Versículo para hoy:

lunes, 21 de marzo de 2016

Soy un gusano - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 21

“¿Podrás tú impedir las delicias de las Pléyades o desatarás las ligaduras del Orión?” Job 38:31.

SI estamos inclinados a gloriarnos de nuestras habilidades, la grandeza de la naturaleza nos mostrará cuán pequeños somos. Nosotros no podemos mover la menor de las titilantes estrellas o apagar siquiera uno de los destellos de la mañana. Hablamos de poder, pero los cielos se ríen de nosotros, burlándonos. Cuando las Pléyades brillan en primavera con gozo vernal, nosotros no podemos limitar sus influencias, y cuando Orión reina en lo alto y el año está atado con las cadenas del invierno, nosotros no podemos aflojar sus heladas ligaduras. Las estaciones se suceden de acuerdo con lo que Dios determinó; ni aún toda la especie humana podría introducir en ellas un cambio. Señor, ¿qué es el hombre? Tanto en lo espiritual como en lo material el poder del hombre está limitado en todo sentido. Cuando el Espíritu Santo derrama sus encantos en el alma, ninguno puede perturbarla; todas las astucias y las malicias de los hombres son ineficaces para detener el vivificante poder del consolador. Cuando él determina visitar a una iglesia y avivarla, los enemigos más inveterados no pueden resistir la buena obra. Ellos pueden ridiculizarla, pero no pueden restringirla, como tampoco pueden hacer retroceder la primavera cuando las Pléyades marcan la hora. Dios lo quiere y así debe ser. Por otra parte, si Dios en su soberanía o en su justicia ata a un hombre, de modo que se halle en esclavitud de alma, ¿quién lo puede libertar? El sólo puede quitar el invierno de muerte espiritual de un individuo o de su pueblo. El desata las ligaduras del Orión; y ninguno sino él puede hacerlo. ¡Oh, si él realizara el portento esta noche! Señor, pon fin a mi invierno y haz que empiece mi primavera. Yo no puedo con todas mis ansias levantar mi alma de la muerte y del sopor, pero todas las cosas son posibles para ti. Yo necesito celestiales influencias, claros destellos de tu amor, los fulgores de tu gracia, la luz de tu rostro: estas cosas son Pléyades para mí. Yo sufro mucho por el pecado y la tentación; estos son mis signos invernales, mi terrible Orión. Señor, obra maravillas en mí y por mí. Amén.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 20 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 20

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia”.   Efesios 5:25.

¡QUÉ precioso ejemplo da Cristo a sus discípulos! Pocos maestros podrían atreverse a decir: “Si quieres practicar mi doctrina, imita mi vida”. Pero como la vida de Cristo es exacta transcripción de la perfecta virtud, él puede señalarse a sí mismo como modelo de santidad y como maestro de la misma. El cristiano debiera tomar como modelo sólo a Cristo. No debemos estar satisfechos hasta que reflejemos la gracia que estaba en él. Como esposo, el cristiano debe fijarse en Cristo y obrar de acuerdo con ese modelo. El verdadero cristiano debe ser un esposo tal como Cristo lo fue para su Iglesia. El amor de un esposo es especial. El Señor abriga para con su Iglesia un afecto peculiar, que la eleva sobre el resto de la humanidad. “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo”. La elegida Iglesia es la favorita del cielo, el tesoro de Cristo, la corona de su cabeza, el brazalete de su brazo, el pectoral de su corazón, el mismo centro y esencia de su amor. Un esposo debiera amar a su esposa con un amor constante, pues así Jesús ama a su Iglesia. El no varía en su afecto. El puede cambiar la forma de manifestar su afecto, pero el afecto en sí es siempre el mismo. Un esposo debiera amar a su esposa con un amor permanente, porque nada “podrá apartarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Un verdadero esposo ama a su esposa con un amor de corazón, ferviente e intenso. No es un mero culto de labios. ¡Ah!, amado, ¿qué más podía Cristo hacer en prueba de su amor que lo que hizo? Jesús tiene un amor deleitoso para con su esposa. El estima el amor de su esposa y se deleita con ella con agradable complacencia. Creyente, tú te maravillas del amor de Jesús, te admiras de él, pero ¿lo estás imitando? En tus relaciones familiares, ¿es “como Cristo amó a la Iglesia” la regla y la medida de tu amor?

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 19 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 19

“Y comió hasta que se hartó y le sobró”. Rut 2:14.

CUANDO tenemos el privilegio de comer el pan que Jesús da, nos sentimos, como Rut, satisfechos con el abundante y sabroso alimento. Cuando Jesús es el que hospeda, ningún convidado se levanta vacío de su mesa. Nuestra cabeza se siente satisfecha con la preciosa verdad que Cristo revela; nuestro corazón se siente contento con Jesús, como el muy deseado objeto del amor; nuestra esperanza se siente satisfecha, porque, ¿a quién tenemos en el cielo sino a Jesús? Nuestro deseo queda satisfecho, porque, ¿qué podemos nosotros desear más que “conocer a Cristo y ser hallado en él”? Jesús llena nuestra conciencia hasta quedar en perfecta paz. Llena nuestro juicio con la persuasión de la certidumbre de sus enseñanzas; nuestra memoria, con los recuerdos de lo que él ha hecho y nuestra imaginación, con la esperanza de lo que aún ha de hacer. Como Rut “se hartó y le sobró”, así acontece con nosotros. Hemos absorbido profundos tragos; hemos pensado que podíamos ingerir todo lo que Cristo nos da, pero cuando hicimos lo que pudimos, tuvimos que dejar un gran sobrante. Nos hemos sentado a la mesa del amor del Señor y dijimos: “nada sino lo infinito podrá alguna vez satisfacerme; soy un pecador tan grande que tengo que tener méritos infinitos para lavar mis pecados”. Pero alcanzamos el perdón de nuestros pecados y vimos que había méritos de sobra. Nuestra hambre quedó satisfecha en la fiesta del sagrado amor, y hallamos que había una superabundancia de alimento que sobraba. Hay ciertas cosas hermosas en la Palabra de Dios que todavía no hemos gustado y que estamos obligados a dejarlas por ahora, porque somos semejantes a los discípulos a quienes Jesús dijo: “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar”. Sí, hay gracias que no hemos obtenido, lugares de comunión más estrecha con Cristo que no hemos alcanzado y alturas de comunión que nuestros pies no escalaron. En el mismo banquete de amor hay muchos cestos con pedazos dejados. Magnifiquemos la liberalidad de nuestro glorioso Booz.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 18 de marzo de 2016

Cuando Dios parece no responder - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 18

“Como el Padre me amó, también yo os he amado”. Juan 15:9.

COMO el Padre ama al Hijo, así Jesús ama a los suyos. ¿Cómo lo hace? Así: Dios ama al Hijo siempre; de la misma manera Jesús ama a los suyos. “Con amor eterno te he amado”. Se puede señalar el principio del afecto humano; se puede hallar fácilmente el principio de nuestro amor a Cristo pero su amor para con nosotros es una corriente cuya fuente está escondida en la eternidad. Dios el Padre ama a Jesús sin cambio alguno. Cristiano, aliéntate en esto; no hay cambio en el amor de Jesús para los que descansan en él. Ayer estabas en el monte Tabor y decías: “El me ama”. Hoy estás en el valle de la humillación, pero él te ama lo mismo. Sobre el monte de Mizhar y entre los Hermonitas oyes su voz que te habla dulcemente con las notas amorosas de la tórtola, y ahora sobre el mar o en el mar, cuando todas sus ondas y sus olas pasan sobre ti, su corazón permanece fiel a su antigua elección. El Padre ama al Hijo sin término alguno, y así el Hijo ama a los suyos. Santo, no tienes que temer que se afloje la cuerda de plata, pues su amor por ti nunca cesará. Descansa confiado en que aún hasta el sepulcro Cristo irá contigo y que, al levantarte de allí otra vez, él te guiará a los collados celestiales. Además, el Padre ama al Hijo sin medida, y lo mismo hace el Hijo con sus escogidos. El corazón entero de Cristo está dedicado a su pueblo. El nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. El suyo es un amor que sobrepuja todo entendimiento. ¡Ah!, en verdad, nosotros tenemos un Salvador inmutable, un precioso Salvador, uno que ama sin medida, sin cambio, sin principio y sin fin, es decir, como el Padre lo ama a él. Hay aquí mucho alimento para los que saben cómo digerirlo. Que el Espíritu Santo nos introduzca en su meollo y grosura.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 17 de marzo de 2016

La esperanza es una Persona - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Paul David Tripp

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 17

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Mateo 5:9.

ES esta la séptima de las bienaventuranzas, y el número siete, entre los hebreos, era el número de la perfección. Puede ser que el Salvador colocara al pacificador en el séptimo lugar, porque este se parece más al hombre perfecto en Cristo Jesús. El que desee tener perfecta felicidad, hasta donde esta pueda ser gozada sobre la tierra, debe alcanzar esta séptima bienaventuranza y convertirse en pacificador. Hay también un significado en la posición del texto. El verso que precede habla de la bienaventuranza de “los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Es bueno que entendamos que primero debemos ser “limpios” y después “pacificadores”. Ser pacificador no significa tener un pacto con el pecado o tolerar el mal. Debemos poner nuestros rostros como pedernales contra todo lo que es contrario a Dios y a su santidad. Si la pureza está arraigada en nuestras almas, entonces podemos pasar a ser pacificadores. Aun el verso que sigue parece haber sido puesto allí con un propósito. Por más que seamos pacíficos en este mundo, seremos, no obstante, calumniados y mal comprendidos. Y no hay que sorprenderse, pues aun el Príncipe de la paz trajo fuego sobre la tierra. El mismo, aunque amó a la humanidad y no hizo maldad, fue “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto”. Por eso, para que los pacíficos de corazón no se sorprendan cuando se encuentren con enemigos, se dice en el siguiente verso: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. Así, los pacificadores, no sólo son declarados bienaventurados, sino rodeados de bendiciones. ¡Señor, danos gracia para ascender hasta esta séptima bienaventuranza! Purifica nuestras mentes para que podamos ser “primero puros, y luego pacíficos”, y fortifica nuestras almas para que nuestra condición de pacíficos no nos conduzca a la cobardía y a la desesperación cuando por tu causa seamos perseguidos.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cuando la gracia te envía a la tormenta - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Paul David Tripp

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 16

“Detén asimismo a tu siervo de las soberbias”. Salmo 19:13.

TAL era la oración del “hombre según el corazón de Dios”. ¿Necesitó el santo David orar así? ¡Cuán necesaria entonces debe ser tal oración para nosotros, niños en la gracia! Es como si dijese: “Detenme, de lo contrario caeré de cabeza en el precipicio del pecado”. Nuestra naturaleza pecaminosa, semejante a un caballo indómito, está propensa a desbocarse. Que la gracia de Dios le ponga la brida para frenarla, a fin de que no caiga en el mal. ¡Qué podríamos hacer, aun los mejores de nosotros, si no fuera por los frenos que el Señor pone en nosotros en su providencia y en su gracia! La oración del salmista es dirigida contra la peor forma de pecado: el que es cometido con deliberación e intención. Aun el más santo necesita ser “retraído” de las transgresiones más viles. Es solemne ver al apóstol Pablo exhortar a los santos contra los más repugnantes pecados, “Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia y avaricia, que es idolatría”. ¡Qué! ¿Los santos necesitan ser exhortados contra pecados como estos? Sí, necesitan. Las vestiduras más blancas serán perjudicadas con las manchas más negras si su pureza no es preservada por la gracia divina. Cristiano experimentado, no te gloríes en tu experiencia; pues tropezarás si apartas la mirada de Aquel que es poderoso para guardarte sin caída. Vosotros, cuyo amor es ferviente, cuya fe es constante y cuyas esperanzas son brillantes, no digáis: “Nunca pecaremos”; decid más bien: “No nos metas en tentación”. Hay suficiente estopa en el corazón de los mejores hombres como para encender un fuego que abrase hasta lo más bajo del infierno, si Dios no apaga las chispas a medida que caen. ¿Quién hubiese imaginado que el justo Lot podría ser hallado borracho y cometiendo impurezas? Hazael dijo: ¿Es tu siervo un perro para que haga esta cosa? Y nosotros estamos muy propensos a usar la misma pregunta de justicia propia. Que la sabiduría infinita nos cure de la locura de la confianza en nosotros mismos.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 15 de marzo de 2016

Sabiduría para el matrimonio - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Donna Otto

Donna Otto dice: “Tu cónyuge no es tu enemigo”.

Programas de la serie


Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Marzo 15, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 15

“Hízolo de todo corazón y fue prosperado”. 2 Crónicas 31:21.

ESTO ocurre frecuentemente. Es norma general del universo moral que prosperen los hombres que hacen sus obras de todo corazón, mientras que es casi seguro que fracasen los que van a sus labores dejando detrás de sí la mitad de sus corazones. Dios no da cosechas a los ociosos, salvo cosechas de espinos; ni le place enviar riqueza a los que no cavan el campo para hallar sus escondidos tesoros. Es este un principio admitido en todo lugar: que el que quiere prosperar debe ser diligente en su trabajo. Lo mismo pasa en religión. Si deseas prosperar en tus trabajos a favor de Jesús, procura que los mismos sean realizados de todo corazón. Pon en la religión tanta fuerza, energía, sinceridad y pasión como jamás las has puesto en tus negocios, pues la religión las merece mucho más. El Espíritu Santo ayuda nuestras flaquezas, pero no estimula nuestra ociosidad. El ama a los creyentes activos. ¿Quiénes son los hombres más útiles en la iglesia cristiana? Los que realizan con todo su corazón las obras que emprenden a favor de la causa de Dios. ¿Cuáles son los instructores de la Escuela Dominical que tienen más éxito? ¿Los más dotados? -No. Los más celosos. Los hombres cuyo corazón está sobre el fuego son los que ven a su Señor cabalgar prósperamente en la majestad de la salvación. La sinceridad se muestra en la perseverancia. Puede haber fracaso al principio, pero el obrero diligente dirá: “Esta es la obra del Señor; debe, pues, ser realizada. Mi Señor me ha ordenado hacerla y con su poder la haré”. Cristiano, ¿estás sirviendo a tu Maestro con todo tu corazón? Recuerda el celo de Jesús: Piensa qué trabajo de corazón era el suyo. El podía decir: “El celo de tu casa me consumió”. Cuando sudaba grandes gotas de sangre, no era liviana la carga que llevaba sobre sus benditos hombros; y cuando derramó su corazón, no era un esfuerzo débil el que estaba haciendo por la salvación de su pueblo. ¿Era Jesús ferviente y somos nosotros fríos?

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 14 de marzo de 2016

Gozo vs agotamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Donna Otto

Donna Otto recuerda una etapa estresante de su vida.



Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido lunes, Marzo 14, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 14

“Atenderé a mis caminos”. Salmo 39:1.

AMIGO peregrino, no digas en tu corazón: “Yo iré allí y allá y no pecaré”, porque nunca estarás tan lejos del peligro de pecar como para alardear de seguridad. El camino es muy fangoso; será difícil que limpies tu senda de manera que tus vestidos no se ensucien. Este es un mundo de betún; debes, pues, velar constantemente si, al rozarte con él, quieres conservar tus manos limpias. Hay un ladrón en cada recoveco del camino para robar tus joyas; hay una tentación en cada gracia; hay una trampa en cada gozo; y, si tú vas a llegar alguna vez al cielo, será eso un milagro de la gracia divina que debe ser atribuido exclusivamente al poder de tu Padre. Vigila, pues. Cuando alguien lleva una bomba en su mano, debe tener cuidado de no acercarse a una vela; tú también tienes que cuidar de no entrar en tentación. Aun tus actos comunes son instrumentos cortantes; debes, pues, pensar cómo manejarlos. No hay nada en el mundo que estimule la piedad de un cristiano; en cambio hay mucho que lo destruye. ¡Cuán ansioso debieras estar de recurrir a Dios, para que él te guarde! Tu oración debiera ser: “Sostenme y estaré seguro”. Después de haber orado, debes velar, cuidando de cada pensamiento, palabra y obra, con celo santo. No te expongas, si no tienes necesidad; pero si eres llamado a exponerte, si se te ordena ir adonde los dardos vuelan, nunca te aventures a salir sin tu escudo. Porque si el diablo te halla alguna vez sin el escudo, se alegrará de que su hora de triunfo ha llegado y de que pronto te hará caer herido por sus flechas. Aunque no te puede matar, te puede herir. Sé sobrio, sé vigilante; el peligro puede presentarse en un momento cuando todo te parezca seguro. Por lo tanto, cuida tus pasos y vela en oración. Ninguno cae en error por ser demasiado vigilante. Que el Espíritu Santo nos guíe en todos nuestros caminos para que ellos siempre agraden al Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 13 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 13

“Entonces él extendió su mano, y, tomándola, hízola entrar consigo en el arca”. Génesis 8:9.

CANSADA de andar, la paloma, al fin, regresó al arca como su único lugar de descanso. ¡Cuán lentamente vuela! Quizás caiga; posiblemente nunca llegue al arca. Sin embargo, ella se esfuerza. Noé ha estado aguardando a su paloma todo el día, y ahora está listo para recibirla. Ella sólo tiene fuerza para alcanzar el borde del arca; difícilmente pueda posarse en ella y está propensa a caer. Noé entonces extiende su mano y la hace entrar consigo. Observa esto: “hízola entrar consigo”. Ella no podía entrar por sí misma pues era muy tímida o débil para hacerlo. Ella voló hasta donde pudo, entonces Noé extendió su mano y la hizo entrar consigo. Este acto de misericordia le fue mostrado a la errante paloma y no fue reprendida por sus extravíos. Así como estaba, fue introducida en el Arca. También tú, ansioso pecador, serás recibido con tus pecados. Lo único que tienes que hacer es volver. -¡Qué! ¿Nada más?- No, nada más; sólo volver. La paloma esta vez no tenía hoja en su pico, no tenía absolutamente nada; estaba sola con sus extravíos. Lo único que tenía que hacer era volver y volvió. Noé entonces la hizo entrar. Vuelve, oh extraviado y desalentado, vuelve otra vez, como la paloma, al Salvador, aunque, por el lodo de tus pecados, te consideres negro como el cuervo. Cada minuto que demoras aumenta tu miseria; tus esfuerzos por jactarte y ponerte en condiciones para presentarte ante Jesús son todas vanidades. Ven a él tal cual estás. “Vuelve, oh rebelde Israel”. No dice: “Vuelve, arrepentida Israel” (sin duda esto está implícito), sino “rebelde”, con todas tus rebeliones. ¡Vuelve, vuelve, vuelve! Jesús te aguarda. El extenderá su mano y “te hará entrar” para estar con El, que es el verdadero hogar de tu corazón.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 12 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 12

“¿De quién eres tú?”. 1 Samuel 30:13.

EN religión no puede haber neutralidad. O militamos bajo la bandera del Príncipe Emmanuel, sirviéndolo y luchando a su lado o somos vasallos del funesto príncipe Satán. “¿De quién eres tú?”. Lector, permíteme ayudarte a responder esta pregunta. ¿Has nacido de nuevo? Si así es, perteneces a Cristo; de lo contrario, no puedes ser suyo. ¿En quién confías? Porque los que confían en Jesús son los hijos de Dios. ¿La obra de quién estás haciendo? ¿Estás seguro de servir a tu Maestro?, porque aquel a quien sirves tiene derecho a ser tu Señor. ¿Qué amistad cultivas? Si perteneces a Jesús, fraternizarás con los que visten la librea de la cruz. ¿De qué clase es tu conversación? ¿Es celestial o terrenal? ¿Qué has aprendido de tu Maestro? Porque los siervos aprenden mucho de los amos de quienes dependen. Si has estado en comunión con Jesús, será dicho de ti lo que se dijo de Pedro y de Juan: “Los conocían que habían estado con Jesús”. Insistimos en la pregunta: “¿A quién perteneces?”. Responde honestamente antes de dormir. Si tú no eres de Cristo, estás en miserable esclavitud. ¡Huye de tu cruel amo! Entra en el servicio del Señor de amor y gozarás de una vida de bendición. Si eres de Cristo, permíteme aconsejarte hacer cuatro cosas. Tú perteneces a Cristo: Obedécelo; que su palabra sea tu ley; que su voluntad sea la tuya. Tú perteneces al Amado; ámalo entonces, deja que tu corazón lo abrace; que toda tu alma se llene de él. Tú perteneces al Hijo de Dios, confía en él pues; no reposes en ningún otro sino en él. Tú perteneces al Rey de Reyes, muéstrate entonces decidido a favor de él. Así, sin tener ninguna marca en la frente, todos conocerán a quién perteneces.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 11 de marzo de 2016

Por qué las mujeres se necesitan mutuamente - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Donna Otto

La mentoría es muy práctica de acuerdo con Donna Otto.


Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido viernes, Marzo 11, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 11

“Te llamarán Ciudad Buscada”. Isaías 62:12.

LA excelsa gracia de Dios se ve muy claramente en el hecho de que nosotros no sólo fuimos buscados, sino ansiosamente buscados. Los hombres buscan algo que perdieron en el piso de la casa, pero ese buscar no es el buscar ansioso a que se refiere el texto. La pérdida se siente más y la exploración se hace más persistente cuando una cosa se busca ansiosamente. Nosotros estábamos mezclados con el barro; nos hallábamos como cuando una preciosa joya de oro cae en un resumidero y los hombres revuelven y cuidadosamente examinan el montón de abominable basura hasta que el tesoro es hallado. O, para usar otra figura, nosotros estábamos perdidos en un laberinto, vagábamos de aquí para allá, y, cuando la misericordia vino tras nosotros con el Evangelio no nos halló enseguida, sino después de indagar y buscarnos ansiosamente, porque nosotros, como ovejas, estábamos desesperadamente perdidos y habíamos vagado por un país tan extraño que parecía imposible que aun el Buen Pastor conociera los rastros de nuestras tortuosas vagancias. ¡Gloria a la invencible gracia, porque fuimos ansiosamente buscados! Ninguna oscuridad pudo ocultarnos ni inmundicia cubrirnos; fuimos hallados y conducidos al hogar. ¡Gloria al infinito amor, pues Dios, el Espíritu Santo, nos restauró! Si las vidas de algunos creyentes pudiesen ser escritas nos llenarían de admiración. Extraños y maravillosos son los medios que usa Dios para hallar a los suyos. Bendito sea su nombre, él nunca deja un pueblo buscado hoy y abandonado mañana. La omnipotencia y la sabiduría no fallarán; ellos serán llamados “Buscada”. Que alguien sea buscado es incomparable gracia, pero que nosotros seamos buscados es gracia más allá de toda ponderación. No podemos hallar ninguna explicación a esto, fuera del soberano amor de Dios, y sólo podemos elevar nuestro corazón en admiración y alabar al Señor porque esta noche podemos usar el nombre de “Buscada”.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 10 de marzo de 2016

Un fundamento de santidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Te das cuenta del gran impacto que puedes tener en otras personas?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido viernes, Marzo 10, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 10

“El hombre… corto de días y harto de sinsabores”. Job 14:1.

PUEDE sernos muy útil, antes de conciliar el sueño, el recordar este triste hecho, pues él nos enseñará a desprendernos de las cosas terrenales. No hay, en verdad, nada agradable en recordar que no estamos libres de los dardos de la adversidad, pero ese recuerdo puede humillarnos y evitar que nos jactemos, como lo hizo el salmista cuando dijo: “No seré jamás conmovido”. Ese recuerdo puede también impedir que nos arraiguemos demasiado en este suelo del cual muy pronto tendremos que ser trasladados al Edén celestial. Recordemos cuán breve es nuestra posesión de los favores temporales. Si tuviésemos presente que todos los árboles de la tierra están marcados por el hacha del leñador, no haríamos tan prontamente nuestros nidos sobre ellos. Debemos amar, sí, pero con el amor que aguarda la muerte y no olvida la separación. Nuestros seres queridos nos son sólo prestados y la hora en que tendremos que devolverlos al prestamista puede estar cercana. Lo mismo podemos decir de nuestros bienes terrenales. ¿No toman las riquezas alas y vuelan? Nuestra salud es igualmente precaria. Frágiles flores del campo, no debemos pensar que floreceremos para siempre. Hay un tiempo señalado para la debilidad y la enfermedad en el que tendremos que glorificar a Dios por el sufrimiento y no por febril actividad. No hay siquiera un solo punto de la vida que pueda verse libre de las filosas flechas del dolor; de los pocos días con que contamos, no hay sólo uno exento de pesar. La vida del hombre es un tonel lleno de amargura. El que en ella aguarda gozo sería mejor que buscara miel en un océano de salmuera. Amado lector, no pongas tus afectos en las cosas de la tierra. Busca más bien las cosas de arriba, porque allí todos los goces son perpetuos y eternos. La senda de la aflicción es el camino al hogar. Señor, haz de este pensamiento una almohada para muchas cabezas fatigadas.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Un parecido familiar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 9

“Estad en mí”. Juan 15:4.

LA comunión con Cristo es una segura cura para todos los males. Ya se trate del ajenjo del dolor o del empalagamiento de los placeres terrenales, la íntima comunión con el Señor Jesús quitará la amargura del uno y la saciedad del otro. Vive cerca de Jesús, cristiano, y será un asunto de secundaria importancia el que vivas en la montaña del honor o en el valle de la humillación. Si vives cerca de Jesús, estás cubierto con las alas de Dios y debajo de ti tienes los brazos eternos. Que nada te aleje de aquel sagrado roce que es el privilegio de un alma desposada con el Bienamado. No estés satisfecho con una entrevista de vez en cuando, sino procura siempre contar con su compañía, porque sólo en su presencia tienes solaz o seguridad. Jesús no debiera ser para nosotros un amigo que nos visita una que otra vez, sino uno con quien andamos siempre. Tú, que te diriges al cielo, tienes delante de ti un camino dificultoso. Mira, pues, que no vayas sin tu guía. Tú tienes que pasar por un horno ardiendo; no entres en él a menos que, como Sadrac, Mesac y Abednego, cuentes con la compañía del Hijo de Dios. Tú tienes que tomar la Jericó de tus maldades; no entres en batalla hasta que, como Josué, veas al Capitán de la hueste del Señor con la espada desenvainada en su mano. Tú tienes que encontrarte con el Esaú de tus muchas tentaciones; no vayas a su encuentro hasta que en el vado de Jacob te hayas asido del ángel y prevalecido. En cualquier caso y en cualquier condición tú necesitarás de Jesús, pero de una manera especial lo necesitarás cuando las férreas puertas de la muerte se abran para ti. Consérvate cerca del Esposo de tu alma, inclina tu cabeza sobre su pecho, pídele que te refrigere con el sabroso vino de su granada, y así serás hallado por él, al fin, sin mancha, ni arruga ni cosa semejante. Ya que tú has vivido con El y en El aquí, estarás con El para siempre en el más allá.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 8 de marzo de 2016

La santidad de los mandamientos de Dios - Nancy DeMoss Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 8

“Llamó su nombre Benoni (hijo de mi dolor); mas su padre lo llamó Benjamín (hijo de la diestra)”. Génesis 35:18.

EN todas las cosas hay un lado claro y otro oscuro. Raquel estaba abrumada con el pesar de sus dolores de parto y muerte; Jacob, aunque lloraba la pérdida de la madre, podía ver la bendición del nacimiento del hijo. Será un bien para nosotros si mientras la carne se lamenta por las pruebas, nuestra fe se regocija en la fidelidad divina. El león de Sansón produjo miel; y nuestras adversidades, si las consideramos correctamente, producirán lo mismo. El tormentoso mar alimenta con sus peces a multitudes. La selva inculta produce hermosas florecillas; el viento huracanado barre la peste y la cáustica escarcha ablanda el suelo. Las nubes oscuras destilan cristalinas gotas y la tierra negra produce vistosas flores. La veta del bien puede ser hallada en toda mina del mal. Los corazones melancólicos tienen una habilidad peculiar para descubrir los ángulos más desventajosos para mirar desde ellos las pruebas. Si sólo hubiese una ciénaga en el mundo, pronto estarían los tales hundidos en ella hasta el cuello; si en el desierto hubiese un solo león, ellos oirían su bramido. Todos tenemos algo de esta desgraciada manía, y estamos propensos a clamar como Jacob: “Contra mí son todas estas cosas”. La norma de vida de la fe es echar toda solicitud sobre el Señor, y después anticipar buenos resultados de las peores calamidades. A semejanza de los hombres de Gedeón, la fe no se impacienta por los cántaros rotos, sino se regocija de que las teas brillen más. De la ostra de las dificultades, la fe extrae la rara perla del honor y de las profundidades del océano de la aflicción, levanta el inapreciable coral de la experiencia. Cuando la creciente de la prosperidad mengua, la fe halla en la arena tesoros escondidos; y cuando el sol del placer declina, la fe dirige su telescopio de esperanza al cielo estrellado de las promesas. Cuando la misma muerte aparece, la fe apunta a la luz de la resurrección allende el sepulcro, y así hace que nuestro agonizante Benoni se transforme en nuestro viviente Benjamín.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 7 de marzo de 2016

La santidad y la cruz - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 7

“Mejor es esperar en Jehová que esperar en hombre”. Salmo 118:8.

SIN duda, el lector ha sido tentado con la tentación de confiar en las cosas que se ven, en lugar de descansar sólo en el Dios invisible. Los cristianos a menudo esperan del hombre ayuda y consejo y perjudican el noble candor de su confianza en Dios. Si la porción de esta noche da con los ojos de algún hijo de Dios, que está ansioso por las cosas temporales, entonces quisiéramos razonar con él unos momentos. Tú confías en Jesús y sólo en Jesús para tu salvación, ¿por qué entonces estás turbado? –Por mi gran ansiedad- ¿No está escrito: “Echa sobre Jehová tu carga”? “Por nada estéis afanosos, sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego”. ¿No puedes confiar en Dios para las cosas temporales? -¡Ah!, yo quisiera poder hacerlo así- Si no puedes confiar en Dios para las cosas temporales, ¿cómo te atreverás a confiar en él para las espirituales? ¿Puedes confiar en él para la redención de tu alma y no puedes hacer lo mismo para las bendiciones menores? ¿No es Dios suficiente para tus necesidades? ¿O es su omnisuficiencia demasiado escasa para satisfacerlas? ¿Necesitas otro ojo aparte del suyo, que ve todo lo secreto? ¿Desfallece su corazón? ¿Es débil su brazo? Si es así, busca a otro Dios. Pero si es infinito, omnipotente, fiel, verdadero y omnisapiente, ¿por qué vagas tanto en busca de otra confianza? ¿Por qué remueves la tierra para hallar otro fundamento, cuando ella es suficientemente fuerte para soportar todo el peso que puedas alguna vez edificar sobre ella? Cristiano, no mezcles tu vino con agua; no ligues el oro de tu fe con la escoria de la confianza humana. Espera sólo en Dios y depende sólo de él. No codicies la calabaza de Jonás, mas descansa en el Dios de Jonás. Deja que los necios elijan los arenosos fundamentos de la confianza terrenal; tú haz como el que prevé la tormenta: Edifica para ti un lugar firme sobre la Roca de los Siglos.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 6 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 6

“Antes del quebrantamiento, el corazón del hombre es soberbio”.

SE suele decir que “los acontecimientos futuros proyectan sus sombras delante de ellos”. El sabio nos enseña aquí que un corazón soberbio es presagio profético del mal. La soberbia es signo tan seguro de destrucción, como el cambio del mercurio en el barómetro lo es de lluvia; aunque el primer signo es más infalible que el segundo. Cuando los hombres se muestran soberbios siempre los alcanza la destrucción. Dejemos que el dolorido corazón de David muestre que hay un eclipse en la gloria del hombre cuando este piensa en su propia grandeza. 2ª Samuel 24:10. Mira a Nabucodonosor, el poderoso edificador de Babilonia arrastrándose sobre la tierra, “comiendo hierba como los bueyes hasta que su pelo creció como de águila y sus uñas como de aves”. Daniel 4:33. La soberbia hizo del fanfarrón una bestia, como en una ocasión anterior hizo de un ángel un demonio. Dios odia a los altivos y nunca deja de humillarlos. Todas las flechas de Dios apuntan hacia los corazones soberbios. ¡Oh!, cristiano, ¿se muestra soberbio tu corazón esta noche? Averígualo, porque la altivez puede entrar en el corazón del cristiano como entra en el del pecador, y puede engañarlo con la ilusión de que es “rico, y está muy enriquecido y no tiene necesidad de ninguna cosa”. ¿Te estás gloriando en tus dones y talentos? ¿Estás orgulloso de ti mismo porque has tenido notables éxitos y gratas experiencias? Te advierto, lector, que también sobre ti viene el quebrantamiento. Las vistosas adormideras de tu arrogancia serán extirpadas de raíz; tus efímeras gracias se marchitarán con el ardiente calor y tu suficiencia propia llegará a ser como basura para el muladar. Si nos olvidamos de vivir al pie de la cruz en profunda humildad de espíritu, Dios no se olvidará de hacernos sufrir bajo su vara. Quebrantamiento vendrá sobre ti, ¡oh!, indebidamente exaltado creyente: el quebrantamiento de tus goces y comodidades, aunque tu alma no sea quebrantada. Por lo tanto, “el que se gloría, gloríese en el Señor”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 5 de marzo de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 5

“Dí a mi alma: yo soy tu salvación”. Salmo 35:3.

¿QUÉ me enseña esta grata oración? Ella será mi petición vespertina, pero primero quiero que me dé una instructiva meditación. El texto me dice en primer lugar que David tenía sus dudas, pues, ¿por qué rogó: “Dí a mi alma: yo soy tu salvación” si no tenía, algunas veces, sus dudas y temores? Sirva esto, pues, para animarme, pues no soy el único santo que tiene que lamentar debilidad de fe. Si David dudó, no debo pensar que no soy cristiano porque tenga mis dudas. El texto me recuerda que David no estuvo alegre mientras dudaba y temía, pero él recurrió enseguida al trono de la gracia para pedir certidumbre, pues la consideraba valiosa como oro fino. Yo también debo esforzarme por tener un permanente sentido de mi aceptación en el Amado, y no debo tener gozo alguno cuando su amor no está derramado en mi alma. Cuando mi Esposo se ha apartado de mí, mi alma debe ayunar y deseará hacerlo. Veo también que David sabía dónde obtener plena certidumbre. El fue a su Dios en oración, clamando: “Dí a mi alma: yo soy tu salvación”. Debo estar mucho a solas con Dios si quiero tener un claro sentido del amor de Jesús. Si mis oraciones cesan, los ojos de mi fe se oscurecerán. Mucho en oración, mucho en el cielo; lento en la oración, lento en el progreso. Observo que David no quedaba satisfecho a menos que su certidumbre procediese de una fuente divina. “Dí a mi alma”. Señor, dí tú. Nada menos que un testimonio divino en el alma satisfará al cristiano verdadero. Además, David no podía descansar a menos que su certidumbre estuviese fundada en una clara alusión personal. “Dí a mi alma: yo soy tu salvación”. Señor, aunque tú dijeras esto a todos los santos, no significaría nada si tú no me lo dijeras a mí. Señor, he pecado; no merezco tu sonrisa. Apenas me atrevo a pedírtela, pero, oh, dí a mi alma, sí, a mi alma: “Yo soy tu salvación”. Haz que tenga un presente, personal, infalible, indisputable sentido de que yo soy tuyo y de que tú eres mío.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 4 de marzo de 2016

Intimidad con Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth



Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido viernes, Marzo 4, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 4

“Embriagarse han de la grosura de tu casa”. Salmo 36:8.

LA reina de Saba se sorprendió de la suntuosidad de la mesa de Salomón. Quedóse enajenada al ver la provisión para un solo día y se maravilló igualmente de la cantidad de siervos que comían de la mesa real. Pero, ¿qué es esto en relación con la hospitalidad del Dios de la gracia? Diez millares de miles de su pueblo son alimentados diariamente. Hambrientos y sedientos van al banquete con mucho apetito, pero ninguno sale insatisfecho; pues hay suficiente para cada uno, para todos y para siempre. Aunque la multitud que se alimenta en la mesa de Jehová es incontable como las estrellas del cielo, sin embargo cada uno tiene su porción de comida. Piensa cuánta gracia un santo necesita, tanta que ninguno, excepto el Infinito, podría suplir siquiera por un día. Pero el Señor extiende su mesa no para uno, sino para muchos; no por día, sino por muchos años; y no sólo por muchos años, sino por generación y generación. Observa el rico festín del cual habla el texto; los huéspedes en el banquete de la misericordia quedan satisfechos; más aún, “abundantemente satisfechos”, y no con comida común, sino con grosura de la casa de Dios; y ese banquete es garantizado a todos los hijos de los hombres que pongan su confianza bajo las sombras de las alas de Jehová. Pensaba una vez que si pudiese conseguir una reducida vianda en la puerta trasera de la gracia de Dios, me daría por satisfecho, como la mujer que dijo: “Los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus señores”. Pero hallé que ningún hijo de Dios fue jamás servido con migajas y sobras. Como Mephiboseth, todos ellos comieron de la mesa del rey. En cuanto a la gracia, todos tenemos la ración de Benjamín; tenemos diez veces más de lo que podíamos esperar; y aunque nuestras necesidades son grandes, frecuentemente nos admiramos de la maravillosa abundancia de gracia que Dios nos da experimentalmente para gozar.

Charles Haddon Spurgeon.