Versículo para hoy:

domingo, 24 de mayo de 2020

24 de mayo - Dios es más grande - Ray Stedman

person reading book while kneeling

 

Lo que es importante en este versículo es que nos fijemos en lo que es la base de la victoria obtenida por los vencedores. ¿Cómo lograron vencer? Si hay alguna manera de que usted y yo podemos escapar a estas presiones extremas del error teológico actual, será de esta misma manera. Entendemos esta manera de vencer no tanto observando lo que dice Juan, sino por lo que no dice. Estos “hijitos” que son “de Dios” vencieron a los falsos maestros, con todo su error sutil y pernicioso presentado de una manera tan hermosa y atractiva, no porque tenían una inteligencia superior. No hay nada de esto. Juan dice: “Los vencisteis porque el que está en vosotros es superior al que está en el mundo”. En otras palabras, no fue nada que tuviesen estos cristianos lo que les libró, sino el que moraba en ellos. Fue la grandeza de Dios lo que les mantuvo rectos y es lo que nos mantendrá también a nosotros rectos.

Cuando mira usted a su alrededor y se encuentra con el éxito del mal en la historia, y especialmente en nuestro tiempo, puede usted darse cuenta de que el enemigo tiene un gran poder. Piense usted en nuestro mundo y todo lo que está sucediendo en términos de agonía, de lucha, del mal, de violencia y aflicción, y abundando por todas partes la confusión. Cuando pensamos en la violencia, la pasión, las lágrimas y la muerte que caracterizan a nuestro mundo, podemos ver algo de la grandeza del poder del enemigo, así que no es de sorprender que alguien haya dicho: “Nuestra raza tuvo un comienzo lleno de esperanza, pero el hombre arruinó sus oportunidades pecando. Tenemos la esperanza de que la historia termine con la gloria de Dios, pero por ahora el que gana es el otro lado”.

Al menos esa es la impresión que tenemos, ¿no es cierto? Pero no es así, a pesar de todas las apariencias. Dios es más grande que el poder del enemigo. De hecho, es casi absurdo expresarlo de este modo. Dios es tan incomparablemente superior que no hay competición posible. Aquí es hacia donde el ojo de la fe debe volverse siempre en nuestras horas oscuras, de incomodidad o de desesperación; debemos volvernos a lo que revelan las Escrituras acerca de la verdad sobre Dios y cuan incomparablemente superior que Él es en comparación con cualquier otra cosa que se halle presente entre o tras los humanos.

Al escribir su primera epístola a los corintios, Pablo considera Corinto, esa hermosa ciudad de cultura, refinamiento, con su amor a la sabiduría y los grandes pensadores de la edad de oro de Grecia, renunciando a cada enfoque sobre la base de la sabiduría humana, diciendo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). La razón que alegó fue que la debilidad de Dios es más poderosa que los humanos y la locura de Dios es más sabia que los humanos. Esa es la grandeza de Dios.

Padre, qué agradecido me siento por el hecho de que Tú me hayas dado Tu Palabra. Permíteme concederle el valor que tiene, leerla, buscar en ella y encontrar la sabiduría en cada relación en la vida.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Los debates teológicos pueden ser recursos instructivos para aprender, pero al mismo tiempo pueden ser fuentes de orgullo. ¿Hemos bebido antes profundamente de la vida de Cristo en nosotros?

 



sábado, 23 de mayo de 2020

23 de mayo - Cuando la incredulidad es apropiada - Ray Stedman

Es Correcto Llamar “Pastor” al Predicador? — EB Global: Enfoque ...

 

Es verdad que la señal de la madurez es la incredulidad además de creer. Es tan importante que no se crea usted ciertas cosas como lo es que se crea usted otras cosas. Juan indica que este es un problema muy extendido: “Porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1b). En el evangelio de Mateo, el Señor Jesús nos advirtió acerca de esto: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Vemos que aquí ha sido destacado para nosotros el hecho de que vivimos en un mundo de engaño y nos vemos enormemente presionados para que nos conformemos a estas cosas.

En los tiempos de Juan había maestros que realizaban ciertas señales, tal vez haciendo predicciones de cosas que iban a suceder o manifestando el hablar en lenguas, haciendo milagros y otras cosas por el estilo. Es acerca de esto que Juan escribe y dice: “No creáis a estos espíritus, hasta que no los hayáis sometido a prueba”. No sea usted crédulo; no crea usted lo que diga la primera persona que aparezca. Es importante fijarse en que aquí tenemos un claro reconocimiento acerca de lo que se enseña en toda la Biblia, es decir, que tras el falso profeta o el falso maestro está un espíritu maligno. Existe un verdadero Espíritu, el Espíritu Santo de verdad, el Espíritu de amor, y de la misma manera que éste habla por medio de las personas, también el espíritu del mal habla por medio de personas. Cuando oiga usted a hombres y mujeres hablar acerca de cosas o valores religiosos, no sea usted crédulo y se trague todo lo que le digan, especialmente si da la impresión de que están presentando algo atractivo sobre el amor, la dulzura y el interés por los demás. Someta usted especialmente a prueba esta información, porque es el enfoque habitual del error.

Nosotros los modernos corremos mucho más peligro que los antiguos porque en el mundo de la época de Juan y de Pablo había una extendida creencia en la existencia de los espíritus invisibles. El mundo antiguo los reconocía como dioses y diosas, inclinándose ante ellos. Esta clase de enseñanza resultaba mucho más fácil de aceptar en el primer siglo de lo que lo es hoy en día. En la actualidad nos enorgullecemos de haber superado esto. Las personas son intelectualmente incapaces de aceptar esta clase de cosas en nuestro tiempo. Como resultado de ello, nos exponemos sin defensa alguna al control de estos espíritus malvados.

Pero si vamos a seguir las palabras de Jesucristo, es preciso que aceptemos lo que Él dice que es la explicación del poder tras el mal en el mundo. Él deja perfectamente claro que procede de una hueste de espíritus malvados. Parte de la ceguera de nuestra generación, que da como resultado el caos y la anarquía, es el resultado directo de las personas que dicen con orgullo: “Rechazo todo el concepto de los espíritus malvados y de los demonios. A mí me resulta intelectualmente inaceptable”. La ceguera de semejante actitud impide cualquier defensa en contra de ella. Si vamos a ser cristianos, debemos ver el mundo tal y como Cristo lo vio. Debemos reconocer que las opiniones humanas, tanto si son catedráticos en seminarios como si son pastores detrás del púlpito, no son tan solo el resultado de su perspicaz lógica o la enseñanza académica que han recibido o su perceptiva manera de pensar. Con frecuencia estas personas no son conscientes del modo en que ha sido torcida su manera de pensar por los espíritus malvados o los espíritus de error.

Señor, ayúdame a reconocer que vivo efectivamente en un mundo hostil. Enséñame a no ser crédulo, tragándome absolutamente todo lo que me dicen. Ayúdame a poner a prueba cada cosa sobre la base de Aquel que vino y demostró ser Él mismo la verdad por medio de Su palabra invariable.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Nadie discutirá la realidad de la existencia del caos y de la anarquía en el mundo. ¿Hemos rechazado nosotros por orgullo intelectual la existencia de los espíritus del mal como una fantasía sin importancia?

 



Viviendo con gracia entre pecadores - Nancy DeMoss Wolgemuth




22 de mayo - El poder de la oración - Ray Stedman

Orando las manos de un hombre sobre la biblia abierta en la cama blanca Foto Premium

 

Parte de la razón por la que muchas personas encuentran el cristianismo aburrido es debido a que no están experimentando la clase de vida cristiana que se describe en este pasaje. No están participando en esta clase de relación, en la que cada día pueden experimentar la gloriosa aventura de ver cómo obra el Dios viviente, contestando a la oración y dándoles las cosas que han pedido. Pero en este pasaje tenemos una imagen preciosa de la vida normal del cristiano. Todo ello se basa en la oración, porque la oración es la actividad relacional más fundamental que puede experimentar el cristiano. La oración es la expresión de dependencia en un Dios de amor, y toda la vida cristiana debe caracterizarse por una actitud continua y un espíritu de oración.

Fíjese usted en los indicios de la verdadera oración que destaca Juan en este pasaje. Primero, está el espíritu de oración. “Confianza tenemos en Dios” (y la palabra es literalmente atrevimiento) ante Dios. Si tiene usted atrevimiento ante alguien, eso implica que tiene usted una relación íntima con esa persona, que tiene usted el claro derecho a venir ante la presencia de esa persona. No existe temor alguno ni censura, sino un buen entendimiento entre usted y esa otra persona. Por lo tanto, el tener confianza, o atrevimiento, ante Dios implica que tiene usted una comprensión clara de su derecho a venir ante Él.

La oración debe ser el resultado de dicha comprensión en lo que se refiere a la verdad que ha declarado Dios en Su Palabra, de modo que no tenemos motivo para cuestionar nuestro derecho a acudir a Él. No lo hacemos por nuestro propio mérito o la posición que ocupamos ante Él, porque sabemos que ese no es el fundamento adecuado. Acudimos ante Él por Su mérito y venimos “en Su nombre”, por lo que podemos hacerlo con atrevimiento.

Fíjese usted además en el propósito de la oración. “Confianza tenemos en Dios; y… recibiremos de él” Para eso es precisamente la oración. Es para que usted y yo estemos en situación de recibir la gracia de Dios. Dios es un Dios que da, y se deleita en hacerlo. Él posee todos los recursos de un universo superabundante del cual darnos con generosidad. Usted conoce las imágenes de que se valen las Escrituras con el propósito de dejar claro ante nosotros la plenitud de las riquezas de Dios. Pablo dice, escribiendo a los corintios: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Este es el propósito de Dios, hacer que seamos ricos, aunque no siempre en el sentido material, porque no es en ese aspecto en el que se encuentran las verdaderas riquezas. Muchos millonarios darían hasta el último centavo de su dinero si pudiesen tener un poco de paz en su corazón o si pudiesen sentir gozo en su espíritu. Pero Dios se deleita en derramar las verdaderas riquezas en la vida humana. Las riquezas de la vida abundante son precisamente lo que vino a darnos Cristo. No hay nada más emocionante que ver a un Dios invisible hacer en su vida cosas visibles que solamente Él puede hacer, supliendo sus necesidades, satisfaciendo su corazón, haciendo lo que usted nunca pudo hacer. Si nos vemos sumidos en la pobreza, es solo nuestra propia culpa, porque Dios ha diseñado un maravilloso proceso mediante el cual podemos recibir de Él. Ese es el propósito de la oración.

Padre, te doy gracias por la maravillosa provisión que me espera para que la pueda recibir cada día por medio de la oración. Ayúdame a tener la fe sencilla para acudir ante Ti atrevidamente en oración, sabiendo que a Ti te complace dar a Tus hijos.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Nada hay que sea más aburrido que el cristianismo sin Cristo. Una relación íntima se encuentra inmersa en la comunicación. ¿Está nuestra oración diaria libre y fluida o es sencillamente algo que formulamos?

 



Mira hacia adelante - Nancy DeMoss Wolgemuth




21 de mayo - El tranquilizante del cristiano - Ray Stedman

Hombre con mochila sentado en la roca al atardecer en el volcán etna montaña en sicilia Foto gratis

 

En la frase “si nuestro corazón nos reprende” el apóstol Juan está reconociendo que el problema con el que nos enfrentamos es el de un corazón que nos reprende o condena. Él sugiere aquí, por medio de esta frase, que esta es una experiencia bastante frecuente y generalmente involuntaria por nuestra parte. ¿Quién de nosotros como cristianos no ha tenido problemas con una mala conciencia o un corazón que nos condena? Hay problemas físicos que nos afectan espiritualmente, pero con demasiada frecuencia este es el resultado de un ataque del maligno a nuestra fe, un esfuerzo por intentar apartarnos de la fe en Jesucristo, anulando nuestra efectividad como cristianos, y con demasiada frecuencia este ataque tiene éxito.

Tal vez no haya un problema más corriente que este: los cristianos que padecen por tener una mala conciencia y un corazón que les condena. Algunas veces somos víctimas de estos ataques cuando nos hallamos sumidos en el más intenso estado de ánimo espiritual, que se apodera de nosotros cuando menos lo esperamos.

¿Cuál es el remedio? Fíjese usted en lo que dice Juan: “conocemos que somos de la verdad”. Eso es lo esencial: debemos de restablecer el importante hecho que es nuestra relación con Cristo. Debemos animarnos a nosotros mismos a creer y asegurarnos de que hemos sido verdaderamente justificados por la fe, que nos hallamos ante la presencia de Dios, no gracias a nuestra propia justicia, sino por la justicia del Hijo de Dios, que hace posible que seamos aceptados en el Amado, haciendo que estemos “en Cristo” porque, como nos dice Pablo en Romanos 8: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (v.1). Si hemos de silenciar las dudas en nuestros corazones, es preciso que sepamos que “somos de la verdad”.

¿Cómo puede usted lograrlo? Fíjese usted en su argumento aquí: “En esto conocemos que somos de la verdad”. Debemos saber que pertenecemos a la verdad a fin de poder asegurar a nuestro corazón cuando nos condena, y ¿cómo lo logramos? ¡Haciendo esto! Lo que hemos mencionado en el versículo 18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Por medio de esto aseguraremos a nuestros corazones con el conocimiento de que estamos en la verdad. Aquí se está refiriendo a un acto de amor, es decir, de manera deliberada, y con una intención concreta se realiza un acto amable y de ayuda, o se pronuncia una palabra de amor a la persona que nos ha herido o ha sido el motivo de que nos veamos sumidos en este atolladero de condenación. En otras palabras: “Devolved bien por mal”.

Usted no tiene que esperar hasta verse obligado a ser amable con alguien, así que hágalo deliberadamente. Propóngase la labor de encontrar a personas que están necesitadas y ayúdelas. “No amemos por medio de palabras y de lo que decimos, sino por medio de acciones y de la verdad”. Ha sido un gozo ver cuántas veces estas palabras han demostrado ser ciertas. Ha habido personas que han descubierto que una gran parte de la soledad y el vacío que sentían en sus vidas eran sencillamente el resultado de haberse apartado de los demás y de sus necesidades. Tan pronto como empezaron a ocuparse de la vida de otra persona, descubrieron que existía un maravilloso sentido de confianza y un despertar que acompañaban al espíritu de gozo en sus propios corazones.

Señor, concédenos poder encontrar a las personas solitarias y afligidas para que las animemos, compartiendo con ellas algo de nosotros mismos para que podamos, de esta manera, expresar esta clase de amor. Haciéndolo sabremos que andamos en la verdad.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Cuando nos sentimos solos, tenemos una conciencia culpable o nuestros corazones se sienten dominados por la condena, ¿cómo aprovechamos el gozo y el poder de sanidad de Su presencia?

 



miércoles, 20 de mayo de 2020

La verdadera seguridad - Nancy DeMoss Wolgemuth




20 de mayo - El asesino interior - Ray Stedman

Ciudad, Hombre, Persona, Solo, Ventana, Pensamiento

 

¿Está su corazón lleno de odio hacia otra persona hoy o le ha sucedido durante esta semana? Usted no puede soportarle. ¡De hecho, si las circunstancias fuesen idóneas y pudiese evitar el castigo, le asesinaría usted si pudiese! Este versículo revela las implicaciones del odio. Todo lo que le impide a usted cometer el asesinato es el temor a las represalias por parte de Dios o de los humanos. Si pudiese usted salirse con la suya de alguna manera, el odio se manifestaría siempre y de manera invariable por medio del asesinato, como sucedió en esa primera escena entre Caín y Abel. Dondequiera que haya odio, el asesinato es siempre una posibilidad y, a los ojos de Dios, es como si nosotros ya lo hubiésemos cometido. Dios lee el corazón, de modo que no necesita esperar las acciones. Esto es lo que el Señor Jesús mismo enseñó en Mateo 5:21-22 en el Sermón del Monte.

¿Qué es lo que revela cuando el cristiano odia? Seamos sinceros y admitamos que esto es algo que por desgracia sucede con demasiada frecuencia. Los cristianos se odian los unos a los otros y muestran ese odio hacia otras personas aparte de Cristo. Pero Juan nos dice: “sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”, queriendo decir que la vida eterna que ha dado Cristo ya no controla a esa persona, ya no “permanece” en ella.

La relación de permanecer ha sido añadida a la vida de Dios que está en nosotros. El odiar no significa que las personas dejen de ser cristianas, pero sí que dejan de actuar como cristianas. No están viviendo ya como las personas cristianas en las que se habían convertido. La vida eterna ya no permanece en ellas, y estas personas se encuentran bajo el control del demonio. No es que el amor no esté disponible a estas personas, sino que no permanece en ellas. Si odiamos a alguien, nos hemos convertido en esclavos temporales de Satanás. Somos el hijo o la hija de Dios haciendo la obra del demonio, de manera que necesitamos enfrentarnos con esa situación a ese nivel.

¿Cómo podemos controlar el odio? Para el mundo en general, no puede haber respuesta aparte de la obra regeneradora del Señor Jesucristo y la cruz del Calvario. Es preciso el poder de Dios para quebrantar el poder del odio. ¿Pero qué sucede en el caso de los cristianos? ¿Recurre usted a la insensatez de intentar suprimirlo? ¿Se muerde usted el labio y no dice nada, marchándose con el corazón ardiente, dominado por la ira, sintiéndose desgraciado y desventurado? Usted se encuentra aún bajo el control del maligno y, antes o después, él le llevará a usted más lejos de donde quiere ir. El único control es lo que leemos aquí en la epístola de Juan. Llámelo usted como lo que es: odio, que tiene su origen en el demonio. A continuación confiéselo usted, esté de acuerdo con Dios al respecto y dígaselo. Entonces recibirá usted como respuesta el poder del amor del Hijo de Dios que mora en su corazón. La fuente del Espíritu Santo está siempre dispuesta a derramar palabras de amor, de aprecio, de aprobación y aceptación en lugar de odio. Hasta que no vivamos bajo estos términos, no habremos empezado a demostrar la vida que está en Jesucristo. Es por eso que se hace la exhortación: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18).

Señor, permite que sea atraído a Ti para que pueda entender de nuevo el poder del amor sobre el odio y la necesidad de ser abierto y honesto conmigo mismo en estos sentidos. Ayúdame a no excusar estas actitudes, sino a recordar que cada manifestación de odio es un ataque en Tu contra y en contra de Tu norma para mi vida.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

En el tiempo que pasemos aquí en la tierra todo el mundo se sentirá en alguna ocasión dominado por el odio hacia otra persona, y el suprimirlo sencillamente hace que aumente el odio. ¿De qué manera devolvemos el control a Aquel que es Amor?

 



martes, 19 de mayo de 2020

Llena tu mente con la Palabra de Dios - Nancy DeMoss Wolgemuth



19 de mayo - El camino del amor - Ray Stedman


 

Es realmente fascinante que el apóstol que escribió esto sea conocido como el apóstol del amor. Pero si lee usted lo que dice en el evangelio de Juan, se dará cuenta de que esta no es su naturaleza, ni mucho menos. Él y su hermano Santiago se ganaron, por parte de Jesús, el título de “Hijos del trueno” (Marcos 3:17), porque estaban constantemente queriendo maldecir a los que estaban en contra de ellos. El temperamento de Juan no era por naturaleza uno que tuviese tendencia a mostrar el amor. Pero cuando nació de nuevo, se manifestó la vida de Dios en su corazón, y este hombre comenzó a mostrar amor.

Jacob De Shazer bombardeó Tokio a principio de la Segunda Guerra Mundial. Fue capturado por los japoneses y encarcelado. Odiaba a sus apresadores japoneses y era tan violento y vicioso que ellos le temían. Le mantenían en reclusión solitaria debido al odio con que les atacaba. Pero obtuvo un ejemplar de la Biblia y comenzó a leerla en su totalidad. En la soledad de su celda, se dio cuenta de la vida que está en Jesús, y se produjo un cambio asombroso en este hombre. El odio que había sentido hacia los japoneses cambió por completo, y empezó a amar a los que le habían capturado y a mostrarles su amor, de manera que ellos se quedaron totalmente asombrados por lo que le había sucedido. En lugar de dejarse dominar por la ira, el resentimiento y su saña viciosa en contra de ellos, se convirtió en el más dócil de los prisioneros, cooperando ansiosamente con sus captores y orando por ellos.

Con el tiempo, la historia de su cambio de corazón fue puesta por escrito en un pequeño folleto y, después de la guerra, cayó en manos de un capitán japonés llamado Mitsuo Fuchida, el hombre que dirigió el ataque en contra de Pearl Harbor y que dio la orden de lanzar las bombas en aquel fatídico día del 7 de Diciembre. Mitsuo Fuchida fue un héroe en Japón después de la guerra por esa hazaña y otras, pero su propio corazón estaba vacío. Por alguna razón leyó el folleto que contaba la historia del asombroso cambio que se produjo en el corazón de De Shazer. Fue arrestado y se sintió intrigado por esta historia. Consiguió un Nuevo Testamento en alguna parte y empezó a leerlo con creciente interés. Llegó por fin a la historia de la crucifixión y, cuando leyó las palabras del Señor en la cruz: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), se le partió el corazón. Se dio cuenta de que Este pudo amar a sus enemigos y orar por aquellos que le perseguían, manifestando una calidad de vida que ningún ser humano natural podía posiblemente mostrar. Mitsuo Fuchida se hizo cristiano y se convirtió en evangelista, relatando la historia de un amor que puede cambiar los corazones humanos.

Semejante amor es la señal de la nueva vida; es un amor que no solo muestra usted hacia personas a las que quiere, sino hacia aquellas que no le quieren a usted. Es un amor que no depende de una relación recíproca, sino que ama a los que no se lo merecen, a los incapaces, a los desagradecidos, a los egoístas y a los difíciles. Este es, por lo tanto, el carácter del amor verdadero y es siempre evidencia de que se ha producido una nueva vida, la vida nacida de Dios.

Señor, me doy cuenta de que no debo amar a otras personas porque ellas me aman a mí, sino porque yo he sido amado por Dios y tengo en mí una vida que ama a pesar de que no haya razón para que lo haga. Enséñame a que esa vida se manifieste por medio de mí.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Es uno de los requisitos que se nos requieren para amar a otros que ellos nos amen a nosotros primero? Aparte de tener una nueva Vida en nuestro interior no podemos de ninguna manera poner de manifiesto el amor de Dios que Él nos ha mandado que mostremos.

 



lunes, 18 de mayo de 2020

No te irrites - Nancy DeMoss Wolgemuth




18 de mayo - El uno o el otro - Ray Stedman


 Calle Francisco I. Madero (Ciudad de México) - Wikipedia, la ...

Alguien ha dicho que a las personas se las puede dividir en dos clases: las justas y las perversas, ¡y la clasificación la realizan siempre los justos! No cabe duda de que la humanidad está dividida en dos clases, no en tres, como a veces nos gusta imaginarnos. Nos gustaría pensar que están los hijos del demonio, los hijos de Dios y además un amplio grupo de los que están entre medias: los que son moralmente neutrales, ni justos ni diabólicos. Pero Dios dice: “No, no hay tres clases”.

Ni tampoco hay una sola clase. Hay muchos actualmente a los que les gustaría que creyésemos que todas las personas por todas partes son, por virtud de su nacimiento natural, hijos de Dios. Pero la Biblia nunca apoya esta idea, ni siquiera por un momento. Estas palabras de Juan son el eco de las palabras del Señor Jesús mismo cuando le dijo a ciertos fariseos acerca de Su día: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:44). Esto es lo que significa la frase hijos del demonio. No significa que los creó el demonio, sino que reflejan la naturaleza y las características del demonio.

Todo esto está en armonía con el punto de vista de las Escrituras sobre la humanidad. Las personas, dice la Biblia, son como vasijas. No tienen poder en sí mismas, ni tienen vida en sí mismas. Han sido diseñadas para contener y expresar la vida de otro. En la intención original de Dios, esa vida debía ser la vida de Dios mismo, puesto que las personas han sido creadas para Dios. Pascal dijo que había en cada persona un vacío en forma de Dios que solo Dios puede llenar porque hemos sido creados para Él.

Pero debido a la caída de la humanidad en el huerto, las personas ya no contienen ni expresan la vida de Dios, sino que expresan la vida pervertida, retorcida del demonio. Cada uno de nosotros nacimos en la familia del demonio. Nacimos como familia del demonio porque formamos parte de la raza caída de Adán con la tendencia y la proclividad al pecado, esa perversión retorcida, que nos ha sido transmitida por nuestros antepasados, juntamente con el color de nuestros ojos y todas las demás características físicas. Todos nacemos con la inclinación al mal. Usted no tiene más que vivir con unos pocos bebés para darse cuenta de esto. ¡Qué centrados en sí mismos están los bebés! Según ellos piensan, todo existe para ellos. El mundo entero está ahí solo para suplir las necesidades de ellos, y eso es, en esencia, la expresión de la vida del demonio.

Es solo por medio del nuevo nacimiento que nos convertimos en hijos de Dios. Es por ello que Jesús dijo a Nicodemo, ese culto, honrado y respetado dirigente de su época, que vino a Él de noche: “el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Todos sus conocimientos, su educación, su moralidad o su religión carecen de valor en este sentido. A menos que nazca usted de nuevo, sigue formando parte de la familia y el reino de Satanás. Todo el impulso del evangelio sigue siempre esta dirección: la liberación del pueblo del reino de Satanás para llevarlos al reino de Dios.

Señor, concédeme que pueda ver mi propia vida, que vea a dónde voy, que sea consciente de las fuerzas que se apoderan de mí, dominándome, tanto si son de Dios como de Satanás.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¡Qué penetrante, asombroso e increíble es el pasaje de las Escrituras que nos ha sido presentado hoy! ¿Cuál es la extensión total tras el mensaje del evangelio de Dios para el mundo?

 



domingo, 17 de mayo de 2020

17 de mayo - Permanecer en Él - Ray Stedman


 man reading book in grass field

Juan lo explica con toda claridad: “Todo el que permanece en él, no peca”. O para usar un término intercambiable que él nos ha dado relacionado con el pecado: “Ninguna persona que vive en él vive desenfrenadamente”. Estas son las buenas noticias.

Tal vez algunos dirán: ¡Espera un momento! ¿No es esta una contradicción? En el primer capítulo, versículo 8, Juan dice: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Y ahora en el capítulo 3 dice: Todo aquel que permanece en él, no peca. ¿Cómo es esto? ¿Y acaso no es más positivo lo que dice en el versículo 9 del capítulo 3: Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios? Sin duda esto representa un problema. Debemos admitir que nos encontramos con uno de los pasajes más difíciles de las Escrituras. Pero es uno de los más importantes y no es una contradicción. El hombre que escribe esto no es un insensato; Juan era un hombre inteligente. Él no dice algo en una página que se contradice después en otra. Es un apóstol inspirado y escribe con sabiduría, con inteligencia y con entendimiento.

El problema queda realmente resuelto por el tiempo del verbo que emplea el apóstol aquí: “Todo aquel que permanece en él, no peca”. Usa el presente continuo del verbo en relación con la palabra pecar para decir: “Ninguna persona que permanece en él sigue pecando”. Si Juan hubiese querido referirse a un solo acto de pecado, hubiese dicho sin duda alguna: “Ninguno que permanece en él puede cometer ni siquiera un acto de pecado”. Pero no dijo eso, sino que usó el tiempo continuo. Si nos fijamos en esto, nos será de gran ayuda para entender el pasaje. De modo que está diciendo: “Cualquiera que permanece en Cristo no continuará viviendo en pecado”.

Pero ahora no debemos pasar por encima de los árboles por estar demasiado concentrados en el bosque. ¿Cómo puede usted evitar llevar una vida licenciosa? ¿Cómo llegamos al punto en el que no vivimos pecando? Según él lo explica, la solución se encuentra en esta palabra: permanecer. “Ninguna persona que permanece en él sigue pecando”. Por lo tanto, la clave es permanecer. Ya hemos visto que la relación de los creyentes con Jesucristo hace que participen en dos aspectos diferentes. Permanecer en Cristo es un paso más allá de estar sencillamente “en Cristo”. Nuestro Señor mismo habló acerca de estos dos aspectos de la relación del discípulo con Él. Lo describe con estas palabras: “yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí”. (Juan 14:20b). Estos dos aspectos son muy importantes.

“Vosotros en mí” es estar en Cristo. Es creer y recibir a Jesucristo. Es estar unidos en una unión con Él que da como resultado el nuevo nacimiento. Es actuar sobre Su invitación de entrar en su vida. Cuando usted lo hace, está “en Cristo”. “Vosotros en mí”; esa es la primera unión.

Pero lo que nos libera de que reine el pecado es la segunda relación: “yo en vosotros”, la cual experimentamos por medio de una actitud de fe a Cristo en nosotros, al habitar Él en nuestros corazones. Le permitimos que viva por medio de nosotros. Esperamos que lo haga en cada momento de nuestra experiencia, que es lo que se llama permanecer, y es esto lo que da como resultado el que seamos libres de la esclavitud y del poder del pecado de manera que podamos llevar vidas santas.

Señor, te doy gracias que esta es la experiencia continua de las personas que tienen una relación con el Señor Jesucristo, que se ofrece a Sí mismo a mí con este mismo propósito. Haz de mí un ejemplo vivo de este intercambio revolucionario: Tú en mi y yo en Ti.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

La justicia de Cristo revoluciona literal y radicalmente las vidas. El poder de Su Presencia que habita en nosotros transforma las vidas. ¿Hemos aceptado nosotros por fe esta Verdad en nuestro interior?

 



sábado, 16 de mayo de 2020

16 de mayo - Quitando los pecados - Ray Stedman

Atardecer Sol Puesta De - Foto gratis en Pixabay

 

Jesucristo se ha manifestado con el propósito de quitar o eliminar los pecados. Este es el gran propósito por el que vino a este mundo. Unido con este propósito está la gran posibilidad que fluye de él: “y no hay pecado en él”. Este es el glorioso evangelio de esperanza. Existe una manera, pero no hay más que una sola manera. Esto es como decir que el aire es lo único que podemos respirar. Necesitamos una sola solución a este dilema humano. No hay más que una sola manera, porque no hay más que Uno solo que ha aparecido en la historia humana que puede quitar los pecados.

Él no lo hace como un acto de magia. No menea una varita mágica ni pronuncia alguna abracadabra religiosa y el problema queda resuelto... ¡de buenas a primeras! De repente usted se ve libre de pecado, el desenfreno ha desaparecido y usted no volverá jamás a tener problema con él. Si esa es su idea de la fe cristiana, está usted totalmente equivocado. Pero como hemos visto a lo largo de esta epístola de Juan, el Señor Jesucristo ha aparecido para quitar los pecados. ¿Cómo lo hace? Lo hace impartiendo vida, como si encendiese la luz, despertando el amor. Estas son las cosas que reaccionan frente a las manifestaciones del desenfreno. ¿Qué es el llevar una vida desenfrenada? Es lo que produce la muerte, la destrucción de la vida, las tinieblas, lo que apaga la luz, el odio y la violación del amor.

¿Qué es lo que da Jesucristo? Da vida en lugar de la muerte, luz en lugar de oscuridad y amor en lugar de odio. Cuando recibe usted a Jesucristo, eso es solo el principio; a eso le sigue toda la vida cristiana. Como hemos estado aprendiendo, es un proceso de crecimiento, pero los resultados son inevitablemente los mismos. El pecado queda eliminado, queda eliminada la vida de desenfreno y se produce la restauración del corazón humano en el que reina el orden y la paz. Eso ha sido demostrado a lo largo de la historia humana. Repetidamente, en cada generación, los casos más difíciles han respondido a este remedio asombroso: los homosexuales, los alcohólicos, los drogadictos, los adictos al sexo, los asesinos, los ladrones. Incluso casos mucho más difíciles se han rendido: los orgullosos, los intelectuales, los amargados, los cínicos, los jóvenes enfurecidos, los ancianos agotados. Y han existido siempre los que habían desesperado, los heridos de espíritu, los que vivían sin esperanza, los patéticos, los dignos de lástima, los perdidos, los abandonados quebrantados que pasan por la vida como flotando. Poco importa dónde o cuándo han vivido las personas; ha sido siempre la misma historia, siempre la misma liberación, siempre los mismos resultados: el recuperarse de llevar una vida disoluta. El milagro sucede cuando las personas conocen a Jesucristo y le reciben en sus vidas. Entonces comienza a sanar la enfermedad.

Señor, haz posible que tenga el privilegio de ser parte de esto, la causa más grande de todas, para que pueda ver claramente que no hay nada que sea más importante a lo que pudiese entregarme que proclamar este poderoso mensaje de sanidad.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Cuál fue el propósito de que Jesucristo naciese en nuestro mundo? ¿De qué manera afecta el que Él dio Su vida, a la muerte recurrente, a las tinieblas y al odio que existe hoy?