Versículo para hoy:
viernes, 16 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 16
“Toda herramienta que fuese fabricada contra ti no prosperará; y Tú
condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio”. Isaías 54:17.
Hay un ruido grande en
las fraguas y las forjas del enemigo.
Están haciendo
herramientas con las cuales quieren herir a los santos. No podrían hacer ni aun
esto si el Señor de los santos no lo permitiese; porque Él ha criado el herrero
que sopla las ascuas en el fuego. ¡Pero mirad cuán diligentemente trabajan! ¡Cuántas
espadas y lanzas hacen! No importa nada, porque sobre la hoja de cada arma se
puede leer esta inscripción: “No prosperará”.
Pero ahora escuchad otro
ruido: la contención de lenguas. Las lenguas son herramientas más terribles que
las que se hacen con martillos y yunques, y el mal que pueden hacer hiere más
profundamente y se extiende más. ¿Qué será de nosotros ahora? La calumnia, la
mentira, la insinuación y la burla… estas son flechas venenosas; ¿cómo las
resistiremos? El Señor Dios nos promete que si no podemos hacerlas callar, a lo
menos no nos podrán arruinar. Nos condenan por el momento, pero nosotros las
condenaremos al fin para siempre. La boca de los que hablan mentira será
cerrada y sus engaños serán tornados en honra de aquellos hombres buenos que
han sufrido por ellos.
NOVIEMBRE 15
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en
gloria en Cristo Jesús”. Filipenses 4:19.
El Dios de Pablo es
nuestro Dios, y suplirá todo lo que nos haga falta. Pablo estaba cierto de esto
en cuanto a los filipenses, y nosotros estamos ciertos de ello en cuanto a
nosotros mismos. Dios lo hará, porque es propio de Él hacerlo: nos ama, toma
placer en bendecirnos, y le glorificará hacerlo. Su compasión, poder, amor y
fidelidad, todo ayuda a que no estemos hambrientos.
¡De qué medida se sirve
el Señor! “Conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Las riquezas de
su gracia son grandes, pero ¿qué diremos de las riquezas de su gloria? Sus “riquezas
en gloria en Cristo Jesús”, ¿quién puede estimarlas? Según esta medida inconmensurable
Dios llenará el abismo inmenso de nuestras necesidades. Él hace al Señor Jesús
el recipiente y el medio de su plenitud, y entonces nos da su riqueza de amor
en su más alto grado. ¡Aleluya!
El autor sabe lo que es
ser probado en el trabajo del Señor. La fidelidad ha sido recompensada con ira,
y dadores liberales han dejado de suscribir; pero aquel a quien desearon
oprimir no ha sido más pobre por ello, al contrario, más bien se ha
enriquecido; porque esta promesa ha sido verdadera: “Mi Dios suplirá todo lo
que os falta”. Los fondos de Dios son más seguros que el Banco de Inglaterra.
miércoles, 14 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 14
“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. Juan 14:14.
¡Qué promesa más amplia! “¡Algo!”
Si mis necesidades son grandes o pequeñas, todas están encerradas en aquella
palabra “algo”. Ven, alma mía, ten libertad delante del propiciatorio, y
escucha a tu Señor diciéndote: “Ensancha tu boca, y henchirla he”.
¡Qué promesa más sabia!
Siempre tenemos que pedir en el nombre de Jesús. Al paso que esto nos anima a nosotros,
le honra a Él. Esta es una recomendación constante. Algunas veces toda otra
recomendación es oscurecida, especialmente las que pudiésemos sacar de nuestra
propia relación con Dios o de nuestra experiencia de su gracia; pero en tales
ocasiones el nombre de Jesús es tan poderoso delante del trono como siempre, y
podemos invocarlo con plena certidumbre.
¡Qué oración tan llena de
enseñanza! No debo pedir nada si no puedo poner a ello la mano y el sello de
Cristo. No me atrevería a poner el nombre de mi Señor a una petición egoísta u
obstinada. Solamente puedo poner el nombre de mi Señor a las oraciones que Él
mismo oraría si estuviese en mi caso. Es un alto privilegio estar autorizado a
pedir en el nombre de Jesús, como si Jesús mismo pidiese; pero nuestro amor
hacia Él nunca nos permitirá poner aquel nombre donde Él no lo hubiera puesto.
¿Estoy pidiendo aquello
que Jesús aprobaría? ¿Me atrevo a poner su sello a mi oración? Entonces tengo
aquello que estoy buscando del Padre.
NOVIEMBRE 13
“He aquí no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel”. Salmo 121:4.
Jehová es el que “guarda
a Israel”. Nunca está inconsciente, ni se adormece, ni duerme. Nunca deja de
guardar la casa y el corazón de su pueblo. Esta es una razón suficiente para
que descansemos en perfecta paz. Alejandro dijo que dormía porque su amigo
Parmenio velaba; mucho más podemos nosotros dormir, puesto que Dios es nuestro
guardador.
La frase “he aquí” está
puesta para llamar nuestra atención a esta verdad consoladora. Israel durmió,
aunque tenía una piedra por almohada, pero su Dios estaba despierto y apareció
en una visión a su siervo. Cuando estamos acostados sin defensa, Jehová mismo
cubrirá nuestra cabeza.
El Señor guarda su pueblo
como un rico guarda su tesoro, como un capitán guarda una ciudad con
guarnición, como un centinela guarda a su soberano. Nadie puede dañar a
aquellos que están así guardados. Que encomiende yo mi alma en sus manos
queridas. Él nunca se olvida de nosotros, nunca deja de cuidarnos eficazmente,
nunca se encuentra incapaz de guardarnos.
¡Oh, Señor mío! Guárdame,
no sea que me desvíe y caiga y perezca. Guárdame para que guarde tus
mandamientos. Por tu cuidado vigilante guárdame de dormir como el perezoso y de
perecer así como los que duermen en muerte.
lunes, 12 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 12
“Y será mi pueblo saciado de mi bien, dice Jehová”. Jeremías 31:14.
Notad que dos veces dice
“mi”: “Mi pueblo será saciado de mi bien”.
Aquellos que están
saciados con Dios son señalados como suyos. Él tiene contentamiento en ellos,
porque ellos tienen contentamiento en Él. Le llaman su Dios, y Él les llama su
pueblo; Él se satisface de ellos como su porción, y ellos se satisfacen de Él
como la suya. Hay una comunión íntima de satisfacción entre el Israel de Dios y
el Dios de Israel.
Los que forman el pueblo
de Dios están satisfechos. Esta es una gran cosa. Muy pocos hombres están
siempre satisfechos, sea cual fuere su suerte; han tragado la sanguijuela, y
esa continuamente está clamando: “¡Trae, trae!” Solamente almas santificadas
son almas satisfechas. Dios mismo tiene que convertirnos y contentarnos.
No es de maravillar que
el pueblo de Dios está saciado con el bien de su Señor. Aquí tenemos bondad sin
mixtura, liberalidad sin límites, misericordia sin regaño, amor sin variación y
socorro sin reserva. Si la bondad de Dios no nos sacia, ¿qué lo hará? ¡Cómo!
¿Estamos aún gimiendo? Verdaderamente será un deseo malo dentro de nosotros
aquel que la bondad de Dios no satisfaga.
Señor, estoy saciado.
Bendito sea tu nombre.
domingo, 11 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 11
“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la
ley, sino bajo la gracia”. Romanos 6:14.
El pecado se enseñoreará
si puede; no se satisface con ningún lugar más bajo que el trono del corazón.
Algunas veces tememos que nos vencerá, y entonces clamamos al Señor que
“ninguna iniquidad se enseñoree de mí”. Esta es su respuesta consoladora: “El
pecado no se enseñoreará de vosotros”. Nos podrá acometer y aun herir; pero
nunca se enseñoreará de nosotros.
Si estuviéramos bajo la
ley, nuestro pecado tomaría fuerzas y nos sujetaría bajo su poder; porque es el
castigo del pecado que el hombre venga a caer bajo su poder. Como estamos bajo
el pacto de la gracia, somos guardados de dejar al Dios vivo por la declaración
segura del pacto. La gracia nos es prometida, por la cual somos vueltos de
nuestros extravíos, purificados de nuestras impurezas y libertados de las
cadenas del hábito.
Podíamos quedar abatidos
en la desesperación y “servir a los egipcios” si fuésemos aún como esclavos
trabajando por la vida eterna; pero siendo como somos hombres libres del Señor,
cobramos ánimo para combatir nuestras maldades y tentaciones, estando seguros
de que el pecado nunca más nos traerá bajo su poder. Dios nos dará la victoria
por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
sábado, 10 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 10
“No dará tu pie al resbaladero”. Salmo 121:3.
Si el Señor no lo
permite, ni hombres ni demonios lo podrán conseguir. ¡Cuán grandemente se
gloriarían si nos pudiesen hacer caer vergonzosamente, echarnos fuera de
nuestra posición y enterrarnos de modo que no quedara memoria de nosotros!
Podían hacerlo con todo el deseo de su corazón, si no fuera por un obstáculo, y
solamente uno: el Señor no lo permite; y si Él no lo permite, nosotros
tampoco lo permitiremos.
El camino de la vida es
como viaje por los Alpes. Por los senderos montañosos uno está constantemente
expuesto a resbalar. Donde el camino es alto, la cabeza está expuesta al
vértigo, y entonces los pies fácilmente resbalan; hay lugares que están tan
lisos como el cristal, y otros que están llenos de piedra, y en cualquiera de
ellos es difícil evitar una caída. El que durante su vida es ayudado a vivir
con rectitud y a andar sin tropezar tiene las mejores razones para ser
agradecido. Con trampas y lazos, con rodillas débiles, con pies cansados y con
enemigos astutos, ningún hijo de Dios se mantendría firme por una hora si no
fuese por el amor fiel que no dará su pie al resbaladero.
Entre mil lazos voy andando,
Tu mano fiel me está guardando;
Ella hasta el fin me sostendrá
Y al monte santo me guiará.
viernes, 9 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 9
“Y sabrán que yo su Dios Jehová soy con ellos, y ellos son mi pueblo, la
casa de Israel, dice el Señor Jehová”. Ezequiel 34:30.
Es una bendición
excelente que seamos el pueblo del Señor, pero es una bendición consoladora
saber que lo somos. Una cosa es esperar que Dios está con nosotros,
y otra cosa es saberlo. La fe nos salva, pero la certeza nos satisface.
Aceptamos a Dios como Dios nuestro cuando creemos en Él; pero tenemos gozo
cuando sabemos que Él es nuestro y que nosotros somos suyos. Ningún creyente
debiera estar satisfecho con una vaga esperanza, sino que debiera pedir al
Señor que le guíe a la plena certidumbre, para que así las cosas esperadas
vengan a ser cosas ciertas.
Es cuando gozamos de las
bendiciones del pacto, y vemos al Señor Jesús como “una planta por nombre”
(Ezeq. 34:29) levantado a favor nuestro cuando venimos al conocimiento claro de
la gracia de Dios hacia nosotros. Aprendemos que somos el pueblo de Dios, no
por la ley, sino por la gracia. Miremos siempre hacia la gracia. La certidumbre
de la fe no puede venir nunca por las obras de la ley. Es una virtud evangélica
y solamente nos puede alcanzar por medio del evangelio. No miremos adentro de
nosotros mismos. Miremos solamente al Señor. Viendo a Jesús, vemos nuestra
salvación.
Señor, mándanos tal marea
alta de tu amor que seamos llevados más allá del fango de la duda y del temor.
jueves, 8 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 8
“Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona”.
Debiéramos apreciar
nuestra flaqueza porque da lugar a la potencia divina. Tal vez nunca hubiésemos
conocido el poder de la gracia si no hubiésemos sentido la flaqueza de la
naturaleza. Bendito sea el Señor por el aguijón en la carne y por el mensajero
de Satanás, cuando nos hacen recurrir a la potencia de Dios.
Esta es una palabra
preciosa de los labios del Señor. Ha hecho reír de gozo al autor de este libro.
¿La gracia de Dios es bastante para mí? ¡Ya lo creo que lo es! ¿No es la
atmósfera bastante grande para el pájaro y el océano para los peces? El Dios
Todopoderoso es bastante para mi mayor necesidad. El que es suficiente para
tierra y cielo, ciertamente podrá satisfacer todas las necesidades de un pobre
gusano como yo.
Entonces echémonos sobre
nuestro Dios y su gracia. Si no quita nuestro dolor, nos ayudará a soportarlo.
Su potencia nos llenará hasta que el gusano trillará los montes; y el que es
nada vale será un vencedor sobre los altos y poderosos. Es mejor tener la
potencia de Dios que la nuestra; porque si fuésemos mil veces más fuertes de lo
que somos, no nos valdría de nada en presencia del enemigo; y si pudiésemos ser
más débiles de lo que somos, lo cual apenas es posible, sin embargo podríamos
hacer todas las cosas en Cristo.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 7
“Y el que se humilla será ensalzado”. Lucas 18:14.
No debiera ser difícil
para nosotros humillarnos, porque ¿qué tenemos de lo cual podamos jactarnos?
Debiéramos tomar el lugar postrero sin que nos lo dijeran. Si somos sensatos y
sinceros, seremos pequeños a nuestra propia estima. Especialmente cuando
estamos delante del Señor en oración nos veremos muy pequeños. Allí no podemos
hablar de méritos, porque no los tenemos; nuestro único y solo recurso tiene
que ser la misericordia: “Dios, sé propicio a mí pecador”.
Aquí tenemos una palabra
del trono que nos anima. Seremos ensalzados por el Señor si nos humillamos.
Para nosotros el camino hacia arriba va cuesta abajo. Cuando nos despojamos del
egoísmo, nos vestimos de humildad y este es el mejor ropaje. El Señor nos
ensalzará a la paz y al contentamiento de espíritu; nos ensalzará al
conocimiento de su Palabra y a la comunión consigo mismo; nos ensalzará al gozo
del perdón seguro y de la justificación. El Señor da sus honores a los que
pueden llevarlos para honra del dador. Él da la utilidad, aceptación y la
influencia a los que no se envanecerán con ellas, sino que serán humillados por
la comprensión de su mayor responsabilidad. Ni Dios ni los hombres ensalzarán a
uno que se ensalza a sí mismo; pero Dios y los hombres buenos se unen para
honrar el valer modesto. ¡Oh, Señor! Haz que me humille para que me ensalce en
Ti.
martes, 6 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 6
“Pon asimismo tu delicia en Jehová, y Él te dará las peticiones de tu
corazón”. Salmo 37:4.
El poner nuestra delicia
en Jehová nos transforma y nos levanta por encima de los deseos carnales de
nuestra naturaleza caída. La delicia en Jehová no tan sólo es dulce en sí, sino
que endulza toda nuestra alma, hasta que los deseos del corazón vienen a ser
tales que el Señor con seguridad puede prometer cumplirlos. ¿No es esa una
delicia grande que amolda nuestros deseos hasta que son como los deseos de
Dios?
Nuestra manera insensata
de proceder es desear primero y después trabajar para conseguir lo que
deseamos. No obramos conforme a la voluntad de Dios, que consiste en buscarle
primeramente y después esperar que todas las cosas nos serán añadidas. Si
nuestro corazón está lleno de Dios hasta que rebosa de delicia, entonces el
Señor mismo se encargará de que no nos falte ningún bien. En vez de salir fuera
en busca de la alegría, quedémonos con Dios y tomemos las aguas de nuestra
propia fuente. Él puede hacer mucho más por nosotros que todos nuestros amigos.
Es mejor contentarse con Dios que entristecerse deseando las trivialidades de
este siglo y de los sentidos. Por un rato podremos tener contratiempos; pero si
estos nos traen más cerca del Señor, debieran ser de grande estima, porque al
fin nos asegurarán el cumplimiento de todos nuestros buenos deseos.
lunes, 5 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 5
“Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me he de
enojar: pues decaería ante mí el espíritu y las almas que yo he criado”.
Nuestro Padre Celestial
no busca nuestra destrucción, sino nuestra instrucción. Su contención con
nosotros tiene un propósito bienhechor hacia nosotros. No estará
para siempre en contra nuestra. Pensamos que el Señor prolonga sus castigos,
pero esto es porque tenemos poca paciencia. Para siempre es su misericordia,
pero no así su contienda. La noche puede hacerse larga y pesada; pero al fin
tiene que dar lugar al día alegre. Como la contienda es solamente por un
tiempo, así el enojo que la causa es solamente por un pequeño momento. El Señor
ama a sus escogidos demasiado bien para que siempre esté enojado con ellos.
Si Él nos tratara siempre
como algunas veces lo hace, desmayaríamos del todo y bajaríamos sin esperanza
hasta las puertas del sepulcro. ¡Ánimo, querido! El Señor pronto dejará su
contienda. Sopórtala, porque el Señor te soportará. El que te crió, sabe cuán
débil eres, y cuán poco puedes soportar. Él tratará con ternura lo que ha
formado tan exquisitamente. Por lo tanto, no temas el sufrimiento presente,
porque conduce a un futuro alegre. El que te hirió, te sanará; su enojo pequeño
será seguido de misericordias grandes.
domingo, 4 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 4
“Y dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchas acequias. Porque
Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será
lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados”.
Tres ejércitos estaban
muriendo de sed y el Señor intervino. Aunque no mandó nube ni lluvias, sin
embargo les dio agua en abundancia. Él no depende de medios ordinarios, sino
que sorprende a su pueblo con novedades de sabiduría y poder. Así vemos más de
Dios de lo que los procesos ordinarios pudieran haber revelado. Aunque el Señor
no aparezca a nuestro favor de la manera que esperamos, o deseamos, o
suponemos, con todo de un modo o de otro Él proveerá para nosotros. Cuán bueno
es mirar por encima de las cosas secundarias, para poder contemplar la faz del
Gran Autor de todo.
¿Tenemos hoy gracia
suficiente para hacer acequias en las cuales pueda correr la bendición divina?
¡Ay! Demasiado a menudo faltamos en mostrar una fe verdadera y práctica. Que en
este día estemos esperando contestaciones a las oraciones. Como la niña que fue
a una reunión en que se iba a orar por lluvia y llevó un paraguas; esperemos
así nosotros verdaderamente y prácticamente que el Señor nos bendiga.
Hagamos
muchas acequias en el valle y esperemos verlas todas llenas.
sábado, 3 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 3
“Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá:
aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará”.
Tal vez parece que la
misericordia tarda; pero es cierta. El Señor en su sabiduría infalible ha
ordenado el tiempo de la salida de su poder benigno, y el tiempo que Dios
escoge es el mejor. Nosotros tenemos prisa; la visión de la bendición estimula
nuestro deseo y aviva nuestro anhelo; pero el Señor vendrá a su tiempo
señalado. Él nunca llega antes de su tiempo; ni nunca tarda.
Aquí se habla de la
Palabra de Dios como viva, que hablará y vendrá. No es una letra muerta, como
algunas veces somos tentados a temer cuando hemos esperado largo tiempo para su
cumplimiento. La palabra viva viene del Dios vivo, y aunque parezca tardar, no
es realmente así. No viene con retraso. Tengamos paciencia y pronto veremos la
fidelidad del Señor. Ninguna promesa suya faltará; “y no mentirá”. Ninguna
promesa suya se perderá en silencio; “al fin hablará”. ¡Qué palabras de
consuelo hablará al oído del creyente! Ninguna promesa suya tendrá que ser
renovada como un billete que no pudo ser pagado en el día debido: “No tardará”.
Ven, alma mía, ¿no puedes
esperar por tu Dios? Reposa en Él, y estate tranquila en calma inefable.
viernes, 2 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 2
“No quitará el bien a los que en integridad andan”. Salmo 84:11.
El Señor nos puede negar
muchas cosas agradables, pero no nos quitará “el bien”. Él conoce lo que es
bueno para nosotros. Algunas cosas son buenas indubitablemente, y estas podemos
tenerlas con sólo pedirlas por medio de Jesucristo nuestro Señor.
La santidad es buena, y Él la obrará en nosotros gratuitamente. Con placer Él nos concederá la
victoria sobre las malas inclinaciones, los genios fuertes y las malas
costumbres, y no debiéramos quedar sin ella.
Él dará la
certeza completa, y la comunión íntima con Él, la
entrada a toda verdad, y la confianza que prevalece delante
del trono de la gracia. Si no las tenemos es por falta de fe en recibir, y no
por falta de voluntad en Dios para dar. Una calma, un estado de serenidad
celestial, mucha paciencia y amor ferviente, todo esto nos lo
dará si lo buscamos con santa diligencia.
Pero notad bien que tenemos
que andar “en integridad”. No ha de haber propósitos contradictorios, ni proceder
torcido; ni hipocresía ni engaño. Si andamos con enredos, Dios no puede
favorecernos, porque eso sería premiar el pecado. El camino de la rectitud es
el camino a la riqueza celestial, riqueza tan grande que incluye todo bien.
¡Qué promesa es esta para
invocarla en la oración! Doblemos nuestras rodillas y oremos.
jueves, 1 de noviembre de 2018
NOVIEMBRE 1
¿Qué hará? Nos santificará en todo. Mirad el versículo anterior. Él continuará la
obra de purificación hasta que seamos perfectos. Para que “vuestro espíritu y
alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro
Señor Jesucristo”. No permitirá que abandonemos la gracia, ni que vengamos bajo
el dominio del pecado. ¡Cuán grandes son estos favores! Bien podemos adorar al
dador de dones tan inefables.
¿Quién hará esto? El Señor que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable, de la
muerte en pecado a la vida eterna en Cristo Jesús. Sólo Él puede hacer esto;
tal perfección y tal preservación sólo pueden venir del Dios de toda gracia.
¿Por qué lo hará? Porque “es fiel”; fiel a su promesa de salvar al creyente; fiel a su
Hijo, cuya recompensa es que su pueblo sea presentado sin mancha delante de Él;
fiel a su obra que ha comenzado en nosotros por nuestra vocación eficaz. Los
santos pueden confiar, no en su propia fidelidad, sino en la fidelidad de su
Señor. Ven, alma mía, puedes empezar un mes oscuro con un gran banquete. Puede
haber nieblas afuera, pero debiera haber luz del sol adentro.
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