja a sí mismos, con seguridad serán mal usadas. Les enseña que si fueran a morir, la obra de Dios no se desvanecería, sino que Él fácilmente podría sustituirles. Entender estas cosas es una parte de lo que significa la negación de uno mismo. Debemos humillarnos y darnos cuenta de que no somos tan importantes, ni indispensables. Entonces, cada dificultad nos parecerá pequeña, y cada bendición grande.

         Lección 2 – La autonegación de Cristo.

            Nadie jamás se ha negado a sí mismo como Cristo lo hizo. Isaías escribió: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero; como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca” (Isaías 53:7). Isaías estaba profetizando la forma como Cristo se sometería a la muerte, como un sacrificio por los pecados de su pueblo. Pablo escribió acerca de Cristo, que “se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. 2:7-8). Sin embargo, Cristo fue la persona más contenta que jamás ha vivido. Entre más cerca los creyentes sigan el ejemplo de la autonegación de Cristo, más felices serán. Cristo se regocijaba en hacer la voluntad del Padre. Los creyentes necesitan aprender lo siguiente: Que la gente egoísta solo puede ser feliz mientras Dios hace lo que ellos quieren, pero aquellos que se niegan a sí mismos son felices con todo lo que Dios hace.

         Lección 3 – Nada satisface sin Dios.

            “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador… ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” (Eclesiastés 1:2-3). Aquellos que no son felices con las cosas que este mundo les ofrece no son infelices (como ellos suponen) por no tener lo suficiente, sino simplemente porque las cosas de este mundo no pueden comprar la felicidad. La raza humana fue creada para conocer y disfrutar de Dios. El gran teólogo Agustín escribió: “Tú nos hiciste para Ti mismo, y nuestros corazones no estarán contentos, hasta que encuentren descanso en Ti”. La gente infeliz que piensa que obteniendo más cosas encontrará satisfacción es como una gente hambrienta que piensa que comiendo aire se llenará. “¿Por qué gastáis el dinero y no en pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?” (Isa. 55:2). No vale la pena tener algo, si uno no tiene a Dios.

         Lección 4 – Cristo satisface.

            Jesucristo enseñó que es Él mismo quien hace a una persona realmente feliz. Él dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6:51). También dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn. 7:37). El pan y el agua son las necesidades más básicas de nuestros cuerpos. Jesús estaba enseñando que Él satisface las necesidades más básicas de nuestras almas, al igual que Isaías profetizó: “Oídme atentamente y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Isa. 55:2). Jesús prometió que su pueblo tendría “vida” y que la tendría “en abundancia”, y que su gozo sería un gozo “cumplido” (Jn. 10:10; 16:24).

         Lección 5 – Sea un peregrino y un soldado.

            Los creyentes son peregrinos. Sólo pasan por este mundo y habitan temporalmente en sus cuerpos. Están preparándose para una eternidad en el cielo cuando recibirán de Dios sus cuerpos resucitados y perfeccionados. Entonces resulta necio inquietarse o estar preocupado acerca del estado presente de nuestros cuerpos. Los creyentes de los cuales leemos en Hebreos 11 confesaban que eran “extranjeros y peregrinos de la tierra…” Buscaban una patria mejor, es decir, la celestial, “por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad” (Heb. 11:13-16). Los creyentes tienen que aprender a vivir de esta manera. Los viajeros que están lejos de su hogar se conforman a muchas inconveniencias, como por ejemplo, mala comida o condiciones difíciles en el camino. Los creyentes tienen un hogar eterno, y las inconveniencias durante su estancia en la tierra no deberían preocuparles mucho.

            Los cristianos son soldados. Pablo escribió a Timoteo: “Tú pues, sufre trabajos como fiel soldado de Jesucristo” (2 Tim. 2:3). Un soldado que está fuera de su hogar en servicio activo participando de entrenamientos y maniobras, no espera disfrutar el confort de su hogar. Los creyentes son soldados peleando contra el diablo, el enemigo de sus almas. Deberían estar dispuestos a soportar sufrimientos y penalidades. Tienen que guardar en mente que la vida cristiana es una batalla larga, y es inevitable que sufran dificultades y pruebas. Aunque los soldados normales no pueden saber con anticipación quién ganará la guerra, sin embargo los creyentes pueden estar ciertos de que Jesucristo asegura de antemano que ellos obtendrán al final la victoria.

         Lección 6 – Disfruten los buenos tiempos.

            La totalidad de la creación divina está aquí para que los hombres y las mujeres la disfruten. Pueden estar realmente felices sabiendo que todo lo que tienen proviene de Dios y siendo agradecidos. Los creyentes ven todas las cosas que Dios ha creado y en ellas pueden observar la bondad de Dios. Las cosas que Él ha hecho les hacen felices. Pero tienen que darse cuenta de que sus posesiones no son las cosas más importantes que Dios les ha proporcionado, y que pudiera ser que sufran la pérdida de ellas si Dios quiere. Dios les puede llamar a que le sirvan en tiempos difíciles, o les puede llamar a que le sirvan en tiempos buenos. Sea como fuera, Dios quiere que disfrutemos de las buenas cosas que Él da. Él escogerá lo mejor para nosotros y tenemos que aprender a estar felices con ello.

         Lección 7 – Conócete a ti mismo.

            Todos los creyentes deben escudriñarse a sí mismos para descubrir cuáles son los deseos más profundos de su corazón. Esto les enseñará que no son las circunstancias de sus vidas lo que les hace infelices, sino más bien la condición de sus corazones. A menudo la causa real de la infelicidad es el pecado. Los creyentes que se conocen a sí mismos pueden luchar y oponerse a sus pecados, y de esta forma evitar la causa de mucha infelicidad.

            Los creyentes que no se conocen a sí mismos probablemente estarán muy temerosos y confundidos cuando surjan problemas. Comenzarán a decir: “¡Dios se ha olvidado de mí!”. Pero si saben que necesitan ser humillados, entonces comprenderán que Dios les envía problemas para que sean probados o disciplinados. Un medicamento que tiene efectos secundarios no agradables puede salvar su vida. De la misma manera, una experiencia que incluye algunos efectos desagradables puede salvaguardarnos del pecado.

            Mientras que un cristiano crece en su auto-conocimiento, sus oraciones se mejoran. Los creyentes inmaduros que no conocen sus propios corazones piden muchas cosas dañinas y entonces se deprimen cuando Dios no contesta sus peticiones.

Lección 8 - ¡Ten cuidado con las riquezas!

            Frecuentemente los creyentes envidian a los ricos y no se percatan de los problemas que acarrean las riquezas. “Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual, codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:10). Los zapatos nuevos se ven bien, pero sólo el que los lleva puestos sabe que le aprietan. Una ciudad puede tener una bonita apariencia, pero sus habitantes conocen de los barrios bajos, la corrupción, el peligro, el tránsito, la contaminación.

            Hay muchas personas que son ricas y prósperas exteriormente, pero por dentro están tristes. Muchas personas ricas y famosas tienen que enfrentarse con muchos conflictos y problemas. La prosperidad puede acarrear problemas. La prosperidad trae muchas tentaciones. Jesús dijo que era muy difícil que un rico entrara en el reino de los cielos. Aún más, algún día la gente rica y famosa tendrá que rendir cuentas a Dios de cómo usaron sus riquezas y su fama.

       Lección 9 – Ten cuidado de obtener siempre lo que quieres: ¡puede ser peligroso!

            Varios textos en la Biblia nos hablan de la gente que obtiene lo que quiere. Lo que la mayoría de la gente quiere frecuentemente es algo egoísta que sin lugar a dudas les haría daño obtenerlo. Entonces cuando Dios les da lo que quieren, se convierte en un castigo severo. “Pero mi pueblo no oyó mi voz, Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos” (Sal. 81:11-12). Bernard de Clairvaux (1090-1153) dijo: “No me dejes tener una miseria como esa; porque darme lo que yo quiero obtener, darme lo que mi corazón desea es uno de los juicios más horrendos en el mundo”. Aprender que nuestros deseos naturales nos pueden desviar es una de las lecciones más difíciles, pero al mismo tiempo, una de las más importantes en la escuela de Cristo.

         Lección 10 - ¡Dios tiene el control!

            Dios gobierna al universo entero, y eso significa que aún los detalles más pequeños que nos suceden están bajo su control. Entonces, todo lo que les pasa a los creyentes sucede porque es la voluntad de Dios para ellos y porque Dios sabe que será bueno para ellos. Jesús animó a sus discípulos recordándoles esto. Él dijo: “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aún los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Luc. 12:6-7).

            Los creyentes deberían orar para que Dios incremente su fe a fin de que puedan apreciar Su cuidado al planear todo lo que les acontece. Debieran recordar de plano que no pueden comprender todo lo que Dios está haciendo con ellos. Puede ser que Dios tenga un propósito a efectuar dentro de veinte años, el cual depende de algo que les está sucediendo en esta semana. Si resisten la voluntad divina para esta semana, entonces están resistiendo Su voluntad para todas las cosas futuras que dependen de esta semana.

            Dios obra en varias maneras. Les ayuda a los creyentes a estar felices con lo que Él hace y a entender un poco acerca de la manera como Él obra. Hay dos cosas en particular que los creyentes pueden aprender acerca de la manera divina de obrar:

            Primero, es normal que el pueblo de Dios sufra. Los no creyentes piensan que si Dios realmente existe y si los creyentes en realidad le pertenecen, entonces no deberían sufrir. Pero, la verdad es lo contrario. El hecho de que sufren es una evidencia de que pertenecen a Cristo. Pedro escribió: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria, os gocéis con gran alegría” (1Pe. 4:12-13). 

            Segundo, Dios puede traer grandes bienes de grandes males. Frecuentemente Dios sujeta a su pueblo a grandes pruebas antes de bendecirles en una manera especial. José fue un prisionero antes de llegar a ser gobernante en Egipto; David fue perseguido antes de llegar a ser rey de Israel; y Jesucristo mismo sufrió y murió antes de ser resucitado y glorificado. Lutero dijo: “Este es el camino de Dios; primero nos humilla para poder levantarnos; nos mata para poder vivificarnos; nos vence para poder glorificarnos”.