Versículo para hoy:

sábado, 20 de mayo de 2023

MAYO 3 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"En el mundo tendréis aflicción". Juan 16:33

CREYENTE, ¿quieres saber la razón de esto? Mira hacia arriba, a tu Padre Celestial, y contémplalo tal cual es: puro y santo. ¿Sabes que un día serás como él es? ¿Quieres tú ser conforme a su imagen, sin ningún contratiempo? ¿No quieres, más bien, pasar por el crisol de la aflicción con el fin de purificarte? ¿Será fácil cosa librarte de la corrupción y hacerte perfecto, así como tu Padre que está en el cielo es perfecto? Luego, cristiano, torna tus ojos hacia abajo. ¿Sabes qué enemigos tienes debajo de tus pies? Tú, una vez, eras un siervo de Satanás, y ningún rey pierde de buen grado a sus súbditos. ¿Crees que Satanás te dejará solo? No, él estará siempre tras tuyo, pues "él anda como león rugiente, buscando a quien devorar". Espera aflicción, cristiano, cuando miras hacia abajo. Después mira alrededor de ti. ¿Dónde estás? Estás en un país enemigo y eres un peregrino y un advenedizo. El mundo no es amigo tuyo. Si lo fuese, no serías amigo de Dios, pues el que es amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. Ten por cierto que hallarás enemigos por todas partes. Cuando duermas, recuerda que estás descansando en el campo de batalla; cuando camines, sospecha que hay una emboscada en cada esquina. Como los mosquitos -según se dice- pican más a los extranjeros que a los nativos, así también las aflicciones de la tierra son más severas para ti. Por último, mira dentro de ti, en tu propio corazón, y observa qué hay. El pecado y el yo todavía están allí. ¡Ah!, aunque no hubiese diablo que te tentara, ni enemigo que te combatiera, ni mundo que te engañara, hallarías, con todo, en ti mismo, suficiente mal para atormentarte terriblemente pues "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso". Espera tribulación, entonces, pero no te desalientes por eso, pues Dios está contigo para ayudarte y fortalecerte. Él dijo: "Yo estaré con él en la angustia: lo libraré y lo glorificaré".

MAYO 2 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"No ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal". Juan 17:15

ES este un suceso agradable y bendito que experimentarán todos los creyentes en su debido tiempo: ir a estar con Jesús. En unos pocos años más los soldados del Señor, que ahora pelean la buena batalla de la fe, habrán terminado con el conflicto y entrarán en el gozo de su Señor. Pero, aunque Cristo ruega que su pueblo esté al fin con él, donde él está, no pide, sin embargo, que sea llevado enseguida del mundo al cielo. Al contrario, desea que quede aquí. Pero, ¡cuán frecuentemente el cansado peregrino eleva esta oración!: "¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría". Pero Cristo no ora así; él nos deja en las manos de su Padre hasta que, igual que el grano maduro, nos reunamos en el granero de nuestro Maestro. Jesús no ruega por nuestra pronta partida por la muerte, porque quedar en la carne, si no es provechoso para nosotros mismos, es necesario para los demás. Él pide que seamos guardados del mal, pero nunca pide que seamos admitidos en la herencia de gloria, hasta que lleguemos a la ancianidad. Los cristianos, cuando tienen alguna prueba, por lo regular desean morir. Preguntadles el porqué, y os dirán: "Porque nosotros desearíamos estar con el Señor". Tememos que no sea tanto el deseo de estar con el Señor cuanto el de verse libres de la prueba; de lo contrario, sentirían el mismo deseo en tiempos de bonanza. Desean ir al hogar celestial, no tanto por estar con el Señor cuanto por descansar. Es muy justo el deseo de partir, si lo podemos hacer en el mismo espíritu en que lo hizo Pablo, pues estar con Cristo es mucho mejor; pero el deseo de huir de la aflicción es egoísmo. Que nuestra preocupación y deseo sea más bien glorificar a Dios en nuestras vidas, en este mundo, hasta que a él le plazca, aun cuando sea en medio de fatigas, de conflictos y de sufrimientos; y dejemos en sus manos la hora de nuestra partida.

MAYO 1 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"La Iglesia que está en tu casa". Filemón 2

¿HAY una Iglesia en esta casa? Los padres, los hijos, los amigos, los sirvientes, ¿son todos miembros de ella? ¿O hay alguno inconverso todavía?
 Detengámonos aquí y hagámonos cada uno esta pregunta: "¿Soy yo un miembro de la Iglesia que está en esta casa?" ¡Cómo saltaría de gozo el corazón del padre y cómo se llenarían de santas lágrimas los ojos de la madre si desde el mayor hasta el menor fuesen todos salvos! Oremos por esta grande bendición hasta que el Señor nos la dé. Probablemente el objeto más querido de los deseos de Filemón fue el de que toda su casa fuese salva, pero esto, al principio, no le fue concedido totalmente. Tuvo un siervo perverso, llamado Onésimo, que después de agraviarlo, huyó de su casa. Las oraciones de su amo lo siguieron, y, al fin, Dios quiso que Onésimo fuese a escuchar la predicación de Pablo; su corazón fue tocado y volvió a Filemón, no sólo para ser un siervo fiel, sino un hermano amado, añadiendo así otro miembro a la Iglesia de la casa de Filemón. ¿Está ausente esta mañana algún hijo o sirviente inconverso? Hagamos una súplica especial para que el tal, al volver al hogar, alegre todos los corazones con la buena nueva de lo que la gracia ha hecho en él. ¿Hay algún inconverso entre los presentes? Que participe con ardor de este mismo ruego. Si hay en nuestra casa una Iglesia, dirijámosla bien, y obremos todos como delante del Señor. Entremos en los asuntos comunes de la vida con santidad, diligencia, benevolencia e integridad. Se espera más de una Iglesia que de una simple familia. En este caso, el culto familiar tiene que ser más sentido y más ferviente. El amor íntimo debe ser más cálido e intacto, y la conducta exterior tiene que ser más santificada y más cristiana. No tenemos que temer que lo reducido de nuestro número nos ponga fuera de la lista de las Iglesias, pues el Espíritu Santo ha anotado una familia-iglesia en el inspirado libro de las memorias.

ABRIL 30 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Y quejáronse todos los hijos de Israel”. Números 14:2

ENTRE los cristianos de hoy hay murmuradores como los hubo en la antigüedad, en el campamento de Israel. Hay quienes se quejan contra las pruebas, cuando les cae la vara de la aflicción. Preguntan: “¿Por qué soy afligido? ¿Qué he hecho para que se me castigue de esta manera?” Deseo dirigirte unas palabras, oh murmurador. ¿Por qué murmuras contra las disposiciones de tu Padre Celestial? ¿Puede él tratarte más duramente de lo que mereces? ¡Recuerda qué rebelde eras una vez, y sin embargo él te perdonó! Me parece que si él, en su sabiduría, cree conveniente corregirte, no tienes por qué quejarte. Al fin y al cabo, ¿eres herido tan severamente como lo merecen tus pecados? Considera la corrupción que hay en tu corazón, y entonces no te maravillarás de que haya tanta necesidad de la vara para sacarla a la luz. Pésate a ti mismo y mira cuánta escoria hay mezclada con tu oro. Y, viéndola, ¿piensas que el fuego es demasiado ardiente para quitar tanta escoria como la que hay en ti? ¿No demuestra ese espíritu tuyo, orgulloso y rebelde, que tu corazón no está enteramente santificado? ¿No son estas palabras de murmuración contrarias a la naturaleza santa y sumisa de los hijos de Dios? ¿No se necesita la corrección? Pero si tú quieres murmurar contra la corrección, ten cuidado, pues a los murmuradores les irá mal. Dios siempre castiga a sus hijos dos veces, si no soportan con paciencia el primer golpe. Pero sabe una cosa: “Dios no aflige ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres”. Todas sus correcciones las envía con amor para purificarte, y para llevarte más cerca de él. Si eres capaz de reconocer la mano de tu Padre, eso te ayudará a soportar la disciplina con resignación. “Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo”. “Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos”. “No murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”.

ABRIL 29 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Esperanza mía eres tú en el día malo”. Jeremías 17:17

EL camino del cristiano no siempre está alumbrado por el sol, pues tiene períodos de tinieblas y de tormentas. Es verdad que en la Palabra de Dios está escrito: “Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz”; y también es una gran verdad que la religión tiene por fin dar al hombre felicidad en la tierra y gloria en el cielo. Pero la experiencia nos dice que si bien la senda del justo es como la luz que va en aumento hasta que el día es perfecto, sin embargo algunas veces aquella luz se eclipsa. En ciertas ocasiones, las nubes cubren el sol del creyente, y él anda en las tinieblas y no ve la luz. Hay muchos que se han regocijado en la presencia de Dios por un tiempo; han estado al sol en las primeras etapas de la carrera cristiana; han andado a lo largo de “delicados pastos”, junto a “aguas de reposo”, pero, de repente, el glorioso cielo se nubló. En lugar de la tierra de Goshen, han andado por el desierto arenoso; en lugar de aguas cristalinas, hallaron aguas turbias, amargas al gusto, y dijeron: “En verdad, si fuera hijo de Dios no me pasaría esto”. ¡Oh, tú, que andas en tinieblas, no hables así! El mejor de los santos de Dios tiene que beber ajenjo; el más querido de sus hijos tiene que llevar la cruz. Ningún cristiano gozó de perpetua prosperidad; ningún creyente puede estar cantando siempre. Quizás el Señor te dio al principio una senda llana y despejada, porque eras débil y tímido. El templó el viento para el cordero trasquilado, pero ahora que eres más fuerte en la vida espiritual, tienes que entrar en la madura y escabrosa experiencia de los adultos hijos de Dios. Necesitamos vientos y tempestades para ejercitar nuestra fe, con el fin de que arranquen las ramas podridas de nuestra independencia y nos arraiguen más firmemente en Cristo. El día de la aflicción nos revela el valor de nuestra gloriosa esperanza.

ABRIL 28 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”. Salmo 119:49

CUALQUIERA sea tu particular necesidad, puedes hallar, en seguida, en la Biblia, alguna promesa apropiada a ella. ¿Estás abatido y deprimido porque tu senda es áspera y tú te hallas cansado? Aquí está la promesa: “Él da esfuerzo al cansado”. Cuando halles una promesa como esta, llévala al que la prometió y pídele que la cumpla. ¿Estás buscando a Cristo y ansías tener comunión más íntima con él? Esta es la promesa que resplandece sobre ti como una estrella: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”. Lleva continuamente al trono esta promesa; no ruegues por ninguna otra cosa, preséntate a Dios una y otra vez así: “Señor, tú lo has dicho; haz conforme a tu promesa”. ¿Estás acongojado por el pecado y cargado con la pesada carga de tus iniquidades? Presta atención a estas palabras: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados”. No tienes méritos propios que invocar para tu perdón; pero, en cambio, puedes invocar su pacto y él lo cumplirá. ¿Temes no ser capaz de proseguir hasta el fin, o que, después de haberte creído hijo de Dios, seas reprobado? Si pasas por tal situación, lleva la siguiente promesa al trono de la gracia: “Los montes se moverán, y los collados temblarán, mas no se apartará de ti mi misericordia”. Si has perdido la dulce sensación de la presencia del Salvador, y lo estás buscando con afligido corazón, recuerda esta promesa: “Tornaos a mí y yo me tornaré a vosotros”. “Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias”. Deléitate en la fe que tienes en la palabra misma de Dios, y acude al Banco de la Fe con el pagaré de tu Padre Celestial, y di: “Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”.

ABRIL 27 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Dios, el Dios nuestro”. Salmo 67:6

ES sorprendente el poco uso que hacemos de las bendiciones espirituales que Dios nos da, pero es más sorprendente aun el poco uso que hacemos de Dios mismo. Aunque él es “Dios nuestro”, nosotros poco recurrimos a él y poco le pedimos. ¡Cuán rara vez pedimos consejo al Señor! ¡Cuántas veces emprendemos nuestros negocios sin buscar su dirección! En nuestras aflicciones, ¡cuán frecuentemente nos esforzamos por llevar solos nuestras cargas, en lugar de echarlas sobre Jehová, quien nos puede sostener! Y esto no es porque no podamos, pues el Señor parece decirnos: “Alma, yo soy tuyo; ve y saca provecho de mí como quieras; tú puedes venir libremente a mi alfolí, y cuanto más frecuentemente, tanto más bienvenida”. La culpa es nuestra si no nos apropiamos de las riquezas de nuestro Dios. Así que, ya que tienes un amigo que te invita, toma diariamente lo que te da. Nunca pases necesidad mientras tengas un Dios a quien recurrir; nunca temas ni desmayes mientras tengas un Dios que te ayuda; ve a su caudal y toma lo que necesites, hay allí todo lo que puedas necesitar. Aprende el divino arte de hacer que Dios sea el todo para ti. El puede darte todas las cosas, o, mejor aún, puede darse en lugar de todas las cosas. Permíteme, pues, que te inste a que hagas uso de tu Dios. Haz uso de él cuando ores. Ve a él frecuentemente, porque él es tu Dios. ¡Oh! ¿no quieres tú usar de tan grande privilegio? Vuela hacia él, cuéntale todas tus necesidades. Usa de él constantemente, por la fe, en todos los tiempos. Si alguna extraña disposición te ha entenebrecido, usa de Dios como de un sol; si algún fuerte enemigo te ha sitiado, halla en Jehová un escudo, pues él es sol y escudo a su pueblo. Si has perdido el camino en los laberintos de la vida, usa de él como de una guía, pues él te dirigirá. Seas tú lo que fueres, y cualquiera sea el lugar donde estés, recuerda que Dios es precisamente lo que necesitas, y que está justamente donde lo necesitas.

ABRIL 26 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Haced esto en memoria de mí". 1 Corintios 11.24

Parece, entonces, que los cristianos pueden olvidar a Cristo! No habría necesidad para esta afectuosa exhortación, si no hubiese una recelosa suposición de que nuestros recuerdos resulten traidores. Esto no es una mera suposición, pues está demasiado confirmado en nuestra experiencia, no como una posibilidad, sino como un lamentable hecho. Parece casi imposible que los que han sido redimidos por la sangre del Cordero y han sido amados por el eterno Hijo de Dios con un amor eterno, olviden a aquel precioso Salvador. Pero si esto alarma al oído, es, ¡ay! demasiado evidente al ojo para que nos permita negar el crimen. ¡Olvidar al que nunca nos olvidó! ¡Olvidar al que derramó su sangre por nuestros pecados! ¡Olvidar al que nos amó hasta la muerte! ¿Será posible? Sí, no solo es posible, sino que la conciencia confiesa (lo que es una lamentable falta nuestra), que nosotros permitimos que Jesús, como si fuera un viajero, quede con nosotros una sola noche. Jesús a quien tendríamos que considerar como el eterno objeto de nuestras memorias, es sólo un visitante. La cruz, donde uno creería que permanece el recuerdo y donde la negligencia debería ser un intruso desconocido, es en cambio, profanada por los pies del olvido. ¿No te dice tu conciencia que esta es la verdad? ¿No notas en ti mismo que te has olvidado de Jesús? Alguna cosa terrenal te roba el corazón y tú te olvidas de aquel en quien tu afecto debiera ser puesto. Algún asunto carnal embarga tu atención, cuando en verdad debieras fijar tus ojos en la cruz. Es la constante agitación del mundo, la incesante atracción de las cosas terrenales, las que apartan al alma de Cristo. Mientras la memoria reserve alguna venenosa mala hierba, la Rosa de Sarón se marchitará. Resolvámonos a prender en nuestros corazones, con relación a Cristo, una celestial nomeolvides, y cuando estemos propensos a olvidar a Cristo, tomémonos fuertemente de él.

viernes, 12 de mayo de 2023

ABRIL 25 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Que para ti, oh amado mío, he guardado". Cantares 7.13

La esposa desea dar a Jesús todo lo que produce. Nuestro corazón tiene "toda suerte de frutas, nuevas y añejas", las cuales están guardadas para nuestro Amado. En esta estación otoñal, rica en frutos, inspeccionemos nuestros depósitos. Tenemos frutas nuevas. Deseamos sentir nueva vida, nuevo gozo, nueva gratitud; queremos hacer nuevas resoluciones y cumplirlas con nuevas actividades; nuestro corazón eleva nuevas oraciones y nuestra alma está empeñada en nuevos esfuerzos. Pero tenemos también frutas añejas. Allí está nuestro primer amor, un fruto selecto, en el que Dios se goza; aquí tenemos nuestra primera fe, aquella fe sincera por la cual no teniendo nada, lo poseemos todo; tenemos también el primer gozo que experimentamos cuando conocimos al Señor: avivémoslo. Tenemos también recuerdos de las promesas. ¡Cuán fiel ha sido Dios! ¡Cómo ablandó nuestra cama en la enfermedad! ¡Cuán plácidamente nos sostuvo cuando estábamos en las aguas profundas! ¡Cuán benignamente nos libró del horno de fuego ardiendo! ¡Son estas, en verdad frutas añejas! Tenemos muchas de ellas pues sus mercedes han sido más numerosas que los cabellos de nuestras cabezas. Tenemos que lamentar nuestros antiguos pecados; pero ya nos hemos arrepentido de ellos, hemos llorado hasta llegar a la cruz, y hemos comprendido el valor de los méritos y de la sangre de Cristo. Esta mañana tenemos frutos nuevos y añejos; pero aquí está el punto: estos frutos están guardados para Jesús. En verdad, estos son los mejores y más aceptables servicios, en los que Jesús es el único objeto del alma y en los que su gloria, sin mezcla alguna, es la meta de todos nuestros esfuerzos. Guardemos nuestros frutos sólo para nuestro Amado; exhibámoslos cuando él está con nosotros, pero no los presentemos a la mirada de los hombres. 

domingo, 7 de mayo de 2023

ABRIL 24 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

 "A causa, pues de todo eso nosotros hacemos fiel alianza". Nehemías 9.38

Hay muchas ocasiones en nuestra experiencia cuando podemos muy bien, y con beneficio, renovar nuestra alianza con Dios. Después de convalecer de una enfermedad, cuando, como Ezequías hemos conseguido alargar nuestras vidas unos años más, podemos renovar la alianza. Después de haber sido librados de alguna aflicción, cuando nuestro gozo floreció otra vez, vayamos de nuevo a la cruz y renovemos nuestra consagración. Especialmente hagamos esto cuando hayamos cometido algún pecado que contristó al Espíritu Santo, o cuando hayamos deshonrado la causa de Dios. Miremos entonces a aquella sangre que puede hacernos más blancos que la nieve y presentémonos al Señor otra vez. No debiéramos permitir que únicamente nuestra aflicción confirme nuestra dedicación a Dios, sino que lo haga también nuestra prosperidad. Si alguna vez nos hallamos en tiempos en los que Dios nos corona de favores, entonces si él nos ha coronado, debemos nosotros coronarlo a él. Saquemos de nuevo todas las joyas de las insignias divinas, que han sido guardadas en el joyero de nuestro corazón y dejemos que nuestro Dios se siente sobre el trono de nuestro amor ataviado con ropa real. 

Si aprendiésemos a aprovechar nuestras oportunidades no necesitaríamos tanta adversidad. Si sacáramos de un beso todo el bien que él nos puede dar, no seríamos castigados tan frecuentemente. ¿Hemos recibido últimamente alguna bendición que poco esperábamos? ¿Ha puesto el Señor nuestros pies en un lugar amplio? ¿Podemos cantar de misericordias multiplicadas? Entonces este es el día de poner nuestras manos sobre los cuernos del altar y decir: "Átame aquí, Señor; átame aquí con cuerdas para siempre". En vista de que necesitamos de Dios el cumplimiento de nuevas promesas, ofrezcamos renovadas oraciones para que nuestros antiguos votos sean cumplidos.

sábado, 6 de mayo de 2023

ABRIL 23 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Antes en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó". Romanos 8.37

Nosotros vamos a Cristo por perdón, y luego, muy a menudo, buscamos en la ley poder para combatir nuestros pecados. Pablo nos reprende en esta forma: "¡oh, gálatas insensatos! ¿quién os fascinó, para no obedecer a la verdad? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?" Lleva tus pecados a la cruz de Cristo, pues el viejo hombre sólo puede ser crucificado allí: nosotros estamos crucificados con él. La única arma para combatir el pecado es la lanza que traspasó el costado de Jesús. Demos una ilustración: Tú necesitas dominar un temperamento colérico, ¿cómo procedes? Es muy posible que tú nunca hayas intentado el correcto procedimiento, que es el de presentar a Jesús ese mal. ¿Cómo obtengo la salvación? Voy a Jesús tal cual soy, y confío en él para que me salve. ¿Debo matar en la misma manera mi temperamento colérico? Este es el único modo como puedo matarlo. Tengo que ir con él a la cruz y decir a Jesús: "Señor, yo confío en ti para que me libres de este mal". Es la única manera de darle un golpe mortal. ¿Eres codicioso? ¿Sientes que el mundo te enreda? Puedes batallar con ese mal cuanto quieras, pero nunca serás librado de él en ningún otro modo que no sea por la sangre de Jesús. Llévalo a Cristo. Dile: "Señor, yo confío en ti; tu nombre es Jesús, pues tú salvas a tu pueblo de sus pecados. Señor, este es uno de mis pecados: sálvame de él". Los ritos no valen nada sin Cristo como medio de humillación. Tus oraciones, tus arrepentimientos y tus lágrimas no valen nada aparte de Cristo. Ninguno, excepto Jesús, puede hacer buenos a los pecadores y a los santos desvalidos. Tú debes ser vencedor por medio del que te amó, si vencedor quieres ser. Nuestros laureles deben crecer entre los olivos del Getsemaní.

jueves, 4 de mayo de 2023

ABRIL 22 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"A este, Dios ha ensalzado". Hechos 5.31

febrero | 2018 | MISAL DIARIO | Página 3
Jesús, nuestro Señor, que ha sido crucificado, muerto y sepultado, está ahora sentado en el trono de gloria. El lugar más elevado que el cielo concede es de Cristo por derecho indisputable. Es agradable recordar que la exaltación de Cristo en el cielo es una exaltación representativa. Él fue exaltado a la diestra del Padre, y aunque como Jehová tiene eminentes glorias en las que las criaturas finitas no pueden participar, sin embargo como Mediador, los honores que ostenta en el cielo son la herencia de todos los santos. Es grato considerar cuán estrecha es la unión de Cristo con los suyos. Somos realmente uno con Él; somos miembros de su cuerpo, y su exaltación es la nuestra. Él nos hará sentar en su trono, como él ha vencido y se ha sentado con su Padre en su trono. Como él tiene una corona, también a nosotros nos da coronas.
Él tiene un trono, pero no se satisface con tener un trono para sí; a su diestra debe estar su reina, la Iglesia, ataviada con "oro de Ofir". Él no puede ser glorificado sin su esposa. 
Creyente, mira a Jesús ahora; contémplalo, con los ojos de la fe, luciendo sobre su cabeza muchas coronas. Recuerda que un día tú serás semejante a él, cuando lo verás como él es.
No serás tan admirable ni tan divino como él, pero sin embargo tú, en alguna medida, participarás de los mismos honores y gozarás de la misma felicidad y de la misma dignidad que él posee. Conténtate con vivir como desconocido por breve tiempo, y andar fatigosamente por los campos de la pobreza y sobre los montes de la aflicción y pronto reinarás con Cristo, pues él "nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y reinaremos para siempre jamás". ¡Oh, cuán admirable es todo esto para los hijos de Dios! Ahora tenemos a Cristo en las cortes celestiales, pero pronto vendrá y nos tomará a sí mismo para que estemos allí con él, y contemplemos su gloria y participemos de su gozo.

miércoles, 3 de mayo de 2023

ABRIL 21 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Yo sé que mi Redentor vive". Job 19.25

El único consuelo de Job residía en esta breve palabra: "Mi", "Mi Redentor"; y en el hecho de que el Redentor vive. ¡Oh asirse de un Cristo vivo, cuánto significa! Tenemos que poseer a Cristo antes de poder gozar de Él. ¿Para qué me sirve el oro que está en la mina? Hasta en el Perú hay pordioseros, y en California hay quien mendiga pan. Es el dinero que está en mi bolsillo el que satisfará mis necesidades, pues con él puedo comprar el pan que me hace falta.
Así, pues, un Redentor que no me redime, un pariente que nunca defiende mi sangre ¿de qué me sirve? No estés satisfecho hasta que puedas decir: "Sí, yo me arrojo sobre mi Señor viviente, y Él es mío". Puede ser que lo retengas con mano débil; piensas que casi es presunción decir: Él vive como mi Redentor". Sin embargo, si tuvieses fe como un grano de mostaza, esa poca fe te autorizaría a decirlo.
Pero hay también otra palabra aquí que expresa la fuerte confianza de Job: "Yo sé". Decir "yo espero", "yo creo", es consolador y hay miles en el redil de Jesús que difícilmente alguna vez puedan decir mucho más. Pero para lograr la esencia de la consolación, tú tienes que decir: "Yo sé". Los "si", "pero" y "quizás" son seguros matadores de la paz y del consuelo. Las dudas son cosas terribles en tiempo de aflicción. Hunden como avispas el aguijón en el alma. Si tengo alguna sospecha de que Cristo no es mío, entonces allí hay vinagre mezclado con hiel de muerte, pero si yo sé que Jesús vive por mí, entonces la oscuridad no es oscura, pues aun la noche es luz en torno mío. En verdad, si Job en aquellos tiempos, antes de la venida de Cristo podía decir "Yo sé", nosotros no tendríamos que hablar menos positivamente. No permita Dios que nuestro positivismo sea presunción. Miremos que nuestras evidencias sean fundadas a no ser que edifiquemos sobre una esperanza sin fundamento. Un Redentor viviente, realmente mío, es gozo inefable.

lunes, 1 de mayo de 2023

ABRIL 20 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte". Hebreos 2.14

¡Oh hijo de Dios! la muerte perdió su aguijón, pues el poder del diablo sobre la misma ha sido destruido. Entonces, no temas morir. Pide a Dios gracia a fin de que por un conocimiento íntimo y una fe inquebrantable en la muerte del Redentor, seas fortalecido para aquella hora sombría.

Viviendo cerca de la cruz del Calvario, puedes pensar en la muerte con alegría y recibirla con intenso gozo. Es agradable morir en el Señor. La muerte no es un largo destierro, sino una vuelta de la cautividad, una partida a las muchas moradas donde ya están nuestros amados. La distancia entre los espíritus glorificados que están en el cielo y los santos que militan en la tierra parece grande, pero no lo es. No estamos lejos del hogar; pronto estaremos allí. La vela está extendida; el alma empieza el viaje. ¿Cuánto durará su navegación? ¿Cuántos vientos molestos darán en la vela antes que llegue al puerto de paz? ¿Cuánto tiempo aquella alma será sacudida sobre las olas antes de llegar al mar que no conoce tormenta? Presta atención a la respuesta: "Partir del cuerpo, y estar presentes al Señor". Tu nave ha partido recién, pero ya llegó a su puerto. No hizo más que extender su vela y ya está allí. Igual que a aquella nave del lago de Galilea, una tormenta la sacudió, pero Jesús dijo: "Calla, enmudece", e inmediatamente llegó a tierra. No pienses que un largo período media entre el instante de la muerte y la eternidad de gloria. Cuando los ojos se cierran en la tierra, se abren en el cielo. ¡Oh hijo de Dios! puesto que por la muerte del Señor, la maldición y el aguijón de la muerte fueron destruidos, ¿qué hay en la muerte para que la temas? Pues ahora, la muerte no es más que una escala de Jacob, cuyos pies están en el oscuro sepulcro y su cabeza, en la gloria eterna.

jueves, 27 de abril de 2023

ABRIL 19 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"He aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo". Mateo 27.51

No fue un milagro insignificante el que se obró en el rompimiento de un velo tan fuerte y grueso, pero no se realizó meramente como una exhibición de poder, pues se nos enseña aquí muchas lecciones. La antigua ley de ceremonias fue abolida, y como un vestido gastado, fue rota y puesta a un lado. Cuando Jesús murió, todos los sacrificios terminaron, pues todos quedaron cumplidos en él y en consecuencia, el lugar donde esos sacrificios eran presentados, fue marcado con una señal evidente de decadencia. Aquella rasgadura también reveló todas las cosas ocultas de la antigua dispensación. Ahora podía verse el propiciatorio, y la gloria de Dios brillaba sobre él. Por la muerte del Señor Jesús tenemos una clara revelación de Dios, pues él "no era como Moisés que ponía un velo sobre su faz". Vida e inmortalidad salen ahora a la luz, y cosas ocultas desde la fundación del mundo son manifiestas en él. La ceremonia anual de la expiación fue así abolida. La sangre de la expiación, que una vez por año era rociada dentro del velo, fue ahora ofrecida una vez por todas, por el gran Sumo Sacerdote, y por lo tanto, el lugar del rito simbólico fue derribado. Ahora no se necesitan más bueyes ni ovejas, pues Jesús ha entrado dentro del velo con su propia sangre. Por lo tanto, ahora se permite el acceso a Dios, siendo este el privilegio de cada creyente en Cristo Jesús. No hay siquiera una pequeña abertura por la que podamos ver el propiciatorio, excepto la ruptura que se extiende de alto a bajo. Podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia celestial. ¿Caeremos en error si decimos que la abertura del lugar santísimo, hecha en esta manera maravillosa por el postrer clamor de nuestro Señor, era una figura de la abertura de las puertas del paraíso para todos los santos, en virtud de la pasión?
Nuestro sangrante Señor tiene las llaves del cielo; Él abrió y ninguno puede cerrar.

ABRIL 18 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Ella ató el cordón de grana a la ventana". Josué 2.21

Según la Biblia ¿Cuál es el... | La respuesta de Trivia | QuizzClub
Rahab dependió para su preservación de la promesa de los espías, a quienes consideró como representantes del Dios de Israel. Su fe fue sencilla y firme, pero muy obediente.
Atar el cordón de grana a la ventana era en sí mismo un acto trivial, pero ella no se atrevió a correr el riesgo de omitirlo.
Ven alma mía, ¿no hay aquí una lección para ti? ¿Has estado atenta a la voluntad de tu Señor, aunque algunos mandamientos no parecían ser esenciales? ¿Has observado en su forma correcta las dos ordenanzas de los creyentes: el Bautismo y la Cena del Señor? Si estas cosas son descuidadas es prueba de que en tu corazón hay mucha desobediencia.
Este acto de Rahab presenta una lección aun más solemne. ¿He confiado yo implícitamente en la preciosa sangre de Jesús? ¿He atado yo, con un nudo gordiano, el cordón de grana a mi ventana, de modo que mi esperanza nunca pueda ser removida? ¿Puedo mirar hacia del Mar Muerto de mis pecados o hacia la Jerusalén de mis esperanzas sin ver la sangre, pero viendo todas las cosas en conexión con su bendito poder? El transeúnte puede ver una cuerda de tan visible color, si cuelga de la ventana. Será un bien para mí si mi vida hace visible a todos los espectadores la eficacia de la expiación. ¿Qué hay allí de qué avergonzarse? ¡Que miren si así lo desean, tanto los hombres como los demonios; la sangre es mi orgullo y mi canto! Alma mía, hay uno que verá aquel cordón de grana, aun cuando tú, por la debilidad de tu fe, no puedas verlo por ti misma. Jehová, el vengador, lo verá y te perdonará. Los muros de Jericó cayeron; la casa de Rahab estaba sobe el muro, y sin embargo quedó inmóvil. Mi naturaleza está edificada en el muro de la humanidad, y sin embargo, cuando la destrucción hiera a la humanidad, yo quedaré seguro. 
Alma mía, ata otra vez el cordón carmesí a la ventana y descansa en paz.

martes, 25 de abril de 2023

ABRIL 17 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"A la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel". Hebreos 12.24

Lector, ¿te has llegado a la sangre esparcida? La pregunta no es si tú te has llegado al conocimiento de doctrinas o a la observancia de ceremonias, o a cierta forma de experiencia, sino si te has llegado a la sangre de Jesús. Si en verdad te has llegado a Jesús, es porque el Espíritu Santo amablemente te condujo allí. Te has llegado a la sangre rociada sin méritos de tu parte. Culpable, perdido, desvalido, te has acercado para recibir aquella sangre como tu eterna esperanza. Has llegado a la cruz de Cristo, con corazón dolorido y tembloroso; y ¡oh! cuán precioso te fue oír la voz de la sangre de Jesús. La caída de su sangre es como la música del cielo para los hijos penitentes de la tierra. Nosotros estamos llenos de pecados, pero el Salvador nos manda elevar nuestros ojos a él, y mientras contemplemos sus sangrantes heridas, cada gota que cae, clama: "Consumado es; he terminado con el pecado; he conseguido eterna justicia". ¡Oh dulce lenguaje de la preciosa sangre de Jesús! Si te has allegado a la sangre una vez, te allegarás muchas veces. Tu vida será: "Mirando a Jesús". Tu norma de conducta se sintetizará en esto: "A quien viniendo!. No a quien he venido, sino a quien siempre vengo. Si has ido alguna vez a la sangre del esparcimiento, sentirás necesidad de ir a ella cada día. El que no desea lavarse en ella todos los días, es porque nunca ha sido lavado.
El creyente considera siempre un gozo y un privilegio el que aun haya una fuente abierta. Las experiencias pasadas son para el cristiano alimento dudoso; una presente venida a Cristo puede darnos gozo y consolación. Salpiquemos de nuevo esta mañana los postes de nuestras puertas con la sangre del Cordero, seguros de que el ángel destructor nos pasará por alto.

domingo, 16 de abril de 2023

ABRIL 16 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"La sangre preciosa de Cristo". 1 Pedro 1.19

Estando al pie de la cruz, vemos manos, pies y costado destilando arroyos de preciosa sangre carmesí. Es preciosa a causa de su eficacia redentora y expiatoria.  Por ella los pecados del pueblo de Cristo son expiados; los creyentes son redimidos de debajo de la ley, son reconciliados con Dios y son hechos uno con él. La sangre de Cristo es también preciosa por su poder purificador: "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos". Por la sangre de Jesús no queda una sola mancha sobre el creyente, ni arruga ni nada semejante. ¡Oh preciosa sangre que nos haces limpios, quitando las manchas de abundante iniquidad y permitiéndonos ser aceptos en el amado, no obstante las muchas formas en que nos hemos rebelado contra nuestro Dios!

La sangre es asimismo preciosa por su poder preservador. Bajo la sangre esparcida, estamos seguros contra el ángel destructor. Recordemos que la razón por que somos perdonados es porque Dios ve la sangre. Aquí hay consuelo para nosotros cuando el ojo de la fe esté empañado. La sangre de Cristo es preciosa por su influencia santificadora. La misma sangre que justifica al quitar el pecado, después anima a la nueva criatura y la conduce a someter el pecado y a cumplir los mandamientos de Dios.
No hay motivo mayor para la santidad que el que viene de las venas de Jesús. Y preciosa, inefablemente preciosa es esta sangre por su subyugante poder. Está escrito: "Ellos vencieron por la sangre del Cordero". ¿Cómo hubieran vencido de otro modo? El que lucha con la preciosa sangre de Jesús lucha con un arma que no puede conocer derrota. ¡La sangre de Jesús! El pecado muere en su presencia, la muerte deja de ser, las puertas del cielo se abren. ¡La sangre de Jesús! Seguiremos adelante conquistando, mientras confiemos en su poder.

ABRIL 15 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" Salmo 22.1

Contemplemos aquí al Salvador en la profundidad de sus aflicciones. Ningún otro lugar muestra tan bien las tribulaciones de Cristo como el Calvario, y ningún otro momento en el Calvario está tan lleno de agonía como aquel en que él exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" En ese momento la debilidad física se unió a la aguda tortura mental por la vergüenza e ignominia que tuvo que sobrellevar. Y para culminar la intensidad de sus sufrimientos, padeció una agonía espiritual que sobrepuja todo entendimiento, siendo esta el resultado del apartamiento de la presencia de su Padre.
Esta era la oscura medianoche de su horror; entonces fue cuando descendió al abismo del sufrimiento. Ningún hombre puede penetrar en el completo significado de estas palabras. 

Algunos de nosotros a veces podríamos gritar: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" Hay momentos cuando la brillantez de la sonrisa de nuestro Padre queda eclipsada por nubes y tinieblas, pero recordemos que Dios nunca nos deja. Con nosotros es ese un aparente abandono, pero con Cristo fue un abandono real. Nos afligimos ante una breve separación del amor de nuestro Padre, pero ¿quién podrá calcular cuán profunda fue la agonía que le causó a Jesús el real apartamiento del rostro de su Padre? En nuestro caso el clamor frecuentemente es dictado por la incredulidad; en su caso fue la expresión de un espantoso hecho, pues efectivamente Dios lo había dejado por un tiempo.

¡Oh, tú, alma pobre y angustiada, que viviste una vez a la luz del rostro de Dios, pero que ahora te hallas en tristeza! No olvides que Él no te ha dejado. Dios en las nubes es tan Dios nuestro como cuando alumbra en el esplendor de su gracia, pero ya que el solo pensamiento de que él nos haya dejado nos aflige, ¡Qué habrá sido el dolor de nuestro Señor cuando exclamó: "Dios mío, ¿por qué me has dejado?"

viernes, 14 de abril de 2023

Las catacumbas: 5 Minutos en la Historia de la Iglesia con Stephen Nichols


ABRIL 14 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Todos los que me ven, escarnecen de mí, estiran los labios, menean la cabeza". Salmo 22.7

La burla fue un gran ingrediente en los ayes de nuestro Señor. Judas se burló de él en el jardín; el príncipe de los sacerdotes y los escribas se mofaron de él con desprecio; Herodes lo tuvo en nada; los sirvientes y soldados lo escarnecieron y lo insultaron brutalmente; Pilatos y su guardia ridiculizaron su realeza, y estando sobre la cruz, le lanzaron toda suerte de horribles bromas y de repugnantes vituperios.

El ridículo es siempre difícil de llevar, pero cuando estamos en angustia es tan inhumano y tan cruel que nos corta en carne viva. Imagina al Salvador crucificado, agobiado con angustia más allá de toda imaginación mortal, y entonces piensa en aquella abigarrada multitud, meneando sus cabezas y sacando la lengua en amarguísimo desprecio a una pobre víctima que sufre. En el crucificado habrá habido sin duda algo más de lo que los espectadores pudieron ver, de lo contrario, aquella grande y confusa multitud no lo habría honrado con desprecios tan unánimemente. ¿No estaba el mal confesando en aquel preciso momento de su aparente triunfo que, después de todo no podía hacer más que burlar a aquella victoriosa bondad que entonces estaba reinando sobre la cruz?

¡Oh Jesús! Despreciado y desechado entre los hombres, ¿cómo pudiste morir por seres que te tratan tan mal? Aquí hay amor admirable, amor divino, sí amor más allá de toda ponderación. Nosotros también te hemos despreciado en los días anteriores a nuestra regeneración, y aún después de nuestro nuevo nacimiento hemos elevado al mundo en nuestros corazones, y sin embargo, tú sangraste para sanar nuestras heridas y moriste para darnos vida. ¡Oh si nosotros pudiésemos colocarte en un alto y glorioso trono en los corazones de los hombres! 

Nosotros deseamos proclamar tus alabanzas por tierra y mar hasta que los hombres te adoren tan unánimemente como una vez te rechazaron.

jueves, 13 de abril de 2023

Lyon: 5 Minutos en la Historia de la Iglesia con Stephen Nichols


ABRIL 13 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Mi amado es para mí un manojito de mirra". Cantares 1.13

La mirra bien puede ser elegida como la figura de Jesús por su preciosidad, su perfume, su gusto, sus cualidades medicinales, preservativas y desinfectantes y por su conexión con el sacrificio. Pero, ¿por qué se le compara a un "manojito" de mirra?
En primer lugar , por su abundancia. Jesús no es una ramita de mirra, sino un cesto lleno; no simplemente una flor sino un manojo. Hay en Cristo lo suficiente para todas mis necesidades; que no demore yo en valerme de Él.

Nuestro Amado es comparado además a un manojo, por su variedad. Hay en Cristo no sólo la "una cosa necesaria", sino que "en Él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente"; cada una de las cosas necesarias están en él. Considera a Jesús en sus diferentes caracteres y verás una maravillosa variedad: Profeta, Sacerdote, Rey, Esposo, Amigo, Pastor. Considéralo en su vida, en su muerte, en su resurrección, en su ascensión y en su segunda venida. Míralo en en su virtud, en su mansedumbre, en su negación de sí mismo, en su amor, en su debilidad, en su verdad, en su justicia. En cualquier cosa es un manojo de preciosidad.

Jesús es un manojo de mirra para preservación; no mirra suelta que cae al suelo o es pisoteada, sino mirra en manojo, para ser puesta en el estuche. Debemos estimarlo como el mejor tesoro; debemos apreciar sus palabras y sus mandamientos y, por fin, debemos guardar como bajo llave, los pensamientos y conocimientos que nos dio, no sea que el diablo nos robe algo.

Por otra parte, Jesús es un manojo de mirra, por su especialidad. El emblema sugiere la idea de gracia que distingue y discierne. Desde antes de la fundación del mundo, Él fue apartado para su pueblo y da su perfume sólo a los que entienden cómo entrar en comunión con Él para tener con Él una íntima relación. ¡Oh, feliz el que puede decir: "Mi amado es para mí un manojito de mirra"!

miércoles, 12 de abril de 2023

Dos discípulos de Juan: Policarpo - 5 Minutos en la Historia de la Igl...


ABRIL 12 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas". Salmo 22.14

Nuestro bendito Señor experimentó un terrible abatimiento y desvanecimiento de alma. "El ánimo del hombre soportará su enfermedad, mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?"
La depresión de espíritu es la más grave de todas las pruebas; cualquier otra aflicción no es nada al lado de esta. Bien puede el Salvador gritar: "No te alejes de mí", pues el hombre necesita a su Dios cuando su corazón se consume dentro de sí por el abatimiento. Creyente, acércate a la cruz, esta mañana, y adora humildemente al Rey de gloria, quien tanto en aflicción mental como en angustia íntima, fue más humillado que cualquiera de los que están entre nosotros. Observa su aptitud para llegar a ser un fiel Sumo sacerdote, que puede compadecerse de nuestras flaquezas. ¡Oh Padre celestial! permite que aquellos cuya tristeza procede directamente del alejamiento de tu amor entren en estrecha e íntima comunión con Jesús. Que no demos lugar a la desesperación, pues por este paraje tétrico el Maestro pasó antes que nosotros. Quizás a menudo nuestras almas ansíen, desfallezcan y anhelen hasta la angustia contemplar la luz del rostro del Señor. En esas ocasiones contentémonos con la seguridad de la simpatía de nuestro gran Sumo sacerdote. Nuestras gotas de dolor se olvidan en el océano de sus aflicciones. Pero ¡cuán alto debe elevarse nuestro amor!
Entra, oh poderoso y profundo amor de Jesús; como el mar en las inundaciones de las grandes crecientes, cubre todas mis facultades, ahoga todos mis pecados, quita todas mis preocupaciones, levanta mi alma que está apegada a la tierra, llévala a los pies de mi Señor, y permíteme quedar allí, pobre pecador como soy, lavado por su amor. No tengo ningún valor ni virtud. Sólo me atrevo a decirle que, si desea escucharme, oirá en mi corazón ecos débiles de las vastas olas de su propio amor que me ha llevado adonde me gozo en estar.

martes, 11 de abril de 2023

Dos discípulos de Juan: Ignacio - 5 Minutos en la Historia de la Iglesi...


ABRIL 11 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron". Salmo 22.14

¿Contemplaron la tierra o el cielo alguna vez, un espectáculo más triste de dolor? En alma y cuerpo nuestro Señor se sintió débil como el agua que corría por el suelo.
La colocación de la cruz en su hoyo lo sacudió con gran violencia, estiró todos sus ligamentos, fatigó todos los nervios y más o menos dislocó todos sus huesos. Agobiado por su propio peso, la augusta víctima sintió la creciente tensión a cada momento de aquellas seis largas horas. Su sensación de desfallecimiento y debilidad general lo abrumaba, mientras que, para sus sentidos, él no llegó a ser otra cosa que una masa de miseria y de desfalleciente enfermedad.
Cuando Daniel vio la gran visión, describe así sus impresiones: "No quedó en mí esfuerzo; antes mi fuerza se me trocó en desmayo, sin retener vigor alguno". ¡Cuánto más abatido habrá estado nuestro Gran Profeta cuando vio la terrible visión de la ira de Dios, y la sintió en su propia alma! A nosotros nos hubiese sido imposible soportar las sensaciones que experimentó nuestro Señor, y una especie de inconsciencia habría venido en nuestro socorro, pero en su caso fue herido y sintió la espada, vació la copa y probó cada gota de ella.

Mientras nos arrodillamos delante del trono del Salvador, que ahora está a la diestra de Dios, recordemos bien el medio por el cual Él preparó ese trono como un trono de gracia para nosotros. Bebamos en espíritu de su copa, a fin de que podamos ser fortalecidos para nuestra hora de aflicción en cualquier ocasión. En el cuerpo natural de Jesús cada uno de los miembros sufrió; así también debe ser en el espiritual. Sin embargo, como su cuerpo salió indemne de todas sus pruebas y aflicciones, para la gloria y el poder, así también su Cuerpo místico atravesará el horno sin que pase por él ni olor de fuego.

lunes, 10 de abril de 2023

ABRIL 10 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Al lugar que se llama de la Calavera". Lucas 23.33

El monte del consuelo es el monte del Calvario; la casa de la consolación está edificada con la madera de la cruz. El templo de las bendiciones celestiales está fundado sobre la roca hendida, hendida por la lanza que traspasó su costado.
Ninguna escena en la historia sagrada alegró jamás el alma como la tragedia del Calvario. Es extraño, en verdad, que las horas más lúgubres que jamás experimentó este mundo pecador, habrían de tocar el corazón con un poder más delicado que la alegría de los ángeles.

La luz brota desde el mediodía hasta la medianoche del Calvario, toda hierba del campo florece lozanamente bajo la sombra del árbol una vez maldito. En aquel lugar de sed, la Gracia ha hecho una fuente que siempre mana agua pura como cristal, cuyas gotas tienen la virtud de aliviar los ayes de la humanidad.

Tú, que has tenido tus temporadas de conflicto, tienes que confesar que no fue en el Olivete donde hallaste consuelo, ni tampoco en el monte Sinaí, ni en el Tabor.
Getsemaní, Gabbatha y Gólgota han sido los medios de tu consuelo. Las amargas hierbas del Getsemaní han quitado muchas veces las amarguras de tu vida. El azote de Gabbatha ha azotado muchas veces tus preocupaciones y los gemidos del Calvario han puesto en fuga todos los otros gemidos. Así el Calvario nos rinde raro y rico consuelo. Nosotros nunca habríamos conocido el amor de Cristo en su altura y profundidad si Él no hubiese muerto. No podríamos ni imaginar el profundo amor del Padre si Él no hubiera entregado a su Hijo a la muerte.
Las bendiciones comunes que gozamos, hablan todas de amor, así como el carey marino, cuando lo ponemos en nuestros oídos nos habla del insondable mar de donde procede. Pero si deseamos oír al océano mismo, no debemos mirar a las bendiciones diarias, sino a las transacciones de la crucifixión. El que desee conocer el Amor, vaya al Calvario y vea morir al Varón de dolores.

domingo, 9 de abril de 2023

ABRIL 9 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Y le seguía una grande multitud de pueblo y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban". Lucas 23.27

En medio de la plebe que acompañaba a Jesús al patíbulo, había algunas almas piadosas cuya amarga angustia se desahogaba en sollozos y lamentaciones, música apropiada para acompañar a aquella marcha de ayes. Cuando mi alma puede ver, en la imaginación, al Salvador llevando su cruz al Calvario, se une a las mujeres piadosas y llora con ellas, pues hay allí justificado motivo para el dolor, más justificado de lo que las afligidas mujeres pensaban. 
Ellas lloraban la inocencia maltratada, la bondad perseguida, el amor que sangraba, la mansedumbre que moría. Pero mi corazón tiene un motivo más profundo y más amargo para llorar. Mis pecados fueron los azotes que laceraron aquellos benditos hombros y coronaron con espinas aquellas sangrantes sienes. Mis pecados gritaron: "Crucifícale, crucifícale", y colocaron la cruz sobre sus bondadosos hombros. En su conducción hacia el Calvario hay suficiente dolor para una eternidad, pero en el hecho de haber sido yo su verdugo, hay más, infinitamente más aflicción que lo que una pobre fuente de lágrimas puede expresar.
No es difícil darse cuenta por qué aquellas mujeres amaron y lloraron, pero ellas no pudieron haber tenido mayor razón para amar y lamentar que la que tiene mi corazón. 
La viuda de Naín vio resucitado a su hijo, pero yo me veo a mí mismo resucitado en novedad de vida.
La madre de la esposa de Pedro fue curada de la fiebre, pero yo he sido curado de la más grave plaga de pecado.
De Magdalena salieron siete demonios, pero una entera legión de ellos salió de mí. 
María y Marta fueron favorecidas con visitas de Jesús, pero yo con su permanencia en mí.
Su madre dio a luz su cuerpo, pero Cristo, la esperanza de gloria, está formado en mí.
En lo que respecta a deudas, en nada quedo atrás de las santas mujeres; que tampoco sea menos en gratitud.

ABRIL 8 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?" Lucas 23.31

Entre otras interpretaciones de esta sugestiva pregunta, la siguiente está llena de enseñanza: "Si yo, el inocente sustituto de los pecadores, sufro así, ¿qué se hará al pecador mismo -el árbol seco- cuando caiga en las manos de un Dios airado?"
Cuando Dios vio a Jesús en el lugar de los pecadores no lo perdonó; y cuando halle al rebelde sin Cristo, tampoco lo perdonará. ¡Oh pecador! Jesús fue llevado por sus enemigos; tú también serás llevado por los demonios al lugar señalado para ti. Jesús fue abandonado por Dios; y si él, que sólo era pecador por imputación, fue abandonado, ¿Cuánto más lo serás tú? "Eloi, Eloi, lama sabachthani?" ¡Qué grito terrible! Pero cuál será tu clamor cuando digas: ¡Dios, Dios!, ¿por qué me has dejado? Y se te responda: "Por cuanto desechaste todo consejo mío, y mi reprensión no quisiste; también yo me reiré en tu calamidad y me burlaré cuando te viniere lo que temes". Si Dios no perdonó a su Hijo, ¡Cuánto menos te perdonará a ti! ¡Qué látigos de ardientes cuerdas serán los tuyos cuando la conciencia te hiera con todos sus terrores! Ustedes, los más ricos, los más felices y los más justos pecadores, ¿Quién querrá estar en su lugar cuando Dios diga: "¡Despiértate, espada, contra el hombre que me rechazó; hiérelo, y que por siempre sienta el dolor!"?  Jesús fue escupido; pecador, ¿cuál será tu afrenta? No podemos resumir en una palabra toda la multitud de aflicciones que se reunió en la cabeza de Jesús, quien murió por nosotros; por lo tanto, nos es imposible decir qué ríos, qué océanos de dolor rodarán sobre tu espíritu si mueres en la condición en que te hallas ahora.
Es posible que mueras así y ahora. Por las agonías de Cristo, por sus heridas y por su sangre, no traigas sobre ti la ira que se avecina. Confía en el Hijo de Dios, y nunca morirás.