Versículo para hoy:
jueves, 10 de agosto de 2017
Agosto 10. El sufrimiento del santo
"De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien", 1 Pedro 4:19
Elegir el sufrimiento significa que algo anda mal en ti. Pero elegir la voluntad de Dios, incluso si implica sufrir, es algo muy diferente. Ningún creyente normal escogerá jamás el sufrimiento, simplemente elige la voluntad de Dios, como lo hizo Jesús, sin importar que implique sufrir o no. Y ningún santo osará interferir con la disciplina del sufrimiento en la vida de otro santo.
El santo que satisface el corazón de Jesús hará que otros santos sean fuertes y maduros para Dios. Pero, la gente que nos compadece nunca nos fortalece. De hecho, siempre son un obstáculo, pues la conmiseración solamente sirve para debilitarnos. Ninguno puede comprender a un santo mejor que otro santo que esté lo más cerca posible de Jesús. Si aceptamos la conmiseración de otro creyente, el sentimiento que surge es: “Dios me está tratando duramente y haciendo mi vida difícil”. Por eso Jesús dijo que la autocompasión era del diablo (ver Mateo 16:22-23). Mejor ten misericordia de la reputación de Dios. Es fácil deshonrar su carácter debido a que Él nunca trata de defenderse ni de reivindicarse.
Cuídate de pensar que Jesús necesitó de compasión durante su vida en la tierra. Él rechazó la conmiseración de la gente porque en su gran sabiduría entendía que nadie comprendería su propósito.
Sólo aceptó la compasión de su Padre y de los ángeles (ver Lucas 22:43).
Nota el increíble desperdicio que Dios hace de sus santos, según el criterio del mundo. Al parecer los coloca en los lugares más inútiles. Y entonces decimos: “¡Debido a que no soy tan útil, Dios quiere que esté aquí!”. Sin embargo, Jesús nunca midió su vida con respecto al patrón de la máxima utilidad. Dios pone a sus santos donde ellos lo glorifican más y nosotros somos totalmente incapaces de juzgar dónde sea eso.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Agosto 9. La oración al oído del Padre
"... Y Jesús alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído", Juan 11:41
Cuando el Hijo de Dios ora, sólo está atento a su Padre y Él siempre escucha sus oraciones. Si el Hijo de Dios se está formando en mí, el Padre siempre escuchará las mías. Pero yo tengo que ver que el Hijo de Dios se manifieste en mi carne humana. "...Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo", 1 Corintios 6:19, es decir, tu cuerpo es el Belén del Hijo de Dios. ¿Le estoy dando la oportunidad de que obre en mí?
¿La franca sencillez de la vida de Jesucristo se está manifestando exactamente como ocurrió mientras estuvo aquí en la tierra? Cuando entro en contacto con los acontecimientos diarios de la vida como un ser humano común, ¿se ora en mi interior la oración del Hijo Eterno de Dios a su Padre? Jesús dice: "En aquel día pediréis en mi nombre", Juan 16:26. ¿De qué día habla? El día en que el Espíritu Santo vino a mí y me hizo uno con mi Señor.
¿Se está satisfaciendo el Señor Jesucristo de la plenitud en tu vida, o caminas con orgullo espiritual delante de Él? Nunca dejes que el sentido común se haga tan prominente y vigoroso que empuje al Hijo de Dios a un lado. El sentido común es un don que Dios le dio a la naturaleza humana, pero no es el don de su Hijo. El sentido sobrenatural es el don de su Hijo. Nunca entronices al sentido común. El Hijo siempre reconoce al Padre y se identifica con Él, el sentido común jamás lo ha hecho ni lo hará.
Nuestras capacidades ordinarias nunca adoran a Dios, a menos que el Hijo que mora en nosotros las transforme. Tenemos que asegurarnos de que nuestra carne humana se mantenga en perfecta sujeción a Él y que Él obre a través de ella en todo momento. ¿Estamos viviendo en tal dependencia humana de Jesucristo que su vida se está manifestando en nosotros, momento a momento?
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 8 de agosto de 2017
Agosto 8. La oración en honor al Padre
"... El Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios", Lucas 1:35
Si el Hijo de Dios ha nacido dentro de mi carne humana, ¿estoy permitiendo que su santa inocencia, sencillez y unidad con el Padre tengan la oportunidad de manifestarse en mí? Lo que le ocurrió a la virgen María, cuando el Hijo de Dios entró históricamente en este mundo, ocurre en todo creyente.
El Hijo nace dentro de mí por la acción directa de Dios. Luego, yo, como su hijo, tengo que ejercitar el derecho de hijo, el derecho de estar siempre cara a cara con mi Padre a través de la oración.
¿Continuamente le pregunto con asombro a mi sentido común la razón por la que trata de desviarme en algún punto? ¿No sabías que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Sin importar cuáles sean nuestras circunstancias, el Hijo santo, inocente y eterno tiene que estar en contacto con su Padre.
¿Soy lo bastante sencillo para identificarme con mi Señor de esta manera? ¿Está Él ejerciendo su maravillosa voluntad en mí? ¿Se está cumpliendo la voluntad de Dios de que su Hijo se forme en mí (ver Gálatas 4:19), o lo he puesto cuidadosamente a un lado? ¡Ay, el ruidoso clamor de estos días! ¿Por qué todo el mundo parece estar clamando tan fuerte? La gente está pidiendo que muera el Hijo de Dios. Aquí no hay lugar para Él en este momento, no hay lugar para una tranquila y santa comunión con el Padre. ¿El Hijo de Dios está orando en mí llevándole honor al Padre, o le estoy dictando mis exigencias a Él? ¿Está ministrando en mí como lo hizo en los días de su humanidad aquí en la tierra?
¿Está el Hijo de Dios en mí sufriendo su pasión, para que sus propósitos se cumplan? Cuanto más sabemos de la vida interior de los más maduros santos de Dios, tanto más se ve lo que realmente es el propósito divino, "completando lo que falta de las aflicciones de Cristo", Colosenses 1:24; LBLA. Y cuando pensamos en lo que implica “completar”, siempre hay algo que falta por hacer.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 7 de agosto de 2017
Agosto 7. La oración en la casa del Padre
"¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?", Lucas 2:49, LBLA
La infancia de nuestro Señor no fue una adultez inmadura, su infancia es un hecho eterno. ¿Yo soy un hijo de Dios, santo e inocente mediante la identificación con mi Señor y Salvador? ¿Considero mi vida como si estuviera en la casa de mi Padre? ¿Habita el Hijo de Dios en la casa de su Padre dentro de mí?
Dios es la realidad permanente y su orden me llega momento tras momento. ¿Estoy siempre en contacto con la realidad de Dios, o solamente oro cuando las cosas van mal, cuando hay una perturbación en mi vida? Tengo que aprender a identificarme con mi Señor en una comunión santa, en ciertas formas que algunos de nosotros no hemos empezado a aprender todavía. Me era necesario estar en la casa de mi padre y vivir en ella cada momento de mi vida.
Piensa en tus propias circunstancias. ¿Estás tan identificado con la vida de nuestro Señor que eres simplemente un hijo de Dios que le habla todo el tiempo y que comprende que todo viene de sus manos?
¿El Hijo eterno que vive en ti está viviendo en la casa de su Padre? ¿Se está manifestando a través de ti la gracia de su vida que ministra, en tu hogar, en tu negocio y en tu círculo de amigos? ¿Has venido preguntándote por qué estás pasando por ciertas circunstancias? De hecho, no es que tengas que pasar por ellas, las vives por causa de la relación en la que ha entrado el Hijo de Dios contigo, según la providencia del Padre en tu condición específica como santo de Dios. Debes permitirle hacer su voluntad contigo, permaneciendo en una perfecta unión con Él.
La vida de tu Señor se debe convertir en tu vida, sencilla y vital. La manera como Él obró y vivió entre la gente mientras estuvo aquí en la tierra debe ser la manera como Él obra y vive en ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 6 de agosto de 2017
Agosto 6. La cruz en la oración
"En aquel día pediréis en mi nombre", Juan 16:26
Somos muy dados a pensar en la cruz como en algo por lo cual tenemos que pasar. Sin embargo, pasamos por ella sólo para entrar en ella.
La cruz sólo tiene un significado para nosotros: una completa y absoluta identificación con el Señor Jesucristo y no hay nada en lo cual esta identificación se haga más real que en la oración.
"Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis", Mateo 6:8. Entonces, ¿por qué debemos pedir? La intención de la oración no es conseguir respuestas de Dios, sino tener una perfecta y completa unidad con Él. Si oramos sólo porque queremos el resultado, nos enojaremos con Dios. La oración es contestada cada vez que oramos pero no siempre viene en la manera que esperamos y nuestro enojo espiritual muestra el rechazo a identificarnos verdaderamente con nuestro Señor en la oración. No estamos aquí para probar que Dios contesta, sino para ser monumentos vivientes de la gracia divina.
"No os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama", Juan 16:26-27. ¿Has alcanzado un nivel tal de intimidad con Dios que lo único que cuenta para tu vida de oración es que se vuelva una con la del Señor Jesucristo? ¿Ha reemplazado Él tu vida por la suya? Si es así, en aquel día estarás tan identificado con Jesús que no habrá distinción.
Cuando parezca que tu oración no fue respondida, guárdate de echarle la culpa a otro. Esa siempre es una trampa de Satanás. Cuando parece que no hay respuesta, siempre hay una razón. Dios usa estos momentos para darte una profunda enseñanza personal, la cual es sólo para ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 5 de agosto de 2017
Agosto 5. El desconcertante llamado de Dios
"Cuando lleguemos a
Jerusalén se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo
del hombre... Sin embargo, ellos nada comprendieron de estas cosas...", Lucas 18:31,34
Dios llamó a Jesucristo a lo que parecía un terrible desastre.
Jesucristo llamó a sus discípulos para que lo vieran morir, los condujo a todos, sin excepción, al lugar donde el corazón de ellos se quebrantó. La vida de nuestro Señor fue un absoluto fracaso desde todo punto de vista, excepto el de Dios. Pero, lo que parecía un fracaso ante los ojos del hombre, fue un extraordinario triunfo desde la perspectiva divina porque los propósitos de Él nunca son los del hombre.
El desconcertante llamado de Dios también viene a nuestra vida y no se puede enunciar de una forma clara y detallada porque es implícito. Es un llamado que sólo nuestra verdadera naturaleza interior puede percibir y entender. Es como el llamado del mar: nadie lo oye sino aquel que tiene en sí mismo la naturaleza del mar. No se puede afirmar de una manera cierta cuál es el llamado de Dios, porque su llamamiento es sencillamente para ser Sus amigos y alcanzar Sus propios propósitos. La prueba real es creer verdaderamente que ÉL sabe lo que quiere. Las cosas que suceden, no ocurren por casualidad, sino enteramente por el mandato de Dios. Él está llevando a cabo sus propósitos.
Si estamos en comunión y unidad con Él y reconocemos que nos está dirigiendo hacia sus propósitos, no trataremos más de descubrir cuáles son. A medida que crecemos en la vida cristiana, ésta se vuelve más sencilla porque nos sentimos menos inclinados a decir: “Me pregunto por qué permitiría Dios esto o aquello”, e inmediatamente nos damos cuenta de que, detrás de todo, se encuentra su propósito que nos constriñe. ¡Existe un Dios que determina nuestro propósito! Un cristiano es alguien que confía en el conocimiento y la sabiduría de Él y no en sus propias capacidades. Los propósitos nuestros destruyen la sencillez y la tranquilidad que deberían distinguir a los hijos de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 4 de agosto de 2017
Agosto 4. El valiente compañerismo de Dios
"Tomando Jesús a
los doce", Lucas 18:31
¡Oh, el valor de Dios al confiar en nosotros! Tú dirás: "Pero, qué imprudente fue al elegirme, porque no hay nada bueno en mí y no valgo nada". Esa es exactamente la razón por la que te escogió. Mientras pienses que en ti hay algo valioso para ÉL, Dios no te elige, porque tienes tus propios fines a los cuales servir. Pero si le permites a Él acabar con tu autosuficiencia, entonces te escogerá para que lo acompañes “a Jerusalén” y eso implica el cumplimiento de propósitos que Él no discutirá contigo.
Somos propensos a afirmar que alguien será un buen cristiano porque tiene talento natural. Pero no tiene que ver con nuestra aptitud, sino con nuestra pobreza; no con lo que traemos con nosotros, sino con lo que Dios ponga en nosotros. No es cuestión de virtudes naturales, fuerza de carácter, conocimiento o experiencia, pues nada de eso sirve en este asunto. Lo único que vale es que seamos atraídos hacia su apremiante propósito y así nos convertiremos en sus amigos (ver 1 Corintios 1:26-31). El compañerismo de Dios es para personas que reconocen su pobreza. Él no hace nada con quien cree que le es útil. Como cristianos, no estamos comprometidos con nuestra propia causa, sino con la de Dios, que nunca será la nuestra.
No sabemos cuál es el propósito de Dios que nos constriñe, pero tenemos que mantener nuestra relación con Él, pase lo que pasare. Nunca debemos permitir que algo perjudique esa relación, pero si ocurre, debemos tomar tiempo para rectificarla. El aspecto más importante del cristianismo no es el trabajo que hacemos, sino la relación que mantenemos y el ambiente que se produce por esa relación. Eso es todo lo que Dios nos pide que atendamos y es lo único que recibe un ataque continuo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 3 de agosto de 2017
Agosto 3. El propósito de Dios que nos constriñe
"Les dijo: Cuando lleguemos a Jerusalén", Lucas 18:31
En la vida de nuestro Señor, Jerusalén representa el lugar donde llegó al punto culminante de la voluntad de su Padre. Jesús dijo: "No busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió", Juan 5:30, lo cual fue el interés preponderante a lo largo de la vida de nuestro Señor. Y jamás nada de lo que encontró en el camino, gozo o dolor, éxito o fracaso, lo disuadió de su propósito. "Él, con determinación afirmó su rostro para ir a Jerusalén", Lucas 9:51, LBLA.
Lo más grande que debemos recordar es que subimos a Jerusalén para cumplir el propósito de Dios, no el nuestro. En la vida natural, nuestras ambiciones son las de nosotros, pero en la vida cristiana no tenemos ninguna meta propia. Hoy se habla tanto de nuestras decisiones a favor de Cristo, nuestra decisión de ser cristianos, nuestras decisiones en cuanto a esto o aquello. Pero en el Nuevo Testamento lo que se pone de manifiesto es que el propósito de Dios nos constriñe. "No me elegisteis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros", Juan 15:16.
Dios no me lleva a comprometerme con su propósito de una manera consciente, sino que me atrae hacia Él sin que me dé cuenta en absoluto. No tenemos idea de cuál puede ser su propósito y al seguir adelante se hace cada vez más vago. Parecería como si el objetivo de Dios no se fuera a cumplir, porque somos demasiado cortos de vista para ver lo que Él se propone. Al principio de la vida cristiana tenemos nuestras propias ideas acerca del propósito divino. Decimos: “Dios quiere que vaya allí. Él me ha llamado para realizar esta obra especial”. Hacemos lo que pensamos que es correcto, pero aun así Dios nos sigue constriñendo. El trabajo que hacemos no tiene ningún valor al compararlo con el propósito de Dios que nos constriñe. Es sólo el andamiaje al lado de su obra. "Tomando Jesús a los doce...", Lucas 18:31. Dios nos toma todo el tiempo. Todavía no hemos entendido todo lo que hay que saber del propósito de Dios que nos constriñe.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 2 de agosto de 2017
Agosto 2. La disciplina de las dificultades
"En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo", Juan 16:33
Una manera común y corriente de percibir la vida cristiana es que por medio de ella nos libraremos de toda adversidad. Pero, realmente seremos librados en medio de ella, lo cual es muy diferente. "El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente... No te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada", Salmos 91:1,10, es decir, el lugar donde estás en unidad con Él.
Si eres un hijo de Dios, con seguridad encontrarás adversidades, pero Jesús afirma que no debes sorprenderte cuando vengan. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. Él te dice, “no hay nada que temer”. Las mismas personas que antes de haber sido salvas rechazaban hablar de sus problemas, a menudo se quejan y preocupan después de haber nacido de nuevo, porque tienen una idea equivocada de lo que significa la vida de un creyente.
Dios no nos da una vida triunfante, nos da una vida a medida que triunfamos. Las presiones construyen nuestra fortaleza. Si no hay problemas, no habrá fuerza. ¿Estás pidiéndole a Dios que te dé vida, libertad y gozo? Él no lo hará, a menos que estés dispuesto a aceptar la tensión. En cuanto te enfrentes a ella, obtendrás la fortaleza. Vence tu propia cobardía, da el primer paso y Dios te dará el alimento que necesitas. "Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida", Apocalipsis 2:7. Si das tu máximo en lo físico, te agotas; pero, cuando te rindes por completo espiritualmente, obtienes más fuerza. Dios nunca nos da la fuerza para el día de mañana o para la hora siguiente, sino sólo para la presión del momento.
Nuestra tentación es afrontar las adversidades de acuerdo con el sentido común. Pero un santo se goza incluso cuando está aparentemente vencido por las adversidades, porque la victoria es absurdamente imposible para todo el mundo, menos para Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 1 de agosto de 2017
Agosto 1. Algo más sobre sus métodos
"Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos", Mateo 11:1
Él va al lugar de donde nos ordenó salir. Si cuando Dios dijo: “Id”, te quedaste porque estabas muy preocupado por la gente de tu casa, lo que hiciste fue robarles las enseñanzas del mismo Jesucristo en persona. Cuando obedeciste y le dejaste todas las consecuencias a Dios, el Señor fue a “tu ciudad” a enseñar, pero mientras no quisiste obedecer, obstaculizaste el camino. Ten cuidado cuando empiezas a argumentar y a poner en competencia lo que llamas tu deber con las órdenes del Señor. Si dices: “Yo sé que Él me dijo que fuera, pero mi deber está aquí”, significa que no crees que Jesús hablaba en serio.
Él enseña donde nos manda que no lo hagamos... "Maestro... hagamos tres enramadas", Lucas 9:33.
¿Estamos jugando a ser dioses aficionados en la vida de otras personas? ¿Hacemos tanto ruido cuando enseñamos a otros que Dios no puede de ninguna manera acercárseles? Tenemos que aprender a mantener nuestra boca cerrada y nuestro espíritu alerta.
Dios desea instruirnos acerca de su Hijo y quiere transformar nuestros tiempos de oración en “montes de transfiguración” (Ver Lucas 9:28-29).
Cuando estamos seguros de que Él va a actuar en una forma específica, nunca volverá a obrar de la misma manera. Él obra allí donde nos ha ordenado esperar... "Quedaos vosotros... hasta que...", Lucas 24:49. Espera en Dios y Él obrará ¡pero no esperes enfadado espiritualmente ni sintiendo pena por ti mismo, pues tu visión es tan corta que no tienes la capacidad de ver más allá de tus narices.
¿Estamos lo suficientemente apartados de nuestros propios ataques espirituales de histeria como para “esperar en Él”?
Esperar no es sentarnos con las manos cruzadas sin hacer nada, sino aprender a hacer lo que se nos ha mandado. Estas son algunas de las facetas de los métodos de Dios que pocas veces reconocemos.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 31 de julio de 2017
Julio 31. Hasta que seamos completamente suyos
"Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna", Santiago 1:4
Muchos de nosotros estamos bien en lo principal, pero aún hay algunas áreas en las que somos descuidados y perezosos. No es un problema de pecado, sino de los residuos de nuestra vida carnal que tienden a hacernos descuidados. La negligencia es un insulto para el Espíritu Santo y no debemos permitirla en ningún aspecto, ya sea la manera de comer y de beber o la forma de adorar a Dios.
Nuestra relación con Dios no sólo debe estar bien, sino también la manifestación externa de esa relación.
A la larga, nada se le escapará a Él, porque cada detalle de nuestra vida está bajo su escrutinio. Él nos hará volver al mismo punto una y otra vez y de muchas maneras y nunca se cansará de llevarnos al mismo asunto hasta que aprendamos la lección, porque su propósito es terminar la obra. Puede ser un problema que surge por nuestra naturaleza impulsiva, pero una y mil veces, con la más persistente paciencia, Dios nos devolverá a ese punto en particular. Pueden ser nuestros ociosos y vacilantes pensamientos, nuestra naturaleza independiente o nuestros intereses personales. Mediante este proceso Dios trata de resaltar en nosotros aquello que no es completamente correcto.
Hasta aquí ha sido maravilloso nuestro estudio sobre la verdad revelada de la redención divina y nuestros corazones son perfectos para con Dios. Su maravillosa obra en nosotros nos permite saber que, en general, estamos bien con Él. Pero tenga la paciencia su obra completa. El Espíritu Santo nos dice, por medio de Santiago: "Ahora permite que tu paciencia se convierta en un producto terminado". Ten cuidado con la negligencia en los pequeños detalles de la vida y no digas: "Ah, por ahora eso tendrá que esperar".
Sea lo que sea, Dios te lo señalará con persistencia hasta que seas completamente suyo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 30 de julio de 2017
Julio 30. La disciplina de la desilusión
"Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos... pues él sabía lo que hay en el hombre", Juan 2:24-25
La desilusión implica que en mi vida ya no hay más conceptos erróneos, impresiones y juicios falsos.
Pero, aunque ya no seamos engañados, nuestra experiencia con la desilusión puede volvernos cínicos y demasiado severos en nuestros juicios acerca de los demás. La desilusión que viene de Dios nos lleva al punto donde vemos a la gente como realmente es y, sin embargo, no hay cinismo ni pronunciamos palabras hirientes o amargas. Muchas de las circunstancias de la vida que causan las más grandes heridas, aflicciones y dolor se deben a que tenemos ilusiones. No somos leales unos a otros en cuanto a los hechos, viéndonos como realmente somos, sino que somos leales solamente con las ideas que tenemos los unos de los otros. Según nuestra manera de pensar, todo es encantador y bueno, o perverso, malévolo y cobarde.
Negarnos a ser desilusionados es la causa de gran parte del sufrimiento de la vida. Y ocurre así: Si amamos a alguien, pero no a Dios, le exigimos a esa persona perfección y rectitud totales y cuando no encontramos estas virtudes nos volvemos crueles y vengativos. Estamos demandando de un ser humano lo que él o ella no pueden dar. Sólo hay un ser que puede satisfacer completamente las inmensas profundidades del adolorido corazón humano: el Señor Jesucristo. Según vemos, nuestro Señor es muy severo en cuanto a toda relación humana y esto se debe a que Él sabe que toda relación que no se base en la fidelidad a Él terminará en desastre. Nuestro Señor no se fió de nadie ni puso su confianza en la gente, pero nunca fue receloso ni amargado. La confianza de nuestro Señor en Dios y en lo que su gracia podía hacer por cualquier persona, era tan perfecta que nunca se impacientó ni perdió la esperanza por nadie. Si nuestra confianza está puesta en los seres humanos terminaremos perdiendo la esperanza en todos.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 29 de julio de 2017
Julio 29. ¿A quién ves en tus nubes?
"He aquí que
viene con las nubes", Apocalipsis 1:7
En la Biblia las nubes siempre están relacionadas con Dios. Las aflicciones, los sufrimientos o las circunstancias providenciales, dentro o fuera de nuestras vidas, en realidad parecen contradecir su soberanía. Pero precisamente por medio de esas nubes el Espíritu de Dios nos está enseñando cómo andar por fe. Si el cielo siempre estuviera despejado, no tendríamos fe... "las nubes son el polvo de sus pies", Nahum 1:3. Indican que Dios está ahí. ¡Qué revelación saber que el dolor, la aflicción y el sufrimiento son las nubes que lo acompañan! Sin ellas, Él no se puede acercar a nosotros. Dios no viene en un claro resplandor.
Es incorrecto decir que Él quiere enseñarnos algo durante nuestras pruebas. Por medio de cada nube que trae a nuestro camino Él quiere que olvidemos lo aprendido. Su propósito con la nube es simplificar nuestras creencias hasta que nuestra relación con Él sea exactamente como la de un niño: Sólo Dios y mi alma. Los demás no son más que sombras. Hasta que las otras personas no se conviertan en sombras, serán para nosotros nubes y oscuridad de vez en cuando. ¿Mi relación con Dios se está volviendo más sencilla que antes?
Hay una relación entre las extrañas circunstancias providenciales de Dios y lo que conocemos de Él y debemos aprender a interpretar los misterios de la vida a la luz de ese conocimiento. Sólo lo conoceremos cuando podamos ver cara a cara el hecho más oscuro de la vida, sin menoscabar nuestra visión del carácter de Dios.
"Y...tuvieron temor al entrar en la nube", Lucas 9:34. ¿Hay alguien aparte de Jesús en tu nube? Si es así, se oscurecerá más. Debes llegar al lugar donde no haya nadie más sino sólo Jesús (ver Marcos 9:7-8).
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 28 de julio de 2017
Julio 28. Y después de la obediencia, ¿qué?
"En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera", Marcos 6:45
Somos propensos a imaginar que si Jesucristo nos exhorta a hacer algo y lo obedecemos, Él nos llevará hacia un gran triunfo. Nunca deberíamos pensar que nuestros sueños de éxito hacen parte del propósito de Dios para nosotros. De hecho, su objetivo puede ser exactamente lo contrario. Tenemos la idea de que Él nos está conduciendo hacia un fin particular, una meta deseada, pero no es así. Llegar a un fin especial es de poca importancia y alcanzarlo simplemente es un episodio en el camino. Lo que nosotros vemos sólo como el proceso para alcanzar un fin, Dios lo ve como la meta.
¿Cuál es mi visión de lo que Dios se propone conmigo? Su propósito es que dependa de Él y de su poder ahora. Si en medio de la tempestad de la vida permanezco tranquilo, fiel y decidido, esa es la finalidad de su propósito. Él no está obrando para llevarnos hacia una meta particular. Su objetivo es el proceso en sí.
Lo que desea para mí es que lo vea caminar sobre las olas, sin ninguna playa, éxito o meta a la vista sino con la absoluta certeza de que todo está bien porque lo veo andar sobre el mar (Marcos 6:49). Lo que glorifica a Dios es el proceso, no el resultado.
El entrenamiento de Dios es para hoy, no para mañana. Su propósito es para este minuto, no para un tiempo futuro. A nosotros no nos incumbe lo que viene después de nuestra obediencia y estamos equivocados cuando pensamos en eso. Lo que la gente llama preparación, Dios lo ve como la meta misma.
El propósito divino es capacitarme para que vea que Él puede caminar sobre las tormentas de mi vida precisamente ahora. Si tenemos una meta posterior en perspectiva, no le prestaremos la suficiente atención al presente inmediato. Pero si comprendemos que la obediencia es el fin, entonces cada momento, venga como venga, será precioso.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 27 de julio de 2017
Julio 27. El camino al conocimiento
"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios...", Juan 7:17
La regla de oro para obtener discernimiento espiritual no es la búsqueda intelectual, sino la obediencia. Si una persona quiere tener conocimiento científico, se guía por la curiosidad intelectual. Pero, si desea revelación de las enseñanzas de Jesucristo, únicamente lo puede lograr obedeciéndole. Si las verdades espirituales son secretas y ocultas para mí, entonces puedo estar seguro de que en mi vida hay algo que no quiero hacer. La oscuridad intelectual proviene de la ignorancia, pero la espiritual se debe a que hay algo que no tengo la intención de obedecer.
Nadie recibe una palabra de Dios sin que sea puesto a prueba de inmediato con respecto a ella. Nosotros desobedecemos y luego nos sorprendemos porque no estamos creciendo espiritualmente. Jesús dijo: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano y entonces vuelve y presenta tu ofrenda", Mateo 5:23-24. En esencia está diciendo: "No me digas ni una palabra más, primero sé obediente y rectifica eso". Las enseñanzas de Jesús nos impactan donde más nos duele. No podemos engañarlo ni por un instante. Él nos enseña hasta en el más mínimo detalle. El Espíritu de Dios descubre nuestra actitud de auto justificación y nos hace sensibles a verdades en las que nunca habíamos pensado.
Cuando Jesús te muestre algo por medio de su Palabra, no lo evadas. Si lo haces, te convertirás en un farsante religioso. Examina aquello en lo cual tiendes a encogerte de hombros, a desobedecer y comprenderás por qué no estás creciendo espiritualmente. Como dijo Jesús: Ve, reconcíliate primero. Debes obedecer lo que Dios te dice aunque corras el riesgo de que te crean un fanático.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 26 de julio de 2017
Julio 26. El arreglo de cuentas con la pureza
"Porque del corazón salen...", Mateo 15:19
Nosotros empezamos a confiar en nuestra ignorancia llamándola inocencia y luego confiamos en nuestra inocencia llamándola pureza. Pero cuando oímos las escabrosas afirmaciones de nuestro Señor que siguen a este versículo, nos sobrecogemos y decimos “Nunca sentí en mi corazón ninguna de esas cosas terribles". Nos resentimos por lo que Él nos revela. Si Jesucristo no es la autoridad suprema en el corazón humano, entonces Él no es digno de que le prestemos ninguna atención. ¿Estoy listo para confiar en la penetración de su Palabra en mi corazón, o prefiero confiar en mi "ignorancia inocente"? Si pongo a prueba la inocencia de mi vida de la cual estoy consciente, probablemente me sorprenda de manera desagradable por la verdad de las palabras de Jesús y sentiré pánico por la iniquidad y la perversidad que hay en mí. Pero, mientras continúe en la falsa seguridad de mi propia "inocencia", estoy viviendo en el paraíso de los tontos, feliz por mi ignorancia. Si nunca he sido un sinvergüenza malvado, se debe a una mezcla de cobardía y del sentido de protección que me brindan mis buenos modales y mi educación. Pero cuando quedo desnudo delante de Dios, encuentro que Él tiene razón en su diagnóstico de mí.
Lo único que provee verdadera protección es la redención de Jesucristo. Si sencillamente me someto a Él, nunca tendré que experimentar el malvado potencial que encierra mi corazón. La pureza es demasiado profunda para que yo la pueda alcanzar por medios naturales, pero cuando el Espíritu de Dios entra en mí coloca en el centro de mi vida el mismo Espíritu que se manifestó en la vida de Jesucristo, es decir, el Espíritu Santo, quien es completamente puro y sin mancha.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 25 de julio de 2017
Julio 25. ¿Soy así de bienaventurado?
"Bienaventurados...", Mateo 5:3-11
Las afirmaciones de Jesús penetran de manera inadvertida en nuestro subconsciente, porque cuando las leemos por primera vez nos parecen notablemente sencillas y tranquilizadoras. Por ejemplo, las Bienaventuranzas sólo parecen preceptos delicados y hermosos para personas demasiado idealistas y aparentemente ineptas, pero de muy poca utilidad práctica para los duros y laboriosos días del mundo en que vivimos. No obstante, pronto descubrimos que las Bienaventuranzas contienen la "dinamita" del Espíritu Santo y que se "estallan" con las situaciones de nuestra vida. Cuando el Espíritu nos recuerda alguno de los "Bienaventurados", decimos: "¡Qué declaración tan asombrosa!" Pero es ahí cuando debemos elegir si aceptamos el tremendo revolcón espiritual que se producirá en nuestras circunstancias, si obedecemos sus palabras. Esta es la manera como obra el Espíritu de Dios. No es necesario que hayamos nacido de nuevo para interpretar literalmente el Sermón del Monte. Su interpretación literal es un juego de niños. Pero, es una dura labor para el creyente interpretarlas por el Espíritu de Dios, cuando Él aplica a nuestras circunstancias las declaraciones del Señor. Las enseñanzas de Jesús están fuera de toda proporción desde nuestra manera natural de mirar las cosas e inicialmente las recibimos con una incomodidad que sorprende. Debemos moldear gradualmente nuestro andar y nuestra conversación conforme a los preceptos de Jesucristo, a medida que el Espíritu Santo los aplica a nuestras circunstancias. El Sermón del Monte no consiste en una serie de reglas y reglamentos; es una ilustración de lo que viviremos cuando el Espíritu esté haciendo en nosotros lo que Él quiere.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
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