Versículo para hoy:

martes, 16 de febrero de 2016

Viviendo en la Verdad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 16

“Tu espíritu bueno”. Nehemías 9:20.

COMÚN, muy común es el pecado de olvidar al Espíritu Santo. Esto es insensatez e ingratitud. El merece lo mejor de nosotros, pues es bueno, muy bueno. Como Dios, es bueno esencialmente. El Espíritu Santo participa del triple tributo de “Santo, Santo, Santo”, que asciende al trono del trino Jehová. Pureza sin mezcla, verdad y gracia es él. Es bueno, por su benignidad. Soporta con compasión nuestra desobediencia y lucha contra nuestra rebelde voluntad. Nos levanta de nuestra muerte en el pecado y después nos ejercita para el cielo como una amorosa ama cría a su hijo. ¡Cuán generoso, perdonador y tierno es el paciente Espíritu de Dios! Es bueno, por sus obras. Todas sus obras son buenas en el más alto grado. El sugiere buenos pensamientos, inspira buenas acciones, revela excelentes verdades, aplica buenas promesas, nos ayuda a hacer buenas adquisiciones y nos conduce a buenos resultados. No hay en todo el mundo ningún bien del cual él no sea el autor y el sustentador; el cielo mismo será deudor a la obra del Espíritu por el carácter perfecto de sus habitantes. Él es bueno, por su ministerio. Como consolador, instructor, guía, santificador, vivificador e intercesor, cumple bien su ministerio, y todas sus obras están llenas del más elevado bien para la Iglesia de Dios. Los que se rinden a su influencia llegan a ser buenos; los que obedecen a sus impulsos hacen lo bueno; los que viven bajo su poder reciben el bien. Conduzcámonos, pues, ante tan buena persona de acuerdo con los dictados de la gratitud. Reverenciemos su persona y adorémoslo como Dios sobre todo, bendito para siempre. Reconozcamos su poder y la necesidad que tenemos de él en todas nuestras santas empresas. Busquemos su ayuda en todo momento y no lo contristemos nunca. Hablemos en su honor siempre que tengamos ocasión. La Iglesia nunca prosperará hasta que crea en el Espíritu Santo más reverentemente. El es tan bueno y afectuoso que es triste que sea contristado por descuido y negligencia.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 15 de febrero de 2016

Más poderoso que las palabras - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 15

“Te han recreado”. Salmo 45:8.

¿QUIÉN tiene el privilegio de recrear al Salvador? Su Iglesia, su pueblo. Pero, ¿es esto posible? El nos recreó a nosotros, mas ¿cómo podemos nosotros recrearlo a él? Por nuestro amor. ¡Ay!, nuestro amor es tan frío y tan débil. Sin embargo, para Cristo es muy agradable. Oye el elogio que él hace de ese amor: “¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía; cuánto mejores que el vino tus amores!” ¡Mira, amante corazón, cómo él se deleita en ti! Cuando reclinas tu cabeza en su pecho, no sólo recibes gozo, sino lo das a él; cuando contemplas con amor su gloriosa faz, no sólo obtienes solaz, sino impartes deleite. Nuestra alabanza también le da gozo; no la alabanza de labios, sino la melodía de la profunda gratitud del corazón. Nuestros dones también son muy placenteros. El se goza también cuando nos ve poner nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes sobre su altar, no por el valor de lo que damos, sino por el móvil que origina. Para él la modesta ofrenda de sus santos es más aceptable que los miles de oro y plata. La santidad es para él como el incienso y la mirra. Perdona a tus enemigos y recrearás a Cristo; da de tus bienes a los pobres, y él se gozará; sé un medio para la salvación de almas, y le harás ver el fruto de sus trabajos; proclama el Evangelio y serás para él olor de suavidad; ve a los ignorantes y levanta el estandarte de la cruz, y lo honrarás. Todavía puedes quebrar el alabastro de ungüento y derramar sobre su cabeza el precioso óleo de gozo, como lo hizo la mujer de la antigüedad, cuyo recuerdo se hace presente hasta el día de hoy donde quiera el Evangelio es predicado. ¿Te mostrarás negligente, entonces? ¿No quieres perfumar a tu amado Señor con la mirra, el óleo y la casia de la alabanza de tu corazón? Sí, palacios de marfil, vosotros oiréis los cantos de los santos.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 14 de febrero de 2016

CURSO DE CONSEJERÍA BÍBLICA - Pr. David Barceló

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 14

“Al instante había sido sanada”. Lucas 8:47.

TENEMOS esta noche delante nuestro uno de los milagros más conmovedores e instructivos del Salvador. La mujer era muy ignorante. Se imaginó que había salido virtud de Cristo naturalmente, sin su conocimiento o inmediata voluntad. Por otra parte, ella desconocía la generosidad del carácter de Jesús, de lo contrario no hubiera ido detrás de él a robar la sanidad que él estaba pronto a darle. La miseria debiera colocarse siempre frente a la misericordia. Si la mujer hubiese conocido el amor del corazón de Jesús habría dicho: “Sólo tengo que ponerme donde me pueda ver. Su omnisciencia le hará conocer mi caso, y su amor obrará enseguida mi cura”. Admiramos su fe, pero nos maravillamos de su ignorancia. Cuando hubo obtenido la cura, se regocijó con temblor; estaba alegre, porque la divina virtud había obrado en ella una maravilla; pero temió que Cristo le quitara la bendición y le negara su gracia. ¡Poco conocía la plenitud de su amor! Nosotros no tenemos un concepto tan claro de él como quisiéramos. No conocemos las alturas y profundidades de su amor, pero sabemos, con seguridad, que él es demasiado bueno para quitar de un alma temblorosa el don que ha obtenido. Pero aquí está lo maravilloso; aunque su conocimiento era limitado, su fe (porque era fe verdadera) la salvó, y la salvó al instante. No hubo una demora tediosa; el milagro de la fe fue instantáneo. Si tenemos fe como un grano de mostaza, entonces la salvación es nuestra posesión presente y eterna. Aunque en la lista de los hijos de Dios estemos inscriptos como los más débiles de su familia, sin embargo, siendo herederos por la fe, ningún poder humano o diabólico puede privarnos de la salvación. Aunque no podamos tomar en los brazos al Señor como lo hizo Simeón, aunque no nos atrevamos a reclinar nuestras cabezas en su seno como Juan, sin embargo, si nos aventuramos a abrirnos paso tras él y tocarle el borde de sus vestidos, seremos eternamente sanos. ¡Coraje, tímido! Tu fe te ha salvado; ve en paz. “Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 13 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 13

“Ahora, pues, ninguna condenación hay”. Romanos 8:1.

VEN, alma mía, piensa en esto. Al creer en Jesús, te libras real y efectivamente de la culpa; sales fuera de la prisión. No permaneces más en cadenas, como un esclavo; quedas libre ahora de la esclavitud de la ley y del pecado, y puedes andar libremente, pues la sangre de tu Salvador ha logrado tu completa absolución. Ahora tienes derecho de acercarte al trono de tu Padre. Ninguna llama de venganza hay ahora allí para espantarte; ninguna espada encendida. La justicia no puede castigar al inocente. Tus incapacidades son quitadas. Tú eras una vez incapaz de ver el rostro de tu Padre, pero lo puedes ver ahora. No podías hablar con él, pero ahora tienes acceso con confianza. En otro tiempo había en ti temor al infierno, pero ahora no temes más, pues, ¿cómo puede haber castigo para el inocente? El que cree no es condenado, y no puede ser castigado. Y además de todo eso, los privilegios que tú hubieras gozado si no hubieses pecado, son ahora, que eres justificado, tuyos. Todas las bendiciones que hubieras tenido si hubieses guardado la ley, y mucho más, son tuyas porque Cristo las ha reservado para ti. Todo el amor y la aceptación que la obediencia perfecta podría haber conseguido de Dios te pertenecen, porque Cristo fue perfectamente obediente por ti y te ha imputado todos sus méritos para que tú puedas ser muy rico por medio de él, que por tu causa se hizo muy pobre. ¡Oh, cuán grande es la deuda de amor y de gratitud que debes a tu Salvador!
¡Amado Cristo!, no podré
Jamás pagar tu amor;
Mas lo que tengo doy a ti.
Tu siervo soy, Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 12 de febrero de 2016

El propósito importante del matrimonio - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 12

“El Padre os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.

EL gran Padre se reveló a los creyentes de la antigüedad, antes de la venida de su Hijo, y fue conocido por Abraham, Isaac y Jacob, como el Dios Todopoderoso. Después vino Jesús, y el siempre bendito Hijo, en su misma persona, fue el deleite de los ojos de su pueblo. Desde la ascensión del Redentor, el Espíritu Santo fue la cabeza de la presente dispensación y su poder se manifestó gloriosamente en Pentecostés y después de él. El permanece en esta hora presente como Emmanuel –Dios con nosotros- morando en y con su pueblo, vivificando, guiando y reinando en su medio. ¿Es reconocida su presencia como debiera? No podemos restringir su acción; él es enteramente soberano en todas sus obras. Pero, ¿estamos nosotros suficientemente ansiosos de obtener su auxilio, o suficientemente alertas para no provocarlo a que nos retire su ayuda? Sin él, nada podemos hacer, pero por su poderosa energía, los más extraordinarios resultados pueden producirse; cada cosa depende de la manifestación o del ocultamiento de su poder. ¿Le aguardamos siempre tanto para nuestra vida interior como para nuestro servicio exterior, con la respetuosa dependencia que conviene? ¿No acudimos, con frecuencia, presurosos a su llamado y obramos, después, independientemente de su ayuda? Humillémonos esta tarde por los errores pasados e imploremos ahora que el celestial rocío repose sobre nosotros; que el sagrado óleo nos unja y que la llama celestial arda en nosotros. El Espíritu Santo no es un don temporal; él permanece con los santos. No tenemos más que buscarlo acertadamente y será hallado por nosotros. El es celoso, pero compasivo; si se va con ira, vuelve con merced. Condescendiente y tierno, no se cansa de nosotros, sino aguarda para ser benigno siempre.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 11 de febrero de 2016

Deje que Dios cambie su mentalidad - Amy Simpson

Alentando a los hombres a ser hombres - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 11

“Has dejado tu primer amor”. Apocalipsis 2:4.

DEBE ser siempre recordada aquella hora, la mejor y la más brillante de todas, cuando por primera vez vimos al Señor, soltamos nuestra carga, recibimos el rollo de la promesa, nos gozamos en la completa salvación y proseguimos nuestro camino en paz. Fue aquella la hora de primavera para nuestra alma; el invierno había pasado. Los ruidos de los truenos del Sinaí habían cesado, el centelleo de sus relámpagos no se veían más. Dios estaba reconciliado, la ley no amenazaba más con venganza, la justicia no exigía castigo. Entonces las flores aparecieron en nuestro corazón; esperanza, amor, paz y paciencia brotaron del césped. El jacinto del arrepentimiento, la campanilla de la santidad, el azafrán de la áurea fe, el narciso del primer amor, todos adornaban el jardín del alma. El tiempo del canto de los pájaros había llegado y nosotros nos regocijamos con acción de gracias; magnificamos el santo nombre de nuestro clemente Dios, y nuestra resolución fue esta: “Señor, yo soy tuyo, enteramente tuyo; todo lo que soy y todo lo que tengo lo quisiera consagrar a ti. Tú me has comprado con tu sangre; permíteme, pues, que me consuma y sea consumido en tu servicio. Me consagro a ti tanto en la vida como la muerte”. ¿Cómo hemos cumplido esta resolución? Nuestro amor ardía con santa llama de consagración a Jesús. ¿Arde ahora? ¿No puede Jesús decirnos con razón: “Tengo contra ti que has dejado tu primer amor”? ¡Ay!, cuán poco hemos hecho por la gloria de nuestro Maestro. Nuestro invierno ha durado demasiado. Estamos tan fríos como el hielo, cuando debiéramos sentir el calor del verano y dar flores sagradas. Damos a Dios centavos cuando merece pesos oro, sí, merece la sangre de nuestro corazón para ser acuñada en el servicio de su iglesia, y de su verdad. ¿Continuaremos así? ¡Oh! Señor, después que tú nos has bendecido tan ricamente, ¿seremos ingratos y llegaremos a ser indiferentes a tu buena causa? ¡Oh!, avívanos para que podamos volver a nuestro primer amor y hacer las primeras obras. Envíanos una benéfica primavera, ¡oh, sol de justicia!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Llega a la cruz en el matrimonio - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Dennis y Bárbara Rainey

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 10

“Yo deshice como a nube tus rebeliones y como a niebla tus pecados; tórnate a mí porque yo te redimí”. Isaías 44:22.

OBSERVA con atención la instructiva similitud: nuestros pecados son como una nube. Como hay nubes de muchas formas y de variados matices, así acontece también con nuestras transgresiones. Como las nubes obscurecen la luz del sol y ensombrecen el paisaje que está abajo, así nuestros pecados nos ocultan la luz del rostro de Jehová, y nos hacen sentar en sombra de muerte. Los pecados son cosas terrenas y se originan en los lugares cenagosos de nuestra naturaleza; y cuando se amontonan hasta colmar la medida, nos amenazan con tormenta y tempestad. Pero, ¡ay!, a diferencia de las nubes, nuestros pecados no nos dan lluvias beneficiosas, sino más bien nos amenazan con inundarnos en un espantoso diluvio de destrucción. ¡Oh!, negras nubes de pecado, ¿cómo puede haber buen tiempo en nuestra alma mientras vosotras permanecéis?
Miremos con gozo el notable acto de la misericordia divina: “deshice”. Dios mismo aparece en la escena y, con la divina benignidad, en lugar de manifestar su ira, revela su gracia: Él, de una vez y para siempre, elimina el mal, no quitando simplemente la nube, sino deshaciéndola para siempre. Contra el hombre justificado no queda ningún pecado; el gran pacto de la cruz ha quitado de él para siempre sus transgresiones. En la cumbre del Calvario fue realizada por completo la gran obra, por la cual los pecados de todos los elegidos han sido redimidos para siempre.
Llevemos a la práctica la invitación de gracia: “tórnate a mí”. ¿Por qué los pecadores perdonados deben vivir distanciados de su Dios? Si hemos recibido el perdón de todos nuestros pecados, no permitamos que algún temor legal nos impida allegarnos resueltamente al Señor. Que las caídas sean lamentadas, pero no permanezcamos en ellas. Esforcémonos por retornar al Señor, en el poder del Espíritu Santo, para que podamos tener con él la comunión más estrecha posible. ¡Oh, Señor, restáuranos esta noche!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 9 de febrero de 2016

¿Hay vida luego de una pérdida? - Nancy Guthrie, Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 9

“No nos metas en tentación, mas líbranos del malo”. Lucas 11:4.

AQUELLO que se nos enseña a buscar o evitar en oración debiéramos buscarlo y evitarlo también en la práctica. Muy diligentemente, pues, debiéramos evitar la tentación, procurando andar tan cautelosamente en la senda de la obediencia que nunca lleguemos a tentar al diablo para que él nos tiente a nosotros. No debemos entrar en la selva en busca del león, pues podríamos pagar con la muerte tal arrogancia. Este león puede cruzar por nuestro camino o saltar sobre nosotros desde la selva, pero nosotros no podemos hacer nada para cazarlo. El que se encuentre con él, si sale victorioso, será después de una dura lucha. Que ore pues el cristiano para que pueda evitar el encuentro. Nuestro Salvador, que sabe lo que es la tentación, amonesta así a sus discípulos: “Orad para que no entréis en tentación”.
Pero sea como quiera, la verdad es que seremos tentados; de ahí la oración: “líbranos del mal”. Dios tuvo un hijo sin pecado, pero ninguno sin tentación. El hombre natural ha nacido para la aflicción, y el cristiano para la tentación. Debemos estar siempre en guardia contra Satanás, porque, a semejanza de un ladrón, no avisa cuando se acerca. Los creyentes que conocen los métodos de Satán, saben que hay ciertas ocasiones cuando él muy probablemente hará un ataque. Así el cristiano es colocado doblemente en guardia por temor del peligro, y el peligro se previene preparándose para hacerle frente. La prevención es mejor que la cura. Es mejor que estés tan bien armado que el diablo no se atreva a atacarte, que sufrir los peligros de la lucha, aunque salgas vencedor. Pide en oración esta tarde, en primer lugar, que no seas metido en tentación; y, en segundo lugar, que si la tentación fuese permitida, tú puedas ser librado del mal.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 8 de febrero de 2016

Curso: ¿CÓMO ORAR? - PR. MIGUEL NÚÑEZ

Sufriendo con esperanza - Nancy Guthrie, Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 8

“Y él salvará a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:21.

MUCHAS personas, si se les preguntase qué entienden por salvación, responderían: “Ser salvos del infierno y llevados al cielo”. Este es uno de los resultados de la salvación, pero no es ni la décima parte de lo que contiene esa gracia. Es cierto que nuestro Señor Jesucristo redime a todo su pueblo de la ira que ha de venir. El lo salva de la espantosa condenación que sus pecados le han acarreado, pero el triunfo de Jesús es mucho más completo que esto. El salva a su pueblo “de sus pecados”. ¡Oh!, dulce liberación de nuestros peores enemigos. Cuando Cristo obra la salvación, expulsa a Satán de su trono y no le permite más ser dueño. Ningún hombre es verdadero cristiano si el pecado reina en su cuerpo mortal. El pecado estará en nosotros; nunca será completamente desterrado hasta que el alma entre en la gloria; pero nunca tendrá dominio. Habrá lucha por el dominio –un codiciar contra la nueva ley y el nuevo espíritu que Dios ha implantado-, pero el pecado nunca obtendrá la ventaja como para ser el monarca absoluto de nuestra naturaleza. Cristo será el dueño del corazón, y el pecado debe ser subyugado. El León de la tribu de Judá prevalecerá y el dragón será echado fuera. ¡Creyente!, ¿está dominado en ti el pecado? Si tu vida no está santificada es porque tu corazón no ha sido cambiado, y si tu corazón no ha sido cambiado es porque aún no ha sido salvado. Si el Salvador no te santificó, no te renovó, no te dio odio al pecado y amor a la santidad, entonces no ha hecho nada en ti de carácter salvador. La gracia que no hace a un hombre mejor que los demás es una indigna impostura. Cristo salva a su pueblo no en sus pecados sino de sus pecados. “Sin la santidad nadie verá al Señor”. “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”. Si no estamos salvados del pecado, ¿cómo esperamos ser contados entre su pueblo? Señor, sálvame ahora mismo de todo mal, y capacítame para honrar a mi Salvador.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 7 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 7

“Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá”.

DEJANDO de lado la consideración de estas palabras en su conexión profética, considerémoslas, más bien, como la invitación de nuestro Gran Precursor a su santificado pueblo. A su debido tiempo “una gran voz del cielo” será dirigida a todo creyente, diciéndole: “Sube acá”. Esto debiera ser para los santos asunto de gozosa expectativa. En lugar de temer el tiempo cuando dejaremos este mundo para ir al Padre, debiéramos estar suspirando por la hora de nuestra emancipación. Nuestro canto debiera ser
En Jesús tengo paz y no debo temer
Que se acerque la muerte fatal;
Porque al fin de esta vida fugaz yo tendré
Libre acceso al Edén celestial.

Nosotros no somos llamados abajo, al sepulcro, sino arriba, al cielo. Nuestros espíritus, nacidos para el cielo, debieran suspirar por su ambiente natal. Con todo, el llamamiento celestial debiera ser objeto de paciente espera. Nuestro Dios sabe mejor que nosotros cuándo debe llamarnos para ir arriba. No debemos desear anticipar el momento de nuestra partida. Sé que un fuerte amor nos hará exclamar: “¡Oh!, Señor de los Ejércitos, divide las olas y llévanos al cielo”. Pero la paciencia debe tener su obra perfecta. Dios ordena con perfecta sabiduría el tiempo más apropiado en que los redimidos deben vivir aquí. Sin duda, si el pesar pudiese experimentarse en los cielos, los santos lamentarían no haber vivido más aquí para hacer mayor bien. ¡Oh, ansiamos más gavillas para los graneros del Señor! ¡Más joyas para su corona! Pero, ¿cómo conseguirlo sin obrar más? Es cierto que tenemos que considerar el otro lado del asunto, pues viviendo aquí menos tiempo, nuestros pecados serán menos. Sin embargo, cuando estamos enteramente sirviendo al Señor, y él nos permite esparcir la preciosa simiente y recoger a ciento, estamos tentados a decir que es bien quedarnos donde estamos. Ya nos diga nuestro Maestro, “Ven”, o nos diga, “Quédate”, estemos igualmente contentos, mientras él nos favorece con su presencia.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 6 de febrero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 6

“Rogad los unos por los otros”. Santiago 5:16.

COMO un estímulo jubiloso para la oración intercesora, recuerda que tal oración es la más agradable a los oídos de Dios, pues la oración de Cristo es de ese carácter. De todo el incienso que nuestro gran Sumo sacerdote pone en el incensario de oro, no hay un solo grano para sí mismo. Su intercesión debe ser la más aceptable de todas las súplicas, y cuanto más semejante a la de Cristo sea nuestra oración, más fragante será. Así, si bien las peticiones por nosotros serán aceptadas, nuestras intercesiones por otros, por tener en sí mismas más de los frutos del Espíritu, más amor, más fe, más afecto fraternal, serán por los preciosos méritos de Jesús, la oblación más agradable que podríamos ofrecer a Dios, la grosura misma de nuestro sacrificio. Recuerda, además, que la oración intercesora es sumamente eficaz. ¡Qué portentos ha obrado! La Palabra de Dios está llena de sus maravillosos hechos. Creyente, tú tienes en tus manos un poderoso instrumento; úsalo bien, úsalo constantemente, úsalo con fe, y tú serás, con seguridad, un benefactor de tus hermanos. Cuando tengas audiencia ante el Rey, háblale a favor de los miembros de su cuerpo que sufren. Cuando te sientas favorecido con la gracia de estar cerca de su Trono y el Rey te diga: “Pídeme y yo te daré lo que deseas”, que tus peticiones se eleven no sólo en favor de ti mismo, sino de muchos que necesitan de su ayuda. Si tienes gracia en alguna medida y no eres un intercesor, entonces esa gracia es pequeña como un grano de mostaza. Pues tú, es cierto, has tenido suficiente gracia como para mantener a flote tu alma, lejos de la arena movediza; pero no tuviste gracia en abundancia, de lo contrario hubieras llevado en tu alegre barco las muchas necesidades de otros y les hubieras traído de parte del Señor, ricas bendiciones que, sin tu mediación, no hubiesen podido obtener.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 5 de febrero de 2016

El amor de Dios por ti - Mary Kassian, Nancy DeMoss Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 5

“En aquel tiempo respondió Jesús”. Mateo 11:25.


ES este un modo singular de comenzar un versículo: “En aquel tiempo respondió Jesús”. Si observas el contexto no podrás ver señales de que alguna persona le haya preguntado algo o que él haya estado conversando con alguien. No obstante, está escrito: “Jesús respondió y dijo: Te alabo, Padre”. Cuando un hombre responde, responde a una persona que ha estado hablando. ¿Quién, pues, ha hablado a Cristo? ¿Su Padre? Sin embargo, no hay indicio de ello. Esto debiera enseñarnos que Jesús tuvo siempre constante comunión con su Padre, y que Dios habló a su corazón tan frecuentemente, que la presente no era una circunstancia tan extraordinaria como para ser recordada. Conversar con Dios constituía el hábito y la vida de Jesús. Como Jesús era en este mundo, así somos nosotros. Aprendamos, pues, la lección que esta simple declaración acerca de él nos enseña. Tengamos, además, silencioso compañerismo con el Padre, de manera que podamos responderle frecuentemente, y aunque el mundo no sepa a quién hablamos, podamos nosotros responder a aquella voz secreta, desconocida sí para otros oídos, mas no para los nuestros, que, abiertos por el Espíritu de Dios, la reconocen con gozo. Dios nos ha hablado; hablémosle nosotros a él, ya para certificar que Dios es veraz y fiel a sus promesas, ya para confesar el pecado del que el Espíritu Santo nos ha convencido, ya para reconocer el perdón que nos ha dado o ya para expresar nuestro asentimiento a las grandes verdades que el Espíritu Santo ha declarado a nuestro entendimiento. ¡Qué privilegio es tener íntima comunión con el Padre de nuestros espíritus! Es este un secreto oculto para el mundo, un gozo en el cual ni aun los más íntimos amigos se inmiscuyen. Si deseamos oír los susurros del amor de Dios, nuestros oídos deben estar purificados y dispuestos a oír su voz. Que en esta misma tarde nuestros corazones puedan hallarse en tal condición, que cuando Dios nos hable, nosotros, a semejanza de Jesús, podamos estar preparados para responderle enseguida.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 4 de febrero de 2016

Cómo puedes estar segura de que Dios te ama - Mary Kassian, Nancy DeMoss Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 4

“Refugio contra el vengador de la sangre”. Josué 20:3.

SE dice que en la tierra de Canaán las ciudades de refugio estaban distribuidas de tal forma que cualquier persona podía llegar a algunas de ellas en medio día, a lo sumo. Así también la palabra de nuestra salvación está cerca de nosotros. Jesús es un Salvador presente, y el camino que conduce a él es corto. Ese camino no es sólo una renuncia de nuestros méritos y la aceptación de Jesús para que sea nuestro todo en todo. En cuanto a los caminos que conducían a la ciudad de refugio, se nos dice que eran rigurosamente preservados; todos los ríos tenían puentes; todo obstáculo era removido, de suerte que el hombre que huía pudiese hallar fácil camino a la ciudad. Una vez por año los ancianos recorrían los caminos y observaban su estado, de modo que nada pudiese impedir la huida de alguno y, por la demora, fuese eso causa de su captura y de su muerte. ¡Con cuánta bondad las promesas del Evangelio remueven del camino las piedras de tropiezo! Doquiera haya atajos y curvas hay letreros indicadores, con esta inscripción: “A la ciudad de refugio”. Esto es una figura del camino a Jesucristo. Ese camino no es el camino vago de la ley. No es el camino de obedece a esto o aquello o lo de más allá; no, es un camino directo: “Cree y vive”. Es un camino tan tosco que el que confía en su justicia propia no lo puede transitar, pero, por otra parte es tan fácil que cualquier pecador que se reconozca tal puede hallar en él su camino al cielo. No bien el hombre alcanzaba las afueras de la ciudad ya estaba seguro; no era necesario que cruzase las murallas, pues los suburbios mismos eran suficiente protección. Aprende de esto esta verdad: que si tú te prendes de él con “fe como un grano de mostaza”, serás sano. “Un poco de genuina gracia nos asegura la muerte de todos nuestros pecados”. No pierdas tiempo, no demores en el camino porque el vengador de la sangre es ligero de pies; y puede ser que esté pisándote los talones en esta hora tranquila de la noche.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 3 de febrero de 2016

VIVIENDO EN LA FE EN CRISTO - Pr. Carlos Contreras



Dios te ama como a un hijo - Mary Kassian, Nancy DeMoss Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 3

“Hazme saber… dónde repastas, dónde haces tener majada al mediodía”.

ESTAS palabras expresan el deseo del creyente por Cristo y sus ansias de comunión permanente con él. ¿Dónde repastas tu majada? ¿En tu casa? Entonces iré allí, si allí puedo hallarte. ¿En la oración privada? Entonces oraré sin cesar. ¿En la Palabra? Entonces la leeré diligentemente. ¿En tus ordenanzas? Entonces andaré en ellas de todo corazón. Dime dónde repastas, porque donde quiera que tú estés como Pastor, allí yaceré yo como oveja; pues nadie sino tú mismo puede suplir mis necesidades. No puedo vivir satisfecho lejos de ti. Mi alma tiene hambre y sed de refrigerio de tu presencia. “¿Dónde haces tener majada al mediodía?”; porque ya sea al amanecer, ya al mediodía, mi único descanso debe estar donde tú y tu amado rebaño están. El descanso de mi alma debe ser un descanso otorgado por gracia; y esto sólo puede ser hallado en ti. ¿Dónde está la sombra de aquella roca? ¿Por qué no habría de reposar yo debajo de ella? “¿Por qué había yo de estar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?” (Cantares 1:7). Tú tienes compañeros, ¿por qué no debía yo ser uno de ellos? Satán me dijo que yo soy indigno; es cierto, yo siempre fui indigno, pero sin embargo tú me has amado en todo tiempo, y, por lo tanto, mi indignidad no puede ser un impedimento para que tenga ahora comunión contigo. Es cierto que soy débil en la fe y propenso a caer, pero esa misma debilidad es la razón por la cual yo debiera siempre estar donde tú repastas tu majada para que pueda ser fortalecido y preservado en seguridad junto a aguas de reposo. ¿Por qué debía yo apartarme? No hay razón para ello; en cambio hay mil razones porque no me aparte, pues Jesús me invita a ir a él. Si él se aparta un poco, es sólo para hacerme apreciar más su presencia. Ahora que estoy afligido y angustiado por estar apartado de él, él me guiará de nuevo a aquel abrigado rincón donde las ovejas de su dehesa están protegidas del calor del sol.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 2 de febrero de 2016

Ayúdame a caminar por fe y no por vista | Día 15 - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – FEBRERO 2

“Que son cosas antiguas”. 1 Crónicas 4:22.

SIN embargo, no tan antiguas como aquellas preciosas cosas que son el deleite de nuestras almas. Volvamos por un momento a contarlas, enumerándolas una y otra vez como cuenta el avaro su dinero. La soberana elección del Padre, por la que él nos eligió para vida eterna antes que la tierra fuese, es un asunto de remota antigüedad, ya que ninguna fecha puede asignarle a este hecho la mente humana. Hemos sido elegidos desde antes de la fundación del mundo. El amor eterno acompañó la elección, pues no hemos sido apartados por un simple acto de la voluntad divina, sino porque intervino el amor de Dios. El Padre nos amó desde el principio. Aquí tenemos un tema para meditación diaria. El propósito eterno de redimirnos de nuestra ruina, de limpiarnos, de santificarnos y, al fin, de glorificarnos es asunto de infinita antigüedad y corre parejo con el inmutable amor y la absoluta soberanía. El pacto es siempre descripto como eterno, y Jesús, la segunda parte de ese pacto, tiene “sus salidas desde el principio”. (Miqueas 5:2). El fue nuestro fiador mucho antes que los primeros astros empezaran a alumbrar, y fue en él que los elegidos fueron ordenados para vida eterna. Así, en los propósitos divinos, fue establecido entre el Hijo de Dios y su pueblo elegido un pacto de unión muy bendito, que permanecerá como el fundamento de su seguridad cuando el tiempo ya no sea más. ¿No es bueno estar ocupados en estas cosas antiguas? ¿No es vergonzoso que sean tan olvidadas y aún desechadas por la mayoría de los creyentes? Si conocieran más de sus propios pecados, ¿no estarían más dispuestos a adorar esta eminente gracia? Admiremos y adoremos esta noche a nuestro Dios mientras cantamos:
Soy salvo por su gracia,
Su tierno amor me sacia;
Su preciosa sangre me lavó
Y hasta hoy su brazo me guardó.

Charles Haddon Spurgeon.