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Lo que es importante en este
versículo es que nos fijemos en lo que es la base de la victoria obtenida por
los vencedores. ¿Cómo lograron vencer? Si hay alguna manera de que usted y yo
podemos escapar a estas presiones extremas del error teológico actual, será
de esta misma manera. Entendemos esta manera de vencer no tanto observando lo
que dice Juan, sino por lo que no dice. Estos “hijitos” que son “de Dios”
vencieron a los falsos maestros, con todo su error sutil y pernicioso
presentado de una manera tan hermosa y atractiva, no porque tenían una
inteligencia superior. No hay nada de esto. Juan dice: “Los vencisteis porque
el que está en vosotros es superior al que está en el mundo”. En otras
palabras, no fue nada que tuviesen estos cristianos lo que les libró, sino el
que moraba en ellos. Fue la grandeza de Dios lo que les mantuvo rectos y es
lo que nos mantendrá también a nosotros rectos. Cuando mira usted a su alrededor y
se encuentra con el éxito del mal en la historia, y especialmente en nuestro
tiempo, puede usted darse cuenta de que el enemigo tiene un gran poder.
Piense usted en nuestro mundo y todo lo que está sucediendo en términos de
agonía, de lucha, del mal, de violencia y aflicción, y abundando por todas
partes la confusión. Cuando pensamos en la violencia, la pasión, las lágrimas
y la muerte que caracterizan a nuestro mundo, podemos ver algo de la grandeza
del poder del enemigo, así que no es de sorprender que alguien haya dicho:
“Nuestra raza tuvo un comienzo lleno de esperanza, pero el hombre arruinó sus
oportunidades pecando. Tenemos la esperanza de que la historia termine con la
gloria de Dios, pero por ahora el que gana es el otro lado”. Al menos esa es la impresión que tenemos,
¿no es cierto? Pero no es así, a pesar de todas las apariencias. Dios es más
grande que el poder del enemigo. De hecho, es casi absurdo expresarlo de este
modo. Dios es tan incomparablemente superior que no hay competición posible.
Aquí es hacia donde el ojo de la fe debe volverse siempre en nuestras horas
oscuras, de incomodidad o de desesperación; debemos volvernos a lo que
revelan las Escrituras acerca de la verdad sobre Dios y cuan
incomparablemente superior que Él es en comparación con cualquier otra cosa
que se halle presente entre o tras los humanos. Al escribir su primera epístola a
los corintios, Pablo considera Corinto, esa hermosa ciudad de cultura,
refinamiento, con su amor a la sabiduría y los grandes pensadores de la edad
de oro de Grecia, renunciando a cada enfoque sobre la base de la sabiduría
humana, diciendo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a
Jesucristo y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). La razón que alegó fue
que la debilidad de Dios es más poderosa que los humanos y la locura de Dios
es más sabia que los humanos. Esa es la grandeza de Dios. Padre, qué agradecido me siento por
el hecho de que Tú me hayas dado Tu Palabra. Permíteme concederle el valor
que tiene, leerla, buscar en ella y encontrar la sabiduría en cada relación
en la vida. |
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Aplicación a la vida |
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Los debates teológicos pueden ser
recursos instructivos para aprender, pero al mismo tiempo pueden ser fuentes
de orgullo. ¿Hemos bebido antes profundamente de la vida de Cristo en nosotros? |
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Versículo para hoy:
domingo, 24 de mayo de 2020
24 de mayo - Dios es más grande - Ray Stedman
sábado, 23 de mayo de 2020
23 de mayo - Cuando la incredulidad es apropiada - Ray Stedman

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Es verdad que la señal de la
madurez es la incredulidad además de creer. Es tan importante que no se crea
usted ciertas cosas como lo es que se crea usted otras cosas. Juan indica que
este es un problema muy extendido: “Porque muchos falsos profetas han salido
por el mundo” (1 Juan 4:1b). En el evangelio de Mateo, el Señor Jesús nos
advirtió acerca de esto: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a
vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).
Vemos que aquí ha sido destacado para nosotros el hecho de que vivimos en un
mundo de engaño y nos vemos enormemente presionados para que nos conformemos
a estas cosas. En los tiempos de Juan había
maestros que realizaban ciertas señales, tal vez haciendo predicciones de
cosas que iban a suceder o manifestando el hablar en lenguas, haciendo
milagros y otras cosas por el estilo. Es acerca de esto que Juan escribe y
dice: “No creáis a estos espíritus, hasta que no los hayáis sometido a
prueba”. No sea usted crédulo; no crea usted lo que diga la primera persona
que aparezca. Es importante fijarse en que aquí tenemos un claro
reconocimiento acerca de lo que se enseña en toda la Biblia, es decir, que
tras el falso profeta o el falso maestro está un espíritu maligno. Existe un
verdadero Espíritu, el Espíritu Santo de verdad, el Espíritu de amor, y de la
misma manera que éste habla por medio de las personas, también el espíritu
del mal habla por medio de personas. Cuando oiga usted a hombres y mujeres
hablar acerca de cosas o valores religiosos, no sea usted crédulo y se trague
todo lo que le digan, especialmente si da la impresión de que están
presentando algo atractivo sobre el amor, la dulzura y el interés por los
demás. Someta usted especialmente a prueba esta información, porque es el
enfoque habitual del error. Nosotros los modernos corremos
mucho más peligro que los antiguos porque en el mundo de la época de Juan y
de Pablo había una extendida creencia en la existencia de los espíritus
invisibles. El mundo antiguo los reconocía como dioses y diosas, inclinándose
ante ellos. Esta clase de enseñanza resultaba mucho más fácil de aceptar en
el primer siglo de lo que lo es hoy en día. En la actualidad nos
enorgullecemos de haber superado esto. Las personas son intelectualmente
incapaces de aceptar esta clase de cosas en nuestro tiempo. Como resultado de
ello, nos exponemos sin defensa alguna al control de estos espíritus
malvados. Pero si vamos a seguir las palabras
de Jesucristo, es preciso que aceptemos lo que Él dice que es la explicación
del poder tras el mal en el mundo. Él deja perfectamente claro que procede de
una hueste de espíritus malvados. Parte de la ceguera de nuestra generación,
que da como resultado el caos y la anarquía, es el resultado directo de las
personas que dicen con orgullo: “Rechazo todo el concepto de los espíritus
malvados y de los demonios. A mí me resulta intelectualmente inaceptable”. La
ceguera de semejante actitud impide cualquier defensa en contra de ella. Si
vamos a ser cristianos, debemos ver el mundo tal y como Cristo lo vio.
Debemos reconocer que las opiniones humanas, tanto si son catedráticos en
seminarios como si son pastores detrás del púlpito, no son tan solo el
resultado de su perspicaz lógica o la enseñanza académica que han recibido o
su perceptiva manera de pensar. Con frecuencia estas personas no son
conscientes del modo en que ha sido torcida su manera de pensar por los
espíritus malvados o los espíritus de error. Señor, ayúdame a reconocer que vivo
efectivamente en un mundo hostil. Enséñame a no ser crédulo, tragándome
absolutamente todo lo que me dicen. Ayúdame a poner a prueba cada cosa sobre
la base de Aquel que vino y demostró ser Él mismo la verdad por medio de Su
palabra invariable. |
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Aplicación a la vida |
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Nadie discutirá la realidad de la existencia
del caos y de la anarquía en el mundo. ¿Hemos rechazado nosotros por orgullo
intelectual la existencia de los espíritus del mal como una fantasía sin
importancia? |
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22 de mayo - El poder de la oración - Ray Stedman

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Parte de la razón por la que muchas
personas encuentran el cristianismo aburrido es debido a que no están
experimentando la clase de vida cristiana que se describe en este pasaje. No
están participando en esta clase de relación, en la que cada día pueden
experimentar la gloriosa aventura de ver cómo obra el Dios viviente,
contestando a la oración y dándoles las cosas que han pedido. Pero en este
pasaje tenemos una imagen preciosa de la vida normal del cristiano. Todo ello
se basa en la oración, porque la oración es la actividad relacional más
fundamental que puede experimentar el cristiano. La oración es la expresión
de dependencia en un Dios de amor, y toda la vida cristiana debe
caracterizarse por una actitud continua y un espíritu de oración. Fíjese usted en los indicios de la
verdadera oración que destaca Juan en este pasaje. Primero, está el espíritu
de oración. “Confianza tenemos en Dios” (y la palabra es literalmente atrevimiento)
ante Dios. Si tiene usted atrevimiento ante alguien, eso implica que tiene
usted una relación íntima con esa persona, que tiene usted el claro derecho a
venir ante la presencia de esa persona. No existe temor alguno ni censura,
sino un buen entendimiento entre usted y esa otra persona. Por lo tanto, el
tener confianza, o atrevimiento, ante Dios implica que tiene usted una
comprensión clara de su derecho a venir ante Él. La oración debe ser el resultado de
dicha comprensión en lo que se refiere a la verdad que ha declarado Dios en
Su Palabra, de modo que no tenemos motivo para cuestionar nuestro derecho a
acudir a Él. No lo hacemos por nuestro propio mérito o la posición que
ocupamos ante Él, porque sabemos que ese no es el fundamento adecuado.
Acudimos ante Él por Su mérito y venimos “en Su nombre”, por lo que podemos
hacerlo con atrevimiento. Fíjese usted además en el propósito
de la oración. “Confianza tenemos en Dios; y… recibiremos de él” Para eso es
precisamente la oración. Es para que usted y yo estemos en situación de
recibir la gracia de Dios. Dios es un Dios que da, y se deleita en hacerlo.
Él posee todos los recursos de un universo superabundante del cual darnos con
generosidad. Usted conoce las imágenes de que se valen las Escrituras con el
propósito de dejar claro ante nosotros la plenitud de las riquezas de Dios.
Pablo dice, escribiendo a los corintios: “Ya conocéis la gracia de nuestro
Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que
vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Este es el
propósito de Dios, hacer que seamos ricos, aunque no siempre en el sentido
material, porque no es en ese aspecto en el que se encuentran las verdaderas
riquezas. Muchos millonarios darían hasta el último centavo de su dinero si
pudiesen tener un poco de paz en su corazón o si pudiesen sentir gozo en su
espíritu. Pero Dios se deleita en derramar las verdaderas riquezas en la vida
humana. Las riquezas de la vida abundante son precisamente lo que vino a
darnos Cristo. No hay nada más emocionante que ver a un Dios invisible hacer
en su vida cosas visibles que solamente Él puede hacer, supliendo sus
necesidades, satisfaciendo su corazón, haciendo lo que usted nunca
pudo hacer. Si nos vemos sumidos en la pobreza, es solo nuestra propia culpa,
porque Dios ha diseñado un maravilloso proceso mediante el cual podemos
recibir de Él. Ese es el propósito de la oración. Padre, te doy gracias por la
maravillosa provisión que me espera para que la pueda recibir cada día por
medio de la oración. Ayúdame a tener la fe sencilla para acudir ante Ti
atrevidamente en oración, sabiendo que a Ti te complace dar a Tus hijos. |
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Aplicación a la vida |
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Nada hay que sea más aburrido que
el cristianismo sin Cristo. Una relación íntima se encuentra inmersa en la
comunicación. ¿Está nuestra oración diaria libre y fluida o es sencillamente
algo que formulamos? |
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21 de mayo - El tranquilizante del cristiano - Ray Stedman

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En la frase “si nuestro corazón nos
reprende” el apóstol Juan está reconociendo que el problema con el que nos
enfrentamos es el de un corazón que nos reprende o condena. Él sugiere aquí,
por medio de esta frase, que esta es una experiencia bastante frecuente y
generalmente involuntaria por nuestra parte. ¿Quién de nosotros como
cristianos no ha tenido problemas con una mala conciencia o un corazón que
nos condena? Hay problemas físicos que nos afectan espiritualmente, pero con
demasiada frecuencia este es el resultado de un ataque del maligno a nuestra
fe, un esfuerzo por intentar apartarnos de la fe en Jesucristo, anulando
nuestra efectividad como cristianos, y con demasiada frecuencia este ataque
tiene éxito. Tal vez no haya un problema más
corriente que este: los cristianos que padecen por tener una mala conciencia
y un corazón que les condena. Algunas veces somos víctimas de estos ataques
cuando nos hallamos sumidos en el más intenso estado de ánimo espiritual, que
se apodera de nosotros cuando menos lo esperamos. ¿Cuál es el remedio? Fíjese usted
en lo que dice Juan: “conocemos que somos de la verdad”. Eso es lo esencial:
debemos de restablecer el importante hecho que es nuestra relación con
Cristo. Debemos animarnos a nosotros mismos a creer y asegurarnos de que
hemos sido verdaderamente justificados por la fe, que nos hallamos ante la
presencia de Dios, no gracias a nuestra propia justicia, sino por la justicia
del Hijo de Dios, que hace posible que seamos aceptados en el Amado, haciendo
que estemos “en Cristo” porque, como nos dice Pablo en Romanos 8: “Ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (v.1). Si hemos de
silenciar las dudas en nuestros corazones, es preciso que sepamos que “somos
de la verdad”. ¿Cómo puede usted lograrlo? Fíjese
usted en su argumento aquí: “En esto conocemos que somos de la verdad”.
Debemos saber que pertenecemos a la verdad a fin de poder asegurar a nuestro
corazón cuando nos condena, y ¿cómo lo logramos? ¡Haciendo esto! Lo que hemos
mencionado en el versículo 18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de
lengua, sino de hecho y en verdad”. Por medio de esto aseguraremos a nuestros
corazones con el conocimiento de que estamos en la verdad. Aquí se está
refiriendo a un acto de amor, es decir, de manera deliberada, y con una
intención concreta se realiza un acto amable y de ayuda, o se pronuncia una
palabra de amor a la persona que nos ha herido o ha sido el motivo de que nos
veamos sumidos en este atolladero de condenación. En otras palabras:
“Devolved bien por mal”. Usted no tiene que esperar hasta
verse obligado a ser amable con alguien, así que hágalo deliberadamente.
Propóngase la labor de encontrar a personas que están necesitadas y ayúdelas.
“No amemos por medio de palabras y de lo que decimos, sino por medio de
acciones y de la verdad”. Ha sido un gozo ver cuántas veces estas palabras
han demostrado ser ciertas. Ha habido personas que han descubierto que una
gran parte de la soledad y el vacío que sentían en sus vidas eran
sencillamente el resultado de haberse apartado de los demás y de sus
necesidades. Tan pronto como empezaron a ocuparse de la vida de otra persona,
descubrieron que existía un maravilloso sentido de confianza y un despertar
que acompañaban al espíritu de gozo en sus propios corazones. Señor, concédenos poder encontrar a
las personas solitarias y afligidas para que las animemos, compartiendo con
ellas algo de nosotros mismos para que podamos, de esta manera, expresar esta
clase de amor. Haciéndolo sabremos que andamos en la verdad. |
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Aplicación a la vida |
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Cuando nos sentimos solos, tenemos
una conciencia culpable o nuestros corazones se sienten dominados por la
condena, ¿cómo aprovechamos el gozo y el poder de sanidad de Su presencia? |
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miércoles, 20 de mayo de 2020
20 de mayo - El asesino interior - Ray Stedman

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¿Está su corazón lleno de odio
hacia otra persona hoy o le ha sucedido durante esta semana? Usted no puede
soportarle. ¡De hecho, si las circunstancias fuesen idóneas y pudiese evitar
el castigo, le asesinaría usted si pudiese! Este versículo revela las
implicaciones del odio. Todo lo que le impide a usted cometer el asesinato es
el temor a las represalias por parte de Dios o de los humanos. Si pudiese
usted salirse con la suya de alguna manera, el odio se manifestaría siempre y
de manera invariable por medio del asesinato, como sucedió en esa primera
escena entre Caín y Abel. Dondequiera que haya odio, el asesinato es siempre
una posibilidad y, a los ojos de Dios, es como si nosotros ya lo hubiésemos cometido.
Dios lee el corazón, de modo que no necesita esperar las acciones. Esto es lo
que el Señor Jesús mismo enseñó en Mateo 5:21-22 en el Sermón del Monte. ¿Qué es lo que revela cuando el
cristiano odia? Seamos sinceros y admitamos que esto es algo que por
desgracia sucede con demasiada frecuencia. Los cristianos se odian los unos a
los otros y muestran ese odio hacia otras personas aparte de Cristo. Pero
Juan nos dice: “sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en
él”, queriendo decir que la vida eterna que ha dado Cristo ya no controla a
esa persona, ya no “permanece” en ella. La relación de permanecer ha sido
añadida a la vida de Dios que está en nosotros. El odiar no significa que las
personas dejen de ser cristianas, pero sí que dejan de actuar como
cristianas. No están viviendo ya como las personas cristianas en las que se
habían convertido. La vida eterna ya no permanece en ellas, y estas personas
se encuentran bajo el control del demonio. No es que el amor no esté
disponible a estas personas, sino que no permanece en ellas. Si odiamos a
alguien, nos hemos convertido en esclavos temporales de Satanás. Somos el
hijo o la hija de Dios haciendo la obra del demonio, de manera que
necesitamos enfrentarnos con esa situación a ese nivel. ¿Cómo podemos controlar el odio?
Para el mundo en general, no puede haber respuesta aparte de la obra
regeneradora del Señor Jesucristo y la cruz del Calvario. Es preciso el poder
de Dios para quebrantar el poder del odio. ¿Pero qué sucede en el caso de los
cristianos? ¿Recurre usted a la insensatez de intentar suprimirlo? ¿Se muerde
usted el labio y no dice nada, marchándose con el corazón ardiente, dominado
por la ira, sintiéndose desgraciado y desventurado? Usted se encuentra aún
bajo el control del maligno y, antes o después, él le llevará a usted más
lejos de donde quiere ir. El único control es lo que leemos aquí en la
epístola de Juan. Llámelo usted como lo que es: odio, que tiene su origen en
el demonio. A continuación confiéselo usted, esté de acuerdo con Dios al
respecto y dígaselo. Entonces recibirá usted como respuesta el poder del amor
del Hijo de Dios que mora en su corazón. La fuente del Espíritu Santo está
siempre dispuesta a derramar palabras de amor, de aprecio, de
aprobación y aceptación en lugar de odio. Hasta que no vivamos bajo estos
términos, no habremos empezado a demostrar la vida que está en Jesucristo. Es
por eso que se hace la exhortación: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de
lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18). Señor, permite que sea atraído a Ti
para que pueda entender de nuevo el poder del amor sobre el odio y la
necesidad de ser abierto y honesto conmigo mismo en estos sentidos. Ayúdame a
no excusar estas actitudes, sino a recordar que cada manifestación de odio es
un ataque en Tu contra y en contra de Tu norma para mi vida. |
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Aplicación a la vida |
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En el tiempo que pasemos aquí en la
tierra todo el mundo se sentirá en alguna ocasión dominado por el odio hacia
otra persona, y el suprimirlo sencillamente hace que aumente el odio. ¿De qué
manera devolvemos el control a Aquel que es Amor? |
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martes, 19 de mayo de 2020
19 de mayo - El camino del amor - Ray Stedman
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Es realmente fascinante que el
apóstol que escribió esto sea conocido como el apóstol del amor. Pero si lee
usted lo que dice en el evangelio de Juan, se dará cuenta de que esta no es
su naturaleza, ni mucho menos. Él y su hermano Santiago se ganaron, por parte
de Jesús, el título de “Hijos del trueno” (Marcos 3:17), porque estaban
constantemente queriendo maldecir a los que estaban en contra de ellos. El
temperamento de Juan no era por naturaleza uno que tuviese tendencia a
mostrar el amor. Pero cuando nació de nuevo, se manifestó la vida de Dios en
su corazón, y este hombre comenzó a mostrar amor. Jacob De Shazer bombardeó Tokio a
principio de la Segunda Guerra Mundial. Fue capturado por los japoneses y
encarcelado. Odiaba a sus apresadores japoneses y era tan violento y vicioso
que ellos le temían. Le mantenían en reclusión solitaria debido al odio con
que les atacaba. Pero obtuvo un ejemplar de la Biblia y comenzó a leerla en
su totalidad. En la soledad de su celda, se dio cuenta de la vida que está en
Jesús, y se produjo un cambio asombroso en este hombre. El odio que había
sentido hacia los japoneses cambió por completo, y empezó a amar a los que le
habían capturado y a mostrarles su amor, de manera que ellos se quedaron
totalmente asombrados por lo que le había sucedido. En lugar de dejarse
dominar por la ira, el resentimiento y su saña viciosa en contra de ellos, se
convirtió en el más dócil de los prisioneros, cooperando ansiosamente con sus
captores y orando por ellos. Con el tiempo, la historia de su
cambio de corazón fue puesta por escrito en un pequeño folleto y, después de
la guerra, cayó en manos de un capitán japonés llamado Mitsuo Fuchida, el
hombre que dirigió el ataque en contra de Pearl Harbor y que dio la orden de
lanzar las bombas en aquel fatídico día del 7 de Diciembre. Mitsuo Fuchida
fue un héroe en Japón después de la guerra por esa hazaña y otras, pero su
propio corazón estaba vacío. Por alguna razón leyó el folleto que contaba la
historia del asombroso cambio que se produjo en el corazón de De Shazer. Fue
arrestado y se sintió intrigado por esta historia. Consiguió un Nuevo
Testamento en alguna parte y empezó a leerlo con creciente interés. Llegó por
fin a la historia de la crucifixión y, cuando leyó las palabras del Señor en
la cruz: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), se
le partió el corazón. Se dio cuenta de que Este pudo amar a sus enemigos y
orar por aquellos que le perseguían, manifestando una calidad de vida que
ningún ser humano natural podía posiblemente mostrar. Mitsuo Fuchida se hizo
cristiano y se convirtió en evangelista, relatando la historia de un amor que
puede cambiar los corazones humanos. Semejante amor es la señal de la
nueva vida; es un amor que no solo muestra usted hacia personas a las que
quiere, sino hacia aquellas que no le quieren a usted. Es un amor que no
depende de una relación recíproca, sino que ama a los que no se lo merecen, a
los incapaces, a los desagradecidos, a los egoístas y a los difíciles. Este
es, por lo tanto, el carácter del amor verdadero y es siempre evidencia de
que se ha producido una nueva vida, la vida nacida de Dios. Señor, me doy cuenta de que no debo
amar a otras personas porque ellas me aman a mí, sino porque yo he sido amado
por Dios y tengo en mí una vida que ama a pesar de que no haya razón para que
lo haga. Enséñame a que esa vida se manifieste por medio de mí. |
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Aplicación a la vida |
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¿Es uno de los requisitos que se
nos requieren para amar a otros que ellos nos amen a nosotros primero? Aparte
de tener una nueva Vida en nuestro interior no podemos de ninguna manera
poner de manifiesto el amor de Dios que Él nos ha mandado que mostremos. |
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lunes, 18 de mayo de 2020
18 de mayo - El uno o el otro - Ray Stedman
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Alguien ha dicho que a las personas
se las puede dividir en dos clases: las justas y las perversas, ¡y la
clasificación la realizan siempre los justos! No cabe duda de que la
humanidad está dividida en dos clases, no en tres, como a veces nos gusta
imaginarnos. Nos gustaría pensar que están los hijos del demonio, los hijos
de Dios y además un amplio grupo de los que están entre medias: los que son
moralmente neutrales, ni justos ni diabólicos. Pero Dios dice: “No, no hay
tres clases”. Ni tampoco hay una sola clase. Hay
muchos actualmente a los que les gustaría que creyésemos que todas las
personas por todas partes son, por virtud de su nacimiento natural, hijos de
Dios. Pero la Biblia nunca apoya esta idea, ni siquiera por un momento. Estas
palabras de Juan son el eco de las palabras del Señor Jesús mismo cuando le
dijo a ciertos fariseos acerca de Su día: “Vosotros sois de vuestro padre el
diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:44). Esto es lo
que significa la frase hijos del demonio. No significa que los
creó el demonio, sino que reflejan la naturaleza y las características del
demonio. Todo esto está en armonía con el
punto de vista de las Escrituras sobre la humanidad. Las personas, dice la
Biblia, son como vasijas. No tienen poder en sí mismas, ni tienen vida en sí
mismas. Han sido diseñadas para contener y expresar la vida de otro. En la
intención original de Dios, esa vida debía ser la vida de Dios mismo,
puesto que las personas han sido creadas para Dios. Pascal dijo que había en
cada persona un vacío en forma de Dios que solo Dios puede llenar porque
hemos sido creados para Él. Pero debido a la caída de la
humanidad en el huerto, las personas ya no contienen ni expresan la vida de
Dios, sino que expresan la vida pervertida, retorcida del demonio. Cada uno
de nosotros nacimos en la familia del demonio. Nacimos como familia del
demonio porque formamos parte de la raza caída de Adán con la tendencia y la
proclividad al pecado, esa perversión retorcida, que nos ha sido transmitida
por nuestros antepasados, juntamente con el color de nuestros ojos y todas
las demás características físicas. Todos nacemos con la inclinación al mal.
Usted no tiene más que vivir con unos pocos bebés para darse cuenta de esto.
¡Qué centrados en sí mismos están los bebés! Según ellos piensan, todo existe
para ellos. El mundo entero está ahí solo para suplir las necesidades de
ellos, y eso es, en esencia, la expresión de la vida del demonio. Es solo por medio del nuevo
nacimiento que nos convertimos en hijos de Dios. Es por ello que Jesús dijo a
Nicodemo, ese culto, honrado y respetado dirigente de su época, que vino a Él
de noche: “el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan
3:3). Todos sus conocimientos, su educación, su moralidad o su religión
carecen de valor en este sentido. A menos que nazca usted de nuevo, sigue
formando parte de la familia y el reino de Satanás. Todo el impulso del
evangelio sigue siempre esta dirección: la liberación del pueblo del reino de
Satanás para llevarlos al reino de Dios. Señor, concédeme que pueda ver mi
propia vida, que vea a dónde voy, que sea consciente de las fuerzas que se
apoderan de mí, dominándome, tanto si son de Dios como de Satanás. |
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Aplicación a la vida |
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¡Qué penetrante, asombroso e
increíble es el pasaje de las Escrituras que nos ha sido presentado hoy!
¿Cuál es la extensión total tras el mensaje del evangelio de Dios para el
mundo? |
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domingo, 17 de mayo de 2020
17 de mayo - Permanecer en Él - Ray Stedman
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Juan lo explica con toda claridad:
“Todo el que permanece en él, no peca”. O para usar un término intercambiable
que él nos ha dado relacionado con el pecado: “Ninguna persona que vive en él
vive desenfrenadamente”. Estas son las buenas noticias. Tal vez algunos dirán: ¡Espera
un momento! ¿No es esta una contradicción? En el primer capítulo, versículo
8, Juan dice: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos y la verdad no está en nosotros. Y ahora en el capítulo 3
dice: Todo aquel que permanece en él, no peca. ¿Cómo es esto? ¿Y acaso
no es más positivo lo que dice en el versículo 9 del capítulo 3: Todo
aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios
permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios? Sin duda esto
representa un problema. Debemos admitir que nos encontramos con uno de los
pasajes más difíciles de las Escrituras. Pero es uno de los más importantes y
no es una contradicción. El hombre que escribe esto no es un insensato; Juan
era un hombre inteligente. Él no dice algo en una página que se contradice
después en otra. Es un apóstol inspirado y escribe con sabiduría, con
inteligencia y con entendimiento. El problema queda realmente
resuelto por el tiempo del verbo que emplea el apóstol aquí: “Todo aquel que
permanece en él, no peca”. Usa el presente continuo del verbo en relación con
la palabra pecar para decir: “Ninguna persona que permanece
en él sigue pecando”. Si Juan hubiese querido referirse a un solo acto de
pecado, hubiese dicho sin duda alguna: “Ninguno que permanece en él puede
cometer ni siquiera un acto de pecado”. Pero no dijo eso, sino que usó el
tiempo continuo. Si nos fijamos en esto, nos será de gran ayuda para entender
el pasaje. De modo que está diciendo: “Cualquiera que permanece en Cristo no
continuará viviendo en pecado”. Pero ahora no debemos pasar por
encima de los árboles por estar demasiado concentrados en el bosque. ¿Cómo
puede usted evitar llevar una vida licenciosa? ¿Cómo llegamos al punto en el
que no vivimos pecando? Según él lo explica, la solución se encuentra en esta
palabra: permanecer. “Ninguna persona que permanece en él sigue
pecando”. Por lo tanto, la clave es permanecer. Ya hemos visto que la
relación de los creyentes con Jesucristo hace que participen en dos aspectos
diferentes. Permanecer en Cristo es un paso más allá de estar sencillamente
“en Cristo”. Nuestro Señor mismo habló acerca de estos dos aspectos de la
relación del discípulo con Él. Lo describe con estas palabras: “yo estoy en
mi Padre, y vosotros en mí”. (Juan 14:20b). Estos dos aspectos son muy
importantes. “Vosotros en mí” es estar en
Cristo. Es creer y recibir a Jesucristo. Es estar unidos en una unión con Él
que da como resultado el nuevo nacimiento. Es actuar sobre Su invitación de
entrar en su vida. Cuando usted lo hace, está “en Cristo”. “Vosotros en mí”;
esa es la primera unión. Pero lo que nos libera de que reine
el pecado es la segunda relación: “yo en vosotros”, la cual experimentamos
por medio de una actitud de fe a Cristo en nosotros, al habitar Él en
nuestros corazones. Le permitimos que viva por medio de nosotros. Esperamos
que lo haga en cada momento de nuestra experiencia, que es lo que se
llama permanecer, y es esto lo que da como resultado el que
seamos libres de la esclavitud y del poder del pecado de manera que podamos
llevar vidas santas. Señor, te doy gracias que esta es
la experiencia continua de las personas que tienen una relación con el Señor
Jesucristo, que se ofrece a Sí mismo a mí con este mismo propósito. Haz de mí
un ejemplo vivo de este intercambio revolucionario: Tú en mi y yo en Ti. |
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Aplicación a la vida |
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La justicia de Cristo revoluciona
literal y radicalmente las vidas. El poder de Su Presencia que habita en
nosotros transforma las vidas. ¿Hemos aceptado nosotros por fe esta Verdad en
nuestro interior? |
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sábado, 16 de mayo de 2020
16 de mayo - Quitando los pecados - Ray Stedman

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Jesucristo se ha manifestado con el
propósito de quitar o eliminar los pecados. Este es el gran propósito por
el que vino a este mundo. Unido con este propósito está la gran posibilidad
que fluye de él: “y no hay pecado en él”. Este es el glorioso evangelio de
esperanza. Existe una manera, pero no hay más que una sola manera. Esto es
como decir que el aire es lo único que podemos respirar. Necesitamos una sola
solución a este dilema humano. No hay más que una sola manera, porque no hay
más que Uno solo que ha aparecido en la historia humana que puede quitar los
pecados. Él no lo hace como un acto de
magia. No menea una varita mágica ni pronuncia alguna abracadabra religiosa y
el problema queda resuelto... ¡de buenas a primeras! De repente usted se ve
libre de pecado, el desenfreno ha desaparecido y usted no volverá jamás a
tener problema con él. Si esa es su idea de la fe cristiana, está usted
totalmente equivocado. Pero como hemos visto a lo largo de esta epístola de
Juan, el Señor Jesucristo ha aparecido para quitar los pecados. ¿Cómo lo
hace? Lo hace impartiendo vida, como si encendiese la luz, despertando el
amor. Estas son las cosas que reaccionan frente a las manifestaciones del
desenfreno. ¿Qué es el llevar una vida desenfrenada? Es lo que produce la
muerte, la destrucción de la vida, las tinieblas, lo que apaga la luz, el
odio y la violación del amor. ¿Qué es lo que da Jesucristo? Da
vida en lugar de la muerte, luz en lugar de oscuridad y amor en lugar de
odio. Cuando recibe usted a Jesucristo, eso es solo el principio; a eso le
sigue toda la vida cristiana. Como hemos estado aprendiendo, es un proceso de
crecimiento, pero los resultados son inevitablemente los mismos. El pecado
queda eliminado, queda eliminada la vida de desenfreno y se produce la
restauración del corazón humano en el que reina el orden y la paz. Eso ha
sido demostrado a lo largo de la historia humana. Repetidamente, en cada
generación, los casos más difíciles han respondido a este remedio asombroso:
los homosexuales, los alcohólicos, los drogadictos, los adictos al sexo, los
asesinos, los ladrones. Incluso casos mucho más difíciles se han rendido: los
orgullosos, los intelectuales, los amargados, los cínicos, los jóvenes
enfurecidos, los ancianos agotados. Y han existido siempre los que habían
desesperado, los heridos de espíritu, los que vivían sin esperanza, los
patéticos, los dignos de lástima, los perdidos, los abandonados quebrantados
que pasan por la vida como flotando. Poco importa dónde o cuándo han vivido las
personas; ha sido siempre la misma historia, siempre la misma liberación,
siempre los mismos resultados: el recuperarse de llevar una vida disoluta. El
milagro sucede cuando las personas conocen a Jesucristo y le reciben en sus
vidas. Entonces comienza a sanar la enfermedad. Señor, haz posible que tenga el
privilegio de ser parte de esto, la causa más grande de todas, para que pueda
ver claramente que no hay nada que sea más importante a lo que pudiese
entregarme que proclamar este poderoso mensaje de sanidad. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuál fue el propósito de que
Jesucristo naciese en nuestro mundo? ¿De qué manera afecta el que Él dio Su
vida, a la muerte recurrente, a las tinieblas y al odio que existe hoy? |
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