Versículo para hoy:

lunes, 10 de octubre de 2016

En la brecha por un hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 10

“Y librarte he de la mano de los malos y te redimiré de la mano de los fuertes”. Jeremías 15:21.

OBSERVA que es Dios la gloriosa personalidad que hace la promesa. El Señor Jehová mismo se interpone para librar y redimir a su pueblo. El personalmente se compromete a librarlos. Su propio brazo lo hará para que él tenga la gloria. Aquí no se dice ni una palabra de que sea necesario un esfuerzo nuestro para ayudar al Señor. Ni nuestras fuerzas ni nuestras debilidades son tomadas en cuenta, sino sólo Dios, quien, como el sol en el cielo, resplandece con toda suficiencia. ¿Por qué, pues, calculamos nuestras fuerzas y consultamos con carne y sangre para nuestro mal? Jehová tiene suficiente poder y no tiene necesidad de recurrir a nuestro débil brazo. ¡Silencio, incrédulos pensamientos, aquietaos y sabed que el Señor reina! Ni una alusión hay en este versículo en cuanto a medios y causas secundarias. El Señor no dice nada de amigos y ayudadores. El emprende la obra solo y no siente necesidad de que le ayuden brazos humanos. Vano es todo nuestro esperar en los compañeros y en los parientes, pues si nos apoyamos en ellos son como cañas cascadas. Si pueden ayudarnos, por lo regular, no quieren hacerlo; y si quieren, no pueden. Ya que la promesa viene de Dios, sería bueno que esperáramos sólo en él. Cuando así lo hacemos nuestra esperanza nunca se ve defraudada. ¿Quiénes son los malvados para que los temamos? El Señor los consumirá enteramente. Los tales tienen que ser compadecidos más bien que temidos. En cuanto a los fuertes, ellos sólo espantan a los que no tienen Dios a quien recurrir, pues cuando el Señor está de nuestro lado, ¿a quién vamos a temer? Si nos exponemos a pecar con el fin de agradar al malvado, entonces sí tenemos motivo de alarmarnos; pero si nos aferramos a nuestra integridad, el furor de los tiranos será dominado para nuestro bien. Cuando el pez tragó a Jonás, halló en él un bocado que no pudo digerir; y cuando el mundo devora a la Iglesia, experimentamos grande gozo cuando ella se libra de él otra vez. En todo tiempo de dura prueba, en la paciencia poseeremos nuestras almas.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 9 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 9

“Mas él no le respondió palabra”. Mateo 15:23.

LOS que buscan sinceramente y aún no han obtenido la bendición que buscan pueden tomar aliento de esta historia. El Salvador no concedió enseguida la bendición a la mujer, aunque esta tenía grande fe en él. Jesús pensaba dársela, pero demoró un poco antes de hacerlo. Dice el pasaje: “El no le respondió palabra”. ¿No era la de la mujer una oración buena? Sí, nunca en el mundo la hubo mejor. ¿Estaba ella realmente necesitada? Sí, angustiosamente necesitada. ¿Sintió su necesidad suficientemente? Sí, la sintió irresistiblemente. ¿Estaba ella suficientemente ansiosa? Sí, extremadamente ansiosa. ¿Tenía fe? Sí, la tenía en tan alto grado que aun Jesús se maravilló y dijo: “Oh, mujer, grande es tu fe”. Nota, pues, que aunque es cierto que la fe trae paz, no siempre la trae al instante. Puede haber ciertas razones que requieran que la fe sea probada más bien que recompensada. La fe genuina puede estar en el alma como una semilla oculta, pero, con todo, puede no haber crecido y florecido en gozo y paz. La prueba más dura de muchas almas que oran es ver que el Salvador no contesta, pero más dura aún es la aflicción que produce una réplica cortante como esta: “No es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. Muchos hallan un placer inmediato en aguardar al Señor, pero no pasa así con todos. Algunos, como el carcelero, se convierten en un momento de las tinieblas a la luz, pero otros son plantas que crecen más lentamente. En lugar de un sentido de perdón quizás te sea dado un sentido más profundo de pecado. En ese caso tendrás necesidad de paciencia para soportar el duro golpe. ¡Ah!, pobre corazón, aunque Cristo te golpee, te hiera o aun te mate, confía en él; aunque te conteste agriamente, cree en el amor de su corazón. Te suplico que no dejes de rogar a mi Señor ni de confiar en él porque no has obtenido el gozo que anhelabas. Arrójate más bien sobre él y confía constantemente, aun cuando no puedas esperar con regocijo.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 8 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 8

“Orando por el Espíritu Santo”. Judas 20.

OBSERVA la notable característica de la verdadera oración: “por el Espíritu Santo”. La semilla de la devoción aceptable debe venir de los alfolíes del cielo. Sólo la oración que procede de Dios puede volver a Dios. Las flechas que nos arroja el Señor debemos de nuevo disparárselas a él. El deseo que Dios estampó en nuestros corazones conmoverá su corazón y traerá bendición, pero los deseos de la carne no tienen poder delante de él. Orar por el Espíritu Santo es orar con fervor. Las oraciones frías parece que pidieran al Señor que no las oiga. Los que no ruegan con fervor no ruegan nada en absoluto. Hablar de oraciones frías es como hablar de fuego frío. Es indispensable que la oración sea candente. Orar por el Espíritu es orar con perseverancia. El que ora con sinceridad va adquiriendo poder a medida que avanza en la oración y, cuando Dios tarda en contestar, ora con más fervor. Cuanto más tiempo la puerta permanece cerrada, tanto más fuerte la oración hace sonar el llamador; y cuanto más tiempo demora el ángel, tanto más resuelta ella está a no dejarlo ir, sin que le dé la bendición. Hermosa es en los ojos de Dios la importunidad que llora, que agoniza y que vence. Orar por el Espíritu es orar con humildad, pues el Espíritu Santo nunca nos hincha con orgullo. Su misión es convencer de pecado y así humillarnos en contrición y quebrantamiento de espíritu. Nunca cantaremos “Gloria in excelsis” hasta que no oremos a Dios “De profundis”. Debemos clamar de lo profundo, de lo contrario nunca contemplaremos la gloria en toda su magnitud. Orar por el Espíritu es orar con amor; amor a nuestros hermanos y amor a Cristo. Además la oración debe ser hecha con fe. El hombre sólo prevalece cuando cree. El Espíritu Santo es el autor de la fe, y es quien la alienta para que oremos creyendo en la promesa de Dios. ¡Oh, que esta feliz combinación de excelentes gracias, inapreciables y olorosas como las especias de los mercaderes, pueda ser fragante en nosotros por el Espíritu Santo que está en nuestros corazones! ¡Oh!, muy bendito Consolador, ejerce tu irresistible poder en nosotros ayudando nuestras flaquezas en la oración.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 7 de octubre de 2016

Orando por un hijo rebelde - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 7

“Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?” Isaías 36:5.

LECTOR, es esta una pregunta importante. Escucha la respuesta del cristiano y mira si es tu respuesta. “¿En quién confías?” “Yo confío”, dice el cristiano, “en un Dios trino”. Confío en el Padre, creyendo que él me ha elegido antes de la fundación del mundo. Confío en él para que, en su providencia, me provea lo necesario, para que me enseñe, para que me guíe, para que me corrija, si fuere necesario, y para que me lleve a su casa, donde hay muchas moradas. Confío en el Hijo. El hombre Jesucristo es verdadero Dios de verdadero Dios. Confío en él para que quite todos mis pecados por su sacrificio, y para que me adorne con su perfecta justicia. Confío en él para que sea mi intercesor, para que presente delante del trono de su Padre mis oraciones y deseos. Confío en él para que sea mi Abogado en el último gran día, para que defienda mi causa y me justifique. Confío en él por lo que ha hecho y por lo que ha prometido hacer. Y confío en el Espíritu Santo. El empezó a librarme de mi pecado innato. Confío en él para que los quite todos. Confío en él para que domine mi temperamento, para que someta mi voluntad, para que ilumine mi entendimiento, para que reprima mis pasiones, para que me anime en los desalientos, para que me ayude en mis debilidades, y para que alumbre mis tinieblas. Confío en él para que habite en mí, como mi vida; para que reine en mí, como mi Rey; para que me santifique completamente: espíritu, alma y cuerpo y, después, me lleve para habitar para siempre con los santos en luz.
¡Oh!, bendita confianza. Confiar en él, cuyo poder nunca quedará exhausto, cuyo amor nunca menguará, cuya bondad nunca cambiará, cuya fidelidad nunca fallará, cuya sabiduría nunca será confundida y cuyo favor nunca disminuirá. ¡Feliz eres tú, lector, si es esta tu confianza! Confiando así, gozarás de dulce paz ahora y de la gloria después, y el fundamento de tu confianza nunca será removido.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 6 de octubre de 2016

Amando a un hijo pródigo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 6

“El había tomado mujer etíope”. Números 12:1.

EXTRAÑA es esta elección de Moisés, pero ¡cuánto más extraña es la elección del que es un profeta igual a Moisés y aun mayor que él! Nuestro Señor, que es hermoso como el lirio, se ha unido en matrimonio con una que se declara morena porque el sol la ha mirado. Admira a los ángeles el que Jesús ame a seres pobres, perdidos y pecadores. Cada creyente, al conocer bien el amor de Jesús, debe sentirse profundamente admirado de que ese amor se le prodigue a sujetos que son tan enteramente indignos de él. Conociendo, como conocemos, nuestra vergonzosa maldad, infidelidad y negrura de corazón, nos deshacemos en agradecida admiración por la incomparable libertad y soberanía de la gracia. Jesús debe de haber hallado en su propio corazón el motivo de su amor; no podría haberlo hallado en nosotros, pues no está allí. Aún después de nuestra conversión hemos sido morenos, aunque la gracia nos hizo aceptables. El santo de Rutherford dijo de sí mismo algo que cada uno de nosotros debiéramos firmar: “La relación entre Cristo y yo consiste en que yo soy enfermo y él es el Médico, de quien tengo necesidad. ¡Ay!, cuántas veces estoy con Cristo al tira y afloja. El ata y yo suelto; él edifica y yo derribo; yo alterco con él y él se aviene conmigo veinte veces por día”. ¡Tiernísimo y fiel Esposo de nuestras almas, prosigue la bondadosa obra de conformarnos a tu imagen, hasta que nosotros, pobres etíopes, seamos presentados a ti, sin mancha, sin arruga ni cosa semejante! Moisés encontró oposición cuando contrajo enlace, y tanto él como su esposa fueron objeto de torvas miradas. ¿Vamos a admirarnos, pues, de que este mundo vano se oponga a Jesús y a su esposa, especialmente cuando se convierten los grandes pecadores? Porque la base de la objeción del fariseo es siempre la misma: “Este hombre a los pecadores recibe”. La antigua causa de la querella aún se renueva: “Porque había tomado mujer etíope”.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cuando un hijo dice, “Soy homosexual” - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Ángela Yuan se reunió con su hijo un día y escuchó las palabras: 

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Octubre 5, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 5

“El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Marcos 16:16.

EL Sr. Macdonald preguntó a los habitantes de la isla de Santa Kilda cómo puede uno llegar a ser salvo. Un anciano contestó: “Arrepintiéndose, abandonando el pecado y convirtiéndose a Dios”. “Sí”, dijo una mujer que había llegado a la madurez, “pero haciendo eso con sincero corazón”. “Sí”, añadió un tercero, “pero no olvidándose de la oración”. Un cuarto añadió: “Pero esa oración debe ser de corazón”. Un quinto dijo, por fin: “Sí, pero también debemos ser diligentes en guardar sus mandamientos”. Habiendo dado cada uno su parecer y pensando que habían compuesto un credo muy razonable, esperaban la aprobación del predicador, pero, en cambio, este se mostró más bien triste. Vemos en estas contestaciones cómo la mente carnal traza para sí un camino en el cual el “yo” pueda obrar y llegar a ser grande, pero el camino del Señor es muy distinto. Creer y ser bautizado no son asuntos de mérito para que nos gloriemos en ellos; son más bien dos actos tan sencillos que excluyen toda jactancia, y, de esa forma, la libre gracia lleva la palma. Puede ser que el lector no sea salvo aún. ¿Cuál es el motivo? ¿Crees que el camino de salvación como lo presenta nuestro texto es dudoso? ¿Cómo puede serlo cuando Dios ha empeñado su palabra en cuanto a su certidumbre? ¿Piensas que ese camino es demasiado fácil? ¿Por qué entonces no lo sigues? Su facilidad deja sin excusa a los que lo descuidan. Creer es simplemente confiar, depender, descansar en Cristo Jesús. Ser bautizado es someterse al rito al que se sometió el Señor en el Jordán, al cual se sometieron también los convertidos en Pentecostés y al que el carcelero obedeció la misma noche de su conversión. Los signos exteriores no salvan, pero simbolizan nuestra muerte, entierro y resurrección con Jesús y, como la Cena del Señor, no deben ser descuidados. Lector, ¿crees en Jesús? Entonces, querido amigo, desecha tus temores; tú serás salvo. ¿Eres aún un incrédulo? Entonces recuerda que hay sólo una puerta, y si no entras por ella perecerás en tus pecados.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 4 de octubre de 2016

Animando la Iglesia  | Aviva Nuestros Corazones

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 4

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2:1.

“SI alguno hubiere pecado, abogado tenemos”. Sí, aunque pequemos, aún lo tenemos a él. Juan no dice: “Si alguno hubiere pecado perdió el derecho de tener abogado”, sino “abogado tenemos”, aunque seamos pecadores. Todos los pecados que cometió el creyente o que pueda cometer no pueden destruir el vínculo que lo une al Señor Jesucristo como su abogado. El nombre que se le da aquí a nuestro Señor es sugestivo: “Jesús”. ¡Ah!, entonces es él un abogado de la categoría que nosotros necesitamos, pues Jesús es el nombre de uno cuyo cometido y placer es salvar. Dijo el ángel: “Llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Su nombre más dulce denota el éxito que él tendría. Luego, tenemos “Jesús Cristo”, del griego “Xristos”, ungido. Esto indica su autoridad para interceder, pues él es el abogado designado y el sacerdote elegido por Dios. Si hubiera sido elegido por nosotros podría fracasar; pero si es Dios quien nos ofrece ayuda en la poderosa persona de Cristo, entonces llevemos a él nuestras cuitas sin vacilar. El es el Cristo y, por lo mismo, está calificado para cumplir su obra, pues la unción lo ha preparado perfectamente. El puede rogar como para conmover el corazón de Dios y prevalecer. ¡Qué palabras de ternura, qué frases persuasivas emplea el Ungido cuando se presenta para interceder por mí! Hay otra palabra de su nombre que debemos considerar: “Jesús Cristo, el Justo”. Este término no sólo describe su carácter, sino presenta su alegato. Su carácter es justo, y si mi abogado es el Justo, entonces mi causa es buna; de lo contrario no la hubiera defendido. Su alegato también es justo; pues él rebate la acusación que se le hace de injusto con el alegato de que él es justo. El que se presenta como mi sustituto y pone en mi cuenta su obediencia. Alma mía, tienes un amigo que reúne todas las condiciones para ser tu abogado. El, sin duda, tendrá buen éxito. Confíate por completo en sus manos.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 3 de octubre de 2016

Abraza el  quebrantamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Cuando surgen problemas en tu iglesia, es una oportunidad para el crecimiento.

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Octubre 3, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 3

“El mismo padeció siendo tentado”. Hebreos 2:18.

“JESÚS fue tentado como yo” es una expresión bien conocida, pero, sin embargo, sabe a néctar al corazón fatigado. Tú has oído esta verdad muchas veces, pero, ¿la has comprendido? Jesús fue tentado por los mismos pecados que a nosotros nos hacen caer. No separemos a Jesús de nuestra común naturaleza humana. Tú estás atravesando ahora un cuarto oscuro, pero Jesús lo atravesó antes que tú. Tú estás empeñado en una dura lid, pero Jesús tuvo que hacer frente al mismo enemigo. Estemos de buen ánimo; Cristo llevó la carga antes que nosotros y las pisadas del Rey de gloria, manchadas de sangre, pueden verse a lo largo del camino que nosotros atravesamos en este momento. Hay algo aún más agradable: Jesús fue tentado, pero nunca pecó. Por consiguiente, alma mía, no es preciso que tú peques, porque Jesús fue hombre, y si un hombre sufrió esas tentaciones y no pecó, entonces, con su poder, los miembros pueden también dejar de pecar. Algunos que se inician en la vida divina piensan que no pueden ser tentados sin pecar, pero se equivocan. No es pecado ser tentado, sino caer en la tentación. Aquí hay aliento para los que son terriblemente tentados. Hay aún más motivo para animarlos si consideran que el Señor Jesús, aunque fue tentado, triunfó gloriosamente; y, como él venció, así también vencerán sus seguidores, pues Jesús es el representante de su pueblo. La Cabeza ha triunfado y los miembros comparten la victoria. Los temores son innecesarios, pues Cristo está con nosotros, armado, para defendernos. Nuestro lugar de seguridad es el pecho del Salvador. Quizás ahora mismo estemos bajo tentación con el fin de ser llevados más cerca de él. ¡Bendito sea cualquier viento que nos lleve al puerto del amor de nuestro Salvador! ¡Felices las heridas que nos hicieron buscar a nuestro amado Médico! ¡Oh!, vosotros los que sois tentados, acercaos a vuestro tentado Salvador, pues él puede compadecerse de vuestras flaquezas y socorrerá a todo el que esté probado.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 2 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 2

“Varón muy amado”. Daniel 10:11.

HIJO de Dios, ¿vacilas en apropiarte de este título? ¡Ah!, ¿tu incredulidad te ha hecho olvidar que tú también eres muy amado? ¿Puedes pensar que no has sido muy amado cuando la Palabra de Dios dice que fuiste comprado con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación? Cuando Dios hirió por ti a su Unigénito Hijo, ¿no demostró con eso que para él tú eras muy amado? Dios fue contigo muy paciente cuando vivías en el pecado y te desenfrenaste en él. ¿No demuestra esto que le eras muy amado? Tú fuiste llamado por gracia, conducido al Salvador y hecho hijo de Dios y heredero del cielo. ¿No prueba todo esto un amor grande y superabundante? Cuando, desde este tiempo, tus senderos se presentaron escabrosos por las dificultades y llanos por las mercedes, ¿no hubo también allí muchas pruebas de que eras “un varón muy amado”? Si el Señor te ha castigado, no lo ha hecho con ira. Si te ha hecho pobre, en cambio, en gracia te hizo rico. Cuanto más indigno te sientas más evidencias tendrás de que nada sino amor inefable pudo haberte guiado al Señor Jesús para que salvara un alma como la tuya. Cuanto más carente de méritos te sientas más clara te será la manifestación del inmenso amor de Dios al elegirte, al llamarte y al hacerte heredero de felicidad. Ahora bien, si existe tal amor entre Dios y nosotros, vivamos bajo el influjo y bondad de él, y usemos el privilegio que nos concede esa posición. No nos acerquemos al Señor como si fuéramos extranjeros o como si él no deseara oírnos, pues nosotros somos muy amados por nuestro amante Padre. “El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”. Ven confiadamente, oh creyente, pues a pesar de los susurros de Satanás y de las dudas de tu corazón, tú eres “muy amado”. Medita esta noche en la grandeza y en la fidelidad del amor divino y acuéstate en paz.

Charles Haddon Spurgeon.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 1

“Es el tiempo de buscar a Jehová”. Oseas 10:12.

ESTE mes empiezan a abrirse los brotes y pimpollos de todas las flores, pues hemos llegado, en el curso del año, a la estación de las flores. Amado lector, si aún no tienes el gozo de ser salvo, procura que tu corazón, en armonía con la naturaleza, se abra para recibir al Señor. Que cada pimpollo que florezca este año sea para ti una advertencia de que ha llegado el tiempo de buscar al Señor. No vivas desentonado con la naturaleza; haz que de tu corazón broten santos deseos. ¿Me dices que en tus venas bulle la sangre ardiente de la juventud? Entonces te suplico que consagres tus energías juveniles para servir al Señor. Yo me he sentido indeciblemente feliz por haber sido llamado en los primeros años de mi vida, y por eso alabo gustosamente al Señor todos los días. La salvación es inapreciable, cualquiera sea la edad en que la recibimos, pero ¡oh!, una salvación temprana tiene en sí doble valor. Jóvenes de ambos sexos, puesto que podéis perecer antes de llegar a la madurez, os anuncio que ha llegado para vosotros el tiempo de buscar al Señor. Y vosotros que sentís los primeros síntomas de decadencia, apresurad vuestros pasos; esa tos seca, aquel color amarillo son avisos con los cuales no debéis jugar. Para vosotros, pues, especialmente, ha llegado el tiempo de buscar al Señor. Observo que vuestros cabellos, una vez tan hermosos, se están encaneciendo. Tened presente que los años corren apresuradamente, y que la muerte se acerca con celeridad. Amado lector, si tu edad es avanzada te ruego y te imploro que no demores más. El día de la gracia aun no ha terminado para ti; muéstrate agradecido, pero no olvides que su duración es muy limitada. En el principio de esta primavera te hablo por medio de esta página en la mejor forma posible; y, como siervo de Dios, pongo delante de ti, desde lo más íntimo de mi alma, esta exhortación: Ha llegado el tiempo de buscar al Señor. No menosprecies esta amonestación, pues podría ser el último llamamiento que se te dirige para huir de la destrucción, las últimas sílabas de los labios de la gracia.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Dios te sostendrá - Nancy DeMoss de Wolgemuth

La Debilidad es el Camino. J.I. Packer.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 30

“Mejor es perro vivo que león muerto”. Eclesiastés 9:4.

LA vida es cosa preciosa y, aun en sus formas más humildes, es superior a la muerte. Esta verdad es eminentemente cierta en las cosas espirituales. Es mejor ser el último en el reino de los cielos que el más grande fuera de él. El más insignificante grado de gracia es superior al más notable desarrollo de la naturaleza irregenerada. El alma en la que el Espíritu Santo injerta la vida divina tiene un precioso depósito que ninguno de los refinamientos de la cultura puede igualar. El ladrón que está en la cruz aventaja al César que está en el trono. Lázaro, que está entre los perros, es mejor que Cicerón, que está en medio de los senadores, y el cristiano más iletrado es en la presencia de Dios superior a Platón. La vida es la divisa de la nobleza en los dominios de las cosas espirituales y los hombres que no la poseen sólo son ejemplares más ordinarios o más finos del mismo material sin vida que necesita ser vivificado, pues está muerto en delitos y pecados. Un sermón evangélico, lleno de vida y de amor, aunque sea pobre de ideas y tosco de estilo es, sin embargo, mejor que un discurso muy erudito pero carente de unción y de poder. Un perro vivo vigila mejor que un león muerto y es más útil a su dueño. Así también el más pobre predicador espiritual debe ser mucho más preferido que el elocuente orador que no tiene sabiduría sino palabras, ni tiene poder sino sonidos. Lo mismo acontece con nuestras oraciones y otros ejercicios religiosos. Si, al practicarlos, somos vivificados por el Espíritu Santo, entonces estos son aceptos a Dios por Jesucristo, aunque nosotros los consideremos inútiles. En cambio, nuestros grandes actos, en los que nuestro corazón está ausente, son en la presencia del Dios viviente como los leones muertos, mera carroña. Dios nos dé gemidos, suspiros y ansias vivientes más bien que cantos sin vida y calma mortal. Cualquier cosa es mejor que la muerte. Los ladridos del perro del infierno nos mantendrán al fin despiertos, pero, ¿qué maldición mayor puede un hombre tener que una fe muerta y un testimonio sin vida? ¡Vivifícanos, vivifícanos, Señor!

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Dos horas y media de paz - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 29

“Hallé luego al que mi alma ama; trabé de él y no lo dejé”. Cantares 3:4.

¿NOS recibe Cristo cuando nos acercamos a él, no obstante toda nuestra pecaminosidad? ¿Nunca nos reprende él por haber probado primero todos los otros refugios? ¿Hay en la tierra alguno como él? ¿Es él el mejor entre todos los buenos y el más bello entre todos los hermosos? ¡Oh!, entonces alabémoslo. Hijas de Jerusalén, ensalzadlo con adufe y arpa. ¡Abajo con los ídolos! ¡Arriba con el Señor Jesús! Dejemos que los estandartes de pompa y orgullo sean hollados bajo los pies, pero que la cruz de Jesús, que el mundo burla y escarnece, sea levantada en alto. ¡Oh!, si tuviésemos un trono de marfil para nuestro Rey Salomón. Quiero que Jesús se siente en alto para siempre y que mi alma, en cambio, se siente en un escabel y bese sus pies y los lave con mis lágrimas. ¡Oh!, cuán precioso es Cristo. ¿Cómo puede ser que yo piense tan poco en él? ¿Cómo puedo yo alejarme en busca de gozo o de consuelo cuando él tiene tanta abundancia, es tan rico y tanto satisface? Compañero creyente, haz un pacto con tu corazón en el sentido de que nunca te apartarás de él, y, después, pide a tu Señor que lo ratifique. Pídele que te ponga en su dedo como un anillo y en su brazo como un brazalete. Pídele que te ciña a él así como la desposada se atavía con ornamentos y como el novio se pone sus joyas. Yo quisiera vivir en el corazón de Cristo. Mi alma quiere habitar eternamente en las hendiduras de aquella roca. “Aun el gorrión halla casa y la golondrina nido para sí donde ponga sus pollos en tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío y Dios mío”. Yo también quisiera hacer mi nido, mi casa, en ti, para que el alma de tu tórtola nunca más se aleje de ti, sino que haga su nido cerca de ti, oh Jesús, verdadero y único descanso mío.
Gloria, gloria, aleluya
Gloria, gloria a Jesús;
El me salva y me guarda;
¡Gloria, gloria a Jesús!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Curitas en el corazón - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 28

“Vuelve siete veces”. 1 Reyes 18:43.

CUANDO el Señor lo ha prometido el buen éxito está asegurado. No es posible que el Señor no oiga el ansioso clamor de su pueblo por algo que atañe a su gloria, aunque este haya suplicado mes tras mes sin recibir respuesta. El profeta continuaba luchando con Dios sobre la cumbre del Carmelo y nunca, ni por un momento, temió que en la Corte de Jehová le fuese denegada la petición. Seis veces volvió el siervo de Elías, pero en ninguna de ellas le fueron dichas otras palabras más que estas: “Vuelve otra vez”. No debemos vacilar en incredulidad sino aferrarnos a nuestra fe hasta setenta veces siete. La fe envía una expectante esperanza para que mire desde la cumbre del Carmelo, y si no se ve nada, la envía otra vez y otra vez. Lejos de amilanarse por los frecuentes chascos la fe se siente animada a interceder más fervientemente en la presencia de Dios. Se humilla, pero no se avergüenza. Sus gemidos son más profundos y sus suspiros más vehementes, pero la fe no afloja. A la carne y a la sangre le sería agradable conseguir una pronta respuesta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas y a considerar un bien el esperar al Señor como también en el Señor. Las respuestas demoradas hacen, a menudo, que el corazón se escudriñe a sí mismo y sea conducido a la contrición y a la reforma espiritual. De esta manera los golpes mortales caen sobre nuestra maldad y “las cámaras de las imágenes” son purificadas. El gran peligro es que los hombres desmayen y pierdan la bendición. Lector, no caigas en este pecado, sino sigue orando y velando. Por fin, la pequeña nube apareció como segura precursora de abundantes lluvias. Así acontecerá contigo: la “señal para bien”, sin duda, te será dada y tú te levantarás como un príncipe que prevalece para gozar de la gracia que has demandado. Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros. Su poder para con Dios no residía en sus méritos. Si la oración de fe le fue de tanta ayuda, ¿por qué no lo han de ser para ti las tuyas? Invoca la preciosa sangre con incesante importunidad y será hecho contigo como quieres.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 27 de septiembre de 2016

Dios llama a todo tipo de madres - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 27

“Mi amado metió su mano por el agujero de la puerta y mis entrañas se conmovieron dentro de mí”. Cantares 5:4.

NO era suficiente golpear, pues mi corazón estaba cargado de sueño y, además, muy frío y desagradecido como para levantarse y abrir la puerta, pero el toque de su eficiente gracia ha hecho que mi alma se moviese. ¡Oh!, la paciencia demostrada por mi Amado, quien a pesar de haberse hallado cerrado fuera, permaneció a la puerta mientras yo dormía en el lecho de la pereza. ¡Oh!, la grandeza de su paciencia, al golpear una y otra vez, rogándome que le abriera. ¡Cómo podía yo desairarlo! ¡Vil corazón, sonrójate y confúndete! Pero la mayor de todas las demostraciones de su amor se evidenció en esto: que él mismo haya sido su propio portero y quitase con sus propias manos la tranca de la puerta. ¡Tres veces bendita sea la mano que condesciende a levantar la aldaba y a dar vuelta la llave! Ahora veo que nada sino el poder de mi Señor puede salvar a una perversa masa de maldad como soy yo. Los ritos fallan y aun el Evangelio no tiene efecto sobre mí hasta que la mano de mi Señor abra. Ahora veo también que su mano es buena donde todas las otras cosas no tienen éxito. El puede abrir cuando ninguna otra cosa lo haría. ¡Bendito sea su nombre!, siento aún ahora su bondadosa presencia. Bien pueden mis entrañas conmoverse por él, cuando pienso en todo lo que él sufrió por mí y también cuando pienso en mi mezquina retribución. Yo he permitido que mis afectos se extraviaran; he erigido rivales. ¡Oh!, el más bello y querido de los amados, yo te he tratado como trata a su marido una infiel esposa. ¡Oh!, mis crueles pecados; mi cruel egoísmo. ¿Qué puedo hacer? Las lágrimas son pobres para mostrar mi arrepentimiento; todo mi corazón bulle con indignación contra mí mismo. ¡Infeliz de mí, que traté a mi Señor, mi Todo en todo, mi muy grande gozo, como si fuera un extranjero! Jesús, tú perdonas sin reservas, pero esto no es suficiente. Impide que vuelva a serte infiel. Enjuga estas lágrimas con un beso y, después, limpia mi corazón y átalo a ti con siete cuerdas para que nunca más se extravíe.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA UNIÓN CON CRISTO - Pr. Samuel Masters

Perspectiva del sufrimiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 26

“Aúlla, oh haya, porque el cedro cayó”. Zacarías 11:2.

CUANDO en la selva se oye el estrépito del roble que cae es señal de que el leñador está allí. En esa circunstancia bien puede temblar cada uno de los árboles del bosque por el temor que, al día siguiente, la filosa hacha del bosque lo sorprenda también a él. Todos nosotros somos como árboles destinados al hacha, y la caída de uno debe recordarnos que para todos (ya sea grande como el cedro o humilde como el haya) la señalada hora se acerca apresuradamente sin previo aviso. Creo que por oír hablar frecuentemente de la muerte no nos haremos insensibles a ella. No seamos como los pájaros del campanario, que hacen sus nidos cuando las campanas están tañendo y duermen tranquilamente cuando los repiques de la solemne ceremonia llenan el ambiente de recogimiento. Consideremos a la muerte como el más serio de todos los acontecimientos y encaremos su aproximación con toda cordura. No nos conviene bromear cuando nuestro eterno destino pende de un hilo. La espada está fuera de la vaina; no juguemos, pues. Su hoja está acicalada y es muy filosa; no bromees, pues. El que no se prepara para la muerte es más que un vulgar insensato; es un demente. Cuando la voz de Dios se haga sentir entre los árboles del jardín, que tanto la higuera como el sicomoro, la haya como el cedro se apresten a oírla. Procura estar preparado, siervo de Cristo, porque tu Señor viene de repente, en el momento cuando el mundo impío menos lo espera. Esfuérzate por ser fiel en su obra, porque tu sepulcro pronto será cavado. Aparejaos, padres; procurad que vuestros hijos sean criados en el amor a Dios, pues pronto pueden quedar huérfanos. Preparaos, comerciantes; cuidad que vuestros negocios sean honrados y que sirváis a Dios con todo vuestro corazón, pues los días de vuestro servicio terrenal pronto terminarán y vosotros seréis llamados a dar cuenta de lo que habéis hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo. Dios quiera que todos nos preparemos para comparecer ante el tribunal del gran Rey con un cuidado que será recompensado con esta recomendación llena de gracia: “Bien, buen siervo y fiel”.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 25

“El cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría”. 1 Corintios 1:30.

EL intelecto del hombre va en busca de tranquilidad, pero, por naturaleza, la busca lejos del Señor Jesucristo. Los hombres de ilustración, aun cuando sean convertidos, están propensos a considerar, con poca reverencia y afecto, la sencillez de la cruz de Cristo. Están enredados en la antigua red en la cual fueron atrapados los griegos y evidencian un marcado antojo por mezclar la Filosofía con la Revelación. El hombre de refinada cultura y de elevada ilustración tiene la tentación de apartarse de la sencilla verdad de Cristo y de idear, como lo dice el término, una doctrina más intelectual. Esto condujo al gnosticismo a las primitivas iglesias cristianas y las embelesó con toda suerte de herejías. Aquí tenemos la raíz de la Neología y de las otras bellas cosas que en días pasados estaban tan de moda en Alemania y que ahora están entrampando a cierta clase de teólogos. Quienquiera seas, buen lector, y cualquiera sea tu preparación, ten por cierto que si eres del Señor, no hallarás ninguna tranquilidad en la teología filosófica. Puedes recibir este dogma de un gran pensador o ese desvarío de otro profundo razonador, pero lo que la paja es al trigo, así serán esas cosas al lado de la pura palabra de Dios. Todo lo que esa razón, cuando está muy bien guiada, puede resolver es sólo el abecé de la verdad y, aun en eso, carece de certidumbre, mientras que en Cristo “están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento”. Toda tentativa de parte de los cristianos de quedar satisfechos con sistemas que merezcan la aprobación de los Unitarios y de los de la Iglesia Liberal, tiene que fracasar. Los genuinos herederos del cielo tienen que volver a la muy sencilla realidad que hace brillar de gozo el ojo del gañán y alegra el corazón del pobre piadoso. “Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores”. Cuando es recibido con fe, Jesús satisface el intelecto más preparado. Pero fuera de él, la mente del regenerado no halla tranquilidad. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Buen entendimiento tienen cuantos ponen aquellos por obra”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 24 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 24

“Yo dormía, pero mi corazón velaba”. Cantares 5:2.

LAS paradojas abundan en la vida cristiana. He aquí una de ellas: la esposa dormía y, sin embargo, velaba. Sólo puede declarar el enigma del creyente el que ha arado con la novilla de su experiencia. Los dos puntos del texto de esta noche son los siguientes: una deplorable somnolencia y un insomnio lleno de esperanza. Yo dormía. A causa del pecado que está en nosotros nos volvemos flojos en nuestros santos deberes, indolentes en nuestros ejercicios religiosos, apáticos en nuestros goces espirituales y enteramente negligentes y descuidados. Esto es vergonzoso para uno en quien habita el vivificante Espíritu, y es, además, muy peligroso. Hasta las vírgenes prudentes cabecean algunas veces. Ya es hora de quitarnos las vendas de la pereza. Es de temer que muchos creyentes pierdan su fuerza mientras duermen en el regazo de la seguridad carnal, como Sansón perdió sus guedejas. Es cruel dormir, teniendo en derredor nuestro un mundo que perece; y es una locura seguir durmiendo, estando tan cerca la eternidad. Sin embargo, ninguno de nosotros está tan despierto como debiera. Algunos truenos nos harían mucho bien y, probablemente, si no nos movemos pronto, los tengamos en forma de guerra, de pestilencias, de desgracias y de pérdidas personales. ¡Oh si dejásemos para siempre el lecho del ocio carnal y saliéramos con lámparas encendidas a recibir al Esposo que viene! Mi corazón velaba. Este es un signo promisorio. La vida, aunque está lastimosamente asfixiada, no se ha extinguido. Cuando nuestro renovado corazón lucha contra nuestra natural languidez, debiéramos estar agradecidos a la gracia soberana que mantiene dentro del “cuerpo de esta muerte” un poco de vitalidad. Jesús oirá a nuestros corazones, ayudará a nuestros corazones, visitará nuestros corazones; porque la voz del corazón vigilante es, en realidad, la voz de nuestro Amado que dice: “Ábreme”. Un celo santo quitará, sin duda, las trancas de la puerta.

Charles Haddon Spurgeon.