Versículo para hoy:

jueves, 28 de mayo de 2020

Cómo confrontar bíblicamente la ansiedad y las teorías de conspiración - Jesse Rojo

Vida cristiana Archives - Coalición por el Evangelio


¿Cómo perdono? - Nancy DeMoss Wolgemuth



28 de mayo - Venceremos - Ray Stedman


 Arquitectura, Edificios, Ciudad, Paisaje Urbano, Hombre

Piense usted en lo que implica esta frase “al mundo”. Piense en las presiones morales con las que nos enfrentamos actualmente en el mundo, la perspectiva y las normas de la sociedad impía que nos rodea, que está constantemente entrometiéndose en nuestra conciencia mediante tremendas presiones con el propósito de que adoptemos esas actitudes y normas para la vida. Piense usted en la tentación de engañar y mentir con el fin de seguir adelante a toda costa, siendo deshonestos, no solo en lo que se refiere en rellenar nuestros documentos para el pago de los impuestos, sino en todos los aspectos de los negocios. Otra presión corriente con la que nos enfrentamos en el mundo es la de ser sexualmente inmorales, algo que resulta especialmente evidente entre los jóvenes y las personas solteras. Se nos anima a que alimentemos el fuego y satisfagamos nuestros deseos, a pesar de que pueda estar mal y resultar mortal. Las presiones que nos rodean son tremendas estos días, a veces aparentemente irresistibles. Está la presión de aceptar ideas equivocadas, reaccionando en contra de otras personas de la misma manera que lo hace el mundo, vengándonos por ello, reaccionando de la misma manera que ellos, mostrándonos resentidos y celosos, siendo ambiciosos y crueles. ¿No siente usted todo esto? La codicia de la carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida, todo esto es del mundo.

¿Cómo puede usted vencer al mundo? ¿Cómo puede seguir adelante, momento tras momento, día tras día, año tras año, viviendo una vida que es totalmente contraria a ello, basada en normas, objetivos y evaluaciones que son totalmente diferentes, y soportar no solo durante diez años sino durante décadas enteras en contra de esa clase de presión moral? ¿Cómo se mantiene usted firme en medio de esto y no solo permanece firme, sino intentando ayudar y ganar a otros a su manera de pensar? Juan dice que es “por fe”; eso es todo. No por una fe que tuvo usted hace veinte años, al principio de ser cristiano, sino por fe en la vida de Jesús presente en usted ahora. Por medio de la fe en Él que obra en usted, en medio de las presiones, contrarrestándolas con la presión de Su propia vida.

Una vez oí acerca de un capitán de barco que estaba describiendo cómo era haber pasado por una tempestad. Describió el barco en medio de las olas, elevándose por todas partes, con el viento soplando con fuerza y la lluvia implacable cayendo. El barco daba la impresión de ser la víctima impotente de la tempestad, bajo la fuerza de los poderosos elementos embravecidos por todas partes. Su destrucción parecía asegurada, pero él dijo: Yo estaba en el puente del barco agarrado a la barandilla. Podía sentir la vibración de los motores en lo profundo, en el interior del casco del barco. La tempestad, el viento y las olas parecían estar diciéndole al barco: No puedes venir, no puedes venir. Pero yo oí la respuesta vibrante de los motores diciendo: Sí que lo haremos, sí que lo haremos, y lo hicieron. Así es como vencemos al mundo.

Si nos damos por vencidos, si reflejamos las mismas actitudes y acciones del mundo, hemos sucumbido al mundo y a las artimañas del demonio. Pero si nuestra dependencia gira en torno a la vida del Hijo de Dios, Su vida está en nosotros, y además: “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”.

Padre, siento el llamamiento a la batalla en contra de las fuerzas sutiles y engañosas de una era mundana. Concédeme que pueda tener una fe renovada en Tu poder y que salga a enfrentarme con el mundo en una empresa de fe que hace que cada día sea una emocionante aventura.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Cómo nos enfrentamos con las presiones de la vida? ¿Estamos intentando vencer nuestras dificultades, o estamos resistiendo con una fe creciente, descansando en Cristo que obra en nosotros?

 



miércoles, 27 de mayo de 2020

¿El ofensor o el ofendido? - Nancy DeMoss Wolgemuth


27 de mayo - Confianza en el juicio - Ray Stedman


 Devocional diario - El amor al prójimo

Dudo que haya una sola persona que no se de cuenta, en lo más hondo de su corazón, de que al final de la vida tenemos que rendir cuentas. Tendremos que estar ante la presencia del Señor nuestro Hacedor. No hace diferencia alguna si somos cristianos como si no lo somos, porque sea cual fuere la relación que tenemos con Él, todos nosotros nos encontraremos cara a cara con el Señor mismo. Él se encuentra al final de cada uno de los caminos que sigamos hoy, y tendremos que llegar por fin al día en que nos veremos obligados a dar cuenta de nuestra vida.

No podemos evitar preguntarnos a nosotros mismos cómo nos irá en ese día. ¿Podré yo pasar esa prueba inconsciente a la que se refiere Jesús en Mateo 25, cuando juzgará a las naciones y dividirá a las ovejas a Su mano derecha y las cabras a Su izquierda? Le dirá a las personas a Su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34). ¿Por qué? “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme” (Mateo 25:35-36). ¿Recuerda usted la reacción de ellos? “Señor, cuándo sucedió esto? Nosotros ni siquiera fuimos conscientes de ello. No recordamos haberte visto ni nos acordamos de haber hecho estas cosas”.

Entonces les dirá a los a Su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno”. ¿Por qué? “Porque cuando me vieron débil y enfermo y encarcelado, no hicieron nada. Nada más siguieron su camino; no me mostraron interés ni compasión; no hicieron nada”. Entonces también ellos le responderán sorprendidos, diciendo: “¿Por qué, Señor? ¿Cuándo pasó así? No nos acordamos. Si te hubiésemos visto, hubiésemos hecho algo, pero no nos acordamos ni haberte visto” (ver Mateo 25:41-44). La revelación penetrante de este pasaje es que esto está sucediendo actualmente a todo nuestro alrededor. Cristo está en todas estas situaciones de necesidad y, cuando nosotros nos encontramos con alguien que tiene una necesidad, es Jesús quien nos está pidiendo ayuda. Nuestra reacción ante esa persona es nuestra reacción ante Él.

Por lo tanto, ¿no se pregunta cada corazón ahora: “Cuando me encuentre ante Él de este modo, pasaré la prueba? ¿Estoy yo reconociendo estas situaciones ahora?” Juan dice que es el amor “perfeccionado” el que nos permite tener la confianza en el día del juicio. El amor que ha sido perfeccionado es el amor hecho visible en nuestra manera de actuar. Por lo tanto, fíjese usted en lo que está diciendo Juan: “Si desea usted tener confianza en el día del juicio, permita que el amor se exprese a sí mismo, permitiendo que sea perfeccionado, porque es cuando el amor es perfeccionado en nosotros cuando tenemos la confianza necesaria para el día del juicio”.

Ahora puede usted ver la confianza que hace que sintamos en el día del juicio. Si Él va a mirar mi vida y ver la actividad de Sí mismo en mí, entonces no se negará a Sí mismo en el día del juicio. Sé que lo que estoy haciendo, si proviene de esta fuente, será totalmente aceptable para Él.

Padre, no permitas que me tome estas palabras a la ligera. El problema no son los otros, sino más bien el que yo no esté dispuesto a mostrar amor hacia aquellos que no hacen las cosas que a mí me gustan y no actúan de la manera que yo pienso que deberían hacerlo. Perdóname y enséñame a amar.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Qué sucede cuando nos morimos? ¿Dónde encontramos el conocimiento necesario para contestar con confianza a esta pregunta? ¿Estamos nosotros a disposición de Aquel que ama por medio de nosotros?

 



martes, 26 de mayo de 2020

¿Confrontar o pasar por alto? - Nancy DeMoss Wolgemuth




26 de mayo - La deuda del amor - Ray Stedman

Por qué es tan dificil amar al prójimo?

 

Esta es la respuesta a cada torpe excusa por nuestra parte según la cual: “Yo no puedo amar a esa persona. Usted no tiene ni idea de cómo es esa persona. Si tuviese usted que vivir con ella como tengo que hacerlo yo, usted tampoco podría amarla”. No, “Amados, si Dios así nos ha amado... ”. Si ha experimentado usted esta clase de amor, si ha acudido usted a la cruz y ha sentido la poderosa limpieza del amor de Dios hacia usted, a pesar del antagonismo y el odio que le ha mostrado a Él y a pesar de que a usted le complace hacer las cosas que le gustan; si ha sentido la gracia limpiadora de Dios que ha limpiado todo eso sin ninguna recriminación o sin recordarle a usted su pasado, olvidándolo y perdonándolo todo, entonces, como dice Juan, usted no solo puede amar a otra persona, sino que “debe” hacerlo; está obligado a hacerlo. De ahí es de donde procede la palabra “deber”: “debemos amarnos los unos a los otros”.

Es por esto que Pablo pudo decir en Romanos 1: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (v. 14). Debo algo a todo el mundo. Y él mismo dijo más adelante en esta misma epístola: “No debáis nada a nadie, sino el amaros unos a otros” (13:8a). Lo debemos porque tenemos en nuestro interior la fuente del amor en la vida de Dios. Si no tiene usted la vida de Dios, no puede usted manifestar ese amor de los unos a los otros de esta manera. No lo intente usted; sobre todo, no manifieste usted un amor mezquino, vulgar, que sea una imitación ligera del amor que trata a otros con amabilidad hacia ellos pero que les destruye a sus espaldas, porque eso no es amor; o sencillamente tolerar a otros durante un tiempo. Eso no es amor. A menos que tenga la vida de Dios, no podrá usted amar. Pero si tiene usted la vida de Dios, esa es toda la cuestión, usted puede amar y debe hacerlo. Dios en usted puede amar por medio de usted y lo hará. Todo lo que Él está esperando es el asentimiento de su voluntad, y Él manifestará Su amor por medio de usted.

El versículo 12 nos presenta un concepto muy importante y atrevido: reconoce que Dios es invisible y nadie ha visto nunca a Dios. Incluso en los tiempos del Antiguo Testamento, a pesar de que aparecían manifestaciones excepcionales de Dios en forma humana, estas no eran otra cosa que Dios en un disfraz humano. Estas manifestaciones no fueron Dios haciéndose permanentemente visible. ¿Dónde aparece de manera visible continuamente? Juan dice: “Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros, y su amor es completado”, es decir: Su amor alcanza el objetivo final “en nosotros”. Es ahí donde las personas ven el amor de Dios, y es el único lugar donde se puede ver. El hecho es que un Dios que habita en nosotros solo se vuelve visible cuando nosotros manifestamos el amor los unos para con los otros. Mientras seamos amables solo con nuestros amigos o con aquellas personas que sean amables con nosotros, nadie tiene la menor idea de que Dios se halla presente. Pero cuando empezamos a ser amables con aquellas personas que son desagradables con nosotros, cuando empezamos a devolver el bien por el mal, cuando empezamos a mostrarnos pacientes, afectuosos, considerados y dulces con las personas que son tozudas, obstinadas y egoístas, entonces las personas tienen la sensación de que Dios está cerca, que Él está en medio de la situación, y entonces el que Dios mora en nosotros se hace visible ante esas personas.

Padre, permite que estas palabras queden grabadas como con fuego en mi corazón, para que yo pueda reconocerme a mí mismo como llamado de manera preeminente, por encima de todo lo demás, para cumplir con esta gran labor de ser una demostración abundante de esta clase de amor.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

A menos que tengamos la vida de Dios, no podemos amarnos los unos a los otros. ¿Hemos comprendido nosotros y puesto en práctica el poder de Su Presencia para no encontrarnos con que esto es una verdad sorprendente?

 



lunes, 25 de mayo de 2020

El poder para perdonar - Nancy DeMoss Wolgemuth




25 de mayo - Dios es amor - Ray Stedman


 

En este pasaje nos encontramos cara a cara con esa tremenda declaración de las Escrituras: “Dios es amor”. Esto significa que en el origen de todo lo que hace Dios está el amor. Por muy difícil que nos parezca a nosotros, la fuente de la cual brota toda la actividad de Dios es este amor, mediante el cual se entrega a Sí mismo. Incluso Sus juicios, Sus condenaciones, las manifiesta con amor. El juzgar no es algo separado del amor. Si me convence usted de que un Dios santo y amoroso no puede juzgar a una persona pecadora, entonces me convencerá usted también de que Él no puede amar a una persona pecadora. Inherente en la cualidad del amor se halla el antagonismo hacia cualquier cosa que se oponga al objeto del amor. Además, inherente en él se encuentra la cualidad del juicio. Dios es un fuego purificador, que consume y quema la escoria a fin de que Él pueda preservar el oro. Incidentalmente, es así como el libro de Hebreos le describe: “nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:29). No siempre resulta fácil vivir con el amor por esta misma cualidad, a pesar de que es la cosa más maravillosa en el mundo por su calor y por el hecho de que todo lo incluye, aceptando a toda clase de personas y todas las condiciones, sin buscar el mérito por parte del objeto amado. Ese es el amor de Dios.

El Dr. H. A. Ironside acostumbraba contar acerca de una mujer que fue a verle y le dijo: ―No tengo ningún interés en la Biblia y toda su superstición cristiana; a mí me basta con saber que Dios es amor.

Él le contestó: ―¿Lo sabe usted de verdad?

Ella le dijo: ―Claro que lo sé; lo he sabido toda mi vida.

―Bien ―dijo él―, ¿cree usted que todo el mundo lo sabe?

―Oh, sí ―contestó ella―, todo el mundo sabe que Dios es amor.

―Bien ―dijo él―, ¿cree usted que una mujer en la India, que está convencida de que su religión le exige que coja a su hijo y lo tire al río como una ofrenda a los cocodrilos, tiene algún concepto o idea de que Dios es amor?

A lo que ella le contestó: ―Bueno, no, pero eso es mera superstición.

―¿Cree usted que la persona en África que se inclina ante sus ídolos de madera y de piedra, temblando de temor pensando que la puedan golpear y destruir su cosecha, quitarle sus hijos e incluso herirle a él, cree usted que tiene la menor idea de que Dios es amor? ―le preguntó.

Ella dijo: ―No, pero en todos los países civilizados sabemos que Dios es amor.

―Bueno ―dijo él―, ¿cómo sabemos eso? ¿Cómo sabemos que Dios es amor? ¿Enseñaron esto los antiguos? ¿Enseñan las otras religiones en la tierra y muestran que Dios es amor? ¿Sabe usted que el único motivo por el que sabemos que Dios es amor es porque envió a Su Hijo y se manifestó Él mismo como amor? El libro que nos habla acerca del Señor Jesucristo es el único libro en el mundo que contiene la idea que el Dios tras toda la materia creada es un Dios de amor. La creación revela Su poder, Su grandeza y Su energía, pero no hay nada en la naturaleza que diga: “Dios es amor”. La única manera que tenemos para saberlo es que Dios manifestó Su amor dando a Su Hijo.

Padre, solo Tú eres la fuente de este amor, la única clase que satisface el anhelo del corazón del reclamante. Yo oro pidiendo que sea capaz de reconocerme a mí mismo como persona que ha sido llamada a realizar esta gran labor de ser una demostración de esta clase de amor.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Dios mostró Su amor enviando a Su Hijo para que nosotros podamos vivir por medio de Él. ¿Hemos aprendido nosotros a reconocer la verdadera naturaleza del amor tal y como ha sido manifestado en todas las acciones de Dios?

 



domingo, 24 de mayo de 2020

24 de mayo - Dios es más grande - Ray Stedman

person reading book while kneeling

 

Lo que es importante en este versículo es que nos fijemos en lo que es la base de la victoria obtenida por los vencedores. ¿Cómo lograron vencer? Si hay alguna manera de que usted y yo podemos escapar a estas presiones extremas del error teológico actual, será de esta misma manera. Entendemos esta manera de vencer no tanto observando lo que dice Juan, sino por lo que no dice. Estos “hijitos” que son “de Dios” vencieron a los falsos maestros, con todo su error sutil y pernicioso presentado de una manera tan hermosa y atractiva, no porque tenían una inteligencia superior. No hay nada de esto. Juan dice: “Los vencisteis porque el que está en vosotros es superior al que está en el mundo”. En otras palabras, no fue nada que tuviesen estos cristianos lo que les libró, sino el que moraba en ellos. Fue la grandeza de Dios lo que les mantuvo rectos y es lo que nos mantendrá también a nosotros rectos.

Cuando mira usted a su alrededor y se encuentra con el éxito del mal en la historia, y especialmente en nuestro tiempo, puede usted darse cuenta de que el enemigo tiene un gran poder. Piense usted en nuestro mundo y todo lo que está sucediendo en términos de agonía, de lucha, del mal, de violencia y aflicción, y abundando por todas partes la confusión. Cuando pensamos en la violencia, la pasión, las lágrimas y la muerte que caracterizan a nuestro mundo, podemos ver algo de la grandeza del poder del enemigo, así que no es de sorprender que alguien haya dicho: “Nuestra raza tuvo un comienzo lleno de esperanza, pero el hombre arruinó sus oportunidades pecando. Tenemos la esperanza de que la historia termine con la gloria de Dios, pero por ahora el que gana es el otro lado”.

Al menos esa es la impresión que tenemos, ¿no es cierto? Pero no es así, a pesar de todas las apariencias. Dios es más grande que el poder del enemigo. De hecho, es casi absurdo expresarlo de este modo. Dios es tan incomparablemente superior que no hay competición posible. Aquí es hacia donde el ojo de la fe debe volverse siempre en nuestras horas oscuras, de incomodidad o de desesperación; debemos volvernos a lo que revelan las Escrituras acerca de la verdad sobre Dios y cuan incomparablemente superior que Él es en comparación con cualquier otra cosa que se halle presente entre o tras los humanos.

Al escribir su primera epístola a los corintios, Pablo considera Corinto, esa hermosa ciudad de cultura, refinamiento, con su amor a la sabiduría y los grandes pensadores de la edad de oro de Grecia, renunciando a cada enfoque sobre la base de la sabiduría humana, diciendo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). La razón que alegó fue que la debilidad de Dios es más poderosa que los humanos y la locura de Dios es más sabia que los humanos. Esa es la grandeza de Dios.

Padre, qué agradecido me siento por el hecho de que Tú me hayas dado Tu Palabra. Permíteme concederle el valor que tiene, leerla, buscar en ella y encontrar la sabiduría en cada relación en la vida.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Los debates teológicos pueden ser recursos instructivos para aprender, pero al mismo tiempo pueden ser fuentes de orgullo. ¿Hemos bebido antes profundamente de la vida de Cristo en nosotros?

 



sábado, 23 de mayo de 2020

23 de mayo - Cuando la incredulidad es apropiada - Ray Stedman

Es Correcto Llamar “Pastor” al Predicador? — EB Global: Enfoque ...

 

Es verdad que la señal de la madurez es la incredulidad además de creer. Es tan importante que no se crea usted ciertas cosas como lo es que se crea usted otras cosas. Juan indica que este es un problema muy extendido: “Porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1b). En el evangelio de Mateo, el Señor Jesús nos advirtió acerca de esto: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). Vemos que aquí ha sido destacado para nosotros el hecho de que vivimos en un mundo de engaño y nos vemos enormemente presionados para que nos conformemos a estas cosas.

En los tiempos de Juan había maestros que realizaban ciertas señales, tal vez haciendo predicciones de cosas que iban a suceder o manifestando el hablar en lenguas, haciendo milagros y otras cosas por el estilo. Es acerca de esto que Juan escribe y dice: “No creáis a estos espíritus, hasta que no los hayáis sometido a prueba”. No sea usted crédulo; no crea usted lo que diga la primera persona que aparezca. Es importante fijarse en que aquí tenemos un claro reconocimiento acerca de lo que se enseña en toda la Biblia, es decir, que tras el falso profeta o el falso maestro está un espíritu maligno. Existe un verdadero Espíritu, el Espíritu Santo de verdad, el Espíritu de amor, y de la misma manera que éste habla por medio de las personas, también el espíritu del mal habla por medio de personas. Cuando oiga usted a hombres y mujeres hablar acerca de cosas o valores religiosos, no sea usted crédulo y se trague todo lo que le digan, especialmente si da la impresión de que están presentando algo atractivo sobre el amor, la dulzura y el interés por los demás. Someta usted especialmente a prueba esta información, porque es el enfoque habitual del error.

Nosotros los modernos corremos mucho más peligro que los antiguos porque en el mundo de la época de Juan y de Pablo había una extendida creencia en la existencia de los espíritus invisibles. El mundo antiguo los reconocía como dioses y diosas, inclinándose ante ellos. Esta clase de enseñanza resultaba mucho más fácil de aceptar en el primer siglo de lo que lo es hoy en día. En la actualidad nos enorgullecemos de haber superado esto. Las personas son intelectualmente incapaces de aceptar esta clase de cosas en nuestro tiempo. Como resultado de ello, nos exponemos sin defensa alguna al control de estos espíritus malvados.

Pero si vamos a seguir las palabras de Jesucristo, es preciso que aceptemos lo que Él dice que es la explicación del poder tras el mal en el mundo. Él deja perfectamente claro que procede de una hueste de espíritus malvados. Parte de la ceguera de nuestra generación, que da como resultado el caos y la anarquía, es el resultado directo de las personas que dicen con orgullo: “Rechazo todo el concepto de los espíritus malvados y de los demonios. A mí me resulta intelectualmente inaceptable”. La ceguera de semejante actitud impide cualquier defensa en contra de ella. Si vamos a ser cristianos, debemos ver el mundo tal y como Cristo lo vio. Debemos reconocer que las opiniones humanas, tanto si son catedráticos en seminarios como si son pastores detrás del púlpito, no son tan solo el resultado de su perspicaz lógica o la enseñanza académica que han recibido o su perceptiva manera de pensar. Con frecuencia estas personas no son conscientes del modo en que ha sido torcida su manera de pensar por los espíritus malvados o los espíritus de error.

Señor, ayúdame a reconocer que vivo efectivamente en un mundo hostil. Enséñame a no ser crédulo, tragándome absolutamente todo lo que me dicen. Ayúdame a poner a prueba cada cosa sobre la base de Aquel que vino y demostró ser Él mismo la verdad por medio de Su palabra invariable.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Nadie discutirá la realidad de la existencia del caos y de la anarquía en el mundo. ¿Hemos rechazado nosotros por orgullo intelectual la existencia de los espíritus del mal como una fantasía sin importancia?

 



Viviendo con gracia entre pecadores - Nancy DeMoss Wolgemuth




22 de mayo - El poder de la oración - Ray Stedman

Orando las manos de un hombre sobre la biblia abierta en la cama blanca Foto Premium

 

Parte de la razón por la que muchas personas encuentran el cristianismo aburrido es debido a que no están experimentando la clase de vida cristiana que se describe en este pasaje. No están participando en esta clase de relación, en la que cada día pueden experimentar la gloriosa aventura de ver cómo obra el Dios viviente, contestando a la oración y dándoles las cosas que han pedido. Pero en este pasaje tenemos una imagen preciosa de la vida normal del cristiano. Todo ello se basa en la oración, porque la oración es la actividad relacional más fundamental que puede experimentar el cristiano. La oración es la expresión de dependencia en un Dios de amor, y toda la vida cristiana debe caracterizarse por una actitud continua y un espíritu de oración.

Fíjese usted en los indicios de la verdadera oración que destaca Juan en este pasaje. Primero, está el espíritu de oración. “Confianza tenemos en Dios” (y la palabra es literalmente atrevimiento) ante Dios. Si tiene usted atrevimiento ante alguien, eso implica que tiene usted una relación íntima con esa persona, que tiene usted el claro derecho a venir ante la presencia de esa persona. No existe temor alguno ni censura, sino un buen entendimiento entre usted y esa otra persona. Por lo tanto, el tener confianza, o atrevimiento, ante Dios implica que tiene usted una comprensión clara de su derecho a venir ante Él.

La oración debe ser el resultado de dicha comprensión en lo que se refiere a la verdad que ha declarado Dios en Su Palabra, de modo que no tenemos motivo para cuestionar nuestro derecho a acudir a Él. No lo hacemos por nuestro propio mérito o la posición que ocupamos ante Él, porque sabemos que ese no es el fundamento adecuado. Acudimos ante Él por Su mérito y venimos “en Su nombre”, por lo que podemos hacerlo con atrevimiento.

Fíjese usted además en el propósito de la oración. “Confianza tenemos en Dios; y… recibiremos de él” Para eso es precisamente la oración. Es para que usted y yo estemos en situación de recibir la gracia de Dios. Dios es un Dios que da, y se deleita en hacerlo. Él posee todos los recursos de un universo superabundante del cual darnos con generosidad. Usted conoce las imágenes de que se valen las Escrituras con el propósito de dejar claro ante nosotros la plenitud de las riquezas de Dios. Pablo dice, escribiendo a los corintios: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Este es el propósito de Dios, hacer que seamos ricos, aunque no siempre en el sentido material, porque no es en ese aspecto en el que se encuentran las verdaderas riquezas. Muchos millonarios darían hasta el último centavo de su dinero si pudiesen tener un poco de paz en su corazón o si pudiesen sentir gozo en su espíritu. Pero Dios se deleita en derramar las verdaderas riquezas en la vida humana. Las riquezas de la vida abundante son precisamente lo que vino a darnos Cristo. No hay nada más emocionante que ver a un Dios invisible hacer en su vida cosas visibles que solamente Él puede hacer, supliendo sus necesidades, satisfaciendo su corazón, haciendo lo que usted nunca pudo hacer. Si nos vemos sumidos en la pobreza, es solo nuestra propia culpa, porque Dios ha diseñado un maravilloso proceso mediante el cual podemos recibir de Él. Ese es el propósito de la oración.

Padre, te doy gracias por la maravillosa provisión que me espera para que la pueda recibir cada día por medio de la oración. Ayúdame a tener la fe sencilla para acudir ante Ti atrevidamente en oración, sabiendo que a Ti te complace dar a Tus hijos.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Nada hay que sea más aburrido que el cristianismo sin Cristo. Una relación íntima se encuentra inmersa en la comunicación. ¿Está nuestra oración diaria libre y fluida o es sencillamente algo que formulamos?

 



Mira hacia adelante - Nancy DeMoss Wolgemuth




21 de mayo - El tranquilizante del cristiano - Ray Stedman

Hombre con mochila sentado en la roca al atardecer en el volcán etna montaña en sicilia Foto gratis

 

En la frase “si nuestro corazón nos reprende” el apóstol Juan está reconociendo que el problema con el que nos enfrentamos es el de un corazón que nos reprende o condena. Él sugiere aquí, por medio de esta frase, que esta es una experiencia bastante frecuente y generalmente involuntaria por nuestra parte. ¿Quién de nosotros como cristianos no ha tenido problemas con una mala conciencia o un corazón que nos condena? Hay problemas físicos que nos afectan espiritualmente, pero con demasiada frecuencia este es el resultado de un ataque del maligno a nuestra fe, un esfuerzo por intentar apartarnos de la fe en Jesucristo, anulando nuestra efectividad como cristianos, y con demasiada frecuencia este ataque tiene éxito.

Tal vez no haya un problema más corriente que este: los cristianos que padecen por tener una mala conciencia y un corazón que les condena. Algunas veces somos víctimas de estos ataques cuando nos hallamos sumidos en el más intenso estado de ánimo espiritual, que se apodera de nosotros cuando menos lo esperamos.

¿Cuál es el remedio? Fíjese usted en lo que dice Juan: “conocemos que somos de la verdad”. Eso es lo esencial: debemos de restablecer el importante hecho que es nuestra relación con Cristo. Debemos animarnos a nosotros mismos a creer y asegurarnos de que hemos sido verdaderamente justificados por la fe, que nos hallamos ante la presencia de Dios, no gracias a nuestra propia justicia, sino por la justicia del Hijo de Dios, que hace posible que seamos aceptados en el Amado, haciendo que estemos “en Cristo” porque, como nos dice Pablo en Romanos 8: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (v.1). Si hemos de silenciar las dudas en nuestros corazones, es preciso que sepamos que “somos de la verdad”.

¿Cómo puede usted lograrlo? Fíjese usted en su argumento aquí: “En esto conocemos que somos de la verdad”. Debemos saber que pertenecemos a la verdad a fin de poder asegurar a nuestro corazón cuando nos condena, y ¿cómo lo logramos? ¡Haciendo esto! Lo que hemos mencionado en el versículo 18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Por medio de esto aseguraremos a nuestros corazones con el conocimiento de que estamos en la verdad. Aquí se está refiriendo a un acto de amor, es decir, de manera deliberada, y con una intención concreta se realiza un acto amable y de ayuda, o se pronuncia una palabra de amor a la persona que nos ha herido o ha sido el motivo de que nos veamos sumidos en este atolladero de condenación. En otras palabras: “Devolved bien por mal”.

Usted no tiene que esperar hasta verse obligado a ser amable con alguien, así que hágalo deliberadamente. Propóngase la labor de encontrar a personas que están necesitadas y ayúdelas. “No amemos por medio de palabras y de lo que decimos, sino por medio de acciones y de la verdad”. Ha sido un gozo ver cuántas veces estas palabras han demostrado ser ciertas. Ha habido personas que han descubierto que una gran parte de la soledad y el vacío que sentían en sus vidas eran sencillamente el resultado de haberse apartado de los demás y de sus necesidades. Tan pronto como empezaron a ocuparse de la vida de otra persona, descubrieron que existía un maravilloso sentido de confianza y un despertar que acompañaban al espíritu de gozo en sus propios corazones.

Señor, concédenos poder encontrar a las personas solitarias y afligidas para que las animemos, compartiendo con ellas algo de nosotros mismos para que podamos, de esta manera, expresar esta clase de amor. Haciéndolo sabremos que andamos en la verdad.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Cuando nos sentimos solos, tenemos una conciencia culpable o nuestros corazones se sienten dominados por la condena, ¿cómo aprovechamos el gozo y el poder de sanidad de Su presencia?