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El énfasis de estos versículos está
en las palabras “como la unción os ha enseñado”. Lo que el Espíritu le ha
enseñado a usted, no lo que le ha enseñado otra persona. Después de la
resurrección, Jesús le dijo a Pedro: ―Alimenta a mis ovejas. Y Pedro dio vuelta y, viendo a
Juan, dijo: ―Señor, ¿y qué de éste? ¿Se acuerda usted lo que Jesús le
contestó? Dijo: ―Si quiero que él quede hasta que yo vuelva, ¿qué a ti?
Sígueme tú. Lo que enseño a éste hacer le toca a él saber. Lo que te he dicho
que hagas te toca a tí hacer (ver Juan 21:15-22). Esto es algo intensamente personal.
Lo que usted ha aprendido de la palabra del Espíritu, por medio de la
intervención de los maestros humanos, debe ser el fundamento de sus acciones.
Pero su actividad debe basarse siempre en la convicción de lo que usted ha
recibido. En otras palabras, usted camina por la fe en la Palabra de Dios tal
y como Dios se la ha enseñado a usted y no por lo que ha aprendido usted de
la tradición. La tradición ha sido, desde el punto de vista histórico, uno de
los más mortales enemigos de la iglesia y ha impedido que las personas
progresen en su vida espiritual. Siempre que condicionamos a las
personas a recibir la verdad de segunda mano por medio de algún otro
individuo, alguna línea de autoridades en sucesión sobre ellas, las hemos
condicionado a responder de inmediato a falsedad que comienza en lo alto. Es
por eso que las jerarquías se descarrían tan rápida y fácilmente. No, en la
vida cristiana toda la verdad es intensamente personal y viene directamente a
usted del Espíritu Santo. Eso significa que no necesita tener
a un erudito que le interprete la Palabra de Dios. Puede usted sentirse
agradecido por los eruditos; puede leer sus comentarios que le serán de
ayuda, y el Señor los usará para enseñarle algo a usted, pero no depende
usted de ellos. No tiene necesidad de que ninguna persona le enseñe a usted a
este nivel, porque el Espíritu Santo puede instruirle a usted. Debemos de
estar abiertos, como es natural, a escuchar lo que otros tienen que decir.
Charles Spurgeon dijo en una ocasión: “No entiendo a esos hombres que tienen
una opinión tan elevada de lo que el Espíritu Santo les dice y una opinión
tan pobre de lo que le dice a cualquier otra persona”. Debemos recordar que
el Espíritu de Dios sí habla por medio de otras personas, así como por medio
de nosotros. Pero finalmente, debemos actuar solo conforme a lo que el
Señor nos ha dicho a nosotros. Eso fue lo que hizo posible que Martín Lutero
estuviese a solas ante el emperador, con todos los dignatarios del estado y
de la iglesia reunidos y puestos en su contra, diciendo: “¡No puedo hacer
otra cosa; esta es mi postura! ¡Que Dios me ayude!” Estaba escuchando a la
voz del Espíritu en él. Esta obediencia resulta
absolutamente necesaria porque es solo sobre esta base que puede usted
“permanecer en Él”, y ahí es donde entra la falta de fruto. No puede seguir
usted otra ruta, no puede usted vivir la vida espiritual de otra persona por
ella ni tampoco obligarla a seguir su ruta. Debe usted de abrir la Palabra,
meditar en ella, escuchar al Espíritu Santo en ella, escuchar a otras
personas según les ha enseñado el Espíritu Santo, y después, teniendo ante
usted todo este testimonio externo, obedecer lo que el Espíritu le ha
confirmado a su corazón que es la verdad. Juan dice que cuando hacemos esto,
permaneceremos en Él. Padre, te doy gracias por este
asombroso fenómeno de un Espíritu maestro en mi interior. Ayúdame a estar
dispuesto a escuchar, teniendo ojos para ver y oídos para escuchar. Permite
que penetre en lo más profundo de mi espíritu, mediante el cual entenderé y
captaré estas asombrosas riquezas en Cristo Jesús. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuál es la aventura diaria que
permite poner en práctica cada solución de Dios para cada problema en lugar
de hacer uso de la nuestra? ¿Estamos permitiendo con gusto que la Palabra
viva tome posesión de nosotros cada día? |
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Versículo para hoy:
miércoles, 13 de mayo de 2020
13 de mayo - El Espíritu nos enseña - Ray Stedman
martes, 12 de mayo de 2020
12 de mayo - La palabra viva - Ray Stedman

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La mayoría de nosotros leemos las
palabras vida eterna como si solo se aplicasen al cielo en
el futuro. Lo llamamos “vida eterna”, una vida que nunca se acaba, lo cual no
resulta inexacto. La vida eterna es una vida que nunca se acaba, pero el
factor esencial respecto a la vida eterna no es la cantidad, sino la calidad.
A lo que Juan se refiere aquí no es sencillamente a algo que conseguiremos
algún día en el cielo, sino que es algo que podemos experimentar y disfrutar
ahora. Es plenitud de vida, la calidad total de la vida divina vivida en su
situación particular, ahora mismo, que aumenta en plenitud de disfrute para
siempre. En otras palabras, la vida eterna es la aventura diaria que nos
permite experimentar la solución de Dios para cada problema en lugar de
aplicar la nuestra. Es el descubrimiento del programa de Dios para cada
oportunidad, en lugar del nuestro. Cada vez que nos enfrentamos con un
problema, hay dos cosas que podemos hacer: Con la debilidad de nuestro propio
intelecto, dependiendo de nuestros propios recursos humanos, podemos intentar
resolver el problema y, cuando lo hacemos, el resultado es inevitablemente el
mismo. La vida se convierte en una monotonía, en un aburrimiento, en una
rutina que nos deja totalmente sin interés y deseando no tener que participar
en ella. Ese es nuestro programa. O podemos tener la solución de Dios
para cualquier problema o cualquier oportunidad. Podemos decir en cualquier
situación: “Señor, Tú estás en mí y Tú has venido a vivir en mí para vivir
por medio de mí. Esta situación se ha producido conforme a Tus planes y a Tu
programación. Padre, yo no me encontraría en esta situación si no fuese por
Ti. Ahora, Señor, haz por medio de mí lo que Tú desees hacer con ella”.
Entonces somos testigos de lo que Dios hace, y estamos de inmediato a Su
disposición de modo que Él pueda moverse en cualquier dirección que dé la
impresión de que lo exige la situación. Al hacerlo, descubrimos que Su
programa empieza a desarrollarse en esa situación. Cada obstáculo se
convierte en una gloriosa oportunidad para que se manifieste la plenitud de
la gloria, la sabiduría y el poder que se encuentran en el Dios que ha venido
a vivir y a hacer Su hogar en nosotros. Recuerdo que cuando era un
cristiano joven leí esa gran promesa en Efesios: “Y a Aquel que es poderoso
para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o
entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20). Recuerdo
haber leído este versículo y haberme dicho a mí mismo: “¿Es esto realmente verdad?
¿Se ofrece Dios realmente a hacer por mí mucho más de lo que yo puedo jamás
pedir en este momento? ¡Esto es fantástico! Yo puedo pedirle mucho a la vida.
Puedo soñar e imaginar muchas grandes y maravillosas experiencias que me
gustaría poder vivir, que me hicieran sentirme satisfecho en mi vida y mi
corazón”. Hasta tenía el programa perfilado en mi mente sobre exactamente
como Dios lo haría. Pero al mirar atrás después de estos treinta años, me doy
cuenta de que Dios no hizo uso de mi programa para hacerlo a mi manera, a
pesar de lo cual ha cumplido abundantemente la promesa. Mi vida es más rica
de lo que yo podría haber jamás soñado que sería cuando no era más que un
joven cristiano. Si nosotros estamos dispuestos a
entregarnos a la Palabra de Dios, a permitir que se apodere de nosotros, a
entenderla y obedecerla; si lo que usted escuchó desde el principio permanece
en usted, le será a usted también posible permanecer en el Hijo y en el
Padre. ¡Esa experiencia representa la vida eterna! Padre, concédeme en medio de las
débiles búsquedas de mi corazón, descubrir la vida eterna en mi experiencia
diaria. |
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Aplicación a la vida |
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¿Cómo se llama la aventura diaria
de experimentar la solución de Dios a cada problema en lugar de nuestra
propia solución? ¿Estamos dispuestos a dejarnos poseer por la palabra
viviente cada día? |
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lunes, 11 de mayo de 2020
11 de mayo - Sin el Hijo, sin el Padre - Ray Stedman
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Negar que Jesús es el Cristo es
negar al Padre y al Hijo. Nos estamos enfrentando aquí con algo del misterio
de la naturaleza de Dios. Admito de inmediato que hay mucho que no podemos
entender acerca de Dios y la Trinidad. Sabemos que hay tres personas que
existen eternamente como Dios. Nuestras mentes se sienten confusas cuando
intentamos entender realmente lo que esto significa y cómo funciona en sus
implicaciones. Recordará usted, en ese pasaje
profundamente significativo que llamamos el Discurso del Aposento Alto,
cuando nuestro Señor estaba reunido con los Suyos, que Él mismo nos revela
algo acerca de la maravillosa relación que ha existido eternamente entre el
Padre y el Hijo. Sabemos que en el principio era Dios, Dios en tres personas:
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La característica suprema de Dios es
que Él ama: Dios es amor. Por lo tanto, el Padre ama al Hijo y ha sido
siempre el deleite del Padre tomar la plenitud de Sí mismo y, por medio del
Espíritu eterno, darla al Hijo. El amor siempre está dando, y el Padre da de
Sí mismo al Hijo. Todo lo que está en el Padre le es dado al Hijo por medio
del Espíritu. Es por ello que Jesús dijo en el discurso en el Aposento Alto:
“Todo lo que tiene el Padre es mío” (Juan 16:15). Pero el Hijo también debe amar y
dar, porque Él también es Dios. Es aquí donde entra la creación, porque Juan
nos ha dicho: “Todas las cosas por medio de él fueron hechas” (Juan 1:3).
¿Por qué? A fin de que toda la plenitud que está en Él, que el Padre le ha
dado, pueda ser dada a toda la creación, a cuya cabeza se encuentra el
hombre. Pablo dice: “porque en él fueron creadas todas las cosas” (Colosenses
1:16). Él es la expresión absoluta del Padre, y la creación ha de ser la
expresión absoluta del Hijo. Todo lo que vemos a nuestro alrededor, el
universo en toda su maravilla con su complicada estructura, es tan solo una
expresión de la vida del Hijo. Todo el programa de la creación
tuvo el propósito de ser el Padre, tomando de la plenitud que estaba en Él y,
por medio del Espíritu eterno, impartírselo al Hijo. El Hijo, a su vez, tiene
toda la plenitud que ha recibido y, por medio del Espíritu eterno, la imparte a los humanos y a toda la creación con el fin de que la plenitud se
refleje mediante la manifestación visible del Padre, y de ese modo todo el
mundo creado glorifique a Dios. Ese es el plan de Dios para el universo. Este programa fue interrumpido por
la elección deliberada de la gente de repudiar su dependencia del
Hijo y ser su propio dios, haciendo uso de la creación para sus propios
propósitos. Entonces el Espíritu de Dios fue eliminado del espíritu de los
humanos, y perdieron su habilidad para amar a Dios y su capacidad de conocer a Dios como Padre. Este es el motivo por el que el demonio ataca con
tal vehemencia esta verdad de que Jesús es el Cristo. Negando esto, puede
llegar a ese secreto, a esa relación que Dios desea para Su pueblo: la gloria
de conocer al Padre y Su amor. Padre, te doy gracias porque todo
lo que está en Ti, la plenitud del Padre, ha sido impartido al Hijo, y todo
lo que está en Él está a mi alcance. Todo lo que yo necesito para todo ha
sido provisto por Él. Señor, enséñame a vivir a este nivel. |
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Aplicación a la vida |
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La tri-unidad de Dios es un
profundo misterio. Las tres personas, que son eternamente Una, son una unidad
de amor que se entrega. ¿Estamos nosotros permitiendo a Cristo en nosotros
continuar Su ministerio de amor? |
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domingo, 10 de mayo de 2020
10 de mayo - Sin áreas dudosas - Ray Stedman
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¿Se ha enterado usted ya de que
ninguna mentira procede de la verdad, que no hay armonía posible entre la
mentira y la verdad? En otras palabras, que no existen áreas dudosas en la
vida, que una cosa es o bien negra (una mentira) o es blanca (una verdad) y
que no hay aspectos que resulten dudosos, a pesar de que pueda haber una
mezcla entre el negro y el blanco. Todo cristiano posee la habilidad para
hacer uso de un juicio moral a fin de distinguir lo que está bien de lo que
está mal. Es asombroso la cantidad de cristianos que todavía no han aprendido
esto y que continúan haciéndose eco de la mentira del mundo, en el sentido de
que se puede combinar la verdad y el error. Juan deja esto perfectamente
claro. “Os he escrito”, dice, “porque habéis averiguado esto, si conocéis a
Jesucristo. Es posible que no hayáis pensado a fondo en las implicaciones,
pero debéis saber que no hay posibilidad alguna de combinar una mentira
con la verdad”. Una de las cosas gloriosas acerca
del propósito de Dios, que es restaurar la vida de Dios al espíritu del
hombre, es que vuelve a restaurar de nuevo las normas de los valores
absolutos y hace posibles los juicios morales. Hace que pasemos del control
por medio de una conciencia de conveniencia al control de una conciencia de convicción.
En estos días estamos oyendo hablar mucho acerca de “la ética situacional”,
el relativismo en el ámbito de los juicios morales. ¿Cuáles son estos? Si
usted hace trampa en un examen porque no le gusta a usted el maestro, eso
está mal. Pero si lo hace usted porque está desesperado por sacar buenas
notas y no hay ninguna otra manera de conseguirlo, usted no se ha ocupado del
estudio hasta la hora del examen y no hay ninguna otra manera que no sea
haciendo trampas, entonces eso está bien. Pero Juan dice: “¡Ya no más! Ahora
conocéis al que es verdad y no podéis salir adelante así como así. Antes o
después le tendrá usted que explicar sus acciones a Él, y todas esas
maravillosas excusas que fueron admitidas tan fácilmente por parte de su
cónyuge o sus amigos no suenan nada convincentes cuando se las repetimos a
Él, porque Él no se siente ni mucho menos impresionado por ellas. Él no dice
nada; sencillamente se cruza de brazos y se le queda mirando a usted.
Entonces usted empieza a tartamudear y no tarda en quedar callado porque,
como dice Juan: “ninguna mentira procede de la verdad”. Preste usted atención a estas
cosas. Comience usted a examinar las filosofías que le rodean, las
sugerencias y las explicaciones acerca de la vida que le presentan. Mídalas
conforme a la verdad. ¿Ha conocido usted la verdad relacionada con Jesús?
¿Está dispuesto a escuchar la Palabra de Dios, a fin de que pueda entender
el mundo en el que vive y a la persona que vive en él, es decir: usted? ¿Está
dispuesto a entender cómo le hizo Dios a usted, cómo pretende que actúe, cómo
desea que reaccione frente a las situaciones? ¿Está dispuesto a permitirle a
Él que le enseñe a no depender más del falso sentido de la habilidad de la
que ha hecho usted uso para vivir su vida, sino a renunciar a ella y en lugar
de ello depender de Su vida en su interior? Es por eso que Juan escribe. Él
escribe acerca de estas cosas, dice, porque sabe que la habilitación
necesaria se halla en ellas. ¡Haga usted uso de ellas! Padre, ayúdame a entender la verdad
tal y como se encuentra en Cristo. Ayúdame a volverle la espalda a cada una
de las voces que nos atraen, apartándonos de Él, y a traer todas las cosas
que descubro, todas las experiencias, todos los razonamientos a Él. |
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Aplicación a la vida |
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Las excusas que podamos poner
sencillamente se hacen eco de las mentiras del mundo. ¿Hemos encontrado
nosotros la verdad absoluta como se halla en Cristo, o revelan nuestras
excusas las dudas que todavía tenemos? |
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sábado, 9 de mayo de 2020
9 de mayo - Sobre la herejía - Ray Stedman

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Fíjese usted en que la marca de un
anticristo es finalmente separarse del cristianismo del Nuevo Testamento, ya
que todos estos lo hacen invariablemente y, cuando lo hacen, insistirán en
que son la corriente principal de la verdad cristiana y que nosotros estamos
viviendo en las aguas estancadas de la doctrina cristiana. Esto es algo que
Juan explica de una manera muy clara. La marca respecto a lo que es genuino
es la continuidad en la verdad, ya que la perseverancia representa la
verdadera fe. ¿Qué es lo que quiere decir con “nosotros”? Sin duda no se
refiere al cristianismo en general. Lo que quiere decir, como deja claro en
el contexto de toda esta epístola, se refiere a aquellos que aman la Palabra
de Dios y que poseen el Espíritu de Dios, los que se esfuerzan en obedecer la
Palabra en el poder del Espíritu. El énfasis que ha estado haciendo todo el
tiempo recae sobre aquellos que comparten la vida de Cristo por medio de la
Palabra de Dios en el poder del Espíritu de Dios. Los herejes se desconectan
de manera invariable de estas personas. Si usted sugiere enseñar las
Escrituras a aquellas personas que participan en la herejía, sentirá usted de
inmediato su desprecio de las Escrituras. Si realmente leen la Biblia, lo que
hacen es escoger ciertas porciones, omitiendo las partes que no les gusta
para decir a continuación: “Sí, estudiaremos las Escrituras con vosotros”.
Pero si lee usted lo que estas personas están estudiando, descubrirá que están
eliminando la fuerza de la verdad esencial. No hay motivo por el que debamos
temer a la herejía si encontramos a alguien que desea estudiar las Escrituras
tal y como son. En la actualidad hay muchas personas que son totalmente
ignorantes respecto a las Escrituras y tal vez tengan puntos de vista muy
peculiares acerca de ellas, pero están muy dispuestas a aprender. No se
preocupe usted por el hecho de que estas personas están muy equivocadas
acerca de muchas cosas. Consiga usted que lean las Escrituras. La Palabra de
Dios posee una maravillosa habilidad para corregir el error y para encauzar
los intereses hacia asuntos que son importantes. Estas personas no tardarán
en ser encauzadas en lo que se refiere a la gran, maravillosa, gloriosa y
totalmente persuasiva verdad de Dios, pues estos tremendamente importantes
temas calan con su poder en los corazones de los hombres y de las mujeres
dondequiera que se encuentran. A lo largo de los siglos ha habido
brotes cíclicos de herejía que han surgido en los círculos cristianos con el
propósito de torcer, distorsionar y pervertir la verdad. Nosotros vemos la
confluencia de estos en nuestro propio tiempo y nos sentiremos turbados y
confusos a menos que las consideremos a la luz de la revelación de la verdad
de Dios. ¡Qué gran maravilla es la Palabra, que nos ha sido dada para que
podamos entender lo que nos está sucediendo, para que podamos entender al
mundo en el que vivimos y de esta manera nos enteremos de lo que está
pasando! De esta manera podemos darnos cuenta de que la historia está
totalmente bajo el control de Dios y se está moviendo exactamente de la
manera que Él planeó. Nuestras propias vidas individuales pueden adaptarse a
esto con el fin de producir no lo que es pasajero y efímero, sino a fin de
que participemos en lo que permanece, aquello que acabará por fin cumpliendo
el propósito de Dios en la historia, avanzando hacia la consumación final de
lo que Él tiene a la vista. Padre, mi corazón se siente de
nuevo conmovido al ver lo que está sucediendo en mi propio tiempo a la luz
resplandeciente de estas asombrosas Escrituras. Dios, concédeme que pueda
permanecer firme en Tu Palabra. |
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Aplicación a la vida |
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La herejía se produce como
resultado de no estudiar y no aceptar todas las Escrituras. ¿Qué efecto tiene
la poderosa Palabra de Dios sobre aquellos que pueden entender su revelación? |
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viernes, 8 de mayo de 2020
8 de mayo - El enemigo a nuestro alrededor - Ray Stedman
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Las áreas concretas mencionadas en
este versículo son aquellas en las cuales debemos luchar contra el pecado.
No basta con decir: “No améis el mundo”. Debe ser reducido a detalles. Debe incluirse aquello con lo que
de hecho tenemos contacto, de modo que Juan añade: “nada de lo que hay en el
mundo”, y lo define. Nos da una lista de estos aspectos diferentes diciendo:
“Estos no provienen del Padre, sino del mundo”. A fin de rechazar una
filosofía determinada, es preciso que lo hagamos mediante ciertas acciones
concretas. Esta es la primera, dice: la
codicia de la carne. En las Escrituras esta palabra carne es algo más que simplemente el cuerpo. Es la naturaleza pecaminosa, la condición
caída de la humanidad que se encuentra presente en el cuerpo. ¿En qué
consiste esta codicia de la carne? Hay ciertas cosas que nuestro cuerpo desea
que son perfectamente adecuadas y han sido dadas por Dios. Dios nos ha creado
como humanos para que sintamos ciertos estímulos y deseos, y el satisfacerlos
no está mal. Pero la carne, esa propensión pecaminosa en nosotros, siempre
quiere añadir algo que va más allá de lo que es satisfacer los deseos que nos
han sido dados por Dios. Hay una segunda división que Juan
pone ante nosotros: los deseos de los ojos. ¿Cuáles son estos? El ojo
simboliza lo que complace a la mente o a la vida interior. El deseo de los
ojos, al igual que el de la carne, va más allá de las sencillas necesidades.
Nuestras mentes fueron creadas por Dios para buscar y para inquirir, para
enterarnos de los grandes hechos de la revelación o de la naturaleza ante
nosotros, para que los examinemos. Pero estos tienen ciertas limitaciones, ya
que hay limitaciones en la naturaleza y también en la revelación. Pero la
carne aprovecha este permiso básico y lo lleva más allá de la voluntad de
Dios hasta extremos que nos está prohibido llegar. Existe aún una tercera división,
que es el orgullo de la vida. Esto se refiere al deseo de despertar la envidia o
adulación en otras personas. Las dos primeras divisiones tienen que ver con
satisfacernos a nosotros mismos, no de la manera que Dios desea que lo
hagamos, sino yendo más allá. Pero fueron dirigidas hacia nosotros y solo
involucran a otros de manera incidental. Sin embargo, el orgullo de la vida
no puede existir a excepción de cómo tiene que ver con otras personas.
Pretende crear una sensación de envidia, de rivalidad y de ardientes celos en
los corazones de otras personas y nos causa placer hacerles esto. Es el deseo de ser más brillantes o tener una posición superior a
la de otra persona. ¿Qué dice Juan acerca de esto? Juan
no dice: “No tengas nada que ver con ninguna de estas cosas”. Pero lo que
sí dice es: “No ames estas cosas, no pongas tu corazón en ellas, no
las consideres importantes. No se dediquen a amontonar cosas, no amen los
lujos y la comodidad y no se esfuercen por ser más brillantes que otras
personas”. ¡Con cuánta sutileza pretende toda esta filosofía llamarnos la
atención! Cuando amamos estas cosas, su importancia suscita nuestro mayor
interés y descubrimos que estamos invirtiendo en ellas una gran parte de
nuestro dinero; ocupan un lugar prioritario en nuestros pensamientos de
manera que estamos constantemente soñando con aquellas cosas nuevas que
esperamos poder conseguir, y es entonces cuando estamos en peligro, en
terrible peligro. Esto es lo que el apóstol quiere dejar perfectamente claro. Padre, abre mis ojos para que pueda
verme a mí mismo. Haz que pueda escuchar la penetrante pregunta del Espíritu
Santo: “¿En qué has puesto realmente tu corazón? ¿Cuál es tu verdadero amor?” |
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Aplicación a la vida |
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¿Cuáles son los tres aspectos en
los que nos vemos obligados a participar en nuestra lucha en contra de
nuestra concupiscencia y nuestro orgullo? ¿De qué manera resulta esto
evidente en nuestro modo de pasar nuestro tiempo y gastar nuestro dinero? |
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jueves, 7 de mayo de 2020
7 de mayo - El proceso de la madurez - Ray Stedman
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Pienso que Juan puso este propósito
al último por un motivo muy importante. Él ha descrito ya a estos jóvenes
como personas que han vencido al maligno. Esto es algo que repite de nuevo,
pero añade la siguiente explicación: “sois fuertes y la palabra de Dios
permanece en vosotros”. Esto es algo que puso al final porque aquí se revela
el secreto del crecimiento. ¿Qué es lo que hace que el niño espiritual se
convierta en el joven espiritual? ¡La Palabra de Dios que permanece en él!
¿Qué hace que un joven se convierta en padre? ¡La palabra de Dios que
permanece en él! Ese es el secreto del crecimiento. Eso es lo que le ayudará
a pasar de una etapa a otra hasta que por fin se convierta en padre,
pudiéndose reproducir a sí mismo en otros. He aquí el instrumento divinamente
diseñado del crecimiento: la Palabra de Dios. Es totalmente imposible crecer
como cristiano, o como un hombre o mujer auténticos, a menos que la Palabra
de Dios permanezca en usted. Este es el motivo por el que el demonio lucha en
contra de todo este asunto del estudio de la Biblia, la edificación de
nuestra vida alrededor de la centralidad de las Escrituras, y por qué nos
vemos sometidos al ataque constante en este nivel. Es algo de suprema
importancia que nos permite alcanzar la madurez. A pesar de que el demonio no
puede impedir que seamos cristianos, sin duda puede impedir que seamos
cristianos fuertes, y esta es exactamente la manera que lo hace. Intenta
desviar nuestra atención, haciendo que sigamos determinados atajos que dan la
impresión de que nos van a convertir de inmediato en personas maduras. ¡La
espiritualidad instantánea, la madurez instantánea! Después de años enteros de
experiencia he sido testigo de varias cosas que impiden la madurez, desviando
la atención del instrumento divinamente diseñado que la hará posible: el
conocimiento de la Palabra de Dios. No estoy hablando sencillamente acerca
del estudio de la Biblia. Existe un enfoque muy mecánico y rígido del estudio
de la Biblia que puede familiarizar a la persona con las enseñanzas de la
Biblia, pero eso no es suficiente. Recuerde usted que este pasaje dice que la
Palabra de Dios “permanece”. Eso significa un conocimiento de la Biblia más la obediencia al Espíritu. Cuando las Escrituras hablan acerca de
conocer la Palabra de Dios, nunca se refieren solo a la Biblia como un
instrumento, es siempre la Biblia y al mismo tiempo el Espíritu. Es la
Palabra entendida a la luz del poder iluminador y explorador del Espíritu
Santo. La Biblia une estos dos conceptos para producir la madurez. No es cuestión
sencillamente de que la enseñanza de la Biblia se introduzca en nuestra
mente, sino que es algo mucho más profundo. La Palabra se apodera de
nosotros, aunque primero nosotros nos apoderemos de ella, haciendo que la
Palabra viva en nosotros de este modo, penetrando en la conciencia,
apoderándose de la voluntad, exponiendo “los pensamientos y las intenciones
del corazón” (Hebreos 4:12), y eso es lo que produce la madurez. Esto significa que nuestro estudio
debe de ser deliberado. El conocimiento de la Palabra debe ser mucho más que
una afición o diversión para nosotros, una opción en la vida, una especie de
postre de pocas calorías que podemos comer o dejarlo según queramos. Las
exhortaciones de las Escrituras son que seamos diligentes en esto. Sea usted
diligente en lo que se refiere a buscar las Escrituras y en estudiar la
Palabra. Padre, gracias por poner de
manifiesto mi pereza, mi poco deseo de leer y mi lentitud a la hora de
obedecer. Ayúdame a aprovechar la gran provisión para mi madurez en Cristo. |
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Aplicación a la vida |
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¡Qué gozo sentimos cuando el
estudio deliberado de la Biblia pasa de “tengo que” a “deseo”! ¿De qué manera
aumenta nuestro deseo de pasar tiempo y poner en práctica la Palabra viva de
Dios? |
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miércoles, 6 de mayo de 2020
6 de mayo - El cristianismo visible - Ray Stedman
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Juan dice que la persona que odia a
su hermano no es cristiana, sino que “está en tinieblas” y no ha salido nunca
de ellas. Decir que se encuentra usted en la luz a pesar de que odia a su
hermano es una negativa básica de la fe. Semejante actitud de hostilidad, de
indiferencia y falta de interés hacia otra persona es señal de una vida que no
ha sido regenerada. El apóstol Juan dice que aquel que
odia a su hermano se halla en tinieblas y no sabe a dónde va. No entiende que
esto puede llevar al asesinato o a la mutilación criminal. Continúa a ciegas,
tropezando en su esfuerzo lleno de odio por hacer daño a su amigo, a su
hermano o compañero, quienquiera que sea. Pero el resultado es que solo se
está haciendo daño a sí mismo y a todos los que ama. Pero además está cegado. Dice Juan:
“las tinieblas le han cegado los ojos”. La palabra que se usa aquí significa
“hacer insensible”, y eso implica que, si vivimos de esta manera, a la postre
llegamos al momento en que ya no podemos responder. El odio se apodera de
nosotros, endureciendo nuestro corazón, que ya no puede reblandecerse. Es posible que los cristianos
sucumban de manera temporal a esta clase de cosas. Pueden caminar
temporalmente en tinieblas, pero ya no son hijos de las tinieblas porque la
luz del amor de Dios ha entrado en sus corazones. Si no son conscientes de la
lucha entre la expresión de odio o si no se preocupan por tener una
conciencia culpable por su odiosa actitud, deberían preguntarse si han
pasado en realidad de la muerte a la vida. Esto es algo que el Espíritu de
Dios tratará de manera inevitable en el cristiano para desbaratarlo, y en
ocasiones podrá llevarse a cabo por medio de medidas muy difíciles. Recuerdo una ocasión en la que
estaba aconsejando a una mujer acerca de un problema físico que tenía en
realidad una base espiritual en su experiencia. Descubrí que llevaba años odiando
a otra persona. El odio la había convertido en una persona amargada y rancia,
envenenando todos sus pensamientos. Yo le dije: ―Debe usted de hallar en su
corazón la manera de perdonar a esta persona, de la misma manera que Dios la
ha perdonado a usted. Me miró y me dijo: ―¡No puedo
perdonarla; jamás la perdonaré! Yo le dije: ―Pero Dios dice que
debe usted hacerlo. Si no puede hacerlo, tendrá que enfrentarse con el hecho
de que no es usted cristiana, porque no puede perdonar y por lo tanto usted
no ha nacido nunca de nuevo. Me miró y me dijo: ―Imagino que
tiene usted razón. Sé que soy cristiana, pero veo que me he estado engañando
a mí misma. Necesito perdonar. ¡Y lo hizo! Se produjo un cambio en
la vida de esta mujer que fue como si la noche se convirtiese en día. Los cristianos se pueden engañar a
sí mismos, siguiendo la actitud del mundo de que no pueden perdonar. Cuando
las personas mundanas odian, se encuentran presas bajo ese dominio del que no
pueden escapar. Pero cuando el Hijo de Dios entra en sus vidas, el poder del
maligno queda eliminado, y se liberan de ello y pueden perdonar, pero todavía
es preciso que estemos de acuerdo en hacerlo. Dios no nos va a obligar a
perdonar aparte de nuestra propia voluntad, a pesar de que tengamos la
habilidad para hacerlo. Señor, te pido que Tu amor se
manifieste en y por medio de mí, no porque me esté esforzando tanto, sino
porque te conozco y Tú me has amado y has venido a vivir Tu vida por medio de
mí. |
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Aplicación a la vida |
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Los verdaderos cristianos se
destacan por la habilidad para perdonar a cualquiera a pesar de cómo se
sientan. ¿Necesitamos que sean abiertos nuestros ojos para poder escapar
voluntariamente al dominio del rencor? |
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martes, 5 de mayo de 2020
5 de mayo - Cómo caminar como lo hizo Él - Ray Stedman
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La frase “permanecer en él”
significa exactamente lo mismo que “tener comunión con él”. El Señor Jesús
dejó esto perfectamente claro cuando dijo, según el evangelio de Juan: “Como
el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así
tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (15:4). Usted puede estar en
Cristo, como miembro de la viña, y que solo aparezcan hojas. Esa es la mera
relación, pero si usted desea que su vida dé fruto, es preciso que se ponga
de manifiesto esa actitud adicional que es permanecer en Él, descansando en
Él. Eso es lo que produce resultados permanentes en la vida. La señal de permanecer es caminar
de la misma manera que caminó Cristo. Eso no significa hacer las mismas cosas
que hizo Jesús; lo que quiere decir es actuar basándonos en el mismo
principio sobre el cual actuó Él, a fin de reflejar la misma clase de
relación con el Padre que tuvo Él. Esa es la señal de la comunión. ¿Cuál fue el secreto del poder de
nuestro Señor? Eso fue lo que hizo que Nicodemo fuese a Él de noche,
intentando averiguar el secreto si podía. Muchos otros acudieron
preguntándose cuál era el secreto de Su poder. Lo asombroso es que Él no
hacía más que decirles a las gentes cuál era, pero nosotros saltamos por
encima de él haciendo caso omiso del mismo. Él dijo: “El Hijo del Hombre no
hace estas cosas por sí mismo”. Es decir: “Yo no estoy haciendo esto; el
Padre que vive en mí lo está haciendo. Yo no hablo estas palabras de mí
mismo; hablo solo lo que oigo decir mi Padre. Es el Padre el que dice las
palabras; es el Padre el que las pronuncia; es el Padre el que realiza la
obra. Yo soy un hombre, a disposición de él, pero él está en mí y está
obrando en mí, y ese es el secreto de las cosas que hago. Yo solamente cuento
con él cada momento que esté obrando y haciendo estas cosas, y él las hace”
(ver Juan 14:10-11). Ese es el gran secreto y esa es una
de las cosas más duras de aprender para los cristianos. ¿Cómo caminó Él?
Caminó teniendo una comunión total, continua e inquebrantable y dependiendo
de la actividad del Padre que habitaba en Él. Esto es algo que da la
impresión de que nos cuesta enormemente aprenderlo. Con nosotros, es el Hijo
de Dios que vive en nosotros, y Él ha venido con el fin de reproducir el
efecto de Su muerte y el poder de Su resurrección, para vivir de nuevo Su
vida en nosotros. Pero nosotros tenemos muchas dificultades con esto. Nuestra
actitud es: “¡Padre, por favor, prefiero hacerlo yo mismo!” Hemos sido
criados con la idea de que nosotros poseemos la habilidad necesaria para
actuar de manera significativa, pensando que Dios está esperando que nosotros
debemos actuar a Su favor y, si le fallamos a Él, todo el programa se vendrá
abajo, pero si logramos algo para Dios, Él debiera estar eternamente
agradecido a nosotros por nuestra fidelidad. Pero el cristiano no ha sido
llamado para hacer esto. El ser cristiano significa mostrar una dependencia
continua, sosegada en que Dios mora en nosotros para poder obrar siempre en
nosotros, reproduciendo el valor de Su muerte y el poder de Su resurrección.
Eso es el cristianismo, y es lo que significa la comunión y lo que quiere
decir además permanecer en Él. Señor, te doy gracias porque Tú
provees para mí, llenándome con Tu vida misma. Te pido en oración que yo
pueda entender esto más y más y que colabore contigo en hacerlo. |
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Aplicación a la vida |
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¿Qué significa tener la vida de
Cristo en nosotros? ¿Hemos comprendido esta realidad perdurable que nos
demostró Jesús a nosotros de manera que podamos caminar con Dios? |
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