"Para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado", Efesios 1:18
Recuerda que fuiste salvo para que la vida de Jesús se manifieste en tu cuerpo (ver 2 Corintios 4:10).
Dirige toda la energía de tus capacidades hacia el cumplimiento de tu elección como hijo de Dios;
siempre debes estar a la altura de las circunstancias.
Tú no puedes hacer nada para conseguir tu salvación, pero debes hacer algo para manifestarla. Debes
ocuparte en tu salvación, a la cual Dios ya te ha hecho entrar (Filipenses 2:12). ¿Demuestra tu manera de
hablar, pensar y sentir que estás ocupándote en ella? Si aún eres el mismo miserable gruñón que se
empeña en seguir su propio camino, entonces mientes al decir que Dios te ha salvado y santificado.
Dios, como el Ingeniero Maestro, permite las adversidades para verificar si puedes saltar por encima de
ellas de manera adecuada: "Con mi Dios escalaré murallas" Salmo 18:29, LBLA. Dios jamás te va a
proteger de ninguna de las exigencias para sus hijos. 1 Pedro 4:12 dice: "Amados, nos os sorprendáis del
fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera". Ponte a la altura
de las circunstancias y lleva acabo lo que la prueba te exige. Sin que importe cuánto te duela, dale a Dios
la oportunidad de manifestar la vida de Jesús en tu cuerpo.
Que Dios ya no halle más quejas en nosotros, sino que nos encuentre llenos de valor y fuerza espiritual,
listos para enfrentar cualquier situación que Él coloque en nuestro camino. Tenemos que ejercitarnos para
que el Hijo de Dios se manifieste en nuestros cuerpos. Dios no tiene museos. El único objetivo de la vida
es que su Hijo se pueda manifestar. Y cuando esto ocurre, dejamos de darle órdenes. Nuestro Señor nunca
le dio órdenes a su Padre. Estamos aquí para someternos a su voluntad de tal forma que su deseo se
cumpla por medio de nosotros. Cuando comprendemos esto, Él nos volverá pan partido y vino derramado
para alimentar y nutrir a otras personas.