Capítulo 13
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tro método usado por satanás para mantener a los creyentes en un estado de duda y cuestionamiento de su vida espiritual es diciéndoles que las evidencias de que poseen la gracia y el favor de Dios son falsas.
Les dirá que sus evidencias no
son reales y que personas que no son creyentes pueden tener evidencias
semejantes. Les dirá que su fe no es el don de Dios sino una ilusión de sus
propias mentes. Que su preocupación por la obra de Dios no es superior de la
que muchas personas tienen de los asuntos mundanos. Satanás les dirá que no han
crecido realmente en lo espiritual, que personas engañadas pueden alcanzar un
nivel igual o mejor que ellos. Para enfrentar estas sugerencias del diablo,
debemos recordar que Dios manifiesta su gracia en dos formas distintas, primero
su GRACIA COMÚN y segundo su GRACIA ESPECIAL o SALVADORA.
Por medio de su gracia común Dios
concede bendiciones a todos, pero su gracia especial la otorga solamente a sus
elegidos. Nunca debemos confundir la diferencia entre estas dos clases de
gracia. Es posible por ejemplo que muchos que no son verdaderos creyentes parezcan
como si lo fuesen. Que manifiesten cierto entendimiento de la Palabra de Dios. Pueden
vivir una vida moralista y religiosa, cuando en realidad no son objetos de la
gracia especial de Dios.
A continuación señalaremos
algunas distinciones entre la gracia común y la gracia salvadora de Dios:
PRIMERO, la gracia salvadora cambia a la persona
misma, concediéndole vida espiritual, una nueva naturaleza; entre tanto que la
gracia común solamente obstruye el pecado, manteniéndole dentro de ciertos
límites permitidos por Dios. La gracia común limita el pecado y controla sus
efectos, pero no transforma interiormente las personas. La gracia salvadora de
Dios transforma a la persona en su mente, sus emociones, su voluntad. Todos los
aspectos de su vida están siendo cambiados, limpiados y renovados.
SEGUNDO, la gracia especial de Dios
produce un interés profundo y personal en las realidades espirituales y
eternas: en Dios, en Jesucristo, en las promesas de Dios, en su Reino, en el
cielo. Los que son solo objeto de la gracia común de Dios pueden tener cierto conocimiento
superficial de la Biblia, pero su interés en tales cosas es solo temporal y en
realidad no quieren conocer a Dios, no es su deseo principal. La Biblia nos da
muchos ejemplos de personas que fueron objeto de la gracia común, sin ser
recipientes de la gracia salvadora de Dios. (Por ejemplo, Judas, Demas, los
fariseos, el rey Saúl, etc.)
TERCERO, la gracia especial de Dios
produce un placer verdadero en el servicio de Dios. Para los objetos de la
gracia salvadora, los mandamientos de Dios no son gravosos, el yugo de Cristo
es fácil y ligera su carga. Los recipientes de la gracia especial de Dios
encuentran gozo en la oración, la lectura de la Biblia, la comunión con otros
creyentes y la adoración de Dios. El salmista habló de ésta clase de persona
diciendo: “En la ley de Jehová está su delicia.” (Sal 1:2) Para aquellos
que son solo objeto de la gracia común, el servicio a Dios es pesado, aburrido,
una carga en lugar de un placer. El profeta Malaquías dice, “Habéis
dicho: Por demás es servir a Dios; ¿Qué aprovecha que guardemos su ley y que
andemos tristes delante de Jehová?” (Mal.3:14) Este es el pensamiento
de aquellos que solo conocen la gracia común.
CUARTO, la gracia salvadora le hace
a uno temer la perversidad de su propio corazón. Le hace examinar
cuidadosamente su propio corazón y tener cautela de su forma de vivir. La
gracia común le deja a uno satisfecho con un cristianismo superficial. Los
creyentes que lo son de nombre solamente, se fijan más cuidadosamente en otros
que en sí mismos; juzgan a otros antes que a sí mismos.
QUINTO, la gracia salvadora le hace
a uno amar y buscar la santidad, aun cuando sea difícil y peligroso. Los
creyentes de nombre solamente, aquellos que no son realmente salvos, no
perseveran cuando la vida cristiana se vuelve difícil. Jesús habló de
semejantes personas en la parábola del sembrador. (Mat.13:20- 21) La semilla
sembrada entre pedregales representa a la persona que oye la palabra y al
momento la recibe con gozo, “pero no tiene raíz en sí, antes es
temporal, pues al venir la aflicción o la persecución por la palabra, luego se
ofende.” El creyente verdadero, sigue a Cristo aun cuando sea difícil.
SEXTO, los que gozan de la bendición
de la gracia especial de Dios, quieren obedecer a Dios por motivos
espirituales. Desean orar, quieren servir a Dios, quieren escucharle porque le
aman y desean agradarle. Aquellos que solo son creyentes nominales, hacen
algunas de estas cosas pero no porque amen a Dios, sino solo para ser vistos de
los hombres. Quieren que otros piensen bien de ellos pero en realidad no
quieren agradar a Dios.
SÉPTIMO, la gracia salvadora es
renovadora; conduce al deseo de abandonar, de dejar el pecado por completo y a
obedecer todos los mandamientos de Dios. Los creyentes son hechos semejantes a
Caleb, de quien Dios dijo: “Por cuanto hubo en él otro espíritu, y
cumplió de ir en pos de mí.” (Num.14:24) Los que solo aparentan ser
creyentes sin serlo, siguen a Dios a medias, son de doble ánimo, solo obedecen
cuando les es conveniente. Es necesario hacer una distinción entre lograr la
perfección y desearla. Entre el esfuerzo para obedecer y el cumplimiento. El
alma renovada puede decir: Aunque no he mortificado completamente ningún
pecado, como debiera y como quisiera, sin embargo aborrezco todo pecado. Aunque
no he obedecido perfectamente ni un solo mandamiento, como quisiera y como
debiera, sin embargo amo cada mandamiento de Dios. Todos me son preciosos, y no
hay uno solo que no deseo cumplir. Este era el sentir del apóstol Pablo en
Romanos 7:15-22.
OCTAVO, principalmente y sobre todo, aquellos que son benditos con el amor y la gracia especial de Dios, estiman a Cristo como la más grande bendición. Cristo mismo es suficiente para satisfacer sus almas. Pueden gozar de Cristo sin poseer riquezas, sin placeres, sin la sonrisa de la prosperidad; de todos modos están contentos con Cristo. Cristo es el todo, el Sumo Bien para los que conocen la gracia salvadora. Si estamos enfermos, Él es el médico; si tenemos sed, Él es el manantial; si el pecado nos inquieta, Él es nuestra justicia; si necesitamos ayuda, Él es poderoso para salvar; si tememos la muerte, Él es la vida; si estamos en tinieblas, Él es la luz; si somos débiles, Él es nuestra fortaleza; si somos pobres, Él es la plenitud; si deseamos el cielo, Él es el único camino. En contraste con los que solo tienen la apariencia de creyentes, quienes estiman más las recompensas, los beneficios y la alabanza que reciben profesando el cristianismo (pero que en realidad no estiman a Cristo por encima de todas las cosas), los que poseen a Cristo no carecen de nada. Así dijo Pablo, “como no teniendo nada, más poseyéndolo todo.” (1Cor.6:10) Entonces, quienes no poseen a Cristo, no tienen nada.
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