Versículo para hoy:

lunes, 24 de octubre de 2016

Plantando semillas en la vida de tu hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 24

“Comenzó a lavar los pies de los discípulos”. Juan 13:5.

EL Señor Jesús ama tanto a los suyos que todos los días está haciendo por ellos muchas cosas que equivalen a lavar sus sucios pies. El acepta sus más humildes acciones, siente sus más profundas aflicciones, oye sus más débiles deseos y perdona todas sus transgresiones. El es aún el siervo como también el Amigo y el Maestro de ellos, y no sólo realiza actos elevados a favor de los mismos, como el llevar la mitra en su frente, las preciosas y brillantes joyas en su pectoral y el levantarse para interceder por ellos, sino que, con humildad y paciencia, va con el lebrillo y la toalla adonde están los suyos. Realiza esto cuando día tras día quita nuestras persistentes debilidades y pecados. La última noche, al doblar tus rodillas, confesaste con dolor que una buena parte de tu conducta no era digna de tu profesión, y aun esta noche tienes que lamentar de nuevo que has caído en la misma insensatez y pecado del que te libró hace tiempo una gracia especial. Pero, a pesar de todo, Jesús te tiene mucha paciencia. El oirá tu confesión de pecado y te dirá: “Quiero, sé limpio”. El te aplicará de nuevo la sangre del esparcimiento que habla de paz a tu conciencia y quita toda mancha. Es, sin duda, un gran acto de eterno amor el que se lleva a cabo cuando Cristo absuelve al pecador, una vez por todas, y lo coloca en la familia de Dios. Pero, ¡qué condescendiente paciencia demuestra el Salvador cuando, con mucha longanimidad, soporta las reiteradas insensateces de su descarriado discípulo, lavando día tras día y hora tras hora las múltiples transgresiones de su extraviado pero muy amado hijo! Desecar un diluvio de rebelión es algo maravilloso, pero soportar el constante gotear de repetidas ofensas; soportar con una paciencia que constantemente probada, eso es, en realidad, divino. Mientras hallamos confortación y paz en la limpieza cotidiana que nos hace el Señor, su legítimo efecto sobre nosotros será aumentar nuestra vigilancia y avivar nuestros deseos a favor de la santidad. ¿Es así?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 23 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 23

“¿Por qué dormís? Levantaos y orad, que no entréis en tentación”. Lucas 22:46.

¿CUANDO el cristiano está más propenso a dormir? ¿No es cuando sus recursos temporales abundan? ¿No has comprobado esto? Cuando tenías dificultades diarias para llevar al trono de la gracia, ¿no eras más vigilante de lo que eres ahora? Son los caminos llanos los que producen viajeros soñolientos. Otra ocasión en que el cristiano puede hallarse en peligro es cuando en los asuntos espirituales todo le va bien. Cristiano, dice Bunyan, no se echó a dormir cuando los leones estaban en el camino o cuando cruzaba el río o cuando luchaba con Apollyón; pero, cuando trepó hasta la mitad de la subida del collado Dificultad y llegó a un agradable cenador, donde se sentó a descansar, en seguida cayó dormido, con lo que, después, experimentó tristeza y pérdida. El encantado paraje era un lugar de brisas balsámicas, cargadas de fragantes perfumes y de encantos, todo lo cual tendía a adormecer a los peregrinos. Recuerda la descripción de Bunyan: “Entonces llegaron a un cómodo cenador que proporcionaba mucho descanso a los fatigados peregrinos, el cual estaba primorosamente trabajado en la parte superior, embellecido con legumbres y provisto de bancos. Tenía también un lecho donde el cansado podía recostarse”. “El cenador era llamado el Amigo del Perezoso y fue construido con el propósito de seducir, si fuese posible, a alguno de los peregrinos para que, cuando se sintiese fatigado, descansase allí”. Lector, está seguro de esto: es en los lugares cómodos donde los hombres cierran sus ojos y vagan por la visionaria tierra de la negligencia. El anciano Erskine dice sabiamente: “Quiero más bien un diablo rugiente que un diablo durmiente”. La tentación más peligrosa está en no ser probado. El alma angustiada no duerme; es, más bien, después de entrar en una posición de tranquila confianza o de absoluta seguridad, cuando el alma está en peligro de dormitar. Los discípulos quedaron dormidos después de ver a Jesús transfigurado. Ten cuidado, alegre cristiano, pues las situaciones favorables son causa de inmediata tentación. Vive alegre como quieras, pero vela sin cesar.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 22 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 22

“El tomará de lo mío y os lo hará saber”. Juan 16:14.

HAY ocasiones cuando, si una mano bondadosa no nos las aplica, las promesas y las doctrinas de la Biblia no tienen para nosotros ningún valor. Estamos sedientos pero nos sentimos demasiado abatidos para arrastrarnos hasta el arroyo de agua. Cuando un soldado es herido en alguna batalla, le vale poco el saber que en el hospital están quienes pueden vendar sus heridas, y que hay allí medicinas para aliviar los dolores que está sufriendo. Lo que él necesita es que lo lleven allí y le apliquen los remedios. Así acontece con nuestras almas. Para satisfacer esta necesidad existe uno, el Espíritu de verdad, que toma de lo que pertenece a Jesús y nos lo aplica a nosotros. No pienses que Cristo haya colocado sus gozos en los estanques del cielo para que nosotros subamos, por nuestros propios medios, hasta donde están. No; al contrario; es Cristo el que se acerca a nosotros y derrama su paz en nuestros corazones. ¡Oh, cristiano, si esta noche estás sufriendo bajo el peso de profunda angustia, tu Padre no te hará promesas para dejar, luego, que tú las saques de la Palabra como se sacan los baldes de un pozo, sino que, como escribió esas promesas en su Palabra, las escribirá también en tu corazón. El te manifestará su amor y, por su bendito Espíritu, disipará tus ansiedades y aflicciones. Sabe esto, oh afligido, que es prerrogativa de Dios enjugar toda lágrima de los ojos de su pueblo. El buen samaritano no dijo al que había caído en manos de ladrones: “Aquí tienes el vino y el aceite”, sino se los derramó en las heridas. Así Jesús no sólo te da el dulce vino de la promesa, sino que acerca el cáliz de oro a tus labios y derrama en tu boca la sangre que da vida. Al pobre, al enfermo, al cansado peregrino, no sólo se le da fuerzas para andar, sino es llevado sobre alas de águila. ¡Glorioso Evangelio, que provees de todo al desvalido; que te acercas a nosotros cuando no podemos alcanzarte y nos traes gracia antes que la busquemos! Aquí hay tanta gloria en el dar como en la dádiva. ¡Feliz el que tiene el Espíritu Santo para que este le traiga a Jesús!

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 21 de octubre de 2016

Tu impacto sobre las generaciones venideras - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Los dolores de parto de la oración - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 21

“¿Por qué estáis turbados y suben pensamientos a vuestros corazones?”. Lucas 24:38.

“¿POR qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel; mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?” El Señor tiene cuidado de todas las cosas, tanto que aún la criatura más insignificante participa de su providencia universal; pero su cuidado particular está sobre sus santos. “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen”. “La sangre de ellos será preciosa en sus ojos”. “Estimada es en los ojos de Jehová la muerte de sus santos”. “Sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados”. Que el hecho de que si bien él es el Salvador de todos los hombres es, especialmente, el Salvador de los que creen, te aliente y conforte. Tú eres el objeto de su peculiar cuidado; eres su real tesoro, que él cuida como las niñas de sus ojos; eres su viña, que él guarda de día y de noche. “Los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”. Que el pensamiento de que él te ama mate tu dolor y quite tus penas. “No te dejaré ni te desampararé”. Dios dice esto tanto respecto a ti como de los santos de la antigüedad. “No temas que yo soy tu escudo y tu galardón sobremanera grande”. Nosotros perdemos mucha consolación porque, al leer las promesas de Dios, las relacionamos con la Iglesia como un todo, en lugar de relacionarlas con nosotros particularmente. Creyente, posesiónate de la divina palabra con una fe personal. Piensa en que oyes a Jesús decir: “Yo he rogado por ti para que tu fe no falte”. Piensa en que lo ves caminar sobre las aguas de tu aflicción, pues él está allí y te dice: “Confía, yo soy; no temas”. ¡Oh, cuán dulces son estas palabras de Cristo! Que el Espíritu Santo haga que las sientas como dirigidas a ti. Olvida por un momento cualquier otra palabra. Acepta la palabra que te dirige Cristo y di: “Jesús me infunde consuelo; no puedo rehusarlo. Me sentaré a su sombra con gran placer”.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 20 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 20

“No detengas”. Isaías 43:6.

AUNQUE este mensaje es enviado al Sur y se refiere a la simiente de Israel, puede, con todo, ser un provechoso aviso para nosotros. Por naturaleza, somos negligentes para todas las cosas buenas; por eso el aprender a progresar en los caminos del Señor, es, en verdad, una lección beneficiosa. Lector, ¿eres inconverso? ¿No deseas confiar en el Señor Jesús? Entonces, no te detengas. El amor te invita; las promesas aseguran tu éxito; la preciosa sangre te prepara el camino. Que ni los pecados ni los temores te detengan. Ven a Jesús tal cual estás. ¿Ansías orar? ¿Quieres derramar tu corazón delante del Señor? No te detengas. El propiciatorio está preparado para los que necesitan perdón. El clamor de un pecador prevalecerá delante de Dios. Tú estás invitado a orar; más aún, se te ordena hacerlo. Allégate, pues, confiadamente al trono de la gracia. Querido amigo, ¿ya eres salvo? Entonces, no te detengas fuera de la comunión con el pueblo del Señor. No dejes de bautizarte y de participar de la Cena del Señor. Quizás seas de temperamento tímido; debes luchar contra él, no sea que este te lleve a la desobediencia. Hay una promesa para los que confiesan a Cristo; no la malogres bajo ningún concepto, no sea que caigas en la condenación de los que niegan a Cristo. Si tienes talentos, no te detengas en usarlos. No amontones tus riquezas; no desperdicies tu tiempo. Que tus talentos no se enmohezcan ni tu influjo deje de ser empleado. Jesús no se detuvo; imítalo, siendo primero en la negación y sacrificio de ti mismo. No te detengas de tener íntima comunión con Dios, de apropiarte con confianza las bendiciones del pacto, de progresar en la vida divina y de compenetrarte de los preciosos misterios del amor de Cristo. Amado amigo, no seas culpable de detener a otros ni por tu frialdad, ni por tu dureza ni por tu desconfianza. Avanza tú, por amor de Jesús, y anima a otros a hacer lo mismo. El infierno y las confederadas bandas de la superstición y de la infidelidad se adelantan para combatir. ¡Oh, soldados de la cruz, no os detengáis!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Un retrato sorprendente de Jesús - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Qué haría falta para hacer de la oración una prioridad mayor en tu vida?


Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Octubre 19, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 19

“Dios mi Hacedor, que da canciones en la noche”. Job 35:10.

DE día cualquiera canta. Cuando la copa está llena, cualquiera saca de ella inspiración. Cuando las riquezas abundan, cualquiera alaba a Dios, que da abundante cosecha o envía barcos cargados de cosas preciosas. Es muy fácil que un arpa eólica produzca música cuando los vientos soplan; lo difícil es producirla cuando no soplan. Es fácil cantar cuando podemos leer las notas a la luz del día. Pero el que canta cuando no hay siquiera un rayo de luz para leer, el que canta de su corazón, ese es realmente diestro en el arte de cantar. Nadie puede hacer por sí mismo un canto en la noche. Puede llegar a intentarlo, pero hallará que un canto en la noche tiene que ser divinamente inspirado. Cuando todas las cosas van bien, yo puedo en cualquier parte entonar canciones compuestas con las flores que crecen en mi camino. Pero cuando me hallo en un desierto donde no crece nada verde, ¿cómo puedo componer allí un himno de alabanza a Dios? ¿Cómo puede un mortal hacer una corona para su Señor donde no hay joyas? Si se me da una voz clara y un cuerpo que rebose salud, entonces podré alabar a Dios. Pero si mi lengua está muda y me hallo tendido en un lecho de dolor, ¿cómo podré entonar alabanzas a Dios, a menos que él mismo me dé canciones? No, no es posible que el hombre cante cuando todo le es adverso, a no ser que un carbón encendido del altar toque sus labios. Fue un canto divino el que cantó Habacuc cuando dijo en la noche: “Aunque la higuera no florecerá, ni en las vides habrá frutos; mentirá la obra de la oliva y los labradores no darán mantenimiento, y las ovejas serán quitadas de las majadas y no hará vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salud”. Entonces, ya que nuestro Hacedor da canciones en la noche, esperemos que él nos dé música. ¡Oh, tú músico principal, no nos dejes sin música porque estemos en aflicción, sino entona nuestros labios para que canten una melodía de acción de gracias.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 18 de octubre de 2016

Mantén a Cristo en el centro - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 18

“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios”. 1 Samuel 15:22.

A Saúl se le había ordenado que destruyera completamente a todos los amalecitas y a su rebaño. En lugar de hacerlo así, Saúl preservó al rey y permitió que los que los seguían tomaran lo mejor de los bueyes y de las ovejas. Cuando fue llamado para dar cuenta de esto, declaró que lo había hecho con la intención de ofrecer sacrificio a Dios, pero Samuel lo refutó en seguida con el argumento de que el sacrificio no podía presentarse como excusa de un acto de manifiesta rebelión. El pasaje bíblico que estamos considerando es digno de que se imprima con letras de oro y sea colgado delante de los ojos de la actual generación idólatra, que se muestra muy afecta a los adornos del culto voluntario, pero que olvida por completo las leyes de Dios. Recuerda siempre esto: que el mantenerse rigurosamente dentro de la senda de los mandamientos del Salvador es mejor que cualquier acto religioso externo; y que el oír sus mandamientos con oído atento es mejor que traer sebo de carneros o cualquier otra cosa preciosa y colocarla sobre su altar. Si no estás guardando los más insignificantes mandamientos que Cristo dio a sus discípulos, te ruego que no sigas desobedeciendo más. Todas tus apariencias de adhesión a tu Señor y todos los actos de devoción que practicas, no pueden compensar la desobediencia. “El obedecer”, en las cosas más pequeñas y triviales, “es mejor que los sacrificios”, aunque estos sean pomposos. No hables de cantos gregorianos, de ropas suntuosas, de incienso y de pendones. Lo primero que Dios requiere de sus hijos es la obediencia. Y, cuando tú des tu cuerpo para ser quemado y todos tus bienes para alimentar a los pobres, si no atiendes a los preceptos del Señor, todas tus formalidades no te aprovecharán nada. Es una bendición tener la facilidad de un niño para aprender, pero es una bendición mayor el que cuando uno aprende la lección la ponga en práctica. ¡Cuántos adornan sus templos y engalanan a sus sacerdotes, pero rehúsan obedecer la palabra de Dios! Alma mía, no entres en el secreto de los tales.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 17 de octubre de 2016

Héroes verdaderos de la fe - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 17

“En su brazo recogerá los corderos”. Isaías 40:11.
NUESTRO Buen Pastor tiene en su rebaño una variedad de experiencias. Algunos son fuertes en el Señor y otros son débiles en la fe, pero él es imparcial en su cuidado para con todas sus ovejas, y el cordero más débil le es tan querido como el más fuerte. Los corderos tienen la tendencia de quedarse atrás, propensos a extraviarse y a debilitarse, pero el Pastor, con sus brazos poderosos, los protege de todos los peligros a los que los exponen esas debilidades. El Pastor halla almas nacidas de nuevo que, como corderos, están por perecer y las alimenta hasta que se hacen vigorosas; halla mentes débiles, propensas a desmayar y a morir y las consuela y renueva sus fuerzas y junta a todos los pequeños, porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de ellos. ¡Qué vista penetrante debe tener para verlos a todos! ¡Qué brazo amplio y poderoso para reunirlos a todos! Durante su vida terrenal solía reunir a muchos débiles y, ahora que está en el cielo, su amante corazón suspira por los mansos y contritos, por los tímidos y débiles, por los temerosos y abatidos que viven en este mundo. ¡Cuán afectuosamente me atrajo a sí, a su verdad, a su sangre, a su amor y a su Iglesia! ¡Con qué eficiente gracia me compelió a ir a él! ¡Cuántas veces, desde mi conversión, me restauró de mis extravíos y me estrechó de nuevo en sus eternos brazos! Lo mejor de todo es que él hace esto personalmente, no delegando a ninguno la obra de amor, sino dignándose él mismo a librar y preservar a su siervo más indigno. ¿Cómo lo amaré suficientemente o le serviré dignamente? Me sentiría dichoso si pudiese engrandecer su nombre hasta los fines de la tierra, pero, ¿qué puede hacer mi debilidad a favor de él? Gran Pastor, añade a tus mercedes esta otra: dame un corazón que te ame más sinceramente, como es mi deber hacerlo.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 16 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 16

“Contigo está el manantial de la vida”. Salmo 36:9.

HAY ocasiones en nuestra experiencia espiritual cuando el consejo o la simpatía o los actos religiosos no pueden confortarnos o ayudarnos. ¿Por qué permite esto nuestro bondadoso Dios? Quizás sea porque hemos estado viviendo mucho tiempo sin él. En vista de eso, Dios nos quita todo aquello en lo cual hemos confiado con el fin de llevarnos a él. Es una bendición vivir junto a la fuente principal. Mientras nuestros odres están llenos nos alegramos de poder salir al desierto, como lo hicieron Agar e Ismael; pero cuando están sin agua, ninguna cosa nos valdrá excepto “Tú eres el Dios que me ve”. Nosotros somos como el pródigo: amamos los charcos de los cerdos y olvidamos la casa de nuestro Padre. No olvides, amado, que podemos transformar las ceremonias de la religión en charcos y algarrobas de cerdos. Esas ceremonias son santas, pero hay peligro de que las pongamos en el lugar de Dios y, entonces, no tienen valor alguno. Cualquier cosa se convierte en ídolo cuando te mantiene lejos de Dios. Hasta la serpiente de metal tiene que ser despreciada como “Nehushtan” si la adoramos en lugar de Dios. El pródigo nunca estuvo más seguro que cuando volvió al seno de su padre, porque no podía hallar sustento en ninguna otra parte. Nuestro Señor nos favorece con hambre en la tierra para que lo busquemos a él con más inteligencia. La mejor posición de un cristiano se halla en vivir confiado entera y directamente en la gracia de Dios, aunque permanezca en el lugar donde se hallaba al principio. “No teniendo nada, mas poseyéndolo todo”. Nunca pensemos, ni por un momento, que nuestra posición la debemos a nuestra santificación, mortificación, dones o sentimientos. Recordemos más bien, que somos salvos porque Cristo ofreció una expiación perfecta, pues nosotros estamos cumplidos en él. No teniendo nada nuestro en que confiar, pero descansando en los méritos de Jesús, su pasión y su vida santa nos proporcionarán la única base segura de confianza. Amados, cuando estemos sedientos, recurramos con avidez al manantial de la vida.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 15 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 15

“Empero redimirás con cordero el primerizo del asno; y si no lo redimieres, le has de cortar la cabeza”. Éxodo 34:20.

TODO primogénito debía ser del Señor, pero como el asno era impuro no podía ser presentado en sacrificio. ¿Qué significa esto? ¿Queda el asno exceptuado de la ley? De ninguna manera. Dios no admite excepciones. El asno le pertenece, pero él no lo acepta. No renuncia a su derecho, pero tampoco se agrada en la víctima. No queda, pues, otra salida que la redención. El asno tenía que librarse por la sustitución de un cordero que ocupaba su lugar. Si no se redimía debía morir. Alma mía, aquí hay una lección para ti. Aquel animal impuro eres tú misma. Tú perteneces al Señor, quien te hizo y te preserva pero eres tan pecaminoso que Dios no quiere, no puede aceptarte. El problema se soluciona así: “El cordero de Dios tiene que ocupar tu lugar, de lo contrario tú debes morir eternamente”. Que todo el mundo conozca tu gratitud para con el inmaculado Cordero que derramó su sangre por ti, y así te redimió de la fatal maldición de la ley. ¿No se habrá preguntado a veces el israelita si el que debía morir era el asno o el cordero? ¿No se habrá detenido el buen hombre para calcular y comparar? Indudablemente no hay comparación entre el valor del alma del hombre y la vida del Señor Jesús; sin embargo, el Señor muere y el hombre es perdonado. Alma mía, admira el infinito amor que Dios te profesa a ti y a otros de la raza humana. ¡Los gusanos son comprados con la sangre del Hijo del Altísimo! ¡El polvo y la ceniza son redimidos con un precio muy superior a la plata o al oro! ¡Qué ruina hubiera sido la mía si no hubiese sido hallada abundante redención! La decapitación del asno era sólo una penalidad momentánea, pero, ¿quién puede medir la ira que ha de venir, cuyo límite no se puede apreciar? Muy querido es el glorioso Cordero que nos redimió de semejante ruina.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 14 de octubre de 2016

El coraje de ser mujer - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 14

“Y no os conforméis a este siglo”. Romanos 12:2.

SI un cristiano pudiese, por casualidad, ser salvado, a pesar de conformarse a este mundo, tendría, de cualquier forma, que serlo así como por fuego. Tan pobre salvación tiene que ser casi tan temida como deseada. Lector, ¿quieres dejar este mundo en medio de las sombras de un desesperado lecho de muerte y entrar en el cielo como un marinero náufrago que trepa las rocas de su país nativo? Entonces, sé un mundano; mézclate con los adoradores de Mammón y niégate a salir fuera del real llevando el vituperio de Cristo. ¿Quieres por el contrario, tener un cielo aquí abajo como también otro arriba? ¿Quieres comprender con todos los santos cuál sea la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento? ¿Quieres recibir una abundante entrada en el gozo de tu Señor? Entonces, sal de en medio de ellos y apártate y no toques lo inmundo. ¿Quieres lograr la plena certidumbre de fe? Ten presente que no la podrás lograr mientras te juntes con los pecadores. ¿Quieres inflamarte con vehemente amor? Entonces, cuídate, porque, de lo contrario ese amor será apagado por el compañerismo con los impíos. Mientras cedas a los principios mundanos y a las vulgares costumbres de los hombres del mundo no podrás llegar a ser un gran cristiano; quizás seas un niño en la gracia, pero nunca podrás ser un hombre perfecto en Cristo Jesús. Es malo que un heredero del cielo tenga mucha amistad con los herederos del infierno. Hay que sospechar algo malo cuando un cortesano tiene demasiada intimidad con los enemigos de su rey. Las pequeñas polillas destruyen costosos vestidos, y un poco de frivolidad y otro de ruindad quitarán a la religión mil goces. ¡Oh, tú, que profesas ser cristiano, pero, sin embargo, estás tan poco separado de los pecadores, no sabes lo que pierdes por conformarte al mundo! Esa conformidad rompe los tendones de tu poder y te hace gatear en lugar de correr. Entonces, en bien de tu propio solaz y de tu crecimiento en la gracia, si eres cristiano, sé un cristiano, pero un cristiano señalado y distinto.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 13 de octubre de 2016

Sumergida en la Palabra de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 13

“Fuerte es como la muerte el amor”. Cantares 8:6.

ESTE amor tan poderoso como un conquistador de reino y como la muerte, destructora de la raza humana, ¿de quién puede ser? ¿No sería ridículo si dijera que se refiere a mi pobre, débil y apenas viviente amor por Jesús mi Señor? Yo amo a Jesús y, por su gracia, quizás hasta podría morir por él, pero en cuanto a mi amor en sí, difícilmente podría soportar una burla y, mucho menos, una muerte cruel. Sin duda, aquí se hace referencia al amor de mi Amado, el amor de Jesús, el incomparable amador de las almas. En realidad, su amor fue más fuerte que la muerte más espantosa, pues soportó triunfalmente la prueba de la cruz. Su muerte fue una muerte lenta, pero el amor sobrevivió al tormento; fue una muerte vergonzosa, pero el amor despreció la vergüenza; fue la muerte de un penado, pero el amor llevó nuestras iniquidades. Fue la muerte de un solitario y olvidado, de quien el eterno Padre ocultó su rostro, pero el amor soportó la maldición y se glorió sobre todos. Nunca hubo tal amor ni tal muerte. Fue un duelo terrible, pero el amor llevó la palma. ¿Qué dices a esto, corazón mío? Creyente, ¿no sientes emocionado tu corazón al contemplar tan celestial afecto? Sí, mi Señor, yo anhelo, ansío sentir dentro de mí tu ardiente amor. Ven tú mismo y alienta el ardor de mi espíritu.
¡Redentor! ¡Redentor!
Tierno, dulce nombre,
¡Oh, cuan grande el amor
De Jesús Dios-Hombre!
Con un amor tan fuerte como la muerte, ¿por qué tengo que desesperar del amoroso Jesús? El merece ese amor y yo lo deseo. Los mártires, aunque sólo eran carne y sangre, sintieron tal amor. Entonces, ¿por qué no lo he de sentir yo? Ellos lamentaron sus debilidades, pero, sin embargo, de débiles fueron hechos fuertes. La gracia les dio firme constancia. Esa misma gracia me es concedida a mí. Jesús, amado de mi alma, derrama ese amor, tu amor, en mi corazón esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Sexualidad santa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 12

"El Consolador, el Espíritu Santo”. Juan 14:26.

LA era actual es, de una manera especial, la dispensación del Espíritu Santo, en la cual Jesús nos alienta no con su presencia (como lo hará en breve), sino con la morada y constante permanencia del Espíritu Santo, que es, en todos los tiempos, el Consolador de la Iglesia. La misión del Espíritu Santo es consolar los corazones de los componentes del pueblo de Dios. El redarguye de pecado, ilumina e instruye. Pero la parte principal de su obra consiste en alegrar los corazones de los regenerados, confirmar a los débiles y ensalzar a todos los que están humillados. Cumple esto revelándoles a Jesús. El Espíritu Santo consuela, pero Cristo es la consolación. Si se nos permite usar la figura, el Espíritu Santo es el Médico, pero Jesús es la medicina. El Espíritu Santo sana la herida, pero lo hace aplicando el santo ungüento del nombre y de la gracia de Cristo. No toma de lo suyo sino de lo de Cristo. Así, si damos al Espíritu Santo el nombre griego de Paracleto, como lo hacemos a veces, entonces nuestro corazón da a nuestro bendito Señor Jesús el título de Paraclesis. Si uno es el Consolador, el otro es el Consuelo. Ahora bien, teniendo el cristiano tan rica provisión para sus necesidades, ¿por qué tiene que estar triste y desanimado? El Espíritu Santo, movido por bondad, se ha comprometido a ser tu Consolador. ¿Crees, oh débil y tembloroso creyente, que el Espíritu Santo no responderá a la confianza que en él has depositado? ¿Puedes suponer que él haya intentado lo que no puede o no quiere cumplir? Si su obra peculiar es fortalecerte y consolarte, ¿piensas que ha olvidado su cometido o que fracasará en la amorosa tarea que realiza para tu bien? No, no pienses tan mal del tierno y bendito Espíritu, cuyo nombre es “el Consolador”. El se complace en dar el óleo de alegría para el que llora y el vestido de alabanza para el espíritu abatido. Confía en él y él, sin duda, te consolará hasta que la casa del llanto se cierre para siempre y empiece la fiesta de boda.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 11 de octubre de 2016

Planes para darte un futuro y una esperanza - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 11

“A los que predestinó a estos también llamó”. Romanos 8:30.

EN la segunda epístola a Timoteo, capítulo uno, versículo nueve se hallan estas palabras: “Nos salvó y llamó con vocación santa”. Ahora bien, aquí tenemos una piedra de toque por la cual podemos probar nuestra vocación. Es esta una vocación santa, no conforme a nuestras obras, sino al intento suyo y gracia. Esta vocación impide toda confianza en nuestras obras y nos conduce sólo a Cristo para ser salvados; pero, después, nos limpia de las obras de muerte para servir al Dios vivo y verdadero. Como el que te llamó es santo, así debes tú ser santo. Si vives en el pecado, no eres llamado; pero si realmente eres de Cristo, entonces dirás: “Nada me apena tanto como el pecado; deseo librarme de él, Señor, ayúdame a ser santo”. ¿Es este el anhelo de tu corazón? ¿Es este el tenor de tu vida para con Dios y su divina voluntad? También en Filipenses 3:13, 14, se nos habla de “la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”. ¿Es tu vocación una “soberana vocación”? ¿Ha ennoblecido esta vocación tu corazón y lo ha inclinado hacia las cosas celestiales? ¿Ha elevado tus esperanzas, tus gustos y tus deseos? ¿Ha elevado el invariable curso de tu vida de modo que la vivas con Dios y para Dios? Otra prueba la hallamos en Hebreos 3:1: “Participantes de la vocación celestial”. Vocación celestial significa una vocación del cielo. Si es un hombre el que te llama, no eres llamado. ¿Procede de Dios tu vocación? ¿Es una vocación para el cielo como también del cielo? A menos que seas aquí un extranjero y el cielo sea tu hogar, no has sido llamado con vocación celestial; porque los que así fueron llamados, declaran que esperan una ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios, y ellos peregrinos y extranjeros en la tierra. ¿Es tu vocación santa, soberana y celestial? Entonces, amado, has sido llamado por Dios, porque tal es la vocación con que Dios ha llamado a su pueblo.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 10 de octubre de 2016

En la brecha por un hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 10

“Y librarte he de la mano de los malos y te redimiré de la mano de los fuertes”. Jeremías 15:21.

OBSERVA que es Dios la gloriosa personalidad que hace la promesa. El Señor Jehová mismo se interpone para librar y redimir a su pueblo. El personalmente se compromete a librarlos. Su propio brazo lo hará para que él tenga la gloria. Aquí no se dice ni una palabra de que sea necesario un esfuerzo nuestro para ayudar al Señor. Ni nuestras fuerzas ni nuestras debilidades son tomadas en cuenta, sino sólo Dios, quien, como el sol en el cielo, resplandece con toda suficiencia. ¿Por qué, pues, calculamos nuestras fuerzas y consultamos con carne y sangre para nuestro mal? Jehová tiene suficiente poder y no tiene necesidad de recurrir a nuestro débil brazo. ¡Silencio, incrédulos pensamientos, aquietaos y sabed que el Señor reina! Ni una alusión hay en este versículo en cuanto a medios y causas secundarias. El Señor no dice nada de amigos y ayudadores. El emprende la obra solo y no siente necesidad de que le ayuden brazos humanos. Vano es todo nuestro esperar en los compañeros y en los parientes, pues si nos apoyamos en ellos son como cañas cascadas. Si pueden ayudarnos, por lo regular, no quieren hacerlo; y si quieren, no pueden. Ya que la promesa viene de Dios, sería bueno que esperáramos sólo en él. Cuando así lo hacemos nuestra esperanza nunca se ve defraudada. ¿Quiénes son los malvados para que los temamos? El Señor los consumirá enteramente. Los tales tienen que ser compadecidos más bien que temidos. En cuanto a los fuertes, ellos sólo espantan a los que no tienen Dios a quien recurrir, pues cuando el Señor está de nuestro lado, ¿a quién vamos a temer? Si nos exponemos a pecar con el fin de agradar al malvado, entonces sí tenemos motivo de alarmarnos; pero si nos aferramos a nuestra integridad, el furor de los tiranos será dominado para nuestro bien. Cuando el pez tragó a Jonás, halló en él un bocado que no pudo digerir; y cuando el mundo devora a la Iglesia, experimentamos grande gozo cuando ella se libra de él otra vez. En todo tiempo de dura prueba, en la paciencia poseeremos nuestras almas.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 9 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 9

“Mas él no le respondió palabra”. Mateo 15:23.

LOS que buscan sinceramente y aún no han obtenido la bendición que buscan pueden tomar aliento de esta historia. El Salvador no concedió enseguida la bendición a la mujer, aunque esta tenía grande fe en él. Jesús pensaba dársela, pero demoró un poco antes de hacerlo. Dice el pasaje: “El no le respondió palabra”. ¿No era la de la mujer una oración buena? Sí, nunca en el mundo la hubo mejor. ¿Estaba ella realmente necesitada? Sí, angustiosamente necesitada. ¿Sintió su necesidad suficientemente? Sí, la sintió irresistiblemente. ¿Estaba ella suficientemente ansiosa? Sí, extremadamente ansiosa. ¿Tenía fe? Sí, la tenía en tan alto grado que aun Jesús se maravilló y dijo: “Oh, mujer, grande es tu fe”. Nota, pues, que aunque es cierto que la fe trae paz, no siempre la trae al instante. Puede haber ciertas razones que requieran que la fe sea probada más bien que recompensada. La fe genuina puede estar en el alma como una semilla oculta, pero, con todo, puede no haber crecido y florecido en gozo y paz. La prueba más dura de muchas almas que oran es ver que el Salvador no contesta, pero más dura aún es la aflicción que produce una réplica cortante como esta: “No es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. Muchos hallan un placer inmediato en aguardar al Señor, pero no pasa así con todos. Algunos, como el carcelero, se convierten en un momento de las tinieblas a la luz, pero otros son plantas que crecen más lentamente. En lugar de un sentido de perdón quizás te sea dado un sentido más profundo de pecado. En ese caso tendrás necesidad de paciencia para soportar el duro golpe. ¡Ah!, pobre corazón, aunque Cristo te golpee, te hiera o aun te mate, confía en él; aunque te conteste agriamente, cree en el amor de su corazón. Te suplico que no dejes de rogar a mi Señor ni de confiar en él porque no has obtenido el gozo que anhelabas. Arrójate más bien sobre él y confía constantemente, aun cuando no puedas esperar con regocijo.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 8 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 8

“Orando por el Espíritu Santo”. Judas 20.

OBSERVA la notable característica de la verdadera oración: “por el Espíritu Santo”. La semilla de la devoción aceptable debe venir de los alfolíes del cielo. Sólo la oración que procede de Dios puede volver a Dios. Las flechas que nos arroja el Señor debemos de nuevo disparárselas a él. El deseo que Dios estampó en nuestros corazones conmoverá su corazón y traerá bendición, pero los deseos de la carne no tienen poder delante de él. Orar por el Espíritu Santo es orar con fervor. Las oraciones frías parece que pidieran al Señor que no las oiga. Los que no ruegan con fervor no ruegan nada en absoluto. Hablar de oraciones frías es como hablar de fuego frío. Es indispensable que la oración sea candente. Orar por el Espíritu es orar con perseverancia. El que ora con sinceridad va adquiriendo poder a medida que avanza en la oración y, cuando Dios tarda en contestar, ora con más fervor. Cuanto más tiempo la puerta permanece cerrada, tanto más fuerte la oración hace sonar el llamador; y cuanto más tiempo demora el ángel, tanto más resuelta ella está a no dejarlo ir, sin que le dé la bendición. Hermosa es en los ojos de Dios la importunidad que llora, que agoniza y que vence. Orar por el Espíritu es orar con humildad, pues el Espíritu Santo nunca nos hincha con orgullo. Su misión es convencer de pecado y así humillarnos en contrición y quebrantamiento de espíritu. Nunca cantaremos “Gloria in excelsis” hasta que no oremos a Dios “De profundis”. Debemos clamar de lo profundo, de lo contrario nunca contemplaremos la gloria en toda su magnitud. Orar por el Espíritu es orar con amor; amor a nuestros hermanos y amor a Cristo. Además la oración debe ser hecha con fe. El hombre sólo prevalece cuando cree. El Espíritu Santo es el autor de la fe, y es quien la alienta para que oremos creyendo en la promesa de Dios. ¡Oh, que esta feliz combinación de excelentes gracias, inapreciables y olorosas como las especias de los mercaderes, pueda ser fragante en nosotros por el Espíritu Santo que está en nuestros corazones! ¡Oh!, muy bendito Consolador, ejerce tu irresistible poder en nosotros ayudando nuestras flaquezas en la oración.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 7 de octubre de 2016

Orando por un hijo rebelde - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 7

“Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?” Isaías 36:5.

LECTOR, es esta una pregunta importante. Escucha la respuesta del cristiano y mira si es tu respuesta. “¿En quién confías?” “Yo confío”, dice el cristiano, “en un Dios trino”. Confío en el Padre, creyendo que él me ha elegido antes de la fundación del mundo. Confío en él para que, en su providencia, me provea lo necesario, para que me enseñe, para que me guíe, para que me corrija, si fuere necesario, y para que me lleve a su casa, donde hay muchas moradas. Confío en el Hijo. El hombre Jesucristo es verdadero Dios de verdadero Dios. Confío en él para que quite todos mis pecados por su sacrificio, y para que me adorne con su perfecta justicia. Confío en él para que sea mi intercesor, para que presente delante del trono de su Padre mis oraciones y deseos. Confío en él para que sea mi Abogado en el último gran día, para que defienda mi causa y me justifique. Confío en él por lo que ha hecho y por lo que ha prometido hacer. Y confío en el Espíritu Santo. El empezó a librarme de mi pecado innato. Confío en él para que los quite todos. Confío en él para que domine mi temperamento, para que someta mi voluntad, para que ilumine mi entendimiento, para que reprima mis pasiones, para que me anime en los desalientos, para que me ayude en mis debilidades, y para que alumbre mis tinieblas. Confío en él para que habite en mí, como mi vida; para que reine en mí, como mi Rey; para que me santifique completamente: espíritu, alma y cuerpo y, después, me lleve para habitar para siempre con los santos en luz.
¡Oh!, bendita confianza. Confiar en él, cuyo poder nunca quedará exhausto, cuyo amor nunca menguará, cuya bondad nunca cambiará, cuya fidelidad nunca fallará, cuya sabiduría nunca será confundida y cuyo favor nunca disminuirá. ¡Feliz eres tú, lector, si es esta tu confianza! Confiando así, gozarás de dulce paz ahora y de la gloria después, y el fundamento de tu confianza nunca será removido.

Charles Haddon Spurgeon.