Versículo para hoy:

miércoles, 3 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 15

         Satanás ataca a los creyentes de acuerdo a su posición económica y a su clase social. Algunos creyentes son pobres y otros son ricos, algunos son poderosos y otros débiles, algunos muy famosos y otros desconocidos. Cada posición en la vida en la cual se desenvuelven los creyentes tiene sus peligros y tentaciones particulares. Satanás tienta a algunos creyentes en ciertas maneras especiales. Tiene sus tentaciones especiales para los ricos y los poderosos y otras tentaciones que utiliza en contra de los pobres. En este capítulo tocaremos algunas maneras especiales en que satanás ataca a los creyentes poderosos, influyentes y a los pobres.

Primera estrategia👿: Satanás trata de que los creyentes piensen que deben tener más éxito, deben ser más influyentes, que deben ser más conocidos, que logren obtener más dinero. Satanás quiere que los creyentes piensen tanto en elevar su nivel de vida, que se olviden de Dios. Satanás siempre ha usado esta táctica para distraer a los creyentes. El apóstol Pablo reconoció esta táctica del enemigo cuando dijo, “todos buscan lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús.” (Fil.2:21) Esto es muy triste y debe servirnos de advertencia acerca del preocuparnos tanto por nosotros mismos que ya no nos importe servir a Dios ni ayudar a los otros creyentes.

💊Primer remedio contra esta táctica es el fijarnos bien en cómo esta mentalidad conduce a un sinnúmero de pecados contra la ley de Dios y contra el evangelio. El buscar tener cada vez más dinero, más poder, más influencia, es dañino. Inevitablemente corrompe el alma. Los que quieren más dinero y más posesiones, son conducidos a servir a la criatura más que a Dios. Muy pronto estarán dispuestos a hacer o decir cualquier cosa, simplemente para conseguir más de lo que otros tienen. Muy fácilmente se vuelven personas deshonestas y comienzan a hacer daño a las personas que son más pobres o más débiles que ellos. El carácter de uno es afectado y su vida espiritual debilitada. Es sorprendente que tan pronto algunas personas son desviadas por el afán de esta vida y el engaño de las riquezas. (Mat.13:22)

💊💊Segundo remedio, no sorprenderse de que Dios se oponga a los que buscan grandes cosas para sí mismos. El décimo mandamiento prohíbe la codicia. En Colosenses 3:5 Pablo dice que la avaricia es idolatría. También en 1Tim.6:8-10 dice, “Así que teniendo sustento y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: El cual codiciando algunos se desviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.” Dios advierte a su pueblo acerca de buscar el dinero, las posesiones o el poder, simplemente por poseerlos. Frecuentemente los que buscan estas cosas se destruyen a sí mismos, y la Biblia nos da muchos ejemplos de los que se destruyeron de esta manera. Por ejemplo, Judas, Demas, Balaam, Faraón, Giezi, Amán, Acab, etc.

💊💊💊Tercera medicina, debemos imitar el ejemplo de los que han hecho bien a otros en lugar de buscar todo para nosotros mismos. Tales personas son el ejemplo a seguir para los creyentes. Cristo es el ejemplo más grande de hacer el bien a otros. Aunque poseía todo poder siendo el glorioso Hijo de Dios, se despojó a sí mismo y vino en la forma de un siervo a salvar a su pueblo llevando su pecado y sufriendo la ira de Dios en su lugar. No puede haber un ejemplo más grande de auto-negación para el bien de otros. “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual a lo de otros.” (Fil.2:4) Solamente así podremos verdaderamente prosperar.

💊💊💊💊Cuarto fármaco, no importa si somos pobres o ricos, debemos tomar muy en serio las palabras del apóstol Pablo cuando dijo, “he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé estar humillado y sé estar en abundancia: por todo y en todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Fil.4:11-12) Es necesario comprender que la codicia y el egoísmo son pecados que afectan al pobre y al rico, al rey y al siervo, al general y al soldado. Entonces, no olvidemos la pregunta que Jehová hizo a Baruc, el sirviente de Jeremías: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques...” (Jer.45:5)

Segunda estrategia👿: Está dirigida hacia aquellos que tienen ciertas capacidades, habilidades o preparación. El enemigo les tienta a enorgullecerse de sus capacidades y a confiar en ellas. Frecuentemente caen en el pecado de menospreciar a aquellos que tienen menos capacidades o poca preparación.

 Primer antídoto: Siempre guardar en mente que nuestras habilidades, nuestra inteligencia y nuestra educación son dones a préstamo. Son dones pertenecientes a Dios. El apóstol Pablo dijo a los creyentes en Corinto que no se envanecieran unos contra otros, preguntándoles, “¿Quién te distingue? o ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿De qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1Cor.4:7)

              
 Segundo antídoto: Recordar cómo muchos que han confiado en sus capacidades y habilidades han terminado en ruina. Muchos han sufrido por creer que sabían mucho, aún más que Dios. Los escribas y los fariseos son ejemplos de ello. No hay nada que le provoca más a Dios a abandonar a una persona como la vana confianza en sí mismo. La miseria nunca está lejos de la puerta de aquel hombre que descanse en algo distinto de la gracia de Cristo. Con frecuencia Dios les deja a sus propios recursos a los que confían en su propia fuerza y capacidad. Muchos se han desencaminado por confiar en su propia sabiduría. “Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia... no seas sabio en tu opinión.” (Prov.3:5-6)

Tercer antídoto: Reconocer que hay muchos creyentes que aunque posean menos habilidad, sin embargo tienen más gracia y son más santos. Puede haber y frecuentemente ocurre así, que los que tienen muchas habilidades y capacidades, tienen muy poca gracia o ninguna. Por otra parte, es común que uno tenga mucha gracia y pocos dones. Usted puede tener muchas habilidades y mucho conocimiento, mientras que otros se han adelantado en su comunión con Dios, en su dependencia de Dios, en su amor para con Dios y en su andar con Dios.

martes, 2 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

Capítulo 14

Ahora vamos a considerar TRES maneras en que el diablo trata de desanimar a los creyentes y hacerles dudar.

1

- Satanás atacará a los creyentes diciéndoles que no están tan llenos de gozo y contentamiento como cuando confiaron en Cristo al principio, que han perdido el gozo y la consolación que tenían antes. Satanás quiere que duden de su salvación porque ya no gozan de la paz y la felicidad como al principio.

¿Qué debe hacer el creyente cuando esto le sucede?

El primer remedio divino contra esta tentación es que no debemos confiar en nuestros sentimientos. Satanás quiere que los creyentes confíen en sus emociones en lugar de que ejerciten su fe. Es cierto que los creyentes no siempre se sienten felices y no siempre tienen paz, pero esto no indica que ya no posean las bendiciones divinas de la salvación. Pueden perder su sentimiento de consolación, pero el Dios de la consolación permanece como su padre celestial. Los creyentes pueden perder su gozo, pero esto no es nada cuando es comparado con las bendiciones eternas que no se pierden. No pueden perder su unión con Cristo, su justificación, su adopción, su herencia eterna, el amor de Dios, etc.. En otras palabras, aunque los creyentes no siempre se sientan felices no dejan de pertenecer al Señor; no pueden dejar de ser hijos de Dios, no pueden dejar de tener parte en las promesas de Dios. Dios no deja de amarles.

Segundo remedio, por supuesto los creyentes dejan de sentirse felices en ocasiones, no obstante son todavía creyentes. El creyente que razona así: “No tengo consolación por lo tanto no tengo gracia. He perdido el gozo que una vez tenía. Por lo tanto mi condición no es buena y nunca fue realmente buena”. Este tipo de razonamiento no procede de Dios. Es terrenal, es diabólico; no es de arriba sino de abajo. El escritor del Salmo 42 dijo: “¿Por qué te abates oh alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, porque él es Salvación mía y Dios mío.” (Sal 42:11) A veces los creyentes se sienten inquietos y sin embargo mientras sigan confiando en Dios son creyentes verdaderos, diga lo que diga satanás.

Tercer remedio, Es cierto que el Espíritu Santo a veces hace que los creyentes sientan el amor de Dios en una forma especial. Todos los creyentes han llegado a sentir una conciencia especial de la presencia de Dios en diferentes ocasiones. Sin embargo, para la mayoría de los creyentes ésta no es una bendición constante o cotidiana. Algunos creyentes experimentan un gozo especial cuando por primera vez llegan a conocer a Dios. Es de esperarse que sea así pues acaban de pasar de las tinieblas a la luz, del peligro a la seguridad. La emoción o el sentimiento fuerte de felicidad y bienestar no continuará para siempre así. Puede debilitarse y desvanecerse, no obstante mientras sigan confiando en el Señor Jesucristo, todo está bien. No importa como se sientan.

Cuarto remedio, también Dios, inevitablemente les volverá a traer los sentimientos de gozo y de paz. Los creyentes pueden tener un periodo de infelicidad, pero Dios normalmente no deja a su pueblo permanecer mucho tiempo en un estado semejante. El amor de Dios está obrando para su bien y a su tiempo Dios les hará sentir nuevamente ese amor. Los creyentes deben esperar pacientemente hasta que la paz y el gozo de Dios regresen y entonces gozarán nuevamente de esta bendición y fortaleza de Dios. Dios no quiere que sus hijos permanezcan desanimados y tristes. Satanás miente cuando dice a los creyentes, que por el hecho de no sentirse como antes no son creyentes verdaderos.

 

2

- El diablo inquieta a los creyentes recordándoles qué tan frecuentemente han caído en los mismos pecados a los cuales anteriormente habían renunciado. Esta es una triste realidad que inquieta la conciencia del creyente y le hace dudar de su salvación. El hecho de volver a caer en los mismos pecados puede provocar muchos temores y dudas en el alma del creyente. Inevitablemente da una ventaja al enemigo y hace que el creyente no sea tan ferviente ni tan constante en su servicio a Dios.

En primer lugar, la Biblia enseña que los creyentes verdaderos pueden caer una y otra vez en los pecados de los cuales se han arrepentido. Los creyentes han sido librados del control y el dominio del pecado. Están libres del amor del pecado, libres de la condenación del pecado, pero no están libres del poder de cada pecado en particular. Ciertos pecados moran todavía en el creyente y le afectan, pero no le pueden destruir. Los creyentes son propensos a caer en los mismos pecados, debido a que la raíz de cada pecado está todavía en ellos. Como el fuego no está apagado completamente, no debemos suponer que es imposible que arda nuevamente. Dios no ha prometido que los creyentes estarán completamente libres del pecado. (De otro modo ya serían perfectos.) Aunque su arrepentimiento ha sido profundo y lo más sincero posible, puesto que las gracias espirituales son todavía débiles y la mortificación incompleta, no debemos sorprendernos de que vuelvan a caer. Los creyentes más destacados de la biblia a menudo volvieron a caer una y otra vez en los mismos pecados. Por ejemplo, Abraham, David y Pedro cayeron varias veces en los mismos pecados. Aun las bendiciones más grandes y las experiencias más dulces del amor de Dios no son una barrera suficientemente fuerte para evitar las caídas. No debemos pensar que por el hecho de caer en el mismo pecado uno ya no sea creyente verdadero. Debemos señalar que es raro que Dios permita que alguno de sus hijos caiga en un pecado grave. La gracia de Dios no dejará que los creyentes sean esclavizados nuevamente por el pecado.

 

3

- El enemigo les dice a los creyentes que no son cristianos genuinos por ser tentados tan frecuentemente. 

Esto no es verdad; el ser tentado no es pecado. Todos los creyentes son tentados, y las escrituras indican que los mejores y más amados creyentes son los que más han sido tentados por satanás. No solo David, Job, Pedro, sino Cristo mismo, el amado del Padre, fue tentado severamente. Si estos, los más eminentes y destacados creyentes que han vivido en la tierra fueron tentados, entonces ningún creyente debe juzgarse como no amado por ser tentado. Las pruebas y las tentaciones son parte esencial de la vida de cada creyente. De hecho las tentaciones pueden convertirse en medios de bendición. Las tentaciones nos pueden enseñar el poder del pecado, nuestra propia debilidad, nuestra necesidad de la continua ayuda de Dios. Las tentaciones no hacen daño a los creyentes si las resisten; lo que les hace daño es ceder ante ellas.

Satanás es un enemigo envidioso y malicioso. Tal como sus nombres, así es su persona: el acusador, el tentador, el destructor, el enemigo, el hombre fuerte, etc. Le gusta tentar a los hombres con los pecados que les traerán honor o ganancias: “Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (Mat.4:9) A veces manifiesta su malicia tentándonos a cometer pecados que antes no hacíamos o a cometer los mismos pecados que abominamos en otros. Es nuestro honor y la más alta sabiduría que resistamos a satanás al inicio de las tentaciones. “Quítate de delante de mí satanás.” (Mat.16:23)

Martín Lutero aconsejaba a los creyentes que cuando fueran tentados respondieran al diablo con estas palabras, “Yo soy un creyente.” Satanás siempre tratará de tentar a los creyentes.

Los siguientes motivos nos pueden ayudar a resistir las tentaciones del diablo: el amor de Dios, el honor de Dios, la unión y la comunión con Dios, la sangre de Cristo, la muerte de Cristo, la bondad de Cristo, la intercesión de Cristo y la gloria de Cristo. Además el creyente puede encontrar motivos en la morada del Espíritu, la voz del Espíritu, el consuelo del Espíritu, la ayuda del Espíritu y el testimonio del Espíritu Santo. También el creyente puede encontrar múltiples motivos para resistir la tentación en estos: la gloria del cielo, la excelencia de la gracia, la belleza de la santidad, el valor del alma, la amargura y la maldad del pecado, etc.

 El PECADO más pequeño posee más maldad que la TENTACIÓN más grande del mundo.

Satanás moldeará sus tentaciones de acuerdo a las inclinaciones y el carácter de cada persona. Si son personas dotadas y muy capacitadas, serán tentadas a la autosuficiencia y la presunción. Si son personas temerosas e inseguras, les tentará a la preocupación y la ansiedad. Aquellos de conciencia sensible les tentará a preocuparse por cada detalle y cada cosa que hacen, por muy insignificante que sea. Si son personas flexibles, serán tentados a la inconstancia y a comprometerse  indebidamente. Si son personas orgullosas, serán tentadas a la obstinación y la necedad, etc. El conocernos a nosotros mismos puede ayudarnos mucho a resistir las tentaciones del enemigo. No debemos olvidarnos de que, el ser tentado no es lo mismo que pecar.

lunes, 1 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 13

O

tro método usado por satanás para mantener a los creyentes en un estado de duda y cuestionamiento de su vida espiritual es diciéndoles que las evidencias de que poseen la gracia y el favor     de Dios son falsas.

Les dirá que sus evidencias no son reales y que personas que no son creyentes pueden tener evidencias semejantes. Les dirá que su fe no es el don de Dios sino una ilusión de sus propias mentes. Que su preocupación por la obra de Dios no es superior de la que muchas personas tienen de los asuntos mundanos. Satanás les dirá que no han crecido realmente en lo espiritual, que personas engañadas pueden alcanzar un nivel igual o mejor que ellos. Para enfrentar estas sugerencias del diablo, debemos recordar que Dios manifiesta su gracia en dos formas distintas, primero su GRACIA COMÚN y segundo su GRACIA ESPECIAL o SALVADORA.

Por medio de su gracia común Dios concede bendiciones a todos, pero su gracia especial la otorga solamente a sus elegidos. Nunca debemos confundir la diferencia entre estas dos clases de gracia. Es posible por ejemplo que muchos que no son verdaderos creyentes parezcan como si lo fuesen. Que manifiesten cierto entendimiento de la Palabra de Dios. Pueden vivir una vida moralista y religiosa, cuando en realidad no son objetos de la gracia especial de Dios.

A continuación señalaremos algunas distinciones entre la gracia común y la gracia salvadora de Dios:

PRIMERO, la gracia salvadora cambia a la persona misma, concediéndole vida espiritual, una nueva naturaleza; entre tanto que la gracia común solamente obstruye el pecado, manteniéndole dentro de ciertos límites permitidos por Dios. La gracia común limita el pecado y controla sus efectos, pero no transforma interiormente las personas. La gracia salvadora de Dios transforma a la persona en su mente, sus emociones, su voluntad. Todos los aspectos de su vida están siendo cambiados, limpiados y renovados.

SEGUNDO, la gracia especial de Dios produce un interés profundo y personal en las realidades espirituales y eternas: en Dios, en Jesucristo, en las promesas de Dios, en su Reino, en el cielo. Los que son solo objeto de la gracia común de Dios pueden tener cierto conocimiento superficial de la Biblia, pero su interés en tales cosas es solo temporal y en realidad no quieren conocer a Dios, no es su deseo principal. La Biblia nos da muchos ejemplos de personas que fueron objeto de la gracia común, sin ser recipientes de la gracia salvadora de Dios. (Por ejemplo, Judas, Demas, los fariseos, el rey Saúl, etc.)

TERCERO, la gracia especial de Dios produce un placer verdadero en el servicio de Dios. Para los objetos de la gracia salvadora, los mandamientos de Dios no son gravosos, el yugo de Cristo es fácil y ligera su carga. Los recipientes de la gracia especial de Dios encuentran gozo en la oración, la lectura de la Biblia, la comunión con otros creyentes y la adoración de Dios. El salmista habló de ésta clase de persona diciendo: “En la ley de Jehová está su delicia.” (Sal 1:2) Para aquellos que son solo objeto de la gracia común, el servicio a Dios es pesado, aburrido, una carga en lugar de un placer. El profeta Malaquías dice, “Habéis dicho: Por demás es servir a Dios; ¿Qué aprovecha que guardemos su ley y que andemos tristes delante de Jehová?” (Mal.3:14) Este es el pensamiento de aquellos que solo conocen la gracia común.

CUARTO, la gracia salvadora le hace a uno temer la perversidad de su propio corazón. Le hace examinar cuidadosamente su propio corazón y tener cautela de su forma de vivir. La gracia común le deja a uno satisfecho con un cristianismo superficial. Los creyentes que lo son de nombre solamente, se fijan más cuidadosamente en otros que en sí mismos; juzgan a otros antes que a sí mismos.

QUINTO, la gracia salvadora le hace a uno amar y buscar la santidad, aun cuando sea difícil y peligroso. Los creyentes de nombre solamente, aquellos que no son realmente salvos, no perseveran cuando la vida cristiana se vuelve difícil. Jesús habló de semejantes personas en la parábola del sembrador. (Mat.13:20- 21) La semilla sembrada entre pedregales representa a la persona que oye la palabra y al momento la recibe con gozo, “pero no tiene raíz en sí, antes es temporal, pues al venir la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende.” El creyente verdadero, sigue a Cristo aun cuando sea difícil.

SEXTO, los que gozan de la bendición de la gracia especial de Dios, quieren obedecer a Dios por motivos espirituales. Desean orar, quieren servir a Dios, quieren escucharle porque le aman y desean agradarle. Aquellos que solo son creyentes nominales, hacen algunas de estas cosas pero no porque amen a Dios, sino solo para ser vistos de los hombres. Quieren que otros piensen bien de ellos pero en realidad no quieren agradar a Dios.

SÉPTIMO, la gracia salvadora es renovadora; conduce al deseo de abandonar, de dejar el pecado por completo y a obedecer todos los mandamientos de Dios. Los creyentes son hechos semejantes a Caleb, de quien Dios dijo: “Por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mí.” (Num.14:24) Los que solo aparentan ser creyentes sin serlo, siguen a Dios a medias, son de doble ánimo, solo obedecen cuando les es conveniente. Es necesario hacer una distinción entre lograr la perfección y desearla. Entre el esfuerzo para obedecer y el cumplimiento. El alma renovada puede decir: Aunque no he mortificado completamente ningún pecado, como debiera y como quisiera, sin embargo aborrezco todo pecado. Aunque no he obedecido perfectamente ni un solo mandamiento, como quisiera y como debiera, sin embargo amo cada mandamiento de Dios. Todos me son preciosos, y no hay uno solo que no deseo cumplir. Este era el sentir del apóstol Pablo en Romanos 7:15-22.

OCTAVO, principalmente y sobre todo, aquellos que son benditos con el amor y la gracia especial de Dios, estiman a Cristo como la más grande bendición. Cristo mismo es suficiente para satisfacer sus almas. Pueden gozar de Cristo sin poseer riquezas, sin placeres, sin la sonrisa de la prosperidad; de todos modos están contentos con Cristo. Cristo es el todo, el Sumo Bien para los que conocen la gracia salvadora. Si estamos enfermos, Él es el médico; si tenemos sed, Él es el manantial; si el pecado nos inquieta, Él es nuestra justicia; si necesitamos ayuda, Él es poderoso para salvar; si tememos la muerte, Él es la vida; si estamos en tinieblas, Él es la luz; si somos débiles, Él es nuestra fortaleza; si somos pobres, Él es la plenitud; si deseamos el cielo, Él es el único camino. En contraste con los que solo tienen la apariencia de creyentes, quienes estiman más las recompensas, los beneficios y la alabanza que reciben profesando el cristianismo (pero que en realidad no estiman a Cristo por encima de todas las cosas), los que poseen a Cristo no carecen de nada. Así dijo Pablo, “como no teniendo nada, más poseyéndolo todo.” (1Cor.6:10) Entonces, quienes no poseen a Cristo, no tienen nada.

¿Ama usted al Señor Jesús más que todas las demás cosas?
Si esto es así, entonces no debe escuchar al diablo cuando quiere hacerle dudar y pensar que sus evidencias de salvación son falsas.

domingo, 31 de marzo de 2024

¿El mayor engaño de la historia? Cómo piensan los historiadores sobre la resurrección - BEN SMART

¿Existe buena evidencia histórica para afirmar que Jesús resucitó de entre los muertos?

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 12

Satanás tiene otro método para hacer daño a los creyentes: Si no puede lograr que pequen o sean distraídos, tratará de hacerles infelices y miserables como creyentes. Esto procura lograrlo haciéndoles dudar de su salvación. Gusta de llenar las mentes de los creyentes con dudas e interrogantes. "¿Soy realmente cristiano? ¿Está firme y segura mi esperanza de la vida eterna? ¿Es el gozo cristiano que siento, una buena emoción y nada más?" Uno de los métodos de satanás es atacar a los cristianos llenándoles con interrogantes, dudas, incertidumbre y miseria. Para conseguir esto, satanás utiliza tres métodos.

Primero, satanás procurará que los creyentes siempre estén preocupados acerca de sus pecados. Hará que sus pecados les parezcan tan grandes que no puedan pensar en otra cosa, especialmente que no piensen en su Salvador. Ningún creyente debe pensar del pecado en esta manera. Es cierto que el pecado rodea a los creyentes y que éstos todavía pecan; no obstante, el pecado no tiene poder para condenarles. El Señor Jesús no quita todos y cada uno de los pecados de los creyentes, es decir, todavía no son perfectos. Sin embargo, quita la condenación del pecado. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.” (Rom.8:1) También Cristo les libra del reino y del poder dominante del pecado. (Rom.6:14) Los creyentes ya no pecan libremente, ni felizmente. Ya no son los esclavos del pecado, advierten su peligro y pelean contra él. Aunque el pecado todavía mora en ellos y se rebela, no puede controlarles, ni dominarles totalmente. El poder del pecado ha sido quebrantado por Cristo. Por lo tanto, el creyente no debe caer en el error de pensar solamente en sus pecados.

Segundo, los creyentes deben guardar en mente qué tan seguido Dios promete el perdón del pecado en la Biblia. Es cierto que deben pelear contra el pecado, sin embargo en este mundo el pecado no será erradicado de sus vidas. No deben fijarse tanto en los pecados, que pierdan de vista la grandeza del perdón del pecado. Dios dice: “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí, y no me acordaré de tus pecados”. (Isa.43:25) Cristo ha pagado por los pecados de su pueblo, nadie más lo pudo hacer. Pablo dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Cor.5:21) Los creyentes no se sentirían miserables si otra persona pagara una deuda suya. Cristo ha pagado la deuda de los pecados que cada creyente debía a Dios. Por lo tanto, los creyentes no deben sentirse miserables y deprimidos como si su deuda no hubiese sido pagada.

Tercero, esto no quiere decir que los creyentes deben volverse descuidados hacia el pecado. Satanás quiere que estén alarmados y aterrorizados por sus pecados. Los motivos de Dios en permitir que los creyentes estén preocupados por el pecado son otros. Dios quiere que los creyentes se mantengan en humildad. Quiere que busquen su ayuda para mortificar el pecado. Quiere que dependan de Cristo para su perdón y fortaleza. Quiere que tengan compasión para aquellos que son sujetos a las mismas debilidades y para los que han caído en pecado. También quiere que anhelen profundamente la liberación completa del pecado en el cielo. Dios logra estos propósitos dejando que luchen y que sean ejercitados con los remanentes del pecado.

Los creyentes que están deprimidos, miserables y aterrorizados a causa de sus pecados, deben arrepentirse de ese estado mental. Su depresión es ocasionada por su propia ignorancia e incredulidad. Deben entender que el amor de Dios es completo, libre, eterno y abundante; la muerte y los sufrimientos de Cristo son suficientes para perdonar todos sus pecados para siempre. Deben comprender mejor el valor, la gloria y la suficiencia de la justicia de Cristo la cual les ha sido imputada. Deben creer más la gloriosa e inquebrantable realidad de su unión espiritual con Cristo. Si tan solo los creyentes creyeran más la verdad de estas cosas, no serían deprimidos y abrumados por satanás, ni por sus pecados.

Hay otra forma en que satanás trata de que los creyentes se sientan miserables, culpables e inútiles: Les hace pensar que las normas para ser un creyente son tan altas que nunca las podrán alcanzar, haciéndoles dudar así de su salvación. A satanás le gusta hacer que los creyentes piensen que su fe no es verdadera. Quiere persuadirles que la fe es un don tan especial y tan raro que muy pocos lo tienen. Satanás les dice a los creyentes que la fe significa no dudar nunca de su salvación y siempre creer que sus pecados son perdonados. Si alguna vez los creyentes llegan a dudar, cuestionar o caer en ansiedad, entonces satanás les dice que no tienen la fe verdadera.

Primero, al efectuar todo esto satanás está haciendo que la fe signifique más de lo que la Biblia dice. Dios dice en la Biblia que los creyentes pueden tener la fe verdadera, sin estar seguros de que la tienen. Si así no fuera, el apóstol Juan no hubiera escrito: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.” (1Jn.5:13) Ellos creyeron pero no estaban seguros de tener la vida eterna. Juan escribió para mostrarles que tenían vida eterna. Antes que supieran que tenían la vida eterna, ellos ya habían creído, ya tenían fe. Entonces uno puede tener fe sin estar seguro de su salvación.

Segundo, Dios nos dice que la fe significa recibir a Cristo: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios.” (Jn.1:12) Satanás quiere que los creyentes piensen que la fe significa siempre estar seguros y nunca dudar de que Dios les ame y de que su destino es el cielo. La verdad es que puede existir la fe verdadera aún cuando haya muchas dudas. Por ejemplo, Mateo 14:31 dice: “Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?” Una persona puede creer verdaderamente y no obstante a veces dudar. Este fue el caso de Pedro; creía, tenía fe y sin embargo dudaba.

Tercero, la seguridad es un efecto o un fruto de la fe; por lo tanto no debe confundirse con la fe misma. Estar seguros de que somos cristianos, no es la misma cosa que creer en Cristo. La fe es lo que viene primero y la seguridad viene después. La fe no puede perderse, la seguridad sí.

La tercera táctica del diablo para lograr que los creyentes duden, se depriman y se sientan miserables e inútiles: Que juzguen equivocadamente la providencia divina. Satanás quiere que los creyentes piensen que Dios está en su contra y que les está tratando duramente. Satanás quiere que crean que debido a que su vida resulta difícil, Dios no les ama. Oran y le piden a Dios algo, pero no les contesta o les responde negativamente. Esperan recibir algo bueno, pero terminan siendo desilusionados y se sienten defraudados. Se esfuerzan para obedecer a Dios pero luego sus sueños son frustrados. Entonces comienzan a pensar que Dios no se preocupa por ellos. En tales circunstancias los creyentes deben recordar lo siguiente:

Primero, que muchas cosas pueden estar en contra de sus deseos y de sus sueños sin estar en contra de su bien. ¿Siempre recibieron lo que querían Abraham, Moisés, Pablo, Jonás? No. Se encontraron con muchas circunstancias providenciales contrarias a sus deseos, pero no en contra de su bien espiritual. La providencia puede obrar contra de nuestros deseos, pero nunca en contra de nuestro bien.

Segundo, la mano de Dios puede estar en contra de una persona, al mismo tiempo que su amor y su corazón están a su favor. La mano de Dios parecía estar muy en contra de Job, cuando en realidad Dios le amaba mucho. El amor de Dios por los creyentes no cambia aún y cuando su providencia parezca estar en su contra.

Tercero, las cosas difíciles que sobrevienen a los creyentes en la providencia de Dios tienen un buen propósito. (Rom.8:28) Todas las circunstancias extrañas, oscuras, dolorosas en que los creyentes llegan a encontrarse, siempre les adelantan en su camino hacia al cielo, en su peregrinaje hacia la felicidad. Cuando Dios está obrando en la vida de un creyente, las cosas difíciles y duras siempre le conducen a bendiciones y a la prosperidad espiritual. José tuvo una vida dura cuando fue vendido como esclavo y cuando fue encarcelado, pero después fue usado por Dios para salvar a su familia. La vida puede ser confusa y a veces muy dura para los creyentes; pero la Biblia enseña que en todas estas cosas Dios nunca está obrando en su contra, sino para su bien y el bien de otros.

Dios se preocupa por su pueblo. Por lo tanto, los creyentes no deben permitir que satanás les haga amargarse o dudar del amor de Dios.

sábado, 30 de marzo de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 11

Ahora, vamos a fijar nuestra atención en otros dos métodos usados por el diablo para desanimar a los creyentes en su servicio para el Señor:

1-            Satanás tratará de llenar su mente con malos pensamientos o aún con pensamientos sucios. Esto lo hace frecuentemente cuando los creyentes están tratando de orar, leer sus Biblias o pensar en Dios.

2-            El diablo tratará de lograr que se sientan satisfechos con su vida cristiana a fin de que ya no se preocupen por su crecimiento espiritual.

Con el primer método, satanás ha logrado desanimar a muchos en su servicio al Señor. Con esta persuasión muchos han sido estorbados en sus oraciones, en su estudio de la Palabra, porque siempre se sienten distraídos. Aún llegan a sentirse frustrados, pierden su gozo y se sienten inútiles en el servicio de Dios, todo por causa de los vanos pensamientos que el diablo pone en sus mentes. ¿Qué pueden hacer los creyentes cuando les es difícil orar, leer sus Biblias a consecuencia de estos ataques?

Primero, los creyentes deben esforzarse en ser más afectados por la grandeza de Dios, su santidad, su majestad y su gloria. Cuando los creyentes tienen pensamientos superficiales y pequeños acerca de Dios, satanás puede distraerlos fácilmente. Cuando comienzan a comprender mejor su omnipotencia, su pureza, su grandeza, entonces los pensamientos vanos pierden mucho de su poder. Una visión de la perfección de Dios, su omnipotencia, su omnisciencia, su omnipresencia, su santidad, ayudará mucho para acabar con los pensamientos vanos. Entre más que nuestra mente esté llena con pensamientos de Dios, seremos menos afectados con los pensamientos del diablo. Filipenses 4:8 dice, “Por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”

Segundo, los creyentes pueden superar esta tentación perseverando en la oración, la lectura de la Biblia y en sus pensamientos acerca de Dios. Muchos creyentes han descubierto que satanás les deja en paz cuando perseveran en ello. Cuando el diablo se da cuenta que esta táctica hace que los creyentes busquen a Dios con más empeño, entonces se da por vencido. Cuando Jesús resistió a satanás en el desierto, entonces éste le dejó. Si los creyentes perseveran en buscar a Dios a pesar de todos los intentos del diablo por distraerles, entonces también el diablo huirá de ellos. “Resistid al diablo y huirá de vosotros.” (Stgo.4:7)

Tercero, debemos recordar de que los pensamientos vanos, necios, y blasfemos no son pecados, siempre y cuando no sean bienvenidos y atesorados, sino rechazados y mortificados. En otras palabras, no debemos hacer caso de tales pensamientos. Hay muchos pensamientos que molestan e inquietan a los creyentes, pero tales pensamientos no son pecaminosos si los creyentes no permiten que se aniden en sus mentes. Tales pensamientos llegan a ser pecado cuando son recibidos y abrigados en la mente de los creyentes.

Cuarto, el hecho de resistir tales pensamientos, de lamentarlos y tratar de acabar con ellos, es una evidencia fuerte de que la gracia de Dios está obrando en uno. (Sal 139:23-24) Es un buen signo cuando uno quiere llevar cautivos sus pensamientos en obediencia a Cristo. (2 Cor.10:4-5) Los pensamientos pecaminosos afectan la vida, pues frecuentemente conducen a actos pecaminosos. Por lo tanto los creyentes deben pelear contra los pensamientos vanos y pecaminosos. Mientras que velemos y estemos constantes en resistirlos y ahuyentarlos no nos harán daño.

Quinto, los creyentes pueden alejarse de los pensamientos vanos siendo llenos con las cosas espirituales y celestiales. (Col.3:1-2) Pablo habla en Efesios de la necesidad de ser llenos del Espíritu y aún desea que todos los creyentes sean llenos de toda la plenitud de Dios. (Ef.3:19) Entre más nos llenemos de pensamientos espirituales y celestiales, menos lugar tendremos para los malos pensamientos.

Sexto, es necesario que los creyentes crezcan en su amor por las cosas santas. Inevitablemente pensamos más acerca de lo que más amamos. “¡Cuanto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (Sal 119:97) El salmista amaba la palabra de Dios, por lo tanto ella era su meditación todo el tiempo. Si solo amáramos más la santidad, pensaríamos más en ella.

Séptimo, si los creyentes no quieren ser distraídos por los pensamientos vanos, no deben enredarse demasiado en las actividades de este mundo. El exceso de asuntos mundanos solo llenará sus mentes con ansiedad y afán. Sus mentes se llenarán constantemente de preocupaciones, aun cuando estén buscando las cosas de Dios. Los creyentes deben luchar por librar sus mentes de las ansiedades acerca de esta vida y fijar sus pensamientos en la grandeza y la gloria de Dios. Entonces satanás no los distraerá tan fácilmente con pensamientos indignos.

Ahora veamos la segunda táctica usada por el diablo para impedir a los creyentes en su servicio a Dios. Les hace sentir satisfechos con sus oraciones, con la lectura de la Biblia, con su servicio cristiano, y pronto comienzan a sentir que pueden relajarse un poco y ya no esforzarse tanto. Ante esta artimaña, los creyentes deben recordar cuatro hechos importantes:

Primero, todo lo que los creyentes hacen y todo lo que harán es imperfecto. Hay pecado en todo lo que hacen. Aún sus oraciones, las lecturas de la Palabra y todas las demás actividades cristianas que hacen están manchadas por su debilidad y su pecado. Los creyentes no tienen motivo alguno para enorgullecerse. Podemos decir como el profeta dijo, que todas nuestras obras de justicia son como trapos de inmundicia. (Isa.64:6)

Segundo, los creyentes no son salvos por sus obras, sus oraciones o su servicio cristiano, sino solo por lo que Cristo hizo por ellos. Tienen que confiar solo en Cristo para que sean salvos del pecado.

Tercero, la confianza en nuestras actividades religiosas es un enorme pecado que terminará por destruirnos. (Fil.3:3-9)

        Cuarto, no debemos olvidar lo que nuestro Señor dijo: “Cuando hubierais hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.” (Luc.17:10)

viernes, 29 de marzo de 2024

Las 7 últimas palabras de Jesús desde la cruz explicadas - Colin Smith

 

Muchas personas que creen que Jesús murió en la cruz y resucitó no sienten que Dios los ama. Quizás puedas identificarte con eso. Ya sabes lo de la cruz. Sabes que Jesús sufrió y murió allí. Pero no es obvio para ti cómo es esto el amor.

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 10

E

xiste otro método del diablo para impedir el servicio de los creyentes, consiste en hacerles pensar que hay un número pequeño de personas que sirven a Cristo y que esas personas son los menos importantes, los de menos influencia y los más pobres de todos. Satanás les dirá, “Seguro que no quieren malgastar su vida en medio de un pueblo como éste, sin poder, sin influencia, ignorantes y pobres. No vale la pena obedecer a Dios si su pueblo es así.” ¿Cómo deben reaccionar los creyentes cuando el diablo les habla de esta manera?

Primero, deben recordar que aunque satanás les llame pobres a los seguidores de Cristo, y aunque sean pobres en cuanto a los bienes del mundo, en realidad son los más ricos. No ricos en cuanto al dinero o en cuanto a bienes, sino ricos en las bendiciones de Dios. Santiago, hablando de este asunto escribió: “Hermanos míos amados oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Stg.2:5) Estos pocos y pobres e insignificantes cristianos -como satanás les llamaría-, en verdad son los más ricos y poderosos del mundo. Aunque tengan poco en sus manos, poseen mucho en sus esperanzas. Aunque casi no tengan nada ahora, son los herederos del glorioso reino de Dios.

Los creyentes también deben recordar que a lo largo de la historia humana, algunos de los creyentes han sido ricos y famosos. Por ejemplo Abraham y Job son dos casos de creyentes que eran ricos en bienes materiales. Entonces satanás no tiene razón en decir que todos los creyentes siempre han sido pobres. Algunos creyentes son ricos en bienes de este mundo y todos son ricos en bendiciones espirituales.

Las bendiciones espirituales son más grandes que todas las riquezas terrenales de todos los inconversos en el mundo. El creyente más pobre con bendiciones espirituales, posee más que la persona más rica de la tierra sin ellas. Las bendiciones espirituales satisfacen cuando las bendiciones materiales no pueden hacerlo. Jesús habló de las bendiciones espirituales como agua viva: “Más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Jn.4:14) Los creyentes tienen bendiciones perdurables que nunca les podrán ser quitadas. Las bendiciones de los creyentes les acompañan en todo tiempo: en la prisión, en el tiempo de la enfermedad, a la hora de la muerte y en la eternidad. Ningunas riquezas terrenales pueden hacer esto. ¿Quién es realmente pobre? ¿El así llamado “pobre” creyente o el inconverso más rico de la tierra?

Satanás está ocultando parte de la verdad cuando dice que solo hay creyentes pobres en el mundo. Aunque parezca que es así, la realidad es otra. El número total de creyentes en el mundo es muy grande. Y el número de creyentes que ha existido a lo largo de la historia es también cuantioso. Apocalipsis 7:9 dice que el apóstol Juan vio “una gran multitud la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y de la presencia del cordero.” Aunque puede ser que muchos creyentes viven en lugares donde existen pocos cristianos y muchos de ellos son pobres y humildes, no siempre es así. El día vendrá pronto cuando estos creyentes pobres y humildes brillarán como el sol. Pablo escribió acerca de cómo Dios levantó a los creyentes y los hizo sentar en los lugares celestiales. (Ef.2:6) Algún día Dios mostrará al mundo qué tan bendito es su pueblo. Entonces los ricos de la tierra envidiarán a los creyentes que antes juzgaron como pobres.

jueves, 28 de marzo de 2024

La doble obediencia de Cristo - Gregory K. Beale



Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

Capítulo 9

Ahora vamos a pensar en otras dos maneras en que el diablo procura apartar a los creyentes de su servicio a Dios.

1

- Les hará pensar qué tan difícil es seguir a Cristo; les dirá que es difícil orar, es difícil pensar constantemente en las cosas espirituales, que es difícil tener comunión con los otros creyentes, difícil obedecer, etc.

El primer remedio contra tal maquinación es el pensar más en la necesidad de servir a Cristo, que en las dificultades que tendrán al servirle. Los creyentes deben servir a Cristo para mostrarle su agradecimiento. Los creyentes necesitan crecer en santidad para poder vencer el pecado. Necesitan ser obedientes a Dios para poder hacer su obra en este mundo. Los cristianos necesitan seguir a Cristo para que el propósito de Dios sea cumplido en sus vidas. No hay duda que los creyentes se enfrentarán con problemas y dificultades al seguir a Cristo, pero los verdaderos hijos de Dios toman esta responsabilidad, aún a sabiendas de los problemas que puedan sobrevenirles.

Segundo remedio, los creyentes deben recordar, que si realmente quieren servir a Cristo, Él les ayudará tanto que no les será difícil. Quizás en un principio no les parezca fácil, pero mientras que van haciendo la voluntad de Dios, descubrirán que experimentan gran gozo al realizarla. Mientras se sirve a Dios, uno encuentra en forma personal que Dios le está apoyando, le fortalece, le anima y le guía a través del camino más difícil. Podemos ver en la Biblia cómo las personas se reían de Nehemías y de los demás judíos que pretendían levantar nuevamente los muros de Jerusalén. Sin embargo, Nehemías contaba con la fortaleza de Dios como su ayuda. Nehemías 2:20 dice: “El Dios de los cielos, Él nos prosperará, y nosotros sus siervos levantaremos y edificaremos...” También Isaías dijo respecto a Dios: “Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos...” (Isa.64:5)

También los creyentes necesitan pensar mucho acerca de las dificultades que Cristo mismo sufrió, de cómo Él nunca huyó del sufrimiento. Soportó los peores ultrajes en cuerpo y alma para el bienestar espiritual de nosotros, para nuestro bien eterno. En Isaías 50:6 Cristo dice: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba, no escondí mi rostro de las injurias y los esputos.” Cristo soportó la ira del Padre, la carga de nuestros pecados, la malicia de satanás y el aborrecimiento del mundo. Puesto que Cristo sufrió tanto por nosotros, debemos obedecerle y vivir para Él, aun cuando esto signifique que tengamos que sufrir en alguna forma. Los creyentes deben darse cuenta de que servir a Cristo es difícil sólo para su viejo hombre, los remanentes de su naturaleza caída. Todos los creyentes están obligados a despojarse del viejo hombre y de la pasada manera de vivir y a vestirse del nuevo hombre. (Ef.4:22-23) El nuevo hombre se goza de seguir a Cristo, es a su naturaleza pecaminosa a quien no le gusta servir a Dios. En Romanos 7:22 el apóstol Pablo dice: “Según el hombre interior (el nuevo hombre) me deleito en la ley de Dios.” Para la nueva criatura el yugo de Cristo es fácil y ligera su carga. (Mat.11:30) Para el nuevo hombre los mandamientos de Dios no son gravosos, sino causa de gozo. Todos los creyentes saben que ésta es la verdad, y hay algo en su interior que les hace disfrutar agradando a Dios.

Finalmente, hay recompensas en el futuro. Hay grandes galardones para aquellos que a pesar de sus dificultades siguen a Cristo fielmente. El cielo recompensará todo. En el libro de Hebreos leemos de la fe de Moisés que tuvo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que por los tesoros de los egipcios, porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Heb.11:26)

Además, hay recompensas en esta vida para aquellos que siguen a Cristo a pesar de las dificultades. El Salmo 19:11 dice que en guardar los mandamientos hay grande galardón. Cuán necios son los creyentes que permiten que satanás les robe este grande galardón.

 

2

- Satanás puede usar otro método para conseguir que los creyentes no sirvan a Dios. Puede tratar de que piensen equivocadamente acerca de lo que Cristo ha hecho en pro de ellos. Les sugerirá que puesto que Cristo ha hecho todo para su pueblo, les ha perdonado, les ha justificado, ha garantizado su llegada al cielo, entonces no hay nada que hacer salvo estar gozosos y festejar. Satanás desea que piensen que, puesto que Cristo ha sido castigado como su sustituto y puesto que Cristo está en el cielo preparando un lugar para ellos, entonces no hay necesidad de orar, de arrepentirse, de estudiar la Palabra, de reunirse con otros creyentes. En fin, puesto que Cristo nos ha salvado, no hay necesidad de que le sirvamos.

            Al hacer estas sugerencias, satanás está tomando una parte de la verdad y convirtiéndola en una mentira. Es cierto que si no fuera por la obra salvadora de Cristo, no habría ningún creyente. Sin embargo, ser un cristiano incluye más que el mero recibir lo que Cristo ha hecho. La Biblia dice: “Ya no sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio; glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y vuestro espíritu los cuales son de Dios.” (1Cor.6:19-20) Los creyentes pertenecen a Cristo. Le pertenecen a fin de que hagan su voluntad motivados por agradecimiento y amor a Él. Entonces satanás miente cuando sugiere que una vez que hemos sido salvados por Cristo, ya no es necesario servirle.

La verdad es que lo que Cristo ha hecho y continúa haciendo por los creyentes constituye el motivo más fuerte para servirle. Cristo les ha librado del poder dominante del pecado, de la ira de Dios, de la amargura de la muerte, de los sufrimientos del infierno. Por lo tanto le deben servir gozosos y con mucha gratitud. Pablo dijo a Tito que “Cristo Jesús se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo celoso de buenas obras”. (Ti.2:14) El hecho de que Cristo se haya dado a sí mismo por los creyentes debe estimularles a ser celosos de hacer el bien. Esta es la razón de porque los creyentes verdaderos siempre han sido muy activos en el servicio de Cristo. Por otra parte si no quieren servir a Dios deben cuestionarse si en verdad son creyentes. El apóstol Juan escribió: “El que dice que le ha conocido y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” (1Jn.2:4) Una vez más tenemos que ver la artimaña de satanás: La persona salva no es negligente en el servicio de su Salvador.