Versículo para hoy:
viernes, 18 de agosto de 2017
Agosto 18. ¿Alguna vez has enmudecido de dolor?
El joven rico dignatario se alejó de Jesús mudo de tristeza. No tuvo nada que responder frente a sus palabras. No tuvo ninguna duda acerca de lo que Él le dijo, ni sobre su significado y esto le causó un dolor que no podía expresar con palabras. ¿Alguna vez te has encontrado en esta situación? ¿La Palabra de Dios ha venido señalándote un área de tu vida en la que eres muy rico: Quizá ciertas cualidades personales, deseos e intereses, o posiblemente las relaciones emocionales e intelectuales? Si es tu caso, entonces con frecuencia habrás enmudecido de dolor. El Señor no te perseguirá ni te suplicará, pero cada vez que se encuentre contigo en el punto señalado, sencillamente te repetirá: “Si realmente hablas en serio, esas son las condiciones”.
"Vende todo lo que tienes". En otras palabras, despójate delante de Dios de todo lo que pueda considerarse una posesión hasta que sólo quede un ser humano consciente y luego entrégaselo a Él. Es ahí donde ocurre la verdadera batalla: En el reino de tu voluntad delante de Dios.
¿Estás más apegado a la idea de lo que Jesús desea, que a Él mismo? Si es así, pronto oirás una de sus duras, inflexibles y dolorosas declaraciones. Lo que Jesús dice es difícil y sólo es fácil cuando lo escuchan quienes tienen su misma naturaleza. Cuídate de permitir que algo suavice las duras palabras de Jesucristo.
Yo podría ser tan rico en mi pobreza personal, tan rico en mi conciencia de que no soy nadie, que nunca seguiría a Jesús. O puedo ser tan rico en el conocimiento de que soy alguien, que nunca seré su discípulo.
¿Estoy dispuesto a carecer el sentimiento de mi indigencia? Si no lo estoy, esa es la razón por la cual me desanimo. El desánimo es el amor propio desilusionado y el amor propio puede ser amor por mi devoción a Jesús y no a Él mismo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 17 de agosto de 2017
Agosto 17. ¿Estás desanimado en tu consagración?
"Jesús le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes... y ven, sígueme. Entonces, él oyendo esto, se puso muy triste porque era muy rico", Lucas 18:22-23
¿Alguna vez has oído que el Maestro te dice algo muy duro? Si no, dudo que en algún momento lo hayas oído decir algo. Jesús dice muchas verdades que oímos, pero realmente no escuchamos. Cuando lo escuchamos de verdad, sus palabras son notablemente duras e inflexibles.
Jesús no se mostró en lo más mínimo solícito en que el joven hiciera lo que Él le estaba diciendo y no hizo ningún intento por retenerlo a su lado. Sencillamente le dijo: "Vende todo lo que tienes y ven, sígueme". Nuestro Señor nunca rogó, ni aduló, ni tuvo que poner trampas.
Sencillamente pronunció las palabras más severas que oídos humanos hayan escuchado y luego lo dejó solo. ¿Alguna vez he oído a Jesús decirme algo duro e inflexible? ¿Me ha dicho algo personalmente, que yo he escuchado de manera consciente? No algo sobre lo que yo pueda hacer una exposición ante los demás sino algo que le he escuchado decirme directamente a mí. Este hombre comprendió lo que Jesús dijo, lo oyó con claridad, entendió el impacto total de sus implicaciones y su corazón se quebrantó. No partió con una actitud desafiante, pero sí muy triste, desanimado por completo. Había venido a Jesús lleno del fuego de un sincero e intenso deseo, pero las palabras de Jesús lo congelaron. Le produjeron un doloroso desaliento en lugar de fervor y entusiasmo. Y Jesús no fue tras él, sino que lo dejó ir.
Nuestro Señor sabe perfectamente que una vez que su Palabra ha sido oída de veras, tarde o temprano dará fruto. Lo terrible es que algunos de nosotros impedimos que fructifique en nuestra vida, ahora. Me pregunto, ¿qué diremos cuando, por fin, resolvamos consagrarnos completamente en ese asunto? Pero hay algo cierto: Él jamás nos echará en cara las fallas del pasado.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Agosto 16. ¿Me conoce?
"A sus ovejas llama por nombre", Juan 10:3
Lamentablemente, ¿cuándo lo he interpretado mal a Él? (ver Juan 20:11-18). Es posible conocer toda la doctrina y, sin embargo, no conocer a Jesús. El alma de una persona está en grave peligro cuando el conocimiento de la doctrina supera a Jesucristo, evitando la comunión íntima con Él. ¿Por qué lloraba María Magdalena? Para ella la doctrina no significa más que la hierba que pisaba. Cualquier fariseo podría haberse mofado de ella por su doctrina, pero de lo que nunca se hubiera podido burlar era del hecho de que Jesús la había liberado de siete demonios (ver Lucas 8:2). Y, aun así, las bendiciones del Señor no eran en nada comparadas con el privilegio de conocerlo a ÉL. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí; "pero no sabía que era Jesús... Él le dijo: ¡María!..." Tan pronto la llamó por su nombre, ella supo que tenía unas vivencias del pasado con Aquel que le había hablado. "Volviéndose ella le dijo: ¡Raboni! Que significa: “Maestro”".
¿Cuánto he dudado tercamente? (Juan 20:24-29). ¿He tenido alguna duda acerca de Jesús? ¿Tal vez con respecto a una experiencia de la cual otros dan testimonio, pero yo aun no he vivido? Le dijeron, pues, los otros discípulos: ¡Hemos visto al Señor! Sin embargo, Tomás dudó y dijo: "Si no veo... no creeré". Él necesitaba el toque personal de Jesús. No sabemos cuándo han de venir sus toques, pero cuando llegan son indescriptiblemente preciosos. Entonces, Tomás respondió y le dijo: "¡Señor mío y Dios mío!"
¿Cuándo lo he negado por egoísmo? (Juan 21:15-17). Pedro negó a Jesucristo con maldiciones y juramentos. A pesar de eso, después de la resurrección Jesús se le apareció a él únicamente. Lo restauró en privado y después frente a los demás. Y Pedro le dijo: "Señor... tú sabes que te quiero". ¿Tengo un historial personal con Jesucristo? La única señal cierta del discipulado es la comunión íntima con Él; un conocimiento de Jesús que nada puede conmover.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 15 de agosto de 2017
Agosto 15. Las señales del nuevo nacimiento
"Os es necesario nacer de nuevo", Juan 3:7
La respuesta a la pregunta de Nicodemo, ¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo? es: solamente cuando esté dispuesto a morir para todo en su vida, incluyendo sus derechos, sus virtudes y su religión y se disponga a recibir en su interior una nueva vida que nunca antes había experimentado (ver Juan 3.4).
Esta nueva vida se manifiesta en nuestro arrepentimiento consciente y nuestra santidad inconsciente.
"Más a todos los que le recibieron", Juan 1:12. ¿Es mi conocimiento de Jesús el resultado de mi percepción espiritual interna o sólo de lo que he aprendido al escuchar a otros? ¿Hay algo en mi vida que me relaciona con el Señor Jesús como mi Salvador personal? La piedra angular de todo mi historial espiritual debe ser el conocimiento personal de Jesucristo. Nacer de nuevo significa que lo veo a Él.
"El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios", Juan 3:3. ¿Estoy buscando sólo las señales milagrosas del reino de los cielos, o realmente percibo el gobierno soberano de Dios? El nuevo nacimiento me confiere un nuevo poder de visión mediante el cual empiezo a discernir el gobierno divino.
Su dominio estuvo allí todo el tiempo, pero era conforme a la naturaleza de él y yo no podía verlo mientras no recibiera esa naturaleza.
"Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado", 1 Juan 3:9. ¿Estoy tratando de dejar de pecar o he dejado de hacerlo? Haber nacido de Dios significa que tengo su poder sobrenatural para no pecar más.
En la Biblia no se plantea si un cristiano debería pecar, sino que se afirma enfáticamente: Un cristiano no debe pecar. La obra eficaz del nuevo nacimiento en nosotros es que no cometemos más pecado. No sólo que tenemos el poder para no pecar, sino que realmente hemos dejado de hacerlo. Sin embargo, el significado de 1 de Juan 3:9 no es que no podemos pecar. Lo que nos dice es que si obedecemos la vida de Dios que está en nosotros, no tenemos necesidad de pecar.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 14 de agosto de 2017
Agosto 14. Disciplina
"Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él", Hebreos 12:5
Es muy fácil afligir al Espíritu de Dios. Lo hacemos menospreciando la disciplina del Señor o desanimándonos cuando nos reprende. Si nuestra experiencia de santificación todavía es muy superficial, confundimos la realidad de Dios con las sombras. Y cuando el Espíritu de Dios nos redarguye, decimos equivocadamente: “Oh, eso debe ser el diablo”.
Nunca apagues al Espíritu y no lo desprecies cuando te dice: “Ya no seas más ciego en este asunto; tú no estás donde creías. Hasta ahora no te lo he podido revelar, pero lo estoy haciendo en este momento”.
Cuando el Señor te disciplina así, déjalo cumplir su propósito en ti. Permite que Él te relacione correctamente con Dios.
"Ni desmayes cuando eres reprendido por él". Nos enfadamos con Dios y decimos: “Pues, no lo puedo remediar, oré y de todas maneras las cosas no salieron bien, no me queda más sino abandonarlo todo”.
¡Piensa lo que sucedería si actuáramos así en cualquier otra área de nuestra vida!
¿Estoy dispuesto a que Dios me sujete por su poder y realice una obra en mí verdaderamente digna de Él?
La santificación no es la idea que tengo de lo que yo quiero que Dios haga por mí. La santificación es la idea de Dios acerca de lo que Él quiere hacer a mi favor. Pero Él tiene que conseguir que yo adopte una actitud mental y espiritual que le permita santificarme por completo, cueste lo que cueste.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 13 de agosto de 2017
Agosto 13. No apaguéis al Espíritu
"No apaguéis al Espíritu", 1 Tesalonicenses 5:19
La voz del Espíritu de Dios es tan suave como una brisa apacible y por eso si no estás viviendo en perfecta comunión y unidad con Dios, no la puedes oír. Las advertencias y exhortaciones del Espíritu nos llegan en formas extraordinariamente suaves y si no eres muy sensible para percibir su voz, la apagarás y tu vida espiritual se perjudicará. Cuando Él nos redarguye, siempre lo hace con un apacible y delicado susurro (ver 1 Reyes 19:11-12), el cual es tan tenue que sólo un santo de Dios lo notará.
Cuídate de que en tu testimonio personal no tengas que mirar hacia atrás y decir: “alguna vez, hace varias años, yo fui salvo”. Si has puesto tu mano en el arado y estás andando en la luz, no tienes porqué mirar atrás, ya que el pasado se ha vertido en la maravilla presente de tu comunión y unidad con Dios (ver Lucas 9:62 y 1 Juan 1:6-7). Si te sales de la luz, te volverás un cristiano sentimental y vivirás solamente de recuerdos y tu testimonio tendrá un timbre duro de metal. Ten cuidado de no intentar encubrir tu rechazo actual a caminar en la luz con recuerdos de experiencias pasadas, cuando sí andabas en ella.
Siempre que el Espíritu te reprenda, detente y rectifica tu vida, o de lo contrario, continuarás apagándolo y contristándolo sin siquiera saberlo.
Supongamos que Dios te ha llevado hasta una crisis que apenas soportas. Él permitirá que ésta se repita, aunque ya no será tan aguda como la anterior. Habrá menos discernimiento y más humillación por no haber obedecido. Si continúas contristando a su Espíritu, vendrá un tiempo cuando esa crisis no podrá repetirse porque lo habrás apagado completamente. Pero si la soportas, tu vida se convertirá en un himno de alabanza a Dios. Nunca sientas simpatía por algo que lo hiere a Él constantemente. Dios tiene que herir aquello que debe irse de tu vida.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 12 de agosto de 2017
Agosto 12. La teología del descanso
"¿Porqué teméis,
hombres de poca fe?", Mateo8:26
Cuando tenemos temor lo único que podemos hacer es orar a Dios. Pero nuestro Señor tiene el derecho de esperar que los que invocan su nombre confíen en Él con entendimiento. Dios espera de sus hijos tal confianza en Él, que en cualquier crisis sean ellos en quienes se puede confiar. Sin embargo, nuestra confianza llega hasta cierto punto; luego nos volvemos a las oraciones elementales de pánico de quienes no lo conocen. Nos desesperamos, demostrando que no tenemos la menor confianza en Él o en su control soberano sobre el mundo. Nos parece que está dormido y sólo vemos gigantescas y espumeantes olas en el mar.
“¡Hombres de poca fe!” ¡Cómo sería el dolor que traspasó a los discípulos! “¡Volvimos a fallar!” Y cómo serán las punzadas de dolor en nosotros cuando repetidamente nos demos cuenta de que el corazón de Jesús se hubiera gozado a plenitud, si hubiéramos permanecido absolutamente confiados en Él, sin importar lo que estuviéramos enfrentando.
Hay épocas en la vida cuando no se presentan tormentas ni crisis y damos lo mejor de nosotros en términos humanos. Pero cuando surge la crisis, instantáneamente vamos a revelar en quién confiamos. Si hemos estado aprendiendo a adorar a Dios y a confiar en Él, la crisis revelará que podemos llegar hasta el límite, sin que se quebrante nuestra confianza en Él.
Hemos estado hablando mucho acerca de la santificación, pero, ¿cuáles son sus resultados en nuestra vida? Nos llevará a descansar en Dios, lo cual significa una total unidad con Él. Y esta unidad nos hará no sólo sin culpa delante de Él, sino que también le producirá un profundo gozo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 11 de agosto de 2017
Agosto 11. Esta experiencia debe venir
"Y nunca más lo
vio...", 2 Reyes 2:12
No es malo depender de un “Elías”, mientras Dios sea quien te lo dé. Pero recuerda que vendrá tiempo cuando tendrá que irse y ya no será más tu guía ni tu líder porque Dios no quiere que él permanezca. Tú dices: “No puedo seguir sin mi Elías”, pero Dios dice que lo debes hacer.
Sólo en tu “Jordán” (2 Reyes 2:14). El río Jordán representa un tipo de separación donde no tienes ningún compañerismo con nadie y donde nadie más puede asumir tu responsabilidad. Ahora tienes que poner a prueba lo que aprendiste cuando estabas con tu Elías. Has ido al Jordán repetidas veces con él, pero ahora tienes que enfrentarlo sólo. Es inútil decir que no puedes ir. Esta experiencia ha llegado y tienes que hacerlo. Si en verdad quieres saber si Dios es quien tu fe cree que es, entonces cruza sólo tu Jordán.
Sólo en tu Jericó (2 Reyes 2.15). Jericó representa el lugar donde has visto a tu Elías hacer cosas grandes. Sin embargo, cuando vienes a tu Jericó sientes una fuerte renuencia a tomar la iniciativa y confiar en Dios, y deseas que otro lo haga. Pero si permaneces fiel a lo que aprendiste con tu Elías, recibirás una señal, como la recibió Eliseo, de que Dios está contigo.
Sólo en tu Betel (2 Reyes 2:23). Al llegar a tu Betel descubrirás que has llegado al final de tus capacidades, pero al principio de la sabiduría de Dios. Cuando ya no sepas qué más hacer y te sientas inclinado a sucumbir al pánico, no lo hagas. Permanece fiel a Dios y Él pondrá de manifiesto su verdad, en una forma que hará de tu vida una expresión de adoración. Pon en práctica lo que aprendiste al lado de tu Elías. Usa su manto y ora. Decídete a confiar en Dios y no busques más a Elías.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 10 de agosto de 2017
Agosto 10. El sufrimiento del santo
"De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien", 1 Pedro 4:19
Elegir el sufrimiento significa que algo anda mal en ti. Pero elegir la voluntad de Dios, incluso si implica sufrir, es algo muy diferente. Ningún creyente normal escogerá jamás el sufrimiento, simplemente elige la voluntad de Dios, como lo hizo Jesús, sin importar que implique sufrir o no. Y ningún santo osará interferir con la disciplina del sufrimiento en la vida de otro santo.
El santo que satisface el corazón de Jesús hará que otros santos sean fuertes y maduros para Dios. Pero, la gente que nos compadece nunca nos fortalece. De hecho, siempre son un obstáculo, pues la conmiseración solamente sirve para debilitarnos. Ninguno puede comprender a un santo mejor que otro santo que esté lo más cerca posible de Jesús. Si aceptamos la conmiseración de otro creyente, el sentimiento que surge es: “Dios me está tratando duramente y haciendo mi vida difícil”. Por eso Jesús dijo que la autocompasión era del diablo (ver Mateo 16:22-23). Mejor ten misericordia de la reputación de Dios. Es fácil deshonrar su carácter debido a que Él nunca trata de defenderse ni de reivindicarse.
Cuídate de pensar que Jesús necesitó de compasión durante su vida en la tierra. Él rechazó la conmiseración de la gente porque en su gran sabiduría entendía que nadie comprendería su propósito.
Sólo aceptó la compasión de su Padre y de los ángeles (ver Lucas 22:43).
Nota el increíble desperdicio que Dios hace de sus santos, según el criterio del mundo. Al parecer los coloca en los lugares más inútiles. Y entonces decimos: “¡Debido a que no soy tan útil, Dios quiere que esté aquí!”. Sin embargo, Jesús nunca midió su vida con respecto al patrón de la máxima utilidad. Dios pone a sus santos donde ellos lo glorifican más y nosotros somos totalmente incapaces de juzgar dónde sea eso.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Agosto 9. La oración al oído del Padre
"... Y Jesús alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído", Juan 11:41
Cuando el Hijo de Dios ora, sólo está atento a su Padre y Él siempre escucha sus oraciones. Si el Hijo de Dios se está formando en mí, el Padre siempre escuchará las mías. Pero yo tengo que ver que el Hijo de Dios se manifieste en mi carne humana. "...Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo", 1 Corintios 6:19, es decir, tu cuerpo es el Belén del Hijo de Dios. ¿Le estoy dando la oportunidad de que obre en mí?
¿La franca sencillez de la vida de Jesucristo se está manifestando exactamente como ocurrió mientras estuvo aquí en la tierra? Cuando entro en contacto con los acontecimientos diarios de la vida como un ser humano común, ¿se ora en mi interior la oración del Hijo Eterno de Dios a su Padre? Jesús dice: "En aquel día pediréis en mi nombre", Juan 16:26. ¿De qué día habla? El día en que el Espíritu Santo vino a mí y me hizo uno con mi Señor.
¿Se está satisfaciendo el Señor Jesucristo de la plenitud en tu vida, o caminas con orgullo espiritual delante de Él? Nunca dejes que el sentido común se haga tan prominente y vigoroso que empuje al Hijo de Dios a un lado. El sentido común es un don que Dios le dio a la naturaleza humana, pero no es el don de su Hijo. El sentido sobrenatural es el don de su Hijo. Nunca entronices al sentido común. El Hijo siempre reconoce al Padre y se identifica con Él, el sentido común jamás lo ha hecho ni lo hará.
Nuestras capacidades ordinarias nunca adoran a Dios, a menos que el Hijo que mora en nosotros las transforme. Tenemos que asegurarnos de que nuestra carne humana se mantenga en perfecta sujeción a Él y que Él obre a través de ella en todo momento. ¿Estamos viviendo en tal dependencia humana de Jesucristo que su vida se está manifestando en nosotros, momento a momento?
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 8 de agosto de 2017
Agosto 8. La oración en honor al Padre
"... El Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios", Lucas 1:35
Si el Hijo de Dios ha nacido dentro de mi carne humana, ¿estoy permitiendo que su santa inocencia, sencillez y unidad con el Padre tengan la oportunidad de manifestarse en mí? Lo que le ocurrió a la virgen María, cuando el Hijo de Dios entró históricamente en este mundo, ocurre en todo creyente.
El Hijo nace dentro de mí por la acción directa de Dios. Luego, yo, como su hijo, tengo que ejercitar el derecho de hijo, el derecho de estar siempre cara a cara con mi Padre a través de la oración.
¿Continuamente le pregunto con asombro a mi sentido común la razón por la que trata de desviarme en algún punto? ¿No sabías que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Sin importar cuáles sean nuestras circunstancias, el Hijo santo, inocente y eterno tiene que estar en contacto con su Padre.
¿Soy lo bastante sencillo para identificarme con mi Señor de esta manera? ¿Está Él ejerciendo su maravillosa voluntad en mí? ¿Se está cumpliendo la voluntad de Dios de que su Hijo se forme en mí (ver Gálatas 4:19), o lo he puesto cuidadosamente a un lado? ¡Ay, el ruidoso clamor de estos días! ¿Por qué todo el mundo parece estar clamando tan fuerte? La gente está pidiendo que muera el Hijo de Dios. Aquí no hay lugar para Él en este momento, no hay lugar para una tranquila y santa comunión con el Padre. ¿El Hijo de Dios está orando en mí llevándole honor al Padre, o le estoy dictando mis exigencias a Él? ¿Está ministrando en mí como lo hizo en los días de su humanidad aquí en la tierra?
¿Está el Hijo de Dios en mí sufriendo su pasión, para que sus propósitos se cumplan? Cuanto más sabemos de la vida interior de los más maduros santos de Dios, tanto más se ve lo que realmente es el propósito divino, "completando lo que falta de las aflicciones de Cristo", Colosenses 1:24; LBLA. Y cuando pensamos en lo que implica “completar”, siempre hay algo que falta por hacer.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 7 de agosto de 2017
Agosto 7. La oración en la casa del Padre
"¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?", Lucas 2:49, LBLA
La infancia de nuestro Señor no fue una adultez inmadura, su infancia es un hecho eterno. ¿Yo soy un hijo de Dios, santo e inocente mediante la identificación con mi Señor y Salvador? ¿Considero mi vida como si estuviera en la casa de mi Padre? ¿Habita el Hijo de Dios en la casa de su Padre dentro de mí?
Dios es la realidad permanente y su orden me llega momento tras momento. ¿Estoy siempre en contacto con la realidad de Dios, o solamente oro cuando las cosas van mal, cuando hay una perturbación en mi vida? Tengo que aprender a identificarme con mi Señor en una comunión santa, en ciertas formas que algunos de nosotros no hemos empezado a aprender todavía. Me era necesario estar en la casa de mi padre y vivir en ella cada momento de mi vida.
Piensa en tus propias circunstancias. ¿Estás tan identificado con la vida de nuestro Señor que eres simplemente un hijo de Dios que le habla todo el tiempo y que comprende que todo viene de sus manos?
¿El Hijo eterno que vive en ti está viviendo en la casa de su Padre? ¿Se está manifestando a través de ti la gracia de su vida que ministra, en tu hogar, en tu negocio y en tu círculo de amigos? ¿Has venido preguntándote por qué estás pasando por ciertas circunstancias? De hecho, no es que tengas que pasar por ellas, las vives por causa de la relación en la que ha entrado el Hijo de Dios contigo, según la providencia del Padre en tu condición específica como santo de Dios. Debes permitirle hacer su voluntad contigo, permaneciendo en una perfecta unión con Él.
La vida de tu Señor se debe convertir en tu vida, sencilla y vital. La manera como Él obró y vivió entre la gente mientras estuvo aquí en la tierra debe ser la manera como Él obra y vive en ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 6 de agosto de 2017
Agosto 6. La cruz en la oración
"En aquel día pediréis en mi nombre", Juan 16:26
Somos muy dados a pensar en la cruz como en algo por lo cual tenemos que pasar. Sin embargo, pasamos por ella sólo para entrar en ella.
La cruz sólo tiene un significado para nosotros: una completa y absoluta identificación con el Señor Jesucristo y no hay nada en lo cual esta identificación se haga más real que en la oración.
"Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis", Mateo 6:8. Entonces, ¿por qué debemos pedir? La intención de la oración no es conseguir respuestas de Dios, sino tener una perfecta y completa unidad con Él. Si oramos sólo porque queremos el resultado, nos enojaremos con Dios. La oración es contestada cada vez que oramos pero no siempre viene en la manera que esperamos y nuestro enojo espiritual muestra el rechazo a identificarnos verdaderamente con nuestro Señor en la oración. No estamos aquí para probar que Dios contesta, sino para ser monumentos vivientes de la gracia divina.
"No os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama", Juan 16:26-27. ¿Has alcanzado un nivel tal de intimidad con Dios que lo único que cuenta para tu vida de oración es que se vuelva una con la del Señor Jesucristo? ¿Ha reemplazado Él tu vida por la suya? Si es así, en aquel día estarás tan identificado con Jesús que no habrá distinción.
Cuando parezca que tu oración no fue respondida, guárdate de echarle la culpa a otro. Esa siempre es una trampa de Satanás. Cuando parece que no hay respuesta, siempre hay una razón. Dios usa estos momentos para darte una profunda enseñanza personal, la cual es sólo para ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 5 de agosto de 2017
Agosto 5. El desconcertante llamado de Dios
"Cuando lleguemos a
Jerusalén se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo
del hombre... Sin embargo, ellos nada comprendieron de estas cosas...", Lucas 18:31,34
Dios llamó a Jesucristo a lo que parecía un terrible desastre.
Jesucristo llamó a sus discípulos para que lo vieran morir, los condujo a todos, sin excepción, al lugar donde el corazón de ellos se quebrantó. La vida de nuestro Señor fue un absoluto fracaso desde todo punto de vista, excepto el de Dios. Pero, lo que parecía un fracaso ante los ojos del hombre, fue un extraordinario triunfo desde la perspectiva divina porque los propósitos de Él nunca son los del hombre.
El desconcertante llamado de Dios también viene a nuestra vida y no se puede enunciar de una forma clara y detallada porque es implícito. Es un llamado que sólo nuestra verdadera naturaleza interior puede percibir y entender. Es como el llamado del mar: nadie lo oye sino aquel que tiene en sí mismo la naturaleza del mar. No se puede afirmar de una manera cierta cuál es el llamado de Dios, porque su llamamiento es sencillamente para ser Sus amigos y alcanzar Sus propios propósitos. La prueba real es creer verdaderamente que ÉL sabe lo que quiere. Las cosas que suceden, no ocurren por casualidad, sino enteramente por el mandato de Dios. Él está llevando a cabo sus propósitos.
Si estamos en comunión y unidad con Él y reconocemos que nos está dirigiendo hacia sus propósitos, no trataremos más de descubrir cuáles son. A medida que crecemos en la vida cristiana, ésta se vuelve más sencilla porque nos sentimos menos inclinados a decir: “Me pregunto por qué permitiría Dios esto o aquello”, e inmediatamente nos damos cuenta de que, detrás de todo, se encuentra su propósito que nos constriñe. ¡Existe un Dios que determina nuestro propósito! Un cristiano es alguien que confía en el conocimiento y la sabiduría de Él y no en sus propias capacidades. Los propósitos nuestros destruyen la sencillez y la tranquilidad que deberían distinguir a los hijos de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 4 de agosto de 2017
Agosto 4. El valiente compañerismo de Dios
"Tomando Jesús a
los doce", Lucas 18:31
¡Oh, el valor de Dios al confiar en nosotros! Tú dirás: "Pero, qué imprudente fue al elegirme, porque no hay nada bueno en mí y no valgo nada". Esa es exactamente la razón por la que te escogió. Mientras pienses que en ti hay algo valioso para ÉL, Dios no te elige, porque tienes tus propios fines a los cuales servir. Pero si le permites a Él acabar con tu autosuficiencia, entonces te escogerá para que lo acompañes “a Jerusalén” y eso implica el cumplimiento de propósitos que Él no discutirá contigo.
Somos propensos a afirmar que alguien será un buen cristiano porque tiene talento natural. Pero no tiene que ver con nuestra aptitud, sino con nuestra pobreza; no con lo que traemos con nosotros, sino con lo que Dios ponga en nosotros. No es cuestión de virtudes naturales, fuerza de carácter, conocimiento o experiencia, pues nada de eso sirve en este asunto. Lo único que vale es que seamos atraídos hacia su apremiante propósito y así nos convertiremos en sus amigos (ver 1 Corintios 1:26-31). El compañerismo de Dios es para personas que reconocen su pobreza. Él no hace nada con quien cree que le es útil. Como cristianos, no estamos comprometidos con nuestra propia causa, sino con la de Dios, que nunca será la nuestra.
No sabemos cuál es el propósito de Dios que nos constriñe, pero tenemos que mantener nuestra relación con Él, pase lo que pasare. Nunca debemos permitir que algo perjudique esa relación, pero si ocurre, debemos tomar tiempo para rectificarla. El aspecto más importante del cristianismo no es el trabajo que hacemos, sino la relación que mantenemos y el ambiente que se produce por esa relación. Eso es todo lo que Dios nos pide que atendamos y es lo único que recibe un ataque continuo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 3 de agosto de 2017
Agosto 3. El propósito de Dios que nos constriñe
"Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén", Lucas 18:31
En la vida de nuestro Señor, Jerusalén representa el lugar donde llegó al punto culminante de la voluntad de su Padre. Jesús dijo: "No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió", Juan 5:30, lo cual fue el interés preponderante a lo largo de la vida de nuestro Señor. Y jamás nada de lo que encontró en el camino, gozo o dolor, éxito o fracaso, lo disuadió de su propósito. "Él, con determinación afirmó su rostro para ir a Jerusalén", Lucas 9:51, LBLA.
Lo más grande que debemos recordar es que subimos a Jerusalén para cumplir el propósito de Dios, no el nuestro. En la vida natural, nuestras ambiciones son las de nosotros, pero en la vida cristiana no tenemos ninguna meta propia. Hoy se habla tanto de nuestras decisiones a favor de Cristo, nuestra decisión de ser cristianos, nuestras decisiones en cuanto a esto o aquello. Pero en el Nuevo Testamento lo que se pone de manifiesto es que el propósito de Dios nos constriñe. "No me elegisteis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros", Juan 15:16.
Dios no me lleva a comprometerme con su propósito de una manera consciente, sino que me atrae hacia Él sin que me dé cuenta en absoluto. No tenemos idea de cuál puede ser su propósito y al seguir adelante se hace cada vez más vago. Parecería como si el objetivo de Dios no se fuera a cumplir, porque somos demasiado cortos de vista para ver lo que Él se propone. Al principio de la vida cristiana tenemos nuestras propias ideas acerca del propósito divino. Decimos: “Dios quiere que vaya allí. Él me ha llamado para realizar esta obra especial”. Hacemos lo que pensamos que es correcto, pero aun así Dios nos sigue constriñendo. El trabajo que hacemos no tiene ningún valor al compararlo con el propósito de Dios que nos constriñe. Es sólo el andamiaje al lado de su obra. "Tomando Jesús a los doce...", Lucas 18:31. Dios nos toma todo el tiempo. Todavía no hemos entendido todo lo que hay que saber del propósito de Dios que nos constriñe.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 2 de agosto de 2017
Agosto 2. La disciplina de las dificultades
"En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo", Juan 16:33
Una manera común y corriente de percibir la vida cristiana es que por medio de ella nos libraremos de toda adversidad. Pero, realmente seremos librados en medio de ella, lo cual es muy diferente. "El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente... No te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada", Salmos 91:1,10, es decir, el lugar donde estás en unidad con Él.
Si eres un hijo de Dios, con seguridad encontrarás adversidades, pero Jesús afirma que no debes sorprenderte cuando vengan. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Él te dice, “no hay nada que temer”. Las mismas personas que antes de haber sido salvas rechazaban hablar de sus problemas, a menudo se quejan y preocupan después de haber nacido de nuevo, porque tienen una idea equivocada de lo que significa la vida de un creyente.
Dios no nos da una vida triunfante, nos da una vida a medida que triunfamos. Las presiones construyen nuestra fortaleza. Si no hay problemas, no habrá fuerza. ¿Estás pidiéndole a Dios que te dé vida, libertad y gozo? Él no lo hará, a menos que estés dispuesto a aceptar la tensión. En cuanto te enfrentes a ella, obtendrás la fortaleza. Vence tu propia cobardía, da el primer paso y Dios te dará el alimento que necesitas. "Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida", Apocalipsis 2:7. Si das tu máximo en lo físico, te agotas; pero, cuando te rindes por completo espiritualmente, obtienes más fuerza. Dios nunca nos da la fuerza para el día de mañana o para la hora siguiente, sino sólo para la presión del momento.
Nuestra tentación es afrontar las adversidades de acuerdo con el sentido común. Pero un santo se goza incluso cuando está aparentemente vencido por las adversidades, porque la victoria es absurdamente imposible para todo el mundo, menos para Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
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