IV. Peligro implícito para la Iglesia
En cuarto lugar, enfoquemos el peligro implícito para la Iglesia, al cual se refiere nuestro texto. Menciona "las puertas del Hades". Por esta expresión, entendemos que se refiere al príncipe del infierno, el diablo. (Compare con Sal. 9:13; 107:18; Is. 38:10).
La historia de la Iglesia verdadera de Cristo siempre ha sido una de conflictos y guerras. Ha sido atacada constantemente por Satanás, enemigo mortal y príncipe de este mundo. El diablo detesta la Iglesia verdadera de Cristo con un aborrecimiento que no da tregua. Siempre está provocando oposición contra todos sus miembros. Continuamente incita a los hijos de este mundo a hacer su voluntad y a perjudicar y acosar al pueblo de Dios. Si no puede herir la cabeza, puede herir el calcañar. Si no puede robarles el cielo a los creyentes, les dificultar{a el camino.
La lucha contra los poderes del infierno ha sido la experiencia de todo el cuerpo de Cristo desde hace seis mil años. Siempre ha sido una zarza ardiente que no se consume, una mujer que huye al desierto, pero no es devorada (Éx. 3:2; Ap. 12:6, 16). Las iglesias visibles tienen sus tiempos de prosperidad y temporadas de paz, pero para la Iglesia verdadera nunca ha existido una época de paz. Sus conflictos son perpetuos, sus luchas nunca cesan.
La lucha con los poderes del infierno es la experiencia de cada miembro individual de la Iglesia verdadera. Cada uno tiene que luchar. ¿Qué son las vidas de todos los santos, sino historias de batallas? ¿Qué fueron hombres como Pablo, Santiago, Pedro, Juan, Policarpo, Crisóstomo, Agustín, Lutero, Calvino, Latimer y Baxter, sino soldados en constante lucha? A veces, la persona de los santos ha sido hostigada, otras veces, lo han sido sus bienes. A veces, han sido acosados con calumnias y mentiras y, a veces, con abierta persecución. De una forma u otra, el diablo ha estado siempre combatiendo contra la Iglesia. Las "puertas del Hades" o infierno han estado atacando sin cesar al pueblo de Cristo.
Los que predicamos el evangelio, podemos ofrecer "preciosas y grandísimas promesas" a todos los que vienen a Cristo (2 P. 1:4). Le podemos ofrecer a usted sin reparos, en el nombre de nuestro Señor, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. La Palabra ofrece misericordia, gracia y salvación total a todo el que acude a Cristo y cree en él. Pero no podemos prometer que tendrá paz con el mundo ni con el diablo. Al contrario, le advierto que tiene que haber lucha mientras está en el cuerpo. No quiero desalentarlo, ni desviarlo de servir a Cristo. Pero tiene usted que "calcular el costo" y comprender cabalmente lo que implica servir a Cristo. (Lc. 14:28).
(a) No se sorprenda por la enemistad de las puertas del infierno. "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo" (Jn. 15:19). Mientras que el mundo y el diablo existan habrá luchas; por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen que ser soldados. El mundo aborrecía a Cristo y el mundo aborrecerá a los cristianos auténticos mientras la tierra exista. Como dijo el gran reformador Lutero: "Caín seguirá matando a Abel mientras la Iglesia exista sobre la tierra".
(b) Esté preparado para la enemistad de las puertas del infierno. Póngase toda la armadura de Dios (Ef. 6). De la torre de David colgaban mil escudos (Cnt. 4:4), listos para el uso del pueblo de Dios. Las armas de nuestra guerra son espirituales y han sido usadas por millones de pobres pecadores como nosotros, y nunca han fallado.
(c) Tenga paciencia ante la enemistad de las puertas del infierno. Todo está obrando para el bien de usted (Ro. 8:28-29). La lucha tiende a santificar. Lo mantendrá despierto. Lo mantendrá humilde. Lo impulsará a acercarse más al Señor Jesucristo. Lo quitará del mundo. Le ayudará a orar más. Sobre todo, hará que ansíe más el cielo. Le enseñará a decir con su corazón, al igual que con sus labios: "¡Ven, Señor Jesús! Venga tu reino" (Ap. 22:20; Mt. 6:10).
(d) No se desanime por la enemistad del infierno. La lucha del auténtico hijo de Dios es, tanto una señal de la gracia como de la paz interior que él disfruta. ¡Sin cruz no hay corona! ¡Sin conflictos no hay cristianismo salvador! "Bienaventurados sois", dijo el Señor Jesucristo, "cuando por mi causa os vituperen y os persigan". Si usted nunca ha sido perseguido en razón de su fe y todos hablan bien de usted, bien puede dudar si pertenece a "la Iglesia fundada sobre la Roca" (Mt. 5:11; Lc. 6:26).