Versículo para hoy:

lunes, 11 de diciembre de 2017

A LA MEDIDA - Jerry Bridges

Me alegro que el apóstol Pablo escribió que aprendió a estar contento (Filipenses 4:11). Esta gracia del carácter Cristiano por cierto, no ha llegado naturalmente a mí. Un día estaba al frente del espejo del dormitorio y conté siete distintas cosas “erróneas” con mi cuerpo – cosas sobre las que a menudo murmuraba y me preocupaban. Algunas no eran más que estéticas, afectando sólo mi apariencia, como la calvicie que había tenido desde que cumplí veinticinco.
Una serie de cosas que eran (y siguen siendo) “erróneas” eran funcionales, sobre las cuales había sido mucho más difícil de contentarse. Aún puedo recordar tratando de jugar béisbol como un muchacho de la escuela primaria. No podía ni batear ni atrapar bien porque no podía darme cuenta dónde estaba la pelota, o calcular cuan veloz venía la pelota hacia mí. No lo supe hasta años más tarde que mi incapacidad para jugar béisbol fue debido a que tenía visión monocular – la incapacidad de enfocar más de un ojo a la vez. Una percepción profunda que es normal para muchas personas está basada en visión binocular – la habilidad para enfocarse en ambos ojos juntos para calcular la distancia adecuada.

Mi otro desperfecto funcional, es una pérdida total de audición en un oído. Esto es a menudo embarazoso cuando la gente me habla y no los escucho, pareciendo que los ignorara, o cuando estoy en un entorno social intentando conversar con alguien en el lado de mi oído sordo. Nuestro sentido de dirección de sonido viene por la diferencia de milisegundos que el sonido alcanza a nuestros oídos en ambos lados de nuestra cabeza. Sólo con un oído funcionando, no tengo dirección de sonido. Por ejemplo, cuando mi esposa me llama desde algún lugar en la casa, a menudo tengo que preguntar, “¿Dónde estás?”

Me doy cuenta que mis desperfectos físicos son, en lo peor, sólo inconveniencias comparadas con discapacidades serias, tal como ceguera total, sordera o parálisis. Sin embargo, en años anteriores, a menudo causaban en mí un descontento. En realidad, ese día que me paré frente al espejo y conté esas siete cosas erróneas, estaba más que descontento. Estaba luchando con el síndrome “¿Por qué yo?”.

¿Cómo he aprendido a estar contento bajo estas circunstancias? De la misma manera que alguien con más o menos desperfectos podría: enfocándose en la maravillosa verdad que Dios me hizo tal como soy. Salmos 139:13 (LBLA) dice: “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre.” La Biblia enseña que Dios nos hizo a cada uno de nosotros tal como somos. Esto no ignora las realidades de herencia genética y procesos biológicos. Significa que Dios maneja tan bien esos factores que la Biblia puede decir con precisión que Dios nos diseño a todos únicamente en los vientres de nuestras madres.

Tuve que aprender que físicamente soy la forma que soy porque el Dios soberano quien me amó y envió su Hijo para morir por mí me hizo tal como soy – completo con todos mis problemas funcionales y de apariencia. "Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho." (Salmo 139:14). Mis características físicas – verrugas y todo – son el resultado de una cuidadosa, íntima, detallada, creativa obra de Dios.

Esto me lleva a otra verdad que me ayudó a aprender a contentarme. Dios no sólo me hizo en el vientre de mi madre, Él también planeó mis días. Salmos 139:16 dice: “en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” Dios nos creó de una forma única a cada uno de nosotros para cumplir el plan que Él tiene para nosotros. Este plan abarca no sólo Su creación original para nosotros, pero también el entorno social y familiar en el cual nacemos.

Nací en una familia de bajos ingresos y estatus social. Mis padres abandonaron la escuela alrededor del octavo grado para trabajar en sus respectivas granjas familiares. Casi no tuvieron educación o ventajas culturales que ofrecerme. Solía tener envidia de otros que tenían esas ventajas. Fue a través del abrazar la verdad que Dios en Su infinita sabiduría y amor había ordenado el camino de la vida para mí, que aprendí a estar contento.

El plan de Dios no sólo incluye la situación social y económica en que hemos nacido, sino también todos los “altibajos” de la vida – todas las oportunidades aparentes u ocurrencias aleatorias y todos los giros de eventos inesperados, ambos “buenos” y “malos”, que ocurren en la vida. Todas estas situaciones y circunstancias, aunque puedan parecer como casualidades para nosotros, son parte del plan de Dios para nuestras vidas.

Cuando mi primera esposa estaba muriendo de cáncer, periódicamente entraba en “momentos de depresión”. Un día, en el medio de uno de estos, decidí hacer una lista de todas las cosas significantemente “malas” que me habían sucedido en la vida (así como la muerte de mi madre cuando sólo tenía catorce). Para ser justo, en el lado derecho de la página, hice una lista de todas las cosas significantemente “buenas”. No te sorprendería saber que la lista de cosas “malas” era casi alrededor del doble que la lista de las “buenas”. En el mundo caído en el que vivimos, sospecho que es algo típico. Luego, con Romanos 8:28 en la mente, escribí al final de aquella página, “Y Dios ha hecho todas estas cosas (tanto lo bueno como lo malo) para trabajar juntos por mi bien.” Algunas de aquellas supuestas cosas “malas” me habían molestado por años. Pero aquel día Dios me dio un sentido de contentamiento sobre ellas.

Luego hay el área del llamado. Aunque estudié ingeniería en la universidad, después de graduarme empecé a pensar que Dios quería que sea un misionero extranjero. Sin embargo, nunca llegué a ser misionero. En lugar de aquello llegué a ser un administrador en una organización de misiones. Al principio, pensé en la administración como un intermedio temporal en el camino hacia el campo misionero. Luego un día tuve que enfrentar la verdad que Dios me había dado el don para la administración, y aquello era para lo que me había llamado a hacer. ¿Cómo aprendí a contentarme con aquello en esa ocasión? Acepté la verdad que Dios pone a cada uno de nosotros en el cuerpo de Cristo como a Él le place. (Véase 1 Corintios 12:18).

Sin duda puedo detectar una misma línea corriendo a través de todas mis experiencias de aprendizaje para estar contento: una creencia fuerte en el gobierno sabio y soberano de Dios en todas las circunstancias de mi vida. Hay otra verdad bíblica, aunque es tan importante para mí: el darme cuenta que todo lo que soy y todo lo que tengo es por la gracia de Dios. No he recibido lo que merezco, específicamente, la condenación e ira de Dios, sino, he recibido lo que no merezco: el perdón de mis pecados, el regalo de la vida eterna y todas las bendiciones de esta vida. Creo que estas dos verdades fundamentales – la soberanía y gracia de Dios – me han ayudado para aprender a estar contento.

Incluso el conocimiento de estas verdades maravillosas, con todo, no pueden por sí mismas hacernos contentos. La famosa declaración de Pablo en Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, fue escrita en el contexto de su aprendizaje de contentamiento. Tuve que aprender, como Pablo lo hizo, a pesar de cuan difíciles y frustrantes sean mis circunstancias, la capacidad divina de Cristo a través del Espíritu Santo está disponible para ayudarme a estar contento. Ese contentamiento, por cierto, es un término relativo cuando es usado en mí. No siempre estoy contento, ni pienso que estoy perfectamente contento. Pero vengo de un largo camino aprendiendo a estar contento. Por esto agradezco a Dios.

Fuente: © Ligonier Ministries Traducción: Gospel Translations por Gerhard Arnsdorff Y Marcelo Del Castillo.

Un Salmo de navidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 11. La individualidad

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: -Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo", (Mateo 16:24).
La individualidad es la envoltura de la vida personal. La individualidad se abre paso a los codazos, separando y aislando. Ésta es la característica primordial de un niño, y con razón. Cuando la confundimos con la vida personal, quedamos aislados. La individualidad como un caparazón, es la protección natural creada por Dios para la vida personal. Pero, para que esa vida personal pueda surgir y llegar a la comunión con Él, nuestra individualidad debe desaparecer. La individualidad falsifica la personalidad, así como la lujuria falsifica el amor. Dios diseñó la naturaleza humana para Él mismo, pero la individualidad la corrompe y la desvía hacia sus propios propósitos.
La individualidad se caracteriza por la independencia y la obstinación. Es su continua afirmación lo que, más que cualquier otra cosa, estorba nuestro desarrollo espiritual. Si dices: "No puedo creer", es porque tu individualidad está bloqueando la vía. Ella nunca puede creer. Pero, nuestra personalidad no puede dejar de creer. Obsérvate cuidadosamente cuando el Espíritu de Dios esté obrando en ti. Él te empuja hasta el límite de tu individualidad donde es necesario escoger entre decir: "No lo voy a hacer", o someterte para romper el caparazón de la individualidad y dejar que emerja la vida personal. El Espíritu Santo la va reduciendo poco a poco a un solo punto (ver Mateo 5:23-24). Es tu individualidad la que no quiere reconciliarse con tu hermano. Dios quiere llevarte a tener comunión con Él, pero si no estás dispuesto a ceder el derecho sobre ti mismo, Él no lo hará. Niéguese a si mismo: Cuando niegas tu derecho a la independencia, la vida real tiene la oportunidad de crecer.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Diciembre 10. La ofrenda de lo natural

"Pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre", (Gálatas 4:22)
En este capítulo de Gálatas Pablo no estaba hablando del pecado, sino de la relación entre lo natural y lo espiritual. Lo natural solo se puede volver espiritual mediante el sacrificio, de otra forma la persona vivirá de manera dividida. ¿Por qué ordenó Dios que lo natural se sacrifique? Él no lo ordenó. No es su voluntad perfecta, sino su voluntad permisiva. Su voluntad perfecta es que lo natural se vuelva espiritual por la obediencia. Es el pecado el que ha hecho necesario que lo natural se sacrifique.
Abraham tuvo que ofrecer primero a Ismael que a Isaac (ver Génesis 21:8-14). Algunos de nosotros estamos tratando de ofrecerle a Dios sacrificios espirituales, antes de haber sacrificado lo natural. La única forma de ofrecerle a Él un sacrificio espiritual es presentando nuestros cuerpos como un sacrificio vivo. La santificación es más que ser liberados del pecado. Implica rendirme deliberadamente al Dios de mi salvación, cueste lo que costare.
Si no sacrificamos lo natural por lo espiritual, la vida natural se opondrá y desafiará a la vida del Hijo de Dios en nosotros produciendo confusión permanente. Este es siempre el resultado de una naturaleza espiritual indisciplinada. Nos descarriamos porque rehusamos con obstinación disciplinarnos, física, moral, o mentalmente. Y luego nos disculpamos, diciendo: "Bueno, no me enseñaron disciplina cuando era niño". ¡Entonces disciplínate ahora! Si no lo haces, arruinarás toda tu relación personal con el Señor. Mientras sigamos mimando y premiando a nuestra vida natural, Dios se involucrará activamente en ella.
Pero cuando estemos dispuestos y resueltos a sacarla al desierto y a mantenerla sometida, su presencia es en nuestra vida natural y Él hará surgir pozos y oasis en cumplimiento de todas sus promesas para lo natural (ver Génesis 21:15-19).

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Diciembre 9. La ofensa de lo natural

"Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos", (Gálatas 5:24).
La vida natural no es pecaminosa. Pero debemos abandonar el pecado y no tener absolutamente nada que ver con él. El pecado pertenece al diablo y al infierno. Yo, como un hijo de Dios, pertenezco al cielo y al Señor. El punto no es renunciar al pecado, sino al derecho sobre mí mismo, a mi independencia natural y a mi voluntad. Es aquí donde la batalla se debe librar. Lo que nos impide ser lo mejor de Dios es lo recto, bueno y noble, desde el punto de vista natural. Cuando comprendemos que la excelencia moral natural es contraria a la sumisión a Dios, ponemos a nuestra alma en el centro de su más recia batalla. Muy pocos de nosotros controvertimos lo que es sucio, malo y erróneo, pero sí lo que es bueno. Lo bueno es enemigo de lo mejor, y cuanto más alto asciendes en la escala de la excelencia moral, tanto más intensa es la oposición a Jesucristo. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne. No solamente te costará algo de tu vida natural, sino todo. Jesús dijo: "...Si alguien quiere venir en pos de mi; niéguese a sí mismo", (Mateo 16:24), es decir, antes de hacerlo debes negarte al derecho sobre ti mismo y comprender quién es Jesucristo. No rehúses asistir al funeral de tu propia independencia.
La vida natural no es espiritual, y solamente se vuelve espiritual por medio del sacrificio. Si no sacrificamos a propósito lo natural, lo sobrenatural nunca será natural. No lo conseguimos con facilidad, pero cada uno de nosotros tiene en sus manos todos los medios para alcanzarlo. No es cuestión de orar, sino de poner en práctica.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Movido por el Espíritu - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 8. El poder imparcial de Dios

"Y así, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados ", (Hebreos 10:14).
Si creemos que Dios nos perdona porque sentimos dolor por nuestros pecados, pisoteamos la sangre del Hijo de Dios. La muerte de Jesucristo es la única razón para que Dios perdone los pecados, y para la insondable profundidad que hay en el hecho de que no los recuerda. El arrepentimiento es solamente el resultado de nuestra comprensión personal de la expiación que Él llevó a cabo por nosotros.
"... Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención", 1 Corintios 1:30. Cuando entendemos que Él se hizo todo esto por nosotros, entonces comenzamos a disfrutar del gozo ilimitado de Dios. Dondequiera que no esté presente su gozo, está operando la sentencia de muerte.
Sin importar quiénes o qué seamos, Dios nos restaura a la posición correcta con Él únicamente por la muerte de Jesucristo. Él no lo hace porque su Hijo aboga por nosotros, sino porque murió. Es algo que no se gana, sino que se acepta. Ninguna súplica o ruego que deliberadamente ignore la cruz de Cristo tiene valor, pues está golpeando en una puerta diferente a la que Jesús ya abrió. Protestamos diciendo: "Pero no quiero acercarme de esa manera, es demasiado humillante ser recibido como pecador". La respuesta de Dios, a través de Pedro, es: "...No hay otro nombre... en que podamos ser salvos", Hechos 4:12. La aparente crueldad de Dios es precisamente la expresión real de su corazón. Existe una entrada ilimitada en su camino. "En Él tenemos redención por su sangre..." Efesios 1:7. Identificarnos con la muerte de Jesucristo significa que debemos morir a todo lo que nunca hizo parte de Él.
Dios es justo al salvar a gente mala, únicamente por el hecho de que la vuelve buena. El Señor no pretende que estamos bien, cuando estamos del todo mal. La expiación de Cristo en la cruz es la propiciación que Dios usa para hacer de los impíos personas santas.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Anhelo satisfecho - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 7.Arrepentimiento

"La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación", 
(2 Corintios 7:10)
Mi convicción de pecado se expresa mejor en las palabras: "Mis pecados, mis pecados, oh Salvador mío, cuán tristemente caen sobre ti".
La convicción de pecado es una de las experiencias más raras en una persona, y es el umbral del entendimiento de Dios. Jesucristo dijo que cuando el Espíritu Santo viniera, convencería a la gente de pecado (ver Juan 16:8). Cuando el Espíritu despierta la conciencia de una persona y la lleva a la presencia de Dios, a ella no le preocupa la relación con los demás, sino la relación con Él: "Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos"... (Salmo 51:4). Las maravillas de la convicción de pecado, el perdón y la santidad están tan estrechamente relacionadas, que sólo es santa la persona que verdaderamente ha sido perdonada. Tú pruebas que fuiste perdonado debido a que por la gracia de Dios te opones completamente a lo que eres. El arrepentimiento siempre lleva a la persona a este punto: "He pecado". La evidencia más segura de que Dios está obrando en su vida es cuando dice estas palabras en serio. Algo menos que esto es remordimiento por haber cometido torpezas, un acto reflejo causado por el disgusto con uno mismo.
La entrada al reino de Dios se logra a través de los agudos dolores del arrepentimiento que golpean la respetable bondad del hombre. Luego el Espíritu Santo, quien es el que produce esta agonía, empieza la formación del Hijo de Dios en la vida de la persona (ver Gálatas 4:19). Esta nueva vida se manifiesta por un arrepentimiento consciente, seguido de una santidad inconsciente, y nunca al contrario. La base del cristianismo es el arrepentimiento. En sentido estricto, una persona no puede arrepentirse cuando quiera.
El arrepentimiento es un don de Dios. Los antiguos puritanos acostumbraban orar por el "don de las lágrimas". Si alguna vez dejas de comprender el valor del arrepentimiento, tolerarás la permanencia en el pecado. Examínate y ve si has olvidado cómo vivir verdaderamente arrepentido.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Esperando ser consolados - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 6. El arco en las nubes

"Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal de mi pacto con la tierra", (Génesis 9:13)
Es la voluntad de Dios que los seres humanos establezcan una relación correcta con Él, y sus pactos tienen ese propósito. ¿Por qué no me salva Dios? Él me ha salvado, pero aún no he entablado una relación con Él. ¿Por qué no hace Dios esto y aquello? Lo ha hecho. El asunto es: ¿Entraré en la relación de ese pacto? Todas sus grandes bendiciones han sido consumadas y están completas, pero me pertenecen a partir del momento en que establezco una relación con Él fundamentada en su pacto.
Esperar que Dios obre es incredulidad, carnalidad. Significa que no tengo fe en Él y espero que haga algo en mí para que yo pueda confiar en eso. Pero Él no lo hará, porque esa no es la base de su relación con el hombre. En su pacto con Dios, el hombre debe ir más allá de la parte física y de los sentimientos, así como Él va más allá de sí mismo para alcanzar al hombre con su pacto. Es cuestión de fe en Dios, algo muy raro.
Tenemos fe solamente en nuestros sentimientos. No le creo a Dios hasta que pone algo tangible en mi mano; y entonces, al saber que ya lo tengo, digo: "Ahora creo”. Aquí no hay ninguna fe. Dios dice: "¡Mirad a mí y sed salvos!..." (Isaías 45:22).
Cuando realmente hago un compromiso con Dios sobre la base de su pacto y me rindo por completo, no hay ninguna conciencia de méritos personales. No existe en ello absolutamente ningún ingrediente humano, sino la abrumadora conciencia de ser llevado a la unión con Dios. Así, mi vida se transforma e irradia paz y gozo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 5 de diciembre de 2017

Un legado de dedicación - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 5. El templo del Espíritu Santo

"...Solamente en el trono seré yo mayor que tú", (Génesis 41:40)
Debo rendirle cuentas a Dios por la manera como gobierno mi cuerpo bajo su autoridad. Pablo dijo: No desecho la gracia de Dios", es decir, no la anulo y la dejo sin ningún efecto (Gálatas 2:21). La gracia de Él es absoluta e ilimitada; y la obra de salvación por medio de Jesús está completa y fue consumada para siempre. No estoy siendo salvo; soy salvo. La salvación es tan eterna como el trono de Dios, pero debo poner en práctica lo que Dios me ha impartido. "Ocuparme en mi salvación" significa que soy responsable de utilizar lo que Él me ha dado. Significa también que debo manifestar la vida del Señor en mi propio cuerpo, no de manera misteriosa o secreta, sino abierta y vigorosamente "...Golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre..." (1 Corintios 9:27). Todo cristiano puede tener a su cuerpo bajo absoluto control para Dios. Él nos ha dado la responsabilidad de gobernar sobre todo el templo del Espíritu Santo, incluidos nuestros pensamientos y deseos. Somos responsables por esto, y nunca debemos darle cabida a las pasiones desordenadas. Pero la mayoría de nosotros somos mucho más severos juzgando a los demás que juzgándonos a nosotros mismos. Disculpamos ciertos comportamientos en nuestra vida, mientras que condenamos otros simplemente porque no sentimos la inclinación natural de practicarlos.
Os ruego, dijo Pablo, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo (Romanos 12:1). Lo que debo decidir es si estaré de acuerdo con mi Señor y Maestro en que mi cuerpo sea su templo. Si es así, entonces todas las leyes, normas y requisitos de la ley para el cuerpo se resumen en la siguiente verdad revelada: Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Una dedicación muy especial - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 4. La ley de la oposición

"...al vencedor...", (Apocalipsis 2:7)
Sin la guerra la vida es imposible, tanto en el reino natural como en el sobrenatural. Es un hecho, que existe una lucha continua en las áreas física, mental, moral y espiritual de nuestras vidas.
La salud surge del equilibrio entre las partes físicas de mi cuerpo y todas las circunstancias y fuerzas que me rodean. Mantengo buena salud cuando poseo la suficiente fortaleza interior para enfrentar las situaciones externas. Todo lo que está fuera de mi vida física tiene el propósito de aniquilarme. Los mismos elementos que me sostienen cuando estoy vivo, obran para descomponer y desintegrar mi cuerpo cuando muero. Si tengo suficiente fortaleza interior para luchar, produzco el equilibrio que exige la buena salud. En la vida mental esto también es cierto. Si quiero sostener una vida mental fuerte y activa, debo combatir. Esta lucha produce el equilibrio mental denominado pensamiento.
En el área moral sucede lo mismo. Todo lo que moralmente no me fortalece es un enemigo de la virtud en mí. Del nivel de la excelencia moral en mi vida depende que yo pueda vencer y producir la virtud.
Debemos luchar para ser rectos. La moralidad no se produce por accidente; las virtudes morales se adquieren.
En el ámbito espiritual ocurre lo mismo. Jesús dijo: "...En el mundo tendréis aflicción"... (Juan 16:33).
Esto significa que todo lo que no es espiritual, me arruina. Jesús continuó diciendo: "...Pero confiad, yo he vencido al mundo. Debo aprender a desechar lo que se me opone, y de esta manera producir el equilibrio de la santidad. Entonces, enfrentar la oposición se convierte en un gozo.
La santidad es el equilibrio entre mi naturaleza y la ley de Dios, como se expresó en Jesucristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Diciembre 3. No por el poder ni por la fuerza

"... Y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder...",
(1 Corintios 2:4).
Si al predicar las Buenas Nuevas reemplazas la confianza en el poder del Evangelio con tu conocimiento del camino de la salvación, impides que la gente reciba la verdad. Debes encargarte de que mientras proclames tu conocimiento acerca del camino de la salvación, tú mismo estés fundamentado y arraigado en la fe en Dios. Nunca confíes en la claridad de tu exposición, pero al presentarla, asegúrate de que estás confiando en el Espíritu Santo. Pon tu confianza en la seguridad del poder redentor de Dios, y Él creará su propia vida en la gente.
Cuando estás arraigado en la verdad, nada te puede sacudir. Si tu fe se basa en las experiencias, cualquier suceso puede trastornarla. Pero nada podrá jamás trastornar a Dios o a la verdad de la redención.
Fundamenta tu fe en este hecho, y estarás tan eternamente seguro como Dios mismo. Cuando tienes una relación personal con Jesucristo, nunca más podrás ser desplazado de tu lugar. Ese es el significado de la santificación. Dios desaprueba los esfuerzos humanos cuando empezamos a aceptar el concepto de que la santificación es solamente una experiencia y olvidamos que la misma santificación debe ser santificada (ver Juan 17:19) Debo rendir deliberadamente mi vida santificada a Dios, para que Él la utilice como sus manos y sus pies.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Diciembre 2. Perfección cristiana

"No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto"...(Filipenses 3:12)
Es una trampa imaginar que Dios quiere volvernos ejemplares perfectos de lo que Él puede lograr. Su propósito es hacernos uno con Él. El énfasis de los movimientos de santidad suele estar en la idea de que Dios está produciendo modelos de santidad para colocarlos en su museo. Si te dejas llevar por esta idea de santidad personal, el propósito decisivo de tu vida no será para Dios, sino para lo que llamas la evidencia de Dios en tu vida. ¿Cómo podemos decir: "Nunca podrá ser la voluntad de Dios que yo esté enfermo"?
Si su voluntad fue quebrantar y herir a su propio Hijo, ¿por qué no haría lo mismo contigo? Lo que cuenta para Él no es tu relativa coherencia con tus ideas de lo que debería ser un santo, sino tu vital y genuina relación con Jesucristo, y tu ilimitada devoción a Él, ya sea que estés sano o enfermo.
La perfección cristiana no es, y nunca podrá ser, la perfección humana, sino la perfección de la relación con Dios que se manifiesta en medio de los acontecimientos aparentemente triviales de la vida humana.
Cuando obedeces el llamamiento de Jesucristo, lo primero que te impresiona es la "inutilidad" de lo que tienes que hacer, y lo segundo es que otras personas parecen estar viviendo vidas perfectamente coherentes. Estos estilos de vida pueden dejar en ti la idea de que Dios es innecesario, que por tu propio esfuerzo y devoción puedes alcanzar el nivel que Él quiere para tu vida. En un mundo caído, esto nunca puede lograrse. Soy llamado a vivir una relación perfecta con Dios, y así mi vida debe producir un gran deseo de Dios en la vida de otras personas; pero de ninguna manera admiración por mí. Los pensamientos sobre mí estorban mi utilidad para Dios. Su propósito no es perfeccionarme para que sea un trofeo de exposición, sino llevarme al punto donde me pueda usar. Deja que Él haga lo que quiera.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Purificación - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Diciembre 1. La Ley y el evangelio

"Porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos", (Santiago 2:10).
La ley moral no considera nuestras debilidades como seres humanos. De hecho, no tiene en cuenta nuestra herencia pecaminosa ni nuestras flaquezas, pero sí exige que seamos completamente rectos. La ley moral nunca cambia, ni por lo más noble del hombre ni por lo más débil. Es permanente y eternamente la misma. La ley moral que Dios ha ordenado no se vuelve débil para el débil, disculpando sus faltas; permanece intacta por todo el tiempo y la eternidad. Si no la percibimos así, es porque estamos más muertos que vivos. Sin embargo, en el momento en que lo entendemos nuestra vida se vuelve una tragedia. «Y yo sin la Ley vivía en un tiempo; pero al venir el mandamiento, el pecado revivió y yo morí» (Romanos 7:9). Cuando comprendemos esta verdad, el Espíritu de Dios nos convence de pecado. Mientras la persona no llegue a este punto y vea que no hay esperanza, la cruz de Jesucristo es una farsa para ella. La convicción de pecado siempre produce una conciencia terrible de la obligatoriedad de la ley y hace que el hombre pierda las esperanzas o quede vendido al pecado (ver Romanos 7:14). Yo, como pecador culpable, jamás puedo justificarme ante Dios; es imposible. La única forma de lograrlo es por la muerte de Jesucristo. Tengo que deshacerme de la idea de que gracias a mi obediencia puedo estar bien con Dios. ¡Quién de nosotros podría alguna vez obedecerlo hasta la absoluta perfección!
Nosotros sólo nos damos cuenta del poder de la ley moral cuando vemos que tiene una condición y una promesa. Pero Dios nunca nos obliga. Algunas veces quisiéramos que nos obligara a ser obedientes y otras que nos dejara tranquilos. Siempre que la voluntad de Dios prevalece, Él quita todas las presiones, y cuando deliberadamente elegimos obedecerlo, no escatima la estrella más remota y da hasta el último grano de arena para que nos ayuden con toda la omnipotencia de Él.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

La humildad de Cristo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Noviembre 30. Por la gracia de Dios soy lo que soy

"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano para conmigo", 1 Corintios 15:10
Para el Creador es un insulto la manera como hablamos continuamente de nuestras incapacidades. Quejarnos de nuestra incompetencia es una acusación falsa contra Dios, por no habernos tenido en cuenta.
Acostúmbrate a examinar desde la perspectiva divina las circunstancias que les parecen humildes a los hombres y quedarás atónito por lo sorprendentemente inadecuadas e irrespetuosas que son para Dios.
"Oh, yo no debería decir que he sido santificado. No soy santo". Decir eso delante de Él significa: "No, Señor, es imposible para ti salvarme y santificarme; hay oportunidades que no he tenido y son muchas las imperfecciones en mi cerebro y mi cuerpo. No, Señor, no es posible". Eso le podrá sonar maravillosamente humilde a los hombres, pero ante los ojos de Dios es una actitud desafiante.
Por otro lado, lo que a Dios le parece humilde, para los hombres puede ser exactamente lo contrario.
Decir: "Gracias Señor, porque sé que soy salvo y santificado", es la más pura expresión de humildad.
Significa que te has rendido a Dios de una forma tan completa que sabes que Él es fiel y verdadero.
Nunca te preocupes por saber si lo que dices suena humilde o no ante los demás. Pero siempre sé humilde ante Dios y deja que Él sea tú todo en todo.
La única relación personal importante es la que tienes con tu redentor y Señor personal. Deja que todo lo demás se vaya, pero mantén esta relación, cueste lo que cueste y Dios cumplirá su propósito a través de ti.
Tu vida particular puede ser de incalculable valor para los propósitos divinos.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Completamente hombre, completamente Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Noviembre 29.El carácter absoluto de Jesucristo

"Él me glorificará...", Juan 16:14
Los movimientos de santidad actuales carecen totalmente de la dura realidad del Nuevo Testamento. No hay nada en ellos que necesite la muerte de Jesucristo; todo lo que se requiere es una atmósfera piadosa de oración y devoción. Esta clase de experiencia no es sobrenatural ni milagrosa; no le costó a Dios su sufrimiento; no está teñida con la sangre del Cordero ni marcada con el sello del Espíritu Santo. No tiene esa marca que las personas ven con reverencia y asombro y las lleva a decir: "¡Esta es la obra del Dios Omnipotente!" Sin embargo, el Nuevo Testamento se ocupa solamente de la obra de Dios y de nada más.
El ejemplo de la experiencia cristiana en el Nuevo Testamento es de devoción personal y apasionada por Jesucristo. Todas las demás clases de supuestas experiencias cristianas están desligadas de Él. En ellas no se produce la regeneración, el nuevo nacimiento en el reino donde vive Cristo. Sólo cuentan con la idea de que Él es nuestro modelo. En el Nuevo Testamento, Jesucristo es el Salvador mucho antes de ser el modelo. A Jesús se le describe hoy como la figura simbólica de una religión, sólo como un ejemplo. Él es todo eso, pero infinitamente mucho más. Él es la salvación en persona. ¡Él es el Evangelio de Dios!
Jesús dijo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad...me glorificará...", Juan 16:13-14. Cuando me entrego a la verdad revelada del Nuevo Testamento, recibo de Dios el don del Espíritu Santo, quien empieza a interpretar para mí lo que Jesús hizo. El Espíritu de Dios hace subjetivamente en mi todo lo que Jesucristo objetivamente hizo por mí.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 28 de noviembre de 2017

Regresando a tu amor - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Noviembre 28.La recompensa del indigente

"Y son justificados gratuitamente por su gracia..." Romanos 3:24
El Evangelio de la gracia de Dios despierta un anhelo intenso en las almas e igualmente un fuerte resentimiento, porque la verdad que revela no es agradable o fácil de asimilar. Existe cierto orgullo en las personas que las lleva a dar constantemente, pero acercarse y aceptar un regalo es algo diferente. Estoy dispuesto a entregar mi vida como mártir y a dedicarla al servicio sin importar cuál sea. Pero que no sea humillado hasta el nivel del más vil pecador, merecedor del infierno, que me digan que todo lo que debo hacer es aceptar la dádiva de salvación por medio de Jesucristo.
Debemos comprender que nada podemos ganar o merecer de Dios por medio de nuestros propios esfuerzos. Debemos recibirlo como una dádiva o quedarnos sin ella. La más grande bendición espiritual es el conocimiento de que somos indigentes y, a menos que lleguemos a este punto, nuestro Señor no hace nada por nosotros. Él queda impotente mientras creamos que somos autosuficientes. Debemos entrar en su reino a través de la puerta de la pobreza. Mientras seamos "ricos", especialmente en las áreas del orgullo o de la independencia, Dios no nos ayuda. Sólo cuando nos da hambre espiritual recibimos al Espíritu Santo. El don de la naturaleza esencial de Dios se vuelve efectivo en nosotros por su Espíritu. Él nos imparte la vida vivificadora de Jesús. Y toma lo que "más allá" de nosotros y lo pone "dentro" de nosotros. Cuando esto sucede, esa vida interior se eleva "a las alturas" y nosotros somos levantados hasta donde vive y reina Jesús (ver Juan 3:5).

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Reparando una fuga lenta - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Noviembre 27. La consagración del poder espiritual

"...por quien el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo", 
Gálatas 6:14.
Si medito en la cruz de Cristo, no me volveré un devoto subjetivo, interesado únicamente en mi propia santidad, sino que me concentraré primordialmente en los intereses de Jesucristo. Nuestro Señor no fue un santo fanático que se internó para practicar la perfección espiritual. No se apartó de la sociedad, pero interiormente estuvo desconectado todo el tiempo. No se mantuvo alejado, pero vivió en otro mundo. De hecho, convivió de tal manera con el mundo ordinario que la gente religiosa de su época lo llamó comilón y bebedor. Sin embargo, nunca permitió que algo interfiriera en su poderosa consagración espiritual.
Mi consagración no es genuina cuando pienso que puedo negarme a ser utilizado por Dios para almacenar el poder espiritual y usarlo más adelante. Este es un error lamentable. El Espíritu de Dios ha liberado a una gran cantidad de personas de su pecado y, sin embargo, no están experimentando ninguna plenitud en su vida, ningún sentido de verdadera libertad. La clase de vida religiosa que hoy vemos a nuestro alrededor es completamente diferente de la vigorosa santidad en la vida de Jesucristo. "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal", Juan 17:15. Debemos estar en el mundo, pero no ser de él, estar separados interiormente, no por fuera, ver Juan 17:16.
Nunca debemos permitir que algo impida la consagración de nuestro poder espiritual. La consagración es nuestra parte, la santificación es la parte de Dios. Debemos tomar la determinación consciente de interesarnos solo en aquello que a Dios le interesa. Cuando enfrentamos un problema confuso, debemos tomar esa decisión preguntándonos: ¿Esto es lo que le interesa a Jesucristo, o es un interés de mi espíritu que se opone diametralmente a Él?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Noviembre 26. La concentración del poder espiritual

"... Sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo...", Gálatas 6:14.
Si quieres conocer el poder de Dios, es decir, la vida del Jesús resucitado en tu carne mortal, debes meditar en la tragedia de Dios. Deja el interés personal que tienes en tu propia condición espiritual y considera su tragedia, con una actitud completamente sincera e inmediatamente su poder estará en ti.
"Mirad a mí", Isaías 45:22; presta atención a la fuente externa y el poder interior estará allí. Perdemos poder porque no nos concentramos en lo correcto. El efecto de la cruz es salvación, santificación, sanidad, etc., pero no debemos predicar ninguna de estas bendiciones, sino "...a Jesucristo y a este crucificado", 1 Corintios 2:2. La proclamación de Jesús hará su trabajo. Enfoca tu predicación en lo que es el centro para Dios y aunque aparentemente tus oyentes no presten ninguna atención, nunca podrán ser los mismos después. Si comunico mis propias palabras, éstas no pueden ser de mayor importancia para ti que las tuyas para mí; pero si compartimos la verdad de Dios unos con otros, encontraremos vez tras vez esa verdad. Debemos concentrarnos en ese gran punto de poder espiritual: la cruz. Si mantenemos el contacto con ese centro, el poder se liberará en nuestra vida. En los movimientos de santidad y en las reuniones de bendición espiritual, somos dados a no concentrarnos en la cruz de Cristo, sino en sus efectos.
En la actualidad se critica la debilidad de las iglesias y con justa razón. Uno de los motivos de esta debilidad es la falta de concentración en el verdadero centro de poder espiritual. No hemos meditado lo suficiente en la tragedia del Calvario o en el significado de la redención.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

Noviembre 25. El secreto de la coherencia espiritual

"Pero lejos esté de mí el gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo...", Gálatas 6:14
Cuando una persona acaba de nacer de nuevo, parece incoherente debido a que sus emociones no se relacionan con el estado de las circunstancias externas de su vida. La vida del apóstol Pablo se apoyaba en una fuerte y firme coherencia espiritual. En consecuencia, él podía dejar que su vida exterior cambiara sin afligirse, porque estaba arraigado y fundamentado en Dios. La mayoría de nosotros no somos espiritualmente coherentes, porque estamos más preocupados por la coherencia de lo exterior. En cuanto a la expresión externa de las cosas Pablo vivió en el sótano, mientras que sus críticos vivían en el piso de arriba. Estos dos niveles son completamente diferentes y no se pueden tocar entre sí. Pero la coherencia de Pablo era profunda porque se encontraba en los fundamentos. La gran base de su coherencia era la agonía de Dios por la redención del mundo, es decir, la cruz de Jesucristo.
Afírmate de nuevo en lo que crees, regresa al fundamento de la cruz de Cristo y desecha cualquier convicción que no se base en ella. En la historia secular, la cruz es algo sumamente pequeña, pero desde la perspectiva bíblica es más importante que todos los imperios del mundo. Nuestra predicación será totalmente improductiva, si dejamos de hacer énfasis en la tragedia de Dios en la cruz, porque no comunicará su poder para el hombre. Podrá ser interesante, pero no tendrá poder. Sin embargo, cuando predicamos la cruz, el poder de Dios se libera. "...Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación... nosotros predicamos a Cristo crucificado...", 1 Corintios 1:21,23.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.