Versículo para hoy:

sábado, 25 de abril de 2020

25 de abril - El camino de escape - Ray Stedman

Estudiando la Biblia - salvo X gracia

Cuando Noé entró en el arca, Dios le dijo: “Estableceré mi pacto contigo”. No fue sencillamente el arca lo que salvó a Noé. Ese fue el medio gracias al cual fue posible que fuese salvo, pero lo que realmente salvó a Noé fue el acuerdo de Dios con él. La palabra y la promesa de Dios fueron lo que le salvaron. Por lo tanto, es preciso que también nosotros veamos más allá de los medios gracias a los cuales somos salvos para hallar la gran motivación que hizo que Cristo viniese a la tierra, a la promesa de Dios que se encuentra bajo todo lo demás y establece un pacto con nosotros, siendo un nuevo arreglo para vivir. Siempre que se encuentre usted con la palabra pacto en las Escrituras, no piense en ella como un contrato que hace Dios con su pueblo. Es eso, en un sentido, pero es principalmente una nueva base para la vida, un fundamento para vivir. Este pacto que vemos aquí va mucho más lejos que el sencillo hecho de salvar a Noé; es algo que debía gobernar su vida y la vida del mundo después de que el diluvio hubiese cesado. Esto requería tan solo una actitud por parte de Noé, la de la obediencia.
Yo me siento turbado por la facilidad con que muchos usan al Señor Jesús como un Salvador para salvarles de ir al infierno cuando mueran, pero no tienen la menor intención de permitirle gobernar sus vidas mientras están vivos. Pero aquí la historia de Noé está muy clara. No fue sencillamente el hecho de que Dios llevó a Noé al arca lo que le salvó, sino el hecho de que Noé fue obediente respecto a un nuevo arreglo para el vivir. Noé obedeció a Dios.
Esto fue lo que salvó a Noé y es lo que nos salva a nosotros. No es el hecho de que aceptemos a Jesucristo como nuestro Salvador, estando de esa manera de acuerdo en que le pertenecemos a Él y seremos salvos cuando muramos. Es el hecho de que le hemos recibido como Señor. Nosotros reconocemos el derecho que Él tiene sobre nosotros: Su derecho a gobernar, Su derecho a regular, Su derecho a mandarnos y a que nosotros obedezcamos. Es preciso que el corazón responda de inmediato en obediencia a todo lo que Dios manda, como lo hizo en este caso Noé. Ese reconocimiento de Su señorío es la base de la salvación. Esta es la base sobre la cual no solo sobrevivimos al desastre que pende de manera inminente sobre nuestro tiempo, desafiando con golpearnos en cualquier momento, sino también a los desastres individuales de cada vida, que pueden hacer que se hunda la tierra bajo nuestros pies, acabando con la vivienda de nuestra vida y arrastrando las arenas sobre las cuales construimos.
Debemos más bien establecerla sobre la roca que no puede ser movida, que descansa sobre la cosa más inalterable en todo el universo, que es la Palabra de Dios. Eso fue lo que creó el universo. No hay nada más sobre lo que podamos depender que no sea la Palabra de Dios. A la postre, todo lo que está presente en todo el universo que nos rodea procede de esa fuente. Por lo tanto, cuando descansamos sobre la Palabra de Dios, el pacto de Dios, estamos descansando sobre la cosa más segura y estable que el universo jamás ha conocido. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
Señor, gracias por el Nuevo Pacto, que es un nuevo arreglo para vivir y que me concede la libertad y el poder para obedecerte.



Aplicación a la vida

Dios estableció un pacto mediante el cual podemos ser salvos y entrar en la nueva Vida por medio de la obediencia. ¿De qué manera refleja la imagen de la historia de Noé esta nueva manera de vivir?



viernes, 24 de abril de 2020

3 ideas de MARTÍN LUTERO sobre la PESTE bubónica | BITE




La gracia es belleza divina - Nancy DeMoss Wolgemuth



24 de abril - El dolor y la gracia de Dios - Ray Stedman

Familia, Los Niños, Padre, Madre, Playa, Sun

Cuando el relato dice que a Dios “le dolió en su corazón”, usa la palabra que también significa arrepentirse. Sabemos, basándonos en otros pasajes de las Escrituras, que es imposible que Dios se arrepienta. Él no cambia de opinión como lo hacemos los seres humanos. Pero esta es una poderosa figura, que expresa de una manera muy gráfica la ira y la determinación de Dios. Cuando la sociedad llega a este estado de disolución y deterioro, la ira de Dios se pone perfectamente de manifiesto. Da la impresión de que ha cambiado totalmente de opinión, a pesar de que está actuando conforme a principios que son totalmente consistentes con Su propio ser.
Pero en medio de esto, leemos que le dolió, y el sufrimiento es siempre una manifestación del amor. Lo que los seres humanos no entendemos por ser finitos es que el amor y la ira de Dios son exactamente la misma cosa. Son dos lados de la misma moneda. Lo que nos deja extasiados y nos apasiona acerca de Dios y nos atrae a Él es el amor. Él es el Dios de amor que nos ama tanto, si lo merecemos como si no. Esto es lo que nos atrae, pero es en respuesta a lo que primeramente se nos aparece de esta manera. A aquellos que rechazan Su amor, la misma cualidad de Dios se convierte en ira, dando la impresión de ser un muro de fuego que todo lo quema y lo consume.
Esto es algo que podemos ver también en nosotros mismos. Es nuestro amor lo que hace que nos pongamos furiosos por todo lo que puede herir a los que amamos. Si usted hiere a un niño en presencia de su madre, verá cómo el amor de la madre se convierte en ira en contra de usted. Por lo tanto, hemos descrito claramente un tiempo en el que la humanidad pasa del lugar en el que ve a Dios como amor y comienza a experimentar Su amor como ira, pero es exactamente la misma cosa.
Asimismo tenemos siempre el brillo de la gracia, como dice en el versículo 8: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8). Dios estuvo llamando a lo largo de toda esa época de la misma manera que lo hace en la actualidad, suplicando a las personas que se vuelvan de su manera de vivir y que resistan a la extendida mentira de Satanás. Un hombre con su familia se volvió y halló gracia a los ojos de Dios. No se lo merecía, y él podría haberse igualmente vuelto, yendo en la dirección contraria, pero respondió a la súplica de Dios y halló gracia a Sus ojos.
Aplique usted esto a este siglo y encuentre el paralelo entre los días de Noé y los días en los que vivimos. Es preciso que recordemos que si hemos de ser liberados de la ira venidera, si escapamos a la mano de juicio de Dios sobre la sociedad, no es por nada que hayamos hecho nosotros, sino que es la manifestación de la gracia de Dios.
Dios nos ha estado suplicando y nos ha ganado para Sí; nos ha buscado y, por medio de muchas influencias, ha conseguido que por fin veamos que la era en la que vivimos es una época que se encuentra bajo la esclavitud a una mentira. Él nos ha abierto nuestros ojos a la verdad, hasta que nosotros nos hemos vuelto al Señor Jesús y descansado bajo la gracia de Dios.
Al deteriorarse nuestra era y al acercarse nuestra civilización al punto del colapso total, podemos darle gracias a Dios por haber sido arrancados como tizones del fuego, como lo fueron Noé y su familia, si nuestros corazones han respondido al llamamiento de la gracia de Dios.
Padre, cuán agradecido me siento a Ti por Tu gracia, que me ha arrancado del fuego y me ha traído a una relación con Tu amado Hijo.



Aplicación a la vida

El amor y la ira de Dios son los dos lados de la misma moneda. ¿Estamos nosotros creyéndonos la ampliamente difundida mentira de Satanás, intentando aún complacer a Dios, o estamos caminando en Su gracia?



jueves, 23 de abril de 2020

¿Por qué Dios permite la adversidad en nuestras vidas? - ALEX DÍAZ

Por qué Dios permite la adversidad en nuestras vidas? - Coalición ...


Una adoración en crisis - Pastor Miguel Núñez (La IBI)




Historias de verdadera gracia - Nancy DeMoss Wolgemuth



23 de abril - Caminar con Dios - Ray Stedman



Este relato dice en dos ocasiones que, antes de que fuese llevado, “Enoc caminó con Dios”. A mí me encanta la historia de una niña pequeña que le estaba contando a su madre la historia de Enoc. Le dijo: Enoc tenía por costumbre dar largos paseos con Dios. Un día fue tan lejos que Dios dijo: Es demasiado lejos para regresar; ven conmigo a casa. Eso es lo que le pasó a Enoc.
¿Qué significa caminar con Dios? He aquí un hombre, que en medio de una generación brillante pero impía, caminó con Dios. ¿Qué significa esto? Enoc no caminó literalmente con Dios, ya que esta es sin duda una expresión figurativa, pero el caminar en el sentido figurativo representa lo mismo hoy que entonces.
En primer lugar, quiere decir que fue en la misma dirección que fue Dios. Se movió siguiendo el mismo camino que seguía Dios, ya que Él se está siempre moviendo en la historia humana. Él se está moviendo en la actualidad para llevar a cabo ciertas cosas en la vida humana, y lo ha estado haciendo durante siglos. La persona que camina con Dios es la persona que sabe el camino que sigue Dios. ¿Qué significa esto? Tal vez no podamos indicarlo de una manera positiva, pero sin duda lo podemos hacer de una manera negativa: Dios manifiesta siempre su oposición a todo lo que destruye y arruina la vida humana. Por muy bueno que parezca, por muy atractivo que dé la impresión de ser, Dios está en contra de ello. De modo que la persona que camina con Dios es la persona que camina mostrando una hostilidad decidida respecto al pecado en su propia vida y que se niega a hacer las paces con él o permitir que gobierne o dirija su vida. Eso es lo primero para caminar con Dios.
En segundo lugar, significa mantenerse al lado de la otra persona. Antes o después se produce un desequilibrio y uno de los dos se tropieza con el otro. Un paso no es como moverse en una de esas correas interminables. No es algo suave; es una repetición de estar a punto de caerse. ¿Ha analizado usted alguna vez su manera de caminar? Cada vez que da usted un paso está a punto de caerse. Permite usted que su cuerpo pierda el equilibrio, para luego volver a recuperar el equilibrio con la otra pierna. Luego continúa usted con esa pierna y está de nuevo a punto de caerse, pero lo evita en el último momento. El hombre o la mujer que camina con Dios es la persona que vive a punto de caerse. Esa es una vida aventurera, lo cual significa que, si Dios no está ahí para apoyarle y fortalecerle a usted, se caerá. Está usted contando con Él para que le ayude y le mantenga firme. Eso es lo que representa caminar con Dios. Es siempre un caminar de manera arriesgada. No está nunca satisfecha con el statu quo, sin hacer nada, esperando, divirtiéndose. Se está moviendo siempre al mismo paso que lo hace Dios, lo cual significa dar un paso cuando Dios insiste que lo hagamos.
La tercera cosa es que no hubo controversia alguna entre Dios y Enoc, sino que estaban de acuerdo. “¿Andarán dos juntos si no están de acuerdo?”, dicen las Escrituras (Amós 3:3). Es preciso que estén de acuerdo, y así es como es preciso que seamos. No debe haber controversia alguna entre nosotros si hemos de caminar con Dios, pero debemos de estar de acuerdo con las cosas tal y como Él las ve. ¡Qué gran cambio hace esto en nuestras vidas!
Señor, haz que se pueda decir acerca de mí lo que se dijo de Enoc: “Caminó con Dios”. Yo deseo ir en Tu dirección, siguiendo al mismo paso que Tú.



Aplicación a la vida

Emmanuel, el nombre de Jesús, significa: “Dios con nosotros” (Mateo 1:23). ¿Qué significa hoy caminar con Dios? ¿Qué tres cosas son necesarias para caminar con Dios?



miércoles, 22 de abril de 2020

Canales de gracia - Nancy DeMoss Wolgemuth



22 de abril - Demasiado y demasiado pronto - Ray Stedman



Estos nombres resultan de lo más sugestivos: Set significa “nombrado”. Eva dijo: Le llamaré Nombrado porque Dios ha nombrado a otro hijo para ocupar el lugar de Abel. Cuando el hombre de fe es llevado de este mundo, la obra de Dios no acaba, porque Él coloca a otro. Yo me he sentido muy impresionado por el epitafio en la tumba de John Wesley en la Abadía de Westminster en Londres. “Dios entierra a Su obrero, pero continúa con Su obra”. Y aquí también sigue adelante la obra de Dios, pues nombra a otro hijo.
El nombre del hijo de Set fue Enós, que significa “mortal”. Esto sugiere la idea de que en medio de esto aquella civilización cananea, que se negó con orgullo a reconocer la gangrena que está atacando el corazón de la humanidad y su deseo de conseguir de manera falsa los lujos y las comodidades que Dios ha diseñado, reconoció en aquella generación su mortalidad y, por ello, su dependencia de Dios. Hubo aquellos que siguieron la senda estrecha de Dios y, como continua diciendo el relato, “comenzaron a invocar el nombre de Jehová”. Reconocieron que es preciso que sea Dios el que sane nuestros corazones antes de que podamos tener todas las cosas que nuestros corazones anhelan ardientemente, que es preciso que eliminemos el cáncer en nuestro interior antes de que podamos empezar a vivir.
Desde el principio mismo las Escrituras se esfuerzan por dejar perfectamente claro que solo existen dos maneras de vivir. Está el camino amplio, que muchos están siguiendo, que parece tan lógico pero que conduce a la destrucción, y está el camino estrecho, que comienza en el punto en que la persona se encuentra sola ante Dios y debe tomar una decisión, el camino estrecho que conduce a la vida tal y como Dios pretendió y que era como debíamos de vivir la vida (Mateo 7:13-14). ¿Qué camino está usted siguiendo?
La juventud está escuchando a la sirena del llamamiento del mundo, con el atractivo de los lujos, la comodidad, la vida fácil, los logros y el poder de adquisición. No es que los cristianos no puedan usar estas cosas. Pablo nos dice que debemos de usar, pero no abusar, las cosas del mundo (1 Corintios 10:23-33). Pero a lo largo de las Escrituras se nos advierte: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15a). No haga de nada que está en el mundo el centro alrededor del cual edifique su vida. Si esto tiene máxima importancia para usted, está usted condenado. Jesús dijo que si intenta usted salvar su vida conforme a estos términos, la perderá, pero que si pierde usted su vida por causa de Él, la salvará (Mateo 16:24-25).
Permita usted a Dios que sane la enfermedad del corazón humano con su necesidad insaciable de egocentrismo, exaltándose a sí mismo, por medio de la obra del evangelio, por medio de la gracia del Señor Jesucristo, y entonces podrá usted empezar a vivir. Este es el camino que conduce a la vida, a la vida tal y como Dios quiso que fuese. Puede ser que esta vida no incluya lujos y comodidades, pero están en el futuro. Dios tiene esto para los que son Suyos, para Su pueblo. Todo aquello que el corazón humano anhela acabará por suplirlo Jesucristo.
Señor, yo decido seguir el camino estrecho, el que posiblemente no sea fácil pero es el camino que conduce a la vida.



Aplicación a la vida

Las grandes cantidades de opciones de carrera para los jóvenes dan la impresión de ser más desconcertantes que nunca. ¿Estamos nosotros enseñándoles a conocer y descansar en la Vida abundante que provee todas nuestras necesidades?



martes, 21 de abril de 2020

Buenas noticias para personas imperfectas - Nancy DeMoss Wolgemuth



21 de abril - ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? - Ray Stedman

Papa: el cristiano sirve enseguida y con alegría, no con malas caras

La respuesta insolente y arrogante de Caín a la pregunta que le hizo Dios es una señal de que interiormente reconocía su culpabilidad. Así es como funciona siempre la culpabilidad, negando toda responsabilidad. Caín contesta: “¿Mi hermano? ¿Qué tengo yo que ver con mi hermano? ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? ¿Es acaso responsabilidad mía saber dónde está mi hermano?” La hipocresía resulta aquí perfectamente evidente. A pesar de que Caín podía rechazar la responsabilidad de saber dónde estaba su hermano, no dudó en asumir la mayor responsabilidad en cuanto a haber quitado la vida a su hermano.
Nosotros hemos oído cosas muy parecidas en estos tiempos modernos. Cuando Martín Luther King Jr. fue asesinado en 1968, muchos dijeron cosas semejantes a esta: “No es culpa nuestra que el Dr. King fuese asesinado. ¿Por qué íbamos a sufrir nosotros por lo que ha hecho una persona fanática? No es nuestra responsabilidad”. Poco después algunos dijeron: “Debió de saber que iba a pasar esto. Después de todo, si causamos problemas, antes o después acabamos por pagar el precio por hacerlo”. Nadie puede negar la lógica y la verdad de una afirmación semejante a esta, a pesar de que resulta evidentemente incompleta. No hay nada en esta declaración respecto a enfrentarse con la responsabilidad ni en lo que se refiere a contestar honestamente a esta terrible pregunta de labios de Caín: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”
Hace dos o tres décadas, el Dr. Carl Henry escribió un libro titulado The Uneasy Conscience of Fundamentalism (La consciencia inquieta del fundamentalismo), que hizo que muchas personas sintiesen inquietud. El Dr. Henry apunta en este libro al hecho de que el aislamiento que adoptan muchos cristianos, que hace que no tengamos contacto con personas que no son cristianas, también nos ha distanciado, impidiendo que nos enfrentemos con algunas urgentes cuestiones sociales de nuestro tiempo. Con frecuencia nos hemos sentido perfectamente satisfechos cantando acerca de ir al cielo, pero hemos mostrado poca preocupación por los enfermos y los pobres, por los que se encuentran solos, por los ancianos y los desgraciados de nuestro mundo. Isaías 58 es una poderosa condena de esta actitud por parte de las personas religiosas. Dios se interesa enormemente por este aspecto de la vida, y aquellos que llevan Su nombre no se atreven a descuidar este aspecto. Seamos perfectamente sinceros y admitamos que esta es una manifestación del amor cristiano que nosotros los evangélicos tenemos tendencia a descuidar.
No se pretendió jamás que la iglesia ministrase tan solo a un segmento de la sociedad, sino que debía de incluir a todas las personas, todas las clases, todas las razas, sin distinción alguna. Las iglesias deben de hacer caso omiso a estas distinciones. Es preciso que así sea; de lo contrario, no estamos siendo fieles a Aquel que nos llamó y que Él mismo fue amigo de pecadores de toda clase. Debemos ser perfectamente honestos y admitir que este ha sido un punto débil de la vida evangélica: el no ser capaces de actuar en obediencia al mandamiento de Dios de ofrecer amor, amistad, perdón y gracia a todas las personas sin distinción de clase, de raza, de posición o de herencia.
Padre, abre mis ojos para que pueda ver a las personas a mi alrededor como personas que Tú has creado y que Tú has puesto en mi camino con un propósito determinado. Enséñame que yo soy guarda de mi hermano.



Aplicación a la vida

La Iglesia debe de ministrar a todos los segmentos de la sociedad sin distinción alguna. ¿Nos hemos vuelto nosotros satisfechos de nosotros mismos o demasiado cómodos en nuestro círculo de influencia y con nuestros conocidos?



lunes, 20 de abril de 2020

La rama seca - Nancy DeMoss Wolgemuth



20 de abril - La raíz de la ira - Ray Stedman

Vuelta, Vista Posterior, Gorrita, Bonnet

El relato dice que Caín estaba furioso porque Dios había rechazado su ofrenda y por eso su semblante estaba decaído. Es evidente que vino esperando que Dios aceptase su ofrenda, y es posible que se sintiese muy complacido consigo mismo y tal vez sintió que su ofrenda de fruta y grano era mucho más preciosa, mucho más estéticamente agradable, que aquella cosa sangrienta y sucia que Abel había colocado sobre el altar. Pero cuando ascendió el humo de la ofrenda de Abel y la suya permaneció sin tocar, la sonrisa de Caín se convirtió en una expresión de enojo porque estaba furioso y resentido.
¡Qué bien conocemos este sentimiento! Y por el mismo motivo: por celos. Se sintió celoso porque su hermano fue aceptado pero él fue rechazado. Como nos dice el Nuevo Testamento, estaba furioso “porque sus obras eran malas y las de su hermano, justas” (1 Juan 3:12) y se dejó dominar por los celos.
¿No son asombrosas las cosas que hacen que nos sintamos celosos? Tenemos celos porque nuestro vecino tiene un auto más grande que el nuestro. Es posible que nuestros compañeros de trabajo tengan un escritorio que esté más cerca de la ventana que el nuestro, o tal vez hayan recibido un comentario más largo de alabanza en el boletín de noticias de la compañía que nosotros, o su foto sea más grande. Nos sentimos furiosos si el nombre de ellos aparece escrito con letras más grandes o tienen alfombras más suaves en el suelo o tienen dos ventanas en lugar de una, como en nuestro despacho. Es realmente asombroso cómo estas cosas insignificantes hacen que nos sintamos celosos, resentidos, y nos sintamos irritados y dominados por la envidia.
Tras esa situación se encuentra exactamente el mismo motivo por el que Caín se puso furioso. No le gustó cómo había actuado Dios, esa era la cuestión. No le gustó lo que Dios había decidido hacer por Abel. No fue cuestión de que se sintiese irritado porque la fruta no fuese tan buena como un cordero. Examinando esto después, podemos ver estas implicaciones, pero no fue eso lo que le molestó a Caín. Lo que le molestó fue sencillamente que Dios no se adaptó a la idea que tenía él de la justicia. Cuando Dios pretende ponerse en contra de lo que nosotros esperábamos, nos sentimos profundamente ofendidos, ¿no es así? No tardamos en preguntar: “¿Cómo puede Dios hacer una cosa así? ¿Por qué permite Dios esto?” Todo ello es debido a que deseamos que nuestros pensamientos sean el programa según el cual actúa Dios. Pero cuando pretende hacer algo diferente, ¡qué furiosos nos ponemos con Él!
Pero fíjese usted en la gracia de Dios. No se vuelve en contra de Caín, dejando caer toda su ira sobre él. Sencillamente le hizo una pregunta: “¿Por qué estás tan furioso? ¿Por qué ha decaído tu semblante?” Esa es la mejor pregunta que se le puede hacer a una persona que se sienta celosa y resentida: “¿Por qué? Piense usted detenidamente en esto: ¿Por qué estás tan furioso? ¿Por qué te dejas dominar por el resentimiento en contra de esta persona?”
Yo he aprendido que cuando los hombres y las mujeres me preguntan, como lo hacen a veces: “¿Por qué tiene esto que sucederme a mi?”, la única respuesta apropiada es: “¿Por qué no iba a sucederle a usted? Estas cosas le pasan a todo el mundo y a cualquiera. ¿Por qué no iba a sucederle a usted? ¿Por qué iba usted a escapar? ¿Por qué da usted por hecho que tiene una inmunidad especial a los problemas normales, a las injusticias y a las pruebas en la vida?”
Con cuánta frecuencia me dejo dominar por una ira motivada por los celos, Señor, cuando siento que me estoy viendo privado de lo que me merezco. Perdóname y continúa recordándome que Tus caminos no son, sin duda, mis caminos.



Aplicación a la vida

Cuando no se cumple lo que esperábamos de Dios o de otras personas, con frecuencia no tardamos en sentirnos furiosos. ¿Estamos dispuestos a reconocer nuestro resentimiento por lo que es y volver a confiar de nuevo en Dios?



domingo, 19 de abril de 2020

No ames el sueño - Marshall Segal



19 de abril - Dios obrando - Ray Stedman



Aquí tenemos el comienzo del sacrificio de los animales. Dios derrama sangre con el propósito de hacer ropa para Adán y Eva. La hizo de las pieles de los animales y, por lo tanto, las vidas de esos animales fueron sacrificadas para vestir a Adán y Eva. Esto no es más que una imagen, puesto que todos los sacrificios de animales son tan solo imágenes que nos enseñan la gran verdad de que Dios intenta eternamente comunicarse con nosotros como hombres y mujeres. A la postre, es Dios mismo el que soporta el dolor, el sufrimiento y la agonía de nuestros pecados. Como dijo Juan el Bautista: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Pablo usa una frase maravillosa en Efesios: “aceptos en el Amado” (1:6). Cuando nosotros reconocemos nuestra culpa, cuando reconocemos que lo que hemos hecho es contrario a lo que Dios desea y estamos ahí sin nada que nos sirva de defensa y sin esfuerzo alguno por defendernos, sino reconociendo sinceramente lo que hemos hecho, entonces somos “aceptados en el Amado”.
En la región en que me crié en Montana, teníamos muchas granjas de corderos. La primavera era la época de los corderos, cuando nacían las pequeñas ovejas. Pero la primavera en Montana no es como en California. Las tormentas de granizo pueden arremolinarse procedentes del norte y la nieve puede aún alcanzar entre tres y cuatro pies de profundidad sobre las praderas. Con frecuencia hay temporadas largas y prolongadas de frío intenso durante la época de los corderos. Cuando las ovejas tienen que dar a luz en esta clase de clima, muchas de las ovejas y corderos se mueren. Como resultado de ello, los granjeros que tienen ovejas tienen muchas madres cuyos recién nacidos se han muerto y muchos corderos recién nacidos cuyos madres también han muerto. Daría la impresión de que una manera sencilla de resolver el problema sería coger a los corderos sin madre y dárselos a las madres sin crías, pero no es así de sencillo. Si coge usted a un cordero huérfano y lo pone con una madre oveja, irá de inmediato a él y comenzará a olerlo por todas partes y a continuación a menear la cabeza como si quisiera decir: “Ese no es el olor de nuestra familia”, y se aleja, negándose a tener nada que ver con él. Pero los granjeros de ovejas han ideado una manera de resolver esto. Cogen al cordero que se le ha muerto a la madre, lo despellejan, cogen la piel y la colocan sobre el otro cordero que ha quedado huérfano. A continuación ponen al cordero huérfano con esta piel desgarbada que se menea de un lado a otro, con ocho patas y dos cabezas, y lo colocan junto a la madre, que no le presta ninguna atención al aspecto que tiene el cordero, sino que lo huele por todas partes y a continuación inclina la cabeza. El cordero comienza a chupar de la fuente de la leche y todo va bien.
¿Qué ha sucedido? El cordero huérfano ha sido “aceptado en el amado”. Hubo un tiempo en el que el Cordero de Dios murió por nosotros y Dios nos cogió a nosotros como huérfanos y nos vistió con Su justicia, y por ello somos “aceptados en el Amado” y recibidos en Su lugar. Es ahí a donde nos lleva el arrepentimiento y es así como empieza la vida cristiana. Pero si cree usted que es ahí donde termina, está usted equivocado. Debemos de arrepentirnos continuamente o depender de una forma de vivir que Dios ha dicho que no es la correcta. Es preciso que yo me arrepienta de mi dependencia en mí mismo, y usted debe hacerlo también.
Señor, enséñame a arrepentirme continuamente. Gracias por vestirme con la justicia de Jesús para que yo pueda ser “aceptado en el Amado”.



Aplicación a la vida

El arrepentimiento no solo comienza la vida cristiana, sino que es la base diaria sobre la cual se desarrolla toda la vida cristiana. ¿Qué tal se nos da confesar a diario nuestra autodependencia?



sábado, 18 de abril de 2020

18 de abril - Maldita será la tierra - Ray Stedman



Nosotros nos vemos obligados a luchar denodadamente para ganarnos el sueldo porque la tierra ha sido maldecida y, debido a ello, el hombre se ve obligado a trabajar con afán, de manera interminable y con dolor. El trabajo no es la maldición dada a los hombres, es la lucha lo que es la maldición. Si no tiene usted trabajo que hacer, usted es el más desgraciado de todos los humanos. El trabajo es una bendición de Dios, pero el trabajo duro, agotador, que es una lucha, es el resultado de la caída. Representa el sudor, la ansiedad y la presión que nos produce constantemente para crear la interminable carrera contra reloj en la vida.
El segundo factor que fue el resultado del fracaso de Adán es la muerte. Dios dijo: “pues polvo eres y al polvo volverás” (3:19b). ¿Acaso no es este sentido de la muerte, que se oculta en los límites de la vida, lo que hace que nos sintamos inútiles respecto a la vida? Recuerde usted al rico que hizo construir graneros, los llenó y luego se dijo a sí mismo: “Muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has guardado, ¿de quién será?” (Lucas 12:19-20).
Sí, esa es la pregunta con la que la muerte hace que nos tengamos que enfrentar. Luchamos por acumular propiedades, todas las cosas buenas de la vida, y después qué sensación de inutilidad tenemos al vernos obligados a pasárselas a otra persona, alguien que no movió un dedo para obtenerlas.
Vinimos al mundo desnudos y desnudos lo dejaremos. No tenemos nada que podamos llevarnos con nosotros, sino que debemos dejarlo todo atrás. Somos polvo y al polvo regresaremos. Está la sentencia de Dios: el dolor, la sujeción, la lucha y la muerte.
¿Es este el resultado de nuestra locura por cuya causa tenemos que rechinar los dientes y pasarnos toda la vida luchando, como una maldición por lo que hizo Adán? No, no lo es. Solo nos da la impresión de ser un castigo cuando lo rechazamos y nos resistimos a él o nos revelamos en contra de él. Pero nunca se pretendió que estas cosas fuesen ninguna clase de castigo, sino que lo que pretenden es que nos sirvan de ayuda, que sean un medio que nos recuerde la verdad, un medio que pretende contrarrestar el sutil orgullo que el enemigo ha plantado en nuestra raza que hace que estemos imaginándonos toda clase de cosas ilusorias, pensando que somos el capitán de nuestro destino y el dueño de nuestra alma, que somos capaces de afrontar y resolver todos los problemas de la vida. Estas son arrogantes pretensiones que tenemos.
Pero se nos recuerda constantemente que estas cosas no son verdad. La muerte, el dolor, el afanarse y la sujeción son límites a los que no podemos escapar. Están ahí constantemente para reducirnos y para que nos veamos a nosotros mismos tal y como somos. Somos polvo, somos tan solo humanos y no podemos hacer las cosas solos; necesitamos con desesperación a otras personas y necesitamos con desesperación a Dios. La hora de la mas grande esperanza es cuando nuestros ojos se abren ante este hecho básico y decimos: “Señor, no puedo conseguirlo sin Ti. Te necesito con desesperación”.
Gracias, Señor, por esas pruebas y limitaciones de la vida que hacen que tenga que depender de Ti.



Aplicación a la vida

El trabajo es algo que se supone que nos lo ha concedido Dios para que sea una bendición para nosotros. ¿De qué manera la caída del hombre ha infectado todo lo que hacemos, haciendo que todos nuestros esfuerzos sean en vano? ¿Qué aprendemos por medio de los problemas de la vida?



viernes, 17 de abril de 2020

La perspectiva de Dios del pecado - Nancy DeMoss Wolgemuth



17 de abril - La carga del demonio - Ray Stedman



Este es uno de los versículos más asombrosos en la Biblia. Los padres de la iglesia primitiva lo llamaron el Protevangelium, que significa “la primera predicación del evangelio”. Es la promesa más clara de la venida del Redentor. Hay varias características insólitas acerca de este notable versículo que revelan la mano divina.
Para empezar, anuncia que existirá una enemistad interminable entre dos clases de la humanidad. Aquí tenemos el principio de dos divisiones de la humanidad en la que la Biblia divide a la raza. Su primera manifestación es la enemistad entre Eva y la serpiente. “Pondré enemistad entre ti y la mujer”, dice Dios. Esto es comprensible. Podemos ver por qué Eva detestaría a aquel que la había traicionado por medio de sus mentiras y, como efecto de la caída, que se volvería más evidente en su propia vida, haciendo que aborreciese continuamente a aquel que, de una manera tan lista y despiadada, había hecho que ella fuese por el mal camino. Por otro lado, el enemigo la odiaría sin duda porque ella era el objeto del amor de Dios y Su mano de protección estaba alrededor de ella. Pero además, no se trataba sencillamente de una enemistad entre la mujer y el demonio, sino entre su simiente y la simiente de la mujer.
De la única manera que se puede explicar esta profecía es que tiene su cumplimiento en el nacimiento virginal del Señor Jesús. Este concepto de la simiente de la mujer es único. Es la simiente del hombre la que es la línea de descendencia, y todas las genealogías de la Biblia siguen la línea de descendencia por medio del hombre.
Esto es algo que continúa actualmente en la mayoría de las sociedades. Incluso hoy en día las familias normalmente llevan el nombre del hombre. Cuando una pareja se casa, normalmente es la mujer la que deja de usar su apellido para adoptar el del marido. Pero aquí se nos dice de una manera muy distintiva que el que debe herir la cabeza de la serpiente es la simiente de la mujer. Pero en toda la historia humana solamente hay uno que puede hacer que se cumpla esta condición, y es Jesús.
De manera que la simiente es Cristo. He aquí la más asombrosa profecía, que mira a través de los siglos al día en que Jesús nacería de María: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza”. El cumplimiento de esta promesa, la simiente de la mujer, sería un hombre, nacido de mujer.
Los que recibieron esta palabra del Antiguo Testamento no pudieron entender lo que esto significaba, pero ahora sabemos que se refiere al nacimiento humilde que tuvo lugar en Belén, a los años de silencio en Nazaret, a la oscuridad en Getsemaní, a la oposición de Jerusalén, al odio de Judas, de Pilato y de Caifás, a la sangre y la muerte en la cruz; todo esto representa herir en el talón. Entonces la serpiente fue herida en la cabeza por la gloria de la resurrección. Toda esta promesa se cumple claramente en Jesucristo.
Padre, me doy cuenta de la manera en que Tú has estado llevando a cabo Tu maravilloso plan de la redención desde el principio. Gracias, Señor, porque conozco a Aquel cuyo talón fue herido, pero que resucitó con victoria.



Aplicación a la vida

¿Cómo explica la Biblia la interminable enemistad entre las dos divisiones de la humanidad? ¿Ha germinado la Simiente que nos ha sido dada y que crece en nuestro interior dando fruto?