Versículo para hoy:

sábado, 12 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 12

“Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando”. Lucas 6:12.

SI hubo alguna vez alguien que hubiese podido vivir sin orar, ese fue nuestro inmaculado y perfecto Señor; sin embargo, ninguno oró tanto como él. Tanto amaba a su Padre que le placía mucho estar en comunión con él; y tanto amaba a los suyos que quería estar mucho tiempo intercediendo a favor de ellos. Esta gran inclinación a orar de parte de Jesús debe ser para nosotros una lección. El nos dio un ejemplo para que nosotros sigamos sus pisadas. El tiempo que eligió para orar era apropiado, pues eligió la hora del silencio cuando las multitudes ya no lo molestaban; el tiempo de la inacción, cuando todos, excepto él, habían dejado de trabajar, y el tiempo cuando el sueño había hecho olvidar a los hombres sus dolores y suspender sus solicitudes de socorro. Mientras otros hallaban descanso en el sueño, él tomaba aliento en la oración. También el lugar fue bien elegido. Jesús estaba solo, donde ninguno podía meterse, donde ninguno podía mirar. De esa forma se hallaba libre de la ostentación farisaica y de las ordinarias interrupciones. Aquellos oscuros y silenciosos collados formaban un oratorio apropiado para el Hijo de Dios. El cielo y la tierra oían en la quietud de la medianoche, los gemidos y los suspiros del misterioso Ser, en quien ambos mundos se unían. Es notable la duración de sus oraciones. Las largas vigilias no eran demasiado largas para él; el viento frío no entibió sus devociones; las espantosas tinieblas no oscurecieron su fe ni la soledad reprimió su importunidad. Nosotros no podemos velar con él una hora, pero él vela a favor nuestro toda la noche. También es notable la ocasión en que elevó esta oración. Fue cuando sus enemigos “se llenaron de rabia”. La oración fue, en este caso, su refugio y solaz. Fue antes de enviar a los doce apóstoles. La oración, pues, fue la puerta de su empresa, el heraldo de su nueva obra. ¿No deseamos aprender de Jesús a recurrir a las oraciones especiales cuando estamos pasando por alguna prueba particular o cuando estamos proyectando nuevos esfuerzos a favor de la gloria del Maestro? Señor Jesús, enséñanos a orar.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Obediencia, oración y proclamar la Palabra

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El quebrantamiento trae bendiciones - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Qué tipo de bendiciones son las que trae el quebrantamiento?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Noviembre 11, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 11

“El nos elegirá nuestras heredades”. Salmo 47:4.

CREYENTE, si tu heredad es modesta, confórmate con ella, pues lo que te tocó en suerte es lo más conveniente para ti. La sabiduría infalible, que ordenó tu suerte, eligió para ti la mejor y la más segura posición. Una nave de gran tonelaje tiene que ser introducida en el río; ahora bien, en una parte de ese río hay un banco de arena. Alguno podría preguntar: “¿Por qué el capitán navega por la parte profunda del canal y se desvía tanto de la línea recta?” Su respuesta sería esta: “porque si no siguiera el canal, no podría llevar mi nave al puerto”. De igual modo, quizás, tú correrías peligro de encallar y de naufragar si tu divino Capitán no te condujera por las profundidades de la aflicción donde las olas del dolor se suceden una a otra en rápida sucesión. Algunas plantas mueren si les pega mucho el sol. Quizás tú estés plantado donde da poco sol; tú eres puesto allí por el amante Labrador, porque sólo en esa situación fructificarás en perfección. Recuerda esto: Si hubiera sido mejor para ti cualquiera otra condición que aquella en que te hallas, el amor divino te hubiera puesto en ella. Tú eres colocado por Dios en las circunstancias más apropiadas; en cambio, si tú eligieras tu parte, pronto clamarías: “Señor, elige tú mi heredad, porque, por mi terquedad, estoy traspasado de muchos dolores”. Conténtate con lo que tienes, pues el Señor ordenó todas las cosas para tu bien. Toma tu cruz cada día, pues ella es la carga que más conviene a tus hombros y que demostrará ser la más efectiva para hacerte perfecto en toda buena palabra y obra para la gloria de Dios. ¡Abajo, entremetido yo y arrogante impaciencia! No es de ti el elegir, sino del Señor de amor. “Las pruebas tienen que venir y vendrán, pero con humilde fe he de ver escrita en todas ellas la palabra amor. Esto me hará feliz”.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Confianza, alabanza y dar fruto

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Personas quebrantadas - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 10

“Bástale al discípulo ser como su maestro”. Mateo 10:25.

NINGUNO discutirá esta declaración, porque sería impropio que un siervo se elevara sobre su Maestro. Cuando nuestro Señor estaba en el mundo, ¿cómo era tratado? ¿Fueron reconocidas sus demandas; fueron seguidas sus instrucciones; fueron estimadas sus prendas morales por aquellos a quienes vino a bendecir? ¡No! Más bien, “fue despreciado y desechado entre los hombres”. Su lugar estaba “fuera del real”; su misión fue llevar la cruz. ¿Le proporcionó el mundo solaz y descanso? “Las zorras tienen cuevas; las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza”. Esta inhóspita tierra no le dio asilo, sino lo echó y lo crucificó. Si eres un seguidor de Jesús y mantienes una conducta consecuente y cristiana, esta será la suerte que le ha de tocar a aquella parte de tu vida espiritual que en su desarrollo exterior está bajo la observación de los hombres. Ellos te tratarán como trataron al Salvador; te despreciarán. No sueñes en que los mundanos te admirarán o que cuanto más santo y parecido a Cristo seas, la gente te tratará con más consideración. Si no estimaron la joya pulida, ¿cómo estimarán la piedra bruta? “Si al Padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” Si fuéramos más semejantes a Cristo, seríamos más odiados por sus enemigos. Sería un gran deshonor para un hijo de Dios ser el favorito del mundo. Es un mal presagio el oír que el mundo malvado bate las manos y le dice al cristiano: “¡Muy bien!” En ese caso bien puede el creyente examinar su carácter y preguntarse si no ha estado haciendo algo malo cuando los injustos le están dando su aprobación. Seamos leales a nuestro Maestro y no tengamos amistad con un mundo ciego y ruin que lo desprecia y rechaza. Lejos de nosotros buscar una corona de honor donde nuestro Señor halló una de espina.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Confesando nuestros pecados

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¿Quién te levanta? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 9

“El habitará en las alturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento; se le dará su pan, y sus aguas serán ciertas”. Isaías 33:16.

¿DUDAS, oh cristiano, dudas que Dios cumplirá su promesa? ¿Podrán las fortalezas de rocas ser movidas por la tormenta? ¿Se vaciarán los almacenes del cielo? ¿Crees que tu Padre celestial te olvidará, aunque sepa que necesitas alimento y vestidos? ¿Desconfiarás y dudarás de él, a pesar de que sabes que ni un pajarillo cae a tierra sin vuestro Padre y que los cabellos de vuestras cabezas están todos contados? Quizás tu aflicción continúe acosándote hasta que te resuelvas a confiar en Dios, y, después, cesará. Muchísimos han sido probados y penosamente vejados hasta que, por fin, fueron llevados en completa desesperación a poner su fe en Dios y, en el momento de poner su fe en él, fueron librados. Han podido así comprobar si Dios guarda o no guarda su promesa. ¡Oh!, te ruego que no dudes más de él. No agrades a Satán y no te turbes alimentando por más tiempo esos ofensivos pensamientos en cuanto a Dios. No pienses que es cosa de poca importancia el dudar de Jehová. Recuerda que dudar de él es un pecado; y no un pecado insignificante sino criminal en alto grado. Los ángeles nunca dudaron de él y tampoco los demonios. Sólo nosotros, de entre todos los seres que Dios formó, lo afrentamos con incredulidad y mancillamos su gloria con desconfianza. ¡Qué vergüenza para nosotros! Nuestro Dios no merece que se desconfíe de él tan ruinmente. En nuestra vida pasada hemos comprobado que él es fiel y leal a su palabra y, además, son tantas las pruebas de amor y de bondad que hemos recibido y que diariamente estamos recibiendo que es ruin e inexcusable que permitamos que la duda resida en nuestros corazones. Que de aquí en adelante estemos en permanente guerra contra las dudas a las promesas de nuestro Dios, dudas que son las enemigas de nuestra paz y de su gloria. Y con una fe inconmovible creamos que lo que prometió lo hará. “Señor, creo; ayuda mi incredulidad”.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 8 de noviembre de 2016

Confesando a Jesús como Señor y glorificando a Dios

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Un examen de orgullo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 8

“El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?” Marcos 14:14.

EN los días de la pascua, Jerusalén era una gran posada. En esta ocasión cada padre de familia había invitado a sus amigos, pero ninguno invitó al Salvador y, él, por otra parte, no tenía casa propia. Fue por su poder sobrenatural que halló para sí un aposento alto en el cual observar la fiesta. Lo mismo acontece hoy día. Con excepción de aquellos cuyos corazones él renovó con su poder sobrenatural, Jesús no es recibido por los hijos de los hombres. Para el príncipe de las tinieblas todas las puertas se abren de par en par, pero Jesús tiene que limpiar para sí un camino o una choza en las calles. Fue por medio del misterioso poder ejercido por nuestro Señor que el dueño de esa casa no presentó objeción, sino, en el acto, alegre y gozosamente, abrió su casa. No sabemos quién era ni qué era este hombre, pero notamos que en seguida aceptó el honor que el Redentor se propuso conferirle. De la misma manera se llega a conocer aún hoy quiénes son los elegidos y quiénes no lo son. Porque cuando se predica el Evangelio, algunos lo combaten y no lo quieren aceptar; en cambio otros, lo reciben de buena voluntad, seguro indicio de que en esas almas se está realizando una obra secreta y que Dios las ha elegido para vida eterna. ¿Deseas, querido lector, recibir a Cristo? Entonces no hay dificultad en el camino. Cristo será tu huésped. Su mismo poder está obrando en ti, moviendo tu voluntad. ¡Qué honor hospedar al Hijo de Dios! El cielo de los cielos no lo puede contener, pero, sin embargo, él se digna hallar casa en nuestros corazones. Nosotros no somos dignos de que él venga bajo nuestro techado, pero ¡qué indecible privilegio cuando se digna entrar!, pues entonces él realiza una fiesta y hace que participemos con él de bocados delicados. Nos sentamos así en un banquete donde las viandas son inmortales y confieren inmortalidad a los que se alimentan de ellas. ¡Bendito entre los hijos de Adán quien hospeda al Señor de los ángeles!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Claves para el crecimiento espiritual: Introducción

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Orando por avivamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 7

“Me seréis testigos”. Hechos 1:8.

PARA aprender a cumplir tus deberes como testigo de Cristo, ten a Cristo mismo como tu ejemplo. El está siempre testificando, ya junto al pozo de Samaria o en el templo de Jerusalén; ya junto al lago de Genesaret o en la cumbre del monte. El testifica día y noche. Las poderosas oraciones de Jesús son tan expresivas para Dios como sus servicios diarios. El testifica bajo toda circunstancia. Los escribas y los fariseos no pueden cerrarle la boca. Aun delante de Pilato testificó la buena profesión. Jesús testifica tan clara y distintamente que no comete ningún error. Cristiano, haz de tu vida un claro testimonio. Sé como un claro y transparente arroyo en cuyo fondo puedas ver cada una de las piedras, y no como un turbio riachuelo del cual lo único que puedes ver es la superficie, y así el amor de tu corazón para Dios y los hombres será manifiesto a todos. No es necesario que digas: “Yo soy sincero”. Sé sincero. No te jactes de ser íntegro. Sé íntegro. Así tu testimonio será tan evidente que los hombres no podrán dejar de verlo. Nunca, por temor al débil hombre, restrinjas tu testimonio. Tus labios han sido encendidos con un carbón sacado del altar. Que hablen, pues, como deben hablar labios tocados por el cielo. “Por la mañana siembra tu simiente y a la tarde no dejes reposar tu mano”. No mires las nubes o el viento; testifica de tu Salvador a tiempo y fuera de tiempo. Y si aconteciere que por causa de Cristo y del Evangelio tuvieses que soportar algún sufrimiento, no retrocedas, sino regocíjate por el honor que se te concede de ser tenido por digno de sufrir con tu Señor, y gózate también en esto: en que tus sufrimientos, tus pérdidas y persecuciones te harán una plataforma desde la cual, con más vigor y con mayor poder, testificarás por Cristo Jesús. Medita en tu gran Ejemplo y sé lleno de su Espíritu. Recuerda que necesitas mucha instrucción, mucha perseverancia, mucha gracia y mucha humildad para que tu testimonio redunde para la gloria de tu Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 6 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 6

“Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado”. Hebreos 9:20.

HAY en la palabra “sangre” un extraño poder, y su sola presencia siempre afecta. Un corazón sensible no puede siquiera ver sangrar a un gorrión y, a menos que esté acostumbrado a ello, se aparta con horror del que mata a un animal. En cuanto a la sangre humana, es ella cosa muy sagrada. El que la derrama llevado por la ira, comete asesinato; y el que la derrama en las guerras, comete espantoso crimen. ¿Se debe este sentimiento al hecho de que la sangre es la vida y su derramamiento es señal de muerte? Nosotros creemos que sí. Cuando nos levantamos a contemplar la sangre del Hijo de Dios, nuestro espanto se acrecienta y nos estremecemos al pensar en el crimen del pecado y en el terrible castigo que soportó el que los expió. La sangre es siempre preciosa; y es inapreciable cuando procede de las venas de Emmanuel. La sangre de Jesús sella el pacto de la gracia y lo confirma para siempre. Los pactos de la antigüedad se hacían por medio de sacrificios y el pacto eterno fue ratificado de la misma manera. ¡Oh qué placer nos produce el ser salvos sobre el seguro fundamento de los contratos divinos, que no pueden dejar de ser cumplidos! La salvación por las obras de la ley es una frágil y quebrada embarcación cuyo desastre es seguro; pero la nave del pacto no teme las tormentas, porque la sangre la asegura completamente. La sangre de Jesús hizo válido su testamento. Los testamentos no valen nada hasta que mueren los testadores. En este sentido, la lanza del soldado es una bendita ayuda a la fe, pues prueba que nuestro Señor murió realmente. Sobre este asunto no puede haber duda alguna y podemos intrépidamente apropiarnos las herencias que él dejó a los suyos. ¡Felices los que ven asegurados sus títulos a las bendiciones celestiales por un Salvador que muere! Pero, ¿no tiene esta sangre alguna palabra para nosotros? ¿No nos está pidiendo que nos santifiquemos para Aquel por quien hemos sido redimidos? ¿No nos llama a novedad de vida y nos mueve a consagrarnos completamente al Señor? ¡Oh, que el poder de la sangre sea conocido y sentido en nosotros esta noche!

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 5 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 5

“Alabadle, bendecid su nombre”. Salmo 100:4.

NUESTRO Señor quisiera que todos los suyos fuesen ricos en pensamientos elevados y conceptuosos en cuanto a su bendita persona. Jesús no se satisface con que sus hermanos piensen pobremente acerca de él. Su placer sería que su esposa se deleitase en su belleza. No tenemos que considerar a Jesús como algo meramente necesario, como el pan y el agua, sino como algo altamente delicado, como un placer raro y encantador. Con este fin él se reveló a sí mismo como la “perla de gran precio” en su incomparable belleza; como el “manojito de mirra” en su refrigerante fragancia; como la “rosa de Sarón” en su persistente perfume y como el “lirio” en su inmaculada pureza. Como una ayuda para tener elevados pensamientos en cuanto a Cristo, recuerda la estima en que Cristo es tenido más allá del firmamento, donde las cosas son medidas con metros justos. Considera cómo Dios estima al Unigénito, que es el infalible don que él nos dio. Considera qué piensan de él los ángeles cuando reputan su más alto honor el velar sus rostros y estar a sus pies. Considera qué piensan de él los lavados con la sangre, mientras día y noche cantan sus bienmerecidas alabanzas. Los pensamientos elevados en cuanto a Cristo nos permitirán conducirnos convenientemente con él. Cuanto más altamente veamos a Cristo entronizado y cuanto más humildes nos mostremos al estar postrados ante su trono, mejor preparados estaremos para conducirnos bien con él. Nuestro Señor quiere que pensemos bien de él, para que nos sometamos alegremente a su autoridad. Los pensamientos sublimes en cuanto a Cristo acrecientan nuestro amor. El amor y la estima van juntos. Por lo tanto, creyente, piensa mucho en las excelencias de tu Señor. Míralo en su primitiva gloria, antes que tomara forma humana. Piensa en el poderoso amor que lo trajo del trono para morir en la cruz. Admíralo mientras conquista todos los poderes del infierno. Míralo resucitado, coronado y glorificado. Inclínate delante de él como el Admirable, el Consejero, el Dios fuerte, porque sólo así tu amor para con él será lo que debe ser.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Vivirán estos huesos? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 4

“En tu luz veremos la luz”. Salmo 36:9.

NINGÚN labio puede hacer conocer el amor de Cristo al corazón hasta que Jesús se lo revele. Todas las descripciones se empalidecen y evaporan si el Espíritu Santo no las llena con vida y poder. Hasta que nuestro Emmanuel no se revele, el alma no lo ve. Si quisieras ver el sol, ¿reunirías los medios comunes de iluminación y procurarías por ese medio ver el astro del día? No; el hombre entendido sabe que el sol tiene que manifestarse a sí mismo, y que únicamente por su propio resplandor puede esa poderosa lámpara ser vista. Así acontece con Cristo. “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre”. Estas palabras se las dijo el Salvador a Pedro. El purificar la carne y la sangre por un proceso educacional que se pueda elegir, eleva las facultades mentales al más alto grado de poder intelectual, pero nada de eso puede revelar a Cristo. El Espíritu de Dios tiene que venir con poder y “hacer sombra” con sus alas sobre el hombre y, después, en ese místico lugar santísimo, el Señor Jesús tiene que mostrarse al hombre santificado como no lo hace a los miopes hijos de los hombres. Cristo tiene que ser su propio espejo. La gran mayoría de este mundo tiene los ojos enfermos y, por eso, no puede ver nada de las inefables glorias de Emmanuel. Ven a Jesús sin forma, o sea, sin gracia, como una raíz de tierra seca, desechada por el vanidoso y despreciada por el soberbio. Jesús sólo es comprendido por aquel cuyo ojo el Espíritu tocó con colirio, cuyo corazón avivó con vida divina y cuya alma educó para gustar lo celestial. “El es precioso a vosotros que creéis”. Para ti él es la principal piedra del ángulo, la Roca de tu salvación, tu todo en todo. Pero para los demás, él es “una piedra de tropiezo y una roca de escándalo”. Felices aquellos a quienes nuestro Señor se manifiesta, pues él promete a los tales que “hará con ellos morada”. ¡Oh, Jesús, nuestro Señor, nuestro corazón está abierto; entra en él y no salgas más! Revélate a nosotros ahora. Favorécenos con un vislumbre de tu irresistible encanto.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Será hallado el Señor? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 3

“Su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo”. 2 Crónicas 30:27.

LA oración es el refugio del cristiano que nunca falla, sea cual fuere la situación o el aprieto en que se halle. Cuando no puedas usar tu espada, puedes recurrir al arma de la oración ferviente. Tu pólvora puede mojarse y la cuerda de tu arco aflojarse, pero el arma de la oración ferviente nunca necesita estar fuera de uso. El leviatán se ríe de la jabalina, pero tiembla ante la oración. La espada y la lanza necesitan ser acicaladas, pero la oración nunca se embota. La oración es una puerta abierta que nadie puede cerrar. Los demonios pueden rodearte por todos los lados, pero el camino hacia arriba está siempre abierto, y mientras esa senda no esté obstruida, no caerás en las manos del enemigo. Mientras los socorros celestiales desciendan a nosotros por la escala de Jacob para socorrernos en los momentos de necesidades, nunca seremos tomados por bloqueo, por asalto, por mina o por ataque. La oración nunca está fuera de sazón. Tanto en verano como en invierno su mercancía es preciosa. La oración consigue audiencia en el cielo a altas horas de la noche, en medio de las ocupaciones diarias, al mediodía o al caer la tarde. El Dios del pacto recibirá complacido tus oraciones y las contestará desde su santo lugar, cualquiera sea tu condición: la pobreza, la enfermedad, la oscuridad, la calumnia o la duda. La oración nunca es vana. La genuina oración es siempre un verdadero poder. Quizás no siempre consigas lo que pides, pero siempre tus verdaderas necesidades quedarán suplidas. Cuando Dios no responde a sus hijos de acuerdo a la letra, les responde de acuerdo al espíritu. Si pides harina común, ¿te enojarás porque te dé la harina más fina? Si buscas sanidad física, ¿te lamentarás si, en lugar de eso, Dios hace que tu enfermedad física redunde en la sanidad de tus enfermedades espirituales? ¿No es mejor tener la cruz santificada en lugar de eliminada? No te olvides esta noche, alma mía, de ofrecer tu petición y solicitud, pues el Señor está pronto para concederte lo que deseas.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Por qué buscarle a Él? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 2

“Horror se apoderó de mi, a causa de los impíos que dejan tu ley”. Salmo 119:53.

ALMA mía, ¿sientes este santo estremecimiento ante los pecados de los demás? Porque si no lo sientes, careces de íntima santidad. Las mejillas de David estaban mojadas con ríos de lágrimas por la reinante impiedad; Jeremías deseaba que sus ojos se tornaran fuentes de agua para llorar las iniquidades de Israel, y Lot fue acosado por la conducta de los hombres de Sodoma. Aquellos sobre quienes fue puesta señal, en la visión de Ezequiel, eran los que suspiraban y clamaban por las abominaciones de Jerusalén. No puede sino contristar a las almas bondadosas el ver el trabajo que se toman los hombres para ir al infierno. Ellas conocen experimentalmente el mal del pecado y se sienten alarmadas de ver a otros volar como polillas hacia su fuego. El pecado hace que el justo se estremezca, porque el pecado viola una ley santa que debiera guardarse para el más alto interés de todo hombre. El pecado derriba los pilares de la nación. El pecado practicado por otros horroriza al creyente porque le recuerda la ruindad de su propio corazón. Cuando ve a un transgresor clama con el santo mencionado por Bernardo: “El cayó hoy, y yo puedo caer mañana”. El pecado es horrible para el creyente porque crucificó al Salvador. El creyente ve en toda iniquidad los clavos y la lanza. ¿Cómo puede un alma salva ver sin horror a ese maldito matador de Cristo? Di, corazón mío, ¿apruebas todo esto? Es espantoso insultar a Dios en su rostro. Dios merece mejor trato; él lo reclama y él lo tendrá o, de lo contrario, recompensará en su cara a sus adversarios. Un corazón despierto tiembla ante la audacia del pecado y queda alarmado ante la contemplación de su castigo. ¡Cuán monstruosa es la rebelión! ¡Qué juicio horrible aguarda al impío! Alma mía, nunca te rías de las locuras del pecado, no sea que te llegues a reír del pecado en sí. El pecado es tu enemigo y el enemigo de tu Señor. Míralo con odio; pues sólo así puedes probar que posees la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 1 de noviembre de 2016

¿Estás desesperada? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 1

“Y no conocieron hasta que vino el diluvio y llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre”. Mateo 24:39.

ESTE juicio fue universal. No se escapó ni el rico ni el pobre. Todos se hundieron en común ruina: el erudito y el iletrado; el admirado y el aborrecido; el religioso y el profano; el anciano y el joven. Algunos, sin duda, ridiculizaron al patriarca. ¿Dónde están ahora sus burlonas carcajadas? Otros lo amenazaron por su celo, que consideraron locura. ¿Dónde están ahora sus palabras ofensivas y jactanciosas? El crítico que juzgó la obra del anciano está anegado en el mismo mar que oculta a sus burlones compañeros. Los que hablaron en términos elogiosos de la lealtad que Noé mostró a sus convicciones, pero no las hicieron suyas, se hundieron para no levantarse jamás; y los operarios que, por sueldo, ayudaron a construir la maravillosa arca, se perdieron también para siempre. El diluvio los barrió a todos, sin hacer ninguna excepción. Así también, fuera de Cristo, una segura destrucción aguarda a todo hombre nacido de mujer. Ni la posición social, ni las posesiones, ni la fama serán suficientes para salvar a una sola alma que no crea en el Señor Jesús. ¡Alma mía, contempla este juicio universal y tiembla al pensar en él!
¡Causa admiración la apatía de los contemporáneos de Noé! Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento hasta que llegó el espantoso día. Ni un solo hombre prudente quedó fuera del arca. La insensatez había embaucado a todos los seres humanos que estaban en la tierra; era la más insensata de todas las insensateces: la que lleva al hombre a descuidar su propia preservación. Era la insensatez de dudar del verdadero Dios, la más necia de todas las necedades. ¿No es extraño, alma mía? Todos los hombres descuidan sus almas hasta que la gracia les da entendimiento. Es entonces y sólo entonces cuando los hombres dejan su insensatez y actúan como seres racionales.
Todos, bendito sea Dios, estaban seguros en el arca; ninguna ruina entró en ella. Desde el corpulento elefante hasta el ratoncito, todos estaban seguros. Todos están seguros en Jesús. Alma mía, ¿estás tú en él?

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 31 de octubre de 2016

Oportunidades delante de nosotros - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 31

“Yo te conocí en el desierto, en tierra seca”. Oseas 13:5.

SI, Señor, tú, en verdad, me conociste en mi condición de caído y, a pesar de eso, me elegiste para ti. Cuando era aborrecible y aborrecido de mí mismo, tú me recibiste como hijo tuyo y satisficiste mis múltiples necesidades. ¡Bendito para siempre sea tu nombre por esta rica, libre y abundante gracia! Desde entonces, mi experiencia íntima ha sido frecuentemente un desierto, pero, sin embargo, tú me has reconocido como tu amado y has derramado sobre mí raudales de amor y de gracia para alegrarme y hacerme fructífero. Más aún: cuando mis circunstancias externas estaban en lo peor y yo vagaba en tierra seca, tu grata presencia me trajo porque no hay aflicción que empañe el brillo de tu amor. Yo te alabo, muy bondadoso Señor, porque en circunstancias dolorosas me has mostrado toda tu fidelidad, y deploro, al mismo tiempo, el que en algún tiempo te haya yo olvidado. Lamento también que mi corazón se haya enaltecido cuando, en realidad, todo lo debo a tu benignidad y amor. ¡Ten en esto misericordia de tu siervo! Alma mía, si Jesús te reconoció en tu condición de perdida, está segura de reconocerlo a él y a su causa ahora que estás en tu prosperidad. No te enaltezcas por tus éxitos terrenales hasta el punto de avergonzarte de la verdad y de la humilde Iglesia a la cual te has unido. Sigue a Jesús al desierto; lleva la cruz con él cuando el calor de la persecución aumente. ¡Oh!, alma mía, él te reconoció en tu pobreza y en tu vergüenza. Nunca seas, pues, tan pérfida como para avergonzarte de él. ¡Oh si me avergonzara más bien de pensar siquiera de avergonzarme de mi Amado! Jesús, mi alma se une a ti.
Jesús, mi Salvador, ¿será posible
Que se avergüence algún mortal de ti?
¿Y qué, olvidando tus sublimes hechos,
Niegue lo que tú has sido para sí?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 30 de octubre de 2016

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS - “La Reforma y su impacto en nuestros días”

LECTURAS VESPERTINAS – OCTUBRE 30

“Oh, tú, la que moras en los huertos, los compañeros escuchan tu voz, házmela oír”. Cantares 8:13.

MI afable Señor Jesús recuerda bien el jardín de Gethsemaní, pero, como ya ha dejado ese lugar, habita ahora en el jardín de la Iglesia. Allí él abre su corazón a los que cultivan su bendita amistad. La voz de amor con que habla a su amada es más melodiosa que las arpas del cielo. Hay en esa voz una profundidad tal de melodioso amor que deja atrás toda música humana. Diez millares en la tierra y millones en el cielo se gozan con los armoniosos acentos de la voz de Jesús. Algunos a quienes bien conozco y a quienes envidio están en este momento escuchando su amada voz. ¡Oh si pudiese participar de sus alegrías! Es verdad que algunos son pobres; otros están postrados en cama; y otros yacen cerca de las puertas de la muerte. Pero, oh Señor mío, con tal de oír tu voz, yo padecería alegremente hambre con ellos, me consumiría con ellos o moriría con ellos. En un tiempo oía esa voz frecuentemente, pero contristé tu Espíritu. Vuelve a mí con compasión y dime una vez más: “Yo soy tu salvación”. Ninguna otra voz puede contentarme. Yo conozco tu voz y no es posible que pueda ser engañado por otra. Te ruego que me permitas oírla. Yo no sé, oh Amado mío, lo que me dirás, ni te pongo condición alguna; lo único que quiero es oírte hablar. Si lo que tienes que decirme es una reprensión, te alabaré por ella. Quizás para purificar mi oído sea necesaria una operación muy penosa para la carne, pero sea lo que fuere, yo no me apartaré de este vehemente deseo: “Hazme oír tu voz”. Horada mi oreja otra vez; hiere mi oído con tus notas más agudas. Lo único que te pido es que no permitas que continúe sordo a tu voz. Señor, cumple esta noche el deseo de tu indigno siervo, porque yo soy tuyo y tú me has comprado con tu sangre. Tú has abierto mis ojos para que te vea y tu presencia me ha salvado. Señor, abre mis oídos. Yo he comprendido tu corazón; déjame ahora oír tu voz.

Charles Haddon Spurgeon.