Versículo para hoy:

jueves, 23 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

9. Lot: Una luz de advertencia

"Deteniéndose él...". Génesis 19:16

Las Sagradas Escrituras, que fueron escritas para nuestra instrucción, contienen luce de advertencia, al igual que modelos a imitar. Nos muestran ejemplos de lo que debemos evitar, al igual que ejemplos que debemos seguir. El hombre, cuyo nombre encabeza esta página, ha sido puesto como una luz de advertencia para toda la iglesia de Cristo. Nos presenta su carácter en dos breves palabras: "Deteniéndose él". Se detuvo. Tomemos asiento y observemos esta luz de advertencia por unos minutos. Consideremos a Lot.

¿Quién es este hombre que se detuvo? Es el sobrino del fiel Abraham. ¿Y cuándo fue que se detuvo? La misma mañana en que Sodoma iba a ser destruida. ¿Y dónde se detuvo? Dentro de las paredes de Sodoma misma. ¿Y ante quién se detuvo? Ante la vista de dos ángeles enviados para sacarlo de la ciudad. ¡Incluso en ese momento se detuvo!

Las palabras son solemnes y llenas de elementos que nos hacen pensar. Debieran sonar como una trompeta en los oídos de todos los que profesan alguna religión. Espero que hagan pensar a cada lector de estas páginas. ¿Quién sabe si no son justo las palabras que su alma requiere? La voz del Señor Jesucristo le manda: "Acordaos de la mujer de Lot" (Lc. 17:32). Las palabras de uno de sus siervos le invitan hoy a recordar a Lot.

Trataré de mostrar: 

I. Lo que Lot era en sí mismo.

II. Lo que el texto ya citado dice de su comportamiento.

III. Las razones por las que quizá se detuvo.

IV. Qué clase de fruto dio el hecho de que se detuvo.

Pido la atención de todos los que tienen razón para creer que son verdaderos cristianos y anhelan vivir vidas santas. Establezcamos este principio en nuestras mentes: si seguimos la santidad, no debemos "detenernos".

I. ¿Qué era Lot?

Lo digo una vez más: Lot es una luz de advertencia.

Este es un punto muy importante. Si no me aseguro de que usted lo note, podría perderme la clase de cristianos profesantes a quienes quiero beneficiar de un modo especial. Si no lo presento con claridad, muchos quizá digan después de leer este capítulo: "¡Ay! ¡Lot era un hombre malo, un pobre ser, malvado y oscuro: Un hombre inconverso, un hijo de este mundo! Con razón se detuvo".

Pero ahora preste mucha atención a lo que digo. Lot distó mucho de ser algo así. Lot era un creyente verdadero, un convertido, un auténtico hijo de Dios, un alma justificada, un hombre justo.

¿Tiene alguno de mis lectores gracia en su corazón? Lot también la tenía. ¿Tiene alguno de mis lectores esperanza de salvación? Lot también la tenía. ¿Es alguno de mis lectores un viajero en el camino angosto que conduce a la vida? Lot también lo fue.

Nadie piense que esto es solo mi opinión particular, una mera fantasía mía, una noción que no tiene fundamento bíblico. Nadie suponga que quiero que lo crea sólo porque yo lo digo. El Espíritu Santo ha colocado el asunto, libre de posibles controversias, llamándolo "justo" y "recto" (2 P. 2:7-8) y nos ha dado evidencias de que la gracia moraba en él.

Una evidencia es que vivía entre hombres impíos "viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos" y la maldad a su alrededor (2 P. 2:8) y, aun así, él mismo no era impío. Ahora bien, para ser un Daniel en Babilonia, un Abdías en la casa de Acab, un Ahías en la familia de Jeroboam, un santo en la corte de Nerón y un "hombre justo" en Sodoma, uno tiene que tener la gracia de Dios. Sin su gracia sería imposible ser como alguno de estos hombres.

Una segunda evidencia es que "veía a los prevaricadores" y se contrariaba por lo que veía a su alrededor (2 P. 2:7,8). Se sentía herido, triste, dolorido y lastimado ante la presencia del pecado. Esto era sentirse como el santo David, quien dice: "Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras", "Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley" (Sal. 119:158, 136). Esto era sentirse como Pablo, quien dice: "Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón,... por amor a mis hermanos"(Ro. 9:2, 3). Nada puede ser la razón de esto, sino la gracia de Dios.

Una tercera evidencia es que "afligía cada día su alma justa" (2 P. 2:8). No sucedió que se hizo indiferente o que se entibió ante el pecado, como sucede con muchos. La familiaridad y el hábito no le quitaron el filo a sus sentimientos, como sucede con demasiada frecuencia. Para muchos es un shock y un susto ver por primera vez una iniquidad, pero al final se acostumbran tanto que la ven con bastante apatía. Esto es así, especialmente con los que viven en grandes ciudades, o con ingleses que viajan en el continente. Estos, a menudo, terminan siendo totalmente indiferentes al hecho de que no se observa el Día del Señor y a muchas formas de pecados. Pero no fue así con Lot. Y también esto es una gran señal de la realidad de su gracia.

Así era Lot: Un hombre justo y recto, un hombre sellado como heredero al cielo por el Espíritu Santo mismo.

Antes de seguir adelante, recordemos que un cristiano auténtico puede tener muchas manchas, muchos defectos y muchas debilidades y, aun así, ser un cristiano auténtico. No despreciamos al oro porque esté mezclado con mucha escoria. No le quitemos valor a la gracia porque está acompañada de mucha corrupción. Siga leyendo y verá que Lot pagó caro por "detenerse". Pero no se olvide, al ir leyendo, que Lot era un hijo de Dios.

miércoles, 22 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


(d) Lo último que diré es que el verdadero secreto de hacer grandes cosas para Dios es tener una fe grande.

Creo que todos podemos equivocarnos en este punto. Pensamos y hablamos demasiado sobre gracias, dones y logros, y no recordamos tanto como debemos, que la fe es la raíz y madre de todos estos. En su andar con Dios, el hombre llegará sólo hasta donde cree y no más. Su vida será siempre proporcional a su fe. Su paz, su paciencia, su valentía, su celo, sus obras serán todas de acuerdo con su fe.

Leemos las biografías de cristianos insignes como Wesley, Whitefield, Venn, Martyn, Bickerstech, Simeon y M'Cheyne, que nos impulsan a decir: "¡Qué dones y gracias maravillosos tenían estos hombres!" Respondo: "Deberíamos más bien honrar la gracia madre, la más importante de todas las gracias que Dios presenta en el capítulo once de la Epístola a los Hebreos: Deberíamos honrar su fe. Tengamos por seguro que la fe es la razón principal del carácter que tenía cada uno de los mencionados".

Me imagino que alguien puede decir: "Eran hombres de oración; eso fue lo que los hizo lo que eran". Respondo: "¿Por qué oraban mucho? Sencillamente porque tenían mucha fe. ¿Qué es la oración, sino la fe hablando con Dios?"

Otro puede decir: "Eran muy diligentes y trabajadores, eso explica su éxito". Respondo: "¿Por qué eran tan diligentes? Simplemente porque tenían fe. ¿Qué es la diligencia cristiana, sino la fe en acción?"

Otro puede opinar: "Eran muy valientes, eso los hacía útiles". Respondo: "¿Por qué eran tan valientes? Simplemente porque tenían mucha fe. ¿Qué es la valentía cristiana, sino la fe cumpliendo su deber con seriedad?"

Otro puede exclamar: "Era su santidad y espiritualidad lo que les daba envergadura". Por última vez respondo: "¿Qué los hacía santos? Nada más que un espíritu de fe vivo y fehaciente. ¿Qué es la santidad, sino fe visible y fe encarnada?"

Entonces siga el consejo que le doy este día, vaya y clame al Señor Jesucristo como lo hicieron los discípulos: "Señor: Auméntanos la fe" (Lc. 17:5). Fe es la raíz del carácter del creyente verdadero. Asegúrese de que su raíz es la correcta y pronto abundará su fruto. Su prosperidad espiritual siempre será según su fe. Aquel que cree, no sólo será salvo, sino que nunca tendrá sed, vencerá y será establecido, caminará firmemente sobre las aguas de este mundo y hará grandes obras.

Lector, si usted cree las cosas que contiene este capítulo y anhela ser un hombre santo a conciencia, comience a poner en práctica su fe. Tome a Moisés como su ejemplo. Siga sus pasos. Vaya y haga usted lo mismo.

martes, 21 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(c) Lo tercero que quiero decir es que la verdadera razón por la que tantas personas son tan mundanas e impías es que no tienen fe.

Debemos tener conciencia de que hay multitudes de cristianos profesantes que no pensarían ni por un segundo hacer lo que hizo Moisés. Es inútil tratar de suavizar las cosas e ignorar esta realidad. Debe ser ciego el que no ve a miles de personas a su alrededor que prefieren al mundo antes que a Dios, las cosas temporales antes que las eternas y las cosas del cuerpo antes que las del alma. Puede ser que no nos guste admitir esto y tratamos de ignorarlo. Pero así es.

¿Y por qué son así estos que profesan ser cristianos? Sin duda que nos darán razones  excusas. Algunos hablarán de las trampas del mundo, algunos de la falta de tiempo, algunos de dificultades singulares respecto a su posición, algunos de los cuidados y ansiedades de la vida, algunos del poder de las pasiones y algunos sobre los efectos de las malas compañías. ¿Qué tenemos en resumen? Hay una explicación mucho más breve que explica el estado de sus almas: No creen. Una frase simple, como la vara de Aarón, destruirá todas sus excusas: No tienen fe.

No creen realmente que lo que Dios dice es cierto. Se excusan secretamente con la idea: "De seguro no se cumplirá, de seguro tiene que haber otro camino al cielo además del que hablan los pastores, seguramente no hay tanto peligro de perderse". En suma, no confían implícitamente en las palabras que Dios ha escrito y dicho y, por ello, no actúan en consecuencia.

    No creen completamente...
    - en el infierno, por lo que no huyen de él,
    - ni en el cielo, por lo que no lo buscan,
    - ni en la culpa del pecado, por lo que no se apartan de él,
    - ni en la santidad de Dios por lo que no le temen,
    - ni en su necesidad de Cristo, por lo que no confían en él ni lo aman.

No sienten confianza en Dios, así que no arriesgan nada por él. Igual que Pasión, el joven en El Progreso del Peregrino, tienen que disfrutar de las cosas buenas ahora. No confían en Dios y, por eso, no pueden esperar.

Ahora bien, ¿en qué condición estamos? ¿Creemos toda la Biblia? Hagámonos esta pregunta. Podemos estar seguros de que es algo mucho más importante creer todo lo que dice la Biblia que lo que muchos suponen. Feliz el hombre que se puede poner la mano en el corazón y decir: "Soy creyente".

A veces hablamos de los incrédulos como si fueran una rareza en el mundo. Y admito con alegría que la infidelidad confesa, no es común ahora. Pero hay una gran cantidad de infidelidad práctica a nuestro alrededor que, al final de cuentas, es tan peligrosa como los principios de Voltaire y Paine. Hay muchos que domingo tras domingo recitan el credo y se aseguran de declarar su fe en todo lo que la Sede Apostólica y las formas de Nicea contienen.

Y no obstante, estas mismas personas viven toda la semana como si Cristo nunca hubiera muerto, como si no fuera a haber un juicio, ninguna resurrección de los muertos y ninguna vida eterna. Cuando les hablamos de cosas eternas y el valor de sus almas, hay muchos que dicen: "Oh, eso ya lo sé". Y no obstante, sus vidas muestran claramente que no saben nada de lo que debieran saber, ¡y lo más triste es que creen que sí saben!

Es una verdad espantosa, digna de profunda reflexión, que el conocimiento que no lleva a actuar en consecuencia, es inútil e inservible a los ojos de Dios. Y es mucho peor que eso. Agregará a nuestra condenación y aumentará nuestra culpa en el Día del juicio. Una fe que no influye sobre las acciones del hombre, no merece llamarse fe. Hay sólo dos clases de gentes en la iglesia de Cristo: Los que creen y los que no creen. La diferencia entre el cristiano auténtico y el que meramente profesa serlo, radica en una frase. El cristiano auténtico es como Moisés: "Tiene fe"; el que sólo dice serlo, no la tiene. El cristiano auténtico cree y, por lo tanto, vive como vive; el que meramente profesa serlo, no cree y, por lo tanto es lo que es. Oh, ¿dónde está nuestra fe? No seamos incrédulos, sino creyentes.

lunes, 20 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


(b) Lo segundo que digo es esto, nada, excepto la fe, puede hacer posible que escoja a Dios antes que el mundo.

Ninguna otra cosa puede hacerlo. No lo puede hacer el conocimiento, tampoco alguna emoción, ni el cumplimiento regular de prácticas externas, ni los buenos amigos. Todo esto ayuda algo, pero el fruto que producen no tiene el poder de continuar; no dura. La religión que surge de estas fuentes sólo durará mientras no haya "la tribulación de la persecución debido a la Palabra", pero en cuanto la hay, se seca. Es un reloj sin la cuerda principal, su carátula se ve muy hermosa, uno puede hacer girar sus manecillas con la mano, pero sin la cuerda no funcionará. La religión que perdurará, tendrá que contar con un fundamento vivo y no hay otro sino la fe.

Tiene que haber una creencia profunda de que las promesas de Dios son seguras y que se puede depender de ellas; una creencia real de que todo lo que Dios dice en la Biblia es cierto y que toda doctrina contraria a esto es falsa, no importa lo que alguien diga. Tiene que haber una creencia real de que las palabras de Dios han de ser recibidas, no importa lo difícil y desagradable que sea para la carne y la sangre, y que su camino es el correcto  todos los demás están equivocados. Tiene que haber esto, de lo contrario, nunca dejará el mundo, tomará su cruz, seguirá a Cristo ni será salvo.

Usted debe aprender a confiar en las promesas, más que en los bienes terrenales, en las cosas invisibles más que en las visibles, en las cosas celestiales fuera de la vista, más que en las cosas en la tierra delante de sus ojos; alabar al Dios invisible más que alabar al hombre visible. Entonces, y solo entonces, preferirá escoger a Dios y no al mundo, siguiendo el ejemplo de Moisés.

Ahora pregunto a cada lector, ¿tiene usted fe? Si la tiene, le será posible rechazar algo que parezca bueno y escoger algo que parezca malo. No le dará ninguna importancia a las pérdidas de hoy, con la esperanza de las ganancias de mañana. Seguirá a Cristo en la oscuridad y permanecerá a su lado hasta lo último. Si no tiene fe, le advierto, nunca librará una buena batalla ni "correrá para obtener" su corona. Muy pronto se desanimará y se volverá al mundo.

Sobre todo esto, tiene que haber una fe permanente y real en el Señor Jesucristo. La vida en la carne tiene que vivirse por fe en el Hijo de Dios. Depender de Jesús, confiar en Jesús, valernos de Jesús y usarlo como el maná de nuestra alma constantemente, tiene que ser un hábito establecido. Tiene usted que esforzarse por poder decir: "Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia". "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 1:21; 4:13).

Esta era la fe por la cual los santos de antaño obtuvieron éxito. Esta fue el arma con la cual vencieron al mundo. Esto les hizo ser lo que fueron. Esta fue la fe que hizo que...

                - Noé construyera su arca mientras el mundo se burlaba,
                - Abraham le diera la mejor tierra a Lot y morara pacíficamente en sus tiendas,
                - Rut se aferrara a Noemí y dejara a su pueblo y a sus dioses,
                - Daniel siguiera orando, aunque sabía que el foso de los leones estaba preparado,
                - los tres jóvenes se negaran a adorar a los ídolos, aunque sabían que los esperaba un horno                      ardiente y que
                - Moisés renunciara a Egipto, sin temor a la ira de faraón.

Todos estos actuaron como lo hicieron porque creían. Veían las dificultades y los problemas de este camino. Pero también veían a Jesús por fe venciéndolos a todos y seguían adelante. Bien pudo hablar el apóstol Pedro de la como "igualmente preciosa" (2 P. 1:1).

sábado, 18 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

IV. Lecciones prácticas de Moisés

Ahora, iré terminando, tratando de poner en orden algunas lecciones prácticas que me parecen ser legítimas consecuencias de esta historia de Moisés. ¿Qué tiene todo esto que ver con nosotros? Algunos dirán: No vivimos en Egipto. No hemos visto milagros. No somos israelitas. Estamos cansados del tema.

Espere un poquito, si esto es lo que piensa, y con la ayuda de Dios le demostraré lo que todos podemos aprender y en lo que todos podemos instruirnos. Todo aquel que anhela vivir una vida cristiana y ser realmente santo, aprenda la historia de Moisés y obtenga sabiduría.

(a) Para empezar, si quiere ser salvo, tiene que tomar la decisión que Moisés tomó: Tiene que escoger a Dios antes que al mundo.

Recuerde bien lo que digo. No lo pase por alto, aunque olvide todo lo demás. No digo que el estadista tiene que renunciar a su trabajo ni que el hombre rico tiene que renunciar a sus propiedades. No se le ocurra a nadie que eso es lo que estoy diciendo. En cambio, digo que el que quiere ser salvo, sea cual fuere su posición en la vida, tiene que estar preparado para las tribulaciones. Tiene que decidirse a escoger lo que parece malo y dejar y rechazar mucho de lo que puede parecer bueno.

Me atrevo a decir que esto les parecerá raro a algunos que lean estas páginas. Comprendo muy bien que uno puede tener cierta forma de religión, que no le causará ningún problema. Hay un tipo de cristianismo común que muchos pueden tener en la actualidad, pensando que están bien, un cristianismo barato que no ofende a nadie y no vale nada. No estoy hablando de una religión de este tipo.

Si realmente se toma usted en serio su alma y si su fe es algo más que un traje o vestido a la moda que se pone los domingos, si está decidido a vivir de acuerdo con la Biblia, si está resuelto a ser un cristiano según el Nuevo Testamento, entonces, repito, pronto descubrirá que tiene que llevar una cruz. Tiene que soportar cosas difíciles, tiene que sufrir por el bien de su alma como lo hizo Moisés o, de otro modo, no puede ser salvo.

En este siglo, el mundo es lo que siempre ha sido. Los corazones de los hombres siguen siendo iguales. Las ofensas a la cruz no han cesado. El verdadero pueblo de Dios todavía es una manada pequeña despreciada. La auténtica fe evangélica todavía incluye reproches y menosprecios. Un verdadero siervo de Dios seguirá siendo considerado por muchos un simple débil y necio exaltado.

Pero el asunto es este: ¿Anhela usted la salvación de su alma? Entonces recuerde: Tiene que elegir a quién servir. No puede servir a Dios y al dinero. No puede estar en los dos bandos a la vez. No puede ser amigo de Cristo y amigo del mundo al mismo tiempo. Tiene que apartarse de los hijos de este mundo y permanecer aparte. Tiene que aguantar muchas mofas, problemas y oposiciones, de otra manera, estará perdido para siempre. Tiene que estar dispuesto a hacer cosas que el mundo considera tontas y tener opiniones que sólo pocos tienen. Le costará algo, la corriente es fuerte, y usted tiene que vencerla. El camino es angosto y empinado; es inútil decir que no lo es. Pero téngalo por seguro: No puede haber una religión salvadora sin sacrificio y la negación de uno mismo.

Ahora bien, ¿está usted haciendo algún sacrificio? Su fe, ¿le cuesta algo? Apelo a su conciencia con afecto y ternura. ¿Está usted, como Moisés, prefiriendo a Dios antes que al mundo o no? Le ruego que no se esconda bajo el peligroso pronombre "nosotros": "nosotros deberíamos", "nosotros esperamos que", "lo que nosotros queremos decir" y frases similares. Le pregunto directamente: ¿Qué está haciendo usted mismo? ¿Está dispuesto a renunciar, sea lo que sea que lo mantiene alejado de Dios? ¿O se está aferrando al Egipto del mundo y diciendo: "Tengo que tenerlo, tengo que tenerlo. No puedo dejarlo"? ¿Hay alguna cruz en su cristianismo? ¿Hay algunas puntas filosas en su fe, algo discordante y chocante con la mentalidad terrenal a su alrededor? ¿O está cómodamente adaptado a las costumbres y la moda? ¿Sabe algo de las aflicciones del evangelio? ¿Son alguna vez, su fe y práctica, objeto de burlas y menosprecios? ¿Alguien lo cree loco en razón de su alma? ¿Ha renunciado a la hija de faraón, sumándose de todo corazón al pueblo de Dios? ¿Le está confiando todo a Cristo? Busque y vea.

Estos son interrogantes difíciles y preguntas delicadas. No puedo impedirlo. Creo que están fundadas en las verdades de las Escrituras. Recuerdo que está escrito: "Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo" (Lc. 14:25-27). Me temo que muchos quisieran la gloria, pero no la gracia. Les gustaría recibir el sueldo, pero no tener que trabajar, la cosecha, pero no el esfuerzo de tener que cosechar, la mies, pero no tener que sembrar, la recompensa, pero no la batalla. Pero esto no puede ser. Como dice Bunyan: "Tiene que haber lo amargo antes de lo dulce". Si no hay cruz no habrá corona.

jueves, 16 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


La fe le decía a Moisés que, al final de cuentas, estos placeres eran sólo "por un tiempo". No podían durar, todos eran breves, pronto lo cansarían y tendría que dejarlos con el correr del tiempo.

La fe le decía a Moisés que en el cielo había una recompensa para el creyente mucho más rica que los tesoros de Egipto, riquezas duraderas, donde el moho no corrompe, ni ladrones entran y hurtan. Allí, la corona sería incorruptible; el peso de gloria sería enorme y eterno; y la fe le pedía que mirara a lo lejos, a un cielo invisible si sus ojos estaban deslumbrados por el oro egipcio.

La fe le decía a Moisés que la aflicción y el sufrimiento no eran realmente malos. Eran la escuela de Dios, en la que capacita a los hijos de su gracia para la gloria; los remedios necesarios para purificar nuestra voluntad corrupta, le horno en el cual quemar nuestra escoria, el bisturí que tiene que cortar los lazos que nos unen al mundo.

La fe le decía a Moisés que los israelitas despreciados eran el pueblo escogido por Dios. Creía que la adopción, el pacto, las promesas y la gloria les pertenecían; que de ellos, un día la semilla de la mujer germinaría y heriría la cabeza de la serpiente; que disfrutaban de la bendición especial de Dios, que eran hermosos y bellos a sus ojos, y que era mejor ser el portero del pueblo de Dios que reinar en palacios de maldad.

La fe le decía a Moisés que todos los reproches y las burlas dirigidos a él eran "reproches a Cristo", que era un honor recibir burlas y desprecios en nombre de Cristo, que quien quiera que persigue al pueblo de Cristo persigue a Cristo mismo, y que llegará el día cuando sus enemigos se inclinen ante él y laman el polvo.

Todo esto y mucho más, que me es imposible mencionar en detalle, vio Moisés por fe. Estas eran las cosas que creía y, creyendo, hizo lo que hizo. Estaba convencido de ellas y las hizo suyas...

- las consideró como certidumbres,
- las tuvo como verdades sustanciales,
- las contó tan seguras como si las viera con sus propios ojos,
- actuó en consecuencia porque eran realidades, y esto lo convirtió en el hombre que era. Tenía fe. Creía.

 No nos sorprendamos por qué rechazó grandezas, riquezas y placeres. Él miraba hacia el futuro. Veía con los ojos de la fe a reinos desmoronarse en el polvo, las riquezas tomando alas y remontando el vuelo, los placeres llevando a la muerte y a Cristo, únicamente, y a su pequeña manada subsistiendo para siempre.

No nos asombremos de que escogió las aflicciones, a un pueblo despreciado y los reproches. Veía las cosas debajo de la superficie. Veía con los ojos de la fe que las aflicciones duraban sólo por un momento, los reproches deambulaban hasta desaparecer y terminando en una honra eterna, veía al pueblo despreciado de Dios reinando como reyes con Cristo en gloria.

¿Y acaso no tenía razón? ¿No nos habla a nosotros, aunque muerto, hasta el día de hoy? El nombre de la hija de faraón se ha olvidado o, por lo menos, es extremadamente dudoso cómo se llamaría. La ciudad donde reinaba faraón es desconocida. Las riquezas de Egipto han desaparecido. Pero el nombre de Moisés se conoce dondequiera que se lee la Biblia y permanece en pie como testimonio de que "feliz es aquel que vive por la fe".

miércoles, 15 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

III. El principio que motivó a Moisés

Ahora pasemos al tercer tema: Quiero referirme al principio que motivó a Moisés, que lo impulsó a hacer lo que hizo.

¿Cómo se puede explicar esta conducta? ¿Qué razón posible se puede dar? Rechazar aquello que generalmente se considera bueno, escoger lo que comúnmente se juzga malo no es normal para la carne y la sangre. Esto no es cosa de hombre; esto requiere alguna explicación. ¿Cuál será la explicación?

Tenemos la respuesta en el texto. No sé si lo más admirable es su grandeza o su sencillez. Todo radica en una palabrita y esa palabrita es "Fe".

Moisés tenía fe. La fe fue el origen de su conducta increíble. La fe lo llevó a hacer lo que hizo, escoger lo que escogió y rechazar lo que rechazó. Todo lo hizo porque creyó.

Dios le puso en la mente su propia voluntad y propósito. Dios le reveló que un Salvador nacería de los hijos de Israel, que había promesas aún por cumplirse entre los descendientes de Abraham, que el tiempo del cumplimiento de parte de estas promesas había llegado. Moisés confió en esto y creyó. Y podemos trazar cada paso en su maravillosa carrera, cada acción en su peregrinaje por la vida después de dejar la corte de faraón (su decisión de parecer malo, su rechazo de parecer bueno) a esta fuente; veremos que todo descansa sobre este fundamento. Dios le había hablado y él tenía fe en la palabra de Dios.

Creyó que Dios cumpliría sus promesas, que lo que dijo que iba a hacer, indudablemente lo haría y lo que pactó realizar, indudablemente lo cumpliría.

Creyó que con Dios nada es imposible. La razón y el sentido común dirían que la liberación de Israel eran una imposibilidad, que los obstáculos eran demasiados y las dificultades muy grandes. Pero la fe le decía a Moisés que Dios era suficiente para todo. Dios había emprendido la obra y esta se realizaría.

Creyó que Dios era omnisciente. La razón y el sentido común le podían decir que su curso de acción era absurdo; que estaba desechando influencias provechosas y destruyendo toda posibilidad de beneficiar a su pueblo al romper con la hija de faraón. Pero la fe le decía a Moisés que si Dios decía: "Ven por este camino", seguramente era el mejor.

Creyó que Dios era todo misericordia. La razón y el sentido común podían sugerir que sería posible encontrar una manera más agradable de liberar al pueblo, que habría que ceder en algunas cosas y que se podrían evitar muchas dificultades. Pero la fe le decía a Moisés que Dios es amor y que no le daría ni una gota más de amargura de la que fuera absolutamente necesaria.

La fe era un telescopio para Moisés. Le hacía ver la buena tierra a gran distancia: Descanso, paz y victoria. La razón miope sólo podía ver pruebas y desiertos, tormentas y tempestades, cansancio y dolor.

La fe era un intérprete para Moisés. Le hacía encontrar un significado reconfortante en los aparentemente oscuros mandatos escritos por Dios; mientras que el sentido común en su ignorancia, no podía ver más que misterio y necedad.

La fe le decía a Moisés que todas estas jerarquías y grandezas eran de la tierra, de este mundo, pobres, vanas, vacías, frágiles, fugaces y temporales; y que no había verdadera grandeza como la de servir a Dios. Él era el Rey, Moisés era el noble que pertenecía a la familia de Dios. Era mejor ser el último en el cielo que el primero en el infierno.

La fe le decía a Moisés que los placeres terrenales eran "placeres del pecado". Estaban entremezclados con el pecado, contenían pecado, eran una ruina para el alma y desagradables a Dios. Sería de poco consuelo gozar de un placer, mientras Dios estaba en su contra. Era mejor sufrir y obedecer a Dios, que sentirse bien y pecar.

martes, 14 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)



(3) Pero hizo más que esto, escogió el oprobio y las burlas.

¡Quién puede concebir el torrente de burlas que habrá tenido que aguantar Moisés al separarse de la corte de faraón para unirse a Israel! ¡Los hombres le habrán dicho que estaba loco, tonto, débil, necio y que había perdido la razón! Perdería su influencia, renunciaría al favor y la buena opinión de aquellos entre quienes había vivido. Pero nada de esto le hizo cambiar de idea. ¡Abandonó la corte y se unió a los esclavos!

¡Qué elección fue esta! Reflexionemos nuevamente en ella.

Hay pocas cosas peores que la burla y el que lo ridiculicen a uno. Puede hacer esto mucho más que crear enemistad y persecución abierta. Muchos que no tendrían reparos en colocarse ante la boca de un cañón, de aferrarse a una vana esperanza o tomar por asalto una brecha, han descubierto que les era imposible enfrentar las burlas de unos pocos compañeros y se han estremecido ante la posibilidad de evitarlo. ¡Ser motivo de risa! ¡Hacer el ridículo! ¡Ser víctima de burlas y desprecios! ¡Ser considerado débil y estúpido! ¡Ser juzgado un imbécil! ¡No hay nada agradable en todo esto y muchos, desafortunadamente, no pueden enfrentar la perspectiva de sufrirlo!

Pero aquí tenemos a un hombre que tomó su decisión y no se acobardó por las pruebas. Moisés vio los reproches y las burlas que le esperaban, pero los escogió y aceptó como su porción.

Esto fue lo que Moisés escogió: Aflicción, la compañía de un pueblo despreciado y burlas.

Agreguemos a todo esto que Moisés no era un hombre débil e ignorante que no sabía lo que estaba haciendo. La Biblia destaca que era "poderoso en sus palabras y obras" (Hch. 7:22).

Reflexionemos también en las circunstancias de su decisión. No se vio obligado a escoger lo que escogió. Nadie le impuso que tomara este camino. Las cosas que hizo no las hizo por tener que hacerlas por la fuerza o contra su voluntad. Fue decisión de él, no una imposición. Todo lo que hizo, lo hizo por su propia voluntad y porque él quiso.

Y luego, juzguemos si es cierto que lo que escogió fue tan maravilloso como lo que rechazó. Es posible que desde la fundación del mundo, nadie hubiera tomado una decisión como la que nuestro texto destaca que tomó Moisés.

sábado, 11 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(2) Pero hizo más que esto, escogió la compañía de un pueblo despreciado.

Dejó la sociedad de los grandes y sabios, entre los cuales había sido criado, y se sumó a los hijos de Israel. Había vivido desde su infancia entre jerarquías, riquezas y lujos, pero decidió echar su suerte con los obreros pobres en los hornos de ladrillo: Esclavos, siervos, ilotas2, marginados, oprimidos, destituidos, afligidos y atormentados.

Una vez más: ¡Qué maravillosa fue esta elección!

Hablando en términos generales, nos parece que ya es bastante tener que tolerar nuestras propias aflicciones. Podemos sentir tristeza por aquellos cuya suerte es lastimosa. Quizá hasta podemos tratar de ayudarlos. Podemos donar dinero para mejorar su condición. Podemos hablar con aquellos de quienes dependen; pero solamente llegamos hasta allí.

Pero aquí tenemos a un hombre que hace mucho más. No sólo siente tristeza por los israelitas despreciados, sino que realmente se rebaja a acercarse a ellos, se convierte en parte de la sociedad de ellos y vive entre ellos. Nos preguntamos si algún encumbrado renunciaría a su casa, su fortuna y su posición social para irse a vivir entre los humildes con el solo fin de hacer el bien. No obstante, esto da una idea muy ligera y muy débil del tipo de acción que tomó Moisés. Vio a un pueblo despreciado y escogió la compañía de ellos, prefiriéndola a la de los más nobles del reino. Llegó a ser uno de ellos, su hermano, su compañero en las tribulaciones, su aliado, su camarada y su amigo.

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2 Ilotas - Esclavos de los lacedemonios espartanos de la antigüedad, originarios de la ciudad de Helos. Se dice de los desposeídos de los privilegios y derechos de ciudadanos.

viernes, 10 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

II. Lo que Moisés escogió

Y ahora paso al segundo tema que quiero considerar. Quiero hablar de lo que Moisés escogió.

Pienso que lo que escogió es tan maravilloso como lo que rechazó. Escogió estas tres cosas para el bien de su alma. El camino de la salvación las incluía, y él lo siguió, y al hacerlo escogió lo que nadie estaría dispuesto a elegir.

(1) Para empezar, escogió sufrimiento y aflicción.

Dejó la vida tranquila y cómoda de la corte de faraón y se identificó abiertamente con el pueblo de Israel. Era un pueblo esclavizado y perseguido, objeto de desconfianza, sospechas y odio; y cualquiera que se hermanaba con él, de seguro probaba algo de la copa amarga que bebía el pueblo diariamente.

Por lógica, no parecía haber ninguna posibilidad de ser liberados de la esclavitud egipcia sin una larga lucha con dudosos resultados. Tener un hogar y un país en que pudieran asentarse y ser libres, les debe haber parecido algo que nunca podrían obtener, por más que lo anhelaran. De hecho, si alguna vez alguien ha escogido dolor, pruebas, pobreza, carencias, aflicciones, ansiedad y, quizá aún, la muerte, con los ojos abiertos, ese fue Moisés.

Reflexionemos en lo maravillosa que fue esta elección.

La carne y la sangre, por naturaleza, evitan el dolor. Es algo que todos tenemos en común. Ante un peligro damos un paso atrás instintivamente para no sufrir y evitarlo si podemos. Si se nos presentan dos cursos de acción y los dos parecen correctos, por lo general, optamos por el que es menos desagradable para la carne y la sangre. Pasamos nuestros días con temor y ansiedad cuando pensamos que se nos está acercando alguna aflicción y nos valemos de todos los medios para tratar de evitarla. Y si llega, a menudo nos inquietamos y quejamos, y nos parece una gran hazaña si logramos tolerarla con paciencia.

¡Pero fíjese aquí! ¡Aquí tenemos un hombre con pasiones como las nuestras que, a sabiendas, escoge la aflicción! Moisés vio de antemano la copa de sufrimiento que tendría por delante si dejaba la corte de faraón y escogió esa copa, la prefirió y la tomó.

jueves, 9 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

c) Y más que esto, rechazó las riquezas.

"Los tesoros de Egipto" es una expresión que parece indicar la riqueza sin límites que pudo haber disfrutado Moisés si se hubiera conformado con quedarse a la sombra de la hija del faraón. Bien podemos suponer que estos "tesoros" podían haber sido una fortuna inmensa. En Egipto queda suficiente evidencia como para darnos una pequeña idea del dinero a disposición de su monarca. Las pirámides, los obeliscos, templos y estatuas todavía permanecen como testigos. Las ruinas de Carnac, Luxor, Dendera y muchos otros lugares todavía son los edificios más grandiosos del mundo. Testifican hasta el día de hoy que el hombre que renunció a la fortuna egipcia, renunció a un valor que, aun a las mentes modernas, les resultaría difícil calcular.

Pensemos una vez más en lo grande que era esta tentación.

Consideremos por un momento el poder del dinero: La influencia inmensa que "el amor al dinero" tiene sobre la mente de los hombres. Miremos a nuestro alrededor y observemos cómo los hombres lo codician y los asombrosos sacrificios y dificultades que están dispuestos a enfrentar por conseguirlos.

Díganles de una isla a muchas millas de distancia, donde quizá se pueda encontrar un producto que daría ganancias si se importara y, sin dilación, enviarían una flota de barcos para traerlo. Muéstreles cómo ganar un centavo más de interés en su dinero y lo contarán entre los hombres más sabios. Casi se pondrán de rodillas para adorarlo. Poseer dinero parece esconder los defectos, cubrir las faltas y adjudicar al hombre muchas virtudes. La gente puede cerrar los ojos ante muchas de sus fallas, ¡siempre que usted sea rico! Pero aquí tenemos a un hombre que hubiera podido ser inmensamente rico, pero no quiso serlo. No quiso los tesoros egipcios. Les dio la espalda. Los rechazó. ¡Renunció a ellos!

Esas fueron las cosas que Moisés rechazó: Jerarquía, placeres y riquezas, las tres de una sola vez.

Agreguemos a todo esto que lo hizo deliberadamente. No rechazó estas cosas impulsivamente como si fuera un jovencito. Tenía cuarenta años. Estaba en el apogeo de su vida. Sabía lo que estaba haciendo. Era un hombre que había recibido una educación superior. La Biblia dice: "Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras" (Hch. 7:22). Podía analizar deliberadamente ambos lados de la cuestión.

Agreguemos a esto que no las rechazó porque se viera obligado a ello. No era como el hombre moribundo que dice "que ya no le atrae nada en este mundo"; ¿y por qué? Porque se está yendo del mundo y no puede retener sus riquezas. No era como el mendigo que adjudica mérito al hecho de no tener nada y dice que "no quiere riquezas"; ¿y por qué? Porque no las puede conseguir. No era como el anciano que alardea de que "ha renunciado a todos los placeres terrenales"; ¿y por qué? Porque está agotado y no los puede disfrutar. ¡No! Moisés rechazó lo que habría podido disfrutar. Jerarquía, placeres y riquezas. No lo dejaron a él, sino que él a ellos.

Y entonces, juzgue si tengo razón o no en decir que él era el que más había sacrificado entre los mortales. Otros han rechazado mucho, pero ninguno, creo, tanto como Moisés. Otros sí se han sacrificado y negado a sí mismos, pero él los sobrepasa a todos.

lunes, 6 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


(b) Y más que esto, rechazó los placeres.

Sin duda que tenía a sus pies todo tipo de placeres, si los hubiera querido (placeres sensuales, placeres intelectuales, placeres sociales). Egipto era un país de artistas, una residencia de hombres eruditos, un lugar para todo el que tenía alguna habilidad o conocimiento científico de cualquier clase. No había nada que pudiera alimentar "los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida" que alguien, en el lugar de Moisés, no hubiera podido hacer suyos (1 Jn. 2:16).

Pensemos también en lo grande que era esta tentación.

Recordemos que los placeres para los que viven millones de personas difieren, quizá, en su concepto de lo que constituye el verdadero placer, pero todos coinciden en tratar de obtenerlo por sobre todas las cosas. El placer y la diversión de los días festivos es lo más grande que anticipa el niño que va a la escuela. El placer y la satisfacción de independizarse es la meta en que fija su mente el joven. El placer y el descanso al jubilarse con una fortuna es el blanco al que apunta el hombre de negocios. El placer y confort corporal en su propio hogar es la suma de los deseos del hombre pobre. El placer y las constantes emociones en la política, en las diversiones, en las compañías, en los libros, constituyen la meta por la cual se desvela el hombre rico. El placer es como una sombra que busca atrapar a todos por igual, tanto encumbrados como relegados, ricos y pobres, ancianos y jóvenes, unos como otros, cada uno, quizá, pretendiendo despreciar a su prójimo en aras de cazar esa sombra. Cada uno preguntándose cómo obtener el placer para él mismo, cada uno preguntándose secretamente por qué no lo encuentra, pero cada uno, firmemente convencido de que en alguna parte lo encontrará. Esta era la copa que Moisés tenía ante sus labios. Podía haber bebido de los placeres terrenales todo lo que hubiera querido, pero no quiso saber nada de ellos. Les dio la espalda. Los rechazó. ¡Renunció a ellos!

sábado, 4 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

I. Cosas a las que renunció Moisés

Primero, entonces, hablaré de a lo que Moisés renunció y lo que rechazó.

Moisés dejó atrás tres cosas por el bien de su alma. Sentía que su alma no sería salva si no las dejaba, así que renunció a ellas. Y al hacerlo, afirmo que hizo tres de los sacrificios más grandes que el corazón del hombre puede hacer. Veamos.

(a) Renunció a su jerarquía y grandeza.

"Rehusó llamarse hijo de la hija de faraón". Todos conocemos su historia. La hija de faraón había preservado su vida cuando él era un infante. E hizo más: Lo adoptó y educó como si hubiera sido su propio hijo.

Según los historiadores, ella era la única hija de faraón. ¡Algunos van más allá y dicen que por lógica, Moisés algún día sería Rey de Egipto1! Esto puede o no, ser cierto; no podemos saberlo. Baste decir que, por su relación con la hija de faraón, Moisés pudiera haber sido, si hubiera querido, un gran hombre según los parámetros humanos. Si se hubiera contentado con la posición en que se encontraba en la corte egipcia, fácilmente hubiera estado entre los principales (o ser el principal) en la tierra de Egipto.

Pensemos por un momento en lo grande que era esta tentación.

Era un hombre con pasiones similares a las nuestras. Pudiera haber tenido toda la grandeza que el mundo puede ofrecer. Tenía por delante y a su alcance: jerarquía, poder, posición, honor, títulos y categoría. Estas son cosas por las que muchas personas están luchando continuamente. Estos son los premios por los que el mundo corre sin cesar para obtener. Ser alguien, ser admirado, subir de posición en la sociedad, tener un título antes de su nombre, son cosas por las cuales muchos sacrifican su tiempo, sus pensamientos, su salud y su vida misma. Pero Moisés no los aceptó como regalos. Les dio la espalda. Los rechazó. ¡Renunció a ellos!

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 1En los países orientales se aprovecha la libertad de adoptar hijos que no son de la misma sangre y otorgarles los privilegios de los hijos que sí tienen consanguinidad. Esta libertad se practica extensamente.

viernes, 3 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

8. Moisés: Un ejemplo

"Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón". 
Hebreos 11:24-26

El carácter de la mayoría de los santos insignes de Dios, según consigna y describe la Biblia, constituyen una parte muy provechosa de las Sagradas Escrituras. Las doctrinas, los principios y preceptos abstractos, son todos muy valiosos a su manera; pero, al final de cuentas, nada es más útil que un modelo o un ejemplo. ¿Queremos saber qué es santidad práctica? Tomemos asiento y estudiemos la figura de un personaje enteramente santo. Me propongo presentar en este capítulo la historia de un hombre que vivió por fe, dejándonos un modelo de lo que puede hacer la fe para promover la santidad del carácter. A todos los que quieren saber lo que significa "vivir por fe", les ofrezco a Moisés como ejemplo.

El capítulo once de la Epístola a los Hebreos de donde tomé mi texto, es un gran capítulo: Merece ser impreso en letras de oro. Me es fácil creer que tiene que haber sido alentador y reconfortante para los judíos convertidos. Me imagino que ningún miembro de la iglesia primitiva habrá tenido tanta dificultad en la profesión del cristianismo como los hebreos. El camino era angosto para todos, pero principalmente para ellos. La cruz era pesada para todos, pero seguramente ellos tenían que llevar un peso doble. Y este capítulo tiene que haberlos reanimado como una bebida refrescante; como "sidra al desfallecido". Sus palabras deben haber sido "panal de miel,... suavidad al alma y medicina para los huesos" (Pr. 31:6; 16:24).

Los tres versículos que me dispongo a explicar distan de ser los menos interesantes del capítulo. En realidad, pienso que ninguno, si acaso alguno, reclama con tanta fuerza nuestra atención. Y explicaré por qué lo digo.

Me parece a mí que la obra de la fe descrita en la historia de Moisés se aplica de un modo especial a nuestro propio caso. Los hombres de Dios mencionados en la parte anterior del capítulo son todos, ejemplos indudables. No podemos hacer literalmente lo que la mayoría de ellos hacía, pero podemos beber de su espíritu. No somos llamados a ofrecer literalmente un sacrificio como Abel, ni construir literalmente un arca como Noé, ni literalmente dejar nuestro país y vivir en carpas, ni ofrecer literalmente en sacrificio a nuestro Isaac como Abraham. Pero la fe de Moisés se aplica más a nosotros. Parece operar de una manera que es más parecida a nuestra experiencia. Le hizo tomar una línea de conducta como tenemos que hacerlo a veces nosotros en la actualidad, cada uno en nuestro propio peregrinar, si queremos ser cristianos congruentes. Y por esta razón, creo que estos tres versículos merecen una consideración especial.

Ahora bien, no tengo más que las cosas más sencillas para decir acerca de ellos. Sólo trataré de mostrar la grandeza de lo que hizo Moisés y el principio en el cual las basó. Y entonces, quizás, estemos mejor preparados para recibir la enseñanza práctica que estos versículos parecen contener para todo aquel que quiera recibirla.

jueves, 2 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 
(26) "No se desanime si no le parece que el Padre lo entregó a usted al Hijo. Puede ser que usted no lo note. Muchos que le son dados no se dan cuenta durante mucho tiempo. Sí, no veo ningún peligro en decir que muchos de los dados al Hijo quizá estén en oscuridad, que tengan dudas y temores en cuanto a esto, hasta que el último y más brillante día lo declare y hasta que haya sido dictada la última sentencia. Por lo tanto, si alguno de ustedes no sabe de su propia elección, no se desanime: Puede haber sido elegido, aunque no lo sepa". -Sermons on the Lord's Prayer (Sermones sobre el Padrenuestro), por Robert Traill, ministro del evangelio en Londres y a veces en Cranbrook, Kent, 1690.

(27) "La seguridad no es esencial para la salvación. Es una fe fuerte, pero leemos igualmente de una fe débil, de poca fe... como un grano de mostaza. La verdadera fe salvadora en Cristo se distingue únicamente por sus diferentes grados, pero en cada etapa y en cada persona es universalmente de la misma clase". -Sermones, por el Rev. John Newton, en un tiempo párroco de Olney y Rector de St. Mary, Woolnorth, Londres, 1767.

(28) "No hay razón alguna para que los creyentes débiles lleguen a una conclusión negativa sobre sí mismos. La fe débil une a Cristo tan fehacientemente como una fe fuerte, así como el brote más pequeño de la vid toma savia y vida de la raíz, igual como lo hace la rama más fuerte. Por lo tanto, los creyentes débiles tienen abundantes razones para estar agradecidos y, mientras siguen adelante creciendo en la gracia, no tienen que ignorar lo que ya han recibido". -Una carta del Rev. Henry Venn, 1784.

(29) "La fe necesaria y suficiente para nuestra salvación no es seguridad. Su tendencia es, sin duda, producir una expectativa entusiasta del favor divino que avanzará hacia una confianza total. Pero la confianza en sí misma no es la fe de la que estamos hablando, ni se incluye necesariamente en ella. No, es algo totalmente distinto. La seguridad, por lo general, va acompañada de una gran medida de fe. Pero hay personas sinceras que tienen poca fe o en quienes el ejercicio de esa gracia puede estar muy obstruido. Cuando prevalecen tales defectos y obstáculos, es de esperar que surjan muchos temores y aflicciones". -The Christian System (El sistema cristiano), por el Rev. Thomas Robinson, párroco de St. Mary, Leicester, 1795.

(30) "La salvación y el gozo de la salvación, no siempre son simultáneos. Este último no siempre acompaña al primero en su experiencia presente. Un enfermo puede estar en proceso de recuperación, pero aun así tener dudas en cuanto a su salud. El dolor y la debilidad pueden causar que vacile. Un niño puede ser heredero de su propiedad o reino y, no obstante, no derivar ningún gozo ante la perspectiva de su futura herencia. Puede ser incapaz de trazar su genealogía o leer sus títulos de propiedad y el testamento de su padre o, teniendo capacidad para leerlos, puede ser que no comprenda su significado y, quizá, su guardián o albacea considere mejor mantenerlo en la ignorancia por un tiempo. Pero su ignorancia no afecta la validez del título de sus propiedades. Sentir la seguridad personal de ser salvo no se relaciona necesariamente con la fe. No son esencialmente lo mismo. Todo creyente de hecho puede inferir, por el efecto producido en su propio corazón, su propia seguridad y sus privilegios; pero muchos que realmente creen, desconocen la palabra de justicia y no podrían llegar, valiéndose de premisas bíblicas, a la conclusión de que estarían justificados". -Lectures on the 51st Psalm (Discursos sobre el Salmo 51), por el Rev. Thomas Biddulph, ministro de St. James, Bristol, 1830.

miércoles, 1 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(21) "Hay aquellos que dudan y, por dudar, multiplican su desconfianza, llegando a la conclusión de que no tienen fe porque encuentran tantas y tan frecuentes dudas dentro de sí mismos. Pero esto es un gran error. Puede haber algunas dudas, aun donde hay mucha fe; y puede haber poca fe donde hay muchas dudas. Nuestro Salvador requiere y se deleita con los que tienen una fe fuerte y firme en él, pero no rechaza a los menos y más débiles". -Lectures on the first nine chapters of St. Matthew (Discursos sobre los primeros nueve capítulos del Evangelio de Mateo), por el arzobispo Leighton, 1670.

(22) "En el pasado, muchos hombres de gran renombre y eminencia han colocado a la fe verdadera en un grado no menor que la seguridad o la confianza segura del perdón de los pecados, la aceptación de sus personas y su salvación futura. Pero esto es muy triste e intranquilizador para muchas almas vacilantes y solitarias, que llegan a la conclusión de que los que no sienten seguridad, no son objeto de la gracia, lo cual les ha dado a los papistas una gran ventaja. Fe no es seguridad. Pero esta última, a veces, corona y recompensa a una fe fuerte, vigorosa y heroica por el Espíritu de Dios irrumpiendo en el alma con una luz como evidencia y arrasando con toda esa oscuridad, esas dudas y esos temores que antes la abrumaba". -Obispo Hopkins escribiendo sobre los Pactos, 1680.

(23) "Falta de seguridad no es incredulidad. Los espíritus desalentados pueden ser creyentes. Hay una diferencia manifiesta entre la fe en Cristo y la consolación de esa fe, entre creer para vida eterna y saber que tenemos vida eterna. Hay una diferencia entre el hecho de que un niño tenga derecho a una propiedad y su conocimiento total del título que lo acredita con tal derecho. El carácter de la fe puede estar escrito en el corazón, como letras grabadas en un sello, pero lleno de tanto polvo que estas no se pueden distinguir. El polvo impide la lectura de las letras pero no las borra". -Discourses (Discursos) por Stephen Charnok, de Emmanuel College, Cambridge, 1680.

(24) "Algunos roban su propia tranquilidad, colocando a la fe salvadora en la seguridad total. Fe y seguridad de fe, son dos privilegios diferentes y separados. Usted realmente puede haber recibido a Cristo sin el conocimiento ni la seguridad de haberlo recibido. Algunos dicen: «Tú eres mi Dios», cuando Dios nunca les ha dicho: «Tú eres mi pueblo». Estos no tienen derecho a ser llamados hijos de Dios; hay otros, de quienes Dios dice: «Este es mi pueblo», pero ellos no se atreven a llamarlo «su Dios»; estos tienen derecho de ser llamados de Dios, pero no lo saben. Han recibido a Cristo, esa es, de hecho su seguridad, pero no han recibido el conocimiento y seguridad de ello, ese es su problema... El padre reconoce a su hijo en la cuna, pero el bebé todavía no sabe que es su padre". -Method of Grace (El método de la gracia), por John Flavel, Ministro del evangelio en Dartmouth, Devon, 1680.

(25) "El que confiesa una fe débil tiene mucha paz con Dios, por medio de Cristo, pero no tanta paz como aquel que tiene mucha fe. La fe débil ciertamente llevará al cristiano al cielo, tanto como la fe fuerte, porque es imposible que la medida más pequeña de verdadera gracia perezca, siendo toda semilla incorruptible; pero no es probable que el cristiano débil que duda, tenga un viaje placentero como otro que tiene mucha fe. Aunque todos en la embarcación llegan a puerto seguro, el que sufrió mareos todo el trayecto no habrá tenido un viaje tan agradable como el que es fuerte y saludable". -The Complete Christian Armour (La armadura completa del cristiano), por William Gurnall, en algún momento rector de Lavenbam, Suffolk, 1680.

martes, 31 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(16) "Algunos sienten temor de que no tienen fe en absoluto, porque no tienen el más alto grado de fe, que es la plena seguridad, o porque quieren la comodidad que otros han alcanzado, incluso gozo inefable y glorioso. Pero para quitar esta piedra del camino, hay que recordar que hay varios grados de fe. Es posible que usted tenga fe, aunque no en el más alto grado, ni con gozo en el Espíritu. Es más bien un punto acerca de la fe que la fe misma. De hecho, es más bien una vida basada en los sentidos que una vida por fe; como cuando alguien toma licor constantemente. Se requiere una fe más fuerte para vivir sin el consuelo de Dios, que cuando Dios brilla en nuestro espíritu con abundante alegría". -Matthew Lawrence, Predicador en Ipswich, hablando de la fe, 1657.

(17) "Si alguien por allí ha pensado que la esencia de la fe es una convicción especial y plena del perdón de nuestros pecados, que ese alguien responda por lo que cree. Nuestros teólogos en este país, por lo general, tienen otra opinión. El Obispo Devemant, el Obispo Prideaug y otros, han demostrado la enorme diferencia entre creencia y seguridad, y todos consideran a la seguridad, hija o fruto y consecuencia de la fe. Y el que fuera el erudito Arrowsmith, nos dice que, rara vez, Dios otorga seguridad a los creyentes hasta que hayan crecido en la gracia porque, dice él, que hay la misma diferencia entre la fe de posición y la de garantía, al igual que entre la razón y el aprendizaje. La razón es la base del aprendizaje; así que, como no puede haber aprendizaje si falta la razón (como en el caso de las bestias), de igual manera, no puede haber ninguna garantía si no hay fe de adhesión.

Entonces, como el razonamiento bien utilizado en el estudio de las artes y las ciencias produce aprendizaje, de igual manera, la fe bien utilizada en su objeto correcto y por sus frutos correctos produce seguridad. Además, así como por negligencia, inasistencia o alguna enfermedad, se puede perder lo aprendido, el razonamiento permanece; por la tentación o negligencia espiritual es posible perder la seguridad, mientras que la fe salvadora permanece. Por último, como todos los hombres tienen raciocinio, pero no todos son letrados, así también todas las personas regeneradas tienen fe para cumplir con el método evangélico de la salvación, pero no todos los creyentes verdaderos tienen seguridad". -Sermón por A. Fairclough, Adjunto de Immanuel College, Cambridge, en los Morning Exercises (Matinales), predicado en Southwark, 1660.

(18) "Tenemos que hacer una distinción entre la debilidad y la nulidad en la fe. Una fe débil es auténtica. La caña cascada es débil, pero no por eso Cristo la quebrará. Aunque su fe sea débil, no se desanime. Una fe débil puede recibir a un cristo fuerte, una mano débil puede atar fuertemente los lazos del matrimonio al igual que una fuerte, un ojo débil puede divisar una serpiente peligrosa. La promesa no fue hecha a la fe fuerte, sino a la fe auténtica. La promesa no dice: «Todo aquel que tenga una fe gigantesca que puede mover montañas, que puede cerrar la boca de los leones, será salvo», sino: «Todo aquel que cree, será salvo» aunque su fe sea poca. El agua del Espíritu puede ser derramada sobre usted en santificación, aunque no el óleo del gozo en la seguridad. Puede haber fe de adherencia, pero no evidencia; puede haber vida en la raíz donde no hay fruto en las ramas, y fe en el corazón donde no hay fruto de seguridad". -A Body of Divinity (Un cuerpo de divinidad), por Thomas Watson, ex Ministro de St. Stephen's Walbrook, Londres 1660.

(19) "Muchos de los hijos amados de Dios pueden permanecer mucho tiempo inseguros de su condición presente y eterna, no sabiendo qué pensar acerca de si serán condenados o salvos. Hay creyentes de varias edades en la Iglesia de Dios: Padres, jóvenes, niños e infantes. Como en la mayoría de las familias, hay más infantes y niños que adultos, de igual modo, en la Iglesia de Dios hay más cristianos débiles que dudan, que los fuertes que han madurado hasta saberse totalmente seguros. El infante puede nacer, pero no saberlo; de la misma manera un hombre puede nacer de nuevo y no estar seguro de ello. Hacemos una diferencia entre fe salvadora, como tal, y una convicción total del corazón. Algunos que han de ser salvos pueden no estar seguros de que serán salvos, porque la promesa es de la gracia de la salvación, no la evidencia de ella; es sólo de la fe y no de que la fe será fuerte. Pueden estar seguros de los cielos y, sin embargo, no estar seguros del cielo". -Sermón por Thomas Doolittle, de Pembroke Hall, Cambridge, y a veces rector de St. Alphege, Londres en Morning Exercises (Matinales), en Cripplegate, 1661.

(20) "¿Es necesario para ser justificado estar seguro de que mis pecados han sido perdonados y que, efectivamente, he sido justificado? No, no hay un acto de fe que justifique, sino que es un efecto y fruto que sigue a la justificación. Una cosa es que la salvación de un hombre sea segura, otra que esté seguro de que es segura. Es como un hombre que ha caído en un río, está a punto de ahogarse al ser llevado por la corriente y divisa la rama de un árbol caída sobre el río, de la cual se agarra y se aferra con todas sus fuerzas para que lo salve; sin ver otra posibilidad de salir con bien, le confía a ella su vida. Este hombre, en cuanto se ha tomado de esta rama, está a salvo, aunque no se ha librado de su ansiedad, temor y terror hasta haber reaccionado y ver que está fuera de peligro. Es entonces que está seguro de estar a salvo; pero estaba a salvo antes de estar seguro. Sucede lo mismo con el creyente. La fe es ver a Cristo como el único medio para salvarse y extender la mano con todo el corazón para tomarse de él. Dios habló e hizo la promesa de que por medio de su Hijo justificaría al hombre. Por eso es necesario decir: Creo que Cristo es mi único Salvador y entrego mi alma a él para ser salvo por su mediación. En cuanto el alma puede hacer esto, Dios le imputa la justicia de su Hijo y es, de hecho, justificado en el tribunal del cielo, aunque en el presente, todavía no se haya aquietado y pacificado en el tribunal de su conciencia. Esto sucede después, algunos antes y otros más tarde, por los frutos y efectos de la justificación". -Body of Divinity (Falta traducción), del arzobispo Usher, 1670.

lunes, 30 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(11) "Hay algunos que son creyentes auténticos y aun así son débiles en la fe. De hecho, reciben a Cristo y su gracia, pero lo hacen con una mano temblorosa; tienen, como dicen los teólogos, la fe de adhesión; se pegarán a Cristo, como suyos, pero les falta la fe de la evidencia, no se ven como suyos. Son creyentes, pero de poca fe; confían que Cristo no los echará fuera, pero no están seguros de que los aceptará". -Sips of Sweetness, or Consolation for Weak Believers (Sorbos de dulzura o consuelo para creyentes débiles), por John Durant, predicador en la Catedral de Canterbury, 1649.

(12) "Sé que usted dice que Jesucristo vino al mundo para salvar los pecadores y «para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn. 3:15). No puedo saber más que eso; que teniendo un sentido de mi propia condición pecaminosa, me entrego en alguna medida a mi Salvador y me apropio de su redención totalmente suficiente. Pero, ¡ay, mis percepciones de él son tan débiles que no pueden darle un consuelo firme a mi alma! Sea valiente, hijo mío. Si es que usted confía en ser justificado y salvo por el poder del acto mismo de su fe, tiene razón para estar desanimado porque tiene conciencia de lo débil que es. Pro si la verdad y eficacia de esta feliz obra es en el objeto del cual usted se apropió, a saber los méritos y las misericordias infinitas de Dios el Salvador, que no pueden ser anuladas por ser usted débil, tiene razón para animarse y esperar alegremente su salvación. Comprenda que su causa es buena. Tenemos aquí una mano doble que nos ayuda a marchar al cielo. Nuestra mano de fe se toma de nuestro Salvador, la mano misericordiosa y redentora de nuestro Salvador se toma de nosotros. Nuestro asirnos a él es débil y resulta fácil soltarnos, pero cuando su mano nos sujeta es fuerte e irresistible. Si dependiéramos de nuestras obras, necesitaríamos tener una mano fuerte; pero aquí se requiere sólo tomar y recibir un regalo precioso ¿y por qué no habría de poder hacerlo una mano débil tanto como una fuerte? Y bueno, aunque no sea con tanta fuerza". -Balm of Gilead (Bálsamo de Galaad) por el Obispo Hall, 1650.

(13) "No encuentro que la salvación dependa de la fuerza de la fe, sino de la verdad de la fe, no en su grado más brillante, sino en cualquiera que sea su medida. La Biblia no dice: Si tienes tal o cual grado de fe serás justificado y salvo, sino que sencillamente se requiere creer. El menor grado de fe verdadera da resultado, como dice Romanos 10:9, «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo». El ladrón en la cruz que no había obtenido tanta medida de fe, por un solo acto de fe débil, fue justificado y salvo (Lc. 23:42)". -Exposition of the Prophet Ezekiel (Exposición sobre el profeta Ezequiel), por William Greenhill, Rector de Stepney, Londres, y Capellán de los duques de York y Gloucester, 1650.

(14) "El hombre puede tener gracia auténtica aunque no tenga la seguridad del amor y el favor de Dios, ni de la remisión de sus pecados y de la salvación de su alma. El hombre puede ser de Dios y, aun así, no saberlo; su estado puede ser bueno, pero aun así, no lo ve; puede estar a salvo a pesar de que no está en una posición tranquila. Todo puede estar bien con él en el tribunal de la gloria, pero daría mil mundos por sentirse bien en el tribunal de su conciencia. La seguridad es un requisito para el bienestar del cristiano, pero no precisamente para ser cristiano; es un requisito para la consolación del cristiano, pero no para la salvación del cristiano; es un requisito para el bienestar de la gracia, pero no para estar precisamente en la gracia. Aunque un hombre no puede ser salvo sin fe, puede ser salvo sin seguridad. En muchos lugares de las Escrituras, Dios ha declarado que sin fe no hay salvación, pero no ha declarado en ningún lugar de las Escrituras que sin seguridad no hay salvación". -Heaven on Earth (Cielo en la tierra), por Thomas Brooks, predicador del evangelio en St. Margaret's, Fish Street Hill, Londres, 1654.

(15) "Usted, que puede determinar claramente que tiene fe, aunque sea débil, no se desanime, no se desaliente. Considere que aun la medida más pequeña de fe, es fe salvadora como lo es la más grande. Una chispa de fuego es tan fuego como cualquier otro componente del mismo. Una gota de agua es tan agua como lo es la de un océano. Así que, el granito más pequeño de fe es una fe tan real y tan salvadora, como la fe más grande del mundo. El brote más pequeño toma savia de la raíz, tanto como lo hace la rama más grande. Así que, la medida más débil de fe lo injerta realmente en Cristo y, con eso, toma vida en él, al igual como lo hace la medida de fe más fuerte. La fe más débil une al alma con Cristo. La fe más débil cuenta con la misma medida del amor de Dios que la más fuerte. Somos amados en Cristo y la medida más pequeña de fe nos hace miembros de Cristo. La menor fe tiene el mismo derecho a las promesas que la mayor. Y, por lo tanto, no se desanimen nuestras almas por la debilidad". -Nature and Royalties of Faith (Naturaleza y derechos de la fe), por Samuel Bolton, D.D., de Christ's College, Cambridge, 1657. 

domingo, 29 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(6) "Una fe débil es fe auténtica, es preciosa, aunque no tan grande como una fe fuerte; el Espíritu Santo es el mismo (el autor), el evangelio es el mismo (el instrumento). Aunque nunca llegue a ser fuerte, la fe débil salva porque por ella nos interesamos en Cristo y hace que él y todos sus beneficios sean nuestros. Porque no es la fuerza de nuestra fe lo que salva, sino la autenticidad de nuestra fe. No es la debilidad de nuestra fe lo condena, sino la falta de fe porque aun la fe más débil se apropia de Cristo y, por tanto, nos salva. Ni tampoco somos salvos por la calidad o cantidad de nuestra fe, sino por Cristo, quien salva por la fe, sea esta fuerte o débil. Una mano débil puede llevarse comida a la boca y esa comida alimenta y nutre al cuerpo tal como si hubiera sido llevada a la boca por una mano fuerte; dado que el cuerpo no se nutre por la fuerza de la mano, sino por las bondades de la carne". -The Doctrine of Faith (La doctrina de la fe), por John Rogers, Predicador de la Palabra de Dios, en Dedham, Essex, 1634.

(7) "Una cosa es tener algo con seguridad, otra saber con seguridad que la tenemos. Buscamos muchas cosas que ya tenemos en las manos y tenemos muchas cosas que creemos haber perdido. Del mismo modo, un creyente puede tener una fe segura, aunque no siempre sepa que la tiene. La fe es necesaria para la salvación; pero una seguridad plena de que cree no es indispensable". -Ball on Faith (Confiar en la fe), 1637.

(8) "Hay una fe débil, que aun así, es auténtica; y aunque es débil, porque es auténtica no será rechazada por Cristo. La fe no es creada perfecta al principio, como lo fue la de Adán; sino que es como un hombre en el curso de la naturaleza, que primero es un instrumento, luego un niño, luego un joven y luego un hombre. Algunos rechazan totalmente a los débiles y llaman hipocresía a toda debilidad en la fe. Estos son, por cierto, hombres orgullosos y crueles. Algunos consuelan y confirman a los que son débiles diciendo: «No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?» (Ec. 7:16). Estos son cojines blandos, pero no seguros; son aduladores lisonjeros, no amigos fieles. Algunos consuelan y exhortan diciendo: «Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios» (He. 6:1). Este es el curso más seguro y el mejor". -Questions, Observations, etc.; upon the Gospel According to St. Matthew (Preguntas, observaciones, etc. sobre el Evangelio según San Mateo) por Richard Ward, en alguna ocasión alumno en Cambridge y predicador del evangelio en Londres, 1640.

(9) "Un hombre puede contar con el favor de Dios, estar en un estado de gracia, ser justificado delante de Dios y, aun así, carecer de una seguridad fehaciente de su salvación y de contar con el favor de Dios en Cristo. Un hombre puede tener dentro de sí una fe salvadora y, no obstante, no percibirla; un hombre puede tener una verdadera fe justificadora, pero no tener el uso o la operación de ella como para darle una seguridad tranquila de su reconciliación con Dios. Diré más: Un hombre puede estar en el estado de gracia y tener en él una verdadera fe que justifica, aunque le parezca lo contrario. Este fue ciertamente el caso de Job quien clamó a Dios: «¿Por qué escondes tu rostro, y me cuentas por tu enemigo?» (Job 13:24). Aun la fe más débil justifica. Si usted no puede recibir a Cristo y descansar en él, aunque sea con una fe débil, tarde o temprano se dará cuenta de s error. Tenga cuidado de no pensar que es la fuerza de su fe lo que lo justifica. No, no: Es Cristo y su justicia perfecta lo que su fe recibe y sobre lo cual descansa, lo que salva. El que tiene la mano más endeble y débil puede recibir una limosna y aplicar una cataplasma a su herida, tal como puede hacerlo la más fuerte y recibir el mismo beneficio". -Lectures upon the 51th Psalm (Discursos sobre el Salmo 51), predicado en Ashby-de-la-Zouch, por Arthur Hildersam, ministro de Jesucristo, 1642.

(10) "Aunque su gracia sea la más débil, si es auténtica, usted tiene una porción tan grande en la justicia de Cristo como la de un cristiano fuerte. Tiene tanto de la justicia de Cristo imputada a usted como cualquier otro". -Sermones por William Bridge, ex profesor de Emmanuel College, Cambridge y pastor de la Iglesia de Cristo en Great Yarmouth, 1648.

sábado, 28 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

Apéndice

La diferencia entre fe y seguridad

Los siguientes son fragmentos de teólogos ingleses, que demuestran...

- que existe una diferencia entre la fe y la seguridad,
- que el creyente puede ser justificado y aceptado por Dios y no disfrutar de un conocimiento adecuado de su propia seguridad y
- que la fe más débil en Cristo, si es genuina, salva al hombre tan ciertamente como lo hace la más fuerte.

(1) "La misericordia de Dios es mayor que todos los pecados en el mundo. Pero, a veces, estamos en un estado que pensamos que no tenemos nada de fe o si acaso la tenemos, es muy floja y débil. Y, por lo tanto, son dos cosas distintas tener fe y sentir la fe. Algunos sienten fe, pero no la pueden obtener, no obstante, no deben desesperarse, sino seguir clamando a Dios y tarde o temprano vendrá: Dios abrirá sus corazones y dejará sentir su bondad". -Sermones del obispo Latimer, 1552.

(2) "El hombre de fe débil puede fallar en la aplicación o en la asimilación y la apropiación de los beneficios de Cristo en su vida. Esto se nota en la experiencia ordinaria. Hay muchos hombres de corazón humilde y contrito que sirven a Dios en espíritu y en verdad, pero aun así, no pueden decir sin tener muchas dudas e inseguridad: Sé y estoy completamente seguro que mis pecados han sido perdonados. ¿Diremos, entonces, que los tales no tienen fe? Ni Dios lo quiera. Esta débil fe será merecedora del cumplimiento de las promesas misericordiosas de Dios para perdón del pecado, tanto como lo es una fe fuerte, aunque no tan contundentemente. El hombre con una mano seca puede extenderla para recibir un regalo de mano de un rey tanto el que tiene una mano normal, aunque quizá no con tanta firmeza y seguridad". -Exposition of the Creed (Exposición del Credo), por William Perkins, Ministro de Cristo en la Universidad de Cambridge, 1612.

(3) "Esta certidumbre de nuestra salvación de la cual habla Pablo, repetida por Pedro y mencionada por David (Sal. 4:7), es ese fruto especial de la fe, que respira gozo espiritual y paz interior, que sobrepasa todo entendimiento. Es cierto que no todos los hijos de Dios la tienen. Una cosa es el árbol y otra es el fruto del árbol: Una cosa es la fe y otro el fruto de la fe. Y ese remanente de los escogidos de Dios que siente la falta de esta fe, de cualquier manera, la tienen". -Sermón por Richard Greenham, ministro y predicador de la Palabra de Dios, 1612.

(4) "Algunos piensan que no tienen nada de fe porque no tienen una seguridad certera. Pero aun el fuego más endeble que pueda haber, tendrá humo". -The Bruised Reed (La caña cascada) por Richard Sibbes, Profesor en Catherine Hall, Cambridge, y predicador en Gray's Inn Londres, 1630.

(5) "El acto de fe se trata de aplicar a Cristo al alma y esto lo puede hacer, tanto la fe más débil como la más fuerte, si es auténtica. Un niño puede sostener una vara tan bien como un hombre, aunque no con tanta fuerza. El prisionero ve el sol a través de un agujero, aunque no tan perfectamente como los que están al aire libre. Los israelitas miraron la serpiente de bronce a la distancia y, aun así, fueron sanados. La fe más pequeña es tan preciada al alma del creyente como la fe de Pedro y Pablo lo era para ellos porque se apropia de Cristo y trae salvación eterna". -An Exposition of the Second Epistle General of Peter (Una exposición de la segunda epístola general de Pedro) por el Rev. Thomas Adams, Rector de St. Gregory, Londres, 1633.

viernes, 27 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(c) Por último, no olvide que la seguridad es algo que puede perderse por un tiempo, le puede suceder aun a los cristianos más brillantes, a menos que tengan cuidado.

La seguridad es una planta muy delicada. Necesita que cada día y cada hora se la vigile, riegue, cuide y valore. Así que vele y ore aún más cuando la tiene. Como dijo Rutherford: "Dele importancia a la seguridad". Manténgase siempre en guardia. En El Progreso del Peregrino, cuando Cristiano se durmió en la arboleda perdió su certificado. Recuerde esto.

David perdió su seguridad durante muchos meses al caer en pecado. Pedro la perdió cuando negó a su Señor. Es cierto que ambos la volvieron a tener, pero no antes de haber derramado lágrimas amargas. La oscuridad espiritual viene montada a caballo, pero se retira caminando. Nos ataca antes de que nos demos cuenta que allí viene. Se retira lenta y gradualmente, y sólo después de muchos días. Es fácil descender por una ladera corriendo, pero es difícil escalarla. Así que recuerde mi advertencia: Cuando tiene el gozo del Señor, vele y ore.

(d) Sobre todo, no contriste al Espíritu. No apague el Espíritu. No irrite al Espíritu. No lo distancie, jugando con malos hábitos pequeños y pecados pequeños. Las pequeñas discusiones entre cónyuges resultan en hogares infelices y las pequeñas faltas, conocidas y permitidas, causarán contrariedad entre usted y el Espíritu.

Preste atención a la conclusión de todo el asunto: El hombre que camina más cercano con Dios en Cristo, por lo general gozará de mayor paz. El creyente que sigue al Señor más plenamente y apunta a la medida más alta de santidad ordinariamente, disfrutará de la mayor esperanza y tendrá una convicción más clara de su propia salvación.

jueves, 26 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(2) Para el creyente

En último lugar, quiero dirigirme a todo creyente que lee estas páginas y decirle algunas palabras de consejo fraternal.

(a) Lo principal que le insto a hacer es esto: Si no cuenta usted con una esperanza segura de haber sido aceptado por Cristo, resuelva este día buscarla. Ocúpese de esto. Esfuércese por lograrla. Pídala en oración. No le dé descanso al Señor hasta "saber en quién ha creído".

Realmente siento que la poca seguridad actual entre los que se consideran hijos de Dios, es una vergüenza y un reproche. "Es para lamentar profundamente", dice el anciano Traill, "el que tantos cristianos hayan vivido veinte o treinta años desde que Jesús los llamara por su gracia y aun sigan dudando". Recordemos el "anhelo" sincero que expresa Pablo: "Cada uno" de los hebreos sea solícito en lograr plena certeza (He. 6:11) para que evite que se les reproche por su falta de seguridad.

Lector creyente, ¿quiere realmente decir que no tiene ningún deseo de intercambiar su esperanza por confianza, su anhelo por convicción, su incertidumbre por conocimiento? Porque una fe débil lo salva, ¿se contentará con eso? Porque la seguridad no es esencial para su entrada al cielo, ¿se conformará sin ella en la tierra? ¡Ay, esta no es una condición sana del alma en la cual permanecer, no es la manera de pensar de la era apostólica! Levántese ya y marche hacia adelante. No se quede pegado a los cimientos de la religión; avance hasta la perfección. No se contente con un día de pequeñeces. Nunca desprecie esto en los demás, pero nunca se contente con esto en usted mismo.

Créame, vale la pena buscar la seguridad. Renuncia usted a sus privilegios cuando se contenta sin ella. Las cosas que digo son para su propia paz. Si es bueno sentirse seguro con respecto a las cosas de este mundo, ¡mucho mejor es estarlo sobre las cosas celestiales! Su salvación es una cosa resuelta y cierta. Dios lo sabe. ¿Por qué no habría de procurar usted saberlo también? No hay nada en esto que no sea bíblico. Pablo nunca vio el Libro de la Vida, no obstante, dijo: "Estoy convencido".

Sea, pues, su oración diaria que su fe aumente. Según el tamaño de su fe, será su paz. Cultive más esa raíz bendita y, tarde o temprano, por la bendición de Dios, puede esperar tener una flor. Quizá no logre una seguridad total de una sola vez. A veces es bueno que tenga que esperar: No valoramos las cosas que podemos obtener sin esfuerzo. Pero aunque se demore, espérela. Busque u crea que la va a encontrar.

(b) No obstante, hay una cosa que no quiero que ignore: No se sorprenda si ocasionalmente tiene dudas, una vez que ha obtenido seguridad. No debe olvidar que está en la tierra y no en el cielo. Está todavía en el cuerpo y tiene pecado que mora en usted; la carne lucha contra el espíritu hasta el final. La lepra no se puede quitar de las paredes de la vieja casa hasta que la muerte la quita. Y también hay un diablo y un diablo fuerte: Un diablo que tentó al Señor Jesús e hizo caer a Pedro y se asegurará que usted lo sepa. Siempre habrá algunas dudas. El que nunca duda, no tiene nada que perder. El que nunca teme, no posee nada realmente valioso. El que nunca siente celos, poco sabe del amor profundo. No se desanime; usted será más que vencedor por medio de aquel que le amó21.

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 21"Nadie siente seguridad en todo momento. Así como el sendero tiene la sombra de los árboles, con tramos de sol y sombra; y así como algunos lugares son oscuros y otros claros, así es usualmente la vida de los cristianos más seguros". -Obispo Hopkins.
"Es de sospechar que una persona sea hipócrita cuando muestra siempre el mismo talante, pretendiendo ser invariablemente recto". -Traill.