Versículo para hoy:

lunes, 22 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 22

“Jehová es tardo para la ira y grande en poder”. Nahum 1:3.

JEHOVÁ “es tardo para la ira”. Cuando la misericordia viene al mundo es traída por alados corceles. Los ejes de las ruedas de su carro están rojos por la velocidad; pero cuando viene la ira, avanza con pasos cortos, porque Dios no tiene placer en la muerte del pecador. La vara de la misericordia siempre está extendida en su mano; en cambio, su espada de justicia está en su vaina, sujeta por aquella amorosa mano traspasada que sangró por los pecados de los hombres. “Jehová es tardo para la ira”, porque es grande en poder. Es en verdad grande en poder quien tiene dominio sobre sí mismo. Cuando el poder de Dios se contiene, entonces es realmente poder. El poder que traba a la omnipotencia es omnipotencia superada. Un hombre de gran corazón puede soportar el insulto por mucho tiempo y sólo se ofende por el agravio cuando un sentido de justicia demanda su acción. El débil de alma se irrita en seguida; el fuerte, soporta como una roca, que no se mueve, aunque mil olas se estrellen sobre ella, y echen su despreciable malicia en espuma sobre su cima. Dios observa a sus enemigos, y sin embargo no se excita, sino contiene su ira. Si fuera menos divino de lo que es, hubiera, hace tiempo, enviado la totalidad de sus truenos y vaciado los depósitos del cielo; hubiera secado la tierra con extraños fuegos de sus más bajas regiones, y el hombre hubiera sido enteramente destruido, pero la grandeza de su poder nos trajo, en cambio, misericordia. Querido lector, ¿en qué estado te hallas esta tarde? ¿Puedes con fe humilde mirar a Jesús y decir: “Substituto mío, tú eres mi roca y mi esperanza”? Entonces, amado, no temas el poder de Dios, porque ahora que has sido perdonado y aceptado, ahora que por la fe te has refugiado en Cristo, el poder de Dios no debe espantarte más que el escudo y la espada del soldado espantan a aquellos a quienes él ama. Regocíjate más bien en que el que es “grande en poder” es tu Padre y Amigo.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 21 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 21

“¿Entiendes lo que lees?” Hechos 8:30.

SERÍAMOS maestros más capaces y menos propensos a ser llevados por todo viento de doctrina, si practicáramos tener una comprensión más inteligente de la Palabra de Dios. Como el Espíritu Santo, Autor de las Escrituras, es el único que nos puede iluminar correctamente para entenderlas, debiéramos constantemente suplicarle que nos instruya y nos guíe a toda verdad. Cuando el profeta Daniel deseaba interpretar el sueño de Nabucodonosor, ¿qué hizo? Oró fervientemente para que Dios le revelara la visión. El apóstol Juan en su visión en Patmos vio un libro sellado con siete sellos que ninguno era digno de abrir ni mirar. El libro fue más tarde abierto por el León de la Tribu de Judá, quien prevaleció para abrirlo. Pero está escrito primero: “Yo lloraba mucho”. Las lágrimas de Juan, que eran sus oraciones líquidas, fueron para él las sagradas llaves que abrieron el libro cerrado. Por tanto, si para tu provecho y el de otros, deseas ser “lleno del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría y espiritual inteligencia” (Col. 1:9), recuerda que la oración es el mejor medio de estudio. Como Daniel entenderás el sueño y su interpretación, cuando hayas buscado a Dios; y como Juan, verás los siete sellos de preciosa verdad desatados, después que hayas llorado mucho. Las piedras no se rompen sino con fuertes martillazos, y el rompedor de piedras debe estar de rodillas. Usa el martillo de la diligencia, y dobla tus rodillas en oración; y entonces no habrá en la Biblia una doctrina que te sea útil entender que no se aclare bajo el ejercicio de la oración y de la fe. Ante el poder de la oración ceden las más grandes dificultades. Las reflexiones y los razonamientos son como simples cuñas, pero la oración es como una poderosa palanca que abre el cofre del sagrado misterio para que nos apropiemos de los tesoros que contiene.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 20 de febrero de 2016

ECLESIASTÉS - Pr. Sugel Michelén

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 20

“Entonces Jesús fue llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo”. Mateo 4:1.

UN carácter santo no impide la tentación, pues Jesús siendo santo fue tentado. Cuando Satanás nos tienta, sus chispas caen sobre la yesca, pero en el caso de Cristo, la tentación fue igual a las chispas que caen sobre las aguas; sin embargo el enemigo continuó su mala obra. Ahora bien, si, a pesar de no tener resultados, el diablo sigue echando fuego, ¡cuánto más lo hará cuando conozca cuán inflamable es la materia de que está hecho nuestro corazón! Aunque el Espíritu Santo te haya santificado por completo, el gran perro del infierno te seguirá ladrando. Hay tentaciones en las guaridas de los hombres, pero también las hay en la soledad. Jesucristo fue llevado de la sociedad humana al desierto y fue tentado por el diablo. La soledad tiene sus encantos y beneficios y puede ser útil para frenar la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, pero el demonio nos seguirá aun en el más plácido retiro. No supongas que sólo el mundano tiene espantosos pensamientos y blasfemas tentaciones, pues también las personas espirituales sufren lo mismo, y en la posición más santa podemos experimentar la más terrible tentación. La más elevada consagración de espíritu no es una garantía contra la tentación satánica. Cristo estaba consagrado enteramente; su comida y bebida era hacer la voluntad del que lo envió, y, sin embargo, él fue tentado. Tu corazón puede arder con una seráfica llama de amor a Jesús, pero, a pesar de eso, el diablo procurará llevarte a la tibieza de Laodicea. Si tú puedes decirme cuándo Dios permite que el cristiano deponga sus armas, yo te diré cuándo Satanás deja de tentar. Debemos dormir, como los caballeros en tiempo de guerra, con el yelmo y la coraza colocados, pues el archiengañador aprovechará cualquier descuido para hacernos presa suya. El Señor nos guarde vigilantes en todos los tiempos y nos liberte por completo de las mandíbulas del león y de las garras del oso.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 19 de febrero de 2016

EL PECADO REMANENTE - Pr. Harvey Martínez

Hablando vida - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 19

“Halló primero a su hermano Simón”. Juan 1:41.

ES este un excelente ejemplo de todos los casos donde la vida espiritual es vigorosa. En cuanto un hombre halla a Cristo, enseguida trata de hallar él mismo a otros. No creo que hayas probado la miel del Evangelio, si puedes comerla sin hacer que otros participen de ella. La verdadera gracia pone fin a todo monopolio espiritual. Andrés primero halló a su hermano Simón, y después a otros. El parentesco exige que le dediquemos a los nuestros los primeros esfuerzos individuales. Andrés, hiciste bien en empezar con Simón. Dudo que no haya cristianos que reparten tratados en las casas de otras personas que no harían bien en repartirlos a los suyos; dudo que no haya alguno ocupado en obras de utilidad general que no olvide su gran esfera de utilizar en el hogar. Puede ser que seas o no seas llamado a evangelizar a la gente de una localidad particular, pero, sin duda, serás llamado a hacerlo con tus sirvientes, con tus parientes y conocidos. Que tu religión empiece en casa. Muchos mercaderes exportan sus mejores comodidades; el cristiano no debe hacerlo. Sin duda el cristiano debe observar en todo lugar una conducta irreprochable, pero los más sabrosos frutos de vida espiritual y testimonio debe producirlos en su propia familia. Cuando Andrés salió para hallar a su hermano, no se imaginó cuán famoso este llegaría a ser. Por lo que se desprende del relato bíblico, Simón Pedro valía diez veces más que Andrés, sin embargo, Andrés fue el medio para llevarlo a Jesús. Quizás seas pobre en talentos, pero puedes ser el medio para conducir a Cristo a alguno que llegará a ser ilustre en gracia y en obras. ¡Ah!, querido amigo, poco conoces las posibilidades que hay en ti. Quizás sólo puedas hablar algunas palabras a un niño, pero posiblemente hay en ese niño un corazón noble que animará a la Iglesia Cristiana en los días venideros. Andrés tenía sólo dos talentos, pero halló a Pedro. Ve y haz tú lo mismo.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 18 de febrero de 2016

Bendice a los que te maldicen - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 18

“Padre, he pecado”. Lucas 15:18.

ES muy cierto que aquellos a quienes Cristo ha lavado en su preciosa sangre, no necesitan, como delincuentes o criminales, hacer confesión de pecado ante Dios el Juez, pues Cristo ha quitado, en sentido legal, todos sus pecados para siempre; de suerte que ellos no están más en el lugar donde podrían ser condenados, sino son eternamente aceptos en el Amado. Pero, habiendo llegado a ser hijos, y ofendiendo como hijos, ¿no deben ir todos los días ante su Padre celestial a confesarle sus pecados y a reconocer sus iniquidades? La naturaleza enseña que es deber de los hijos extraviados hacer confesión a su padre terrenal; y la gracia de Dios en el corazón nos enseña que nosotros, como cristianos, tenemos el mismo deber para con nuestro Padre celestial. Ofendemos diariamente; no debemos, pues, descansar sin un perdón diario. Pues, suponiendo que mis transgresiones contra mi Padre no fuesen enseguida llevadas a él para que las lave con el poder purificante del Señor Jesús, ¿cuál sería la consecuencia? Si no he buscado perdón y no he sido lavado de las ofensas contra mi Padre, entonces me sentiré distanciado de él, dudaré de su amor para conmigo, temblaré ante él, temeré orar, seré igual al hijo pródigo, quien, aunque era un jovencito, estaba, sin embargo, lejos de su padre. Pero si, con el pesar de un hijo, por haber ofendido a tan misericordioso y amante Padre, voy a él y le digo todo, y no descanso hasta que sienta que estoy perdonado, entonces experimentaré un santo amor para con mi Padre y seguiré mi carrera cristiana, no sólo como salvado, sino como uno que goza de paz con Dios por medio de Jesucristo el Señor. Hay una gran diferencia entre confesar el pecado como delincuente y confesarlo como hijo. El seno del Padre es el lugar para las confesiones del penitente. Nosotros hemos sido limpiados una vez por todas, pero nuestros pies aún necesitan ser lavados de la contaminación de nuestro diario andar como hijos de Dios.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 17 de febrero de 2016

GEDEÓN, PODER EN LA DEBILIDAD - Pr. Eduardo Saladín


Proferir maldición - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 17

“Estando allí Jehová”. Ezequiel 35:10.

LOS príncipes de Edom vieron desolada toda la tierra y creyeron fácil su conquista; pero había en su camino una gran dificultad, que ellos no conocían, y era que “el Señor estaba allí”. Y en este hecho residía la singular seguridad de la tierra escogida. Cualquiera sean las maquinaciones y estratagemas de los enemigos del pueblo de Dios, allí está siempre la misma eficaz barrera para frustrar sus designios. Los santos son la herencia de Dios, quien está en medio de ellos para protegerlos. ¡Qué ánimo nos da esta seguridad en las pruebas y conflictos espirituales! ¡Somos constantemente combatidos, pero perpetuamente preservados! ¡Cuán a menudo Satanás lanza sus dardos contra nuestra fe!, pero nuestra fe desafía el poder de los ardientes dardos del infierno, los cuales no sólo son desviados sino apagados en el escudo, porque “el Señor está allí”. Nuestras buenas obras son el blanco de los ataques de Satanás. Nunca un santo ha tenido alguna virtud o gracia que no haya sido el blanco de los proyectiles infernales. Ya la firme esperanza, ya el ferviente amor, ya la paciencia que todo lo soporta o el celo que arde sin cesar, todo lo ha intentado destruir el viejo enemigo de lo bueno. La única causa porque lo virtuoso o amable sobrevive en nosotros es porque “el Señor está allí”. Si el Señor está con nosotros en la vida, no tenemos por qué preocuparnos en cuanto a nuestra confianza en las horas de la muerte; porque cuando estemos por morir, hallaremos que “el Señor está allí”. Donde las olas son más borrascosas y el agua es más fría, tocaremos el fondo y conoceremos que este es bueno, pues nuestros pies estarán sobre la Roca de los siglos cuando el tiempo no sea más. Amado, desde el principio al fin de la vida de un cristiano, la única razón porque no perece es porque “el Señor está allí”. Si el Dios de eterno amor cambiara y dejara perecer a sus escogidos, entonces la Iglesia de Dios podría ser destruida; pero no hasta entonces, porque está escrito Jehová Samma, “el Señor está allí”.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 16 de febrero de 2016

Viviendo en la Verdad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 16

“Tu espíritu bueno”. Nehemías 9:20.

COMÚN, muy común es el pecado de olvidar al Espíritu Santo. Esto es insensatez e ingratitud. El merece lo mejor de nosotros, pues es bueno, muy bueno. Como Dios, es bueno esencialmente. El Espíritu Santo participa del triple tributo de “Santo, Santo, Santo”, que asciende al trono del trino Jehová. Pureza sin mezcla, verdad y gracia es él. Es bueno, por su benignidad. Soporta con compasión nuestra desobediencia y lucha contra nuestra rebelde voluntad. Nos levanta de nuestra muerte en el pecado y después nos ejercita para el cielo como una amorosa ama cría a su hijo. ¡Cuán generoso, perdonador y tierno es el paciente Espíritu de Dios! Es bueno, por sus obras. Todas sus obras son buenas en el más alto grado. El sugiere buenos pensamientos, inspira buenas acciones, revela excelentes verdades, aplica buenas promesas, nos ayuda a hacer buenas adquisiciones y nos conduce a buenos resultados. No hay en todo el mundo ningún bien del cual él no sea el autor y el sustentador; el cielo mismo será deudor a la obra del Espíritu por el carácter perfecto de sus habitantes. Él es bueno, por su ministerio. Como consolador, instructor, guía, santificador, vivificador e intercesor, cumple bien su ministerio, y todas sus obras están llenas del más elevado bien para la Iglesia de Dios. Los que se rinden a su influencia llegan a ser buenos; los que obedecen a sus impulsos hacen lo bueno; los que viven bajo su poder reciben el bien. Conduzcámonos, pues, ante tan buena persona de acuerdo con los dictados de la gratitud. Reverenciemos su persona y adorémoslo como Dios sobre todo, bendito para siempre. Reconozcamos su poder y la necesidad que tenemos de él en todas nuestras santas empresas. Busquemos su ayuda en todo momento y no lo contristemos nunca. Hablemos en su honor siempre que tengamos ocasión. La Iglesia nunca prosperará hasta que crea en el Espíritu Santo más reverentemente. El es tan bueno y afectuoso que es triste que sea contristado por descuido y negligencia.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 15 de febrero de 2016

Más poderoso que las palabras - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 15

“Te han recreado”. Salmo 45:8.

¿QUIÉN tiene el privilegio de recrear al Salvador? Su Iglesia, su pueblo. Pero, ¿es esto posible? El nos recreó a nosotros, mas ¿cómo podemos nosotros recrearlo a él? Por nuestro amor. ¡Ay!, nuestro amor es tan frío y tan débil. Sin embargo, para Cristo es muy agradable. Oye el elogio que él hace de ese amor: “¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía; cuánto mejores que el vino tus amores!” ¡Mira, amante corazón, cómo él se deleita en ti! Cuando reclinas tu cabeza en su pecho, no sólo recibes gozo, sino lo das a él; cuando contemplas con amor su gloriosa faz, no sólo obtienes solaz, sino impartes deleite. Nuestra alabanza también le da gozo; no la alabanza de labios, sino la melodía de la profunda gratitud del corazón. Nuestros dones también son muy placenteros. El se goza también cuando nos ve poner nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes sobre su altar, no por el valor de lo que damos, sino por el móvil que origina. Para él la modesta ofrenda de sus santos es más aceptable que los miles de oro y plata. La santidad es para él como el incienso y la mirra. Perdona a tus enemigos y recrearás a Cristo; da de tus bienes a los pobres, y él se gozará; sé un medio para la salvación de almas, y le harás ver el fruto de sus trabajos; proclama el Evangelio y serás para él olor de suavidad; ve a los ignorantes y levanta el estandarte de la cruz, y lo honrarás. Todavía puedes quebrar el alabastro de ungüento y derramar sobre su cabeza el precioso óleo de gozo, como lo hizo la mujer de la antigüedad, cuyo recuerdo se hace presente hasta el día de hoy donde quiera el Evangelio es predicado. ¿Te mostrarás negligente, entonces? ¿No quieres perfumar a tu amado Señor con la mirra, el óleo y la casia de la alabanza de tu corazón? Sí, palacios de marfil, vosotros oiréis los cantos de los santos.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 14 de febrero de 2016

CURSO DE CONSEJERÍA BÍBLICA - Pr. David Barceló

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 14

“Al instante había sido sanada”. Lucas 8:47.

TENEMOS esta noche delante nuestro uno de los milagros más conmovedores e instructivos del Salvador. La mujer era muy ignorante. Se imaginó que había salido virtud de Cristo naturalmente, sin su conocimiento o inmediata voluntad. Por otra parte, ella desconocía la generosidad del carácter de Jesús, de lo contrario no hubiera ido detrás de él a robar la sanidad que él estaba pronto a darle. La miseria debiera colocarse siempre frente a la misericordia. Si la mujer hubiese conocido el amor del corazón de Jesús habría dicho: “Sólo tengo que ponerme donde me pueda ver. Su omnisciencia le hará conocer mi caso, y su amor obrará enseguida mi cura”. Admiramos su fe, pero nos maravillamos de su ignorancia. Cuando hubo obtenido la cura, se regocijó con temblor; estaba alegre, porque la divina virtud había obrado en ella una maravilla; pero temió que Cristo le quitara la bendición y le negara su gracia. ¡Poco conocía la plenitud de su amor! Nosotros no tenemos un concepto tan claro de él como quisiéramos. No conocemos las alturas y profundidades de su amor, pero sabemos, con seguridad, que él es demasiado bueno para quitar de un alma temblorosa el don que ha obtenido. Pero aquí está lo maravilloso; aunque su conocimiento era limitado, su fe (porque era fe verdadera) la salvó, y la salvó al instante. No hubo una demora tediosa; el milagro de la fe fue instantáneo. Si tenemos fe como un grano de mostaza, entonces la salvación es nuestra posesión presente y eterna. Aunque en la lista de los hijos de Dios estemos inscriptos como los más débiles de su familia, sin embargo, siendo herederos por la fe, ningún poder humano o diabólico puede privarnos de la salvación. Aunque no podamos tomar en los brazos al Señor como lo hizo Simeón, aunque no nos atrevamos a reclinar nuestras cabezas en su seno como Juan, sin embargo, si nos aventuramos a abrirnos paso tras él y tocarle el borde de sus vestidos, seremos eternamente sanos. ¡Coraje, tímido! Tu fe te ha salvado; ve en paz. “Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 13 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 13

“Ahora, pues, ninguna condenación hay”. Romanos 8:1.

VEN, alma mía, piensa en esto. Al creer en Jesús, te libras real y efectivamente de la culpa; sales fuera de la prisión. No permaneces más en cadenas, como un esclavo; quedas libre ahora de la esclavitud de la ley y del pecado, y puedes andar libremente, pues la sangre de tu Salvador ha logrado tu completa absolución. Ahora tienes derecho de acercarte al trono de tu Padre. Ninguna llama de venganza hay ahora allí para espantarte; ninguna espada encendida. La justicia no puede castigar al inocente. Tus incapacidades son quitadas. Tú eras una vez incapaz de ver el rostro de tu Padre, pero lo puedes ver ahora. No podías hablar con él, pero ahora tienes acceso con confianza. En otro tiempo había en ti temor al infierno, pero ahora no temes más, pues, ¿cómo puede haber castigo para el inocente? El que cree no es condenado, y no puede ser castigado. Y además de todo eso, los privilegios que tú hubieras gozado si no hubieses pecado, son ahora, que eres justificado, tuyos. Todas las bendiciones que hubieras tenido si hubieses guardado la ley, y mucho más, son tuyas porque Cristo las ha reservado para ti. Todo el amor y la aceptación que la obediencia perfecta podría haber conseguido de Dios te pertenecen, porque Cristo fue perfectamente obediente por ti y te ha imputado todos sus méritos para que tú puedas ser muy rico por medio de él, que por tu causa se hizo muy pobre. ¡Oh, cuán grande es la deuda de amor y de gratitud que debes a tu Salvador!
¡Amado Cristo!, no podré
Jamás pagar tu amor;
Mas lo que tengo doy a ti.
Tu siervo soy, Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 12 de febrero de 2016

El propósito importante del matrimonio - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 12

“El Padre os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

EL gran Padre se reveló a los creyentes de la antigüedad, antes de la venida de su Hijo, y fue conocido por Abraham, Isaac y Jacob, como el Dios Todopoderoso. Después vino Jesús, y el siempre bendito Hijo, en su misma persona, fue el deleite de los ojos de su pueblo. Desde la ascensión del Redentor, el Espíritu Santo fue la cabeza de la presente dispensación y su poder se manifestó gloriosamente en Pentecostés y después de él. El permanece en esta hora presente como Emmanuel –Dios con nosotros- morando en y con su pueblo, vivificando, guiando y reinando en su medio. ¿Es reconocida su presencia como debiera? No podemos restringir su acción; él es enteramente soberano en todas sus obras. Pero, ¿estamos nosotros suficientemente ansiosos de obtener su auxilio, o suficientemente alertas para no provocarlo a que nos retire su ayuda? Sin él, nada podemos hacer, pero por su poderosa energía, los más extraordinarios resultados pueden producirse; cada cosa depende de la manifestación o del ocultamiento de su poder. ¿Le aguardamos siempre tanto para nuestra vida interior como para nuestro servicio exterior, con la respetuosa dependencia que conviene? ¿No acudimos, con frecuencia, presurosos a su llamado y obramos, después, independientemente de su ayuda? Humillémonos esta tarde por los errores pasados e imploremos ahora que el celestial rocío repose sobre nosotros; que el sagrado óleo nos unja y que la llama celestial arda en nosotros. El Espíritu Santo no es un don temporal; él permanece con los santos. No tenemos más que buscarlo acertadamente y será hallado por nosotros. El es celoso, pero compasivo; si se va con ira, vuelve con merced. Condescendiente y tierno, no se cansa de nosotros, sino aguarda para ser benigno siempre.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 11 de febrero de 2016

Deje que Dios cambie su mentalidad - Amy Simpson

Alentando a los hombres a ser hombres - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 11

“Has dejado tu primer amor”. Apocalipsis 2:4.

DEBE ser siempre recordada aquella hora, la mejor y la más brillante de todas, cuando por primera vez vimos al Señor, soltamos nuestra carga, recibimos el rollo de la promesa, nos gozamos en la completa salvación y proseguimos nuestro camino en paz. Fue aquella la hora de primavera para nuestra alma; el invierno había pasado. Los ruidos de los truenos del Sinaí habían cesado, el centelleo de sus relámpagos no se veían más. Dios estaba reconciliado, la ley no amenazaba más con venganza, la justicia no exigía castigo. Entonces las flores aparecieron en nuestro corazón; esperanza, amor, paz y paciencia brotaron del césped. El jacinto del arrepentimiento, la campanilla de la santidad, el azafrán de la áurea fe, el narciso del primer amor, todos adornaban el jardín del alma. El tiempo del canto de los pájaros había llegado y nosotros nos regocijamos con acción de gracias; magnificamos el santo nombre de nuestro clemente Dios, y nuestra resolución fue esta: “Señor, yo soy tuyo, enteramente tuyo; todo lo que soy y todo lo que tengo lo quisiera consagrar a ti. Tú me has comprado con tu sangre; permíteme, pues, que me consuma y sea consumido en tu servicio. Me consagro a ti tanto en la vida como la muerte”. ¿Cómo hemos cumplido esta resolución? Nuestro amor ardía con santa llama de consagración a Jesús. ¿Arde ahora? ¿No puede Jesús decirnos con razón: “Tengo contra ti que has dejado tu primer amor”? ¡Ay!, cuán poco hemos hecho por la gloria de nuestro Maestro. Nuestro invierno ha durado demasiado. Estamos tan fríos como el hielo, cuando debiéramos sentir el calor del verano y dar flores sagradas. Damos a Dios centavos cuando merece pesos oro, sí, merece la sangre de nuestro corazón para ser acuñada en el servicio de su iglesia, y de su verdad. ¿Continuaremos así? ¡Oh! Señor, después que tú nos has bendecido tan ricamente, ¿seremos ingratos y llegaremos a ser indiferentes a tu buena causa? ¡Oh!, avívanos para que podamos volver a nuestro primer amor y hacer las primeras obras. Envíanos una benéfica primavera, ¡oh, sol de justicia!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Llega a la cruz en el matrimonio - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 10

“Yo deshice como a nube tus rebeliones y como a niebla tus pecados; tórnate a mí porque yo te redimí”. Isaías 44:22.

OBSERVA con atención la instructiva similitud: nuestros pecados son como una nube. Como hay nubes de muchas formas y de variados matices, así acontece también con nuestras transgresiones. Como las nubes obscurecen la luz del sol y ensombrecen el paisaje que está abajo, así nuestros pecados nos ocultan la luz del rostro de Jehová, y nos hacen sentar en sombra de muerte. Los pecados son cosas terrenas y se originan en los lugares cenagosos de nuestra naturaleza; y cuando se amontonan hasta colmar la medida, nos amenazan con tormenta y tempestad. Pero, ¡ay!, a diferencia de las nubes, nuestros pecados no nos dan lluvias beneficiosas, sino más bien nos amenazan con inundarnos en un espantoso diluvio de destrucción. ¡Oh!, negras nubes de pecado, ¿cómo puede haber buen tiempo en nuestra alma mientras vosotras permanecéis?
Miremos con gozo el notable acto de la misericordia divina: “deshice”. Dios mismo aparece en la escena y, con la divina benignidad, en lugar de manifestar su ira, revela su gracia: Él, de una vez y para siempre, elimina el mal, no quitando simplemente la nube, sino deshaciéndola para siempre. Contra el hombre justificado no queda ningún pecado; el gran pacto de la cruz ha quitado de él para siempre sus transgresiones. En la cumbre del Calvario fue realizada por completo la gran obra, por la cual los pecados de todos los elegidos han sido redimidos para siempre.
Llevemos a la práctica la invitación de gracia: “tórnate a mí”. ¿Por qué los pecadores perdonados deben vivir distanciados de su Dios? Si hemos recibido el perdón de todos nuestros pecados, no permitamos que algún temor legal nos impida allegarnos resueltamente al Señor. Que las caídas sean lamentadas, pero no permanezcamos en ellas. Esforcémonos por retornar al Señor, en el poder del Espíritu Santo, para que podamos tener con él la comunión más estrecha posible. ¡Oh, Señor, restáuranos esta noche!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 9 de febrero de 2016

¿Hay vida luego de una pérdida? - Nancy Guthrie, Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 9

“No nos metas en tentación, mas líbranos del malo”. Lucas 11:4.

AQUELLO que se nos enseña a buscar o evitar en oración debiéramos buscarlo y evitarlo también en la práctica. Muy diligentemente, pues, debiéramos evitar la tentación, procurando andar tan cautelosamente en la senda de la obediencia que nunca lleguemos a tentar al diablo para que él nos tiente a nosotros. No debemos entrar en la selva en busca del león, pues podríamos pagar con la muerte tal arrogancia. Este león puede cruzar por nuestro camino o saltar sobre nosotros desde la selva, pero nosotros no podemos hacer nada para cazarlo. El que se encuentre con él, si sale victorioso, será después de una dura lucha. Que ore pues el cristiano para que pueda evitar el encuentro. Nuestro Salvador, que sabe lo que es la tentación, amonesta así a sus discípulos: “Orad para que no entréis en tentación”.
Pero sea como quiera, la verdad es que seremos tentados; de ahí la oración: “líbranos del mal”. Dios tuvo un hijo sin pecado, pero ninguno sin tentación. El hombre natural ha nacido para la aflicción, y el cristiano para la tentación. Debemos estar siempre en guardia contra Satanás, porque, a semejanza de un ladrón, no avisa cuando se acerca. Los creyentes que conocen los métodos de Satán, saben que hay ciertas ocasiones cuando él muy probablemente hará un ataque. Así el cristiano es colocado doblemente en guardia por temor del peligro, y el peligro se previene preparándose para hacerle frente. La prevención es mejor que la cura. Es mejor que estés tan bien armado que el diablo no se atreva a atacarte, que sufrir los peligros de la lucha, aunque salgas vencedor. Pide en oración esta tarde, en primer lugar, que no seas metido en tentación; y, en segundo lugar, que si la tentación fuese permitida, tú puedas ser librado del mal.

Charles Haddon Spurgeon.