Versículo para hoy:

lunes, 17 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 17

“En su brazo recogerá los corderos”. Isaías 40:11.
NUESTRO Buen Pastor tiene en su rebaño una variedad de experiencias. Algunos son fuertes en el Señor y otros son débiles en la fe, pero él es imparcial en su cuidado para con todas sus ovejas, y el cordero más débil le es tan querido como el más fuerte. Los corderos tienen la tendencia de quedarse atrás, propensos a extraviarse y a debilitarse, pero el Pastor, con sus brazos poderosos, los protege de todos los peligros a los que los exponen esas debilidades. El Pastor halla almas nacidas de nuevo que, como corderos, están por perecer y las alimenta hasta que se hacen vigorosas; halla mentes débiles, propensas a desmayar y a morir y las consuela y renueva sus fuerzas y junta a todos los pequeños, porque no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda uno de ellos. ¡Qué vista penetrante debe tener para verlos a todos! ¡Qué brazo amplio y poderoso para reunirlos a todos! Durante su vida terrenal solía reunir a muchos débiles y, ahora que está en el cielo, su amante corazón suspira por los mansos y contritos, por los tímidos y débiles, por los temerosos y abatidos que viven en este mundo. ¡Cuán afectuosamente me atrajo a sí, a su verdad, a su sangre, a su amor y a su Iglesia! ¡Con qué eficiente gracia me compelió a ir a él! ¡Cuántas veces, desde mi conversión, me restauró de mis extravíos y me estrechó de nuevo en sus eternos brazos! Lo mejor de todo es que él hace esto personalmente, no delegando a ninguno la obra de amor, sino dignándose él mismo a librar y preservar a su siervo más indigno. ¿Cómo lo amaré suficientemente o le serviré dignamente? Me sentiría dichoso si pudiese engrandecer su nombre hasta los fines de la tierra, pero, ¿qué puede hacer mi debilidad a favor de él? Gran Pastor, añade a tus mercedes esta otra: dame un corazón que te ame más sinceramente, como es mi deber hacerlo.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 16 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 16

“Contigo está el manantial de la vida”. Salmo 36:9.

HAY ocasiones en nuestra experiencia espiritual cuando el consejo o la simpatía o los actos religiosos no pueden confortarnos o ayudarnos. ¿Por qué permite esto nuestro bondadoso Dios? Quizás sea porque hemos estado viviendo mucho tiempo sin él. En vista de eso, Dios nos quita todo aquello en lo cual hemos confiado con el fin de llevarnos a él. Es una bendición vivir junto a la fuente principal. Mientras nuestros odres están llenos nos alegramos de poder salir al desierto, como lo hicieron Agar e Ismael; pero cuando están sin agua, ninguna cosa nos valdrá excepto “Tú eres el Dios que me ve”. Nosotros somos como el pródigo: amamos los charcos de los cerdos y olvidamos la casa de nuestro Padre. No olvides, amado, que podemos transformar las ceremonias de la religión en charcos y algarrobas de cerdos. Esas ceremonias son santas, pero hay peligro de que las pongamos en el lugar de Dios y, entonces, no tienen valor alguno. Cualquier cosa se convierte en ídolo cuando te mantiene lejos de Dios. Hasta la serpiente de metal tiene que ser despreciada como “Nehushtan” si la adoramos en lugar de Dios. El pródigo nunca estuvo más seguro que cuando volvió al seno de su padre, porque no podía hallar sustento en ninguna otra parte. Nuestro Señor nos favorece con hambre en la tierra para que lo busquemos a él con más inteligencia. La mejor posición de un cristiano se halla en vivir confiado entera y directamente en la gracia de Dios, aunque permanezca en el lugar donde se hallaba al principio. “No teniendo nada, mas poseyéndolo todo”. Nunca pensemos, ni por un momento, que nuestra posición la debemos a nuestra santificación, mortificación, dones o sentimientos. Recordemos más bien, que somos salvos porque Cristo ofreció una expiación perfecta, pues nosotros estamos cumplidos en él. No teniendo nada nuestro en que confiar, pero descansando en los méritos de Jesús, su pasión y su vida santa nos proporcionarán la única base segura de confianza. Amados, cuando estemos sedientos, recurramos con avidez al manantial de la vida.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 15 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 15

“Empero redimirás con cordero el primerizo del asno; y si no lo redimieres, le has de cortar la cabeza”. Éxodo 34:20.

TODO primogénito debía ser del Señor, pero como el asno era impuro no podía ser presentado en sacrificio. ¿Qué significa esto? ¿Queda el asno exceptuado de la ley? De ninguna manera. Dios no admite excepciones. El asno le pertenece, pero él no lo acepta. No renuncia a su derecho, pero tampoco se agrada en la víctima. No queda, pues, otra salida que la redención. El asno tenía que librarse por la sustitución de un cordero que ocupaba su lugar. Si no se redimía debía morir. Alma mía, aquí hay una lección para ti. Aquel animal impuro eres tú misma. Tú perteneces al Señor, quien te hizo y te preserva pero eres tan pecaminoso que Dios no quiere, no puede aceptarte. El problema se soluciona así: “El cordero de Dios tiene que ocupar tu lugar, de lo contrario tú debes morir eternamente”. Que todo el mundo conozca tu gratitud para con el inmaculado Cordero que derramó su sangre por ti, y así te redimió de la fatal maldición de la ley. ¿No se habrá preguntado a veces el israelita si el que debía morir era el asno o el cordero? ¿No se habrá detenido el buen hombre para calcular y comparar? Indudablemente no hay comparación entre el valor del alma del hombre y la vida del Señor Jesús; sin embargo, el Señor muere y el hombre es perdonado. Alma mía, admira el infinito amor que Dios te profesa a ti y a otros de la raza humana. ¡Los gusanos son comprados con la sangre del Hijo del Altísimo! ¡El polvo y la ceniza son redimidos con un precio muy superior a la plata o al oro! ¡Qué ruina hubiera sido la mía si no hubiese sido hallada abundante redención! La decapitación del asno era sólo una penalidad momentánea, pero, ¿quién puede medir la ira que ha de venir, cuyo límite no se puede apreciar? Muy querido es el glorioso Cordero que nos redimió de semejante ruina.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 14 de octubre de 2016

El coraje de ser mujer - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 14

“Y no os conforméis a este siglo”. Romanos 12:2.

SI un cristiano pudiese, por casualidad, ser salvado, a pesar de conformarse a este mundo, tendría, de cualquier forma, que serlo así como por fuego. Tan pobre salvación tiene que ser casi tan temida como deseada. Lector, ¿quieres dejar este mundo en medio de las sombras de un desesperado lecho de muerte y entrar en el cielo como un marinero náufrago que trepa las rocas de su país nativo? Entonces, sé un mundano; mézclate con los adoradores de Mammón y niégate a salir fuera del real llevando el vituperio de Cristo. ¿Quieres por el contrario, tener un cielo aquí abajo como también otro arriba? ¿Quieres comprender con todos los santos cuál sea la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento? ¿Quieres recibir una abundante entrada en el gozo de tu Señor? Entonces, sal de en medio de ellos y apártate y no toques lo inmundo. ¿Quieres lograr la plena certidumbre de fe? Ten presente que no la podrás lograr mientras te juntes con los pecadores. ¿Quieres inflamarte con vehemente amor? Entonces, cuídate, porque, de lo contrario ese amor será apagado por el compañerismo con los impíos. Mientras cedas a los principios mundanos y a las vulgares costumbres de los hombres del mundo no podrás llegar a ser un gran cristiano; quizás seas un niño en la gracia, pero nunca podrás ser un hombre perfecto en Cristo Jesús. Es malo que un heredero del cielo tenga mucha amistad con los herederos del infierno. Hay que sospechar algo malo cuando un cortesano tiene demasiada intimidad con los enemigos de su rey. Las pequeñas polillas destruyen costosos vestidos, y un poco de frivolidad y otro de ruindad quitarán a la religión mil goces. ¡Oh, tú, que profesas ser cristiano, pero, sin embargo, estás tan poco separado de los pecadores, no sabes lo que pierdes por conformarte al mundo! Esa conformidad rompe los tendones de tu poder y te hace gatear en lugar de correr. Entonces, en bien de tu propio solaz y de tu crecimiento en la gracia, si eres cristiano, sé un cristiano, pero un cristiano señalado y distinto.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 13 de octubre de 2016

Sumergida en la Palabra de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 13

“Fuerte es como la muerte el amor”. Cantares 8:6.

ESTE amor tan poderoso como un conquistador de reino y como la muerte, destructora de la raza humana, ¿de quién puede ser? ¿No sería ridículo si dijera que se refiere a mi pobre, débil y apenas viviente amor por Jesús mi Señor? Yo amo a Jesús y, por su gracia, quizás hasta podría morir por él, pero en cuanto a mi amor en sí, difícilmente podría soportar una burla y, mucho menos, una muerte cruel. Sin duda, aquí se hace referencia al amor de mi Amado, el amor de Jesús, el incomparable amador de las almas. En realidad, su amor fue más fuerte que la muerte más espantosa, pues soportó triunfalmente la prueba de la cruz. Su muerte fue una muerte lenta, pero el amor sobrevivió al tormento; fue una muerte vergonzosa, pero el amor despreció la vergüenza; fue la muerte de un penado, pero el amor llevó nuestras iniquidades. Fue la muerte de un solitario y olvidado, de quien el eterno Padre ocultó su rostro, pero el amor soportó la maldición y se glorió sobre todos. Nunca hubo tal amor ni tal muerte. Fue un duelo terrible, pero el amor llevó la palma. ¿Qué dices a esto, corazón mío? Creyente, ¿no sientes emocionado tu corazón al contemplar tan celestial afecto? Sí, mi Señor, yo anhelo, ansío sentir dentro de mí tu ardiente amor. Ven tú mismo y alienta el ardor de mi espíritu.
¡Redentor! ¡Redentor!
Tierno, dulce nombre,
¡Oh, cuan grande el amor
De Jesús Dios-Hombre!
Con un amor tan fuerte como la muerte, ¿por qué tengo que desesperar del amoroso Jesús? El merece ese amor y yo lo deseo. Los mártires, aunque sólo eran carne y sangre, sintieron tal amor. Entonces, ¿por qué no lo he de sentir yo? Ellos lamentaron sus debilidades, pero, sin embargo, de débiles fueron hechos fuertes. La gracia les dio firme constancia. Esa misma gracia me es concedida a mí. Jesús, amado de mi alma, derrama ese amor, tu amor, en mi corazón esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Sexualidad santa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 12

"El Consolador, el Espíritu Santo”. Juan 14:26.

LA era actual es, de una manera especial, la dispensación del Espíritu Santo, en la cual Jesús nos alienta no con su presencia (como lo hará en breve), sino con la morada y constante permanencia del Espíritu Santo, que es, en todos los tiempos, el Consolador de la Iglesia. La misión del Espíritu Santo es consolar los corazones de los componentes del pueblo de Dios. El redarguye de pecado, ilumina e instruye. Pero la parte principal de su obra consiste en alegrar los corazones de los regenerados, confirmar a los débiles y ensalzar a todos los que están humillados. Cumple esto revelándoles a Jesús. El Espíritu Santo consuela, pero Cristo es la consolación. Si se nos permite usar la figura, el Espíritu Santo es el Médico, pero Jesús es la medicina. El Espíritu Santo sana la herida, pero lo hace aplicando el santo ungüento del nombre y de la gracia de Cristo. No toma de lo suyo sino de lo de Cristo. Así, si damos al Espíritu Santo el nombre griego de Paracleto, como lo hacemos a veces, entonces nuestro corazón da a nuestro bendito Señor Jesús el título de Paraclesis. Si uno es el Consolador, el otro es el Consuelo. Ahora bien, teniendo el cristiano tan rica provisión para sus necesidades, ¿por qué tiene que estar triste y desanimado? El Espíritu Santo, movido por bondad, se ha comprometido a ser tu Consolador. ¿Crees, oh débil y tembloroso creyente, que el Espíritu Santo no responderá a la confianza que en él has depositado? ¿Puedes suponer que él haya intentado lo que no puede o no quiere cumplir? Si su obra peculiar es fortalecerte y consolarte, ¿piensas que ha olvidado su cometido o que fracasará en la amorosa tarea que realiza para tu bien? No, no pienses tan mal del tierno y bendito Espíritu, cuyo nombre es “el Consolador”. El se complace en dar el óleo de alegría para el que llora y el vestido de alabanza para el espíritu abatido. Confía en él y él, sin duda, te consolará hasta que la casa del llanto se cierre para siempre y empiece la fiesta de boda.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 11 de octubre de 2016

Planes para darte un futuro y una esperanza - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 11

“A los que predestinó a estos también llamó”. Romanos 8:30.

EN la segunda epístola a Timoteo, capítulo uno, versículo nueve se hallan estas palabras: “Nos salvó y llamó con vocación santa”. Ahora bien, aquí tenemos una piedra de toque por la cual podemos probar nuestra vocación. Es esta una vocación santa, no conforme a nuestras obras, sino al intento suyo y gracia. Esta vocación impide toda confianza en nuestras obras y nos conduce sólo a Cristo para ser salvados; pero, después, nos limpia de las obras de muerte para servir al Dios vivo y verdadero. Como el que te llamó es santo, así debes tú ser santo. Si vives en el pecado, no eres llamado; pero si realmente eres de Cristo, entonces dirás: “Nada me apena tanto como el pecado; deseo librarme de él, Señor, ayúdame a ser santo”. ¿Es este el anhelo de tu corazón? ¿Es este el tenor de tu vida para con Dios y su divina voluntad? También en Filipenses 3:13, 14, se nos habla de “la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”. ¿Es tu vocación una “soberana vocación”? ¿Ha ennoblecido esta vocación tu corazón y lo ha inclinado hacia las cosas celestiales? ¿Ha elevado tus esperanzas, tus gustos y tus deseos? ¿Ha elevado el invariable curso de tu vida de modo que la vivas con Dios y para Dios? Otra prueba la hallamos en Hebreos 3:1: “Participantes de la vocación celestial”. Vocación celestial significa una vocación del cielo. Si es un hombre el que te llama, no eres llamado. ¿Procede de Dios tu vocación? ¿Es una vocación para el cielo como también del cielo? A menos que seas aquí un extranjero y el cielo sea tu hogar, no has sido llamado con vocación celestial; porque los que así fueron llamados, declaran que esperan una ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios, y ellos peregrinos y extranjeros en la tierra. ¿Es tu vocación santa, soberana y celestial? Entonces, amado, has sido llamado por Dios, porque tal es la vocación con que Dios ha llamado a su pueblo.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 10 de octubre de 2016

En la brecha por un hijo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 10

“Y librarte he de la mano de los malos y te redimiré de la mano de los fuertes”. Jeremías 15:21.

OBSERVA que es Dios la gloriosa personalidad que hace la promesa. El Señor Jehová mismo se interpone para librar y redimir a su pueblo. El personalmente se compromete a librarlos. Su propio brazo lo hará para que él tenga la gloria. Aquí no se dice ni una palabra de que sea necesario un esfuerzo nuestro para ayudar al Señor. Ni nuestras fuerzas ni nuestras debilidades son tomadas en cuenta, sino sólo Dios, quien, como el sol en el cielo, resplandece con toda suficiencia. ¿Por qué, pues, calculamos nuestras fuerzas y consultamos con carne y sangre para nuestro mal? Jehová tiene suficiente poder y no tiene necesidad de recurrir a nuestro débil brazo. ¡Silencio, incrédulos pensamientos, aquietaos y sabed que el Señor reina! Ni una alusión hay en este versículo en cuanto a medios y causas secundarias. El Señor no dice nada de amigos y ayudadores. El emprende la obra solo y no siente necesidad de que le ayuden brazos humanos. Vano es todo nuestro esperar en los compañeros y en los parientes, pues si nos apoyamos en ellos son como cañas cascadas. Si pueden ayudarnos, por lo regular, no quieren hacerlo; y si quieren, no pueden. Ya que la promesa viene de Dios, sería bueno que esperáramos sólo en él. Cuando así lo hacemos nuestra esperanza nunca se ve defraudada. ¿Quiénes son los malvados para que los temamos? El Señor los consumirá enteramente. Los tales tienen que ser compadecidos más bien que temidos. En cuanto a los fuertes, ellos sólo espantan a los que no tienen Dios a quien recurrir, pues cuando el Señor está de nuestro lado, ¿a quién vamos a temer? Si nos exponemos a pecar con el fin de agradar al malvado, entonces sí tenemos motivo de alarmarnos; pero si nos aferramos a nuestra integridad, el furor de los tiranos será dominado para nuestro bien. Cuando el pez tragó a Jonás, halló en él un bocado que no pudo digerir; y cuando el mundo devora a la Iglesia, experimentamos grande gozo cuando ella se libra de él otra vez. En todo tiempo de dura prueba, en la paciencia poseeremos nuestras almas.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 9 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 9

“Mas él no le respondió palabra”. Mateo 15:23.

LOS que buscan sinceramente y aún no han obtenido la bendición que buscan pueden tomar aliento de esta historia. El Salvador no concedió enseguida la bendición a la mujer, aunque esta tenía grande fe en él. Jesús pensaba dársela, pero demoró un poco antes de hacerlo. Dice el pasaje: “El no le respondió palabra”. ¿No era la de la mujer una oración buena? Sí, nunca en el mundo la hubo mejor. ¿Estaba ella realmente necesitada? Sí, angustiosamente necesitada. ¿Sintió su necesidad suficientemente? Sí, la sintió irresistiblemente. ¿Estaba ella suficientemente ansiosa? Sí, extremadamente ansiosa. ¿Tenía fe? Sí, la tenía en tan alto grado que aun Jesús se maravilló y dijo: “Oh, mujer, grande es tu fe”. Nota, pues, que aunque es cierto que la fe trae paz, no siempre la trae al instante. Puede haber ciertas razones que requieran que la fe sea probada más bien que recompensada. La fe genuina puede estar en el alma como una semilla oculta, pero, con todo, puede no haber crecido y florecido en gozo y paz. La prueba más dura de muchas almas que oran es ver que el Salvador no contesta, pero más dura aún es la aflicción que produce una réplica cortante como esta: “No es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. Muchos hallan un placer inmediato en aguardar al Señor, pero no pasa así con todos. Algunos, como el carcelero, se convierten en un momento de las tinieblas a la luz, pero otros son plantas que crecen más lentamente. En lugar de un sentido de perdón quizás te sea dado un sentido más profundo de pecado. En ese caso tendrás necesidad de paciencia para soportar el duro golpe. ¡Ah!, pobre corazón, aunque Cristo te golpee, te hiera o aun te mate, confía en él; aunque te conteste agriamente, cree en el amor de su corazón. Te suplico que no dejes de rogar a mi Señor ni de confiar en él porque no has obtenido el gozo que anhelabas. Arrójate más bien sobre él y confía constantemente, aun cuando no puedas esperar con regocijo.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 8 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 8

“Orando por el Espíritu Santo”. Judas 20.

OBSERVA la notable característica de la verdadera oración: “por el Espíritu Santo”. La semilla de la devoción aceptable debe venir de los alfolíes del cielo. Sólo la oración que procede de Dios puede volver a Dios. Las flechas que nos arroja el Señor debemos de nuevo disparárselas a él. El deseo que Dios estampó en nuestros corazones conmoverá su corazón y traerá bendición, pero los deseos de la carne no tienen poder delante de él. Orar por el Espíritu Santo es orar con fervor. Las oraciones frías parece que pidieran al Señor que no las oiga. Los que no ruegan con fervor no ruegan nada en absoluto. Hablar de oraciones frías es como hablar de fuego frío. Es indispensable que la oración sea candente. Orar por el Espíritu es orar con perseverancia. El que ora con sinceridad va adquiriendo poder a medida que avanza en la oración y, cuando Dios tarda en contestar, ora con más fervor. Cuanto más tiempo la puerta permanece cerrada, tanto más fuerte la oración hace sonar el llamador; y cuanto más tiempo demora el ángel, tanto más resuelta ella está a no dejarlo ir, sin que le dé la bendición. Hermosa es en los ojos de Dios la importunidad que llora, que agoniza y que vence. Orar por el Espíritu es orar con humildad, pues el Espíritu Santo nunca nos hincha con orgullo. Su misión es convencer de pecado y así humillarnos en contrición y quebrantamiento de espíritu. Nunca cantaremos “Gloria in excelsis” hasta que no oremos a Dios “De profundis”. Debemos clamar de lo profundo, de lo contrario nunca contemplaremos la gloria en toda su magnitud. Orar por el Espíritu es orar con amor; amor a nuestros hermanos y amor a Cristo. Además la oración debe ser hecha con fe. El hombre sólo prevalece cuando cree. El Espíritu Santo es el autor de la fe, y es quien la alienta para que oremos creyendo en la promesa de Dios. ¡Oh, que esta feliz combinación de excelentes gracias, inapreciables y olorosas como las especias de los mercaderes, pueda ser fragante en nosotros por el Espíritu Santo que está en nuestros corazones! ¡Oh!, muy bendito Consolador, ejerce tu irresistible poder en nosotros ayudando nuestras flaquezas en la oración.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 7 de octubre de 2016

Orando por un hijo rebelde - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 7

“Ahora bien, ¿en quién confías que te rebelas contra mí?” Isaías 36:5.

LECTOR, es esta una pregunta importante. Escucha la respuesta del cristiano y mira si es tu respuesta. “¿En quién confías?” “Yo confío”, dice el cristiano, “en un Dios trino”. Confío en el Padre, creyendo que él me ha elegido antes de la fundación del mundo. Confío en él para que, en su providencia, me provea lo necesario, para que me enseñe, para que me guíe, para que me corrija, si fuere necesario, y para que me lleve a su casa, donde hay muchas moradas. Confío en el Hijo. El hombre Jesucristo es verdadero Dios de verdadero Dios. Confío en él para que quite todos mis pecados por su sacrificio, y para que me adorne con su perfecta justicia. Confío en él para que sea mi intercesor, para que presente delante del trono de su Padre mis oraciones y deseos. Confío en él para que sea mi Abogado en el último gran día, para que defienda mi causa y me justifique. Confío en él por lo que ha hecho y por lo que ha prometido hacer. Y confío en el Espíritu Santo. El empezó a librarme de mi pecado innato. Confío en él para que los quite todos. Confío en él para que domine mi temperamento, para que someta mi voluntad, para que ilumine mi entendimiento, para que reprima mis pasiones, para que me anime en los desalientos, para que me ayude en mis debilidades, y para que alumbre mis tinieblas. Confío en él para que habite en mí, como mi vida; para que reine en mí, como mi Rey; para que me santifique completamente: espíritu, alma y cuerpo y, después, me lleve para habitar para siempre con los santos en luz.
¡Oh!, bendita confianza. Confiar en él, cuyo poder nunca quedará exhausto, cuyo amor nunca menguará, cuya bondad nunca cambiará, cuya fidelidad nunca fallará, cuya sabiduría nunca será confundida y cuyo favor nunca disminuirá. ¡Feliz eres tú, lector, si es esta tu confianza! Confiando así, gozarás de dulce paz ahora y de la gloria después, y el fundamento de tu confianza nunca será removido.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 6 de octubre de 2016

Amando a un hijo pródigo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 6

“El había tomado mujer etíope”. Números 12:1.

EXTRAÑA es esta elección de Moisés, pero ¡cuánto más extraña es la elección del que es un profeta igual a Moisés y aun mayor que él! Nuestro Señor, que es hermoso como el lirio, se ha unido en matrimonio con una que se declara morena porque el sol la ha mirado. Admira a los ángeles el que Jesús ame a seres pobres, perdidos y pecadores. Cada creyente, al conocer bien el amor de Jesús, debe sentirse profundamente admirado de que ese amor se le prodigue a sujetos que son tan enteramente indignos de él. Conociendo, como conocemos, nuestra vergonzosa maldad, infidelidad y negrura de corazón, nos deshacemos en agradecida admiración por la incomparable libertad y soberanía de la gracia. Jesús debe de haber hallado en su propio corazón el motivo de su amor; no podría haberlo hallado en nosotros, pues no está allí. Aún después de nuestra conversión hemos sido morenos, aunque la gracia nos hizo aceptables. El santo de Rutherford dijo de sí mismo algo que cada uno de nosotros debiéramos firmar: “La relación entre Cristo y yo consiste en que yo soy enfermo y él es el Médico, de quien tengo necesidad. ¡Ay!, cuántas veces estoy con Cristo al tira y afloja. El ata y yo suelto; él edifica y yo derribo; yo alterco con él y él se aviene conmigo veinte veces por día”. ¡Tiernísimo y fiel Esposo de nuestras almas, prosigue la bondadosa obra de conformarnos a tu imagen, hasta que nosotros, pobres etíopes, seamos presentados a ti, sin mancha, sin arruga ni cosa semejante! Moisés encontró oposición cuando contrajo enlace, y tanto él como su esposa fueron objeto de torvas miradas. ¿Vamos a admirarnos, pues, de que este mundo vano se oponga a Jesús y a su esposa, especialmente cuando se convierten los grandes pecadores? Porque la base de la objeción del fariseo es siempre la misma: “Este hombre a los pecadores recibe”. La antigua causa de la querella aún se renueva: “Porque había tomado mujer etíope”.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cuando un hijo dice, “Soy homosexual” - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Ángela Yuan se reunió con su hijo un día y escuchó las palabras: 

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Octubre 5, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 5

“El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Marcos 16:16.

EL Sr. Macdonald preguntó a los habitantes de la isla de Santa Kilda cómo puede uno llegar a ser salvo. Un anciano contestó: “Arrepintiéndose, abandonando el pecado y convirtiéndose a Dios”. “Sí”, dijo una mujer que había llegado a la madurez, “pero haciendo eso con sincero corazón”. “Sí”, añadió un tercero, “pero no olvidándose de la oración”. Un cuarto añadió: “Pero esa oración debe ser de corazón”. Un quinto dijo, por fin: “Sí, pero también debemos ser diligentes en guardar sus mandamientos”. Habiendo dado cada uno su parecer y pensando que habían compuesto un credo muy razonable, esperaban la aprobación del predicador, pero, en cambio, este se mostró más bien triste. Vemos en estas contestaciones cómo la mente carnal traza para sí un camino en el cual el “yo” pueda obrar y llegar a ser grande, pero el camino del Señor es muy distinto. Creer y ser bautizado no son asuntos de mérito para que nos gloriemos en ellos; son más bien dos actos tan sencillos que excluyen toda jactancia, y, de esa forma, la libre gracia lleva la palma. Puede ser que el lector no sea salvo aún. ¿Cuál es el motivo? ¿Crees que el camino de salvación como lo presenta nuestro texto es dudoso? ¿Cómo puede serlo cuando Dios ha empeñado su palabra en cuanto a su certidumbre? ¿Piensas que ese camino es demasiado fácil? ¿Por qué entonces no lo sigues? Su facilidad deja sin excusa a los que lo descuidan. Creer es simplemente confiar, depender, descansar en Cristo Jesús. Ser bautizado es someterse al rito al que se sometió el Señor en el Jordán, al cual se sometieron también los convertidos en Pentecostés y al que el carcelero obedeció la misma noche de su conversión. Los signos exteriores no salvan, pero simbolizan nuestra muerte, entierro y resurrección con Jesús y, como la Cena del Señor, no deben ser descuidados. Lector, ¿crees en Jesús? Entonces, querido amigo, desecha tus temores; tú serás salvo. ¿Eres aún un incrédulo? Entonces recuerda que hay sólo una puerta, y si no entras por ella perecerás en tus pecados.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 4 de octubre de 2016

Animando la Iglesia  | Aviva Nuestros Corazones

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 4

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. 1 Juan 2:1.

“SI alguno hubiere pecado, abogado tenemos”. Sí, aunque pequemos, aún lo tenemos a él. Juan no dice: “Si alguno hubiere pecado perdió el derecho de tener abogado”, sino “abogado tenemos”, aunque seamos pecadores. Todos los pecados que cometió el creyente o que pueda cometer no pueden destruir el vínculo que lo une al Señor Jesucristo como su abogado. El nombre que se le da aquí a nuestro Señor es sugestivo: “Jesús”. ¡Ah!, entonces es él un abogado de la categoría que nosotros necesitamos, pues Jesús es el nombre de uno cuyo cometido y placer es salvar. Dijo el ángel: “Llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Su nombre más dulce denota el éxito que él tendría. Luego, tenemos “Jesús Cristo”, del griego “Xristos”, ungido. Esto indica su autoridad para interceder, pues él es el abogado designado y el sacerdote elegido por Dios. Si hubiera sido elegido por nosotros podría fracasar; pero si es Dios quien nos ofrece ayuda en la poderosa persona de Cristo, entonces llevemos a él nuestras cuitas sin vacilar. El es el Cristo y, por lo mismo, está calificado para cumplir su obra, pues la unción lo ha preparado perfectamente. El puede rogar como para conmover el corazón de Dios y prevalecer. ¡Qué palabras de ternura, qué frases persuasivas emplea el Ungido cuando se presenta para interceder por mí! Hay otra palabra de su nombre que debemos considerar: “Jesús Cristo, el Justo”. Este término no sólo describe su carácter, sino presenta su alegato. Su carácter es justo, y si mi abogado es el Justo, entonces mi causa es buna; de lo contrario no la hubiera defendido. Su alegato también es justo; pues él rebate la acusación que se le hace de injusto con el alegato de que él es justo. El que se presenta como mi sustituto y pone en mi cuenta su obediencia. Alma mía, tienes un amigo que reúne todas las condiciones para ser tu abogado. El, sin duda, tendrá buen éxito. Confíate por completo en sus manos.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 3 de octubre de 2016

Abraza el  quebrantamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Cuando surgen problemas en tu iglesia, es una oportunidad para el crecimiento.

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Octubre 3, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 3

“El mismo padeció siendo tentado”. Hebreos 2:18.

“JESÚS fue tentado como yo” es una expresión bien conocida, pero, sin embargo, sabe a néctar al corazón fatigado. Tú has oído esta verdad muchas veces, pero, ¿la has comprendido? Jesús fue tentado por los mismos pecados que a nosotros nos hacen caer. No separemos a Jesús de nuestra común naturaleza humana. Tú estás atravesando ahora un cuarto oscuro, pero Jesús lo atravesó antes que tú. Tú estás empeñado en una dura lid, pero Jesús tuvo que hacer frente al mismo enemigo. Estemos de buen ánimo; Cristo llevó la carga antes que nosotros y las pisadas del Rey de gloria, manchadas de sangre, pueden verse a lo largo del camino que nosotros atravesamos en este momento. Hay algo aún más agradable: Jesús fue tentado, pero nunca pecó. Por consiguiente, alma mía, no es preciso que tú peques, porque Jesús fue hombre, y si un hombre sufrió esas tentaciones y no pecó, entonces, con su poder, los miembros pueden también dejar de pecar. Algunos que se inician en la vida divina piensan que no pueden ser tentados sin pecar, pero se equivocan. No es pecado ser tentado, sino caer en la tentación. Aquí hay aliento para los que son terriblemente tentados. Hay aún más motivo para animarlos si consideran que el Señor Jesús, aunque fue tentado, triunfó gloriosamente; y, como él venció, así también vencerán sus seguidores, pues Jesús es el representante de su pueblo. La Cabeza ha triunfado y los miembros comparten la victoria. Los temores son innecesarios, pues Cristo está con nosotros, armado, para defendernos. Nuestro lugar de seguridad es el pecho del Salvador. Quizás ahora mismo estemos bajo tentación con el fin de ser llevados más cerca de él. ¡Bendito sea cualquier viento que nos lleve al puerto del amor de nuestro Salvador! ¡Felices las heridas que nos hicieron buscar a nuestro amado Médico! ¡Oh!, vosotros los que sois tentados, acercaos a vuestro tentado Salvador, pues él puede compadecerse de vuestras flaquezas y socorrerá a todo el que esté probado.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 2 de octubre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 2

“Varón muy amado”. Daniel 10:11.

HIJO de Dios, ¿vacilas en apropiarte de este título? ¡Ah!, ¿tu incredulidad te ha hecho olvidar que tú también eres muy amado? ¿Puedes pensar que no has sido muy amado cuando la Palabra de Dios dice que fuiste comprado con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación? Cuando Dios hirió por ti a su Unigénito Hijo, ¿no demostró con eso que para él tú eras muy amado? Dios fue contigo muy paciente cuando vivías en el pecado y te desenfrenaste en él. ¿No demuestra esto que le eras muy amado? Tú fuiste llamado por gracia, conducido al Salvador y hecho hijo de Dios y heredero del cielo. ¿No prueba todo esto un amor grande y superabundante? Cuando, desde este tiempo, tus senderos se presentaron escabrosos por las dificultades y llanos por las mercedes, ¿no hubo también allí muchas pruebas de que eras “un varón muy amado”? Si el Señor te ha castigado, no lo ha hecho con ira. Si te ha hecho pobre, en cambio, en gracia te hizo rico. Cuanto más indigno te sientas más evidencias tendrás de que nada sino amor inefable pudo haberte guiado al Señor Jesús para que salvara un alma como la tuya. Cuanto más carente de méritos te sientas más clara te será la manifestación del inmenso amor de Dios al elegirte, al llamarte y al hacerte heredero de felicidad. Ahora bien, si existe tal amor entre Dios y nosotros, vivamos bajo el influjo y bondad de él, y usemos el privilegio que nos concede esa posición. No nos acerquemos al Señor como si fuéramos extranjeros o como si él no deseara oírnos, pues nosotros somos muy amados por nuestro amante Padre. “El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”. Ven confiadamente, oh creyente, pues a pesar de los susurros de Satanás y de las dudas de tu corazón, tú eres “muy amado”. Medita esta noche en la grandeza y en la fidelidad del amor divino y acuéstate en paz.

Charles Haddon Spurgeon.

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 1

“Es el tiempo de buscar a Jehová”. Oseas 10:12.

ESTE mes empiezan a abrirse los brotes y pimpollos de todas las flores, pues hemos llegado, en el curso del año, a la estación de las flores. Amado lector, si aún no tienes el gozo de ser salvo, procura que tu corazón, en armonía con la naturaleza, se abra para recibir al Señor. Que cada pimpollo que florezca este año sea para ti una advertencia de que ha llegado el tiempo de buscar al Señor. No vivas desentonado con la naturaleza; haz que de tu corazón broten santos deseos. ¿Me dices que en tus venas bulle la sangre ardiente de la juventud? Entonces te suplico que consagres tus energías juveniles para servir al Señor. Yo me he sentido indeciblemente feliz por haber sido llamado en los primeros años de mi vida, y por eso alabo gustosamente al Señor todos los días. La salvación es inapreciable, cualquiera sea la edad en que la recibimos, pero ¡oh!, una salvación temprana tiene en sí doble valor. Jóvenes de ambos sexos, puesto que podéis perecer antes de llegar a la madurez, os anuncio que ha llegado para vosotros el tiempo de buscar al Señor. Y vosotros que sentís los primeros síntomas de decadencia, apresurad vuestros pasos; esa tos seca, aquel color amarillo son avisos con los cuales no debéis jugar. Para vosotros, pues, especialmente, ha llegado el tiempo de buscar al Señor. Observo que vuestros cabellos, una vez tan hermosos, se están encaneciendo. Tened presente que los años corren apresuradamente, y que la muerte se acerca con celeridad. Amado lector, si tu edad es avanzada te ruego y te imploro que no demores más. El día de la gracia aun no ha terminado para ti; muéstrate agradecido, pero no olvides que su duración es muy limitada. En el principio de esta primavera te hablo por medio de esta página en la mejor forma posible; y, como siervo de Dios, pongo delante de ti, desde lo más íntimo de mi alma, esta exhortación: Ha llegado el tiempo de buscar al Señor. No menosprecies esta amonestación, pues podría ser el último llamamiento que se te dirige para huir de la destrucción, las últimas sílabas de los labios de la gracia.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Dios te sostendrá - Nancy DeMoss de Wolgemuth

La Debilidad es el Camino. J.I. Packer.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 30

“Mejor es perro vivo que león muerto”. Eclesiastés 9:4.

LA vida es cosa preciosa y, aun en sus formas más humildes, es superior a la muerte. Esta verdad es eminentemente cierta en las cosas espirituales. Es mejor ser el último en el reino de los cielos que el más grande fuera de él. El más insignificante grado de gracia es superior al más notable desarrollo de la naturaleza irregenerada. El alma en la que el Espíritu Santo injerta la vida divina tiene un precioso depósito que ninguno de los refinamientos de la cultura puede igualar. El ladrón que está en la cruz aventaja al César que está en el trono. Lázaro, que está entre los perros, es mejor que Cicerón, que está en medio de los senadores, y el cristiano más iletrado es en la presencia de Dios superior a Platón. La vida es la divisa de la nobleza en los dominios de las cosas espirituales y los hombres que no la poseen sólo son ejemplares más ordinarios o más finos del mismo material sin vida que necesita ser vivificado, pues está muerto en delitos y pecados. Un sermón evangélico, lleno de vida y de amor, aunque sea pobre de ideas y tosco de estilo es, sin embargo, mejor que un discurso muy erudito pero carente de unción y de poder. Un perro vivo vigila mejor que un león muerto y es más útil a su dueño. Así también el más pobre predicador espiritual debe ser mucho más preferido que el elocuente orador que no tiene sabiduría sino palabras, ni tiene poder sino sonidos. Lo mismo acontece con nuestras oraciones y otros ejercicios religiosos. Si, al practicarlos, somos vivificados por el Espíritu Santo, entonces estos son aceptos a Dios por Jesucristo, aunque nosotros los consideremos inútiles. En cambio, nuestros grandes actos, en los que nuestro corazón está ausente, son en la presencia del Dios viviente como los leones muertos, mera carroña. Dios nos dé gemidos, suspiros y ansias vivientes más bien que cantos sin vida y calma mortal. Cualquier cosa es mejor que la muerte. Los ladridos del perro del infierno nos mantendrán al fin despiertos, pero, ¿qué maldición mayor puede un hombre tener que una fe muerta y un testimonio sin vida? ¡Vivifícanos, vivifícanos, Señor!

Charles Haddon Spurgeon.