Versículo para hoy:

sábado, 16 de abril de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 16

“Así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”. Éxodo 17:12.

TAN poderosa era la oración de Moisés, que todo dependía de ella. Las peticiones de Moisés desconcertaron más al enemigo que el combate de Josué. Sin embargo, ambas cosas, eran necesarias. Así también, en el conflicto del alma, el poder y el fervor, la decisión y la devoción, el valor y la vehemencia deben unir sus fuerzas y todo irá bien. Tú debes luchar con tus pecados, pero la mayor parte de la lucha tiene que ser hecha sólo en privado con Dios. La oración, como la de Moisés, levanta la señal del pacto delante del Señor. La vara era el emblema de lo que Dios hacía con Moisés, el símbolo de la autoridad de Dios sobre Israel. Aprende, ¡oh! santo que suplicas, a levantar la promesa y el juramento de Dios delante de él. El Señor no puede negar sus declaraciones. Levanta, pues, la vara de la promesa y obtén lo que quieras. Moisés se cansaba y entonces sus amigos lo asistían. Cuando en cualquier ocasión tu oración flaquee, deja que la fe la sostenga de un lado y la esperanza del otro, y la oración, sentándose sobre la piedra de Israel, la roca de nuestra salvación, perseverará y prevalecerá. ¡Cuidado con el desfallecimiento en la devoción! Si Moisés lo experimentó, ¿quién podrá eludirlo? Es mucho más fácil luchar con el pecado en público que orar contra él en privado. Es notable que Josué nunca se cansó en la lucha; en cambio Moisés se fatigó en la oración. Cuanto más espiritual sea un ejercicio más dificultoso es para la carne y para la sangre mantenerlo. Clamemos, entonces, por fuerza especial, y que el Espíritu Santo, que ayuda a nuestras flaquezas como lo ayudó a Moisés, nos permita como a él, continuar con nuestras manos firmes “hasta que se ponga el sol”, hasta que la tarde de la vida pase; hasta que lleguemos a la salida de un sol mejor en la tierra donde la oración sea absorbida por la alabanza.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 15 de abril de 2016

Tienes un futuro - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 15

“Ensálzalos para siempre”. Salmo 28:9.

EL pueblo de Dios necesita ser ensalzado. Sus componentes, por naturaleza, son muy pesados. No tienen alas o, si las tienen, son semejantes a la paloma echada entre los tiestos; necesitan de la gracia divina para que remonten en alas “cubiertas de plata y sus plumas con amarillez de oro”. (Salmo 68:13). La chispa por naturaleza se eleva, pero las almas pecadoras de los hombres caen al suelo. ¡Oh, Señor, “ensálzalos para siempre”! David mismo dice en otro lugar: “A ti, oh Señor, levanto mi alma”, y aquí siente la necesidad de que las almas de otros hombres sean también levantadas como la suya. Cuando pidas esta bendición para ti mismo no olvides de solicitarla también para otros. Hay tres puntos en que los hijos de Dios necesitan ser elevados. Necesitan ser elevados en carácter. Elévalos, Señor; no permitas que tu pueblo sea semejante a la gente del mundo. El mundo está puesto en maldad; levántalos de allí. La gente del mundo va tras la plata y el oro, buscando su propio placer y la gratificación de sus lujurias. Pero, Señor, eleva tú a los tuyos encima de todo esto. Líbralos de ser “rebuscadores de estiércol”, como llama Juan Bunyan al hombre que siempre iba tras el oro. Pon sus corazones sobre el Señor resucitado y sobre la herencia celestial. Además, los creyentes necesitan ser prosperados en el conflicto. ¡Oh!, Señor, si en la batalla pareciera que ellos van a caer, complácete en darles la victoria. Si por un momento el pie del enemigo estuviese sobre sus cuellos, ayúdales a empuñar la espada del Espíritu y, finalmente, a ganar la batalla. Señor, levanta el espíritu de tus hijos en el día del conflicto; no permitas que se sienten en el polvo, llorando para siempre. No permitas que el adversario los acose cruelmente y los destruya. Pero si como Ana han sido perseguidos, permíteles cantar de la gracia de un Dios que liberta. Podemos también pedir al Señor que los eleve al fin de la jornada. Elévalos, Señor; llévalos al hogar. Levanta sus cuerpos de la tumba y eleva sus almas a tu reino eterno en gloria.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 14 de abril de 2016

Ayudando a otros a perseverar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 14

“Decid al justo que le irá bien”. Isaías 3:10.

LE irá bien al justo siempre. Si hubiese dicho: “Decid al justo que le irá bien en la prosperidad”, hubiéramos estado agradecidos, porque la prosperidad es una hora peligrosa, y es un don del cielo el estar asegurados contra sus trampas. O si hubiese escrito: “Le irá bien en la persecución”, hubiéramos estado también agradecidos por tan animadora seguridad, porque la persecución es dura de soportar. Pero cuando no se menciona ocasión, toda circunstancia está incluida. Las promesas de Dios deben ser siempre entendidas en su sentido más amplio. Desde el principio hasta el fin del año; desde el ocaso hasta el alba; en toda condición y bajo toda circunstancia le irá bien al justo. Le va tan bien al justo que no podríamos imaginar nada mejor, pues está bien alimentado: se alimenta con la carne y la sangre de Jesús; está bien vestido: viste la imputada justicia de Cristo; está bien alojado: mora con Dios; está bien casado: su alma está unida con Cristo en los lazos de una unión matrimonial; está bien provista, pues Jehová es su pastor; tiene una buena dote, pues el cielo es su herencia. También le va bien al justo por disposición divina, pues es la boca de Dios la que expresa la confortante seguridad. ¡Oh! amado, si Dios declara que todo va bien, pueden diez mil demonios declarar que va mal, que nosotros nos reiremos de ellos, burlándonos. Bendito sea Dios por una fe que nos permite creer en él cuando las criaturas lo contradicen. ¡Oh! justo, la Palabra dice que te irá bien en todo tiempo. Entonces, amado, si tú no puedes ver esto, deja que la palabra de Dios ocupe el lugar de tus ojos; sí, cree esta promesa bajo la divina autoridad con más confianza que si tus ojos y sentimientos te la expresaran. Quien es bendecido por Dios, bendecido es en verdad; y lo que los labios de Dios declaran es verdad segura e inmutable.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 13 de abril de 2016

Dios te ayudará a soportar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 13

“Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto; y él lo aceptará para expiarle”. Levítico 1:4.

LA verdad de que nuestro Señor fue hecho “pecado por nosotros” se enseña aquí por medio de la muy significativa transferencia del pecado sobre el buey, hecha por los ancianos del pueblo. El poner la mano no era un simple toque de contacto, porque en algunos otros pasajes de las Escrituras la palabra original tiene el significado de apoyarse pesadamente, como en la expresión “Sobre mí se ha acostado tu ira”. (Salmo 88:7). Sin duda, esta es la misma esencia y naturaleza de la fe: que no sólo nos pone en contacto con el gran Substituto, sino nos enseña a apoyarnos en él con toda la carga de nuestro pecado. Jehová reunió sobre la cabeza del Substituto todas las ofensas del pueblo de su pacto, pero cada uno de los elegidos es llevado personalmente a ratificar ese solemne pacto cuando por gracia, por medio de la fe, se le permite poner la mano sobre la cabeza del “Cordero inmolado desde la fundación del mundo”. Creyente, ¿recuerdas aquel glorioso día cuando experimentaste el perdón por medio de Jesús que quita el pecado? ¿No puedes hacer una alegre confesión y unirte al escritor diciendo: Mi alma recuerda con placer el día de su liberación. Cargado de pecado y lleno de temores vi a mi Salvador como mi Substituto y puse mi mano sobre él? ¡Oh cuán tímidamente hice esto al principio! Pero el valor creció y la confianza se fue afirmando hasta que apoyé mi alma en él enteramente. Ahora mi incesante gozo es saber que mis pecados no me son más imputados, sino cargados sobre él. Y, a semejanza de las deudas del que cayó en manos de ladrones, Jesús, como el buen samaritano, ha dicho de mis futuras caídas: “Ponlas a mi cuenta”. ¡Bendito descubrimiento! ¡Eterno solaz de un corazón agradecido!
Confieso que culpable soy,
Confieso que soy vil;
Empero por ti salvo estoy,
Seguro en tu redil.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 12 de abril de 2016

Sostenidas bajo la presión - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 12

“El jardín del rey”. Nehemías 3:15.

LA mención del jardín del rey por Nehemías trae a nuestra mente el paraíso que el Rey de reyes preparó para Adán. El pecado arruinó completamente aquella hermosa morada de todos los placeres e hizo caer a los hijos de los hombres al suelo, el cual les produce espinas y cardos. Alma mía, recuerda la caída, pues ella fue tu caída. Lamenta mucho que el Señor de amor haya sido tan ignominiosamente maltratado por la cabeza de la raza humana, de la que tú eres un miembro tan inmerecedor como cualquiera. Mira cómo los dragones y demonios residen en esta hermosa tierra, la que una vez fue un jardín de placer. Mira más allá otro jardín del Rey, que el Rey riega con el sudor de su sangre: Getsemaní, cuyas amargas hierbas son para las almas regeneradas mucho más agradables que los sabrosos frutos del Edén. Allí fue reparado el daño que la serpiente hizo en el primer jardín; allí la maldición fue quitada de la tierra y llevada por la simiente prometida de la mujer. Alma mía, piensa mucho en la agonía y en la pasión; visita el jardín de la “prensa de oliva” y mira a tu gran Redentor redimiéndote de tu estado de perdido. En realidad, este es el jardín de los jardines donde el alma puede ver la culpa del pecado y el poder del amor, dos aspectos que sobrepujan a todos los otros. ¿No hay otro jardín del Rey? Sí, corazón mío. Tú eres ese jardín, o debieras serlo. ¿Cómo florecen las flores? ¿Hay algunos frutos selectos? ¿Anda el Rey en él y descansa en las glorietas de mi espíritu? Que pueda yo ver que las plantas son podadas y regadas y las dañinas zorras cazadas. Ven, Señor, y permite que el viento celestial sople en tu venida para que las fragancias de tu jardín lo llenen todo. No debo olvidar el jardín del Rey, que es la Iglesia. ¡Oh, Señor, prospérala! Reedifica sus muros, nutre sus plantas, madura sus frutos, y del dilatado desierto desmonta el yermo estéril y haz de él un “jardín del Rey”.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 11 de abril de 2016

El propósito del sufrimiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 11

“Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados”. Salmos 25:18.

ES para nosotros un bien cuando las oraciones a favor de nuestras aflicciones están ligadas con súplicas relativas a nuestros pecados; cuando, estando bajo la mano de Dios, no somos completamente absorbidos por nuestras aflicciones, sino recordamos nuestras ofensas contra Dios. Es un bien también llevar aflicciones y pecados al mismo lugar. David llevó su aflicción a Dios y a Dios confesó su pecado. Observemos entonces que nosotros debemos llevar nuestras aflicciones a Dios. Aun tus pequeños pesares pueden ser colocados sobre Dios, pues él cuenta los cabellos de nuestras cabezas; pero también tus grandes pesares pueden ser confiados a él, pues él contiene el océano en el hueco de la palma de su mano. Ve a él, cualquiera sea tu presente dificultad, y lo hallarás capaz y deseoso de socorrerte. Pero también debemos llevar nuestros pecados a Dios. Debemos llevarlos a la cruz para que la sangre caiga sobre ellos y quite su culpa y elimine su poder corruptor. La lección peculiar del texto es esta: que nosotros debemos ir al Señor con pesares y pecados, en espíritu correcto. Nota que todo lo que David pide en cuanto a su aflicción es “Mira mi aflicción y mi trabajo”. Pero la otra petición es mucho más expresiva, definida, categórica y clara: “Perdona todos mis pecados”. Muchos pacientes se expresan así: “Quita mi aflicción y mi trabajo y mira mis pecados”. Pero David no se expresa así, sino dice: “Señor, en cuanto a mi aflicción y a mi trabajo yo no daré órdenes a tu sabiduría. Señor, míralos; te los entregaré a ti. Sería motivo de gozo para mí ver mi dolor eliminado, pero haz como tú quieras. Empero, en cuanto a mis pecados, necesito tenerlos perdonados. No puedo aguantar un momento más bajo su maldición”. Un cristiano considera más llevadera la aflicción que el pecado. Puede tolerar que sus enfermedades continúen, pero no puede soportar la carga de sus transgresiones.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 10 de abril de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 10

“Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios”. Hechos 27:23.

LA tempestad y la persistente oscuridad, unidas al inminente riesgo de naufragio, llevaron a la tripulación del barco a una situación triste. Un solo hombre, entre tantos, permaneció en perfecta calma, y, por su palabra, los demás se tranquilizaron. Pablo era el único hombre que tenía suficiente valor como para decir: “Señores, tened buen ánimo”. Había a bordo veteranos legionarios romanos y bravos marineros y, sin embargo, el pobre misionero judío tuvo más valor que todos ellos. El tenía un Amigo secreto que mantuvo elevado su coraje. El Señor Jesús envió un mensajero celestial a susurrar palabras de consolación en los oídos de su fiel siervo; por eso tenía un rostro resplandeciente y habló como un hombre tranquilo. Si tenemos al Señor, podemos aguardar oportunas mediaciones cuando nuestra situación esté en lo peor. Las tormentas no pueden ocultarnos a los ángeles ni la oscuridad impedirlos. Los serafines no reputan humillación el visitar al más pobre de la familia celestial. Si las visitas de los ángeles son pocas y escasas en tiempos ordinarios, serán frecuentes en nuestras noches de tempestad y de zozobra. Los amigos pueden abandonarnos cuando estamos en apremio, pero nuestras relaciones con los habitantes del mundo angélico serán más frecuentes. Y con la fuerza de las palabras amorosas traídas a nosotros desde el trono por el camino de la escala de Jacob, tendremos poder para hacer proezas. Querido lector, ¿es esta una hora de aflicción para ti? Entonces pide una ayuda especial. Jesús es el ángel del pacto, y si su presencia es ahora ardientemente buscada, no nos será negada. Que esa presencia produce alegría de corazón lo recuerdan los que, como Pablo, han tenido un ángel junto a ellos en una noche de tormenta cuando las anclas eran impotentes y las rocas estaban cerca. “¡Oh, ángel de mi Dios, acércate; en medio de la oscuridad, acalla mi temor. Ruge fuerte el tempestuoso mar; tu presencia, Señor, me confortará”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 9 de abril de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 9

“Tu benignidad me ha acrecentado”. Salmos 18:35.

ESTAS palabras pueden ser traducidas así: “Tu bondad me ha acrecentado”. David, agradecido, atribuye toda su grandeza no a su propia bondad, sino a la bondad de Dios. “Tu providencia” es otra interpretación y la providencia no es otra cosa que la bondad en acción. La bondad es el pimpollo del cual la providencia es la flor; o, también, la bondad es la semilla de la cual la providencia es la cosecha. Algunos leen “Tu ayuda”, que es sólo otra palabra por providencia. La providencia es la firme aliada de los santos, la cual los ayuda en el servicio de su Señor. O, también, “Tu humildad me ha acrecentado”. “Tu condescendencia” puede servir, quizás, como una comprensiva interpretación que combina las ideas mencionadas e incluye la de humildad. La condescendencia de Dios es la causa de nuestro acrecentamiento. Nosotros somos tan insignificantes que si Dios mostrara su grandeza sin condescendencia seríamos hollados bajo sus pies. Pero Dios que se inclina para contemplar los cielos y ver lo que hacen los ángeles, dirige sus ojos aún más abajo y ve al humilde y contrito y lo engrandece. Hay aún otra traducción, como, por ejemplo, la de la Septuaginta, que dice: “Tu disciplina”, tu paternal corrección, “me ha acrecentado”; mientras que la paráfrasis caldea dice: “Tu palabra me ha acrecentado”. Sin embargo, la idea es la misma. David atribuye toda su grandeza a la condescendiente bondad de su Padre celestial. Que este sentimiento halle eco en nuestros corazones esta noche, mientras ponemos a los pies de Jesús nuestras coronas y clamamos: “Tu bondad me ha acrecentado”. ¡Cuán maravillosa ha sido nuestra experiencia de la benignidad de Dios! ¡Cuán suaves han sido sus correcciones! ¡Cuán benigna su clemencia! ¡Cuán agradables sus enseñanzas! ¡Cuán cariñosa su atracción! ¡Oh, creyente, medita en este tema! Que la gratitud se despierte; que la humildad se profundice; que el amor se avive antes que caigas dormido esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 8 de abril de 2016

Espera el sufrimiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 8

“No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Salmos 23:4.

¡MIRAD cuán independiente de circunstancias externas el Espíritu Santo hace al cristiano! ¡Qué luz brillante resplandece dentro de nosotros cuando afuera es todo tinieblas! ¡Cuán firmes, felices, tranquilos y pacíficos podemos estar cuando la palabra nos sacude de acá para allá y los pilares de la tierra son conmovidos! Aun la muerte misma, con todo su influjo, no tiene poder para interrumpir la música del corazón cristiano; antes, al contrario, ella hace que esa música sea más dulce, más clara, más celestial. Por fin, el último acto bondadoso que la muerte podrá realizar es dejar que la melodía terrenal se funda con el coro celestial, y el gozo terrenal, en la eterna felicidad. Tengamos confianza, pues, en el poder del bendito Espíritu para confortarnos. Querido lector, ¿estás presintiendo la pobreza? No temas. El divino Espíritu puede darte en tu necesidad una abundancia mayor que la que tiene el rico. Tú no sabes qué goces pueden estar guardados para ti en la choza en torno de la cual la gracia plantará rosas de alegría. ¿Te estás dando cuenta de que tus fuerzas físicas están disminuyendo? ¿Esperas sufrir largas noches de tristeza y días de dolor? ¡Oh, no estés melancólico! Esa cama puede llegar a ser un trono para ti. Tú conoces poco tocante a cómo todo dolor que atraviesa tu cuerpo puede ser un fuego purificador que consuma tus escorias, un destello de gloria que ilumine las partes secretas de tu alma. ¿Tus ojos se están oscureciendo? Jesús será tu luz. ¿Te están fallando los oídos? El nombre de Jesús será la mejor música de tu alma, y su persona, tu placer predilecto. Sócrates solía decir: “Los filósofos pueden ser felices sin la música”. Y los cristianos pueden ser más felices que los filósofos cuando todas las causas externas de regocijo les son quitadas. En ti, mi Dios, mi corazón vencerá, venga lo que viniere de los males exteriores. ¡Oh, bendito Espíritu, por tu poder mi corazón estará muy gozoso aunque todas las cosas de aquí abajo me fallen!

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 7 de abril de 2016

Recompensas de la modestia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 7

“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud; cantará mi lengua tu justicia”. Salmo 51:14.

EN esta solemne confesión, es placentero observar que David claramente nombra su pecado. No lo llama homicidio casual ni se refiere a él como un acto de imprudencia por el cual un desafortunado accidente ocurrió a un hombre digno, sino lo llama por su verdadero nombre: homicidio. En realidad, David no mató al esposo de Bathsheba, pero, sin embargo, fue en su corazón donde se fraguó la muerte de Urías y, así, delante de Dios fue un asesino. Aprende en la confesión a ser sincero con Dios. No des nombres hermosos a los inmundos pecados. Aunque los llames como quieras, no por eso tendrán olor más agradable. Procura ver el pecado como lo ve Dios, y, con sinceridad de corazón, reconoce su carácter real. Observa que David se sentía evidentemente oprimido con la enormidad de su pecado. Es fácil usar palabras, pero difícil valorar su significado. El Salmo 51 es una fotografía de un espíritu contrito. Busquemos el mismo quebrantamiento de corazón, porque, aunque nuestras obras fueran excelentes, si nuestros corazones no son conscientes de que el pecado merece el infierno, no podemos esperar hallar perdón. Nuestro texto contiene una ardiente oración dirigida al Dios de la salvación. Perdonar es su prerrogativa. Salvar a los que buscan su rostro es su fama y función. Más aún, el texto lo llama Dios de mi salvación. Sí, bendito sea su nombre, mientras estoy yendo a él por medio de la sangre de Cristo, puedo regocijarme en el Dios de mi salvación.
El salmista termina con un loable voto: si Dios lo libra, él cantará; sí, más, él cantará en voz alta. ¿Quién puede cantar de otra manera de tal bondad? Pero notemos el tema del canto: “tu justicia”. Debemos cantar de la obra consumada por el precioso Salvador, y el que conoce mucho del amor perdonador, cantará más fuerte.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 6 de abril de 2016

Revelación parcial - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 6

“En nombre de Jehová, que yo los romperé”. Salmos 118:12.

NUESTRO Señor Jesús no adquirió con su muerte un derecho a una sola parte de nuestro ser, sino a todo nuestro ser. El contempló en su pasión nuestra entera santificación: espíritu, alma y cuerpo, para que en este triple reino él pudiera reinar supremo y sin rival. Es cometido de la nueva naturaleza que Dios ha dado a los regenerados defender los derechos del Señor Jesucristo. Alma mía, por cuanto tú eres una hija de Dios, tienes que conquistar el resto de tu ser que aún permanece no bendecido. Debes someter todas tus facultades y pasiones al cetro de plata del benigno reino de Jesús y nunca debes estar satisfecho hasta que el que es Rey por compra, llegue a ser Rey también por coronación de gracia y reine en ti supremo. En vista, pues, de que el pecado no tiene derecho a ninguna parte nuestra, emprendemos una buena y legítima guerra cuando procuramos, en el nombre de Dios, eliminarlo. ¡Oh, cuerpo mío, tú eres un miembro de Cristo! ¿Toleraré tu sumisión al príncipe de las tinieblas? ¡Oh, alma mía, Cristo ha sufrido por tus pecados y te ha redimido con su muy preciosa sangre! ¿Permitiré yo que tu memoria sea un depósito de mal o tus pasiones, teas de iniquidad? ¿Entregaré mi juicio para que sea pervertido por el error o mi voluntad para que sea introducida en las prisiones de iniquidad? No, alma mía, tú eres de Cristo y el pecado no tiene derecho en ti. Ten ánimo en cuanto a esto, oh cristiano; no te desalientes como si tus enemigos espirituales nunca pudieran ser destruidos. Tú puedes vencerlos –no por tus propias fuerzas-; pues el más débil de ellos sería demasiado fuerte para ti. Pero tú puedes vencerlos y los vencerás por la sangre del Cordero. No preguntes: “¿Cómo los desposeeré, pues son más grandes y poderosos que yo?”, sino ve al Fuerte por fuerzas; espera humildemente en Dios, y el poderoso Dios de Jacob vendrá sin duda a librarte y tú cantarás victoria por medio de su gracia.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 5 de abril de 2016

El valor del tesoro oculto - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 5

“Delante de la honra está la humildad”. Proverbios 15:33.

LA humildad de alma siempre trae consigo una bendición positiva. Si vaciamos nuestros corazones de nosotros mismos, Dios los llenará con su amor. El que desee íntima comunión con Cristo tiene que recordar la palabra del Señor: “A aquel miraré que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra”. Agáchate si quieres subir al cielo. ¿No decimos de Jesús: “descendió para que pudiese ascender”? Así debes hacer tú. Debes descender para que puedas ascender, pues la más dulce comunión con el cielo la obtienen las almas humildes y sólo ellas. Dios no negará ninguna bendición a un espíritu enteramente humilde. “Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”, con todas sus riquezas y tesoros. Todo el tesoro de Dios será transferido por escritura de dádiva al alma que sea suficientemente humilde como para recibir esta riqueza sin enorgullecerse. Dios nos bendice a todos hasta la plena medida y extremidad de lo que es conveniente para él hacer. Si tú no obtienes una bendición es porque no es conveniente para ti tenerla. Si nuestro Padre Celestial permitiera que tu espíritu no humillado ganara una victoria en su santa guerra, tú hurtarías la corona y, al encontrarte con un nuevo enemigo, caerías víctima. Es por eso que para tu propia seguridad, él te mantiene humilde. Cuando un hombre es sinceramente humilde y nunca se atreve a tocar siquiera un grano de alabanza, no hay límite alguno para lo que Dios hará por medio de él. La humildad nos prepara para ser bendecidos por el Dios de toda gracia y nos pone en condiciones de tratar eficientemente con nuestros prójimos. La humildad es una flor que adornará cualquier jardín. Es esta una salsa con la que se puede sazonar cualquier plato de la vida y tú hallarás un progreso en cada caso. Tanto en la oración como en la alabanza, en el trabajo como en el sufrimiento, la genuina sal de la humildad no puede ser usada con exceso.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 4 de abril de 2016

Velas y pólvora - Nancy DeMoss Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 4

“Venid, y subamos al monte de Jehová”. Isaías 2:3.


ES muy beneficioso para nuestras almas ascender de sobre este presente mundo malo hacia algo más noble y mejor. El afán de este siglo y el engaño de las riquezas pueden ahogar todo bien que haya en nosotros y así desarrollarnos malhumorados, desalentados y hasta orgullosos y carnales. Es bueno que cortemos esas espinas y zarzas, porque la simiente celestial sembrada entre ellas no es probable que dé cosecha. ¿Dónde hallaremos una hoz mejor con la cual cortarlas que la comunión con Dios y las cosas del reino? En los valles de Suiza, muchos de los que los habitan están deformados, y todos tienen una apariencia enfermiza, porque la atmósfera está cargada de miasmas y es sofocante y estancada. Pero arriba, sobre las montañas, se halla una raza robusta que respira el aire fresco y puro que procede de las inmaculadas nieves de las alturas alpinas. Sería conveniente que los habitantes del valle dejaran frecuentemente sus habitaciones entre los pantanos y vahos febriles e inhalaran el fortificante aire de las montañas. Es a esta hazaña de trepador a la que os invito esta noche. Que el Espíritu de Dios nos asista para que dejemos los vahos del temor y las fiebres de la ansiedad y todos los males que se juntan en este valle terrenal y ascendamos a las montañas de anticipado gozo y felicidad. ¡Que Dios el Espíritu Santo corte las cuerdas que nos tienen atados aquí abajo y nos ayude a ascender! Nosotros nos sentamos muy frecuentemente como águilas encadenadas, atadas a una roca; sólo que, a diferencia de las águilas, empezamos a amar nuestras cadenas, y, quizás, si llegara la ocasión, sentiríamos verlas rotas. Quiera Dios concedernos gracia para que si no podemos escapar de las cadenas en cuanto a nuestra carne, lo logremos en cuanto a nuestro espíritu; y, dejando el cuerpo, como un siervo, al pie del monte, puedan nuestras almas, como Abraham, alcanzar la cima de la montaña y gozar allí de comunión con el Altísimo.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 3 de abril de 2016

HÉROES DE LA FE: ABRAHAM - Pr. Harvey Martínez



LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 3

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Isaías 53:6.

AQUÍ tenemos una confesión de pecado que es común a todos los elegidos de Dios. Ellos han caído y, por lo tanto, dicen al unísono desde el primero que entró en el cielo hasta el último que entrará allá: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas”. La confesión, aparte de ser unánime, es también especial y particular: “cada cual se apartó por su camino”. Hay una pecaminosidad peculiar en cuanto a cada uno de los individuos. Todos son pecadores, pero cada uno con un agravante no hallado en su prójimo. Esta es la señal del genuino arrepentimiento: que mientras este naturalmente se asocia con los otros penitentes, asume también una posición de soledad. “Cada cual se apartó por su camino” es una confesión de que cada hombre ha pecado contra una luz particular o ha pecado con un agravante que él no pudo ver en otros. Esta confesión es sin reservas. No hay una sola palabra para disminuir su fuerza, ni una sílaba a modo de excusa. La confesión es una renuncia a toda pretensión de justicia propia. Es la declaración de hombres que son conscientemente culpables, culpables con agravantes, culpables sin excusas. Ellos están con sus armas rotas en pedazos y claman: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”. Sin embargo, no oímos dolorosos lamentos acompañando a esta confesión de pecados; al contrario, la próxima sentencia hace de ella casi un canto: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Esta es de las tres la sentencia más penosa, pero rebosa de animación. Extraña cosa es esta: que donde estaba concentrada la miseria reinó la merced; donde el dolor alcanzó su clímax, las almas fatigadas hallaron descanso. El Salvador herido es la medicina de los corazones heridos. Ve cómo el más profundo arrepentimiento da lugar a una segura confianza, simplemente por mirar a Cristo en la cruz.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 2 de abril de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 2

“Verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”. Isaías 53:10.

ABOGAD por el rápido cumplimiento de esta promesa, todos vosotros que amáis al Señor. Es trabajo fácil orar cuando estamos fundados y cimentados, en cuanto a nuestros deseos, en las promesas de Dios. ¿Cómo puede el que dio la palabra dejar de cumplirla? La inmutable veracidad no puede envilecerse con una mentira y la eterna fidelidad no puede degradarse con un olvido. Dios tiene que bendecir a su Hijo; su pacto lo obliga a ello. Lo que el Espíritu nos inspira a pedir por Jesús es lo que Dios decretó darle. Cuando ores a favor del reino de Cristo, deja que tus ojos contemplen el amanecer del bendito día, que se acerca, cuando el crucificado será coronado en el lugar donde los hombres lo rechazaron. Ten ánimo, tú, que con devoción trabajas y te afanas por Cristo con tan pobre resultado; no siempre será así. Mejores tiempos están delante de ti. Tus ojos no pueden ver el feliz futuro. Pide prestado el telescopio de la fe; limpia el vidrio para que no esté empañado con tus dudas; mira a través de él y contempla la gloria que se aproxima. Lector, permíteme preguntarte si haces de esto el objeto de tus constantes oraciones. Recuerda que el mismo Cristo que nos ordenó decir “danos hoy nuestro pan cotidiano”, nos enseñó a decir primero “santificado sea tu nombre, venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra”. Que tus oraciones no sean todas hechas en relación con tus pecados, con tus necesidades, con tus imperfecciones, con tus pruebas, sino que suban por la estrellada escala hasta llegar a Cristo mismo, y entonces al acercarte al propiciatorio rociado con sangre, ofrece continuamente esta oración: “Señor, ensancha el reino de tu querido Hijo”. Tal petición, fervientemente presentada, elevará el espíritu de todas tus devociones. Recuerda que demuestras la sinceridad de tu oración, trabajando para promover la gloria del Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 1 de abril de 2016

Mensaje confuso - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – ABRIL 1

“Gracia y gloria dará Jehová”. Salmo 84:11.

JEHOVÁ es generoso por naturaleza. Dar es su placer. Sus dones son indeciblemente preciosos y son otorgados tan generosamente como la luz del sol. El da gracia a sus elegidos porque le place; a sus redimidos, a causa del pacto; a los llamados, por las promesas; a los creyentes, porque la buscan, y a los pecadores, porque la necesitan. El la da abundante, oportuna, constante, pronta y soberanamente, encareciendo el valor de la dádiva con la forma de darla. Dios da gracias a los suyos generosamente y en todas las formas: confortándolos, preservándolos, santificándolos, dirigiéndolos, instruyéndolos y asistiéndolos sin cesar. Esto lo hará siempre ocurra lo que ocurriere. Si se presenta la enfermedad, el Señor dará gracia; si nos sobreviene la pobreza, gracia nos será concedida; si viene la muerte, la gracia encenderá el candil en la hora más oscura. Lector, cuán precioso es (a medida que van pasando los años y las hojas de los árboles empiezan de nuevo a caer) gozar de esta inmarcesible promesa: “Gracia dará Jehová”. La corta conjunción “y” es en este versículo un remache de diamante, que une el presente con el futuro. La gracia y la gloria siempre van juntas. Dios las ha unido en matrimonio y ninguna se puede divorciar de la otra. El Señor nunca negará gloria a aquella alma a la cual se le ha concedido generosamente vivir en la gracia. En realidad, la gloria no es otra cosa que la gracia vestida de fiesta, gracia en plena floración, gracia semejante a los frutos de otoño, madura y perfecta. Ninguno puede decir cuándo estará en la gloria. Quizás antes que termine este mes de abril veamos la Santa Ciudad. Pero sea ahora o sea más tarde, la verdad es que pronto seremos glorificados. El Señor, sin duda, dará a sus escogidos gloria, gloria celestial, gloria eterna, la gloria de Jesús. ¡Oh!, sorprendente promesa de un Dios fiel.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 31 de marzo de 2016

Guarda de mi hermano - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Voddie Baucham

LECTURAS VESPERTINAS – MARZO 31

“Tomando luego Rispa hija de Aja un saco, tendióselo sobre un peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó á ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.” 2 Samuel 21:10.

SI el amor de una mujer hacia sus muertos hijos pudo hacer que ella prolongase su triste vigilia por tan grande tiempo, ¿nos cansaremos nosotros de considerar los sufrimientos de nuestro bendito Señor? Ella ahuyentó las aves rapiña. ¿No disiparemos nosotros de nuestras meditaciones los pensamientos mundanos y pecaminosos que manchan nuestras mentes y los sagrados temas en los cuales estamos ocupados? ¡Fuera, pájaros de mal vuelo! ¡Dejad el sacrificio! Rispa soportó sola y sin refugio los calores del verano, el rocío de la noche y las lluvias. El sueño había huido de sus llorosos ojos; su corazón estaba demasiado lleno como para dormitar. ¡Ved cómo amaba a sus hijos! ¡Así soportó Rispa! ¿Y nosotros nos retiraremos ante el primer inconveniente o prueba? ¿Somos tan cobardes que no podemos resignarnos a sufrir con nuestro Señor? Rispa ahuyentó aun a las fieras con un coraje no común en su sexo. ¿Y nosotros no estaremos prontos a hacer frente a cualquier enemigo por amor a Jesús? Estos hijos de Rispa fueron muertos por manos extrañas, sin embargo ella lloró y veló. ¿Qué debemos, pues, hacer nosotros que a causa de nuestros pecados crucificamos a nuestro Señor? Nuestras obligaciones son ilimitadas; nuestro amor debiera ser ferviente y nuestro arrepentimiento completo. Velar con Jesús debiera ser nuestra ocupación, permanecer cerca de la cruz, nuestro solaz. Aquellos horribles cadáveres bien podían espantar a Rispa, especialmente por la noche, pero en nuestro Señor, al pie de cuya cruz estamos sentados, no hay nada repugnante, sino todo es atractivo. Nunca hubo una belleza viviente tan encantadora como la del Salvador agonizante. Jesús, nosotros velaremos contigo aun un poco más, y tú revélate benignamente a nosotros; entonces no nos sentaremos bajo cilicio sino en un regio pabellón.

Charles Haddon Spurgeon.