Versículo para hoy:

viernes, 10 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 
CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

 CUARTA CUESTIÓN

 ¿Cómo podemos permanecer quietos y calmados en espíritu cuando la providencia trae muchos cambios en nuestra vida?

La providencia trae cambios a la vida de muchas personas en todas partes del mundo. “Él multiplica las naciones, y Él las destruye; esparce a las naciones, y las vuelve a reunir.” (Job 12:23) Muchos han sido como Noemí cuya condición fue cambiada tan sorprendentemente, que el pueblo de Belén dijo: “¿No es esta Noemí?” (Ruth 1:19) Tal como el calor y el frío ponen a prueba la fuerza de nuestros cuerpos, así los cambios efectuados en nuestra vida por la providencia ponen a prueba la fuerza de la gracia de Dios en nuestros corazones. Ezequías fue un hombre bueno, pero su debilidad fue mostrada cuando la providencia le trajo el dolor y la enfermedad. (Isa. 38) El espíritu de David no fue siempre quieto y calmado cuando el peligro le acechaba. Él nos dice: “Y dije yo en mi prosperidad: No seré jamás conmovido... escondiste tu rostro y fui turbado.” (Sal.30:6-7) Pablo fue verdaderamente rico en la gracia cuando dijo: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Fil.4:12) Consideremos ahora cómo podemos mantener un alto grado de paz en nuestro corazón y mente en toda circunstancia:

1. Cuando nuestras circunstancias son confortables, recordemos siempre cuán mudables son todas las cosas. Las cosas en las cuales usted se gloría hoy le pueden ser quitadas mañana. “¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volverán al cielo.” (Prov.23:5) Ezequías se gloriaba de sus tesoros y el profeta le tuvo que decir que dentro de un corto período de tiempo perdería todos ellos. (Isa.39:2-7) Usted no sabe qué tan malo es su corazón hasta que alguna providencia parecida a ésta le hace ver cuán poco ama a Dios y cuánto ama todavía las cosas de este mundo. Cuando usted era más pobre de lo que es ahora ¿no conocía más y amaba más a su Dios?

2. Cuando todas las cosas parecen estar en contra nuestra, entonces podemos ir al otro extremo y necesitamos ayuda para mantener quietos nuestros corazones. Las providencias que acarrean problemas y tristezas son de mucho beneficio para el pueblo de Dios. De hecho, el pueblo de Dios no puede vivir espiritualmente sin ellas. Si no tiene problemas, el mejor cristiano pronto encuentra un triste retroceso y debilitamiento de la vida de Dios en su alma. Pero nada puede separar al pueblo de Dios en Cristo. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia...?” (Rom.8:35) Job encontró que esto es cierto. (Job 19:25) El día más largo de aflicción tiene su final, y aún si miles de aflicciones le son destinadas, llegarán por fin a su término. Como Pablo dice: “Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria.” (2 Cor.4:17)

3. Cuando todas las cosas parecen inciertas y no sabemos por cual camino la providencia de Dios está obrando, debemos pensar cuán inútil es llenarnos de preocupación y ansiedad en tales momentos. “Mas ¿quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mat.6:27) Poniéndonos ansiosos solo desanimamos nuestros espíritus y perderemos nuestra paz. No podemos cambiar cosa alguna en nuestras circunstancias. Por otra parte, evitaremos muchos problemas y dolores esperando reposadamente hasta que veamos cómo la providencia está obrando los propósitos de Dios en nuestra vida. También debemos descansar nuestras mentes en la fidelidad de Dios. Tenemos la divina autoridad de su palabra, de que Él está comprometido a hacer que todo lo que concierne a nosotros termine en la felicidad. No solamente nuestra salvación eterna, sino también nuestros intereses en esta vida están completamente seguros en sus manos. Por lo tanto, esté quieto en la certidumbre del feliz resultado de sus dificultades actuales. “Encomienda (el hebreo significa echar encima) a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.” (Prov.16:3)

jueves, 9 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

 TERCERA CUESTIÓN

¿Cómo puede un creyente saber que una providencia está obrando para su mayor bien, y que viene del amor de Dios?

Dios puede obrar a favor de su pueblo por medio de los peores males. (Rom.8:28) El pecado nunca puede hacerle bien a nadie, pero las providencias divinas pueden hacer que un evento en el cual el pecado está presente traiga bien a su pueblo. Nosotros no podemos saber de las cosas mismas que nos suceden si están obrando para nuestro bien o no. Muchas personas malvadas e incrédulas “logran con creces los antojos de su corazón.” (Sal.73:7) Entonces, no podemos juzgar el amor divino para con nosotros por el número de bendiciones naturales que recibimos.

La manera en que estas cosas nos suceden y el efecto que tienen sobre nosotros nos enseñarán si son enviadas del amor de Dios y si son para nuestro bienestar espiritual.

 1. Miremos primero a los eventos que nos traen problemas y tristeza. Podemos saber que realmente son bendiciones del amor de Dios cuando nos ocurren en las siguientes circunstancias:

 a. Nos llegan en el tiempo correcto, es decir, para guardarnos de caer en algún pecado o para restaurarnos de un espíritu negligente en el cual hemos caído. “Si es necesario, tengáis que ser afligidos...” (1 Ped.1:6).

b. Dios escoge ciertas aflicciones para nosotros las cuales son idóneas para nuestro particular carácter. A menudo nos quita aquel confort particular el cual nos ocupa mucho tiempo, y nos impide amar y deleitar nuestras almas en Dios. Él es como un médico que mide exactamente la fuerza de la medicina para el caso particular de alguien que está enfermo. “Con medida la castigarás en sus vástagos... de esta manera pues será purgada la iniquidad de Jacob.” (Isa.27:8-9)

c. Es una buena señal cuando los problemas vuelven nuestros corazones contra el pecado y no contra Dios. Cuando los hombres malvados están en problemas, se vuelven contra Dios. “Los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas.” (Apo.16:9) Pero los hombres buenos se condenan a sí mismos y dan gloria a Dios. “Tuya es Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy.” (Dan.9:7)

d. Una señal segura de que los problemas son enviados del amor de Dios es cuando limpian el corazón del pecado y dejan la vida más pura, más celestial y más humilde que antes. ¡Cuántos creyentes saben que esto es cierto! Después de que han pasado a través de algún problema fuerte, ya no ven más atractivo ni encuentran más sabor en el mundo que el sabor de la clara de un huevo. Tristemente, estos buenos efectos no duran y esto es el por qué Dios tiene que disciplinar a su pueblo una y otra vez.

e. Cualquier cosa que ayuda a incrementar nuestro amor a Dios tiene que provenir del amor de Dios hacia nosotros. Si su gracia está en nuestros corazones, nos aferraremos a Él cuando estemos en grandes problemas. Nos comportaremos como el salmista: “Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti... no se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos... nos cubriste con sombra de muerte.” (Sal.44:17-19)

f. Sabremos que Dios nos está bendiciendo en nuestros problemas cuando encontramos que Él nos está enseñando más del mal del pecado, la vanidad de esta vida, y la certeza de las cosas que “no pueden ser movidas”. “Bienaventurado el hombre a quien tú, Jehová castigares, y en tu ley lo instruyeres.” (Sal.94:12) El creyente nunca ve las cosas en forma más clara que cuando está bajo la disciplina de Dios.

2. Veamos los eventos que nos traen gozo y felicidad. Las circunstancias cómodas y felices no siempre significan que la bendición de Dios está sobre ellas. 

El éxito o la prosperidad que hacen que los hombres olviden a Dios, o que son usados para despertar los deseos de la carne o el orgullo del corazón no pueden ser un medio de bendición. Pero el bienestar y las misericordias que humillan el alma ante Dios comunicando un sentido de indignidad son sin lugar a dudas un medio de bendición.

 Jacob dijo: “Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo.” (Gen.32:10) Tales misericordias harán que deseemos alejarnos del pecado y nos darán un amor más grande hacia Dios, pero nunca darán satisfacción en sí mismas. Si somos capacitados para servir a Dios con más disposición a causa de nuestras bendiciones y si somos más preocupados acerca de las necesidades de otros, entonces es una señal segura de que la bendición de Dios está en nuestro bienestar. Además, es cierto que si hemos obtenido alguna cosa buena como una respuesta a nuestras oraciones, entonces nos ha sido enviada del amor de Dios.

miércoles, 8 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

 SEGUNDA CUESTIÓN

 ¿Cómo puede el creyente recibir ayuda para esperar en Dios, mientras que la providencia retrasa la respuesta a sus oraciones?

Hay dos maneras para considerar tales retrasos:

  1. Desde un punto de vista divino: los tiempos y las sazones están en la mano del Señor nuestro Dios. (Hech.1:7) 
  2. Desde nuestro punto de vista humano: esperamos una respuesta a nuestras oraciones más pronto. 

Nada puede ser más cierto ni exacto que el tiempo que Dios ha escogido para contestar una oración. Si comparamos Éxodo 12:41 con Hechos 7:17, veremos la razón por la cual la liberación del Israel de la esclavitud egipcia no pudo ser retrasada ni un día más. Fue porque el tiempo de la promesa había llegado. Frecuentemente nos desanimamos por los retrasos de la providencia y comenzamos a dudar de la fidelidad de Dios. Pero sus pensamientos no son los nuestros. (Isa.55:8) “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza.” (2 Ped.3:9) El Señor no calcula sus tiempos de obrar conforme a nuestra aritmética. Dios determina el tiempo, y aunque su respuesta pudiera ser retrasada mucho más de lo que pensábamos, no será ni un momento más tarde de su designio. Durante estos retrasos, el pueblo de Dios puede desanimarse mucho. Por medio de Isaías Dios había prometido que tendría misericordia de su pueblo en cautividad, pero ellos esperaron año tras año y no sucedió nada. “Pero Sión dijo: me dejó Jehová, el Señor se olvidó de mí.” (Isa.49:14) A David le sucedió lo mismo. Dios le había hecho tales promesas que fueron llamadas “las misericordias firmes a David”, y no obstante David pensaba que Dios ya se había olvidado de él. En el Salmo 13 dijo: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Vers.1)

 Hay tres razones principales por las cuales llegamos a desanimarnos de esta manera:

 1. Nos rendimos ante la incredulidad. No dependemos con plena confianza y seguridad de la incuestionable palabra de un Dios inmutable y fiel. Esta razón de desánimo es señalada en el Salmo 27:13, “Hubiera yo desmayado si no creyese.” En otras palabras , un corazón desanimado es una evidencia de incredulidad.

2. Miramos las cosas tales como aparecen a nuestros sentidos. Fue dicho de Abraham que “contra esperanza”, es a saber, contra cualquier probabilidad natural “creyó en esperanza... dando gloria a Dios.” (Rom.4:18 y 20) Nuestros espíritus se mantienen animados cuando no miramos las cosas que vemos con nuestros ojos naturales y cuando medimos todas las cosas por otra regla; es a saber, por el poder y la fidelidad de Dios. (2 Cor.4:16 y 18)

3. Satanás usa tales ocasiones para sugerir pensamientos duros contra Dios. Cuando nuestros espíritus están decaídos, estamos más propensos para escuchar a Satanás. El siempre trata de debilitar nuestras manos e impedirnos que esperemos en Dios.

 En vista de lo que hemos estado diciendo, es necesario que seamos vigilantes y que dejemos todo en las manos de Dios esperando pacientemente por su salvación. Para ayudarnos a hacer esto, propongo los siguientes pensamientos:

 1. Usted no tiene ninguna razón justificable para tener pensamientos duros contra Dios, porque es posible que Él no haya prometido las cosas que usted espera de Él. Usted pudiera haberse prometido a sí mismo ciertas cosas, por ejemplo: la prosperidad, la continuación de las bendiciones que actualmente disfruta. ¿Pero en dónde prometió Dios eso? La promesa de que Dios "no quitará el bien", es limitada a aquellos que “andan en integridad”. (Sal. 84:11) Escudriñe su propio corazón para ver si no se ha apartado de Dios en su vida de manera que Él estaría en lo justo al quitarle todas aquellas cosas que usted disfruta. En cualquier caso, todas las promesas de Dios son limitadas por la sabiduría y la voluntad divinas. 

¿Quién le dijo que esperara descanso, facilidad y deleite en este mundo? Dios nos ha dicho frecuentemente que deberíamos encontrar aflicción en este mundo (Jn.16:33), y que “es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hech.14:22) Todo lo que Dios ha prometido es que Él estará con nosotros en las tribulaciones, que suplirá nuestras necesidades reales, y que hará que todas las cosas nos ayuden a bien (Sal. 91:15; Isa. 41:17; Rom.8:28).

2. Si después de haber orado a Dios por bendiciones espirituales, usted ha esperado mucho tiempo y no ha recibido nada, le preguntaría ¿Qué tipo de bendiciones desea usted? Las bendiciones espirituales son de dos clases: 

      1. Aquellas que son necesarias para que la vida espiritual continúe. 
      2. Aquellas que incrementan nuestro gozo y consuelo. 

Las bendiciones del primer tipo son absolutamente necesarias y por lo tanto son seguras e infalibles promesas. “Haré con ellos pacto eterno, y no tornaré atrás de hacerles bien, pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” (Jer. 32:40) Las bendiciones del segundo tipo son concedidas cuando Dios considera que serán para nuestro bien, y muchos de su pueblo han vivido por largo tiempo sin ellas.

3. Debería preguntarse a sí mismo ¿Cuál es su propósito en desear estas bendiciones? Pudiera ser que usted no recibe lo que pide, porque no lo pide con un motivo correcto. (Stg.4:3) A veces pedimos ser librados de problemas simplemente porque disminuyen nuestro placer en el mundo. De hecho, los problemas nos son enviados a fin de que vivamos una vida de mayor obediencia.

4. ¿Está usted realmente dispuesto a que la voluntad de Dios sea hecha? Lo que le agrada a usted es el disfrutar de sus deseos, pero Dios se agrada cuando usted solo desea hacer Su voluntad. Las bendiciones no le pueden ser concedidas, sino hasta que usted desee hacer la voluntad de Dios con todo su corazón. David tuvo que esperar un largo período de tiempo para recibir lo que le fue prometido, y mientras tanto su alma fue hecha como la de un “niño destetado”. (Sal.131:2) Si David y muchos otros han tenido que esperar mucho tiempo para las bendiciones de Dios, ¿Porqué no habría de esperar usted?

5. ¿Perderá usted cosa alguna por esperar pacientemente en Dios? Ciertamente que no. Es mucho mejor experimentar la gracia de Dios obrando en su vida que disfrutar las comodidades. El Señor le está dando una lección en la fe y la paciencia y logrando que usted esté más interesado en Su voluntad. Así, cuando las bendiciones deseadas nos llegan, serán de mucho más gozo por causa del ejercicio de la fe y de la oración.

6. Si las bendiciones que usted espera de Dios no son dignas de esperar por ellas, resulta tonto estar preocupado por no recibirlas. Todo lo que Dios espera de usted es que espere sus misericordias como un favor inmerecido. Piense en las muchas promesas hechas a aquellos que esperan en el Señor. “Bienaventurados todos los que le esperan.” (Isa.30:18); y “los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas.” (Isa.40:31)

7. Recuerde cuán largo tiempo Dios esperó antes que usted se volviera a Él y obedeciera su palabra. ¿No es justo que Dios le haga esperar por sus bendiciones? Nuestra incredulidad ha hecho que Él clame: “¿Hasta cuándo no me han de creer?” (Núm. 14:11) y “¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jer.4:14)

 8. El hecho de que usted se ha cansado de esperar es en sí un mal muy grande. Probablemente usted habría recibido sus misericordias más pronto, si su espíritu hubiese estado más quieto y dispuesto a someterse a Su voluntad.


martes, 7 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 7: PROBLEMAS PRÁCTICOS

PRIMERA CUESTIÓN

¿Cómo puede un creyente descubrir la voluntad de Dios en circunstancias confusas y difíciles?

Primero debemos considerar lo que entendemos por “la voluntad de Dios”. La voluntad de Dios consiste de dos aspectos: primero, hay la voluntad secreta de Dios y segundo, la voluntad revelada de Dios. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros.” (Deut.29:29) Nosotros solamente podemos preocuparnos por la voluntad revelada de Dios, la cual nos es revelada a cada uno de nosotros en Su palabra y en Sus obras.

1. Hay una enorme variedad en las cosas reveladas. Los asuntos más importantes relativos a la fe cristiana nos son enseñados claramente en Su palabra, pero aquellos aspectos menos importantes algunas veces son más difíciles de entender.

2. Hay una gran diferencia en las personas a las cuales Dios revela su voluntad. Algunos parecen hombres fuertes, otros parecen niños. (1 Cor.3:1) Algunos son muy capaces para entender lo que deberían hacer y otros no pueden entender tan fácilmente.

3. Las formas en que Dios revela su voluntad a los hombres también son muy distintas. En los tiempos del Antiguo Testamento Dios mostraba a los hombres lo que deberían hacer en una forma personal y especial, como por ejemplo cuando escogió a Saúl para ser rey. (1 Sam.9:15-17) Otro caso es el de David cuando preguntó al Señor si debería ir a pelear contra los filisteos. (1 Sam.23:2 y 4) Pero ahora, tenemos toda la Biblia como nuestra guía y no debemos esperar que Dios nos conceda revelaciones especiales. Debemos escudriñar las Escrituras y en los casos en donde no hay ninguna regla particular para guiarnos, deberíamos aplicar los principios generales de la Escritura a nuestro problema particular. 

Pudiera ser que todavía existan dudas acerca de “qué hacer”. En tal caso no debemos considerar solo la providencia por sí misma para descubrir la voluntad de Dios. La forma más segura es considerar la providencia en relación con los mandamientos y las promesas de la Biblia. Cuando usted ha orado buscando la guía divina y resulta que la providencia concuerda con su propia conciencia y con la mejor luz que usted puede ver en la Biblia, entonces usted lo puede tomar como un impulso para que usted siga adelante en el camino indicado. Pero si la providencia parece favorecer cualquier cosa que está en contra de las normas de la Escritura, entonces usted no debe ir por ese camino. Si usamos solamente la providencia como una regla para conducirnos, entonces un hombre malvado que peca con éxito podría decir que fue guiado por Dios.

Las siguientes reglas le ayudarán a descubrir la voluntad de Dios:

1. Tener un temor verdadero de Dios en su corazón y ser realmente temeroso de ofenderle. “El secreto de Jehová es para los que le temen, y a ellos hará conocer su Pacto.” (Sal.25:14)

2. Estudiar más la Palabra de Dios y menos los asuntos del mundo. La palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. (Sal.119:105) Esta nos mostrará qué hacer y qué peligros evitar.

3. Poner en práctica lo que ya sabe. “El que quisiera hacer su voluntad, conocerá de la doctrina...” (Jn.7:17) “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos.” (Sal.111:10).

4. Orar para tener luz y entendimiento; ruegue al Señor para que le guíe y no le deje caer en pecado. (Vea Esdras 8:21)

5. Seguir la providencia entre tanto que concuerde con la Biblia y no más allá de esto. En el día de aflicción es tiempo de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. Por otra parte, cuando la providencia nos trae bendiciones es tiempo de regocijarnos en Dios. “En el día del bien goza del bien.” (Ecle.7:14) Deberíamos ser sabios para aprender lo que Dios nos está enseñando en las diferentes clases de providencias que nos sobrevienen.

lunes, 6 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

 

CAPÍTULO 6: 

LAS CONSECUENCIAS DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES 

1. Es su responsabilidad creer que Dios está en todo lo que le acontece. Si le da consuelos, sería un grave pecado no ver su mano en ellos. Si le envía problemas, usted debería saber que no nacen de la tierra sino de la mano de Dios.

2. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted ¡Cuán grande es su cuidado de su pueblo! Su tierno cuidado es tan grande que nunca aparta sus ojos de usted. (Job 36:7) Si alguien lo quisiera dañar, Él mismo le protegerá de noche y de día. (Isa.27:3) Usted es demasiado querido para Él para ser confiado a cualquier otra mano excepto la de Él mismo. “Todos sus santos están en tu mano.” (Deut.33:3)

3. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted ¿Esto no le obliga a vivir para Él? Nuestro deseo debería ser como alguien ha dicho: “Oh que yo pudiera ser un instrumento tan útil para Dios como mis manos me son a mí.” El propósito por el cual Dios ha hecho todo a favor de usted es para que usted sea una bendición para otras personas. “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Sal.116:12) Dios siempre le está haciendo bien; entonces usted debería ser muy activo para Él. ¡Él actúa en cada momento a su favor!

4. Puesto que Dios hace todas estas cosas a favor de su pueblo, no desconfíe de Él cuando surjan nuevas dificultades. A menudo usted ha fallado en confiar en Él en el pasado; no vuelva a caer en la desconfianza. Aprenda esta gran verdad: Si usted confía en Dios y espera pacientemente en Él para ser salvo de sus problemas, Él no puede fallarle y no lo hará.

5. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted, ore a Él acerca de todo. Ciertamente usted nunca tendrá lo que desea y busca a menos que Dios se lo conceda. Aunque Él tenga el propósito de concederle sus deseos, Él espera que usted se los pida. Entonces, cuando usted ha orado conforme a Su voluntad, cualquier cosa que le haya pedido en realidad ya le pertenece.

6. Puesto que Dios hace todas las cosas para usted, entonces su principal preocupación debería ser la de agradarle a Él en todas las cosas. Ninguna tribulación le podrá hacer daño al creyente cuyo único deseo es el de agradar a Dios. El favor de Dios resultará en que las tribulaciones no le causen ningún efecto dañino. Puesto que Dios se regocija sobre nosotros para hacernos bien, estamos a salvo aún en medio de los problemas y los peligros más grandes. Dejémonos guiar por la sabiduría divina de la Biblia. No tema nada salvo el pecado. Haga que su principal preocupación sea la de agradar a Dios y confiar en Él en todo lo que usted haga. Estas son reglas para su seguridad y su bendición en todas las incertidumbres de esta vida.

viernes, 3 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 5-

Una cuidadosa consideración de los caminos de Dios en su providencia hacia nosotros nos ayudará a incrementar la santidad en nuestras vidas

“Justo es Jehová en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.” (Sal.145:17) A veces Dios usa personas malas para hacer lo que Él ha planeado, pero sus propósitos son siempre puros. Su santidad no es afectada por la pecaminosidad del hombre, más de lo que el sol es afectado por la basura sobre la cual sus rayos brillan. Sus providencias nos detienen de pecar y así nos ayudan a ser más santos. Demasiada prosperidad pudiera enorgullecernos; entonces algunas cosas de las que pudiéramos desear no nos son concedidas. Quizás tengamos un cuerpo débil o enfermo y por este medio Dios nos detiene del mal que habríamos hecho si fuéramos sanos y fuertes. Si pecamos, nuestro Padre se enoja. Entonces usa eventos providenciales para traernos nuevamente hacia Él. 

El poder de la sangre de Cristo nos limpia del pecado, pero la providencia nos lleva al punto en que admitimos, cuán equivocados hemos estado y cuán correcto es Dios en disciplinarnos. David clamó: “Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. Porque tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano.” (Sal.38:1-2) Entonces llegamos a ver más claramente la maldad del pecado y somos advertidos contra pecar en el futuro. “He llevado ya castigo, no ofenderé ya más.” (Job 34:31) ¡Cuán felices son aquellas providencias que hacen a la persona temer el pecado! No importa si tales eventos nos traen consuelo o dolor, incrementan nuestra santidad y nos acercan nuevamente a la presencia de Dios.

Finalmente, una consideración de la providencia de Dios será de gran ayuda para nosotros cuando lleguemos a la muerte

Cuando Jacob estaba muriendo, habló de los tratos de Dios para con él en las varias providencias de su vida. (Gen.48:3,7,15,16) Josué también hizo lo mismo. (Jos.24) La hora de la muerte será endulzada si pensamos en las diferentes maneras en que Dios nos ha mostrado su cuidado y amor a lo largo de nuestras vidas.

1. La hora de la muerte es frecuentemente el tiempo cuando muchas personas son atacadas por Satanás con terribles tentaciones. El diablo trata de hacerles pensar que Dios no les ama ni se preocupa por ellos. Pero el creyente que recuerda los tiempos a lo largo de su vida cuando Dios ha contestado sus oraciones y le ha concedido lo que necesitaba, no creerá a las mentiras de Satanás. El creyente dirá: “Dios ha tenido un tierno y paternal cuidado para mí desde mi niñez. No me ha fallado hasta hoy, y no puedo creer que me fallará ahora.” “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (Jn.13:1) “Porque este Dios, es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aún más allá de la muerte.” (Sal.48:14)

2. En la muerte los creyentes se encomiendan a las manos de Dios y entran en un instante a aquel nuevo estado, el cual será muy diferente. Cristo nos ha dejado un ejemplo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Luc.23:46), y Esteban al momento de su muerte dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hech.7:59) Hay dos actos muy diferentes de fe; el primer acto y el último. El primero es un gran riesgo cuando la persona se echa a sí misma a la merced de Cristo; el último es también un gran riesgo cuando la persona se echa a sí misma en el mar de la eternidad en base a la promesa de Cristo. Pero el primer riesgo es mucho más difícil que el último. Al fin de su vida el creyente ha llegado a conocer a Cristo como un amigo fiel cuyas muchas visitas han sido dulces. Entonces, con mucha más certidumbre puede arrojarse en los brazos de Dios con quien ha platicado y caminado tanto en este mundo.

3. A la hora de la muerte, el pueblo de Dios recibe de la mano de Dios las últimas misericordias que tendrá de la mano de la providencia en este mundo. Tendremos que rendir cuentas por la manera que hemos usado todas las bendiciones que Dios nos ha dado. ¿Cómo podremos hacer esto si no tratamos de guardar un registro de ellas ahora?

4. A la hora de la muerte deberíamos tratar de dejar a los que se quedan atrás un buen reporte de la forma en que Dios ha tratado con nosotros en esta vida. Como Josué dijo en su último discurso al pueblo: “He aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.” (Jos.23:14)

5. En la muerte comenzamos una vida de alabanza y agradecimiento, y entramos al
 mismo trabajo feliz y eterno de los ángeles. No tengo duda de que las providencias en las cuales estuvimos involucrados en este mundo serán una parte del himno que entonaremos en el cielo. Entonces afinemos nuestras lenguas y corazones mientras estamos aquí, meditando diariamente en lo que Dios ha sido para nosotros y lo que ha hecho por nosotros.

jueves, 2 de mayo de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA
-Parte 4-

Una consideración cuidadosa de la providencia, tiene un poder maravilloso para llenar el corazón de agradecimiento

¿No es cierto que el Señor te guiaba por su providencia cuando eras solamente un niño, y acaso no te guardaba de los pecados y las miserias en los que muchos fueron dejados correr? Entonces, de aquí en adelante ¿no le llamarás: “Padre mío, guiador de mi juventud”? (Jer.3:4) Entonces, piense en los cambios en nuestras vidas que han sido ordenados para nosotros. Cuán mejores son de la manera en que nosotros los hubiéramos arreglado para nosotros mismos. Los pensamientos de Dios no han sido los nuestros, ni sus caminos los nuestros. (Isa.55:8) Nuestras propias ideas han sido sustituidas por mejores cosas con las cuales la providencia nos ha sorprendido. Cuando era necesario, un amigo fue motivado a ayudarle o un lugar fue abierto para recibirle. Entonces cuando la providencia le ha quitado estas cosas o su necesidad de ellas terminó, algún otro camino le fue abierto. 

¡Piense en la ternura incomparable de Dios para con su pueblo! Compare los tratos de la providencia para con usted y para con otros, quizás algunos de su propia familia que no sean cristianos, y maravíllese con la asombrosa gracia que hizo la diferencia. “¿No era Esaú hermano de Jacob?” (Mal.1:2) Piense en la manera como la providencia ha tratado con usted y compare esto con la manera en que usted se ha comportado hacia el Señor. Usted ha hecho muchas cosas malas en el pasado y no obstante, no puede acordarse de haber recibido ninguna otra cosa sino bien de la mano del Señor. Por último, compare sus peligros y sus temores con la forma en que la providencia le ha librado de todas sus angustias. Nubes negras han estado sobre su vida, su libertad o algún ser querido ha estado en peligro. Usted acudió al Señor en su aflicción y Él proveyó una salida y le libró de todos sus temores. (Sal.34:4)

No viva su vida tan aprisa que no tenga tiempo de sentarse y pensar acerca de estas cosas. Considere en su corazón estos maravillosos descubrimientos de Dios en su providencia.

Una cuidadosa observación de la providencia traerá paz a sus mentes

El salmista dice: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” (Sal.4:8) El salmista está determinado a que sus temores pecaminosos no le quitarán su paz interior. Encomendará todas sus preocupaciones a las manos paternas de un Dios fiel quien ha hecho hasta ese momento todas las cosas para él. No quiere perder el consuelo, ni de una sola noche de descanso. Dos cosas pueden destruir la paz en nuestra vidas: Primero, pensar demasiado acerca de las desilusiones pasadas. Segundo, el miedo de sufrirlas en el futuro. 

Mientras pensamos acerca de la providencia, hay varias cosas que en forma natural ayudan a traer paz a la mente del creyente aún cuando las circunstancias que le rodeen sean inciertas. Por ejemplo:

1. El poder supremo de la providencia sobre todas las cosas. Esto se ve en la vida de Jacob. Él dijo a José: “No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia.” (Gén.48:11) Nada está fuera del poder de Dios en la providencia.

2. La profunda sabiduría de la providencia. Cuán frecuentemente hemos buscado que el bien viniera de algo que parecía bonito, y hemos dado la espalda a algo que parecía ser amenazador. ¡No obstante, al fin la providencia nos ha mostrado que el peligro estaba en lo que parecía hermoso y el bien estaba en lo que temíamos!

3. La obra de la providencia a nuestro favor en el pasado. “Hasta aquí nos ayudó Jehová.” (1 Sam.7:12) El es el mismo Dios ahora como lo fue en el pasado, y su fidelidad nunca falla.

4. Cuando un creyente se vuelve descuidado en su vida espiritual, generalmente es el método de Dios preparar algo para disciplinarlo hasta que su corazón sea humillado y hecho más santo. Entonces el Señor cambia la voz de su providencia y dice: “Vuélvete, Oh rebelde Israel... No haré caer mi ira sobre tú, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, y no guardaré para siempre el enojo.” (Jer.12:12-13)

5. Comparar la manera en que Dios trata con nosotros y la forma como lo hace con otras criaturas suyas, nos trae nuevas esperanzas. Él cuida de las aves del cielo por quienes ningún hombre provee y también por la hierba del campo. ¿Podemos pensar en realidad que se olvidará de su pueblo quienes le son de mucho más valor?(Mat.6:26 y 30) Pensar en el cuidado que la providencia tiene por los enemigos de Dios alimentándoles, vistiéndolos y dándoles protección aún y cuando están peleando en su contra, debería traer paz a nuestras mentes. Seguramente no fallará en proveer para el pueblo en quien ha puesto su amor, a quienes ha dado a su Hijo, y para quienes ha preparado el cielo mismo.

martes, 30 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 3-

Recordar las providencias pasadas será una fuente continua de alabanza y agradecimiento, el cual es el trabajo de los ángeles en el cielo, y la parte más placentera de nuestras vidas en la tierra.

Se dice del antiguo pueblo de Dios: “Bien pronto olvidaron sus obras.” (Sal.106:3) Aunque la providencia les alimentó en una manera sorprendente en el desierto, ellos no le dieron a Dios la alabanza que Él merecía. (Num.11:6) David se esforzaba con toda su fuerza para agradecer y bendecir a Dios por todas sus misericordias para con él. “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” (Sal. 103:1-2) No es tanto las bendiciones que la providencia nos da como la bondad y la benignidad de Dios en dárnoslas, lo que ocupa a la persona agradecida en su alabanza. Como David dice: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.” (Sal.63:3) Dar vida y preservarla son actos preciosos de la providencia; pero la gracia que le motiva a Dios a hacer todo esto es mucho mejor que las dádivas mismas. Recibimos misericordias cada día y ellas son una gran razón para estar agradecidos. “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios.” (Sal.68:19) La ternura de la misericordia divina es manifestada en su providencia. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” (Sal.103:13) Sus profundas emociones al consolar a su pueblo son como las de la madre para con su bebé. (Isa.49:15) Entonces, postrarnos ante sus pies maravillados por la manera tierna en que Él se humilla al colocarse a un nivel tan bajo en sus tratos con nosotros, es una cosa de grande gozo para nosotros.

El cuidado en observar la providencia divina hará que Cristo sea cada vez más precioso a nuestras almas

Es por medio de Cristo que todas las misericordias divinas fluyen hacia nosotros y que toda la alabanza de nosotros regresa a Dios. Todas las cosas son nuestras porque nosotros le pertenecemos a Él. (1 Cor. 3:21-23)

1. Todas las bendiciones que poseemos, tanto en esta vida como las misericordias espirituales y eternas, nos han sido compradas por la sangre de Cristo. Por su muerte Cristo nos restaura todas las cosas que el pecado nos había robado. “Con Cristo” Dios nos da libremente todas las cosas: la salvación misma, y todas las cosas necesarias para llevarnos a ella. (Rom.8:32) Cualquier bien que recibimos de la mano de la providencia tenemos que decir que nos viene por medio de la muerte de Cristo.

2. Porque estamos unidos con Cristo todo lo que recibimos de la providencia nos es hecho una bendición. Cuando estamos en Cristo, tenemos más de lo que perdimos en la caída de Adán.

3. Los ángeles son empleados en el reino de la providencia, pero es Cristo quien les ordena. Quienquiera que sea el medio para hacerle cualquier bien, es el Señor Jesucristo quien da el mandato para que esto sea hecho. El cuidado de Cristo por los creyentes en Damasco detuvo a Saulo de destruirlos. (Hech. 9)

4. Como Cristo nos abrió la puerta de la misericordia muriendo por nuestros pecados, así Él mantiene la puerta abierta intercediendo siempre en la presencia de Dios por nosotros. (Apo.5:6, Heb.9:24) Si esto no fuera cierto, cada pecado que cometemos pondría fin a las misericordias que tenemos. Pero, “Si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados.” (1Jn.2:1-2)

5. Las respuestas a todas sus oraciones les son obtenidas por Jesucristo. Su nombre hace que sea imposible que el Padre les niegue cualquier cosa que le pidan conforme a su voluntad. (Jn.15:16) ¡Considere cuánta es su deuda con su querido Señor Jesucristo por este grande y glorioso privilegio!

6. El Pacto de la Gracia asegura todas las bendiciones que usted disfruta, tanto su
pan de cada día (Sal.111:5), como todas las demás misericordias espirituales. Este pacto es el nuevo testamento comprado por su sangre. (1 Cor.11:25) Entonces, usted debe agradecer al Señor Jesucristo por cada cosa buena que recibe de ese pacto.

lunes, 29 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 2-

Estudiar lo que Dios hace en la providencia corregirá la incredulidad natural de nuestros corazones

Hay una incredulidad natural en los mejores corazones, la cual es incrementada cuando pensamos equivocadamente acerca de las obras de la providencia. Somos tentados a decir igual que el salmista: “He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.” (Sal.73:12) Pero si somos cuidadosos en observar la manera en que Dios castiga a los hombres malvados, algunos de ellos en este mundo y todos ellos en el mundo venidero, nuestra fe será confirmada plenamente. Aquellas providencias las cuales muestran la sabiduría, el poder, el amor y la fidelidad de Dios en preservar y librar a su pueblo de todos sus peligros, temores y dificultades, son muy claras. El Señor se manifiesta a su pueblo por medio de estas cosas. (Sal.94:1) Piense en sus propias experiencias y pregúntese ¿Quién suplió todas sus necesidades en los tiempos difíciles? ¿Acaso no fue el Señor? “Ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto.” (Sal.111:5) ¿Cómo es que usted ha sobrevivido a través de tantos peligros, enfermedades y accidentes? No hay duda alguna de que Dios estaba presente en todas estas cosas y solo por su cuidado usted ha sido preservado. La mano de Dios también se ve claramente en las respuestas a sus oraciones. “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.” (Sal.34:4 y 6) ¿No ha descubierto la mano de Dios guiando y dirigiendo sus caminos a fin de que bendiciones que usted nunca se imaginó le han sido otorgadas? Su pueblo le es muy querido a Dios, y Él hace todas las cosas a favor de ellos. (Sal.57:2)

Llevar un registro de lo que la providencia ha hecho será un apoyo real en los tiempos difíciles en el futuro.

Es mucho más fácil para la fe viajar por un camino muy conocido que trazar un camino nuevo donde no puede ver ni un paso adelante. El acto de la fe cuando por primera vez confiamos en Cristo fue el más difícil. Todos los actos subsecuentes de la fe son hechos más fáciles por nuestras primeras experiencias. Cuando llegamos a un tiempo de problemas nuevos, es de gran ayuda poder decir: “Esta no es la primera vez que he estado en estas profundidades, y he salido con bien antes.” Cuando los discípulos no tuvieron pan, Cristo les tuvo que recordar de los milagros que el hizo anteriormente. (Mat.16:8-11) Les llamó hombres de “poca fe” porque deberían haber confiado en Dios después de haber sido testigos de su poder en el pasado. Hay dos maneras en que mostramos nuestra incredulidad:

1-     Dudamos del poder de Dios.

2-     Dudamos de su voluntad para ayudarnos.

El pueblo de Israel pensó que algunas cosas le serían imposibles a Dios. ¿Podrá poner mesa en el desierto? ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo? (Sal.78:19-20) Porque nosotros no vemos la forma en que el alivio vendrá, pensamos que no podemos esperar nada. Pero todos estos razonamientos de la incredulidad son vencidos si solo pensamos en nuestras anteriores experiencias. Dios nos ha ayudado, entonces puede ayudarnos ahora. Tiene el mismo poder y la misma capacidad que siempre ha tenido. 

La incredulidad también cuestiona si Dios será misericordioso ahora aunque lo ha sido en el pasado. David y Pablo razonaron relacionando lo que Dios había hecho antes a lo que haría ahora. (1 Sam. 17:36; 2 Cor.1:10) ¿Cuál cuestionamiento puede haber ahora, después de tantas y continuas pruebas en el pasado de la bondad de Dios?

La incredulidad pudiera decir: ¿Cómo puede una criatura tan mala y pecaminosa como yo, esperar que Dios haga tal o cual cosa para mí? Usted puede contestar: La misericordia de Dios me apareció primero, cuando era peor de lo que soy ahora; por lo tanto, aún esperaré que su bondad continúe conmigo, aunque no la merezca. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” (Rom.5:10)

domingo, 28 de abril de 2024

EL MISTERIO DE LA PROVIDENCIA – JOHN FLAVEL

CAPÍTULO 5: EL PLACER Y EL BENEFICIO QUE SE OBTIENEN DE CONTEMPLAR LO QUE DIOS HACE EN LA PROVIDENCIA

-Parte 1-

Ahora debo poner frente a ustedes el gran placer de andar con Dios y de fijarse diariamente en sus providencias.

Por este medio usted puede disfrutar un íntimo compañerismo con Dios día tras día.

El Salmo 104 es una meditación sobre las obras de la providencia. El salmista dice: “Dulce será mi meditación en Él.” (vers.34) 

La comunión se compone de dos cosas:

        • Primero: Dios dándose a conocer a nuestra alma. 
        • Segundo: Nuestra alma respondiendo a Dios. 

El efecto de esta comunión se manifiesta en cuatro maneras:

1. Tal como con Jacob y los demás santos de los tiempos antiguos, llegamos a sentir que no merecemos la más mínima de las misericordias y la verdad que Dios nos ha mostrado. Somos llevados a decir: “Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo.” (Gen.32:10)

2. Nuestro amor para con Dios se incrementa cuando recordamos sus misericordias. Cada hombre ama las misericordias de Dios, pero un santo, ama al Dios de las misericordias.

3. La comunión con Dios que es producida al meditar en sus providencias, hace que el alma mantenga una continua vigilancia para no pecar en contra de Dios.

4. La comunión, hace que sea fácil obedecer y servir al Señor. David y Josafat encontraron que esto es cierto. (Sal.116:12; 2 Crón.17:5-6)

Entonces, usted puede ver la maravillosa comunión que el alma puede tener con Dios estudiando sus providencias. ¡Oh que usted anduviera en esta manera con Él! Cuando tales efectos como estos son producidos en su corazón, el Señor dirá: “¡Los favores con los cuales a usted le he beneficiado, han sido bien otorgados!” Dios se regocijará de hacerle bien para siempre.

Una gran parte del placer en la vida cristiana proviene de considerar lo que Dios hace en la providencia

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren.” (Sal.111:2) (La Biblia Revisión 1977 traduce la última frase como: “Dignas de meditarse por cuantos en ellas se complacen.”)

1. Vea cómo los diferentes aspectos del carácter de Dios trabajan juntos en la providencia. A veces puede parecer que se oponen entre sí, pero por fin siempre se encuentran. “La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron.” (Sal.85:10) Estas palabras se refieren al regreso de Israel de la cautividad babilónica. La verdad y la justicia de Dios en la promesa hecha setenta años antes parecían muy lejos de la experiencia de misericordia y paz, la cual Israel encontró cuando salió de la cautividad. La promesa hecha tantos años antes y su cumplimiento setenta años después son descritas como dos amigas que ahora sonríen y se besan al encontrarse después de una larga ausencia. Cada vez que las promesas de Dios y los eventos que fueron prometidos se encuentran entre sí, son abrazados gozosamente por el pueblo creyente.

2. Frecuentemente al mirar las obras de la providencia, usted puede ver sus propias oraciones y esperanzas creciendo nuevamente como si se levantaran de los muertos. Dios retarda la respuesta a nuestras oraciones y nosotros decimos: “Perecieron mis fuerzas y mi esperanza en Jehová.” (Lam.3:18) Pero ¡Cuán llenos de consuelo somos, cuando esas oraciones son contestadas, cuando habíamos perdido toda esperanza de recibir respuesta alguna a ellas! Las vidas de Job, Jacob y David muestran cómo es que a veces habían perdido toda esperanza de vida, pero después de la extraña e inesperada obra de la providencia, vivieron para ver recuperados su esperanza y su consuelo, como “si se hubieran levantado de los muertos”.

3. Cuán grandes bendiciones nos ha traído la providencia de aquellas cosas, las cuales pensamos que nos conducirían a la ruina o la miseria. José no se imaginaba que su venta como esclavo en Egipto resultaría en su beneficio; y sin embargo vivió para ver un propósito bueno en ello. (Gen.45:5) Cuántas veces hemos sido obligados a decir igual como David: “Bueno es haber sido afligido.” (Sal.119:71) Al principio, nuestra reacción ante los problemas es de suspiros y lágrimas; más tarde los vemos con gozo y bendecimos a Dios por ellos.

4. Cuán inmenso es el consuelo para una persona que ve nada más que mal en sí mismo, comprobar al mismo tiempo en cuánta estima le tiene Dios. Mientras que la providencia le cuida, esa persona ve que la bondad y la misericordia divinas le siguen todos los días de su vida. (Sal.23:6) Otros hombres buscan el bien y éste se aleja de ellos. Pero la bondad y la misericordia siguen al pueblo de Dios y ellos no pueden impedirlo, aunque a veces pecan y se desvían del camino recto. Ciertamente, el pueblo de Dios son su tesoro y “no apartará de los justos sus ojos”. (Job 36:7)

5. En la muerte comenzamos una vida de alabanza y agradecimiento, y entramos al mismo trabajo feliz y eterno de los ángeles. No tengo duda de que las providencias en las cuales estuvimos involucrados en este mundo serán una parte del himno que entonaremos en el cielo. Entonces afinemos nuestras lenguas y corazones mientras estamos aquí, meditando diariamente en lo que Dios ha sido para nosotros y lo que ha hecho por nosotros.