Versículo para hoy:

jueves, 13 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(c) Determine con firmeza en su mente que el Señor Jesucristo mismo habló claramente acerca de la realidad y eternidad del infierno. La parábola del rico y Lázaro debiera hacer temblar a los hombres. Pero no sólo es esta parábola. Nadie ha usado tantas palabras para expresar lo terrible que es el infierno como Aquel que habló, como jamás hombre alguno lo ha hecho, y que dijo: "La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14:24). El infierno, el fuego del infierno, la condenación del infierno, la condenación eterna, la resurrección de la condenación, el fuego eterno, el lugar de tormentos, de destrucción, de total oscuridad, del gusano que nunca muerte, del fuego que nunca se apaga, las lágrimas, los lamentos y el crujir de dientes y castigo eterno, son todos términos que el Señor Jesucristo mismo emplea. ¡Fuera con las miserables tonterías que dice la gente en la actualidad, que nos dicen que los ministros del evangelio nunca debieran hablar del infierno! No hacen más que mostrar su propia ignorancia o su propia falta de sinceridad cuando hablan de ese modo. Nadie puede leer sinceramente los cuatro Evangelios y no ver que el que quiere seguir el ejemplo de Cristo tiene que hablar del infierno.

(d) Por último, determine en su mente que las ideas reconfortantes que las Escrituras nos dan acerca del cielo, dejan de ser en cuanto negamos la realidad y eternidad del infierno. ¿No existe una futura morada separada para los que mueren impíos y sin Dios? ¿Será que todas las personas, después de la muerte, se entremezclan conformando una multitud confusa? Entonces pues, ¡el cielo no será para nada cielo! Es totalmente imposible que dos vivan felices juntos si no coinciden. ¿Habrá un tiempo cuando se acabe el infierno y el castigo? ¿Serán admitidos al cielo los impíos después de siglos de sufrimiento? Entonces pues, la necesidad de la santificación del Espíritu queda descartada y eliminada. Leo que los hombres pueden ser santificados en la tierra haciéndolos aptos para el cielo, no leo nada de ninguna santificación en el infierno. ¡Fuera con estas teorías sin sentido y sin ninguna base bíblica! La eternidad en el infierno, así como la eternidad en el cielo, se presentan claramente en la Biblia.

Una vez que uno dice que el infierno no es eterno, puede muy bien decir que Dios y el cielo no son eternos. La misma palabra griega que se usa en la expresión "castigo eterno" es la que usa el Señor Jesús al decir ¨vida eterna¨ y Pablo, al decir "Dios eterno" (Mt. 25:46; Ro. 16:26). 

Sé que esto suena terrible a muchos oídos. No me extraña. Pero la única cuestión que tenemos que determinar es: ¿Es bíblico el tema del infierno? ¿Lo es? Mantengo firmemente que lo es y mantengo que hay que recordarles a los cristianos profesantes que pueden estar perdidos y camino al infierno.

Sé que es fácil rechazar la enseñanza clara sobre el infierno y hacerla antipática por el uso de palabras desagradables. He escuchado, a menudo, decir que son "conceptos intolerantes, nociones anticuadas, teología de fuego y azufre" y cosas parecidas. Se me ha dicho, a menudo, que en la actualidad se prefieren conceptos más "amplios". Mi anhelo es ser tan amplio como la Biblia, ni más ni menos. Afirmo que es teólogo intolerante aquel que recorta las partes de la Biblia que le disgustan al corazón natural y, por ende rechaza alguna porción del Consejo de Dios. 

domingo, 9 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

Acerca del infierno

Me siento constreñido a hablar libremente a mis lectores sobre el tema del infierno. Permítanme usar la oportunidad que sugiere el final de la mujer de Lot. Creo que el tiempo ha llegado cuando es nuestro ineludible deber, hablar claramente acerca de la realidad y la eternidad del infierno. Últimamente se ha desatado entre nosotros un diluvio de doctrinas falsas. Los hombres están empezando a decirnos "que Dios es demasiado misericordioso como para castigar a las almas para siempre. Que hay un amor de Dios más profundo, incluso que el infierno, y que toda la humanidad, a pesar de lo impíos e incrédulos que sean algunos, tarde o temprano serán salvos". Nos invitan a dejar las sendas antiguas del cristianismo apostólico. Nos dicen que las creencias de nuestros mayores acerca del infierno, el diablo y el castigo, son obsoletas y anticuadas. Dicen que tenemos que adoptar lo que llaman una "teología más bondadosa" y tratar al infierno como una fábula pagana o como algo para asustar a los niños y los tontos. Protesto contra estas enseñanzas falsas. Por más dolorosa, lamentable y desesperante que sea la controversia, no tenemos que dudar ni negarnos a mirar de frente al tema. Por mi parte, estoy resuelto a mantener la antigua posición y confirmar la realidad y eternidad del infierno.

Créame, esta no es una cuestión simplemente para especular. No debe ser clasificada entre las diferencias sobre liturgias y gobierno eclesiástico. No debe ser catalogada como un problema misterioso, como lo es el significado del templo de Ezequiel o los símbolos del libro de Apocalipsis. Es una cuestión que es parte del fundamento mismo de todo el evangelio. Los atributos morales de Dios, su justicia, su santidad y su pureza son parte de esto. Está en juego la necesidad de una fe personal en Cristo y de santificación por el Espíritu. Una vez que se descarta la antigua doctrina del infierno, se desbarata, trastorna, altera y descompone todo el sistema del cristianismo.

Créame, la cuestión no es una que permite que adoptemos teorías e invenciones humanas. Las Escrituras han hablado clara y completamente sobre el tema del infierno. Mantengo que es imposible encarar sinceramente la Biblia y, al mismo tiempo, evitar las conclusiones a las que nos lleva en cuanto a este punto. Si algo significan las palabras, existe un lugar como el infierno. Si los textos han de ser interpretados fehacientemente, en aquel día muchos serán arrojados en el lago que arde con fuego y azufre. Si el lenguaje tiene algún sentido en cuanto a esto, el infierno es para siempre. Creo que el hombre que encuentra argumentos para evadir las evidencias de la Biblia en cuanto a este asunto, ha llegado a un estado mental en que es inútil razonar con él. Por mi parte, me parece que discutir que nosotros no existimos, es igual a discutir que la Biblia no enseña la realidad y eternidad del infierno.

(a) Determine con firmeza en su mente que la misma Biblia que enseña que Dios, en su misericordia y compasión envió a Cristo para morir por los pecadores, también enseña que Dios aborrece el pecado y, por su propia naturaleza, tiene que castigar a todos los que se aferran al pecado o rechazan la salvación que Él ha provisto. Justamente, el mismo capítulo que declara: "De tal manera amó Dios al mundo", declara también que "la ira de Dios está sobre" el incrédulo (Juan 3:16, 36). El mismo evangelio lanzado a la tierra con nuevas benditas: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo", proclama a la vez que "el que no creyere, será condenado" (Marcos 16:16).

(b) Determine con firmeza en su mente que Dios nos ha dado prueba tras prueba en la Biblia que habrá de castigar a los endurecidos e incrédulos; que puede vengarse de sus enemigos, al igual que mostrar misericordia por el arrepentido. El arrasar con el viejo mundo con el diluvio, el fuego en Sodoma y Gomorra, la muerte de faraón y todas sus huestes en el Mar Rojo, el juicio de Coré, Datán y Abiram, y la destrucción de las siete naciones de Canaán nos enseñan la misma verdad aterradora. Todas estas pruebas nos han sido dadas como luces de precaución, señales y advertencias, a fin de que no provoquemos a Dios. Todas estas tienen la intención de levantar un rincón del velo que esconde las cosas por venir y para recordarnos que la ira de Dios es una realidad. Todas nos dicen claramente que "los malos serán trasladados al Seol" (Salmo 9:17).

sábado, 8 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

III. El castigo de la mujer de Lot

Hablaré ahora, en último lugar, sobre el castigo que Dios le impuso a la mujer de Lot. Las Escrituras describen su final en pocas y sencillas palabras. Está escrito que "la mujer de Lot miró atrás... y se volvió estatua de sal". Dios realizó un milagro para ejecutar su juicio sobre esta mujer culpable. La misma mano todopoderosa que le había dado vida, se la quitó en un abrir y cerrar de ojos. De ser carne y sangre viva se volvió estatua de sal.

¡Este es un final horroroso para cualquiera! Morir en cualquier momento es serio. Morir entre amigos y familiares, morir en calma y silencio en su propia cama, morir con las oraciones de hombres consagrados todavía retumbando en sus oídos, morir con esperanza por gracia con total seguridad de salvación, descansar en el Señor Jesús, alentado por las promesas del evangelio, de por sí ya es serio. Pero morir de pronto e instantáneamente, en el acto mismo de pecar, morir con perfecta salud y fuerza, morir por la intervención directa de un Dios airado es realmente aterrador. Pero este fue el final de la mujer de Lot. No se puede culpar a la letanía del Libro de Oraciones [anglicano] por conservar este pedido: "De una muerte súbita, buen Señor, líbranos".

¡Este fue un final sin esperanza! Hay casos cuando tenemos algo de esperanza para las almas de los que vemos descender a la tumba. Tratamos de convencernos de que nuestra pobre hermana o hermano fallecido se ha arrepentido para salvación en el último momento, y que se ha tomado de la punta del manto de Cristo a última hora. Hacemos memoria de las misericordias de Dios, recordamos el poder del Espíritu, pensamos en el caso del ladrón arrepentido, nos decimos que puede haber sucedido una obra de salvación que el moribundo no tuvo las fuerzas para decirlo en su lecho de muerte. Pero no hay tales esperanzas cuando una persona muere súbitamente en el acto mismo de pecar. La caridad no puede decir nada cuando el alma ha sido llevada en medio de una iniquidad, sin tiempo para pensar ni orar. Tal fue el final de la mujer de Lot. Fue un final sin esperanza. Se fue al infierno.

Es bueno que todos recordemos estas cosas. Es bueno que nos recuerden que Dios puede castigar bruscamente a los que pecan a sabiendas y que el mal uso de los grandes privilegios produce gran ira sobre el alma.

Faraón vio todos los milagros que realizó Moisés. Coré, Datán y Abirám, habían oído hablar a Dios desde el Monte Sinaí. Ofni y Finees eran hijos del Sumo Sacerdote de Dios. Saúl vivía a plena luz del ministerio de Samuel. Acab recibía frecuentemente las advertencias del profeta Elías. Absalón disfrutaba del privilegio de ser uno de los hijos de David. Belsasar tenía al profeta Daniel a su puerta. Ananías y Safira se sumaron a la iglesia en los días cuando los apóstoles obraban milagros. ¡Y Judas Iscariote fue escogido como compañero de nuestro Señor Jesucristo mismo! Pero todos estos pecaron a pesar de tener luz y conocimiento, y fueron destruidos súbitamente sin remedio. No tuvieron ni tiempo ni oportunidad para arrepentirse. Así como vivieron, así murieron; tal como eran, fueron llevados rápidamente a encontrarse con Dios. Partieron cargando todos sus pecados, sin perdón, sin renovación y totalmente ineptos para el cielo. Y aun muertos, hablan. Nos dicen, como la mujer de Lot, que es peligroso pecar contra la luz, que Dios aborrece el pecado y que existe un infierno.

viernes, 7 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(e) ¡Cuántos pastores trabajan intensamente en su profesión durante años y, después, pierden su entusiasmo y se hacen indolentes por amor a este mundo! Al principio de su ministerio parecen dispuestos a consagrar todas sus fuerzas a la causa de Cristo, trabajan a tiempo y fuera de tiempo, su predicación es entusiasta y sus iglesias están llenas. Su delicia semanal es cuidar bien a sus congregaciones, tener reuniones caseras, reuniones de oración y visitar casa por casa. ¡Pero, ay, cuántas veces después de "comenzar por el Espíritu" terminan "en la carne" y, como a Sansón, les es quitada su fuerza en el regazo de esa Dalila que es el mundo!

Prefieren vivir holgadamente, contraen matrimonio con una mujer mundana, se inflan de orgullo, descuidan el estudio y la oración. La primera helada congela los brotes espirituales que habían sido tan prometedores. Su predicación pierde su unción y poder, sus actividades durante la semana van disminuyendo cada vez más, son menos selectivos con las amistades que cultiva, el tono de su conversación se va haciendo más terrenal. Empieza a importarles lo que opinan los demás; les domina un miedo mórbido a los "puntos de vista extremos" y se llenan de una ansiedad cautelosa cuidándose de no ofender a alguien. Y, finalmente, el hombre que una vez parecía que llegaría a ser un verdadero sucesor de los apóstoles y un buen soldado de Cristo, acaba siendo un clérigo tipo jardinero, agricultor o, algo por el estilo, que no ofende a nadie y no lleva a nadie a la salvación. Su iglesia termina estando media vacía, su influencia va desapareciendo. El mundo lo ha atado de pies y manos. Ha seguido los pasos de la mujer de Lot. Ha mirado atrás1.
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1"¡Recuerde al Dr. Dodd! Yo mismo le oí decir a su manada, con la cual estaba reunido en su propia casa, que se veía obligado a dejar ese método de ayudar a sus almas porque lo exponían a constantes reproches. De hecho dejó de usarlo y fue cayendo en una debilidad tras otra de su naturaleza corrupta ¡y bajo qué reproche murió!" [Murió en la horca por fraude]. -Life and Letters (Vida y Cartas) por Venn, p. 238, edición 1853.
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Es triste escribir estas cosas, pero es mucho más triste verlas. Es triste observar cómo cristianos profesantes pueden enceguecer sus conciencias con argumentos artificiosos sobre este tema y pueden defender la mundanalidad hablando de "los deberes de su posición social", "la importancia de la cortesía en la vida" y la necesidad de tener una "religión jovial".

Es triste ver cómo muchos barcos gallardos emprenden el viaje de la vida con todas las perspectivas de lograr el éxito y, dejando filtrar el agua de la mundanalidad, naufragan con toda su carga muy cerca ya de arribar a puerto seguro. Es de lo más triste observar cómo muchos creen que todo anda bien con sus almas cuando, en realidad, todo anda mal en razón de que aman al mundo. Peinan canas aquí y allá, pero ni se dan cuenta. Empezaron como Jacob, David y Pedro y, lo mas probable es que, terminen como Esaú, Saúl y Judas Iscariote. Empezaron como Rut, Ana, María y Pérsida y, lo más posible es que, terminen como la esposa de Lot.

Cuidado con una fe cristiana a medias. Cuidado con seguir a Cristo por una motivación secundaria: Para complacer a sus familiares y amigos, para mantener las costumbres del lugar o de la familia de la cual es parte o por querer parecer respetable y tener fama de ser espiritual. Siga a Cristo por quién es él, si es que lo va a seguir. Sea esmerado, sea auténtico, sea sincero, sea sólido y ponga todo su corazón en ser cristiano. Si va a tener una fe cristiana, que sea auténtica. Cuídese de no cometer el mismo pecado de la mujer de Lot.

Cuidado con pensar que puede avanzar mucho en su fe y, a la vez, tratar de seguir la corriente del mundo. No quiero que ningún lector se convierta en un ermitaño, monje o monja. Mi anhelo es que cada uno cumpla su verdadero deber en ese lugar en la vida al que fue llamado. Pero sí quiero insistir en que cada cristiano profesante que quiere ser feliz, sepa la inmensa importancia de no hacer ningún compromiso entre Dios y el mundo. No trate de negociar, como si quisiera darle a Cristo lo menos posible de su corazón y conservar todo lo posible de las cosas de esta vida. Cuidado con no excederse y terminar perdiéndolo todo. Ame a Cristo con todo su corazón, su mente, alma y fuerzas. Busque primeramente el reino de Dios y estoy seguro de que, entonces, todas las demás cosas le serán añadidas. Cuidado con terminar siendo una copia del personaje que describe John Bunyan, el señor Dos-caras. Por su felicidad, por su provecho, por su seguridad y por su alma, cuídese del pecado de la mujer de Lot. Oh, es muy serio lo que dijo nuestro Señor Jesús: "Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios" (Lc. 9:62).

jueves, 6 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Hay miles de personas bautizadas en nuestras iglesias que son inmunes a la inmoralidad e infidelidad y, sin embargo, caen víctimas del amor al mundo. Hay miles que andan bien durante un tiempo y parece que seguramente arribarán al cielo, pero a la larga, abandonan la carrera y le dan totalmente la espalda a Cristo. ¿Y qué los detiene? ¿Han comprobado que la Biblia no es la verdad? ¿Han comprobado que el Señor Jesús no cumple su palabra? No, de ninguna manera. Pero se han contagiado de la enfermedad epidémica; están infectados del amor a este mundo. De corazón, apelo a cada pastor evangélico que lee este escrito que mire alrededor a toda su congregación. Apelo a cada cristiano maduro a que mire alrededor del círculo de sus conocidos. Estoy seguro de estar diciendo la verdad. Estoy seguro de que es hora de recordar el pecado de la mujer de Lot.

(a) ¡Cuántos hijos de familias cristianas empiezan bien y terminan mal! En su niñez parecen llenos de espiritualidad. Pueden recitar textos e himnos en abundancia, tienen sentimientos espirituales y convicciones de pecado, profesan amar al Señor Jesús y anhelan ir al cielo, les gusta ir a la iglesia y escuchar sermones, dicen cosas que los padres, que los quieren, atesoran porque indican que hay gracia, hacen cosas que llevan a aquellos con los que se relacionan a decir: "¿Qué clase de niño será este?" ¡Pero, ay, con frecuencia su bondad desaparece como la bruma y el rocío de la mañana! El muchacho se hace joven y ya no le importan otras cosas que no sean las diversiones, los deportes, los excesos y parrandear. La niña se convierte en señorita y solo le importa la ropa, las amistades alegres, leer novelas y las emociones. ¿Dónde está la espiritualidad que parecía prometer tanto? Se fue, está enterrada, ha sido descartada por el amor al mundo. Siguen los pasos de la mujer de Lot. Miran atrás.

(b) ¡Cuántas personas casadas aparentemente andan por buen camino espiritual, hasta que sus hijos comienzan a crecer y, entonces, se apartan! En los primeros años de su matrimonio parecen seguir a Cristo con diligencia y ser sus buenos testigos. Asisten regularmente a la predicación del evangelio, dan fruto de buenas obras y nunca se los ve en malas compañías. Su fe práctica es sólida y caminan tomados de la mano. Pero ay, cuántas veces una peste espiritual ataca al hogar cuando los hijos comienzan a crecer y es necesario hacerlos progresar en la vida. Empieza a aparecer una levadura en sus hábitos, su manera de vestir, sus diversiones y su empleo del tiempo. Ya no son estrictos en cuanto a los amigos que visitan y los lugares que frecuentan. ¿Dónde está la clara línea divisoria que antes respetaban? ¿Dónde está la abstinencia total de las diversiones mundanas que antes los caracterizaba? Todo ha sido olvidado. Todo ha sido descartado, como un viejo almanaque. Han cambiado, el espíritu del mundo ha tomado posesión de sus corazones. Siguen los pasos de la mujer de Lot. Miran atrás.

(c) ¡Cuántas señoritas parecen amar decididamente la fe cristiana hasta que cumplen los veinte o veintiún años y, entonces, lo pierden todo! Hasta este momento de sus vidas su conducta relacionada con cuestiones de su fe, ha sido todo lo que debe ser. Mantienen el hábito de orar a solas, leen su Biblia con diligencia, visitan a los pobres cuando se presenta la oportunidad, ministran a las necesidades temporales y espirituales de los pobres, les gusta tener amistades cristianas, les encanta hablar de temas espirituales, escriben cartas llenas de expresiones y experiencias espirituales. ¡Pero ay, muchas veces prueban ser inestables como el agua y el amor al mundo las arruina! Poco a poco se apartan y dejan su primer amor. Poco a poco las "cosas que se ven" van quitando de sus mentes las "cosas que no se ven" y, como plaga de langostas, se comen todo lo verde en sus almas. Paso a paso se apartan de la posición decidida que antes tenían. Dejan de ser celosas en cuanto a la doctrina y pretenden descubrir que es "ser dura" pensar que una persona tenga más espiritualidad que otra, descubren que es "ser exclusivista" intentar cualquier separación de las costumbres de la sociedad. Con el tiempo, dan su cariño a algún hombre que ni siquiera pretende seguir decididamente a Cristo. Por último, terminan por renunciar a los últimos resabios de su cristianismo y se convierten totalmente en hijas del mundo. Siguen los pasos de la mujer de Lot. Miran atrás.

(d) ¡Cuántos miembros de iglesias fueron durante un tiempo profesantes celosos y serios, y ahora son letárgicos, su religión es sólo de forma y, además, son fríos! Hubo un tiempo cuando nadie parecía más consagrado que ellos. Ninguno como ellos era tan diligente en asistir a los medios de gracia, nadie tan ansioso por promover la causa del evangelio y tan dispuesto para toda buena obra, ninguno tan agradecido por recibir instrucción espiritual, ninguno, aparentemente, tan deseoso de crecer en la gracia.

¡Pero ahora, ay, todo parece haber cambiado! El "amor por otras cosas" se ha apoderado de sus corazones y ha asfixiado la buena semilla de la Palabra. El dinero del mundo, las recompensas del mundo, la literatura del mundo, los honores del mundo ocupan ahora el primer lugar en sus afectos. Hable con ellos y no encontrará ninguna reacción positiva a las cosas espirituales. Observe su conducta diaria y no encontrará nada de celo por el reino de Dios. De hecho, tienen religión, pero ya no una fe viva. La fuente de su cristianismo de antes se ha secado y desaparecido, el fuego de la maquinaria se ha apagado y enfriado. El mundo ha extinguido la llama que una vez brillaba con esplendor. Andan en los pasos de la mujer de Lot. Han mirado atrás.

miércoles, 5 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

II. El pecado que cometió la mujer de Lot

Ahora hablaré del pecado que cometió la mujer de Lot. La descripción de su pecado nos es dada por el Espíritu Santo en pocas palabras sencillas: "La mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal". No nos dice más que esto. Hay una solemnidad manifiesta en esta historia. La suma y sustancia de su transgresión radica en estas dos palabras: "Miró atrás".

¿Le parece pequeño este pecado a alguno de mis lectores? ¿Le parece que la falta de la mujer de Lot fue insignificante como para merecer semejante castigo? Me atrevo a decir que algunos pueden pensar así. Deme su atención mientras razono con usted sobre este tema. Hubo mucho más en aquella mirada de lo que se nota a primera vista; implica mucho más de lo que expresa. Preste atención y lo comprobará.

(a) Aquella mirada retrospectiva fue cosa pequeña, pero reveló el verdadero carácter de la mujer de Lot. Las cosas pequeñas, a menudo, muestran mejor que las grandes lo que el hombre tiene en la mente y los síntomas pequeños son, a menudo, señales de enfermedades mortales e incurables. El fruto que comió Eva era una pequeñez, pero fue prueba de que perdió su inocencia y se convirtió en una pecadora. Una grieta en un edificio parece poca cosa, pero es prueba de que el cimiento está cediendo y que toda la estructura es insegura. Un poco de tos por la mañana parece un mal sin importancia pero, a menudo, es evidencia de una salud quebrantada que lleva a la declinación, tuberculosis y a la muerte. Una paja puede mostrar en qué dirección sopla el viento y una mirada puede mostrar la condición corrupta del corazón del pecador (Mt. 5:28).

(b) Aquella mirada fue cosa pequeña, pero dejó ver la desobediencia de la mujer de Lot. El mandato del ángel había sido claro y no dejaba lugar a dudas: "No mires tras ti" (Gn. 19:17). Fue un mandato que la mujer de Lot se negó a obedecer. Pero el Espíritu Santo dice: "Obedecer es mejor que los sacrificios" y que "como pecado de adivinación es la rebelión" (1 S. 15:22, 23). Cuando Dios o sus mensajeros hablan claramente su Palabra, el deber del hombre es claro.

(c) Aquella mirada fue cosa pequeña, pero dejó ver la incredulidad orgullosa de la mujer de Lot. Parecía dudar que Dios realmente fuera a destruir a Sodoma; parecía no creer que hubiera algún peligro ni necesidad de una huida tan apresurada. "Pero sin fe es imposible agradar a Dios" (He. 11:6). En cuanto el hombre comienza a pensar que sabe más que Dios y que Dios no habla en serio cuando amenaza, su alma corre gran peligro. Cuando no podemos ver razón alguna en sus acciones, nuestro deber es quedarnos en paz y creer.

(d) Aquella mirada de la mujer de Lot fue cosa pequeña, pero mostraba amor por el mundo. Su corazón estaba en Sodoma, aunque físicamente se encontraba fuera de ella. Giró para mirar el lugar donde estaba su tesoro, así como la aguja del compás gira hacia el norte. Y este fue el punto principal de su pecado: "La amistad del mundo es enemistad contra Dios" (Stg. 4:4). "Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1Jn. 2:15).

Pido la atención especial de mis lectores a esta parte de nuestro tema. Creo que es la parte en la cual el Señor Jesús quiere que pongamos nuestra mente. Creo que quiere que observemos que el hecho de que la mujer de Lot mirará atrás, añorando lo que dejaba, indica que estaba perdida. Su fe había sido, en un tiempo, aceptable y artificiosa, pero realmente nunca había dejado el mundo. Pareció en un tiempo, que estaba en la senda segura, pero, aun entonces, los pensamientos más profundos de su corazón eran para el mundo. La gran lección que el Señor Jesús tiene la intención de que aprendamos es el inmenso peligro de la mundanalidad. ¡Oh, que todos tuviéramos ojos para ver y corazón para comprender!

Creo que nunca hubo un tiempo cuando las advertencias contra la mundanalidad se necesitaron tanto en la iglesia de Cristo como en la actualidad. Se dice que cada época tiene su propia epidemia de alguna enfermedad en particular. La enfermedad, que es una epidemia a la cual son más susceptibles los creyentes de hoy, es el amor al mundo. Es una pestilencia que camina en la oscuridad y destruye al mediodía. "Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella" (Pr. 7:26). Deseo levantar mi voz para advertir y tratar de despertar las conciencias aletargadas de todos los que hacen una profesión de fe. Deseo clamar a viva voz: "Acordaos de la mujer de Lot". No era homicida, no era adúltera, no era ladrona, sino que profesaba una religión tan superficial que le hizo mirar atrás, a pesar de las advertencias.

martes, 4 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Valoremos los privilegios espirituales, pero no descansemos enteramente en ellos. Anhelemos tener sus beneficios en todos los momentos de la vida, pero no los pongamos en el lugar de Cristo. Aprovechémoslos con agradecimiento, si Dios nos los concede y asegurémonos de que produzcan algún fruto en nuestro corazón y nuestra vida. Si no son para bien, con frecuencia son para mal; endurecen la conciencia, aumentan la responsabilidad, empeoran la condenación. El mismo fuego que derrite la cera, endurece la arcilla; el mismo sol que hace crecer al árbol vivo, seca al árbol muerto y lo prepara para ser quemado. Nada endurece más el corazón del hombre como una familiaridad estéril con las cosas espirituales. Lo digo una vez más: No son solo los privilegios los que hacen cristiano al hombre, sino la gracia del Espíritu Santo. Sin esa gracia, ninguna persona será salva jamás.

Les pido a los miembros de las congregaciones evangélicas en la actualidad que tengan muy presente lo que estoy diciendo. Si usted asiste a la iglesia del Sr. A o el Sr. B porque lo considera un predicador excelente, disfruta de sus sermones, no puede escuchar a ningún otro con el mismo gusto, ha aprendido muchas cosas desde que participa de su ministerio ¡y considera un gran privilegio ser uno de sus oyentes! Esto es muy bueno. Es un privilegio. Yo estaría agradecido si se multiplicaran por mil los pastores como el suyo. Pero, al final de cuentas la cuestión es: ¿Qué tiene usted en su corazón? ¿Ha recibido al Espíritu Santo? Si no, no está en mejores condiciones que la mujer de Lot.

Les pido a los empleados domésticos de familias cristianas que tengan muy presente lo que estoy diciendo. Es un gran privilegio vivir en un hogar donde reina el temor de Dios. Es un privilegio escuchar las oraciones familiares en la mañana y en la noche, oír regularmente la exposición de la Palabra de Dios, tener un domingo tranquilo y poder ir siempre a la iglesia. Estas son las cosas a las cuales aspirar cuando busca un empleo, son las cosas que constituyen un ambiente realmente bueno. Un buen salario y poco trabajo no compensan una constante mundanalidad, el no guardar el Día del Señor y la práctica del pecado. Pero cuídese de no contentarse con estas cosas. No crea que porque tiene todos estos beneficios espirituales irá camino al cielo. Tiene que haber gracia en su propio corazón, al igual que las extensas oraciones familiares. Si no, no está en mejores condiciones que la mujer de Lot.

Les pido a los hijos de padres cristianos que tengan muy presente lo que estoy diciendo. Es un gran privilegio ser hijo de padres consagrados y ser educados en medio de muchas oraciones. Es, ciertamente una bendición, que nos enseñen el evangelio desde nuestra primera infancia, escuchar acerca del pecado, Jesús, el Espíritu Santo, la santidad y el cielo, desde nuestros primeros recuerdos. Pero, oh, cuidado que esa semilla no caiga en terreno árido y sin fruto a la luz de todos estos privilegios. Tenga cuidado de que su corazón no permanezca duro, impenitente y mundano, a pesar de los muchos beneficios que disfruta. Usted no puede entrar en el reino de Dios dependiendo de la fe de sus padres. Tiene que comer el pan de vida usted mismo y tener el testimonio del Espíritu en su corazón. Tiene que tener arrepentimiento usted mismo, fe usted mismo, y santificación usted mismo. Si no, no está en mejores condiciones que la mujer de Lot.

Ruego a Dios que todos los cristianos profesantes actuales tomen a pecho estas cosas. Nunca olviden que los privilegios solos, no pueden salvarlos. La iluminación y el conocimiento, la predicación fiel, los medios abundantes de gracia y la compañía de gente santa, son grandes bendiciones y beneficios. ¡Dichosos los que los tienen! Pero, al final de cuentas, hay algo sin lo cual los privilegios son inútiles, ese algo es la gracia del Espíritu Santo. La mujer de Lot tenía muchos privilegios, pero no tenía la gracia.

lunes, 3 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

I. Los privilegios espirituales que disfrutaba la mujer de Lot

Hablaré primero de los privilegios espirituales que disfrutaba la mujer de Lot. En la época de Abraham y Lot era escasa la fe salvadora sobre la tierra. No había Biblias, ni pastores, ni iglesias, ni tratados, ni misioneros. El conocimiento de Dios estaba confinado a unas pocas familias favorecidas. La mayor parte de los habitantes del mundo vivía en la oscuridad, ignorancia, superstición y pecado. Ni uno en cien quizá, haya tenido un ejemplo tan bueno, una compañía tan espiritual, un conocimiento tan manifiesto ni una advertencia tan clara como la mujer de Lot. Comparada con millones de personas en su época, la esposa de Lot era una mujer favorecida.

Tenía como esposo a un hombre justo, tenía como tío político a Abraham, padre de los fieles. La fe, el conocimiento y las oraciones de estos dos hombres justos no pueden haber sido ningún secreto para ella. Era imposible que viviera en las tiendas con ellos por algún tiempo, sin saber quiénes eran y a quién servían. Su fe no era para ellos un mero ritual, era el principio que regía sus vidas y una convicción dominante que determinaba sus acciones. La mujer de Lot debe haber visto y sabido todo esto. No eran privilegios insignificantes.

Cuando Abraham recibió las promesas de Dios, es probable que la mujer de Lot haya estado presente. Cuando construyó su altar junto a su tienda entre Hai y Betel, es probable que ella haya estado allí (Gn. 12:8). Cuando su esposo fue tomado cautivo por Quedorlaomer y librado por la intervención de Dios, allí estaba ella (Gn. 14). Cuando Melquisedec, rey de Salem, se acercó a Abraham con pan y vino, allí estaba ella (Gn. 14:18). Cuando los ángeles llegaron a Sodoma para advertir a su esposo que huyera, ella los vio; cuando lo tomaron de la mano y lo llevaron fuera de la ciudad, ella estaba entre los ángeles que les ayudaron a escapar (Gn. 19). Una vez más digo que estos no eran privilegios insignificantes.

No obstante, ¿qué efectos positivos tuvieron todos estos privilegios sobre el corazón de la mujer de Lot? Ninguno. A pesar de todas las oportunidades y los medios de gracia y, a pesar de todas las advertencias y los mensajes especiales del cielo, ella vivió y también murió sin la gracia, sin Dios, impenitente e incrédula. Los ojos de su entendimiento nunca se abrieron, su conciencia nunca le molestó ni se despertó, su voluntad nunca se sujetó para obedecer a Dios, realmente sus afectos nunca fueron por las cosas de arriba. La forma de religión que practicaba era para ser como los demás, no porque ella la sintiera. Era una capa que usaba para complacer a los que la rodeaban, no porque tuviera un sentido de su valor. Hacía lo que hacían los demás en la casa de Lot, se adaptaba a las costumbres de su esposo, no se oponía a su fe, se dejaba llevar pasivamente, mientras su corazón andaba mal a los ojos de Dios. El mundo estaba en su corazón y su corazón estaba en el mundo. En este estado vivió y en este estado murió.

En todo esto hay mucho que aprender. Veo aquí una lección que es de suma importancia en la actualidad. Vivimos en una época en que hay mucha gente igual que la mujer de Lot, acérquese y preste atención a la lección que su caso tiene la intención de enseñarle.

Aprenda entonces, que el solo hecho de contar con privilegios espirituales, no salva el ama de nadie. Puede ser que usted tenga ventajas espirituales de todo tipo, puede ser que viva en la luz plena de las mejores oportunidades y medios de gracia, puede ser que disfrute de la mejor predicación y la instrucción más excelente, puede vivir en medio de la luz, el conocimiento, la santidad y buena compañía. Todo esto puede ser parte de su vida y, aun así, seguir siendo un inconverso y, al final, estar perdido para siempre.

Me atrevo a decir que esta doctrina puede parecer difícil a algunos lectores. Sé que algunos no quieren nada más que los privilegios de la fe cristiana, pensando que estos los convertirán en cristianos decididos. Admiten que, en este momento, no son como deben ser, pero se excusan diciendo que su posición es difícil y que tienen muchas dificultades. Demandan que les den un esposo consagrado o una esposa consagrada, que les den amigos consagrados o un jefe consagrado, que quieren contar con la predicación del evangelio, que les den privilegios y, cuando tengan todo esto, andarán con Dios.

Esto es un error. Es pura fantasía. Se requiere de algo más que privilegios para salvar el alma. Joab era capitán de David, Giezi era siervo de Eliseo, Demas era compañero de Pablo, Judas Iscariote era discípulo de Cristo y Lot tenía una esposa mundana e incrédula. Todos ellos murieron en sus pecados a pesar de su conocimiento, las advertencias y oportunidades, y nos enseñan que, no son solo privilegios lo que necesitan los hombres. Necesitan la gracia del Espíritu Santo.

domingo, 2 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

10. Una mujer para recordar

"Acordaos de la mujer de Lot". Lucas 17:32

Hay pocas advertencias en las Escrituras más serias que la que encabeza esta página. El Señor Jesucristo nos dice: "Acordaos de la mujer de Lot".

La mujer de Lot profesaba una religión; su esposo era un hombre "justo" (2 P. 2:8). Partió con él de Sodoma el día que la ciudad fue destruida. Estando detrás de él, se dio vuelta para mirar la ciudad, desobedeciendo el mandato expreso de Dios; cayó muerta al instante y se convirtió en estatua de sal. Y, sin embargo, el Señor Jesucristo la levanta como una luz de advertencia para su iglesia diciendo: "Acordaos de la mujer de Lot".

Es una advertencia seria cuando pensamos en la persona que menciona Jesús. No nos pide que recordemos a Abraham, Isaac, Sara, Ana o Rut. No, escoge una persona cuya alma se perdió para siempre. Nos ruega: "Acordaos de la mujer de Lot".

Es una advertencia seria cuando consideramos de qué está hablando. Está hablando de su segunda venida para juzgar al mundo; está describiendo el estado terrible en que se encontrarán muchos por no estar preparados. Está pensando en el fin del mundo cuando dice: "Acordaos de la mujer de Lot".

Es una advertencia seria cuando pensamos en la persona que la dirige. El Señor Jesús está lleno de amor, misericordia y compasión. Es el que no quebrará la caña cascada ni apagará el pabilo que humea. Pudo llorar sobre la Jerusalén incrédula y orar por los hombres que lo crucificaron; y también juzgó bueno, recordarnos a las almas perdidas: "Acordaos de la mujer de Lot".

Es una advertencia seria cuando pensamos en quiénes fueron los destinatarios originales. El Señor Jesús estaba hablando con sus discípulos. No se estaba dirigiendo a los escribas y fariseos que lo aborrecían, sino a Pedro, Santiago, Juan y muchos otros que lo amaban. Es a ellos, a quienes le parece bien dar esta advertencia. A ellos les dice: "Acordaos de la mujer de Lot".

Es una advertencia seria cuando consideramos la manera cómo fue dada. No dice meramente: "Cuidado con seguir los pasos de la mujer de Lot, no vayan a imitarla, no sean como ella". Usa una palabra distinta: "Acordaos". Habla como si corriéramos el peligro de olvidarlo, aviva un antiguo recuerdo, nos insta a que mantengamos vivo el incidente en nuestras mentes. Exclama: "Acordaos de la mujer de Lot".

Me propongo examinar las lecciones que la mujer de Lot nos quiere enseñar. Estoy seguro de que su historia está llena de instrucciones provechosas para las iglesias. Se acercan los últimos días, se aproxima la segunda venida del Señor Jesús, el peligro de la mundanalidad aumenta cada año en las iglesias. Armémonos de defensas y antídotos contra la dolencia a nuestro alrededor. Y, sobre todo, familiaricémonos con la historia de la mujer de Lot.

Consideraré tres aspectos de la vida de la mujer de Lot a fin de presentar los temas en orden.

I. Hablaré de los privilegios espirituales de los que gozaba la mujer de Lot.

II. Hablaré del pecado que cometió la mujer de Lot.

III. Hablaré del juicio que Dios le impuso.

sábado, 1 de febrero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Últimas palabras

Y ahora, deseo decir unas últimas palabras a todo el que lee este escrito y, especialmente, al que se considera creyente en Cristo.

No quiero entristecerlos. No quiero darles una perspectiva sombría del peregrinaje cristiano. Mi único objetivo es darles cariñosas advertencias. Anhelo paz y tranquilidad para todos ustedes. Me encantaría verlos felices, al igual que seguros, gozosos, al igual que justificados. He hablado como lo he hecho, por su bien.

Vivimos en una época cuando abunda la religión pasiva, que se detiene, como se detuvo Lot. En muchos lugares, la corriente de profesiones de fe es mucho más ancha de lo que una vez fue, pero mucho menos profunda. Podríamos decir que, casi está de moda, cierto tipo de cristianismo que se define por...

- pertenecer a alguna facción de la Iglesia Anglicana, que muestra su celo por sus intereses,

- hablar de las principales controversias de la actualidad,

- comprar libros religiosos populares en cuanto se publican y colocarlos en la mesa,

- asistir a reuniones, suscribirse a asociaciones, discutir los méritos de predicadores,

- entusiasmarse y emocionarse por cada nueva forma de religión sensacionalista que aparece...

todas estas, son prácticas comunes y comparativamente fáciles. No hacen que una persona sea singular. Requieren pocos sacrificios o ninguno. No implican una cruz.

En cambio...

- caminar estrechamente con Dios,

- ser realmente espiritual,

- comportarse como extranjeros y peregrinos,

- ser diferentes del mundo en el empleo del tiempo, en la conversación, las diversiones y en el vestir,

- dejar un sabor de nuestro Maestro en todos los lugares de trabajo,

- orar, ser humilde, generoso, de buen carácter, callado, fácil de complacer, caritativo, paciente, sumiso,

- temer celosamente todo tipo de pecado y experimentar temor y temblor al estar consciente de nuestros peligros en el mundo...

¡Estas, estas siguen siendo virtudes que pocas veces se ven! No son comunes entre los que se llaman verdaderos cristianos y, lo peor de todo es que, uno ni se da cuenta de que no las tiene, ni lo lamenta como debiera.

En una época como esta me atrevo a ofrecer mis consejos a cada lector creyente. No los rechace. No se enoje conmigo porque hablo directamente. Le ruego que considere las palabras del apóstol Pedro: "Procurad hacer firme vuestra vocación y elección" (2 P. 1:10). Le ruego que no sea indolente, no sea negligente, no se contente con una medida escasa de gracia ni tampoco con ser un poquito mejor que el mundo. Le advierto seriamente que no intente hacer algo que nunca puede hacerse, es decir, servir a Cristo y, a la vez, andar en el mundo. Le insto y le ruego que sea un cristiano de todo corazón, que procure una santidad insigne, que apunte a un grado superior de santificación, que viva una vida consagrada, que presente su cuerpo como "sacrificio vivo" a Dios, que ande "también en el Espíritu" (Ro. 12:1; Gá. 5:25). Le encargo y le exhorto, por todas sus esperanzas del cielo y anhelos de gloria, que si quiere ser feliz, si quiere ser útil, no sea un alma que se detiene.

¿Quiere saber lo que nuestros tiempos demandan? Sacudir a las naciones, desarraigar las cosas antiguas, desbaratar los reinos, agitar e inquietar la mente de los hombres ¿y qué dicen? Claman a gran voz: ¡Cristiano! ¡No se detenga!

¿Quiere estar preparado para la segunda venida de Cristo, con sus lomos ceñidos, su lámpara encendida y, usted mismo, decidido y preparado para encontrarse con él? Entonces no se detenga.

¿Quiere disfrutar de tranquilidad en su fe; sentir el testimonio del Espíritu en su interior, saber a quién ha creído y no ser un cristiano sombrío, quejoso, amargado, triste y melancólico? ¡Entonces no se detenga!

¿Quiere disfrutar de una seguridad sólida de su propia salvación, en enfermedad y en su lecho de muerte? ¿Quiere ver con los ojos de la fe al cielo que se abre y a Jesús levantándose para recibirlo? ¡Entonces no se detenga!

¿Quiere dejar el legado de grandes y amplias evidencias cuando parta? ¿Quiere que lo bajemos a la tumba con una esperanza tranquila y hablar sin ninguna duda de su estado después de muerto? ¡Entonces no se detenga!

¿Quiere serle útil al mundo en su época y generación? ¿Quiere apartar a los hombres del pecado y llevarlos a Cristo, adornar su doctrina y hacer que la causa de su Maestro les sea atractiva? ¡Entonces no se detenga!

¿Quiere conducir a sus hijos y parientes hacia el cielo y lograr que digan: "Iremos contigo" e impedir que sean infieles y que desprecien la fe cristiana? ¡Entonces no se detenga!

¿Quiere tener una gran corona el día que Cristo aparezca y no ser la estrella más insignificante y pequeña en la gloria y no ser el último ni el menor en el reino de Dios? ¡Entonces no se detenga!

¡Oh, que ninguno de nosotros se detenga! El tiempo no se detiene, la muerte no lo hace, el juicio no lo hace, el diablo no lo hace, y el mundo no lo hace. Tampoco lo hagan los hijos de Dios.

¿Hay algún lector que se siente detenido? ¿Ha sentido un peso en su corazón y remordimientos de conciencia mientras ha estado leyendo estas páginas? ¿Hay algo en su interior que susurra: "¿Soy yo ese hombre?"? Entonces preste atención a lo que estoy diciendo. Su alma no está en paz. Despierte y trate de mejorar. Si usted es de los que se detienen, debe acudir a Cristo inmediatamente para ser sano. Tiene que usar el antiguo remedio, tiene que bañarse en la antigua fuente. Tiene que volverse nuevamente a Cristo para ser sano. La manera de hacer algo es simplemente hacerlo. ¡Hágalo ahora mismo!

No crea ni por un instante, que su caso es irremediable. No piense que no hay esperanza de que se avive porque ha estado viviendo por largo tiempo en un estado de aridez y aletargamiento en su alma. ¿Acaso no es el Señor Jesucristo el Médico que cura todos los males espirituales? ¿Acaso no curaba todo tipo de enfermedades cuando estaba sobre la tierra? ¿Acaso no echaba fuera todo tipo de demonios? ¿Acaso no levantó al pobre Pedro y le puso un canto nuevo en la boca, después de que hubo caído? ¡Oh, no dude, sino que crea fervientemente que, aún, avivará su obra en usted! Sólo vuelva a andar, confiese su necedad y venga, venga ahora mismo a Cristo. Benditas son las palabras del profeta: "Reconoce, pues, tu maldad". "Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones" (Jer. 3:13, 22).

Y recordemos las almas de los demás, no sólo las nuestras. Si en algún momento vemos detenido a un hermano o hermana, tratemos de despertarlo, tratemos de estimularlo y tratemos de avivarlo. "Exhortaos los unos a los otros", según tengamos oportunidad, "para estimularnos al amor y a las buenas obras" (He. 3:13; 10:24). No tengamos temor de decirnos unos a otros: "Hermano, hermana, ¿ha olvidado a Lot? ¡Despierte y recuerde a Lot! Despierte y no se quede detenido ya más".

viernes, 31 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(c) Destaquemos, en tercer lugar, que Lot no dejó evidencias cuando falleció.

Poco sabemos de Lot después que huyó de Sodoma, y lo poco que sabemos, es negativo.

Su ruego por ir a Zoar, porque era "pequeña", su partida de Zoar después y su conducta en la cueva, cuentan la misma historia. Demuestran la poca gracia en él y el estado degradante en el que había caído su alma.

No sabemos cuánto tiempo más vivió después de su huida. No sabemos dónde murió ni cuándo, tampoco si volvió a ver a Abraham, de qué murió ni lo que decía y pensaba. Todo esto es un misterio. La Biblia nos cuenta los últimos días de Abraham, Isaac, Jacob, José y David, pero ni una sola palabra acerca de Lot. ¡Oh, que lecho de muerte tan sombrío debió haber sido el de Lot!

La Biblia parece correr un velo a su alrededor. Hay un silencio doloroso acerca de los últimos días de su vida y su final. Parece extinguirse como se extingue una lámpara dejando tras sí un legado amargo. Y si no fuera porque el Nuevo Testamento dice específicamente que Lot era "justo", creo que, de hecho, dudaríamos de que Lot hubiera sido un alma salvada.

Pero no me extraña su triste final. El creyente que se detiene, que se mantiene pasivo, por lo general, cosecha según lo que sembró. A menudo, la muerte lo sorprende cuando está detenido. El final lo encuentra con poca paz. Llega al cielo, es cierto; pero llega en malas condiciones, cansado, con los pies lastimados, con debilidad y lágrimas, en la oscuridad y la tormenta. Es "salvo, aunque así como por fuego" (1Co. 3:15).

Le pido al lector de estas líneas que considere las tres cosas que acabo de mencionar. No me malentienda. ¡Es asombroso observar qué pronto aprovecha la gente cualquier excusa para entender mal las cosas que conciernen a su alma!

No digo que todos los creyentes que no se "detienen", por no hacerlo, sean grandes instrumentos de provecho para el mundo. Noé predicó ciento veinte años, a pesar de que nadie le creía. El Señor Jesús no era estimado por su propio pueblo, el judío.

Ni digo que todos los creyentes que no se detienen, por no hacerlo, sean el medio para que sus familias y parientes se conviertan. Muchos de los hijos de David eran impíos. Al Señor Jesús no le creían ni sus propios hermanos.

Pero sí digo que, es casi imposible, no ver alguna relación entre la mala elección de Lot con el hecho de que se detuvo, y entre el que Lot se detuviera y el hecho de que no fue de provecho alguno para su familia y el mundo. Creo que fue la intención del Espíritu que lo viéramos. Creo que el Espíritu tuvo la intención de que fuera una luz de advertencia para todos los cristianos profesantes. Y estoy seguro de que las lecciones que he tratado de sacar de toda esta historia merecen una reflexión seria.

jueves, 30 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(b) Destaquemos, en segundo lugar, que Lot no ayudó a su familia, ni a sus parientes ni a aquellos con los que se relacionó, a ir al cielo.

No conocemos el tamaño de su familia. Pero sabemos que tenía una esposa y al menos dos hijas el día que fue llamado a partir de Sodoma, si es que no tenía más.

Pero independientemente que la familia de Lot haya sido grande o pequeña, una cosa es perfectamente clara: ¡No había ni uno entre ellos que temiera a Dios!

Cuando "habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas" y les advirtió que huyeran del juicio que venía a Sodoma, dice la Biblia que les "pareció a sus yernos como que se burlaba" (Gn. 19:14). ¡Qué palabras terribles son estas! Era como decir: "¿A quién le importa lo que dice usted?" Mientras dure el mundo, esto será prueba dolorosa del desprecio que se siente por el que está "detenido" en su fe.

¿Y qué de la esposa de Lot? Dejó la ciudad en su compañía, pero no llegó lejos. No tenía la suficiente fe como para ver la necesidad de una huida apresurada. Dejó su corazón en Sodoma cuando comenzó a huir. Mientras caminaban, a espaldas de su marido, miró hacia atrás a pesar del mandato explícito de no hacerlo (Gn. 19:17), convirtiéndose inmediatamente en una estatua de sal (Gn. 19:26).

¿Y qué de las dos hijas de Lot? Escaparon, por cierto, pero sólo para hacer la obra del diablo. Se convirtieron en las tentadoras que condujeron a su padre a cometer una iniquidad, a perpetrar el más inmundo de los pecados.

En suma, ¡Lot parece haber estado sólo, aun en su familia! ¡No fue usado como medio para conseguir que ni siquiera un alma se apartara de las puertas del infierno!

Y no me extraña. Las almas que se detienen se ven a través de sus propias familias y, cuando uno las ve de cerca, son despreciados. Si sus parientes más cercanos entienden sólo una cosa de la fe cristiana, esta es la inconsecuencia. Seguramente esos parientes piensan: "Si creyera todo lo que profesa creer, no seguiría como sigue". Los padres de familia que se detienen, rara vez tienen hijos consagrados. Los ojos del hijo absorben mucho más que los oídos. El niño siempre observará lo que hacemos, mucho más que lo que decimos. Recordemos esto.

miércoles, 29 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

IV. El fruto de la vida de Lot

Veamos ahora qué tipo de fruto produjo al final de cuentas el espíritu rezagado de Lot.

No quiero pasar por alto este punto por muchas razones y, especialmente, en la actualidad. No son pocos los que dirían: "Después de todo, Lot era salvo, fue justificado, llegó al cielo. Esto es todo lo que yo pretendo. Si llego al cielo, con esto me contento". Si esto es lo que piensa en su corazón, haga una pausa y lea un poquito más. Le mostraré algunas cosas en la historia de Lot que merecen atención y, quizá, lo motiven a cambiar de idea.

Creo que es de gran importancia dar nuestra atención a este tema. Siempre afirmaré que una santidad prominente y una utilidad insigne se relacionan estrechamente, que la felicidad y "seguir al Señor totalmente" van de la mano, y que si los creyentes se detienen no pueden esperar ser útiles en su día y generación, ni ser muy santos ni parecidos a Cristo, ni disfrutar de gran tranquilidad y paz simplemente porque creen.

(a) Destaquemos entonces, para empezar, que Lot no hizo ningún bien entre los habitantes de Sodoma.

Es probable que Lot haya vivido muchos años en Sodoma. Sin duda, tuvo oportunidades preciosas de hablar de las cosas de Dios y de apartar del pecado a las almas. Pero parece que no hizo nada. No parece haber tenido ninguna influencia sobre la gente que vivía a su alrededor. No contaba para nada con el respeto y la reverencia que hasta los hombres del mundo, a menudo, muestran hacia un buen siervo de Dios.

No se pudo encontrar ni una persona justa en toda Sodoma fuera de las paredes de la casa de Lot. Ni uno de sus vecinos creía su testimonio. Ni uno de sus conocidos honraba al Señor que él adoraba. Ni uno de sus sirvientes servía al Dios de su amo. A nadie "de ninguna parte" le importaba para nada su opinión cuando trató de contener su maldad. Dijeron: "Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez?" (Gn. 19:9). Su vida no tenía ninguna influencia, sus palabras no eran escuchadas ni su fe atrajo a nadie de modo que la siguiera.

¡Y de verdad que no me extraña! Por regla general, las almas inactivas no le hacen ningún bien al mundo ni traen mérito alguno a la causa de Dios. Su sal no tiene sabor suficiente para curar la corrupción a su alrededor. No son "cartas conocidas y leídas por todos" (2 Co. 3:2). No hay nada magnético, ni atractivo, ni nada que refleje a Cristo en su manera de ser. Recordémoslo.

lunes, 27 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(a) Recuerde esto cuando va a escoger un lugar donde vivir o residir. No basta con que la casa sea cómoda, bien ubicada, donde se respira aire puro, el vecindario es agradable, el alquiler o el precio bajo, y el costo de vida bajo también. Hay además otros factores para tener en cuenta. Debe pensar en su alma inmortal. El entorno de la casa en la cual usted está pensando ¿lo ayudará a ir al cielo o al infierno? ¿Se predica el evangelio en las cercanías? ¿Está al alcance de su puerta el Cristo crucificado? ¿Tiene cerca a un verdadero siervo de Dios que vele por su alma? Le insto encarecidamente que si ama la vida, no pase por alto esas condiciones tan importantes. Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot.

(b) Recuerde esto al escoger un llamado, una posición o una profesión en la vida. No basta que el sueldo sea alto, bueno el jornal, fácil el trabajo, numerosos los beneficios y muy favorables las perspectivas de ser ascendido. Piense en su alma, su alma inmortal. ¿Prosperará o se retrasará? ¿Tendrá libres los domingos y podrá contar con un día por semana para sus asuntos espirituales? Le ruego, por la misericordia de Dios, que tenga cuidado con lo que hace. No tome decisiones impulsivas. Considere al lugar desde todos los puntos de vista; el de Dios, al igual que el del mundo. El oro se puede pagar demasiado caro. Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot.

(c) Si usted es soltero o soltera, recuerde esto al escoger esposo o esposa. No basta con que le agrade su aspecto, que tengan los mismos gustos, que congenien en lo que piensan, que haya afecto y cariño y que luchen juntos por tener un hogar cómodo para toda la vida. Se necesita algo más que esto. Hay una vida venidera. Piense en su alma, su alma inmortal. ¿Será impulsada hacia arriba o arrastrada hacia abajo por la unión que está planeando? ¿Será un matrimonio más celestial o más terrenal, vivido más cerca de Cristo o del mundo? ¿Su fe será cada vez más fuerte o más débil? Le ruego, por todas sus esperanzas de gloria, que incluya esto en sus cálculos. Decía el anciano Baxter: "Piense, piense y vuelva a pensar" antes de comprometerse. "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos" (2 Co. 6:14). El matrimonio no se menciona en ninguna parte como un medio de conversión. Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot.

(d) Recuerde esto si alguna vez le ofrecen un trabajo en el ferrocarril. No basta recibir un buen sueldo y tener un empleo fijo, la confianza de los directores y la posibilidad de que le den un ascenso. Por supuesto, estas cosas son muy buenas, pero no lo son todo. ¿Cómo le irá a su alma si trabaja en una compañía ferroviaria que corre los trenes los domingos? ¿De qué día dispondrá para dedicarle a Dios y a los asuntos de la eternidad? ¿Qué oportunidades tendrá para oír la predicación del evangelio? Le advierto con toda seriedad que piense en esto. De nada le valdrá llenar su bolsa si su alma pasa hambre y se empobrece. ¡Cuidado con vender su Día del Señor para tener una buena posición! Recuerde el plato de lentejas de Esaú. ¡Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot!

Algún lector puede pensar: "El creyente no tiene nada que temer; es una oveja de Cristo, nunca perecerá, no puede sufrir mucho daño. No puede ser que tales pequeñeces sean tan importantes".

Bueno, puede pensar eso, pero le advierto que si descuida estos asuntos, su alma nunca prosperará. Es cierto que el verdadero creyente no será echado fuera aunque se detenga. Pero si lo hace, es inútil suponer que su fe prosperará. La gracia es una planta tierna. A menos que la valore y cuide bien, pronto se debilitará en este mundo impío. El oro más brillante pronto pierde su brillo cuando se lo expone a un ambiente húmedo. El hierro más caliente pronto se enfría. Se requiere esfuerzo y trabajo para lograr que llegue a estar al rojo vivo, pero no requiere más que dejarlo estar o un poco de agua fría para que se ponga negro y duro.

Puede usted ser ahora un cristiano ferviente y celoso. Puede que se sienta como David en su prosperidad: "No seré jamás conmovido" (Sal. 30:6). Pero no se engañe. No tiene que seguir las pisadas de Lot y tomar las decisiones que Lot tomó para llegar pronto al estado del alma de Lot. Haga lo que él hizo, actúe como actuó él, y tenga por seguro que pronto descubrirá que se ha convertido en un rezagado infeliz como él. Descubrirá, como Sansón, que ya no cuenta con la presencia del Señor. Probará, para su propia vergüenza, que es un hombre indeciso y vacilante en el día de la prueba. A su fe le atacará un cáncer que arrasará con su vitalidad sin que usted se dé cuenta. Su fortaleza espiritual se debilitará lentamente como si tuviera tuberculosis. Y a la larga, despertará para encontrarse con que sus manos apenas si podrán realizar la obra del Señor, sus pies apenas lo podrán arrastrar por el camino del Señor y su fe no será más grande que un grano de mostaza; y esto, quizá suceda en un momento decisivo de su vida, en un momento cuando el enemigo viene, como una inundación, precisamente cuando su necesidad es más dolorosa. (Ver Sal. 106:15).

¡Ay, si no quiere detenerse en su fe, considere estas cosas! ¡Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot!

domingo, 26 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


III. Razones por las cuales Lot se detuvo

Consideremos ahora las razones que pueden haber contribuido a que Lot se detuviera.

Esta es una cuestión muy importante y le pido que le dé su más seria atención. Saber el origen de una enfermedad es un paso hacia su remedio. Aquel a quien le advierten, de antemano lo arman.

¿Quién entre mis lectores se siente seguro y no teme detenerse? Venga y escuche mientras le cuento algunos pasajes de la historia de Lot. Si actúa como lo hizo él, será un milagro si al final su alma no esté en el mismo estado que la de él.

(1) Una cosa que observo en Lot es que tomó una decisión equivocada siendo muy joven.

Hubo un tiempo cuando Abraham y Lot vivían juntos. Ambos eran ricos y ya no podían seguir viviendo juntos. Abraham, el mayor de los dos, con verdadera humildad y cortesía, le dio a Lot el privilegio de escoger las tierras que prefería cuando resolvieron separarse. Le dijo: "Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y su tú a la derecha, yo iré a la izquierda" (Gn. 13:9).

¿Y qué hizo Lot? Nos dice la Biblia que vio que los valles del Jordán, cerca de Sodoma, eran ricos, fértiles y recibían abundante lluvia. Eran tierras buenas para pastar el ganado. Él tenía muchos rebaños y ganados, y los campos eran precisamente los que estos requerían. Y estas tierras fueron las que escogió sencillamente porque eran "de riego". (Gn. 13:10).

¡Estaba cerca de la ciudad de Sodoma! No le importaba. ¡Los hombres de Sodoma, que serían sus vecinos, eran impíos! No le interesaba. ¡Eran extremadamente pecadores ante Dios! No le incumbía. La llanura era rica. Las tierras eran buenas. Quería una región así para sus rebaños y sus ganados. Y ante este argumento, todos sus escrúpulos y dudas, si es que los tenía, desaparecieron.

a) Escogió por vista, no por fe.

b) No le pidió consejo a Dios, para que lo preservara de los errores.

c) Consideró las cosas temporales, no las eternas.

d) Pensó en sus ganancias mundanas y en las de su alma.

e) Tuvo en cuenta sólo lo que le beneficiaría en esta vida y olvidó la seria cuestión de la vida venidera.

Este fue un mal comienzo.

(2) Pero observo también que Lot se mezcló con pecadores cuando no tenía ninguna razón para hacerlo.

Al principio mismo, Lot "fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma" (Gn. 13:12). Ya he demostrado que esto fue un gran error.

Pero la próxima vez que es mencionado, nos encontramos con que está viviendo en la misma Sodoma. El Espíritu dice expresamente: "Moraba en Sodoma" (Gn. 14:12). Dejó sus tiendas. Renunció a sus tierras. Ocupó una casa en las calles mismas de la impía ciudad.

El texto no nos dice la razón de este cambio. No sabemos de ninguna situación que lo hubiera causado. Estamos seguros de que no puede haber sido por mandato de Dios. Quizá a la esposa le gustaba la ciudad más que el campo, a fin de poder formar parte de la sociedad. Se nota a ojos vista que carecía de gracia. Quizá convenció a Lot que era necesario para beneficio de sus hijas, para que pudieran casarse y tener una vida tranquila. Quizá las hijas lo instaron a vivir en la ciudad para poder tener amistades divertidas. Es evidente que eran chicas con una mentalidad ligera. Quizá a Lot mismo le gustaba la idea, a fin de ganar más con sus rebaños y ganados. Al hombre nunca le faltan razones para confirmar su voluntad. Pero una cosa es segura: Lot vivió en medio de Sodoma sin una razón válida.

Cuando el hijo de Dios hace estas dos cosas que he mencionado, nunca debe sorprendernos si, a la larga, recibimos malas noticia de su alma. No nos debe sorprender, si hace oídos sordos a la voz de advertencia acerca de aflicciones futuras como las tuvo Lot (Gn. 14:12), y termina deteniéndose en el día de tribulaciones y peligros, como lo hizo Lot.

Tome una decisión equivocada en la vida, una decisión no bíblica, asiéntese innecesariamente en medio de un pueblo mundano y estará en la condición más segura para perjudicar su propia espiritualidad y para retrasarse en lo que a su eternidad se refiere. Este es el modo de hacer que el pulso de su alma lata débil y lánguidamente. Es la manera de embotar e insensibilizar sus sentimientos sobre el pecado. Es la forma de apagar los ojos de su discernimiento espiritual hasta que apenas pueda ver la diferencia entre el bien y el mal, y de caminar a los tropezones. Este es el modo de causarle parálisis moral a sus pies y demás miembros, que lo harán andar tambaleante y temeroso por el camino a Sion como si el saltamontes fuera una carga. Es la manera de franquearle la puerta a su peor enemigo, para darle al diablo terreno ventajoso en la batalla, para amarrar sus brazos en la lucha, encadenar las piernas al correr, secar la fuente de su fuerza, quitarle su energía, cortarle el cabello como a Sansón y entregarlo a los filisteos, arrancarle sus propios ojos, girar el molino en la prisión y ser un esclavo.

Ruego a todo lector de este libro que preste mucha atención a lo que estoy diciendo. Grabe estas cosas en su mente. No las olvide. Recuérdelas al amanecer. Tráigalas a su mente al anochecer. Deje que penetren profundamente en su corazón. Si alguna vez va a estar a salvo de "detenerse", no se mezcle innecesariamente con gente mundana. ¡Cuídese de no tomar una decisión como la de Lot! Si usted no quiere que el estado de su alma sea seco, torpe, embotado, perezoso, estéril, pesado, carnal, estúpido y obtuso, ¡cuídese de no tomar una decisión como la de Lot!

sábado, 25 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 


¡Estos son aquellos a quienes se les ocurre que es imposible que todos los creyentes sean muy santos y muy espirituales! Admiten que una santidad insigne es maravillosa. Les gusta leer acerca de ellas en los libros, inclusive a veces, les inspira verlo en los demás. Pero no piensan que la intención es que todos deben aspirar a una norma tan elevada. Sea como fuera, parece que decidirse está fuera de su alcance.

Estos son aquellos a quienes se les mete en la cabeza ideas falsas sobre el amor, como le llaman ellos. Tienen un temor mórbido de ser intolerantes y cerrados, y están siempre volando al extremo opuesto. Anhelan complacer a todos y estar de acuerdo con todos. Pero se olvidan que primero deben estar seguros de que complacen a Dios.

Estos son aquellos a quienes les da pavor tener que sacrificarse y rehúyen tener que negarse a sí mismos. Parece que nunca pueden aplicar el mandato de nuestro Señor de "tomar la cruz" y "cortar su mano derecha" (Lc. 9:23; Mt. 5:29, 30). No pueden negar que nuestro Señor usó estas expresiones, pero nunca les encuentran un lugar en su propia religión. Se pasan la vida tratando de hacer más ancha la puerta y más liviana la cruz. Pero nunca tienen éxito.

Estos son los que siempre están tratando de andar al ritmo del mundo.

Estos son ingeniosos en descubrir razones para no separarse contundentemente del mundo y en dar excusas convincentes para participar de diversiones cuestionables y para frecuentar amistades objetables. Un día le cuentan a uno que asistieron a un estudio bíblico y el día siguiente quizá le cuentan que fueron a un baile. Un día ayunan o participan de la Cena del Señor y otro día van al hipódromo durante la mañana y en la noche a la ópera. Un día su entusiasmo por el sermón predicado por un predicador impresionante casi los lleva a la histeria y otro día están llorando al leer una novela. Están constantemente esforzándose por convencerse a sí mismos de que entremezclarse un poquito con la gente mundana en su entorno, hace bien. No obstante, en su caso, resulta muy claro que no les hace nada de bien, sino sólo daño.

Estos son los que no tienen el valor de luchar contra sus pecados, ya sea pereza, indolencia, mal carácter, orgullo, egoísmo, impaciencia o lo que sea. Permiten que estos sean un inquilino tolerablemente quieto y tranquilo de sus corazones. Dicen que es por su "salud, su temperamento, sus pruebas o su manera de ser. Su padre, su madre o su abuela eran iguales, por lo que están seguros de que no lo pueden remediar". ¡Y cuando uno los vuelve a ver después de más o menos un año, usted escuchará la misma historia!

Pero todo, todo, sí todo puede resumirse en una sola oración, son hermanos y hermanas de Lot. Se estancan, se detienen.

¡Ay, si es usted un alma que se mantiene detenida, no es feliz! Usted sabe que no lo es. Sería raro que lo fuera. El detenerse es la destrucción segura del cristianismo feliz. La conciencia del que se detiene le prohíbe disfrutar de paz interior.

Quizá en algún momento todo marchaba bien. Pero ha dejado su primer amor y, desde entonces, nunca ha sentido la misma tranquilidad y no volverá a sentirla hasta que vuelva a sus "primeras obras" (Ap. 2:5). Como Pedro, cuando prendieron al Señor Jesús, lo están siguiendo de lejos y como en el caso del apóstol, su camino no es agradable, sino difícil.

Venga y observe a Lot. Venga y tome nota de la historia de Lot. Venga, considere el "detenerse" de Lot y sea sabio.

viernes, 24 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

II. El comportamiento de Lot

Sigamos con el segundo punto que he mencionado. ¿Qué nos dice el texto citado sobre el comportamiento de Lot?

Las palabras son increíbles y asombrosas: "Deteniéndose él". Cuanto más consideremos las circunstancias, más increíbles nos parecerán.

Lot conocía la condición aterradora de la ciudad en que se encontraba. "El clamor" de sus abominaciones había "subido de punto delante de Jehová" (Gn. 19:13). Sin embargo, se detuvo.

Lot conocía el juicio horroroso que estaba a punto de sobrevenir a todos los que moraban dentro de los confines de sus muros. Los ángeles habían dicho claramente: "Por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo" (Gn. 19:13). Sin embargo, se detuvo.

Lot sabía que Dios era un Dios que siempre cumplía sus promesas y, si decía que iba a hacer algo, era seguro que lo haría. No podía ser sobrino de Abraham, vivir mucho tiempo con él y no tener conciencia de esto. Sin embargo, se detuvo.

Lot creía que había peligro porque fue donde estaban sus yernos y les advirtió que huyeran. "Levantaos", les dijo, "salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad" (Gn. 19:14). Sin embargo, se detuvo.

Lot vio a los ángeles de Dios esperando que él y su familia partieran. Oyó la voz de esos ministros de ira retumbándole en los oídos para apurarlos: "Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad" (Gn. 19:15). Sin embargo, se detuvo.

        Lot fue...
        - lento cuando debió ser rápido,
        - atrasado cuando debió ser adelantado,
        - demorado cuando debió estar apurándose,
        - perdiendo el tiempo cuando debió estar aprovechándolo y
        - frio cuando debió ser ferviente.

¡Es más que extraño! ¡Parece increíble! ¡Aparenta ser demasiado fantástico para ser verdad! Pero el Espíritu lo escribe para nuestra instrucción. Y así fue.

Y aun así, por increíble que parezca a primera vista, me temo que hay muchos entre el pueblo del Señor Jesucristo muy parecidos a Lot.

Pido a cada lector que se grabe muy bien lo que digo. Repito que es imposible que haya algún error en cuanto a su significado. He demostrado que Lot "se detuvo". Afirmo que hay muchos hombres cristianos y mujeres cristianas hoy que son muy parecidos a Lot.

Hay muchos verdaderos hijos de Dios que parecen saber más de lo que llevan a la práctica, ven mucho más de lo que ponen por obra y se mantienen en este estado por muchos años. ¡Increíble que van a la distancia que van y, después, se quedan allí!

Reconocen a la Cabeza que es Cristo y aman la verdad. Les gusta la predicación profunda y coinciden con cada artículo de la doctrina cristiana cuando lo oyen. Pero aun así, hay algo imposible de describir que no es satisfactorio en ellos. Están haciendo constantemente cosas que desilusionan a sus pastores y amigos cristianos más consagrados. ¡Es asombroso que piensen como piensan y, aun así, que se queden frenados donde están, se detienen!

Creen en el cielo y, sin embargo, poco parecen anhelarlo.

También creen en el infierno y, sin embargo, poco parecen temerlo.

Aman al Señor Jesús y, sin embargo, el trabajo que hacen para él es poco.

Aborrecen al diablo, pero a menudo parecen tentarlo para que se acerque a ellos.

Saben que el tiempo es breve y, sin embargo, viven como si fuera extenso.

Saben que tienen una batalla que librar y, sin embargo, aparentan tener paz.

Saben que tienen una carrera que correr, y sin embargo, parecen quedarse sentados.

Saben que el Juez está a la puerta y que hay una ira venidera, y sin embargo, parecen estar adormecidos.

¡Es sorprendente que sean lo que son, y sin embargo no pueden llegar a ser nada más!

¿Y qué diremos de estas personas? A menudo dejan pasmados a sus amigos y familiares consagrados. Con frecuencia causan gran ansiedad. Repetidamente generan grandes dudas y análisis introspectivos. No obstante, pueden ser clasificados bajo una descripción contundente: Todos son hermanos y hermanas de Lot. Se detienen.

jueves, 23 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

9. Lot: Una luz de advertencia

"Deteniéndose él...". Génesis 19:16

Las Sagradas Escrituras, que fueron escritas para nuestra instrucción, contienen luce de advertencia, al igual que modelos a imitar. Nos muestran ejemplos de lo que debemos evitar, al igual que ejemplos que debemos seguir. El hombre, cuyo nombre encabeza esta página, ha sido puesto como una luz de advertencia para toda la iglesia de Cristo. Nos presenta su carácter en dos breves palabras: "Deteniéndose él". Se detuvo. Tomemos asiento y observemos esta luz de advertencia por unos minutos. Consideremos a Lot.

¿Quién es este hombre que se detuvo? Es el sobrino del fiel Abraham. ¿Y cuándo fue que se detuvo? La misma mañana en que Sodoma iba a ser destruida. ¿Y dónde se detuvo? Dentro de las paredes de Sodoma misma. ¿Y ante quién se detuvo? Ante la vista de dos ángeles enviados para sacarlo de la ciudad. ¡Incluso en ese momento se detuvo!

Las palabras son solemnes y llenas de elementos que nos hacen pensar. Debieran sonar como una trompeta en los oídos de todos los que profesan alguna religión. Espero que hagan pensar a cada lector de estas páginas. ¿Quién sabe si no son justo las palabras que su alma requiere? La voz del Señor Jesucristo le manda: "Acordaos de la mujer de Lot" (Lc. 17:32). Las palabras de uno de sus siervos le invitan hoy a recordar a Lot.

Trataré de mostrar: 

I. Lo que Lot era en sí mismo.

II. Lo que el texto ya citado dice de su comportamiento.

III. Las razones por las que quizá se detuvo.

IV. Qué clase de fruto dio el hecho de que se detuvo.

Pido la atención de todos los que tienen razón para creer que son verdaderos cristianos y anhelan vivir vidas santas. Establezcamos este principio en nuestras mentes: si seguimos la santidad, no debemos "detenernos".

I. ¿Qué era Lot?

Lo digo una vez más: Lot es una luz de advertencia.

Este es un punto muy importante. Si no me aseguro de que usted lo note, podría perderme la clase de cristianos profesantes a quienes quiero beneficiar de un modo especial. Si no lo presento con claridad, muchos quizá digan después de leer este capítulo: "¡Ay! ¡Lot era un hombre malo, un pobre ser, malvado y oscuro: Un hombre inconverso, un hijo de este mundo! Con razón se detuvo".

Pero ahora preste mucha atención a lo que digo. Lot distó mucho de ser algo así. Lot era un creyente verdadero, un convertido, un auténtico hijo de Dios, un alma justificada, un hombre justo.

¿Tiene alguno de mis lectores gracia en su corazón? Lot también la tenía. ¿Tiene alguno de mis lectores esperanza de salvación? Lot también la tenía. ¿Es alguno de mis lectores un viajero en el camino angosto que conduce a la vida? Lot también lo fue.

Nadie piense que esto es solo mi opinión particular, una mera fantasía mía, una noción que no tiene fundamento bíblico. Nadie suponga que quiero que lo crea sólo porque yo lo digo. El Espíritu Santo ha colocado el asunto, libre de posibles controversias, llamándolo "justo" y "recto" (2 P. 2:7-8) y nos ha dado evidencias de que la gracia moraba en él.

Una evidencia es que vivía entre hombres impíos "viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos" y la maldad a su alrededor (2 P. 2:8) y, aun así, él mismo no era impío. Ahora bien, para ser un Daniel en Babilonia, un Abdías en la casa de Acab, un Ahías en la familia de Jeroboam, un santo en la corte de Nerón y un "hombre justo" en Sodoma, uno tiene que tener la gracia de Dios. Sin su gracia sería imposible ser como alguno de estos hombres.

Una segunda evidencia es que "veía a los prevaricadores" y se contrariaba por lo que veía a su alrededor (2 P. 2:7,8). Se sentía herido, triste, dolorido y lastimado ante la presencia del pecado. Esto era sentirse como el santo David, quien dice: "Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras", "Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley" (Sal. 119:158, 136). Esto era sentirse como Pablo, quien dice: "Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón,... por amor a mis hermanos"(Ro. 9:2, 3). Nada puede ser la razón de esto, sino la gracia de Dios.

Una tercera evidencia es que "afligía cada día su alma justa" (2 P. 2:8). No sucedió que se hizo indiferente o que se entibió ante el pecado, como sucede con muchos. La familiaridad y el hábito no le quitaron el filo a sus sentimientos, como sucede con demasiada frecuencia. Para muchos es un shock y un susto ver por primera vez una iniquidad, pero al final se acostumbran tanto que la ven con bastante apatía. Esto es así, especialmente con los que viven en grandes ciudades, o con ingleses que viajan en el continente. Estos, a menudo, terminan siendo totalmente indiferentes al hecho de que no se observa el Día del Señor y a muchas formas de pecados. Pero no fue así con Lot. Y también esto es una gran señal de la realidad de su gracia.

Así era Lot: Un hombre justo y recto, un hombre sellado como heredero al cielo por el Espíritu Santo mismo.

Antes de seguir adelante, recordemos que un cristiano auténtico puede tener muchas manchas, muchos defectos y muchas debilidades y, aun así, ser un cristiano auténtico. No despreciamos al oro porque esté mezclado con mucha escoria. No le quitemos valor a la gracia porque está acompañada de mucha corrupción. Siga leyendo y verá que Lot pagó caro por "detenerse". Pero no se olvide, al ir leyendo, que Lot era un hijo de Dios.

miércoles, 22 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)


(d) Lo último que diré es que el verdadero secreto de hacer grandes cosas para Dios es tener una fe grande.

Creo que todos podemos equivocarnos en este punto. Pensamos y hablamos demasiado sobre gracias, dones y logros, y no recordamos tanto como debemos, que la fe es la raíz y madre de todos estos. En su andar con Dios, el hombre llegará sólo hasta donde cree y no más. Su vida será siempre proporcional a su fe. Su paz, su paciencia, su valentía, su celo, sus obras serán todas de acuerdo con su fe.

Leemos las biografías de cristianos insignes como Wesley, Whitefield, Venn, Martyn, Bickerstech, Simeon y M'Cheyne, que nos impulsan a decir: "¡Qué dones y gracias maravillosos tenían estos hombres!" Respondo: "Deberíamos más bien honrar la gracia madre, la más importante de todas las gracias que Dios presenta en el capítulo once de la Epístola a los Hebreos: Deberíamos honrar su fe. Tengamos por seguro que la fe es la razón principal del carácter que tenía cada uno de los mencionados".

Me imagino que alguien puede decir: "Eran hombres de oración; eso fue lo que los hizo lo que eran". Respondo: "¿Por qué oraban mucho? Sencillamente porque tenían mucha fe. ¿Qué es la oración, sino la fe hablando con Dios?"

Otro puede decir: "Eran muy diligentes y trabajadores, eso explica su éxito". Respondo: "¿Por qué eran tan diligentes? Simplemente porque tenían fe. ¿Qué es la diligencia cristiana, sino la fe en acción?"

Otro puede opinar: "Eran muy valientes, eso los hacía útiles". Respondo: "¿Por qué eran tan valientes? Simplemente porque tenían mucha fe. ¿Qué es la valentía cristiana, sino la fe cumpliendo su deber con seriedad?"

Otro puede exclamar: "Era su santidad y espiritualidad lo que les daba envergadura". Por última vez respondo: "¿Qué los hacía santos? Nada más que un espíritu de fe vivo y fehaciente. ¿Qué es la santidad, sino fe visible y fe encarnada?"

Entonces siga el consejo que le doy este día, vaya y clame al Señor Jesucristo como lo hicieron los discípulos: "Señor: Auméntanos la fe" (Lc. 17:5). Fe es la raíz del carácter del creyente verdadero. Asegúrese de que su raíz es la correcta y pronto abundará su fruto. Su prosperidad espiritual siempre será según su fe. Aquel que cree, no sólo será salvo, sino que nunca tendrá sed, vencerá y será establecido, caminará firmemente sobre las aguas de este mundo y hará grandes obras.

Lector, si usted cree las cosas que contiene este capítulo y anhela ser un hombre santo a conciencia, comience a poner en práctica su fe. Tome a Moisés como su ejemplo. Siga sus pasos. Vaya y haga usted lo mismo.

martes, 21 de enero de 2025

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(c) Lo tercero que quiero decir es que la verdadera razón por la que tantas personas son tan mundanas e impías es que no tienen fe.

Debemos tener conciencia de que hay multitudes de cristianos profesantes que no pensarían ni por un segundo hacer lo que hizo Moisés. Es inútil tratar de suavizar las cosas e ignorar esta realidad. Debe ser ciego el que no ve a miles de personas a su alrededor que prefieren al mundo antes que a Dios, las cosas temporales antes que las eternas y las cosas del cuerpo antes que las del alma. Puede ser que no nos guste admitir esto y tratamos de ignorarlo. Pero así es.

¿Y por qué son así estos que profesan ser cristianos? Sin duda que nos darán razones  excusas. Algunos hablarán de las trampas del mundo, algunos de la falta de tiempo, algunos de dificultades singulares respecto a su posición, algunos de los cuidados y ansiedades de la vida, algunos del poder de las pasiones y algunos sobre los efectos de las malas compañías. ¿Qué tenemos en resumen? Hay una explicación mucho más breve que explica el estado de sus almas: No creen. Una frase simple, como la vara de Aarón, destruirá todas sus excusas: No tienen fe.

No creen realmente que lo que Dios dice es cierto. Se excusan secretamente con la idea: "De seguro no se cumplirá, de seguro tiene que haber otro camino al cielo además del que hablan los pastores, seguramente no hay tanto peligro de perderse". En suma, no confían implícitamente en las palabras que Dios ha escrito y dicho y, por ello, no actúan en consecuencia.

    No creen completamente...
    - en el infierno, por lo que no huyen de él,
    - ni en el cielo, por lo que no lo buscan,
    - ni en la culpa del pecado, por lo que no se apartan de él,
    - ni en la santidad de Dios por lo que no le temen,
    - ni en su necesidad de Cristo, por lo que no confían en él ni lo aman.

No sienten confianza en Dios, así que no arriesgan nada por él. Igual que Pasión, el joven en El Progreso del Peregrino, tienen que disfrutar de las cosas buenas ahora. No confían en Dios y, por eso, no pueden esperar.

Ahora bien, ¿en qué condición estamos? ¿Creemos toda la Biblia? Hagámonos esta pregunta. Podemos estar seguros de que es algo mucho más importante creer todo lo que dice la Biblia que lo que muchos suponen. Feliz el hombre que se puede poner la mano en el corazón y decir: "Soy creyente".

A veces hablamos de los incrédulos como si fueran una rareza en el mundo. Y admito con alegría que la infidelidad confesa, no es común ahora. Pero hay una gran cantidad de infidelidad práctica a nuestro alrededor que, al final de cuentas, es tan peligrosa como los principios de Voltaire y Paine. Hay muchos que domingo tras domingo recitan el credo y se aseguran de declarar su fe en todo lo que la Sede Apostólica y las formas de Nicea contienen.

Y no obstante, estas mismas personas viven toda la semana como si Cristo nunca hubiera muerto, como si no fuera a haber un juicio, ninguna resurrección de los muertos y ninguna vida eterna. Cuando les hablamos de cosas eternas y el valor de sus almas, hay muchos que dicen: "Oh, eso ya lo sé". Y no obstante, sus vidas muestran claramente que no saben nada de lo que debieran saber, ¡y lo más triste es que creen que sí saben!

Es una verdad espantosa, digna de profunda reflexión, que el conocimiento que no lleva a actuar en consecuencia, es inútil e inservible a los ojos de Dios. Y es mucho peor que eso. Agregará a nuestra condenación y aumentará nuestra culpa en el Día del juicio. Una fe que no influye sobre las acciones del hombre, no merece llamarse fe. Hay sólo dos clases de gentes en la iglesia de Cristo: Los que creen y los que no creen. La diferencia entre el cristiano auténtico y el que meramente profesa serlo, radica en una frase. El cristiano auténtico es como Moisés: "Tiene fe"; el que sólo dice serlo, no la tiene. El cristiano auténtico cree y, por lo tanto, vive como vive; el que meramente profesa serlo, no cree y, por lo tanto es lo que es. Oh, ¿dónde está nuestra fe? No seamos incrédulos, sino creyentes.