Versículo para hoy:

lunes, 7 de noviembre de 2016

Claves para el crecimiento espiritual: Introducción

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Orando por avivamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 7

“Me seréis testigos”. Hechos 1:8.

PARA aprender a cumplir tus deberes como testigo de Cristo, ten a Cristo mismo como tu ejemplo. El está siempre testificando, ya junto al pozo de Samaria o en el templo de Jerusalén; ya junto al lago de Genesaret o en la cumbre del monte. El testifica día y noche. Las poderosas oraciones de Jesús son tan expresivas para Dios como sus servicios diarios. El testifica bajo toda circunstancia. Los escribas y los fariseos no pueden cerrarle la boca. Aun delante de Pilato testificó la buena profesión. Jesús testifica tan clara y distintamente que no comete ningún error. Cristiano, haz de tu vida un claro testimonio. Sé como un claro y transparente arroyo en cuyo fondo puedas ver cada una de las piedras, y no como un turbio riachuelo del cual lo único que puedes ver es la superficie, y así el amor de tu corazón para Dios y los hombres será manifiesto a todos. No es necesario que digas: “Yo soy sincero”. Sé sincero. No te jactes de ser íntegro. Sé íntegro. Así tu testimonio será tan evidente que los hombres no podrán dejar de verlo. Nunca, por temor al débil hombre, restrinjas tu testimonio. Tus labios han sido encendidos con un carbón sacado del altar. Que hablen, pues, como deben hablar labios tocados por el cielo. “Por la mañana siembra tu simiente y a la tarde no dejes reposar tu mano”. No mires las nubes o el viento; testifica de tu Salvador a tiempo y fuera de tiempo. Y si aconteciere que por causa de Cristo y del Evangelio tuvieses que soportar algún sufrimiento, no retrocedas, sino regocíjate por el honor que se te concede de ser tenido por digno de sufrir con tu Señor, y gózate también en esto: en que tus sufrimientos, tus pérdidas y persecuciones te harán una plataforma desde la cual, con más vigor y con mayor poder, testificarás por Cristo Jesús. Medita en tu gran Ejemplo y sé lleno de su Espíritu. Recuerda que necesitas mucha instrucción, mucha perseverancia, mucha gracia y mucha humildad para que tu testimonio redunde para la gloria de tu Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 6 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 6

“Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado”. Hebreos 9:20.

HAY en la palabra “sangre” un extraño poder, y su sola presencia siempre afecta. Un corazón sensible no puede siquiera ver sangrar a un gorrión y, a menos que esté acostumbrado a ello, se aparta con horror del que mata a un animal. En cuanto a la sangre humana, es ella cosa muy sagrada. El que la derrama llevado por la ira, comete asesinato; y el que la derrama en las guerras, comete espantoso crimen. ¿Se debe este sentimiento al hecho de que la sangre es la vida y su derramamiento es señal de muerte? Nosotros creemos que sí. Cuando nos levantamos a contemplar la sangre del Hijo de Dios, nuestro espanto se acrecienta y nos estremecemos al pensar en el crimen del pecado y en el terrible castigo que soportó el que los expió. La sangre es siempre preciosa; y es inapreciable cuando procede de las venas de Emmanuel. La sangre de Jesús sella el pacto de la gracia y lo confirma para siempre. Los pactos de la antigüedad se hacían por medio de sacrificios y el pacto eterno fue ratificado de la misma manera. ¡Oh qué placer nos produce el ser salvos sobre el seguro fundamento de los contratos divinos, que no pueden dejar de ser cumplidos! La salvación por las obras de la ley es una frágil y quebrada embarcación cuyo desastre es seguro; pero la nave del pacto no teme las tormentas, porque la sangre la asegura completamente. La sangre de Jesús hizo válido su testamento. Los testamentos no valen nada hasta que mueren los testadores. En este sentido, la lanza del soldado es una bendita ayuda a la fe, pues prueba que nuestro Señor murió realmente. Sobre este asunto no puede haber duda alguna y podemos intrépidamente apropiarnos las herencias que él dejó a los suyos. ¡Felices los que ven asegurados sus títulos a las bendiciones celestiales por un Salvador que muere! Pero, ¿no tiene esta sangre alguna palabra para nosotros? ¿No nos está pidiendo que nos santifiquemos para Aquel por quien hemos sido redimidos? ¿No nos llama a novedad de vida y nos mueve a consagrarnos completamente al Señor? ¡Oh, que el poder de la sangre sea conocido y sentido en nosotros esta noche!

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 5 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 5

“Alabadle, bendecid su nombre”. Salmo 100:4.

NUESTRO Señor quisiera que todos los suyos fuesen ricos en pensamientos elevados y conceptuosos en cuanto a su bendita persona. Jesús no se satisface con que sus hermanos piensen pobremente acerca de él. Su placer sería que su esposa se deleitase en su belleza. No tenemos que considerar a Jesús como algo meramente necesario, como el pan y el agua, sino como algo altamente delicado, como un placer raro y encantador. Con este fin él se reveló a sí mismo como la “perla de gran precio” en su incomparable belleza; como el “manojito de mirra” en su refrigerante fragancia; como la “rosa de Sarón” en su persistente perfume y como el “lirio” en su inmaculada pureza. Como una ayuda para tener elevados pensamientos en cuanto a Cristo, recuerda la estima en que Cristo es tenido más allá del firmamento, donde las cosas son medidas con metros justos. Considera cómo Dios estima al Unigénito, que es el infalible don que él nos dio. Considera qué piensan de él los ángeles cuando reputan su más alto honor el velar sus rostros y estar a sus pies. Considera qué piensan de él los lavados con la sangre, mientras día y noche cantan sus bienmerecidas alabanzas. Los pensamientos elevados en cuanto a Cristo nos permitirán conducirnos convenientemente con él. Cuanto más altamente veamos a Cristo entronizado y cuanto más humildes nos mostremos al estar postrados ante su trono, mejor preparados estaremos para conducirnos bien con él. Nuestro Señor quiere que pensemos bien de él, para que nos sometamos alegremente a su autoridad. Los pensamientos sublimes en cuanto a Cristo acrecientan nuestro amor. El amor y la estima van juntos. Por lo tanto, creyente, piensa mucho en las excelencias de tu Señor. Míralo en su primitiva gloria, antes que tomara forma humana. Piensa en el poderoso amor que lo trajo del trono para morir en la cruz. Admíralo mientras conquista todos los poderes del infierno. Míralo resucitado, coronado y glorificado. Inclínate delante de él como el Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, porque sólo así tu amor para con él será lo que debe ser.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Vivirán estos huesos? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 4

“En tu luz veremos la luz”. Salmo 36:9.

NINGÚN labio puede hacer conocer el amor de Cristo al corazón hasta que Jesús se lo revele. Todas las descripciones se empalidecen y evaporan si el Espíritu Santo no las llena con vida y poder. Hasta que nuestro Emmanuel no se revele, el alma no lo ve. Si quisieras ver el sol, ¿reunirías los medios comunes de iluminación y procurarías por ese medio ver el astro del día? No; el hombre entendido sabe que el sol tiene que manifestarse a sí mismo, y que únicamente por su propio resplandor puede esa poderosa lámpara ser vista. Así acontece con Cristo. “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre”. Estas palabras se las dijo el Salvador a Pedro. El purificar la carne y la sangre por un proceso educacional que se pueda elegir, eleva las facultades mentales al más alto grado de poder intelectual, pero nada de eso puede revelar a Cristo. El Espíritu de Dios tiene que venir con poder y “hacer sombra” con sus alas sobre el hombre y, después, en ese místico lugar santísimo, el Señor Jesús tiene que mostrarse al hombre santificado como no lo hace a los miopes hijos de los hombres. Cristo tiene que ser su propio espejo. La gran mayoría de este mundo tiene los ojos enfermos y, por eso, no puede ver nada de las inefables glorias de Emmanuel. Ven a Jesús sin forma, o sea, sin gracia, como una raíz de tierra seca, desechada por el vanidoso y despreciada por el soberbio. Jesús sólo es comprendido por aquel cuyo ojo el Espíritu tocó con colirio, cuyo corazón avivó con vida divina y cuya alma educó para gustar lo celestial. “El es precioso a vosotros que creéis”. Para ti él es la principal piedra del ángulo, la Roca de tu salvación, tu todo en todo. Pero para los demás, él es “una piedra de tropiezo y una roca de escándalo”. Felices aquellos a quienes nuestro Señor se manifiesta, pues él promete a los tales que “hará con ellos morada”. ¡Oh, Jesús, nuestro Señor, nuestro corazón está abierto; entra en él y no salgas más! Revélate a nosotros ahora. Favorécenos con un vislumbre de tu irresistible encanto.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Será hallado el Señor? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 3

“Su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo”. 2 Crónicas 30:27.

LA oración es el refugio del cristiano que nunca falla, sea cual fuere la situación o el aprieto en que se halle. Cuando no puedas usar tu espada, puedes recurrir al arma de la oración ferviente. Tu pólvora puede mojarse y la cuerda de tu arco aflojarse, pero el arma de la oración ferviente nunca necesita estar fuera de uso. El leviatán se ríe de la jabalina, pero tiembla ante la oración. La espada y la lanza necesitan ser acicaladas, pero la oración nunca se embota. La oración es una puerta abierta que nadie puede cerrar. Los demonios pueden rodearte por todos los lados, pero el camino hacia arriba está siempre abierto, y mientras esa senda no esté obstruida, no caerás en las manos del enemigo. Mientras los socorros celestiales desciendan a nosotros por la escala de Jacob para socorrernos en los momentos de necesidades, nunca seremos tomados por bloqueo, por asalto, por mina o por ataque. La oración nunca está fuera de sazón. Tanto en verano como en invierno su mercancía es preciosa. La oración consigue audiencia en el cielo a altas horas de la noche, en medio de las ocupaciones diarias, al mediodía o al caer la tarde. El Dios del pacto recibirá complacido tus oraciones y las contestará desde su santo lugar, cualquiera sea tu condición: la pobreza, la enfermedad, la oscuridad, la calumnia o la duda. La oración nunca es vana. La genuina oración es siempre un verdadero poder. Quizás no siempre consigas lo que pides, pero siempre tus verdaderas necesidades quedarán suplidas. Cuando Dios no responde a sus hijos de acuerdo a la letra, les responde de acuerdo al espíritu. Si pides harina común, ¿te enojarás porque te dé la harina más fina? Si buscas sanidad física, ¿te lamentarás si, en lugar de eso, Dios hace que tu enfermedad física redunde en la sanidad de tus enfermedades espirituales? ¿No es mejor tener la cruz santificada en lugar de eliminada? No te olvides esta noche, alma mía, de ofrecer tu petición y solicitud, pues el Señor está pronto para concederte lo que deseas.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Por qué buscarle a Él? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 2

“Horror se apoderó de mi, a causa de los impíos que dejan tu ley”. Salmo 119:53.

ALMA mía, ¿sientes este santo estremecimiento ante los pecados de los demás? Porque si no lo sientes, careces de íntima santidad. Las mejillas de David estaban mojadas con ríos de lágrimas por la reinante impiedad; Jeremías deseaba que sus ojos se tornaran fuentes de agua para llorar las iniquidades de Israel, y Lot fue acosado por la conducta de los hombres de Sodoma. Aquellos sobre quienes fue puesta señal, en la visión de Ezequiel, eran los que suspiraban y clamaban por las abominaciones de Jerusalén. No puede sino contristar a las almas bondadosas el ver el trabajo que se toman los hombres para ir al infierno. Ellas conocen experimentalmente el mal del pecado y se sienten alarmadas de ver a otros volar como polillas hacia su fuego. El pecado hace que el justo se estremezca, porque el pecado viola una ley santa que debiera guardarse para el más alto interés de todo hombre. El pecado derriba los pilares de la nación. El pecado practicado por otros horroriza al creyente porque le recuerda la ruindad de su propio corazón. Cuando ve a un transgresor clama con el santo mencionado por Bernardo: “El cayó hoy, y yo puedo caer mañana”. El pecado es horrible para el creyente porque crucificó al Salvador. El creyente ve en toda iniquidad los clavos y la lanza. ¿Cómo puede un alma salva ver sin horror a ese maldito matador de Cristo? Di, corazón mío, ¿apruebas todo esto? Es espantoso insultar a Dios en su rostro. Dios merece mejor trato; él lo reclama y él lo tendrá o, de lo contrario, recompensará en su cara a sus adversarios. Un corazón despierto tiembla ante la audacia del pecado y queda alarmado ante la contemplación de su castigo. ¡Cuán monstruosa es la rebelión! ¡Qué juicio horrible aguarda al impío! Alma mía, nunca te rías de las locuras del pecado, no sea que te llegues a reír del pecado en sí. El pecado es tu enemigo y el enemigo de tu Señor. Míralo con odio; pues sólo así puedes probar que posees la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 1 de noviembre de 2016

¿Estás desesperada? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 1

“Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre”. Mateo 24:39.

ESTE juicio fue universal. No se escapó ni el rico ni el pobre. Todos se hundieron en común ruina: el erudito y el iletrado; el admirado y el aborrecido; el religioso y el profano; el anciano y el joven. Algunos, sin duda, ridiculizaron al patriarca. ¿Dónde están ahora sus burlonas carcajadas? Otros lo amenazaron por su celo, que consideraron locura. ¿Dónde están ahora sus palabras ofensivas y jactanciosas? El crítico que juzgó la obra del anciano está anegado en el mismo mar que oculta a sus burlones compañeros. Los que hablaron en términos elogiosos de la lealtad que Noé mostró a sus convicciones, pero no las hicieron suyas, se hundieron para no levantarse jamás; y los operarios que, por sueldo, ayudaron a construir la maravillosa arca, se perdieron también para siempre. El diluvio los barrió a todos, sin hacer ninguna excepción. Así también, fuera de Cristo, una segura destrucción aguarda a todo hombre nacido de mujer. Ni la posición social, ni las posesiones, ni la fama serán suficientes para salvar a una sola alma que no crea en el Señor Jesús. ¡Alma mía, contempla este juicio universal y tiembla al pensar en él!
¡Causa admiración la apatía de los contemporáneos de Noé! Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento hasta que llegó el espantoso día. Ni un solo hombre prudente quedó fuera del arca. La insensatez había embaucado a todos los seres humanos que estaban en la tierra; era la más insensata de todas las insensateces: la que lleva al hombre a descuidar su propia preservación. Era la insensatez de dudar del verdadero Dios, la más necia de todas las necedades. ¿No es extraño, alma mía? Todos los hombres descuidan sus almas hasta que la gracia les da entendimiento. Es entonces y sólo entonces cuando los hombres dejan su insensatez y actúan como seres racionales.
Todos, bendito sea Dios, estaban seguros en el arca; ninguna ruina entró en ella. Desde el corpulento elefante hasta el ratoncito, todos estaban seguros. Todos están seguros en Jesús. Alma mía, ¿estás tú en él?

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 31 de octubre de 2016

Oportunidades delante de nosotros - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 31

“Yo te conocí en el desierto, en tierra seca”. Oseas 13:5.

SI, Señor, tú, en verdad, me conociste en mi condición de caído y, a pesar de eso, me elegiste para ti. Cuando era aborrecible y aborrecido de mí mismo, tú me recibiste como hijo tuyo y satisficiste mis múltiples necesidades. ¡Bendito para siempre sea tu nombre por esta rica, libre y abundante gracia! Desde entonces, mi experiencia íntima ha sido frecuentemente un desierto, pero, sin embargo, tú me has reconocido como tu amado y has derramado sobre mí raudales de amor y de gracia para alegrarme y hacerme fructífero. Más aún: cuando mis circunstancias externas estaban en lo peor y yo vagaba en tierra seca, tu grata presencia me trajo porque no hay aflicción que empañe el brillo de tu amor. Yo te alabo, muy bondadoso Señor, porque en circunstancias dolorosas me has mostrado toda tu fidelidad, y deploro, al mismo tiempo, el que en algún tiempo te haya yo olvidado. Lamento también que mi corazón se haya enaltecido cuando, en realidad, todo lo debo a tu benignidad y amor. ¡Ten en esto misericordia de tu siervo! Alma mía, si Jesús te reconoció en tu condición de perdida, está segura de reconocerlo a él y a su causa ahora que estás en tu prosperidad. No te enaltezcas por tus éxitos terrenales hasta el punto de avergonzarte de la verdad y de la humilde Iglesia a la cual te has unido. Sigue a Jesús al desierto; lleva la cruz con él cuando el calor de la persecución aumente. ¡Oh!, alma mía, él te reconoció en tu pobreza y en tu vergüenza. Nunca seas, pues, tan pérfida como para avergonzarte de él. ¡Oh si me avergonzara más bien de pensar siquiera de avergonzarme de mi Amado! Jesús, mi alma se une a ti.
Jesús, mi Salvador, ¿será posible
Que se avergüence algún mortal de ti?
¿Y qué, olvidando tus sublimes hechos,
Niegue lo que tú has sido para sí?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 30 de octubre de 2016

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS - “La Reforma y su impacto en nuestros días”

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 30

“Oh, tú, la que moras en los huertos, los compañeros escuchan tu voz, házmela oír”. Cantares 8:13.

MI afable Señor Jesús recuerda bien el jardín de Gethsemaní, pero, como ya ha dejado ese lugar, habita ahora en el jardín de la Iglesia. Allí él abre su corazón a los que cultivan su bendita amistad. La voz de amor con que habla a su amada es más melodiosa que las arpas del cielo. Hay en esa voz una profundidad tal de melodioso amor que deja atrás toda música humana. Diez millares en la tierra y millones en el cielo se gozan con los armoniosos acentos de la voz de Jesús. Algunos a quienes bien conozco y a quienes envidio están en este momento escuchando su amada voz. ¡Oh si pudiese participar de sus alegrías! Es verdad que algunos son pobres; otros están postrados en cama; y otros yacen cerca de las puertas de la muerte. Pero, oh Señor mío, con tal de oír tu voz, yo padecería alegremente hambre con ellos, me consumiría con ellos o moriría con ellos. En un tiempo oía esa voz frecuentemente, pero contristé tu Espíritu. Vuelve a mí con compasión y dime una vez más: “Yo soy tu salvación”. Ninguna otra voz puede contentarme. Yo conozco tu voz y no es posible que pueda ser engañado por otra. Te ruego que me permitas oírla. Yo no sé, oh Amado mío, lo que me dirás, ni te pongo condición alguna; lo único que quiero es oírte hablar. Si lo que tienes que decirme es una reprensión, te alabaré por ella. Quizás para purificar mi oído sea necesaria una operación muy penosa para la carne, pero sea lo que fuere, yo no me apartaré de este vehemente deseo: “Hazme oír tu voz”. Horada mi oreja otra vez; hiere mi oído con tus notas más agudas. Lo único que te pido es que no permitas que continúe sordo a tu voz. Señor, cumple esta noche el deseo de tu indigno siervo, porque yo soy tuyo y tú me has comprado con tu sangre. Tú has abierto mis ojos para que te vea y tu presencia me ha salvado. Señor, abre mis oídos. Yo he comprendido tu corazón; déjame ahora oír tu voz.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 29 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 29

“Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no lo conociesen”. Lucas 24:16.

LOS discípulos debieran haber conocido a Jesús. Habían oído su voz tan a menudo; habían mirado aquel rostro desfigurado tantas veces que es admirable que no lo hayan conocido. Sin embargo, ¿no pasa contigo lo mismo? Tú no has visto a Jesús estos últimos días. Has estado en su mesa y no te has encontrado con él. Esta noche estás pasando por una dura prueba y, aunque él te dice claramente: “Yo soy, no temáis”, tú no puedes distinguirlo. ¡Ay!, nuestros ojos están embargados. Conocemos su voz, hemos mirado su rostro, hemos reclinado nuestras cabezas sobre su pecho y, sin embargo, aunque Jesús está muy cerca de nosotros, estamos diciendo: “¡Oh si supiese dónde hallarlo!” Nosotros debiéramos conocer a Jesús, pues tenemos las Escrituras que reflejan su imagen, pero sin embargo, ¡cuán posible es que abramos ese precioso libro y no tengamos un vislumbre del Bienamado! Querido hijo de Dios, ¿acontece esto contigo? Jesús apacienta entre los lirios de la palabra. Tú andas entre esos lirios y, sin embargo, no lo ves. El está habituado a andar entre las cañadas de las Escrituras y departir con los suyos como el Padre lo hizo con Adán, “al aire del día”; sin embargo, tú, aunque estás en el jardín de las Escrituras, no puedes verlo, a pesar de que él está allí. ¿Y por qué no lo vemos? Porque, como los discípulos, mostramos incredulidad. Por lo visto, ellos no esperaban ver a Jesús. Haz tuya esta oración: “Señor, abre mis ojos para que vea que mi Salvador está conmigo”. Es una bendición querer verlo; pero, oh, es mucho mejor contemplarlo. El es afable para los que lo buscan, pero para los que lo hallan es muy querido.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 28 de octubre de 2016

Una visión grande para un Dios grande - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 28

“Su cabeza, como, oro finísimo; Sus cabellos crespos, negros como el cuervo”. Cantares 5:11.

TODAS las comparaciones para describir al Señor Jesús fracasan, pero la esposa usa para ello la mejor comparación que tiene a su alcance. Por la cabeza de Jesús entendemos su Deidad, “porque la cabeza de Cristo es Dios”, entonces el lingote de oro purísimo es la mejor metáfora que se puede concebir; pero, sin embargo, todo es demasiado pobre para describir a un ser tan precioso, tan puro, tan querido y tan glorioso. Jesús no es sólo una pepita de oro, sino un vasto mundo de él; una inapreciable masa de tesoro que ni la tierra ni el cielo pueden superar. Las criaturas son mero hierro y barro; todas perecerán como madera, heno y hojarasca, pero la eterna Cabeza de la creación de Dios resplandecerá para siempre jamás. En él no hay mixtura ni la más pequeña señal de mezcla. El es para siempre infinitamente santo y enteramente divino. Los cabellos crespos representan su vigor varonil. En nuestro Amado no hay nada afeminado. El es el más viril de los hombres. Valiente como un león, laborioso como un buey, veloz como un águila. Aunque una vez fue despreciado y desechado entre los hombres, se halla en Jesús toda belleza concebible e inconcebible. La gloria de su cabeza no está rapada; al contrario, nuestro Amado está coronado para siempre con incomparable majestad. El cabello negro indica hermosura juvenil, pues Jesús tiene sobre él el rocío de la juventud. Otros decaen con los años, pero él es Sacerdote para siempre como lo fue Melquisedec. Otros vienen y desaparecen, pero él permanece por los siglos de los siglos como Dios sobre su trono. Esta noche lo contemplaremos y adoraremos. Los ángeles lo contemplan, sus redimidos, pues, no deben apartar de él sus miradas. ¿En qué lugar hay un Amado como él? ¡Oh, si pudiésemos tener con él un momento de comunión! ¡Afuera, intrusas inquietudes! Jesús me atrae y yo corro hacia él.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 27 de octubre de 2016

Guiando el corazón de tu hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 27

“Todos nosotros somos como suciedad”. Isaías 64:6.

EL creyente es una nueva criatura que pertenece a una santa generación y a un pueblo peculiar. El Espíritu de Dios habita en él y, por lo tanto, está muy alejado en todo sentido, del hombre natural, pero, con todo, por la imperfección de su naturaleza, sigue siendo un pecador, y lo seguirá siendo hasta el fin de su vida terrenal. Los negros dedos del pecado dejan manchas en nuestros vestidos más hermosos. El egoísmo profana nuestras lágrimas y la incredulidad se mezcla con nuestra fe. Las mejores cosas que en alguna oportunidad hemos hecho aparte de los méritos de Jesús, sólo consiguieron aumentar el número de nuestros pecados. Pues, cuando delante de nuestros ojos hemos sido muy limpios, no lo hemos sido delante de los ojos de Dios, para quien “ni los cielos son limpios”. Y como él “notó necedad en sus ángeles”, mucho más la notará en nosotros, aun en los períodos de mayor consagración. El canto que conmueve a los cielos y procura emular los seráficos acordes, contiene discordancias humanas. La oración que mueve el brazo de Dios es, con todo, una oración magullada y cascada, y la razón porque mueve ese brazo es porque el que no pecó, el gran Mediador, ha entrado para quitar el pecado de nuestra oración. La fe más valiosa o la santificación más pura que un cristiano haya alcanzado alguna vez en este mundo tienen tanta mezcla que, si las consideramos en sí mismas, sólo son dignas de las llamas. Todas las noches que nos miramos en el espejo, vemos sólo a un pecador que tiene la necesidad de hacer esta confesión: “Todos nosotros somos como suciedad y todas nuestras justicias, como trapos de inmundicia”. ¡Oh cuán preciosa es la sangre de Cristo para corazones como los nuestros! ¡Cuán inapreciable don es la perfecta justicia! ¡Y cuán viva es la esperanza de una perfecta santidad en el más allá! Aun ahora, aunque el pecado está en nosotros, su poder está destruido. Ya no tiene dominio. Es una serpiente deslomada. Estamos con él en rudo conflicto; pero es con un enemigo vencido con quien tenemos que combatir. Sin embargo, en breve, entraremos victoriosamente en la ciudad donde nada se corrompe.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 26 de octubre de 2016

No retardes la guía para tu hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 26

“Los ríos todos van a la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo”. Eclesiastés 1:7.

TODAS las cosas terrestres están en movimiento; el tiempo no descansa jamás. La sólida tierra es una esfera que rueda y el mismo gran sol es una estrella que efectúa obedientemente su curso en derredor de un astro mayor que él. Las mareas sacuden la mar; los vientos agitan al altanero océano y los roces gastan la roca. La mudanza y la muerte imperan por doquier. La mar no almacena avaramente su caudal de aguas, pues, si bien esas aguas por una causa entran en él, por otra causa se elevan de él. Los hombres nacen para morir. Todas las cosas producen confusión, ansiedad y aflicción de espíritu. Amigo del inmutable Jesús, ¡cuán gozoso te sientes al pensar en tu inmutable herencia y en tu mar de felicidad, mar que estará lleno para siempre, pues Dios mismo derramará en él eternos ríos! Nosotros buscamos una ciudad permanente, que está más allá del firmamento, y en esa esperanza no seremos defraudados. Este versículo nos enseña a ser agradecidos. El padre océano es un gran recibidor, pero es también un generoso distribuidor. Lo que los ríos llevan a él, él lo devuelve a la tierra en forma de nubes y lluvia. El que lo recibe todo y no devuelve nada está desligado del universo. Dar a otros es sólo sembrar para nosotros mismos. Al que demuestra ser tan buen mayordomo que voluntariamente usa sus bienes a favor de la obra del Señor, se le concederá más. Amigo de Jesús, ¿estás dando a tu Salvador de acuerdo a los beneficios recibidos? Mucho te ha sido dado. ¿Cuál es tu fruto? ¿Lo has hecho todo? ¿No puedes hacer más? Ser egoísta es ser malvado. Supón que el océano no diese nada de sus abundantes aguas. Eso llevaría a nuestra raza a la ruina. Quiera Dios que ninguno de nosotros siga la poco generosa y fatal política de vivir para sí mismo. Jesús no se agradó a sí mismo. Toda la plenitud habita en él, pero de su plenitud tomamos todos. ¡Oh si pudiésemos tener el espíritu de Jesús para que de aquí en adelante no vivamos para nosotros mismos!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 25 de octubre de 2016

Halloween: La verdad detrás de la calabaza - Pr. Salvador Dellutri

No siempre puedes controlar a tus hijos - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 25

“Fuese, pues, y, llegando, espigó en el campo tras los segadores; y dio por casualidad con la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec”. Ruth 2:3.

“POR casualidad, la parte del campo pertenecía a Booz”. Sí, esto no parece otra cosa que una simple casualidad, pero, ¡cuán bien esa casualidad fue guiada por Dios! Ruth había salido de su casa con la bendición de la madre y con la bendición del Dios de la madre, para realizar un trabajo humilde pero honroso, y la providencia de Dios guió todos sus pasos. No se imaginaba ella que, en medio de las espigas, hallaría un esposo que la haría copropietaria de todos esos amplios campos y que ella (pobre extranjera) sería una de las progenitoras del gran Mesías. Dios es muy bueno con los que en él confían y, a menudo, los sorprende con inesperadas bendiciones. Nada sabemos nosotros en cuanto a qué nos puede acontecer mañana, pero quizás nos alegre el grato hecho de que ningún bien nos será negado. La casualidad es desterrada de la fe de los cristianos, pues ellos ven en todas las cosas la mano de Dios. Los acontecimientos insignificantes de hoy o de mañana pueden implicar consecuencias de la más alta importancia. ¡Oh Señor, trata a tu siervo con toda la bondad como trataste a Ruth! ¡Qué bendición significaría si esta noche, al andar por el campo de la meditación, tuviésemos la suerte de encontrar por casualidad el lugar donde nuestro Pariente cercano se revela a nosotros! ¡Oh Espíritu de Dios, guíanos a ese Pariente! Quisiéramos más bien espigar en su campo que llevar toda la cosecha de cualquier otro campo. ¡Oh, sigamos las huellas de su rebaño, las cuales nos pueden conducir a los verdes pastos donde habita! Este mundo es aburrido cuando Jesús está ausente. Podríamos mejor vivir sin el sol y sin la luna que vivir sin él. Pero, ¡cuán divinamente hermosas se hacen todas las cosas en su gloriosa presencia! Nuestras almas conocen la virtud que reside en Jesús, y nunca pueden estar satisfechas sin él. Nosotros esperamos en oración esta noche hasta que nuestra suerte caiga en la parte del campo que pertenece a Jesús, donde él se manifiesta a nosotros.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 24 de octubre de 2016

Plantando semillas en la vida de tu hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 24

“Comenzó a lavar los pies de los discípulos”. Juan 13:5.

EL Señor Jesús ama tanto a los suyos que todos los días está haciendo por ellos muchas cosas que equivalen a lavar sus sucios pies. El acepta sus más humildes acciones, siente sus más profundas aflicciones, oye sus más débiles deseos y perdona todas sus transgresiones. El es aún el siervo como también el Amigo y el Maestro de ellos, y no sólo realiza actos elevados a favor de los mismos, como el llevar la mitra en su frente, las preciosas y brillantes joyas en su pectoral y el levantarse para interceder por ellos, sino que, con humildad y paciencia, va con el lebrillo y la toalla adonde están los suyos. Realiza esto cuando día tras día quita nuestras persistentes debilidades y pecados. La última noche, al doblar tus rodillas, confesaste con dolor que una buena parte de tu conducta no era digna de tu profesión, y aun esta noche tienes que lamentar de nuevo que has caído en la misma insensatez y pecado del que te libró hace tiempo una gracia especial. Pero, a pesar de todo, Jesús te tiene mucha paciencia. El oirá tu confesión de pecado y te dirá: “Quiero, sé limpio”. El te aplicará de nuevo la sangre del esparcimiento que habla de paz a tu conciencia y quita toda mancha. Es, sin duda, un gran acto de eterno amor el que se lleva a cabo cuando Cristo absuelve al pecador, una vez por todas, y lo coloca en la familia de Dios. Pero, ¡qué condescendiente paciencia demuestra el Salvador cuando, con mucha longanimidad, soporta las reiteradas insensateces de su descarriado discípulo, lavando día tras día y hora tras hora las múltiples transgresiones de su extraviado pero muy amado hijo! Desecar un diluvio de rebelión es algo maravilloso, pero soportar el constante gotear de repetidas ofensas; soportar con una paciencia que constantemente probada, eso es, en realidad, divino. Mientras hallamos confortación y paz en la limpieza cotidiana que nos hace el Señor, su legítimo efecto sobre nosotros será aumentar nuestra vigilancia y avivar nuestros deseos a favor de la santidad. ¿Es así?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 23 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 23

“¿Por qué dormís? Levantaos y orad, que no entréis en tentación”. Lucas 22:46.

¿CUANDO el cristiano está más propenso a dormir? ¿No es cuando sus recursos temporales abundan? ¿No has comprobado esto? Cuando tenías dificultades diarias para llevar al trono de la gracia, ¿no eras más vigilante de lo que eres ahora? Son los caminos llanos los que producen viajeros soñolientos. Otra ocasión en que el cristiano puede hallarse en peligro es cuando en los asuntos espirituales todo le va bien. Cristiano, dice Bunyan, no se echó a dormir cuando los leones estaban en el camino o cuando cruzaba el río o cuando luchaba con Apollyón; pero, cuando trepó hasta la mitad de la subida del collado Dificultad y llegó a un agradable cenador, donde se sentó a descansar, en seguida cayó dormido, con lo que, después, experimentó tristeza y pérdida. El encantado paraje era un lugar de brisas balsámicas, cargadas de fragantes perfumes y de encantos, todo lo cual tendía a adormecer a los peregrinos. Recuerda la descripción de Bunyan: “Entonces llegaron a un cómodo cenador que proporcionaba mucho descanso a los fatigados peregrinos, el cual estaba primorosamente trabajado en la parte superior, embellecido con legumbres y provisto de bancos. Tenía también un lecho donde el cansado podía recostarse”. “El cenador era llamado el Amigo del Perezoso y fue construido con el propósito de seducir, si fuese posible, a alguno de los peregrinos para que, cuando se sintiese fatigado, descansase allí”. Lector, está seguro de esto: es en los lugares cómodos donde los hombres cierran sus ojos y vagan por la visionaria tierra de la negligencia. El anciano Erskine dice sabiamente: “Quiero más bien un diablo rugiente que un diablo durmiente”. La tentación más peligrosa está en no ser probado. El alma angustiada no duerme; es, más bien, después de entrar en una posición de tranquila confianza o de absoluta seguridad, cuando el alma está en peligro de dormitar. Los discípulos quedaron dormidos después de ver a Jesús transfigurado. Ten cuidado, alegre cristiano, pues las situaciones favorables son causa de inmediata tentación. Vive alegre como quieras, pero vela sin cesar.

Charles Haddon Spurgeon.