Versículo para hoy:
jueves, 4 de enero de 2018
ENERO 4
“Harélos dormir seguros”. Oseas 2:18.
Sí, los santos tendrán paz. El pasaje del cual esta buena palabra es tomada, habla de concierto “con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las serpientes de la tierra”. ¡Esto es, tener paz con enemigos terrestres, con males misteriosos y con molestias pequeñas! Cualquiera de estas cosas nos podían quitar el sueño, pero ni una de ellas lo hará. El Señor destruirá del todo aquellas cosas que amenazan a su pueblo y “quebrará arco, y espada, y batalla de la tierra”. La paz en verdad será profunda cuando todos los instrumentos de iniquidad sean hechos pedazos.
Con esta paz habrá descanso. “A su amado dará Dios el sueño”. Con abundante provisión y divinamente tranquilizados, los creyentes pueden acostarse con calma y reposo.
Este descanso será seguro. Una cosa es acostarse, y otra es “dormir seguros”. Somos traídos a la tierra de promisión, la casa del Padre, el lugar del amor, y el seno de Cristo: ciertamente podemos ahora “dormir seguros”. Un creyente está más seguro acostado en paz, que levantado e impaciente.
“En lugares de delicados pastos me hará yacer”. Nunca descansamos hasta que el Consolador nos hace “dormir seguros”.
FUENTE: Libro de Cheques del Banco de la Fe – Charles H. Spurgeon.
miércoles, 3 de enero de 2018
ENERO 3
“La tierra en que estás acostado te la daré a ti”. Génesis 28:13.
Ninguna promesa es de interpretación particular; pertenece no solamente a un santo, sino a todos los creyentes. Hermano mío, si tú puedes acostarte en fe sobre una promesa y así descansar, es tuya. Donde Jacob “encontró un lugar” y descansó, allí tomó posesión. Con su cuerpo cansado tendido sobre la tierra, con las piedras de aquel lugar por almohada, él poco imaginó que así estaba tomando posesión de la tierra; pero así fue. Él vio en su sueño esa maravillosa escala que une la tierra y el cielo para todos los creyentes verdaderos; y seguramente donde el pie de la escala descansaba, él tenía derecho a la tierra, de otra manera no podía alcanzar la escala divina. Todas las promesas de Dios son en Él, Sí y en Él, Amén; y como Él es nuestro, toda promesa es nuestra, si queremos descansar en ella con fe.
Ven, alma cansada, y toma las palabras del Señor como tu almohada. Acuéstate en paz. Piensa solamente en Él. Jesús es tu escala de luz. Mira los ángeles subiendo y descendiendo sobre Él, entre tu alma y tu Dios: puedes estar seguro de que la promesa es tu porción que Dios te da, y que no robarás si la tomas para ti mismo, antes considérala como hecha especialmente para ti.
FUENTE: Libro de Cheques del Banco de la Fe – Charles H. Spurgeon.
martes, 2 de enero de 2018
ENERO 2
“Y el Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de nuestros pies”. Romanos 16:20.
Esta promesa va bien después de la de ayer. Tenemos claramente que ser semejantes a nuestra Cabeza del Pacto, no tan sólo en haber sido herido Él en su calcañar, sino en su triunfo sobre el maligno. Aun ha de ser herido debajo de nuestros pies el dragón antiguo. Los hermanos en Roma estaban afligidos con contiendas en la iglesia; pero su Dios era “el Dios de paz” y les dio descanso de alma. El enemigo insigne hizo resbalar los pies de los imprudentes y engañó los corazones de los simples: pero tenía que ser vencido y aplastado por los que había turbado. Esta victoria no la alcanzaría el pueblo de Dios por su propia destreza o poder; pero Dios mismo herirá a Satanás. Aunque fuese quebrantado bajo los pies de los creyentes, sin embargo la herida la daría el Señor solamente.
¡Aplastemos valientemente al tentador! No solamente los espíritus inferiores, sino el mismo Príncipe de las tinieblas tiene que caer delante de nosotros. Confiando indubitablemente en Dios, esperemos una victoria inmediata. “Presto”, ¡Palabra bienaventurada! ¡PRESTO pondremos nuestro pie sobre la serpiente antigua! ¡Qué gozo será el de vencer el mal! ¡Qué deshonra para Satanás cuando su cabeza sea herida por pies humanos! Por fe en Jesús, aplastemos al tentador.
FUENTE: Libro de Cheques del Banco de la Fe – Charles H. Spurgeon.
lunes, 1 de enero de 2018
ENERO 1
“Y
enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya;
ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Génesis
3:15.
Esta es la
primera promesa dada al hombre caído. Contiene todo el Evangelio, y es la
esencia del pacto de la gracia.
En grande
medida ha sido cumplida. El Señor Jesucristo, la simiente de la mujer, fue
herido en su calcañar, y ¡qué herida tan terrible fue! ¡Pero cuán terrible será
la herida mortal de la cabeza de la serpiente! Esta fue hecha actualmente
cuando Jesús quitó el pecado, venció la muerte y quebró el poder de Satanás;
pero espera su cumplimiento completo en la Segunda Venida del Señor, y en el
día del juicio. A nosotros la promesa es una profecía de que seremos afligidos
por el poder del mal en nuestra naturaleza baja, y así heridos en nuestro
calcañar; pero triunfaremos en Cristo, que pone su pie sobre la cabeza de la
serpiente antigua. Durante este año tal vez tendremos que experimentar la
primera parte de esta promesa por las tentaciones del diablo, y la crueldad de
los impíos, que son su simiente. Tal vez nos herirán de tal manera que
cojearemos con nuestro calcañar dolorido; pero acojámonos a la segunda parte
del versículo, y así no desmayaremos. Regocijémonos por la fe de que aun hemos
de reinar en Cristo Jesús, la simiente de la mujer.
FUENTE: Libro de
Cheques del Banco de la Fe – Charles H. Spurgeon.
LIBRO DE CHEQUES DEL BANCO DE LA FE – Charles H. Spurgeon
PREFACIO de la Segunda Edición publicada en Argentina por Librería Editorial Cristiana S.R.L. - Septiembre de 1956.
Traducido del inglés por Claudia Chesterman
Una
promesa de Dios puede muy bien compararse a un cheque a la orden de quien lo
recibe. Se ha dado al creyente con la mira de otorgarle algún bien. No se le ha
dado para que la lea tranquilamente, y nada más. No; el creyente debe tratar la
promesa como una cosa real, como un hombre trata un cheque.
Debe tomar a la promesa y poner su firma al pie de ella,
recibiéndola personalmente como verdadera. Debe aceptarla como suya por
la fe. Debe firmar que Dios es verdadero, y verdadero en cuanto a aquella
promesa especial. Debe ir más allá, y creer que la bendición es suya, pues que
tiene la promesa segura de ella, y, por tanto, pone su nombre debajo para testificar
que recibe la bendición.
Hecho esto, debe presentar la promesa al Señor, como
un hombre presenta un cheque en el Banco. Debe invocarla por la oración,
esperando que será cumplida. Si acude al Banco celestial en la fecha debida,
recibirá al punto la cantidad señalada. Si no hubiera llegado todavía la fecha
del pago, deberá esperar pacientemente hasta que llegue; pero, entretanto, debe
considerar la promesa como dinero, porque hay la completa seguridad de que el
Banco pagará en su fecha.
Algunos dejan de poner la firma de la fe en el cheque, y
no obtienen nada; otros ponen la firma, pero no presentan el cheque, y tampoco
reciben nada. No es culpa de la promesa, sino de los que no actúan con ella de
una manera sensata y práctica.
Dios no ha dado palabra que no cumpla, ni alentado
esperanza que no realice. Para ayudar a mis hermanos a creer esto, he preparado
este librito. La vista de las promesas mismas es buena para los ojos de la fe;
cuanto más estudiamos las palabras de gracia, más gracia obtenemos de las
palabras. A los versículos alentadores de las Escrituras he añadido mi propio
testimonio, el fruto de pruebas y experiencias. Creo todas las promesas de
Dios; pero muchas de ellas no sólo las creo, sino que las he probado y
comprobado. He visto que son verdaderas, porque me han sido cumplidas. Esto
espero será alentador para los jóvenes, y no sin solaz para los viejos. La
experiencia de un hombre puede ser de grandísima utilidad para otro; por eso un
hombre de Dios en la antigüedad escribió: “Busqué al Señor, y Él me oyó”; y en
otro lugar: “Este pobre clamó al Señor, y Él lo oyó”.
Quiera el Espíritu Santo, el Consolador, inspirar nueva
fe al pueblo del Señor. Yo sé que, sin su poder divino, todo lo que yo diga
será inútil; pero bajo su influencia vivificadora, aún el testimonio más
humilde corroborará rodillas vacilantes y fortalecerá manos caídas. Dios es
glorificado cuando sus siervos confían en Él implícitamente. No podemos ser
demasiado hijos de nuestro Padre Celestial. Nuestros niños no dudan de nuestra
voluntad o poder, una vez que les hemos hecho una promesa; se gozan esperando
su cumplimiento, dándola por tan segura como el sol que nos alumbra. ¡Ojalá que
muchos lectores míos, a quienes no conozco, descubran el deber y la delicia de
tal confianza filial en Dios al leer el trocito que les he preparado para cada
día del año!
C. H. SPURGEON
domingo, 31 de diciembre de 2017
Diciembre 31. Ayer
"Porque no saldréis
apresurados ni iréis huyendo, porque Jehová irá delante de vosotros, y vuestra retaguardia
será el Dios de Israel", Isaías 52:12
Seguridad del ayer"...Dios restaurará lo pasado", Eclesiastés 3:15
Al terminar el año nos volvemos con gran avidez hacia todo lo que Dios tiene para el futuro. Sin embargo, la ansiedad fácilmente aparece cuando recordamos el pasado. Nuestro gozo actual, el cual depende de la gracia divina, tiende a opacarse por el recuerdo de los pecados y los errores del pasado.
Pero como Dios es el Dios de nuestro ayer, permite que los recordemos para convertir el pasado en un ministerio de desarrollo espiritual para enfrentar el futuro. Él nos recuerda el pasado, para que no tengamos una seguridad superficial en el presente.
Seguridad para el mañana
"...Jehová irá delante de vosotros". Isaías 52:12
Esta es una bondadosa revelación de que Dios hará guardia donde nosotros hemos dejado de hacerlo. Él vigilará para que no caigamos nuevamente en las mismas faltas, como indudablemente sucedería si Él no fuera nuestra retaguardia. La mano de Dios se alarga hasta el pasado para liquidar todas las demandas que existen contra nuestra conciencia.
Seguridad para hoy
"...Porque no saldréis apresurados". Isaías 52:12
Al recibir el nuevo año, no lo hagamos con ese apresuramiento impetuoso de la alegría olvidadiza, ni con la huida de una irreflexión impulsiva, sino con el poder paciente que surge cuando sabemos que el Dios de Israel irá delante de nosotros. El pasado nos muestra daños irreparables. Es cierto que hemos perdido oportunidades que nunca volverán, pero Dios puede transformar esta ansiedad destructiva en una constructiva reflexión para el futuro. Dejemos que el pasado duerma, pero que duerma en el pecho de Cristo.
Abandona el pasado irreversible en las manos de Dios y avanza hacia el irresistible futuro con Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 30 de diciembre de 2017
Diciembre 30. "Y toda la virtud que poseemos"
"...Todas mis fuentes
están en ti", Salmo 87:7
El Señor nunca "remienda" nuestras virtudes naturales. Él vuelve a hacer al hombre por completo en su interior. "...Vestíos del nuevo hombre", Efesios 4:24. En otras palabras, encárgate de vestir a tu vida natural con todo lo que armonice con la nueva vida. La vida que Dios implanta en nosotros desarrolla sus propias virtudes nuevas; no las virtudes de Adán, sino las de Jesucristo. Observa cómo Dios, después de haber comenzado en ti el proceso de la santificación, hará marchitar la confianza en tus virtudes y potencias naturales, hasta que aprendas que tu vida debe nacer de la fuente de la vida, es decir, del Jesús resucitado. ¡Dale gracias al Señor si estás pasando por una experiencia de sequía!
La señal de que Dios está obrando en nosotros es que Él destruye nuestra confianza en las virtudes naturales, porque no son promesas de lo que seremos, sino los residuos que nos recuerdan para qué nos creó Él. Nos apegamos a esas virtudes mientras todo el tiempo Dios ha estado tratando de ponernos en contacto con la vida de Jesucristo, la cual nunca se puede describir en función de las virtudes naturales.
Es muy triste ver a personas que tratan de servir a Dios y que dependen de aquello que la gracia de Dios nunca les dio, pues su dependencia está únicamente en lo que recibieron por herencia natural. Él no toma nuestras virtudes naturales y las transforma, porque de ninguna manera ellas pueden siquiera acercarse a lo que Jesucristo quiere. Ningún amor natural, ninguna paciencia natural, ninguna pureza natural pueden alcanzar la altura de sus demandas. Pero a medida que armonizamos cada partícula de nuestra vida corporal con la vida nueva que Dios nos dio, Él irá manifestando en nosotros las virtudes que caracterizaron al Señor Jesús. Y toda virtud que poseemos es sólo de Él.
viernes, 29 de diciembre de 2017
Diciembre 29. ¿Discípulo o desertor?
"Desde entonces muchos
de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él", Juan 6:66
Cuando Dios, por medio de su Espíritu y a través de su Palabra, te da una visión clara de su voluntad, debes andar en la luz de esa visión. Aunque tu mente y tu alma no se emocionen por ella, si no andas en la luz, caerás a un nivel de servidumbre nunca planeado por el Señor. La desobediencia mental a la visión celestial te volverá un esclavo de ideas y puntos de vista que son completamente ajenos a Jesucristo.
Nunca se te ocurra mirar a otro y decir: "Bueno, si él puede tener esos puntos de vista y prosperar, ¿por qué yo no?" Debes andar en la luz de la visión que se te ha dado a ti. No te compares con los demás ni los juzgues. Eso queda entre ellos y Dios. Si discutes y argumentas cuando te das cuenta de que cierto punto de vista en el cual te has deleitado choca con la visión celestial, surgirá en ti un sentido de propiedad y de derecho personal. A ese sentido Jesucristo no le dio ningún valor y siempre se opuso a él porque lo consideraba la raíz de todo lo que era ajeno a él "...La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee", Lucas 12:15. Si no lo vemos y entendemos así, es porque estamos ignorando los principios fundamentales de las enseñanzas de nuestro Señor.
Somos propensos a recostarnos y regodearnos en el recuerdo de la maravillosa experiencia que tuvimos cuando Dios nos reveló su voluntad. Si hay alguna norma del Nuevo Testamento que la luz de Dios te ha revelado y no te pones a la altura de ella, y ni siquiera te sientes inclinado a hacerlo, comienzas a descarriarte porque significa que nuestra conciencia no responde a la verdad. Nunca podrás ser el mismo después de que una verdad te haya sido revelada. Ese momento te señala como un discípulo de Jesucristo que sigue adelante con mayor devoción, o como un desertor que retrocede.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Diciembre 28. Conversión continua
"...Si no os volvéis y os hacéis como niños", (Mateo 18:3)
Estas palabras del Señor se refieren a nuestra conversión inicial; pero debemos regresar continuamente a Dios como niños, es decir, convertirnos a Él continuamente, todos los días de nuestra vida. Si confiamos en nuestras propias capacidades y no en Dios, originaremos ciertas consecuencias de las cuales Él nos hará responsables. Cuando Dios en su soberanía nos dirige hacia situaciones nuevas, debemos cuidar de que nuestra vida natural se someta a la espiritual, obedeciendo las indicaciones del Espíritu Santo. Que hayamos respondido adecuadamente en el pasado no garantiza que lo repitamos. La relación que existe entre lo natural y lo espiritual es una relación de continua conversión, pero es ahí donde con frecuencia nos negamos a obedecer. El Espíritu de Dios no cambia en ninguna situación que enfrentemos, y su salvación permanece inalterable; pero debemos vestirnos del nuevo hombre (ver Efesios 4:24). Dios nos hace responsables cada vez que rehusamos convertirnos. Él ve nuestra negativa como una obstinada desobediencia. Nuestra vida natural de ninguna manera debe gobernar. Es Dios quien debe ejercer su gobierno en nosotros.
Rehusar la conversión continua es una piedra de tropiezo en el desarrollo de nuestra vida espiritual. En nosotros existen apilamientos de obstinación desde donde el orgullo escupe al trono de Dios, y dice: "No me someteré porque no encuentro esto malo". Convertimos en dioses a nuestra independencia y terquedad y las identificamos con nombres equivocados. Lo que Dios considera como una debilidad obstinada, nosotros lo identificamos como una fortaleza. Hay áreas enteras de nuestra vida que aún no han sido sometidas, lo cual sólo se puede lograr mediante la continua conversión. De una manera lenta, pero segura, podemos reclamar todo el territorio en nosotros para el Espíritu de Dios, sometiéndolo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
Diciembre 27. Donde se gana y se pierde la batalla
"Si te has de volver, Israel, dice Jehová", Jeremías 4:1
Las batallas se pierden o se ganan primero delante de Dios, en los lugares secretos de nuestra voluntad; nunca en el mundo exterior. Como el Espíritu Santo se apodera de mí, me siento obligado a permanecer a solas con Dios peleando la batalla delante de Él. Si no lo hago, perderé todas las veces. La batalla puede durar un minuto o un año. Eso no depende de Dios sino de mí; pero es necesario que luche a solas delante de Él, y debo atravesar con firmeza el infierno de la negación personal. Nada ni nadie tiene poder alguno sobre la persona que ha peleado la batalla delante de Dios y la ha ganado ahí.
Nunca debo decir: "Esperaré hasta que enfrente circunstancias difíciles y luego pondré a Dios a prueba".
Intentar algo así no funciona. Debo resolver la situación entre Él y yo en los lugares secretos de mi alma, donde ningún extraño se entrometa. Entonces, puedo seguir adelante con la certeza de que la batalla se ha ganado. Piérdela y la calamidad, el desastre y la derrota ante el mundo serán tan seguros como las leyes de Dios. La batalla no se gana cuando primero trato de lograr la victoria en el mundo exterior. Permanece a solas con Dios y pelea hasta el final delante de Él. Resuelve el asunto ahí, de una vez por todas.
Lo que debemos hacer al tratar con otras personas, es llevarlas a que ejerzan su voluntad para decidir. Así es como empieza el sometimiento a Dios. De vez en cuando, Él nos conduce hasta un punto decisivo, una gran encrucijada en nuestra vida. A partir de allí optamos por un estilo de vida cristiana cada vez más indolente, perezoso e inútil o nos volvemos más y más fervorosos dando lo máximo de nosotros por lo supremo de Él. Lo mejor de nosotros para su gloria.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 26 de diciembre de 2017
Diciembre 26. Ubicados en la luz
"Pero si andamos en luz, como él está en luz, la sangre de Jesucristo su hijo, nos limpia de todo pecado", 1 Juan 1:7.
Es un gran error confundir la libertad del pecado de la que soy consciente, con la liberación completa del pecado por medio de la expiación de Cristo en la cruz. Ningún hombre sabe lo que es el pecado hasta que nace de nuevo. Fue el pecado lo que Jesucristo enfrentó en el Calvario. La prueba de que Dios me ha liberado de él es que conozco la verdadera naturaleza del pecado en mí. Para que una persona realmente sepa qué es el pecado, necesita la obra completa y el toque profundo de la expiación de Jesucristo, es decir, que su completa perfección le sea impartida.
El Espíritu Santo aplica en nosotros la obra de la expiación tanto en el área del inconsciente profundo, como en el ámbito de lo que estamos conscientes. Sólo cuando logramos comprender el poder sin igual del Espíritu, entendemos el significado de 1 Juan 1:7, "la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado". Este versículo no se refiere sólo al pecado consciente; también a la comprensión inmensamente profunda del pecado que sólo el Espíritu puede producir en mí.
Debo andar en luz como él está en luz. No en la luz de mi propia conciencia, sino en la luz de Dios. Si camino de esta manera, sin retener u ocultar nada, Dios me revela esta asombrosa verdad: la sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado, de tal manera que el Dios Omnipotente no ve nada reprochable en mí. En el nivel consciente esto produce un conocimiento agudo y doloroso de lo que verdaderamente es el pecado. El amor de Dios que obra en mí me hace odiar, con el odio del Espíritu Santo por el pecado, todo aquello que no concuerda con la santidad de Dios. Andar en la luz significa que todo lo que es de las tinieblas me acerca más al centro de la luz.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 25 de diciembre de 2017
Diciembre 25. Su nacimiento y nuestro nuevo nacimiento
"Una virgen concebirá y
dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel", Mateo 1:23.
JSu nacimiento en mí. "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros", Gálatas 4:19.

Así como nuestro Señor entró en la historia humana desde afuera, también debe entrar en mí desde afuera. ¿He permitido que mi vida sea una aldea de "Belén" para el Hijo de Dios? No puedo entrar en el ámbito del reino de Dios, a menos que haya nacido de arriba mediante un nacimiento totalmente diferente al físico. "Os es necesario nacer de nuevo", Juan 3:7. Este no es un mandamiento, sino un hecho que se fundamenta en la autoridad de Dios. La característica del nuevo nacimiento es que me rindo a Dios de una manera tan plena que Cristo se forma en mí. Tan pronto esto ocurre, su naturaleza empieza a actuar a través de mí.
Dios manifestado en carne. Esto es totalmente posible para ti y para mí por medio de la redención del hombre a través de Jesucristo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Diciembre 24. La vida escondida
"...Vuestra vida está
escondida con Cristo en Dios", Colosenses 3:3
El Espíritu de Dios da testimonio de la sencilla y omnipotente seguridad de la vida escondida con Cristo en Dios. Pablo la recalca continuamente en sus epístolas. Y nosotros hablamos como si vivir la vida santificada fuera lo más incierto e inseguro. Por el contrario, es lo más seguro que pudiéramos hacer, porque tiene al Dios Todopoderoso en ella y tras ella. Lo más peligroso e inseguro es tratar de vivir sin Él. Si hemos nacido de nuevo es más fácil vivir en comunión con Dios, que descarriarse. Sólo es necesario prestarles atención a las advertencias de Dios: "...si andamos en luz", (1 Juan 1:7).
Cuando pensamos en ser liberados del pecado, en ser llenos del Espíritu y andar en la luz, imaginamos la cumbre de una gran montaña. Pero como la vemos muy alta y maravillosa, decimos: "¡Oh, yo nunca podría vivir allá arriba!" No obstante, cuando por la gracia de Dios llegamos hasta esa cima, observamos que no es la cumbre de una montaña, sino una altiplanicie donde hay espacio suficiente para vivir y crecer.
"Ensanchaste mis pasos debajo de mí y mis pies no han resbalado", Salmo 18:36.
Te desafío a dudar de Jesús, cuando realmente lo veas. Te desafío a preocuparte, si ves que Jesús te dice: “No se turbe vuestro corazón”, (ver Juan 14:27). Es virtualmente imposible dudar cuando Él está ahí. Cada vez que entras en contacto personal con Jesús, sus palabras son reales para ti. “Mi paz os doy”. Una paz que produce una confianza espontánea y te cubre completamente desde la coronilla hasta la planta de los pies.
“Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. La paz imperturbable de Jesucristo te ha sido dada.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 23 de diciembre de 2017
Diciembre 23. ¿Cómo puedo participar de la expiación?
"Pero lejos esté de mí
gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo", Gálatas 6:14
El Evangelio de Jesucristo siempre obliga a una decisión de nuestra voluntad. ¿Acepto el veredicto de Dios acerca del pecado, es decir, que fue juzgado en la cruz de Cristo? ¿Tengo siquiera el más mínimo interés en la muerte de Jesús? ¿Deseo identificarme con su muerte, es decir, morir completamente a todo interés pecaminoso y a la mundanalidad? ¿Anhelo identificarme de tal manera con Jesús que todo lo demás no tenga ningún valor, únicamente Él y sus propósitos? El gran privilegio del discipulado es que puedo alistarme bajo la bandera de su cruz, lo cual significa morir al pecado. Vete a solas con Jesús y dile que cueste lo que cueste quieres identificarte con su muerte. O dile que tu no quieres morir al pecado. Tan pronto actúes por fe, confiando en lo que el Señor hizo en la cruz, ocurrirá una identificación sobrenatural con su muerte; y sabrás, con un conocimiento que sobrepasa todo entendimiento, que tu viejo hombre está crucificado con Él. La prueba de esta crucifixión es la asombrosa facilidad con que ahora la vida de Dios te capacita para obedecer la voz de Jesucristo.
De vez en cuando el Señor nos permite ver lo que seríamos si no fuera por Él. Es una confirmación de sus palabras: Separados de mí, nada podéis hacer (Juan 15:5). Por esta razón, la base del cristianismo es una devoción personal y apasionada al Señor Jesús. Confundimos el gozo de ser introducidos en el reino de Dios con su propósito para que entráramos en él. Este propósito es que comprendamos todo lo que significa la identificación con Jesucristo.
viernes, 22 de diciembre de 2017
Diciembre 22. La atracción del Padre
"Nadie puede venir a
mi, si el Padre, que me envió, no lo atrae", Juan 6:44
Cuando Dios comienza a atraerme, inmediatamente surge el problema de mi voluntad. ¿Reaccionaré positivamente ante la verdad que Dios ha revelado? ¿Me acercaré a Él? Debatir los asuntos espirituales es un irrespeto. Nunca hables con nadie para decidir cuál debe ser tu respuesta (ver Gálatas 1:15-16). La fe no es un acto intelectual, sino un acto de mi voluntad por medio del cual me someto al Señor de manera deliberada. Pero, ¿me pondré por completo a las órdenes de Dios y actuaré de acuerdo con lo que Él dice?
Si lo hago, descubriré que estoy fundamentado en la verdad que es tan segura como el trono de Dios.
Siempre que prediques el Evangelio, enfócate en el tema de la voluntad. La fe implica la decisión de creer. Debe haber una rendición de la voluntad, y no una rendición a un argumento persuasivo o poderoso. Me arrojo voluntariamente hacia Dios y su Palabra, hasta que ya no confío más en mis obras.
Sólo confío en Él. Confiar en mi comprensión mental se convierte en un obstáculo para confiar totalmente en Dios. Debo estar dispuesto a ignorar y a dejar atrás mis sentimientos. Debo desear creer, lo cual sólo podrá ocurrir mediante un esfuerzo decidido de mi parte para separarme de mi vieja manera de considerar las cosas, entregándome por completo a Él.
Todos hemos sido creados con la habilidad de ir más allá de lo que tenemos a nuestro alcance. Pero Dios es el que me atrae, y mi relación con Él en primer lugar es personal, no intelectual. Soy puesto en esta relación por el milagro de Dios y mi propia voluntad para creer. Luego empiezo a comprender la maravillosa transformación de mi vida y a reconocerla de manera inteligente.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
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