Versículo para hoy:
jueves, 9 de julio de 2020
9 de julio - ¿Traición o negación? - Ray Stedman
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Judas traicionó a Jesús; Pedro negó
a su Señor. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos hombres? ¿Cuál es la
diferencia entre traicionar y negar? Jesús mismo ya ha explicado esto.
Dijo que Pedro ya había sido bañado y solo necesitaba lavarse los pies. Judas
no se había bañado nunca y no le había abierto nunca su vida a Jesús. Pedro
tenía los pies sucios, pero tenía un corazón limpio, mientras que Judas tenía
un corazón malvado de incredulidad, aunque tal vez caminase exteriormente con
una aparente moralidad, y esa es la clase de persona que traicionará a Jesús. Lo que le faltaba a Pedro era
entender el amor. Pedro creía amar a Jesús y así era, con toda la emoción
humana de la que era capaz, pero no había aprendido aún cómo caminar según el
amor de Cristo hacia él. No había aprendido todavía a descubrir su identidad,
no mediante sus esfuerzos para intentar ser alguien en sí mismo sino en que
Jesús le aceptase a él. Ese es el secreto y Jesús lo sabía. Pedro, con la
máxima dedicación de su carne, con la consagración completa y con la
sinceridad de su corazón, pudo decirle a Jesús: “Señor, sé a dónde vas; vas a
la muerte, y yo pondré mi vida contigo”. Y Jesús entendía esto y le dijo:
“Pedro, pero antes de que llegue la mañana, me negarás tres veces”. Sí, usted se acordará de que en
Juan 21, cuando Jesús se reunió con Sus discípulos a la orilla de Galilea
después de la resurrección, hizo una hoguera para ellos y colocó algunos
pescados para que se cocinasen, y desayunaron juntos. Cuando acabaron de
comer, Jesús le dijo a Pedro: ―Pedro, ¿me amas? Y Pedro dijo: ―Señor, tú sabes que
te quiero. Volvió a decirle: ―Pedro, ¿me amas? ―Señor, tú sabes que te quiero. Y una vez más: ―Pedro, ¿me amas? Y Pedro le respondió: ―Señor, tú
todo lo sabes; sabes que te quiero. Y fue entonces cuando Jesús dijo:
―Pastorea mis ovejas ―y le hizo un encargo a este discípulo después de que
aprendió lo que significaba realmente el amor. Cuando Pedro aprendió cómo
aprovechar el amor disponible en Jesús para ser fortalecido a fin de poder
alcanzar con amor a otros, entonces fue cuando Jesús le envió con una
comisión de alcance mundial a alimentar a las ovejas de Dios. Juan nos deja con este relato para
que nos ayude a darnos cuenta de que Jesús nos entiende a fondo y ve todo lo
que está sucediendo en nuestras vidas, y está dispuesto a impartirnos el gran
secreto mediante el cual podemos cumplir esa exigencia imposible, es decir:
renunciar para poder recibir, perder para poder ganar, dejarnos derrotar a
fin de levantarnos como el vencedor. Es cuando aprendemos a amar con el amor
de Jesús y a depender de Él que “conocerán todos que sois mis discípulos” (v.
35). Señor, enséñame a amar de esta
manera. Yo me siento, como Pedro, inseguro, asustado, sabiendo lo débil que
soy, sabiendo que mi amor humano no puede nunca soportar la presión y la
prueba, pero sabiendo que Tú puedes decirme a mí, como se lo dijiste a Pedro:
“No puedes seguirme ahora, pero después lo harás”. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cómo entendemos nosotros el amor?
¿Dónde tiene su origen nuestro amor y, por lo tanto, de quién procede ese
amor? |
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miércoles, 8 de julio de 2020
8 de julio - El secreto de la gloria - Ray Stedman
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Fíjese usted en que se enfatiza la
gloria en estos versículos. Este es el principio secreto por el cual
alcanzamos la gloria, que es algo que todos anhelamos. Todos deseamos que
otras personas tengan un elevado concepto de nosotros, y es a esto a lo que
se refiere Jesús. El secreto de obtener la gloria es entregarse usted a sí
mismo, es perderse. Él está esperando con anhelo la cruz, que se convirtió en
una certidumbre al momento en que Judas se marchó de la habitación y Jesús
dijo: “Ahora (ante la certidumbre de la cruz) es glorificado el Hijo del
hombre”. Fíjese usted en tres
manifestaciones de la gloria mencionadas en esta frase. Primero, Jesús es
glorificado en la cruz, y en la cruz el carácter interno de Jesús se hace
visible. Juan dice: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno
de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre” (1:14). Toda esa gracia y verdad se hace visible en la cruz. En segundo lugar, Dios se glorificó
en Jesús, porque la cruz revela también al Padre. Ha surgido la extraña idea
entre los cristianos de que Jesús es el que sufre como inocente, aplacando la
ira de un Dios furioso que está dispuesto a golpear a la humanidad, pero ese
no es el punto de vista bíblico. La Biblia dice: “Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19a). En este versículo ve
usted la misericordia, el amor y la gracia del Padre. En tercer lugar, Dios le
glorificará de nuevo y lo hará de inmediato. Aquí Jesús está pensando acerca
de Su resurrección, y nuestro Señor está declarando un gran principio: ¿Cómo
puede usted alcanzar la gloria? ¿Cómo logra usted el cumplimiento que está
usted de manera muy legítima deseando? La respuesta es morir, “porque todo el
que quiere salvar su vida la perderá, y todo el que pierda su vida por causa
de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Y justo detrás de la muerte está la
resurrección. Pedro lo expresa de una manera muy precisa en su primera
epístola: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os
exalte a su debido tiempo” (5:6). Nosotros luchamos con esto,
debatiéndonos por alcanzar el lugar más elevado. Nos dejamos llevar por la
sospecha y astucia los unos con los otros. De modo que ¿cómo puede usted
perder su vida? ¿Cuál es el poder que puede hacer que esté usted dispuesto a
tirarlo todo por la borda? Es por eso que añade Jesús: “Un mandamiento nuevo
os doy: Que os améis unos a otros, como yo os he amado, que también os améis
unos a otros” (Juan 13:34). Ese es el poder que hace posible el sacrificio.
La clave es la frase: “como yo os he amado”. Ese es el secreto. Es preciso
que nuestro amor tenga su origen en Su amor por nosotros. Nosotros debemos tomar de Su amor por nosotros. Hemos de depender de Su amorosa aceptación a
fin de que podamos alcanzar con amorosa aceptación a otros cerca de nosotros,
tanto si son personas agradables como si no lo son. Señor, veo la aparente paradoja de
que la gloria se encuentra en el amor sacrificial. Ayúdame a permanecer en
Tu amor a fin de que pueda someter mi voluntad a Ti y amar a otros con el
amor que Tú me has dado. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuál es el secreto de la gloria?
¿Cómo conseguimos sentirnos personalmente realizados en cuanto a lo que
legítimamente deseamos? |
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martes, 7 de julio de 2020
7 de julio - El punto sin retorno - Ray Stedman

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Este capítulo empezó con la
influencia satánica sobre Judas. En el versículo 2 Juan dice: “Y cuando
cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo
de Simón, que lo entregara”. Aquí ve usted como Judas con su avaricia le dio
una oportunidad al demonio. Cuando nosotros nos resistimos al amor de Dios y
seguimos la marcha determinada hacia el mal, le concedemos la oportunidad al
diablo; y él tuvo la oportunidad de introducir pensamientos en el corazón de
Judas que echarían raíces de inmediato. Así que ya había puesto en el corazón
de Judas el traicionar a Jesús, y el trato había quedado arreglado. Cuando
Jesús le dio el bocado y Judas lo tomó y se lo comió sin una sola palabra o
señal de arrepentimiento o remordimiento, pasó el punto sin retorno. Los pilotos nos dicen que cuando
vuelan por encima del océano llegan a un punto en el que hay igual distancia
para regresar como para continuar al otro lado. Este es el punto sin retorno,
y esta es una de las escenas más trágicas en toda la historia: el ver a
Judas, mientras está todavía vivo, rechazando deliberadamente la verdad hasta
el punto que va más allá de ninguna esperanza de recuperación. Al llegar a
este punto, Satanás entró en él, y esto se convierte en una posesión satánica.
Judas no tiene ya ningún control sobre su propia voluntad y no puede ya tomar
ninguna decisión para resistirse al mal. Esto es lo que podríamos llamar el
Getsemaní de Judas. Justo después de este suceso Jesús se marcha del aposento
alto y va con Sus discípulos al huerto. Allí se retira un poco para orar a
solas. Esta es Su última oportunidad para volverse antes de la cruz. Usted
recordará que oró, diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero
no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Y aunque sudó grandes
gotas de sangre en la agonía de ese momento, al final del mismo vinieron los
ángeles y le fortalecieron. Su resolución había permanecido inquebrantable.
De manera semejante, aquí está Judas en el punto sin retorno. Es su última
oportunidad para darse la vuelta, pero no la aprovecha. Y cuando toma esa
decisión, Satanás viene y le fortalece, de manera que ya no puede darse la
vuelta. De modo que Jesús le manda, ahora
que ya no hay oportunidad alguna de recuperación: “Lo que vas a hacer, hazlo
pronto”. Y la última palabra de Juan es: “Salió en seguida. Era ya de noche”.
Es muy posible que Juan estuviese pensando en los mismos términos que las
palabras que habría de escribir después en su primera epístola: “si andamos
en luz, como él está en luz”, si vamos adelante cuando nuestros pecados,
nuestros fallos y debilidades están todas ellas presentes ante Dios y no
intentamos justificar u ocultarlas, “... la sangre de Jesucristo, su Hijo,
nos limpia de todo pecado” (1:7). Pero si nos volvemos de la luz, le damos la
espalda a Jesús y nos marchamos, dispuestos a hacer nuestra propia voluntad,
estamos caminando en la oscuridad. Señor, Tu luz ha brillado sobre mi
oscuro corazón y me ha dado nueva vida y esperanza. No permitas que me olvide
nunca de que aparte de Tu gracia también yo me hubiese encontrado en el punto
sin retorno. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cómo puede el que nos resistamos a
la provisión de Dios hacer que lleguemos al punto en que no es posible el
retorno? ¿Cómo puede el aceptar la provisión de Dios en Cristo también
llevarnos al punto sin retorno? |
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lunes, 6 de julio de 2020
6 de julio - Ninguna otra manera - Ray Stedman

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El contraste aquí se encuentra
entre el conocimiento de Jesús y la incredulidad ignorante de Judas. Jesús
sabía por las Escrituras que uno entre aquellos que tenían una comunión
íntima con Él le traicionaría, y supo desde el principio cuál de ellos sería.
Pero Judas no lo sabía. Judas estaba siguiendo de manera ignorante la
avaricia de su propio corazón y estaba oponiéndose a cada uno de los
esfuerzos de Jesús por alcanzarle. En ese momento se encontraba al borde de
ese acto final del rechazo que haría que se cayese por el precipicio para
hallarse en un desastre total y espantoso. Usted encontrará esto descrito en
el próximo párrafo: cómo tomó él lo que había sido empapado de la mano de
Jesús y esa fue la última oportunidad que tuvo. Cuando lo hizo, Satanás entró
en él y Judas dejó de ser dueño de sí mismo. Pero Jesús indica que Él
entiende lo que va a suceder. Él dice: “Os digo esto antes de que suceda,
para que cuando pase sepáis que yo soy aquel que describen las Escrituras”.
Por otro lado, Judas no sabía lo que le estaba sucediendo o cómo había caído
en la trampa de Satanás y en esos momentos se hallaba al borde del desastre.
Usted verá cómo estas dos cosas son opuestas la una a la otra. Jesús se
sacrificó a sí mismo a fin de salvar a Sus discípulos; Judas sacrificó a
Jesús con la intención de salvarse a sí mismo. Estas dos filosofías dominan
el mundo actual. En la apelación final, Jesús dirige
una palabra a los que adoptan estas dos clases de actitudes básicas: “De
cierto, de cierto os digo: El que reciba al que yo envíe, me recibe a mí”.
Esta es una palabra para nosotros, para que cuando venga alguien a lavarnos
los pies, para ayudarnos con algún problema de pecado en nuestra vida,
debemos de recordar que esta persona ha sido enviada por Jesús. Por lo tanto,
es Él quien está ofreciéndose a lavarnos los pies, y no debemos mostrarnos
resentidos por este ministerio realizado por otros. Pero debemos recordar lo
que dice Jesús: “El que reciba al que yo envíe, me recibe a mí”. La última palabra fue dirigida a
Judas: “el que me recibe a mí, recibe al que me envió”. Es decir, recibe a
Dios el Padre. Y no hay ninguna otra manera de llegar al Padre más que por
medio de Jesús. Esta es la verdad que declara Jesús una y otra vez y es la
gran verdad que Judas intentó eludir. Intentó vivir su vida delante de Dios
sin relacionarse para nada con el ministerio y la salvación ofrecida por
Jesús. Fue tropezándose a ciegas, sin darse cuenta de que se estaba
enfrentando con la crisis más importante de su vida y que solo Jesús podía
llevarle a Dios. Esta fue la medida final para alcanzar a Judas antes de que
fuese demasiado tarde, y Judas le rechazó, como los posteriores
acontecimientos mostrarán. Pero la gran verdad que deja Jesús ante nosotros
es esta: No hay ninguna otra manera. Señor, en Tu manera infalible te
esforzaste por alcanzar a Judas, mostrándole que Tú eres el único camino.
Ayúdame a recibir tanto a Ti como al que Tú me envíes a mí, extendiendo Tu
mano para restaurar mi comunión contigo. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cómo recibimos a las personas
piadosas que nos enfrentan con amor acerca de problemas de pecado en nuestra
vida? ¿Cambia nuestro enfoque a juzgarlas a ellas, a nuestra justicia, o a
las palabras del Señor? |
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domingo, 5 de julio de 2020
5 de julio - Lavando los pies - Ray Stedman

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¿Qué es lo que quiere decir Jesús
cuando dice que debemos lavarnos los pies los unos a los otros? Algunos
cristianos se han tomado esto de una manera muy literal, pensando que nuestro
Señor estaba instituyendo aquí otro sacramento. Jesús no nos está dando otro
sacramento que seguir aquí. Pero lo que quiere decir es que, de la misma
manera que necesitamos la limpieza y el perdón de nuestro Señor para mantener
el sentido de unidad y de refresco del espíritu en nuestra vida cristiana,
necesitamos extendernos los unos a los otros libremente el perdón por la
culpa y por el daño que podemos hacernos los unos a los otros. Debemos ser, según palabra de Pablo: “bondadosos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”
(Efesios 4:32). Él sabe que a veces es difícil
perdonar, que la carne en nuestro interior pide la venganza a gritos. Y con
frecuencia nos encanta el sentimiento de guardar rencor o de resistir las
proposiciones de otras personas. Pero Jesús dice que cuando estamos haciendo
eso, estamos haciendo lo que Él no haría; estamos exigiendo nuestros derechos
y estamos olvidando que nuestro Señor y Maestro se humilló a Sí mismo, a
pesar de ser con todo derecho el Señor de la gloria, aquel que tiene todo el
derecho a exigir la adoración del pueblo. A pesar de lo cual, lo dejó todo a
un lado y les lavó los pies a Sus propios discípulos. Ningún cristiano tiene derecho a
imponer su propio juicio farisaico a otra persona. Es posible que coloquemos
a otros bajo la luz penetrante de la Palabra de Dios. Podemos, por
preocupación y por compasión por su bienestar, llamar la atención de estas
personas a lo que están haciendo. Pero en ningún sentido debemos hacer
esto con una actitud de nuestra propia rectitud, con la sugestión de que
nosotros no haríamos nunca semejante cosa. Nuestro Señor insiste en que nos
lavemos los pies los unos a los otros con amor. El Dr. H. A. Ironside destacó lo sabio
que es que nos preocupemos por la temperatura del agua cuando nos lavamos los
pies los unos a los otros. Una persona furiosa estará distraída por lo que ha
sucedido de manera que usará agua hirviendo, pero ninguna persona quiere que
le laven los pies con agua hirviendo. Algunos vienen con una actitud como si
ellos fuesen más santos que nadie e intentan usar agua helada para lavar los
pies de otra persona. Nadie lo va a permitir bajo estas condiciones. Otros
intentan lavarle los pies a otros sin usar agua. Se acercan con violencia a
otra persona, intentando raspar la suciedad y la piel al mismo tiempo. Es
posible que lo que digan sea verdad, pero es algo que no realizan con
verdadero amor. Pero nuestro Señor insiste en que nos lavemos los pies los
unos a los otros con amor. Señor, ayúdame a que ame a mis
hermanos y hermanas en Cristo de tal modo que esté dispuesto a lavar sus pies
y a estar dispuesto a que ellos me laven los míos. Ayúdame a hacerlo con
ternura y calor, sabiendo lo dulce que Tú eres conmigo. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuál es más fuerte, nuestro
sentido del perdón o nuestro deseo de venganza? ¿Qué es lo que Jesús quiere
decir cuando dice que deberíamos lavarnos los pies los unos de los otros? |
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sábado, 4 de julio de 2020
4 de julio - Cuando no necesita usted un baño - Ray Stedman
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Jesús les había dicho con
anterioridad: “Lo que yo hago ahora, vosotros no lo entendéis”. Al pedir un
baño, Pedro demuestra que no había entendido lo que estaba sucediendo, de
modo que Jesús le corrige de nuevo. Y en esas palabras nos da una preciosa
explicación del proceso de la salvación. Empieza con un baño, que es acudir
inicialmente a Cristo, en el que ocupamos el lugar de la bancarrota ante Él,
acudiendo sin el menor vestigio de nuestra propia justicia que ofrecer y
permitiéndole a Él que nos limpie. Es algo que se compara con un baño en el
que somos lavados por todas partes, completamente, de los pies a la cabeza.
Como es natural, Jesús estaba refiriéndose a una costumbre social muy
corriente en aquellos días. Era la costumbre de darse un baño antes de salir
a comer. Pero al andar por las calles sucias de la ciudad con sandalias, los
pies se ensuciaban. De manera que, cuando se llegaba a una casa como
invitado, un criado le lavaba los pies, pero no tenía necesidad de repetir el
baño. Así que Jesús está diciendo:
“Cuando venís a mí al principio, estáis bañados, de manera que estáis limpios
por todas partes”. Esto es lo que la Biblia llama justificación por la fe. Es
lavar toda la culpa y el pecado de toda una vida, pasada, presente y futura.
Pero al caminar usted por la vida, Jesús sabe que sus pies se contaminarán
durante el tiempo que usted camine y que será preciso lavarlos. Él no solo
nos enseña que necesitamos esa limpieza inicial, que no será preciso
volver a repetir, sino que además necesitamos la experiencia, muchas veces
repetida, del perdón, de acudir a Cristo para que Él limpie toda esa deshonra
durante nuestro caminar. Esto determina que tenemos una parte con Él. En otras palabras, perdemos el gozo
de nuestra comunión con Cristo cuando estamos temporalmente contaminados por
todo el mal que hacemos durante nuestra vida. Perdemos el goce de nuestra
relación con Él. Su actitud hacia nosotros no cambia, pero nuestra actitud
hacia Él sí que cambia. Es por eso que se nos enseña en todas las Escrituras
a confesar nuestros pecados (1 Juan 1:9). Al momento que lo hacemos se
renueva la limpieza original en nosotros y podemos irnos restaurados. Hoy en día se está repitiendo el error
que cometió Pedro. Hay personas que se niegan a que Jesús les lave los pies,
de manera que están rechazando el requisito indispensable para disfrutar su
relación con Cristo. Cuando las personas se niegan a permitir a Jesús que les
lave los pies, pierden el sentido de compañerismo con Él. Por otro lado,
están aquellos que sienten que necesitan un baño de nuevo cuando pecan,
creyendo que han perdido su salvación y que de alguna manera tienen que
empezar de nuevo en su experiencia cristiana. Pero Jesús nos enseña por medio
de todo este proceso que necesitamos un solo baño. Esto se refleja en la
verdad del bautismo. Usted se bautiza una sola vez, como un acto inicial,
pero la Cena del Señor refleja el lavado de los pies, la necesidad de ser
limpios del pecado a lo largo de la vida. Padre, te doy gracias porque Tú has
lavado todo mi pecado y mi culpa y ahora soy justo a Tus ojos. Enséñame a
venir a Ti cada día, confesando mi pecado, permitiéndote a Ti restaurarme
para que pueda tener una comunión íntima contigo para la cual fui creado. |
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Aplicación a la vida |
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¿Qué se encuentra tras ese
sentimiento de sentirnos separados de un Dios de amor? Cuando nos sentimos
que no estamos teniendo una relación con Jesucristo, ¿qué es lo que podemos
decidir hacer? |
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viernes, 3 de julio de 2020
3 de julio - Humildad orgullosa - Ray Stedman

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El hecho de que Pedro se negase a
dejar que Jesús le lave los pies es una imagen asombrosa de la necesidad
humana de la limpieza que ofrece Jesús y el orgullo pecaminoso de aquellos
que rechazan el ministerio de limpieza de Jesús. Las acciones de Pedro
aparentemente fueron motivadas por la humildad. Puede usted imaginarse la
incredulidad en su rostro cuando Jesús se le acercó, y él protestó, diciendo:
“¡Señor, no me harás esto jamás!” Da la impresión de que esta es una
afirmación humilde y de que Pedro está consternado por el deseo de Jesús de
realizar una labor tan inferior como lavarle los pies. A primera vista da realmente la
impresión de que la protesta de Pedro tiene su origen en su propio sentido de
no ser digno ante Jesús. Pero si lo examina usted más de cerca, se dará
cuenta de que es realmente la expresión de un intenso orgullo personal. Pedro
está ofendido por las acciones de Jesús porque sabe que, si él fuese un
maestro, nunca consideraría el inclinarse de ese modo para lavarle los pies a
alguien, porque era algo inferior a él. Esta es una reprensión a su propia
suficiencia. No quiere que Jesús le lave los pies. Él se hubiese sentido
satisfecho lavándole los pies a Jesús, pero es un insulto a su sentido de la
independencia que Jesús hiciese cualquier cosa por él. Más adelante Pedro
manifiesta este mismo orgullo cuando ofrece poner su vida por Jesús, porque
no desea que Jesús ponga Su vida por él. Esta es una revelación del pecado
del orgullo en nuestros propios corazones, que con frecuencia se disfraza de
una apariencia de humildad, cuando nosotros realmente insistimos en nuestra
autosuficiencia. No queremos admitirle a nadie que tenemos necesidad de nada,
y eso es precisamente lo que está haciendo Pedro aquí. No quiere reconocer su
necesidad de ser lavado y, especialmente, permitir que Jesús realizase un
acto tan servil por él, que es algo que le humilla. De manera que Pedro es un
ejemplo del orgullo en nuestros corazones que se resiste a que Jesús realice
Su ministerio en nosotros. Una de las cosas asombrosas acerca
del evangelio es que siempre nos obliga a que nos encontremos en el punto más
bajo. Es preciso que seamos totalmente humillados para que Dios pueda
ministrarnos a nosotros. Es necesario que todo el orgullo humano sea
eliminado ante Él antes de que podamos recibir lo que Dios quiere darnos de
Su mano, y es ahí donde tenemos la lucha. No nos gusta ser llevados al lugar
en el que no tenemos nada que ofrecer. Queremos añadir algo, y Pedro es una
clara imagen de esto. Y cuando Jesús le explica: “si no te lavo, no tendrás
parte conmigo”, Pedro se rinde de inmediato y va al otro extremo: “Señor, no
solo mis pies, sino también las manos y la cabeza”. En otras palabras, le
pidió que le diese un baño entero. Señor, perdóname por ese orgullo
que con frecuencia se disfraza de humildad. Enséñame que necesito con
desesperación que Tú me ministres y que yo mismo no tengo nada que ofrecer. |
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Aplicación a la vida |
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¿Qué se oculta tras nuestro
poderoso sentido de la independencia? ¿Dónde encontramos la suficiencia para
nuestras necesidades? |
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jueves, 2 de julio de 2020
2 de julio - El drama de la redención - Ray Stedman
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Puede haber poca duda de que en
este pasaje Jesús está deliberadamente haciendo uso de una parábola para
instrucción de Sus discípulos. Está dramatizando ante ellos la verdad de Su
propio ministerio, de Su propia misericordia redentora. Les está enseñando
por este medio lo que ha venido a realizar en el mundo. Usted puede seguirle
la pista al paralelo en los sucesos de los cuales deja constancia Juan:
Primero, Jesús se levantó de la cena, de la misma manera que con anterioridad
se había levantado de Su trono de gloria. A continuación puso a un lado sus
prendas. Pablo nos dice que dejó a un lado Su gloria cuando vino al mundo en
un estado encarnado, pero además tuvo que dejar a un lado el ejercicio de Su
propia deidad. No vino para actuar como Dios, sino que vino a actuar como un
hombre en el cual mora Dios (ver Filipenses 2:5-11). Y Jesús se envolvió con una toalla,
de la misma manera que Pablo dice que “se despojó a sí mismo, tomó la forma de
siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición
de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y
muerte de cruz” (Filipenses 2:7-8). De manera que aquí se humilla a Sí mismo,
representando el papel de un esclavo, colocando una toalla a Su alrededor. A
continuación “puso agua en una vasija”, de la misma manera que unas pocas
horas después habría de derramar Su propia sangre en la muerte, la sangre que
serviría para limpiar la suciedad humana, la culpa humana de todas clases y
orígenes. De manera que puso agua en una vasija como una imagen de eso. A continuación “comenzó a lavar los
pies de sus discípulos y a secarlos con una toalla con que estaba ceñido”, lo
cual es una imagen del acto mismo de aplicar la limpieza de Su propia sangre
a las vidas humanas. Y si salta usted al versículo 12, se encontrará con el
final de la parábola: “Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto,
volvió a la mesa”, de la misma manera que el escritor de Hebreos deja constancia
de esto para nosotros: “habiendo efectuado la purificación de nuestros
pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las
alturas” (Hebreos 1:3). Por lo tanto, tenemos esta extraordinaria y preciosa
parábola explicada para nosotros, enseñándonos el significado de todo el
ministerio de Jesús. Señor, me siento verdaderamente
asombrado ante Tu amor por mí. Te doy gracias por levantarte de Tu trono de
gloria, dejando de lado el ejercicio de Tu propia deidad, adoptando forma de
siervo, derramando Tu sangre y volviendo a ocupar Tu lugar a la diestra del
Padre. |
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Aplicación a la vida |
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¿Qué significa servir humildemente
con un corazón de siervo? ¿Cómo estamos poniendo en práctica la asombrosa
palabra del discipulado de Jesús en nuestras vidas? |
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miércoles, 1 de julio de 2020
1 de julio - Una parábola viviente - Ray Stedman
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El pasaje comienza con una parábola
en acción en lugar de hacerlo con un discurso o con un mensaje. Empieza con
Jesús lavándoles los pies a Sus discípulos, y en este asombroso suceso, simple como era y extraño en muchos sentidos, Juan
encuentra algunos significados muy profundos y notables. Hay dos movimientos
que ve Juan en este suceso, y los reúne en el prefacio de este relato. Para
empezar, Juan ve en esta asombrosa escena la evidencia y la demostración del
amor inmutable de Jesús por Sus discípulos. Jesús sigue siendo considerado,
compasivo y atento con Sus discípulos, cosa que impresiona a Juan, que se
siente asombrado por el hecho de que Jesús no estuviese pensando acerca de Sí
mismo, a pesar de que sabía que aquella era la hora dramática para la cual
había vivido. Pero en lugar de ello, está pensando acerca de Sus discípulos.
Él les enseña y les manifiesta amor, compasión y afecto hasta el fin. La segunda escena tiene que ver con
Judas. Juan ve en el acto de lavar los pies una demostración de la verdad que
se halla en Jesús, de la asombrosa pasión que elimina toda pretensión e
hipocresía y revela las cosas exactamente como son. En este acto dramático en
el que Jesús se inclina para lavarle los pies a Judas así como a los otros
discípulos, Juan ve una manifestación de la honestidad de Dios, esa realidad
de Dios que expone toda hipocresía, y por medio de esta revelación intenta
apoderarse del corazón del traidor y mostrarle lo que le está sucediendo.
Jesús se siente movido a hacer esto, dice Juan, siendo consciente de Su
propia autoridad. El Padre había entregado todas las cosas en Sus manos; Él
lo sabía. Sabía quién era y sabía que iba a ir a Dios. Así que, movido por
este sentido de Su propia identidad y autoridad, Jesús comienza a hablarle
directamente a Judas, exponiendo lo que estaba haciendo y a dónde se dirigía.
Juan ve todo esto entrelazado en esta asombrosa escena: la entrega del amor
que enseñaba hasta el fin y la pasión por la verdad que luchaba hasta el fin
por la liberación de Judas. Señor, te doy gracias por el amor
que se inclina para servirme. Gracias por la honestidad que desea liberarme
de mi propia hipocresía. Ayúdame a rendirme una vez más a la manera en que Tú
estás obrando en mi vida. |
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Aplicación a la vida |
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Las acciones hablan más alto que
las palabras. ¿Cómo demostramos la forma más elevada del amor, incluso a
aquellas personas que no se lo merecen? |
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