Versículo para hoy:

viernes, 16 de junio de 2017

Una despedida muy dolorosa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 16. ¿Cuál es tu conclusión?

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos... Os he llamado amigos", Juan 15:13-15
Jesús no me pide que muera por Él, sino que ponga mi vida por Él. Pedro le dijo al Señor: ¡Mi vida daré por ti! Y realmente ese era su deseo (Juan 13:37). Es admirable la manera en que él entendía lo heroico.
Sería malo no poder hacer una declaración como la de Pedro. Sólo podemos percibir el entendimiento de nuestro deber a través de nuestro sentido de lo heroico. Te ha preguntado el Señor alguna vez "¿Tu vida darás por mí?" Juan 13:38. Es mucho más fácil morir que entregar la vida día tras día con el sentido de nuestro alto llamamiento.
No fuimos creados para momentos brillantes, sino que debemos andar a la luz de ellos, por los caminos cotidianos. En la vida de Jesús solo hubo un momento brillante: el del monte de la transfiguración.
Entonces se despojó de su gloria por segunda vez y descendió al valle del endemoniado (ver Marcos 9:1-29). Durante 33 años Él puso su vida para hacer la voluntad del Padre. "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos", 1 Juan 3:16. Actuar así va en contra de nuestra naturaleza humana.
Si soy amigo de Jesús, debo dar mi vida por Él de una manera consciente y esmerada. Esto es difícil y gracias a Dios que lo es. Nuestra salvación es fácil porque el costo para Él fue muy grande, pero su manifestación en mi vida es difícil. En realidad Dios salva a una persona, la llena del Espíritu Santo y luego le dice: "Ahora pon la salvación en práctica, sé fiel conmigo aunque la naturaleza de todo lo que te rodea puede hacerte infiel". Jesús os dice: Os he llamado amigos. Permanece fiel a tu amigo y recuerda que tu vida física compromete su honor.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 15 de junio de 2017

Su fortaleza es mayor que mi dolor - Sarah Walton

Estás en la mira - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 15. Acelera el paso

"Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid..." 2 Pedro 1:5 LBLA
Con respecto a las tareas monótonas, Pedro dijo que ahora somos participantes de la naturaleza divina (versículo 4) y que debemos obrar con toda diligencia, es decir, concentrarnos en formar hábitos piadosos. Debemos añadir a nuestras vidas todo lo que implica el carácter. Ninguna persona nace natural o sobrenaturalmente con carácter, sino que lo debe desarrollar. Tampoco nacemos con hábitos piadosos; debemos formarlos basados en la nueva vida que Dios nos fue dando. No fuimos hechos para ser rimbombantes modelos en miniatura de Dios, sino esencialmente para que manifestemos, en la vida diaria, el milagro de su gracia. Las áreas monótonas son las que revelan mi carácter. El gran obstáculo en nuestra vida espiritual es que estamos intentando hacer grandes hazañas. Sin embargo, "Jesús tomando una toalla comenzó a lavar los pies de los discípulos", Juan 13:3-5.
En ocasiones no hay iluminación espiritual ni emociones, tan sólo las tareas comunes y corrientes de todos los días. La rutina es el método que Dios tiene para preservarnos entre los tiempos de inspiración que tenemos. No esperes que Dios te dé siempre sus momentos emocionantes. Aprende a vivir en el ámbito de la monotonía por el poder de Dios.
Es difícil "añadir", como dijo Pedro. Decimos que no esperamos que Dios nos lleve al cielo en un lecho de rosas y, con todo, ¡actuamos de acuerdo con esta expectativa! Debo comprender que mi obediencia, hasta en el más mínimo detalle, tiene tras de sí toda la omnipotencia de la gracia divina. Si cumplo con mi deber, no por cumplirlo sino porque creo que Dios está dirigiendo mis circunstancias, entonces, en el instante en que obedezco, toda la maravillosa gracia de Dios es mía mediante la expiación de Cristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 14 de junio de 2017

Puedes terminar la carrera - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 14. Acelera el paso

"Permaneced en mí" Juan 15:4
 
En la salvación yo recibo en mi interior al Espíritu de Jesús por medio de la expiación de Cristo. Luego informo pacientemente mi manera de pensar para que esté en perfecta armonía con mi Señor. Dios no hará que yo piense como Jesús, si no que debo realizarlo por mi cuenta; tengo que "llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo", 2 Corintios 10:5. Permaneced en mí en los asuntos intelectuales, económicos y en cada uno de los aspectos que hacen de la vida humana lo que es. ¡Nuestra existencia no se reduce al espacio y protección de una caja de sombreros!
¿Estoy impidiendo que Dios actué en mis circunstancias porque yo digo que estorbará mi comunión con Él? ¡Qué arrogancia y falta de respeto! Sin importar cuáles sean mis circunstancias, puedo tener la misma seguridad de mi permanencia en Jesús en medio de ellas como cuando estoy en una reunión de oración.
No me corresponde a mí cambiar y organizar las situaciones que me rodean. La permanencia interior de nuestro Señor con su Padre fue pura y sin mancha. Él estaba en comunión íntima con Dios en todo lugar y nunca eligió sus propias circunstancias, sino que fue manso y sumiso a los planes e instrucciones de mi Padre. ¡Imagínate el maravilloso sosiego que caracterizó la vida de nuestro Señor! Pero nosotros pretendemos encajar a Dios en un estado de agitación continua, sin nada de la serenidad de "la vida que está escondida con Cristo en Dios", Colosenses 3:3.
Piensa en lo que te impide permanecer en Cristo. Dices: "Sí, Señor, un momento, aún tengo algo que hacer. Sí, permaneceré en ti cuando haya terminado esto. Yo creo que está bien para cuando finalice esta semana, Señor, Entonces permaneceré". Acelera el paso y empieza a permanecer en Cristo ahora. Al comienzo implica un esfuerzo continuo hasta que se convierte tanto en una ley de tu vida, que luego permaneces en Él sin ningún esfuerzo consciente. Decídete a permanecer en Jesús en dondequiera que estés.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 13 de junio de 2017

Mucho mejor que el algodón de azúcar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 13. Acudiendo al lugar de Jesús

"Ven, sígueme" Lucas 18:22
Sígueme donde mueren los gustos y afinidades personales y donde vive la entrega santificada. Uno de los principales obstáculos para acercarnos a Jesús es la excusa de nuestro temperamento, debido a que lo convertimos, junto con nuestros deseos naturales, en una barrera que nos impide ir a Él. Sin embargo, lo primero que notamos al seguirlo es que Él no le presta ninguna atención a nuestros gustos naturales.
Tenemos la idea de que podemos consagrar nuestros dones a Dios. Pero, no puedes hacer una consagración de lo que no es tuyo. Lo único que realmente le puedes consagrar es tu derecho sobre ti mismo (ver Romanos 12:1). Si le entregas este derecho, Él hará de ti un experimento santo. Y sus experimentos siempre tienen éxito. La única señal verdadera de una persona santa es el proceso interior que nace de estar completamente sometida a Jesucristo. En la vida de un santo existe este asombroso manantial de vida original, todo el tiempo. El Espíritu de Dios es una fuente de agua que siempre brota fresca. Cuando el creyente comprende que es Dios quien dirige sus circunstancias, no hay ninguna queja, solamente una entrega total a Jesús. Nunca pretendas hacer de tu experiencia una norma universal, sino deja que Dios sea tan creativo y original con otras personas como lo es contigo.
Si le rindes todo a Jesús y acudes cuando te dice: ven, Él continuará diciendo ven a través de ti y dondequiera que vayas reproducirás el eco del ven de Cristo. Ese es el resultado en cada persona que ha renunciado a todo y se ha acercado a Jesús. ¿He acudido a su llamado? ¿Iré a Él en este momento?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 12 de junio de 2017

Cómo manejar las despedidas - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 12. Acudiendo al lugar de Jesús

"Ellos le dijeron: Rabí que significa “Maestro” ¿dónde vives? Les dijo: Venid y ved... Sígueme..." Juan 1:38-43
Sígueme donde los intereses personales se duermen y el verdadero interés se despierta. "Se quedaron aquel día con él". Eso es todo lo que algunos de nosotros hacemos. Permanecemos con Él un tiempo corto, luego despertamos a las realidades de la vida, surgen nuestros intereses personales y se va nuestra permanencia. Sin embargo, no hay una circunstancia de la vida en la que no podamos permanecer en Jesús.
"Tú eres Simón hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas", Juan 1:42. Dios escribe el nombre nuevo tan solo en aquellas áreas de nuestra vida donde ha borrado el orgullo, la autosuficiencia y los intereses egoístas.
Algunos tenemos el nombre nuevo escrito solamente en ciertos puntos, como un sarampión espiritual, de modo que en esos lugares nos vemos muy bien. Cuando estamos en nuestro mejor ánimo espiritual, la gente creería que somos los santos más especiales; pero que nadie se atreva a mirarnos cuando no tenemos esa disposición. Un verdadero discípulo es aquel que tiene su nombre nuevo escrito en todo su ser, porque el interés personal, el orgullo y la autosuficiencia han sido completamente borrados.
El orgullo es hacer del yo nuestro dios y esto ocurre hoy en algunos de nosotros, no al estilo del fariseo, sino del publicano (ver Lucas 18:9-14). Decir: "Oh, yo no soy ningún santo", es aceptable para el orgullo humano, pero es una blasfemia inconsciente contra Dios. Significa literalmente que estás desafiando a Dios para que pruebe que te puede convertir en santo: "Soy demasiado débil y no tengo remedio, estoy fuera del alcance de la expiación por la cruz de Cristo". ¿Por qué no eres santo? Porque no quieres, o porque no crees que Dios lo puede hacer. "Sería bueno", dices, "si Dios me salvara y me llevara directamente al cielo". ¡Eso es justamente lo que hará! "Vendremos a él y haremos morada con él", Juan 14:23. No pongas condiciones, deja que Jesús sea todo para ti y Él te llevará a casa con Él. No sólo por un día, sino por toda la eternidad.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 11 de junio de 2017

Oh Dios ayuda nuestra - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 11. Acudiendo al lugar de Jesús

"Venid a mí..." Mateo 11:28
Venid a mí donde cesan el pecado y la aflicción y empieza la canción del santo. ¿Verdaderamente quiero llegar a ese sitio? Puedo hacerlo ahora mismo. Es sorprendente que las preguntas importantes de la vida son pocas, y todas tienen respuesta en las palabras venid a mí. No "haz esto, o no hagas aquello", sino venid a mí. Si voy a Jesús, mi vida actual se pondrá de acuerdo con mis verdaderos deseos. Realmente voy a dejar de pecar y descubriré que, en mi vida, empieza el canto del Señor.
¿Alguna vez has ido a Jesús? Mira la obstinación de tu corazón. Estás dispuesto a hacer cualquier cosa antes que el sencillo ven a mí. Si realmente quieres experimentar la victoria sobre el pecado, tienes que acudir a Jesús. Jesucristo se convirtió en la prueba que determina la autenticidad. Fíjate cómo usa la palabra venid. En los momentos menos esperados de tu vida se oye el susurro del Señor, venid a mí, e inmediatamente eres atraído hacia Él. El contacto personal con Jesús lo cambia todo. Sé lo bastante "tonto" como para acercarte y confiar en lo que Él dice. La actitud de ir se manifiesta cuando tu voluntad decide abandonarlo todo y de manera consciente le confías todo a Él.
"Y yo os haré descansar", es decir, "te sostendré". No dice: "Te pondré en la cama, te tomaré de la mano y te arrullaré hasta que te duermas", sino, "te haré levantar de la cama, te sacaré de la apatía y el cansancio y de sentirte medio muerto aunque estás vivo. Te infundiré el Espíritu de vida y te sostendrás mediante la perfección de la actividad vital". ¡Sin embargo, asumimos una actitud de lástima y hablamos de "soportar la voluntad del Señor"! ¿Dónde se encuentran la majestuosa vitalidad y poder del Hijo de Dios en eso?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 10 de junio de 2017

Junio 10. Lo mejor que puedes hacer después

"Buscad y hallaréis" Lucas 11:9
Busca, si no has hallado. "Pedís, pero no recibís, porque pedís mal", Santiago 4:3. Si pides los bienes de esta vida y no los de Dios, pides mal, es decir, pides con un deseo de realización del yo. Cuanto más cumplas tus aspiraciones personales, menos buscarás a Dios. "Buscad y hallaréis". Ponte a trabajar y limita tu enfoque y tus intereses únicamente a esto. ¿Alguna vez has buscado a Dios de todo corazón, o tan solo le has dirigido un lánguido clamor después de alguna experiencia emocionalmente dolorosa?
Busca, concéntrate y hallarás.
"¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas!", Isaías 55:1. ¿Tienes sed, o eres indiferente a causa del orgullo que sientes por tus logros, estás tan satisfecho de tu experiencia que no deseas nada más de Dios.
La experiencia es una puerta, no la meta final. Ten cuidado de fundamentar tu fe en la experiencia. Si lo haces, tu vida adquirirá un sonido metálico, es decir, el sonido de la crítica y la censura. Recuerda que nunca puedes darle a otra persona lo que encontraste, pero puedes hacer que eche de menos lo que tú tienes.
"Llamad y se os abrirá", Lucas 11:9. "Acercaos a Dios" (ver Santiago 4:8-10). Golpeas: La puerta está cerrada y tu corazón palpita aceleradamente mientras tocas. Limpiad vuestras manos: Llamas un poco más fuerte y empiezas a comprender que estás sucio. Purificad vuestros corazones: Esto es aun más personal; ahora te encuentras extremadamente desesperado; estás dispuesto a hacer lo que sea. Afligíos: ¿Alguna vez te has sentido afligido delante de Dios debido a la condición de tu vida interior? En este punto no queda ni una hebra de autocompasión, sino el dolor desgarrador por el asombro de entender la clase de persona que realmente eres. Humillaos: Es humillante llamar a la puerta de Dios porque tienes que hacerlo en compañía del ladrón crucificado. "Pero, al que llama, se le abrirá", Lucas 11:10.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 9 de junio de 2017

Junio 9. Lo mejor que puedes hacer después

"Porque todo aquel que pide, recibe" Lucas 11:10
Si no has recibido, pide. No hay nada más difícil que pedir. Desearemos, anhelaremos e incluso sufriremos, pero sólo pediremos cuando nos encontremos en el límite. Lo que nos obliga a pedir es el sentimiento de no ser espiritualmente auténticos, ¿Has pedido alguna vez desde las profundidades de tu total insuficiencia y pobreza? Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios", Santiago 1:5.
Sin embargo, antes de pedirla, debes estar seguro de que en realidad te hace falta. Tú no tienes la capacidad de enfrentarte a la realidad espiritual cuando lo desees. Lo mejor que puedes hacer después de comprender que no eres auténtico espiritualmente es pedirle a Dios el control del Espíritu Santo, de acuerdo con lo prometido por Jesucristo (ver Lucas 11:13). El Espíritu Santo es quien hace real en tu vida todo lo que Jesús hizo por ti.
"Porque todo aquel que pide, recibe..." Eso no quiere decir que no vas a obtener, si no pides. Pero mientras no llegues al punto de pedir, no recibirás de parte de Dios (ver Mateo 5:45). Recibir implica que has llegado a la relación de hijo de Dios; y que ahora percibes y aprecias, mental y moralmente, y con entendimiento espiritual, que estos beneficios provienen de Dios.
"Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría..." Si notas que te hace falta, se debe a que has entrado en contacto con la realidad espiritual. No te vuelvas a poner las anteojeras de la razón humana. Pedir quiere decir "rogar". Algunas personas son lo suficientemente pobres como para interesarse en su pobreza y algunos somos así en lo espiritual. Nunca recibiremos si pedimos con un propósito en mente, si pedimos no por nuestra pobreza, sino para satisfacer los deseos carnales. Un indigente pide únicamente por la condición de completa desesperanza y angustia originadas en su pobreza. No le da vergüenza suplicar.
"Bienaventurados los indigentes en espíritu", Mateo 5:3.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 8 de junio de 2017

Mi esposo no es cristiano, ¿qué hago? - Elba Ordeix de Reyes

Dios obra el sufrimiento para nuestro bien - Tim Challies

Oh Dios ayuda nuestra - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Junio 8. ¿Y ahora qué sigue?

"Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis" Juan 13:17
Decídete a saber más que otras personas. Si tú mismo no cortas las amarras que te atan al muelle, Dios tendrá que romperlas por medio de una tempestad que te enviará mar adentro. Echa todo sobre Dios. Así como un barco se lanza al agua, sal sobre la gran oleada agitada de su propósito y tus ojos se abrirán. Si crees en Jesús, no debes pasar todo tu tiempo en las aguas tranquilas del puerto, lleno de gozo pero siempre anclado. Debes salir del puerto hacia las grandes profundidades de Dios y empezar a conocer por ti mismo, es decir, comenzar a tener discernimiento espiritual.
Cuando haces lo que sabes que debes hacer, de inmediato sabes más. Examina dónde empezó tu pereza y pérdida de interés espiritual y descubrirás que todo se remonta a un punto donde sabías lo que debías hacer, pero no lo hiciste porque al parecer no existía una necesidad inmediata de hacerlo. Y, entonces, ahora no tienes percepción ni discernimiento y en un momento de crisis te perturbas espiritualmente en lugar de estar sereno. Es peligroso negarse a aprender y a avanzar en el conocimiento.
La falsificación de la obediencia es un estado de ánimo en el cual fabricas unas situaciones para sacrificarte y tu fervor y entusiasmo se confunden con el discernimiento. Resulta más fácil sacrificarte que cumplir tu destino espiritual enunciado en Romanos 12:1-2. Es muchísimo mejor que cumplas el propósito de Dios para tu vida mediante el discernimiento de su voluntad, que realizar grandes actos de abnegación, "El obedecer es mejor que un sacrificio", 1 Samuel 15:22, LBLA. Cuídate de añorar lo que alguna vez fuiste, cuando Dios quiere que seas algo que nunca has sido. "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá", Juan 7:17.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 7 de junio de 2017

CUANDO EL CONSUELO NO ES RECONFORTANTE 1 y 2 - Amy Baker

La comida y el pecado dominante - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Elyse Fitzpatrick

Junio 7. No decaigas

"Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré". Juan 14:13.
¿Estoy cumpliendo este ministerio en el interior de mi ser? En la intercesión no existe la tentación ni el peligro de volvernos necios o engreídos, pues se trata de un ministerio oculto, el cual produce fruto que glorifica al Padre. ¿Estoy permitiendo que mi vida espiritual se desperdicie, o la estoy dirigiendo toda hacia un punto central: la expiación de mi Señor? ¿Está Jesucristo dominando cada vez más todos los intereses de mi vida? Si el único centro, o la influencia más poderosa de mi vida, es la expiación del Señor, entonces cada aspecto de mi existencia llevará fruto para Él.
Sin embargo, debo tomar tiempo para comprender cuál es este punto central de poder. ¿Estoy dispuesto a dedicar un minuto de los 60 de cada hora para concentrarme en esto? Si permanecéis en mi, es decir, si continúas actuando, pensando y trabajando a partir de ese punto central, "pedid todo lo que queráis y os será hecho", Juan 15:7. ¿Estoy permaneciendo en Él? ¿Estoy tomando tiempo para permanecer en Él?
¿Cuál es el elemento más grande de poder en mi vida? ¿Es mi trabajo, servicio y sacrificio por otros, o mi esfuerzo al trabajar para Dios? No debería ser ninguno de los dos. Lo que debería ejercer el mayor poder en mi vida es la expiación del Señor. Aquello en lo que gastamos la mayor parte del tiempo no es lo que más nos moldea, sino que el factor más grande es el que ejerce más poder sobre nosotros. Debemos decidirnos a limitar nuestros deseos e intereses y enfocarlos en la expiación por la cruz de Cristo.
"Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré". La voluntad de Dios es el discípulo que permanece en Jesús y las que parecen ser elecciones libres en realidad son los decretos de Dios ordenados de antemano. ¿Misterioso? ¿Es contradictorio y absurdo en términos lógicos? Sí, pero qué gloriosa verdad para el creyente.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 6 de junio de 2017

La dieta del agradecimiento - Nancy DeMoss Wolgemuth, Elyse Fitzpatrick

Junio 6. Trabaja en lo que Dios produce en ti

"Ocupaos en vuestra salvación", Filipenses 2:12
Tu voluntad está de acuerdo con Dios, pero en tu carne hay una inclinación que te deja impotente para hacer lo que sabes que debes hacer. Lo primero que nuestra conciencia hace cuando entra en contacto con el Señor por primera vez es despertar la voluntad y ésta siempre concuerda con Dios. Mira a Jesús y hallarás que tu voluntad y tu conciencia están todo el tiempo en armonía con Él. Lo que te han decir: "No obedeceré", es algo menos profundo que tu voluntad; es perversidad o terquedad, las cuales nunca están de acuerdo con Dios. La más profunda facultad de una persona es su voluntad, no el pecado.
La voluntad es el elemento esencial en la creación divina del hombre; el pecado es la naturaleza perversa que entró en él. En alguien que ha nacido de nuevo, la fuente de su voluntad es el Señor Todopoderoso.
"Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad", Filipenses 2:13. Tienes que ocuparte, con verdadera concentración y esmero, en lo que Dios produce en ti: no trabajando para ganar tu salvación personal, sino poniéndola por obra en tanto que te apoyas firmemente y con una fe inconmovible en su redención completa y perfecta. Al hacerlo, tú no estás aportando una voluntad contraria a la de Él, sino que su voluntad es tu voluntad. Tus elecciones naturales estarán de acuerdo con la voluntad divina y vivir de esta manera será tan natural como respirar. La obstinación es una "barrera" nada inteligente que rechaza la iluminación. Lo único que puedes hacer con este bulto es dinamitarlo; y la "dinamita" es la obediencia al Espíritu Santo.
¿Creo que el Dios Omnipotente es la fuente de mi voluntad? Dios no sólo espera que yo haga su voluntad, sino que vive en mí para cumplirla.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 5 de junio de 2017

No sigas tus sentimientos. Sigue a Cristo - Joe Thorn

¿Cuándo no debemos comer? Dieta - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Elyse Fitzpatrick

Junio 5. Las declaraciones de Dios

"Pues él dijo... Así que podemos decir confiadamente" Hebreos 13:5-6
Mis afirmaciones deben estar fundamentadas en las afirmaciones de Dios. Él dice: "No te desampararé".
Por lo tanto, puedo decir con buen ánimo: "El Señor es mi ayudador; no temeré", Hebreos 13:6. En otras palabras, no me dejaré angustiar por el temor y la ansiedad. Esto no quiere decir que jamás seré tentado a temer, sino que voy a recordar las infalibles palabras de Dios. Estaré lleno de valor, como un niño animado que se esfuerza por alcanzar el nivel que su padre quiere. La fe de muchos vacila cuando llegan el desasosiego y los temores y olvidan el significado de lo que Dios ha declarado, es decir, se olvidan de tomar una profunda bocanada de aire espiritual. La única forma de expulsar de nuestras vidas el temor es escuchando las declaraciones de Dios.
¿Qué te está causando miedo? Eso no te acobarda y estás decidido a hacerle frente, pero existe un sentimiento de temor. Cuando parece que no hay nadie ni nada que te ayude, declara: "El Señor es mi ayudador en este instante y en estas circunstancias". ¿Estás aprendiendo a escucharlo a Él antes de hablar, o estás hablando y luego tratas de que la Palabra de Dios coincida con lo que dijiste? Recibe lo que el Padre ha declarado y luego di con mucha valentía: No temeré. No importa qué mal o injusticia haya en nuestro camino, porque Él dijo: No te desampararé ni te dejaré.
La debilidad humana es otro obstáculo que se interpone entre nuestras afirmaciones y las de Dios. Cuando entendemos cuan débiles somos para enfrentar las dificultades, éstas se vuelven como gigantes, nosotros como langostas y Dios parece no existir. Pero recuerda su promesa: "No te desampararé. De ninguna manera". ¿Hemos aprendido a cantar después de oír la nota musical que Dios da? ¿Siempre tenemos suficiente valor para decir: El Señor es mi ayudador, o nos estamos rindiendo?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 4 de junio de 2017

Junio 4. El Dios que nunca nos deja

"Él dijo: “No te desamparé ni te dejaré”" Hebreos 13:5


¿Cuál es mi forma de pensar? ¿Mis pensamientos se dirigen hacia lo que Dios dice o hacia lo que yo temo? ¿Estoy simplemente repitiendo las palabras de Dios, o estoy aprendiendo a hablar después de haberlo escuchado? Él dijo: "No te desampararé ni te dejaré". Así que podemos decir confiadamente: «El Señor es mi ayudador no temeré lo que me pueda hacer el hombre»­­, Hebreos 13:5-6. "No te dejaré". De ninguna manera. Ni por mi pecado, egoísmo, terquedad o rebeldía. ¿En realidad le he permitido a Dios decirme que nunca me dejará? Si en verdad he escuchado esta afirmación del Señor, ¡que la escuche de nuevo!
"Ni te desampararé". A veces no son las dificultades las que me llevan a pensar que Dios me desamparará, sino el trabajo monótono y ordinario. ¿Puedo escuchar esa afirmación de Dios cuando no tengo una dificultad para superar, cuando no se me ha dado una visión, cuando no hay algo maravilloso o hermoso, sino el rutinario transcurrir de los días?
Tenemos la idea de que Dios va a hacer algo excepcional y que nos está preparando y equipando para algo extraordinario en el futuro. Pero al crecer en su gracia descubrimos que se está glorificando aquí y ahora, en este mismo momento. Si nos apoyamos en lo que Él ha declarado, surge entonces la fortaleza más extraordinaria y aprendemos a cantar en los días y situaciones comunes y corrientes.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 3 de junio de 2017

Junio 3. Los secretos del Señor

"Los secretos del SEÑOR son para los que le temen... El SEÑOR brinda su amistad a quienes lo honran", Salmo 25:14



¿Qué es lo que identifica a un amigo? ¿Que te cuenta sus pesares secretos? No, sino que te confía sus alegrías íntimas. Muchos te hablarán de sus tristezas ocultas, pero la máxima señal de intimidad es la de confiar las alegrías secretas. ¿Alguna vez le hemos permitido a Dios que nos cuente alguno de sus gozos?
¿O le estamos contando nuestros secretos con tanta frecuencia que no le damos tiempo para hablarnos? Al comienzo de nuestra vida cristiana estamos llenos de peticiones; pero luego descubrimos que Dios quiere que entremos en una relación íntima con Él, que entremos en contacto con sus propósitos. ¿Estamos tan estrechamente unidos al concepto que tenía Jesucristo sobre la oración — Hágase tu voluntad — que podemos discernir los secretos divinos? Dios nos resulta tan precioso no tanto por sus grandes bendiciones, sino por las pequeñas, pues ellas demuestran su maravillosa intimidad con nosotros. Él conoce cada detalle de nuestra vida personal.
"Él le enseñará el camino que ha de escoger", Salmo 25:12. Inicialmente queremos tener la conciencia de que Dios nos está guiando. Pero, con el tiempo vivimos tan conscientes de Él, que ni siquiera necesitamos preguntarle cuál es su voluntad, pues la idea de escoger algo distinto a lo que Él quiere, no cruza por nuestra mente. Si somos salvos y hemos sido santificados, Dios nos guía por medio de nuestras decisiones cotidianas y, si vamos a elegir algo contrario a su voluntad, Él nos redargüirá y nosotros debemos obedecer. Siempre que dudes, para de inmediato. Nunca discutas ni te preguntes: "¿Por qué no puedo hacerlo?" Dios nos instruye con respecto a lo que escogemos, es decir, guía nuestro sentido común y así ya no obstaculizamos más a su Espíritu preguntando continuamente: "Entonces, Señor, ¿cuál es tu voluntad?"

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.