Versículo para hoy:

domingo, 10 de mayo de 2020

10 de mayo - Sin áreas dudosas - Ray Stedman


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¿Se ha enterado usted ya de que ninguna mentira procede de la verdad, que no hay armonía posible entre la mentira y la verdad? En otras palabras, que no existen áreas dudosas en la vida, que una cosa es o bien negra (una mentira) o es blanca (una verdad) y que no hay aspectos que resulten dudosos, a pesar de que pueda haber una mezcla entre el negro y el blanco. Todo cristiano posee la habilidad para hacer uso de un juicio moral a fin de distinguir lo que está bien de lo que está mal. Es asombroso la cantidad de cristianos que todavía no han aprendido esto y que continúan haciéndose eco de la mentira del mundo, en el sentido de que se puede combinar la verdad y el error. Juan deja esto perfectamente claro. “Os he escrito”, dice, “porque habéis averiguado esto, si conocéis a Jesucristo. Es posible que no hayáis pensado a fondo en las implicaciones, pero debéis saber que no hay posibilidad alguna de combinar una mentira con la verdad”.

Una de las cosas gloriosas acerca del propósito de Dios, que es restaurar la vida de Dios al espíritu del hombre, es que vuelve a restaurar de nuevo las normas de los valores absolutos y hace posibles los juicios morales. Hace que pasemos del control por medio de una conciencia de conveniencia al control de una conciencia de convicción. En estos días estamos oyendo hablar mucho acerca de “la ética situacional”, el relativismo en el ámbito de los juicios morales. ¿Cuáles son estos? Si usted hace trampa en un examen porque no le gusta a usted el maestro, eso está mal. Pero si lo hace usted porque está desesperado por sacar buenas notas y no hay ninguna otra manera de conseguirlo, usted no se ha ocupado del estudio hasta la hora del examen y no hay ninguna otra manera que no sea haciendo trampas, entonces eso está bien.

Pero Juan dice: “¡Ya no más! Ahora conocéis al que es verdad y no podéis salir adelante así como así. Antes o después le tendrá usted que explicar sus acciones a Él, y todas esas maravillosas excusas que fueron admitidas tan fácilmente por parte de su cónyuge o sus amigos no suenan nada convincentes cuando se las repetimos a Él, porque Él no se siente ni mucho menos impresionado por ellas. Él no dice nada; sencillamente se cruza de brazos y se le queda mirando a usted. Entonces usted empieza a tartamudear y no tarda en quedar callado porque, como dice Juan: “ninguna mentira procede de la verdad”.

Preste usted atención a estas cosas. Comience usted a examinar las filosofías que le rodean, las sugerencias y las explicaciones acerca de la vida que le presentan. Mídalas conforme a la verdad. ¿Ha conocido usted la verdad relacionada con Jesús? ¿Está dispuesto a escuchar la Palabra de Dios, a fin de que pueda entender el mundo en el que vive y a la persona que vive en él, es decir: usted? ¿Está dispuesto a entender cómo le hizo Dios a usted, cómo pretende que actúe, cómo desea que reaccione frente a las situaciones? ¿Está dispuesto a permitirle a Él que le enseñe a no depender más del falso sentido de la habilidad de la que ha hecho usted uso para vivir su vida, sino a renunciar a ella y en lugar de ello depender de Su vida en su interior? Es por eso que Juan escribe. Él escribe acerca de estas cosas, dice, porque sabe que la habilitación necesaria se halla en ellas. ¡Haga usted uso de ellas!

Padre, ayúdame a entender la verdad tal y como se encuentra en Cristo. Ayúdame a volverle la espalda a cada una de las voces que nos atraen, apartándonos de Él, y a traer todas las cosas que descubro, todas las experiencias, todos los razonamientos a Él.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Las excusas que podamos poner sencillamente se hacen eco de las mentiras del mundo. ¿Hemos encontrado nosotros la verdad absoluta como se halla en Cristo, o revelan nuestras excusas las dudas que todavía tenemos?

 



sábado, 9 de mayo de 2020

9 de mayo - Sobre la herejía - Ray Stedman

Diente De León, Colorido, Personas De Color

 

Fíjese usted en que la marca de un anticristo es finalmente separarse del cristianismo del Nuevo Testamento, ya que todos estos lo hacen invariablemente y, cuando lo hacen, insistirán en que son la corriente principal de la verdad cristiana y que nosotros estamos viviendo en las aguas estancadas de la doctrina cristiana. Esto es algo que Juan explica de una manera muy clara. La marca respecto a lo que es genuino es la continuidad en la verdad, ya que la perseverancia representa la verdadera fe. ¿Qué es lo que quiere decir con “nosotros”? Sin duda no se refiere al cristianismo en general. Lo que quiere decir, como deja claro en el contexto de toda esta epístola, se refiere a aquellos que aman la Palabra de Dios y que poseen el Espíritu de Dios, los que se esfuerzan en obedecer la Palabra en el poder del Espíritu. El énfasis que ha estado haciendo todo el tiempo recae sobre aquellos que comparten la vida de Cristo por medio de la Palabra de Dios en el poder del Espíritu de Dios. Los herejes se desconectan de manera invariable de estas personas.

Si usted sugiere enseñar las Escrituras a aquellas personas que participan en la herejía, sentirá usted de inmediato su desprecio de las Escrituras. Si realmente leen la Biblia, lo que hacen es escoger ciertas porciones, omitiendo las partes que no les gusta para decir a continuación: “Sí, estudiaremos las Escrituras con vosotros”. Pero si lee usted lo que estas personas están estudiando, descubrirá que están eliminando la fuerza de la verdad esencial. No hay motivo por el que debamos temer a la herejía si encontramos a alguien que desea estudiar las Escrituras tal y como son. En la actualidad hay muchas personas que son totalmente ignorantes respecto a las Escrituras y tal vez tengan puntos de vista muy peculiares acerca de ellas, pero están muy dispuestas a aprender. No se preocupe usted por el hecho de que estas personas están muy equivocadas acerca de muchas cosas. Consiga usted que lean las Escrituras. La Palabra de Dios posee una maravillosa habilidad para corregir el error y para encauzar los intereses hacia asuntos que son importantes. Estas personas no tardarán en ser encauzadas en lo que se refiere a la gran, maravillosa, gloriosa y totalmente persuasiva verdad de Dios, pues estos tremendamente importantes temas calan con su poder en los corazones de los hombres y de las mujeres dondequiera que se encuentran.

A lo largo de los siglos ha habido brotes cíclicos de herejía que han surgido en los círculos cristianos con el propósito de torcer, distorsionar y pervertir la verdad. Nosotros vemos la confluencia de estos en nuestro propio tiempo y nos sentiremos turbados y confusos a menos que las consideremos a la luz de la revelación de la verdad de Dios. ¡Qué gran maravilla es la Palabra, que nos ha sido dada para que podamos entender lo que nos está sucediendo, para que podamos entender al mundo en el que vivimos y de esta manera nos enteremos de lo que está pasando! De esta manera podemos darnos cuenta de que la historia está totalmente bajo el control de Dios y se está moviendo exactamente de la manera que Él planeó. Nuestras propias vidas individuales pueden adaptarse a esto con el fin de producir no lo que es pasajero y efímero, sino a fin de que participemos en lo que permanece, aquello que acabará por fin cumpliendo el propósito de Dios en la historia, avanzando hacia la consumación final de lo que Él tiene a la vista.

Padre, mi corazón se siente de nuevo conmovido al ver lo que está sucediendo en mi propio tiempo a la luz resplandeciente de estas asombrosas Escrituras. Dios, concédeme que pueda permanecer firme en Tu Palabra.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

La herejía se produce como resultado de no estudiar y no aceptar todas las Escrituras. ¿Qué efecto tiene la poderosa Palabra de Dios sobre aquellos que pueden entender su revelación?

 



viernes, 8 de mayo de 2020

Orando por la obediencia - Nancy DeMoss Wolgemuth




8 de mayo - El enemigo a nuestro alrededor - Ray Stedman


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Las áreas concretas mencionadas en este versículo son aquellas en las cuales debemos luchar contra el pecado. No basta con decir: “No améis el mundo”. Debe ser reducido a detalles. Debe incluirse aquello con lo que de hecho tenemos contacto, de modo que Juan añade: “nada de lo que hay en el mundo”, y lo define. Nos da una lista de estos aspectos diferentes diciendo: “Estos no provienen del Padre, sino del mundo”. A fin de rechazar una filosofía determinada, es preciso que lo hagamos mediante ciertas acciones concretas.

Esta es la primera, dice: la codicia de la carne. En las Escrituras esta palabra carne es algo más que simplemente el cuerpo. Es la naturaleza pecaminosa, la condición caída de la humanidad que se encuentra presente en el cuerpo. ¿En qué consiste esta codicia de la carne? Hay ciertas cosas que nuestro cuerpo desea que son perfectamente adecuadas y han sido dadas por Dios. Dios nos ha creado como humanos para que sintamos ciertos estímulos y deseos, y el satisfacerlos no está mal. Pero la carne, esa propensión pecaminosa en nosotros, siempre quiere añadir algo que va más allá de lo que es satisfacer los deseos que nos han sido dados por Dios.

Hay una segunda división que Juan pone ante nosotros: los deseos de los ojos. ¿Cuáles son estos? El ojo simboliza lo que complace a la mente o a la vida interior. El deseo de los ojos, al igual que el de la carne, va más allá de las sencillas necesidades. Nuestras mentes fueron creadas por Dios para buscar y para inquirir, para enterarnos de los grandes hechos de la revelación o de la naturaleza ante nosotros, para que los examinemos. Pero estos tienen ciertas limitaciones, ya que hay limitaciones en la naturaleza y también en la revelación. Pero la carne aprovecha este permiso básico y lo lleva más allá de la voluntad de Dios hasta extremos que nos está prohibido llegar.

Existe aún una tercera división, que es el orgullo de la vida. Esto se refiere al deseo de despertar la envidia o adulación en otras personas. Las dos primeras divisiones tienen que ver con satisfacernos a nosotros mismos, no de la manera que Dios desea que lo hagamos, sino yendo más allá. Pero fueron dirigidas hacia nosotros y solo involucran a otros de manera incidental. Sin embargo, el orgullo de la vida no puede existir a excepción de cómo tiene que ver con otras personas. Pretende crear una sensación de envidia, de rivalidad y de ardientes celos en los corazones de otras personas y nos causa placer hacerles esto. Es el deseo de ser más brillantes o tener una posición superior a la de otra persona.

¿Qué dice Juan acerca de esto? Juan no dice: “No tengas nada que ver con ninguna de estas cosas”. Pero lo que sí dice es: “No ames estas cosas, no pongas tu corazón en ellas, no las consideres importantes. No se dediquen a amontonar cosas, no amen los lujos y la comodidad y no se esfuercen por ser más brillantes que otras personas”. ¡Con cuánta sutileza pretende toda esta filosofía llamarnos la atención! Cuando amamos estas cosas, su importancia suscita nuestro mayor interés y descubrimos que estamos invirtiendo en ellas una gran parte de nuestro dinero; ocupan un lugar prioritario en nuestros pensamientos de manera que estamos constantemente soñando con aquellas cosas nuevas que esperamos poder conseguir, y es entonces cuando estamos en peligro, en terrible peligro. Esto es lo que el apóstol quiere dejar perfectamente claro.

Padre, abre mis ojos para que pueda verme a mí mismo. Haz que pueda escuchar la penetrante pregunta del Espíritu Santo: “¿En qué has puesto realmente tu corazón? ¿Cuál es tu verdadero amor?”

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Cuáles son los tres aspectos en los que nos vemos obligados a participar en nuestra lucha en contra de nuestra concupiscencia y nuestro orgullo? ¿De qué manera resulta esto evidente en nuestro modo de pasar nuestro tiempo y gastar nuestro dinero?

 



jueves, 7 de mayo de 2020

Obediencia en acción - Nancy DeMoss Wolgemuth




7 de mayo - El proceso de la madurez - Ray Stedman


 10 buenas razones para leer la Biblia | Desde la Fe

Pienso que Juan puso este propósito al último por un motivo muy importante. Él ha descrito ya a estos jóvenes como personas que han vencido al maligno. Esto es algo que repite de nuevo, pero añade la siguiente explicación: “sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros”. Esto es algo que puso al final porque aquí se revela el secreto del crecimiento. ¿Qué es lo que hace que el niño espiritual se convierta en el joven espiritual? ¡La Palabra de Dios que permanece en él! ¿Qué hace que un joven se convierta en padre? ¡La palabra de Dios que permanece en él! Ese es el secreto del crecimiento. Eso es lo que le ayudará a pasar de una etapa a otra hasta que por fin se convierta en padre, pudiéndose reproducir a sí mismo en otros.

He aquí el instrumento divinamente diseñado del crecimiento: la Palabra de Dios. Es totalmente imposible crecer como cristiano, o como un hombre o mujer auténticos, a menos que la Palabra de Dios permanezca en usted. Este es el motivo por el que el demonio lucha en contra de todo este asunto del estudio de la Biblia, la edificación de nuestra vida alrededor de la centralidad de las Escrituras, y por qué nos vemos sometidos al ataque constante en este nivel. Es algo de suprema importancia que nos permite alcanzar la madurez. A pesar de que el demonio no puede impedir que seamos cristianos, sin duda puede impedir que seamos cristianos fuertes, y esta es exactamente la manera que lo hace. Intenta desviar nuestra atención, haciendo que sigamos determinados atajos que dan la impresión de que nos van a convertir de inmediato en personas maduras. ¡La espiritualidad instantánea, la madurez instantánea!

Después de años enteros de experiencia he sido testigo de varias cosas que impiden la madurez, desviando la atención del instrumento divinamente diseñado que la hará posible: el conocimiento de la Palabra de Dios. No estoy hablando sencillamente acerca del estudio de la Biblia. Existe un enfoque muy mecánico y rígido del estudio de la Biblia que puede familiarizar a la persona con las enseñanzas de la Biblia, pero eso no es suficiente. Recuerde usted que este pasaje dice que la Palabra de Dios “permanece”. Eso significa un conocimiento de la Biblia más la obediencia al Espíritu. Cuando las Escrituras hablan acerca de conocer la Palabra de Dios, nunca se refieren solo a la Biblia como un instrumento, es siempre la Biblia y al mismo tiempo el Espíritu. Es la Palabra entendida a la luz del poder iluminador y explorador del Espíritu Santo. La Biblia une estos dos conceptos para producir la madurez. No es cuestión sencillamente de que la enseñanza de la Biblia se introduzca en nuestra mente, sino que es algo mucho más profundo. La Palabra se apodera de nosotros, aunque primero nosotros nos apoderemos de ella, haciendo que la Palabra viva en nosotros de este modo, penetrando en la conciencia, apoderándose de la voluntad, exponiendo “los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12), y eso es lo que produce la madurez.

Esto significa que nuestro estudio debe de ser deliberado. El conocimiento de la Palabra debe ser mucho más que una afición o diversión para nosotros, una opción en la vida, una especie de postre de pocas calorías que podemos comer o dejarlo según queramos. Las exhortaciones de las Escrituras son que seamos diligentes en esto. Sea usted diligente en lo que se refiere a buscar las Escrituras y en estudiar la Palabra.

Padre, gracias por poner de manifiesto mi pereza, mi poco deseo de leer y mi lentitud a la hora de obedecer. Ayúdame a aprovechar la gran provisión para mi madurez en Cristo.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¡Qué gozo sentimos cuando el estudio deliberado de la Biblia pasa de “tengo que” a “deseo”! ¿De qué manera aumenta nuestro deseo de pasar tiempo y poner en práctica la Palabra viva de Dios?

 



miércoles, 6 de mayo de 2020

Obediencia: La prueba decisiva - Nancy DeMoss Wolgemuth



6 de mayo - El cristianismo visible - Ray Stedman

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Juan dice que la persona que odia a su hermano no es cristiana, sino que “está en tinieblas” y no ha salido nunca de ellas. Decir que se encuentra usted en la luz a pesar de que odia a su hermano es una negativa básica de la fe. Semejante actitud de hostilidad, de indiferencia y falta de interés hacia otra persona es señal de una vida que no ha sido regenerada.

El apóstol Juan dice que aquel que odia a su hermano se halla en tinieblas y no sabe a dónde va. No entiende que esto puede llevar al asesinato o a la mutilación criminal. Continúa a ciegas, tropezando en su esfuerzo lleno de odio por hacer daño a su amigo, a su hermano o compañero, quienquiera que sea. Pero el resultado es que solo se está haciendo daño a sí mismo y a todos los que ama.

Pero además está cegado. Dice Juan: “las tinieblas le han cegado los ojos”. La palabra que se usa aquí significa “hacer insensible”, y eso implica que, si vivimos de esta manera, a la postre llegamos al momento en que ya no podemos responder. El odio se apodera de nosotros, endureciendo nuestro corazón, que ya no puede reblandecerse.

Es posible que los cristianos sucumban de manera temporal a esta clase de cosas. Pueden caminar temporalmente en tinieblas, pero ya no son hijos de las tinieblas porque la luz del amor de Dios ha entrado en sus corazones. Si no son conscientes de la lucha entre la expresión de odio o si no se preocupan por tener una conciencia culpable por su odiosa actitud, deberían preguntarse si han pasado en realidad de la muerte a la vida. Esto es algo que el Espíritu de Dios tratará de manera inevitable en el cristiano para desbaratarlo, y en ocasiones podrá llevarse a cabo por medio de medidas muy difíciles.

Recuerdo una ocasión en la que estaba aconsejando a una mujer acerca de un problema físico que tenía en realidad una base espiritual en su experiencia. Descubrí que llevaba años odiando a otra persona. El odio la había convertido en una persona amargada y rancia, envenenando todos sus pensamientos. Yo le dije: ―Debe usted de hallar en su corazón la manera de perdonar a esta persona, de la misma manera que Dios la ha perdonado a usted.

Me miró y me dijo: ―¡No puedo perdonarla; jamás la perdonaré!

Yo le dije: ―Pero Dios dice que debe usted hacerlo. Si no puede hacerlo, tendrá que enfrentarse con el hecho de que no es usted cristiana, porque no puede perdonar y por lo tanto usted no ha nacido nunca de nuevo.

Me miró y me dijo: ―Imagino que tiene usted razón. Sé que soy cristiana, pero veo que me he estado engañando a mí misma. Necesito perdonar.

¡Y lo hizo! Se produjo un cambio en la vida de esta mujer que fue como si la noche se convirtiese en día.

Los cristianos se pueden engañar a sí mismos, siguiendo la actitud del mundo de que no pueden perdonar. Cuando las personas mundanas odian, se encuentran presas bajo ese dominio del que no pueden escapar. Pero cuando el Hijo de Dios entra en sus vidas, el poder del maligno queda eliminado, y se liberan de ello y pueden perdonar, pero todavía es preciso que estemos de acuerdo en hacerlo. Dios no nos va a obligar a perdonar aparte de nuestra propia voluntad, a pesar de que tengamos la habilidad para hacerlo.

Señor, te pido que Tu amor se manifieste en y por medio de mí, no porque me esté esforzando tanto, sino porque te conozco y Tú me has amado y has venido a vivir Tu vida por medio de mí.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Los verdaderos cristianos se destacan por la habilidad para perdonar a cualquiera a pesar de cómo se sientan. ¿Necesitamos que sean abiertos nuestros ojos para poder escapar voluntariamente al dominio del rencor?

 



martes, 5 de mayo de 2020

Seguridad en la obediencia - Nancy DeMoss Wolgemuth




5 de mayo - Cómo caminar como lo hizo Él - Ray Stedman


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La frase “permanecer en él” significa exactamente lo mismo que “tener comunión con él”. El Señor Jesús dejó esto perfectamente claro cuando dijo, según el evangelio de Juan: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (15:4). Usted puede estar en Cristo, como miembro de la viña, y que solo aparezcan hojas. Esa es la mera relación, pero si usted desea que su vida dé fruto, es preciso que se ponga de manifiesto esa actitud adicional que es permanecer en Él, descansando en Él. Eso es lo que produce resultados permanentes en la vida.

La señal de permanecer es caminar de la misma manera que caminó Cristo. Eso no significa hacer las mismas cosas que hizo Jesús; lo que quiere decir es actuar basándonos en el mismo principio sobre el cual actuó Él, a fin de reflejar la misma clase de relación con el Padre que tuvo Él. Esa es la señal de la comunión.

¿Cuál fue el secreto del poder de nuestro Señor? Eso fue lo que hizo que Nicodemo fuese a Él de noche, intentando averiguar el secreto si podía. Muchos otros acudieron preguntándose cuál era el secreto de Su poder. Lo asombroso es que Él no hacía más que decirles a las gentes cuál era, pero nosotros saltamos por encima de él haciendo caso omiso del mismo. Él dijo: “El Hijo del Hombre no hace estas cosas por sí mismo”. Es decir: “Yo no estoy haciendo esto; el Padre que vive en mí lo está haciendo. Yo no hablo estas palabras de mí mismo; hablo solo lo que oigo decir mi Padre. Es el Padre el que dice las palabras; es el Padre el que las pronuncia; es el Padre el que realiza la obra. Yo soy un hombre, a disposición de él, pero él está en mí y está obrando en mí, y ese es el secreto de las cosas que hago. Yo solamente cuento con él cada momento que esté obrando y haciendo estas cosas, y él las hace” (ver Juan 14:10-11).

Ese es el gran secreto y esa es una de las cosas más duras de aprender para los cristianos. ¿Cómo caminó Él? Caminó teniendo una comunión total, continua e inquebrantable y dependiendo de la actividad del Padre que habitaba en Él. Esto es algo que da la impresión de que nos cuesta enormemente aprenderlo. Con nosotros, es el Hijo de Dios que vive en nosotros, y Él ha venido con el fin de reproducir el efecto de Su muerte y el poder de Su resurrección, para vivir de nuevo Su vida en nosotros. Pero nosotros tenemos muchas dificultades con esto. Nuestra actitud es: “¡Padre, por favor, prefiero hacerlo yo mismo!” Hemos sido criados con la idea de que nosotros poseemos la habilidad necesaria para actuar de manera significativa, pensando que Dios está esperando que nosotros debemos actuar a Su favor y, si le fallamos a Él, todo el programa se vendrá abajo, pero si logramos algo para Dios, Él debiera estar eternamente agradecido a nosotros por nuestra fidelidad.

Pero el cristiano no ha sido llamado para hacer esto. El ser cristiano significa mostrar una dependencia continua, sosegada en que Dios mora en nosotros para poder obrar siempre en nosotros, reproduciendo el valor de Su muerte y el poder de Su resurrección. Eso es el cristianismo, y es lo que significa la comunión y lo que quiere decir además permanecer en Él.

Señor, te doy gracias porque Tú provees para mí, llenándome con Tu vida misma. Te pido en oración que yo pueda entender esto más y más y que colabore contigo en hacerlo.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Qué significa tener la vida de Cristo en nosotros? ¿Hemos comprendido esta realidad perdurable que nos demostró Jesús a nosotros de manera que podamos caminar con Dios?

 



lunes, 4 de mayo de 2020

¿Quieres ser bendecida? ¡Obedece! - Nancy DeMoss Wolgemuth



4 de mayo - La persona que racionaliza el pecado - Ray Stedman

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No hay nunca necesidad de pecar, pero si nos damos cuenta de que lo estamos haciendo, tenemos una defensa perfecta a nuestro alcance, una defensa que el Padre recibirá con sumo gozo, una que ya nos ha dicho que será bienvenida. Tenemos un Abogado para con el Padre, que acudirá de inmediato en nuestra defensa, pero Su defensa no sirve de nada si todavía nos estamos defendiendo a nosotros mismos. Usted puede o bien depender de Su manera de defenderle a usted, mediante la manifestación de Su obra a su favor, que ha eliminado todas las manchas y todos los pecados que jamás cometerá, o tendrá que depender de su propia defensa. Aquí está usted, delante de Dios, diciéndole a Él de manera desafiante que usted no es culpable, que tiene una defensa. Usted puede explicar todo, diciendo que actuó bajo la presión de las circunstancias o afirmando que su pecado no es lo que Dios dice que es.
Siempre que se muestra usted desafiante o evasivo, usted sigue justificándose y excusándose a sí mismo y, por lo tanto, el Juez solo puede permitir lo inevitable, permitiendo los juicios intrínsecos que le siguen para que se sienta turbado, que le derroten, que le atormenten, que le hagan sentirse desconcertado, dejándole debilitado e insensato. Pero si deja usted de justificarse, Él le justificará a usted. La sangre de Jesucristo no puede limpiar excusas, solo limpia pecados. Si está usted dispuesto a decir: “Sí, no fue la presión, no fueron las circunstancias, no fue que estas cosas no son tan malas como dice usted que son; es que decidí mostrarme impaciente y resentido. He decidido preocuparme y dejar que la ansiedad se apodere de mi”. Si llegamos a ese lugar, descubriremos que hay Uno que está ante la presencia del Padre y le revela a Él la justicia de Su vida, de modo que podamos ser limpiados y aceptados. La fuerza vuelve a fluir de nuevo en nosotros; sentimos de nuevo la paz en nuestros corazones; somos limpios de nuestros pecados, limpios y restaurados por la gracia de Dios. Entonces podemos regresar a las mismas circunstancias, bajo la misma presión, descubriendo que nuestros corazones están siendo protegidos por la gracia y la fortaleza de Dios.
¿Por qué dice Juan: “Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”? La respuesta es la siguiente: Es para ayudarnos a que nos veamos a nosotros mismos. ¿Por qué es que estas otras personas, cuyos pecados han sido ya expiados en la cruz, están viviendo apartadas y actuando con hostilidad hacia el Dios que las ama y que las busca? La respuesta es, como es natural, porque esas personas no quieren creer en Él y no están dispuestas a aceptar Su perdón. Esa es la misma razón por la que nosotros los cristianos no estamos disfrutando el fluir completo del Espíritu de poder, de vida, de amor y de sabiduría como parte de nuestra experiencia. Todas estas cosas están a nuestra disposición, pero no las recibiremos. Al igual que el mundo, les estamos dando la espalda. Le estamos diciendo a Dios: “No estoy interesado en la limpieza, porque no la necesito en realidad. Después de todo, esto no es un pecado, es sencillamente una debilidad y no lo puedo evitar”. Esa clase de cosas está haciendo que la tierra desaparezca debajo de toda la obra redentora de Jesucristo a nuestro favor. Aunque Su poder está enteramente a nuestra disposición, no lo experimentamos por esa actitud.
Padre, examina mi corazón. Haz que yo esté abierto y sea sincero. Enséñame a dejar de poner excusas y a aceptar totalmente la obra de mi Abogado, Jesucristo.



Aplicación a la vida

Cuando pecamos, ¿qué sucede si justificamos nuestras acciones o ponemos excusas por nuestra desobediencia? ¿Tenemos el perdón de Dios por los pecados que cometimos en el pasado, en el presente y en el futuro?



domingo, 3 de mayo de 2020

¿Es esta pandemia un castigo o una disciplina para Su Iglesia? - Pastor ...




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3 de mayo - La persona que niega el pecado - Ray Stedman



La palabra confesar no significa “pedir perdón”. La obra que realizó Cristo en la cruz por nosotros ya ha hecho todo lo que era necesario para perdonarnos. Lo que Dios quiere que hagamos es que examinemos el pecado ante nosotros y que lo llamemos lo que Él lo llama. Estar de acuerdo con Dios sobre esto; eso es lo que significa la palabra confesar. La última parte de la palabra viene de una raíz que significa “decir”, y con significa “con”. “Decir con Dios” lo que Él dice acerca de algo es confesar el pecado. Hay una canción popular que se oye a veces en los círculos cristianos: “Si he causado que un pie se descarríe, si he seguido mi propio camino de manera egoísta, perdóname, amado Señor”. Eso no es una confesión ni mucho menos. No diga usted “si”, diga: “Señor, he hecho que mi pie se descarríe; he vivido de mi propia manera egoísta”. Eso es confesar, estar de acuerdo con Dios.
La limpieza no se basa en la misericordia de Dios o Su amabilidad o Su amor o, después de todo, Su capricho; se basa en la obra de Jesucristo. Sobre esa base Dios es fiel y justo para perdonar, y sería totalmente injusto si se negase a perdonar a un pecador penitente. Dios mismo sería malvado si se negase, sobre la base de la obra de Cristo, a perdonar al pecador arrepentido. Así es como podemos sentirnos seguros de la limpieza que se produce cuando estamos de acuerdo con Dios acerca de estas cosas.
Siempre que somos conscientes de haber seguido una reacción carnal, detengámonos de inmediato y estemos de acuerdo en nuestros corazones con Dios acerca de ello, de modo que podamos experimentar de nuevo esta maravillosa limpieza, esta limpieza fiel y justa en nuestras vidas que nos purifica “de toda maldad”.
¿Sabe usted lo que sucede cuando no confiesa? Resulta muy desagradable vivir con usted. Cuando yo era un estudiante en Montana, soporté muchos inviernos duros durante los cuales las temperaturas llegaron a descender a veces hasta sesenta grados bajo cero durante una semana entera. En nuestros hogares, donde no teníamos agua corriente, no teníamos un sistema de cañerías interiores ni electricidad, de modo que el darse un baño era algo que se podía comparar con una operación quirúrgica de gran envergadura. En esa penosa situación hacíamos nuestras abluciones. Resultaba suficientemente difícil como para que algunas personas pensasen que no era necesario bañarse durante los meses de invierno. Si se entraba en la sala caldeada de una escuela en un frío día de invierno, con otros cincuenta o sesenta cuerpos sudorosos, éramos muy conscientes de este hecho.
La verdad es que a mí no me molesta vivir con alguien que sabe que está sucio y que, por lo tanto, se baña con frecuencia, pero resulta terriblemente desagradable vivir con alguien que cree que nunca está sucio. Eso es lo que está diciendo Juan. Si decimos que no podemos ensuciarnos, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Pero si nos enfrentamos con ello y lo confesamos, entonces la limpieza que ha provisto el Señor Jesús en la cruz de manera total y abundante nos pertenece de inmediato y es como si nunca hubiésemos pecado.
Padre, esto nos revela con términos muy prácticos la tendencia de nuestro propio corazón a engañarse a sí mismo y además el que Tu corazón está dispuesto a limpiarme. Ayúdame a caminar de acuerdo contigo.



Aplicación a la vida

Aunque podemos ser libres del pecado, no podemos decir que no tenemos pecado. ¿Cuál es la diferencia entre pedir perdón y confesar nuestro pecado?



sábado, 2 de mayo de 2020

2 de mayo - Haciendo caso omiso de la luz - Ray Stedman

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¿Qué problema presenta este versículo? Aquí tenemos a cristianos que han establecido una relación con Dios; han formado parte de la familia de Dios por la fe en Cristo. Esto significa que están disfrutando toda la corriente de la vida en el Espíritu, pero no hay señal de ello en sus vidas. Mienten, porque no viven conforme a la verdad. Es posible que sus vidas sean duras y sin cariño, críticas y que además sean exigentes con otras personas.
Entonces, ¿qué es lo que está mal? No hay nada que esté mal en la relación. De nada sirve hablar a estas personas para que se hagan cristianas, porque lo son. El problema es que están caminando en la oscuridad. La mayoría de nosotros leemos esto mentalmente como si se refiriese a haber caído en pecado, lo que en un tiempo se llamó “la condición de reincidencia”, que es lo contrario a caminar en la luz. Pero si consideramos esta frase de este modo, estamos confundiendo causa con resultados. ¡El hecho es que pecamos porque estamos caminando a oscuras! El “caminar en oscuridad” no es sinónimo con pecar; estamos pecando porque caminamos en la oscuridad.
¿Qué es la oscuridad? Es preciso que contestemos esto primero a nivel físico. ¿Cómo haría usted para que una habitación quede a oscuras? Ahora está llena de luz ¿Tendría que achicar usted la luz de alguna manera o echarle oscuridad desde un pozo? Claro que no; lo único que necesitamos hacer es apagar la luz. La oscuridad es sencillamente la ausencia de luz, y eso es exactamente lo que quiere decir Juan aquí. El caminar a oscuras significa caminar como si Dios no existiese, porque Dios es luz; es ser un ateo práctico. Nosotros creemos que hay un Dios, que Él existe, pero vivimos como si no existiese, y eso es caminar a oscuras.
Es posible ser cristiano pero caminar en la oscuridad haciendo caso omiso de Dios. Juan empieza con este problema porque es uno de los problemas más extendidos y corrientes. Usted puede perderse los beneficios de la presencia de Dios en su corazón y en su vida haciendo caso omiso de la luz.
¿Pero cómo consiguen realmente hacer esto las personas, me refiero a apagar la luz y andar a oscuras? Hay varias maneras muy evidentes de hacerlo. Algunas personas dejan de ir a la iglesia. La Palabra de Dios es un canal de la luz de Dios porque la Palabra misma es luz. Penetra y busca; busca en nuestra vida interior y la expone a nuestra visión. Si dejamos de ir a la iglesia, escapamos a la luz de esa manera. Ya no nos sentimos incómodos por lo que dice la Palabra. Otra manera es dejar de leer las Escrituras. Un asombroso número de cristianos sencillamente ha apagado la luz dejando de leer las Escrituras. Bajo todas las excusas que dan por hacerlo, como la falta de tiempo y todas las presiones, existe en realidad el deseo de escapar a la luz.
Otra manera es que no se examinaron jamás a sí mismos, que es una forma casi segura de caminar en tinieblas, ya que rara vez nos detenemos a examinarnos a nosotros mismos. Nunca nos hacemos preguntas minuciosas respecto a dónde nos encontramos en la vida cristiana. El apóstol Pablo dice: “Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5). Pregúntese usted a sí mismo: “¿Dónde me encuentro?”
Padre, concédeme la fe y la gracia para colocarme bajo la luz, exponiéndome a Tu Palabra y estando dispuesto a examinarme a mí mismo.



Aplicación a la vida

¿De qué maneras es posible ser cristiano a pesar de continuar caminando en la oscuridad? ¿Estamos siendo expuestos a la Palabra de Dios y estamos dispuestos a examinarnos a nosotros mismos a Su luz?