Versículo para hoy:

jueves, 15 de septiembre de 2016

Cuando sea perfecta, entonces lo fastidiaré - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 15

“El pueblo a él cercano”. Salmo 148:14.


LA dispensación del antiguo pacto era la dispensación de la distancia. Cuando Dios apareció a su siervo Moisés, le dijo: “No te llegues acá; quita tus zapatos de tus pies”. Y cuando en el monte Sinaí se manifestó a su elegido y separado pueblo, uno de los primeros mandamientos que dio fue este: “Señalarás término al pueblo en derredor del monte”. Tanto en el culto del tabernáculo como en el del templo, la idea de la distancia era siempre prominente. El vulgo no entraba ni aun en el atrio exterior. En el atrio interior sólo los sacerdotes podían atreverse a entrar, mientras que en el lugar más secreto, o en el Lugar Santísimo, entraba sólo el Sumo sacerdote una vez por año. Era como si el Señor quisiera enseñar a los hombres, en esas primitivas edades, que el pecado le era tan enteramente repugnante que tenía que tratarlos como si fueran leprosos, echándolos del campamento. Y aunque se acercó a ellos, les hizo, sin embargo, sentir la extensión de la separación entre él, como Dios Santo, y ellos, como impuros pecadores. Cuando se empezó a predicar el Evangelio fuimos colocados en una base muy distinta. La palabra “alejaos” fue reemplazada por “acercaos”. La distancia dio lugar a la proximidad y los que en otro tiempo estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. La Deidad encarnada no tiene en derredor suyo ninguna muralla de fuego. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar” fue la jubilosa proclama de Dios en los días de su carne. Ahora él no enseña al leproso colocándolo a cierta distancia, sino sufre en sí mismo el castigo de la corrupción del leproso. ¡Qué posición de seguridad y de privilegio significa ser hechos cercanos a Dios por medio de Jesús! ¿Conoces esto por experiencia? Si lo conoces, ¿estás viviendo en el poder de esa posición? Maravilloso es vivir aquí cerca de Dios; sin embargo, esta dispensación ha de ser seguida por otra de una comunión aun más íntima en el día cuando se diga: “El tabernáculo de Dios con los hombres y morará con ellos”. ¡Oh, Señor, apresura ese día!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Por qué Jesús modeló la sumisión - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿No es maravilloso que Dios pueda lidiar con nuestras fallas?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 14, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 14

“Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Salmo 32:5.

EL dolor de David por su pecado fue amargo. Sus efectos se hicieron visibles en su cuerpo. “Sus huesos se envejecieron”. “Se volvió su verdor en sequedad de estío”. David no pudo hallar ningún remedio hasta que hizo una completa confesión delante del trono de la gracia celestial. El nos dice que por un tiempo estuvo callado y su corazón se llenó más y más de dolor. Como un pequeño lago entre montañas cuya salida está bloqueada, así su alma estaba llena de torrentes de aflicción. David buscó excusas, se esforzó en desviar sus pensamientos, pero todo fue en vano. Como una llaga que se ulcera, su dolor se agravó, y como él no quería usar la lanceta de la confesión, su espíritu se atormentó aun más y no halló descanso. Al fin, llegó a la conclusión de que tenía que volver a Dios en humilde arrepentimiento o morir irremediablemente. Fue, pues, en seguida al propiciatorio y allí desenrolló el rollo de sus iniquidades delante de Dios, que todo lo ve, confesando todo su mal con palabras como las del Salmo 51 y otros salmos penitenciales. Una vez hecho esto (acto sencillo y, sin embargo, tan dificultoso para el orgullo) recibió en seguida el perdón divino. Los huesos que habían sido abatidos se recrearon y David salió de su encierro para cantar las bienaventuranzas del hombre cuyas iniquidades fueron perdonadas. ¡Mira el valor de una confesión de pecados obrada por la gracia! Esa confesión debe ser muy estimada, pues en todos los casos donde hay una genuina confesión, el perdón es libremente otorgado; no porque el arrepentimiento y la confesión merezcan perdón, sino por causa de Cristo. ¡Bendito sea Dios, siempre hay cura para un corazón quebrantado! La fuente siempre está fluyendo para limpiarnos de nuestros pecados. En verdad, oh Señor, tú eres un Dios “pronto a perdonar”. En consecuencia, nosotros confesamos nuestros pecados.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 13 de septiembre de 2016

Segura, fuerte y sumisa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Se necesita ser una mujer fuerte para someterse.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 13, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 13

“Este a los pecadores recibe”. Lucas 15:2.

OBSERVA la condescendencia que hay aquí. “Este”, Jesús, que se eleva sobre todos los hombres como santo, inocente, limpio y apartado de pecadores, recibe a los pecadores. Este Hombre, que no es sino el eterno Dios, ante quien los ángeles cubren sus rostros, recibe a los pecadores. Se necesita la lengua de un ángel para describir tan portentosa condescendencia de amor. Que alguno de nosotros se muestre dispuesto a buscar a los perdidos no tiene nada de admirable, pues estos son nuestros semejantes; pero que él, el ofendido Dios, contra quien se cometió la transgresión tome forma de siervo, lleve el pecado de muchos y se muestre dispuesto a recibir al más vil de los viles, eso es portentoso.
“Este a los pecadores recibe”. No, sin embargo, para que permanezcan pecadores, sino para perdonar sus pecados, justificar sus personas, limpiar sus corazones con su santificadora palabra, preservar sus almas con la morada del Espíritu Santo y permitirles que lo sirvan, haciendo públicas sus alabanzas y teniendo comunión con él. Jesús recibe a los pecadores con el amor de su corazón; los saca del estercolero y los lleva como joyas en su corona; los arrebata del fuego como tizones y los guarda como costosos monumentos de su gracia. En la presencia de Jesús, nada es más precioso que los pecadores por quienes él murió. Cuando Jesús recibe a los pecadores no los recibe en la puerta de la calle, ni los admite por caridad en un lugar improvisado como se hace con los mendigos que están de paso, sino abre las puertas de oro de su regio corazón y recibe él mismo al pecador; sí, admite al humilde penitente a una unión íntima y personal y los transforma en miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. ¡Nunca hubo una recepción como esta! Eso es aún más cierto esta noche cuando Jesús todavía recibe a los pecadores. ¡Dios quiera que los pecadores lo reciban a él!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Lo que la sumisión no significa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Nancy nos enseña lo básico—lo que la sumisión es y lo que NO es.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 12, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 12

“Misericordia y juicio cantaré”. Salmo 101:1.

LA fe triunfa en las pruebas. Cuando la razón es arrojada en la prisión de más adentro, y sus pies son apretados en el cepo, la fe hace que los muros del calabozo canten con alegres notas: “Misericordia y juicio cantaré; a ti cantaré yo, oh Jehová”. La fe arranca la negra máscara del rostro afligido y descubre al ángel que está debajo de ella. La fe ve que la nube del dolor está llena de bendiciones, las que serán derramadas sobre su cabeza. Aun en los juicios con que Dios nos juzga, hay temas para cantar. Tengamos presente, en primer lugar, que la prueba no es tan penosa como hubiera podido ser; en segundo lugar, que la aflicción no es tan grave como la merecíamos y, en tercer lugar, que la carga no es tan agotadora como la que soportan otros. La fe ve que lo mucho que sufre no lo sufre como castigo; sabe que en ese sufrimiento no hay ni una gota de la ira de Dios, sino que lo mismo le es enviado con amor. La fe descubre, sobre el airado pecho de Dios, un amor que brilla como una joya. La fe se expresa así en cuanto al dolor: “El dolor es un distintivo de honor, pues el hijo tiene que ser disciplinado”. Una vez dicho esto, canta de los preciosos resultados que le trajeron sus aflicciones, pues ellas fueron causa de su bien espiritual. Más aún: la fe dice: “Estas leves aflicciones, que son momentáneas, me obran un sobremanera alto y eterno peso de gloria”. De modo que la fe cabalga sobre el caballo negro, “venciendo y para vencer”, hollando la razón carnal y entonando notas de victoria en medio de lo más reñido del combate.
Es grato si sufrimos
En horas de ansiedad,
Saber que desde el cielo
Nos miras con piedad;
Que cuentas nuestras penas,
Que ves nuestro dolor,
Que escuchas nuestros ayes
Y envías tu favor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 11 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 11

“Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos”. Salmo 5:8.


MUY amarga es la enemistad del mundo contra el pueblo de Dios. Los hombres olvidan mil faltas de otros, pero exageran la más insignificante falta que cometen los seguidores de Jesús. En lugar de lamentarnos por esto, procuremos más bien sacar provecho, y, ya que muchos están acechando nuestras claudicaciones, procuremos andar muy cuidadosamente delante de Dios. Si vivimos negligentemente, los ojos de lince del mundo pronto nos verán y con sus centenares de lenguas esparcirán el embuste exagerado y decorado por el celo del calumniador. El mundo exclamará triunfalmente: “¡Ajá, así los quería sorprender! ¡Miren lo que hacen estos cristianos! ¡En realidad son unos hipócritas!” Obrando así, haremos mucho daño a la causa de Cristo y seremos motivo de que su Nombre sea afrentado. La cruz de Cristo es en sí misma un escándalo al mundo. Procuremos, pues, no añadir nosotros ningún otro escándalo. La cruz de Cristo es “a los judíos, tropezadero”. No pongamos, pues, más tropiezos donde ya hay más que suficiente. “A los gentiles, locura”. No añadamos, pues, nuestra insensatez para dar lugar al escarnio con que la sabiduría del mundo ridiculiza el Evangelio. ¡Cuán desconfiados deberíamos ser de nosotros mismos! ¡Cuán rigurosos con nuestras conciencias! ¡Cuán prudentes debiéramos ser en presencia de nuestros adversarios, que tergiversan nuestras mejores acciones y que, cuando no pueden hacer eso, ponen en tela de juicio nuestros móviles! Los peregrinos son mirados como sospechosos mientras atraviesan la Feria de la Vanidad. No sólo se nos vigila estrechamente, sino que tenemos en nuestro derredor más espías de lo que podemos imaginar. Ese espionaje se realiza en todas partes donde nos encontremos. Si llegamos a caer en manos de nuestros enemigos, es más probable que nos muestre bondad un lobo o compasión un demonio, que indulgencia los hombres que sazonan su incredulidad hacia Dios con escándalos contra su pueblo. ¡Oh, Señor, guíanos siempre para que nuestros enemigos no nos sorprendan en falta!

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 10 de septiembre de 2016

La fe para perdonar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 10

“Lobos de tarde”. Habacuc 1:8.

MIENTRAS preparaba el presente volumen, esta peculiar expresión vino a mi mente muy a menudo, de suerte que, para librarme de su persistente importunidad, me resolví a dedicarle una página. El lobo de la tarde, enfurecido después de un día de hambre, se mostraba más fiero y más hambriento que en la mañana. ¿No pueden los animales enfurecidos representar nuestras dudas y temores, después de un día de perturbación mental, de pérdidas en los negocios y, quizás, de ruines insultos de parte de nuestros prójimos? ¡Cómo rugen en nuestros oídos nuestros pensamientos diciendo: “¿Dónde está ahora tu Dios?”! ¡Tan voraces y tan insaciables son que devoran toda insinuación al bienestar y quedan, sin embargo, tan hambrientos como antes! Gran Pastor, mata a estos lobos de la tarde y ordena a tu rebaño que se recueste en los delicados pastos sin perturbarse por la insaciable incredulidad. ¡Cuán semejantes son los demonios del infierno a los lobos de la tarde, pues cuando el rebaño de Cristo está pasando por un día nublado y oscuro y el sol parece ponerse, ellos se apresuran a despedazar y a devorar! Difícilmente atacarán al cristiano a la luz meridiana de la fe, pero sí caerán sobre él cuando el alma esté entristecida por algún conflicto. ¡Oh tú, que diste tu vida por las ovejas, presérvalas de las garras del lobo! Los falsos maestros que astuta y diligentemente van a la caza de vidas preciosas, devorando a los hombres con sus falsedades, son tan peligrosos y detestables como los lobos de la tarde. La oscuridad es su elemento; la falsedad, su carácter, y la destrucción, su fin. Nosotros estamos más expuestos al peligro cuando esos lobos se visten con pieles de ovejas. Feliz el que se libra de ellos, pues miles fueron hechos presa de los fieros lobos que entran en el aprisco de la Iglesia. ¡Qué maravilla de la gracia cuando los fieros perseguidores se convierten, pues entonces el lobo mora con el cordero y los hombres de carácter cruel e indomable se transforman en mansos y dóciles! ¡Oh, Señor, convierte a muchos de los tales! Por ellos rogamos esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 9

“Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas”. Apocalipsis 4:4.

SE dice aquí que estos representantes de los santos están alrededor del trono. En el pasaje del Cantar de los Cantares donde Salomón canta del rey que estaba en su reclinatorio (1:12), algunos traducen así la última frase: “alrededor de la mesa”. Es por eso que algunos intérpretes, sin hacer violencia al texto (según yo pienso) han dicho: “Hay igualdad entre los santos”. Esta idea la sugiere la equidistancia de los veinticuatro ancianos. La condición de los espíritus glorificados es la proximidad a Cristo, de clara visión de su gloria, de permanente acceso a su corte y de íntima amistad con él. No hay diferencia en este particular entre un santo y otro, sino que todo el pueblo de Dios: apóstoles, mártires, ministros o humildes y olvidados cristianos, todos se sentarán cerca del trono, donde por siempre contemplarán a su exaltado Señor y se satisfarán con su amor. Todos estarán cerca de Cristo, todos se sentirán atraídos por su amor, todos comerán y beberán en la misma mesa con él, todos serán amados, sin distinción, como sus favoritos y amigos, aunque no todos serán recompensados en la misma forma como siervos suyos. Que los creyentes de la tierra imiten a los santos del cielo en la intimidad que ellos tienen con Cristo. Seamos en la tierra como son los ancianos en el cielo, que se sientan alrededor del trono. Que Cristo sea el objeto de nuestros pensamientos, el centro de nuestras vidas. ¿Cómo podemos vivir tan lejos de nuestro Amado? ¡Señor Jesús, atráenos cerca de ti mismo! Dinos: “Estad en mí y yo en vosotros”, y permítenos cantar: “Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace”.
Ni dudas ni temor tendré
Estando cerca de Jesús;
Rodeado siempre me veré
Con los fulgores de su luz.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cómo puedes recibirlo de nuevo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 8

“Y cuál la grandeza supereminente de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, la cual obró en Cristo resucitándole de los muertos y colocándole a su diestra en los cielos”.   Efesios 1:19-20.


TANTO en la resurrección de Cristo como en nuestra salvación intervino nada menos que el poder divino. ¿Qué diremos de los que piensan que la conversión es obrada solamente por el libre albedrío del hombre y que se debe a sus excelentes aptitudes? Cuando veamos que los muertos se levantan del sepulcro por su propio poder, entonces quizás, veamos a los impíos pecadores volver a Cristo por su albedrío. No es la palabra predicada o la palabra leída lo que, por sí misma, obra la conversión, sino el poder vivificador del Espíritu Santo. Ese poder es irresistible. Los soldados y los sumos sacerdotes no pudieron retener en el sepulcro el cuerpo de Cristo. La muerte misma no pudo retener a Jesús en sus ligaduras. Así es el poder que obra en el creyente cuando es levantado a una vida nueva: nadie lo puede resistir. Ni el pecado, ni la corrupción, ni los demonios del infierno, ni los pecadores de la tierra pueden detener la mano de la gracia de Dios cuando se propone convertir a un hombre. Si el Dios Omnipotente dice: “Tú serás”, el hombre no dirá: “No, no seré”. Observa que el poder que levantó a Cristo de los muertos era un poder “glorioso”, que glorificó a Dios y produjo espanto en las huestes del mal. Así Dios es muy glorificado en la conversión de cada pecador. Era ese un poder eterno. “Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más de él”. Así también nosotros, habiendo resucitado de los muertos, no retrocedamos a nuestras obras de muerte ni a nuestras antiguas corrupciones, sino vivamos para Dios. “Porque él vive, también vivimos nosotros”. “Porque muertos somos y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. “Como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”. Por fin, observa en el texto la unión de la nueva vida con Jesús. El mismo poder que resucitó a la Cabeza comunica vida a los miembros. ¡Qué bendición resucitar juntamente con Cristo!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El regreso de un corazón herido - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 7

“En la mar hay turbación; no se puede sosegar”. Jeremías 49:23.

SABEMOS poco en cuanto a qué turbación puede haber en la mar en estos momentos. Nosotros estamos seguros en nuestras tranquilas habitaciones, pero lejos, en el salado mar, la tempestad estará, quizás, segando las vidas de los hombres. ¡Oye cómo los genios de la muerte braman entre el cordaje, cómo cruje cada viga cuando las olas caen como demoledores arietes sobre la nave! ¡Dios te ayude, pobre marinero empapado y fatigado! ¡Mi oración se eleva al Señor del mar y de la tierra para que él calme la tormenta y te conduzca al deseado puerto! No sólo debo orar, debo también beneficiar a estos hombres intrépidos que constantemente arriesgan sus vidas. ¿He hecho alguna vez algo por ellos? ¿Qué puedo hacer? ¡Cuán a menudo el turbulento mar traga a los que navegan! Miles de cadáveres yacen en lo profundo donde están las perlas. Hay en el mar una turbación de muerte, que tiene su repercusión en el prolongado gemido de las viudas y de los huérfanos. La sal del mar está en muchos ojos de madres y de esposas. ¡Olas crueles, vosotras habéis devorado el amor de las mujeres y el sostén de las familias! ¡Qué resurrección habrá de los que yacen en lo profundo de la mar, cuando esta dé sus muertos! Hasta entonces, habrá turbación en la mar. La mar, como si quisiera mostrar su simpatía con los dolores de la tierra, está siempre agitándose a lo largo de mil riberas; gimiendo con un gemido lastimero, igual al de sus aves; retumbando con estrepitoso estallido de desasosiego; enfureciéndose con ruidoso disgusto; irritándose con enardecida ira y riñendo con los ruidos de diez mil guijarros. El rugido de la mar, quizás sea placentero para algún espíritu alegre, pero para el hijo del dolor, el océano es más triste que la tierra. Este no es nuestro reposo; las inquietas olas nos dicen que es así. Hay un mundo donde no habrá más mar; nuestros rostros están resueltamente puestos en él. Estamos yendo al lugar del cual el Señor nos ha hablado. Hasta entonces seguiremos echando nuestras aflicciones sobre el Señor, que anduvo sobre la mar y que hizo para su pueblo una senda a través de sus profundidades.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 6 de septiembre de 2016

12 preguntas que debes hacerte antes de ver ‘Game of Thrones’ - Pr. John Piper

Invirtiendo en la relación incorrecta - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 6

“Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis bajo la ley”. Gálatas 5:18.

EL que considera su carácter y posición desde el punto de vista legal, no sólo perderá toda esperanza cuando llegue al fin de su cálculo, sino que, si es hombre sabio, la perderá al comenzar. Pues si vamos a ser juzgados sobre la base de la ley, ninguno será justificado. ¡Cuán precioso es saber que moramos en los dominios de la gracia y no en los de la ley! Cuando pienso en mi estado delante de Dios, no pregunto: “¿Soy perfecto ante la ley?”, sino: “¿Soy perfecto en Cristo Jesús?”, lo cual es muy distinto. No necesitamos inquirir si “por naturaleza, estamos sin pecado”; debemos más bien averiguar “si hemos sido lavados en la fuente que ha sido abierta para el pecado y para la impureza”. La cuestión no es “si por mí mismo soy muy agradable a Dios”, sino “si soy acepto en el Amado”. El cristiano examina su posición desde la cumbre del Sinaí y se alarma en cuanto a su salvación. Sería mejor que leyera sus títulos a la luz del Calvario. Además dice: “Mi fe está afectada de incredulidad; no me puede salvar”. Si hubiese considerado el objeto de su fe, en lugar de la fe misma, entonces hubiera dicho: “No hay falta en Cristo; por lo tanto estoy seguro”. El tal suspira por su esperanza diciendo: “¡Ah!, mi esperanza está desfigurada y empañada por una congojosa ansiedad en cuanto a las cosas presentes, ¿cómo, pues, puedo ser acepto?” Si hubiese considerado la base de su esperanza, habría visto que la promesa de Dios permanece segura y, sean cuales fueren nuestras dudas, el juramento y la promesa nunca fallan. ¡Ah, creyente, es siempre más seguro para ti el ser guiado por el Espíritu a la libertad del Evangelio que llevar el yugo de la ley! Júzgate, más bien, en lo que Cristo es que en lo que tú eres. Satán procurará turbar tu paz, trayendo a tu memoria tus pecados e imperfecciones. Puedes hacer frente a sus acusaciones, asiéndote fielmente del Evangelio y rehusando llevar el yugo de servidumbre.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cómo vivir un día a la vez - Jean Williams

¿Qué comunica tu matrimonio? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 5

“¿Has entrado tú hasta los profundos de la mar?” Job 38:16.

ALGUNAS cosas de la naturaleza seguirán siendo enigmáticas para los investigadores más inteligentes y emprendedores. El conocimiento humano tiene límites que no es posible trasponer. Si esto es así con las cosas visibles y temporales, puedo estar seguro de que es aún más así con las cosas espirituales y eternas. ¿Por qué, pues, tengo que torturar mi mente con especulaciones en cuanto al destino y al albedrío, en cuanto a la predestinación y a la responsabilidad humana? Yo no puedo comprender estas profundas y enigmáticas verdades, como tampoco puedo descubrir “los profundos” que yacen en lo más hondo, de donde el viejo océano saca sus abundantes aguas. ¿Por qué he de ser tan curioso como para querer conocer la razón de los actos providenciales del Señor, el motivo de sus acciones y el designio de sus juicios? ¿Podré asir el sol con mi puño y sostener el universo con mi palma? Sin embargo, estas cosas son como una gota de agua, comparadas con el Señor mi Dios. Que no procure, yo, pues, entender lo infinito sino que emplee mis energías en amar. Lo que no puedo conseguir por entendimiento lo puedo poseer por el afecto y, con esto, debo quedar satisfecho. Yo no puedo penetrar en el corazón de la mar, pero puedo gozar de las brisas que pasan rápidamente por su superficie y navegar sobre sus aguas con vientos propicios. Si yo pudiese entrar en “los profundos” de la mar, esa hazaña no tendría para mí ni para otros ninguna utilidad, pues ni salvaría el barco que se está hundiendo ni devolvería el marinero ahogado a la esposa e hijos que lloran. Tampoco me serviría de algo la revelación que yo pudiese hacer de los profundos misterios, pues el más insignificante amor a Dios y el más simple acto de obediencia a él son mejores que el conocimiento más profundo. Señor mío, dejo en tus manos lo infinito y te ruego que apartes de mí cualquier afecto por el árbol de la ciencia que pueda privarme del árbol de la vida.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 4 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 4

“Balanzas justas, pesas justas, epha justo, e hin justo tendréis”. Levítico 19:36.

LAS pesas, las balanzas y las medidas tenían que estar de acuerdo con la ley de justicia. Sin duda, ningún cristiano necesita que se le recuerde esto en su negocio, pues si la justicia es desterrada del mundo que nos rodea, debe hallar asilo en los corazones creyentes. Hay, además, otras balanzas que pesan cosas morales y espirituales que necesitan ser frecuentemente examinadas. Invitaremos al juez esta noche. Las balanzas en las cuales pesamos nuestro carácter y el carácter de los otros hombres, ¿marchan bien? ¿No estamos trocando en kilos nuestros gramos de bondad y en litros los decalitros de los demás? Cristiano, mira cómo andan esas pesas y medidas. Las balanzas en las cuales pesamos nuestras pruebas y aflicciones, ¿funcionan de acuerdo con la ley? Pablo, que sufría más que nosotros, calificó de “livianas” sus aflicciones; en cambio nosotros consideramos “pesadas” las nuestras. Sin duda, algo anda mal en las balanzas. Debemos pensar en este asunto, no sea que seamos denunciados ante la corte celestial por proceder injusto. Esas balanzas con las cuales pesamos nuestras creencias doctrinales, ¿van bien? Las doctrinas de la gracia debieran tener para nosotros el mismo peso que tienen los preceptos de la Palabra, ni más ni menos; pero es de temer que en el concepto de muchos, ya un platillo de la balanza, ya el otro está injustamente cargado. Dar medida justa es, en realidad, una gran cosa. El cristiano debe en esto ser cuidadoso. Las medidas con las cuales estimamos nuestras obligaciones y responsabilidades dan la impresión de ser pequeñas. Cuando un rico no da a la causa de Cristo más de lo que contribuye un pobre, ¿es eso epha justo e hin justo? Cuando los pastores están medio muertos de hambre, ¿es ese un proceder justo? Cuando los pobres son despreciados mientras los impíos ricos son tenidos en admiración, ¿es esa una balanza justa? Lector, podríamos alargar la lista, pero preferimos ponerle punto final para descubrir y destruir todas las balanzas, las pesas y las medidas injustas.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 3 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 3

“Jehová prueba al justo”. Salmo 11:5.

TODOS los acontecimientos están bajo el gobierno de la Providencia. Por lo tanto, todas las pruebas de nuestra vida exterior se pueden atribuir en el acto a la gran Primera Causa. De las puertas de oro del mandato de Dios, los ejércitos de las pruebas marchan en orden de batalla vestidos con coraza de hierro y equipados con armas de guerra. Todos los actos de la Providencia son puertas para las pruebas. Aun nuestras mercedes, como las rosas, tienen sus espinas. Los hombres pueden ser sumergidos en mares de prosperidad como en ríos de aflicción. Para las tentaciones, nuestras montañas no son demasiado altas ni nuestros valles demasiado bajos. Las pruebas acechan en todos los caminos. Por todas partes, arriba y abajo, estamos rodeados de peligros. Sin embargo, ninguna lluvia cae de la amenazante nube, sin permiso; cada gota recibe órdenes antes de precipitarse a tierra. Las pruebas que proceden de Dios son enviadas para fortalecer nuestros dones, y para demostrar, a la vez, el poder de la gracia divina, para probar la genuinidad de nuestras virtudes y para acrecentar sus energías. Nuestro Señor en su infinita sabiduría y superabundante amor valora tanto la fe de los suyos que no impedirá las pruebas por las cuales esa fe es fortalecida. Nunca hubieras poseído la preciosa fe que ahora te sostiene, si la prueba de tu fe no hubiese sido semejante al fuego. Tú eres un árbol que nunca te hubieras arraigado tan bien si el viento no te hubiese sacudido de aquí para allá y hecho prender firmemente de las preciosas verdades del pacto de la gracia. La tranquilidad mundana es un gran enemigo para la fe; afloja las articulaciones de santo valor y rompe los músculos de sagrado coraje. El globo no se levanta hasta que las cuerdas no sean rotas. La aflicción hace esta severa obra en las almas creyentes. Mientras el trigo duerma confortablemente en la espiga no tendrá ninguna utilidad para el hombre. Antes que su valor pueda ser conocido debe ser trillado. Así es bueno que Jehová pruebe al justo, porque la prueba lo hace rico para con Dios.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cristo es Suficiente (Segunda parte) - Pastor Héctor Salcedo

Cristo es suficiente — Pastor Héctor Salcedo

Una imagen del matrimonio del tamaño de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 2

“Si no viereis señales y milagros no creeréis”. Juan 4:48.


UN síntoma del estado enfermizo de la mente del hombre en los días del Señor era el ardiente deseo de ver prodigios. Rechazaban los alimentos sólidos y ansiaban meros portentos. El Evangelio, que tanto necesitaban, no lo querían tener. Los milagros, que Jesús no siempre quería obrar, los reclamaban ardientemente. Muchos en nuestros días tienen que ver signos y maravillas, de lo contrario no creen. Algunos han dicho: “Yo tengo que sentir un profundo horror en el alma, si no no creeré en Jesús”. Pero… ¿y si nunca llegas a sentir ese horror, como probablemente nunca lo sentirás? ¿Quieres ir al infierno por despecho contra Dios, porque no quiere tratarte como trata a otros? Uno se ha dicho a sí mismo: “Si yo tuviese un sueño o si sintiese una repentina sacudida de no sé qué, entonces creería”. ¿Así que tú, indigno mortal, piensas que mi Señor será mandado por ti? Tú eres un mendigo que está a su puerta solicitando piedad, ¿y tienes necesariamente que prescribir reglas y reglamentos en cuanto a cómo te ha de dar esa gracia? Mi Señor es de espíritu generoso, pero tiene un corazón muy ilustre; por eso rechaza toda imposición y mantiene su soberanía de acción. Si es esta tu situación, amado lector, ¿por qué ansías señales y prodigios? El Evangelio, ¿no es en sí una señal y un prodigio? ¿No es un milagro de milagros que “de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él cree no perezca”? Sin duda, las palabras “el que quiere, tome del agua de la vida de balde” y esta solemne promesa: “al que a mí viene yo no lo echo fuera” son mejores que las señales y los prodigios. Un Salvador veraz debe ser creído. El es la verdad misma. ¿Por qué has de pedir pruebas de la veracidad de uno que no puede mentir? Los demonios declaran que él es el Hijo de Dios, ¿y tú dudarás de él?


Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Motiva a los hombres a asumir su liderazgo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 1

“Esperad en él en todo tiempo”. Salmo 62:8.

LA fe es la norma tanto de la vida temporal como de la vida espiritual. Tenemos que tener fe en Dios tanto para nuestros asuntos terrenales como para los celestiales. Sólo cuando aprendamos a confiar en Dios para la provisión de todas nuestras necesidades diarias, viviremos sobre el nivel del mundo. No tenemos que ser ociosos, lo que demostraría que no confiamos en Dios, quien “hasta ahora obra”, sino en el demonio, que es padre de la ociosidad. No tenemos que ser imprudentes o temerarios; pues demostraríamos con eso confiar en el azar, no en el Dios viviente, que es un Dios de orden. Debemos confiar en el Señor sencilla y enteramente en todo tiempo, obrando con toda prudencia y rectitud. Permíteme recomendarte una vida de confianza en Dios en relación con las cosas temporales. Si confías en Dios no tendrás necesidad de lamentarte por haber usado medios pecaminosos para enriquecerte. Sirve a Dios con integridad y si no tienes buen éxito en tus empresas, por lo menos tu conciencia estará tranquila. El que confía en la astucia navegará hoy por este lado, mañana por otro, como un barco a vela sacudido por un viento variable. Pero el que confía en el Señor es como un barco a vapor que atraviesa las olas, desafía el viento y va marcando una recta y brillante estela de plata hasta llegar al puerto. Sé un creyente con principios vivos, que no se somete a las variantes costumbres de la sabiduría mundana. Anda en los caminos de integridad con pasos firmes y demuestra que, con el poder que sólo la confianza en Dios puede dar, eres invenciblemente fuerte. Así, confiando en el Señor, serás librado de penosa ansiedad, no serás turbado con malas noticias y tu corazón será afirmado. ¡Cuán grato es flotar en los ríos de la providencia! No hay norma de vida más bendita que la que depende del Dios que cumple el pacto. No tenemos ansiedad porque él tiene cuidado de nosotros; no tenemos turbaciones, porque echamos nuestras cargas sobre el Señor.


Charles Haddon Spurgeon.