Versículo para hoy:

lunes, 8 de abril de 2024

CRISTO ES EL TODO - J. C. Ryle (1816-1900)

 “Cristo es el todo”. Colosenses 3:11


II. “Cristo es el todo” en la Biblia

En segundo lugar, entendamos que “Cristo es el todo” en los libros inspirados que componen la Biblia.

Encontramos a Cristo en todas partes de ambos testamentos. Al principio lo vemos sutil e indistintamente. En el medio, lo encontramos más clara y llanamente. Y lo vemos total y completamente, al final. 
Cristo es el todo en toda la Biblia de una manera real y sustancial. El sacrificio y muerte de Cristo por los pecadores, el reino de Cristo y su futura gloria, son la luz que tenemos que buscar en cualquier libro de las Escrituras que leamos. La cruz de Cristo y su corona son la clave a la que debemos aferrarnos si hemos de encontrar nuestro camino cuando enfrentamos alguna dificultad en nuestra lectura bíblica. 
Cristo es la única llave que abrirá muchos de los lugares, aparentemente oscuros, de la Palabra.

Algunos se quejan de que no entienden la Biblia. Y la razón es muy simple: No utilizan la clave. Para esas personas, la Biblia es como los jeroglíficos en Egipto. Es un misterio y lo es, simplemente porque no conocen ni emplean la clave.

2.a - Todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento estableció a Cristo crucificado. Cada animal ofrecido en un altar era una confesión práctica de que era necesario un Salvador que muriera por los pecadores, un Salvador que quitara el pecado del hombre, por su sufrimiento, como su Sustituto, es decir, que padeciera en su lugar (1 P. 3:18). ¡Es absurdo suponer que el sacrificio de animales inocentes, sin más objetivo que la sola muerte, podría agradar al Dios eterno!

2.b - Fue Cristo a quien Abel miró cuando ofreció un mejor sacrificio que Caín. No sólo era mejor el corazón de Abel que el de su hermano, sino que demostró su conocimiento del sacrificio vicario y su fe en la expiación. Ofreció los primogénitos de sus ovejas incluyendo su sangre y, al hacerlo, declaró, implícitamente, su convicción de que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado (He. 9:22; 11:4). 7

2.c - Fue Cristo de quien profetizó Enoc en los días de extrema maldad antes de la inundación. “He aquí”, dijo, “vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos” (Jud. 14, 15).

2.d - Fue Cristo a quien vio Abraham cuando habitó en tiendas en la tierra prometida. Él creyó en la promesa de que por su simiente, por uno nacido de su familia, todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Por la fe, vio el día de Cristo y se gozó (Jn. 8:56).

2.e - Fue Cristo de quien habló Jacob a sus hijos mientras agonizaba. Aclaró, puntualmente, la tribu de la que nacería y predijo que “se congregarán todos los pueblos” en su presencia, lo cual aún está por cumplirse. “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos” (Gn. 49:10).

2.f - Fue Cristo quien constituía la sustancia de la ley ceremonial que Dios dio a Israel por medio de Moisés. El sacrificio de la mañana y de la tarde, el derramamiento continuo de sangre, el altar, el propiciatorio, el sumo sacerdote, la Pascua, el día de la expiación y el chivo expiatorio, eran imágenes, tipos y emblemas de Cristo y su obra. Dios tuvo compasión de la debilidad de su pueblo. Él les enseñó a “Cristo” paso a paso, línea por línea y, por medio símiles, tal como enseñamos a los niños pequeños. Fue en este sentido, especialmente, que “la ley ha sido nuestro ayo” para guiar a los Judíos “a Cristo” (Gá. 3:24).

2.g - Fue hacia Cristo que Dios dirigió la atención de Israel con todos los milagros que diariamente se hacían frente a sus propios ojos en el desierto. La columna de fuego y la nube que los guió en el desierto, el maná del cielo que cada mañana les daba para comer, el agua de la roca golpeada y todos los demás milagros, cada uno era una figura de Cristo. La serpiente de bronce, en aquella ocasión memorable en que Dios envió la plaga de serpientes ardientes sobre ellos, fue, sin lugar a dudas, un emblema de Cristo (1 Co. 10:4; Jn. 3:14.)

2.h - Fue Cristo de quien eran un tipo todos los jueces. Josué, Gedeón, Jefté, Sansón y todos los demás a quienes Dios levantó para librar a Israel de su cautiverio, todos eran emblemas de Cristo. Débiles e inestables y tan deficientes como eran, fueron usados como un ejemplo de que vendrían cosas mejores en el futuro lejano. Todo tuvo la intención de recordar a las tribus que vendría un Libertador superior.

2.i - Fue Cristo de quien el rey David era un tipo. Ungido y elegido cuando pocos lo honraban, cuando era despreciado y rechazado por Saúl y todas las tribus de Israel, cuando era perseguido y obligado a huir para salvar su vida. Fue un hombre que sufrió durante toda su vida y, sin embargo, fue un vencedor; en todas estas cosas, David representaba a Cristo.

2.j - Fue Cristo de quien todos los profetas, desde Isaías hasta Malaquías hablaron. Ellos vieron a Cristo como a través de un espejo, oscuramente (1 Co. 13:12). Algunas veces anunciaron los sufrimientos de Cristo y, otras, las glorias que vendrían (1 P. 1:11). No siempre aclararon la diferencia entra la primera y la segunda venida de Cristo. Como dos velas en una línea recta, una detrás de la otra, a veces, vieron ambos eventos al mismo tiempo y hablaron de ellos simultáneamente. A veces, fueron movidos por el Espíritu Santo para escribir de los tiempos del Cristo crucificado y, a veces, de su reino en los últimos días, pero lo cierto es que la muerte de Jesús o Jesús reinando, es el pensamiento trascendente que siempre encontraremos en sus mentes.

2.k - Es Cristo, digo enfáticamente, de quien todo el Nuevo Testamento está saturado. Los Evangelios son Cristo viviendo, hablando y desplazándose entre los hombres. Los Hechos son Cristo predicado, publicado y proclamado. Las Epístolas son Cristo escrito, explicado y exaltado. Subrayo de nuevo: Desde Mateo hasta Apocalipsis, hay un nombre por encima de todos los demás y es el nombre de Cristo.

Exhorto a cada lector de este escrito a preguntarse con frecuencia lo que la Biblia es para él.
¿Es un libro en el que ha encontrado nada más que buenos preceptos morales y buenos consejos?
¿O es en la Biblia que usted ha encontrado a Cristo?

¿Usted comprende que en la Biblia “Cristo es el todo?”. Si no, se lo digo claramente: Hasta ahora, usted ha usado su Biblia con un propósito muy limitado.

Es como un hombre que estudia el sistema solar y deja de lado un análisis de lo que es el sol que, al final de cuentas, es el centro de todo. ¡No es de extrañar si su Biblia le resulta aburrida!

domingo, 7 de abril de 2024

CRISTO ES EL TODO - J. C. Ryle (1816-1900)

 
“Cristo es el todo”. Colosenses 3:11

 Las palabras de nuestro texto son pocas, breves y se dicen pronto; pero contienen grandes verdades. Al igual que aquellos versículos de oro: “Para mí el vivir es Cristo”, “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Fil. 1:21; Gál. 2:20), las palabras a los colosenses son singularmente ricas y significativas.

 Estas cuatro palabras son la esencia y la sustancia del cristianismo. Si nuestro corazón realmente puede estar de acuerdo con ellas, le hará bien a nuestra alma. Si no, seguramente, todavía tenemos mucho que aprender.

Voy a tratar de establecer en qué sentido “Cristo es el todo” y les pido que, a medida que vayan leyendo, juzguen con sinceridad, si acaso están seguros de que no pueden naufragar en el juicio final.

 A propósito, termino este libro con un comentario sobre este notable texto. Cristo es la fuente principal, tanto del cristianismo doctrinal como del práctico. Un conocimiento adecuado de Cristo es esencial para entender correctamente las doctrinas de la santificación y la justificación. El que comienza el camino de la santidad, no hará ningún progreso, a menos que le dé a Cristo el lugar que le corresponde. Empecé este libro con una afirmación clara acerca del pecado. Quiero terminarlo con una declaración, igualmente clara, acerca de la persona de Cristo.

I. “Cristo es el todo” respecto al hombre

Antes de cualquier otra cosa, entendamos que Cristo es el todo en todos los consejos de Dios respecto al hombre.


1.a - Hubo un tiempo cuando esta tierra no existía. Sólidas como se ven las montañas, sin límites como aparenta ser el mar, altas como se ven las estrellas en el cielo, nada de eso existía. Y el hombre, con todos los altos conceptos que ahora tiene de sí mismo, era una criatura desconocida.

 ¿Y dónde estaba Cristo entonces? Las Escrituras nos ayudan a contestar esta pregunta: “El Verbo era con Dios” y era “igual a Dios” (Jn. 1:1; Fil. 2:6). Cristo ya era en aquel entonces el Hijo amado del Padre: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn. 17:5). “Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24). “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra” (Pr. 8:23). Incluso ya Él era el Salvador “destinado desde antes de la fundación del mundo” (1 P. 1:20) y los creyentes fueron escogidos “en Él antes de la fundación del mundo” (Ef. 1:4).

1.b - Llegó un momento cuando esta tierra fue creada en su orden actual. El sol, la luna y las estrellas, el mar, la tierra y todos sus habitantes, fueron llamados a ser y hacer en medio del caos y la confusión. Y, por último, el hombre fue formado del polvo de la tierra.

¿Y dónde estaba Cristo entonces? Lo que dicen la Escrituras: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1: 3). “En Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” (Col. 1:16). “Y: tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos” (He. 1:10). “Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo” (Pr. 8:27-30). ¿Nos sorprende que el Señor Jesús, en su predicación, usara elementos que extraía del libro de la naturaleza? Cuando hablaba de las ovejas, los peces, los cuervos, el grano, los lirios, la higuera, la vid, se refería a las cosas que Él mismo había creado. 

1.c - Llegó un día cuando el pecado entró en el mundo. Adán y Eva comieron del fruto prohibido y cayeron. Perdieron la naturaleza santa que tenían en el principio. Perdieron la amistad y el favor de Dios y se convirtieron en seres culpables, indefensos, corruptos y pecadores sin esperanza. El pecado fue desde entonces una barrera infranqueable entre ellos y su Padre santo en el cielo. Dios tuvo que tratar con ellos de acuerdo con su pecado. Ahora no había nada delante de Adán y Eva, sino la muerte, el infierno y la ruina eterna.

¿Y dónde estaba Cristo entonces? En ese preciso momento, a nuestros temblorosos padres, les fue revelada la única esperanza de salvación: Cristo Jesús. El mismo día en que desobedecieron, se les dijo refiriéndose a la simiente de la mujer: “Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. También se les comunicó que un Salvador nacido de mujer vencería al diablo y, de esa manera, ganaría una entrada a la vida eterna para el hombre pecador (Gn. 3: 15). Cristo fue presentado como la verdadera luz del mundo en el mismo día de la caída del hombre y, a partir de ese día, nunca se ha dado a conocer otro nombre por el cual las almas puedan ser salvas, más que el nombre Jesús (Hch. 4:12). Por él, todas las almas salvadas han entrado en el cielo, desde Adán en adelante, y sin él, nadie puede escapar de las garras del infierno.

1.d - Llegó un momento cuando el mundo estaba sumido y hundido en una profunda ignorancia de Dios. Después de 4.000 años, parece que las naciones de la tierra se han olvidado completamente del Dios que las creó. El imperio egipcio, el asirio, el persa, el griego y el romano no hicieron más que extender la superstición y la idolatría. Los poetas, historiadores y filósofos habían demostrado que, aun con todas sus facultades intelectuales, no tenían un conocimiento correcto de Dios y que el hombre, abandonado a su suerte, era totalmente corrupto. “El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Co. 1:21). Excepto por unos cuantos judíos despreciados en un rincón de la tierra, el mundo entero estaba muerto en la ignorancia y sumido en el pecado.

¿Y qué hizo Cristo entonces? Dejó la gloria que había sido suya desde toda la eternidad con el Padre y descendió al mundo para ofrecer salvación. Él tomó nuestra naturaleza y nació como hombre. Como hombre, hizo la voluntad de Dios perfectamente, cosa que todos habíamos dejado de hacer; como hombre, sufrió en la cruz del Calvario la ira de Dios que nosotros debíamos haber sufrido. Ascendió a la gloria de Dios y se sentó a su diestra, en espera de que sus enemigos sean puestos al estrado de sus pies. Y desde allí, ofrece salvación a todo aquel que quiera venir a él. Intercede por todos los que creen en él y gestiona delante del Padre todo lo que tenga que ver con la salvación de las almas.

1.e - Vendrá el tiempo cuando el pecado será echado fuera de este mundo. La maldad no siempre florecerá en la impunidad, Satanás no reinará para siempre, la creación un día dejará de gemir sus dolores de parto. Habrá un momento cuando todas las cosas serán restauradas. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, donde morará la justicia, y la tierra será llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar. (Ro. 8:22; Hch. 3:21; 2 P. 3:13; Is. 11:9).

¿Y dónde estará Cristo entonces? ¿Y qué hará? Cristo mismo será Rey. Regresará a esta tierra y hará nuevas todas las cosas. Descenderá en las nubes del cielo con poder y gran gloria, y los reinos del mundo se convertirán a él. Los paganos le serán dados por herencia y hasta el último rincón de la tierra por su posesión. Toda rodilla se doblará delante de él y toda lengua confesará que él es el Señor, para la gloria de Dios Padre. Su dominio será eterno, nunca pasará, y su reino no será destruido. (Mt. 24:30; Ap. 11:15; Sal. 2: 8; Fil. 2:10, 11; Dn. 7:14).

1.f - Viene el día cuando todos los hombres serán juzgados. El mar entregará a los muertos que estén en él y, lo mismo, harán la muerte y el infierno con sus muertos. Todos los que duermen en la tumba despertarán y saldrán, y todo será juzgado según sus obras, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua. (Ap. 20:13; Dn. 12: 2)

¿Y dónde estará Cristo entonces? En el Día del Juicio, Cristo mismo será el Juez. “El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos”. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (Jn. 5:22; Mt. 25:31-32; 2 Co. 5:10).

Ahora bien, si usted que lee este escrito no le da importancia a Cristo, ¡le hago saber que difiere de Dios! Usted es de una mente y Dios es de otra. ¿Usted cree que es suficiente dar a Cristo un poco de honor, un poco de reverencia, un poco de respeto? Está equivocado porque en todo el consejo eterno de Dios Padre, en la creación, en la redención, en la restitución y en el juicio, CRISTO ES “EL TODO”.

Consideremos estas cosas. Obviamente fueron escritas para recordarnos que: “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn. 5:23).

sábado, 6 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 

Capítulo 18

Ahora en este último capítulo vamos a pensar en algunos hechos importantes que los creyentes deben considerar cuando son tentados:

PRIMERO, los creyentes no deben echar la culpa de sus pecados a satanás. Ellos mismos tienen una naturaleza pecaminosa la cual hace que el pecado les parezca atractivo. Satanás les puede conducir hacia el pecado, pero no puede obligarles a que pequen. Satanás les puede persuadir a pecar pero no les puede forzar a efectuarlo. Entonces los creyentes cuando caen en el pecado, no deben excusarse diciendo que satanás les tentaba; son todavía responsables por sus pecados.

SEGUNDO, al mismo tiempo los creyentes deben darse cuenta de que satanás tiene algo que ver con la mayoría de sus pecados. Fue satanás quien tentó a Adán y Eva. Satanás puso en el corazón de Judas el entregar a Cristo a sus enemigos. Sin embargo, satanás necesita dos clases de permiso antes de que pueda hacer algo en los creyentes:

1-       Veamos del caso de Job: Satanás tuvo que pedirle permiso a Dios antes de poder hacerle cosa alguna a Job. Dios dijo a satanás que podía atacar a Job pero que no quitara su vida. Entonces, satanás necesita conseguir el permiso de Dios para poder atacar a los creyentes.

2-        En el libro de Hechos vemos cómo satanás llenó el corazón de Ananías para que mintiera a los apóstoles y a Dios; sin embargo, el apóstol Pedro preguntó a Ananías por qué dejaba que satanás llenara su corazón. Entonces podemos ver que Ananías dio permiso a satanás para que le condujera a ese pecado. (Hech.5:3) Entonces satanás necesita conseguir el permiso de los creyentes antes de poder hacerles daño.

TERCERO, las únicas armas que son útiles para resistir al diablo son espirituales. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efe.6:11) La fuerza humana es impotente en contra del diablo. Las buenas intenciones, la voluntad humana y las mejores resoluciones no son suficientes en esta lucha. Satanás es demasiado fuerte, los creyentes necesitan el poder de Dios y la verdad de Dios para resistir las tentaciones. Cristo le contestó al diablo con la palabra de Dios. Pablo dice a los creyentes que se fortalezcan en el Señor y en el poder de su fuerza. (Efe.6:10)

CUARTO, los creyentes deben acordarse de que satanás ya ha sido derrotado. Cristo triunfó sobre satanás cuando murió en la cruz. Ahora proporciona a su pueblo el poder para vencer a satanás. Algún día la victoria de Cristo sobre satanás se manifestará a los ojos del mundo. “El Dios de paz aplastará en breve a satanás bajo vuestros pies.” (Rom.16:20) Satanás es un adversario derrotado. Cristo le ha derrotado y pone en nuestras manos las armas para derrotarlo también. Mientras tanto, satanás sigue atacando a los creyentes. ¿Por qué tiene poder satanás de tentar a los creyentes? Le es permitido tentar a los creyentes para mantenerlos humildes, despiertos y conscientes de su dependencia del poder de Dios. Satanás ha estado desarrollando su capacidad para tentar a los creyentes desde la caída. Durante miles de años ha tenido experiencia tentando a los creyentes. Apocalipsis le llama, “la serpiente antigua.” (Apo.12:9) A veces se le permite a satanás tentar a los creyentes porque rehúsan obedecer a Dios. En ocasiones Dios les deja recibir lo que merecen; son engañados y derrotados por satanás. También se le permite a satanás tentar a los creyentes para que se muestre el poder y la misericordia de Dios. Cuando los creyentes son fortalecidos para pelear contra satanás y resultan vencedores, Dios es glorificado. Entonces no es sorprendente que la vida cristiana sea una guerra continua contra el maligno. En seguida mencionaremos algunas maneras en que los creyentes pueden fortalecerse para este conflicto espiritual:

Los creyentes deben andar conforme a las reglas de Dios. La Biblia, la Palabra de Dios debe gobernar en sus vidas. El descuido de la Palabra de Dios le da a satanás una ventaja. El que piensa que no necesita depender de la guía de la Palabra será desviado y engañado por el diablo.

Los creyentes deben tener cuidado de no contristar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos enseña como vencer al diablo, como evitar sus trampas y artimañas. El Espíritu Santo nos fortalece para la batalla. “El que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.” (1Jn.4:4)

Los creyentes deben buscar más sabiduría y madurez espiritual. El conocimiento de la verdad no basta. Nos hace falta la sabiduría y la madurez espiritual para poner en práctica nuestro conocimiento. El libro de proverbios nos servirá mucho para ir adquiriendo esta sabiduría.

Los creyentes deben seguir siendo llenos del Espíritu Santo. No es suficiente que el Espíritu more en nosotros; “Sed llenos del Espíritu.” (Efe.5:18) Esto es más que el mero hecho de no contristar al Espíritu Santo. Significa dejarnos guiar y controlar por el Santo Espíritu., significa crecer en las virtudes del Espíritu que son contrarias a los frutos de la carne que el diablo utiliza para tentarnos.

Debemos velar. Satanás nos está vigilando y nosotros debemos estar alertas. El alma que no vela contra las tentaciones inevitablemente caerá bajo el poder de ellas. “Velad y orad para que no entréis en tentación.” (Mat.26:41)

Los creyentes deben resistir a satanás al principio de la tentación. No deben discutir con él, sino que deben huir de el. Eva se puso a argumentar con el diablo y terminó vencida. Santiago 4:7 dice, “Resistid al diablo que de vosotros huirá.”

 

Debemos mantener nuestra comunión con Dios. Mientras David mantuvo su comunión con Dios, estuvo firme y triunfó sobre todos sus enemigos. Cuando se relajó y descuidó la comunión con Dios, fue derrotado fácilmente por las tentaciones del diablo.

Los creyentes deben orar y buscar nuevas fuerzas cada día. No pueden contar con la fuerza que tuvieron en el pasado; necesitan nuevas fuerzas cada día. Necesitan recibir fortaleza continuamente. Esta fortaleza puede recibirse solamente por la oración, el estudio de las Escrituras y el compañerismo cristiano.


Por último, debemos estar muy agradecidos cuando escapamos de los ataques del diablo. Es una bendición muy grande cuando somos ayudados por Dios a resistir la tentación. Escapamos del peligro y de muchas tristezas que de otro modo habríamos sufrido. Mientras que los demás hombres son llevados cautivos por el enemigo de sus almas, los creyentes deben estar agradecidos que no les suceda lo mismo.

viernes, 5 de abril de 2024

Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 17

Satanás quiere hacer daño no solo a los creyentes sino también a los incrédulos. Quiere lograr que no crean en Cristo. Hará todo lo posible para impedir que se arrepientan y confíen en el Señor.

Frecuentemente satanás hace que los incrédulos sientan demasiado grandes sus pecados como para ser perdonados. Les dirá que Dios puede perdonar a otras personas pero no a ellos, porque son demasiado pecadores.

Los que son tentados a pensar así deben saber que entre más que sea su pecado, mayor es su necesidad de Cristo. Los que están sanos no son los que necesitan médico, sino los que están enfermos. Entre más grave es la enfermedad, la necesidad de médico es más grande. A nuestro Señor Jesús le complace tener misericordia y perdonar a grandes pecadores.
Dios ha prometido perdonar a todos los que acuden a Él. La magnitud de sus pecados no es ningún obstáculo para tener misericordia de ellos. Dios dice, “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar”. (Isa.55:7). Algunos de los pecadores más grandes han sido perdonados por Dios. Pablo dice que él era un hombre cruel y violento hacia los creyentes y que no obstante “fue recibido a misericordia.” (1 Tim. 1:13) Dios no dice en la Biblia que haya ciertas clases de pecadores que no puedan ser perdonados. Jesús puede salvar perpetuamente a todos los que por Él se acercan a Dios. (Heb.7:25)). Podríamos discutir o argumentar que entre más grande es el pecador es más probable que Cristo tenga misericordia de él. Los sufrimientos más grandes de Cristo fueron a favor de los más grandes pecadores.

Entre más tiempo que una persona se resiste a someterse a Cristo, más crece su pecado. El hombre natural no tiene poder en sí mismo para resistir el pecado.

Entonces la idea de que sus pecados sean muy grandes no debe obstaculizarles para creer en Cristo. Conocer a Cristo es la bendición más grande, más importante y más completa que una persona puede recibir. Todos los que no creen en Cristo serán condenados por sus pecados. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. (Jn.3:36)

Hay otra manera que satanás intenta para persuadir a los pecadores a que no crean en Cristo. Les hace pensar que son indignos de ser perdonados por Dios. 


La Biblia no dice en ninguna parte que Dios necesite esperar a que los pecadores se reformen o sean buenos para poder salvarlos ¡Todo lo contrario! Las únicas personas perdonadas fueron las que no eran dignas. Zaqueo no fue suficiente bueno porque había robado injustamente el dinero de muchas personas. Sin embargo, la salvación le llegó a Zaqueo y fue perdonado. Pablo atacaba a los creyentes y los persiguió cruelmente, no obstante él también recibió misericordia. Estas personas no eran dignas del amor de Dios. ¡Nadie es digno del amor de Dios! 
Nadie vendrá a Cristo si espera a ser lo suficientemente bueno. El método divino es que primero crean en Cristo aunque sean indignos. Solamente creyendo en Cristo pueden ser cambiados por Dios.

Hay un tercer método usado por satanás para estorbar a los hombres a que crean en Cristo. Satanás les dice que no están preparados para creer, que necesitan tener ciertas experiencias antes de estar listos. Satanás les dirá que no han sido humillados lo suficiente para ser creyentes. De una manera u otra satanás les hará pensar que les hace falta alguna preparación para poder creer en Cristo.

Por supuesto Cristo ha salvado a algunos que parecían no estar muy preparados. Jesús dijo a Mateo, “sígueme.” (Mat.9:9) La escritura no dice que Mateo sintiera profundamente su pecado o que fuera muy humillado o que fuera preparado en forma alguna. Mateo simplemente siguió a Cristo y Dios cambió su vida. Dios no llama a todos los creyentes en la misma manera. Algunos son traídos a Cristo después de muchas tormentas, problemas y crisis espirituales; otros son traídos en forma tierna y quieta. El Espíritu Santo hace su obra en la forma que Él quiere. Nunca debemos tratar de establecer ciertos requisitos o experiencias que uno debe tener para decir que está lista para creer en Cristo. (Por ejemplo: Sentir cierto terror del infierno, experimentar cierto grado de convicción de pecado, etc.) Es cierto que cada creyente siente la tristeza, la vergüenza y la convicción de sus pecados, pero estas cosas nacen de la fe en Cristo. La fe es la tierra en la cual crece la tristeza y el arrepentimiento del pecado. Las Escrituras no enseñan que una persona tiene que pasar por una desesperación intensa antes de que pueda acudir a Cristo. La Palabra de Dios nos llama a acudir a Cristo tal como somos. La experiencia de convicción es variable, no obstante sus elementos esenciales son los mismos. Por lo tanto, no debemos pensar que es necesario que cada convicto sienta exactamente lo mismo para poder estar preparado a creer en Cristo.

Estas son algunas de las artimañas de satanás para tratar de impedir que los pecadores acudan a Cristo: que sus pecados son demasiado grandes, que no son dignos de ser perdonados y que no están preparados. Los pecadores no deben escuchar estas mentiras sino la voz del Señor que les llama al arrepentimiento y la fe en su sacrificio como único camino para ser salvos.

jueves, 4 de abril de 2024

ABRE LA BIBLIA CON EL PASTOR COLIN SMITH - DEVOCIONAL 04 DE ABRIL DE 2024

Confianza


Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 16

A satanás le gusta especialmente hacer daño a la iglesia local, y esto lo procura hacer provocando divisiones entre ellos.


    Quiere lograr que se ataquen unos a otros, que se hieran entre ellos. Desea que se celen y amarguen unos contra otros. Si satanás puede lograr divisiones entre los creyentes, hará mucho daño a la obra de Dios. Por esta razón el Nuevo Testamento nos advierte continuamente acerca de no amargarnos ni resentirnos los unos para con los otros. En Gálatas 5:15 el apóstol Pablo dice, “Si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no seáis consumidos los unos por los otros.”

En seguida señalaremos once formas que ayudan a los creyentes a vivir en paz y amarse los unos con los otros.

Primero, los creyentes deben fijarse más en las bondades de sus hermanos que en sus debilidades y pecados. Cada creyente tiene sus fallas y sus defectos, no hay nada agradable en poner la vista solo en el mal que hay en otros creyentes. En lugar de verlos con una actitud crítica, debiéramos fijarnos en el bien que Dios está haciendo en ellos. Vemos en la Biblia muchos ejemplos de cómo Dios se fija más en las virtudes de su pueblo que en sus defectos. Esto lo notamos por ejemplo en el caso de Job; no hay duda de que Job se enojó y trató de justificarse a sí mismo bajo la presión de sus problemas. Pero lo que Dios señala en su vida es su paciencia y su fidelidad en el sufrimiento. Santiago dice, “Habéis oído la paciencia de Job.” Vemos algo semejante en el registro de los héroes de la fe de Hebreos 11; Dios destaca la fe de Abraham, de Sara, de Moisés, de Jacob y de otros, sin hablarnos de sus fallas.

Segundo, la unidad da fortaleza, la desunión debilita. Mientras los creyentes estén unidos podrán aguantar toda la oposición del mundo y del diablo. Cuando están divididos no pueden mantenerse firmes ante las pruebas más sencillas. Es por eso que el apóstol Pablo nos exhorta a que mantengamos la unidad en el Espíritu. (Efe.4:3)

Tercero, Dios ha ordenado a todos los creyentes que se amen los unos a los otros. Juan 13:34-35 dice “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros". Juan 15:12: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado". Romanos 13:8: “No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo cumplió la ley". Hebreos 13:1: “Permanezca el amor fraternal". 1 Juan 4:7-8: “Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios; porque Dios es amor". 1 Pedro 1:22: “Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro". 1 Pedro 3:8: “Finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables". 1 Juan 3:11: “Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros". 1 Juan 3:23: “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado". 1 Juan 4:11: “Amados, si Dios nos ha mandado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros".

Cuarto, debemos fijarnos más en las cosas en que estamos de acuerdo que en aquellas en que hay diferencia de opinión. Los creyentes verdaderos deben estar de acuerdo respecto a las cosas que son enseñadas claramente en la Biblia. La Palabra de Dios enseña las cosas más importantes en forma muy explícita y sin dejar lugar a dudas. Los creyentes no deben perder su tiempo discutiendo acerca de puntos menores, ni mucho menos dejarse dividir por estas cuestiones.

Quinto, Dios ama la paz y los creyentes deben estar en paz los unos con los otros. Dios es el Dios de paz; Cristo es el Príncipe de paz; el fruto del Espíritu Santo es amor, gozo y paz. Nuestro Señor dijo, “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mat.5:9) Cuando los creyentes viven en paz los unos con los otros, gozan de la bendición de Dios.

Sexto, los creyentes deben poner mucho cuidado en mantener su paz con Dios. Esto quiere decir que deben confesar sus pecados y arrepentirse cada día; si no mantienen la paz con Dios no tendrán la paz con los demás creyentes. Proverbios 16:7 dice, “Cuando los caminos de los hombres son agradables a Jehová, aún a sus enemigos pacificará con él”.

Séptimo, los creyentes deben guardar en mente que forman parte de una unidad espiritual con los demás creyentes y que son hermanos y hermanas en Cristo. Esta consideración le condujo a Abraham a decir a Lot, “No haya ahora altercado entre mí y ti... porque somos hermanos”. (Gen. 13:8) Los miembros de una iglesia local no deben olvidarse de que son miembros de un Cuerpo; su relación es semejante a la que existe entre los miembros de un cuerpo humano. Cada miembro del cuerpo humano ayuda a las otras partes del cuerpo. Cada miembro recibe fuerza y sostén de los demás; así debe ser entre los creyentes. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos y en armonía!” (Sal.133:1)

Octavo, la desunión entre los creyentes en la iglesia local hace mucho daño a la obra de Dios. La división entre ellos es el triunfo del diablo. Dios es deshonrado, y su nombre no recibe gloria cuando los creyentes discuten entre ellos. Inevitablemente algunos buscadores del Reino serán desanimados cuando ven estas cosas entre nosotros.

Noveno, debemos ser los primeros en procurar diligentemente la paz y la unidad. No debemos esperar a que otros lo hagan. Heb.12:14,  “Seguid la paz con todos y la santidad". Rom.14:19, “Así que sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación".  Con el uso de la palabra “seguid” el apóstol enfatiza la necesidad de que busquemos la paz, tan diligentes y ordenadamente como el cazador persigue a su presa sin descanso hasta conseguirla.

Décimo, otro remedio contra este tipo de ataques del diablo es juzgarnos a nosotros mismos antes que a otros. Los que practican el autoexamen y se juzgan a si mismos tienen mucho cuidado en su manera de juzgar a los demás. “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Jn.7:24). “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio que juzgáis, seréis juzgados y con la medida que medís, os será medido” (Mat.7:1-2). “El que come no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido” (Rom.14:3). “Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? o tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Rom.14:10). “Así que, no juzguemos más los unos a los otros: Antes bien juzgad de no poned tropiezo o escándalo al hermano” (Rom.14:13). “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones, entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza” (1Cor.4:5). “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, este tal juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres guardador de la ley sino juez. Uno es el dador de la ley que puede salvar y perder; pero tú, ¿Quién eres para que juzgues a otro?” (Stg.4:11-12). “¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? para su propio señor está en pie o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Rom.14:4).

         Onceavo, los creyentes deben vestirse de humildad. “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad estimándoos inferiores los unos a los otros” (Fil.4:3). El creyente humilde que puede ver el mal de su propio corazón, puede ver el bien que Dios está realizando en otros. Si los creyentes fueran más humildes, estarían menos propensos al orgullo que es el arma principal que el diablo utiliza para dividirlos.

miércoles, 3 de abril de 2024

ABRE LA BIBLIA CON EL PASTOR COLIN SMITH - DEVOCIONAL 03 DE ABRIL DE 2024: PREGUNTAR

 


Remedios Preciosos Contra Las Artimañas Del Diablo - Tomás Brooks

 Capítulo 15

         Satanás ataca a los creyentes de acuerdo a su posición económica y a su clase social. Algunos creyentes son pobres y otros son ricos, algunos son poderosos y otros débiles, algunos muy famosos y otros desconocidos. Cada posición en la vida en la cual se desenvuelven los creyentes tiene sus peligros y tentaciones particulares. Satanás tienta a algunos creyentes en ciertas maneras especiales. Tiene sus tentaciones especiales para los ricos y los poderosos y otras tentaciones que utiliza en contra de los pobres. En este capítulo tocaremos algunas maneras especiales en que satanás ataca a los creyentes poderosos, influyentes y a los pobres.

Primera estrategia👿: Satanás trata de que los creyentes piensen que deben tener más éxito, deben ser más influyentes, que deben ser más conocidos, que logren obtener más dinero. Satanás quiere que los creyentes piensen tanto en elevar su nivel de vida, que se olviden de Dios. Satanás siempre ha usado esta táctica para distraer a los creyentes. El apóstol Pablo reconoció esta táctica del enemigo cuando dijo, “todos buscan lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús.” (Fil.2:21) Esto es muy triste y debe servirnos de advertencia acerca del preocuparnos tanto por nosotros mismos que ya no nos importe servir a Dios ni ayudar a los otros creyentes.

💊Primer remedio contra esta táctica es el fijarnos bien en cómo esta mentalidad conduce a un sinnúmero de pecados contra la ley de Dios y contra el evangelio. El buscar tener cada vez más dinero, más poder, más influencia, es dañino. Inevitablemente corrompe el alma. Los que quieren más dinero y más posesiones, son conducidos a servir a la criatura más que a Dios. Muy pronto estarán dispuestos a hacer o decir cualquier cosa, simplemente para conseguir más de lo que otros tienen. Muy fácilmente se vuelven personas deshonestas y comienzan a hacer daño a las personas que son más pobres o más débiles que ellos. El carácter de uno es afectado y su vida espiritual debilitada. Es sorprendente que tan pronto algunas personas son desviadas por el afán de esta vida y el engaño de las riquezas. (Mat.13:22)

💊💊Segundo remedio, no sorprenderse de que Dios se oponga a los que buscan grandes cosas para sí mismos. El décimo mandamiento prohíbe la codicia. En Colosenses 3:5 Pablo dice que la avaricia es idolatría. También en 1Tim.6:8-10 dice, “Así que teniendo sustento y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: El cual codiciando algunos se desviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.” Dios advierte a su pueblo acerca de buscar el dinero, las posesiones o el poder, simplemente por poseerlos. Frecuentemente los que buscan estas cosas se destruyen a sí mismos, y la Biblia nos da muchos ejemplos de los que se destruyeron de esta manera. Por ejemplo, Judas, Demas, Balaam, Faraón, Giezi, Amán, Acab, etc.

💊💊💊Tercera medicina, debemos imitar el ejemplo de los que han hecho bien a otros en lugar de buscar todo para nosotros mismos. Tales personas son el ejemplo a seguir para los creyentes. Cristo es el ejemplo más grande de hacer el bien a otros. Aunque poseía todo poder siendo el glorioso Hijo de Dios, se despojó a sí mismo y vino en la forma de un siervo a salvar a su pueblo llevando su pecado y sufriendo la ira de Dios en su lugar. No puede haber un ejemplo más grande de auto-negación para el bien de otros. “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual a lo de otros.” (Fil.2:4) Solamente así podremos verdaderamente prosperar.

💊💊💊💊Cuarto fármaco, no importa si somos pobres o ricos, debemos tomar muy en serio las palabras del apóstol Pablo cuando dijo, “he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé estar humillado y sé estar en abundancia: por todo y en todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Fil.4:11-12) Es necesario comprender que la codicia y el egoísmo son pecados que afectan al pobre y al rico, al rey y al siervo, al general y al soldado. Entonces, no olvidemos la pregunta que Jehová hizo a Baruc, el sirviente de Jeremías: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques...” (Jer.45:5)

Segunda estrategia👿: Está dirigida hacia aquellos que tienen ciertas capacidades, habilidades o preparación. El enemigo les tienta a enorgullecerse de sus capacidades y a confiar en ellas. Frecuentemente caen en el pecado de menospreciar a aquellos que tienen menos capacidades o poca preparación.

 Primer antídoto: Siempre guardar en mente que nuestras habilidades, nuestra inteligencia y nuestra educación son dones a préstamo. Son dones pertenecientes a Dios. El apóstol Pablo dijo a los creyentes en Corinto que no se envanecieran unos contra otros, preguntándoles, “¿Quién te distingue? o ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿De qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” (1Cor.4:7)

              
 Segundo antídoto: Recordar cómo muchos que han confiado en sus capacidades y habilidades han terminado en ruina. Muchos han sufrido por creer que sabían mucho, aún más que Dios. Los escribas y los fariseos son ejemplos de ello. No hay nada que le provoca más a Dios a abandonar a una persona como la vana confianza en sí mismo. La miseria nunca está lejos de la puerta de aquel hombre que descanse en algo distinto de la gracia de Cristo. Con frecuencia Dios les deja a sus propios recursos a los que confían en su propia fuerza y capacidad. Muchos se han desencaminado por confiar en su propia sabiduría. “Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia... no seas sabio en tu opinión.” (Prov.3:5-6)

Tercer antídoto: Reconocer que hay muchos creyentes que aunque posean menos habilidad, sin embargo tienen más gracia y son más santos. Puede haber y frecuentemente ocurre así, que los que tienen muchas habilidades y capacidades, tienen muy poca gracia o ninguna. Por otra parte, es común que uno tenga mucha gracia y pocos dones. Usted puede tener muchas habilidades y mucho conocimiento, mientras que otros se han adelantado en su comunión con Dios, en su dependencia de Dios, en su amor para con Dios y en su andar con Dios.