Versículo para hoy:
martes, 21 de noviembre de 2017
Noviembre 21. ¡Consumado es!
"...He acabado la obra
que me diste que hiciera", Juan 17:4
La muerte de Jesucristo es el cumplimiento histórico de lo que había en la mente misma de Dios. No cabe la posibilidad de considerar a Jesucristo como un mártir. Su muerte no fue algo que le sucedió y que se hubiera podido evitar. Su muerte fue la razón fundamental por la que Él vino.
Nunca fundamentes tu predicación del perdón en el hecho de que Dios es nuestro Padre y nos ama. Eso contradice la verdad revelada de Dios en Jesucristo, vuelve la cruz innecesaria y la redención demasiada ostentosa porque pierde su importancia. Dios perdona el pecado solamente por causa de la muerte de Cristo. Él no podía perdonarnos de ninguna otra manera, sino mediante la muerte de su Hijo. Jesús es exaltado como Salvador por causa de su muerte.... "Pero vemos... a, Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte", Hebreos 2:9. La mayor nota de victoria que jamás haya sonado en los oídos de un universo sobresaltado fue la que emitió la cruz de Cristo: "¡Consumado es!..." Esa es la última palabra en la redención de un hombre.
Cualquier cosa que rebaje o distorsione la santidad de Dios debido a una falsa visión de su amor, contradice la verdad divina que fue revelada por medio de Jesús. Nunca aceptes el pensamiento de que Jesucristo está a nuestro favor y en contra de Dios, debido a su piedad y compasión; o que se hizo maldición por lástima hacia nosotros. Jesucristo asumió nuestra maldición por decreto divino. Nuestra parte para poder descubrir el extraordinario significado de su maldición es la convicción de pecado que recibimos como un don que nos avergüenza y guía al arrepentimiento. Esta es la gran misericordia de Dios. Jesucristo odia el pecado en el ser humano y el Calvario indica el nivel de su odio.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Noviembre 20. El perdón de Dios
"En Él tenemos... el
perdón de pecados..." (Efesios 1:7)
Cuídate de caer en una visión placentera de la paternidad de Dios, diciendo: "Él es tan bueno y amoroso que por supuesto nos perdonara". Ese pensamiento, basado solamente en la emoción, no tiene ninguna cabida en el Nuevo Testamento. La única base sobre la cual Dios nos puede perdonar es la terrible tragedia de Cristo en la cruz. Situar nuestro perdón en cualquier otro terreno es una blasfemia inconsciente. La única base sobre la cual Dios puede perdonar nuestro pecado y restablecernos en su gracia es mediante la cruz de Cristo. ¡De ninguna otra manera! El perdón, que aceptamos tan fácilmente, tuvo un costo: la agonía del Calvario. Nunca debemos recibir con la sencillez de la fe el perdón de los pecados, el don del Espíritu Santo y nuestra santificación, para luego olvidar el inmenso costo que tuvo para Dios darnos todo eso.
El perdón es el milagro divino de la gracia, lo cual le costó a Dios la cruz de Jesucristo. Perdonar al pecador y permanecer como el Dios santo, exigía el pago del precio. Nunca aceptes un concepto de la paternidad de Dios que anule la expiación. La verdad revelada por Dios es que Él no puede perdonar sin la expiación. Si lo hiciera contradiría su naturaleza. La única manera como obtenemos el perdón es siendo llevados de vuelta a Dios por la expiación de la cruz. El perdón divino sólo es posible en el reino sobrenatural.
La experiencia de la santificación es pequeña cuando la comparamos con el milagro del perdón de los pecados. La santificación es sencillamente la maravillosa evidencia del perdón en una persona. Sin embargo, lo que activa la más profunda fuente de gratitud en un ser humano es que Dios haya perdonado su pecado. Pablo nunca se apartó de esta verdad. Una vez que tú descubres todo lo que le costó a Dios perdonarte, te sentirás sujeto, como en un torno, constreñido por el amor de Dios.
domingo, 19 de noviembre de 2017
Noviembre 19. Cuando Él venga
"Y cuando él venga,
convencerá al mundo de pecado...", Juan 16:8
Somos muy pocos los que sabemos algo acerca de la convicción de pecado. Conocemos la experiencia de estar perturbados debido a que hicimos lo malo, pero la convicción de pecado por el Espíritu Santo borra todo vínculo terrenal y nos hace conscientes de una sola relación: "Contra ti, contra ti solo he pecado...", Salmo 51:4. Cuando alguien se convence de su pecado de esta manera, sabe con toda la capacidad de su conciencia que Dios no se atrevería a perdonarlo. Si Él lo hiciera, esa persona tendría un sentido más fuerte de la justicia de Dios. Él sí perdona, pero para que esto fuera posible le costó el desgarramiento de su corazón por la muerte de Cristo. El gran milagro de la gracia de Dios es que Él perdona el pecado y que sólo la muerte de Cristo le permite a su naturaleza perdonar sin contradecirse a sí misma al hacerlo.
Es un desacierto superficial decir que Dios nos perdona porque Él es amor. Cuando realmente seamos convencidos de pecado, jamás volveremos a decir esto. ¡Su amor significó nada menos que el Calvario!
La cruz es el único lugar donde su amor se explica, la única base sobre la cual Él me puede perdonar. Es allí donde su conciencia queda satisfecha.
El perdón no significa simplemente que Dios me salva del infierno y me prepara para ir al cielo (nadie aceptaría el perdón en ese nivel). El perdón significa que soy perdonado para entrar en una relación creada de nuevo, la cual me identifica con Dios por medio de Cristo. El milagro de la redención es que Dios me lleva a mí, un impío, hasta su nivel de vida, el de un santo, porque me imparte una nueva naturaleza, la de Jesucristo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Noviembre 18. Alcanzando la libertad
"Así que si el Hijo os
liberta, seréis verdaderamente libres", Juan 8:36
Cualquier residuo de presunción en nosotros siempre declara: "No puedo ceder", o "no puedo ser libre".
Pero la parte espiritual de nuestro ser nunca dice: “No puedo”, sino que sencillamente absorbe todo a su alrededor. Nuestro espíritu quiere más y más. Así fuimos formados. Fuimos diseñados con una gran capacidad para Dios, pero el pecado, nuestro yo y una errónea manera de pensar, nos impiden acercarnos a Él. Dios nos libra del pecado, pero a nosotros nos corresponde librarnos de nuestra individualidad, es decir, debemos presentarle nuestra vida cristiana espiritual, por medio de la obediencia.
Durante el desarrollo de nuestra vida espiritual, Dios no le presta ninguna atención a nuestro yo natural.
Como su plan atraviesa directamente nuestra vida natural, debemos encargarnos de ayudarlo, sin oponernos y diciéndole: "No puedo hacer eso". Dios no nos disciplinará - es nuestro deber disciplinarnos.
Él no pondrá en cautiverio a todo nuestro pensamiento y especulación, nosotros mismos debemos hacerlo (ver 2 Corintios ). No digas: "Ay, Señor, me distraigo y tengo pensamientos errantes". No dejes volar tu imaginación. Deja de prestarle atención a la tiranía de tu vida natural individualista. Emancípate de ella y conquista en la vida espiritual.
"Si el Hijo os liberta..." En este pasaje no sustituyas Hijo por Salvador. El Salvador nos ha liberado del pecado, pero esta libertad es el resultado de ser liberado de mí mismo por el Hijo. Eso es lo que quiere Pablo en Gálatas 2:20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado..."
Su individualidad había sido quebrantada y su espíritu se había unido al Señor, no combinado, sino hecho uno con Él. Seréis verdaderamente libres, libres hasta la esencia misma de nuestro ser, libres de adentro hacia afuera. Somos dados a confiar en nuestra propia energía, en lugar de ser fortalecidos por el poder que surge de la identificación con Jesús.
viernes, 17 de noviembre de 2017
Noviembre 17. La meta eterna
"Y le dijo: Por mí
mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto,... de cierto te bendeciré..."
Génesis 22:16-17
Abraham llegó al lugar donde entró en contacto con la propia naturaleza divina, donde entendió la realidad de Dios.
"Mi meta es Dios mismo... A cualquier costo, querido Señor, sin que importe el camino".
La frase anterior implica que nos sometemos a la forma en que Dios nos lleve hasta la meta. No hay posibilidad de controversia cuando Dios habla, si Él se dirige a su propia naturaleza en mí; el único resultado es la obediencia instantánea. Cuando Jesús dice: "Ven", yo sencillamente voy, cuando dice: "Suelta eso", lo suelto; cuando dice: “confía en Dios en esta situación", confío. Todos estos resultados son la evidencia de que la naturaleza de Dios está en mí.
Mi carácter y no el de Dios, es el que determina que Él me dé una revelación de sí mismo. "Soy mezquino y por eso con frecuencia tus caminos me parecen mezquinos". Por la disciplina de la obediencia logro el nivel que alcanzó Abraham, y veo quién es Dios. Nunca tengo al Dios verdadero hasta que estoy cara a cara ante Él por medio de Jesucristo. Después de esto sé que "en todo el mundo, mi Dios, no hay nadie sino Tú". Las promesas del Señor no tienen ningún valor para nosotros hasta que, debido a la obediencia, comprendemos la naturaleza divina. Podemos leer algunos pasajes bíblicos todos los días durante un año, pero no nos dicen nada. Luego, de manera súbita, vemos lo que Dios quiere decir porque lo hemos obedecido en algún pequeño detalle. Entonces, de inmediato Él nos revela su naturaleza. Porque todas las promesas de Dios "son en el «sí», y en él “Amén”...", (2 Corintios 1:20) El sí debe nacer de la obediencia. Cuando por la obediencia ratificamos una promesa diciendo: "Amén" o "así sea", esa promesa se vuelve nuestra.
jueves, 16 de noviembre de 2017
Noviembre 16. ¡Todavía humano!
"...Hacedlo todo para
la gloria de Dios", 1 Corintios 10:31
Las Escrituras enseñan que el gran milagro de la encarnación le da paso a la vida común y corriente de un niño, que el milagro de la transfiguración se desvanece en el valle del endemoniado y que la gloria de la resurrección desciende hasta un desayuno en la playa. Estos son los decepcionantes finales de unos hechos impresionantes. Son una gran revelación de Dios.
Somos propensos a buscar lo maravilloso en nuestras experiencias. Confundimos las acciones heroicas con los héroes reales. Una cosa es pasar triunfalmente por una crisis y otra muy distinta estar todos los días glorificando a Dios cuando no hay testigos, ninguna exhibición pública, nadie que nos preste la menor atención. Si no queremos aureolas, por lo menos deseamos algo que le haga decir a la gente: "¡Este es un maravilloso hombre de oración!" ó, "¡ella es una mujer muy piadosa y devota!" Si estás consagrado al Señor Jesús de una manera adecuada, has llegado a la sublime altura donde nadie piensa en prestarte atención.
Lo único que se nota es que el poder de Dios fluye a través de ti todo el tiempo. Nos gustaría decir: “¡Oh, he recibido un asombroso llamado del Señor!”
Pero se necesita la omnipotencia del Dios encarnado obrando en nosotros para glorificarlo hasta en el trabajo más humilde. Necesitamos el Espíritu para ser tan absoluta y humanamente suyos, que pasemos desapercibidos por completo. La verdadera evidencia en la vida de un creyente no es el éxito, sino la fidelidad en el nivel humano de la vida.
Establecemos como meta el éxito en la obra cristiana; pero el verdadero objetivo debe ser manifestar la gloria de Dios como personas, vivir una vida escondida con Cristo en Dios en nuestras circunstancias humanas cotidianas.
Nuestras relaciones humanas son las condiciones reales en las que la vida ideal de Dios debe manifestarse.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Noviembre 15. ¿Qué a ti?
"Entonces Pedro, al
verlo, dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué?
Jesús le dijo... ¿a ti, qué?
Tú, sígueme", Juan 21:21-22, LBLA
Una de las lecciones más difíciles de aprender surge de nuestra obstinada negativa a dejar de interferir en la vida de otras personas. Toma mucho tiempo comprender el peligro de jugar a ser dioses aficionados, es decir, interferir en el plan de Dios para los demás. Ves sufrir a alguien y dices: “No sufrirás y me encargaré de que eso no ocurra”. Cuando pones tu mano directamente al frente de la voluntad permisiva de Dios para impedirla, entonces Él te dice: "¿A ti qué?" ¿Hay estancamiento espiritual? No permitas que continúe, pero ve ante la presencia de Dios y averigua la razón. Quizá se deba a que te has estado entrometiendo en otra vida, haciendo propuestas sin ningún derecho, o aconsejando sin ninguna razón.
Cuando tienes que aconsejar a otra persona, Dios lo hará por medio de ti con el entendimiento directo de su Espíritu. Tu parte consiste en mantener una relación correcta con Dios para que su discernimiento se manifieste a través de ti todo el tiempo, a fin de bendecir a alguien más.
La mayoría de nosotros vive en el nivel de la mente consciente consagrados a Dios de una manera consciente y sirviéndole conscientemente. Esto demuestra inmadurez y la realidad de que aun no estamos viviendo la verdadera vida cristiana. La madurez es la vida de un hijo que no es consciente, es decir, que está tan entregado a Dios que nunca se hace consciente de que Él lo está usando. Cuando yo soy utilizado conscientemente como pan partido y vino derramado, es necesario alcanzar otro nivel; un nivel donde se elimine completamente toda conciencia de nosotros mismos y de lo que Dios hace a través de nosotros.
Un santo nunca es consciente de serlo; sólo es consciente de que depende de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 14 de noviembre de 2017
Noviembre 14. Descubriendo los designios divinos
"...El Señor me ha
guiado en el camino..." Génesis 24:27, LBLA.
Deberíamos ser uno con Dios de tal manera que no necesitemos pedir su dirección continuamente. La santificación implica que somos hijos de Dios y la vida natural de un hijo es la obediencia. Sin embargo, como llega el momento en que escogemos desobedecer, de inmediato se produce un conflicto interno. En el nivel espiritual este conflicto es la amonestación del Espíritu de Dios. Cuando Él nos exhorta de esta forma, debemos detenernos en seguida y renovarnos en el espíritu de nuestra mente para discernir la voluntad de Dios (ver Romanos 12:2). Si hemos nacido de nuevo por el Espíritu, nuestra devoción a Dios se ve obstaculizada, o incluso interrumpida, porque continuamente le pedimos que nos dirija aquí y allá....
"El señor me ha guiado". Mirando hacia atrás vemos la presencia de un designio asombroso. Si hemos nacido de Dios, veremos su mano que nos guía y le daremos el crédito.
Todos podemos ver a Dios en situaciones excepcionales, pero es necesario cultivar la disciplina espiritual para verlo en cada detalle. Nunca creas que los acontecimientos "casuales" de la vida son algo menos que el orden establecido por Dios. Debes estar listo para descubrir sus designios en cualquier lugar y en todas partes.
Ten cuidado de que tus convicciones se vuelvan una obsesión en ti, en lugar de consagrarte a Dios. Si eres un creyente que dice: "Nunca haré esto o aquello", con toda probabilidad eso será exactamente lo que Dios te pedirá. Durante su vida terrenal, nunca hubo un ser más inconsecuente que nuestro Señor, pero nunca lo fue con su Padre. La única coherencia de un creyente no es con respecto a un principio, sino a la vida divina. Esta vida es la que continuamente hace más descubrimientos acerca de la mente de Dios. Es más fácil ser fanático que coherentemente fiel, porque Dios humilla de manera asombrosa nuestro orgullo religioso, cuando somos fieles a Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Noviembre 13. Fe y experiencia
"...El cual me amó y se
entregó a sí mismo pon mí", Gálatas 2:20
Debemos luchar contra nuestros caprichos, sentimientos y emociones para entregarnos a una devoción absoluta al Señor Jesús; y debemos salir del atolladero conformado por el pequeño mundo de nuestras experiencias, para entregarnos en una devoción sin restricciones a Él. Piensa en lo que dice el Nuevo Testamento acerca de quién es Jesucristo. Luego piensa en la infame mezquindad de la fe que mostramos al decir: "¡No he tenido esta o aquella experiencia!” Piensa en lo que la fe en Jesucristo sostiene: que Él nos puede presentar sin mancha ante el trono de Dios, indescriptiblemente puros, absolutamente justos y totalmente justificados. Mediante una fe plena y reverente permanece "en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención", 1 Corintios 1:30. ¿Cómo podemos hablar de hacer un sacrificio por el Hijo de Dios? Somos salvos del infierno y la destrucción total, ¡y luego nos atrevemos a hablar de sacrificarnos!
Continuamente debemos enfocar y afirmar nuestra fe en Jesucristo. No en el Jesucristo de las reuniones de oración, ni en el de los libros, sino en el Jesucristo del Nuevo Testamento que es Dios encarnado y quien debería hacernos caer a sus pies como muertos. Nuestra fe debe estar en Aquel de quien procede nuestra salvación. Jesucristo quiere de nosotros una absoluta, libre y completa devoción a Él. Nunca podremos experimentar al Señor, ni encerrarlo dentro de los confines de nuestro corazón, sino que nuestra fe se debe construir sobre una fuerte y decidida confianza en Él.
Debido a nuestra confianza en las experiencias vemos que la firme intolerancia del Espíritu Santo se pronuncia contra la incredulidad. Todos los temores son pecaminosos y los creamos cuando rehusamos alimentar nuestra fe, ¿Cómo puede alguien que se ha identificado con Jesucristo tener dudas o temores?
Nuestras vidas deberían ser un absoluto himno de alabanza como resultado de una fe perfecta, irreprensible y victoriosa.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Noviembre 12. La vida transfigurada
"De modo que si alguno
está en Cristo, nueva criatura es: Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas",
2 Corintios 5:17
¿Qué idea tienes acerca de la salvación de tu alma? La obra de la salvación implica que tu vida práctica cambia radicalmente y que ya no ves las cosas como antes. Como tus deseos son nuevos, todo lo del pasado ha perdido su poder de atracción. Uno de los criterios para juzgar la autenticidad de la obra de la salvación en tu vida consiste en la pregunta: ¿Ha cambiado Dios lo que más te importa? Si aún anhelas las cosas viejas es absurdo hablar de que has nacido de arriba; te estás engañando a ti mismo. Si has nacido de nuevo, el Espíritu de Dios hace que el cambio sea evidente en tu vida práctica y en tu manera de pensar y cuando viene una crisis, eres la persona más sorprendida del mundo debido a la maravillosa diferencia que encuentras en ti. No es posible imaginar que fuiste tú quien lo hizo. Este cambio total y sorprendente se constituye en la mejor evidencia de que eres salvo.
¿Qué cambios ha producido mi salvación y santificación? Por ejemplo, ¿puedo permanecer de pie a la luz de 1 Corintios 13, o tengo que retirarme arrastrando los pies? La verdadera salvación que el Espíritu Santo ha llevado a cabo en mí me libera por completo y mientras ande en la luz, como él está en luz (1 Juan 1:7), Dios no ve nada reprochable porque su vida se está manifestando en cada detalle de mi ser; no en mi mente consciente, sino en un nivel más profundo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 11 de noviembre de 2017
Noviembre 11. El ascenso supremo
"Y Dios le dijo: Toma
ahora a tu hijo...", Génesis22:2
El mandamiento de Dios es: Toma "ahora", no después. ¡Es increíble cómo discutimos! Sabemos que algo es correcto, pero tratamos de encontrar excusas para no hacerlo enseguida. Nunca debemos escalar hasta la altura que Dios nos muestra un poco más tarde; es necesario hacerlo de inmediato. El sacrificio se efectúa primero en la voluntad, antes de que se realice de manera práctica.
"Abraham se levantó muy de mañana... y fue al lugar que Dios le había dicho", Génesis 22:3. ¡Oh, la maravillosa sencillez de Abraham! Cuando Dios le habló, "no consultó con carne y sangre", es decir, con tus propios pensamientos, percepciones, gustos, o con cualquier cosa que no esté fundamentada en tu relación personal con Dios. Todos estos elementos compiten con la obediencia a Él y la estorban.
Abraham no eligió cual sería el sacrificio. Guárdate siempre de que seas tú quien escoja el servicio a Dios. La abnegación personal puede ser una enfermedad que daña tu servicio. Si Dios ha hecho dulce tu copa bébela con gracia; si la he hecho amarga, bébela en comunión con Él. Si su voluntad providencial para ti es un período duro y de gran dificultad, sopórtalo, pero nunca elijas el escenario de tu propio martirio. Dios eligió la prueba para Abraham y él no se demoró ni argumentó. Obedeció con firmeza. Si no estás viviendo en comunión con Él, es fácil culparlo o juzgarlo. Antes de que tengas algún derecho de pronunciar un veredicto, debes superar la prueba porque así aprendes a conocer mejor a Dios. Él está obrando para que alcancemos sus fines más elevados, hasta que su propósito y el nuestro sean uno sólo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Noviembre 10. La comunión en el evangelio
"...Colaborador nuestro
en el evangelio de Cristo..." 1 Tesalonicenses 3:2.
Después de la santificación es difícil saber cuál es tu meta en la vida, porque Dios te ha insertado en su propósito por medio del Espíritu Santo. Ahora Él te usa en el mundo para que lleves a cabo sus propósitos, como usó a su Hijo para salvarnos. Si estás buscando grandezas para ti y te dices: "Dios me ha llamado a esto y aquello", estás poniendo una barrera entre Él y el propósito que tiene para ti. Mientras mantengas tus propios intereses y ambiciones personales, no podrás alinearte ni identificarte con los intereses de Dios. Podrás lograrlo si renuncias a tus planes personales de una vez por todas y dejas que Él te guíe directamente a su propósito para el mundo. También debes renunciar a entender tus caminos, porque ahora son los caminos del Señor.
Debo aprender que el propósito de mi vida es de Él y no mío. Dios me está usando desde su gran perspectiva personal y todo lo que me pide es que confíe en Él, sin decir: "¡Señor, esto me produce tanto dolor!” Hablar así me convierte en una piedra de tropiezo. Cuando dejo de decirle a Dios lo que yo quiero, Él me puede tomar para lo que desea sin ningún estorbo. Me puede humillar, exaltar o hacer lo que prefiera. Simplemente me pide una fe absoluta en Él y en su bondad. Como la autocompasión es del diablo, cuando caigo en ella Dios no me puede utilizar para su propósito en el mundo. De esta forma yo creo mi propio y cómodo "mundo dentro del mundo" y el Señor nunca podrá sacarme de él porque temo congelarme.
jueves, 9 de noviembre de 2017
Noviembre 9. Servicio santo
"Ahora me gozo en lo
que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones
de Cristo...", Colosenses 1:24
El obrero cristiano tiene que ser un "mediador" santo y estar tan identificado con su Señor y con la realidad de su redención, que Cristo pueda llevar continuamente su vida creadora a través de él. No me estoy refiriendo a la recia personalidad de un individuo impuesta sobre otro; sino a la presencia real de Cristo que se manifiesta en todas las áreas de la vida del obrero. Cuando predicamos los hechos históricos de la vida y muerte de nuestro Señor, según el relato escrito del Nuevo Testamento, nuestras palabras se vuelven sagradas. Sobre la base de su redención, Dios las utiliza para producir en los que escuchan algo que no podría ser creado de otra manera. Si únicamente predicamos los efectos de la redención en la vida humana, en lugar de la divina verdad revelada acerca de Jesucristo, el resultado en los oyentes no será el nuevo nacimiento, sino un refinado y religioso estilo de vida. Y el Espíritu de Dios no puede dar testimonio de esto porque semejante predicación se encuentra en un reino diferente al suyo. Debemos tener cuidado de vivir en una armonía tan vital con Dios que a medida que proclamamos su verdad Él pueda producir en otros lo que únicamente Él es capaz de hacer.
Cuando decimos: "¡Qué personalidad tan impactante!" "¡Qué persona tan fascinante!" "¡Qué percepción tan maravillosa!" ¿Qué efectividad puede tener el Evangelio de Dios en medio de todo eso? No puede tener ninguna, porque la atracción es hacia el mensajero y no hacia el mensaje. Si una persona es atractiva por su personalidad, el llamamiento a las almas estará dentro de esos límites. Sin embargo, si ella se identifica con el Señor, entonces el llamado se fundamenta en lo que Jesucristo puede hacer. El peligro está en glorificar a los hombres. Pero Jesucristo dice que es solamente a Él a quien debemos exaltar.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Noviembre 8. El poder sin igual de la oración
"...Qué hemos de pedir
como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede pon nosotros con
gemidos indecibles", Romanos 8:26.
Nosotros entendemos que el Espíritu Santo nos aviva para la oración. Y sabemos lo que es orar conforme al Espíritu.
Pero con frecuencia no comprendemos que en nosotros el Espíritu mismo hace oraciones que no podemos expresar. Cuando nacemos de nuevo de lo alto y el Espíritu de Dios mora en nosotros, Él comunica por (a través de) nosotros lo indecible.
Él, el Espíritu Santo que habita en ti, conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos (Romanos 8:27). Dios escudriña tu corazón, no para saber cuáles son tus oraciones conscientes, sino para descubrir cuál es la oración del Espíritu Santo. El Espíritu usa la naturaleza del creyente como un templo en el cual puede ofrecer sus oraciones intercesoras. "Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo...", 1 Corintios 6:19. Cuando Jesucristo limpió el templo, no consentía que nadie atravesara el Templo llevando utensilio alguno (Marcos 11:16). El Espíritu de Dios no permitirá que uses tu cuerpo para tu propia conveniencia.
Jesús echó implacablemente a todos los que compraban y vendían en el templo, y les dijo: "Mi casa será llamada casa de oración... Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones", Marcos 11:17.
¿Reconocemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?
Si es así, debemos tener cuidado de conservarlo sin mancha para Él. Debemos recordar que nuestra vida consciente, aunque sólo es una pequeñísima parte de nuestro todo como personas, debe considerarse como el templo del Espíritu Santo. Él cuidará la parte inconsciente acerca de la cual no sabemos nada, pero a nosotros nos corresponde cuidar la parte consciente por la cual sí somos responsables.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 7 de noviembre de 2017
Salmo 126, Día 2 - Nancy DeMoss de Wolgemuth
Noviembre 7. El carácter santo y encubierto de las circunstancias
"Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien", Romanos 8:28
Las circunstancias en la vida del creyente son ordenadas por Dios y en ella por lo tanto no existe la casualidad. Él te introduce providencialmente en determinadas circunstancias que de ninguna manera puedes comprender; sólo el Espíritu Santo las entiende. Dios te lleva a ciertos lugares y te coloca entre ciertas personas y situaciones para lograr en ti un propósito determinado, a través del Espíritu. Nunca levantes tu mano frente a tus circunstancias para decir: "Yo mismo voy a dirigir y controlar este asunto.Voy a vigilar esto de cerca y a protegerme de aquello". Debido a que todas tus circunstancias están en las manos de Dios, nunca debes pensar que son anormales. Tu función dentro de la oración intercesora no es entrar en la agonía de la intercesión. Tu parte es aprovechar las circunstancias y las personas comunes entre las que Dios te coloca providencialmente, para llevarlas ante su trono y el Espíritu que está en ti tendrá la oportunidad de interceder por ellas. De esta manera Dios tocará al mundo entero por medio de sus santos.
¿Estoy obstaculizando la obra del Espíritu de Dios al no ser específico, o al tratar de hacer su obra por Él?
Debo cumplir la parte humana de la intercesión, aprovechando las circunstancias en que me encuentro y la gente con la que entro en contacto. Debo guardar mi vida consciente como un santuario para el Espíritu Santo. Entonces, a medida que presento a las diferentes personas delante de Dios, el Espíritu Santo intercede por ellas.
Tus oraciones de intercesión nunca podrán ser las mías, ni las mías tuyas, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros en nuestras vidas particulares (ver Romanos 8:26). Sin esta intercesión otras personas se empobrecerán.
lunes, 6 de noviembre de 2017
Noviembre 6. La agenda de la fe
“... ¿Crees esto?", Juan 11:26.
Marta creía en el poder que estaba a disposición de Jesucristo. Creía que si hubiera estado presente, habría sanado a su hermano. También creía que Jesús disfrutaba de una especial intimidad con Dios y que cualquier cosa que le pidiera, Él la haría.
Sin embargo, ella necesitaba de una intimidad más cercana con Jesús. La agenda de la fe de Marta se cumpliría en el futuro. Jesús continuó atrayéndola y guiándola hasta que su fe se convirtió en una posesión personal. Luego fue surgiendo lentamente hasta convertirse en su herencia... "Si Señor; yo he creído que tú eres el Cristo...", Juan 11:27.
¿Está tratando El Señor contigo de la misma forma? ¿Jesús te está educando en la comunión personal con Él? Déjalo desafiarte con su pregunta: "¿Crees esto?" ¿Estás enfrentando un área de duda en tu vida?
¿Has llegado, como Marta, a una encrucijada de circunstancias agobiantes donde tu agenda de fe está a punto de convertirse en tu fe personal? Esto ocurre solamente cuando un problema tuyo te hace consciente de una necesidad personal.
Creer es entregar. En el área del aprendizaje intelectual me entrego mentalmente y rechazo todo lo que no esté relacionado con una creencia. En el reino de las convicciones personales me entrego moralmente a ellas y me niego a transigir. Pero en la esfera de la fe íntima y personal, me entrego espiritualmente a Jesucristo y decido ser controlado sólo por ÉL.
Luego, cuando me encuentro cara a cara con Jesucristo y me dice: "¿Crees esto?", descubro que la fe es tan natural como respirar. Y me asombro de lo necio que fui por no haber confiado antes en Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 5 de noviembre de 2017
Noviembre 5. Participantes de sus aflicciones
Si vas a ser utilizado por Dios, Él te hará pasar por múltiples experiencias que en realidad no han sido diseñadas para tu vida. Éstas tienen el propósito de que seas útil en sus manos y que entiendas lo que les ocurre a otras almas, de tal manera que nunca te sorprendas de lo que pueda cruzarse en tu camino. Tú dices: "¡Pero, yo no puedo tratar con esa persona!" ¿Por qué no? Dios te ha dado bastantes oportunidades para aprender de Él al respecto, pero te alejaste sin prestarle atención a la lección, porque te pareció estúpido gastar el tiempo de esa manera.
Las aflicciones de Cristo no fueron las que comúnmente tú y yo padecemos. Él sufrió según la voluntad de Dios (1 Pedro 4:19) y desde la perspectiva en que nosotros sufrimos como individuos. Sólo a través de la relación con Jesucristo comprendemos lo que Dios está buscando en su trato con nosotros. Es parte de nuestra cultura cristiana querer saber de antemano cuáles son los propósitos divinos cuando se trata de las aflicciones. La historia de la Iglesia cristiana registra que tendemos a evadir el ser identificados con los padecimientos de Jesucristo. La gente ha tratado de obedecer las órdenes de Dios mediante sus propios atajos. El camino de Él siempre es el del sufrimiento, el sendero del "recorrido largo a casa".
¿Participamos de las aflicciones de Cristo? ¿Estamos dispuestos a que Dios destruya y transforme sobrenaturalmente nuestras decisiones personales? Esto no implica que vamos a saber exactamente la razón por la que Dios nos está llevando por ese camino, pues nos volveríamos pedantes espirituales.
Momentáneamente no comprendemos a través de qué situación Él desea llevarnos. Pasamos más o menos sin entenderlo, hasta que, de repente, llegamos a un lugar luminoso y decimos: "¡Dios me ha fortalecido y ni siquiera lo sabía!"
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