Versículo para hoy:
martes, 16 de junio de 2020
16 de junio - Cómo funciona la oración - Ray Stedman
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Este versículo no dice: “El Señor
siguió su camino cuando Abraham acabó de hablarle”. Dice: “Cuando acabó de
hablar a Abraham”. En otras palabras, Abraham no acabó aquí, sino que fue
Dios el que lo hizo. El versículo sugiere que Dios inició toda esta conversación
con Abraham y le guió durante la misma y, cuando hubo contestado en su
totalidad como deseaba Dios, Éste terminó el diálogo y siguió Su camino. De
modo que Abraham no le estaba pidiendo a Dios que hiciese algo por él; fue
Dios que oró por dentro de Abraham y puso límite a la conversación. Esto concuerda en su totalidad con
lo que hemos leído en el Nuevo Testamento acerca de la oración. En Romanos
Pablo dice: “Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos” (Romanos
8:26b). ¿Sabe usted qué pedir en oración acerca de sí mismo o de otra
persona? No, no lo sabe usted. “Pero”, dice, “el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles. Pero el que escudriña los corazones sabe
cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios
intercede por los santos” (Romanos 8:26c-27). Evidentemente, al hablar sobre la
oración nos encontramos en lo que es el borde del misterio, pero en medio de
las brumas, hay ciertas cosas que están claras en este relato de la oración
de Abraham: Para empezar, la oración hace posible el gozo del compañerismo.
¿Ha visto usted alguna vez a un niño pequeño entrar en la casa de su madre y
decir: “¡Voy a ayudar a papá!”? Se siente muy orgulloso de hacerlo, y por eso
sale y sujeta los tablones y se golpea los dedos. El padre podría haber hecho
el trabajo mejor él solo, pero le encanta que su hijo le ayude, y al hijo
también le encanta. Existe un sentimiento de compañerismo. Esto es lo que
hace la oración. Cuando la oración es auténtica, Dios no actúa completamente
por Sí solo. Le encanta reunirnos y que nosotros le ayudemos a golpear los
clavos. Si nos golpeamos un poco los dedos, Él está ahí para aliviarnos. La oración nos permite además
apropiarnos del carácter de Dios. Abraham no es nunca más como Dios que en el
momento en el cual está orando por Sodoma. Su oración no salvó a la ciudad, y
no se suponía que lo hiciese, pero sí hizo que Abraham manifestase en su
propia vida la misericordia y la compasión de Dios. Es por este motivo que
Dios nos pide que oremos, que podamos adoptar para nosotros mismos algo de Su
propio carácter. La tercera consideración: La
oración concentra el poder de Dios en un lugar individual o en una persona en
particular. Aunque Abraham no había mencionado nunca a Lot por nombre, Dios
se acordó de Abraham y salvó a Lot (19:29). No sé por qué la oración hace
semejante diferencia, pero sé que la hace. Usted puede planear un programa,
pensar en todos los detalles, establecer todos los comités, conseguir todas
las cosas que necesite usted, instruir a todo el mundo y ensayarlo, a pesar
de lo cual, en la presentación final puede fracasar totalmente. Pero si
consigue usted que otras personas participen en el ministerio de oración
acerca del programa, aunque la preparación pueda ser parecida, la diferencia
en la presentación es que se manifestará con poder y con toda su fuerza, y
las vidas serán transformadas. Padre, me doy cuenta de que la
oración no es un medio del que me valgo para dictarte a Ti o llamarte para
que hagas lo que es mi voluntad, sino que es más bien el medio del que me
valgo para arrimar el hombro a la rueda a la que Tu hombro se ha acercado y
que puedo participar en el compañerismo contigo en Tu gran empresa en la
tierra. |
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Aplicación a la vida |
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¿Vemos nuestras oraciones como la
oportunidad de requerir a Dios que siga nuestra agenda? ¿Estamos nosotros
aprendiendo que la verdadera oración es nuestra respuesta al llamamiento de
Dios para que seamos socios con Él? |
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lunes, 15 de junio de 2020
15 de junio - Riéndonos ante lo imposible - Ray Stedman
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La risa de Sara es cínica,
incrédula. Si esta fuese toda la historia, nos sentiríamos tentados a decir
que esta mujer no es un ejemplo que seguir. Pero en el Nuevo Testamento, en
el libro de Hebreos, nos encontramos con el resto de la historia. Allí, en esa
sala de los famosos, aparece el nombre de Sara: “Por la fe también la misma
Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del
tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”
(Hebreos 11:11). Una vez que los invitados se
marcharon, Sara seguía aún pensando en lo que había oído, y las palabras del
Señor le tocaron el corazón con un poder especial, y la pregunta especial que
le hizo Dios fue: “¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?” Al pensar Sara
en ello, se tuvo que enfrentar con esa pregunta. Empezó a pensar en el
Creador, Aquel que había llamado de la nada el vasto universo en el que
vivimos y, más allá de eso, los mundos que giran a nuestro alrededor en las
extensiones sin límite del espacio; el que sostiene día tras día todas las
poderosas y complejas fuerzas de la tierra, haciendo que salga el sol a su
tiempo, guiando los planetas en sus cursos de rotación, pronosticando los
sucesos humanos, y siglos después hace que suceda exactamente lo que Él había
prometido. Al pensar Sara en Aquel que había dicho estas palabras, sintió
toda la fuerza de la pregunta: “¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?” Y
ella fue más allá de los actos contrarios de su propia vida y dijo: “Claro
que no. No hay nada que sea demasiado difícil para el Señor. Si Él ha hecho
una promesa, se cumplirá”. Por medio de la fe, ella recibió el poder para
concebir cuando pasaba ya de la edad. Sara consideró que Aquel que lo había
prometido era fiel. ¡Qué preciosa lección es esta
acerca de la naturaleza de la fe! La fe es algo que mira más allá de todas
las circunstancias contrarias para descansar en el carácter de Aquel que lo
había prometido. ¡No se deje usted engañar por el engaño popular de que la fe
se mantiene por sí misma, que basta con creer cualquier cosa! Es preciso que
la fe descanse en alguna promesa. Cualquier otra cosa no es más que
presunción, credulidad e insensatez. Pero cuando Dios ha dado una palabra, es
la Palabra de Dios, y podemos confiar en ella a pesar de las circunstancias,
de los sentimientos o de cualquier otra cosa, puesto que ¿hay algo que sea
demasiado difícil para el Señor? ¿Le parece a usted difícil ser lo
que Dios quiere que sea? ¿Le resulta difícil manejar su naturaleza malvada en
el lugar de la muerte? ¡No es demasiado difícil para el Señor! ¿Le parece a
usted difícil ser una persona dulce, amable, perdonadora y cariñosa cuando
siente en su interior lo desagradable, desviada e ingrata que puede ser
usted? ¡Es difícil para usted, pero no es demasiado difícil para el Señor!
¿Le parece a usted imposible que el amigo por el cual está orando jamás se
convertirá o el que se está rebelando en contra de la gracia puede ser
transformado? ¿Es algo demasiado difícil para el Señor? ¿Le parece a usted
ahora que hay alguna labor que le está pidiendo Dios que realice usted, y
cree que es imposible realizarla? Puede que sea difícil para usted, pero no
es demasiado difícil para el Señor. Señor, ayúdame a creer que, en
medio de mis situaciones que a mí me parecen imposibles, para Ti no hay nada
imposible. |
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Aplicación a la vida |
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Cuando Dios nos pide algo que nos
parece imposible, ¿nos apoyamos con más fuerza en nuestros propios recursos o
vamos adelante en fe basándonos en Su suficiencia total? |
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domingo, 14 de junio de 2020
14 de junio - Las pruebas de Dios - Ray Stedman

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En este suceso vemos que Dios pone
a prueba el corazón de Abram con el fin de determinar si es realmente un
creyente circuncidado. Dios aparece de una manera tan corriente que Abram no
es consciente de Su identidad. Yo he deseado durante mucho tiempo alguna
clase de prueba que se pudiese usar en las escuelas bíblicas y en los
seminarios para determinar el grado de madurez espiritual que han conseguido
los estudiantes. Todas las pruebas que se vienen utilizando habitualmente
revelan tan solo la cantidad de información que ha acumulado el estudiante.
Hay muy poco que revele el verdadero logro espiritual de una vida. A pesar de ello, aunque los humanos
no han sido capaces de inventar una prueba así, Dios nos está constantemente
sometiendo a prueba, y esas pruebas no suceden cuando hemos sido advertidos y
estamos listos, porque cualquier persona podría pasar la prueba si así fuese.
Si yo le digo a usted que le voy a hacer un examen para ver si es usted capaz
de manifestar amor bajo presión, si puede usted controlar su genio cuando se
siente irritado y si puede ser dulce cuando las cosas van mal, es posible que
pasase usted la prueba sin el menor problema. Pero Dios no nos prueba nunca de
esta manera. Sus pruebas nos pillan por sorpresa, cuando estamos descuidados.
Es cuando nos enfrentamos con alguna situación sencilla, acerca de la cual
nadie está enterado, que aparecen realmente las pruebas en la vida. Cuando
usted está en su casa relajado, suena el teléfono y se tiene que enfrentar
con una llamada pidiendo ayuda o exigiendo una respuesta, y usted tenía
planeado descansar y disfrutar toda la tarde, ¿qué sucede entonces? Esa es la
prueba. Cuando está usted en su casa
ocupado, con las manos metidas en el agua para fregar los cacharros, y algo
se está quemando en la cocina y la nevera acaba de dejar de funcionar y la
pila está atrancada, y tiene usted dieciséis problemas diferentes en su
mente, y su hijo pequeño se le acerca y le hace una pregunta que tiene poca
importancia, ¿qué hace usted entonces? Esa es la prueba. Cuando su vecina o su amiga está
enferma y alguien tiene que cuidar de los niños, ¿qué hace usted? ¿Cuál es su
reacción? Estas son las pruebas de Dios, y fue así como Dios puso a prueba a
Abram. ¿No es este el significado de las
palabras de Pablo en Romanos 12? “Por lo tanto, hermanos, os ruego… que
presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo” (Romanos 12:1a). Una cosa
es estar presente en una reunión donde el Espíritu se está moviendo con
evidente poder, y se hace un llamamiento para dedicar de nuevo su corazón y
oímos las palabras: “Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo al
Señor”. Bajo el estrés o influencia de esa reunión es posible que digamos:
“Aquí estoy, Señor. Te entrego mi vida a Ti”. Pero esta no es nunca la
prueba. La prueba tiene lugar cuando sucede una situación en la vida diaria
que le obliga a usted a enfrentarse con las preguntas: ¿Está mi cuerpo
realmente disponible para Él y para hacer lo que Él desea que haga? ¿Estoy yo
listo para responder a la necesidad del corazón humano que tengo justo
delante de mí? ¿Estoy yo dispuesto a dar de mí mismo sin limitación alguna
para hacer frente a la demanda repentina durante el curso de mi vida tan
ocupada? Padre, Tus pruebas han sido siempre
diseñadas para fortalecerme y enseñarme. Te doy gracias porque con cada
prueba tenemos Tus recursos que nos ayudan a soportarla. |
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Aplicación a la vida |
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Nuestro Padre sabe que, para que
Sus hijos tengan una fe robusta y firme, su fe debe ser sometida a prueba.
¿Estamos nosotros intentando alcanzar Sus objetivos? ¿Cómo estamos
respondiendo ante las pruebas necesarias? |
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13 de junio - La vida circuncidada - Ray Stedman

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¡Qué cosa tan extraña es esta, literalmente cortar la carne como señal del señorío de Dios! Esta
es la gran señal de los judíos, que forma parte del propósito de Dios como
señal de Su posesión, de que eran instrumento de Dios que sería usado para
bendición entre las naciones. Fue colocado en esa parte en particular del
cuerpo para indicar que debían de estar físicamente apartados de las demás
naciones. El mismo órgano por el cual se podía violar esa separación llevaba en sí la marca de la
propiedad de Dios. Al leer el curso de la historia judía, vemos cómo esta
marca, cuyo propósito era el ser una señal de humildad y servicio, ha sido
pervertida, convirtiéndose en una marca de superioridad y favoritismo. Los
que la llevaron comenzaron a considerar a otros como “perros gentiles” y a
envanecerse de su propia rectitud y orgullosos de su supuesta
posición favorecida ante Dios. Así el espíritu de antisemitismo
que aflige al mundo hoy, nació del espíritu de
anti-gentilismo que lo precedió y, como es natural, ninguna
de las dos posturas es justificable. Recordemos ahora que lo que era
físico y literal para Abram tiene la intención de tener un significado
espiritual para nosotros. En el Nuevo Testamento no leemos ya acerca de la
circuncisión sino acerca del corazón, que es el símbolo del alma, la mente,
las emociones y la voluntad, es decir, toda la personalidad. Todos los creyentes
en Cristo deben tener en sus corazones la señal del señorío de Cristo. Toda
la personalidad debe estar a su disposición. Este es el significado de la
circuncisión del corazón: Los corazones de los creyentes deben estar
totalmente a disposición de Cristo para que Él los use conforme a Su
voluntad, con todas sus emociones, su mente, su intelecto dedicados y
disponibles, listos ante el mandato de Jesucristo para ser usados para Sus
propósitos. Pablo dice a los filipenses: “Nosotros somos la circuncisión, los
que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo
confianza en la carne” (Filipenses 3:3). No debemos depender de ninguna
manera de nosotros mismos sino totalmente de Él. Cada pensamiento, cada
imaginación debe quedar cautiva en Cristo, que es la vida circuncidada.
“Caminad, pues, ante mí y sed sinceros e irreprochables”. Esa será una vida
de fruto, una vida que le complazca verdaderamente a Dios, porque todo ello
tiene su origen en darnos cuenta de que el Dios que vive en nuestro interior
es El Shaddai, el Dios que es suficiente. Padre, es muy posible que yo dé la
impresión de que te pertenezco totalmente, a pesar de lo cual sea bastante
falso en lo que se refiere a ese ideal. Ayúdame a descubrir la gloria de la
vida circuncidada. |
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Aplicación a la vida |
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Como personas que le pertenecemos a
Cristo, se supone que debemos llevar de manera automática la señal de Su
señorío en toda nuestra personalidad. ¿Estamos nosotros pensando y
respondiendo como si Jesús estuviese vivo en nosotros? |
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viernes, 12 de junio de 2020
12 de junio - Dios Todopoderoso - Ray Stedman
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Después de trece años de silencio,
Dios se le apareció a Abram en una nueva revelación y con un nuevo nombre:
Dios Todopoderoso. En hebreo es El Shaddai, que significa esencialmente “el
Dios que es suficiente”, el Dios totalmente competente, el Dios adecuado, que
sabe lo que está haciendo y cómo hacerlo. Esto es una indicación de que Abram
ha aprendido algo de su reciente experiencia amarga. Dios le dice en efecto:
“Has estado aprendiendo durante trece años la total insuficiencia de tus
propios esfuerzos por medio de Ismael. Aprende ahora algo nuevo acerca de mí.
Yo soy El Shaddai. Has descubierto por medio de una triste experiencia lo
inútiles que pueden ser tus planes y tus esfuerzos sin mí. Aprende ahora lo
capaz que soy para realizar todo lo que deseo hacer, cuando deseo hacerlo”. ¡Ojalá que todos pudiésemos
descubrir esta verdad! ¡Necesitamos con desesperación recuperar la realidad
de El Shaddai, el Dios que es suficiente, sea lo que fuere que estemos
pasando en estos momentos! Esto fue lo que aprendió Abram. En esta nueva luz de Dios se
manifestó una nueva exigencia suya: “Anda delante de mí y sé perfecto”. En la
versión inglesa del rey Jaime (King James) la palabra blameless,
es decir, “sin culpa”, se traduce como “perfecto”. Su significado radical es
“totalmente sincero”. “Anda delante de mí y sé perfecto, totalmente sincero”,
dice Dios, “porque yo soy El Shaddai”. Es decir: “Soy perfectamente suficiente
para hacer que estéis libres de culpa. Por lo tanto, anda ante mí y sé
perfecto”. Recuerdo un tiempo cuando yo era
niño y estaba mirando a través de las barras de hierro de una gran verja de
una hacienda hermosa con sus caminos llenos de flores, mirándola con una gran
envidia. De repente y antes de que le viese, otro niño de edad aproximada a
la mía vino apresuradamente desde el otro lado y me dio un golpe en los
brazos. El golpe que recibí me enseñó lo insensato que era intentar estar en
dos lados de la verja al mismo tiempo. Esta es una verdad que encontramos
con frecuencia en el Nuevo Testamento. Estamos con tanta frecuencia
intentando servir a dos maestros al mismo tiempo, complaciéndonos a nosotros
mismos y a Cristo. Nos sentimos muy satisfechos sirviendo a Cristo si al
mismo tiempo podemos servirnos a nosotros mismos. Pero Dios le dice a Abram:
“Esto es algo que no puede permitirse ya. Has llegado al lugar en el que tu
doble alianza ya no se puede tolerar. ¡Camina ahora ante mí, apropiándote de
lo que soy, y sé totalmente sincero, ponte totalmente de mi parte, sé mío!”
Esto es lo que significa una vida circuncidada, como veremos en nuestro
próximo estudio. Es Cristo afirmando Su señorío práctico en nuestras vidas. Cuando usted se convirtió en
cristiano, lo hizo reconociendo el derecho de Jesucristo a ser el Señor de su
vida. Como es natural, usted no entendió todo lo que eso implicaría, pero se
dio cuenta de que Su deseo de salvarle a usted implicaba Su derecho a
controlarle. Durante un tiempo, aunque se dio usted cuenta de que era
esencialmente diferente, siguió viviendo en realidad prácticamente como lo
había venido haciendo antes. Usted tomó decisiones sobre la base de cómo se
sentía y lo que deseaba hacer. Entonces el Espíritu Santo comienza a presionar,
diciéndole a usted: “¡Deja de hacer esto!” o “¡Empieza a hacer esto otro!”
Todo lo que Él está haciendo en realidad es aseverando el señorío de Cristo
en su vida. Él está empezando a cortar los lazos que le tienen a usted atado
al mundo y a su propia personalidad en su interior. ¡Señor, veo que Tú eres Dios! Tú
eres el Dios Todopoderoso. Enséñame a someter todo lo que soy y lo que espero
ante Ti. |
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Aplicación a la vida |
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El servirnos a nosotros mismos es
realmente negar que nuestro Señor es todo suficiente. ¿Estamos nosotros
aprendiendo a confiar en Su control liberador en todos los aspectos de
nuestra vida? |
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jueves, 11 de junio de 2020
11 de junio - El Dios que ve - Ray Stedman
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Es el ángel del Señor el que
encuentra a Agar. Esta es la primera vez que aparece la frase “el ángel del
Señor” en las Escrituras, y al compararla con otros usos nos damos cuenta de
que esta frase se refiere a quien es el Cristo pre-encarnado. Él le dice
varias cosas a ella. Primero: “¿De dónde vienes y a dónde vas?” Estas son
preguntas que llaman la atención. Agar responde a la primera pregunta, pero
no tiene nada que decir acerca de la segunda, porque no sabe a dónde va. ¿A
dónde puede ir? La pregunta pone claramente de manifiesto su impotencia al
llamar su atención al tema. Luego el ángel le dice: “Vuélvete y
sométete”. Esta es la única manera de experimentar la gracia y la bendición
de Dios. Si ella hubiese continuado vagando por el desierto, hubiera sido
desastroso porque tanto ella como el bebé que llevaba en su seno hubiesen
muerto. Cuando Dios nos encuentra vagando, esto es lo que dice siempre:
“¡Vuélvete y sométete!” “Sométete a las circunstancias que te desagradan y yo
lo resolveré. Hacer cualquier otra cosa sería una insensatez”. Al mandamiento de regresar le
acompaña la promesa de bendición. La bendición sigue siempre a la obediencia.
“Multiplicaré tanto tu descendencia que por ser tanta no podrá ser contada”.
Y a continuación le sigue la profecía sobre la naturaleza de Ismael. “Será un
hombre fiero; su mano se levantará contra todos y la mano de todos contra
él”. Será un hombre no conformista, una mula tozuda, un hombre con quien
nadie se puede llevar bien. Agar, entendiendo en estas palabras
algo acerca de la omnisciencia y el poder de Dios, se refiere a Él, diciendo:
“El Dios que me ve”. Esta fue la circunstancia que la impresionó. “He aquí un
Dios que me ve y que me conoce tal y como soy y todo lo que a mí se refiere”.
De modo que llamó al pozo: “Pozo del Viviente-que-me-ve”. ¿Ha descubierto usted a Dios como
Aquel que vive y ve, el que sabe todo acerca de su vida y sus circunstancias?
¿El que conoce el pasado y el futuro y le dice a usted, como le dijo a Agar:
“Vuélvete y sométete”? Este es el lugar de la bendición prometida. Se nos dice además que este pozo se
encontraba situado entre Cades y Bered. Cades significa “santidad” y Bered
significa “granizo” o “juicio”. He aquí el pozo de la gracia, entre la
santidad y el juicio. Cuando nosotros comenzamos a apartarnos del lugar de la
bendición de Dios, vamos con toda seguridad en dirección al juicio, y Dios se
encuentra con nosotros por el camino en el pozo de la gracia, diciendo:
“Espera un momento. No quiero que informes a otras personas acerca de esto.
No quiero juzgarte abiertamente. No quiero traer pruebas o aflicción o
sufrimiento a tu vida para hacerte escuchar. Escúchame ahora. Vuélvete y
sométete para que no tenga que hacer esto”. Este es el pozo de la gracia. Así
que Agar vuelve, y poco después nace Ismael. Padre amado, enséñame que Tú eres
el “Dios que me ve” y, cuando yo salgo corriendo, enséñame a volver y a
someterme. |
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Aplicación a la vida |
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¿Tenemos nosotros una visión de
Dios como el que nos ve a nosotros, nos conoce y se ocupa de manera íntima de
nosotros? ¿Corremos hacia Él, o nos apartamos de Él? |
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miércoles, 10 de junio de 2020
10 de junio - Todo depende de mí - Ray Stedman

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La dificultad de Sarai consistía
sencillamente en que todas sus acciones surgieron de una filosofía
básica que dice sencillamente: “Dios me ha dicho lo que quiere y ahora el
resto depende de mí”. Esta es la filosofía que produjo toda la aflicción y el
sufrimiento que pasaron Abram y Sarai. Reconocerá usted que esta es una
filosofía muy corriente y extendida. Nosotros continuamente pensamos y
actuamos de esta manera en la iglesia en la actualidad. Decimos que la obra
de Dios no está avanzando como debiera y es debido a que nosotros no nos
esforzamos lo suficiente. La esterilidad en nuestra experiencia es debida al
hecho de que no nos hemos realmente dedicado de lleno en este aspecto.
Participemos en más reuniones del comité y sigamos adelante porque todo
depende de nosotros. En nuestras Biblias encontramos lo
que llamamos la Gran Comisión: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio
a toda criatura” (Marcos 16:15b). “Esta es la meta que Dios quiere que
alcancemos”, nos decimos, “y ahora el resto depende de nosotros”. Debemos planear toda la estrategia, conseguir el dinero y determinar cómo lo
gastaremos y convencer a los candidatos que deben ir. Oímos a nuestro Señor decir en el
primer capítulo de los Hechos: “Me seréis testigos” (1:8b), y todo corazón
cristiano sincero responde: “Está bien, Señor, esto es lo que quieres que yo
haga. Yo lo haré”. Pero nunca nos molestamos en averiguar cómo desea que lo
hagamos o si Él tiene un programa para realizarlo. Comenzamos con un celo
carnal y distribuimos folletos a todas las personas con las que nos
encontramos o que acorralamos en las reuniones. Cuando todo fracasa,
reconocemos que algo está mal y nos retorcemos las manos y desistimos. Tal vez lo peor de todo, y sin duda
el tema que tenemos ante nosotros en la historia de Abram y Sarai, es que al
leer las Escrituras nos enteramos de que se supone que debemos conformarnos a la imagen de Cristo, así que nos disponemos a ser como Jesús.
Hacemos una lista de normas rígidas para el comportamiento aceptable. Nos
esforzamos hasta el agotamiento, pasando horas y horas en la iglesia
descuidando a nuestra familia, nuestra propia vida y todo lo demás a fin de
dedicarnos a las cosas del Señor. Nos fijamos en cómo la comunidad a nuestro
alrededor aprueba nuestros enérgicos esfuerzos y nos dan una palmadita en la
espalda por nuestro fiel espíritu. Pero, a pesar de todos los esfuerzos y la
sinceridad, en lo profundo de nuestros corazones no hay nada que no sea
esterilidad; o, si hay fruto, no es la clase de fruto que hubiésemos deseado.
Es un fruto forzado y antinatural, que se sostiene tan solo por nuestro
esfuerzo continuo. Esto fue lo que le sucedió a Sarai.
Fíjese usted en el sacrificio, el decoro y la apariencia de generosidad. El
resultado es que se ha producido un fruto, pero es en Ismael, no en Isaac, el
fruto de la carne en lugar de ser el fruto del Espíritu. En algún momento de
iluminación preguntamos: “¿Por qué somos tan estériles? ¿Dónde está el
impacto, el poder? ¿Qué ha sido de esa vitalidad activa que vemos en los
cristianos primitivos?” Todo ello es el resultado de no haber aprendido la
manera de hacer Dios las cosas, así como Su voluntad. Padre, cuántos errores he cometido
por hacer esta misma cosa que he visto hacer a Sarai. Guíame al lugar donde
yo pueda reconocer la insensatez de la carne y la imposibilidad de
complacerte a Ti basándome en esa fuerza. |
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Aplicación a la vida |
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¿Vivimos y trabajamos confiando
tranquilamente en el Dios que es totalmente adecuado? ¿Estamos, en cambio, haciendo ansiosamente todo lo posible por ayudarlo a
hacer lo que solo Él puede hacer? |
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martes, 9 de junio de 2020
9 de junio - El horno y la lámpara - Ray Stedman
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Este versículo relata toda la
historia de la vida cristiana después de la conversión como un horno y una
lámpara. Es el relato de la nación de Israel a lo largo de su historia. Es
una historia de aflicción seguida por la bendición. Para empezar, Israel se
encuentra en un horno, pero luego la lámpara vuelve a brillar de nuevo sobre
ellos. Actualmente se encuentran en el horno y lo han estado durante dos mil
años. Pero las Escrituras dicen que no tardarán en llegar al lugar en el
que, estando aún en el calor del horno, clamarán, pidiendo ser liberados, y
Dios será la lámpara para ellos una vez más. Esta es toda la historia de la vida
cristiana. Una vez que empieza usted a poner el pie en la tierra que le ha
sido dada del poder del Espíritu, descubrirá que Jesucristo es siempre o un
horno o una lámpara para usted. Cuando nuestro yo comienza a amenazar, Él es
un horno que quema, abrasador, que chamusca. Pero cuando la persona es
juzgada, Él se convierte de inmediato en una lámpara que ilumina toda la vida
con su destello y su gloria. ¿Ha descubierto usted esta experiencia? ¿Ha
encontrado el camino a la tierra de la promesa? La única cosa que era preciso que
hiciese Abram era anhelarla. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia, porque serán saciados” (Mateo 5:6). Cuando anhelamos esta bendición
y libertad, pasa del dominio de la teología al de la experiencia. Como es posible que haya
descubierto usted, se puede ser un experto en enseñar las verdades respecto a
tener que adaptarse desde el punto de vista espiritual pero no saber nada de
la realidad de esto en la vida. No basta con creer en la doctrina de la
depravación humana. Es preciso que llegue un momento en el que la persona
reconozca la esclavitud bajo la cual vive en su vida, un tiempo en que esta
persona ha tenido que gemir y se sintió repugnada con la revelación que Dios
le ha dado respecto a su propio corazón. Solo entonces puede producirse una
maravillosa libertad, la gloriosa liberación, pudiendo presenciar el
espectáculo satisfactorio de los cananeos huyendo ante usted. Ahora domina
usted las costumbres y hábitos que no pudo conquistar con anterioridad por la fortaleza
del Señor, y toda una tierra nueva de victoria se encuentra extendida ante
usted. Empiece usted donde empezó Abram.
Diga: “Señor Dios, ¿cómo puedo saber que ahora la poseo? Revélame mi
propio corazón y dame Tu liberación”. Padre, haz que pueda conocer la
gracia transformadora del poder del Espíritu en mi vida. No permitas que me
sienta satisfecho viviendo junto a la tierra o sencillamente como un
transeúnte en ella, haz que me sienta inquieto hasta que sea mía y la posea. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuáles son dos factores necesarios
en nuestra experiencia cristiana que han sido diseñados para que seamos
realistas y radiantes? ¿Estamos aprendiendo a apreciar los dos? |
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lunes, 8 de junio de 2020
8 de junio - Una fe que conquista el temor - Ray Stedman
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Pablo se refiere a este poderoso
acto de fe en Romanos 4. Nos recuerda que Abram creyó a Dios antes de haber
sido circuncidado, es decir, antes de haber tenido una garantía continua de
que Dios haría lo que había dicho. Pablo infiere de esto que la aceptación
anterior no tiene nada que ver con la circuncisión, como estaban insistiendo
los judíos. Pablo dijo que cuando Abram oyó a Dios decir: “Así serán tus
descendientes”, que elevó los ojos a las estrellas y vio su inmensidad y su
multitud y se relajó, descansando en fe en el poder de Dios. Si concentramos nuestro examen en
la fe de Abram, vamos a perdernos el punto de toda esta cuestión. Hay un
sentido en el que concedemos demasiada importancia a estos hombres de la
antigüedad y a su fe. “¡Qué grandes hombres de fe!” decimos: “¡Qué tremendo
creer en Dios en contra de toda la evidencia de las circunstancias que nos
rodean! ¡Si tan solo tuviésemos una fe así, nosotros podríamos hacer las
cosas que ellos hicieron!” Entonces comparamos nuestra débil fe con la suya e
intentamos despertar un sentimiento de fe en nuestro interior hasta que nos
convertimos en hipocondríacos espirituales, tomándonos constantemente la
temperatura espiritual y sintiendo nuestro pulso espiritual. Es realmente
cierto que cuando Dios vio la fe de Abram, le fue contada por justicia, pero
también es verdad que, cuando Abram vio a Dios, consideró que Él podía
realizar lo que había prometido, de manera que pudo descansar su fe en la
suficiencia de Dios. ¿Qué fue lo que hizo que la fe de
Abram fuese tan fuerte? La respuesta es que no se detuvo a pensar en la
dificultad tanto como a pensar en Aquel que lo había prometido. Su vista no
se estaba fijando en los problemas, sino en el que lo había prometido. Cuando
vio la grandeza de Dios, el poder y la majestad manifestada ante él aquella
noche de verano, se dijo a sí mismo: “Poco importa como yo me sienta o las
dificultades que pueda haber. El Creador de esa multitud de estrellas es
perfectamente capaz de darme un número igual de descendientes”. Así que leemos esta gran frase:
“Creyó a Jehová y le fue contado por justicia”. Esto no significa que este
fuese el primer momento en que fue considerado justo ante Dios; es decir, no
es este el momento de su regeneración espiritual. El libro de Hebreos deja
claro que, cuando se marchó de Ur de los Caldeos en respuesta al mandato de
Dios, su fe en obediencia le fue acreditada como justicia. Este incidente
bajo las estrellas es sencillamente un caso de entre muchos que ilustra la
manera en que Dios acredita justicia a la persona que cree. Abram creyó a
Dios respecto a la promesa de un hijo que habría de tener y le fue contado
por justicia por la fe. Hoy somos exhortados a creer en
Dios respecto al Hijo que ya ha venido y cuando cesamos de nuestras propias
obras y descansamos con una dependencia como personas impotentes, descansando
en el Hijo viviente, también a nosotros eso nos es contado por justicia por
la fe. Y el acto de fe que primeramente nos introduce al poder de Dios
ejercitado a nuestro favor debe convertirse en una actitud de fe que gobierna
cada momento de nuestra vida. Padre, enséñame la locura que es
depender de mí mismo y la gloria de depender de Ti. En cada momento de temor,
guíame a acudir a Ti, contando con Tu promesa de ser mi escudo y mi recompensa. |
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Aplicación a la vida |
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¿Estamos nosotros depositando
nuestra fe en nuestra fe? ¿Reconocemos nuestra fe como el ojo a través del
cual vemos el carácter y la calidad de Dios mismo? |
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