Versículo para hoy:

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cómo puedes recibirlo de nuevo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 8

“Y cuál la grandeza supereminente de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, la cual obró en Cristo resucitándole de los muertos y colocándole a su diestra en los cielos”.   Efesios 1:19-20.


TANTO en la resurrección de Cristo como en nuestra salvación intervino nada menos que el poder divino. ¿Qué diremos de los que piensan que la conversión es obrada solamente por el libre albedrío del hombre y que se debe a sus excelentes aptitudes? Cuando veamos que los muertos se levantan del sepulcro por su propio poder, entonces quizás, veamos a los impíos pecadores volver a Cristo por su albedrío. No es la palabra predicada o la palabra leída lo que, por sí misma, obra la conversión, sino el poder vivificador del Espíritu Santo. Ese poder es irresistible. Los soldados y los sumos sacerdotes no pudieron retener en el sepulcro el cuerpo de Cristo. La muerte misma no pudo retener a Jesús en sus ligaduras. Así es el poder que obra en el creyente cuando es levantado a una vida nueva: nadie lo puede resistir. Ni el pecado, ni la corrupción, ni los demonios del infierno, ni los pecadores de la tierra pueden detener la mano de la gracia de Dios cuando se propone convertir a un hombre. Si el Dios Omnipotente dice: “Tú serás”, el hombre no dirá: “No, no seré”. Observa que el poder que levantó a Cristo de los muertos era un poder “glorioso”, que glorificó a Dios y produjo espanto en las huestes del mal. Así Dios es muy glorificado en la conversión de cada pecador. Era ese un poder eterno. “Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más de él”. Así también nosotros, habiendo resucitado de los muertos, no retrocedamos a nuestras obras de muerte ni a nuestras antiguas corrupciones, sino vivamos para Dios. “Porque él vive, también vivimos nosotros”. “Porque muertos somos y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. “Como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”. Por fin, observa en el texto la unión de la nueva vida con Jesús. El mismo poder que resucitó a la Cabeza comunica vida a los miembros. ¡Qué bendición resucitar juntamente con Cristo!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El regreso de un corazón herido - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 7

“En la mar hay turbación; no se puede sosegar”. Jeremías 49:23.

SABEMOS poco en cuanto a qué turbación puede haber en la mar en estos momentos. Nosotros estamos seguros en nuestras tranquilas habitaciones, pero lejos, en el salado mar, la tempestad estará, quizás, segando las vidas de los hombres. ¡Oye cómo los genios de la muerte braman entre el cordaje, cómo cruje cada viga cuando las olas caen como demoledores arietes sobre la nave! ¡Dios te ayude, pobre marinero empapado y fatigado! ¡Mi oración se eleva al Señor del mar y de la tierra para que él calme la tormenta y te conduzca al deseado puerto! No sólo debo orar, debo también beneficiar a estos hombres intrépidos que constantemente arriesgan sus vidas. ¿He hecho alguna vez algo por ellos? ¿Qué puedo hacer? ¡Cuán a menudo el turbulento mar traga a los que navegan! Miles de cadáveres yacen en lo profundo donde están las perlas. Hay en el mar una turbación de muerte, que tiene su repercusión en el prolongado gemido de las viudas y de los huérfanos. La sal del mar está en muchos ojos de madres y de esposas. ¡Olas crueles, vosotras habéis devorado el amor de las mujeres y el sostén de las familias! ¡Qué resurrección habrá de los que yacen en lo profundo de la mar, cuando esta dé sus muertos! Hasta entonces, habrá turbación en la mar. La mar, como si quisiera mostrar su simpatía con los dolores de la tierra, está siempre agitándose a lo largo de mil riberas; gimiendo con un gemido lastimero, igual al de sus aves; retumbando con estrepitoso estallido de desasosiego; enfureciéndose con ruidoso disgusto; irritándose con enardecida ira y riñendo con los ruidos de diez mil guijarros. El rugido de la mar, quizás sea placentero para algún espíritu alegre, pero para el hijo del dolor, el océano es más triste que la tierra. Este no es nuestro reposo; las inquietas olas nos dicen que es así. Hay un mundo donde no habrá más mar; nuestros rostros están resueltamente puestos en él. Estamos yendo al lugar del cual el Señor nos ha hablado. Hasta entonces seguiremos echando nuestras aflicciones sobre el Señor, que anduvo sobre la mar y que hizo para su pueblo una senda a través de sus profundidades.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 6 de septiembre de 2016

12 preguntas que debes hacerte antes de ver ‘Game of Thrones’ - Pr. John Piper

Invirtiendo en la relación incorrecta - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 6

“Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley”. Gálatas 5:18.

EL que considera su carácter y posición desde el punto de vista legal, no sólo perderá toda esperanza cuando llegue al fin de su cálculo, sino que, si es hombre sabio, la perderá al comenzar. Pues si vamos a ser juzgados sobre la base de la ley, ninguno será justificado. ¡Cuán precioso es saber que moramos en los dominios de la gracia y no en los de la ley! Cuando pienso en mi estado delante de Dios, no pregunto: “¿Soy perfecto ante la ley?”, sino: “¿Soy perfecto en Cristo Jesús?”, lo cual es muy distinto. No necesitamos inquirir si “por naturaleza, estamos sin pecado”; debemos más bien averiguar “si hemos sido lavados en la fuente que ha sido abierta para el pecado y para la impureza”. La cuestión no es “si por mí mismo soy muy agradable a Dios”, sino “si soy acepto en el Amado”. El cristiano examina su posición desde la cumbre del Sinaí y se alarma en cuanto a su salvación. Sería mejor que leyera sus títulos a la luz del Calvario. Además dice: “Mi fe está afectada de incredulidad; no me puede salvar”. Si hubiese considerado el objeto de su fe, en lugar de la fe misma, entonces hubiera dicho: “No hay falta en Cristo; por lo tanto estoy seguro”. El tal suspira por su esperanza diciendo: “¡Ah!, mi esperanza está desfigurada y empañada por una congojosa ansiedad en cuanto a las cosas presentes, ¿cómo, pues, puedo ser acepto?” Si hubiese considerado la base de su esperanza, habría visto que la promesa de Dios permanece segura y, sean cuales fueren nuestras dudas, el juramento y la promesa nunca fallan. ¡Ah, creyente, es siempre más seguro para ti el ser guiado por el Espíritu a la libertad del Evangelio que llevar el yugo de la ley! Júzgate, más bien, en lo que Cristo es que en lo que tú eres. Satán procurará turbar tu paz, trayendo a tu memoria tus pecados e imperfecciones. Puedes hacer frente a sus acusaciones, asiéndote fielmente del Evangelio y rehusando llevar el yugo de servidumbre.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cómo vivir un día a la vez - Jean Williams

¿Qué comunica tu matrimonio? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 5

“¿Has entrado tú hasta los profundos de la mar?” Job 38:16.

ALGUNAS cosas de la naturaleza seguirán siendo enigmáticas para los investigadores más inteligentes y emprendedores. El conocimiento humano tiene límites que no es posible trasponer. Si esto es así con las cosas visibles y temporales, puedo estar seguro de que es aún más así con las cosas espirituales y eternas. ¿Por qué, pues, tengo que torturar mi mente con especulaciones en cuanto al destino y al albedrío, en cuanto a la predestinación y a la responsabilidad humana? Yo no puedo comprender estas profundas y enigmáticas verdades, como tampoco puedo descubrir “los profundos” que yacen en lo más hondo, de donde el viejo océano saca sus abundantes aguas. ¿Por qué he de ser tan curioso como para querer conocer la razón de los actos providenciales del Señor, el motivo de sus acciones y el designio de sus juicios? ¿Podré asir el sol con mi puño y sostener el universo con mi palma? Sin embargo, estas cosas son como una gota de agua, comparadas con el Señor mi Dios. Que no procure, yo, pues, entender lo infinito sino que emplee mis energías en amar. Lo que no puedo conseguir por entendimiento lo puedo poseer por el afecto y, con esto, debo quedar satisfecho. Yo no puedo penetrar en el corazón de la mar, pero puedo gozar de las brisas que pasan rápidamente por su superficie y navegar sobre sus aguas con vientos propicios. Si yo pudiese entrar en “los profundos” de la mar, esa hazaña no tendría para mí ni para otros ninguna utilidad, pues ni salvaría el barco que se está hundiendo ni devolvería el marinero ahogado a la esposa e hijos que lloran. Tampoco me serviría de algo la revelación que yo pudiese hacer de los profundos misterios, pues el más insignificante amor a Dios y el más simple acto de obediencia a él son mejores que el conocimiento más profundo. Señor mío, dejo en tus manos lo infinito y te ruego que apartes de mí cualquier afecto por el árbol de la ciencia que pueda privarme del árbol de la vida.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 4 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 4

“Balanzas justas, pesas justas, epha justo, e hin justo tendréis”. Levítico 19:36.

LAS pesas, las balanzas y las medidas tenían que estar de acuerdo con la ley de justicia. Sin duda, ningún cristiano necesita que se le recuerde esto en su negocio, pues si la justicia es desterrada del mundo que nos rodea, debe hallar asilo en los corazones creyentes. Hay, además, otras balanzas que pesan cosas morales y espirituales que necesitan ser frecuentemente examinadas. Invitaremos al juez esta noche. Las balanzas en las cuales pesamos nuestro carácter y el carácter de los otros hombres, ¿marchan bien? ¿No estamos trocando en kilos nuestros gramos de bondad y en litros los decalitros de los demás? Cristiano, mira cómo andan esas pesas y medidas. Las balanzas en las cuales pesamos nuestras pruebas y aflicciones, ¿funcionan de acuerdo con la ley? Pablo, que sufría más que nosotros, calificó de “livianas” sus aflicciones; en cambio nosotros consideramos “pesadas” las nuestras. Sin duda, algo anda mal en las balanzas. Debemos pensar en este asunto, no sea que seamos denunciados ante la corte celestial por proceder injusto. Esas balanzas con las cuales pesamos nuestras creencias doctrinales, ¿van bien? Las doctrinas de la gracia debieran tener para nosotros el mismo peso que tienen los preceptos de la Palabra, ni más ni menos; pero es de temer que en el concepto de muchos, ya un platillo de la balanza, ya el otro está injustamente cargado. Dar medida justa es, en realidad, una gran cosa. El cristiano debe en esto ser cuidadoso. Las medidas con las cuales estimamos nuestras obligaciones y responsabilidades dan la impresión de ser pequeñas. Cuando un rico no da a la causa de Cristo más de lo que contribuye un pobre, ¿es eso epha justo e hin justo? Cuando los pastores están medio muertos de hambre, ¿es ese un proceder justo? Cuando los pobres son despreciados mientras los impíos ricos son tenidos en admiración, ¿es esa una balanza justa? Lector, podríamos alargar la lista, pero preferimos ponerle punto final para descubrir y destruir todas las balanzas, las pesas y las medidas injustas.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 3 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 3

“Jehová prueba al justo”. Salmo 11:5.

TODOS los acontecimientos están bajo el gobierno de la Providencia. Por lo tanto, todas las pruebas de nuestra vida exterior se pueden atribuir en el acto a la gran Primera Causa. De las puertas de oro del mandato de Dios, los ejércitos de las pruebas marchan en orden de batalla vestidos con coraza de hierro y equipados con armas de guerra. Todos los actos de la Providencia son puertas para las pruebas. Aun nuestras mercedes, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden ser sumergidos en mares de prosperidad como en ríos de aflicción. Para las tentaciones, nuestras montañas no son demasiado altas ni nuestros valles demasiado bajos. Las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos rodeados de peligros. Sin embargo, ninguna lluvia cae de la amenazante nube, sin permiso; cada gota recibe órdenes antes de precipitarse a tierra. Las pruebas que proceden de Dios son enviadas para fortalecer nuestros dones, y para demostrar, a la vez, el poder de la gracia divina, para probar la genuinidad de nuestras virtudes y para acrecentar sus energías. Nuestro Señor en su infinita sabiduría y superabundante amor valora tanto la fe de los suyos que no impedirá las pruebas por las cuales esa fe es fortalecida. Nunca hubieras poseído la preciosa fe que ahora te sostiene, si la prueba de tu fe no hubiese sido semejante al fuego. Tú eres un árbol que nunca te hubieras arraigado tan bien si el viento no te hubiese sacudido de aquí para allá y hecho prender firmemente de las preciosas verdades del pacto de la gracia. La tranquilidad mundana es un gran enemigo para la fe; afloja las articulaciones de santo valor y rompe los músculos de sagrado coraje. El globo no se levanta hasta que las cuerdas no sean rotas. La aflicción hace esta severa obra en las almas creyentes. Mientras el trigo duerma confortablemente en la espiga no tendrá ninguna utilidad para el hombre. Antes que su valor pueda ser conocido debe ser trillado. Así es bueno que Jehová pruebe al justo, porque la prueba lo hace rico para con Dios.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cristo es Suficiente (Segunda parte) - Pastor Héctor Salcedo

Cristo es suficiente — Pastor Héctor Salcedo

Una imagen del matrimonio del tamaño de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 2

“Si no viereis señales y milagros no creeréis”. Juan 4:48.


UN síntoma del estado enfermizo de la mente del hombre en los días del Señor era el ardiente deseo de ver prodigios. Rechazaban los alimentos sólidos y ansiaban meros portentos. El Evangelio, que tanto necesitaban, no lo querían tener. Los milagros, que Jesús no siempre quería obrar, los reclamaban ardientemente. Muchos en nuestros días tienen que ver signos y maravillas, de lo contrario no creen. Algunos han dicho: “Yo tengo que sentir un profundo horror en el alma, si no no creeré en Jesús”. Pero… ¿y si nunca llegas a sentir ese horror, como probablemente nunca lo sentirás? ¿Quieres ir al infierno por despecho contra Dios, porque no quiere tratarte como trata a otros? Uno se ha dicho a sí mismo: “Si yo tuviese un sueño o si sintiese una repentina sacudida de no sé qué, entonces creería”. ¿Así que tú, indigno mortal, piensas que mi Señor será mandado por ti? Tú eres un mendigo que está a su puerta solicitando piedad, ¿y tienes necesariamente que prescribir reglas y reglamentos en cuanto a cómo te ha de dar esa gracia? Mi Señor es de espíritu generoso, pero tiene un corazón muy ilustre; por eso rechaza toda imposición y mantiene su soberanía de acción. Si es esta tu situación, amado lector, ¿por qué ansías señales y prodigios? El Evangelio, ¿no es en sí una señal y un prodigio? ¿No es un milagro de milagros que “de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él cree no perezca”? Sin duda, las palabras “el que quiere, tome del agua de la vida de balde” y esta solemne promesa: “al que a mí viene yo no lo echo fuera” son mejores que las señales y los prodigios. Un Salvador veraz debe ser creído. El es la verdad misma. ¿Por qué has de pedir pruebas de la veracidad de uno que no puede mentir? Los demonios declaran que él es el Hijo de Dios, ¿y tú dudarás de él?


Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Motiva a los hombres a asumir su liderazgo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 1

“Esperad en él en todo tiempo”. Salmo 62:8.

LA fe es la norma tanto de la vida temporal como de la vida espiritual. Tenemos que tener fe en Dios tanto para nuestros asuntos terrenales como para los celestiales. Sólo cuando aprendamos a confiar en Dios para la provisión de todas nuestras necesidades diarias, viviremos sobre el nivel del mundo. No tenemos que ser ociosos, lo que demostraría que no confiamos en Dios, quien “hasta ahora obra”, sino en el demonio, que es padre de la ociosidad. No tenemos que ser imprudentes o temerarios; pues demostraríamos con eso confiar en el azar, no en el Dios viviente, que es un Dios de orden. Debemos confiar en el Señor sencilla y enteramente en todo tiempo, obrando con toda prudencia y rectitud. Permíteme recomendarte una vida de confianza en Dios en relación con las cosas temporales. Si confías en Dios no tendrás necesidad de lamentarte por haber usado medios pecaminosos para enriquecerte. Sirve a Dios con integridad y si no tienes buen éxito en tus empresas, por lo menos tu conciencia estará tranquila. El que confía en la astucia navegará hoy por este lado, mañana por otro, como un barco a vela sacudido por un viento variable. Pero el que confía en el Señor es como un barco a vapor que atraviesa las olas, desafía el viento y va marcando una recta y brillante estela de plata hasta llegar al puerto. Sé un creyente con principios vivos, que no se somete a las variantes costumbres de la sabiduría mundana. Anda en los caminos de integridad con pasos firmes y demuestra que, con el poder que sólo la confianza en Dios puede dar, eres invenciblemente fuerte. Así, confiando en el Señor, serás librado de penosa ansiedad, no serás turbado con malas noticias y tu corazón será afirmado. ¡Cuán grato es flotar en los ríos de la providencia! No hay norma de vida más bendita que la que depende del Dios que cumple el pacto. No tenemos ansiedad porque él tiene cuidado de nosotros; no tenemos turbaciones, porque echamos nuestras cargas sobre el Señor.


Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Afirma y apoya - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Deseas que tu esposo sea más abierto y hable más contigo?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Agosto 31, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 31

“Si andamos en luz como él está en luz”. 1 Juan 1:7.

¡COMO él está en luz! ¿Podemos lograr esto alguna vez? ¿Seremos capaces alguna vez de andar tan evidentemente en la luz como está en luz Aquel a quien llamamos “Padre nuestro”, y de quien está escrito: “Dios es luz y en él no hay ninguna tiniebla”? Este es, sin duda, el modelo que se nos pone delante, pues el Salvador mismo dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Y, aunque nos damos cuenta de que nunca podemos rivalizar con Dios en la perfección, sin embargo tenemos que ir en busca de ella y no quedar satisfechos hasta que la alcancemos. Al tomar, el joven artista, el pincel por primera vez, difícilmente puede pretender igualar a Rafael o a Miguel Ángel, pero, sin embargo, si no tiene delante de sí un bello ideal sólo logrará algo muy pobre y ordinario. Pero, ¿qué significa la expresión de que el cristiano debe andar en la luz como Dios está en luz? Creemos que significa semejanza, pero no proporción. Nosotros estamos realmente en la luz, estamos sinceramente en la luz, cordialmente en la luz, honestamente en la luz, aunque no lo estemos en la misma proporción que él. Yo no puedo vivir en el sol; es un lugar demasiado brillante para que yo resida en él, pero puedo andar a la luz del sol, y así, aunque no puedo lograr aquella perfección de pureza y de verdad que pertenece al Señor de los ejércitos, quien por naturaleza es infinitamente bueno, puedo no obstante, poner siempre al Señor delante de mí y esforzarme, con la ayuda del Espíritu, por parecerme a él. El famoso comentador Juan Trapp dice: “Podemos estar en la luz como Dios está en la luz por cualidad, pero no por igualdad”. Tenemos que tener la misma luz y tenerla realmente y andar en ella como lo hace Dios, aunque, en cuanto a igualdad con Dios, en santidad y pureza, tengamos que esperar hasta que crucemos el Jordán y entremos en la perfección del Altísimo. Observa que la bendición de sagrada comunión y de perfecta purificación está ligada con el andar en la luz.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 30 de agosto de 2016

Preguntas prácticas acerca de la sumisión - Nancy DeMoss de Wolgemuth

ESTAD SIEMPRE GOZOSOS II - Pr. Harvey Martínez



ESTAD SIEMPRE GOZOSOS I - Pr. Harvey Martínez





LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 30

“Sáname, oh Jehová, y seré sano”. Jeremías 17:14.
“Visto he sus caminos y le sanaré”. Isaías 57:18.

CURAR las enfermedades espirituales es exclusiva prerrogativa de Dios. Las enfermedades corporales pueden ser curadas por medio de la instrumentalidad humana, pero, aun en ese caso, el honor debe darse a Dios, quien confiere virtud a la medicina y da fuerza al cuerpo para expulsar la enfermedad. En cuanto a las enfermedades espirituales, sólo el gran Médico puede curarlas. El reclama esto como su prerrogativa diciendo: “Yo hago morir y yo hago vivir; yo hiero y yo curo”. Uno de los nombres más selectos del Señor es Jehová Rapha, Jehová te sana. “Te sanaré de tus heridas” es una promesa que no podría proceder de los labios del hombre, sino solamente de la boca del eterno Dios. Es por eso que el salmista clama a Dios diciendo: “Sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos”. Y también: “Sana mi alma porque contra ti he pecado”. Es por eso, también, que el piadoso alaba el nombre del Señor diciendo: “El sana todas nuestras dolencias”. El que hizo al hombre puede restablecer al hombre. El que al principio fue el Creador de nuestra especie, puede crearla nuevamente. ¡Qué excelente consuelo nos da el pensar que en la persona de Jesús “habita toda la plenitud de la deidad corporalmente”! Alma mía, este gran Médico puede curarte, sea cual fuere tu enfermedad. Si él es Dios, su poder no puede tener límites. Ven, entonces, con el ojo ciego del entendimiento entenebrecido, ven con el pie cojo de gastadas energías, ven con la mano manca de la débil fe, con la fiebre de un temperamento airado o con el escalofrío del desaliento; ven, en fin, como estás, porque ciertamente Dios te puede restablecer de tu enfermedad. Ninguno podrá impedir la virtud salutífera que procede de Jesús nuestro Señor. Legiones de demonios han tenido que reconocer el poder del amado Médico y él jamás fue resistido. En el pasado todos sus pacientes fueron curados, y lo serán también en lo futuro. Y tú, amigo mío, serás uno entre ellos, si sólo confías en él esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 29 de agosto de 2016

Dios y los dioses [4/4] ¿Todo por la fama? - José de Segovia

Dios y los dioses [3/4 ] ¿Un hombre muy importante? - José de Segovia

Dios y los dioses [2/4] ¿Todo lo que necesitas es amor? - José de Segovia

Dios y los dioses [1/4] ¿Se puede conseguir todo con dinero? - José de Segovia

Hombres y mujeres en la iglesia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 29

“Todo el tiempo de su nazareato, de todo lo que se hace de vid de vino, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá”. Números 6:4.

ENTRE otros votos, los nazareos hacían uno que los privaba del uso del vino. Para que no violasen ese voto se les prohibía beber vinagre de vino o bebidas fuertes, y para que la orden resultase aún más clara, no tenían ni aun que gustar del zumo no fermentado de la uva, ni tampoco comer uvas frescas ni secas. Para garantizar del todo la integridad del voto no se les permitía probar ninguna cosa que tuviese relación con el vino. En realidad, los nazareos tenían que evitar aun la apariencia del mal. Es esta, sin duda, una lección para los nazareos del Señor, que les enseña a apartarse del pecado en todas sus formas, a evitar, no meramente sus formas más groseras, sino aun su espíritu y apariencia. El andar rectamente es muy menospreciado en nuestros días, pero ten la seguridad, querido lector, que ese andar es el más seguro y el más feliz. El que cede al mundo en uno o dos puntos está en tremendo peligro. El que come las uvas de Sodoma pronto beberá el vino de Gomorra. Una pequeña hendidura en los diques de Holanda dejaría entrar el mar y, al ensancharse rápidamente, las aguas anegarían toda una provincia. La conformidad con el mundo, en cualquier grado, es un lazo para el alma que la expone cada vez más a presuntuosos pecados. Además, el nazareo que bebía zumo de uva, no podía estar muy seguro de que ese zumo no había sufrido algún grado de fermentación y, en consecuencia, no podía estar seguro en su corazón de que su voto fue cumplido. De la misma manera el cristiano que cede y contemporiza no puede tener una conciencia libre de pecado, sino tiene que sentir que el oculto monitor está en duda acerca de él. No necesitamos vacilar en cuanto a las cosas dudosas, pues ellas son malas para nosotros. No debemos entretenernos con cosas tentadoras, sino huir de ellas con rapidez. Mejor es ser burlado como puritano que ser despreciado como un hipócrita. El andar prudentemente puede implicar mucha negación de nosotros mismos, pero tiene satisfacciones que constituyen una recompensa más que suficiente.

Charles Haddon Spurgeon.