Versículo para hoy:

domingo, 7 de abril de 2024

CRISTO ES EL TODO - J. C. Ryle (1816-1900)

 
“Cristo es el todo”. Colosenses 3:11

 Las palabras de nuestro texto son pocas, breves y se dicen pronto; pero contienen grandes verdades. Al igual que aquellos versículos de oro: “Para mí el vivir es Cristo”, “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Fil. 1:21; Gál. 2:20), las palabras a los colosenses son singularmente ricas y significativas.

 Estas cuatro palabras son la esencia y la sustancia del cristianismo. Si nuestro corazón realmente puede estar de acuerdo con ellas, le hará bien a nuestra alma. Si no, seguramente, todavía tenemos mucho que aprender.

Voy a tratar de establecer en qué sentido “Cristo es el todo” y les pido que, a medida que vayan leyendo, juzguen con sinceridad, si acaso están seguros de que no pueden naufragar en el juicio final.

 A propósito, termino este libro con un comentario sobre este notable texto. Cristo es la fuente principal, tanto del cristianismo doctrinal como del práctico. Un conocimiento adecuado de Cristo es esencial para entender correctamente las doctrinas de la santificación y la justificación. El que comienza el camino de la santidad, no hará ningún progreso, a menos que le dé a Cristo el lugar que le corresponde. Empecé este libro con una afirmación clara acerca del pecado. Quiero terminarlo con una declaración, igualmente clara, acerca de la persona de Cristo.

I. “Cristo es el todo” respecto al hombre

Antes de cualquier otra cosa, entendamos que Cristo es el todo en todos los consejos de Dios respecto al hombre.


1.aHubo un tiempo cuando esta tierra no existía. Sólidas como se ven las montañas, sin límites como aparenta ser el mar, altas como se ven las estrellas en el cielo, nada de eso existía. Y el hombre, con todos los altos conceptos que ahora tiene de sí mismo, era una criatura desconocida.

 ¿Y dónde estaba Cristo entonces? Las Escrituras nos ayudan a contestar esta pregunta: “El Verbo era con Dios” y era “igual a Dios” (Jn. 1:1; Fil. 2:6). Cristo ya era en aquel entonces el Hijo amado del Padre: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn. 17:5). “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24). “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra” (Pr. 8:23). Incluso ya Él era el Salvador “destinado desde antes de la fundación del mundo” (1 P. 1:20) y los creyentes fueron escogidos “en Él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4).

1.bLlegó un momento cuando esta tierra fue creada en su orden actual. El sol, la luna y las estrellas, el mar, la tierra y todos sus habitantes, fueron llamados a ser y hacer en medio del caos y la confusión. Y, por último, el hombre fue formado del polvo de la tierra.

¿Y dónde estaba Cristo entonces? Lo que dicen la Escrituras: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1: 3). “En Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” (Col. 1:16). “Y: tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (He. 1:10). “Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo” (Pr. 8:27-30). ¿Nos sorprende que el Señor Jesús, en su predicación, usara elementos que extraía del libro de la naturaleza? Cuando hablaba de las ovejas, los peces, los cuervos, el grano, los lirios, la higuera, la vid, se refería a las cosas que Él mismo había creado. 

1.cLlegó un día cuando el pecado entró en el mundo. Adán y Eva comieron del fruto prohibido y cayeron. Perdieron la naturaleza santa que tenían en el principio. Perdieron la amistad y el favor de Dios y se convirtieron en seres culpables, indefensos, corruptos y pecadores sin esperanza. El pecado fue desde entonces una barrera infranqueable entre ellos y su Padre santo en el cielo. Dios tuvo que tratar con ellos de acuerdo con su pecado. Ahora no había nada delante de Adán y Eva, sino la muerte, el infierno y la ruina eterna.

¿Y dónde estaba Cristo entonces? En ese preciso momento, a nuestros temblorosos padres, les fue revelada la única esperanza de salvación: Cristo Jesús. El mismo día en que desobedecieron, se les dijo refiriéndose a la simiente de la mujer: “Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. También se les comunicó que un Salvador nacido de mujer vencería al diablo y, de esa manera, ganaría una entrada a la vida eterna para el hombre pecador (Gn. 3: 15). Cristo fue presentado como la verdadera luz del mundo en el mismo día de la caída del hombre y, a partir de ese día, nunca se ha dado a conocer otro nombre por el cual las almas puedan ser salvas, más que el nombre Jesús (Hch. 4:12). Por él, todas las almas salvadas han entrado en el cielo, desde Adán en adelante, y sin él, nadie puede escapar de las garras del infierno.

1.dLlegó un momento cuando el mundo estaba sumido y hundido en una profunda ignorancia de Dios. Después de 4.000 años, parece que las naciones de la tierra se han olvidado completamente del Dios que las creó. El imperio egipcio, el asirio, el persa, el griego y el romano no hicieron más que extender la superstición y la idolatría. Los poetas, historiadores y filósofos habían demostrado que, aun con todas sus facultades intelectuales, no tenían un conocimiento correcto de Dios y que el hombre, abandonado a su suerte, era totalmente corrupto. “El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Co. 1:21). Excepto por unos cuantos judíos despreciados en un rincón de la tierra, el mundo entero estaba muerto en la ignorancia y sumido en el pecado.

¿Y qué hizo Cristo entonces? Dejó la gloria que había sido suya desde toda la eternidad con el Padre y descendió al mundo para ofrecer salvación. Él tomó nuestra naturaleza y nació como hombre. Como hombre, hizo la voluntad de Dios perfectamente, cosa que todos habíamos dejado de hacer; como hombre, sufrió en la cruz del Calvario la ira de Dios que nosotros debíamos haber sufrido. Ascendió a la gloria de Dios y se sentó a su diestra, en espera de que sus enemigos sean puestos al estrado de sus pies. Y desde allí, ofrece salvación a todo aquel que quiera venir a él. Intercede por todos los que creen en él y gestiona delante del Padre todo lo que tenga que ver con la salvación de las almas.

1.eVendrá el tiempo cuando el pecado será echado fuera de este mundo. La maldad no siempre florecerá en la impunidad, Satanás no reinará para siempre, la creación un día dejará de gemir sus dolores de parto. Habrá un momento cuando todas las cosas serán restauradas. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, donde morará la justicia, y la tierra será llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar. (Ro. 8:22; Hch. 3:21; 2 P. 3:13; Is. 11:9).

¿Y dónde estará Cristo entonces? ¿Y qué hará? Cristo mismo será Rey. Regresará a esta tierra y hará nuevas todas las cosas. Descenderá en las nubes del cielo con poder y gran gloria, y los reinos del mundo se convertirán a él. Los paganos le serán dados por herencia y hasta el último rincón de la tierra por su posesión. Toda rodilla se doblará delante de él y toda lengua confesará que él es el Señor, para la gloria de Dios Padre. Su dominio será eterno, nunca pasará, y su reino no será destruido. (Mt. 24:30; Ap. 11:15; Sal. 2: 8; Fil. 2:10, 11; Dn. 7:14).

1.fViene el día cuando todos los hombres serán juzgados. El mar entregará a los muertos que estén en él y, lo mismo, harán la muerte y el infierno con sus muertos. Todos los que duermen en la tumba despertarán y saldrán, y todo será juzgado según sus obras, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua. (Ap. 20:13; Dn. 12: 2)

¿Y dónde estará Cristo entonces? En el Día del Juicio, Cristo mismo será el Juez. “El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (Jn. 5:22; Mt. 25:31-32; 2 Co. 5:10).

Ahora bien, si usted que lee este escrito no le da importancia a Cristo, ¡le hago saber que difiere de Dios! Usted es de una mente y Dios es de otra. ¿Usted cree que es suficiente dar a Cristo un poco de honor, un poco de reverencia, un poco de respeto? Está equivocado porque en todo el consejo eterno de Dios Padre, en la creación, en la redención, en la restitución y en el juicio, CRISTO ES “EL TODO”.

Consideremos estas cosas. Obviamente fueron escritas para recordarnos que: “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn. 5:23).

sábado, 6 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 18

Ahora en este último capítulo vamos a pensar en algunos hechos importantes que los creyentes deben considerar cuando son tentados:

PRIMERO, los creyentes no deben echar la culpa de sus pecados a satanás. Ellos mismos tienen una naturaleza pecaminosa la cual hace que el pecado les parezca atractivo. Satanás les puede conducir hacia el pecado, pero no puede obligarles a que pequen. Satanás les puede persuadir a pecar pero no les puede forzar a efectuarlo. Entonces los creyentes cuando caen en el pecado, no deben excusarse diciendo que satanás les tentaba; son todavía responsables por sus pecados.

SEGUNDO, al mismo tiempo los creyentes deben darse cuenta de que satanás tiene algo que ver con la mayoría de sus pecados. Fue satanás quien tentó a Adán y Eva. Satanás puso en el corazón de Judas el entregar a Cristo a sus enemigos. Sin embargo, satanás necesita dos clases de permiso antes de que pueda hacer algo en los creyentes:

1-       Veamos del caso de Job: Satanás tuvo que pedirle permiso a Dios antes de poder hacerle cosa alguna a Job. Dios dijo a satanás que podía atacar a Job pero que no quitara su vida. Entonces, satanás necesita conseguir el permiso de Dios para poder atacar a los creyentes.

2-        En el libro de Hechos vemos cómo satanás llenó el corazón de Ananías para que mintiera a los apóstoles y a Dios; sin embargo, el apóstol Pedro preguntó a Ananías por qué dejaba que satanás llenara su corazón. Entonces podemos ver que Ananías dio permiso a satanás para que le condujera a ese pecado. (Hech.5:3) Entonces satanás necesita conseguir el permiso de los creyentes antes de poder hacerles daño.

TERCERO, las únicas armas que son útiles para resistir al diablo son espirituales. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efe.6:11) La fuerza humana es impotente en contra del diablo. Las buenas intenciones, la voluntad humana y las mejores resoluciones no son suficientes en esta lucha. Satanás es demasiado fuerte, los creyentes necesitan el poder de Dios y la verdad de Dios para resistir las tentaciones. Cristo le contestó al diablo con la palabra de Dios. Pablo dice a los creyentes que se fortalezcan en el Señor y en el poder de su fuerza. (Efe.6:10)

CUARTO, los creyentes deben acordarse de que satanás ya ha sido derrotado. Cristo triunfó sobre satanás cuando murió en la cruz. Ahora proporciona a su pueblo el poder para vencer a satanás. Algún día la victoria de Cristo sobre satanás se manifestará a los ojos del mundo. “El Dios de paz aplastará en breve a satanás bajo vuestros pies.” (Rom.16:20) Satanás es un adversario derrotado. Cristo le ha derrotado y pone en nuestras manos las armas para derrotarlo también. Mientras tanto, satanás sigue atacando a los creyentes. ¿Por qué tiene poder satanás de tentar a los creyentes? Le es permitido tentar a los creyentes para mantenerlos humildes, despiertos y conscientes de su dependencia del poder de Dios. Satanás ha estado desarrollando su capacidad para tentar a los creyentes desde la caída. Durante miles de años ha tenido experiencia tentando a los creyentes. Apocalipsis le llama, “la serpiente antigua.” (Apo.12:9) A veces se le permite a satanás tentar a los creyentes porque rehúsan obedecer a Dios. En ocasiones Dios les deja recibir lo que merecen; son engañados y derrotados por satanás. También se le permite a satanás tentar a los creyentes para que se muestre el poder y la misericordia de Dios. Cuando los creyentes son fortalecidos para pelear contra satanás y resultan vencedores, Dios es glorificado. Entonces no es sorprendente que la vida cristiana sea una guerra continua contra el maligno. En seguida mencionaremos algunas maneras en que los creyentes pueden fortalecerse para este conflicto espiritual:

Los creyentes deben andar conforme a las reglas de Dios. La Biblia, la Palabra de Dios debe gobernar en sus vidas. El descuido de la Palabra de Dios le da a satanás una ventaja. El que piensa que no necesita depender de la guía de la Palabra será desviado y engañado por el diablo.

Los creyentes deben tener cuidado de no contristar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos enseña como vencer al diablo, como evitar sus trampas y artimañas. El Espíritu Santo nos fortalece para la batalla. “El que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.” (1Jn.4:4)

Los creyentes deben buscar más sabiduría y madurez espiritual. El conocimiento de la verdad no basta. Nos hace falta la sabiduría y la madurez espiritual para poner en práctica nuestro conocimiento. El libro de proverbios nos servirá mucho para ir adquiriendo esta sabiduría.

Los creyentes deben seguir siendo llenos del Espíritu Santo. No es suficiente que el Espíritu more en nosotros; “Sed llenos del Espíritu.” (Efe.5:18) Esto es más que el mero hecho de no contristar al Espíritu Santo. Significa dejarnos guiar y controlar por el Santo Espíritu., significa crecer en las virtudes del Espíritu que son contrarias a los frutos de la carne que el diablo utiliza para tentarnos.

Debemos velar. Satanás nos está vigilando y nosotros debemos estar alertas. El alma que no vela contra las tentaciones inevitablemente caerá bajo el poder de ellas. “Velad y orad para que no entréis en tentación.” (Mat.26:41)

Los creyentes deben resistir a satanás al principio de la tentación. No deben discutir con él, sino que deben huir de el. Eva se puso a argumentar con el diablo y terminó vencida. Santiago 4:7 dice, “Resistid al diablo que de vosotros huirá.”

 

Debemos mantener nuestra comunión con Dios. Mientras David mantuvo su comunión con Dios, estuvo firme y triunfó sobre todos sus enemigos. Cuando se relajó y descuidó la comunión con Dios, fue derrotado fácilmente por las tentaciones del diablo.

Los creyentes deben orar y buscar nuevas fuerzas cada día. No pueden contar con la fuerza que tuvieron en el pasado; necesitan nuevas fuerzas cada día. Necesitan recibir fortaleza continuamente. Esta fortaleza puede recibirse solamente por la oración, el estudio de las Escrituras y el compañerismo cristiano.


Por último, debemos estar muy agradecidos cuando escapamos de los ataques del diablo. Es una bendición muy grande cuando somos ayudados por Dios a resistir la tentación. Escapamos del peligro y de muchas tristezas que de otro modo habríamos sufrido. Mientras que los demás hombres son llevados cautivos por el enemigo de sus almas, los creyentes deben estar agradecidos que no les suceda lo mismo.

viernes, 5 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 17

Satanás quiere hacer daño no solo a los creyentes sino también a los incrédulos. Quiere lograr que no crean en Cristo. Hará todo lo posible para impedir que se arrepientan y confíen en el Señor.

Frecuentemente satanás hace que los incrédulos sientan demasiado grandes sus pecados como para ser perdonados. Les dirá que Dios puede perdonar a otras personas pero no a ellos, porque son demasiado pecadores.

Los que son tentados a pensar así deben saber que entre más que sea su pecado, mayor es su necesidad de Cristo. Los que están sanos no son los que necesitan médico, sino los que están enfermos. Entre más grave es la enfermedad, la necesidad de médico es más grande. A nuestro Señor Jesús le complace tener misericordia y perdonar a grandes pecadores.
Dios ha prometido perdonar a todos los que acuden a Él. La magnitud de sus pecados no es ningún obstáculo para tener misericordia de ellos. Dios dice, “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar”. (Isa.55:7). Algunos de los pecadores más grandes han sido perdonados por Dios. Pablo dice que él era un hombre cruel y violento hacia los creyentes y que no obstante “fue recibido a misericordia.” (1 Tim. 1:13) Dios no dice en la Biblia que haya ciertas clases de pecadores que no puedan ser perdonados. Jesús puede salvar perpetuamente a todos los que por Él se acercan a Dios. (Heb.7:25)). Podríamos discutir o argumentar que entre más grande es el pecador es más probable que Cristo tenga misericordia de él. Los sufrimientos más grandes de Cristo fueron a favor de los más grandes pecadores.

Entre más tiempo que una persona se resiste a someterse a Cristo, más crece su pecado. El hombre natural no tiene poder en sí mismo para resistir el pecado.

Entonces la idea de que sus pecados sean muy grandes no debe obstaculizarles para creer en Cristo. Conocer a Cristo es la bendición más grande, más importante y más completa que una persona puede recibir. Todos los que no creen en Cristo serán condenados por sus pecados. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. (Jn.3:36)

Hay otra manera que satanás intenta para persuadir a los pecadores a que no crean en Cristo. Les hace pensar que son indignos de ser perdonados por Dios


La Biblia no dice en ninguna parte que Dios necesite esperar a que los pecadores se reformen o sean buenos para poder salvarlos ¡Todo lo contrario! Las únicas personas perdonadas fueron las que no eran dignas. Zaqueo no fue suficiente bueno porque había robado injustamente el dinero de muchas personas. Sin embargo, la salvación le llegó a Zaqueo y fue perdonado. Pablo atacaba a los creyentes y los persiguió cruelmente, no obstante él también recibió misericordia. Estas personas no eran dignas del amor de Dios. ¡Nadie es digno del amor de Dios! 
Nadie vendrá a Cristo si espera a ser lo suficientemente bueno. El método divino es que primero crean en Cristo aunque sean indignos. Solamente creyendo en Cristo pueden ser cambiados por Dios.

Hay un tercer método usado por satanás para estorbar a los hombres a que crean en Cristo. Satanás les dice que no están preparados para creer, que necesitan tener ciertas experiencias antes de estar listos. Satanás les dirá que no han sido humillados lo suficiente para ser creyentes. De una manera u otra satanás les hará pensar que les hace falta alguna preparación para poder creer en Cristo.

Por supuesto Cristo ha salvado a algunos que parecían no estar muy preparados. Jesús dijo a Mateo, “sígueme.” (Mat.9:9) La escritura no dice que Mateo sintiera profundamente su pecado o que fuera muy humillado o que fuera preparado en forma alguna. Mateo simplemente siguió a Cristo y Dios cambió su vida. Dios no llama a todos los creyentes en la misma manera. Algunos son traídos a Cristo después de muchas tormentas, problemas y crisis espirituales; otros son traídos en forma tierna y quieta. El Espíritu Santo hace su obra en la forma que Él quiere. Nunca debemos tratar de establecer ciertos requisitos o experiencias que uno debe tener para decir que está lista para creer en Cristo. (Por ejemplo: Sentir cierto terror del infierno, experimentar cierto grado de convicción de pecado, etc.) Es cierto que cada creyente siente la tristeza, la vergüenza y la convicción de sus pecados, pero estas cosas nacen de la fe en Cristo. La fe es la tierra en la cual crece la tristeza y el arrepentimiento del pecado. Las Escrituras no enseñan que una persona tiene que pasar por una desesperación intensa antes de que pueda acudir a Cristo. La Palabra de Dios nos llama a acudir a Cristo tal como somos. La experiencia de convicción es variable, no obstante sus elementos esenciales son los mismos. Por lo tanto, no debemos pensar que es necesario que cada convicto sienta exactamente lo mismo para poder estar preparado a creer en Cristo.

Estas son algunas de las artimañas de satanás para tratar de impedir que los pecadores acudan a Cristo: que sus pecados son demasiado grandes, que no son dignos de ser perdonados y que no están preparados. Los pecadores no deben escuchar estas mentiras sino la voz del Señor que les llama al arrepentimiento y la fe en su sacrificio como único camino para ser salvos.

jueves, 4 de abril de 2024

ABRE LA BIBLIA CON EL PASTOR COLIN SMITH - DEVOCIONAL 04 DE ABRIL DE 2024

Confianza


Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 16

A satanás le gusta especialmente hacer daño a la iglesia local, y esto lo procura hacer provocando divisiones entre ellos.


    Quiere lograr que se ataquen unos a otros, que se hieran entre ellos. Desea que se celen y amarguen unos contra otros. Si satanás puede lograr divisiones entre los creyentes, hará mucho daño a la obra de Dios. Por esta razón el Nuevo Testamento nos advierte continuamente acerca de no amargarnos ni resentirnos los unos para con los otros. En Gálatas 5:15 el apóstol Pablo dice, “Si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no seáis consumidos los unos por los otros.”

En seguida señalaremos once formas que ayudan a los creyentes a vivir en paz y amarse los unos con los otros.

Primero, los creyentes deben fijarse más en las bondades de sus hermanos que en sus debilidades y pecados. Cada creyente tiene sus fallas y sus defectos, no hay nada agradable en poner la vista solo en el mal que hay en otros creyentes. En lugar de verlos con una actitud crítica, debiéramos fijarnos en el bien que Dios está haciendo en ellos. Vemos en la Biblia muchos ejemplos de cómo Dios se fija más en las virtudes de su pueblo que en sus defectos. Esto lo notamos por ejemplo en el caso de Job; no hay duda de que Job se enojó y trató de justificarse a sí mismo bajo la presión de sus problemas. Pero lo que Dios señala en su vida es su paciencia y su fidelidad en el sufrimiento. Santiago dice, “Habéis oído la paciencia de Job.” Vemos algo semejante en el registro de los héroes de la fe de Hebreos 11; Dios destaca la fe de Abraham, de Sara, de Moisés, de Jacob y de otros, sin hablarnos de sus fallas.

Segundo, la unidad da fortaleza, la desunión debilita. Mientras los creyentes estén unidos podrán aguantar toda la oposición del mundo y del diablo. Cuando están divididos no pueden mantenerse firmes ante las pruebas más sencillas. Es por eso que el apóstol Pablo nos exhorta a que mantengamos la unidad en el Espíritu. (Efe.4:3)

Tercero, Dios ha ordenado a todos los creyentes que se amen los unos a los otros. Juan 13:34-35 dice “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros". Juan 15:12: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado". Romanos 13:8: “No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo cumplió la ley". Hebreos 13:1: “Permanezca el amor fraternal". 1 Juan 4:7-8: “Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios; porque Dios es amor". 1 Pedro 1:22: “Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro". 1 Pedro 3:8: “Finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables". 1 Juan 3:11: “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros". 1 Juan 3:23: “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado". 1 Juan 4:11: “Amados, si Dios nos ha mandado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros".

Cuarto, debemos fijarnos más en las cosas en que estamos de acuerdo que en aquellas en que hay diferencia de opinión. Los creyentes verdaderos deben estar de acuerdo respecto a las cosas que son enseñadas claramente en la Biblia. La Palabra de Dios enseña las cosas más importantes en forma muy explícita y sin dejar lugar a dudas. Los creyentes no deben perder su tiempo discutiendo acerca de puntos menores, ni mucho menos dejarse dividir por estas cuestiones.

Quinto, Dios ama la paz y los creyentes deben estar en paz los unos con los otros. Dios es el Dios de paz; Cristo es el Príncipe de paz; el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo y paz. Nuestro Señor dijo, “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mat.5:9) Cuando los creyentes viven en paz los unos con los otros, gozan de la bendición de Dios.

Sexto, los creyentes deben poner mucho cuidado en mantener su paz con Dios. Esto quiere decir que deben confesar sus pecados y arrepentirse cada día; si no mantienen la paz con Dios no tendrán la paz con los demás creyentes. Proverbios 16:7 dice, “Cuando los caminos de los hombres son agradables a Jehová, aún a sus enemigos pacificará con él”.

Séptimo, los creyentes deben guardar en mente que forman parte de una unidad espiritual con los demás creyentes y que son hermanos y hermanas en Cristo. Esta consideración le condujo a Abraham a decir a Lot, “No haya ahora altercado entre mí y ti... porque somos hermanos”. (Gen. 13:8) Los miembros de una iglesia local no deben olvidarse de que son miembros de un Cuerpo; su relación es semejante a la que existe entre los miembros de un cuerpo humano. Cada miembro del cuerpo humano ayuda a las otras partes del cuerpo. Cada miembro recibe fuerza y sostén de los demás; así debe ser entre los creyentes. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos y en armonía!” (Sal.133:1)

Octavo, la desunión entre los creyentes en la iglesia local hace mucho daño a la obra de Dios. La división entre ellos es el triunfo del diablo. Dios es deshonrado, y su nombre no recibe gloria cuando los creyentes discuten entre ellos. Inevitablemente algunos buscadores del Reino serán desanimados cuando ven estas cosas entre nosotros.

Noveno, debemos ser los primeros en procurar diligentemente la paz y la unidad. No debemos esperar a que otros lo hagan. Heb.12:14,  “Seguid la paz con todos y la santidad". Rom.14:19, “Así que sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación".  Con el uso de la palabra “seguid” el apóstol enfatiza la necesidad de que busquemos la paz, tan diligentes y ordenadamente como el cazador persigue a su presa sin descanso hasta conseguirla.

Décimo, otro remedio contra este tipo de ataques del diablo es juzgarnos a nosotros mismos antes que a otros. Los que practican el autoexamen y se juzgan a si mismos tienen mucho cuidado en su manera de juzgar a los demás. “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Jn.7:24). “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio que juzgáis, seréis juzgados y con la medida que medís, os será medido” (Mat.7:1-2). “El que come no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido” (Rom.14:3). “Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? o tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Rom.14:10). “Así que, no juzguemos más los unos a los otros: Antes bien juzgad de no poned tropiezo o escándalo al hermano” (Rom.14:13). “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones, entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza” (1Cor.4:5). “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, este tal juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres guardador de la ley sino juez. Uno es el dador de la ley que puede salvar y perder; pero tú, ¿Quién eres para que juzgues a otro?” (Stg.4:11-12). “¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su propio señor está en pie o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Rom.14:4).

         Onceavo, los creyentes deben vestirse de humildad. “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad estimándoos inferiores los unos a los otros” (Fil.4:3). El creyente humilde que puede ver el mal de su propio corazón, puede ver el bien que Dios está realizando en otros. Si los creyentes fueran más humildes, estarían menos propensos al orgullo que es el arma principal que el diablo utiliza para dividirlos.

miércoles, 3 de abril de 2024

ABRE LA BIBLIA CON EL PASTOR COLIN SMITH - DEVOCIONAL 03 DE ABRIL DE 2024: PREGUNTAR

 


Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 15

         Satanás ataca a los creyentes de acuerdo a su posición económica y a su clase social. Algunos creyentes son pobres y otros son ricos, algunos son poderosos y otros débiles, algunos muy famosos y otros desconocidos. Cada posición en la vida en la cual se desenvuelven los creyentes tiene sus peligros y tentaciones particulares. Satanás tienta a algunos creyentes en ciertas maneras especiales. Tiene sus tentaciones especiales para los ricos y los poderosos y otras tentaciones que utiliza en contra de los pobres. En este capítulo tocaremos algunas maneras especiales en que satanás ataca a los creyentes poderosos, influyentes y a los pobres.

Primera estrategia👿: Satanás trata de que los creyentes piensen que deben tener más éxito, deben ser más influyentes, que deben ser más conocidos, que logren obtener más dinero. Satanás quiere que los creyentes piensen tanto en elevar su nivel de vida, que se olviden de Dios. Satanás siempre ha usado esta táctica para distraer a los creyentes. El apóstol Pablo reconoció esta táctica del enemigo cuando dijo, “todos buscan lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús.” (Fil.2:21) Esto es muy triste y debe servirnos de advertencia acerca del preocuparnos tanto por nosotros mismos que ya no nos importe servir a Dios ni ayudar a los otros creyentes.

💊Primer remedio contra esta táctica es el fijarnos bien en cómo esta mentalidad conduce a un sinnúmero de pecados contra la ley de Dios y contra el evangelio. El buscar tener cada vez más dinero, más poder, más influencia, es dañino. Inevitablemente corrompe el alma. Los que quieren más dinero y más posesiones, son conducidos a servir a la criatura más que a Dios. Muy pronto estarán dispuestos a hacer o decir cualquier cosa, simplemente para conseguir más de lo que otros tienen. Muy fácilmente se vuelven personas deshonestas y comienzan a hacer daño a las personas que son más pobres o más débiles que ellos. El carácter de uno es afectado y su vida espiritual debilitada. Es sorprendente que tan pronto algunas personas son desviadas por el afán de esta vida y el engaño de las riquezas. (Mat.13:22)

💊💊Segundo remedio, no sorprenderse de que Dios se oponga a los que buscan grandes cosas para sí mismos. El décimo mandamiento prohíbe la codicia. En Colosenses 3:5 Pablo dice que la avaricia es idolatría. También en 1Tim.6:8-10 dice, “Así que teniendo sustento y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: El cual codiciando algunos se desviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.” Dios advierte a su pueblo acerca de buscar el dinero, las posesiones o el poder, simplemente por poseerlos. Frecuentemente los que buscan estas cosas se destruyen a sí mismos, y la Biblia nos da muchos ejemplos de los que se destruyeron de esta manera. Por ejemplo, Judas, Demas, Balaam, Faraón, Giezi, Amán, Acab, etc.

💊💊💊Tercera medicina, debemos imitar el ejemplo de los que han hecho bien a otros en lugar de buscar todo para nosotros mismos. Tales personas son el ejemplo a seguir para los creyentes. Cristo es el ejemplo más grande de hacer el bien a otros. Aunque poseía todo poder siendo el glorioso Hijo de Dios, se despojó a sí mismo y vino en la forma de un siervo a salvar a su pueblo llevando su pecado y sufriendo la ira de Dios en su lugar. No puede haber un ejemplo más grande de auto-negación para el bien de otros. “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual a lo de otros.” (Fil.2:4) Solamente así podremos verdaderamente prosperar.

💊💊💊💊Cuarto fármaco, no importa si somos pobres o ricos, debemos tomar muy en serio las palabras del apóstol Pablo cuando dijo, “he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé estar humillado y sé estar en abundancia: por todo y en todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Fil.4:11-12) Es necesario comprender que la codicia y el egoísmo son pecados que afectan al pobre y al rico, al rey y al siervo, al general y al soldado. Entonces, no olvidemos la pregunta que Jehová hizo a Baruc, el sirviente de Jeremías: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques...” (Jer.45:5)

Segunda estrategia👿: Está dirigida hacia aquellos que tienen ciertas capacidades, habilidades o preparación. El enemigo les tienta a enorgullecerse de sus capacidades y a confiar en ellas. Frecuentemente caen en el pecado de menospreciar a aquellos que tienen menos capacidades o poca preparación.

 Primer antídoto: Siempre guardar en mente que nuestras habilidades, nuestra inteligencia y nuestra educación son dones a préstamo. Son dones pertenecientes a Dios. El apóstol Pablo dijo a los creyentes en Corinto que no se envanecieran unos contra otros, preguntándoles, “¿Quién te distingue? o ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿De qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1Cor.4:7)

              
 Segundo antídoto: Recordar cómo muchos que han confiado en sus capacidades y habilidades han terminado en ruina. Muchos han sufrido por creer que sabían mucho, aún más que Dios. Los escribas y los fariseos son ejemplos de ello. No hay nada que le provoca más a Dios a abandonar a una persona como la vana confianza en sí mismo. La miseria nunca está lejos de la puerta de aquel hombre que descanse en algo distinto de la gracia de Cristo. Con frecuencia Dios les deja a sus propios recursos a los que confían en su propia fuerza y capacidad. Muchos se han desencaminado por confiar en su propia sabiduría. “Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia... no seas sabio en tu opinión.” (Prov.3:5-6)

Tercer antídoto: Reconocer que hay muchos creyentes que aunque posean menos habilidad, sin embargo tienen más gracia y son más santos. Puede haber y frecuentemente ocurre así, que los que tienen muchas habilidades y capacidades, tienen muy poca gracia o ninguna. Por otra parte, es común que uno tenga mucha gracia y pocos dones. Usted puede tener muchas habilidades y mucho conocimiento, mientras que otros se han adelantado en su comunión con Dios, en su dependencia de Dios, en su amor para con Dios y en su andar con Dios.

martes, 2 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

Capítulo 14

Ahora vamos a considerar TRES maneras en que el diablo trata de desanimar a los creyentes y hacerles dudar.

1

- Satanás atacará a los creyentes diciéndoles que no están tan llenos de gozo y contentamiento como cuando confiaron en Cristo al principio, que han perdido el gozo y la consolación que tenían antes. Satanás quiere que duden de su salvación porque ya no gozan de la paz y la felicidad como al principio.

¿Qué debe hacer el creyente cuando esto le sucede?

El primer remedio divino contra esta tentación es que no debemos confiar en nuestros sentimientos. Satanás quiere que los creyentes confíen en sus emociones en lugar de que ejerciten su fe. Es cierto que los creyentes no siempre se sienten felices y no siempre tienen paz, pero esto no indica que ya no posean las bendiciones divinas de la salvación. Pueden perder su sentimiento de consolación, pero el Dios de la consolación permanece como su padre celestial. Los creyentes pueden perder su gozo, pero esto no es nada cuando es comparado con las bendiciones eternas que no se pierden. No pueden perder su unión con Cristo, su justificación, su adopción, su herencia eterna, el amor de Dios, etc.. En otras palabras, aunque los creyentes no siempre se sientan felices no dejan de pertenecer al Señor; no pueden dejar de ser hijos de Dios, no pueden dejar de tener parte en las promesas de Dios. Dios no deja de amarles.

Segundo remedio, por supuesto los creyentes dejan de sentirse felices en ocasiones, no obstante son todavía creyentes. El creyente que razona así: “No tengo consolación por lo tanto no tengo gracia. He perdido el gozo que una vez tenía. Por lo tanto mi condición no es buena y nunca fue realmente buena”. Este tipo de razonamiento no procede de Dios. Es terrenal, es diabólico; no es de arriba sino de abajo. El escritor del Salmo 42 dijo: “¿Por qué te abates oh alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, porque él es Salvación mía y Dios mío.” (Sal 42:11) A veces los creyentes se sienten inquietos y sin embargo mientras sigan confiando en Dios son creyentes verdaderos, diga lo que diga satanás.

Tercer remedio, Es cierto que el Espíritu Santo a veces hace que los creyentes sientan el amor de Dios en una forma especial. Todos los creyentes han llegado a sentir una conciencia especial de la presencia de Dios en diferentes ocasiones. Sin embargo, para la mayoría de los creyentes ésta no es una bendición constante o cotidiana. Algunos creyentes experimentan un gozo especial cuando por primera vez llegan a conocer a Dios. Es de esperarse que sea así pues acaban de pasar de las tinieblas a la luz, del peligro a la seguridad. La emoción o el sentimiento fuerte de felicidad y bienestar no continuará para siempre así. Puede debilitarse y desvanecerse, no obstante mientras sigan confiando en el Señor Jesucristo, todo está bien. No importa como se sientan.

Cuarto remedio, también Dios, inevitablemente les volverá a traer los sentimientos de gozo y de paz. Los creyentes pueden tener un periodo de infelicidad, pero Dios normalmente no deja a su pueblo permanecer mucho tiempo en un estado semejante. El amor de Dios está obrando para su bien y a su tiempo Dios les hará sentir nuevamente ese amor. Los creyentes deben esperar pacientemente hasta que la paz y el gozo de Dios regresen y entonces gozarán nuevamente de esta bendición y fortaleza de Dios. Dios no quiere que sus hijos permanezcan desanimados y tristes. Satanás miente cuando dice a los creyentes, que por el hecho de no sentirse como antes no son creyentes verdaderos.

 

2

- El diablo inquieta a los creyentes recordándoles qué tan frecuentemente han caído en los mismos pecados a los cuales anteriormente habían renunciado. Esta es una triste realidad que inquieta la conciencia del creyente y le hace dudar de su salvación. El hecho de volver a caer en los mismos pecados puede provocar muchos temores y dudas en el alma del creyente. Inevitablemente da una ventaja al enemigo y hace que el creyente no sea tan ferviente ni tan constante en su servicio a Dios.

En primer lugar, la Biblia enseña que los creyentes verdaderos pueden caer una y otra vez en los pecados de los cuales se han arrepentido. Los creyentes han sido librados del control y el dominio del pecado. Están libres del amor del pecado, libres de la condenación del pecado, pero no están libres del poder de cada pecado en particular. Ciertos pecados moran todavía en el creyente y le afectan, pero no le pueden destruir. Los creyentes son propensos a caer en los mismos pecados, debido a que la raíz de cada pecado está todavía en ellos. Como el fuego no está apagado completamente, no debemos suponer que es imposible que arda nuevamente. Dios no ha prometido que los creyentes estarán completamente libres del pecado. (De otro modo ya serían perfectos.) Aunque su arrepentimiento ha sido profundo y lo más sincero posible, puesto que las gracias espirituales son todavía débiles y la mortificación incompleta, no debemos sorprendernos de que vuelvan a caer. Los creyentes más destacados de la biblia a menudo volvieron a caer una y otra vez en los mismos pecados. Por ejemplo, Abraham, David y Pedro cayeron varias veces en los mismos pecados. Aun las bendiciones más grandes y las experiencias más dulces del amor de Dios no son una barrera suficientemente fuerte para evitar las caídas. No debemos pensar que por el hecho de caer en el mismo pecado uno ya no sea creyente verdadero. Debemos señalar que es raro que Dios permita que alguno de sus hijos caiga en un pecado grave. La gracia de Dios no dejará que los creyentes sean esclavizados nuevamente por el pecado.

 

3

- El enemigo les dice a los creyentes que no son cristianos genuinos por ser tentados tan frecuentemente. 

Esto no es verdad; el ser tentado no es pecado. Todos los creyentes son tentados, y las escrituras indican que los mejores y más amados creyentes son los que más han sido tentados por satanás. No solo David, Job, Pedro, sino Cristo mismo, el amado del Padre, fue tentado severamente. Si estos, los más eminentes y destacados creyentes que han vivido en la tierra fueron tentados, entonces ningún creyente debe juzgarse como no amado por ser tentado. Las pruebas y las tentaciones son parte esencial de la vida de cada creyente. De hecho las tentaciones pueden convertirse en medios de bendición. Las tentaciones nos pueden enseñar el poder del pecado, nuestra propia debilidad, nuestra necesidad de la continua ayuda de Dios. Las tentaciones no hacen daño a los creyentes si las resisten; lo que les hace daño es ceder ante ellas.

Satanás es un enemigo envidioso y malicioso. Tal como sus nombres, así es su persona: el acusador, el tentador, el destructor, el enemigo, el hombre fuerte, etc. Le gusta tentar a los hombres con los pecados que les traerán honor o ganancias: “Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (Mat.4:9) A veces manifiesta su malicia tentándonos a cometer pecados que antes no hacíamos o a cometer los mismos pecados que abominamos en otros. Es nuestro honor y la más alta sabiduría que resistamos a satanás al inicio de las tentaciones. “Quítate de delante de mí satanás.” (Mat.16:23)

Martín Lutero aconsejaba a los creyentes que cuando fueran tentados respondieran al diablo con estas palabras, “Yo soy un creyente.” Satanás siempre tratará de tentar a los creyentes.

Los siguientes motivos nos pueden ayudar a resistir las tentaciones del diablo: el amor de Dios, el honor de Dios, la unión y la comunión con Dios, la sangre de Cristo, la muerte de Cristo, la bondad de Cristo, la intercesión de Cristo y la gloria de Cristo. Además el creyente puede encontrar motivos en la morada del Espíritu, la voz del Espíritu, el consuelo del Espíritu, la ayuda del Espíritu y el testimonio del Espíritu Santo. También el creyente puede encontrar múltiples motivos para resistir la tentación en estos: la gloria del cielo, la excelencia de la gracia, la belleza de la santidad, el valor del alma, la amargura y la maldad del pecado, etc.

 El PECADO más pequeño posee más maldad que la TENTACIÓN más grande del mundo.

Satanás moldeará sus tentaciones de acuerdo a las inclinaciones y el carácter de cada persona. Si son personas dotadas y muy capacitadas, serán tentadas a la autosuficiencia y la presunción. Si son personas temerosas e inseguras, les tentará a la preocupación y la ansiedad. Aquellos de conciencia sensible les tentará a preocuparse por cada detalle y cada cosa que hacen, por muy insignificante que sea. Si son personas flexibles, serán tentados a la inconstancia y a comprometerse  indebidamente. Si son personas orgullosas, serán tentadas a la obstinación y la necedad, etc. El conocernos a nosotros mismos puede ayudarnos mucho a resistir las tentaciones del enemigo. No debemos olvidarnos de que, el ser tentado no es lo mismo que pecar.

lunes, 1 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 13

O

tro método usado por satanás para mantener a los creyentes en un estado de duda y cuestionamiento de su vida espiritual es diciéndoles que las evidencias de que poseen la gracia y el favor     de Dios son falsas.

Les dirá que sus evidencias no son reales y que personas que no son creyentes pueden tener evidencias semejantes. Les dirá que su fe no es el don de Dios sino una ilusión de sus propias mentes. Que su preocupación por la obra de Dios no es superior de la que muchas personas tienen de los asuntos mundanos. Satanás les dirá que no han crecido realmente en lo espiritual, que personas engañadas pueden alcanzar un nivel igual o mejor que ellos. Para enfrentar estas sugerencias del diablo, debemos recordar que Dios manifiesta su gracia en dos formas distintas, primero su GRACIA COMÚN y segundo su GRACIA ESPECIAL o SALVADORA.

Por medio de su gracia común Dios concede bendiciones a todos, pero su gracia especial la otorga solamente a sus elegidos. Nunca debemos confundir la diferencia entre estas dos clases de gracia. Es posible por ejemplo que muchos que no son verdaderos creyentes parezcan como si lo fuesen. Que manifiesten cierto entendimiento de la Palabra de Dios. Pueden vivir una vida moralista y religiosa, cuando en realidad no son objetos de la gracia especial de Dios.

A continuación señalaremos algunas distinciones entre la gracia común y la gracia salvadora de Dios:

PRIMERO, la gracia salvadora cambia a la persona misma, concediéndole vida espiritual, una nueva naturaleza; entre tanto que la gracia común solamente obstruye el pecado, manteniéndole dentro de ciertos límites permitidos por Dios. La gracia común limita el pecado y controla sus efectos, pero no transforma interiormente las personas. La gracia salvadora de Dios transforma a la persona en su mente, sus emociones, su voluntad. Todos los aspectos de su vida están siendo cambiados, limpiados y renovados.

SEGUNDO, la gracia especial de Dios produce un interés profundo y personal en las realidades espirituales y eternas: en Dios, en Jesucristo, en las promesas de Dios, en su Reino, en el cielo. Los que son solo objeto de la gracia común de Dios pueden tener cierto conocimiento superficial de la Biblia, pero su interés en tales cosas es solo temporal y en realidad no quieren conocer a Dios, no es su deseo principal. La Biblia nos da muchos ejemplos de personas que fueron objeto de la gracia común, sin ser recipientes de la gracia salvadora de Dios. (Por ejemplo, Judas, Demas, los fariseos, el rey Saúl, etc.)

TERCERO, la gracia especial de Dios produce un placer verdadero en el servicio de Dios. Para los objetos de la gracia salvadora, los mandamientos de Dios no son gravosos, el yugo de Cristo es fácil y ligera su carga. Los recipientes de la gracia especial de Dios encuentran gozo en la oración, la lectura de la Biblia, la comunión con otros creyentes y la adoración de Dios. El salmista habló de ésta clase de persona diciendo: “En la ley de Jehová está su delicia.” (Sal 1:2) Para aquellos que son solo objeto de la gracia común, el servicio a Dios es pesado, aburrido, una carga en lugar de un placer. El profeta Malaquías dice, “Habéis dicho: Por demás es servir a Dios; ¿Qué aprovecha que guardemos su ley y que andemos tristes delante de Jehová?” (Mal.3:14) Este es el pensamiento de aquellos que solo conocen la gracia común.

CUARTO, la gracia salvadora le hace a uno temer la perversidad de su propio corazón. Le hace examinar cuidadosamente su propio corazón y tener cautela de su forma de vivir. La gracia común le deja a uno satisfecho con un cristianismo superficial. Los creyentes que lo son de nombre solamente, se fijan más cuidadosamente en otros que en sí mismos; juzgan a otros antes que a sí mismos.

QUINTO, la gracia salvadora le hace a uno amar y buscar la santidad, aun cuando sea difícil y peligroso. Los creyentes de nombre solamente, aquellos que no son realmente salvos, no perseveran cuando la vida cristiana se vuelve difícil. Jesús habló de semejantes personas en la parábola del sembrador. (Mat.13:20- 21) La semilla sembrada entre pedregales representa a la persona que oye la palabra y al momento la recibe con gozo, “pero no tiene raíz en sí, antes es temporal, pues al venir la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende.” El creyente verdadero, sigue a Cristo aun cuando sea difícil.

SEXTO, los que gozan de la bendición de la gracia especial de Dios, quieren obedecer a Dios por motivos espirituales. Desean orar, quieren servir a Dios, quieren escucharle porque le aman y desean agradarle. Aquellos que solo son creyentes nominales, hacen algunas de estas cosas pero no porque amen a Dios, sino solo para ser vistos de los hombres. Quieren que otros piensen bien de ellos pero en realidad no quieren agradar a Dios.

SÉPTIMO, la gracia salvadora es renovadora; conduce al deseo de abandonar, de dejar el pecado por completo y a obedecer todos los mandamientos de Dios. Los creyentes son hechos semejantes a Caleb, de quien Dios dijo: “Por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mí.” (Num.14:24) Los que solo aparentan ser creyentes sin serlo, siguen a Dios a medias, son de doble ánimo, solo obedecen cuando les es conveniente. Es necesario hacer una distinción entre lograr la perfección y desearla. Entre el esfuerzo para obedecer y el cumplimiento. El alma renovada puede decir: Aunque no he mortificado completamente ningún pecado, como debiera y como quisiera, sin embargo aborrezco todo pecado. Aunque no he obedecido perfectamente ni un solo mandamiento, como quisiera y como debiera, sin embargo amo cada mandamiento de Dios. Todos me son preciosos, y no hay uno solo que no deseo cumplir. Este era el sentir del apóstol Pablo en Romanos 7:15-22.

OCTAVO, principalmente y sobre todo, aquellos que son benditos con el amor y la gracia especial de Dios, estiman a Cristo como la más grande bendición. Cristo mismo es suficiente para satisfacer sus almas. Pueden gozar de Cristo sin poseer riquezas, sin placeres, sin la sonrisa de la prosperidad; de todos modos están contentos con Cristo. Cristo es el todo, el Sumo Bien para los que conocen la gracia salvadora. Si estamos enfermos, Él es el médico; si tenemos sed, Él es el manantial; si el pecado nos inquieta, Él es nuestra justicia; si necesitamos ayuda, Él es poderoso para salvar; si tememos la muerte, Él es la vida; si estamos en tinieblas, Él es la luz; si somos débiles, Él es nuestra fortaleza; si somos pobres, Él es la plenitud; si deseamos el cielo, Él es el único camino. En contraste con los que solo tienen la apariencia de creyentes, quienes estiman más las recompensas, los beneficios y la alabanza que reciben profesando el cristianismo (pero que en realidad no estiman a Cristo por encima de todas las cosas), los que poseen a Cristo no carecen de nada. Así dijo Pablo, “como no teniendo nada, más poseyéndolo todo.” (1Cor.6:10) Entonces, quienes no poseen a Cristo, no tienen nada.

¿Ama usted al Señor Jesús más que todas las demás cosas?
Si esto es así, entonces no debe escuchar al diablo cuando quiere hacerle dudar y pensar que sus evidencias de salvación son falsas.