Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Jeremías 33:3.
Versículo para hoy:
sábado, 15 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 15
“Y será aquel varón como escondedero contra el viento y como acogida
contra el turbión”. Isaías 32:2.
Todos sabemos quién es
este varón.
¿Quién podía ser sino el Segundo Hombre, el Señor del cielo, Varón de dolores,
el Hijo del hombre? ¡Qué escondedero ha sido para su pueblo! Él mismo ha
sufrido toda la fuerza del viento y así puede amparar a todos los que se
refugian en Él. Así hemos escapado de la ira de Dios, y así escaparemos de la
ira de los hombres, de los cuidados de esta vida y del temor de la muerte. ¿Por
qué nos exponemos al viento, cuando podemos tan fácilmente y tan seguramente
evitarlo escondiéndonos detrás de nuestro Señor? Que en este día corramos a Él
y estemos en paz.
Muchas veces el viento de
la aflicción se levanta con fuerza y llega a ser un turbión, que lo lleva todo
por delante. Cosas que parecían estar firmes y estables, se tambalean con el
viento, y muchas y grandes son las caídas de nuestra confianza carnal. Nuestro
Señor Jesús, el Varón glorioso, es un refugio que nunca es derribado.
Escondidos en Él, vemos pasar la tempestad arrolladora, pero nosotros mismos
descansamos en tranquila seguridad.
Coloquémonos este día en
nuestro escondedero y cantemos seguros bajo la protección de nuestro refugio:
¡Bendito Jesús! ¡Bendito Jesús! ¡Cómo te amamos! Y bien podemos, porque Tú eres
un refugio en el tiempo de la tempestad.
viernes, 14 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 14
“Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere
probado, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman”.
Santiago 1:12.
Sí, él es bienaventurado
mientras sufre la tentación. Nadie puede ver esto hasta que sus ojos han sido
ungidos con colirio divino. Pero tiene que sufrirla sin rebelarse contra Dios,
o apartarse de su integridad. Es bienaventurado el que ha pasado por el fuego y
no ha sido consumido como metal falso.
Cuando ha terminado la
prueba, entonces viene la marca de la aprobación divina: “la corona de vida”.
Como si el Señor dijera: “Que viva; ha sido pesado en balanza y no es hallado
falto”. La vida es el galardón: no la mera existencia, sino una existencia
santa, feliz y verdadera, la realización del divino propósito tocante a
nosotros. Ya una forma más elevada de vida espiritual y de felicidad corona a
los que han pasado sin daño por las pruebas más duras de la fe y el amor.
El Señor ha prometido la
corona de vida a los que le aman. Solamente los que aman al Señor pueden
mantenerse firmes en la hora de la prueba; los demás, o se hundirán, o se
enojarán, o se escaparán furtivamente al mundo. Ven, alma mía, ¿amas a tu
Señor? ¿Verdaderamente? ¿Profundamente? ¿Enteramente? Entonces ese amor será
probado; pero muchas aguas no lo apagarán, ni ríos lo ahogarán. Señor, haz que
tu amor fomente el mío hasta el fin.
jueves, 13 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 13
“También sus cielos destilarán rocío”. Deuteronomio 33:28.
Lo que es el rocío en el
Oriente en la naturaleza, así es la influencia del Espíritu en el reino de la
gracia. ¡Cuánto lo necesito! Sin el Espíritu de Dios soy una cosa seca y que
decae. Desmayo, decaigo, muero. ¡Cuán agradablemente me refresca este rocío! Una
vez que así soy favorecido me siento contento, animado, vigoroso, exaltado. No
necesito más. El Santo Espíritu me trae vida, y todo lo que la vida requiere.
Todo lo demás sin el rocío del Espíritu es para mí menos que nada; oigo, leo,
oro, canto, voy a la mesa de comunión y no encuentro bendición allí hasta que
el Espíritu Santo me visita. Pero cuando Él me riega todos los medios de gracia
me son dulces y provechosos.
¡Qué promesa es esta para
mí! “Sus cielos destilarán rocío”. Seré visitado con la gracia. No seré dejado
a mi sequedad natural, ni al calor abrasador del mundo, ni al siroco de la
tentación satánica. ¡Oh que en esta misma hora sienta yo el rocío apacible,
silencioso y bienhechor del Señor! ¿Y por qué no? El que me ha hecho vivir como
la hierba en el prado, me tratará como trata a la hierba; me refrescará desde
lo alto. La hierba no puede clamar por el rocío como lo hago yo. Verdaderamente
el Señor que visita la planta que no pide, contestará a su hijo que le ruega.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 12
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”. Hechos 16:31.
Este Evangelio para un
hombre que se había puesto la espada al cuello, es el Evangelio para mí. Este
me convendría si estuviese muriendo y es todo lo que necesito mientras viva.
Aparto la vista de mí mismo, del pecado y de toda idea de mérito personal, y
confío en el Señor Jesús como el Salvador que Dios ha dado. Creo en Él,
descanso en Él, le acepto enteramente. Señor, soy salvo y seré salvo para toda
la eternidad, porque creo en Jesús. Bendito sea tu nombre por esto. Que
manifieste yo cada día por mi vida que soy salvo del egoísmo, del amor al mundo
y de toda clase de pecado.
Pero estas últimas palabras
acerca de mi “casa”: Señor, no me iré con media promesa cuando Tú das una
entera. Te ruego que salves a toda mi familia. Salva los más cercanos y más
queridos. Convierte los hijos y los nietos si los tengo. Sé benigno a mis
criados y a todos los que moran bajo mi techo, o que trabajan para mí. Tú me
haces esta promesa personalmente si creo en el Señor Jesús; te ruego que hagas
conforme a lo que has dicho.
Quisiera pasar yo en mis
oraciones cada día los nombres de todos mis hermanos y hermanas, padres, hijos,
amigos, parientes, criados y no darte descanso hasta que sea cumplida esta
palabra “y tu casa”.
martes, 11 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 11
Esto equivale a una
promesa. Ha sido bueno, es bueno y será bueno para mí llevar el yugo.
Al principio de la vida
tuve que sentir el peso de la convicción, y desde entonces este peso ha
resultado ser una carga que enriquece el alma. ¿Hubiera yo amado tanto al
Evangelio si no hubiera aprendido por profunda experiencia la necesidad de la
salvación por gracia? Jabes fue más ilustre que sus hermanos, por cuanto su
madre dio a luz en dolor, y los que sufren mucho al ser nacidos para Dios se
hacen creyentes fuertes en la gracia soberana.
El yugo de la censura es
penoso, pero prepara el hombre para honra futura. El que no ha aceptado el reto
del desprecio no es apto para ser jefe. El elogio embriaga si no es precedido
por la afrenta. Los hombres que se elevan a la eminencia sin un esfuerzo,
generalmente caen en la deshonra.
El yugo de la aflicción,
del contratiempo y del trabajo excesivo de ningún modo se debe buscar; pero
cuando el Señor nos lo impone en nuestra mocedad, frecuentemente desarrolla un
carácter que glorifica a Dios y bendice a la iglesia.
Ven, alma mía, dobla tu
cuello, toma tu cruz. Fue buena para ti cuando eras joven; no te hará daño
ahora. Por amor de Jesús cárgala al hombro alegremente.
lunes, 10 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 10
“Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir”. Deuteronomio 28:6.
Las bendiciones de la ley
no son anuladas. Jesús confirmó la promesa cuando Él llevó el castigo. Si yo
guardo los mandamientos de mi Señor, puedo apropiarme esta promesa sin duda
alguna.
En este día entraré
en mi casa sin temor de malas noticias, y entraré en mi cámara esperando oír
buenas nuevas de mi Señor. No tendré miedo de examinarme a mí mismo, ni de
entrar en mis asuntos por una inspección diligente de mi negocio. Tengo mucho
que hacer en el interior, en mi propia alma. ¡Oh, que caiga una bendición sobre
todo ello, la bendición del Señor Jesús, que ha prometido morar conmigo!
También tengo que salir.
La timidez me hace desear que pudiera quedar en casa, y nunca más salir fuera
al mundo. Pero tengo que salir a mi oficio y tengo que salir para ser de algún
beneficio a mis hermanos y para ser útil a los impíos. Tengo que ser un
defensor de la fe y un agresor contra el mal. ¡Oh que caiga una bendición sobre
mi salida en este día! Señor, que vaya yo donde Tú guíes, haciendo los trabajos
que me has encargado, bajo tu mando y en el poder de tu Espíritu.
Señor Jesús, entra
conmigo y sé mi huésped; y después, sal fuera conmigo, y haz que mi corazón
arda mientras me hables en el camino.
SEPTIEMBRE 9
“Bienaventurado el hombre que siempre está temeroso”. Proverbios 28:14.
El temor del Señor es el
principio y el fundamento de toda verdadera religión. Sin un temor reverencial
de Dios no hay en donde tomar pie para las virtudes más brillantes. El alma que
no adora nunca vivirá en santidad.
Es feliz aquel que siente
un temor celoso de hacer mal. El temor santo no solamente mira antes de saltar,
sino aun antes de moverse. Teme errar, teme faltar a su deber, teme cometer
pecado. Teme la mala compañía, la conversación liviana y la astucia sospechosa.
Esto no hace miserable a un hombre, sino que le trae la felicidad. El centinela
vigilante es más feliz que un soldado que duerme en su puesto. El que prevé el
mal y se escapa es más feliz que el que anda descuidadamente y es destruido.
El temor de Dios es una
gracia humilde que conduce a un hombre por un camino excelente del cual está
escrito: “No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él”. El temor aun de
la sola apariencia del mal es un principio purificador, que hace que un hombre
por el poder del Espíritu Santo, pueda guardar sus vestidos sin mancha de este
mundo. En ambos sentidos, el que “siempre está temeroso” es hecho feliz.
Salomón había probado tanto la mundanalidad como el temor santo: en la una
halló vanidad y en el otro la felicidad. No repitamos la prueba que él hizo;
atengámonos a su veredicto.
sábado, 8 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 8
“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare”. Isaías
42:3.
Entonces puedo contar con
un tratamiento compasivo por parte de mi Señor. Verdaderamente me siento tan débil, tan frágil, tan despreciable como una caña. Uno dijo: “Usted a mí no me importa un bledo”; esta palabra, aunque fue poco amable, no era falsa. ¡Ay! Soy peor que una caña que crece al lado del río, porque esta a lo menos puede alzar su cabeza. Estoy cascado, gravemente y tristemente cascado. No hay en mí música; hay una hendidura que deja salir toda la melodía. ¡Ay de mí! Sin embargo Jesús no me quebrará; y si Él no lo hace, entonces poco me importa lo que procuren hacer los demás. ¡Oh, Señor, querido y compasivo, me escondo bajo tu protección y me olvido de mis quebrantos!
Verdaderamente soy
parecido al “pábilo que humea”, cuya luz se ha apagado y sólo queda el humo.
Temo que más bien soy un estorbo que un beneficio. Mis temores me dicen que el
diablo ha apagado mi luz y me ha dejado con un humo desagradable, y que mi
Señor pronto me apagará. Sin embargo, veo que aunque había despabiladores en el
Tabernáculo de la Antigua Alianza, no había apagadores; y Jesús no me apagará;
por lo tanto, tengo esperanza. Señor, inflámame de nuevo y haz que brille para
tu gloria y para ensalzar tu solicitud.
viernes, 7 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 7
“Y será, que donde se les ha dicho: Vosotros no sois mi pueblo, les será
dicho: Sois hijos del Dios viviente”. Oseas 1:10.
La gracia soberana puede
hacer de extraños, hijos, y el Señor aquí declara su propósito de obrar así con
los rebeldes y hacerles saber lo que Él ha hecho. Querido lector, el Señor ha
hecho esto en mi caso; ¿ha hecho lo mismo por ti? Entonces unamos las manos y
los corazones para alabar su nombre adorable.
Algunos de nosotros
éramos tan determinadamente impíos que la palabra del Señor decía en verdad a
nuestra conciencia y corazón: “Vosotros no sois mi pueblo”. En la casa de Dios,
y en nuestros propios hogares, cuando leíamos la Biblia, esta era la voz del
Espíritu de Dios en nuestras almas: “Vosotros no sois mi pueblo”. En verdad que
era una voz triste y condenatoria. Pero ahora en los mismos sitios, por el mismo
ministerio y Escritura, oímos una voz que dice: “Sois hijos del Dios viviente”.
¿Podemos agradecer esto tanto como debiéramos? ¿No es de admirar? ¿No nos da
esperanza de otros? ¿Quién está fuera del alcance de la gracia omnipotente? ¿Cómo
podemos desesperar de nadie, ya que el Señor ha obrado un cambio tan
maravilloso en nosotros?
El que ha guardado esta
primera grande promesa, guardará todas las demás; por lo tanto, sigamos
adelante con cánticos de adoración y confianza.
jueves, 6 de septiembre de 2018
SEPTIEMBRE 6
“Aguarda a Jehová; esfuérzate y aliéntese tu corazón; sí, espera a
Jehová”. Salmo 27:14.
¡Espera! ¡Espera! ¡Que tu
espera sea en el Señor! Vale la pena esperarle. Él nunca falta a su palabra al
alma que le espera.
Mientras estás esperando
no pierdas el valor. Espera una liberación grande, y disponte para alabar a
Dios por ella.
La promesa que te debe
animar está a la mitad del versículo: “Aliéntese tu corazón”. Esto va directo
al lugar donde tú necesitas ayuda. Si el corazón está sano, todo el resto del
organismo trabajará bien. El corazón necesita ser tranquilizado y animado; y
estas dos cosas sucederán si es alentado. Un corazón fuerte descansa y se
regocija y envía fuerzas con sus latidos a todo el organismo.
Ningún otro puede llegar
a esa urna secreta de la vida, el corazón, para fortificarlo. Sólo el que lo
hizo puede fortalecerlo. Dios está lleno de fortaleza y, por lo tanto, puede
darla a los que la necesitan. Sé valiente porque el Señor te dará su fortaleza
y tendrás calma en la tempestad y contentamiento en la tristeza.
El que escribe estas
líneas puede decir como David: “Sí, espera a Jehová”. Sí, lo digo en verdad. Sé
por larga y profunda experiencia que me es bueno esperar al Señor.
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