Versículo para hoy:
martes, 11 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 11
Esto equivale a una
promesa. Ha sido bueno, es bueno y será bueno para mí llevar el yugo.
Al principio de la vida
tuve que sentir el peso de la convicción, y desde entonces este peso ha
resultado ser una carga que enriquece el alma. ¿Hubiera yo amado tanto al
Evangelio si no hubiera aprendido por profunda experiencia la necesidad de la
salvación por gracia? Jabes fue más ilustre que sus hermanos, por cuanto su
madre dio a luz en dolor, y los que sufren mucho al ser nacidos para Dios se
hacen creyentes fuertes en la gracia soberana.
El yugo de la censura es
penoso, pero prepara el hombre para honra futura. El que no ha aceptado el reto
del desprecio no es apto para ser jefe. El elogio embriaga si no es precedido
por la afrenta. Los hombres que se elevan a la eminencia sin un esfuerzo,
generalmente caen en la deshonra.
El yugo de la aflicción,
del contratiempo y del trabajo excesivo de ningún modo se debe buscar; pero
cuando el Señor nos lo impone en nuestra mocedad, frecuentemente desarrolla un
carácter que glorifica a Dios y bendice a la iglesia.
Ven, alma mía, dobla tu
cuello, toma tu cruz. Fue buena para ti cuando eras joven; no te hará daño
ahora. Por amor de Jesús cárgala al hombro alegremente.
lunes, 10 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 10
“Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir”. Deuteronomio 28:6.
Las bendiciones de la ley
no son anuladas. Jesús confirmó la promesa cuando Él llevó el castigo. Si yo
guardo los mandamientos de mi Señor, puedo apropiarme esta promesa sin duda
alguna.
En este día entraré
en mi casa sin temor de malas noticias, y entraré en mi cámara esperando oír
buenas nuevas de mi Señor. No tendré miedo de examinarme a mí mismo, ni de
entrar en mis asuntos por una inspección diligente de mi negocio. Tengo mucho
que hacer en el interior, en mi propia alma. ¡Oh, que caiga una bendición sobre
todo ello, la bendición del Señor Jesús, que ha prometido morar conmigo!
También tengo que salir.
La timidez me hace desear que pudiera quedar en casa, y nunca más salir fuera
al mundo. Pero tengo que salir a mi oficio y tengo que salir para ser de algún
beneficio a mis hermanos y para ser útil a los impíos. Tengo que ser un
defensor de la fe y un agresor contra el mal. ¡Oh que caiga una bendición sobre
mi salida en este día! Señor, que vaya yo donde Tú guíes, haciendo los trabajos
que me has encargado, bajo tu mando y en el poder de tu Espíritu.
Señor Jesús, entra
conmigo y sé mi huésped; y después, sal fuera conmigo, y haz que mi corazón
arda mientras me hables en el camino.
SEPTIEMBRE 9
“Bienaventurado el hombre que siempre está temeroso”. Proverbios 28:14.
El temor del Señor es el
principio y el fundamento de toda verdadera religión. Sin un temor reverencial
de Dios no hay en donde tomar pie para las virtudes más brillantes. El alma que
no adora nunca vivirá en santidad.
Es feliz aquel que siente
un temor celoso de hacer mal. El temor santo no solamente mira antes de saltar,
sino aun antes de moverse. Teme errar, teme faltar a su deber, teme cometer
pecado. Teme la mala compañía, la conversación liviana y la astucia sospechosa.
Esto no hace miserable a un hombre, sino que le trae la felicidad. El centinela
vigilante es más feliz que un soldado que duerme en su puesto. El que prevé el
mal y se escapa es más feliz que el que anda descuidadamente y es destruido.
El temor de Dios es una
gracia humilde que conduce a un hombre por un camino excelente del cual está
escrito: “No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él”. El temor aun de
la sola apariencia del mal es un principio purificador, que hace que un hombre
por el poder del Espíritu Santo, pueda guardar sus vestidos sin mancha de este
mundo. En ambos sentidos, el que “siempre está temeroso” es hecho feliz.
Salomón había probado tanto la mundanalidad como el temor santo: en la una
halló vanidad y en el otro la felicidad. No repitamos la prueba que él hizo;
atengámonos a su veredicto.
sábado, 8 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 8
“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare”. Isaías
42:3.
Entonces puedo contar con
un tratamiento compasivo por parte de mi Señor. Verdaderamente me siento tan débil, tan frágil, tan despreciable como una caña. Uno dijo: “Usted a mí no me importa un bledo”; esta palabra, aunque fue poco amable, no era falsa. ¡Ay! Soy peor que una caña que crece al lado del río, porque esta a lo menos puede alzar su cabeza. Estoy cascado, gravemente y tristemente cascado. No hay en mí música; hay una hendidura que deja salir toda la melodía. ¡Ay de mí! Sin embargo Jesús no me quebrará; y si Él no lo hace, entonces poco me importa lo que procuren hacer los demás. ¡Oh, Señor, querido y compasivo, me escondo bajo tu protección y me olvido de mis quebrantos!
Verdaderamente soy
parecido al “pábilo que humea”, cuya luz se ha apagado y sólo queda el humo.
Temo que más bien soy un estorbo que un beneficio. Mis temores me dicen que el
diablo ha apagado mi luz y me ha dejado con un humo desagradable, y que mi
Señor pronto me apagará. Sin embargo, veo que aunque había despabiladores en el
Tabernáculo de la Antigua Alianza, no había apagadores; y Jesús no me apagará;
por lo tanto, tengo esperanza. Señor, inflámame de nuevo y haz que brille para
tu gloria y para ensalzar tu solicitud.
viernes, 7 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 7
“Y será, que donde se les ha dicho: Vosotros no sois mi pueblo, les será
dicho: Sois hijos del Dios viviente”. Oseas 1:10.
La gracia soberana puede
hacer de extraños, hijos, y el Señor aquí declara su propósito de obrar así con
los rebeldes y hacerles saber lo que Él ha hecho. Querido lector, el Señor ha
hecho esto en mi caso; ¿ha hecho lo mismo por ti? Entonces unamos las manos y
los corazones para alabar su nombre adorable.
Algunos de nosotros
éramos tan determinadamente impíos que la palabra del Señor decía en verdad a
nuestra conciencia y corazón: “Vosotros no sois mi pueblo”. En la casa de Dios,
y en nuestros propios hogares, cuando leíamos la Biblia, esta era la voz del
Espíritu de Dios en nuestras almas: “Vosotros no sois mi pueblo”. En verdad que
era una voz triste y condenatoria. Pero ahora en los mismos sitios, por el mismo
ministerio y Escritura, oímos una voz que dice: “Sois hijos del Dios viviente”.
¿Podemos agradecer esto tanto como debiéramos? ¿No es de admirar? ¿No nos da
esperanza de otros? ¿Quién está fuera del alcance de la gracia omnipotente? ¿Cómo
podemos desesperar de nadie, ya que el Señor ha obrado un cambio tan
maravilloso en nosotros?
El que ha guardado esta
primera grande promesa, guardará todas las demás; por lo tanto, sigamos
adelante con cánticos de adoración y confianza.
jueves, 6 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 6
“Aguarda a Jehová; esfuérzate y aliéntese tu corazón; sí, espera a
Jehová”. Salmo 27:14.
¡Espera! ¡Espera! ¡Que tu
espera sea en el Señor! Vale la pena esperarle. Él nunca falta a su palabra al
alma que le espera.
Mientras estás esperando
no pierdas el valor. Espera una liberación grande, y disponte para alabar a
Dios por ella.
La promesa que te debe
animar está a la mitad del versículo: “Aliéntese tu corazón”. Esto va directo
al lugar donde tú necesitas ayuda. Si el corazón está sano, todo el resto del
organismo trabajará bien. El corazón necesita ser tranquilizado y animado; y
estas dos cosas sucederán si es alentado. Un corazón fuerte descansa y se
regocija y envía fuerzas con sus latidos a todo el organismo.
Ningún otro puede llegar
a esa urna secreta de la vida, el corazón, para fortificarlo. Sólo el que lo
hizo puede fortalecerlo. Dios está lleno de fortaleza y, por lo tanto, puede
darla a los que la necesitan. Sé valiente porque el Señor te dará su fortaleza
y tendrás calma en la tempestad y contentamiento en la tristeza.
El que escribe estas
líneas puede decir como David: “Sí, espera a Jehová”. Sí, lo digo en verdad. Sé
por larga y profunda experiencia que me es bueno esperar al Señor.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 5
“Jehová será con vosotros”. 2 Crónicas 20:17.
Esto era una misericordia
grande para Josafat, porque una multitud grande había salido en contra suya; y
será una misericordia grande para mí, porque tengo grande necesidad y no tengo
poder ni sabiduría. Si el Señor está conmigo poco importa quien pueda
desampararme. Si el Señor está conmigo, venceré en la batalla de la vida, y
cuanto más grandes sean mis pruebas, más gloriosa será mi victoria. ¿Cómo puedo
estar seguro de que el Señor estará conmigo?
Por cierto está conmigo
si yo estoy con Él. Si confío en su fidelidad, creo sus palabras y obedezco sus
mandamientos, seguramente está conmigo. Si estoy al lado de Satán, Dios está
contra mí y no puede ser de otra manera; pero si vivo para honrar a Dios, puedo
estar seguro de que Él me honrará.
Estoy cierto de que Dios
está conmigo si Jesús es mi solo y único Salvador. Si he puesto mi alma en las
manos del unigénito Hijo de Dios, entonces puedo estar seguro de que el Padre
empleará todo su poder para guardarme, para que su Hijo no sea deshonrado.
¡Oh que tenga fe para
tomar para mí hoy este versículo corto pero dulce! ¡Oh, Señor, cumple esta
palabra a tu siervo! Está conmigo en la casa, en la calle, en el campo, en el
comercio, en la compañía y cuando estoy solo. Sé Tú también con todo tu pueblo.
martes, 4 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 4
“Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y salvarélos en Jehová su
Dios; y nos los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con
caballos ni caballeros”. Oseas 1:7.
¡Preciosa palabra! El
mismo Jehová librará a su pueblo en la grandeza de su misericordia, pero no lo
hará por medios ordinarios. Los hombres son tardos en dar a Dios la gloria
debida a su nombre. Si van a la batalla con espada y con arco, y ganan la
victoria, debieran alabar a su Dios; pero en vez de hacerlo así empiezan a
magnificar su propia diestra y se glorían en sus caballos y caballeros. Por
esta razón nuestro Jehová muchas veces se decide a salvar a su pueblo sin
segundos medios, para que a Él solamente sea toda la honra.
Mira, pues, alma mía,
solamente al Señor y no al hombre. Espera ver a Dios tanto más claramente
cuando no hay ningún otro a quien mirar. Si no tengo amigo, ni consejero, ni
nadie que me favorezca, no sea yo menos confiado si puedo sentir que el mismo
Señor está a mi lado; sí, que yo me regocije si Él da la victoria sin una
batalla, como parece implicar el versículo. ¿Por qué pido caballos y caballeros
si el mismo Jehová tiene misericordia de mí y levanta su brazo en mi defensa?
¿Para qué necesito yo arco o espada si Dios me salvará? Confíe yo y no tenga
miedo, desde ahora y para siempre. Amén.
lunes, 3 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 3
“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros y os
sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío”. Ezequiel 37:13.
Verdaderamente tiene que
ser así: los que reciben la vida después de estar muertos ciertamente
reconocerán la mano del Señor en tal resurrección. Este es el mayor y el más
extraordinario de todos los cambios que un hombre puede experimentar: ser
sacado de la tumba de la muerte espiritual, y hecho capaz de gozarse en la luz
y la libertad de la vida espiritual. Nadie puede hacer esto sino el Dios vivo,
el Señor y dador de la vida.
¡Ay de mí! ¡Qué bien me
acuerdo cuando yacía yo en el campo de los huesos secos, y yo tan seco como
cualquiera de ellos! ¡Bendito fue el día cuando la gracia libre y soberana
mandó al hombre de Dios que profetizase sobre mí! Gloria a Dios por el temblor
que esa palabra de fe causó entre los huesos secos. ¡Aún más bendito fue aquel
soplo celestial de los cuatro vientos que me vivificó! Ahora conozco el
Espíritu vivificante del sempiterno Jehová. Verdaderamente Jehová es el Dios
vivo, porque me vivificó. Mi vida nueva aun con sus abatimientos y tristezas es
una prueba clara para mí de que el Señor puede matar y dar vida. Él es el Dios
único. Él es todo lo que hay de grande, benigno y glorioso, y mi alma
vivificada le adora como el gran “Yo Soy”. ¡Que toda la gloria sea a
su nombre sagrado! Mientras viva el alabaré.
FUENTE: Libro de Cheques del Banco de la Fe –
Charles H. Spurgeon.domingo, 2 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 2
“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová”. Oseas 6:3.
No todo a la vez, sino
gradualmente, alcanzaremos el conocimiento santo, y a nosotros nos toca
perseverar y aprender poco a poco. No desesperemos aunque nuestro progreso sea
lento, porque aun hemos de saber. El Señor que se ha hecho nuestro Maestro no
nos dejará aunque seamos tardos en comprender; porque no sería para honra suya
que un cierto grado de ignorancia humana resultara obstáculo insuperable para
su saber. El Señor se complace en hacer sabios a los simples.
Nuestro deber es
adherirnos a nuestro objeto principal y proseguir en el conocimiento, no de
esta doctrina particular o de la otra, sino de Jehová mismo. Conocer al Padre,
al Hijo y al Espíritu, al Dios uno en tres personas, esta es la vida eterna; atengámonos
a esto, porque de esta manera alcanzaremos completa instrucción. Prosiguiendo a
conocer al Señor aprenderemos lo que es ser curados después de ser lacerados,
ser vendados después de ser heridos, y sabremos lo que es la vida después de la
muerte. La experiencia tiene perfecta su obra cuando el corazón sigue el
sendero del Señor Omnipotente.
Alma mía, mantente cerca
de Jesús, prosigue en conocer a Dios en Jesús, y así llegarás al conocimiento
de Cristo, que es la más excelente de todas las ciencias. El Espíritu Santo te
guiará a toda verdad. ¿No es este su ministerio benigno? Contemos con Él, que
Él lo cumplirá.
SEPTIEMBRE 1
“Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor”. Juan 15:10.
Estas cosas no pueden ser
separadas; permanecer en la obediencia, y permanecer en el amor de Jesús. Sólo
una vida bajo el mando de Cristo puede manifestar que somos objeto del gozo de
nuestro Señor. Tenemos que guardar el mandamiento de nuestro Señor si queremos
vivir al calor de su amor. Si vivimos en pecado no podemos vivir en el amor de
Cristo. Sin la santidad que agrada a Dios, no podemos agradar a Jesús. El que
no aprecia la santidad, no sabe nada del amor de Jesús.
El gozo que sentimos del
amor de nuestro Señor es una cosa delicada. Es mucho más sensible al pecado y a
la santidad que el mercurio al frío y al calor. Cuando tenemos un corazón
tierno y procuramos honrar a nuestro Señor Jesús en pensamiento, palabra y
vida, entonces recibimos señales sin número de su amor. Si deseamos perpetuar
tal bienaventuranza, tenemos que perpetuar la santidad. El Señor Jesús no
esconderá su rostro de nosotros a menos que escondamos nuestro rostro de Él. El
pecado produce la nube que oculta nuestro Sol; si queremos ser obedientes con
vigilancia, y completamente consagrados, podemos andar en luz, como Dios está
en luz, y estar tan ciertamente en el amor de Jesús como Jesús está en el amor del
Padre. Aquí tenemos una promesa dulce con un “si” solemne. ¡Señor, haz que
tenga yo este “si” en mi mano, porque, como una llave, abre una cajita!
FUENTE: Libro de Cheques del Banco de la Fe –
Charles H. Spurgeon.
viernes, 31 de agosto de 2018
AGOSTO 31
“Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra
que por el evangelio os ha sido anunciada”. 1 Pedro 1:25.
Toda enseñanza humana, y
en verdad todos los seres humanos, pasarán como la hierba del campo; pero aquí
se nos asegura que la Palabra del Señor es de un carácter muy diferente, porque
permanecerá para siempre.
He aquí un evangelio
divino; porque ¿qué palabra puede permanecer para siempre si no fuera
hablada por el eterno Dios?
He aquí un evangelio
inmortal, tan lleno de vida como cuando primero salió de la boca de
Dios; tan potente para convencer y convertir, para regenerar y consolar, para
sostener y santificar, como lo fue en sus primeros días de obrar maravillas.
He aquí un evangelio
inmutable, que hoy no es hierba verde, y mañana heno seco, sino siempre
la verdad permanente del inmutable Jehová. Las opiniones cambian, pero la
verdad certificada de Dios no puede cambiar más que el Dios que la pronunció.
He aquí entonces un evangelio
en el cual podemos regocijarnos, una palabra del Señor sobre la cual
podemos apoyarnos con todo nuestro peso. “Perpetuamente”, incluye la vida, la
muerte, el juicio y la eternidad. Gloria a Dios en Cristo Jesús por su
consolación eterna. Aliméntate de la palabra hoy y todos los días de tu vida.
jueves, 30 de agosto de 2018
AGOSTO 30
“No así mi casa para con Dios: sin embargo Él ha hecho conmigo pacto
perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado; bien que toda esta mi
salud, y todo mi deseo no lo haga Él florecer todavía”. 2 Samuel 23:5.
Este versículo no es tan
sólo una promesa, sino un agregado de promesas, una caja de perlas. El pacto es
el arca que lo contiene todo.
Estas son las últimas
palabras de David, pero pueden ser las mías hoy. He aquí un suspiro: las cosas no
van tan bien conmigo, ni con los míos como desearía; hay pruebas, inquietudes y
pecados. Estos endurecen la almohada.
He aquí consuelo:
“Él ha hecho conmigo pacto perpetuo”. Jehová me ha dado su palabra y sellado el
pacto con la sangre de Jesús. Estoy unido a mi Dios y mi Dios a mí.
Esto hace resaltar la
seguridad, puesto que el pacto es perpetuo, bien ordenado y seguro. No
hay nada que temer por el andar del tiempo, la omisión de algún punto olvidado
o la incertidumbre natural de las cosas. El pacto es un fundamento de roca
sobre el cual se puede edificar para la vida o para la muerte.
David siente la
satisfacción: no necesita más para su salvación o delectación. Él está
libre, y está contento. El pacto es todo lo que un hombre puede desear.
¡Oh alma mía! Vuélvete en
este día a tu Señor Jesús, a quien el gran Señor ha dado por pacto al pueblo.
Tómale como tu todo en todo.
miércoles, 29 de agosto de 2018
AGOSTO 29
“Su alma será como huerto de riego”. Jeremías 31:12.
¡Oh, si tuviese mi alma
bajo el cultivo celestial; que no fuera más un desierto, sino un huerto del
Señor! Protegida contra el desierto, rodeada con la gracia, plantada por la
instrucción, visitada por el amor, escardada por la disciplina celestial y
guardada por el poder divino, el alma favorecida es preparada para llevar fruto
al Señor.
Pero un huerto puede
secarse por falta de agua y entonces todas sus plantas decaen y están para
morir. ¡Oh, alma mía, qué pronto te pesaría esto si el Señor te dejara! En el
Oriente un huerto sin agua pronto cesa del todo de ser un huerto; nada puede
venir a la perfección, crecer, ni aun vivir. Cuando hay riego continuo, el
resultado es encantador. Oh, que mi alma sea regada por el Espíritu Santo por
igual, cada parte del huerto teniendo su propio arroyo; en abundancia, que
refrescara suficientemente cada árbol y cada planta, por muy sedienta que fuera
por naturaleza; continuamente, cada hora trayendo no solamente su calor, sino
su refrigerio; sabiamente, cada planta recibiendo exactamente lo que necesita.
Como en un huerto se ve por el verdor dónde corre el agua, así se percibe
pronto en el alma cuando viene el Espíritu de Dios.
¡Oh, Señor, riégame en
este día y haz que te dé una abundante recompensa por amor de Jesús! Amén.
martes, 28 de agosto de 2018
AGOSTO 28
“Yo a Dios clamaré; y Jehová me salvará”. Salmo 55:16.
Sí, tengo que orar. ¿Qué
otra cosa puedo hacer? ¿Qué cosa mejor puedo hacer? Vendido, desamparado,
afligido y engañado. ¡Oh, mi Señor, a ti clamaré! Mi Siclag está reducida a
cenizas, los hombres hablan de apedrearme; pero he esforzado mi corazón en el
Señor, que me sostendrá en esta prueba como me ha sostenido en tantas otras.
Jehová me salvará; estoy cierto que lo hará y declaro mi fe.
El Señor y ningún otro me
salvará. No deseo otro ayudador y no confiaría en un brazo de carne aunque
pudiese. A Él clamaré por la noche, por la mañana y a mediodía y no clamaré a
ningún otro, porque Él es el Dios todo suficiente.
No puedo imaginar cómo me
salvará; pero sí que lo hará. Lo hará de la manera mejor y más segura, y en el
sentido más amplio, más verdadero y más completo. El gran Yo Soy me sacará de
esta prueba y de todas las pruebas futuras, tan ciertamente como Él vive; y
cuando venga la muerte y todos los misterios de la eternidad vengan tras ella,
todavía esto será verdad: “Jehová me salvará”. Esta será mi
canción durante todo este día de primavera. ¿No es como una manzana madura del
árbol de la vida? Comeré de ella. ¡Cuán dulce es a mi paladar!
AGOSTO 27
“Hete escogido en horno de aflicción”. Isaías 48:10.
Por mucho tiempo este
versículo ha sido el lema puesto a nuestra vista en la pared de nuestra
habitación, y también de muchas maneras ha sido escrito en nuestro corazón. No
es cosa despreciable ser escogido de Dios. La elección de Dios hace de hombres
elegidos, hombres verdaderamente selectos. Es mejor ser predestinado de Dios
que elegido de toda la nación. Tan eminente es este privilegio, que
cualesquiera que sean las desventajas que lo acompañen, las aceptamos
gozosamente, como el judío comió hierbas amargas por causa del Cordero Pascual.
Nosotros escogemos el horno, puesto que Dios nos escoge en él.
Somos elegidos como un
pueblo afligido, y no como un pueblo próspero, escogidos no en el palacio, sino
en el horno. En el horno, la hermosura se desfigura, la forma se destruye, la
fuerza se pierde, la gloria se consume, y sin embargo es aquí donde el amor
eterno revela sus secretos y declara su elección. Así ha sido en nuestro caso.
En tiempo de la prueba más dura, Dios ha hecho clara nuestra vocación y
elección y nosotros la hemos hecho firme: entonces hemos escogido al Señor para
ser nuestro Dios, y Él ha manifestado que ciertamente somos sus escogidos. Así
que, si hoy el horno se enciende siete veces tanto de lo que suele estar, no lo
temeremos porque el glorioso Hijo de Dios se paseará con nosotros entre
carbones ardientes.
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